DBSNL // Capítulo 405: Profanado

DBSNL // Capítulo 405: Profanado

“No tengo ningún interés en las enseñanzas de un muerto.”

En el planeta Razan, Ub evade otro golpe de Gaki con el tronco del árbol.

El terrícola se pone serio.

– “¡Ahora verás!” – se prepara.

Gaki intenta batear a nuestro amigo, pero él salta por encima del tronco, evadiendo el golpe, y aterriza sobre él.

Ub corre por la longitud del tronco hasta llegar al lagarto y le propina una patada en la cara, haciéndole soltar el arma.

El terrícola insiste en su acometida y se abalanza sobre él, propinándole una rápida combinación de puñetazos y patadas en el abdomen, que retumban como un tambor.

– “¡TA! ¡TA! ¡TA!” – exclama el terrícola con cada movimiento.

Gaki encaja cada golpe como si fuera un saco de boxeo.

Ub se detiene para ver la reacción de su enemigo… y se lleva una sorpresa al ver que éste lo mira con una sonrisa burlona.

– “¡Tsk!” – aprieta los dientes el terrícola. – “¡KAIOKEN!” – exclama al imbuirse en el aura de la técnica del Kaio del Norte momentáneamente. – “¡YAH!” – le propina un fuerte puñetazo en la panza.

Gaki es empujado a través del bosque, destruyendo varios árboles que encuentra a su paso.

– “Ah… ah…” – recupera el aliento Ub, disipando su aura roja.

Pero la figura del voluminoso lagarto se adivina entre la polvareda escalando entre los troncos rotos, hasta que se asoma sobre la montaña de escombros, por encima de la nube de polvo.

– “¿Eso es todo, chico?” – se burla Gaki, golpeándose la barriga con las manos.

Una gota de sudor recorre la frente de Ub.

– “¿Es que no le he hecho nada?” – se pregunta. – “¿De qué está hecho este tipo?”

Mientras tanto, Preecho ataca a Pan que, transformada en Súper Saiyajín, detiene cada golpe de su contrincante. El guerrero la ataca ferozmente, con una sorprendente convicción en su mirada.

– “Su forma de pelear…” – piensa Pan, fijándose en sus ojos. – “¿Cuál es su problema?”

Los dos se agarran las manos, enzarzándose en una prueba de fuerza; cada uno empuja a su contrincante, con los ojos fijos el uno en el otro.

– “¿Quién eres?” – pregunta Pan, entre dientes.

– “No tengo por qué responder a los enemigos de Semi-sama.” – gruñe Preecho.

– “¿Semi-sama?” – se pregunta Pan. – “¿Quién demonios es el Señor Cigarra? ¿Es así como llamas a Cell? ¿Lo conoces?”

– “¡CÁLLATE!” – grita el guerrero insectoide.

Preecho sorprende a Pan propinándole una doble patada en el abdomen. Sin dejarla escapar, tira de ella con fuerza y le propina un cabezazo en la frente.

– “¡Aah!” – sufre ella.

Preecho junta las manos en un puño y le propina un martillazo en la cabeza que la remite al suelo, haciendo que se estrelle contra el lateral de la pirámide escalonada, deslizándose por su lateral, cayendo varios pisos.

Pan le levanta aturdida, frotándose la cabeza.

– “Maldita sea…” – protesta. – “De esta me va a salir un buen chichón…”

Preecho frunce el ceño, sorprendido ante la resistencia de su adversario.

Mientras tanto, Dabra camina por los oscuros y estrechos pasillos de la pirámide, sin necesidad de luz gracias a sus pupilas rasgadas y su percepción demoníaca.

En el exterior, Gaki da una fuerte bocanada de aire.

Ub puede sentir como su cuerpo es atraído hacia el enemigo, mientras el lagarto hincha su enrome panza.

– “¿Qué va a hacer?” – se pregunta el terrícola.

De repente, ¡PUH! Gaki sopla con fuerza; un soplido breve pero intenso que genera un cañonazo de aire invisible que arrasa con todo a su paso.

Ub, que no esperaba un ataque así, tarda en reaccionar y se cubre en el último momento, con los brazos cruzados frente a su rostro, recibiendo el impacto del viento.

– “¡¿AH?!” – reacciona.

El muchacho es empujado con violencia y la parte de arriba de su gi se rasga en múltiples lugares con las afiladas ráfagas de viento de aire; el viento actúa como corriente de cuchillas que castiga a Ub, provocándole varios cortes por todo el cuerpo.

– “Maldita sea…” – sufre Ub.

Pero Gaki no ha terminado. Sin dar descanso al terrícola, dispara tres cañonazos más.

Ub salta de un lado a otro para evadirlos. El bosque sufre el castigo.

– “¡Tsk!” – se esfuerza.

Gaki inspira de nuevo con fuerza.

– “¡¿Otra vez?!” – se preocupa Ub, sintiendo de nuevo su cuerpo brevemente atraído hacia el lagarto.

El lagarto sopla de nuevo tres veces.

Ub evade los dos primeros ataques, pero es demasiado tarde para esquivar el tercero.

El terrícola reacciona intentando contrarrestarlo con una onda de energía invisible, pero al impactar las dos fuerzas provocan un estallido huracanado que arrasa gran parte del bosque y hace saltar por los aires a Ub.

Mientras tanto, Preecho vuela directo hacia Pan, que se pone en guardia.

El insectoide desplaza sus alas hacia atrás y su velocidad aumenta repentinamente.

Esta vez, Pan está preparada y, pese a ser sorprendida por el pico de velocidad de su adversario, se mueve a tiempo para detener su embestida, interceptándolo y agarrándolo por las puntas de su casco.

– “Grrgh” – retrocede ella dejando un surco en el suelo.

Preecho extiende de nuevo sus alas, frenando su avance y recuperando la distancia con su enemiga solo un instante para atacar de nuevo, esta vez con un puñetazo.

Pan detiene el golpe con el antebrazo.

– “Je.” – sonríe ella.

La hija de Gohan contraataca con un puñetazo en la cara del enemigo, pero ¡CLANK! Un sonido metálico reverbera por la aldea; una de las alas segmentadas de Preecho se ha retorcido para protegerlo del golpe.

– “¿Eh?” – se sorprende Pan.

El ala de Preecho se retuerce de nuevo e intenta cortar a Pan como si fuera una cuchilla. Ella retrocede, pero recibe un corte en el gi.

– “Vaaaya…” – dice asombrada. – “Así que no es solo un disfraz, ¿eh?”

Preecho da un paso al frente y sus alas, que se afilan y parecen alargarse ligeramente, se convierten en dos tentáculos cortantes que intenta ensartar a la mestiza.

Pan evade los ataques, moviéndose con soltura entre los filos cortantes.

– “¡Ay! ¡Ay!” – las ve pasar cerca de su rostro.

En el interior de la pirámide, Dabra sigue avanzando, cuando de repente ve una tenue luz azulada al final del pasillo.

Kuro y Glorio, acompañados por el pequeño fuego fatuo, han llegado hasta un altar sobre el que se encuentra la tercera esfera que tanto han buscado por todo el planeta Razan.

– “Al fin…” – sonríe Glorio, caminando hasta ella.

– “Marba estará contenta.” – asiente Kuro.

– “Así que era eso…” – interrumpe Dabra, haciendo acto de presencia.

Kuro y Glorio, sobresaltados, se dan la vuelta rápidamente y se preparan para pelear.

– “¿Eh?” – se sorprende el felino al ver a Dabra.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta Glorio.

 -“¿Un demonio?” – refunfuña Kuro, un poco sorprendido e incluso asombrado.

– “¿Cómo?” – se extraña Glorio.

Dabra camina lentamente hacia ellos.

Glorio extiende su mano hacia él, haciendo chispear un rayo entre sus dedos, amenazante.

– “¡¿Qué quieres?!” – pregunta, inquisitivo.

– “Es hijo del Maestro…” – dice Kuro. – “Seguro que no querrá profanar…”

Dabra afila su mirada e invoca una sable en su mano derecha.

– “El Maestro, ¿eh?” – murmura el diablo.

– “¡¿AH?!” – se preocupa Kuro, que agarra su vara con ambas manos.

– “No parece importarle.” – susurra Glorio.

– “No tengo ningún interés en las enseñanzas de un muerto.” – dice Dabra.

– “Tú… des ser Dabra… ¡El Rey caído!” – le recrimina Kuro.

– “Pero tengo un particular interés en las reliquias del Makai.” – sonríe el diablo.

– “¡TRAIDOR! – le increpa el felino. – “¡HEREJE!”

Glorio mira de reojo la esfera.

Dabra extiende su mano hacia ellos con la palma hacia arriba.

– “Entregadme la joya.” – ordena el demonio.

Kuro agarra con fuerza su vara.

– “¡NI LO SUEÑES!” – exclama el gato.

El pequeño fuego fatuo se aviva con violencia, aumentando su tamaño y desarrollando extremidades superiores, convirtiéndose en una llama humanoide de casi dos metros de altura que alumbra la sala por completo con su luz azul.

Glorio aprovecha para agarrar la esfera y guardársela en la riñonera.

Dabra da un paso al frente, lo que provoca que la antorcha humanoide lo confronte.

El diablo le propina un sablazo; el arma pasa a través del fuego sin causarle ningún daño.

Pero de repente, la sala tiembla violentamente. La puerta se cierra y el suelo se desmorona, como si los ladrillos que lo conforman dejaran de estar pegados entre sí. 

Todos caen más de 50 metros y caen a una gran sala inferior.

Gracias a sus habilidades, la caída no es un problema para ninguno de ellos.

– “Maldita sea…” – refunfuña Glorio. – “Debe ser algún mecanismo de seguridad…”

Los ladrillos que antes formaban el suelo se movilizan por arte de magia; se amontonan en el centro de la sala y construyen rápidamente un gigantesco y robusto gólem de piedra de más de 10 metros de alto. Dos ojos brillan con luz amarilla en su cabeza con ausencia de rostro.

Tanto Dabra como los demás observan al nuevo enemigo, expectantes.

El gólem se fija en el hombre de fuego y lo aplasta con su mano, haciendo que pequeñas ascuas salten por los aires y caigan por toda la sala. Éstas mantienen una tenue iluminación azul.

Dabra, Kuro y Glorio se preparan para pelear.

DBSNL // Capítulo 404: El templo de Razan

DBSNL // Capítulo 404: El templo de Razan

“Huele a rancio.”

En el planeta Razan, han pasado varios días en los que Glorio y sus hombres han viajado de aldea en aldea en búsqueda de la esfera mágica que les falta.

En mitad de la jungla, una pirámide escalonada se alza frente a la última aldea visitada. El monumento ha sido azotado por las tormentas de Glorio. Hay indicios de explosiones. Cuerpos calcinados.

Un zorro con ropajes de chamán es lanzado desde la cima por una larga escalinata, y rueda sin control hacia una muerte segura.

A los pies de la pirámide, sentado sobre una montaña de cadáveres, Gaki se relame tras chupar el fémur de una de sus víctimas.

– “Delicioso…” – murmura para sí mismo.

Preecho, Kuro y Glorio se adentran en la pirámide. El gato invoca un fuego fatuo para iluminar el camino.

Una llama azul de unos 20 centímetros de alto se genera en el aire y desciende lentamente hacia el suelo; dos pequeñas patas nacen del fuego y éste empieza a caminar.

– “Debería estar aquí.” – dice Glorio.

– “¿Para qué construirían una pirámide si no fuera así?” – dice Kuro. – “Puedo sentir la presencia del Maestro…” – añade emocionado.

– “Huele a rancio.” – protesta Preecho. – “Creo que os esperaré fuera.”

– “Hereje.” – refunfuña el felino.

– “Como quieras.” – se despide Glorio.

Kuro y Glorio siguen al fuego fatuo. Preecho se queda atrás.

De repente, frente a la pirámide, Dabra, Ub y Pan aparecen con el Shunkanido.

– “¿Eh?” – mira Pan a su alrededor. – “¡Lo has conseguido!” – celebra alzando los brazos.

Pero al verse rodeada por tan extraña vegetación, Pan baja los brazos, serenándose.

– “Pero, ¿dónde estamos?” – se pregunta.

– “No lo sé…” – dice Ub. – “He sentido un pico de energía en este lugar… como si alguien estuviera peleando.”

– “Es precioso…” – dice Pan, asombrada. – “Aunque me cuesta un poco respirar… Huele raro.”

– “Creo que es azufre.” – pone una mueca Ub.

Dabra carraspea, llamando la atención de los muchachos.

Frente a ellos, Gaki los mira boquiabierto desde el montón de cadáveres, como si acabara de ver un truco de magia incomprensible para él.

– “¿De dónde habéis salido?” – pregunta el lagarto con su voz ronca.

Ub y Pan se ponen en guardia rápidamente.

– “¡¿Quién eres?!” – pregunta Ub.

– “¡¿Dónde está mi Goku?!” – pregunta Pan.

Gaki se levanta.

– “No sé de qué me estáis hablando.” – dice el lagarto. – “Pero mis compañeros parece que tardarán un rato… y yo aún tengo hambre.” – sonríe de forma terrorífica con su gigantesca boca y se golpea la panza con las dos manos, haciéndola sonar como un tambor.

– “Sus compañeros… ¿Será Glorio y alguien más?” – piensa Ub. – “Seguro que están en esa pirámide.”

Dabra sonríe con picardía antes de dar la espalda al enemigo y dirigirse a los terrícolas.

– “¿Piedra, papel o tijera?” – pregunta el demonio.

– “¿Eh…?” – lo miran Pan y Ub, confundidos.

– “¿No es así como lo hacéis en la Tierra?” – se extraña Dabra de que no lo entiendan.

Pan y Ub ser miran entre ellos, buscando ayuda en el otro para comprender al demonio. 

Gaki se queda observándolos, confuso.

– “¿Qué estáis…?” – murmura el lagarto.

– “¡Piedra, papel, tijera!” – gritan Ub y Pan, mientras Dabra lo hace en silencio. – “¡Piedra, papel, tijera!”

– “¿Me estáis ignorando?” – se frustra Gaki.

Ub suspira mientras da un paso al frente.

 -“Parece que me toca a mí.” – dice el chico, que mueve los brazos en círculos para calentar.

Gaki sigue sin salir de su asombro.

– “¿Cómo?” – se extraña. – “¿No vais a atacarme los tres?”

– “Conmigo tendrás suficiente.” – advierte Ub, estirando ahora las piernas, poniendo todo su peso sobre una, agachándose, y después sobre la otra. – “Tenemos un poco de prisa.”

Dabra y Pan se elevan.

– “Ten cuidado, Ub.” – dice ella, preocupada.

Ub levanta el pulgar.

– “Mucha suerte.” – la despide él.

Dabra y Pan se marchan volando hacia la cima de la pirámide.

– “¡EH! ¡VOSOTROS!” – exclama Gaki, enfadado, corriendo tras ellos.

Ub lanza un disparo de ki que impacta en la nuca del lagarto.

El impacto no le causa daño, pero llama su atención.

– “No te distraigas.” – advierte Ub.

– “Grrrgggh…” – se da la vuelta Gaki. – “Maldito…” – gruñe.

Ub sonríe y se pone en guardia.

– “¡Yo soy tu adversario!” – lo provoca.

Mientras tanto, Dabra y Pan aterrizan en la cima, frente a un portal de piedra.

– “¿Se han metido aquí?” – se pregunta Pan. – “¿Qué estarán buscando?”

– “Pronto lo sabremos.” – dice Dabra.

Entre las sombras, un ruido de pisadas se acerca.

– “Creo que sale alguien…” – dice Pan.

Una silueta se releva paulatinamente a medida que sale al exterior.

– “¡¿AH?!” – se asusta ella al reconocer la silueta. – “No puede ser… ¡¿CELL?!”

Dabra materializa un sable curvado en su mano derecha.

Pero al salir a la luz, resulta ser un guerrero completamente desconocido para ellos, cuya armadura les recordó a la creación del Doctor Gero.

– “¿Eh?” – se queda confundida Pan. – “¿Quién eres tú?”

– “Me llamo Preecho.” – se presenta el tipo con armadura insectoide.

– “Pensé que eras otra persona…” – suspira Pan. – “Qué alivio…” – sonríe.

– “Hmm…” – afina la mirada Preecho, 

Dabra desvanece su espada y mira a Pan de reojo.

Pan se cruza de brazos y se transforma en Súper Saiyajín.

– “¿Por qué das por hecho que me toca a mí?” – refunfuña ella.

– “Este lugar rezuma tinieblas. Yo entraré.” – responde Dabra. – “No es lugar para ti.”

Preecho se queda asombrado ante el cambio de la mujer.

Pan mira de reojo a Dabra.

– “Tú también te has asustado pensando que era Cell, ¿eh?” – se burla del demonio.

– “Insolente…” – gruñe Dabra.

Preecho se pone serio.

– “Cell…” – repite el guerrero, reclamando la atención de Pan y Dabra. – “Ese tipo del que habláis… Cell… ¿quién es?”

– “¿Quién es Cell?” – repite Pan, rascándose la barbilla, pensativa. – “Mira que es una pregunta más complicada de lo que parece… Es un enemigo al que nos enfrentamos hace mucho tiempo en la Tierra.”

– “¿Un enemigo?” – frunce el ceño el guerrero.

– “Sí.” – asiente Pan. – “Bueno…” – recapacita. – “En realidad…”

– “¿Y dices que me parezco a él?” – pregunta Preecho.

– “Sí.” – asiente ella de nuevo. – “Más o menos…”

– “Semi-sama.” – murmura el guerrero.

– “¿Qué?” – se extraña Pan.

– “La cigarra venida del cielo.” – dice Preecho. – “¡Sois sus enemigos!”

– “¿La cigarra venida…?” – levanta una ceja la muchacha. – “Pero, ¿de qué estás…?”

Dabra frunce el ceño.

A los pies de la pirámide, Ub esquiva una bocanada de vómito ácido verde.

El líquido verde se infiltra lentamente en la tierra, humeante, mientras consume la vida orgánica en la superficie.

– “Qué asqueroso…” – lo mira el terrícola, aguantándose una arcada. – “Y encima apesta…”

Gaki eructa y se golpea el pecho con el puño.

– “Jeje…” – ríe.

¡BOOM! En ese instante, estalla la cima de la pirámide.

– “¡PAN!” – se preocupa Ub.

Pan y Dabra son empujados hacia el cielo, pero enseguida se detienen en el aire.

– “¿Qué mosca le ha picado?” – se pregunta la mestiza.

Con un zumbido que recuerda al del mismísimo Cell, el guerrero embiste a Pan.

– “¡¿AH?!” – se cubre ella con ambos brazos en cruz frente a su rostro.

Preecho le propina un cabezazo que, pese a ella defenderse, la hace retroceder. Él la persigue.

Dabra aprovecha para aterrizar en la cima destruida de la pirámide.

– “Van a estar un rato ocupados…” – dice el demonio.

Dabra lanza un ataque de ki invisible que despeja los escombros, revelando unas escaleras que llevan al interior de la pirámide.

En el cielo, Preecho se detiene de repente y pone su atención en el diablo.

– “¡NO TAN RÁPIDO!” – gruñe el guerrero.

Pero Pan carga contra él por la espalda, propinándole una doble que lo lanza contra la gran escalinata del monumento.

Dabra se adentra en la pirámide. 

En el interior, las paredes retumban. Glorio y Kuro siguen a la pequeña llama azul por los túneles con paredes llenas de antiguos grabados, con representaciones de zorros, monos y conejos.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Kuro, deteniendo su paso. – “¿Serán esos monos otra vez?”

– “Mejor que nos demos prisas.” – continúa caminando Glorio.

A los pies de la pirámide, Gaki embiste a Ub, pero este salta por encima de él con una voltereta, evadiéndolo y haciendo que el lagarto se estampe contra un árbol.

Ub esboza una media sonrisa.

– “No es muy listo…” – piensa, confiado.

El lagarto se frota la cabeza, donde le ha salido un pequeño chichón.

– “Bastardo… ¡Ahora verás!” – grita mientras abraza el árbol y lo estruja con fuerza hasta romper su tronco.

– “¡¿AH?!” – se sorprende Ub.

Gaki usa el gigantesco árbol como un bate de beisbol contra Ub.

– “¡AY, AY!” – salta rápidamente Ub, evadiendo el golpe. – “¡Menuda fuerza!” – se preocupa.

Mientras tanto, Pan mira el combate desde el cielo.

– “Ub parece que está en apuros…” – piensa ella. – “Pero este tipo…” – mira a Preecho, que ya se ha puesto en pie sobre la escalinata rota y la observa. – “¿Cuál es su problema?”

Preecho abre sus alas y se dispone a atacar.

DBSNL // Capítulo 403: Deslumbrado

DBSNL // Capítulo 403: Deslumbrado

“Eres la reencarnación de Majin Bu.”

En la Corporación Cápsula, nuestros amigos se han reunido en el jardín, preocupados por la repentina marcha de Pan y Ub.

Bulma, Trunks, Bra, Videl, Krilín, Marron y Goten estudian la situación, mientras en el laboratorio, Hedo ha tomado el relevo, con Pino aún al mando de la gran antena parabólica.

– “Tendría que haber reaccionado antes… No debí dejar que se fueran.” – sufre Bra. – “Ha sido culpa mía.”

– “No puedes culparte por eso…” – intenta consolarla Goten.

– “¿Qué se creen que están haciendo?” – protesta Trunks, proyectando su preocupación en enfado. – “Estamos trabajando lo más rápido que podemos para poder encontrar a su hijo, ¿de qué sirve si se ponen ellos en peligro?”

Piccolo desciende lentamente en el jardín.

– “¿Esperáis que la nieta y el alumno de Son Goku se queden de manos cruzadas?” – pregunta con una media sonrisa pícara. – “Buena suerte.”

– “¡Piccolo!” – se alegra Goten al verlo.

– “¿Dónde has estado?” – le recrimina Videl como una madre. – “¿Por qué no hemos sabido nada de ti hasta ahora?”

– “Haciendo un recado para el Gran Kaioshin.” – responde el namekiano. – “Lo siento.”

– “Piccolo tiene razón.” – interviene Krilín. – “Son Goku tampoco se hubiera quedado esperando de brazos cruzados. Era solo cuestión de tiempo.”

Videl está muy preocupada. La mujer da la espalda al grupo y se aleja mirando al cielo.

– “Espero que estén bien…” – sufre la madre y abuela.

Krilín se inclina hacia Piccolo y se tapa la boca para que no los oigan.

– “Tú has tenido algo que ver en esto, ¿no es cierto?” – dice el terrícola con una mirada burlona.

– “¡Shht!” – se pone nevioso el namekiano y lo hace callar.

Goten mira su reloj y teclea algo.

– “Hermano… ¿dónde estás?” – piensa el mestizo.

Surcando el espacio en un transbordador de la Patrulla Galáctica, Son Gohan y Jaco duermen a pierna suelta, cada uno en su camarote.

Mientras tanto, en el planeta Suraimu, Dabra se encuentra levitando de piernas y brazos cruzados y con los ojos cerrados, como si meditara. Detrás de él, Ub de pie tiene la mano derecha en la espalda del demonio y los dedos índice y corazón de su mano izquierda en la frente, intentando localizar una energía dentro la oscuridad a la que teletransportarse a través del diablo.

Pan está sentada en el suelo, observando a la extraña pareja con expectación.

Las muecas del terrícola demuestran su frustración.

– “Nada.” – refunfuña Ub.

– “Sigue concentrándote.” – responde Dabra. 

– “¡Llevamos así horas!” – protesta Ub. – “¡No puedo hacerlo!”

Ub baja los brazos.

– “Lo siento.” – agacha la cabeza Ub. – “Mi maestro podía leer la mente cuando su corazón estaba en calma… Pensé que podría hacer lo mismo y percibir alguna energía a través de ti… pero no puedo. La oscuridad me abruma.”

– “Eres decepcionante.” – replica el demonio.

– “¡Vete a la m…!” – estalla el humano.

– “¡UB!” – lo reclama Pan.

El terrícola se calla y la mira, esperando más quejas.

– “Nuestro hijo está perdido ahí dentro.” – ella señala al espacio. – “Tienes que encontrarlo. Solo tú puedes hacerlo.”

Ub cierra los ojos con fuerza, aguantándose las lágrimas. Abrumando por su frustración, que solo añade peso a su preocupación.

– “¿Y si… y si no puedo?” – sufre el terrícola.

Pan se levanta y se acerca a él. Le agarra la cara con las dos manos en un gesto tierno.

– “Eres la reencarnación de Majin Bu y has sido entrenado por Son Goku.” – le dice Pan. – “¿Quién más podría hacerlo?”

– “Pero…” – duda el chico de Isla Papaya.

– “Mi abuelo te eligió, no solo porque veía tu potencial como futuro protector de la Tierra, pero porque te vio como un rival contra el que soñaba medirse.” – dice Pan.


Ub mira sorprendido a su mujer.

– “Puedes hacerlo.” – insiste Pan.

Dabra, que sigue de espaldas a la pareja, se siente incómodo. De espaldas a la pareja, sus cejas tiemplan como un tic incontrolable.

– “A lo mejor… a lo mejor lo estás haciendo mal.” – dice el demonio, que deja de levitar y se da la vuelta para hablar con ellos.

– “No estás ayudando.” – protesta Pan, clavándole una mirada airada.

– “No quería decir…” – se excusa Dabra. – “Me refiero a que creo que estás buscando de la forma equivocada.”

– “¿Eh?” – lo mira Ub.

– “¿Puedes ser más específico?” – pregunta Pan.

– “¿Te refieres a buscar la Nada en el Todo?” – pregunta el terrícola. – “Pero ahora… ya estoy buscando dentro de la Nada… ¿Qué busco? ¿Algo en la Nada? ¿Una Nada más absoluta?”


Dabra lo mira con una gota de sudor recorriendo su frente.

– “No sé de qué me estás hablando.” – protesta el demonio, mirando a Ub como si estuviera solo diciendo cosas sin sentido.

– “Ah, ¿no?” – se extraña Ub.

– “Eres la reencarnación de Majin Bu.” – dice Dabra. – “Su alma pertenecía al Makai tanto como la mía. La oscuridad no debería cegarte.”

– “Ya no queda nada de él en mí.” – responde Ub. – “Ahora mi cuerpo es solo humano.”

– “Si puedes sentir el Makai, deberías poder ver entre las tinieblas.” – insiste el demonio.

– “No sé cómo hacerlo.” – responde el terrícola, apenado.

Dabra se cruza de brazos, cierra los ojos y suspira profundamente.

– “¿Puedes decirme en qué estoy pensando ahora?” – pregunta el demonio, abriendo un ojo.

– “No…” – dice Ub. – “Pero seguro que no es nada bueno…”

– “Tsk” – protesta Dabra.

En el planeta Razan, una aldea de zorros ha sido arrasada. Las cabañas parecen agujeros de madriguera escarbados en la tierra, cuya tierra extraída se ha utilizado para construir la entrada, cerrada por puertas construidas con ramas secas. Hay signos de explosiones y zonas quemadas. Cadáveres incinerados. Madrigueras soterradas.

Glorio camina entre los muertos y la destrucción.

No muy lejos de allí, su nave lo espera, custodiada por tres individuos, rodeados por varios cadáveres de simios.

El primero es un gato negro con aspecto callejero, pequeño, que camina encorvado a dos patas, Viste un chaleco de corte árabe de color morado con adornos dorados, y lleva un bastón retorcido con su extremo superior ensartado en una calavera. Éste se encuentra sentado en el suelo, con el bastón sobre sus piernas, aburrido.

El segundo es un tipo humanoide alto de piel verde oliva embutido con una armadura insectoide de color gris y negra. Lleva un casco oscuro que termina en dos piezas puntiagudas que apuntan verticalmente hacia arriba y una máscara que cubre su boca y solo deja al descubierto sus ojos morados. De su espalda salen dos alas largas negras segmentadas. Él espera apoyado en la nave de brazos cruzados.

El tercero es un lagarto bípedo verde de panza amarilla, grande y barrigón, de extremidades cortas y de hocico chato, con una enorme boca y una gran papada, pinchos negros en la espalda, en los hombros y uno en la cabeza. Tiene los dientes afilados, y algunos de ellos asoman sobre sus labios, aunque cierre la boca. El monstruo abre sus fauces y engulle de un solo bocado el brazo arrancado de un simio fallecido.

Glorio llega a la nave.

– “¿Otra vez con las manos vacías?” – dice el gato de voz chirriante.

– “La esfera no estaba aquí.” – responde Glorio. 

El pistolero mira los cadáveres.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – pregunta Glorio.

– “Seguramente estaban acechando esta aldea” – dice el felino. – “Se han acercado demasiado.” – sonríe con picardía.

El lagarto eructa con fuerza.

– “Y yo me alegro.” – dice con voz ronca y profunda. 

– “¿No te han enseñado modales, Gaki?” – protesta el guerrero con armadura de insecto.

– “Jajaja” – ríe el lagarto.

Glorio se sube a la nave.

– “Buscaremos otra aldea.” – dice el pistolero. – “Nos vamos.”

El lagarto arranca una pierna a uno de los cadáveres.

– “¡Deja eso!” – protesta el gato, asqueado.

– “Es para el camino.” – sonríe Gaki.

– “Haz caso a Kuro.” – dice el guerrero con armadura. – “Esa cosa apesta.”

– “Eres un aguafiestas, Preecho.” – se queja el reptil, que se traga la pierna entera para no subirla a bordo. 

Todos suben a la nave y pronto ponen rumbo a su siguiente objetivo.

En Suraimu, Ub y Dabra están levitando en el aire, el uno frente al otro. El terrícola ha copiado la pose de meditación del demonio. Pan observa desde una distancia prudente para no interferir en su concentración, sentada en el suelo cómodamente.

Varios slime se han acercado un poco a ver qué está pasando, pero cuando Pan los mira y ellos se dan cuenta, salen corriendo.

– “Jeje” – sonríe Pan.

Ub y Dabra están concentrados. El demonio está relajado, pero Ub parece estar esforzándose para mantener la meditación.

Pan observa atentamente.

– “Se parece a un combate mental…” – piensa ella. – “Mi padre me ha contado muchas veces como él y Krilín entrenaron de una forma parecida durante su largo viaje a Namek.”

En el espacio mental compartido, Ub se encuentra solo en un lugar completamente oscuro.

– “No veo nada…” – piensa el terrícola, sin mover los labios, pero cuya voz se hace eco en el vacío. – “¿Dabra?” – pregunta. – “¿Estás ahí?”

Entre tinieblas, la figura de Dabra parece hacerse visible durante un breve instante, pero se desvanece.

– “¡Dabra!” – lo llama Ub. – “Esto es inútil… No veo nada.” – protesta.

– “El chico no es ciego.” – piensa Dabra. – “Pero sus ojos han estado expuestos a la luz demasiado tiempo.”

– “Puedo oírte.” – dice Ub.

– “Es un avance.” – responde el demonio con retintín.

Ub aprieta los puños, nervioso.

– “¿Por qué estás tenso?” – pregunta Dabra.

– “Esta sensación me revuelve el estómago… y me palpita la cabeza.” – dice Ub. – “Es como si cada célula de mi cuerpo gritando que esto es una mala idea.”

– “¿Qué sientes?” – pregunta el demonio.

– “Siento… miedo… dolor… odio.” – responde Ub.

– “¿Es tu miedo? ¿Es tu dolor?” – continúa Dabra.

– “¿Eh?” – se extraña Ub. – “¿Qué quieres…? Espera…” – se da cuenta el muchacho. – “No… no es… no soy yo…”

Dabra sonríe.

– “¿Eres tú?” – pregunta Ub.

– “Entre una infinidad de almas.” – responde Dabra.

Ub extiende su mano hacia delante. Las tinieblas se abren delante de él, revelando flashes inconexos de batallas pasadas del Rey de los Demonios: su pelea con Son Gohan, su muerte a manos de Majin Bu, su lucha en el planeta oscuro y muchas más que el muchacho no reconoce.

– “¿Te estoy leyendo la mente?” – se sorprende el propio Ub.

– “Te lo estoy poniendo fácil.” – responde Dabra, fanfarrón.

Ub mueve ligeramente su mano. Más imágenes se revelan ante él: imágenes de Dabra en el Makai, arrodillado frente el Rey Abraca, escoltado por Kerubero.

– “¿Crees que estás listo para intentar de nuevo el Shunkanido?” – pregunta el demonio.

Ub no responde. Su atención está puesta en el recuerdo del Makai.

– “¿Es tu primer recuerdo?” – pregunta Ub, curioso.

El chico mueve su mano de nuevo. 

De repente, las sensaciones antes descritas se tornan abrumadoras. El dolor. El miedo. El odio. Las tinieblas lo envuelven; son tan densas que puede sentir la presión que ejerce la oscuridad sobre de su cuerpo. Gritos agónicos pero ininteligibles en la distancia.

Ub sale de la meditación de forma tan brusca que cae de espaldas al suelo.

– “¡AH!” – grita el chico.

– “¡UB!” – se preocupa Pan, que se levanta y corre rápidamente a socorrerlo.

Ub hiperventila, pero poco a poco intenta calmar su respiración. Pan se agacha a su lado y le ayuda a incorporarse.

– “Tranquilo…” – dice ella. – “Estás conmigo.” – intenta calmarlo. – “¿Qué ha pasado?”

Dabra abre los ojos sin perder la calma. Sereno.

Ub mira al diablo con estupor.

– “¿Qué…? ¿Qué era eso?” – pregunta Ub, aún asustado.

– “Mi nacimiento.” – responde Dabra.

DBSNL // Capítulo 402: Expandiendo horizontes

DBSNL // Capítulo 402: Expandindo horizontes

“Escucha mi voz.”

En Erezúant, el Rey Kadan y Panzy observan desde el balcón de su palacio como Gladyola instruye a varios Generales de su ejército en el patio.

– “¿De verdad entraremos en guerra?” – pregunta la muchacha.

– “Debemos estar preparados” – responde su padre.

Panzy se acerca al balcón un paso más y mira más allá del patio; al pueblo, donde la vida sigue. Hay gente en el mercado. Peonia echa a Sambuco del bar, borracho. Niños corretean por las calles.

El corazón de la Princesa se encoge, pues teme por el futuro de su gente.

En la Tierra, en la Atalaya de Kamisama, Ub sigue meditando.

Mr. Popo se acerca al muchacho con un tentempié preparado en una bandeja.

El chico se pone en pie. Popo sonríe al ver que por primera vez en mucho tiempo se ha levantado, pero… desaparece con el Shunkanido.

Mr. Popo se queda solo en mitad de la atalaya, sosteniendo la bandeja.

En el planeta del Kaio del Norte, Ub aparece.

Bubbles corre a saludar al chico. Ub lo aparta con firmeza, pero con cuidado.

– “Ahora no, Bubbles.” – dice Ub.

El mono retrocede, entristecido.

Kaiosama está regando las flores de su jardín.

– “Bienvenido, Ub.” – saluda el Kaio sin abandonar su tarea.

– “¿Ha averiguado algo?” – pregunta Ub.

– “He hablado con los otros Kaios.” – responde el Dios del Norte. – “No hay rastro de ese Glorio o de ningún tipo de magia oscura.”

– “Tsk…” – protesta Ub.

El Kaio suelta la regadera en el suelo.

– “Muchacho…” – dice el Kaio. – “Entiendo la gravedad de la situación, pero creo que deberías calmar tu espíritu.”

– “Tienen a mi hijo, Kaiosama.” – le recuerda Ub.

– “Lo sé.” – asiente el Kaio del Norte. – “Pero sin un corazón tranquilo, es peligroso enfrentarse a fuerzas oscuras.”

Ub agacha la cabeza, pero su pausa es breve, pues pronto reacciona dando la espalda al Dios.

– “Gracias por su ayuda.” – se despide con el Shunkanido.

Kaiosama suspira al quedarse solo.

Bubbles se acerca a él y se sube por su ropa. El Dios lo coge en brazos.

– “A mí también me preocupa.” – dice el Kaio. – “A mí también.”

Ub viaja hasta el Planeta Sagrado de los Kaioshin.

Para su sorpresa, Zamas ya le espera sentado en una mesita con dos tazas de te preparadas y una silla vacía.

– “Hola, Ub.” – le recibe el Dios.

– “¿Ya sabía que venía?” – piensa Ub, sorprendido.

– “¿Qué clase de Dai Kaioshin sería si no?” – responde Zamas con una sonrisa.

Ub se queda de pie, pero el ira-aru le señala el asiento vacío, señalándolo con su mano, con la palma hacia arriba.

– “Por favor.” – dice Zamas. – “Insisto.”

El terrícola se sienta.

– “¿Ninguna novedad?” – pregunta Zamas.

– “Puedes leer mi mente.” – responde Ub, un poco molesto, pues siente que le están haciendo perder el tiempo.

– “Creía que tener una conversación era más reconfortante para los mortales.” – dice Zamas antes de dar un sorbo a su té.

Zamas golpea ligeramente su taza mientras bebe y levanta las cejas, lo que Ub entiende como una invitación a probar el té.

Ub agarra su taza con las dos manos y bebe un sorbo.

Zamas parece satisfecho.

De repente, Ub siente un fuerte pulso a su alrededor, como si el mundo que lo rodea latiera de repente.

Ub se encuentra de pie en mitad de un extenso prado verde del Planeta Sagrado.

– “¿Qué está pasando…?” – se pregunta.

Zamas aparece frente a él.

– “Escucha mi voz.” – dice el Dios. – “Concéntrate en mi voz.”

– “¿Dónde estamos?” – pregunta Ub, desorientado.

– “Tu percepción ha sido alterada temporalmente.” – sonríe Zamas.

Ub se da cuenta de que sostiene la taza de té en su mano.

– “¿Qué me has dado?” – pregunta el terrícola.

– “Una pequeña infusión con hojas del Planeta Monmaas.” – aclara el Kaioshin.

– “Monmaas…” – repite Ub, sorprendido.

– “Tenemos poco tiempo.” – dice Zamas. – “Tu cuerpo y tu mente mortal no resistirían una dosis mayor.”

– “¿Qué quieres que…?” – pregunta Ub.

– “Solo concéntrate.” – dice el Dai Kaioshin. – “Busca la oscuridad en el vasto Universo.”

– “Ya lo he intentado.” – dice Ub. – “No logro sentir ninguna presencia.”

– “Entonces, busca otra cosa.” – dice Zamas. 

– “¿Eh?” – pone una extraña mueca el terrícola.

– “No busques algo en el Todo.” – dice Zamas. – “Busca…”

– “La Nada.” – dice Ub, rápidamente.

Zamas sonríe y asiente.

Ub cierra los ojos.

En su mente, rápidamente aparecen galaxias; estrellas y planetas de todo el Universo, iluminados con luz celeste, cada vez de menor tamaño, como si su conciencia cada vez abarcara más territorio.

– “Con mi ayuda, ahora percibes la energía vital mejor que nunca.” – dice el Dai Kaioshin.

De repente, Ub se da cuenta de que, dentro del vasto Universo, un área oscura destaca.

– “Ahí.” – dice el chico. – “No percibo ninguna energía en ese lugar.”

Ub se concentra.

– “Es como si todo ese sector estuviera cubierto por denso velo.” – dice el muchacho.

De repente, Ub abre los ojos. Sigue sentado en la mesita de té.

– “¿Eh?” – se sobresalta, mirando a su alrededor.

– “Supongo que se están acabando los efectos.” – dice Zamas.

Ub se pone en pie de un salto, tirando la silla al levantarse.

– “Me marcho.” – dice apresuradamente.

– “Sé prudente.” – asiente Zamas.

– “¡Adiós y gracias!” – se despide antes de desaparecer con el Shunkanido.

Cuando el Dai Kaioshin se queda solo, Shin se acerca caminando hacia él.

– “El chico me recuerda a su maestro.” – dice Shin.

Zamas se levanta y recoge la silla.

– “Pero, ¿no te parece arriesgado?” – le pregunta Shin.

El Dai Kaioshin mira al cielo.

– “Se nos acaba el tiempo.” – sentencia Zamas.

En la Tierra, Pan, vestida con su gi de pelea, camina de un lado a otro del jardín de la Corporación Cápsula. Bra está sentada en una tumbona, mirando a su amiga dar pasos nerviosos.

– “Mi madre está trabajando lo más rápido que puede.” – dice Bra. – “Lo encontraremos.”

– “No puedo esperar más…” – insiste Pan. – “Cuando encuentre a ese tipo…”

– “Recuperaremos a Goku.” – dice Bra. – “Todos lo están buscando.”

De repente, Ub aparece con el Shunkanido.

– “¡LO HE ENCONTRADO!” – exclama Ub.

– “¡¿EH?!” – se sobresaltan Pan y Bra.

– “Creo que he encontrado a Goku” – dice Ub. – “¡Pero tenemos que irnos ahora!” – extiende su mano hacia su esposa.

Sin dudarlo, Pan le agarra el brazo.

– “¡ESPERAD!” – grita Bra.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, Ub y Pan desaparecen.

– “¡Maldita sea!” – protesta Bra.

En Erezúant, Tarble y Cheelai intentan coordinar las maniobras de la patrulla.

La patrullera brench está sentada en una mesa, bajo una tienda de campaña de estilo militar, organizando los relevos en una computadora portátil, con Tarble mirando la pantalla por encima de su hombro y discutiéndole algunas decisiones.

Mientras tanto, fuera de la tienda, Broly y Neva están sentados sobre unas cajas de equipamiento, los dos observando a Karza y Gohan Jr con una sonrisa.

El hijo de Trunks enseña a Karza a saludar como un artista marcial antes de empezar a pelear, y le corrige el ángulo de la reverencia y la posición de las manos.

El namekiano alza su mirada al cielo. La aurora boreal magenta es cada vez más tenue.

En el planeta Suraimu, en un prado bajo el cielo estrellado, un grupo de slime luminiscentes con forma de gota de distintos colores, saltan uno tras otro, todos siguiendo el mismo camino. Pan y Ub aparecen de repente.

– “¿Es aquí?” – pregunta Pan. 

– “Esto es lo más lejos que puedo llegar con el Shunkanido.” – dice Ub. – “Más allá de este planeta, no logro sentir ninguna energía.” – añade, mirando al cielo.

– “Estaba empezando a marearme con tantas teletransportaciones seguidas…” – suspira Pan.

– “Lo siento.” – se disculpa Ub. – “Es muy difícil usar el Shunkanido siguiendo energías tan débiles…”

Los slime se han detenido y observan con asombro a sus visitantes.

Pan se da cuenta de que están siendo observados y, cuando mira a los slime, estos huyen rápidamente saltando hacia el bosque cercano.

– “No parece que estos tipos nos puedan prestar una nave…” – dice ella. – “¿Qué haremos ahora?”

De repente, los dos sienten una oscura presencia muy cerca.

Instintivamente, ambos se ponen en guardia y Pan se transforma en Súper Saiyajín. 

– “¡¿Quién anda ahí?!” – pregunta la hija de Gohan.

Una voz habla desde la oscuridad del bosque.

– “Es difícil navegar en la oscuridad cuando tus ojos están acostumbrados a la luz” – dice la voz masculina.

Una figura humanoide de más de dos metros de alto, envuelta en una capa marrón se abre paso hacia ellos, iluminándose con la luz del aura de Pan.

– “¿Tú…?” – se sorprende Ub. – “¿Qué haces aquí…?”

– “Yo nací entre tinieblas.” – sonríe Dabra con una sonrisa pícara. – “Seré vuestro guía.”