DBSNL // Capítulo 402: Expandiendo horizontes

DBSNL // Capítulo 402: Expandindo horizontes

“Escucha mi voz.”

En Erezúant, el Rey Kadan y Panzy observan desde el balcón de su palacio como Gladyola instruye a varios Generales de su ejército en el patio.

– “¿De verdad entraremos en guerra?” – pregunta la muchacha.

– “Debemos estar preparados” – responde su padre.

Panzy se acerca al balcón un paso más y mira más allá del patio; al pueblo, donde la vida sigue. Hay gente en el mercado. Peonia echa a Sambuco del bar, borracho. Niños corretean por las calles.

El corazón de la Princesa se encoge, pues teme por el futuro de su gente.

En la Tierra, en la Atalaya de Kamisama, Ub sigue meditando.

Mr. Popo se acerca al muchacho con un tentempié preparado en una bandeja.

El chico se pone en pie. Popo sonríe al ver que por primera vez en mucho tiempo se ha levantado, pero… desaparece con el Shunkanido.

Mr. Popo se queda solo en mitad de la atalaya, sosteniendo la bandeja.

En el planeta del Kaio del Norte, Ub aparece.

Bubbles corre a saludar al chico. Ub lo aparta con firmeza, pero con cuidado.

– “Ahora no, Bubbles.” – dice Ub.

El mono retrocede, entristecido.

Kaiosama está regando las flores de su jardín.

– “Bienvenido, Ub.” – saluda el Kaio sin abandonar su tarea.

– “¿Ha averiguado algo?” – pregunta Ub.

– “He hablado con los otros Kaios.” – responde el Dios del Norte. – “No hay rastro de ese Glorio o de ningún tipo de magia oscura.”

– “Tsk…” – protesta Ub.

El Kaio suelta la regadera en el suelo.

– “Muchacho…” – dice el Kaio. – “Entiendo la gravedad de la situación, pero creo que deberías calmar tu espíritu.”

– “Tienen a mi hijo, Kaiosama.” – le recuerda Ub.

– “Lo sé.” – asiente el Kaio del Norte. – “Pero sin un corazón tranquilo, es peligroso enfrentarse a fuerzas oscuras.”

Ub agacha la cabeza, pero su pausa es breve, pues pronto reacciona dando la espalda al Dios.

– “Gracias por su ayuda.” – se despide con el Shunkanido.

Kaiosama suspira al quedarse solo.

Bubbles se acerca a él y se sube por su ropa. El Dios lo coge en brazos.

– “A mí también me preocupa.” – dice el Kaio. – “A mí también.”

Ub viaja hasta el Planeta Sagrado de los Kaioshin.

Para su sorpresa, Zamas ya le espera sentado en una mesita con dos tazas de te preparadas y una silla vacía.

– “Hola, Ub.” – le recibe el Dios.

– “¿Ya sabía que venía?” – piensa Ub, sorprendido.

– “¿Qué clase de Dai Kaioshin sería si no?” – responde Zamas con una sonrisa.

Ub se queda de pie, pero el ira-aru le señala el asiento vacío, señalándolo con su mano, con la palma hacia arriba.

– “Por favor.” – dice Zamas. – “Insisto.”

El terrícola se sienta.

– “¿Ninguna novedad?” – pregunta Zamas.

– “Puedes leer mi mente.” – responde Ub, un poco molesto, pues siente que le están haciendo perder el tiempo.

– “Creía que tener una conversación era más reconfortante para los mortales.” – dice Zamas antes de dar un sorbo a su té.

Zamas golpea ligeramente su taza mientras bebe y levanta las cejas, lo que Ub entiende como una invitación a probar el té.

Ub agarra su taza con las dos manos y bebe un sorbo.

Zamas parece satisfecho.

De repente, Ub siente un fuerte pulso a su alrededor, como si el mundo que lo rodea latiera de repente.

Ub se encuentra de pie en mitad de un extenso prado verde del Planeta Sagrado.

– “¿Qué está pasando…?” – se pregunta.

Zamas aparece frente a él.

– “Escucha mi voz.” – dice el Dios. – “Concéntrate en mi voz.”

– “¿Dónde estamos?” – pregunta Ub, desorientado.

– “Tu percepción ha sido alterada temporalmente.” – sonríe Zamas.

Ub se da cuenta de que sostiene la taza de té en su mano.

– “¿Qué me has dado?” – pregunta el terrícola.

– “Una pequeña infusión con hojas del Planeta Monmaas.” – aclara el Kaioshin.

– “Monmaas…” – repite Ub, sorprendido.

– “Tenemos poco tiempo.” – dice Zamas. – “Tu cuerpo y tu mente mortal no resistirían una dosis mayor.”

– “¿Qué quieres que…?” – pregunta Ub.

– “Solo concéntrate.” – dice el Dai Kaioshin. – “Busca la oscuridad en el vasto Universo.”

– “Ya lo he intentado.” – dice Ub. – “No logro sentir ninguna presencia.”

– “Entonces, busca otra cosa.” – dice Zamas. 

– “¿Eh?” – pone una extraña mueca el terrícola.

– “No busques algo en el Todo.” – dice Zamas. – “Busca…”

– “La Nada.” – dice Ub, rápidamente.

Zamas sonríe y asiente.

Ub cierra los ojos.

En su mente, rápidamente aparecen galaxias; estrellas y planetas de todo el Universo, iluminados con luz celeste, cada vez de menor tamaño, como si su conciencia cada vez abarcara más territorio.

– “Con mi ayuda, ahora percibes la energía vital mejor que nunca.” – dice el Dai Kaioshin.

De repente, Ub se da cuenta de que, dentro del vasto Universo, un área oscura destaca.

– “Ahí.” – dice el chico. – “No percibo ninguna energía en ese lugar.”

Ub se concentra.

– “Es como si todo ese sector estuviera cubierto por denso velo.” – dice el muchacho.

De repente, Ub abre los ojos. Sigue sentado en la mesita de té.

– “¿Eh?” – se sobresalta, mirando a su alrededor.

– “Supongo que se están acabando los efectos.” – dice Zamas.

Ub se pone en pie de un salto, tirando la silla al levantarse.

– “Me marcho.” – dice apresuradamente.

– “Sé prudente.” – asiente Zamas.

– “¡Adiós y gracias!” – se despide antes de desaparecer con el Shunkanido.

Cuando el Dai Kaioshin se queda solo, Shin se acerca caminando hacia él.

– “El chico me recuerda a su maestro.” – dice Shin.

Zamas se levanta y recoge la silla.

– “Pero, ¿no te parece arriesgado?” – le pregunta Shin.

El Dai Kaioshin mira al cielo.

– “Se nos acaba el tiempo.” – sentencia Zamas.

En la Tierra, Pan, vestida con su gi de pelea, camina de un lado a otro del jardín de la Corporación Cápsula. Bra está sentada en una tumbona, mirando a su amiga dar pasos nerviosos.

– “Mi madre está trabajando lo más rápido que puede.” – dice Bra. – “Lo encontraremos.”

– “No puedo esperar más…” – insiste Pan. – “Cuando encuentre a ese tipo…”

– “Recuperaremos a Goku.” – dice Bra. – “Todos lo están buscando.”

De repente, Ub aparece con el Shunkanido.

– “¡LO HE ENCONTRADO!” – exclama Ub.

– “¡¿EH?!” – se sobresaltan Pan y Bra.

– “Creo que he encontrado a Goku” – dice Ub. – “¡Pero tenemos que irnos ahora!” – extiende su mano hacia su esposa.

Sin dudarlo, Pan le agarra el brazo.

– “¡ESPERAD!” – grita Bra.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, Ub y Pan desaparecen.

– “¡Maldita sea!” – protesta Bra.

En Erezúant, Tarble y Cheelai intentan coordinar las maniobras de la patrulla.

La patrullera brench está sentada en una mesa, bajo una tienda de campaña de estilo militar, organizando los relevos en una computadora portátil, con Tarble mirando la pantalla por encima de su hombro y discutiéndole algunas decisiones.

Mientras tanto, fuera de la tienda, Broly y Neva están sentados sobre unas cajas de equipamiento, los dos observando a Karza y Gohan Jr con una sonrisa.

El hijo de Trunks enseña a Karza a saludar como un artista marcial antes de empezar a pelear, y le corrige el ángulo de la reverencia y la posición de las manos.

El namekiano alza su mirada al cielo. La aurora boreal magenta es cada vez más tenue.

En el planeta Suraimu, en un prado bajo el cielo estrellado, un grupo de slime luminiscentes con forma de gota de distintos colores, saltan uno tras otro, todos siguiendo el mismo camino. Pan y Ub aparecen de repente.

– “¿Es aquí?” – pregunta Pan. 

– “Esto es lo más lejos que puedo llegar con el Shunkanido.” – dice Ub. – “Más allá de este planeta, no logro sentir ninguna energía.” – añade, mirando al cielo.

– “Estaba empezando a marearme con tantas teletransportaciones seguidas…” – suspira Pan.

– “Lo siento.” – se disculpa Ub. – “Es muy difícil usar el Shunkanido siguiendo energías tan débiles…”

Los slime se han detenido y observan con asombro a sus visitantes.

Pan se da cuenta de que están siendo observados y, cuando mira a los slime, estos huyen rápidamente saltando hacia el bosque cercano.

– “No parece que estos tipos nos puedan prestar una nave…” – dice ella. – “¿Qué haremos ahora?”

De repente, los dos sienten una oscura presencia muy cerca.

Instintivamente, ambos se ponen en guardia y Pan se transforma en Súper Saiyajín. 

– “¡¿Quién anda ahí?!” – pregunta la hija de Gohan.

Una voz habla desde la oscuridad del bosque.

– “Es difícil navegar en la oscuridad cuando tus ojos están acostumbrados a la luz” – dice la voz masculina.

Una figura humanoide de más de dos metros de alto, envuelta en una capa marrón se abre paso hacia ellos, iluminándose con la luz del aura de Pan.

– “¿Tú…?” – se sorprende Ub. – “¿Qué haces aquí…?”

– “Yo nací entre tinieblas.” – sonríe Dabra con una sonrisa pícara. – “Seré vuestro guía.”

DBSNL // Capítulo 401: Ventana al pasado 

DBSNL // Capítulo 401: Ventana al pasado

“Debo pedirle disculpas, Majestad.”

En el planeta Erezúant, en la sala del trono, preside la reunión el Rey Kadan. Panzy, Lady Gladyola, Hybis, Tarble, Cheelai, Shisami, Sambuco, Broly, Karza y Gohan Jr forman un semicírculo frente a él.

– “Sambuco.” – dice el Rey.

El anciano responde adelantándose a los demás.

– “Majestad.” – dice agachando ligeramente la cabeza.

– “Has solicitado esta reunión.” – dice el Rey. – “¿De qué se trata?”

Sambuco se toma un momento antes de responder.

– “Debo pedirle disculpas, Majestad.” – responde el viejo. – “A usted y a todos los presentes.”

– “¿Disculpas?” – levanta una ceja el Rey. – “¿Qué has hecho?”

– “Os he engañado.” – responde Sambuco. – “Os he mentido, ocultando mi verdadera identidad.”

Gladyola acerca su mano instintivamente a su espada. Chellai hace lo mismo con su arma.

– “¿Un espía?” – se pregunta la guerrera de Erezúant.

Broly, en cambio, esboza una media sonrisa al confirmarse sus sospechas.

De repente, como si un alma abandonara el cuerpo de Sambuco, un individuo da un paso al frente, dejando atrás al anciano.

– “¡¿AH?!” – se asusta Panzy.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende Tarble.

– “¿Eso es… una persona…?” – murmura Karza con la voz rota, aterrado.

Lentamente, el fenómeno translúcido se torna corpóreo. Se presenta frente a nuestros amigos un hombre vestido con una túnica blanca y una capa morada, de tez arrugada de color verde apagado, con dos antenas en su frente.

– “¡¿Un namekiano?!” – se sorprende Cheelai.

– “Magia…” – refunfuña Shisami, desconfiado.

– “¿De dónde ha salido?” – se pregunta Panzy.

Sambuco parece que recupera el sentido, como si despertara de una larga siesta.

– “Eeeh…” – mira a su alrededor, confuso.

El anciano ve al namekiano delante de él y retrocede de un salto.

– “¡AH!” – se asusta.

– “No temas, amigo.” – dice el alienígena con voz añeja y quebrada.

Sambuco se frota los ojos intentando asegurarse de estar despierto.

De repente, se da cuenta de dónde se encuentra; la sala del trono, ante la presencia del Rey.

– “Aaah…” – retrocede con miedo y vergüenza. – “Majestad… Yo…” – titubea. – “Lo siento… ¡Lo siento!” – hace una gran reverencia. – “Puede que me haya pasado con la bebida… ¡Nunca más! ¡Lo prometo!” – se disculpa.

Sambuco retrocede hacia la puerta mientras sigue haciendo reverencias ante la mirada de todos los presentes.

– “¡Lo siento! ¡Lo siento!” – repite incesantemente.

Cuando se ha alejado varios pases, se da la vuelta y echa a correr.

Nuestros amigos se miran entre ellos un instante antes de poner su atención de nuevo en el namekiano recién aparecido.

Panzy se da cuenta de que su padre se ha quedado boquiabierto.

– “Papá…” – le mueve el brazo, para hacerlo salir de su sorpresa.

– “¡Ah! Sí…” – reacciona Kadan. – “Ejem… Veamos… ¿Quién…? ¿Quién eres…?” – pregunta.

El viejo namekiano sonríe con ternura.

– “Me llamo Neva.” – se presenta. – “Y soy el Guardián de Erezúant.”

– “¡¿El Guardián?!” – se sorprenden todos.

Neva asiente.

Cheelai y Gohan Jr se miran, pues ambos han oído historias sobre las aventuras de Trunks.

– “¿Cómo Kamisama en la Tierra?” – pregunta ella.

El namekiano asiente.

– “Vaaaya…” – dice un asombrado Gohan Jr.

Kadan y su hija se miran, los dos igual de confundidos. El Rey mira a Gladyola, que tampoco entiende lo que sucede.

– “Ejem…” – carraspea el Rey, reclamando atención. – “Algunos de los presentes no tienen la fortuna de conocer ese concepto…” – explica, excusándose en los demás para pedir explicaciones. – “Si es usted tan amable…”

– “Por supuesto, Majestad.” – responde Neva. – “Algunos mundos tienen a su cargo a un Guardián.” – explica. – “Alguien que dedica su vida al cuidado y protección del planeta.”

– “¿No es ese el trabajo del Rey?” – pregunta Gladyola, un poco desconfiada.

– “No exactamente.” – responde el namekiano. – “Su Majestad, por muy noble que pueda ser su corazón, tiene anhelos como todos los hombres. Tiene un pueblo al que defiende y otros a los que confronta. Tiene una idea propia de lo justo y lo inmoral.” – explica. – “El Guardián, en cambio, está a disposición del planeta y de todos sus seres vivos por igual; con la única idea de protegerlo de amenazas externas que intenten cambiar el curso de su historia. Eso sin olvidar que funciona como enlace con el Más Allá.”

– “Qué complicado…” – piensa Panzy.

– “No tanto.” – sonríe Neva.

– “¡AH!” – se sorprende la Princesa al ver que le ha leído la mente.

– “¿Y qué hace un namekiano en este planeta?” – pregunta Tarble.

– “Una vez, este lugar no era fue muy distinto de Namek.” – responde Neva. – “Estaba cubierto por bellos bosques y ríos llenos de vida.” – sonríe con melancolía. – “Mi llegada Erezúant fue casual, pero acabé enamorándome de este lugar, aunque ese no era su nombre entonces…”

El Rey lo mira con recelo.

– “Disculpe mi osadía al interrumpirle.” – dice Kadan. – “Al parecer es una figura a la que debería tratar de usted.” – añade con cierto retintín. – “Así que, dígame, ¿qué le hace presentarse ahora ante nosotros?”

– “Entiendo su inquietud.” – responde Neva. – “Mi presencia no se debe solo a una amenaza exterior…” – dice con un repentino pesar en su rostro. – “… sino al deber de subsanar mis propios errores.”

– “¿A qué se refiere, anciano?” – pregunta Broly.

Neva cierra los ojos y respira profundamente.

La oscuridad inunda la sala del trono.

– “Hace mucho tiempo.” – narra el namekiano. – “Mucho antes de que los Universos se dividieran; antes de que El que vio recibiera ese nombre…”

Todos los presentes pueden ver la galaxia formarse ante sus ojos, avanzando rápidamente en el tiempo hasta constituirse completamente.

– “Un joven brujo llegó hasta este mismo lugar.” – las estrellas de la galaxia se transforman en la silueta de un encapuchado. – “Su magia era poderosa. Algo que jamás habían visto los locales, que se arremolinaban para verlo.”

El brujo pronto es rodeado de gente.

– “Pero la curiosidad pronto se volvió en admiración, y ésta en adoración.” – la multitud se arrodilla. – “El brujo corrompió el amor del pueblo y lo transformó en sumisión. Sus enseñanzas hablaban de falsos Dioses que controlaban los hilos del destino. Un telón que impedía a los mortales conocer la verdad del mundo. Llamaba ciegos a los que se negaban a seguirlo y sordos a quienes no lo querían escuchar.”

Un extraño humo negro y rojizo sale del brujo y se extiende entre sus súbditos.

– “El corruptor credo del proclamado profeta se extendió por todo el planeta, envenenado las mentes y las almas de todos sus habitantes.” – narra Neva.

El Rey Kadan frunce el ceño, un poco molesto por el ataque a sus creencias.

El namkiano se da cuenta, pero continua con su historia.

– “Preocupado por la influencia que tenía el brujo, decidí intervenir.” – revela Neva. – “Me presenté ante Moro para averiguar sus intenciones.” – aprieta el puño. – “Jamás habría imaginado el alcance de su ambición. Al verlo en persona, pude sentirlo en cada célula de mi cuerpo. Su odio. Su miedo.” – sufre Neva.

Las estrellas muestran al namekiano y al brujo cara a cara.

– “Pero cuando intenté mirar más allá… él también me miró.” – revela.

Las estrellas se transforman en un plácido paisaje namekiano. Una aldea donde sus habitantes trabajan en el campo cuando un destello en el horizonte llama su atención; un rayo asciende hacia cielo y perfora las nubes. Un dragón de los deseos es invocado.

Mientras tanto, en un templo en un rincón desconocido del Universo, la bruja Marba coloca las dos joyas esféricas azules que ya ha conseguido, una al lado de la otra en un pequeño altar. Las esferas tienen una y dos estrellas negras grabadas en su interior.

– “Solo falta una.” – sonríe la vieja bruja.

En el planeta Razan, la nave de Glorio cruza el cielo.

DBSNL // Capítulo 400: Vacante

DBSNL // Capítulo 400: Vacante

“Sé reconocer una oportunidad cuando se presenta.”

En el crucero espacial, la Patrulla Galáctica ha confiscado la armadura del guardaespaldas de Shamo. Varios agentes tienen que unir fuerzas para poder transportarla por la cubierta hasta una de sus naves.

El verdadero malhechor que se ocultaba en el traje resulta ser un pequeño insecto parecido a una cigarra de unos pocos centímetros de alto. El agente Auta Motto lo traslada en una diminuta jaula. Sheela lo escolta.

– “¿Y este pequeño ha causado tantos problemas?” – lo observa ella.

El pequeño bandido parece indefenso sin su traje y revolotea por su celda.

El metalman, especialmente irritado, lo sacude repentinamente, haciendo que el insecto rebote por las paredes de su jaula y quede aturdido.

Mientras tanto, un grupo de agentes liderado por Katopesla buscan a Shamo por todo el barco.

– “¿Dónde se habrá metido?” – pregunta el toreri, en mitad de la discoteca, con las luces encendidas y rodeado de agentes que investigan todos los rincones.

En cubierta, Meerus recibe una nueva pistola de otro agente; la hace girar varias veces antes de enfundarla.

– “Esa alimaña es de lo más escurridiza.” – responde a su compañero por radio. – “No te confíes.”

– “Recibido.” – asiente Katopesla.

La gente está siendo evacuada. De uno en uno, los pasajeros son escaneados e identificados antes de embarcar en un trasbordador de la Patrulla Galáctica que los llevará al puerto seguro más cercano.

Meerus se fija en una mujer que lleva un carrito de bebé. La señora parece nerviosa, mirando a los lados continuamente, transpirando profusamente.

En el interior del carrito, Shamo está armado y escondido entre las sábanas, con el bebé extraterrestre como rehén.

– “Ni una palabra, ¿me oyes?” – amenaza a la asustada madre. – “Vamos a pasar el control en silencio, y cuando lleguemos al siguiente puerto, me marcharé.” – insiste. – “No os pasará nada si estáis calladitos, ¿de acuerdo?”

La mujer y el niño son escaneados al pasar el control. Shamo se tapa completamente para no ser visto, saca un extraño dispositivo electrónico de sus harapos y aprieta un botón rojo.

El agente que escanea el carrito sufre interferencias en la pantalla de su scanner, pero Meerus se acerca y le arrebata el aparato.

– “Novatos…” – refunfuña Meerus, que escanea él mismo el carrito. – “Todo correcto.” – anuncia. – “Adelante, señora.”

Los pasajeros terminan de embarcar y, finalmente, el transbordador, despega hacia un puerto cercano.

Mientras tanto, en la remota base que vigila la anomalía que resta ahora donde antes se encontraba el planeta oscuro de Raichi, la Patrulla Galáctica observa impaciente los monitores del panel de comandos.

– “¿Aún no se sabe nada?” – pregunta Lemon por radio.

– “Negativo, señor.” – responde el agente, atento a la pantalla.

En el radar, una luz parpadea continuamente en mitad de la oscuridad del espacio.

Más allá de la base y de los límites controlados por el Imperio o la Patrulla Galáctica, en un desconocido planeta rocoso en penumbra, muy lejos de la estrella más cercana, Mirai Trunks y Punch están peleando con unos guerreros insectoides rosados con un duro exoesqueleto y ojos saltones amarillos.

Por cada uno que derrotan, aparecen tres más.

– “¡¿De dónde salen?!” – protesta el hijo de Hit, agobiado. – “Tsk. ¡Son como una plaga!”

El chico usa el salto temporal y acaba con una docena de enemigos en un instante.

– “¡No lo abuses!” – le corrige Trunks, sin dejar de pelear. – “¡Nunca debe ser tu primer recurso!”

– “¡No lo es!” – protesta Punch. – “¡Pero llevamos horas peleando!”

– “¡PUNCH!” – exclama Trunks, en su faceta de figura paterna.

– “Está bien, está bien…” – cede a disgusto el hijo de Hit.

De repente, una ráfaga de certeros disparos a la cabeza de los enemigos crea un perímetro alrededor de los dos luchadores.

– “¡Granola!” – se alegra Punch.

Aprovechando el espacio creado, un anillo de luz se materializa y se expande para da lugar a un portal. Ogilvie los llama desde el otro lado.

– “¡VAMOS!” – exclama el erizo.

Trunks y Punch cruzan el umbral antes de que los insectos se abalancen de nuevo sobre ellos.

Los insectos se chocan los unos contra los otros y se amontonan como hormigas desorientadas buscando el rastro de sus presas.

En una colina cercana, Trunks y Punch están tirados en el suelo, recuperando el aliento.

– “¿Estáis bien?” – pregunta Ogilvie.

– “¡Qué pesadilla!” – lamenta Punch.

– “¿Habéis podido encontrar su guarida?” – pregunta Trunks.

Granola señala hacia el horizonte.

– “Hay una gruta a unos cuantos kilómetros al sur.” – explica el cereliano. – “Pero adentrarse en ella… será complicado.”

– “¿Deberíamos pedir refuerzos?” – pregunta Ogilvie.

Trunks se pone en pie de un salto, listo para volver a la acción.

– “Entraré yo.” – dice el hijo de Vegeta.

– “¿Tú solo?” – se preocupa Punch.

El mestizo asiente.

– “Cubrid mi salida.” – dice el mestizo. – “Intentaré entrar y salir usando el salto temporal.” – reflexiona. – “Es lo más seguro.”

– “Si algo sale mal, esta vez no podremos entrar a buscarte.” – le provoca Granola.

– “Yo sí.” – levanta la mano Punch.

– “Ni hablar.” – responde Trunks. – “Si algo sale mal, quiero que os marchéis de este planeta y aviséis a Jaco y a mi madre.”

– “Pero…” – insiste Punch.

– “Está bien.” – asiente Granola, interrumpiendo al joven.

Mientras tanto, en el trasbordador que ha despegado del crucero, Meerus entra en el camarote en el que se encuentra la madre con su hijo.

La mujer parece aterrorizada al ver al patrullero; teme por su hijo.

– “No se preocupe, señora.” – la tranquiliza Meerus. – “Solo vengo a informarle de que todo está bajo control. Llegaremos al planeta Pital en unas horas.” – explica. – “Allí se ha establecido un nuevo control. Si alguien se esconde en esta nave, lo encontrarán.”

– “Eh… ¿qué?” – se extraña ella, temblorosa. – “Gra… gracias…” – responde.

– “Estaré aquí fuera, si necesita algo.” – añade Meerus antes de salir del camarote.

Meerus cierra la puerta y se apoya en la pared de al lado, de brazos cruzados.

En unos minutos, la puerta del camarote se entreabre.

– “Patrullero…” – dice la voz chirriante de Shamo.

– “Te escucho.” – responde Meerus.

– “Sé quien eres… pero creía que ahora eras un hombre de la ley.” – dice el mercader en tono burlón.

– “Sé reconocer una oportunidad cuando se presenta.” – responde el agente.

– “¿Qué quieres?” – pregunta Shamo.

– “No saldrás de aquí sin ayuda.” – dice Meerus. – “Lo sabes.”

– “Tengo un rehén.” – responde el mercader.

– “No será suficiente.” – dice el agente. – “Tu hombre ha matado a un patrullero. No creo que atraparte con vida sea la prioridad de nadie en estos momentos.”

– “Tsk…” – refunfuña Shamo.

– “Necesitas una salida.” – explica Meerus.

– “¿Y me vas a ayudar?”– sonríe ligeramente Shamo. – “Me he quedado sin mi hombre de confianza, así que tengo una vacante. ¿Quieres negociar?”

– “No es necesario.” – responde el patrullero. – “Con los tipos que consigues, sé que pagas bien.”

– “Muy bien.” – la sonrisa de Shamo es cada vez más grande. – “Sácame de aquí y llévame hasta Dorakiya.”

Meerus se incorpora.

– “Nos iremos en mi nave.” – dice el patrullero. – “Está en el hangar 3.”

– “Jijiji” – ríe Shamo. – “Muy bien…” – dice con una sonrisa de oreja a oreja.

En el remoto planeta, Trunks se adentra en la gruta usando el salto temporal.

El patrullero camina por los túneles entre los insectos congelados en el tiempo, observándolo atentamente a su paso.

– “Nunca había visto criaturas como estas…” – piensa Trunks.

    Cuando llega al final, Trunks encuentra algo inesperado. 

    – “¿C… cómo…?” – titubea el mestizo, horrorizado. – “¿Cómo es posible?”

    Una gigantesca raíz cruza la cueva de lado a lado.