Se me ha complicado un poco el fin de semana y no me ha dado tiempo a terminarlo.
Disculpad las molestias.
DBSNL volverá el próximo domingo.
Se me ha complicado un poco el fin de semana y no me ha dado tiempo a terminarlo.
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DBSNL // Capítulo 390: La misión de Glorio
“La impaciencia de la juventud…”
En el espacio, la nave mithrana pilotada por Glorio se acerca cada vez más a la estrella Daevas siguiendo una órbita espiral.
Desde la cabina, Glorio ya puede ver un pequeño satélite artificial que parece un globo sonda en forma de pez gris con detalles rojos, con unos ojos saltones que enseguida identifican la nave. El símbolo del ejército de Mithra luce en su costado.
Glorio teclea unos códigos en su panel de comandos. El pez abre su boca y engulle la nave.
Tras unos segundos de silencio, un estallido de luz multicolor es proyectado por la parte trasera del pez, como si la nave se hubiera convertido en energía, y usando el impulso gravitacional de Daeva, se pierde en el espacio profundo.
Mientras tanto, en Mithra es de noche. Cheelai se levanta de la cama en silencio, ya vestida con su uniforme de la patrulla, pero sin la armadura. Gohan Jr duerme como un tronco.
La agente brench sale de su habitación sin hacer ruido y merodea por los pasillos de la enorme instalación, evadiendo las cámaras de seguridad y los soldados de guardia.
Roba una tarjeta de acceso de uno de los conejos sin que éste se dé cuenta y la utiliza para seguir avanzando.
Finalmente, llega a un ascensor al fondo de un largo pasillo blanco.
Cheelai usa la tarjeta una vez más, pero esta vez el acceso es denegado.
– “Hmm…” – frunce el ceño.
En la Tierra, en el Monte Paoz, Goku Jr y su padre están pesando en el lago.
Ub parece disfrutar del momento, pero su hijo está aburrido.
– “No pican.” – se queja Goku.
– “Tienes que tener paciencia…” – sonríe Ub. – “Debes estar atento a cada movimiento de la caña y…”
– “Pff…” – protesta el muchacho de nuevo.
Una sobre se mueve bajo el agua, acercándose a ellos.
La caña de Goku empieza a moverse, pero el chico ni se da cuenta.
– “Ejem…” – tose Ub.
– “¡AH!” – reacciona el chico.
Goku tira de la cuerda, pero ya es demasiado tarde. El pez ha huido y, además, se ha comido el cebo.
Goku tira la caña al suelo.
– “Se va a enterar…” – refunfuña mientras se quita la parte superior del gi.
– “Pero, ¿qué haces…?” – dice Ub.
Goku se lanza al agua.
Ub suspira.
– “La impaciencia de la juventud…” – murmura el padre.
Goku sale del agua cargando con un pez gigantesco.
– “¡Listo!” – lo suelta. – “Jeje.” – posa frente a su captura.
– “Muy bien…” – sonríe Ub. – “Pero va en contra de lo que quería enseñarte…”
– “¿Eh?” – se extraña Goku, sin acabar de comprender a su padre.
– “Al menos ya tenemos algo que cocinar… La comida estará hecha cuando llegue tu madre.” – se pone en pie. – “Recoge todo esto mientras voy a por un poco de leña.”
En Satan City, Pan está de compras con su madre en el centro comercial.
– “¿Qué tal este?” – pregunta Videl, que sale del probador con un elegante modelito.
– “Te queda genial.” – sonríe Pan.
– “Qué gusto que hayas venido a ayudarme, hija.” – dice Videl. – “Venir sola habría sido muy aburrido.” – suspira.
– “¿Qué tal le va a papá?” – pregunta Pan. – “¿Has podido hablar con él esta semana?”
– “Lleva ya cinco días sin cobertura.” – responde Videl. – “Una tormenta en no sé qué estrella de no sé qué sistema.” – protesta. – “Uno pensaría que la Patrulla Galáctica tiene mejores sistemas de comunicación…”
– “Seguro que él te echa de menos tanto como tú a él.” – sonríe Pan.
Videl sonríe.
– “Mas le vale.” – le guiña un ojo a su hija.
Mientras tanto, en una base de la Patrulla Galáctica, Son Gohan está dando una conferencia sobre sus ingeniosas píldoras, y explica cómo supondrían un gran beneficio para los agentes en campañas lejos de rutas de reabastecimiento.
Los patrulleros asistentes escuchan atentamente. En última fila está Jaco, que observa las reacciones del público.
En Mithra, Cheelai regresa a su habitación.
– “¿Sonámbula?” – dice una voz con retintín.
La patrullera se sobresalta.
En la oscuridad, Shisami espera de brazos cruzados, apoyado en la puerta de su habitación.
– “¡Shht!” – protesta ella.
– “¿Qué has descubierto?” – pregunta el akaburu.
– “¿No puedes investigar por ti mismo?” – replica ella.
Shisami no responde; su envergadura es suficiente.
– “Hay un ascensor que necesita una llave de acceso especial.” – comparte información Cheelai. – “No sé qué esconden ahí abajo.”
– “Nada bueno.” – responde Shisami.
– “Sin la llave, no hay nada que hacer.” – dice la patrullera.
– “¿Quién podría tener acceso a esa zona?” – pregunta Shisami. – “¿El bufón?”
– “Es posible…” – piensa Cheelai. – “De momento tendremos que seguirles la corriente.”
Shisami se da la vuelta en silencio y regresa a su habitación.
– “Qué simpático…” – refunfuña Cheelai.
En el Monte Paoz, Ub está recogiendo leña cuando, de repente, siente una presencia.
– “¿Hmm?” – frunce el ceño.
En la Torre de Karin, Glorio agarra el Agua Sagrada que preside el centro de la torre.
– “Eso no es tuyo.” – advierte el Duende Karín, llegando por la escalera que conecta con el piso inferior.
Glorio abre la botella y la huele.
– “¿No me has oído?” – insiste Karín.
El ladrón saca un pequeño dispositivo de su bolsillo y, apretando un botón, del pequeño aparato sale una larga aguja, que él introduce en el agua.
– “Hmm…” – frunce el ceño el Duende.
Un pitido alerta a Glorio, que mira una pequeña pantalla del dispositivo.
– “¿Dónde está la verdadera?” – pregunta el ladrón.
– “No eres digno.” – responde Karín, tajante, pero con una gota de sudor recorriendo su frente.
Glorio le apunta con el dedo.
– “Te haré hablar.” – amenaza el ladrón.
– “¡Eh, muchacho!” – dice una voz. – “¿No sabes que este es un lugar sagrado?”
Piccolo está flotando en el exterior de la torre.
Glorio lo mira de reojo.
– “El namekiano…” – piensa el ladrón.
– “Piccolo…” – se sorprende Karín, un poco aliviado.
Piccolo levita hasta el interior de la torre y se posa en el suelo.
– “El Duende Karín te ha rechazado.” – dice el namekiano. – “No tienes permiso para estar aquí.”
Glorio lanza el agua hacia el felino, con desprecio, y levanta las manos.
Karín salta para salvar la botella y lo consigue, respirando aliviado.
El ladrón y Piccolo se miran fijamente.
– “¿Dónde está la verdadera infusión?” – insiste Glorio.
– “Quiere el Agua Ultradivina…” – piensa Piccolo. – “¿Quién es este tipo?”
Un chasquido eléctrico entre los dedos de Glorio.
– “¡¿EH?!” – se percata Piccolo.
Pero no tiene tiempo de reaccionar. Glorio apunta al namekiano con ambas manos y proyecta desde las yemas de sus dedos una tormenta de rayos engulle a su adversario.
Piccolo se precipita al vacío, con su ropa chamuscada, agujereada y con la capa en llamas.
– “Eso ha sido rápido…” – aprieta los dientes el namekiano, que aún siente la electricidad recorriendo en su cuerpo.
Piccolo se frena antes de caer en el bosque.
– “Tsk…” – protesta mientras se quita la capa y el gorro.
En la torre, Glorio esboza una media sonrisa victoriosa.
De repente, un tipo de piel verde áspera como la de un sapo, cuernos negros, melena lila y garras afiladas, sale de entre las copas de los árboles y se abalanza sobre Piccolo, agarrándole la pierna.
– “¡¿EH?!” – se sobresalta el namekiano.
– “¡Tú vas a jugar conmigo!” – exclama el monstruo.
De la espalda de la criatura brota otra idéntica que se abalanza sobre Piccolo.
El namekiano detiene el puñetazo, pero el enemigo se multiplica de nuevo.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Piccolo.
DBSNL // Capítulo 388: Mithra
“Parecen pacíficos.”
La nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el cielo amarillo del Planeta Razan, cubierto de nubes densas.
– “¿Dónde se habrá metido?” – se pregunta Cheelai, viendo que en su radar no aparece ningún rastro de la nave que perseguían.
– “No se ve nada…” – dice Gohan Jr, mirando por la ventana. – “Deberíamos descender un poco más.” – sugiere.
– “No sabemos qué hay ahí abajo…” – se preocupa ella.
– “Pero el radar no detecta ninguna amenaza, ¿no?” – responde Gohan.
– “Ningún radar enemigo…” – teclea ella. – “Ningún sistema antiaéreo…”
– “Pues bajemos.” – insiste Gohan.
Cheelai sigue descendiendo y pronto salen de la densa capa de nubes. Un inmenso bosque de color granate y tonos violetas aparece frente a ellos, aparentemente cubriendo el planeta por completo.
– “Vaaaya…” – alucina Gohan. – “Es impresionante…”
– “Ahí hay un pequeño claro.” – señala Cheelai.
– “¡Aterricemos!” – exclama el chico, emocionado.
La nave se posa en el claro, rodeado de frondosos arbustos y árboles altos.
Cheelai y Gohan se apean, vestidos con el uniforme de la patrulla y casco.
– “¿De verdad tenemos que llevar esto?” – protesta Gohan, ajustándose el casco.
– “El aire tiene un alto contenido en azufre.” – dice Cheelai, mirando en su ordenador de pulsera. – “Estaremos más seguros si…”
Un ruido entre los arbustos los alerta. Algo se mueve.
– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Cheelai. – “¿Algún animal?”
Gohan frunce el ceño.
– “Hay alguien cerca…” – advierte el chico.
De repente, un zorro humanoide de pelaje negruzco se presenta frente a ellos. Está cubierto en con una capa de hojas rojizas como las de los arbustos donde se escondía. Sus pupilas son amarillas. Viste un taparrabos de un pelaje corto distinto al propio. Una mano cortada de simio cuelga de una cuerda alrededor de su cintura. Un colgante de madera tallada en forma de cabeza de cabra cuelga de su cuello.
Gohan y Cheelai se ponen en guardia. Ella desenfunda su arma.
El zorro parece desconfiado, pero su actitud no es hostil.
El extraño personaje da un paso hacia nuestros amigos.
– “¡DETENETE!” – lo amenaza ella, apuntándole con su pistola.
Ruido en las copas de los árboles.
– “¿Hay más?” – se pregunta Gohan.
De repente, una docena de criaturas simiescas cae del cielo, rodeando a los patrulleros y al zorro.
Los simios son grandes y musculados, sin cola; tienen un pelaje marrón oscuro y visten con una falda de hojas rojas. Su cabeza esta adornada con una falsa melena hecha de hojas del mismo color. Algunos de ellos lucen colas de zorro atadas en la falda.
Los simios muestran los dientes y se golpean el pecho, furiosos.
Cheelai y Gohan retroceden hacia la nave.
– “Tenemos que salir de aquí…” – susurra ella.
Los simios se abalanzan de repente sobre el zorro, que se escabulle entre los matorrales.
Los gritos de los cazadores son ensordecedores.
– “¡UH! ¡UH! ¡AAH!” – gritan los monos.
Los patrulleros aprovechan el momento para regresar a la nave, pero tres de los monos detienen su persecución y ponen su atención en ellos.
Desde los árboles, otros simios lanzan piedras sobre la nave.
– “¡MAMÁ!” – la apresura Gohan.
Cheelai, sentada a los mandos, hace que la nave se eleve lentamente.
– “¡PONTE EL CINTURÓN!” – responde ella.
Mientras se ponen en marcha, dos simios se lanzan sobre ellos y se agarran a su fuselaje.
Otros lo intentan, pero se quedan cortos en su salto y caen.
La nave sale volando hacia el cielo mientras los simios golpean con rabia el fuselaje y arrancan las partes que consiguen agarrar.
Saltan las alarmas en el interior de la nave.
– “¡NOS VAN A DERRIBAR!” – exclama Cheelai.
Uno de los simios arranca una de las armas defensivas de la nave, que estalla en su mano, haciendo que caiga al vacío.
El otro simio ha encontrado la ventanilla de la compuerta principal y la golpea con fuerza.
Gohan se desabrocha el cinturón y se levanta.
– “¡¿A dónde vas!?” – protesta su madre.
– “¡Abre la compuerta!” – dice Gohan.
– “¡Pero…!” – se preocupa ella.
– “¡ABRELA!” – insiste Gohan.
Cheelai aprieta los dientes, aceptando el riesgo, y aprieta el botón.
El simio se sobresalta al ver que la puerta se abre frente a él.
– “¡¿AH?!” – grita la bestia.
Una luz amarilla sorprende al simio.
– “¡¡MASENKO!!” – dispara Gohan.
El ataque impacta en el pecho del enemigo y lo empuja lejos de la nave.
Cheelai cierra de nuevo la compuerta.
Gohan suspira mientras regresa a su asiento.
Ella sonríe, orgullosa.
– “Buen trabajo.” – lo felicita.
Gohan sonríe al recibir el reconocimiento de su madre.
A medida que se alejan del planeta, pueden ver un gran volcán en la superficie del planeta que se revela lentamente con su rotación, del que emana una gran columna de humo que se extiende por todo el planeta, envolviéndolo.
– “Esa debe ser la fuente del azufre…” – murmura Cheelai.
– “Debía ser un lugar precioso antes de que entrara en erupción…” – dice Gohan.
– “Pero, ¿de verdad la nave que buscamos se dirigía aquí?” – se pregunta ella, confundida.
En ese instante, Gohan se da cuenta de algo. Un pequeño astro rojizo brilla en la oscuridad del espacio, reflejando la luz de la estrella Daeva.
– “¿Qué es eso?” – pregunta el muchacho. – “¿Una luna?”
Cheelai entrecierra los ojos para intentar verlo mejor.
– “Es posible…” – responde ella.
– “¿A lo mejor es allí donde iba?” – se pregunta Gohan.
La nave pone rumbo al satélite.
En el planeta Erezúant, Tarble y Gladyola observan el trabajo de los bandidos. Poco a poco, la nave va recuperando su aspecto original. Panzy aprieta un tornillo con una llave inglesa ante un impaciente Melone.
– “Pronto podréis seguir con la misión.” – dice la guerrera.
– “Recuperaremos vuestro tesoro.” – responde el saiyajín. – “Tenéis mi palabra.”
Ella sonríe.
– “La palabra de un Príncipe.” – dice con cierto retintín. – “Todo un honor.”
– “Yo no… en realidad…” – se excusa él, dispuesto a explicar toda la historia de su planeta.
– “Solo estoy bromeando.” – lo frena ella.
Hybis, comiendo bichos de un cuenco, sin decir nada, se acerca y se mete entre los dos, obligándolos a separarse un poco para dejarlo pasar.
Tarble y Gladyola lo miran un poco desconcertados.
– “¿Hay noticias de Cheelai?” – pregunta el saiyajín. – “¿Has podido hablar con Peral?”
– “No.” – responde Hybis. – “No hay novedades.”
Tarble y Gladyola se miran, sin entender muy bien a qué ha venido su compañero.
En la luna de Razan, la nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el terreno.
El satélite se parece mucho al planeta que orbita; el cielo es anaranjado, con un tono menos enfermo que el de Raza, y el suelo rojizo, con brillantes cristales morados repartidos por su superficie.
El lugar está habitado por seres parecidos a conejos humanoides, que viven en grutas escarbadas en la tierra, cuyas entradas están cerradas con puertas de madera, con pequeñas chimeneas.
Campos de cultivo se extienden alrededor de pequeñas aldeas que constan de varias grutas agrupadas.
Un conejo y su hijo levantan la vista al cielo al oír pasar la nave.
Gohan observa el paisaje por la ventana.
– “Parecen pacíficos.” – dice el muchacho.
A medida que nuestros amigos avanzan, se dan cuenta de que los campos de cultivo son cada vez más extensos y avanzados tecnológicamente, con cosechadoras y drones.
– “Este lugar no tiene nada que ver con Razan…” – piensa el chico.
Los campos se convierten en una urbe de edificios modernos construidos alrededor de una colina llena de grutas escarbadas en ella. Y sobre la montaña se yergue un espectacular edificio.
Cuatro pilares de cristal, frágiles en apariencia, sostienen una estructura gigantesca. Cuatro pirámides invertidas, una sobre cada pilar, recubiertas con un patrón de placas metálicas doradas triangulares que le dan un aspecto frío y, a la vez, casi sagrado. El espacio entre las pirámides invertidas está ocupado por una gran cristalera triangular, pero la luz del sol impide ver lo que hay dentro.
Cheelai rodea el edificio, estudiándolo, cuando se da cuenta de que hay una zona de aterrizaje cerca desde la que ya le están haciendo señales varios agentes locales.
– “Nos dicen que aterricemos…” – dice ella.
– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Investigaremos!”
Dos naves locales monoplaza en forma de disco vertical vuelan alrededor de la ciudad, pero parecen tener su atención puesta en nuestros amigos.
Cheelai teclea el código de aterrizaje.
– “No me gusta…” – piensa ella. – “Pero si ahora nos marchamos, será demasiado sospechoso.”
La nave se posa en el suelo con delicadeza. Cheelai y Gohan no tardan en desembarcar.
Dos centinelas conejo los reciben.
– “Bienvenidos, agentes.” – dice uno.
– “¿En qué podemos servirles?” – pregunta el otro.
– “Nuestra nave ha recibido algunos daños mientras inspeccionábamos este sector.” – dice Cheelai, ocultando los verdaderos motivos de su visita. – “Nos gustaría repararla.”
– “Por supuesto.” – asiente el primero. – “Déjenlo en nuestras manos.”
– “Oh, no es necesario…” – responde ella, sorprendida ante la hospitalidad.
El conejo levanta la mano, movilizando a varios operarios de la pista de aterrizaje.
– “Solo necesitamos algunas piezas y herramientas…” – insiste Cheelai.
– “Por favor, síganme.” – la interrumpe el segundo conejo. – “El Barón les está esperado.”
– “¿El Barón?” – levanta una ceja Gohan.
– “¿Nos esperan?” – se pregunta Cheelai.
El conejo guía a los patrulleros hasta el gran edificio, y juntos suben a un ascensor en uno de los cuatro pilares que sostienen tan impresionante infraestructura.
Las puertas se abren. El guardia les ofrece el paso.
Cheelai y Gohan salen del ascensor y se encuentran en el gigantesco despacho del Barón, en la cima de la gran cristalera triangular que pudieron ver desde el exterior.
– “Vaaya…” – alucina Gohan ante tanto lujo y modernidad.
– “No te separes de mí.” – dice Cheelai, desconfiada.
El centinela se queda en la puerta del ascensor.
El Barón sale a recibirlos; un ira-aru de piel rosada y ojos azules, con cabello blanco peinado hacia atrás, vestido con un uniforme casi militar blanco y rojo con detalles dorados, con una gran capa roja, guantes blancos y botas altas negras.
– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Siento mucho no haber llegado a tiempo para terminar el capítulo de hoy.
DBSNL volverá el próximo domingo.
Aprovecho para subir este maravilloso dibujo que Ipocrito hizo por San Valentín. Uno de mis favoritos.
