DBSNL // Capítulo 392: Secretos
“¿Qué pueden esconder ahí?”
En la Tierra, Ub ha evitado el ataque de Glorio. El terrícola le ha arrebatado el Agua Ultradivina y ha saltado con ella desde la cima de la Torre de Karín.
Glorio aprieta los dientes, molesto.
Desde el bosque, Piccolo ha visto saltar a Ub.
– “Je.” – sonríe el namekiano.
El muchacho de Isla Papaya aterriza a su lado.
– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta el Ub.
– “No sé mucho más que tú.” – responde Piccolo. – “Pero parece que ese es su objetivo.” – añade mirando a la tetera.
– “El Agua Ultradivina…” – murmura el chico.
Los clones enemigos rodean a los dos guerreros.
– “Así que ya sabes qué hacer.” – sonríe el namekiano.
– “Estoy listo.” – asiente Ub, preparándose para salir volando.
Piccolo pone las manos frente a su rostro.
– “¡TAIYOKEN!” – el namekiano usa la técnica de la escuela Grulla.
Glorio se asoma por la barandilla, a distancia suficiente para que el Taiyoken sea tan solo un pequeño destello.
De su bolsillo saca una pequeña caja de cerillas, con minúsculos agujeros hechos en ella. La cajita vibra ligeramente y un zumbido emana de ella.
Mientras tanto, en Mithra, Cheelai y Gohan Jr investigan las instalaciones, escabulléndose de pasillo en pasillo, de habitación en habitación.
En cada zona de las instalaciones subterráneas se encuentran distintos procesos de ensamblaje de armamento y vehículos de alta tecnología; rifles, lanzacohetes, tanques y naves son solo una pequeña parte de todo lo que está en desarrollo.
– “Es increíble…” – dice Cheelai. – “¿De dónde han sacado toda esta tecnología?”
– “¿Crees que es superior a la Patrulla Galáctica?” – pregunta Gohan.
– “No me cabe duda.” – responde ella, preocupada. – “Y con un ejército tan numeroso… creo que incluso el Imperio tendría problemas para frenarlos.”
– “¿De verdad?” – se sorprende Gohan.
En el despacho del Barón, Degesu mira con desconfianza a Shisami.
– “Si no llegamos a un acuerdo, debo advertirle que las consecuencias pueden no ser de su agrado.” – insiste el representante del Imperio.
Gomah aprieta su bastón con rabia.
– “Señor Degesu…” – dice entre dientes. – “Su falta de respeto…”
El Barón levanta la mano para hacer callar al bufón.
– “Akaburu…” – dice Degesu. – “¿Qué tramas?”
– “Nada, señor.” – responde Shisami. – “Solo intento dejar clara nuestra postura.”
– “No…” – dice Degesu, afilando más su mirada. – “Hay algo más…”
En los pisos inferiores, Gohan y Cheelai llegan hasta el final de un pasillo, donde una gran puerta metálica no se abre pese a usar la llave robada.
– “No funciona…” – dice Cheelai.
– “¿Hará falta otra tarjeta?” – pregunta el chico.
– “Es posible…” – responde ella. – “Esperaba que nuestro amigo tuviera acceso a todo el recinto…”
– “¿Qué pueden esconder ahí?” – se pregunta Gohan, que golpea la puerta con los nudillos, comprobando su grosor.
Shisami da la espalda al ira-aru y camina hacia la enorme cristalera.
– “¡NO DES LA ESPALDA AL BARÓN!” – exclama Gomah. – “¡INSOLENTE!”
– “He estado estudiando las costumbres del Imperio.” – dice Degesu. – “Ha cambiado mucho desde la ausencia de Freezer.”
– “¿Está poniendo en duda la firmeza del señor Cooler?” – responde Shisami, sin dejar de mirar el paisaje.
Una gota de sudor frío recorre la sien del akaburu.
Degesu esboza una pícara media sonrisa.
– “Puedo verlo ahora.” – dice el ira-aru.
– “¿Hmm?” – lo mira Shisami de reojo.
– “Sabes que puedo leerte la mente, así que has intentado dirigir mi atención.” – dice Degesu. – “Me has hecho buscar las intenciones del Imperio…” – se levanta. – “…para que no viera que tus amigos de la Patrulla Galáctica se han infiltrado en mis instalaciones.”
– “¡¿QUÉ?!” – se sobresalta Gomah.
Shisami, al ver que han sido descubiertos, se revuelve rápidamente con la intención de atacar a Degesu, pero éste lo empuja con un cañonazo de ki emitido con su mirada, lanzándolo al exterior, atravesando la cristalera.
– “¡¿Cómo han burlado nuestros sistemas?!” – se pregunta Gomah, en silencio.
– “Con tu tarjeta, idiota.” – refunfuña el Barón.
– “¡¿AH?!” – se asusta el bufón, que instintivamente busca la tarjeta entre sus ropajes. – “Yo…” – hinca la rodilla rápidamente. – “Lo siento… No sabía que…”
Degesu se sienta.
– “Soluciónalo.” – interrumpe a Gomah.
– “Sí… sí, señor.” – responde el bufón con voz temblorosa.
En el exterior, Shisami se recupera tras la caída.
– “Tsk…” – protesta el akaburu.
Gomah se asoma por la cristalera rota.
– “¡¡HA ATACADO AL BARÓN!!” – exclama el bufón. – “¡¡ACABAD CON ÉL!!”
Una docena de soldados armados lo rodea rápidamente.
Shisami, ya en pie, hace crujir su cuello y después sus puños.
En las instalaciones saltan las alarmas, sobresaltando a Cheelai y Gohan.
– “¡Nos han descubierto!” – se preocupa la agente brench.
– “¿Qué hacemos?” – pregunta Gohan.
– “¡Salgamos de aquí!” – exclama ella, arrastrando a su hijo, agarrándolo del brazo.
Pero se escuchan pisadas en su dirección, cada vez más fuertes, que provienen del final del pasillo.
Cheelai se detiene.
– “Maldita sea…” – desenfunda el arma.
Un destello amarillo detrás de ella sorprende a la patrullera.
¡BOOM! Una explosión.
Gohan ha destruido la puerta metálica con un potente blast de ki.
– “¡Por aquí!” – exclama el muchacho.
Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo agarra la cara de un clon y lo estampa contra el suelo, pero en el momento del impacto, éste se divide en dos, que enseguida contraatacan.
El namekiano detiene los golpes sin problemas.
– “Espero que esto sirva para darle tiempo a Ub.” – piensa Piccolo.
Ub corre a través del bosque, con la tetera en brazos.
– “Parece que no me están siguiendo…” – piensa el terrícola. – “Qué extraño…”
El muchacho se detiene y se esconde detrás de un árbol.
En silencio, Ub cierra los ojos y se concentra, intentando percibir la presencia del enemigo entre la naturaleza.
Un pequeño insecto se acerca entre los árboles con un tenue zumbido.
Con un rápido movimiento, Ub lo caza al vuelo y lo estruja en su mano.
El muchacho comprueba de qué se trata.
Espachurrado en su mano, un insecto azul celeste de tan solo unos centímetros, parecido a una mantis, con seis patas, las cuatro traseras son para sostenerse y caminar, y dos delanteras que consisten en dos grandes cuchillas, alas, ojos saltones y dos largas antenas amarillas.
– “Hmm…” – lo observa Ub.
En ese instante, la nave de Glorio aparece sobre él. El ladrón está de pie sobre ella.
– “Te he encontrado.” – sonríe el ladrón, levantando la mano hacia el cielo.
Rayos de ki chispean entre sus dedos.
Ub se da cuenta y se cubre rápidamente.
Una tormenta de rayos cae sobre el bosque, partiendo árboles e incendiándolos, haciendo que muchas aves y animales salvajes salgan huyendo.
Piccolo puede oír el crujido eléctrico en el horizonte.
– “¡UB!” – se preocupa el namekiano.
El resplandor anaranjado del incendio puede adivinarse entre los árboles.
– “¡El Bosque Sagrado!” – aprieta los dientes Piccolo.
En ese instante, el namekiano siente un doloroso pinchazo en el dorso de su mano.
– “Tsk…” – se golpea él mismo, como matando un mosquito.
Pero no hay nada. Solo un pinchazo.
– “¿Qué ha sido eso…?” – se pregunta el namekiano.
El namekiano puede sentir como algo se mueve bajo su piel.
De repente, una enorme hinchazón crece sobre su mano.
– “¡¿AH?!” – se alarma Piccolo.
Mientras el tumor crece, el resto de su brazo empieza a consumirse, viéndose cada vez más demacrado.
Piccolo no duda en agarrarse el brazo y tirar de él con todas sus fuerzas hasta arrancárselo y lanzándolo lejos.
– “Pero, ¿qué…?” – dice el namekiano, entre dientes.
Los clones retroceden lentamente, con miedo en sus ojos, como si reconocieran el horror que están presenciando.
El bulto sigue creciendo en el brazo cercenado hasta que consume la extremidad por completo y estalla con el nacimiento de un insecto como el que atacó a Ub, pero de más de un metro de altura.
– “¿Qué demonios es eso…?” – se pregunta Piccolo.
El insecto abre sus alas y salta sobre uno de los clones, al que asesina clavándole sus cuchillas.
– “¡¡AAH!!” – gritan todos.
La criatura abre su boca, de la que brotan dos mordazas que clava en el clon y lo consume rápidamente.
En Mithra, las alarmas repican en un laboratorio oscuro.
Una mujer ira-aru de cabello blanco largo hacia arriba y tez rosada observa las cámaras de seguridad en su pantalla de ordenador.
– “Han encontrado este lugar.” – suspira, molesta pero tranquila.
La mujer viste elegantes ropajes morados con una larga capa roja.
El laboratorio parece una mezcla de alta tecnología y brujería.
Varios cilindros de metacrilato contienen piedras cristalinas moradas como las que se encuentran en la superficie del planeta, refinadas, talladas en esferas; están suspendidas en el aire con una corriente de energía que emana de los dos extremos del cilindro y brillando intensamente con la energía que las recorre.
A su lado, un gran terrario, con plantas diversas cultivadas en la tierra roja de Razan.
En el fono de la sala, un caldero burbujeante del que emana un vapor oscuro.
La mujer se sienta sobre una de cachimba gigante flotante en forma de escoba, agarra la boquilla y da una profunda calada, que saborea unos instantes antes de echar el humo.
– “Supongo que tendremos que recibirlos.” – sonríe pícaramente.
Una pequeña criatura rosada sin ojos, pero con una enorme boca, con extremidades cortas y una antena en la cabeza, salta sobre su hombro.
– “¡BLAARGH!” – parece reír.
La bruja busca dentro de su sostén y saca un pequeño frasco de cristal en el que hay unas diminutas semillas redondas dentro.
– “¿Probamos el souvenir que nos trajo Glorio?” – sonríe buscando la complicidad de su pequeño secuaz.
– “¡¡BLAAAARGH!!” – responde la criatura.

