DBSNL // Capítulo 394: Combates de alto voltaje

DBSNL // Capítulo 394: Combates de alto voltaje

“Qué mundo tan patético.”

En la Tierra Sagrada de Karín, el insectoide voraki se ha estado alimentado de clones de Mitosu y ha aumentado su tamaño hasta hacerse más alto que los árboles del bosque.

Piccolo ha estado dudando, pensando en no dañar el lugar sagrado, pero protegerlo es cada vez más difícil.

El namekiano aprieta los puños y los dientes, activando su versión del Kaioken.

Pero cuando Piccolo da un paso al frente, el insecto percibe el peligro y le ataca, intentando rebanarle el cuello con su cuchilla.

El namekiano lo evade agachándose y contraataca cortándole la pata que blande la hoz con el canto de la mano.

– “¡YAAAH!” – exclama Piccolo al golpearlo.

El voraki emite un chillido desgarrador y bate sus alas, cuyo aleteo provoca un insoportable zumbido para el namekiano.

El insecto alza el vuelo.

Piccolo cae de rodillas al suelo, tapándose las orejas, perdiendo la concentración y su transformación.

– “Maldita sea…” – sufre el namekiano, que siente como si sus tímpanos fueran amartillados continuamente mientras el enemigo se aleja.

Una horda de clones sale volando tras él.

– “¡¿EH?!” – se preocupa Piccolo.

El insecto, en el aire, caza otro de los clones y devora su cabeza.

Mientras tanto, en otro lugar del bosque, entre las llamas provocadas por la tormenta eléctrica desatada por Glorio, Ub recupera el aliento tras haber golpeado varias veces al enemigo con el Kaioken.

Glorio se levanta entre las llamas, magullado.

El ladrón prepara otro ataque, cargando electricidad en su mano derecha.

– “Ya te he dicho que eso no funciona conmigo.” – advierte el terrícola.

Las chispas azules que saltan de un dedo a otro de la mano de Glorio adquieren un tono morado.

– “¿Eh?” – se sorprende Ub.

Glorio empieza a levitar sobre unos pequeños rayos emanados por las plantas de los pies.

– “Je.” – sonríe el ladrón.

En un abrir y cerrar de ojos, Glorio ha avanzado hasta Ub e intenta propinarle un puñetazo cargado de electricidad, pero el terrícola lo evade gracias a la velocidad de la técnica del Kaio del Norte.

Ub contraataca; sale volando como una exhalación, y, siguiendo la típica trayectoria elíptica del Kaioken y embiste a Glorio por la espalda con los pies por delante.

Pero al acercarse, la electricidad emitida por el ladrón actúa como el polo opuesto de un imán, frenando a Ub y debilitando mucho su ataque, que acaba impactando contra los brazos de Glorio, que ha tenido tiempo para darse la vuelta y defenderse.

– “¡¿AH?!” – se sorprende el muchacho de Isla Papaya.

Glorio no pierde su sonrisa prepotente. 

El ladrón agarra las piernas de Ub y lo lanza hacia el bosque en llamas.

Glorio se eleva rápidamente y levanta su mano hacia el cielo.

Entre las nubes negras formadas por el humo del incendio forestal, un pulso eléctrico parece concentrarse sobre Glorio.

Ub se pone en pie entre las llamas y mira a su enemigo en el cielo.

– “Tsk…” – aprieta los dientes el terrícola. – “Ahora verás…”

Ub prepara la técnica más característica de la Escuela Tortuga.

– “¡Ka…! ¡Me…!” – recita.

Glorio no parece inmutarse.

– “Muere.” – sentencia el ladrón.

Un destello inunda el bosque.

Ub no puede ni reaccionar.

Una gigantesca descarga eléctrica, como una tromba de luz cegadora, cae sobre la Tierra Sagrada de Karín.

Un trueno estremecedor sacude el lugar.

En Mithra, el hall principal del palacio del Barón ha quedado en ruinas. Marcas de disparos de la gatling gun láser por todas las paredes. Cristales rotos. Paredes derrumbadas por explosiones de lanzacohetes.

Gamoi, Hilia, Mashim y Danima están tirados en el suelo. Shisami sostiene al Capitán Kadem en el aire, agarrándole la cara. El cuerpo del akaburu emite un calor intenso y la palma de su mano quema el rostro del líder de las Fuerzas Especiales Gomah.

– “Aah… ah…” – sufre Kadem, casi sin fuerzas para lamentarse.

Shisami lo suelta, dejándolo caer al suelo. En su cara ha quedado tatuada la mano del akaburu.

De repente, Shisami siente un pinchazo en su pantorrilla.

– “¿Eh?” – mira el soldado imperial.

Mashim se ha arrastrado hasta él y le ha clavado su daga.

– “Grrr…” – gruñe el conejo. – “Bastardo…”

Sin inmutarse, Shisami se agacha y agarra a Mashim del brazo y lo levanta.

– “¡Puaj!” – le escupe el conejo.

Shisami responde propinándole un puñetazo ascendente en el abdomen, lanzándolo por los aires hasta estamparlo contra el techo, donde queda incrustado, con brazos y piernas colgando.

En el balcón, Gomah retrocede lentamente, aterrado.

– “Qué desastre…” – dice con voz temblorosa. – “Mis Fuerzas Especiales… No puede ser…”

Shisami pone su atención en el bufón.

– “¡AH!” – se asusta Gomah. – “¡Yo no…! ¡Solo…!”

Pero de repente, el suelo explota frente al akaburu.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden tanto Gomah como Shisami.

El suelo se hunde y del socavón sale Gohan Jr, perseguido por los cinco saibaman rojos.

– “¿El muchacho?” – murmrua un confundido Shisami.

El chico pronto se ve rodeado por los cinco enemigos y se enzarza en un rápido y violento intercambio de golpes.

Gomah aprovecha el momento para salir corriendo hacia el interior de las instalaciones.

Mientras pelean con Gohan, un saibaman se fija en Shisami y no duda en embestirle.

Otro saibaman ve a su compañero atacar a un nuevo adversario y no tarda en unirse a él.

– “Hmm…” – frunce el ceño el akaburu.

Mientras tanto, en el laboratorio, Cheelai se ha quedado a solas con Arinsu.

– “No te dejaré escapar.” – la brench la apunta con su arma. – “Quedas detenida en nombre de la Patrulla Galáctica.”

Arinsu sonríe con picardía y suspira a modo de mofa.

La bruja clava su mirada en Cheelai y ésta empieza a mover su pistola contra su voluntad hasta apuntarse a la cabeza, apoyando el arma en su sien.

– “Qué mente tan débil.” – dice Arinsu.

La bruja ya no sonríe. Su tono es calmado y serio.

El rostro de la agente brench no esconde el horror que se ha apoderado de ella.

– “Doblegar una voluntad tan inferior ni siquiera es divertido.” – sentencia la bruja.

Arinsu libera a Cheelai, que cae de rodillas al suelo, hiperventilando por el pánico y el vano pero intenso esfuerzo que ha realizado.

Arinsu mira de reojo un caldero humeante.

– “Qué mundo tan patético.” – refunfuña.

Mientras tanto, en el hall, Gohan Jr recibe un duro castigo, siendo avasallado por tres enemigos.

Shisami, mientras tanto, golpea con rabia a uno de sus contrincantes, derribándolo.

El saibaman retrocede y abre su cabeza, lanzando un chorro de ácido verde que Shisami evita con un paso lateral.

– “Saibaman…” – esboza una media sonrisa el akaburu. – “Sois más fuertes de lo normal, pero conozco vuestros trucos.”

Un segundo se abalanza sobre él por detrás, pero Shisami se revuelve y lo intercepta y derriba con una llave de judo.

Una vez en el suelo, el saibaman se retuerce, pero el akaburu aplasta su cabeza de un pisotón.

– “Je.” – sonríe Shiami.

Durante un instante, el combate se detiene. Tanto Gohan como los saibaman miran al enemigo caído, asombrados por la facilidad con la que Shisami lo ha despachado.

– “Vaaaaya…” – alucia Gohan.

Uno de los tres saibaman que peleaba con el mestizo se une a su compañero que se está enfrenado al akaburu.

Los otros dos reanudan su acometida contra Gohan.

En la Tierra, el voraki se regenera al ingerir otro clon.

– “Maldita sea…” – gruñe Piccolo.

El insecto ha volado tan alto que el ruido de sus alas ya no afecta al namekiano.

En ese instante, el destello del ataque de Glorio lo ciega durante un instante, seguido por el fuerte retumbar del trueno.

– “Ub tiene problemas…” – piensa el namekiano. – “Y yo preocupado por la Tierra Sagrada… ¡Te maldigo, Kamisama! ¡Es culpa tuya!” – refunfuña.

El voraki cada vez es más grande y se deja caer sobre el bosque, derribando varios árboles con su aterrizaje.

– “¡¡GRRRRRIIIIIYYY!!” – emite un chirrido ensordecedor, seguido por el desagradable chasquear de sus mandíbulas.

– “Bastardo…” – se tapa las orejas el namekiano. – “Pero si quiero acabar con este bicho… primero tengo que lidiar con el otro tipo…” – piensa mirando de reojo a otro clon que se lanza sobre el insecto para alimentarlo.

Mientras tanto, un gran cráter ha quedado en mitad del bosque después de que Glorio lo fulminara con su ataque.

El ladrón desciende hasta tierra firme.

En silencio, Glorio pasea por el suelo quemado, mirando a su alrededor.

– “Hmm…” – cabila el ladrón.

Glorio se agacha y pone su mano derecha sobre el suelo; cierra los ojos y s e concentra.

Un leve impulso es emitido por su mano y éste recorre la superficie del bosque.

Glorio sonríe.

Se pone en pie y camina con decisión hacia el tronco quebrado de un árbol quemado.

Al llegar al árbol se agacha y cava un poco con sus manos, revelando la tetera de Agua Ultradivina.

– “Aquí está.” – sonríe el ladrón.

En el Dojo oculto en el interior del bosque Fukkuro, Ub ha aparecido junto a Ten Shin Han y Chaoz, que seguían el combate desde la distancia.

– “¿Estás bien?” – le pregunta Ten al chico de Isla Papaya, que cuando intenta caminar, cae de rodillas al suelo.

– “Ha estado cerca…” – dice Ub, malherido, que solo ha logrado evadir el ataque parcialmente gracias al Shunkanido.

– “¿Qué quieren?” – pregunta Chaoz, que intenta ayudar a Ub a levantarse. – “¿Por qué atacan la Torre de Karín?”

– “Buscan el agua…” – se intenta levantar Ub. – “El Agua Ultradivina…”

Ten Shin Han da un paso al frente con la mirada puesta en la nube negra del horizonte. 

– “Quédate con él, Chaoz.” – dice Ten.

– “¡Ten!” – se preocupa su amigo.

– “Estaré bien.” – aprieta los puños Ten. – “Confía en mí.”

Ub se pone en pie.

– “Será mejor no precipitarse.” – dice el muchacho. – “Creo que… esto no ha terminado.” – sonríe.

– “¿Eh?” – se sorprende Ten.

Ten mira de nuevo hacia el horizonte y tras un instante en silencio esboza una sonrisa.

– “Tu capacidad de sentir el ki es extraordinaria.” – concede Ten.

– “Jeje.” – sonríe Ub.

Glorio se comunica con Mitosu.

– “Ya es suficiente.” – le dice. – “Objetivo cumplido. Nos vamos.”

Las orejas de Piccolo se mueven.

– “Hmm…” – murmura el namekiano.

Escondido tras un árbol, Mitosu responde a Glorio.

– “Deja unos clones para que puedan seguir alimentando al voraki y así mantendremos alejado al namekiano.” – sugiere Glorio.

– “Me dirigiré a tu posición ahora mismo.” – responde. – “Casi no me quedan fuerzas para seguir reproduciéndome… pero el voraki es lo suficientemente grande para poder encargarse de…”

Pero en ese instante, el abdomen del enemigo es empañado por la garra de Piccolo a través del árbol.

– “Je.” – sonríe el namekiano. – “Solo el original lleva el comunicador.”

– “Maldito…” – gruñe Mitosu, sangrando por la boca.

– “Mi fino oído no es solo una debilidad.” – murmura Piccolo.

El namekiano saca su mano y Mitosu cae al suelo de rodillas.

– “Glorio…” – intenta comunicarse con su compañero. 

Piccolo da la vuelta al árbol, caminado hasta él.

– “El namekiano…” – le advierte.

Pero Piccolo lo decapita de un golpe.

El namekiano sacude su mano para limpiarla mientras alza su vista al cielo.

– “Ya era hora…” – sonríe.

Glorio se eleva hasta la nave, que espera con la compuerta abierta.

Pero justo antes de entrar, se detiene.

– “Hemos sido demasiado lentos…” – refunfuña el ladrón.

Frente a él, dos guerreros con casco y capa; el Gran Saiyaman 1 y el Gran Saiyaman 2 han llegado.

DBSNL // Capítulo 393: Arinsu

DBSNL // Capítulo 393: Arinsu

“Bienvenidos a mi humilde laboratorio.”

En la Tierra Sagrada de Karín, el insecto extraterrestre que ha liberado Glorio ha aumentado de tamaño al alimentarse de varios clones.

Piccolo puede ver el incendio provocado por el ladrón al atacar a Ub con una tormenta de rayos.

El namekiano aprieta los dientes, dolido por ver profanado un lugar sagrado.

Glorio sobrevuela el incendio, de pie sobre su nave.

– “¡¡HAS SOLTADO A UN VORAKI SIN AVISAR!!” – protesta alguien en el dispositivo de su oreja.

– “No tenías la situación controlada, Mitosu.” – responde Glorio, sereno. – “Aliméntalo bien, si quieres sobrevivir.”

– “Bastardo…” – gruñe Mitosu.

Piccolo levanta las cejas al darse cuenta del cambio de actitud de los clones, que antes parecían huir asustados, pero ahora se abalanzan sobre el insecto para ser devorados.

– “Pero, ¿qué…?” – se sorprende el namekiano.

Entre las llamas, Ub ha sobrevivido. La parte superior de su gi ha sido calcinada. Tiene varias quemaduras eléctricas en su cuerpo, como si los rayos se hubieran tatuado en su piel.

– “Coff, coff” – tose entre el humo.

El ladrón se fija en que Ub tiene las manos vacías. Ni rastro de la tetera de Agua Ultradivina.

Glorio frunce el ceño.

– “Mantente a una distancia prudente.” – solicita tocándose la oreja.

La nave se eleva y el ladrón salta, cayendo al bosque en llamas, frente a Ub.

Glorio mira atentamente a su adversario.

– “Me sorprende que sigas en pie…” – dice el ladrón, fijándose sus quemaduras. – “No esperaba que un terrícola pudiera sobrevivir a mi ataque.”

Ub sonríe.

– “Han sido muchos años de entrenamiento.” – responde Ub. – “Te sorprendería el castigo que mi cuerpo es capaz de suportar.”

– “¿Dónde lo has escondido?” – pregunta Glorio, levantando su mano para apuntarle.

Ub no responde, pero no pierde su sonrisa.

Glorio una descarga que atrapa a Ub; un alto voltaje recorre el cuerpo del muchacho.

El terrícola aprieta los puños y resiste la descarga casi sin inmutarse.

– “¿Eh?” – frunce el ceño Glorio.

La musculatura de Ub aumenta repentinamente y un aura roja que parece una llama más del incendio emana de su cuerpo, haciendo que la descarga cese.

– “¡¡KAIOKEN!!” – exclama.

Antes de que Glorio pueda reaccionar, Ub ha volado hasta él y le propina un puñetazo en la cara que lo lanza a través del bosque.

Glorio usa su electricidad para recuperar la estabilidad, emitiendo rayos en todas las direcciones que lentamente lo frenan mientras empeoran el incendio… pero cuando cree que está a salvo, Ub aparece detrás de él, abriéndose paso entre las llamas, abalanzándose por sorpresa con las dos piernas por delante.

Ub lo golpea por la espalda, empujándolo de nuevo.

Mientras tanto, en Mithra, Shisami está deshaciéndose de los soldados enemigos con relativa facilidad. Su número es abrumador, pero la fuerza del akaburu es suficiente pare mantenerlos a raya.

Un pelotón de soldados forma frente a la puerta. Una primera fila está agachada y la segunda de pie, todos disparando a discreción con sus rifles de energía.

El toro se agacha un instante, en pose de corredor, y embiste contra ellos, lanzándolos a todos por los aires.

Varios tanques se acercan al complejo y apuntan al enemigo.

– “¡NO DISPARÉIS!” – grita Gomah desde la cristalera rota del despacho del Barón. – “¡¿NO VÉIS QUE DAÑARÉIS EL PALACIO SI FALLÁIS?!”

Los tanques se detienen.

– “Maldita sea…” – refunfuña Gomah.

En el corazón de las instalaciones, en el laboratorio secreto, la compuerta salta por los aires y Cheelai y Gohan Jr entran.

Los dos observan el lugar, sorprendidos.

– “¿Un laboratorio?” – se sorprende Cheelai.

– “Es distinto a los demás…” – dice Gohan, fijándose en una estantería con extraños amuletos colgados. – “Da bastante miedo…”

Entre las sombras, la bruja deja caer una gota de líquido de un frasco sobre cinco semillas sembradas en su vivero con tierra de Razan.

Gohan puede sentir como de la nada han nacido cinco presencias y se pone en guardia instintivamente.

Cheelai se da cuenta del cambio de actitud de su hijo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta ella, desenfundando la pistola.

De entre las sombras, cinco criaturas de ojos amarillos, piel rojiza y una malévola sonrisa se dejan ver. 

– “Eso son… ¿saibaman?” – se extraña Cheelai.

– “¡KIKIKI!” – ríen ellos.

– “¿Los has visto antes?” – se sorprende Gohan.

Ella asiente.

– “El Imperio usa criaturas como esas para entrenar a sus soldados.” – responde.

– “Entrenamiento, ¿eh?” – Gohan esboza una pícara media sonrisa.

– “Pero estos son diferentes…” – añade Cheelai.

Las criaturas tienen una envergadura considerable, fornidos, y altos, casi doblando a los que cultivó Nappa en la Tierra.

Dibujado por Ipocrito

Una sensual figura femenina se deja ver detrás de los saibaman.

– “Bienvenidos a mi humilde laboratorio.” – dice la mujer.

– “Ella también es ira-aru…” – murmura Cheelai.

– “Me llamo Arinsu.” – se presenta con una elegante reverencia.

– “Tú eres la que ha desarrollado toda la tecnología de este lugar.” – dice la patrullera.

– “Culpable.” – sonríe Arinsu, orgullosa.

Sobre el hombro de la bruja, la pequeña criatura rosada asoma la cabeza.

– “¡BLAAARGH!” – abre la boca, babeando.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende Cheelai. – “Eso es…” – la invade el miedo.

– “BLEEEH” – se mofa sacándoles la lengua.

Dibujado por Ipocrito

Arinsu acaricia la cabeza de la criatura con ternura, como si le hiciera cosquillas rascándole la base de la antena.

– “¿No es adorable?” – dice ella.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Gohan, confundido ante la reacción de su madre. – “¿Qué es eso?”

– “No lo tengo claro…” – responde Cheelai, con una gota de sudor frío recorriendo su sien. – “Pero se parece a Majin Bu.”

– “¿Majin Bu?” – se sobresalta Gohan. – “¿El Majin Bu de las historias de papá y los demás? ¿ESE MAJIN BU?”

Cheelai asiente.

– “No entiendo nada…” – se frustra Gohan.

– “Se parece, ¿no es cierto?” – Arinsu sigue acariciando a la criatura.

– “¿Acaso eres… una admiradora de los kashvar?” – pregunta Cheelai.

Arinsu sonríe con picardía.

– “Acabad con ellos.” – ordena a sus saibaman.

Los cinco saibaman se abalanzan sobre los patrulleros.

– “Tsk…” – aviva su aura el muchacho.

Cheelai dispara a discreción.

En la superficie, Shisami irrumpe en el hall principal de las instalaciones. Una gran sala vacía con una enorme escalera que lleva a un balcón que rodea el primer piso con vistas al mismo hall.

El toro rojo resopla por la nariz, mientras mira a su alrededor. No hay soldados esperándole. Ni tiradores en el balcón. No hay nadie.

Shisami mira de lado a lado, confundido por la ausencia de enemigos.

– “Hmm…” – gruñe el akaburu.

De repente, las luces se apagan. 

– “¿Eh?” – se sorprende Shisami.

Acto seguido, frente al toro, un foco fucsia aparece en el lado izquierdo de la sala. Un soldado conejo orondo armado con una vara electrificada en sus extremos aparece haciendo una ridícula pose de combate que parece querer representar la letra B.

– “¡Soldado de las Fuerzas Especiales… GAMOI!” – exclama el soldado.

Una luz azul aparece en lado opuesto de la sala. Un soldado alto y espigado, armado con un lanzacohetes, se presenta en una pose diferente, esta vez haciendo una N.

– “¡Soldado de las Fuerzas Especiales… HILIA!” – anuncia.


Un foco amarillo ilumina se enciende al lado del fucisa. Un soldado delgado y bajito, armado con una daga en su cinturón y una pistola, forma la letra A.

– “¡Soldado de las Fuerzas Especiales… MASHIM!” – exclama.

Shisami los mira incrédulo, con cierta incomodidad ante el esperpéntico espectáculo.

Un nuevo foco, esta vez verde, ilumina la zona anexa al foco azul. Un soldado de envergadura parecida al anterior, con un parche en el ojo y armado con una gatling gun láser portátil, emula la letra O.

– “¡Soldado de las Fuerzas Especiales… DANIMA!” – se presenta.

Por último, en el centro de la sala, entre el foco amarillo y el verde, una luz roja ilumina a un soldado con un espadón en la espalda, que posa representando la letra R.

– “¡Capitán de las Fuerzas Especiales… KADEM!” –  exclama.

Todos cambian de pose a la vez, ahora formando las letras G-O-M-A-H.

– “¡¡JUNTOS FORMAMOS LAS FUERZAS ESPECIALES GOMAH!!” – revelan al unísono.

El bufón observa desde un balcón.

– “Eso es…” – sonríe Gomah. – “¡Ha salido perfecto!” – piensa. – “¡Igual que en los ensayos!” – se emociona.

Una gota de sudor frío recorre la sien de Shisami.

– “¿Esto es una broma?” – murmura el akaburu.

– “¿Eh?” – lo oye el Capitán Kadem. – “¿Qué has dicho?”

– “¿Sois fans de las Fuerzas Ginyu?” – pregunta Shisami. – “¿O es que, simplemente, no tenéis vergüenza?”

– “¡¿De qué estás hablando?!” – exclama Kadem.

Gomah grita desde el balcón.

– “¡¡NO LE HAGÁIS CASO!!” – exclama, furioso. – “¡¡HABÉIS ESTADO IMPECABLES!!” – los felicita. – “¡¡AHORA, ACABAD CON ÉL!! ¡¡MATADLO!!”

Los soldados desenfundan sus armas y apuntan a Shisami.

Shisami suspira, decepcionado.

– “El Capitán Ginyu peleaba al lado de sus hombres.” – dice mirando de reojo al bufón.

– “Insolente…” – gruñe Gomah.

Los cañones de la gatling gun empiezan a girar.

Shisami aprieta los puños. Su cuerpo empieza aumentar la temperatura, emitiendo un ligero vapor.

– “En nombre del Imperio, pondré fin a esta farsa ahora mismo.” – amenaza el akaburu.

DBSNL // Capítulo 392: Secretos

DBSNL // Capítulo 392: Secretos

“¿Qué pueden esconder ahí?”

En la Tierra, Ub ha evitado el ataque de Glorio. El terrícola le ha arrebatado el Agua Ultradivina y ha saltado con ella desde la cima de la Torre de Karín.

Glorio aprieta los dientes, molesto.

Desde el bosque, Piccolo ha visto saltar a Ub.

– “Je.” – sonríe el namekiano.

El muchacho de Isla Papaya aterriza a su lado.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta el Ub.

– “No sé mucho más que tú.” – responde Piccolo. – “Pero parece que ese es su objetivo.” – añade mirando a la tetera.

– “El Agua Ultradivina…” – murmura el chico.

Los clones enemigos rodean a los dos guerreros.

– “Así que ya sabes qué hacer.” – sonríe el namekiano.

– “Estoy listo.” – asiente Ub, preparándose para salir volando.

Piccolo pone las manos frente a su rostro.

– “¡TAIYOKEN!” – el namekiano usa la técnica de la escuela Grulla.

Glorio se asoma por la barandilla, a distancia suficiente para que el Taiyoken sea tan solo un pequeño destello.

De su bolsillo saca una pequeña caja de cerillas, con minúsculos agujeros hechos en ella. La cajita vibra ligeramente y un zumbido emana de ella.

Mientras tanto, en Mithra, Cheelai y Gohan Jr investigan las instalaciones, escabulléndose de pasillo en pasillo, de habitación en habitación. 

En cada zona de las instalaciones subterráneas se encuentran distintos procesos de ensamblaje de armamento y vehículos de alta tecnología; rifles, lanzacohetes, tanques y naves son solo una pequeña parte de todo lo que está en desarrollo.

– “Es increíble…” – dice Cheelai. – “¿De dónde han sacado toda esta tecnología?”

– “¿Crees que es superior a la Patrulla Galáctica?” – pregunta Gohan.

– “No me cabe duda.” – responde ella, preocupada. – “Y con un ejército tan numeroso… creo que incluso el Imperio tendría problemas para frenarlos.”

– “¿De verdad?” – se sorprende Gohan.

En el despacho del Barón, Degesu mira con desconfianza a Shisami.

– “Si no llegamos a un acuerdo, debo advertirle que las consecuencias pueden no ser de su agrado.” – insiste el representante del Imperio.

Gomah aprieta su bastón con rabia.

– “Señor Degesu…” – dice entre dientes. – “Su falta de respeto…”

El Barón levanta la mano para hacer callar al bufón.

– “Akaburu…” – dice Degesu. – “¿Qué tramas?”

– “Nada, señor.” – responde Shisami. – “Solo intento dejar clara nuestra postura.”

– “No…” – dice Degesu, afilando más su mirada. – “Hay algo más…”

En los pisos inferiores, Gohan y Cheelai llegan hasta el final de un pasillo, donde una gran puerta metálica no se abre pese a usar la llave robada.

– “No funciona…” – dice Cheelai.

– “¿Hará falta otra tarjeta?” – pregunta el chico.

– “Es posible…” – responde ella. – “Esperaba que nuestro amigo tuviera acceso a todo el recinto…”

– “¿Qué pueden esconder ahí?” – se pregunta Gohan, que golpea la puerta con los nudillos, comprobando su grosor.

Shisami da la espalda al ira-aru y camina hacia la enorme cristalera.

– “¡NO DES LA ESPALDA AL BARÓN!” – exclama Gomah. – “¡INSOLENTE!”

– “He estado estudiando las costumbres del Imperio.” – dice Degesu. – “Ha cambiado mucho desde la ausencia de Freezer.”

– “¿Está poniendo en duda la firmeza del señor Cooler?” – responde Shisami, sin dejar de mirar el paisaje.

Una gota de sudor frío recorre la sien del akaburu.

Degesu esboza una pícara media sonrisa.

– “Puedo verlo ahora.” – dice el ira-aru.

– “¿Hmm?” – lo mira Shisami de reojo.

– “Sabes que puedo leerte la mente, así que has intentado dirigir mi atención.” – dice Degesu. – “Me has hecho buscar las intenciones del Imperio…” – se levanta. – “…para que no viera que tus amigos de la Patrulla Galáctica se han infiltrado en mis instalaciones.”

– “¡¿QUÉ?!” – se sobresalta Gomah.

Shisami, al ver que han sido descubiertos, se revuelve rápidamente con la intención de atacar a Degesu, pero éste lo empuja con un cañonazo de ki emitido con su mirada, lanzándolo al exterior, atravesando la cristalera.

– “¡¿Cómo han burlado nuestros sistemas?!” – se pregunta Gomah, en silencio.

– “Con tu tarjeta, idiota.” – refunfuña el Barón.

– “¡¿AH?!” – se asusta el bufón, que instintivamente busca la tarjeta entre sus ropajes. – “Yo…” – hinca la rodilla rápidamente. – “Lo siento… No sabía que…”

Degesu se sienta.

– “Soluciónalo.” – interrumpe a Gomah.

– “Sí… sí, señor.” – responde el bufón con voz temblorosa.

En el exterior, Shisami se recupera tras la caída.

– “Tsk…” – protesta el akaburu.

Gomah se asoma por la cristalera rota.

– “¡¡HA ATACADO AL BARÓN!!” – exclama el bufón. – “¡¡ACABAD CON ÉL!!”

Una docena de soldados armados lo rodea rápidamente.

Shisami, ya en pie, hace crujir su cuello y después sus puños.

En las instalaciones saltan las alarmas, sobresaltando a Cheelai y Gohan.

– “¡Nos han descubierto!” – se preocupa la agente brench.

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Gohan.

– “¡Salgamos de aquí!” – exclama ella, arrastrando a su hijo, agarrándolo del brazo.

Pero se escuchan pisadas en su dirección, cada vez más fuertes, que provienen del final del pasillo.

Cheelai se detiene.

– “Maldita sea…” – desenfunda el arma.

Un destello amarillo detrás de ella sorprende a la patrullera.

¡BOOM! Una explosión.

Gohan ha destruido la puerta metálica con un potente blast de ki.

– “¡Por aquí!” – exclama el muchacho.

Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo agarra la cara de un clon y lo estampa contra el suelo, pero en el momento del impacto, éste se divide en dos, que enseguida contraatacan.

El namekiano detiene los golpes sin problemas.

– “Espero que esto sirva para darle tiempo a Ub.” – piensa Piccolo.

Ub corre a través del bosque, con la tetera en brazos.

– “Parece que no me están siguiendo…” – piensa el terrícola. – “Qué extraño…”

El muchacho se detiene y se esconde detrás de un árbol.

En silencio, Ub cierra los ojos y se concentra, intentando percibir la presencia del enemigo entre la naturaleza.


Un pequeño insecto se acerca entre los árboles con un tenue zumbido.

Con un rápido movimiento, Ub lo caza al vuelo y lo estruja en su mano.

El muchacho comprueba de qué se trata. 

Espachurrado en su mano, un insecto azul celeste de tan solo unos centímetros, parecido a una mantis, con seis patas, las cuatro traseras son para sostenerse y caminar, y dos delanteras que consisten en dos grandes cuchillas, alas, ojos saltones y dos largas antenas amarillas.

– “Hmm…” – lo observa Ub.

En ese instante, la nave de Glorio aparece sobre él. El ladrón está de pie sobre ella.

– “Te he encontrado.” – sonríe el ladrón, levantando la mano hacia el cielo.

Rayos de ki chispean entre sus dedos.

Ub se da cuenta y se cubre rápidamente.

Una tormenta de rayos cae sobre el bosque, partiendo árboles e incendiándolos, haciendo que muchas aves y animales salvajes salgan huyendo.

Piccolo puede oír el crujido eléctrico en el horizonte.

– “¡UB!” – se preocupa el namekiano.

El resplandor anaranjado del incendio puede adivinarse entre los árboles.

– “¡El Bosque Sagrado!” – aprieta los dientes Piccolo.

En ese instante, el namekiano siente un doloroso pinchazo en el dorso de su mano.

– “Tsk…” – se golpea él mismo, como matando un mosquito.

Pero no hay nada. Solo un pinchazo.

– “¿Qué ha sido eso…?” – se pregunta el namekiano.

El namekiano puede sentir como algo se mueve bajo su piel.

De repente, una enorme hinchazón crece sobre su mano.

– “¡¿AH?!” – se alarma Piccolo.

Mientras el tumor crece, el resto de su brazo empieza a consumirse, viéndose cada vez más demacrado.

Piccolo no duda en agarrarse el brazo y tirar de él con todas sus fuerzas hasta arrancárselo y lanzándolo lejos.

– “Pero, ¿qué…?” – dice el namekiano, entre dientes.

Los clones retroceden lentamente, con miedo en sus ojos, como si reconocieran el horror que están presenciando.

El bulto sigue creciendo en el brazo cercenado hasta que consume la extremidad por completo y estalla con el nacimiento de un insecto como el que atacó a Ub, pero de más de un metro de altura.

– “¿Qué demonios es eso…?” – se pregunta Piccolo.

El insecto abre sus alas y salta sobre uno de los clones, al que asesina clavándole sus cuchillas.

– “¡¡AAH!!” – gritan todos.

La criatura abre su boca, de la que brotan dos mordazas que clava en el clon y lo consume rápidamente.

En Mithra, las alarmas repican en un laboratorio oscuro.

Una mujer ira-aru de cabello blanco largo hacia arriba y tez rosada observa las cámaras de seguridad en su pantalla de ordenador.

– “Han encontrado este lugar.” – suspira, molesta pero tranquila.

La mujer viste elegantes ropajes morados con una larga capa roja.

El laboratorio parece una mezcla de alta tecnología y brujería. 

Varios cilindros de metacrilato contienen piedras cristalinas moradas como las que se encuentran en la superficie del planeta, refinadas, talladas en esferas; están suspendidas en el aire con una corriente de energía que emana de los dos extremos del cilindro y brillando intensamente con la energía que las recorre.

A su lado, un gran terrario, con plantas diversas cultivadas en la tierra roja de Razan.

En el fono de la sala, un caldero burbujeante del que emana un vapor oscuro.

La mujer se sienta sobre una de cachimba gigante flotante en forma de escoba, agarra la boquilla y da una profunda calada, que saborea unos instantes antes de echar el humo.

– “Supongo que tendremos que recibirlos.” – sonríe pícaramente.

Una pequeña criatura rosada sin ojos, pero con una enorme boca, con extremidades cortas y una antena en la cabeza, salta sobre su hombro.

– “¡BLAARGH!” – parece reír.

La bruja busca dentro de su sostén y saca un pequeño frasco de cristal en el que hay unas diminutas semillas redondas dentro.

– “¿Probamos el souvenir que nos trajo Glorio?” – sonríe buscando la complicidad de su pequeño secuaz.

– “¡¡BLAAAARGH!!” – responde la criatura.

Dibujado por Ipocrito

DBSNL // Capítulo 391: Gendarmeria

DBSNL // Capítulo 391: Gendarmeria

“Ni siquiera conoces el origen del poder que adoras, viejo.”

En la Tierra Sagrada de Karín, cerca de la torre, Piccolo ha sido arrastrado hasta el bosque, donde se defiende de los continuos ataques de una docena de clones enemigos que se ocultan entre las copas de los árboles y se abalanza sobre él uno tras otro.

En la cima de la Torre de Karín, Glorio destroza el lugar mientras busca el agua, mientras el Duende lo observa desde la escalera, con las manos en la espalda.

– “¿Dónde está…?” – refunfuña el ladrón.

Piccolo se cubre ante un ataque de ki enemigo. La explosión sacude el bosque.

– “Este es un lugar sagrado.” – protesta el namekiano.

Tres explosiones más.

De repente, los brazos del namekiano brotan del suelo bajo los pies de dos enemigos y les agarra una pierna.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprenden.

Piccolo tira de ellos y los entierra por completo.

El namekiano sale de la polvareda, elevándose a toda velocidad.

Los clones salen volando a por él.

Piccolo sonríe, pues ha conseguido alejarlos del bosque.

Uno de los enemigos le alcanza y lo golpea… pero resulta que el namekiano al que perseguían es solo una imagen residual.

Desde tierra firme, Piccolo extiende sus brazos hacia sus adversarios, sorprendiéndolos por la espalda, enrollándolos en cada uno de ellos como una serpiente, sin dejarse ninguno, e inmovilizándolos.

– “¡¿AAAH?!” – se sorprenden todos. – “¡¡KYAAAH!!” – gritan.

Piccolo aumenta la fuerza de su agarre, estrujando cada vez más a sus enemigos hasta acabar con ellos.

– “Je.” – sonríe el namekiano, mientras sus brazos vuelven a la normalidad.

Pero rápidamente, un pequeño temblor llama su atención.

Dos montículos aparecen en el suelo, donde habían sido enterrados los dos clones, y de ellos brotan nuevas copias, algunas con extremidades rotas por la presión que han ejercido las unas contra las otras para lograr liberarse a base de multiplicarse hasta que han logrado alcanzar la superficie.

– “Ah… ah…” – respiran de nuevo, aliviados.

Piccolo frunce el ceño.

En Mithra, el Barón ha llamado a Shisami a su despacho. Gomah ha ido a recogerlo a sus aposentos y ya lo lleva de camino al ascensor.

Cheelai y Gohan Jr lo siguen de cerca, pero intentando no llamar la atención.

Cuando Gomah se detiene frente al elevador, Shisami parece no darse cuenta y lo golpea por la espalda, haciendo que el bufón se caiga de morros al suelo.

– “¡Mira por dónde vas!” – protesta el bufón.

– “Lo siento.” – responde Shisami. – “Eres muy pequeño.”

El akaburu lo agarra de la cabeza para ponerlo en pie.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – patalea Gomah.

Shisami lo sacude con la mano para quitarle el polvo.

– “¡SUÉLTAME!” – insiste el bufón.

La tarjeta de acceso de Gomah se cae al suelo y Shisami la pisa rápidamente para ocultarla.

El akaburu deja al bufón en el suelo.

Gomah se recoloca la capa, intentando recuperar su dignidad.

– “Salvajes…” – refunfuña el bufón. – “Eso es lo que son…”

El ascensor se abre y Gomah entra el primero.

Shisami aprovecha para patear sutilmente la tarjeta hacia atrás, hasta donde se encuentran sus compinches. 

Los dos se montan en el ascensor y se marchan hacia el despacho del Barón.

Cheelai recoge la tarjeta.

– “Eres un genio, Shisami.” – sonríe ella.

– “¿Esto funcionará?” – pregunta Gohan.

– “No tenemos mucho tiempo…” – responde Cheelai. – “¡Manos a la obra!”

En la Tierra, Glorio ha encontrado la tetera que alberga el agua Ultradivina. 

– “¿Qué pretendes?” – pregunta Karín. – “¿Hacerte más fuerte?”

– “No te importa.” – responde el ladrón.

– “¿Por qué profanas un lugar sagrado?” – insiste el Duende. 

– “Ni siquiera conoces el origen del poder que adoras, viejo.” – refunfuña Glorio.

Glorio se lleva la tetera, sube por la escalera y se sube al balcón.

Karín lo observa sin intención de detenerlo.

Piccolo atraviesa la cabeza de uno de los clones con un disparo láser de sus ojos.

– “¿EH?” – se da cuenta de que una nave ha aparecido de la nada en la cima de la torre, como si se hubiera hecho visible de repente.

El namekiano se prepara para salir volando, pero los clones se le echan encima.

La nave abre una su compuerta frente a Glorio, que se prepara para subir.

Pero de repente, una corriente de aire alerta al ladrón, que mira hacia atrás por encima de su hombro.

Ub ha aparecido con el Shunkanido y, con un rápido movimiento, le arrebata la tetera.

– “¡UB!” – se sorprende gratamente el Duende Karín.

El muchacho de Isla Papaya da un salto hacia atrás para poner distancia.

– “¿No te han enseñado que robar está mal?” – pregunta Ub.

Glorio se baja del balcón, claramente fastidiado.

– “Sé quién eres.” – dice el ladrón. – “Y permíteme decirte que esto te supera.”

Piccolo, mientras pelea con sus adversarios, puede ver un rayo salir de la torre.

Ub salta por el balcón, protegiendo la tetera en sus brazos. Ha evadido del disparo de Glorio.

En Mithra, Cheelai y Gohan Jr se suben al ascensor usando la llave de acceso de Goham.

En el despacho del Barón, Shisami habla con Degesu. Gomah está de pie frente a la mesa, escuchando atentamente.

– “No tengo intención de anexionar Mithra al Imperio.” – dice Degesu. – “Pero no me importaría abrir una ruta comercial para iniciar…”

– “Creo que no ha comprendido la posición del Imperio.” – lo interrumpe el akaburu.

– “Hmm…” – se molesta el Barón.

Gomah mira a Degesu temiendo su reacción.

– “No somos la Patrulla Galáctica.” – continúa Shisami. – “Y de momento, tampoco tienen un acuerdo con ellos, así que no están bajo su protección.”

Gomah golpea el suelo con su vara.

– “¿Cómo osas hablarle así al Barón?” – protesta el bufón, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

Shisami inclina ligeramente la cabeza como muestra de respeto a Degesu.

– “Solo pretendo dejar clara la postura del Imperio y del señor Cooler.” – dice el akaburu. – “No es mi intención ofender a nadie.”

Degesu afila su mirada.

Mientras tanto, Cheelai y Gohan Jr recorren las instalaciones subterráneas, pasando por grandes comedores vacíos, gimnasios y grandes habitaciones llenas de literas.

– “¿Qué clase de operación están llevando a cabo?” – se pregunta Cheelai.

Tras una puerta, llegan a un balcón que da a un gigantesco hangar.

– “Vaaaya…” – alucina Gohan.

Cientos de soldados conejo están formando y desfilando, recibiendo instrucción militar.

– “El Barón… se está preparando para la guerra.” – entiende Cheelai.

– “¿Contra quién?” – se pregunta Gohan.

Docenas de tanques de alta tecnología están siendo puestos a punto.

Una inmensa bandera del régimen de Degesu, con un ojo rodeado por un estilizado laurel rojo preside el hangar.

– “Cualquiera que se le oponga.” – responde la patrullera brench.