DBSNL // Capítulo 410: Planeta Octo

DBSNL // Capítulo 410: Planeta Octo

“¡Menudo espectáculo!”

Pan se ha vestido completamente con las ropas de los zorros. Está sentada sobre el colchón de su cabaña. El anciano Oztohuah le cambia los rudimentarios apósitos de sus heridas en la espalda; hojas embadurnadas en el extraño fango de la cueva.

– “Muchas gracias.” – sonríe ella. – “Huele fatal… Pero parece que al menos se están curando bien. Aún me duelen un poco.”

El zorro se limita a sonreír y seguir trabajando.

– “¿Cómo estará Ub?” – se pregunta Pan. – “Ese idiota… Me dio parte de su energía vital… Qué insensato…” – sufre por él, pero a la vez se le escaba una tierna media sonrisa.

La muchacha se pone en pie, como si de repente recordara la precariedad de su situación.

– “Dabra…” – aprieta los puños. – “Seguro que nos está buscando.”

Oztohuah la invita a sentarse de nuevo.

– “No, no lo entiendes…” – dice Pan. – “Dabra… ¡Un demonio! Viene a por nosotros… ¡Estáis en peligro!”

El zorro insiste en que ella se siente.

Resignada, Pan toma asiento de nuevo.

– “Maldición…” – refunfuña ella. – “Ojalá me entendieras…”

Otro de los ancianos entra en la cabaña. En sus manos lleva un cuenco de madera lleno de agua caliente.

Oztohuah lo recibe y se lo pasa a Pan. El otro anciano abandona la vivienda.

– “¿Qué es esto?” – pregunta ella.

El zorro saca un pequeño saco de su túnica y lo vacía dentro del agua; hebras secas que al entrar en contacto con el agua recuperan su color azulado y cierto brillo.

– “Brillan como en la cueva…” – piensa Pan. – “Espera… No pretendes que me beba esto, ¿no?” – pregunta un poco asqueada.

Oztohuah hace como si bebiera de un bol imaginario, reafirmando las sospechas de la terrícola.

Ella mira el cuenco con mala cara.

El anciano se agacha y con su garra dibuja en el suelo un hongo filamentoso parecido a los que Pan vio en la cabaña.

Ella asiente.


Oztohuah esboza árboles, plantas y animales alrededor del hongo. Después, dibuja figuras humanoides a su alrededor.

– “¿Sois vosotros?” – pregunta ella. – “¿Es vuestro pueblo?”

El zorro dibuja conexiones entre el hongo y los otros seres vivos.

– “Estáis conectados, ¿no?” – adivina ella. – “Esto tenía un nombre…” – cavila. – “¿Simbiosis?” – duda. – “Parece que el hongo es muy importante para vosotros.”

El anciano la señala a ella y la dibuja en el suelo, y después otra conexión desde el hongo hasta Pan.

– “¿Soy yo?” – pregunta ella. – “¿Yo también?”

– “Pan.” – dice el anciano.

El zorro insiste en el dibujo, repasando la conexión una y otra vez.

– “No tengo muy claro qué quieres decirme, Ozto…” – dice Pan, un poco apenada. – “Pero si lo usáis como medicina… ¿os da energía? ¿es eso?”

Oztohuah insiste en su dibujo.

– “Si crees que tomándome esto me curaré más rápido… Está bien. Me lo tomaré.” – asiente ella.

El anciano asiente también.

Pan da un sorbo del cuenco y pone mala cara, pero aun así sigue bebiendo hasta que se lo termina.

– “Está muy rico…” – intenta fingir, poco convincente.

Pero de repente, siente una extraña sensación de calor en su cuerpo.

– “Vaaya…” – dice sorprendida. – “Qué extraño…”

Una suave brisa mece la hierba y los matorrales en el exterior de la cabaña.

Una calma absoluta se apodera de Pan, que puede sentir cada pequeño movimiento en su entorno.

En el interior de la cueva, Ub sigue tumbado y con los ojos cerrados, pero parece recuperar ligeramente la conciencia.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el muchacho, que pone una mueca. – “Hmm… Qué extraño… Siento un agradable calor por todo mi cuerpo…” – se relaja de nuevo. – “Es una sensación familiar…”


Mientras tanto, en el planeta Octo, Son Goten, Ikose y Pino pasean por la ciudad, guiados por Bodara.

Los edificios son modernos y futuristas, y tienen forma de ánfora. Las entradas son circulares, algunas exageradamente minúsculas.

– “¿Y cómo pueden entrar por ahí?” – se pregunta Ikose.

– “Si los pulpos terrestres sirven de referencia… sus cuerpos son básicamente músculo y tejidos blandos.” – responde Pino.

– “¿Crees que están emparentados?” – dice Ikose.

Goten sigue leyendo el GPad.

– “Aquí dice que el Palacio Real es por ahí.” – dice Goten, señalando una calle.

– “Hoy está cerrado.” – dice Bodara. – “Como casi todo en Octo.”

– “Ya es mala suerte…” – suspira Goten.

– “¡Todo lo contrario!” – exclama el patrullero. – “¿Por qué creéis que tengo el día libre? Además, ¡mirad!”

Al final de la calle, una gran avenida está abarrotada de gente. Suena la música y el confeti llueve del cielo.

Varias carrozas flotantes desfilan adornadas con distintos motivos, muchas patrocinadas por distintas empresas y marcas presentes en Octo y en la galaxia.

– “¡Es un desfile!” – exclama Goten, emocionado.

– “Ahí está la nuestra.” – señala Bodara.


Una carroza de la Patrulla Galáctica pasa frente a ellos.

– “El Rey es uno de los principales promotores de nuestra causa.” – revela Bodara.

– “¡Ooh!” – disfruta Goten del espectáculo.

De repente, una nueva carroza llama la atención de todos los presentes. Es la más grande y espectacular de todas. Cientos de octanos bailan a su alrededor. La orquesta los precede.

– “¿Y esa?” – pregunta Goten.

– “Déjame adivinar…” – murmura Ikose, con ironía.

El Rey de la Galaxia saluda a su gente desde lo más alto. El pueblo responde de la misma manera.

– “Ahí está.” – saluda también Bodara.

– “¡Menudo espectáculo!” – dice Goten.

Mientras tanto, en la torre de control del puerto espacial, la poca gente que sigue de guardia está mirando la cabalgata en televisión.

Una breve señal desconocida en su radar pasa desapercibida por todos.

Una nave ha entrado inadvertida en el espacio aéreo de Octo.

En el interior de la nave, Meerus está a los mandos.

Shamo se acerca a la cabina.

– “¡¿Octo?!” – se asusta el vendedor. – “¡¿Estás loco?! ¡Es el planeta más seguro de todo el sector!”

– “Por eso nadie va a buscarte aquí.”” – dice Meerus.

– “Pero hay mucha vigilancia…” – duda Shamo. – “Muchos patrulleros…”

– “Muchos, pero poco curtidos.” – responde el agente. – “Deberías avisar ya a tu contacto.”

Shamo lo mira de reojo.

– “¿Por qué crees que tengo contactos en aquí?” – pregunta el suspicaz vendedor.

Meerus no responde.

– “Está bien.” – claudica Shamo.

DBSNL // Capítulo 409: Parada técnica

DBSNL // Capítulo 409: Parada técnica

“¿Dónde está Ub?”

En el planeta Razan, Pan despierta en un lugar desconocido; una austera cabaña con paredes de madera y barro, y techo de paja, tumbada en el suelo sobre un colchón de paja y tapada con una piel de simio. Un fuerte olor a inciensos llena la vivienda.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta.

La terrícola se pone en pie. Viste su pantalón naranja y sujetador negro sin tirantes. Sus heridas le duelen, pero al tocarlas se da cuenta de que lleva unas grandes hojas ungidas en extraños ungüentos pegadas en la espalda.

– “Pero, ¿qué…?” – se sorprende, un poco asqueada.

Pan abre una puerta de paja y se queda en el umbral. La muchacha se encuentra en mitad de una aldea de zorros de pelaje negruzco vestidos con taparrabos de pelo corto de simio. La mayoría de habitantes hacen su vida con naturalidad, pero puede percibirse cierta tensión en los movimientos de zorros armados con rudimentarias herramientas en la distancia.

– “¿Dónde está Ub?” – se pregunta. – “¡UB!” – exclama.

Uno de los zorros la ve y alerta a los demás.

– “¡KIKIKI!” – exclama el cánido.

Rápidamente, un zorro de mayor envergadura, se acerca a ella. Luce un arma de madera ancha y plana en la espalda con afiladas piedras negras incrustadas a modo de filo alrededor de su hoja. Lleva una cuerda alrededor de su cintura con una mano de simio colgada.

El zorro frena a Pan sin violencia, pero con firmeza, invitándola retroceder y regresar al interior de la cabaña.

– “¿Quién eres?” – pregunta ella. – “¿Dónde estoy?”

Pero no hay respuesta.

Pan regresa al interior de la vivienda y el zorro la sigue, quedándose de pie frente a la puerta.

– “¿No hablas mi idioma?” – pregunta ella. – “Me llamo Pan.” – dice poniéndose la mano sobre el pecho. – “Pan.”

El zorro no dice nada.

Ella afila su mirada, molesta.

– “Tsk…” – protesta, apretando los puños. – “Habéis tratado mis heridas. Entiendo que no sois mis enemigos. Pero si se os ocurre intentar retenerme…”

Pequeñas piedras en la tierra de la cabaña tiemblan a su alrededor y empiezan a levitar.

El zorro levanta las cejas, sorprendido.

Pero en ese instante, alguien toca a la puerta.

Pan se detiene.

El guardián se aparta y un anciano zorro entra en la sala, su pelaje tiene partes blanquecinas alrededor de su hocico y ojos. Está envuelto en una túnica hecha de hojas secas y camina encorvado, apoyándose en un bastón.

– “Ho… Hola…” – saluda el zorro, con dificultad para hablar.

– “¿Eh?” – se sorprende ella. – “Hola…” – levanta la mano con cierta timidez.

El anciano sonríe amablemente y con la mano le indica a Pan que lo siga.

– “¿Y quién eres tú?” – pregunta ella en voz baja.

El anciano abandona de la cabaña.

En la Tierra está anocheciendo. En la Corporación Cápsula, un gato negro y blanco juega en césped del jardín, golpeando algo diminuto con sus patas y saltando de un lado a otro persiguiéndolo.

Bulma, con la bata de laboratorio puesta, se sienta un momento en una hamaca cerca de la piscina, y se toma un café caliente mientras mira el cielo, donde la aurora dejada por Vegeta sigue presente, aunque más tenue cada día que pasa.

El gato sigue jugando, golpeándo y persiguiendo su improvisado juguete hasta la zona adoquinada. El objeto tintinea al rebotar sobre la piedra.

– “¿Eh?” – Bulma levanta la vista de su taza. – “Maru, ¿qué tienes ahí?” – le pregunta al felino.

El gato la ignora, inmerso en su juego, y agarra el diminuto objeto con la boca.

– “¡EH!” – exclama Bulma. – “¡Suéltalo!”

Bulma se levanta y camina hasta él, que al verla venir suelta su juguete se aleja de un salto.

– “¿Con qué estás jugando?” – suspira ella. – “¿No ves que nos vas a dar un disgusto?”

Bulma recoge el objeto. Un tornillo.

– “¿De dónde…?” – cavila ella.

Pero de repente, ata cabos.

– “Oh, no…” – se preocupa. – “¿No será…?”

En una base de la Patrulla Galáctica, Son Goten, Ikose y Pino han tenido que aterrizar de emergencia. Su nave ha sufrido daños, pero ya está siendo recogida en grúa por los técnicos de la Patrulla.

Mientras tanto, los tres viajeros están en un bar local, lleno de individuos alienígenas que parecen pulpos, cada uno con un tono de verde distinto. El Número 16 viste su uniforme de la patrullero. Goten viste su traje de Gran Saiyaman, pero sin casco, e Ikose luce su uniforme Gamma.

– “Planeta Octo.” – dice Goten, leyendo una tableta electrónica en sus manos, de color morado y decorada con el logotipo de Patrulla Galáctica.

Ikose echa un vistazo a su alrededor.

– “Parece adecuado.” – dice con ironía.

Son Goten da un trago a su bebida y sigue leyendo.

– “Aquí dice que el Rey de la Galaxia vive en este planeta.” – dice el hijo de Goku.

– “¿El Rey de la Galaxia?” – se extraña Ikose. – “Yo no había oído hablar de él.”

– “Yo tampoco tengo datos al respecto.” – dice Pino.

– “La Galaxia incluye la Tierra, ¿no?” – cavila Goten.

– “¿Se puede ser Rey de un lugar en el que no te conocen?” – pregunta Ikose.

Goten se da cuenta de que Ikose y el Número 16 no están tomando nada.

– “¿No hay nada que podáis tomar?” – pregunta el mestizo.

– “Estoy bien.” – sonríe Pino.

Ikose suspira.

– “¿Y qué podemos hacer hasta que la nave esté lista?” – pregunta Ikose.

Goten agita la tableta.

– “Esto es muy útil.” – dice el mestizo. – “A ver…” – desliza el dedo sobre la pantalla, buscando.

Un patrullero se acerca su mesa. Es de baja estatura. Su piel es rosada con manchas irregulares verdosas. Su cabeza es redonda, sin cuello, y sus ojos están separados de su cuerpo por dos apéndices musculados que le permiten moverlos independientemente.

– “¿Acostumbrándote al GPad?” – saluda el patrullero.

– “Es fantástico, Bodara.” – sonríe Goten. – “Gracias.”

El patrullero sonríe.

– “He hablado con los mecánicos.” – les comunica. – “La nave estará lista en unas horas.”

– “¿Unas horas?” – se sorprende gratamente Goten. – “¡Eso no está mal!”

– “¿Cuántas horas?” – pregunta Ikose.

– “Unas cinco o seis horas octanas” – responde Bodara.

– “¿Octanas?” – se extraña Goten.

– “¡Ah!” – se da cuenta Bodara. – “Sois de la Tierra, ¿verdad?”

Goten asiente.

– “Entonces…” – cavila Bodara. – “Espera. Tú eres el que tiene el GPad…” – le indica con el dedo que teclee.

– “¡Ah, claro!” – responde el mestizo. 

Goten teclea rápidamente.

– “¡¿QUÉÉÉÉ?!” – se asusta. – “¡Son casi 48 horas!”

– “Más o menos.” – asiente Bodara. – “Eso si no hay imprevistos con la reparación…”

El hijo de Goku echa la cabeza para atrás y se escurre en la silla, abatido.

En Razan, el anciano zorro ha llevado a Pan hasta una gruta que se abre bajo tierra a los pies de una gigantesca roca. El guardián los escolta. Ella se ha cubierto el torso con un poncho hecho de hojas.

El anciano se adentra primero y Pan lo sigue. El guardián se queda en la entrada.

– “¿Qué hacemos aquí…?” – se pregunta Pan.

El viejo zorro sigue caminando en silencio.

La cueva no está iluminada. Solo la luz de la entrada evita que no esté completamente a oscuras.

El suelo y las paredes de la gruta están cubiertos de tierra húmeda y mohosa. El techo está conformado por la gigantesca piedra. Insectos de todo tipo recorren las paredes y el suelo, escurriéndose entre el fango.

Pan primero los mira con horror, pero traga saliva y decide ignorarlos con tal de descubrir qué trama su anfitrión.

A medida que siguen avanzando, Pan se acostumbra a la oscuridad y puede ver pequeños hongos con luminiscencia azulada en las paredes y en el suelo. 

En el fondo de la cueva se encuentran con dos ancianos más en la cueva, recolectando el fango mohoso del suelo.

– “¿Qué están haciendo?” – se pregunta Pan.

El anciano que la guiaba se detiene.

– “¿Hemos llegado?” – le pregunta Pan. – “¿Qué quieres enseñarme?”

El viejo señala al suelo.

A pocos metros de distancia, Ub está enterrado casi por completo; solo su cara es visible entre el fango.

– “¡UB!” – se asusta Pan.

La muchacha se arrodilla a su lado.

– “¡UB! ¿Estás bien?” – le pregunta.

El chico no responde.

– “Voy a sacarte de aquí.” – dice Pan.

La muchacha empieza a desenterrar a su hombre, pero los ancianos se ponen nerviosos.

– “¡KIKIKI!” – grita uno.

– “¡OOH! ¡OOH!” – grita otro.

El anciano que le hizo de guía se arrodilla frente a ella y le agarra las manos.

– “No.” – dice el viejo. – “No.”

– “¿Qué?” – se extraña ella. – “No voy a dejarlo aquí.”

El viejo llama a uno de los otros, que le acerca un mortero.

El zorro lo agarra y se lo presenta a Pan.

– “¿Qué quieres decirme?” – pregunta ella.

El viejo agarra un poco de la mezcla fangosa y se lo enseña a Pan.

Pan empieza a comprender el mensaje.

Ella se lleva la mano a la espalda, sobre sus heridas.

El anciano asiente.

– “Es medicina.” – dice Pan. – “¿Estáis curando a Ub? ¿Es eso?”

El anciano sonríe amablemente.

Ella suspira aliviada.

– “Me llamo Pan.” – lo intenta de nuevo, colocándose la mano sobre el pecho. – “Pan.” – repite. – “Y él es Ub.” – pone la mano sobre el montón de tierra en el que descansa su marido. – “Ub.”

El viejo cavila durante un instante.

– “Pan.” – señala a la muchacha. – “Ub.” – señala al chico.

– “Eso es.” – asiente ella con una sonrisa.

– “Oztohuah” – se señala a sí mismo.

– “Ozto…” – lo intenta repetir ella.

– “Oztohuah.” – insiste el anciano.

– “Qué complicado.” – pone una mueca ella. – “¿Te sirve Ozto?”

DBSNL // Capítulo 408: Rumbo a lo desconocido

DBSNL // Capítulo 408: Rumbo a lo desconocido

“Han pasado casi 12 horas y no tenemos nada…”

En el espacio, varias naves del Imperio y la Patrulla Galáctica despegaron desde Mithra y Erezúant respectivamente y ahora surcan el sistema planetario intentando rastrear la misteriosa nave que fue detectada abandonado Razan.

En Erezúant, Tarble recibe malas noticias mientras sigue trabajando en el centro de mando temporal. Cheelai está de pie a su lado.

– “Ni rastro de la nave, señor.” – dice un patrullero por radio.

– “Han pasado casi 12 horas y no tenemos nada…” – refunfuña el saiyajín. – “¿Cómo puede haberse esfumado?”

– “Magia.” – responde Cheelai.

– “¿Eh?” –  se extraña Tarble.

– “Así escaparon nuestros enemigos en Mithra.” – continúa la agente brench tras un suspiro. – “No me cabe duda.”

– “¿A qué nos estamos enfrentando?” – se pregunta el patrullero, preocupado.

Cheelai se cruza de brazos, pensativa.

– “Me preocupa la información que llega desde la Tierra.” – revela ella.

Tarble aprieta el puño con rabia.

– “Si de verdad es nuestro hombre, significa que, de alguna forma, nuestros enemigos pueden moverse por todo el Universo sin que podamos hacer nada al respecto.” – refunfuña.

Cheelai agacha la cabeza, preocupada. Una gota de sudor recorre su sien.

En ese momento, Gohan Jr entra en la tienda. Karza lo acompaña y observa curioso desde fuera.

– “¿Interrumpo?” – pregunta Gohan.

– “¿Y si saludamos?” – le responde su madre con retintín.

– “Lo siento.” – se disculpa el muchacho. – “Agente Tarble.” – dice asintiendo.

Tarble sonríe un poco incómodo.

– “Neva… O sea, el señor… ¿Neva-sama?” – se encalla intentando usar el trato correcto. – “Bueno, que quiere hablar con vosotros.” – logra terminar.

– “Por supuesto.” – asiente Tarble.

En el patio del castillo, el anciano namekiano mira al cielo con gesto serio.


En la Tierra, en el jardín de la Corporación Cápsula varios de nuestros amigos embarcan en una nave espacial parecida a la que Son Goku usó para ir a Namek.

– “¿Estáis seguros?” – pregunta Bulma. – “¿No deberíamos esperar a tener más noticias?”

– “Si el tipo que atacó la Torre de Karín también ha atacado ese otro planeta como dice la Patrulla Galáctica, creo que es mejor partir cuanto antes.” – dice Goten, cargando una bolsa de deporte.

– “Pero aún no sabemos dónde podrían esconderse…” – responde Bulma. – “Podrían estar en cualquier lugar del Universo…”

– “Si lo averiguáis, avisadnos.” – dice el hijo de Goku. – “Pero siento que estoy perdiendo el tiempo quedándome aquí de brazos cruzados.”

– “¿Por qué no dejas que Trunks te acompañe?” – insiste Bulma.

– “Ya lo he hablado con él. Su lugar ahora es el laboratorio.” – responde Goten.

Ikose pasa por su lado cargando una mochila.

– “Esto es cosa de héroes.” – dice presumido, mientras sube a la nave.

Bulma lo mira mal, pero decide ignorarlo.

– “Puede que Trunks no esté entrenando tanto como antes… pero sigue siendo un saiyajín.” – protesta a Goten la madre orgullosa.

– “No es eso…” – se excusa el mestizo. – “Pero él ya es útil en otro lugar, no como nosotros… jeje.” – le guiña el ojo. 

El gesto del muchacho despierta cierta nostalgia en Bulma.

El Número 16 sale de la Corporación Cápsula vistiendo su traje de la Patrulla Galáctica.

– “¿Tú también vienes?” – se sorprende Goten.

– “No te preocupes.” – dice Pino con su típica tierna sonrisa. – “No consumo muchos recursos.”

– “Jeje.” – ríe el mestizo.

El androide le quita la bolsa de deporte y camina hacia la nave.

– “¡Eh!” – se da cuenta Goten. – “Pero, ¿quién ayudará a mover la antena?”

El Número 16 señala al tejado.

– “He traído a un sustituto.” – sonríe el androide.

En el tejado, el Número 8 saluda mientras mueve la enorme parabólica. 

En ese momento, Piccolo aterriza en el jardín.

– “¿Vienes a despedirnos?” – le saluda Goten.

– “Os estaré vigilando desde el planeta de los Kaioshin.” – sonríe el namekiano.

– “Eso está bien.” – le devuelve la sonrisa el mestizo. – “Pero le quites el ojo a la Tierra.”

– “Está en buenas manos.” – responde Ikose desde la nave.

En el helado mar al norte que la Meseta de Yuzambito, una plataforma petrolífera está en llamas. Los trabajadores se amontonan en la barandilla de la base, intentando huir de las llamas cuando en el cielo aparece una heroica figura con la capa al viento; Gamma 2 flota en el aire.

El rostro de los trabajadores se ilumina con esperanza.

De repente, una viga de metal se desprende con el calor y se precipita sobre los trabajadores… pero es pateada hacia el mar por la Gran Saiyaman 2.

En la Corporación Cápsula, Bra y Baicha salen al jardín. La hija de Vegeta tiene el abdomen ligeramente abultado.

– “¡Goten!” – lo llama ella.

Son Goten se sobresalta.

Bra camina directa hacia el hijo de Goku e Ikose la sigue. 

– “Asegúrate de traerlos de vuelta.” – dice ella. – “Sobre todo a Pan, que tengo que cantarle las cuarenta. ¿Cómo se atreve a marcharse sin decirme nada?” – refunfuña apretando los puños.

El suelo responde a la muchacha. Trocos pequeños de tierra levitan a su alrededor. Su cabello ondula ligeramente.

– “Tranquila, cielo…” – intenta calmarla Baicha. – “Seguro que… seguro que Pan…” 

– “No te preocupes.” – responde Goten. – “Pan y Ub son un dúo duro de pelar. Incluso es posible que a estas alturas ya hayan rescatado a Goku.”

En el bosque de Razan, Dabra camina entre cadáveres de simio.

Ocultos entre matojos, Ub ha dejado a Pan en el suelo y está arrodillado a su lado, agotado.

Ub respira con dificultad. Su cuerpo tiembla ligeramente por el cansancio y la falta de sueño. La extraña atmósfera del planeta está causando mella.

A la hija de Son Gohan le cuesta mantener los ojos abiertos.

– “Lo siento…” – dice Pan, casi inaudible. – “Lo siento…”

– “Está bien…” – sonríe Ub. – “No te preocupes…”

Ub le agarra la mano.

Al moverle el brazo, Ub se da cuenta de que ella sigue perdiendo sangre.

– “Todo va a ir bien.” – dice el chico de Isla Papaya.

La mano de Ub se ilumina de color anaranjado.

Tras unos segundos, Pan parece sentirse aliviada.

– “Eso es… intenta descansar.” – dice Ub.

Él lucha por mantener los ojos abiertos.

De repente, hay ruido entre los matojos que los rodean.

Ub se sobresalta. Intenta ponerse en pie… pero las fuerzas le fallan y cae de cara al suelo, inconsciente.

DBSNL // Capítulo 407: Un viejo conjuro

DBSNL // Capítulo 407: Un viejo conjuro

“Mátalos.”

El guerrero Preecho, con su brazo cercenado, pero con la herida sellada gracias a su armadura de alta tecnología, camina hacia una malherida Pan.

La muchacha se intenta levantar, agotada por la pérdida de sangre y con su cuerpo destrozado por el uso de un poco refinado Kaioken.

Ub entra en escena deslizándose sobre el suelo, frenando mientras se interpone entre el enemigo y su mujer.

– “Tu…” – murmura Preecho. – “Supongo que has derrotado a Gaki.” – mira de reojo hacia el bosque.

Ub mira a Pan por encima del hombro. Ella no logra levantarse y cae al suelo de nuevo.

– “Sus… alas…” – le advierte ella, con voz débil. – “Cuidado… con sus alas…”

– “Maldición…” – gruñe el terrícola. – “No te lo perdonaré…” – aprieta los puños con rabia. – “¡NO TE LO PERDONARÉ!” – exclama.

El aura roja del Kaioken envuelve su cuerpo con violencia. Su musculatura aumenta y sus vasos sanguíneos resaltan bajo su piel.

Las alas de Preecho se levantan como colas de escorpión.

Pero de repente, Dabra aterriza.

Preecho recula, viéndose superado en número.

Ub se da cuenta de que algo no va bien. El ki del demonio es mucho más oscuro que antes.

– “¿Qué ha…?” – se pregunta el muchacho.

Pero Ub lo entiende todo al percatarse de la “M” dibujada en la frente del diablo.

– “Eso… eso es…” – titubea el terrícola, asustado.

Preecho se da cuenta de que Ub no lo ve como un aliado, y es cuando él se fija en el símbolo de posesión.

– “¿Estás con nosotros?” – parece aliviado.

Dabra mira al guerrero. Sus ojos no tranquilizan a Preecho.

– “Hmm…” – observa el demonio el estado de los tres peleadores.

– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta Preecho. – “¿Tenéis la reliquia?”

– “Tienes mal aspecto.” – responde Dabra.

Preecho mira su brazo cercenado.

– “No importa.” – continúa Dabra. – “Hemos recuperado la esfera.”

– “¿De qué están hablando?” – se pregunta Ub.

La nave de Glorio surca el cielo y se eleva hacia el espacio a toda velocidad.

– “¿Alguien se escapa?” – aprieta los dientes el terrícola.

– “¡EH!” – se preocupa Preecho. – “¡¿Y qué pasa conmigo?!” – protesta.

– “Eres prescindible.” – sentencia Dabra.

– “¡¿Qué?!” – protesta el guerrero.

Ub con miedo en su rostro, mira de reojo a Pan.

– “Maldición… ¿qué puedo hacer?” – se pregunta. – “El ki de Dabra es tan oscuro que nubla mi capacidad para usar el Shunkanido… ¿Puedo agarrarla y escapar hacia el bosque? Está malherida… y desconozco el nuevo límite de Dabra… ¡Maldición!”

Desde la oscuridad de su cueva, la bruja observa la escena reflejada en un barreño de madera vieja.

– “Ji ji ji” – ríe la bruja. – “Un conjuro simple pero efectivo.” – murmura.

Marba acerca su cabeza al agua.

– “Mátalos.” – susurra.

La voz de la bruja hace vibrar la superficie del agua y retumban en la mente de Dabra.

– “Mátalos. Mátalos. Mátalos. Mátalos.” – el susurro de Marba se repite y se superpone, como si la voz fuera llevada por la vibración del agua que rebota en las paredes del barreño igual que en el cráneo del diablo. – “Mátalos. Mátalos. Mátalos.”

Dabra cierra los ojos y muestra los colmillos.

– “Tsk…” – protesta.

Ub se percata del sufrimiento del demonio.

– “¡No tienes que obedecer a nadie!” – exclama el terrícola. – “¡No tienes que…!”

– “¡Cállate!” – le interrumpe Preecho.

Preecho se acerca a Dabra.

– “Ese no era el trato…” – le dice entre dientes. – “¡¿Dónde está mi financiación?!”

Dabra lo ignora.

– ¡Sé que puedes oírme, bruja!” – insiste Preecho.

El diablo le mira con desprecio y responde escupiendo al suelo frente a él.

– “Pero, ¿qué…?” – se ofende del guerrero. – “¿EH?” – siente como sus pies se clavan al suelo.

El pavimento alrededor de Preecho se ha convertido en piedra y la transformación ha llegado hasta sus pies.

– “¡¿AH?!” – se asusta el guerrero, que ve como el cambio asciende por sus piernas. – “¡¿QUÉ ES ESTO?!” – exclama aterrado al ver que llega hasta su cintura. – “¡AAAAH!” – avanza por su torso.

Preecho, en un último acto desesperado, proyecta sus alas hacia Dabra buscando venganza.

Pero la transformación avanza por ellas rápidamente, convirtiéndolas en piedra antes de que puedan alcanzar al diablo.

El horror de Preecho queda inmortalizado en piedra.

Es el momento; una oportunidad para Ub. 

El muchacho pone las manos frente a su rostro. El movimiento rápido llama la atención de Dabra. 

– “¡¡TAIYO-KEN!!” – ciega al demonio con la técnica de la escuela Grulla.

Ub agarra a Pan abrazándola por la cintura y sale volando a toda velocidad hacia el interior del bosque.

Dabra ha sufrido el destello y se frota los ojos mientras espera recuperar su vista.

En Erezúant, Tarble escribe el informe periódico reglamentario, cuando recibe una notificación en su comunicador.

– “Adelante.” – responde el saiyajín.

– “Nos informan desde la base de operaciones de Mithra que han detectado una nave abandonando el planeta Razan.” – le comunican.

– “¿Una nave?” – se extraña Tarble. – “¿Y sabemos algo más?”

– “No, señor.” – responden. – “Han perdido el rastro.”

– “Mantén la comunicación con el Imperio.” – dice el patrullero. – “Hay que encontrar esa nave.”

– “Sí, señor.” – responden.