DBSNL // Capítulo 403: Deslumbrado
“Eres la reencarnación de Majin Bu.”
En la Corporación Cápsula, nuestros amigos se han reunido en el jardín, preocupados por la repentina marcha de Pan y Ub.
Bulma, Trunks, Bra, Videl, Krilín, Marron y Goten estudian la situación, mientras en el laboratorio, Hedo ha tomado el relevo, con Pino aún al mando de la gran antena parabólica.
– “Tendría que haber reaccionado antes… No debí dejar que se fueran.” – sufre Bra. – “Ha sido culpa mía.”
– “No puedes culparte por eso…” – intenta consolarla Goten.
– “¿Qué se creen que están haciendo?” – protesta Trunks, proyectando su preocupación en enfado. – “Estamos trabajando lo más rápido que podemos para poder encontrar a su hijo, ¿de qué sirve si se ponen ellos en peligro?”
Piccolo desciende lentamente en el jardín.
– “¿Esperáis que la nieta y el alumno de Son Goku se queden de manos cruzadas?” – pregunta con una media sonrisa pícara. – “Buena suerte.”
– “¡Piccolo!” – se alegra Goten al verlo.
– “¿Dónde has estado?” – le recrimina Videl como una madre. – “¿Por qué no hemos sabido nada de ti hasta ahora?”
– “Haciendo un recado para el Gran Kaioshin.” – responde el namekiano. – “Lo siento.”
– “Piccolo tiene razón.” – interviene Krilín. – “Son Goku tampoco se hubiera quedado esperando de brazos cruzados. Era solo cuestión de tiempo.”
Videl está muy preocupada. La mujer da la espalda al grupo y se aleja mirando al cielo.
– “Espero que estén bien…” – sufre la madre y abuela.
Krilín se inclina hacia Piccolo y se tapa la boca para que no los oigan.
– “Tú has tenido algo que ver en esto, ¿no es cierto?” – dice el terrícola con una mirada burlona.
– “¡Shht!” – se pone nevioso el namekiano y lo hace callar.
Goten mira su reloj y teclea algo.
– “Hermano… ¿dónde estás?” – piensa el mestizo.
Surcando el espacio en un transbordador de la Patrulla Galáctica, Son Gohan y Jaco duermen a pierna suelta, cada uno en su camarote.
Mientras tanto, en el planeta Suraimu, Dabra se encuentra levitando de piernas y brazos cruzados y con los ojos cerrados, como si meditara. Detrás de él, Ub de pie tiene la mano derecha en la espalda del demonio y los dedos índice y corazón de su mano izquierda en la frente, intentando localizar una energía dentro la oscuridad a la que teletransportarse a través del diablo.
Pan está sentada en el suelo, observando a la extraña pareja con expectación.
Las muecas del terrícola demuestran su frustración.
– “Nada.” – refunfuña Ub.
– “Sigue concentrándote.” – responde Dabra.
– “¡Llevamos así horas!” – protesta Ub. – “¡No puedo hacerlo!”
Ub baja los brazos.
– “Lo siento.” – agacha la cabeza Ub. – “Mi maestro podía leer la mente cuando su corazón estaba en calma… Pensé que podría hacer lo mismo y percibir alguna energía a través de ti… pero no puedo. La oscuridad me abruma.”
– “Eres decepcionante.” – replica el demonio.
– “¡Vete a la m…!” – estalla el humano.
– “¡UB!” – lo reclama Pan.
El terrícola se calla y la mira, esperando más quejas.
– “Nuestro hijo está perdido ahí dentro.” – ella señala al espacio. – “Tienes que encontrarlo. Solo tú puedes hacerlo.”
Ub cierra los ojos con fuerza, aguantándose las lágrimas. Abrumando por su frustración, que solo añade peso a su preocupación.
– “¿Y si… y si no puedo?” – sufre el terrícola.
Pan se levanta y se acerca a él. Le agarra la cara con las dos manos en un gesto tierno.
– “Eres la reencarnación de Majin Bu y has sido entrenado por Son Goku.” – le dice Pan. – “¿Quién más podría hacerlo?”
– “Pero…” – duda el chico de Isla Papaya.
– “Mi abuelo te eligió, no solo porque veía tu potencial como futuro protector de la Tierra, pero porque te vio como un rival contra el que soñaba medirse.” – dice Pan.
Ub mira sorprendido a su mujer.
– “Puedes hacerlo.” – insiste Pan.
Dabra, que sigue de espaldas a la pareja, se siente incómodo. De espaldas a la pareja, sus cejas tiemplan como un tic incontrolable.
– “A lo mejor… a lo mejor lo estás haciendo mal.” – dice el demonio, que deja de levitar y se da la vuelta para hablar con ellos.
– “No estás ayudando.” – protesta Pan, clavándole una mirada airada.
– “No quería decir…” – se excusa Dabra. – “Me refiero a que creo que estás buscando de la forma equivocada.”
– “¿Eh?” – lo mira Ub.
– “¿Puedes ser más específico?” – pregunta Pan.
– “¿Te refieres a buscar la Nada en el Todo?” – pregunta el terrícola. – “Pero ahora… ya estoy buscando dentro de la Nada… ¿Qué busco? ¿Algo en la Nada? ¿Una Nada más absoluta?”
Dabra lo mira con una gota de sudor recorriendo su frente.
– “No sé de qué me estás hablando.” – protesta el demonio, mirando a Ub como si estuviera solo diciendo cosas sin sentido.
– “Ah, ¿no?” – se extraña Ub.
– “Eres la reencarnación de Majin Bu.” – dice Dabra. – “Su alma pertenecía al Makai tanto como la mía. La oscuridad no debería cegarte.”
– “Ya no queda nada de él en mí.” – responde Ub. – “Ahora mi cuerpo es solo humano.”
– “Si puedes sentir el Makai, deberías poder ver entre las tinieblas.” – insiste el demonio.
– “No sé cómo hacerlo.” – responde el terrícola, apenado.
Dabra se cruza de brazos, cierra los ojos y suspira profundamente.
– “¿Puedes decirme en qué estoy pensando ahora?” – pregunta el demonio, abriendo un ojo.
– “No…” – dice Ub. – “Pero seguro que no es nada bueno…”
– “Tsk” – protesta Dabra.
En el planeta Razan, una aldea de zorros ha sido arrasada. Las cabañas parecen agujeros de madriguera escarbados en la tierra, cuya tierra extraída se ha utilizado para construir la entrada, cerrada por puertas construidas con ramas secas. Hay signos de explosiones y zonas quemadas. Cadáveres incinerados. Madrigueras soterradas.
Glorio camina entre los muertos y la destrucción.
No muy lejos de allí, su nave lo espera, custodiada por tres individuos, rodeados por varios cadáveres de simios.
El primero es un gato negro con aspecto callejero, pequeño, que camina encorvado a dos patas, Viste un chaleco de corte árabe de color morado con adornos dorados, y lleva un bastón retorcido con su extremo superior ensartado en una calavera. Éste se encuentra sentado en el suelo, con el bastón sobre sus piernas, aburrido.
El segundo es un tipo humanoide alto de piel verde oliva embutido con una armadura insectoide de color gris y negra. Lleva un casco oscuro que termina en dos piezas puntiagudas que apuntan verticalmente hacia arriba y una máscara que cubre su boca y solo deja al descubierto sus ojos morados. De su espalda salen dos alas largas negras segmentadas. Él espera apoyado en la nave de brazos cruzados.
El tercero es un lagarto bípedo verde de panza amarilla, grande y barrigón, de extremidades cortas y de hocico chato, con una enorme boca y una gran papada, pinchos negros en la espalda, en los hombros y uno en la cabeza. Tiene los dientes afilados, y algunos de ellos asoman sobre sus labios, aunque cierre la boca. El monstruo abre sus fauces y engulle de un solo bocado el brazo arrancado de un simio fallecido.
Glorio llega a la nave.
– “¿Otra vez con las manos vacías?” – dice el gato de voz chirriante.
– “La esfera no estaba aquí.” – responde Glorio.
El pistolero mira los cadáveres.
– “¿Qué ha pasado aquí?” – pregunta Glorio.
– “Seguramente estaban acechando esta aldea” – dice el felino. – “Se han acercado demasiado.” – sonríe con picardía.
El lagarto eructa con fuerza.
– “Y yo me alegro.” – dice con voz ronca y profunda.
– “¿No te han enseñado modales, Gaki?” – protesta el guerrero con armadura de insecto.
– “Jajaja” – ríe el lagarto.
Glorio se sube a la nave.
– “Buscaremos otra aldea.” – dice el pistolero. – “Nos vamos.”
El lagarto arranca una pierna a uno de los cadáveres.
– “¡Deja eso!” – protesta el gato, asqueado.
– “Es para el camino.” – sonríe Gaki.
– “Haz caso a Kuro.” – dice el guerrero con armadura. – “Esa cosa apesta.”
– “Eres un aguafiestas, Preecho.” – se queja el reptil, que se traga la pierna entera para no subirla a bordo.
Todos suben a la nave y pronto ponen rumbo a su siguiente objetivo.
En Suraimu, Ub y Dabra están levitando en el aire, el uno frente al otro. El terrícola ha copiado la pose de meditación del demonio. Pan observa desde una distancia prudente para no interferir en su concentración, sentada en el suelo cómodamente.
Varios slime se han acercado un poco a ver qué está pasando, pero cuando Pan los mira y ellos se dan cuenta, salen corriendo.
– “Jeje” – sonríe Pan.
Ub y Dabra están concentrados. El demonio está relajado, pero Ub parece estar esforzándose para mantener la meditación.
Pan observa atentamente.
– “Se parece a un combate mental…” – piensa ella. – “Mi padre me ha contado muchas veces como él y Krilín entrenaron de una forma parecida durante su largo viaje a Namek.”
En el espacio mental compartido, Ub se encuentra solo en un lugar completamente oscuro.
– “No veo nada…” – piensa el terrícola, sin mover los labios, pero cuya voz se hace eco en el vacío. – “¿Dabra?” – pregunta. – “¿Estás ahí?”
Entre tinieblas, la figura de Dabra parece hacerse visible durante un breve instante, pero se desvanece.
– “¡Dabra!” – lo llama Ub. – “Esto es inútil… No veo nada.” – protesta.
– “El chico no es ciego.” – piensa Dabra. – “Pero sus ojos han estado expuestos a la luz demasiado tiempo.”
– “Puedo oírte.” – dice Ub.
– “Es un avance.” – responde el demonio con retintín.
Ub aprieta los puños, nervioso.
– “¿Por qué estás tenso?” – pregunta Dabra.
– “Esta sensación me revuelve el estómago… y me palpita la cabeza.” – dice Ub. – “Es como si cada célula de mi cuerpo gritando que esto es una mala idea.”
– “¿Qué sientes?” – pregunta el demonio.
– “Siento… miedo… dolor… odio.” – responde Ub.
– “¿Es tu miedo? ¿Es tu dolor?” – continúa Dabra.
– “¿Eh?” – se extraña Ub. – “¿Qué quieres…? Espera…” – se da cuenta el muchacho. – “No… no es… no soy yo…”
Dabra sonríe.
– “¿Eres tú?” – pregunta Ub.
– “Entre una infinidad de almas.” – responde Dabra.
Ub extiende su mano hacia delante. Las tinieblas se abren delante de él, revelando flashes inconexos de batallas pasadas del Rey de los Demonios: su pelea con Son Gohan, su muerte a manos de Majin Bu, su lucha en el planeta oscuro y muchas más que el muchacho no reconoce.
– “¿Te estoy leyendo la mente?” – se sorprende el propio Ub.
– “Te lo estoy poniendo fácil.” – responde Dabra, fanfarrón.
Ub mueve ligeramente su mano. Más imágenes se revelan ante él: imágenes de Dabra en el Makai, arrodillado frente el Rey Abraca, escoltado por Kerubero.
– “¿Crees que estás listo para intentar de nuevo el Shunkanido?” – pregunta el demonio.
Ub no responde. Su atención está puesta en el recuerdo del Makai.
– “¿Es tu primer recuerdo?” – pregunta Ub, curioso.
El chico mueve su mano de nuevo.
De repente, las sensaciones antes descritas se tornan abrumadoras. El dolor. El miedo. El odio. Las tinieblas lo envuelven; son tan densas que puede sentir la presión que ejerce la oscuridad sobre de su cuerpo. Gritos agónicos pero ininteligibles en la distancia.
Ub sale de la meditación de forma tan brusca que cae de espaldas al suelo.
– “¡AH!” – grita el chico.
– “¡UB!” – se preocupa Pan, que se levanta y corre rápidamente a socorrerlo.
Ub hiperventila, pero poco a poco intenta calmar su respiración. Pan se agacha a su lado y le ayuda a incorporarse.
– “Tranquilo…” – dice ella. – “Estás conmigo.” – intenta calmarlo. – “¿Qué ha pasado?”
Dabra abre los ojos sin perder la calma. Sereno.
Ub mira al diablo con estupor.
– “¿Qué…? ¿Qué era eso?” – pregunta Ub, aún asustado.
– “Mi nacimiento.” – responde Dabra.

