DBSNL // Capítulo 385: Tragacielos

DBSNL // Capítulo 385: Tragacielos

“Pondremos esas historias a prueba.”

En el taller del cíclope, disimuladamente, éste ha activado un dispositivo oculto bajo su tabardo.

Un potente chirrido ultrasónico ha sido emitido por unos altavoces ocultos en el tejado de la chabola, sin que nuestros amigos lo noten.

El sonido ha llegado hasta lo más profundo del Valle de los Sordos, donde algo ha respondido al reclamo con un grito estremecedor.

De repente, una potente ráfaga de aire se cuela en la cueva donde reposaban Broly y los demás.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se sorprende Panzy.

Un chirrido es la respuesta.

El rostro de Sambuco se desfigura con horror.

La calma regresa tras un instante.

Hybis entra en la cueva, inexpresivo y en silencio, pero algo lo ha dejado blanco.

– “¿Qué ha pasado…?” – se pregunta Broly.

En el taller, Gladyola agarra al vendedor y lo levanta del suelo agarrándolo por el tabardo.

– “¡Dinos para quién trabajas!” – le dice ella, inquisitiva. – “El Rey Kadan no tiene tanta paciencia como la Patrulla Galáctica. ¡Responde!”

– “¡No sé nada! ¡De verdad!” – exclama el cíclope. – “¡Llévense la nave, si la quieren!”

Tarble suspira.

– “No hablará…” – lamenta el saiyajín.

– “En el castillo del Rey hay gente muy persuasiva.” – sonríe la guerrera, en tono de amenaza.

– “Aah…” – sufre el cíclope, asustado.

De repente, un estruendoso vendaval sacude la chabola. Retumban las placas de metal que la constituyen.

– “¡¿AH?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Aquí hay tifones?!”

Gladyola deja caer al cíclope al suelo y agarra su espadón, lista para desenvainar si fuera necesario.


El suelo tiempla; una fuerte pero breve sacudida.

– “¿Qué demonios…?” – se preocupa Tarble.

Una sombra en movimiento se cuela a través de una rendija en la pared de la chabola.

El rostro de Gladyola refleja el horror.

El cíclope sonríe con chulería.

– “Estáis muertos.” – sentencia. – “¡JAJAJA!” – ríe con prepotencia.

Un grito de Oxyedas los alerta.

– “¡¡UN TRAGACIELOS!!” – exclama.

Pero es demasiado tarde. Las fauces de una bestia atrapan la chabola y la tritura.

Gladyola y Tarble logran salir de allí de un salto, en el útlimo momento.

El dragón levanta la cabeza hacia el cielo para tragar.

La bestia dragontina es gigantesca, alada y solo con dos extremidades delanteras; el resto de su cuerpo es parecido al de una serpiente. Ojos amarillos. Su piel es verde oscuro, dura y escamosa. Su cabeza es reptiliana, con mandíbula prominente, con tres pinchos anaranjados a cada lado a juego con sus dos grandes cuernos en la cabeza y un tercero sobre su nariz. Su espalda la recorren espinas triangulares del mismo color, desde la cabeza hasta la cola. Sus alas son inmensas. 

Con cada sacudida de su cola y batir de sus alas, varias chabolas y tiendas salen volando por los aires.

Tarble se agarra el pecho, con el corazón acelerado.

– “Eso ha estado cerca…” – suspira aliviado.

Gladyola desenvaina su espadón.

– “Maldita sea…” – aprieta los dientes, agarrando el arma más fuerte.

Oxyedas, que parece minúsculo al lado de tal monstruo, retrocede cautelosamente.

Tarble mira a su alrededor.

– “¿Y el tipo de la tienda?” – pregunta el saiyajín.

Gladyola niega.

Tarble se lleva las manos a la cabeza, devastado.

– “Era nuestra única pista…” – lamenta.

La bestia ruge. Un grito ensordecedor que hace que todos se cubran los oídos.

El tragacielos se fija en Gladyola.

– “Tsk…” – se preocupa ella.

El dragón intenta pisarla con su enorme garra.

La guerrera desenfunda su pistola y dispara a discreción, pero disparos láser rojos no parece que causen ningún daño al monstruo.

Tarble se abalanza sobre Gladyola y la aparta a tiempo.

El pisotón retumba por todo el asentamiento.

La gente huye despavorida.

Oxyedas agarra una gran roca del suelo y carga contra la pata de la bestia para golpearla con todas sus fuerzas.

Pero el dragón no parece inmutarse.

Con esa misma garra, sacude a Oxyedas, que sale volando por los aires, para caer a varias calles de distancia sobre una tienda de campaña.

Tarble se preocupa por el minotauro.

– “¡¿Qué hacemos?!” – le pregunta a Gladyola. – “¡¿Este bicho no tiene un punto débil o algo así?!”

Gladyola agarra con fuerza su arma. Una gota de sudor frío recorre su sien.

– “Se dice que su mero grito es capaz de hacerte enloquecer.” – responde ella. – “¿Qué se puede hacer contra algo así? Nadie ha sobrevivido.”

Tarble aprieta los puños. Su aura estalla en dorado, transformándose en Súper Saiyajín.

– “Pondremos esas historias a prueba.” – esboza una media sonrisa, intentando sobreponerse al miedo.

El saiyajín se eleva a toda velocidad.

El tragacielos ve el brillo de Tarble ascendiendo y lo sigue con la mirada.

– “GRRUFFFF…” – resopla por la bestia por la nariz.

Tarble lanza una esfera de energía al dragón, pero el ataque impacta sobre las escamas de su nariz, haciendo que el ataque se divida en una docena de esferas menos que se desvanecen rápidamente.

– “¡¿NADA?!” – se sorprende.

Tarble observa el asentamiento arrasado por la llegada de la criatura.

– “Tengo que alejarlo de aquí…” – piensa el saiyajín.

El patrullero reaviva su aura y sale volando.

El dragón abre sus gigantescas alas y las bate, provocando una ventisca violenta que arranca docenas de tiendas y chabolas, y se dispone a seguir a Tarble.

El saiyajín se aleja del asentamiento y el tragacielos lo persigue.

Tarble parece contento con su ventaja, pero solo con dos aleteos la bestia recorta la distancia.

El patrullero lo mira de reojo.

– “¡¿Cómo puede ser tan rápido con lo grande que es?!” – se pregunta. – “Si sigo así, solo voy a cansarme… ¡Cada vez que bate las alas está más cerca!”

Tarble se detiene en el aire.

– “Veamos de qué eres capaz…” – lo espera.

El dragón abre sus fauces y se abalanza sobre él.

El saiyajín hace un sprint lateral, evadiendo el mordisco.

El tragacielos se pasa de largo, y tiene que frenarse para poder darse la vuelta.

– “Eso te cuesta un poco más, ¿eh?” – sonríe Tarble.

El dragón vuelve a embestir al saiyajín.

Tarble lo evade de nuevo y se eleva a toda velocidad.

– “¡ESTOY AQUÍ!” – le dispara un blast de energía para llamar su atención.

El blast le da en la cabeza, pero se disuelve en varios ataques menores que llueven sobre el desierto de Erezúant.

Tarble aprovecha que el tragacielos necesita tiempo para cambiar su rumbo para tomar distancia.

– “Aquí estoy…” – gruñe el saiyajín. – “¡¡DOUBLE RIOT JAVELIN!!” – prepara una esfera de energía azul en cada mano. – “¡¡HAAAA!!” – dispara a la vez.

Las dos esferas de ki se unen durante su caída y chocan directamente contra el morro del dragón.

Pero las escamas disipan el ataque de nuevo, sin importar la potencia del ataque.

– “¡¿QUÉ?!” – se preocupa Tarble.

El ataque se ha convirtido en una lluvia de ki que cae sobre el desierto, provocando un centenar de explosiones.

El dragón abre su enorme boca, dispuesto a devorar al patrullero.

Tarble había puesto todas sus expectativas en ese ataque, y ahora es demasiado tarde para reaccionar. Las fauces se abren frente al saiyajín.

Pero justo cuando su destino parecía sellado, el tragacielos cierra su boca a tan solo un metro de distancia de Tarble.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el saiyajín.

Broly, con su cabello verde y su aura viva, está sujetando la cola del monstruo.

– “Tsk…” – se esfuerza el saiyajín.

– “¡BROLY!” – se alegra Tarble.

Broly tira del dragón con todas sus fuerzas.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el patrullero.

El saiyajín lanza al dragón contra el suelo.

La caída crea un enorme cráter y hace temblar el suelo en toda la región.

Broly apunta al dragón con su mano derecha y le lanza una esfera concentrada de ki verde.

Cuando el tragacielos empieza a levantarse, el ataque cae sobre su espalda, pero solo se divide en esferas menores que se escurren por su espalda como si fueran gotas de agua e impactan contra el suelo, levantando una gran polvareda.

– “¿Eh?” – Broly parece confundido.

– “¡Eso no funciona!” – advierte Tarble.

Broly le apunta de nuevo.

– “¿En serio?” – se sorprende, con cierta emoción. – “Pero tiene que tener un límite.” – sonríe mientras materializa una nueva esfera de ki.

– “¡ESPERA! ¡ESPERA!” – lo detiene su compañero, poniéndose delante de él.

– “¿Qué ocurre?” – se extraña Broly.

– “Si no tienes cuidado, podrías causar daños graves al planeta.” – advierte Tarble. – “No queremos causar un conflicto diplomático… Además, se ha tragado a nuestro sospechoso.”

– “Vaya…” – se cruza de brazos Broly, un poco frustrado por no poder divertirse.

El dragón ruge. Broly y Tarble tiene que taparse los oídos.

– “¡¿Y QUÉ HACEMOS?!” – pregunta Broly, medio sordo.

Tarble no responde. Observa al enemigo mientras piensa en una solución.

El grito cesa.

Los saiyajín sacuden la cabeza, intentando recuperar la cordura.

– “¿Alguna idea?” – insiste Broly.

Tarble esboza una media sonrisa tintada con cierta ironía.

– “Tenemos que recuperar a nuestro testigo.” – responde el saiyajín.

– “¿Qué?” – se extraña Broly.

Tarble se lanza en picado sobre el dragón.

– “¡¡TARBLE!!” – se preocupa Broly.

El saiyajín lanza dos ataques de energía mientras desciende, llamando la atención del enemigo.

– “Vamos…” – aprieta los dientes. – “¡¡VAMOS!!”

El tragacielos abre su enorme boca. 

El saiyajín desaparece en las fauces del dragón.

Broly se tapa el rostro con la mano, sin dejar de mirar.

– “¿Qué demonios hace…?” – se preocupa por su compañero.

El dragón ruge de nuevo.

– “Maldita sea…” – sufre Broly de nuevo.

El tragacielos empieza a batir sus alas y pronto sale volando en dirección al asentamiento bandido.

Broly tarda un poco en recuperar la compostura, pero sale volando tras él.

El saiyajín lo alcanza rápidamente y se lanza sobre su hocico con los pies por delante.

El impacto retumba en todo el planeta.

El tragacielo es derribado, pero amortigua su caída abriendo sus alas, logrando aterrizar sin estrellarse.

– “Es realmente resistente…” – piensa Broly.

Broly aterriza frente a él.

– “Si al menos puedo distraerlo…” – aviva su aura, llamando la atención de la bestia.

El saiyajín lanza una ráfaga de ki.  Los ataques se disipan al impactar contra las escamas del dragón.

El tragacielos embiste a Broly e intenta aplastarlo con su garra, pero el saiyajín la detiene con sus manos.

– “Tsk…” – aguanta el patrullero.

El suelo se resquebraja bajo sus pies.

Desde una colina cercana al asentamiento, Gladyola observa impotente el enfrentamiento, lejos de su alcance.

La boca del dragón se ilumina.

Broly puede sentir el aumento en el ki de su compañero.

El tragacielos empieza a toser y carraspear, molesto, y retrocede.

Broly lo mira con una sonrisa.

La bestia parece tener arcadas.

De repente, Tarble sale volando de las fauces de la bestia y se estrella contra el suelo.

El saiyajín tiene agarrado del brazo al cíclope, que sigue vivo, pero está inconsciente, magullado por los escombros de la chabola que colapsó sobre él.

Broly se alegra de ver a su compañero con vida y se acerca a él rápidamente.

Tarble y el vendedor están llenos de babas.

– “¿Estás bien?” – intenta ayudarlo a levantarse, pero enseguida se arrepiente al quedar su mano llena ese líquido viscoso.

Tarble se pone en pie e intenta limpiarse un poco, sin mucho éxito.

El dragón sigue sacudiendo la cabeza, molesto.

Broly se limpia la mano en su pantalón.

– “Eso ha sido muy imprudente…” – recrimina a su compañero.

Tarble aviva su aura de Súper Saiyajín, repeliendo y evaporando parte de las babas que lo cubren.

– “Cuando la bestia ha rugido, me había parecido sentir su ki.” – dice el saiyajín, mirando al vendedor. – “Seguía con vida.”

– “Aun así…” – protesta Broly.

– “Además, ahora sé su punto débil.” – aprieta el puño con decisión.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly.

– “Podemos hacerle daño desde dentro.” – sonríe Tarble.

La bestia ruge de nuevo. Los saiyajín se tapan las orejas, con mueca de dolor.

– “¡CREO QUE, SI TRABAJAMOS JUNTOS, PODEMOS APROVECHAR CUANDO…!” – dice Tarble.

Pero cuando Tarble mira a su compañero, éste ya no está.

– “¿Eh?” – lo busca.

Broly ha volado hasta la boca del tragacielos, y ya prepara un orbe de energía verde en su mano derecha, pequeño pero muy brillante.

El disparo es directo y certero; al fondo de la garganta del tragacielos.

El estallido provoca que una gran humareda emerja de su boca.

La bestia cae redonda al suelo, provocando un temblor con el golpe.

Tarble se queda boquiabierto.

Desde la colina, Gladyola observa la muerte de la bestia con ojos abiertos como platos.

Oxyedas, magullado, se acerca a la guerrera, y se queda a su lado con la misma cara de asombro al ver que el tragacielos ha caído.

DBSNL // Capítulo 384: Mercado negro

DBSNL // Capítulo 384: Mercado negro

“¿Tienes miedo de una tormenta?”

En Erezúant, Oxyedas, Gladyola y Tarble han llegado al asentamiento de los bandidos, y lo observan desde una colina. Varios centenares de tiendas de campaña improvisadas y chabolas se extienden sobre la planicie. La mayoría de individuos son forasteros, pero algunos nativos también viven entre ellos.

– “¿Por dónde empezamos?” – pregunta Tarble.

En el centro del asentamiento, las tiendas forman una calle más ancha y concurrida que las demás, con gente detenida a cada lado, amontonándose en algunas chabolas en particular. 

– “El mercado.” – señala Gladyola.

Entrando al asentamiento, Oxyedas arranca la cubierta de una tienda de compaña grande y se la pone por encima, a modo de capa con capucha, para intentar pasar un poco desapercibido.

– “Ahí vivía alguien…” – murmura Tarble, con una gota de sudor recorriendo su sien.

– “Deberíais hacer lo mismo.” – responde el minotauro. – “Un patrullero y la mano derecha del Rey no son bienvenidos en este lugar.”

– “Tiene razón.” – dice Gladyola

La guerrera se acerca a un tendedero de ropa y arranca varias telas.

Mientras tanto, en la cueva donde nuestros amigos conocieron al minotauro, Broly, Panzy, Sambuco y Hybis esperan relajados frente a una hoguera. 

Torpin y Karza siguen inconscientes. El viejo está sentado, apoyado en la pared; el joven está acurrucado en el suelo.

Panzy mira al mestizo saiyajín con tristeza.

– “Estará bien.” – sonríe Broly, para animarla.

– “Es solo un muchacho.” – dice Panzy, apenada.

– “La Patrulla Galáctica encontrará un lugar para él.” – dice Sambuco. – “¿Verdad?”

– “Una prisión de máxima seguridad.” – responde Hybis. – “Ha atacado a dos agentes.”

– “Pero…” – se preocupa la Princesa.

– “Nunca tuvo elección.” – replica Broly. – “Las decisiones que tome a partir de ahora son las que marcarán su futuro.” – añade, con su mirada triste, recordando su propio pasado en Vampa. 

Sambuco y Panzy se dan cuenta de que el tema parece resonar en el saiyajín.

– “Seguro que encontraremos un lugar adecuado para él.” – sonríe Broly.

Panzy asiente, aliviada.

En el espacio, la nave de Cheelai y Gohan Jr sigue su rumbo hacia el sistema de Erezúant. Ella está a los mandos, mientras Gohan Jr juega con una pequeña consola portátil.

Oxyedas, Gladyola y Tarble, todos ocultos bajo túnicas improvisadas, caminan por el mercado.

Los bandidos tienen a la venta objetos de todo tipo; armas, herramientas, animales enjaulados.

Nuestros amigos van directos a una zona que parece una chatarrería, lleno de trastos mecánicos; motores, engranajes, poleas, chasis viejos de naves.

– “¿El Rey Kadan permite esto?” – pregunta Tarble, mientras mira entre la mercancía.

– “Ya has visto lo difícil que es acceder aquí.” – responde Gladyola. – “No puede imponer su ley en este lugar.”

– “Pero ahora, la Patrulla Galáctica puede encargarse de poner orden.” – dice el saiyajín. – “Siempre que Rey Kadan solicite la…”

Tarble ha visto algo entre la chatarra.

– “¡MI NAVE!” – exclama de repente.

La nave de la Patrulla Galáctica está entre los aparatos, medio desguazada.

De repente, un alboroto se forma al final de la calle.

– “¡Yo me largo!” – grita un tipo.

– “¡Cobarde!” – replica otro.

De una chabola anexa al desguace, custodiada un por dos tipos malcarados, sale un guerrero brench de piel verde oliva y cabello alborotado naranja, con cara de pocos amigos, y se aleja. Viste un mono ajustado verde oscuro y una armadura imperial antigua verde claro con detalles naranjas, serrada por la mitad y convertida en chaleco.

– “¡MELON!” – grita alguien desde el interior de la chabola.

Un cíclope de estatura media y complexión delgada sale persiguiendo al brench. Su piel es amarillenta y su rostro estrecho. Viste una chaqueta y un pantalón holgado de color azul grisáceo con las mangas dobladas de color blanco, y botas negras. Sobre su ropa lleva un tabardo azul oscuro adornado con una fila vertical de símbolos naranjas en forma de “V”. En la cabeza lleva un casco blanco en forma de turbante del que sale una antena en la parte superior.

– “¡EL SEÑOR GOICHI TE VA A HACER PAGAR POR…!” – protesta el tipo.

Melon se revuelve de repente y confronta al cíclope, lo que pone en alerta a los dos tipos que custodiaban la entrada de la chabola. Uno de ellos parece un caballo bípedo con guantes de boxeo, y el otro parece una cucaracha.

– “Escúchame, estúpido.” – le dice el brench, apretando los dientes y acercándose mucho a la cara del cíclope. – “¿Sabes lo que era eso?” – señala el cielo en dirección al campamento ganadero.

– “¿Tienes miedo de una tormenta?” – se burla el cíclope.

– “Eso no ha sido una tormenta.” – replica Melon, a punto de perder los estribos. – “Era un combate. ¡UNO MUY POR ENCIMA DE MI SUELDO!” – le grita.

– “Demasiado bien pagado estas, cobarde.” – protesta el tipo.

– “Si la Patrulla Galáctica ha llegado a Erezúant, no tardarán en…” – dice el brench.

Melon ve por encima del hombro a Tarble, Gladyola y Oxyedas.

– “Mira, no importa…” – suaviza su actitud repentinamente, mientras da un paso atrás. – “Me marcho.”

– “¡COBÁRDE!” – le insulta una vez más el cíclope.

El brench se aleja a paso rápido, con la cabeza agachada.

El cíclope da una pataleta.

– “¡PUES VETE! ¡NO TE NECESITAMOS! ¡ESTÁS DESPEDIDO!” – le increpa dando aspavientos.

Mientras tanto, Tarble y los demás se han acercado.

– “Disculpe.” – dice el saiyajín.

– “¿Eh?” – se da la vuelta el cíclope.

– “¿Esa nave?” – Tarble señala la nave robada. – “¿Por cuánto la vende?”

– “¿Esa?” – una sonrisa se dibuja en el rostro del cíclope, que despierta su lado comerciante. – “¡Es mi última adquisición! ¡Se la puedo dejar como nueva en unas horas! ¿En qué piensa pagar? ¿Azulejos, quizás?”

Bajo la túnica improvisada de Tarble, el cíclope puede identificar el uniforme de la patrulla.

– “Aaaah…” – se asusta. – “¡¡ES LA PATRULLA GALÁCTICA!!” – grita.

La gente alrededor corre despavorida. Muchos recogen las tiendas de campaña apresuradamente y huyen con el material de sus puestos de venta.

– “Solo me interesa la nave…” – se excusa Tarble, incómodo ante el alboroto.

– “¡MATADLOS!” – grita el cíclope.

Pero cuando mira a sus guardaespaldas, solo el caballo sigue ahí, porque la cucaracha ya corretea despavorida usando todas sus patas para huir más rápido.

– “¡TRAIDOR!” – le increpa el cíclope.

El caballo boxeador adopta una pose de combate y da varios rápidos puñetazos al aire para intentar amedrentar a sus adversarios.

Tarble suspira, poco impresionado.

El saiyajín se quita la túnica de un solo movimiento mientras se transforma en Súper Saiyajín.

El estallido de ki hace que el vendedor caiga de culo al suelo. 

El boxeador levanta las manos mientras retrocede lentamente, dándose por vencido.

Frente a la entrada de la cueva, Hybis practica tai chi.


En su interior, Sambuco está echándose una siesta con la boca abierta, sentado en el suelo y apoyado en la pared.

Panzy, aburrida, tira una china al fuego para provocar que salten chispas.

– “Entonces…” – dice ella. – “Tarble es como un Príncipe, ¿no?”

– “¿Eh?” – la mira Broly, ante la inesperada pregunta.

– “¿Es por eso que él tiene cola y tú no?” – pregunta, curiosa.

– “¡Qué observadora!” – se sorprende el saiyajín.

Broly suspira, con un poco de pereza por tener que explicar un asunto tan burocrático que incluso a él le cuesta comprender. 

– “Pues… no exactamente…” – se rasca la mejilla con el dedo índice, mirando al techo. 

Pero el saiyajín desvía la mirada un instante hacia el al aún inconsciente Karza, y una tierna media sonrisa se dibuja en su rostro al comprender que la chica es la primera vez que conoce a alguien en unas circunstancias parecidas a la suyas.

– “Antes teníamos un Rey, pero nuestro planeta desapareció. Es una historia larga. Pero solo sobrevivieron unos pocos, y los lideraba mi padre.” – explica Broly. – “Después, cuando él murió, el padre de Tarble tomó el mando.” – resume.

Ella asiente, atenta.

– “Y ahora, formamos parte de la unión de planetas bajo la jurisdicción de la Patrulla Galáctica.” – continúa el saiyajín. – “Nos ayudaron reestablecernos y a empezar de nuevo.”

– “¿Y la cola?” – pregunta Panzy, curiosa.

– “Ah, pues… cuando hay luna llena, los saiyajín nos transformamos en Ozaru,; algo así como un simio gigante.” – revela Broly.

– “¡Ooh!” – exclama ella. – “¡¿En serio?!”

Broly se cruza de brazos y asiente.

– “Pero para eso necesitamos nuestra cola.” – dice Broly. – “Cuando nos unimos a la Patrulla Galáctica como agentes, para poder asignarnos misiones sin preocuparse por problemas inesperados, nos pidieron que prescindiéramos de ella.” – revela.

– “Tiene sentido.” – cavila ella.

– “Tarble también se la quitó durante un tiempo.” – continúa Broly. – “Pero ahora, su padre tiene una edad muy avanzada, y es posible que, cuando ocurra lo peor… La sociedad saiyajín es complicada…”

De repente, el saiyajín siente la energía de su compañero.

– “¡¿Eh?!” – se sobresalta.

Sambuco entreabre un ojo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Panzy, buscando a su alrededor.

– “He sentido la energía de Tarble.” – dice Broly.

– “¿Eso es malo?” – se preocupa ella.

– “Creo que no.” – sonríe Broly.

En el asentamiento, Gladyola y Tarble, de nuevo en estado base, entran en la chabola empujando al cíclope, que cae de rodillas al suelo. Oxyedas espera fuera.

– “¡No me hagan daño!” – suplica el vendedor, asustado, encogiéndose y cubriéndose la cabeza. – “¡Solo cumplo órdenes!”

Gladyola camina alrededor de la sala, repleta de estanterías llenas de aparatos electrónicos y mecánicos en dudoso estado.

– “Parece un taller.” – dice ella.

– “Esto forma parte de una operación mayor.” – dice Tarble. – “Cotejaremos los símbolos de su ropa con la base de datos para ver si hay alguna coincidencia con crímenes cometidos en otros sistemas.”

– “Trabajo yo solo…” – protesta el cíclope. – “Solo soy un humilde vendedor…”

– “Te hemos oído hablando con el mercenario.” – responde el saiyajín. – “¿Quién es ese señor Goichi? ¿Podemos hablar con él?”

– “No sé de qué me hablan…” – insiste el vendedor.

Disimuladamente, el cíclope busca algo bajo su tabardo.

Un potente chirrido ultrasónico es emitido por unos altavoces ocultos en el tejado de la chabola, sin que nuestros amigos lo noten.

El sonido llega hasta lo más profundo del Valle de los Sordos, donde algo responde al reclamo con un grito que estremecería al más poderoso de los guerreros.

DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

“¿Y tu comida favorita cuál es?”

En el cielo de Erezúant, con la tímida luz del amanecer atenuando la aurora, Broly y Karza siguen peleando.

El chico, enloquecido, ataca al saiyajín desde la distancia, con sus recién descubiertos zarpazos de ki rojo.

Broly los evade volando de lado a lado con esprints cortos.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín. – “¡Ya es suficiente! ¡No quiero hacerte daño!” – insiste.

– “¡KYAAAH!” – grita Karza.

En tierra firme, Tarble, transformado en Súper Saiyajín, da la espalda a Torpin.

– “Hablas… de la voluntad de nuestra raza…” – dice el viejo moribundo. – “¿Qué sabrás tú…?”

Tarble no responde.

Sambuco, Gladyola, Panzy y Hybis observan atentamente la escena. Los tres parecen comprender que el conflicto les es ajeno.

El viejo ha perdido tanta sangre que está cerca de desmayarse y da una repentina cabezada, pero aún resiste.

– “Por la gracia de mi padre, por tus años de leal servicio al Rey Vegeta III, puedo concederte la muerte que merece un guerrero.” – dice Tarble.

Tarble se da la vuelta, mirando de nuevo a Toprin.

– “¿La aceptas?.” – pregunta el hijo de Leek.

Torpin escupe al suelo, ofendido.

– “Tú… no puedes otorgarme nada…” – protesta Torpin. – “Solo eres… el hijo de un cobarde… que se unió a un traidor… y que viste el uniforme de un ejército ajeno.”

Tarble se queda mirando al viejo saiyajín, en silencio.

– “En ese caso, debería arrestarte en nombre de la Patrulla Galáctica.” – habla Table. – “Pero en este planeta prima la ley del Rey Kadan.” – da la espalda al saiyajín. – “Gladyola, lo dejo en tus manos.” – le dice a la guerrera. – “Haz lo que debas.”

Gladyola tarda un instante en reaccionar, pues se sorprende de la respuesta del patrullero.

La guerrera asiente. 

Tarble mira de reojo a Hybis.

– “Hybis, comunícate con Cheelai, por favor.” – dice el saiyajín. – “De momento, es mejor que se mantengan alejados de este planeta.”

Hybis suelta el maletín en el suelo.

– “Solo porque me lo has pedido por favor.” – asiente.

Tarble responde con una sonrisa. 

El saiyajín sale volando hacia la batalla.

Gladyola empuña su espadón y avanza hacia Torpin, pero Panzy la sujeta del pantalón, frenándola.

– “¿Eh?” – la guerrera mira a la princesa.

– “Quiero preguntarle sobre Glorio.” – dice Panzy.

El viejo saiyajín da otra repentina cabezada, ya en las últimas, con los ojos casi en blanco.

– “Creo que es demasiado tarde, Princesa.” – responde Gladyola.

Sambuco se acerca a la muchacha.

– “Creo que yo puedo ser de ayuda.” – sonríe el desaliñado anciano.

Mientras tanto, Oxyedas se incorpora torpemente, sujetándose la mandíbula, dolorido.

– “¿Qué ha pasado…?” – pregunta, aturdido, como si se levantara después de una borrachera.

En el cielo, Broly avanza hacia Karza esquivando sus zarpazos, hasta que logra alcanzarlo y le agarra los antebrazos, intentando inmovilizarlo.

– “¡BASTA!” – exclama el hijo de Páragus. – “¡Si sigues así, voy a tener que…!”

Pero el joven mestizo abre su boca y dispara un cañonazo de energía roja que Broly tiene que esquivar rápidamente, agachándose.

El torrente de energía le quema varios mechones de pelo al saiyajín.

Karza aprovecha que Broly ha aflojado su agarre para patearle la nuca con ambos pies, y así liberarse.

El hijo de Páragus se precipita contra el suelo rápidamente, pero logra aterrizar de pie.

– “Maldita sea…” – se frota la nuca, dolorido.

Tarble aterriza a su lado.

– “¿Tienes problemas?” – pregunta en tono burlón.

– “Tsk…” – protesta Broly, con una media sonrisa cómplice. – “Ya habría puesto fin al combate, si no fuera solo un pobre muchacho.”

Tarble observa a Karza en el cielo, sujetándose la cabeza, con los ojos muy abiertos, desesperado, y con una sonrisa desquiciada.

– “Lo entiendo.” – sonríe el hijo de Leek, recordando la infancia de su amigo. – “Por suerte, tengo la solución.”

– “Ah, ¿sí?” – se sorprende Broly.

Tarble empuja a Broly ligeramente por la espalda, haciéndole dar un paso al frente.

– “Tú serás el cebo.” – dice el hijo de Leek.

– “¿Qué?” – replica Broly, confundido.

Karza grita, llamando la atención de los saiyajín.

– “¡¡KYAAAAAAAH!!” – chilla el mestizo.

– “Ya viene.” – frunce el ceño Broly.


Karza se abalanza sobre ellos.

– “Todo tuyo.” – sonríe Tarble, fanfarrón. – “Intenta frenarlo.”

– “Tsk…” – protesta Broly.

El hijo de Páragus sale volando al encuentro de Karza.

El mestizo tiene las garras preparadas, dejando un rastro de ki tras él por cada dedo. De su boca emana también energía, como si estuviera evaporándose el ki sobrante.

Broly extiende su mano derecha y materializa un orbe de ki azul, que pronto se torna verde.

– “¡¡RIOT JAVELIN!!” – exclama el mestizo, lanzando su ataque.

El orbe de energía llega rápidamente hasta Karza que, instintivamente, clava sus garras en él.

La explosión tiñe el cielo de verde y desintegra por completo la parte superior de la ropa del mestizo, que por la explosión echa los brazos hacia atrás, quedándose vulnerable durante un instante.

Tarble ha aprovechado el ataque de Broly para rodear a Karza y abalanzarse sobre él por la espalda.

El hijo de Leek agarra la cola de Karza y la aprieta con fuerza.

– “¡Te tengo!” – exclama el saiyajín.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprende el mestizo.

Karza sacude su cola, y Tarble tiene que agarrarse a ella con todas sus fuerzas para no salir volando.

El mestizo parece tener un ataque repentino de cansancio y sueño, poco a poco sus ojos se cierran y sus movimientos son más lentos.

– “Hora de dormir, chico.” – sonríe Tarble, confiado.

Pero de repente, un nuevo estallido de energía nace en el interior de Karza.

El aura roja del mestizo se reaviva y empieza a revolverse de nuevo.

– “¡¡KYAAAAAH!!” – grita con desesperación.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Es que no funciona?!” – piensa. – “Es que yo… ¡¿no tengo fuerza suficiente?!” – lamenta. 

Entre las sacudidas, Karza logra conectar un codazo en la cara de Tarble y le rompe la nariz.

– “¡Ah…!” – sufre Tarble, soltando a al muchacho.

Karza prepara su garra, con las yemas de sus dedos iluminadas, y se dispone a rematar a Tarble atravesándole el pecho… pero en el último momento aparece Broly, que aparta a Karza de una patada en el pecho.

– “¡¿Estás bien?!” – le pregunta el hijo de Páragus a su amigo.

El golpe aleja al mestizo cientos de metros.

Tarble se sujeta la agarra la nariz desviada, sangrando, y se la recoloca con un fuerte clack.

– “Estoy bien…” – dice con un pesar evidente. – “Lo siento. He calculado mal.”

Broly se pone en guardia.

– “Así que no tiene la cola entrenada.” – dice el saiyajín. – “Puedo intentar encargarme de él yo solo. Creo que…”

– “Esta vez, yo seré el cebo.” – le interrumpe Tarble.

Broly lo mira con sorpresa.

– “Te puede matar.” – dice el hijo de Páragus, con una gota de sudor en su frente, por la incomodidad de tener que decirle tal cosa a su amigo.

Tarble se tapa un orificio de la nariz y exhala fuertemente por el otro, limpiándosela de sangre.

– “¿Estás listo?” – pregunta Tarble, que intenta ponerle valor para defender su orgullo.

Broly comprende a su amigo. Asiente.

Mientras tanto, Hybis ha montado su antena parabólica y ya habla con Cheelai.

– “¡¿Cómo?!” – se preocupa la patrullera tras escuchar la historia de Hybis. – “Supongo que, si está Broly, todo saldrá bien…” – murmura. – “Orbitaremos el sistema hasta que nos deis el visto bueno.” – responde.

– “Espero que acabe pronto.” – dice Hybis. – “No pude terminarme mi sopa de bichos y aún tengo hambre.”

– “Ah, bueno…” – dice Cheelai, un poco confusa. – “Pues espero que puedas terminar de comer…”

– “¿Y tu comida favorita cuál es?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – se miran Cheelai y Gohan Jr, extrañados.

Karza ataca de nuevo.

– “Vamos allá…” – se da ánimos Tarble.

El saiyajín lanza una pequeña esfera de energía contra el suelo, levantando una gran nube de polvo.

Karza se adentra en la polvareda. Desorientado, busca a sus contrincantes.

– “¡KYAAAAA!” – grita desatando su energía, disipando así la nube.

Karza sigue mirando a todos lados, sin suerte. Sus enemigos han desaparecido.

Desde el cielo, Tarble lo provoca.

– “¡HEY!” – exclama el saiyajín. – “¡ESTOY AQUÍ!”

El mestizo clava su mirada furiosa en él.

Tarble dispara a discreción una ráfaga de ki, alternando una mano y la otra para disparar.

– “¡VAMOS!” – exclama el hijo de Leek. – “¡VEN A POR MÍ!”

Karza sale volando, atravesando los ataques de Tarble, provocando decenas de explosiones que se aproximan cada vez más al saiyajín.

Tarble se prepara.

– “¡¡RIOT JAVE…!!” – intenta frenarlo.

Pero Karza aparece delante de él antes de lo que esperaba.

– “¡¿AH?!” – se asusta Tarble.


En ese instante, Broly cae sobre Karza, agarrándole la cola mientras se precipitan contra el suelo.

Los dos se estrellan contra el pavimento.

Cuando se disipa la polvareda, Karza está incrustado bocabajo en el suelo. Broly está de pie, con un pie sobre su espalda, agarrándole fuertemente la cola.

– “¡¡KYAAaaah!!” – grita el mestizo, quedándose sin fuerzas. – “Kyaaah…”

– “Has peleado muy bien, chico.” – dice Broly. – “Pero ahora toca descansar.”

Karza queda aturdido, debilitado, y pierde su transformación.

Broly aparta su pie, sin soltarle la cola. El mestizo intenta levantarse lentamente.

Tarble aterriza a su lado.

– “Felices sueños.” – sentencia el saiyajín.

Tarble propina un golpe con el canto de su mano en la nuca de Karza, dejándolo inconsciente.

Hybis ahora habla con Peral.

– “Creo que se ha cortado.” – dice Hybis.

– “No he detectado ningún problema en la señal.” – responde Peral.

– “Su voz es muy sexy.” – continúa Hybis.

– “Eres un tipo genial.” – lo anima Peral. – “Seguro que…”

Silencio en la radio.

– “¿Peral?” – pregunta Hybis. – “¿Estás ahí?”

Interferencias.

– “Pues parece que sí que tenía problemas la señal.” – suspira Hybis.

En la base del Planeta Freezer FR 85, dos soldados imperiales están de pie detrás de Peral, que se da la vuelta en su silla con cautela.

– “¿Puedo ayudarles en algo, caballeros?” – pregunta el operador, nervioso.

En Erezúant, Broly y Tarble, ya en estado base, regresan con los demás. El hijo de Páragus lleva a Karza sobre el hombro, como si fuera un saco de patatas.

– “Qué alivio…” – suspira Sambuco.

– “¿Está…?” – se preocupa Panzy al ver al muchacho.

– “Solo está inconsciente.” – responde Broly con una sonrisa.

Panzy se alegra.

Gladyola levanta a Torpin del suelo, agarrándolo de la parte trasera del cuello de su armadura.

– “¿Sigue vivo?” – se extraña Broly, sintiendo aún un leve ki en su interior.

– “Debemos interrogarlo.” – dice Gladyola. – “Así lo ha ordenado la Princesa.”

Tarble se fija en su muñón, que ya no sangra.

– “¿Lo habéis curado?” – se sorprende el saiyajín.

– “¡Ha sido Sambuco!” – dice Panzy. – “Le hizo un torniquete.”

– “Veo que los saiyajín sois muy resistentes.” – dice Gladyola. – “Cualquiera hubiera muerto después de perder tanta sangre.”

Sambuco agita su mano al aire quitándose importancia.

– “¡Solo es un viejo truco…!” – se excusa. – “¡Uno aprende cosas con los años!”

Broly levanta una ceja. Su instinto parece decirle que algo no cuadra.

Sambuco y el saiyajín se miran a los ojos un instante, pero ninguno dice nada.

Tarble se acerca a Hybis.

– “¿Has podido contactar con Cheelai?” – pregunta el saiyajín.

– “Afirmativo.” – asiente Hybis. – “Pero la conexión se ha perdido y ya no logro contactar con Peral.”

– “Volveremos al castillo del Rey Kadan.” – dice Gladyola. – “Allí podremos interrogar al saiyajín y debatir que hacemos con el muchacho, mientras vosotros intentáis poneros en contacto con la Patrulla Galáctica.” – 

El minotauro se acerca a los saiyajín.

– “¡Oxyedas!” – se alegra Broly. – “¿Estás bien?”

– “Me duele la cabeza.” – protesta el toro.

– “Jeje” – ríe el saiyajín.

Tarble suspira, contrariado.

– “Aún tenemos que recuperar nuestra nave.” – recuerda. – “No quiero recibir otra bronca de Lemon…”

– “Ya hemos cruzado el Valle de los Sordos.” – dice Sambuco. – “El asentamiento que buscamos debería estar a tan solo unos quilómetros al norte.”

– “Si es así, deberíamos investigarlo.” – dice Tarble.

– “¿Y si el chico despierta?” – se preocupa Panzy.

– “Yo me encargo de él.” – dice Broly, golpeándose el pecho. 

– “No me parece seguro.” – protesta Gladyola. – “La seguridad de la Princesa es mi prioridad.”

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Está bien.” – tiene una idea. – “Creo que lo más sensato es que Broly se quede aquí custodiando a los prisioneros. Hybis y la Princesa pueden quedarse también. A ver si logramos recuperar el contacto por radio.” – propone. – “Sambuco, Gladyola y yo iremos al asentamiento.”

– “¿Yo tengo que ir?” – se asusta el anciano.

– “Necesitamos tu guía.” – insiste Tarble.

Broly asiente.

– “¿Qué vas a hacer a hacer tú, Oxyedas?” – pregunta Broly. – “Tu gente ha sido liberada.”

– “Puedo acompañarlos yo al asentamiento.” – dice el minotauro. – “Será mi forma de daros las gracias.”

Sambuco suspira, aliviado.