El Barón ha recibido a Cheelai y Gohan Jr en su lujoso despacho.
– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”
Cheelai hace una pequeña reverencia de cortesía al Barón y Gohan la imita.
– “Gracias por recibirnos.” – dice ella. – “Estábamos en una misión en este sistema, pero nuestra nave ha sufrido daños y…”
– “¿Qué hacía la Patrulla Galáctica en Razan?” – la interrumpe el ira-aru.
Cheelai levanta las cejas, un poco sorprendida.
– “Misión de reconocimiento.” – afirma la patrullera.
Degesu sonríe.
– “Desconocíamos la existencia de una civilización en este sistema.” – dice Cheelai. – “Nuestro deber ahora es informar al Cuartel General, para que se puedan iniciar contactos diplomáticos.”
– “Contactos diplomáticos.” – repite Degesu con cierto retintín. – “Parece que hoy es el día en que Mithra se abre al Universo.”
El Barón materializa una campanilla en su mano y la hace sonar.
En unos segundos, un pequeño ser vestido con un traje de arlequín negro y amarillo y una capa granate, con la cara blanca con dos marcas rojo bajo sus ojos entra en el despacho.
– “A sus órdenes, Barón.” – se presenta.
Dibujado por Ipocrito
– “Trae a nuestro invitado.” – dice Degesu.
El bufón se marcha con una reverencia.
Cheelai y Gohan se miran de reojo, con clara sospecha.
El bufón regresa acompañado de un gigantón de piel roja y cuernos negros, vestido con armadura imperial.
– “Gracias, Gomah.” – sonríe Degesu. – “Os presento al señor Shisami, Comandante del Imperio.”
– “Shisami…” – repite Cheelai, sorprendida de ver a alguien de tan alto rango en el Imperio en ese lugar.
– “Hmm…” – murmura Shisami.
La tensión es palpable entre la Patrulla Galáctica y el Imperio.
Mientras tanto, en el castillo del Rey Kadan, en Erezúant, Sambuco está apoyado en la barandilla del acantilado con vistas a la aldea, pero con la mirada puesta en el cielo.
Broly se acerca a él y se coloca a su lado.
– “¿Hay algo interesante ahí arriba?” – mira también al cielo.
– “Siempre.” – respondo el anciano.
Broly lo mira de reojo.
– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín.
Sambuco lo mira, risueño.
– “Solo soy un pobre anciano.” – responde el viejo.
– “Je.” – sonríe Broly.
Sambuco se marcha hacia el castillo.
– “Me voy a la taberna.” – levanta la mano para despedirse, sin darse la vuelta. – “Seguro que Peonia me echa de menos. ¡Soy su mejor cliente!”
En Mithra, Gomah ha llevado a los invitados de Degesu hasta una sala presidida por una mesa llena de comida.
Cheelai y Shisami se quedan apoyados cada uno en paredes opuestas de la sala, los dos con los brazos cruzados.
Gohan es el único que se acerca al banquete, hambriento, pero pronto se da cuenta de que todo es comida vegetariana.
El muchacho agarra una verdura asada, parecida a una zanahoria, y la mira con desilusión.
Cheelai y Shisami se miran con desconfianza a través de la sala.
– “¿Qué se le ha perdido al Imperio en un sistema como este?” – se lanza Cheelai.
– “Nada que le importe a la Patrulla Galáctica.” – responde Shisami.
La patrullera frunce el ceño.
Gohan muerde la punta de la zanahoria.
– “No está mal…” – murmura el muchacho. – “Es mejor que las raciones.”
Cheelai resopla, hastiada por la actitud de Shisami.
– “¿Las que hacíais con nuestros satélites?” – protesta el akaburu.
– “Entonces ya sabes a lo que hemos venido.” – dice Cheelai. – “Solo respondemos a una solicitud de ayuda.”
Shisami resopla por la nariz, un poco molesto.
– “Solo estamos investigando.” – revela el akaburu. – “Si la Patrulla Galáctica está expandiendo su zona de influencia, debo hacer un informe.”
El toro mira de reojo a Gomah. El bufón se ha subido a la mesa y hace girar un plato de comida sobre la punta de bastón, ante los aplausos de un entusiasmado Gohan Jr.
– “No esperaba encontrarme una civilización tan avanzada en este sistema.” – dice el akaburu.
– “Parece que toda su infraestructura se concentra alrededor de este edificio.” – confirma Cheelai.
– “Ese ira-aru que se hace llamar Barón amasa todo el poder.” – dice Shisami.
– “Debemos tener cuidado.” – dice Cheelai. – “Estoy seguro de que puede leerte la mente.”
– “Genial.” – refunfuña el akaburu.
Atardecer en Mithra. En su despacho, Degesu observa el paisaje frente a la enorme cristalera con las manos en su espalda.
Gomah y sea cerca al ira-aru con una reverencia.
– “Barón.” – dice el bufón. – “Nuestros invitados ya están en sus aposentos.”
– “Excelente.” – responde Degesu, sin dejar de mirar por la ventana.
– “¿Supone esto un problema en sus planes, señor?” – pregunta Gomah.
– “Es solo un… inconveniente.” – asiente el ira-aru. – “Que todos sigan trabajando como hasta ahora. Pronto estaremos listos.”
– “Por supuesto.” – responde Gomah con otra reverencia.
El bufón se retira.
– “Gomah.” – lo detiene Degesu.
– “Sí, señor.” – se gira rápidamente.
– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta el Barón.
– “Ha abandonado el planeta.” – revela el bufón. – “Ella le ha encomendado una misión.”
Un instante de silencio que a Gomah se le hace eterno.
– “Entendido.” – responde finalmente el Barón.
En la oscuridad de un laboratorio, una ira-aru fuma de una larga boquilla, con su rostro iluminado solo por las múltiples pantallas de ordenador.
Cheelai sigue descendiendo y pronto salen de la densa capa de nubes. Un inmenso bosque de color granate y tonos violetas aparece frente a ellos, aparentemente cubriendo el planeta por completo.
La nave se posa en el claro, rodeado de frondosos arbustos y árboles altos.
Cheelai y Gohan se apean, vestidos con el uniforme de la patrulla y casco.
– “¿De verdad tenemos que llevar esto?” – protesta Gohan, ajustándose el casco.
– “El aire tiene un alto contenido en azufre.” – dice Cheelai, mirando en su ordenador de pulsera. – “Estaremos más seguros si…”
Un ruido entre los arbustos los alerta. Algo se mueve.
– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Cheelai. – “¿Algún animal?”
Gohan frunce el ceño.
– “Hay alguien cerca…” – advierte el chico.
De repente, un zorro humanoide de pelaje negruzco se presenta frente a ellos. Está cubierto en con una capa de hojas rojizas como las de los arbustos donde se escondía. Sus pupilas son amarillas. Viste un taparrabos de un pelaje corto distinto al propio. Una mano cortada de simio cuelga de una cuerda alrededor de su cintura. Un colgante de madera tallada en forma de cabeza de cabra cuelga de su cuello.
Gohan y Cheelai se ponen en guardia. Ella desenfunda su arma.
El zorro parece desconfiado, pero su actitud no es hostil.
El extraño personaje da un paso hacia nuestros amigos.
– “¡DETENETE!” – lo amenaza ella, apuntándole con su pistola.
Ruido en las copas de los árboles.
– “¿Hay más?” – se pregunta Gohan.
De repente, una docena de criaturas simiescas cae del cielo, rodeando a los patrulleros y al zorro.
Los simios son grandes y musculados, sin cola; tienen un pelaje marrón oscuro y visten con una falda de hojas rojas. Su cabeza esta adornada con una falsa melena hecha de hojas del mismo color. Algunos de ellos lucen colas de zorro atadas en la falda.
Los simios muestran los dientes y se golpean el pecho, furiosos.
Cheelai y Gohan retroceden hacia la nave.
– “Tenemos que salir de aquí…” – susurra ella.
Los simios se abalanzan de repente sobre el zorro, que se escabulle entre los matorrales.
Los gritos de los cazadores son ensordecedores.
– “¡UH! ¡UH! ¡AAH!” – gritan los monos.
Los patrulleros aprovechan el momento para regresar a la nave, pero tres de los monos detienen su persecución y ponen su atención en ellos.
Desde los árboles, otros simios lanzan piedras sobre la nave.
– “¡MAMÁ!” – la apresura Gohan.
Cheelai, sentada a los mandos, hace que la nave se eleve lentamente.
– “¡PONTE EL CINTURÓN!” – responde ella.
Mientras se ponen en marcha, dos simios se lanzan sobre ellos y se agarran a su fuselaje.
Otros lo intentan, pero se quedan cortos en su salto y caen.
La nave sale volando hacia el cielo mientras los simios golpean con rabia el fuselaje y arrancan las partes que consiguen agarrar.
Saltan las alarmas en el interior de la nave.
– “¡NOS VAN A DERRIBAR!” – exclama Cheelai.
Uno de los simios arranca una de las armas defensivas de la nave, que estalla en su mano, haciendo que caiga al vacío.
El otro simio ha encontrado la ventanilla de la compuerta principal y la golpea con fuerza.
Gohan se desabrocha el cinturón y se levanta.
– “¡¿A dónde vas!?” – protesta su madre.
– “¡Abre la compuerta!” – dice Gohan.
– “¡Pero…!” – se preocupa ella.
– “¡ABRELA!” – insiste Gohan.
Cheelai aprieta los dientes, aceptando el riesgo, y aprieta el botón.
El simio se sobresalta al ver que la puerta se abre frente a él.
– “¡¿AH?!” – grita la bestia.
Una luz amarilla sorprende al simio.
– “¡¡MASENKO!!” – dispara Gohan.
El ataque impacta en el pecho del enemigo y lo empuja lejos de la nave.
Cheelai cierra de nuevo la compuerta.
Gohan suspira mientras regresa a su asiento.
Ella sonríe, orgullosa.
– “Buen trabajo.” – lo felicita.
Gohan sonríe al recibir el reconocimiento de su madre.
A medida que se alejan del planeta, pueden ver un gran volcán en la superficie del planeta que se revela lentamente con su rotación, del que emana una gran columna de humo que se extiende por todo el planeta, envolviéndolo.
– “Esa debe ser la fuente del azufre…” – murmura Cheelai.
– “Debía ser un lugar precioso antes de que entrara en erupción…” – dice Gohan.
– “Pero, ¿de verdad la nave que buscamos se dirigía aquí?” – se pregunta ella, confundida.
En ese instante, Gohan se da cuenta de algo. Un pequeño astro rojizo brilla en la oscuridad del espacio, reflejando la luz de la estrella Daeva.
– “¿Qué es eso?” – pregunta el muchacho. – “¿Una luna?”
Cheelai entrecierra los ojos para intentar verlo mejor.
– “Es posible…” – responde ella.
– “¿A lo mejor es allí donde iba?” – se pregunta Gohan.
La nave pone rumbo al satélite.
En el planeta Erezúant, Tarble y Gladyola observan el trabajo de los bandidos. Poco a poco, la nave va recuperando su aspecto original. Panzy aprieta un tornillo con una llave inglesa ante un impaciente Melone.
– “Pronto podréis seguir con la misión.” – dice la guerrera.
– “Recuperaremos vuestro tesoro.” – responde el saiyajín. – “Tenéis mi palabra.”
Ella sonríe.
– “La palabra de un Príncipe.” – dice con cierto retintín. – “Todo un honor.”
– “Yo no… en realidad…” – se excusa él, dispuesto a explicar toda la historia de su planeta.
– “Solo estoy bromeando.” – lo frena ella.
Hybis, comiendo bichos de un cuenco, sin decir nada, se acerca y se mete entre los dos, obligándolos a separarse un poco para dejarlo pasar.
Tarble y Gladyola lo miran un poco desconcertados.
– “¿Hay noticias de Cheelai?” – pregunta el saiyajín. – “¿Has podido hablar con Peral?”
– “No.” – responde Hybis. – “No hay novedades.”
Tarble y Gladyola se miran, sin entender muy bien a qué ha venido su compañero.
En la luna de Razan, la nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el terreno.
El satélite se parece mucho al planeta que orbita; el cielo es anaranjado, con un tono menos enfermo que el de Raza, y el suelo rojizo, con brillantes cristales morados repartidos por su superficie.
El lugar está habitado por seres parecidos a conejos humanoides, que viven en grutas escarbadas en la tierra, cuyas entradas están cerradas con puertas de madera, con pequeñas chimeneas.
Campos de cultivo se extienden alrededor de pequeñas aldeas que constan de varias grutas agrupadas.
Un conejo y su hijo levantan la vista al cielo al oír pasar la nave.
Gohan observa el paisaje por la ventana.
– “Parecen pacíficos.” – dice el muchacho.
A medida que nuestros amigos avanzan, se dan cuenta de que los campos de cultivo son cada vez más extensos y avanzados tecnológicamente, con cosechadoras y drones.
– “Este lugar no tiene nada que ver con Razan…” – piensa el chico.
Los campos se convierten en una urbe de edificios modernos construidos alrededor de una colina llena de grutas escarbadas en ella. Y sobre la montaña se yergue un espectacular edificio.
Cuatro pilares de cristal, frágiles en apariencia, sostienen una estructura gigantesca. Cuatro pirámides invertidas, una sobre cada pilar, recubiertas con un patrón de placas metálicas doradas triangulares que le dan un aspecto frío y, a la vez, casi sagrado. El espacio entre las pirámides invertidas está ocupado por una gran cristalera triangular, pero la luz del sol impide ver lo que hay dentro.
Cheelai rodea el edificio, estudiándolo, cuando se da cuenta de que hay una zona de aterrizaje cerca desde la que ya le están haciendo señales varios agentes locales.
Dos naves locales monoplaza en forma de disco vertical vuelan alrededor de la ciudad, pero parecen tener su atención puesta en nuestros amigos.
Cheelai teclea el código de aterrizaje.
– “No me gusta…” – piensa ella. – “Pero si ahora nos marchamos, será demasiado sospechoso.”
La nave se posa en el suelo con delicadeza. Cheelai y Gohan no tardan en desembarcar.
Dos centinelas conejo los reciben.
– “Bienvenidos, agentes.” – dice uno.
– “¿En qué podemos servirles?” – pregunta el otro.
– “Nuestra nave ha recibido algunos daños mientras inspeccionábamos este sector.” – dice Cheelai, ocultando los verdaderos motivos de su visita. – “Nos gustaría repararla.”
– “Por supuesto.” – asiente el primero. – “Déjenlo en nuestras manos.”
– “Oh, no es necesario…” – responde ella, sorprendida ante la hospitalidad.
El conejo levanta la mano, movilizando a varios operarios de la pista de aterrizaje.
– “Solo necesitamos algunas piezas y herramientas…” – insiste Cheelai.
– “Por favor, síganme.” – la interrumpe el segundo conejo. – “El Barón les está esperado.”
– “¿El Barón?” – levanta una ceja Gohan.
– “¿Nos esperan?” – se pregunta Cheelai.
El conejo guía a los patrulleros hasta el gran edificio, y juntos suben a un ascensor en uno de los cuatro pilares que sostienen tan impresionante infraestructura.
Las puertas se abren. El guardia les ofrece el paso.
Cheelai y Gohan salen del ascensor y se encuentran en el gigantesco despacho del Barón, en la cima de la gran cristalera triangular que pudieron ver desde el exterior.
– “Vaaya…” – alucina Gohan ante tanto lujo y modernidad.
– “No te separes de mí.” – dice Cheelai, desconfiada.
El centinela se queda en la puerta del ascensor.
El Barón sale a recibirlos; un ira-aru de piel rosada y ojos azules, con cabello blanco peinado hacia atrás, vestido con un uniforme casi militar blanco y rojo con detalles dorados, con una gran capa roja, guantes blancos y botas altas negras.
– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”
En la ciudad, Tarble siente la aparición de tan descomunal poder.
– “¡NOS VAMOS!” – exclama, transformándose en Súper Saiyajín.
– “¿Quéééé?” – protesta Hybis, fastidiado.
– “¡No hay tiempo!” – insiste Tarble.
Hybis entra en la casa y desmonta la antena parabólica.
– “¡Vamos, Hybis!” – insiste Tarble.
Hybis no parece tener prisa y la sigue desensamblando cuidadosamente.
– “Estas cosas son delicadas.” – murmura. – “¿Sabes lo que cuesta cada pieza?”
Gladyola, Sambuco y Panzy observan el estallido de luz roja, que tiñe la zona con su color.
– “¿Qué es eso…?” – se pregunta Panzy, poniéndose la mano en el pecho, sintiendo una extraña presión.
– “Yo también puedo sentirlo…” – confiesa Gladyola.
– “Es su energía.” – revela Sambuco. – “Su poder es tan inmenso que podéis percibirlo.”
Torpin, al límite de conservar la consciencia, apoya su cabeza en los escombros.
– “Este planeta… está condenado…” – murmura el saiyajín. – “Lo ha estado desde el principio…”
Broly da un paso hacia el chico.
El mestizo clava sus pupilas rojas en Broly; el gesto enloquecido.
El patrullero se detiene. Siente como si toda la energía salvaje de su adversario se focalizara en él.
Broly aprieta los puños y se agacha ligeramente, preparándose.
– “Je.” – sonríe el patrullero, imbuyéndose de su aura verde.
El poder de Karza estalla de nuevo.
En un parpadeo, aparece delante de Broly, listo para propinarle una patada en la cara.
– “¡¿AH?!” – se sorprende el saiyajín.
¡BAAAM! Broly detiene la patada con su antebrazo en el último momento, pero aun así sale empujado a través del Valle de los Sordos.
Karza sale corriendo a cuatro patas tras él, saltando de un lado a otro a toda velocidad.
Broly rebota contra el suelo, pero intenta recuperar la estabilidad, clavando sus pies en el suelo, dejando un surco en el suelo mientras aguanta el equilibrio hasta detenerse.
El saiyajín se frota el brazo con el que ha detenido el golpe.
– “Impresionante…” – se sorprende Broly. – “¿De dónde saca todo este…?”
Pero antes de que pueda acabar su reflexión, Karza abre su boca y de ella emana un torrente de energía roja que avanza rápidamente hacia Broly y lo engulle por completo.
El poderoso ataque deja un gran socavón a su paso y se pierde en el espacio.
– “¡KYAAAAA!” – grita Karza al cielo, como si celebrara instintivamente su victoria, golpeándose el pecho con el puño derecho.
A medida que se desvanece la polvareda, la figura de Broly puede adivinarse en mitad de toda la destrucción, con sus brazos cruzados frente a su rostro, con sus muñequeras desintegradas, su ropa dañada y la armadura de la patrulla parcialmente destruida.
– “¡¿Kyah?!” – parece sorprendido el mestizo.
Los brazos de Broly están humeantes tras el ataque. El saiyajín los mira, asombrado.
– “¡Jeje!” – sonríe.
Broly aprieta los puños, emocionado.
Karza muestra los colmillos, enrabietado, y carga contra su adversario.
El suelo se resquebraja alrededor de Broly. Su aura verde emite una columna de energía que se pierde en el cielo.
– “¡HAAAAAAAA!” – grita mientras la columna de unos pocos metros aumenta rápidamente su diámetro.
El cielo se tiñe de verde.
Karza no frena su acometida y embiste al muro de energía que sigue progresando, pero sale repelido.
Broly se ha transformado. Su cabello es verde y su musculatura ha aumentado. Su armadura de la patrulla se ha roto por completo.
Broly desgarra la parte superior de su uniforme, ya rasgada por el ataque de Karza, quedando con el torso descubierto.
– “Hacía mucho tiempo que no sentía la necesidad de pelear usando esta forma.” – dice Broly. – “Puedes estar orgu…”
Antes de que pueda acabar la frase, Karza se ha abalanzado sobre él y se prepara para darle una patada… pero Broly la detiene con su antebrazo; esta vez sin dificultad.
– “Eres muy impaciente.” – advierte el saiyajín.
Broly le agarra la pierna y lo levanta por los aires antes de estamparlo de espaldas contra el suelo.
– “¡KYAA!” – grita Karza.
Broly se cruza de brazos, observando al mestizo incrustado en el pavimento.
– “No tienes ningún control sobre esta transformación, ¿es eso?” – le dice el saiyajín.
Karza da una voltereta hacia atrás para levantarse y ganar distancia, y empieza a saltar de un lado a otro alrededor de Broly.
– “Es rápido…” – piensa el saiyajín, siguiéndolo con la mirada.
Karza embiste al patrullero y le intenta dar un puñetazo, pero el saiyajín lo esquiva fácilmente, inclinando su cuerpo hacia un lado.
El mestizo, frustrado, ataca de nuevo. Esta vez Broly detiene el puñetazo con la palma de su mano. La onda expansiva sacude el terreno.
– “¿Se está haciendo más fuerte?” – duda Broly.
Karza retrocede.
– “¡KYAAAAAAH!” – grita de nuevo, como un animal.
Sus manos se iluminan con ki rojo.
Broly frunce el ceño, preparado para responder al ataque.
Pero la luz roja parece sorprender al mismo Karza, que empieza a sacudir sus manos con cierto miedo.
– “¿Eh?” – Broly está confuso. – “¿Qué hace…?”
Con cada sacudida, el ki parece concentrarse cada vez más en las puntas de sus dedos.
– “¿Eeh…?” – alucina el saiyajín.
De repente, en uno de sus aspavientos, el ki de sus dedos se prolonga, dejando una estela tras su movimiento.
– “¡¿UH?!” – se sobresalta Karza.
Una tenebrosa sonrisa se esboza en su rostro.
– “¡KYEH…!” – mira a su contrincante.
– “Oh…” – da un paso atrás el saiyajín.
Karza embiste a Broly y le intenta dar un zarpazo; el saiyajín retrocede y lo evade… pero el ki del mestizo prolonga el zarpazo y alcanza el pecho de Broly, dejándole cuatro cortes humeantes cruzando su pecho en diagonal de izquierda a derecha.
Broly se mira la herida, sorprendido.
– “Tsk…” – protesta el saiyajín. – “Maldita sea… Es más peligroso de lo que creía…”
– “¡KYAAAH! ¡KYAHYAHYA!” – ríe Karza.
Broly aprieta los puños y reaviva su aura.
– “Esto se acabó.” – frunce el ceño.
El saiyajín se abalanza sobre Karza y le propina un puñetazo en la cara que lo lanza a través del valle, y sale volando tras él.
Karza recobra la estabilidad en el aire. Broly prepara su siguiente puñetazo, pero al intentar propinárselo, el mestizo lo evade volando hacia el cielo.
– “¡Es más rápido que antes!” – se sorprende el patrullero.
En el aire, Karza abre su boca y de ella emana un torrente de ki que cae sobre Broly.
Desde el campamento, el ataque puede verse como una columna de ki rojo que se torna en una gran onda expansiva roja que sacude la zona.
Sambuco, Gladyola y Panzy se cubren de la ventisca provocada.
Torpin sonríe.
– “Os lo he advertido… es una bestia…” – murmura el saiyajín.
Panzy lo escucha y lo mira.
La mirada asustada de la princesa se vuelve seria, con el ceño fruncido; indignada.
La muchacha camina decidida hacia el saiyajín
– “¡Princesa!” – se preocupa Gladyola.
Panzy le cruza la cara a Torpin de un guantazo. ¡PLAS!
Silencio.
El saiyajín mira a la muchacha con sorpresa.
– “El chico está peleando por ti…” – dice ella, apretando con rabia los puños. – “¿Es que no te das cuenta?” – con lágrimas en los ojos. – “¡Está preocupado por su abuelo!”
– “Muchacha…” – murmura Sambuco, impresionado.
Torpin tarda unos segundos en reaccionar, y lo hace con una sonrisa que se mofa de la reflexión de la princesa.
– “Estúpida…” – responde el saiyajín. – “Por eso… es una vergüenza…”
– “¿Eh?” – se queda perpleja Panzy.
– “No importa… la fuerza que tenga… siempre será débil…” – sentencia Torpin.
– “¿Acaso…?” – llora Panzy. – “¡¿Es que no tienes corazón?!”
Gladyola, con su espadón sobre el hombro, camina hasta ponerse al lado de la princesa.
– “Para algunos no hay redención posible.” – dice la guerrera. – “Apártese, Princesa.”
Gladyola empuña su arma y la levanta sobre su cabeza, lista para ejecutar al saiyajín.
Torpin sonríe.
– “A esto es a lo que me refiero…” – dice el saiyajín. – “Puedo verlo… en tus ojos…” – le dice a Gladyola. – “Mi muerte no te va a quitar el sueño.”
– “Ni una pizca.” – responde ella.
– “Gladyola…” – sufre Panzy.
La espada desciende sobre Torpin.
¡CLANK!
Tarble ha aterrizado frente a Gladyola y ha detenido el arma con su mano derecha.
-“¡¿EH?!” – se sorprende ella.
La mirada seria del Súper Saiyajín juzga a la guerrera.
Hybis cae del cielo, abrazado al maletín de la antena, y rueda por el suelo hasta quedar bocabajo.
– “¡HYBIS!” – se alegra Panzy.
– “Me ha soltado sin avisar, el muy animal.” – dice Hybis.
– “Lo siento…” – se disculpa Tarble, suavizando su mirada. – “No tenía tiempo.”
– “¿Qué estás haciendo?” – protesta Gladyola.
– “Esta no es la manera.” – responde el saiyajín. – “No es necesario.”
La guerrera da un paso atrás y apoya de nuevo el espadón en su hombro.
– “Tsk…” protesta Gladyola.
Tarble regresa a su estado base.
Torpin escupe al suelo, ofendido.
– “¿Y quién… eres tú…?” – pregunta el moribundo saiyajín, con desprecio.
Pero no tarda en darse cuenta de la cola que ondea el patrullero.
– “Otro saiyajín… tú también…” – se sorprende.
Tarble mira al anciano de arriba abajo.
– “Así que era eso…” – murmura el patrullero.
En la distancia, en el cielo, Broly y Karza intercambian golpes.
El patrullero se protege de los ataques del asalvajado joven y evade los zarpazos a distancia.
Broly parece que está a la defensiva, intentando frenar a Karza.
Los impactos retumban en el cielo.
– “¿Él también es un saiyajín?” – pregunta Tarble, mirando en dirección al combate.
El viejo extiende su mano hacia la cola de Tarble.
– “Sois una vergüenza…” – piensa Torpin. – “Saiyajín… a las órdenes de la Patrulla Galáctica… vasallos del poder… otra vez… ¡Escoria!”
Torpin agarra la cola del patrullero.
– “¿Eh?” – lo mira Tarble, confuso.
– “¡JAJAJA!” – ríe Torpin con las fuerzas que le quedan.
– “¡TARBLE!” – se preocupa Gladyola.
– “¡TE MATARÉ CON MI ÚLTIMO ALIENTO!” – amenaza el saiyajín.
Torpin abre su boca y un orbe de ki amarillo empieza a materializarse en ella.
Pero Tarble se libera fácilmente sacudiendo su cola y le cruza la cara con ella. ¡PLAS!
De la boca ensangrentada del saiyajín cae un diente.
– “Hace mucho tiempo que dejamos atrás ese punto débil.” – responde Tarble.
Tarble mira de nuevo el combate en el cielo.
– “Pero eso significa…” – sonríe con picardía. – “Jeje.”
Tarble se transforma en Súper Saiyajín.
Torpin lo mira con ojos como platos. Confuso.
– “Chico…” – gruñe el viejo. – “¿Quién…? ¿Quién eres…?”
– “Me llamo Tarble.” – responde el saiyajín. – “Hijo de Leek. En tus tiempos, él era un soldado del escuadrón Bardock. Después, el líder de los saiyajín del Planeta Vampa y del Planeta Sadala.”.
– “Así que… ¿eres el hijo del nuevo Rey…?” – pregunta Torpin.
Gladyola se sorprende al oírlo.
– “Hace tiempo que no usamos ese término.” – responde Tarble. – “El Rey Vegeta III, su hijo, Páragus, mi padre… Todos hicieron lo que creían mejor para los saiyajín.” – explica. – “Solo soy el heredero de la voluntad de nuestra gente.”
En el desfiladero del Valle de los Sordos, Broly, envuelto en su aura, pero sin transformarse, cae sobre la espalda del trol que sujetaba el garrote para golpear a Gladyola y lo incrusta en el suelo, partiéndole la espalda.
El brillo de su aura se refleja en los ojos abiertos de Panzy.
Los trols que sujetaban a la guerrera la sueltan para atacar a Broly, pero éste salta por encima de ellos con una pirueta, dejándolos pasar de largo.
Cuando ellos se dan la vuelta, Broly les lanza una esfera de energía verde del tamaño de un puño a cada uno en el abdomen y los empuja a través del desfiladero hasta que estallan.
Sambuco cae de culo al suelo.
– “Ay… ay…” – tiembla el viejo.
Ahora todos los trols gruñen con su atención puesta en el saiyajín.
Gladyola, magullada, se levanta.
– “¿Has estado ocultando tu fuerza?” – pregunta la guerrera, un poco ofendida y celosa.
– “Je” – sonríe Broly.
Panzy observa anonadada al patrullero.
– “Pero, ¿quiénes son estos tipos?” – se pregunta la princesa.
El trol que llevaba el hacha saca un cuerno vacío que llevaba atado en su cinturón y sopla en él para hacerlo sonar. Su bramido retumba en el valle.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Broly.
– “Creo que… han pedido refuerzos…” – titubea Sambuco.
– “Tsk…” – aprieta los dientes el Gladyola. – “Será mejor que salgamos de aquí.”
Broly asiente.
Gladyola agarra a Panzy y carga con ella debajo del brazo, mientras tira de la mano de Sambuco, poniéndolo en pie de un tirón y obligándolo a correr tras ella.
Nuestros amigos pueden oír varios cuernos responder en la distancia.
El saiyajín apunta con su mano derecha a los enemigos. Un orbe de ki verde brilla a su alrededor.
Los trols restantes cargan contra Broly para intentar detener la huida, pero justo en ese instante, la esfera de energía en su mano se deshace en múltiples blast menores que bombardean la zona, golpeando a los trols y todo a su alrededor, incluyendo los muros del desfiladero, que se desmoronan.
Broly y los demás aprovechan la polvareda y el estruendo para escapar.
En la ciudad, Hybis regresa a su casa cargando con una gran olla.
Tarble espera en mitad de la calle, inquieto, mirando al horizonte.
Hybis se pone a su lado, mirando en la misma dirección que el saiyajín, pero no ve nada extraño.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta él.
– “He sentido el ki de Broly.” – responde Tarble. – “Han tenido que pelear.”
Hybis no parece inmutarse y decide entrar en su casa.
– “He traído un caldo de bichos de Peonia.” – dice mientras abre la puerta. – “Le dije que era para tu amigo, para que pusiera los bichos más grandes.”
Tarble suspira.
– “Estarán bien.” – piensa el saiyajín. – “No sé por qué me preocupo.” – sonríe.
En el espacio, Cheelai y Gohan Jr viajan hacia Erezúant.
– “De acuerdo, Lemon.” – dice Cheelai, al comunicador. – “Los recogeremos y nos pondremos en contacto de nuevo, a la espera de instrucciones.”
– “Según nuestro informador, el Rey Kadan tiene un espíritu pacífico.” – informa Lemon. – “Pero ciertas zonas del planeta pueden ser conflictivas.” – reflexiona. – “No podemos tomar decisiones sin tener más información.”
– “Lo entendemos.” – confirma la patrullera. – “Seremos diplomáticos.”
– “Estaría más tranquilo si os acompañara Toppo.” – suspira Lemon.
– “Al final vas a ofenderme…” – refunfuña Cheelai.
– “Buena suerte, chicos.” – responde el jefe.
Finaliza la llamada.
Gohan se cruza de brazos.
– “No confía en nosotros.” – protesta el muchacho.
– “Lemon se preocupa.” – sonríe Cheelai. – “Todos los patrulleros somos su responsabilidad.”
– “Tsk…” – gruñe mientras mira de reojo por la ventana. – “Supongo que sí…” – le cuesta admitir.
El sol se ha puesto en Erezúant. Una noche oscura. La tenue aurora boreal magenta en el cielo.
Sobre una colina, en una cueva, Broly, Gladyola, Panzy y Sambuco han encendido una hoguera.
– “Aquí estaremos bien.” – suspira Gladyola, mientras da la vuelta a una rama prendida, con la intención de avivar el fuego. – “Pasaremos la noche.”
La barriga de Sambuco ruge.
– “¿No tenemos raciones?” – pregunta el viejo.
– “Jaja” – ríe Broly. – “Yo también tengo hambre…”
Los dos miran a Gladyola con ojos de cachorro abandonado.
La guerrera sucumbe y saca un puñado de frutos diminutos y deshidratados de un pequeño bolsillo de su cinturón, detrás de su espalda y se los muestra a los demás.
– “Necesitaremos agua.” – dice ella.
– “¡¿Esa es la cena?!” – se preocupa el saiyajín.
– “¡Excelente!” – celebra el viejo.
Sambuco se levanta.
– “Yo me encargo del agua.” – dice mientras se sacude el polvo del pantalón. – “He visto una zona con vegetación no muy lejos de aquí.”
– “¿Eh?” – se sorprende Broly, al verlo contento ante tal despropósito.
Panzy le lanza una piedra a Broly en la cabeza.
– “¡AY!” – se queja el saiyajín.
– “¡Eso es un manjar!” – protesta la princesa. – “¡UN RESPETO!”
– “Que mal humor…” – refunfuña el saiyajín. – “No digo que no esté bueno… pero parece muy poca cosa…”
La Princesa se levanta, ofendida, y rebusca en su bandolera hasta encontrar una bengala que enciende frotándola contra la pared de la cueva.
– “¿De dónde has sacado eso?” – se sorprende Gladyola.
Broly observa a la princesa alejarse, sin comprender muy bien lo que le ocurre.
– “¿Y el viejo encontrará agua en este lugar?” – pregunta el saiyajín.
– “La niebla que has visto de día, se condensa por la noche.” – responde la Gladyola. – “Es un ciclo muy corto, pero es suficiente para formar charcas en algunas zonas y que crezca vegetación.”
– “Vaaya…” – se sorprende Broly.
En el exterior, Sambuco se adentra en una zona boscosa a los pies de la colina sobre la que se encuentra la cueva en la que se ocultan.
– “Espero tener suerte…” – piensa el viejo, apartando matorrales.
Un extraño ruido animal lo alerta.
– “¡Ah!” – se asusta el anciano.
De nuevo, el mismo llanto animal; mugidos.
Mientras tanto, en la cueva, Panzy sigue avanzando en la oscuridad, iluminada por su bengala casera.
– “Esos patrulleros…” – refunfuña. – “Vienen aquí como si tuvieran a que salvarnos… ¡No los necesitamos!” – patea una piedra con rabia.
La piedra rebota por el suelo y se adentra en lo más oscuro de la gruta.
Un fuerte bufido en el fundo de la cueva.
– “¡¿Ah?!” – se asusta Princesa, deteniéndose al instante.
En el bosque, con cautela, Sambuco sigue avanzando entre los matorrales hasta que atisba el final.
El viejo se detiene.
– “Ooh…” – observa asombrado.
Frente a él, cerca de allí, un grupo de bandidos de distintas razas está sometiendo a un animal parecido a una vaca, de pelaje violeta, cabellera frondosa de color índigo y grandes cuernos.
– “¡Estate quieta!” – exige un bandido, mientras dos más están ayudándole a tirar de una cuerda atada a su cornamenta.
– “¡Se está cansando!” – celebra otro, que con otros tres tiran de un cabo atado una de sus patas traseras.
Sambuco observa como a alrededor de la criatura hay varias parcelas delimitadas por vallas de madera en las que otros animales como ese están aprisionados y, al lado de cada parcela, hay varias lecheras metálicas amontonadas.
– “Pobres criaturas…” – se preocupa el anciano.
Sentados alrededor de la fogata, Broly observa detenidamente uno de los frutos deshidratados que le ha dado Gladyola.
– “¿De verdad que esto llena?” – pregunta el saiyajín.
– “Alimenta a un soldado para una semana.” – asiente ella. – “Solo hay que ponerle agua para revitalizarlo.”
– “¡Qué curioso!” – sonríe Broly. – “Este es un planeta muy interesante… ¡y está lleno de gente fuerte!”
Sambuco entra en la cueva.
– “¡Chicos!” – los llama el anciano, un poco alterado. – “¡Ahí fuera hay…!”
Pero un grito de Panzy los interrumpe.
– “¡KYAAAAAAAAH!” – grita la princesa, aterrada.
– “¡PANZY!” – se levanta Gladyola, empuñando su arma.
Los pasos acelerados de la muchacha retumban en la cueva.
– “¡KYAAH!” – grita de nuevo, saliendo de las sombras y corriendo para ponerse detrás de Gladyola.
– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta ella.
Unas fuertes pisadas hacen retumbar la cueva. Un fuerte bufido en la oscuridad provoca una brisa repentina.
Broly se levanta.
Unos ojos rojos entre las sombras.
Sambuco retrocede lentamente.
– “Creo que… será mejor que nos marchemos…” – sugiere tímidamente.
Un minotauro gigantesco sale de la oscuridad, con pelaje violeta, melena alrededor de los hombros de color índigo y empuñando un arma fabricada a partir de una quijada de toro.
– “¡¡MUUUOOOOH!!” – su mugido retumba en las paredes de la cueva.
Gladyola da un paso al frente, empuñado su espadón, dispuesta a proteger a su princesa.
– “¡ATRÁS, BESTIA! – advierte la guerrera.
– “¡¿OSÁIS ADENTRAROS EN MI MORADA?!” – replica el minotauro, furioso.
El toro levanta su arma y ataca a Gladyola, pero ella bloquea el golpe con su espadón.
– “¡Yo lo detendré!” – dice ella. – “¡Salid de aquí!”
– “¡ES UN MINOTAURO!” – exclama Sambuco. – “¡NO SEAS ESTÚPIDA!”
La espada queda atascada entre dos muelas de la quijada. El minotauro hace un gesto brusco con su arma que desarma a Gladyola; su espadón acaba incrustado en una de las paredes de la cueva.
– “¡GLADYOLA!” – se preocupa Panzy.
La bestia propina una cornada a la guerrera, pero por suerte no logra ensartarla; la levanta del suelo y la estrella contra el techo de la cueva.
Gladyola cae al suelo.
– “¡¿NO TENÉIS SUFICIENTE?!” – protesta el minotauro. – “¡¿AHORA VENÍS A POR MÍ?!”
– “¡Cree que somos bandidos!” – advierte Sambuco.
– “¿Eh?” – se extraña Broly.
Gladyola se levanta dolorida y desenvaina su pistola, como último recurso.
– “¡OS MATARÉ A TODOS!” – grita el minotauro.
Broly camina hacia la bestia, adelantando a Gladyola.
– “¡¿Qué?!” – lo mira ella, confundida.
El minotauro se sorprende al ver al patrullero acercarse a él.
El rostro de Broly es amigable, incluso parece sonreír.
– “¡¿Te burlas de mí, forastero?!” – refunfuña la bestia.
– “No tenemos que pelear.” – dice Broly. – “Solo estamos de paso.”
– “¡¡CÁLLATE!!” – estalla el toro, levantando su arma, listo para atacar al saiyajín.
La mirada de Broly se torna severa. Un estallido de energía verde.
En un parpadeo propina un codazo en el abdomen del minotauro.
Dibujado por Ipocrito
La bestia deja caer su arma y se sujeta el abdomen con ambas manos.
Cae de rodillas al suelo. Retumba la cueva.
– “Ay… ah…” – sufre el minotauro, con su hocico contra el suelo.
Broly muestra su rostro gentil de nuevo y se agacha de cuclillas frente al toro, que lo mira con sorpresa y confusión, incluso con miedo.
– “¿Quién… eres…?” – pregunta el minotauro.
– “No somos tus enemigos.” – sonríe el saiyajín. – “Me llamo Broly.”