DBSNL // Capítulo 392: Secretos

DBSNL // Capítulo 392: Secretos

“¿Qué pueden esconder ahí?”

En la Tierra, Ub ha evitado el ataque de Glorio. El terrícola le ha arrebatado el Agua Ultradivina y ha saltado con ella desde la cima de la Torre de Karín.

Glorio aprieta los dientes, molesto.

Desde el bosque, Piccolo ha visto saltar a Ub.

– “Je.” – sonríe el namekiano.

El muchacho de Isla Papaya aterriza a su lado.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta el Ub.

– “No sé mucho más que tú.” – responde Piccolo. – “Pero parece que ese es su objetivo.” – añade mirando a la tetera.

– “El Agua Ultradivina…” – murmura el chico.

Los clones enemigos rodean a los dos guerreros.

– “Así que ya sabes qué hacer.” – sonríe el namekiano.

– “Estoy listo.” – asiente Ub, preparándose para salir volando.

Piccolo pone las manos frente a su rostro.

– “¡TAIYOKEN!” – el namekiano usa la técnica de la escuela Grulla.

Glorio se asoma por la barandilla, a distancia suficiente para que el Taiyoken sea tan solo un pequeño destello.

De su bolsillo saca una pequeña caja de cerillas, con minúsculos agujeros hechos en ella. La cajita vibra ligeramente y un zumbido emana de ella.

Mientras tanto, en Mithra, Cheelai y Gohan Jr investigan las instalaciones, escabulléndose de pasillo en pasillo, de habitación en habitación. 

En cada zona de las instalaciones subterráneas se encuentran distintos procesos de ensamblaje de armamento y vehículos de alta tecnología; rifles, lanzacohetes, tanques y naves son solo una pequeña parte de todo lo que está en desarrollo.

– “Es increíble…” – dice Cheelai. – “¿De dónde han sacado toda esta tecnología?”

– “¿Crees que es superior a la Patrulla Galáctica?” – pregunta Gohan.

– “No me cabe duda.” – responde ella, preocupada. – “Y con un ejército tan numeroso… creo que incluso el Imperio tendría problemas para frenarlos.”

– “¿De verdad?” – se sorprende Gohan.

En el despacho del Barón, Degesu mira con desconfianza a Shisami.

– “Si no llegamos a un acuerdo, debo advertirle que las consecuencias pueden no ser de su agrado.” – insiste el representante del Imperio.

Gomah aprieta su bastón con rabia.

– “Señor Degesu…” – dice entre dientes. – “Su falta de respeto…”

El Barón levanta la mano para hacer callar al bufón.

– “Akaburu…” – dice Degesu. – “¿Qué tramas?”

– “Nada, señor.” – responde Shisami. – “Solo intento dejar clara nuestra postura.”

– “No…” – dice Degesu, afilando más su mirada. – “Hay algo más…”

En los pisos inferiores, Gohan y Cheelai llegan hasta el final de un pasillo, donde una gran puerta metálica no se abre pese a usar la llave robada.

– “No funciona…” – dice Cheelai.

– “¿Hará falta otra tarjeta?” – pregunta el chico.

– “Es posible…” – responde ella. – “Esperaba que nuestro amigo tuviera acceso a todo el recinto…”

– “¿Qué pueden esconder ahí?” – se pregunta Gohan, que golpea la puerta con los nudillos, comprobando su grosor.

Shisami da la espalda al ira-aru y camina hacia la enorme cristalera.

– “¡NO DES LA ESPALDA AL BARÓN!” – exclama Gomah. – “¡INSOLENTE!”

– “He estado estudiando las costumbres del Imperio.” – dice Degesu. – “Ha cambiado mucho desde la ausencia de Freezer.”

– “¿Está poniendo en duda la firmeza del señor Cooler?” – responde Shisami, sin dejar de mirar el paisaje.

Una gota de sudor frío recorre la sien del akaburu.

Degesu esboza una pícara media sonrisa.

– “Puedo verlo ahora.” – dice el ira-aru.

– “¿Hmm?” – lo mira Shisami de reojo.

– “Sabes que puedo leerte la mente, así que has intentado dirigir mi atención.” – dice Degesu. – “Me has hecho buscar las intenciones del Imperio…” – se levanta. – “…para que no viera que tus amigos de la Patrulla Galáctica se han infiltrado en mis instalaciones.”

– “¡¿QUÉ?!” – se sobresalta Gomah.

Shisami, al ver que han sido descubiertos, se revuelve rápidamente con la intención de atacar a Degesu, pero éste lo empuja con un cañonazo de ki emitido con su mirada, lanzándolo al exterior, atravesando la cristalera.

– “¡¿Cómo han burlado nuestros sistemas?!” – se pregunta Gomah, en silencio.

– “Con tu tarjeta, idiota.” – refunfuña el Barón.

– “¡¿AH?!” – se asusta el bufón, que instintivamente busca la tarjeta entre sus ropajes. – “Yo…” – hinca la rodilla rápidamente. – “Lo siento… No sabía que…”

Degesu se sienta.

– “Soluciónalo.” – interrumpe a Gomah.

– “Sí… sí, señor.” – responde el bufón con voz temblorosa.

En el exterior, Shisami se recupera tras la caída.

– “Tsk…” – protesta el akaburu.

Gomah se asoma por la cristalera rota.

– “¡¡HA ATACADO AL BARÓN!!” – exclama el bufón. – “¡¡ACABAD CON ÉL!!”

Una docena de soldados armados lo rodea rápidamente.

Shisami, ya en pie, hace crujir su cuello y después sus puños.

En las instalaciones saltan las alarmas, sobresaltando a Cheelai y Gohan.

– “¡Nos han descubierto!” – se preocupa la agente brench.

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Gohan.

– “¡Salgamos de aquí!” – exclama ella, arrastrando a su hijo, agarrándolo del brazo.

Pero se escuchan pisadas en su dirección, cada vez más fuertes, que provienen del final del pasillo.

Cheelai se detiene.

– “Maldita sea…” – desenfunda el arma.

Un destello amarillo detrás de ella sorprende a la patrullera.

¡BOOM! Una explosión.

Gohan ha destruido la puerta metálica con un potente blast de ki.

– “¡Por aquí!” – exclama el muchacho.

Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo agarra la cara de un clon y lo estampa contra el suelo, pero en el momento del impacto, éste se divide en dos, que enseguida contraatacan.

El namekiano detiene los golpes sin problemas.

– “Espero que esto sirva para darle tiempo a Ub.” – piensa Piccolo.

Ub corre a través del bosque, con la tetera en brazos.

– “Parece que no me están siguiendo…” – piensa el terrícola. – “Qué extraño…”

El muchacho se detiene y se esconde detrás de un árbol.

En silencio, Ub cierra los ojos y se concentra, intentando percibir la presencia del enemigo entre la naturaleza.


Un pequeño insecto se acerca entre los árboles con un tenue zumbido.

Con un rápido movimiento, Ub lo caza al vuelo y lo estruja en su mano.

El muchacho comprueba de qué se trata. 

Espachurrado en su mano, un insecto azul celeste de tan solo unos centímetros, parecido a una mantis, con seis patas, las cuatro traseras son para sostenerse y caminar, y dos delanteras que consisten en dos grandes cuchillas, alas, ojos saltones y dos largas antenas amarillas.

– “Hmm…” – lo observa Ub.

En ese instante, la nave de Glorio aparece sobre él. El ladrón está de pie sobre ella.

– “Te he encontrado.” – sonríe el ladrón, levantando la mano hacia el cielo.

Rayos de ki chispean entre sus dedos.

Ub se da cuenta y se cubre rápidamente.

Una tormenta de rayos cae sobre el bosque, partiendo árboles e incendiándolos, haciendo que muchas aves y animales salvajes salgan huyendo.

Piccolo puede oír el crujido eléctrico en el horizonte.

– “¡UB!” – se preocupa el namekiano.

El resplandor anaranjado del incendio puede adivinarse entre los árboles.

– “¡El Bosque Sagrado!” – aprieta los dientes Piccolo.

En ese instante, el namekiano siente un doloroso pinchazo en el dorso de su mano.

– “Tsk…” – se golpea él mismo, como matando un mosquito.

Pero no hay nada. Solo un pinchazo.

– “¿Qué ha sido eso…?” – se pregunta el namekiano.

El namekiano puede sentir como algo se mueve bajo su piel.

De repente, una enorme hinchazón crece sobre su mano.

– “¡¿AH?!” – se alarma Piccolo.

Mientras el tumor crece, el resto de su brazo empieza a consumirse, viéndose cada vez más demacrado.

Piccolo no duda en agarrarse el brazo y tirar de él con todas sus fuerzas hasta arrancárselo y lanzándolo lejos.

– “Pero, ¿qué…?” – dice el namekiano, entre dientes.

Los clones retroceden lentamente, con miedo en sus ojos, como si reconocieran el horror que están presenciando.

El bulto sigue creciendo en el brazo cercenado hasta que consume la extremidad por completo y estalla con el nacimiento de un insecto como el que atacó a Ub, pero de más de un metro de altura.

– “¿Qué demonios es eso…?” – se pregunta Piccolo.

El insecto abre sus alas y salta sobre uno de los clones, al que asesina clavándole sus cuchillas.

– “¡¡AAH!!” – gritan todos.

La criatura abre su boca, de la que brotan dos mordazas que clava en el clon y lo consume rápidamente.

En Mithra, las alarmas repican en un laboratorio oscuro.

Una mujer ira-aru de cabello blanco largo hacia arriba y tez rosada observa las cámaras de seguridad en su pantalla de ordenador.

– “Han encontrado este lugar.” – suspira, molesta pero tranquila.

La mujer viste elegantes ropajes morados con una larga capa roja.

El laboratorio parece una mezcla de alta tecnología y brujería. 

Varios cilindros de metacrilato contienen piedras cristalinas moradas como las que se encuentran en la superficie del planeta, refinadas, talladas en esferas; están suspendidas en el aire con una corriente de energía que emana de los dos extremos del cilindro y brillando intensamente con la energía que las recorre.

A su lado, un gran terrario, con plantas diversas cultivadas en la tierra roja de Razan.

En el fono de la sala, un caldero burbujeante del que emana un vapor oscuro.

La mujer se sienta sobre una de cachimba gigante flotante en forma de escoba, agarra la boquilla y da una profunda calada, que saborea unos instantes antes de echar el humo.

– “Supongo que tendremos que recibirlos.” – sonríe pícaramente.

Una pequeña criatura rosada sin ojos, pero con una enorme boca, con extremidades cortas y una antena en la cabeza, salta sobre su hombro.

– “¡BLAARGH!” – parece reír.

La bruja busca dentro de su sostén y saca un pequeño frasco de cristal en el que hay unas diminutas semillas redondas dentro.

– “¿Probamos el souvenir que nos trajo Glorio?” – sonríe buscando la complicidad de su pequeño secuaz.

– “¡¡BLAAAARGH!!” – responde la criatura.

Dibujado por Ipocrito

DBSNL // Capítulo 391: Gendarmeria

DBSNL // Capítulo 391: Gendarmeria

“Ni siquiera conoces el origen del poder que adoras, viejo.”

En la Tierra Sagrada de Karín, cerca de la torre, Piccolo ha sido arrastrado hasta el bosque, donde se defiende de los continuos ataques de una docena de clones enemigos que se ocultan entre las copas de los árboles y se abalanza sobre él uno tras otro.

En la cima de la Torre de Karín, Glorio destroza el lugar mientras busca el agua, mientras el Duende lo observa desde la escalera, con las manos en la espalda.

– “¿Dónde está…?” – refunfuña el ladrón.

Piccolo se cubre ante un ataque de ki enemigo. La explosión sacude el bosque.

– “Este es un lugar sagrado.” – protesta el namekiano.

Tres explosiones más.

De repente, los brazos del namekiano brotan del suelo bajo los pies de dos enemigos y les agarra una pierna.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprenden.

Piccolo tira de ellos y los entierra por completo.

El namekiano sale de la polvareda, elevándose a toda velocidad.

Los clones salen volando a por él.

Piccolo sonríe, pues ha conseguido alejarlos del bosque.

Uno de los enemigos le alcanza y lo golpea… pero resulta que el namekiano al que perseguían es solo una imagen residual.

Desde tierra firme, Piccolo extiende sus brazos hacia sus adversarios, sorprendiéndolos por la espalda, enrollándolos en cada uno de ellos como una serpiente, sin dejarse ninguno, e inmovilizándolos.

– “¡¿AAAH?!” – se sorprenden todos. – “¡¡KYAAAH!!” – gritan.

Piccolo aumenta la fuerza de su agarre, estrujando cada vez más a sus enemigos hasta acabar con ellos.

– “Je.” – sonríe el namekiano, mientras sus brazos vuelven a la normalidad.

Pero rápidamente, un pequeño temblor llama su atención.

Dos montículos aparecen en el suelo, donde habían sido enterrados los dos clones, y de ellos brotan nuevas copias, algunas con extremidades rotas por la presión que han ejercido las unas contra las otras para lograr liberarse a base de multiplicarse hasta que han logrado alcanzar la superficie.

– “Ah… ah…” – respiran de nuevo, aliviados.

Piccolo frunce el ceño.

En Mithra, el Barón ha llamado a Shisami a su despacho. Gomah ha ido a recogerlo a sus aposentos y ya lo lleva de camino al ascensor.

Cheelai y Gohan Jr lo siguen de cerca, pero intentando no llamar la atención.

Cuando Gomah se detiene frente al elevador, Shisami parece no darse cuenta y lo golpea por la espalda, haciendo que el bufón se caiga de morros al suelo.

– “¡Mira por dónde vas!” – protesta el bufón.

– “Lo siento.” – responde Shisami. – “Eres muy pequeño.”

El akaburu lo agarra de la cabeza para ponerlo en pie.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – patalea Gomah.

Shisami lo sacude con la mano para quitarle el polvo.

– “¡SUÉLTAME!” – insiste el bufón.

La tarjeta de acceso de Gomah se cae al suelo y Shisami la pisa rápidamente para ocultarla.

El akaburu deja al bufón en el suelo.

Gomah se recoloca la capa, intentando recuperar su dignidad.

– “Salvajes…” – refunfuña el bufón. – “Eso es lo que son…”

El ascensor se abre y Gomah entra el primero.

Shisami aprovecha para patear sutilmente la tarjeta hacia atrás, hasta donde se encuentran sus compinches. 

Los dos se montan en el ascensor y se marchan hacia el despacho del Barón.

Cheelai recoge la tarjeta.

– “Eres un genio, Shisami.” – sonríe ella.

– “¿Esto funcionará?” – pregunta Gohan.

– “No tenemos mucho tiempo…” – responde Cheelai. – “¡Manos a la obra!”

En la Tierra, Glorio ha encontrado la tetera que alberga el agua Ultradivina. 

– “¿Qué pretendes?” – pregunta Karín. – “¿Hacerte más fuerte?”

– “No te importa.” – responde el ladrón.

– “¿Por qué profanas un lugar sagrado?” – insiste el Duende. 

– “Ni siquiera conoces el origen del poder que adoras, viejo.” – refunfuña Glorio.

Glorio se lleva la tetera, sube por la escalera y se sube al balcón.

Karín lo observa sin intención de detenerlo.

Piccolo atraviesa la cabeza de uno de los clones con un disparo láser de sus ojos.

– “¿EH?” – se da cuenta de que una nave ha aparecido de la nada en la cima de la torre, como si se hubiera hecho visible de repente.

El namekiano se prepara para salir volando, pero los clones se le echan encima.

La nave abre una su compuerta frente a Glorio, que se prepara para subir.

Pero de repente, una corriente de aire alerta al ladrón, que mira hacia atrás por encima de su hombro.

Ub ha aparecido con el Shunkanido y, con un rápido movimiento, le arrebata la tetera.

– “¡UB!” – se sorprende gratamente el Duende Karín.

El muchacho de Isla Papaya da un salto hacia atrás para poner distancia.

– “¿No te han enseñado que robar está mal?” – pregunta Ub.

Glorio se baja del balcón, claramente fastidiado.

– “Sé quién eres.” – dice el ladrón. – “Y permíteme decirte que esto te supera.”

Piccolo, mientras pelea con sus adversarios, puede ver un rayo salir de la torre.

Ub salta por el balcón, protegiendo la tetera en sus brazos. Ha evadido del disparo de Glorio.

En Mithra, Cheelai y Gohan Jr se suben al ascensor usando la llave de acceso de Goham.

En el despacho del Barón, Shisami habla con Degesu. Gomah está de pie frente a la mesa, escuchando atentamente.

– “No tengo intención de anexionar Mithra al Imperio.” – dice Degesu. – “Pero no me importaría abrir una ruta comercial para iniciar…”

– “Creo que no ha comprendido la posición del Imperio.” – lo interrumpe el akaburu.

– “Hmm…” – se molesta el Barón.

Gomah mira a Degesu temiendo su reacción.

– “No somos la Patrulla Galáctica.” – continúa Shisami. – “Y de momento, tampoco tienen un acuerdo con ellos, así que no están bajo su protección.”

Gomah golpea el suelo con su vara.

– “¿Cómo osas hablarle así al Barón?” – protesta el bufón, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

Shisami inclina ligeramente la cabeza como muestra de respeto a Degesu.

– “Solo pretendo dejar clara la postura del Imperio y del señor Cooler.” – dice el akaburu. – “No es mi intención ofender a nadie.”

Degesu afila su mirada.

Mientras tanto, Cheelai y Gohan Jr recorren las instalaciones subterráneas, pasando por grandes comedores vacíos, gimnasios y grandes habitaciones llenas de literas.

– “¿Qué clase de operación están llevando a cabo?” – se pregunta Cheelai.

Tras una puerta, llegan a un balcón que da a un gigantesco hangar.

– “Vaaaya…” – alucina Gohan.

Cientos de soldados conejo están formando y desfilando, recibiendo instrucción militar.

– “El Barón… se está preparando para la guerra.” – entiende Cheelai.

– “¿Contra quién?” – se pregunta Gohan.

Docenas de tanques de alta tecnología están siendo puestos a punto.

Una inmensa bandera del régimen de Degesu, con un ojo rodeado por un estilizado laurel rojo preside el hangar.

– “Cualquiera que se le oponga.” – responde la patrullera brench.

DBSNL // Capítulo 390: La misión de Glorio

DBSNL // Capítulo 390: La misión de Glorio

“La impaciencia de la juventud…”

En el espacio, la nave mithrana pilotada por Glorio se acerca cada vez más a la estrella Daevas siguiendo una órbita espiral.

Desde la cabina, Glorio ya puede ver un pequeño satélite artificial que parece un globo sonda en forma de pez gris con detalles rojos, con unos ojos saltones que enseguida identifican la nave. El símbolo del ejército de Mithra luce en su costado.

Glorio teclea unos códigos en su panel de comandos. El pez abre su boca y engulle la nave.

Tras unos segundos de silencio, un estallido de luz multicolor es proyectado por la parte trasera del pez, como si la nave se hubiera convertido en energía, y usando el impulso gravitacional de Daeva, se pierde en el espacio profundo.

Mientras tanto, en Mithra es de noche. Cheelai se levanta de la cama en silencio, ya vestida con su uniforme de la patrulla, pero sin la armadura. Gohan Jr duerme como un tronco.

La agente brench sale de su habitación sin hacer ruido y merodea por los pasillos de la enorme instalación, evadiendo las cámaras de seguridad y los soldados de guardia.

Roba una tarjeta de acceso de uno de los conejos sin que éste se dé cuenta y la utiliza para seguir avanzando.

Finalmente, llega a un ascensor al fondo de un largo pasillo blanco. 

Cheelai usa la tarjeta una vez más, pero esta vez el acceso es denegado.

– “Hmm…” – frunce el ceño.

En la Tierra, en el Monte Paoz, Goku Jr y su padre están pesando en el lago.

Ub parece disfrutar del momento, pero su hijo está aburrido.

– “No pican.” – se queja Goku.

– “Tienes que tener paciencia…” – sonríe Ub. – “Debes estar atento a cada movimiento de la caña y…”

– “Pff…” – protesta el muchacho de nuevo.

Una sobre se mueve bajo el agua, acercándose a ellos.

La caña de Goku empieza a moverse, pero el chico ni se da cuenta.

– “Ejem…” – tose Ub.

– “¡AH!” – reacciona el chico.

Goku tira de la cuerda, pero ya es demasiado tarde. El pez ha huido y, además, se ha comido el cebo.

Goku tira la caña al suelo.

– “Se va a enterar…” – refunfuña mientras se quita la parte superior del gi.

– “Pero, ¿qué haces…?” – dice Ub.

Goku se lanza al agua.

Ub suspira.

– “La impaciencia de la juventud…” – murmura el padre.

Goku sale del agua cargando con un pez gigantesco.

– “¡Listo!” – lo suelta. – “Jeje.” – posa frente a su captura.

– “Muy bien…” – sonríe Ub. – “Pero va en contra de lo que quería enseñarte…”

– “¿Eh?” – se extraña Goku, sin acabar de comprender a su padre.

– “Al menos ya tenemos algo que cocinar… La comida estará hecha cuando llegue tu madre.” – se pone en pie. – “Recoge todo esto mientras voy a por un poco de leña.”

En Satan City, Pan está de compras con su madre en el centro comercial.

– “¿Qué tal este?” – pregunta Videl, que sale del probador con un elegante modelito.

– “Te queda genial.” – sonríe Pan.

– “Qué gusto que hayas venido a ayudarme, hija.” – dice Videl. – “Venir sola habría sido muy aburrido.” – suspira.

– “¿Qué tal le va a papá?” – pregunta Pan. – “¿Has podido hablar con él esta semana?”

– “Lleva ya cinco días sin cobertura.” – responde Videl. – “Una tormenta en no sé qué estrella de no sé qué sistema.” – protesta. – “Uno pensaría que la Patrulla Galáctica tiene mejores sistemas de comunicación…”

– “Seguro que él te echa de menos tanto como tú a él.” – sonríe Pan.

Videl sonríe.

– “Mas le vale.” – le guiña un ojo a su hija.

Mientras tanto, en una base de la Patrulla Galáctica, Son Gohan está dando una conferencia sobre sus ingeniosas píldoras, y explica cómo supondrían un gran beneficio para los agentes en campañas lejos de rutas de reabastecimiento.

Los patrulleros asistentes escuchan atentamente. En última fila está Jaco, que observa las reacciones del público.

En Mithra, Cheelai regresa a su habitación.

– “¿Sonámbula?” – dice una voz con retintín.

La patrullera se sobresalta.

En la oscuridad, Shisami espera de brazos cruzados, apoyado en la puerta de su habitación.

– “¡Shht!” – protesta ella.

– “¿Qué has descubierto?” – pregunta el akaburu.

– “¿No puedes investigar por ti mismo?” – replica ella.

Shisami no responde; su envergadura es suficiente.

– “Hay un ascensor que necesita una llave de acceso especial.” – comparte información Cheelai. – “No sé qué esconden ahí abajo.”

– “Nada bueno.” – responde Shisami.

– “Sin la llave, no hay nada que hacer.” – dice la patrullera.

– “¿Quién podría tener acceso a esa zona?” – pregunta Shisami. – “¿El bufón?”

– “Es posible…” – piensa Cheelai. – “De momento tendremos que seguirles la corriente.”

Shisami se da la vuelta en silencio y regresa a su habitación.

– “Qué simpático…” – refunfuña Cheelai.

En el Monte Paoz, Ub está recogiendo leña cuando, de repente, siente una presencia.

– “¿Hmm?” – frunce el ceño.

En la Torre de Karin, Glorio agarra el Agua Sagrada que preside el centro de la torre.

– “Eso no es tuyo.” – advierte el Duende Karín, llegando por la escalera que conecta con el piso inferior.

Glorio abre la botella y la huele.

– “¿No me has oído?” – insiste Karín.

El ladrón saca un pequeño dispositivo de su bolsillo y, apretando un botón, del pequeño aparato sale una larga aguja, que él introduce en el agua.

– “Hmm…” – frunce el ceño el Duende.

Un pitido alerta a Glorio, que mira una pequeña pantalla del dispositivo.

– “¿Dónde está la verdadera?” – pregunta el ladrón.

– “No eres digno.” – responde Karín, tajante, pero con una gota de sudor recorriendo su frente.

Glorio le apunta con el dedo.

– “Te haré hablar.” – amenaza el ladrón.

– “¡Eh, muchacho!” – dice una voz. – “¿No sabes que este es un lugar sagrado?”

Piccolo está flotando en el exterior de la torre.

Glorio lo mira de reojo.

– “El namekiano…” – piensa el ladrón.

– “Piccolo…” – se sorprende Karín, un poco aliviado.

Piccolo levita hasta el interior de la torre y se posa en el suelo.

– “El Duende Karín te ha rechazado.” – dice el namekiano. – “No tienes permiso para estar aquí.”

Glorio lanza el agua hacia el felino, con desprecio, y levanta las manos.

Karín salta para salvar la botella y lo consigue, respirando aliviado.

El ladrón y Piccolo se miran fijamente.

– “¿Dónde está la verdadera infusión?” – insiste Glorio.

– “Quiere el Agua Ultradivina…” – piensa Piccolo. – “¿Quién es este tipo?”

Un chasquido eléctrico entre los dedos de Glorio.

– “¡¿EH?!” – se percata Piccolo.

Pero no tiene tiempo de reaccionar. Glorio apunta al namekiano con ambas manos y proyecta desde las yemas de sus dedos una tormenta de rayos engulle a su adversario.

Piccolo se precipita al vacío, con su ropa chamuscada, agujereada y con la capa en llamas.

– “Eso ha sido rápido…” – aprieta los dientes el namekiano, que aún siente la electricidad recorriendo en su cuerpo.

Piccolo se frena antes de caer en el bosque.

– “Tsk…” – protesta mientras se quita la capa y el gorro.

En la torre, Glorio esboza una media sonrisa victoriosa.

De repente, un tipo de piel verde áspera como la de un sapo, cuernos negros, melena lila y garras afiladas, sale de entre las copas de los árboles y se abalanza sobre Piccolo, agarrándole la pierna.

– “¡¿EH?!” – se sobresalta el namekiano.

– “¡Tú vas a jugar conmigo!” – exclama el monstruo.

De la espalda de la criatura brota otra idéntica que se abalanza sobre Piccolo.

El namekiano detiene el puñetazo, pero el enemigo se multiplica de nuevo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Piccolo.