DBSNL // Capítulo 388: Mithra

DBSNL // Capítulo 388: Mithra

“Parecen pacíficos.”

La nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el cielo amarillo del Planeta Razan, cubierto de nubes densas.

– “¿Dónde se habrá metido?” – se pregunta Cheelai, viendo que en su radar no aparece ningún rastro de la nave que perseguían. 

– “No se ve nada…” – dice Gohan Jr, mirando por la ventana. – “Deberíamos descender un poco más.” – sugiere.

– “No sabemos qué hay ahí abajo…” – se preocupa ella.

– “Pero el radar no detecta ninguna amenaza, ¿no?” – responde Gohan.

– “Ningún radar enemigo…” – teclea ella. – “Ningún sistema antiaéreo…”

– “Pues bajemos.” – insiste Gohan.

Cheelai sigue descendiendo y pronto salen de la densa capa de nubes. Un inmenso bosque de color granate y tonos violetas aparece frente a ellos, aparentemente cubriendo el planeta por completo.

– “Vaaaya…” – alucina Gohan. – “Es impresionante…”

– “Ahí hay un pequeño claro.” – señala Cheelai.

– “¡Aterricemos!” – exclama el chico, emocionado.

La nave se posa en el claro, rodeado de frondosos arbustos y árboles altos.

Cheelai y Gohan se apean, vestidos con el uniforme de la patrulla y casco.

– “¿De verdad tenemos que llevar esto?” – protesta Gohan, ajustándose el casco.

– “El aire tiene un alto contenido en azufre.” – dice Cheelai, mirando en su ordenador de pulsera. – “Estaremos más seguros si…”

Un ruido entre los arbustos los alerta. Algo se mueve.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Cheelai. – “¿Algún animal?”

Gohan frunce el ceño.

– “Hay alguien cerca…” – advierte el chico.

De repente, un zorro humanoide de pelaje negruzco se presenta frente a ellos. Está cubierto en con una capa de hojas rojizas como las de los arbustos donde se escondía. Sus pupilas son amarillas. Viste un taparrabos de un pelaje corto distinto al propio. Una mano cortada de simio cuelga de una cuerda alrededor de su cintura. Un colgante de madera tallada en forma de cabeza de cabra cuelga de su cuello.

Gohan y Cheelai se ponen en guardia. Ella desenfunda su arma.

El zorro parece desconfiado, pero su actitud no es hostil.

El extraño personaje da un paso hacia nuestros amigos.  

– “¡DETENETE!” – lo amenaza ella, apuntándole con su pistola.

Ruido en las copas de los árboles.

– “¿Hay más?” – se pregunta Gohan.

De repente, una docena de criaturas simiescas cae del cielo, rodeando a los patrulleros y al zorro.

Los simios son grandes y musculados, sin cola; tienen un pelaje marrón oscuro y visten con una falda de hojas rojas. Su cabeza esta adornada con una falsa melena hecha de hojas del mismo color. Algunos de ellos lucen colas de zorro atadas en la falda.

Los simios muestran los dientes y se golpean el pecho, furiosos.

Cheelai y Gohan retroceden hacia la nave.

– “Tenemos que salir de aquí…” – susurra ella.

Los simios se abalanzan de repente sobre el zorro, que se escabulle entre los matorrales.

Los gritos de los cazadores son ensordecedores.

– “¡UH! ¡UH! ¡AAH!” – gritan los monos.

Los patrulleros aprovechan el momento para regresar a la nave, pero tres de los monos detienen su persecución y ponen su atención en ellos.

Desde los árboles, otros simios lanzan piedras sobre la nave.

– “¡MAMÁ!” – la apresura Gohan.


Cheelai, sentada a los mandos, hace que la nave se eleve lentamente.

– “¡PONTE EL CINTURÓN!” – responde ella.

Mientras se ponen en marcha, dos simios se lanzan sobre ellos y se agarran a su fuselaje.

Otros lo intentan, pero se quedan cortos en su salto y caen.

La nave sale volando hacia el cielo mientras los simios golpean con rabia el fuselaje y arrancan las partes que consiguen agarrar. 

Saltan las alarmas en el interior de la nave.

– “¡NOS VAN A DERRIBAR!” – exclama Cheelai.

Uno de los simios arranca una de las armas defensivas de la nave, que estalla en su mano, haciendo que caiga al vacío.

El otro simio ha encontrado la ventanilla de la compuerta principal y la golpea con fuerza.

Gohan se desabrocha el cinturón y se levanta.

– “¡¿A dónde vas!?” – protesta su madre.

– “¡Abre la compuerta!” – dice Gohan.

– “¡Pero…!” – se preocupa ella.

– “¡ABRELA!” – insiste Gohan.

Cheelai aprieta los dientes, aceptando el riesgo, y aprieta el botón.

El simio se sobresalta al ver que la puerta se abre frente a él.

– “¡¿AH?!” – grita la bestia.

Una luz amarilla sorprende al simio.

– “¡¡MASENKO!!” – dispara Gohan.


El ataque impacta en el pecho del enemigo y lo empuja lejos de la nave.

Cheelai cierra de nuevo la compuerta.

Gohan suspira mientras regresa a su asiento.

Ella sonríe, orgullosa.

– “Buen trabajo.” – lo felicita.

Gohan sonríe al recibir el reconocimiento de su madre.

A medida que se alejan del planeta, pueden ver un gran volcán en la superficie del planeta que se revela lentamente con su rotación, del que emana una gran columna de humo que se extiende por todo el planeta, envolviéndolo.

– “Esa debe ser la fuente del azufre…” – murmura Cheelai.

– “Debía ser un lugar precioso antes de que entrara en erupción…” – dice Gohan.

– “Pero, ¿de verdad la nave que buscamos se dirigía aquí?” – se pregunta ella, confundida.

En ese instante, Gohan se da cuenta de algo. Un pequeño astro rojizo brilla en la oscuridad del espacio, reflejando la luz de la estrella Daeva.

– “¿Qué es eso?” – pregunta el muchacho. – “¿Una luna?”

Cheelai entrecierra los ojos para intentar verlo mejor.

– “Es posible…” – responde ella.

– “¿A lo mejor es allí donde iba?” – se pregunta Gohan.

La nave pone rumbo al satélite.

En el planeta Erezúant, Tarble y Gladyola observan el trabajo de los bandidos. Poco a poco, la nave va recuperando su aspecto original. Panzy aprieta un tornillo con una llave inglesa ante un impaciente Melone.

– “Pronto podréis seguir con la misión.” – dice la guerrera.

– “Recuperaremos vuestro tesoro.” – responde el saiyajín. – “Tenéis mi palabra.”

Ella sonríe.

– “La palabra de un Príncipe.” – dice con cierto retintín. – “Todo un honor.”

– “Yo no… en realidad…” – se excusa él, dispuesto a explicar toda la historia de su planeta.

– “Solo estoy bromeando.” – lo frena ella.

Hybis, comiendo bichos de un cuenco, sin decir nada, se acerca y se mete entre los dos, obligándolos a separarse un poco para dejarlo pasar.

Tarble y Gladyola lo miran un poco desconcertados.

– “¿Hay noticias de Cheelai?” – pregunta el saiyajín. – “¿Has podido hablar con Peral?”

– “No.” – responde Hybis. – “No hay novedades.”

Tarble y Gladyola se miran, sin entender muy bien a qué ha venido su compañero.

En la luna de Razan, la nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el terreno. 

El satélite se parece mucho al planeta que orbita; el cielo es anaranjado, con un tono menos enfermo que el de Raza, y el suelo rojizo, con brillantes cristales morados repartidos por su superficie.

El lugar está habitado por seres parecidos a conejos humanoides, que viven en grutas escarbadas en la tierra, cuyas entradas están cerradas con puertas de madera, con pequeñas chimeneas.

Campos de cultivo se extienden alrededor de pequeñas aldeas que constan de varias grutas agrupadas.

Un conejo y su hijo levantan la vista al cielo al oír pasar la nave.

Gohan observa el paisaje por la ventana.

– “Parecen pacíficos.” – dice el muchacho.

A medida que nuestros amigos avanzan, se dan cuenta de que los campos de cultivo son cada vez más extensos y avanzados tecnológicamente, con cosechadoras y drones.

– “Este lugar no tiene nada que ver con Razan…” – piensa el chico.

Los campos se convierten en una urbe de edificios modernos construidos alrededor de una colina llena de grutas escarbadas en ella. Y sobre la montaña se yergue un espectacular edificio.

Cuatro pilares de cristal, frágiles en apariencia, sostienen una estructura gigantesca. Cuatro pirámides invertidas, una sobre cada pilar, recubiertas con un patrón de placas metálicas doradas triangulares que le dan un aspecto frío y, a la vez, casi sagrado. El espacio entre las pirámides invertidas está ocupado por una gran cristalera triangular, pero la luz del sol impide ver lo que hay dentro.

Cheelai rodea el edificio, estudiándolo, cuando se da cuenta de que hay una zona de aterrizaje cerca desde la que ya le están haciendo señales varios agentes locales.

– “Nos dicen que aterricemos…” – dice ella.

– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Investigaremos!”

Dos naves locales monoplaza en forma de disco vertical vuelan alrededor de la ciudad, pero parecen tener su atención puesta en nuestros amigos.

Cheelai teclea el código de aterrizaje.

– “No me gusta…” – piensa ella. – “Pero si ahora nos marchamos, será demasiado sospechoso.”

La nave se posa en el suelo con delicadeza. Cheelai y Gohan no tardan en desembarcar.

Dos centinelas conejo los reciben.

– “Bienvenidos, agentes.” – dice uno.

– “¿En qué podemos servirles?” – pregunta el otro.

– “Nuestra nave ha recibido algunos daños mientras inspeccionábamos este sector.” – dice Cheelai, ocultando los verdaderos motivos de su visita. – “Nos gustaría repararla.”

– “Por supuesto.” – asiente el primero. – “Déjenlo en nuestras manos.”

– “Oh, no es necesario…” – responde ella, sorprendida ante la hospitalidad.

El conejo levanta la mano, movilizando a varios operarios de la pista de aterrizaje.

– “Solo necesitamos algunas piezas y herramientas…” – insiste Cheelai.

– “Por favor, síganme.” – la interrumpe el segundo conejo. – “El Barón les está esperado.”

– “¿El Barón?” – levanta una ceja Gohan.

– “¿Nos esperan?” – se pregunta Cheelai.

El conejo guía a los patrulleros hasta el gran edificio, y juntos suben a un ascensor en uno de los cuatro pilares que sostienen tan impresionante infraestructura.

Las puertas se abren. El guardia les ofrece el paso.

Cheelai y Gohan salen del ascensor y se encuentran en el gigantesco despacho del Barón, en la cima de la gran cristalera triangular que pudieron ver desde el exterior.

– “Vaaya…” – alucina Gohan ante tanto lujo y modernidad.

– “No te separes de mí.” – dice Cheelai, desconfiada.


El centinela se queda en la puerta del ascensor.

El Barón sale a recibirlos; un ira-aru de piel rosada y ojos azules, con cabello blanco peinado hacia atrás, vestido con un uniforme casi militar blanco y rojo con detalles dorados, con una gran capa roja, guantes blancos y botas altas negras.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Dibujado por Ipocrito

DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

“¿Y tu comida favorita cuál es?”

En el cielo de Erezúant, con la tímida luz del amanecer atenuando la aurora, Broly y Karza siguen peleando.

El chico, enloquecido, ataca al saiyajín desde la distancia, con sus recién descubiertos zarpazos de ki rojo.

Broly los evade volando de lado a lado con esprints cortos.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín. – “¡Ya es suficiente! ¡No quiero hacerte daño!” – insiste.

– “¡KYAAAH!” – grita Karza.

En tierra firme, Tarble, transformado en Súper Saiyajín, da la espalda a Torpin.

– “Hablas… de la voluntad de nuestra raza…” – dice el viejo moribundo. – “¿Qué sabrás tú…?”

Tarble no responde.

Sambuco, Gladyola, Panzy y Hybis observan atentamente la escena. Los tres parecen comprender que el conflicto les es ajeno.

El viejo ha perdido tanta sangre que está cerca de desmayarse y da una repentina cabezada, pero aún resiste.

– “Por la gracia de mi padre, por tus años de leal servicio al Rey Vegeta III, puedo concederte la muerte que merece un guerrero.” – dice Tarble.

Tarble se da la vuelta, mirando de nuevo a Toprin.

– “¿La aceptas?.” – pregunta el hijo de Leek.

Torpin escupe al suelo, ofendido.

– “Tú… no puedes otorgarme nada…” – protesta Torpin. – “Solo eres… el hijo de un cobarde… que se unió a un traidor… y que viste el uniforme de un ejército ajeno.”

Tarble se queda mirando al viejo saiyajín, en silencio.

– “En ese caso, debería arrestarte en nombre de la Patrulla Galáctica.” – habla Table. – “Pero en este planeta prima la ley del Rey Kadan.” – da la espalda al saiyajín. – “Gladyola, lo dejo en tus manos.” – le dice a la guerrera. – “Haz lo que debas.”

Gladyola tarda un instante en reaccionar, pues se sorprende de la respuesta del patrullero.

La guerrera asiente. 

Tarble mira de reojo a Hybis.

– “Hybis, comunícate con Cheelai, por favor.” – dice el saiyajín. – “De momento, es mejor que se mantengan alejados de este planeta.”

Hybis suelta el maletín en el suelo.

– “Solo porque me lo has pedido por favor.” – asiente.

Tarble responde con una sonrisa. 

El saiyajín sale volando hacia la batalla.

Gladyola empuña su espadón y avanza hacia Torpin, pero Panzy la sujeta del pantalón, frenándola.

– “¿Eh?” – la guerrera mira a la princesa.

– “Quiero preguntarle sobre Glorio.” – dice Panzy.

El viejo saiyajín da otra repentina cabezada, ya en las últimas, con los ojos casi en blanco.

– “Creo que es demasiado tarde, Princesa.” – responde Gladyola.

Sambuco se acerca a la muchacha.

– “Creo que yo puedo ser de ayuda.” – sonríe el desaliñado anciano.

Mientras tanto, Oxyedas se incorpora torpemente, sujetándose la mandíbula, dolorido.

– “¿Qué ha pasado…?” – pregunta, aturdido, como si se levantara después de una borrachera.

En el cielo, Broly avanza hacia Karza esquivando sus zarpazos, hasta que logra alcanzarlo y le agarra los antebrazos, intentando inmovilizarlo.

– “¡BASTA!” – exclama el hijo de Páragus. – “¡Si sigues así, voy a tener que…!”

Pero el joven mestizo abre su boca y dispara un cañonazo de energía roja que Broly tiene que esquivar rápidamente, agachándose.

El torrente de energía le quema varios mechones de pelo al saiyajín.

Karza aprovecha que Broly ha aflojado su agarre para patearle la nuca con ambos pies, y así liberarse.

El hijo de Páragus se precipita contra el suelo rápidamente, pero logra aterrizar de pie.

– “Maldita sea…” – se frota la nuca, dolorido.

Tarble aterriza a su lado.

– “¿Tienes problemas?” – pregunta en tono burlón.

– “Tsk…” – protesta Broly, con una media sonrisa cómplice. – “Ya habría puesto fin al combate, si no fuera solo un pobre muchacho.”

Tarble observa a Karza en el cielo, sujetándose la cabeza, con los ojos muy abiertos, desesperado, y con una sonrisa desquiciada.

– “Lo entiendo.” – sonríe el hijo de Leek, recordando la infancia de su amigo. – “Por suerte, tengo la solución.”

– “Ah, ¿sí?” – se sorprende Broly.

Tarble empuja a Broly ligeramente por la espalda, haciéndole dar un paso al frente.

– “Tú serás el cebo.” – dice el hijo de Leek.

– “¿Qué?” – replica Broly, confundido.

Karza grita, llamando la atención de los saiyajín.

– “¡¡KYAAAAAAAH!!” – chilla el mestizo.

– “Ya viene.” – frunce el ceño Broly.


Karza se abalanza sobre ellos.

– “Todo tuyo.” – sonríe Tarble, fanfarrón. – “Intenta frenarlo.”

– “Tsk…” – protesta Broly.

El hijo de Páragus sale volando al encuentro de Karza.

El mestizo tiene las garras preparadas, dejando un rastro de ki tras él por cada dedo. De su boca emana también energía, como si estuviera evaporándose el ki sobrante.

Broly extiende su mano derecha y materializa un orbe de ki azul, que pronto se torna verde.

– “¡¡RIOT JAVELIN!!” – exclama el mestizo, lanzando su ataque.

El orbe de energía llega rápidamente hasta Karza que, instintivamente, clava sus garras en él.

La explosión tiñe el cielo de verde y desintegra por completo la parte superior de la ropa del mestizo, que por la explosión echa los brazos hacia atrás, quedándose vulnerable durante un instante.

Tarble ha aprovechado el ataque de Broly para rodear a Karza y abalanzarse sobre él por la espalda.

El hijo de Leek agarra la cola de Karza y la aprieta con fuerza.

– “¡Te tengo!” – exclama el saiyajín.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprende el mestizo.

Karza sacude su cola, y Tarble tiene que agarrarse a ella con todas sus fuerzas para no salir volando.

El mestizo parece tener un ataque repentino de cansancio y sueño, poco a poco sus ojos se cierran y sus movimientos son más lentos.

– “Hora de dormir, chico.” – sonríe Tarble, confiado.

Pero de repente, un nuevo estallido de energía nace en el interior de Karza.

El aura roja del mestizo se reaviva y empieza a revolverse de nuevo.

– “¡¡KYAAAAAH!!” – grita con desesperación.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Es que no funciona?!” – piensa. – “Es que yo… ¡¿no tengo fuerza suficiente?!” – lamenta. 

Entre las sacudidas, Karza logra conectar un codazo en la cara de Tarble y le rompe la nariz.

– “¡Ah…!” – sufre Tarble, soltando a al muchacho.

Karza prepara su garra, con las yemas de sus dedos iluminadas, y se dispone a rematar a Tarble atravesándole el pecho… pero en el último momento aparece Broly, que aparta a Karza de una patada en el pecho.

– “¡¿Estás bien?!” – le pregunta el hijo de Páragus a su amigo.

El golpe aleja al mestizo cientos de metros.

Tarble se sujeta la agarra la nariz desviada, sangrando, y se la recoloca con un fuerte clack.

– “Estoy bien…” – dice con un pesar evidente. – “Lo siento. He calculado mal.”

Broly se pone en guardia.

– “Así que no tiene la cola entrenada.” – dice el saiyajín. – “Puedo intentar encargarme de él yo solo. Creo que…”

– “Esta vez, yo seré el cebo.” – le interrumpe Tarble.

Broly lo mira con sorpresa.

– “Te puede matar.” – dice el hijo de Páragus, con una gota de sudor en su frente, por la incomodidad de tener que decirle tal cosa a su amigo.

Tarble se tapa un orificio de la nariz y exhala fuertemente por el otro, limpiándosela de sangre.

– “¿Estás listo?” – pregunta Tarble, que intenta ponerle valor para defender su orgullo.

Broly comprende a su amigo. Asiente.

Mientras tanto, Hybis ha montado su antena parabólica y ya habla con Cheelai.

– “¡¿Cómo?!” – se preocupa la patrullera tras escuchar la historia de Hybis. – “Supongo que, si está Broly, todo saldrá bien…” – murmura. – “Orbitaremos el sistema hasta que nos deis el visto bueno.” – responde.

– “Espero que acabe pronto.” – dice Hybis. – “No pude terminarme mi sopa de bichos y aún tengo hambre.”

– “Ah, bueno…” – dice Cheelai, un poco confusa. – “Pues espero que puedas terminar de comer…”

– “¿Y tu comida favorita cuál es?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – se miran Cheelai y Gohan Jr, extrañados.

Karza ataca de nuevo.

– “Vamos allá…” – se da ánimos Tarble.

El saiyajín lanza una pequeña esfera de energía contra el suelo, levantando una gran nube de polvo.

Karza se adentra en la polvareda. Desorientado, busca a sus contrincantes.

– “¡KYAAAAA!” – grita desatando su energía, disipando así la nube.

Karza sigue mirando a todos lados, sin suerte. Sus enemigos han desaparecido.

Desde el cielo, Tarble lo provoca.

– “¡HEY!” – exclama el saiyajín. – “¡ESTOY AQUÍ!”

El mestizo clava su mirada furiosa en él.

Tarble dispara a discreción una ráfaga de ki, alternando una mano y la otra para disparar.

– “¡VAMOS!” – exclama el hijo de Leek. – “¡VEN A POR MÍ!”

Karza sale volando, atravesando los ataques de Tarble, provocando decenas de explosiones que se aproximan cada vez más al saiyajín.

Tarble se prepara.

– “¡¡RIOT JAVE…!!” – intenta frenarlo.

Pero Karza aparece delante de él antes de lo que esperaba.

– “¡¿AH?!” – se asusta Tarble.


En ese instante, Broly cae sobre Karza, agarrándole la cola mientras se precipitan contra el suelo.

Los dos se estrellan contra el pavimento.

Cuando se disipa la polvareda, Karza está incrustado bocabajo en el suelo. Broly está de pie, con un pie sobre su espalda, agarrándole fuertemente la cola.

– “¡¡KYAAaaah!!” – grita el mestizo, quedándose sin fuerzas. – “Kyaaah…”

– “Has peleado muy bien, chico.” – dice Broly. – “Pero ahora toca descansar.”

Karza queda aturdido, debilitado, y pierde su transformación.

Broly aparta su pie, sin soltarle la cola. El mestizo intenta levantarse lentamente.

Tarble aterriza a su lado.

– “Felices sueños.” – sentencia el saiyajín.

Tarble propina un golpe con el canto de su mano en la nuca de Karza, dejándolo inconsciente.

Hybis ahora habla con Peral.

– “Creo que se ha cortado.” – dice Hybis.

– “No he detectado ningún problema en la señal.” – responde Peral.

– “Su voz es muy sexy.” – continúa Hybis.

– “Eres un tipo genial.” – lo anima Peral. – “Seguro que…”

Silencio en la radio.

– “¿Peral?” – pregunta Hybis. – “¿Estás ahí?”

Interferencias.

– “Pues parece que sí que tenía problemas la señal.” – suspira Hybis.

En la base del Planeta Freezer FR 85, dos soldados imperiales están de pie detrás de Peral, que se da la vuelta en su silla con cautela.

– “¿Puedo ayudarles en algo, caballeros?” – pregunta el operador, nervioso.

En Erezúant, Broly y Tarble, ya en estado base, regresan con los demás. El hijo de Páragus lleva a Karza sobre el hombro, como si fuera un saco de patatas.

– “Qué alivio…” – suspira Sambuco.

– “¿Está…?” – se preocupa Panzy al ver al muchacho.

– “Solo está inconsciente.” – responde Broly con una sonrisa.

Panzy se alegra.

Gladyola levanta a Torpin del suelo, agarrándolo de la parte trasera del cuello de su armadura.

– “¿Sigue vivo?” – se extraña Broly, sintiendo aún un leve ki en su interior.

– “Debemos interrogarlo.” – dice Gladyola. – “Así lo ha ordenado la Princesa.”

Tarble se fija en su muñón, que ya no sangra.

– “¿Lo habéis curado?” – se sorprende el saiyajín.

– “¡Ha sido Sambuco!” – dice Panzy. – “Le hizo un torniquete.”

– “Veo que los saiyajín sois muy resistentes.” – dice Gladyola. – “Cualquiera hubiera muerto después de perder tanta sangre.”

Sambuco agita su mano al aire quitándose importancia.

– “¡Solo es un viejo truco…!” – se excusa. – “¡Uno aprende cosas con los años!”

Broly levanta una ceja. Su instinto parece decirle que algo no cuadra.

Sambuco y el saiyajín se miran a los ojos un instante, pero ninguno dice nada.

Tarble se acerca a Hybis.

– “¿Has podido contactar con Cheelai?” – pregunta el saiyajín.

– “Afirmativo.” – asiente Hybis. – “Pero la conexión se ha perdido y ya no logro contactar con Peral.”

– “Volveremos al castillo del Rey Kadan.” – dice Gladyola. – “Allí podremos interrogar al saiyajín y debatir que hacemos con el muchacho, mientras vosotros intentáis poneros en contacto con la Patrulla Galáctica.” – 

El minotauro se acerca a los saiyajín.

– “¡Oxyedas!” – se alegra Broly. – “¿Estás bien?”

– “Me duele la cabeza.” – protesta el toro.

– “Jeje” – ríe el saiyajín.

Tarble suspira, contrariado.

– “Aún tenemos que recuperar nuestra nave.” – recuerda. – “No quiero recibir otra bronca de Lemon…”

– “Ya hemos cruzado el Valle de los Sordos.” – dice Sambuco. – “El asentamiento que buscamos debería estar a tan solo unos quilómetros al norte.”

– “Si es así, deberíamos investigarlo.” – dice Tarble.

– “¿Y si el chico despierta?” – se preocupa Panzy.

– “Yo me encargo de él.” – dice Broly, golpeándose el pecho. 

– “No me parece seguro.” – protesta Gladyola. – “La seguridad de la Princesa es mi prioridad.”

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Está bien.” – tiene una idea. – “Creo que lo más sensato es que Broly se quede aquí custodiando a los prisioneros. Hybis y la Princesa pueden quedarse también. A ver si logramos recuperar el contacto por radio.” – propone. – “Sambuco, Gladyola y yo iremos al asentamiento.”

– “¿Yo tengo que ir?” – se asusta el anciano.

– “Necesitamos tu guía.” – insiste Tarble.

Broly asiente.

– “¿Qué vas a hacer a hacer tú, Oxyedas?” – pregunta Broly. – “Tu gente ha sido liberada.”

– “Puedo acompañarlos yo al asentamiento.” – dice el minotauro. – “Será mi forma de daros las gracias.”

Sambuco suspira, aliviado.

¡Feliz Navidad!

Ipocrito nos regala este maravilloso dibujo sorpresa para felicitarnos las fiestas.

¡Muchas gracias a todos por leernos un año más!

Espero que estéis disfrutando de la nueva saga.

Esta semana no tendremos capítulo, porque la Señora Batosai y yo estamos en Hokkaido unos días de vacaciones. Disculpad las molestias.

¡DBSNL volverá la semana que viene!

Dibujado por Ipocrito