DBSNL // Capítulo 389: Degesu

DBSNL // Capítulo 389: Degesu

“Debemos tener cuidado.”

El Barón ha recibido a Cheelai y Gohan Jr en su lujoso despacho.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Cheelai hace una pequeña reverencia de cortesía al Barón y Gohan la imita.

– “Gracias por recibirnos.” – dice ella. – “Estábamos en una misión en este sistema, pero nuestra nave ha sufrido daños y…”

– “¿Qué hacía la Patrulla Galáctica en Razan?” – la interrumpe el ira-aru.

Cheelai levanta las cejas, un poco sorprendida.

– “Misión de reconocimiento.” – afirma la patrullera.

Degesu sonríe.

– “Desconocíamos la existencia de una civilización en este sistema.” – dice Cheelai. – “Nuestro deber ahora es informar al Cuartel General, para que se puedan iniciar contactos diplomáticos.”

– “Contactos diplomáticos.” – repite Degesu con cierto retintín. – “Parece que hoy es el día en que Mithra se abre al Universo.”

El Barón materializa una campanilla en su mano y la hace sonar.

En unos segundos, un pequeño ser vestido con un traje de arlequín negro y amarillo y una capa granate, con la cara blanca con dos marcas rojo bajo sus ojos entra en el despacho.

– “A sus órdenes, Barón.” – se presenta.

Dibujado por Ipocrito

– “Trae a nuestro invitado.” – dice Degesu.

El bufón se marcha con una reverencia.

Cheelai y Gohan se miran de reojo, con clara sospecha.

El bufón regresa acompañado de un gigantón de piel roja y cuernos negros, vestido con armadura imperial.

– “Gracias, Gomah.” – sonríe Degesu. – “Os presento al señor Shisami, Comandante del Imperio.”

– “Shisami…” – repite Cheelai, sorprendida de ver a alguien de tan alto rango en el Imperio en ese lugar.

– “Hmm…” – murmura Shisami.

La tensión es palpable entre la Patrulla Galáctica y el Imperio.

Mientras tanto, en el castillo del Rey Kadan, en Erezúant, Sambuco está apoyado en la barandilla del acantilado con vistas a la aldea, pero con la mirada puesta en el cielo.

Broly se acerca a él y se coloca a su lado.

– “¿Hay algo interesante ahí arriba?” – mira también al cielo.

– “Siempre.” – respondo el anciano.

Broly lo mira de reojo.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín.

Sambuco lo mira, risueño.

– “Solo soy un pobre anciano.” – responde el viejo.

– “Je.” – sonríe Broly.

Sambuco se marcha hacia el castillo.

– “Me voy a la taberna.” – levanta la mano para despedirse, sin darse la vuelta. – “Seguro que Peonia me echa de menos. ¡Soy su mejor cliente!”

En Mithra, Gomah ha llevado a los invitados de Degesu hasta una sala presidida por una mesa llena de comida. 

Cheelai y Shisami se quedan apoyados cada uno en paredes opuestas de la sala, los dos con los brazos cruzados.

Gohan es el único que se acerca al banquete, hambriento, pero pronto se da cuenta de que todo es comida vegetariana. 

El muchacho agarra una verdura asada, parecida a una zanahoria, y la mira con desilusión.

Cheelai y Shisami se miran con desconfianza a través de la sala.

– “¿Qué se le ha perdido al Imperio en un sistema como este?” – se lanza Cheelai.

– “Nada que le importe a la Patrulla Galáctica.” – responde Shisami.

La patrullera frunce el ceño.

Gohan muerde la punta de la zanahoria.

– “No está mal…” – murmura el muchacho. – “Es mejor que las raciones.”

Cheelai resopla, hastiada por la actitud de Shisami.

– “Habéis interceptado nuestras comunicaciones, ¿no?” – refunfuña ella.

– “¿Las que hacíais con nuestros satélites?” – protesta el akaburu.

– “Entonces ya sabes a lo que hemos venido.” – dice Cheelai. – “Solo respondemos a una solicitud de ayuda.”

Shisami resopla por la nariz, un poco molesto.

– “Solo estamos investigando.” – revela el akaburu. – “Si la Patrulla Galáctica está expandiendo su zona de influencia, debo hacer un informe.”

El toro mira de reojo a Gomah. El bufón se ha subido a la mesa y hace girar un plato de comida sobre la punta de bastón, ante los aplausos de un entusiasmado Gohan Jr.

– “No esperaba encontrarme una civilización tan avanzada en este sistema.” – dice el akaburu.

– “Parece que toda su infraestructura se concentra alrededor de este edificio.” – confirma Cheelai.

– “Ese ira-aru que se hace llamar Barón amasa todo el poder.” – dice Shisami.

– “Debemos tener cuidado.” – dice Cheelai. – “Estoy seguro de que puede leerte la mente.”

– “Genial.” – refunfuña el akaburu.

Atardecer en Mithra. En su despacho, Degesu observa el paisaje frente a la enorme cristalera con las manos en su espalda.

Gomah y sea cerca al ira-aru con una reverencia.

– “Barón.” – dice el bufón. – “Nuestros invitados ya están en sus aposentos.”

– “Excelente.” – responde Degesu, sin dejar de mirar por la ventana.

– “¿Supone esto un problema en sus planes, señor?” – pregunta Gomah.

– “Es solo un… inconveniente.” – asiente el ira-aru. – “Que todos sigan trabajando como hasta ahora. Pronto estaremos listos.”

– “Por supuesto.” – responde Gomah con otra reverencia.

El bufón se retira.

– “Gomah.” – lo detiene Degesu.

– “Sí, señor.” – se gira rápidamente.

– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta el Barón.

– “Ha abandonado el planeta.” – revela el bufón. – “Ella le ha encomendado una misión.”

Un instante de silencio que a Gomah se le hace eterno.

– “Entendido.” – responde finalmente el Barón.

En la oscuridad de un laboratorio, una ira-aru fuma de una larga boquilla, con su rostro iluminado solo por las múltiples pantallas de ordenador.

DBSNL // Capítulo 388: Mithra

DBSNL // Capítulo 388: Mithra

“Parecen pacíficos.”

La nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el cielo amarillo del Planeta Razan, cubierto de nubes densas.

– “¿Dónde se habrá metido?” – se pregunta Cheelai, viendo que en su radar no aparece ningún rastro de la nave que perseguían. 

– “No se ve nada…” – dice Gohan Jr, mirando por la ventana. – “Deberíamos descender un poco más.” – sugiere.

– “No sabemos qué hay ahí abajo…” – se preocupa ella.

– “Pero el radar no detecta ninguna amenaza, ¿no?” – responde Gohan.

– “Ningún radar enemigo…” – teclea ella. – “Ningún sistema antiaéreo…”

– “Pues bajemos.” – insiste Gohan.

Cheelai sigue descendiendo y pronto salen de la densa capa de nubes. Un inmenso bosque de color granate y tonos violetas aparece frente a ellos, aparentemente cubriendo el planeta por completo.

– “Vaaaya…” – alucina Gohan. – “Es impresionante…”

– “Ahí hay un pequeño claro.” – señala Cheelai.

– “¡Aterricemos!” – exclama el chico, emocionado.

La nave se posa en el claro, rodeado de frondosos arbustos y árboles altos.

Cheelai y Gohan se apean, vestidos con el uniforme de la patrulla y casco.

– “¿De verdad tenemos que llevar esto?” – protesta Gohan, ajustándose el casco.

– “El aire tiene un alto contenido en azufre.” – dice Cheelai, mirando en su ordenador de pulsera. – “Estaremos más seguros si…”

Un ruido entre los arbustos los alerta. Algo se mueve.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Cheelai. – “¿Algún animal?”

Gohan frunce el ceño.

– “Hay alguien cerca…” – advierte el chico.

De repente, un zorro humanoide de pelaje negruzco se presenta frente a ellos. Está cubierto en con una capa de hojas rojizas como las de los arbustos donde se escondía. Sus pupilas son amarillas. Viste un taparrabos de un pelaje corto distinto al propio. Una mano cortada de simio cuelga de una cuerda alrededor de su cintura. Un colgante de madera tallada en forma de cabeza de cabra cuelga de su cuello.

Gohan y Cheelai se ponen en guardia. Ella desenfunda su arma.

El zorro parece desconfiado, pero su actitud no es hostil.

El extraño personaje da un paso hacia nuestros amigos.  

– “¡DETENETE!” – lo amenaza ella, apuntándole con su pistola.

Ruido en las copas de los árboles.

– “¿Hay más?” – se pregunta Gohan.

De repente, una docena de criaturas simiescas cae del cielo, rodeando a los patrulleros y al zorro.

Los simios son grandes y musculados, sin cola; tienen un pelaje marrón oscuro y visten con una falda de hojas rojas. Su cabeza esta adornada con una falsa melena hecha de hojas del mismo color. Algunos de ellos lucen colas de zorro atadas en la falda.

Los simios muestran los dientes y se golpean el pecho, furiosos.

Cheelai y Gohan retroceden hacia la nave.

– “Tenemos que salir de aquí…” – susurra ella.

Los simios se abalanzan de repente sobre el zorro, que se escabulle entre los matorrales.

Los gritos de los cazadores son ensordecedores.

– “¡UH! ¡UH! ¡AAH!” – gritan los monos.

Los patrulleros aprovechan el momento para regresar a la nave, pero tres de los monos detienen su persecución y ponen su atención en ellos.

Desde los árboles, otros simios lanzan piedras sobre la nave.

– “¡MAMÁ!” – la apresura Gohan.


Cheelai, sentada a los mandos, hace que la nave se eleve lentamente.

– “¡PONTE EL CINTURÓN!” – responde ella.

Mientras se ponen en marcha, dos simios se lanzan sobre ellos y se agarran a su fuselaje.

Otros lo intentan, pero se quedan cortos en su salto y caen.

La nave sale volando hacia el cielo mientras los simios golpean con rabia el fuselaje y arrancan las partes que consiguen agarrar. 

Saltan las alarmas en el interior de la nave.

– “¡NOS VAN A DERRIBAR!” – exclama Cheelai.

Uno de los simios arranca una de las armas defensivas de la nave, que estalla en su mano, haciendo que caiga al vacío.

El otro simio ha encontrado la ventanilla de la compuerta principal y la golpea con fuerza.

Gohan se desabrocha el cinturón y se levanta.

– “¡¿A dónde vas!?” – protesta su madre.

– “¡Abre la compuerta!” – dice Gohan.

– “¡Pero…!” – se preocupa ella.

– “¡ABRELA!” – insiste Gohan.

Cheelai aprieta los dientes, aceptando el riesgo, y aprieta el botón.

El simio se sobresalta al ver que la puerta se abre frente a él.

– “¡¿AH?!” – grita la bestia.

Una luz amarilla sorprende al simio.

– “¡¡MASENKO!!” – dispara Gohan.


El ataque impacta en el pecho del enemigo y lo empuja lejos de la nave.

Cheelai cierra de nuevo la compuerta.

Gohan suspira mientras regresa a su asiento.

Ella sonríe, orgullosa.

– “Buen trabajo.” – lo felicita.

Gohan sonríe al recibir el reconocimiento de su madre.

A medida que se alejan del planeta, pueden ver un gran volcán en la superficie del planeta que se revela lentamente con su rotación, del que emana una gran columna de humo que se extiende por todo el planeta, envolviéndolo.

– “Esa debe ser la fuente del azufre…” – murmura Cheelai.

– “Debía ser un lugar precioso antes de que entrara en erupción…” – dice Gohan.

– “Pero, ¿de verdad la nave que buscamos se dirigía aquí?” – se pregunta ella, confundida.

En ese instante, Gohan se da cuenta de algo. Un pequeño astro rojizo brilla en la oscuridad del espacio, reflejando la luz de la estrella Daeva.

– “¿Qué es eso?” – pregunta el muchacho. – “¿Una luna?”

Cheelai entrecierra los ojos para intentar verlo mejor.

– “Es posible…” – responde ella.

– “¿A lo mejor es allí donde iba?” – se pregunta Gohan.

La nave pone rumbo al satélite.

En el planeta Erezúant, Tarble y Gladyola observan el trabajo de los bandidos. Poco a poco, la nave va recuperando su aspecto original. Panzy aprieta un tornillo con una llave inglesa ante un impaciente Melone.

– “Pronto podréis seguir con la misión.” – dice la guerrera.

– “Recuperaremos vuestro tesoro.” – responde el saiyajín. – “Tenéis mi palabra.”

Ella sonríe.

– “La palabra de un Príncipe.” – dice con cierto retintín. – “Todo un honor.”

– “Yo no… en realidad…” – se excusa él, dispuesto a explicar toda la historia de su planeta.

– “Solo estoy bromeando.” – lo frena ella.

Hybis, comiendo bichos de un cuenco, sin decir nada, se acerca y se mete entre los dos, obligándolos a separarse un poco para dejarlo pasar.

Tarble y Gladyola lo miran un poco desconcertados.

– “¿Hay noticias de Cheelai?” – pregunta el saiyajín. – “¿Has podido hablar con Peral?”

– “No.” – responde Hybis. – “No hay novedades.”

Tarble y Gladyola se miran, sin entender muy bien a qué ha venido su compañero.

En la luna de Razan, la nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el terreno. 

El satélite se parece mucho al planeta que orbita; el cielo es anaranjado, con un tono menos enfermo que el de Raza, y el suelo rojizo, con brillantes cristales morados repartidos por su superficie.

El lugar está habitado por seres parecidos a conejos humanoides, que viven en grutas escarbadas en la tierra, cuyas entradas están cerradas con puertas de madera, con pequeñas chimeneas.

Campos de cultivo se extienden alrededor de pequeñas aldeas que constan de varias grutas agrupadas.

Un conejo y su hijo levantan la vista al cielo al oír pasar la nave.

Gohan observa el paisaje por la ventana.

– “Parecen pacíficos.” – dice el muchacho.

A medida que nuestros amigos avanzan, se dan cuenta de que los campos de cultivo son cada vez más extensos y avanzados tecnológicamente, con cosechadoras y drones.

– “Este lugar no tiene nada que ver con Razan…” – piensa el chico.

Los campos se convierten en una urbe de edificios modernos construidos alrededor de una colina llena de grutas escarbadas en ella. Y sobre la montaña se yergue un espectacular edificio.

Cuatro pilares de cristal, frágiles en apariencia, sostienen una estructura gigantesca. Cuatro pirámides invertidas, una sobre cada pilar, recubiertas con un patrón de placas metálicas doradas triangulares que le dan un aspecto frío y, a la vez, casi sagrado. El espacio entre las pirámides invertidas está ocupado por una gran cristalera triangular, pero la luz del sol impide ver lo que hay dentro.

Cheelai rodea el edificio, estudiándolo, cuando se da cuenta de que hay una zona de aterrizaje cerca desde la que ya le están haciendo señales varios agentes locales.

– “Nos dicen que aterricemos…” – dice ella.

– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Investigaremos!”

Dos naves locales monoplaza en forma de disco vertical vuelan alrededor de la ciudad, pero parecen tener su atención puesta en nuestros amigos.

Cheelai teclea el código de aterrizaje.

– “No me gusta…” – piensa ella. – “Pero si ahora nos marchamos, será demasiado sospechoso.”

La nave se posa en el suelo con delicadeza. Cheelai y Gohan no tardan en desembarcar.

Dos centinelas conejo los reciben.

– “Bienvenidos, agentes.” – dice uno.

– “¿En qué podemos servirles?” – pregunta el otro.

– “Nuestra nave ha recibido algunos daños mientras inspeccionábamos este sector.” – dice Cheelai, ocultando los verdaderos motivos de su visita. – “Nos gustaría repararla.”

– “Por supuesto.” – asiente el primero. – “Déjenlo en nuestras manos.”

– “Oh, no es necesario…” – responde ella, sorprendida ante la hospitalidad.

El conejo levanta la mano, movilizando a varios operarios de la pista de aterrizaje.

– “Solo necesitamos algunas piezas y herramientas…” – insiste Cheelai.

– “Por favor, síganme.” – la interrumpe el segundo conejo. – “El Barón les está esperado.”

– “¿El Barón?” – levanta una ceja Gohan.

– “¿Nos esperan?” – se pregunta Cheelai.

El conejo guía a los patrulleros hasta el gran edificio, y juntos suben a un ascensor en uno de los cuatro pilares que sostienen tan impresionante infraestructura.

Las puertas se abren. El guardia les ofrece el paso.

Cheelai y Gohan salen del ascensor y se encuentran en el gigantesco despacho del Barón, en la cima de la gran cristalera triangular que pudieron ver desde el exterior.

– “Vaaya…” – alucina Gohan ante tanto lujo y modernidad.

– “No te separes de mí.” – dice Cheelai, desconfiada.


El centinela se queda en la puerta del ascensor.

El Barón sale a recibirlos; un ira-aru de piel rosada y ojos azules, con cabello blanco peinado hacia atrás, vestido con un uniforme casi militar blanco y rojo con detalles dorados, con una gran capa roja, guantes blancos y botas altas negras.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

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DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

“Una nave ha entrado en el sistema Yazata.”

En la nave de la Patrulla Galáctica, Cheelai teclea en el panel de comandos, intentando recuperar la conexión con Erezúant.

– “Esta misión es un aburrimiento.” – se queja Gohan Jr.

– “Somos el apoyo de nuestros compañeros.” – dice Cheelai. – “No vas a ser siempre el protagonista.” – sonríe ella.

– “La próxima vez me voy con papá.” – la mira de reojo, buscando pelea.

– “A mí no me mires.” – responde ella. – “Las misiones las decide Lemon; yo no tengo nada que ver.”

– “No cuela.” – protesta él.

Mientras tanto, en Erezúant, en la sala del trono, Karza se arrodilla frente al Rey Kadan.

– “He oído el testimonio de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Y tendré en cuenta el arrepentimiento mostrado por el muchacho.”

Karza tiene la cabeza agachada y lágrimas en los ojos.

Lady Gladyola está de pie, firme, al lado del Rey.

Detrás del muchacho, esperando la resolución, se encuentran Panzy, Tarble, Broly, Hybis y Sambuco.

– “Pero, sobre todo…” – continúa Kada. – “…me guiaré por el testimonio de mi hija.” – revela. – “Pues el futuro de Erezúant depende de ella y de su juicio.” – comparte una mirada cómplice con Panzy.

Lady Gladyola contiene su sonrisa, pero sus ojos la delatan.

– “Karza queda a cargo de la Patrulla Galáctica.” – anuncia Kadan.

Broly da un paso al frente, sorprendiendo a Tarble.

El saiyajín coloca la mano sobre el hombro del muchacho.

– “Agradecemos su confianza, Majestad.” – dice Broly.

Kadan asiente.

– “Pero su abuelo, el saiyajín Torpin…” – dice el Rey, con gesto serio. – “Tras su negativa a aceptar la ley de su raza, la Corona de Erezúant se hará responsable de su destino.”

Lágrimas se deslizan por el rostro del joven mestizo.

Tarble da un paso al frente.

– “Creo que la Patrulla Galáctica tiene las medidas de contención óptimas para alguien como él, Majestad.” – dice el saiyajín.

– “Es probable.” – responde Kadan. – “Y agradecemos la ayuda de la Patrulla Galáctica.” – se toma unos segundos. – “Pero seguimos siendo un planeta soberano y, como tal, nuestro sistema de justicia sigue vigente.”

Tarble mira de reojo al afligido Karza. Le gustaría ayudar al joven, pero asumir el peso de las relaciones intergalácticas es parte del trabajo.

El patrullero hace una reverencia y da un paso atrás.

Kadan carraspea.

– “En cuanto a los bandidos detenidos al otro lado del Valle de los Sordos, cumplirán con sus trabajos asignados y después se les exigirá que abandonen el planeta.” – sentencia el Rey.

– “Me encargaré personalmente, Su Majestad.” – responde con una reverencia Gladyola.

– “Qué centren sus esfuerzos en arreglar la nave de los patrulleros.” – insiste el Rey. – “Queremos recuperar nuestro tesoro cuanto antes.”

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr están entrando en el sistema Yazata, donde el planeta Erezúant orbita la estrella Daeva.

– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico, con hastío.

– “Esperaremos.” – responde su madre. – “Deja de quejarte.”

– “¡No me he quejado!” – protesta Gohan.

En ese instante, una señal aparece en el radar de la nave. 

– “¿Qué ocurre?” – levanta una ceja el chico, deseando que sea algo interesante.

– “Una nave ha entrado en el sistema Yazata…” – dice Cheelai, tecleando en el panel de comandos, intentando averiguar algo más sobre el objeto no identificado.

– “¿Quién es?” – pregunta Gohan.

– “No parece de los nuestros…” – lee unos códigos en pantalla.

En el moderno despacho donde Glorio fue interrogado, un centinela conejo irrumpe para avisar al Barón.

– “Una nave no identificada se dirige hacia aquí.” – avisa el centinela.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – pregunta, molesto. – “¿Tan pronto?”

– “No, señor.” – responde el conejo. – “Viene desde el exterior de nuestro sistema.”

– “¿Hmm?” – se extraña el Barón.

El conejo se queda en silencio y se toca la oreja. Le hablan por un auricular.

– “Señor…” – dice el centinela. – “Parece que hay otra nave siguiendo a la primera.”

Cheelai y Gohan persiguen el rastro de la misteriosa nave.

– “Es muy rápida.” – protesta ella. – “A este paso, la perderemos.”

– “¿Seguro que vamos en la dirección correcta?” – pregunta Gohan.

– “La nave ha calculado su ruta…” – dice Cheelai, mirando el mapa dibujado por la computadora. – “Se dirige hacia este planeta de aquí.” – lo amplia. – “El segundo planeta del sistema Yazata; Razan.”

– “Genial.” – sonríe Gohan, listo para la acción.

Cheelai no parece convencida.

– “Creo que deberíamos esperar hasta contactar con Tarble y Broly.” – dice la patrullera.

– “¡Nooo!” – protesta Gohan de manera infantil. – “¡Se va a escapar!”

– “Es imprudente.” – insiste Cheelai.

– “Antes de que se cortara, hablaban de que ese tal Glorio había salido del planeta.” – replica Gohan. – “¡¿Y si es él?!”

– “Más motivo para ser cuidadosos.” – sentencia ella.

– “Mamá…” – se queja él.

El chico carraspea y recupera la compostura de patrullero.

– “Seamos prudentes. Está bien.” – acepta Gohan. – “Pero sigamos esa nave hasta su destino. Misión de reconocimiento.”

Cheelai suspira.

– “No me vas a dejar tranquila, ¿no?” – sonríe ella.

– “No.” – responde él, rápidamente.

– “Está bien…” – claudica Cheelai. – “Pero sin correr ningún riesgo.”

– “¡BIEEEN!” – celebra Gohan. – “Ehem…” – carraspea al darse cuenta. – “Quiero decir…” – recupera de nuevo la compostura. – “Afirmativo.”

Una cápsula circular individual del Imperio cruza el sistema en dirección al Planeta Razan. La Patrulla Galáctica la sigue desde una distancia prudente, esperado no ser detectados.

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

“¿Qué le pasará a mi abuelo?”

Cheelai y Gohan Jr siguen volando hacia Erezúant. La patrullera intenta conectar con el Cuartel General de la Patrulla Galáctica para comunicarles su posición, pero sin éxito. El chico se ha quedado dormido en su silla.

Una llamada entrante la sobresalta.

– “Agente Cheelai al habla.” – responde ella. – “Adelante.”

– “Aquí Tarble.” – saluda el saiyajín.

– “Supongo que son buenas noticias.” – sonríe Cheelai.

– “Hemos capturado a un sospechoso. No quiere colaborar. Ni siquiera nos ha dado su nombre… así que por ahora lo llamamos Dokugan.” – informa el patrullero. – “Todo parece indicar que pertenece a una banda organizada, liderada por un tal Goichi. Voy a mandarte una posible insignia para que puedas introducirlo en la base de datos, a ver qué tenemos sobre ellos.”

– “Recibido.” – asiente Cheelai. – “Aunque tengo problemas para conectarme con el Cuartel General.” – advierte. – “¿Habéis recuperado vuestra nave?”

– “Estamos en ello…” – suspira Tarble.

– “Salúdala de mi parte.” – se escucha a Hybis de fondo.

Mientras tanto, al lado de los establos del palacio del Rey Kadan, la nave de la Patrulla Galáctica está siendo trasteada por un grupo de forasteros.

Los establos son una gran construcción de barro y madera en forma de salas y túneles, por los que de vez en cuando asoma la cabeza algún roedor de los que se usan como montura.

Entre los trabajadores, destaca el mercenario Melone. 

Panzy observa de cerca lo que hacen, con gran interés.

– “¿Y eso que es?” – pregunta la Princesa, señalando una parte del motor que está manipulando brench.

– “Es el hyperimpulsor” – responde Melone.

– “¿Y qué hace?” – pregunta ella.

Lady Gladyola hace guardia, apoyada en la pared del establo, sin quitarle el ojo de encima a la Princesa.

Melone da un martillazo, que cerca esta de pillarse el dedo, y se pone de mal humor.

– “¿Por qué no te vas a peinar muñecas, niña?” – protesta el brench.

Gladyola frunce el ceño y se incorpora.

Panzy suspira.

– “El Rey Kadan se ha portado muy bien con vosotros, creo.” – dice ella. – “Puede que vuestro lugar sea el calabozo, con vuestro amigo el tuerto.” – sonríe con picardía. – “¿Debería hablar con mi padre?”

Un forastero le lanza un tornillo a Melon en la cabeza.

– “¡BRENCH IDIOTA!” – lo recrimina. – “¡¿ES QUE QUIERES METERNOS EN OTRO LÍO?!”

– “Tsk…” – Melon se frota el chichón.

Gladyola vuelve a apoyarse en la pared, esbozando una media sonrisa, orgullosa al ver que la princesa puede defenderse sola.

En el calabozo, Dokugan está encerrado en una celda, esposado a la pared con los brazos en alto.

– “¡¡BASTARDOS!!” – protesta el cíclope. – “¡¡SOLTADME!!”

Dokugan desiste, agotado.

En la celda colindante, Torpin está en estasis en un sarcófago metálico con cubierta de cristal que luce el símbolo de la Patrulla Galáctica.

Dos centinelas del Rey custodian cada celada, armados con lanzas.

Desde un balcón del palacio, Karza está mirando la aldea bajo el acantilado. Broly lo acompaña.

– “¿Qué le pasará a mi abuelo?” – pregunta el joven, apenado.

– “Será juzgado.” – responde Broly, que se apoya en la barandilla.

– “¿Va a morir?” – insiste Karza.

– “El Rey Kadan tiene la palabra. Es su jurisdicción.” – responde el patrullero. – “No sé si Erezúant tiene los recursos para mantenerlo encerrado. Eso puede ser un problema.”

– “¿Y qué me pasará a mí?” – pregunta con miedo el muchacho.

Broly mira al suelo, pensativo.

– “Puedes intentar convencer al Su Majestad de que todo fue culpa de Torpin. Apelar al corazón del Rey.” – sugiere el patrullero. – “Explicar que tú no puedes controlar tu poder; que solo querías proteger a tu abuelo.”

– “¿Eso serviría de algo?” – pregunta Karza.

– “¿Me preguntas si podría librarte de un peor castigo? Es posible.” – dice Broly. – “¿Te ayudará a dormir mejor por las noches? No lo creo.”

Karza se cubre el rostro con las manos, avergonzado. Lágrimas en sus ojos.

– “Creo que… mi muerte sería lo mejor para todos…” – sufre el joven.

Broly esboza una media sonrisa, sintiéndose reflejado en el muchacho.

– “La gente que queremos, a veces puede guiarnos por caminos equivocados.” – comparte su experiencia el saiyajín.

– “¿Por qué…?” – pregunta el joven.

– “A veces, creen que están en lo cierto.” – responde Broly. – “Otras, simplemente no quieren caminar solos.”

Karza se limpia las lágrimas con el antebrazo. Broly coloca la mano sobre el hombro del chico.

– “Pero ahora, tú puedes decidir.” – dice el patrullero. – “No estás solo; pero es tu camino.”

El muchacho asiente repetidas veces, intentando convencerse de que debe hacer lo correcto.

En la plaza del pueblo, un centenar de soldados, con la ayuda de Oxyedas, arrastran el cadáver del tragacielos por las calles a modo de procesión, exhibiendo la victoria a su gente.

Los aldeanos observan incrédulos a la bestia. Los más jóvenes creían que esa criatura era solo una leyenda. Los más ancianos hacía siglos que no habían visto a uno en otro lugar que no fuera en sus pesadillas.

En una sala del palacio, Tarble sigue hablando por radio, con Hybis ocupándose de mantener la señal, trasteando los comandos de la antena parabólica.

– “¡Toda una aventura…!” – dice la patrullera, asombrada con el informe resumido que le ha hecho Tarble.

– “Y nosotros no estábamos…” – refunfuña Gohan. 

– “Dokugan no nos ha dado nada.” – suspira Tarble. – “Pero parece que el mestizo saiyajín está de nuestro lado.”

– “Pobre chico…” – murmura Cheelai, como madre, mirando de reojo a su hijo.

– “Al parecer, el ladrón que buscamos habló con el viejo saiyajín antes de llegar al asentamiento de bandidos.” – dice el patrullero. – “Creemos que consiguió una nave, así que debemos asumir que ha abandonado Erezúant.”

– “¿Sabemos a dónde ha podido ir?” – pregunta Cheelai.

– “Aún no lo sabemos.” – responde Tarble. – “Ha tenido tiempo de escapar a otro sistema.” – lamenta. – “A menos que el cíclope decida colaborar, será casi imposible encontrarlo.”

En el calabozo, Sambuco recorre el pasillo con las manos en la espalda hasta llegar a la celda de Dokugan.

Los guardias empuñan sus lanzas, apuntando al inesperado visitante.

– “¡ALTO!” – exclama uno.

– “¡¿A dónde te crees que vas, anciano?!” – pregunta el otro.

El cíclope abre su ojo al oír el alboroto.

Sambuco sonríe amablemente.

– “¿Os importaría abrir la celda y dejarnos a solas?”” – pregunta el viejo.

Sin mediar palabra, los solados bajan sus armas, como en un extraño trance. Abre la celda del cíclope y se marchan.

Dokugan, confuso, observa al anciano entrar en su celda.

– “¿Quién eres tú?” – se pregunta el cíclope. – “¿Qué quieres de mí, viejo?”

Sambuco no pierde su gesto amable.

– “Solo información.” – responde el anciano.

Sambuco se acerca al cíclope en silencio y extiende su mano hacia él.

– “¿Qué haces…?” – intenta apartarse Dokugan, asustado. – “¡No te acerques! ¡NO ME TOQUES! ¡AYUDA! ¡AAH!”

Tarble sigue hablando con Cheelai.

– “Estaremos ahí en unos días.” – calcula ella, tecleando en su panel de comandos.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Aunque si todo va bien, no necesitaremos vuestros refuerzos. Lamento haberos hecho venir hasta aquí.”

– “Yo también lo lamento.” – protesta Gohan. – “Qué aburrimiento.” – suspira.

– “Shht.” – lo calla Cheelai. – “No pasa nada.” – le responde a Tarble. – “Es nuestro deber.” – añade mirando de reojo a su hijo.

– “Gracias.” – responde el saiyajín.

– “Es un placer recibirlos.” – se escucha a Hybis. – “Ella puede quedarse en mi casa.”

– “Shht.” – lo calla Tarble.


En ese instante, Lady Gladyola entra en la sala.

– “Siento interrumpiros.” – dice la guerrera. – “Pero tenemos una confesión de Dokugan.”

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Tarble.

– “Glorio ha huido al Planeta Razan.” – revela Gladyola.

Interferencias la radio de Cheelai y Gohan Jr.

– “¿Qué ocurre?” – intenta recuperar la señal tecleando en la mesa de comandos. – “¿Se ha cortado?”

– “¿Otra vez?” – resopla el chico.

– “Vaya…” – se cruza de brazos la brench, frustrada.

En el centro de mando fronterizo del Imperio, Peral apaga su centralita. Está sudando, asustado.

– “Buen trabajo.” – dice una voz detrás de él.

Peral agacha la cabeza, apenado.

Una gran mano roja se coloca sobre el hombro del aterrado soldado.

– “Planeta Razan.” – repite la voz.