DBSNL // Capítulo 409: Parada técnica

DBSNL // Capítulo 409: Parada técnica

“¿Dónde está Ub?”

En el planeta Razan, Pan despierta en un lugar desconocido; una austera cabaña con paredes de madera y barro, y techo de paja, tumbada en el suelo sobre un colchón de paja y tapada con una piel de simio. Un fuerte olor a inciensos llena la vivienda.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta.

La terrícola se pone en pie. Viste su pantalón naranja y sujetador negro sin tirantes. Sus heridas le duelen, pero al tocarlas se da cuenta de que lleva unas grandes hojas ungidas en extraños ungüentos pegadas en la espalda.

– “Pero, ¿qué…?” – se sorprende, un poco asqueada.

Pan abre una puerta de paja y se queda en el umbral. La muchacha se encuentra en mitad de una aldea de zorros de pelaje negruzco vestidos con taparrabos de pelo corto de simio. La mayoría de habitantes hacen su vida con naturalidad, pero puede percibirse cierta tensión en los movimientos de zorros armados con rudimentarias herramientas en la distancia.

– “¿Dónde está Ub?” – se pregunta. – “¡UB!” – exclama.

Uno de los zorros la ve y alerta a los demás.

– “¡KIKIKI!” – exclama el cánido.

Rápidamente, un zorro de mayor envergadura, se acerca a ella. Luce un arma de madera ancha y plana en la espalda con afiladas piedras negras incrustadas a modo de filo alrededor de su hoja. Lleva una cuerda alrededor de su cintura con una mano de simio colgada.

El zorro frena a Pan sin violencia, pero con firmeza, invitándola retroceder y regresar al interior de la cabaña.

– “¿Quién eres?” – pregunta ella. – “¿Dónde estoy?”

Pero no hay respuesta.

Pan regresa al interior de la vivienda y el zorro la sigue, quedándose de pie frente a la puerta.

– “¿No hablas mi idioma?” – pregunta ella. – “Me llamo Pan.” – dice poniéndose la mano sobre el pecho. – “Pan.”

El zorro no dice nada.

Ella afila su mirada, molesta.

– “Tsk…” – protesta, apretando los puños. – “Habéis tratado mis heridas. Entiendo que no sois mis enemigos. Pero si se os ocurre intentar retenerme…”

Pequeñas piedras en la tierra de la cabaña tiemblan a su alrededor y empiezan a levitar.

El zorro levanta las cejas, sorprendido.

Pero en ese instante, alguien toca a la puerta.

Pan se detiene.

El guardián se aparta y un anciano zorro entra en la sala, su pelaje tiene partes blanquecinas alrededor de su hocico y ojos. Está envuelto en una túnica hecha de hojas secas y camina encorvado, apoyándose en un bastón.

– “Ho… Hola…” – saluda el zorro, con dificultad para hablar.

– “¿Eh?” – se sorprende ella. – “Hola…” – levanta la mano con cierta timidez.

El anciano sonríe amablemente y con la mano le indica a Pan que lo siga.

– “¿Y quién eres tú?” – pregunta ella en voz baja.

El anciano abandona de la cabaña.

En la Tierra está anocheciendo. En la Corporación Cápsula, un gato negro y blanco juega en césped del jardín, golpeando algo diminuto con sus patas y saltando de un lado a otro persiguiéndolo.

Bulma, con la bata de laboratorio puesta, se sienta un momento en una hamaca cerca de la piscina, y se toma un café caliente mientras mira el cielo, donde la aurora dejada por Vegeta sigue presente, aunque más tenue cada día que pasa.

El gato sigue jugando, golpeándo y persiguiendo su improvisado juguete hasta la zona adoquinada. El objeto tintinea al rebotar sobre la piedra.

– “¿Eh?” – Bulma levanta la vista de su taza. – “Maru, ¿qué tienes ahí?” – le pregunta al felino.

El gato la ignora, inmerso en su juego, y agarra el diminuto objeto con la boca.

– “¡EH!” – exclama Bulma. – “¡Suéltalo!”

Bulma se levanta y camina hasta él, que al verla venir suelta su juguete se aleja de un salto.

– “¿Con qué estás jugando?” – suspira ella. – “¿No ves que nos vas a dar un disgusto?”

Bulma recoge el objeto. Un tornillo.

– “¿De dónde…?” – cavila ella.

Pero de repente, ata cabos.

– “Oh, no…” – se preocupa. – “¿No será…?”

En una base de la Patrulla Galáctica, Son Goten, Ikose y Pino han tenido que aterrizar de emergencia. Su nave ha sufrido daños, pero ya está siendo recogida en grúa por los técnicos de la Patrulla.

Mientras tanto, los tres viajeros están en un bar local, lleno de individuos alienígenas que parecen pulpos, cada uno con un tono de verde distinto. El Número 16 viste su uniforme de la patrullero. Goten viste su traje de Gran Saiyaman, pero sin casco, e Ikose luce su uniforme Gamma.

– “Planeta Octo.” – dice Goten, leyendo una tableta electrónica en sus manos, de color morado y decorada con el logotipo de Patrulla Galáctica.

Ikose echa un vistazo a su alrededor.

– “Parece adecuado.” – dice con ironía.

Son Goten da un trago a su bebida y sigue leyendo.

– “Aquí dice que el Rey de la Galaxia vive en este planeta.” – dice el hijo de Goku.

– “¿El Rey de la Galaxia?” – se extraña Ikose. – “Yo no había oído hablar de él.”

– “Yo tampoco tengo datos al respecto.” – dice Pino.

– “La Galaxia incluye la Tierra, ¿no?” – cavila Goten.

– “¿Se puede ser Rey de un lugar en el que no te conocen?” – pregunta Ikose.

Goten se da cuenta de que Ikose y el Número 16 no están tomando nada.

– “¿No hay nada que podáis tomar?” – pregunta el mestizo.

– “Estoy bien.” – sonríe Pino.

Ikose suspira.

– “¿Y qué podemos hacer hasta que la nave esté lista?” – pregunta Ikose.

Goten agita la tableta.

– “Esto es muy útil.” – dice el mestizo. – “A ver…” – desliza el dedo sobre la pantalla, buscando.

Un patrullero se acerca su mesa. Es de baja estatura. Su piel es rosada con manchas irregulares verdosas. Su cabeza es redonda, sin cuello, y sus ojos están separados de su cuerpo por dos apéndices musculados que le permiten moverlos independientemente.

– “¿Acostumbrándote al GPad?” – saluda el patrullero.

– “Es fantástico, Bodara.” – sonríe Goten. – “Gracias.”

El patrullero sonríe.

– “He hablado con los mecánicos.” – les comunica. – “La nave estará lista en unas horas.”

– “¿Unas horas?” – se sorprende gratamente Goten. – “¡Eso no está mal!”

– “¿Cuántas horas?” – pregunta Ikose.

– “Unas cinco o seis horas octanas” – responde Bodara.

– “¿Octanas?” – se extraña Goten.

– “¡Ah!” – se da cuenta Bodara. – “Sois de la Tierra, ¿verdad?”

Goten asiente.

– “Entonces…” – cavila Bodara. – “Espera. Tú eres el que tiene el GPad…” – le indica con el dedo que teclee.

– “¡Ah, claro!” – responde el mestizo. 

Goten teclea rápidamente.

– “¡¿QUÉÉÉÉ?!” – se asusta. – “¡Son casi 48 horas!”

– “Más o menos.” – asiente Bodara. – “Eso si no hay imprevistos con la reparación…”

El hijo de Goku echa la cabeza para atrás y se escurre en la silla, abatido.

En Razan, el anciano zorro ha llevado a Pan hasta una gruta que se abre bajo tierra a los pies de una gigantesca roca. El guardián los escolta. Ella se ha cubierto el torso con un poncho hecho de hojas.

El anciano se adentra primero y Pan lo sigue. El guardián se queda en la entrada.

– “¿Qué hacemos aquí…?” – se pregunta Pan.

El viejo zorro sigue caminando en silencio.

La cueva no está iluminada. Solo la luz de la entrada evita que no esté completamente a oscuras.

El suelo y las paredes de la gruta están cubiertos de tierra húmeda y mohosa. El techo está conformado por la gigantesca piedra. Insectos de todo tipo recorren las paredes y el suelo, escurriéndose entre el fango.

Pan primero los mira con horror, pero traga saliva y decide ignorarlos con tal de descubrir qué trama su anfitrión.

A medida que siguen avanzando, Pan se acostumbra a la oscuridad y puede ver pequeños hongos con luminiscencia azulada en las paredes y en el suelo. 

En el fondo de la cueva se encuentran con dos ancianos más en la cueva, recolectando el fango mohoso del suelo.

– “¿Qué están haciendo?” – se pregunta Pan.

El anciano que la guiaba se detiene.

– “¿Hemos llegado?” – le pregunta Pan. – “¿Qué quieres enseñarme?”

El viejo señala al suelo.

A pocos metros de distancia, Ub está enterrado casi por completo; solo su cara es visible entre el fango.

– “¡UB!” – se asusta Pan.

La muchacha se arrodilla a su lado.

– “¡UB! ¿Estás bien?” – le pregunta.

El chico no responde.

– “Voy a sacarte de aquí.” – dice Pan.

La muchacha empieza a desenterrar a su hombre, pero los ancianos se ponen nerviosos.

– “¡KIKIKI!” – grita uno.

– “¡OOH! ¡OOH!” – grita otro.

El anciano que le hizo de guía se arrodilla frente a ella y le agarra las manos.

– “No.” – dice el viejo. – “No.”

– “¿Qué?” – se extraña ella. – “No voy a dejarlo aquí.”

El viejo llama a uno de los otros, que le acerca un mortero.

El zorro lo agarra y se lo presenta a Pan.

– “¿Qué quieres decirme?” – pregunta ella.

El viejo agarra un poco de la mezcla fangosa y se lo enseña a Pan.

Pan empieza a comprender el mensaje.

Ella se lleva la mano a la espalda, sobre sus heridas.

El anciano asiente.

– “Es medicina.” – dice Pan. – “¿Estáis curando a Ub? ¿Es eso?”

El anciano sonríe amablemente.

Ella suspira aliviada.

– “Me llamo Pan.” – lo intenta de nuevo, colocándose la mano sobre el pecho. – “Pan.” – repite. – “Y él es Ub.” – pone la mano sobre el montón de tierra en el que descansa su marido. – “Ub.”

El viejo cavila durante un instante.

– “Pan.” – señala a la muchacha. – “Ub.” – señala al chico.

– “Eso es.” – asiente ella con una sonrisa.

– “Oztohuah” – se señala a sí mismo.

– “Ozto…” – lo intenta repetir ella.

– “Oztohuah.” – insiste el anciano.

– “Qué complicado.” – pone una mueca ella. – “¿Te sirve Ozto?”

DBSNL // Capítulo 408: Rumbo a lo desconocido

DBSNL // Capítulo 408: Rumbo a lo desconocido

“Han pasado casi 12 horas y no tenemos nada…”

En el espacio, varias naves del Imperio y la Patrulla Galáctica despegaron desde Mithra y Erezúant respectivamente y ahora surcan el sistema planetario intentando rastrear la misteriosa nave que fue detectada abandonado Razan.

En Erezúant, Tarble recibe malas noticias mientras sigue trabajando en el centro de mando temporal. Cheelai está de pie a su lado.

– “Ni rastro de la nave, señor.” – dice un patrullero por radio.

– “Han pasado casi 12 horas y no tenemos nada…” – refunfuña el saiyajín. – “¿Cómo puede haberse esfumado?”

– “Magia.” – responde Cheelai.

– “¿Eh?” –  se extraña Tarble.

– “Así escaparon nuestros enemigos en Mithra.” – continúa la agente brench tras un suspiro. – “No me cabe duda.”

– “¿A qué nos estamos enfrentando?” – se pregunta el patrullero, preocupado.

Cheelai se cruza de brazos, pensativa.

– “Me preocupa la información que llega desde la Tierra.” – revela ella.

Tarble aprieta el puño con rabia.

– “Si de verdad es nuestro hombre, significa que, de alguna forma, nuestros enemigos pueden moverse por todo el Universo sin que podamos hacer nada al respecto.” – refunfuña.

Cheelai agacha la cabeza, preocupada. Una gota de sudor recorre su sien.

En ese momento, Gohan Jr entra en la tienda. Karza lo acompaña y observa curioso desde fuera.

– “¿Interrumpo?” – pregunta Gohan.

– “¿Y si saludamos?” – le responde su madre con retintín.

– “Lo siento.” – se disculpa el muchacho. – “Agente Tarble.” – dice asintiendo.

Tarble sonríe un poco incómodo.

– “Neva… O sea, el señor… ¿Neva-sama?” – se encalla intentando usar el trato correcto. – “Bueno, que quiere hablar con vosotros.” – logra terminar.

– “Por supuesto.” – asiente Tarble.

En el patio del castillo, el anciano namekiano mira al cielo con gesto serio.


En la Tierra, en el jardín de la Corporación Cápsula varios de nuestros amigos embarcan en una nave espacial parecida a la que Son Goku usó para ir a Namek.

– “¿Estáis seguros?” – pregunta Bulma. – “¿No deberíamos esperar a tener más noticias?”

– “Si el tipo que atacó la Torre de Karín también ha atacado ese otro planeta como dice la Patrulla Galáctica, creo que es mejor partir cuanto antes.” – dice Goten, cargando una bolsa de deporte.

– “Pero aún no sabemos dónde podrían esconderse…” – responde Bulma. – “Podrían estar en cualquier lugar del Universo…”

– “Si lo averiguáis, avisadnos.” – dice el hijo de Goku. – “Pero siento que estoy perdiendo el tiempo quedándome aquí de brazos cruzados.”

– “¿Por qué no dejas que Trunks te acompañe?” – insiste Bulma.

– “Ya lo he hablado con él. Su lugar ahora es el laboratorio.” – responde Goten.

Ikose pasa por su lado cargando una mochila.

– “Esto es cosa de héroes.” – dice presumido, mientras sube a la nave.

Bulma lo mira mal, pero decide ignorarlo.

– “Puede que Trunks no esté entrenando tanto como antes… pero sigue siendo un saiyajín.” – protesta a Goten la madre orgullosa.

– “No es eso…” – se excusa el mestizo. – “Pero él ya es útil en otro lugar, no como nosotros… jeje.” – le guiña el ojo. 

El gesto del muchacho despierta cierta nostalgia en Bulma.

El Número 16 sale de la Corporación Cápsula vistiendo su traje de la Patrulla Galáctica.

– “¿Tú también vienes?” – se sorprende Goten.

– “No te preocupes.” – dice Pino con su típica tierna sonrisa. – “No consumo muchos recursos.”

– “Jeje.” – ríe el mestizo.

El androide le quita la bolsa de deporte y camina hacia la nave.

– “¡Eh!” – se da cuenta Goten. – “Pero, ¿quién ayudará a mover la antena?”

El Número 16 señala al tejado.

– “He traído a un sustituto.” – sonríe el androide.

En el tejado, el Número 8 saluda mientras mueve la enorme parabólica. 

En ese momento, Piccolo aterriza en el jardín.

– “¿Vienes a despedirnos?” – le saluda Goten.

– “Os estaré vigilando desde el planeta de los Kaioshin.” – sonríe el namekiano.

– “Eso está bien.” – le devuelve la sonrisa el mestizo. – “Pero le quites el ojo a la Tierra.”

– “Está en buenas manos.” – responde Ikose desde la nave.

En el helado mar al norte que la Meseta de Yuzambito, una plataforma petrolífera está en llamas. Los trabajadores se amontonan en la barandilla de la base, intentando huir de las llamas cuando en el cielo aparece una heroica figura con la capa al viento; Gamma 2 flota en el aire.

El rostro de los trabajadores se ilumina con esperanza.

De repente, una viga de metal se desprende con el calor y se precipita sobre los trabajadores… pero es pateada hacia el mar por la Gran Saiyaman 2.

En la Corporación Cápsula, Bra y Baicha salen al jardín. La hija de Vegeta tiene el abdomen ligeramente abultado.

– “¡Goten!” – lo llama ella.

Son Goten se sobresalta.

Bra camina directa hacia el hijo de Goku e Ikose la sigue. 

– “Asegúrate de traerlos de vuelta.” – dice ella. – “Sobre todo a Pan, que tengo que cantarle las cuarenta. ¿Cómo se atreve a marcharse sin decirme nada?” – refunfuña apretando los puños.

El suelo responde a la muchacha. Trocos pequeños de tierra levitan a su alrededor. Su cabello ondula ligeramente.

– “Tranquila, cielo…” – intenta calmarla Baicha. – “Seguro que… seguro que Pan…” 

– “No te preocupes.” – responde Goten. – “Pan y Ub son un dúo duro de pelar. Incluso es posible que a estas alturas ya hayan rescatado a Goku.”

En el bosque de Razan, Dabra camina entre cadáveres de simio.

Ocultos entre matojos, Ub ha dejado a Pan en el suelo y está arrodillado a su lado, agotado.

Ub respira con dificultad. Su cuerpo tiembla ligeramente por el cansancio y la falta de sueño. La extraña atmósfera del planeta está causando mella.

A la hija de Son Gohan le cuesta mantener los ojos abiertos.

– “Lo siento…” – dice Pan, casi inaudible. – “Lo siento…”

– “Está bien…” – sonríe Ub. – “No te preocupes…”

Ub le agarra la mano.

Al moverle el brazo, Ub se da cuenta de que ella sigue perdiendo sangre.

– “Todo va a ir bien.” – dice el chico de Isla Papaya.

La mano de Ub se ilumina de color anaranjado.

Tras unos segundos, Pan parece sentirse aliviada.

– “Eso es… intenta descansar.” – dice Ub.

Él lucha por mantener los ojos abiertos.

De repente, hay ruido entre los matojos que los rodean.

Ub se sobresalta. Intenta ponerse en pie… pero las fuerzas le fallan y cae de cara al suelo, inconsciente.

DBSNL // Capítulo 407: Un viejo conjuro

DBSNL // Capítulo 407: Un viejo conjuro

“Mátalos.”

El guerrero Preecho, con su brazo cercenado, pero con la herida sellada gracias a su armadura de alta tecnología, camina hacia una malherida Pan.

La muchacha se intenta levantar, agotada por la pérdida de sangre y con su cuerpo destrozado por el uso de un poco refinado Kaioken.

Ub entra en escena deslizándose sobre el suelo, frenando mientras se interpone entre el enemigo y su mujer.

– “Tu…” – murmura Preecho. – “Supongo que has derrotado a Gaki.” – mira de reojo hacia el bosque.

Ub mira a Pan por encima del hombro. Ella no logra levantarse y cae al suelo de nuevo.

– “Sus… alas…” – le advierte ella, con voz débil. – “Cuidado… con sus alas…”

– “Maldición…” – gruñe el terrícola. – “No te lo perdonaré…” – aprieta los puños con rabia. – “¡NO TE LO PERDONARÉ!” – exclama.

El aura roja del Kaioken envuelve su cuerpo con violencia. Su musculatura aumenta y sus vasos sanguíneos resaltan bajo su piel.

Las alas de Preecho se levantan como colas de escorpión.

Pero de repente, Dabra aterriza.

Preecho recula, viéndose superado en número.

Ub se da cuenta de que algo no va bien. El ki del demonio es mucho más oscuro que antes.

– “¿Qué ha…?” – se pregunta el muchacho.

Pero Ub lo entiende todo al percatarse de la “M” dibujada en la frente del diablo.

– “Eso… eso es…” – titubea el terrícola, asustado.

Preecho se da cuenta de que Ub no lo ve como un aliado, y es cuando él se fija en el símbolo de posesión.

– “¿Estás con nosotros?” – parece aliviado.

Dabra mira al guerrero. Sus ojos no tranquilizan a Preecho.

– “Hmm…” – observa el demonio el estado de los tres peleadores.

– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta Preecho. – “¿Tenéis la reliquia?”

– “Tienes mal aspecto.” – responde Dabra.

Preecho mira su brazo cercenado.

– “No importa.” – continúa Dabra. – “Hemos recuperado la esfera.”

– “¿De qué están hablando?” – se pregunta Ub.

La nave de Glorio surca el cielo y se eleva hacia el espacio a toda velocidad.

– “¿Alguien se escapa?” – aprieta los dientes el terrícola.

– “¡EH!” – se preocupa Preecho. – “¡¿Y qué pasa conmigo?!” – protesta.

– “Eres prescindible.” – sentencia Dabra.

– “¡¿Qué?!” – protesta el guerrero.

Ub con miedo en su rostro, mira de reojo a Pan.

– “Maldición… ¿qué puedo hacer?” – se pregunta. – “El ki de Dabra es tan oscuro que nubla mi capacidad para usar el Shunkanido… ¿Puedo agarrarla y escapar hacia el bosque? Está malherida… y desconozco el nuevo límite de Dabra… ¡Maldición!”

Desde la oscuridad de su cueva, la bruja observa la escena reflejada en un barreño de madera vieja.

– “Ji ji ji” – ríe la bruja. – “Un conjuro simple pero efectivo.” – murmura.

Marba acerca su cabeza al agua.

– “Mátalos.” – susurra.

La voz de la bruja hace vibrar la superficie del agua y retumban en la mente de Dabra.

– “Mátalos. Mátalos. Mátalos. Mátalos.” – el susurro de Marba se repite y se superpone, como si la voz fuera llevada por la vibración del agua que rebota en las paredes del barreño igual que en el cráneo del diablo. – “Mátalos. Mátalos. Mátalos.”

Dabra cierra los ojos y muestra los colmillos.

– “Tsk…” – protesta.

Ub se percata del sufrimiento del demonio.

– “¡No tienes que obedecer a nadie!” – exclama el terrícola. – “¡No tienes que…!”

– “¡Cállate!” – le interrumpe Preecho.

Preecho se acerca a Dabra.

– “Ese no era el trato…” – le dice entre dientes. – “¡¿Dónde está mi financiación?!”

Dabra lo ignora.

– ¡Sé que puedes oírme, bruja!” – insiste Preecho.

El diablo le mira con desprecio y responde escupiendo al suelo frente a él.

– “Pero, ¿qué…?” – se ofende del guerrero. – “¿EH?” – siente como sus pies se clavan al suelo.

El pavimento alrededor de Preecho se ha convertido en piedra y la transformación ha llegado hasta sus pies.

– “¡¿AH?!” – se asusta el guerrero, que ve como el cambio asciende por sus piernas. – “¡¿QUÉ ES ESTO?!” – exclama aterrado al ver que llega hasta su cintura. – “¡AAAAH!” – avanza por su torso.

Preecho, en un último acto desesperado, proyecta sus alas hacia Dabra buscando venganza.

Pero la transformación avanza por ellas rápidamente, convirtiéndolas en piedra antes de que puedan alcanzar al diablo.

El horror de Preecho queda inmortalizado en piedra.

Es el momento; una oportunidad para Ub. 

El muchacho pone las manos frente a su rostro. El movimiento rápido llama la atención de Dabra. 

– “¡¡TAIYO-KEN!!” – ciega al demonio con la técnica de la escuela Grulla.

Ub agarra a Pan abrazándola por la cintura y sale volando a toda velocidad hacia el interior del bosque.

Dabra ha sufrido el destello y se frota los ojos mientras espera recuperar su vista.

En Erezúant, Tarble escribe el informe periódico reglamentario, cuando recibe una notificación en su comunicador.

– “Adelante.” – responde el saiyajín.

– “Nos informan desde la base de operaciones de Mithra que han detectado una nave abandonando el planeta Razan.” – le comunican.

– “¿Una nave?” – se extraña Tarble. – “¿Y sabemos algo más?”

– “No, señor.” – responden. – “Han perdido el rastro.”

– “Mantén la comunicación con el Imperio.” – dice el patrullero. – “Hay que encontrar esa nave.”

– “Sí, señor.” – responden.

DBSNL // Capítulo 406: El guardián de la pirámide

DBSNL // Capítulo 406: El guardian de la pirámide

“¿Por qué no dejas de levantarte?”

En el bosque de Razan, Ub, aún aturdido, se recupera tras la explosión causada por el choque de un disparo de aire de Gaki repelido por su propio ki.

– “Maldita será…” – refunfuña mientras se pone en pie entre árboles caídos.

Pero el terrícola pronto se da cuenta de que Gaki ya está hinchando su barriga de nuevo.

– “¡¿Estás de broma?!” – protesta entre dientes Ub.

¡PUH! ¡PUH! ¡PUH! Dispara el lagarto.

Ub usa el Kaioken para evadir los ataques, saltando de lado a lado y por último elevándose hacia el cielo.

El lagarto se prepara para inspirar de nuevo.

Ub afina su mirada, viendo una oportunidad.

– “¡Trágate esto!” – se prepara para lanzar la técnica de la escuela Tortuga. – “¡¡KAMEHAME…!!” – dispara – “¡¡HAAAAAA!!”

El lagarto ni se inmuta. La fuerza de su inhalación atrae el Kamehameha hasta su boca y se lo traga como si nada.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Ub.

Gaki sopla. La técnica de Ub parece haberse mezclado con el aire en el estómago del lagarto y sale de su boca como un torrente de energía bruta e inestable que destruye todo a su paso.

– “¡AH!” – se asusta el terrícola antes de ser engullido por el torbellino de energía.

El lagarto sonríe, viéndose vencedor.

Pero Ub aparece detrás de él gracias al Shunkanido, con su cuerpo humeante.

Gaki se revuelve y se abalanza sobre él.

– “¡PAPEL!” – exclama Ub, interceptándolo con un guantazo con la mano derecha. – “¡TIJERAS!” – le mete los dedos índice y corazón de su mano izquierda en la nariz y tira con fuerza hacia él mientras prepara su puño derecho. – “¡¡PIEDRA!!” – lo golpea en la frente, lanzándolo lejos.


Ub está cansado. Lentamente recupera su respiración normal.

Gaki no tarda en levantarse torpemente.

Ub suspira.

– “¿Por qué no dejas de levantarte?” – murmura el muchacho.

Mientras tanto, Pan retrocede ante los ataques de Preecho, cuyas alas se han convertido en dos cuchillas afiladas extensibles que a modo de tentáculos intentan cortar a la hija de Son Gohan.

La muchacha cada vez está más agobiada por los rápidos y peligrosos movimientos de su enemigo.

– “¡¡TAIYO-KEN!!” – exclama ella, colocándose los manos frente a su rostro y utilizando la técnica de la escuela Grulla.

Pan cree haber cegado a su enemigo y aprovecha el momento para retroceder y recuperar una distancia prudente con su contrincante… pero antes de que pueda hacerlo, una de las cuchillas se extiende directamente hacia ella.

Pan, sorprendida, inclina su cuerpo hacia un lado, dejando pasar el ataque de largo, pero la chuchilla se revuelve y se clava en su espalda, en el lado izquierdo.

– “¡Aaagh…!” – escupe sangre ella.

Una visera negra ha aparecido en la máscara de Preecho, protegiendo sus ojos.

– “Tsk…” – sufre Pan.

– “Mi tecnología me aporta todo tipo de recursos.” – confiesa el guerrero.

La cuchilla empuja a Pan acercándola a Preecho, que la agarra del cuello con una mano. Pan le agarra el brazo, intentando liberarse.

– “Es impresionante que no te haya atravesado.” – dice el guerrero. – “Debes estar hecha de una pasta especial.” – retuerce la cuchilla.

– “¡KYAAAH!” – grita Pan.

Preecho agarra el cuello de Pan con las dos manos y lo aprieta, ahogando su grito.

– “No tendré piedad ante los enemigos de la cigarra.” – recita antes de clavar su otra cuchilla en la espalda de Pan.

– “¡Ggghaa…!” – sufre ella, y pierde su transformación de Súper Saiyajín.

En el interior de la pirámide, el guardián de piedra ataca a Dabra, Glorio y Kuro.

El gato hace que la cabeza de su bastón se prenda con fuego azul, y lo hace girar rápidamente, disparando así una ráfaga de llamas, pero éstas no parecen inmutar al enemigo.

Dabra apunta al enemigo con su mano derecha e invoca una bola de fuego que proyecta hacia el gólem. El impacto parece frenarlo un momento, pero nada más.

El guardián intenta aplastarlos con la mano, pero Glorio y Dabra evaden el ataque de un salto, mientras Kuro agarra su bastón con la boca y salta como un gato asustado, rebotando en las paredes para alejarse del peligro.

Glorio vuela por encima del enemigo y le apunta con sus manos para liberar una tormenta eléctrica que también fracasa en su intento de dañar al gólem; los rayos solo le causan unos pequeños arañazos en la espalda.

La cabeza del gólem se gira 180 grados, sorprendiendo al pistolero, y su ojo empieza a brillar con un color rojo intenso hasta que dispara un poderoso torrente de energía que parece un láser.

El ataque atraviesa las paredes de la pirámide hasta salir al exterior y perderse en el cielo.

En el bosque, Ub y Gaki escuchan el estallido. Piedras de la pirámide saltan por los aires y la luz roja ilumina el cielo.

Preecho, mucho más cerca de la explosión, se voltea sobresaltado, soltando una mano del cuello de Pan.

Varias rocas se precipitan sobre él, obligándolo a liberar sus cuchillas y utilizarlas para protegerse del derrumbe, destruyendo las piedras que caen sobre ellos.

Pan aprieta los dientes e intenta transformarse de nuevo. Sus ojos se tornan verdes, pero su cabello solo se eriza ligeramente, con pequeños destellos de luz dorada recorriéndolo brevemente. Una tenue aura envuelve su cuerpo.

– “Es inútil.” – le advierte Preecho.

El guerrero acerca su mano lentamente de nuevo al cuello de Pan para terminar el trabajo.

Ella lucha con todas las fuerzas que le quedan para liberarse, pero parece imposible.

Pan coloca un pie en el pecho de su enemigo, pero se resbala. Lo intenta de nuevo, esta vez con éxito, pero parece no poder hacer la fuerza suficiente para que sea de ayuda.

Pan aprieta los dientes. Sus heridas en la espalda sangran más. Sus músculos se tensan.

– “Gggghka…” – intenta hablar.

La mano de Preecho está cada vez más cerca de su cuello.

– “Gggghkai…” – sufre Pan. – “Ggh… Kaio… ken…”

El aura roja violenta de la técnica del Kaio del Norte envuelve a Pan y sus fuerzas se multiplican exponencialmente durante un instante.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Preecho.

Pan tira con todas sus fuerzas, agarrando el brazo de su enemigo y empujando con su pierna.

– “¡GRAAAAAH!” – grita ella.

La nieta de Goku le arranca el brazo a Preecho y sale propulsada a varios metros de distancia, cayendo al suelo, perdiendo su aura roja y deslizándose varios metros más con la inercia.

– “¡AAAAAAAH!” – grita el seguidor de Cell.

Pan intenta levantarse, pero pierde el conocimiento, derrumbándose.

Preecho se arranca una de sus hombreras, hecha con el mismo material que sus alas, y la coloca sobre su herida. La hombrera cambia de forma, envolviendo la herida y sellándola.

– “Maldita sea…” – gruñe el guerrero.

Pan recupera el conocimiento. Escupe sangre.

En la pirámide, Kuro escala hasta el hombro del gigante.

– “¡ESCUCHA, BESTIA IDIOTA!” – le grita. – “¡¡OBEDECE, EN NOMBRE DEL MAESTRO!! ¡PUES TODOS SOMOS UNA HOJA DEL ÁRBOL DE SU VOLUNTAD!”

El gigante gira su cabeza y mira directamente a Kuro.

– “Eso es…” – sonríe el gato. – “¡¡OBEDECE!!” – insiste.

El ojo brilla intensamente.

– “¿Eh?” – se sorprende Kuro.

El láser del gigante engulle al felino y hace estallar una pared del foso en el que se encuentran peleando.

La pirámide acelera su derrumbe.

Dabra y Glorio observan lo ocurrido.

– “¡EH! ¡TÚ!” – le dice el diablo al pistolero. – “¡Tengo una idea!”

– “¿Y por qué debería escucharte?” – protesta Glorio.

Dabra extiende su mano y materializa una lanza.

– “¡SU OJO!” – señala el demonio. – “¡Prepárate!”

Dabra sale volando hacia el enemigo. Glorio, a regañadientes, lo sigue.

El gólem pone su atención en ellos e intenta cazarlos al vuelo, como si fueran dos moscas molestas, pero ellos evaden sus gigantescas manos.

Dabra usa su poder mental para redirigir los escombros que caen de la pirámide hacia el enemigo, confundiéndolo.

Glorio chasquea sus dedos repetidamente, creando flashes de luz que dificultan la visión del gólem.

Dabra invoca el fuego del Makai e imbuye su lanza en él antes de lanzarla directa al ojo del cíclope.

Diana. La lanza se clava en el ojo del guardián, que arde con las llamas negras y rojas.

Por primera vez, parece que un ataque ha dañado al enemigo, que retrocede hasta chocar con la pared.

Glorio levanta su dedo, que brilla intensamente con luz morada, y después dispara. Un crujido atronador.

El haz eléctrico viaja veloz hasta la lanza que actúa como un pararrayos.

El gigante pierde las fuerzas de repente. Se queda inmóvil y, tras un instante, se desmorona piedra a piedra.

– “Je.” – sonríe Glorio.

El gigante queda reducido a un montón de escombros.

Dabra aterriza en el centro de la sala y observa al enemigo caído.

De repente, el demonio frunce el ceño. De un solo movimiento materializa un sable en su mano mientras se revuelve y repele un disparo de energía verde. 

– “Hmm…” – alza la mirada para ver a Glorio.

El pistolero le ha disparado con su arma.

– “Tsk…” – éste hace una mueca molesta antes de huir volando.

Dabra aviva su aura y se prepara para perseguirlo… pero de repente, una sensación terriblemente familiar invade su cuerpo; un dolor de cabeza insoportable.

– “Grrrgh…” – gruñe el diablo. – “¡Grraaagh…! ¡GRAAAAAAGH!” – un grito estremecedor.

En el bosque, Ub siente el ki de Pan disminuyendo.

– “¡¿EH?!” – se preocupa. – “Pan… ¡PAN!”

Pero Gaki ya se prepara para atacar de nuevo.

Ub aprieta los puños, furioso.

– “Está bien…” – gruñe el chico, preparándose para otro Kamehameha.

– “¡JAJAJA!” – ríe Gaki. – “¿Otra vez?”

– “Ka… Me…” – materializa una esfera de luz azul en sus manos. – “Ha… Me…”

La tripa del lagarto se hincha más que nunca.

– “¡HAAAAAA!” – dispara Ub.

El ataque avanza rápidamente hacia el enemigo, que lo espera con una sonrisa.

Pero Ub, con un movimiento de brazos, hace que su ataque ascienda repentinamente hacia el cielo de Razan.

– “¿Eh?” – lo mira Gaki, confuso.


En ese instante, Ub aparece con el Shunkanido delante de Gaki, con los dedos índice y corazón de su mano derecha en la frente.

El Kamehameha abandona el planeta y ya es tan solo un pequeño destello en el cielo.

El terrícola extiende su mano izquierda y toca a la panza de su enemigo.

– “Adiós.” – sentencia Ub.

¡PUFF! Gaki desaparece.

Las fuerzas de Ub flaquean e hinca la rodilla, agotado, pero enseguida se obliga a recuperarse.

– “Pan…” – repite, preocupado, antes de salir corriendo en busca de su mujer.

En el espacio, el Kamehameha cruza el vacío como un cometa. Gaki flota en la nada.