DBSNL // Capítulo 389: Degesu

DBSNL // Capítulo 389: Degesu

“Debemos tener cuidado.”

El Barón ha recibido a Cheelai y Gohan Jr en su lujoso despacho.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Cheelai hace una pequeña reverencia de cortesía al Barón y Gohan la imita.

– “Gracias por recibirnos.” – dice ella. – “Estábamos en una misión en este sistema, pero nuestra nave ha sufrido daños y…”

– “¿Qué hacía la Patrulla Galáctica en Razan?” – la interrumpe el ira-aru.

Cheelai levanta las cejas, un poco sorprendida.

– “Misión de reconocimiento.” – afirma la patrullera.

Degesu sonríe.

– “Desconocíamos la existencia de una civilización en este sistema.” – dice Cheelai. – “Nuestro deber ahora es informar al Cuartel General, para que se puedan iniciar contactos diplomáticos.”

– “Contactos diplomáticos.” – repite Degesu con cierto retintín. – “Parece que hoy es el día en que Mithra se abre al Universo.”

El Barón materializa una campanilla en su mano y la hace sonar.

En unos segundos, un pequeño ser vestido con un traje de arlequín negro y amarillo y una capa granate, con la cara blanca con dos marcas rojo bajo sus ojos entra en el despacho.

– “A sus órdenes, Barón.” – se presenta.

Dibujado por Ipocrito

– “Trae a nuestro invitado.” – dice Degesu.

El bufón se marcha con una reverencia.

Cheelai y Gohan se miran de reojo, con clara sospecha.

El bufón regresa acompañado de un gigantón de piel roja y cuernos negros, vestido con armadura imperial.

– “Gracias, Gomah.” – sonríe Degesu. – “Os presento al señor Shisami, Comandante del Imperio.”

– “Shisami…” – repite Cheelai, sorprendida de ver a alguien de tan alto rango en el Imperio en ese lugar.

– “Hmm…” – murmura Shisami.

La tensión es palpable entre la Patrulla Galáctica y el Imperio.

Mientras tanto, en el castillo del Rey Kadan, en Erezúant, Sambuco está apoyado en la barandilla del acantilado con vistas a la aldea, pero con la mirada puesta en el cielo.

Broly se acerca a él y se coloca a su lado.

– “¿Hay algo interesante ahí arriba?” – mira también al cielo.

– “Siempre.” – respondo el anciano.

Broly lo mira de reojo.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín.

Sambuco lo mira, risueño.

– “Solo soy un pobre anciano.” – responde el viejo.

– “Je.” – sonríe Broly.

Sambuco se marcha hacia el castillo.

– “Me voy a la taberna.” – levanta la mano para despedirse, sin darse la vuelta. – “Seguro que Peonia me echa de menos. ¡Soy su mejor cliente!”

En Mithra, Gomah ha llevado a los invitados de Degesu hasta una sala presidida por una mesa llena de comida. 

Cheelai y Shisami se quedan apoyados cada uno en paredes opuestas de la sala, los dos con los brazos cruzados.

Gohan es el único que se acerca al banquete, hambriento, pero pronto se da cuenta de que todo es comida vegetariana. 

El muchacho agarra una verdura asada, parecida a una zanahoria, y la mira con desilusión.

Cheelai y Shisami se miran con desconfianza a través de la sala.

– “¿Qué se le ha perdido al Imperio en un sistema como este?” – se lanza Cheelai.

– “Nada que le importe a la Patrulla Galáctica.” – responde Shisami.

La patrullera frunce el ceño.

Gohan muerde la punta de la zanahoria.

– “No está mal…” – murmura el muchacho. – “Es mejor que las raciones.”

Cheelai resopla, hastiada por la actitud de Shisami.

– “Habéis interceptado nuestras comunicaciones, ¿no?” – refunfuña ella.

– “¿Las que hacíais con nuestros satélites?” – protesta el akaburu.

– “Entonces ya sabes a lo que hemos venido.” – dice Cheelai. – “Solo respondemos a una solicitud de ayuda.”

Shisami resopla por la nariz, un poco molesto.

– “Solo estamos investigando.” – revela el akaburu. – “Si la Patrulla Galáctica está expandiendo su zona de influencia, debo hacer un informe.”

El toro mira de reojo a Gomah. El bufón se ha subido a la mesa y hace girar un plato de comida sobre la punta de bastón, ante los aplausos de un entusiasmado Gohan Jr.

– “No esperaba encontrarme una civilización tan avanzada en este sistema.” – dice el akaburu.

– “Parece que toda su infraestructura se concentra alrededor de este edificio.” – confirma Cheelai.

– “Ese ira-aru que se hace llamar Barón amasa todo el poder.” – dice Shisami.

– “Debemos tener cuidado.” – dice Cheelai. – “Estoy seguro de que puede leerte la mente.”

– “Genial.” – refunfuña el akaburu.

Atardecer en Mithra. En su despacho, Degesu observa el paisaje frente a la enorme cristalera con las manos en su espalda.

Gomah y sea cerca al ira-aru con una reverencia.

– “Barón.” – dice el bufón. – “Nuestros invitados ya están en sus aposentos.”

– “Excelente.” – responde Degesu, sin dejar de mirar por la ventana.

– “¿Supone esto un problema en sus planes, señor?” – pregunta Gomah.

– “Es solo un… inconveniente.” – asiente el ira-aru. – “Que todos sigan trabajando como hasta ahora. Pronto estaremos listos.”

– “Por supuesto.” – responde Gomah con otra reverencia.

El bufón se retira.

– “Gomah.” – lo detiene Degesu.

– “Sí, señor.” – se gira rápidamente.

– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta el Barón.

– “Ha abandonado el planeta.” – revela el bufón. – “Ella le ha encomendado una misión.”

Un instante de silencio que a Gomah se le hace eterno.

– “Entendido.” – responde finalmente el Barón.

En la oscuridad de un laboratorio, una ira-aru fuma de una larga boquilla, con su rostro iluminado solo por las múltiples pantallas de ordenador.

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

“Una nave ha entrado en el sistema Yazata.”

En la nave de la Patrulla Galáctica, Cheelai teclea en el panel de comandos, intentando recuperar la conexión con Erezúant.

– “Esta misión es un aburrimiento.” – se queja Gohan Jr.

– “Somos el apoyo de nuestros compañeros.” – dice Cheelai. – “No vas a ser siempre el protagonista.” – sonríe ella.

– “La próxima vez me voy con papá.” – la mira de reojo, buscando pelea.

– “A mí no me mires.” – responde ella. – “Las misiones las decide Lemon; yo no tengo nada que ver.”

– “No cuela.” – protesta él.

Mientras tanto, en Erezúant, en la sala del trono, Karza se arrodilla frente al Rey Kadan.

– “He oído el testimonio de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Y tendré en cuenta el arrepentimiento mostrado por el muchacho.”

Karza tiene la cabeza agachada y lágrimas en los ojos.

Lady Gladyola está de pie, firme, al lado del Rey.

Detrás del muchacho, esperando la resolución, se encuentran Panzy, Tarble, Broly, Hybis y Sambuco.

– “Pero, sobre todo…” – continúa Kada. – “…me guiaré por el testimonio de mi hija.” – revela. – “Pues el futuro de Erezúant depende de ella y de su juicio.” – comparte una mirada cómplice con Panzy.

Lady Gladyola contiene su sonrisa, pero sus ojos la delatan.

– “Karza queda a cargo de la Patrulla Galáctica.” – anuncia Kadan.

Broly da un paso al frente, sorprendiendo a Tarble.

El saiyajín coloca la mano sobre el hombro del muchacho.

– “Agradecemos su confianza, Majestad.” – dice Broly.

Kadan asiente.

– “Pero su abuelo, el saiyajín Torpin…” – dice el Rey, con gesto serio. – “Tras su negativa a aceptar la ley de su raza, la Corona de Erezúant se hará responsable de su destino.”

Lágrimas se deslizan por el rostro del joven mestizo.

Tarble da un paso al frente.

– “Creo que la Patrulla Galáctica tiene las medidas de contención óptimas para alguien como él, Majestad.” – dice el saiyajín.

– “Es probable.” – responde Kadan. – “Y agradecemos la ayuda de la Patrulla Galáctica.” – se toma unos segundos. – “Pero seguimos siendo un planeta soberano y, como tal, nuestro sistema de justicia sigue vigente.”

Tarble mira de reojo al afligido Karza. Le gustaría ayudar al joven, pero asumir el peso de las relaciones intergalácticas es parte del trabajo.

El patrullero hace una reverencia y da un paso atrás.

Kadan carraspea.

– “En cuanto a los bandidos detenidos al otro lado del Valle de los Sordos, cumplirán con sus trabajos asignados y después se les exigirá que abandonen el planeta.” – sentencia el Rey.

– “Me encargaré personalmente, Su Majestad.” – responde con una reverencia Gladyola.

– “Qué centren sus esfuerzos en arreglar la nave de los patrulleros.” – insiste el Rey. – “Queremos recuperar nuestro tesoro cuanto antes.”

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr están entrando en el sistema Yazata, donde el planeta Erezúant orbita la estrella Daeva.

– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico, con hastío.

– “Esperaremos.” – responde su madre. – “Deja de quejarte.”

– “¡No me he quejado!” – protesta Gohan.

En ese instante, una señal aparece en el radar de la nave. 

– “¿Qué ocurre?” – levanta una ceja el chico, deseando que sea algo interesante.

– “Una nave ha entrado en el sistema Yazata…” – dice Cheelai, tecleando en el panel de comandos, intentando averiguar algo más sobre el objeto no identificado.

– “¿Quién es?” – pregunta Gohan.

– “No parece de los nuestros…” – lee unos códigos en pantalla.

En el moderno despacho donde Glorio fue interrogado, un centinela conejo irrumpe para avisar al Barón.

– “Una nave no identificada se dirige hacia aquí.” – avisa el centinela.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – pregunta, molesto. – “¿Tan pronto?”

– “No, señor.” – responde el conejo. – “Viene desde el exterior de nuestro sistema.”

– “¿Hmm?” – se extraña el Barón.

El conejo se queda en silencio y se toca la oreja. Le hablan por un auricular.

– “Señor…” – dice el centinela. – “Parece que hay otra nave siguiendo a la primera.”

Cheelai y Gohan persiguen el rastro de la misteriosa nave.

– “Es muy rápida.” – protesta ella. – “A este paso, la perderemos.”

– “¿Seguro que vamos en la dirección correcta?” – pregunta Gohan.

– “La nave ha calculado su ruta…” – dice Cheelai, mirando el mapa dibujado por la computadora. – “Se dirige hacia este planeta de aquí.” – lo amplia. – “El segundo planeta del sistema Yazata; Razan.”

– “Genial.” – sonríe Gohan, listo para la acción.

Cheelai no parece convencida.

– “Creo que deberíamos esperar hasta contactar con Tarble y Broly.” – dice la patrullera.

– “¡Nooo!” – protesta Gohan de manera infantil. – “¡Se va a escapar!”

– “Es imprudente.” – insiste Cheelai.

– “Antes de que se cortara, hablaban de que ese tal Glorio había salido del planeta.” – replica Gohan. – “¡¿Y si es él?!”

– “Más motivo para ser cuidadosos.” – sentencia ella.

– “Mamá…” – se queja él.

El chico carraspea y recupera la compostura de patrullero.

– “Seamos prudentes. Está bien.” – acepta Gohan. – “Pero sigamos esa nave hasta su destino. Misión de reconocimiento.”

Cheelai suspira.

– “No me vas a dejar tranquila, ¿no?” – sonríe ella.

– “No.” – responde él, rápidamente.

– “Está bien…” – claudica Cheelai. – “Pero sin correr ningún riesgo.”

– “¡BIEEEN!” – celebra Gohan. – “Ehem…” – carraspea al darse cuenta. – “Quiero decir…” – recupera de nuevo la compostura. – “Afirmativo.”

Una cápsula circular individual del Imperio cruza el sistema en dirección al Planeta Razan. La Patrulla Galáctica la sigue desde una distancia prudente, esperado no ser detectados.

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

“¿Qué le pasará a mi abuelo?”

Cheelai y Gohan Jr siguen volando hacia Erezúant. La patrullera intenta conectar con el Cuartel General de la Patrulla Galáctica para comunicarles su posición, pero sin éxito. El chico se ha quedado dormido en su silla.

Una llamada entrante la sobresalta.

– “Agente Cheelai al habla.” – responde ella. – “Adelante.”

– “Aquí Tarble.” – saluda el saiyajín.

– “Supongo que son buenas noticias.” – sonríe Cheelai.

– “Hemos capturado a un sospechoso. No quiere colaborar. Ni siquiera nos ha dado su nombre… así que por ahora lo llamamos Dokugan.” – informa el patrullero. – “Todo parece indicar que pertenece a una banda organizada, liderada por un tal Goichi. Voy a mandarte una posible insignia para que puedas introducirlo en la base de datos, a ver qué tenemos sobre ellos.”

– “Recibido.” – asiente Cheelai. – “Aunque tengo problemas para conectarme con el Cuartel General.” – advierte. – “¿Habéis recuperado vuestra nave?”

– “Estamos en ello…” – suspira Tarble.

– “Salúdala de mi parte.” – se escucha a Hybis de fondo.

Mientras tanto, al lado de los establos del palacio del Rey Kadan, la nave de la Patrulla Galáctica está siendo trasteada por un grupo de forasteros.

Los establos son una gran construcción de barro y madera en forma de salas y túneles, por los que de vez en cuando asoma la cabeza algún roedor de los que se usan como montura.

Entre los trabajadores, destaca el mercenario Melone. 

Panzy observa de cerca lo que hacen, con gran interés.

– “¿Y eso que es?” – pregunta la Princesa, señalando una parte del motor que está manipulando brench.

– “Es el hyperimpulsor” – responde Melone.

– “¿Y qué hace?” – pregunta ella.

Lady Gladyola hace guardia, apoyada en la pared del establo, sin quitarle el ojo de encima a la Princesa.

Melone da un martillazo, que cerca esta de pillarse el dedo, y se pone de mal humor.

– “¿Por qué no te vas a peinar muñecas, niña?” – protesta el brench.

Gladyola frunce el ceño y se incorpora.

Panzy suspira.

– “El Rey Kadan se ha portado muy bien con vosotros, creo.” – dice ella. – “Puede que vuestro lugar sea el calabozo, con vuestro amigo el tuerto.” – sonríe con picardía. – “¿Debería hablar con mi padre?”

Un forastero le lanza un tornillo a Melon en la cabeza.

– “¡BRENCH IDIOTA!” – lo recrimina. – “¡¿ES QUE QUIERES METERNOS EN OTRO LÍO?!”

– “Tsk…” – Melon se frota el chichón.

Gladyola vuelve a apoyarse en la pared, esbozando una media sonrisa, orgullosa al ver que la princesa puede defenderse sola.

En el calabozo, Dokugan está encerrado en una celda, esposado a la pared con los brazos en alto.

– “¡¡BASTARDOS!!” – protesta el cíclope. – “¡¡SOLTADME!!”

Dokugan desiste, agotado.

En la celda colindante, Torpin está en estasis en un sarcófago metálico con cubierta de cristal que luce el símbolo de la Patrulla Galáctica.

Dos centinelas del Rey custodian cada celada, armados con lanzas.

Desde un balcón del palacio, Karza está mirando la aldea bajo el acantilado. Broly lo acompaña.

– “¿Qué le pasará a mi abuelo?” – pregunta el joven, apenado.

– “Será juzgado.” – responde Broly, que se apoya en la barandilla.

– “¿Va a morir?” – insiste Karza.

– “El Rey Kadan tiene la palabra. Es su jurisdicción.” – responde el patrullero. – “No sé si Erezúant tiene los recursos para mantenerlo encerrado. Eso puede ser un problema.”

– “¿Y qué me pasará a mí?” – pregunta con miedo el muchacho.

Broly mira al suelo, pensativo.

– “Puedes intentar convencer al Su Majestad de que todo fue culpa de Torpin. Apelar al corazón del Rey.” – sugiere el patrullero. – “Explicar que tú no puedes controlar tu poder; que solo querías proteger a tu abuelo.”

– “¿Eso serviría de algo?” – pregunta Karza.

– “¿Me preguntas si podría librarte de un peor castigo? Es posible.” – dice Broly. – “¿Te ayudará a dormir mejor por las noches? No lo creo.”

Karza se cubre el rostro con las manos, avergonzado. Lágrimas en sus ojos.

– “Creo que… mi muerte sería lo mejor para todos…” – sufre el joven.

Broly esboza una media sonrisa, sintiéndose reflejado en el muchacho.

– “La gente que queremos, a veces puede guiarnos por caminos equivocados.” – comparte su experiencia el saiyajín.

– “¿Por qué…?” – pregunta el joven.

– “A veces, creen que están en lo cierto.” – responde Broly. – “Otras, simplemente no quieren caminar solos.”

Karza se limpia las lágrimas con el antebrazo. Broly coloca la mano sobre el hombro del chico.

– “Pero ahora, tú puedes decidir.” – dice el patrullero. – “No estás solo; pero es tu camino.”

El muchacho asiente repetidas veces, intentando convencerse de que debe hacer lo correcto.

En la plaza del pueblo, un centenar de soldados, con la ayuda de Oxyedas, arrastran el cadáver del tragacielos por las calles a modo de procesión, exhibiendo la victoria a su gente.

Los aldeanos observan incrédulos a la bestia. Los más jóvenes creían que esa criatura era solo una leyenda. Los más ancianos hacía siglos que no habían visto a uno en otro lugar que no fuera en sus pesadillas.

En una sala del palacio, Tarble sigue hablando por radio, con Hybis ocupándose de mantener la señal, trasteando los comandos de la antena parabólica.

– “¡Toda una aventura…!” – dice la patrullera, asombrada con el informe resumido que le ha hecho Tarble.

– “Y nosotros no estábamos…” – refunfuña Gohan. 

– “Dokugan no nos ha dado nada.” – suspira Tarble. – “Pero parece que el mestizo saiyajín está de nuestro lado.”

– “Pobre chico…” – murmura Cheelai, como madre, mirando de reojo a su hijo.

– “Al parecer, el ladrón que buscamos habló con el viejo saiyajín antes de llegar al asentamiento de bandidos.” – dice el patrullero. – “Creemos que consiguió una nave, así que debemos asumir que ha abandonado Erezúant.”

– “¿Sabemos a dónde ha podido ir?” – pregunta Cheelai.

– “Aún no lo sabemos.” – responde Tarble. – “Ha tenido tiempo de escapar a otro sistema.” – lamenta. – “A menos que el cíclope decida colaborar, será casi imposible encontrarlo.”

En el calabozo, Sambuco recorre el pasillo con las manos en la espalda hasta llegar a la celda de Dokugan.

Los guardias empuñan sus lanzas, apuntando al inesperado visitante.

– “¡ALTO!” – exclama uno.

– “¡¿A dónde te crees que vas, anciano?!” – pregunta el otro.

El cíclope abre su ojo al oír el alboroto.

Sambuco sonríe amablemente.

– “¿Os importaría abrir la celda y dejarnos a solas?”” – pregunta el viejo.

Sin mediar palabra, los solados bajan sus armas, como en un extraño trance. Abre la celda del cíclope y se marchan.

Dokugan, confuso, observa al anciano entrar en su celda.

– “¿Quién eres tú?” – se pregunta el cíclope. – “¿Qué quieres de mí, viejo?”

Sambuco no pierde su gesto amable.

– “Solo información.” – responde el anciano.

Sambuco se acerca al cíclope en silencio y extiende su mano hacia él.

– “¿Qué haces…?” – intenta apartarse Dokugan, asustado. – “¡No te acerques! ¡NO ME TOQUES! ¡AYUDA! ¡AAH!”

Tarble sigue hablando con Cheelai.

– “Estaremos ahí en unos días.” – calcula ella, tecleando en su panel de comandos.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Aunque si todo va bien, no necesitaremos vuestros refuerzos. Lamento haberos hecho venir hasta aquí.”

– “Yo también lo lamento.” – protesta Gohan. – “Qué aburrimiento.” – suspira.

– “Shht.” – lo calla Cheelai. – “No pasa nada.” – le responde a Tarble. – “Es nuestro deber.” – añade mirando de reojo a su hijo.

– “Gracias.” – responde el saiyajín.

– “Es un placer recibirlos.” – se escucha a Hybis. – “Ella puede quedarse en mi casa.”

– “Shht.” – lo calla Tarble.


En ese instante, Lady Gladyola entra en la sala.

– “Siento interrumpiros.” – dice la guerrera. – “Pero tenemos una confesión de Dokugan.”

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Tarble.

– “Glorio ha huido al Planeta Razan.” – revela Gladyola.

Interferencias la radio de Cheelai y Gohan Jr.

– “¿Qué ocurre?” – intenta recuperar la señal tecleando en la mesa de comandos. – “¿Se ha cortado?”

– “¿Otra vez?” – resopla el chico.

– “Vaya…” – se cruza de brazos la brench, frustrada.

En el centro de mando fronterizo del Imperio, Peral apaga su centralita. Está sudando, asustado.

– “Buen trabajo.” – dice una voz detrás de él.

Peral agacha la cabeza, apenado.

Una gran mano roja se coloca sobre el hombro del aterrado soldado.

– “Planeta Razan.” – repite la voz.

DBSNL // Capítulo 385: Tragacielos

DBSNL // Capítulo 385: Tragacielos

“Pondremos esas historias a prueba.”

En el taller del cíclope, disimuladamente, éste ha activado un dispositivo oculto bajo su tabardo.

Un potente chirrido ultrasónico ha sido emitido por unos altavoces ocultos en el tejado de la chabola, sin que nuestros amigos lo noten.

El sonido ha llegado hasta lo más profundo del Valle de los Sordos, donde algo ha respondido al reclamo con un grito estremecedor.

De repente, una potente ráfaga de aire se cuela en la cueva donde reposaban Broly y los demás.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se sorprende Panzy.

Un chirrido es la respuesta.

El rostro de Sambuco se desfigura con horror.

La calma regresa tras un instante.

Hybis entra en la cueva, inexpresivo y en silencio, pero algo lo ha dejado blanco.

– “¿Qué ha pasado…?” – se pregunta Broly.

En el taller, Gladyola agarra al vendedor y lo levanta del suelo agarrándolo por el tabardo.

– “¡Dinos para quién trabajas!” – le dice ella, inquisitiva. – “El Rey Kadan no tiene tanta paciencia como la Patrulla Galáctica. ¡Responde!”

– “¡No sé nada! ¡De verdad!” – exclama el cíclope. – “¡Llévense la nave, si la quieren!”

Tarble suspira.

– “No hablará…” – lamenta el saiyajín.

– “En el castillo del Rey hay gente muy persuasiva.” – sonríe la guerrera, en tono de amenaza.

– “Aah…” – sufre el cíclope, asustado.

De repente, un estruendoso vendaval sacude la chabola. Retumban las placas de metal que la constituyen.

– “¡¿AH?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Aquí hay tifones?!”

Gladyola deja caer al cíclope al suelo y agarra su espadón, lista para desenvainar si fuera necesario.


El suelo tiempla; una fuerte pero breve sacudida.

– “¿Qué demonios…?” – se preocupa Tarble.

Una sombra en movimiento se cuela a través de una rendija en la pared de la chabola.

El rostro de Gladyola refleja el horror.

El cíclope sonríe con chulería.

– “Estáis muertos.” – sentencia. – “¡JAJAJA!” – ríe con prepotencia.

Un grito de Oxyedas los alerta.

– “¡¡UN TRAGACIELOS!!” – exclama.

Pero es demasiado tarde. Las fauces de una bestia atrapan la chabola y la tritura.

Gladyola y Tarble logran salir de allí de un salto, en el útlimo momento.

El dragón levanta la cabeza hacia el cielo para tragar.

La bestia dragontina es gigantesca, alada y solo con dos extremidades delanteras; el resto de su cuerpo es parecido al de una serpiente. Ojos amarillos. Su piel es verde oscuro, dura y escamosa. Su cabeza es reptiliana, con mandíbula prominente, con tres pinchos anaranjados a cada lado a juego con sus dos grandes cuernos en la cabeza y un tercero sobre su nariz. Su espalda la recorren espinas triangulares del mismo color, desde la cabeza hasta la cola. Sus alas son inmensas. 

Con cada sacudida de su cola y batir de sus alas, varias chabolas y tiendas salen volando por los aires.

Tarble se agarra el pecho, con el corazón acelerado.

– “Eso ha estado cerca…” – suspira aliviado.

Gladyola desenvaina su espadón.

– “Maldita sea…” – aprieta los dientes, agarrando el arma más fuerte.

Oxyedas, que parece minúsculo al lado de tal monstruo, retrocede cautelosamente.

Tarble mira a su alrededor.

– “¿Y el tipo de la tienda?” – pregunta el saiyajín.

Gladyola niega.

Tarble se lleva las manos a la cabeza, devastado.

– “Era nuestra única pista…” – lamenta.

La bestia ruge. Un grito ensordecedor que hace que todos se cubran los oídos.

El tragacielos se fija en Gladyola.

– “Tsk…” – se preocupa ella.

El dragón intenta pisarla con su enorme garra.

La guerrera desenfunda su pistola y dispara a discreción, pero disparos láser rojos no parece que causen ningún daño al monstruo.

Tarble se abalanza sobre Gladyola y la aparta a tiempo.

El pisotón retumba por todo el asentamiento.

La gente huye despavorida.

Oxyedas agarra una gran roca del suelo y carga contra la pata de la bestia para golpearla con todas sus fuerzas.

Pero el dragón no parece inmutarse.

Con esa misma garra, sacude a Oxyedas, que sale volando por los aires, para caer a varias calles de distancia sobre una tienda de campaña.

Tarble se preocupa por el minotauro.

– “¡¿Qué hacemos?!” – le pregunta a Gladyola. – “¡¿Este bicho no tiene un punto débil o algo así?!”

Gladyola agarra con fuerza su arma. Una gota de sudor frío recorre su sien.

– “Se dice que su mero grito es capaz de hacerte enloquecer.” – responde ella. – “¿Qué se puede hacer contra algo así? Nadie ha sobrevivido.”

Tarble aprieta los puños. Su aura estalla en dorado, transformándose en Súper Saiyajín.

– “Pondremos esas historias a prueba.” – esboza una media sonrisa, intentando sobreponerse al miedo.

El saiyajín se eleva a toda velocidad.

El tragacielos ve el brillo de Tarble ascendiendo y lo sigue con la mirada.

– “GRRUFFFF…” – resopla por la bestia por la nariz.

Tarble lanza una esfera de energía al dragón, pero el ataque impacta sobre las escamas de su nariz, haciendo que el ataque se divida en una docena de esferas menos que se desvanecen rápidamente.

– “¡¿NADA?!” – se sorprende.

Tarble observa el asentamiento arrasado por la llegada de la criatura.

– “Tengo que alejarlo de aquí…” – piensa el saiyajín.

El patrullero reaviva su aura y sale volando.

El dragón abre sus gigantescas alas y las bate, provocando una ventisca violenta que arranca docenas de tiendas y chabolas, y se dispone a seguir a Tarble.

El saiyajín se aleja del asentamiento y el tragacielos lo persigue.

Tarble parece contento con su ventaja, pero solo con dos aleteos la bestia recorta la distancia.

El patrullero lo mira de reojo.

– “¡¿Cómo puede ser tan rápido con lo grande que es?!” – se pregunta. – “Si sigo así, solo voy a cansarme… ¡Cada vez que bate las alas está más cerca!”

Tarble se detiene en el aire.

– “Veamos de qué eres capaz…” – lo espera.

El dragón abre sus fauces y se abalanza sobre él.

El saiyajín hace un sprint lateral, evadiendo el mordisco.

El tragacielos se pasa de largo, y tiene que frenarse para poder darse la vuelta.

– “Eso te cuesta un poco más, ¿eh?” – sonríe Tarble.

El dragón vuelve a embestir al saiyajín.

Tarble lo evade de nuevo y se eleva a toda velocidad.

– “¡ESTOY AQUÍ!” – le dispara un blast de energía para llamar su atención.

El blast le da en la cabeza, pero se disuelve en varios ataques menores que llueven sobre el desierto de Erezúant.

Tarble aprovecha que el tragacielos necesita tiempo para cambiar su rumbo para tomar distancia.

– “Aquí estoy…” – gruñe el saiyajín. – “¡¡DOUBLE RIOT JAVELIN!!” – prepara una esfera de energía azul en cada mano. – “¡¡HAAAA!!” – dispara a la vez.

Las dos esferas de ki se unen durante su caída y chocan directamente contra el morro del dragón.

Pero las escamas disipan el ataque de nuevo, sin importar la potencia del ataque.

– “¡¿QUÉ?!” – se preocupa Tarble.

El ataque se ha convirtido en una lluvia de ki que cae sobre el desierto, provocando un centenar de explosiones.

El dragón abre su enorme boca, dispuesto a devorar al patrullero.

Tarble había puesto todas sus expectativas en ese ataque, y ahora es demasiado tarde para reaccionar. Las fauces se abren frente al saiyajín.

Pero justo cuando su destino parecía sellado, el tragacielos cierra su boca a tan solo un metro de distancia de Tarble.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el saiyajín.

Broly, con su cabello verde y su aura viva, está sujetando la cola del monstruo.

– “Tsk…” – se esfuerza el saiyajín.

– “¡BROLY!” – se alegra Tarble.

Broly tira del dragón con todas sus fuerzas.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el patrullero.

El saiyajín lanza al dragón contra el suelo.

La caída crea un enorme cráter y hace temblar el suelo en toda la región.

Broly apunta al dragón con su mano derecha y le lanza una esfera concentrada de ki verde.

Cuando el tragacielos empieza a levantarse, el ataque cae sobre su espalda, pero solo se divide en esferas menores que se escurren por su espalda como si fueran gotas de agua e impactan contra el suelo, levantando una gran polvareda.

– “¿Eh?” – Broly parece confundido.

– “¡Eso no funciona!” – advierte Tarble.

Broly le apunta de nuevo.

– “¿En serio?” – se sorprende, con cierta emoción. – “Pero tiene que tener un límite.” – sonríe mientras materializa una nueva esfera de ki.

– “¡ESPERA! ¡ESPERA!” – lo detiene su compañero, poniéndose delante de él.

– “¿Qué ocurre?” – se extraña Broly.

– “Si no tienes cuidado, podrías causar daños graves al planeta.” – advierte Tarble. – “No queremos causar un conflicto diplomático… Además, se ha tragado a nuestro sospechoso.”

– “Vaya…” – se cruza de brazos Broly, un poco frustrado por no poder divertirse.

El dragón ruge. Broly y Tarble tiene que taparse los oídos.

– “¡¿Y QUÉ HACEMOS?!” – pregunta Broly, medio sordo.

Tarble no responde. Observa al enemigo mientras piensa en una solución.

El grito cesa.

Los saiyajín sacuden la cabeza, intentando recuperar la cordura.

– “¿Alguna idea?” – insiste Broly.

Tarble esboza una media sonrisa tintada con cierta ironía.

– “Tenemos que recuperar a nuestro testigo.” – responde el saiyajín.

– “¿Qué?” – se extraña Broly.

Tarble se lanza en picado sobre el dragón.

– “¡¡TARBLE!!” – se preocupa Broly.

El saiyajín lanza dos ataques de energía mientras desciende, llamando la atención del enemigo.

– “Vamos…” – aprieta los dientes. – “¡¡VAMOS!!”

El tragacielos abre su enorme boca. 

El saiyajín desaparece en las fauces del dragón.

Broly se tapa el rostro con la mano, sin dejar de mirar.

– “¿Qué demonios hace…?” – se preocupa por su compañero.

El dragón ruge de nuevo.

– “Maldita sea…” – sufre Broly de nuevo.

El tragacielos empieza a batir sus alas y pronto sale volando en dirección al asentamiento bandido.

Broly tarda un poco en recuperar la compostura, pero sale volando tras él.

El saiyajín lo alcanza rápidamente y se lanza sobre su hocico con los pies por delante.

El impacto retumba en todo el planeta.

El tragacielo es derribado, pero amortigua su caída abriendo sus alas, logrando aterrizar sin estrellarse.

– “Es realmente resistente…” – piensa Broly.

Broly aterriza frente a él.

– “Si al menos puedo distraerlo…” – aviva su aura, llamando la atención de la bestia.

El saiyajín lanza una ráfaga de ki.  Los ataques se disipan al impactar contra las escamas del dragón.

El tragacielos embiste a Broly e intenta aplastarlo con su garra, pero el saiyajín la detiene con sus manos.

– “Tsk…” – aguanta el patrullero.

El suelo se resquebraja bajo sus pies.

Desde una colina cercana al asentamiento, Gladyola observa impotente el enfrentamiento, lejos de su alcance.

La boca del dragón se ilumina.

Broly puede sentir el aumento en el ki de su compañero.

El tragacielos empieza a toser y carraspear, molesto, y retrocede.

Broly lo mira con una sonrisa.

La bestia parece tener arcadas.

De repente, Tarble sale volando de las fauces de la bestia y se estrella contra el suelo.

El saiyajín tiene agarrado del brazo al cíclope, que sigue vivo, pero está inconsciente, magullado por los escombros de la chabola que colapsó sobre él.

Broly se alegra de ver a su compañero con vida y se acerca a él rápidamente.

Tarble y el vendedor están llenos de babas.

– “¿Estás bien?” – intenta ayudarlo a levantarse, pero enseguida se arrepiente al quedar su mano llena ese líquido viscoso.

Tarble se pone en pie e intenta limpiarse un poco, sin mucho éxito.

El dragón sigue sacudiendo la cabeza, molesto.

Broly se limpia la mano en su pantalón.

– “Eso ha sido muy imprudente…” – recrimina a su compañero.

Tarble aviva su aura de Súper Saiyajín, repeliendo y evaporando parte de las babas que lo cubren.

– “Cuando la bestia ha rugido, me había parecido sentir su ki.” – dice el saiyajín, mirando al vendedor. – “Seguía con vida.”

– “Aun así…” – protesta Broly.

– “Además, ahora sé su punto débil.” – aprieta el puño con decisión.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly.

– “Podemos hacerle daño desde dentro.” – sonríe Tarble.

La bestia ruge de nuevo. Los saiyajín se tapan las orejas, con mueca de dolor.

– “¡CREO QUE, SI TRABAJAMOS JUNTOS, PODEMOS APROVECHAR CUANDO…!” – dice Tarble.

Pero cuando Tarble mira a su compañero, éste ya no está.

– “¿Eh?” – lo busca.

Broly ha volado hasta la boca del tragacielos, y ya prepara un orbe de energía verde en su mano derecha, pequeño pero muy brillante.

El disparo es directo y certero; al fondo de la garganta del tragacielos.

El estallido provoca que una gran humareda emerja de su boca.

La bestia cae redonda al suelo, provocando un temblor con el golpe.

Tarble se queda boquiabierto.

Desde la colina, Gladyola observa la muerte de la bestia con ojos abiertos como platos.

Oxyedas, magullado, se acerca a la guerrera, y se queda a su lado con la misma cara de asombro al ver que el tragacielos ha caído.