DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

DBSNL // Capítulo 383: Punto débil

“¿Y tu comida favorita cuál es?”

En el cielo de Erezúant, con la tímida luz del amanecer atenuando la aurora, Broly y Karza siguen peleando.

El chico, enloquecido, ataca al saiyajín desde la distancia, con sus recién descubiertos zarpazos de ki rojo.

Broly los evade volando de lado a lado con esprints cortos.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín. – “¡Ya es suficiente! ¡No quiero hacerte daño!” – insiste.

– “¡KYAAAH!” – grita Karza.

En tierra firme, Tarble, transformado en Súper Saiyajín, da la espalda a Torpin.

– “Hablas… de la voluntad de nuestra raza…” – dice el viejo moribundo. – “¿Qué sabrás tú…?”

Tarble no responde.

Sambuco, Gladyola, Panzy y Hybis observan atentamente la escena. Los tres parecen comprender que el conflicto les es ajeno.

El viejo ha perdido tanta sangre que está cerca de desmayarse y da una repentina cabezada, pero aún resiste.

– “Por la gracia de mi padre, por tus años de leal servicio al Rey Vegeta III, puedo concederte la muerte que merece un guerrero.” – dice Tarble.

Tarble se da la vuelta, mirando de nuevo a Toprin.

– “¿La aceptas?.” – pregunta el hijo de Leek.

Torpin escupe al suelo, ofendido.

– “Tú… no puedes otorgarme nada…” – protesta Torpin. – “Solo eres… el hijo de un cobarde… que se unió a un traidor… y que viste el uniforme de un ejército ajeno.”

Tarble se queda mirando al viejo saiyajín, en silencio.

– “En ese caso, debería arrestarte en nombre de la Patrulla Galáctica.” – habla Table. – “Pero en este planeta prima la ley del Rey Kadan.” – da la espalda al saiyajín. – “Gladyola, lo dejo en tus manos.” – le dice a la guerrera. – “Haz lo que debas.”

Gladyola tarda un instante en reaccionar, pues se sorprende de la respuesta del patrullero.

La guerrera asiente. 

Tarble mira de reojo a Hybis.

– “Hybis, comunícate con Cheelai, por favor.” – dice el saiyajín. – “De momento, es mejor que se mantengan alejados de este planeta.”

Hybis suelta el maletín en el suelo.

– “Solo porque me lo has pedido por favor.” – asiente.

Tarble responde con una sonrisa. 

El saiyajín sale volando hacia la batalla.

Gladyola empuña su espadón y avanza hacia Torpin, pero Panzy la sujeta del pantalón, frenándola.

– “¿Eh?” – la guerrera mira a la princesa.

– “Quiero preguntarle sobre Glorio.” – dice Panzy.

El viejo saiyajín da otra repentina cabezada, ya en las últimas, con los ojos casi en blanco.

– “Creo que es demasiado tarde, Princesa.” – responde Gladyola.

Sambuco se acerca a la muchacha.

– “Creo que yo puedo ser de ayuda.” – sonríe el desaliñado anciano.

Mientras tanto, Oxyedas se incorpora torpemente, sujetándose la mandíbula, dolorido.

– “¿Qué ha pasado…?” – pregunta, aturdido, como si se levantara después de una borrachera.

En el cielo, Broly avanza hacia Karza esquivando sus zarpazos, hasta que logra alcanzarlo y le agarra los antebrazos, intentando inmovilizarlo.

– “¡BASTA!” – exclama el hijo de Páragus. – “¡Si sigues así, voy a tener que…!”

Pero el joven mestizo abre su boca y dispara un cañonazo de energía roja que Broly tiene que esquivar rápidamente, agachándose.

El torrente de energía le quema varios mechones de pelo al saiyajín.

Karza aprovecha que Broly ha aflojado su agarre para patearle la nuca con ambos pies, y así liberarse.

El hijo de Páragus se precipita contra el suelo rápidamente, pero logra aterrizar de pie.

– “Maldita sea…” – se frota la nuca, dolorido.

Tarble aterriza a su lado.

– “¿Tienes problemas?” – pregunta en tono burlón.

– “Tsk…” – protesta Broly, con una media sonrisa cómplice. – “Ya habría puesto fin al combate, si no fuera solo un pobre muchacho.”

Tarble observa a Karza en el cielo, sujetándose la cabeza, con los ojos muy abiertos, desesperado, y con una sonrisa desquiciada.

– “Lo entiendo.” – sonríe el hijo de Leek, recordando la infancia de su amigo. – “Por suerte, tengo la solución.”

– “Ah, ¿sí?” – se sorprende Broly.

Tarble empuja a Broly ligeramente por la espalda, haciéndole dar un paso al frente.

– “Tú serás el cebo.” – dice el hijo de Leek.

– “¿Qué?” – replica Broly, confundido.

Karza grita, llamando la atención de los saiyajín.

– “¡¡KYAAAAAAAH!!” – chilla el mestizo.

– “Ya viene.” – frunce el ceño Broly.


Karza se abalanza sobre ellos.

– “Todo tuyo.” – sonríe Tarble, fanfarrón. – “Intenta frenarlo.”

– “Tsk…” – protesta Broly.

El hijo de Páragus sale volando al encuentro de Karza.

El mestizo tiene las garras preparadas, dejando un rastro de ki tras él por cada dedo. De su boca emana también energía, como si estuviera evaporándose el ki sobrante.

Broly extiende su mano derecha y materializa un orbe de ki azul, que pronto se torna verde.

– “¡¡RIOT JAVELIN!!” – exclama el mestizo, lanzando su ataque.

El orbe de energía llega rápidamente hasta Karza que, instintivamente, clava sus garras en él.

La explosión tiñe el cielo de verde y desintegra por completo la parte superior de la ropa del mestizo, que por la explosión echa los brazos hacia atrás, quedándose vulnerable durante un instante.

Tarble ha aprovechado el ataque de Broly para rodear a Karza y abalanzarse sobre él por la espalda.

El hijo de Leek agarra la cola de Karza y la aprieta con fuerza.

– “¡Te tengo!” – exclama el saiyajín.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprende el mestizo.

Karza sacude su cola, y Tarble tiene que agarrarse a ella con todas sus fuerzas para no salir volando.

El mestizo parece tener un ataque repentino de cansancio y sueño, poco a poco sus ojos se cierran y sus movimientos son más lentos.

– “Hora de dormir, chico.” – sonríe Tarble, confiado.

Pero de repente, un nuevo estallido de energía nace en el interior de Karza.

El aura roja del mestizo se reaviva y empieza a revolverse de nuevo.

– “¡¡KYAAAAAH!!” – grita con desesperación.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Es que no funciona?!” – piensa. – “Es que yo… ¡¿no tengo fuerza suficiente?!” – lamenta. 

Entre las sacudidas, Karza logra conectar un codazo en la cara de Tarble y le rompe la nariz.

– “¡Ah…!” – sufre Tarble, soltando a al muchacho.

Karza prepara su garra, con las yemas de sus dedos iluminadas, y se dispone a rematar a Tarble atravesándole el pecho… pero en el último momento aparece Broly, que aparta a Karza de una patada en el pecho.

– “¡¿Estás bien?!” – le pregunta el hijo de Páragus a su amigo.

El golpe aleja al mestizo cientos de metros.

Tarble se sujeta la agarra la nariz desviada, sangrando, y se la recoloca con un fuerte clack.

– “Estoy bien…” – dice con un pesar evidente. – “Lo siento. He calculado mal.”

Broly se pone en guardia.

– “Así que no tiene la cola entrenada.” – dice el saiyajín. – “Puedo intentar encargarme de él yo solo. Creo que…”

– “Esta vez, yo seré el cebo.” – le interrumpe Tarble.

Broly lo mira con sorpresa.

– “Te puede matar.” – dice el hijo de Páragus, con una gota de sudor en su frente, por la incomodidad de tener que decirle tal cosa a su amigo.

Tarble se tapa un orificio de la nariz y exhala fuertemente por el otro, limpiándosela de sangre.

– “¿Estás listo?” – pregunta Tarble, que intenta ponerle valor para defender su orgullo.

Broly comprende a su amigo. Asiente.

Mientras tanto, Hybis ha montado su antena parabólica y ya habla con Cheelai.

– “¡¿Cómo?!” – se preocupa la patrullera tras escuchar la historia de Hybis. – “Supongo que, si está Broly, todo saldrá bien…” – murmura. – “Orbitaremos el sistema hasta que nos deis el visto bueno.” – responde.

– “Espero que acabe pronto.” – dice Hybis. – “No pude terminarme mi sopa de bichos y aún tengo hambre.”

– “Ah, bueno…” – dice Cheelai, un poco confusa. – “Pues espero que puedas terminar de comer…”

– “¿Y tu comida favorita cuál es?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – se miran Cheelai y Gohan Jr, extrañados.

Karza ataca de nuevo.

– “Vamos allá…” – se da ánimos Tarble.

El saiyajín lanza una pequeña esfera de energía contra el suelo, levantando una gran nube de polvo.

Karza se adentra en la polvareda. Desorientado, busca a sus contrincantes.

– “¡KYAAAAA!” – grita desatando su energía, disipando así la nube.

Karza sigue mirando a todos lados, sin suerte. Sus enemigos han desaparecido.

Desde el cielo, Tarble lo provoca.

– “¡HEY!” – exclama el saiyajín. – “¡ESTOY AQUÍ!”

El mestizo clava su mirada furiosa en él.

Tarble dispara a discreción una ráfaga de ki, alternando una mano y la otra para disparar.

– “¡VAMOS!” – exclama el hijo de Leek. – “¡VEN A POR MÍ!”

Karza sale volando, atravesando los ataques de Tarble, provocando decenas de explosiones que se aproximan cada vez más al saiyajín.

Tarble se prepara.

– “¡¡RIOT JAVE…!!” – intenta frenarlo.

Pero Karza aparece delante de él antes de lo que esperaba.

– “¡¿AH?!” – se asusta Tarble.


En ese instante, Broly cae sobre Karza, agarrándole la cola mientras se precipitan contra el suelo.

Los dos se estrellan contra el pavimento.

Cuando se disipa la polvareda, Karza está incrustado bocabajo en el suelo. Broly está de pie, con un pie sobre su espalda, agarrándole fuertemente la cola.

– “¡¡KYAAaaah!!” – grita el mestizo, quedándose sin fuerzas. – “Kyaaah…”

– “Has peleado muy bien, chico.” – dice Broly. – “Pero ahora toca descansar.”

Karza queda aturdido, debilitado, y pierde su transformación.

Broly aparta su pie, sin soltarle la cola. El mestizo intenta levantarse lentamente.

Tarble aterriza a su lado.

– “Felices sueños.” – sentencia el saiyajín.

Tarble propina un golpe con el canto de su mano en la nuca de Karza, dejándolo inconsciente.

Hybis ahora habla con Peral.

– “Creo que se ha cortado.” – dice Hybis.

– “No he detectado ningún problema en la señal.” – responde Peral.

– “Su voz es muy sexy.” – continúa Hybis.

– “Eres un tipo genial.” – lo anima Peral. – “Seguro que…”

Silencio en la radio.

– “¿Peral?” – pregunta Hybis. – “¿Estás ahí?”

Interferencias.

– “Pues parece que sí que tenía problemas la señal.” – suspira Hybis.

En la base del Planeta Freezer FR 85, dos soldados imperiales están de pie detrás de Peral, que se da la vuelta en su silla con cautela.

– “¿Puedo ayudarles en algo, caballeros?” – pregunta el operador, nervioso.

En Erezúant, Broly y Tarble, ya en estado base, regresan con los demás. El hijo de Páragus lleva a Karza sobre el hombro, como si fuera un saco de patatas.

– “Qué alivio…” – suspira Sambuco.

– “¿Está…?” – se preocupa Panzy al ver al muchacho.

– “Solo está inconsciente.” – responde Broly con una sonrisa.

Panzy se alegra.

Gladyola levanta a Torpin del suelo, agarrándolo de la parte trasera del cuello de su armadura.

– “¿Sigue vivo?” – se extraña Broly, sintiendo aún un leve ki en su interior.

– “Debemos interrogarlo.” – dice Gladyola. – “Así lo ha ordenado la Princesa.”

Tarble se fija en su muñón, que ya no sangra.

– “¿Lo habéis curado?” – se sorprende el saiyajín.

– “¡Ha sido Sambuco!” – dice Panzy. – “Le hizo un torniquete.”

– “Veo que los saiyajín sois muy resistentes.” – dice Gladyola. – “Cualquiera hubiera muerto después de perder tanta sangre.”

Sambuco agita su mano al aire quitándose importancia.

– “¡Solo es un viejo truco…!” – se excusa. – “¡Uno aprende cosas con los años!”

Broly levanta una ceja. Su instinto parece decirle que algo no cuadra.

Sambuco y el saiyajín se miran a los ojos un instante, pero ninguno dice nada.

Tarble se acerca a Hybis.

– “¿Has podido contactar con Cheelai?” – pregunta el saiyajín.

– “Afirmativo.” – asiente Hybis. – “Pero la conexión se ha perdido y ya no logro contactar con Peral.”

– “Volveremos al castillo del Rey Kadan.” – dice Gladyola. – “Allí podremos interrogar al saiyajín y debatir que hacemos con el muchacho, mientras vosotros intentáis poneros en contacto con la Patrulla Galáctica.” – 

El minotauro se acerca a los saiyajín.

– “¡Oxyedas!” – se alegra Broly. – “¿Estás bien?”

– “Me duele la cabeza.” – protesta el toro.

– “Jeje” – ríe el saiyajín.

Tarble suspira, contrariado.

– “Aún tenemos que recuperar nuestra nave.” – recuerda. – “No quiero recibir otra bronca de Lemon…”

– “Ya hemos cruzado el Valle de los Sordos.” – dice Sambuco. – “El asentamiento que buscamos debería estar a tan solo unos quilómetros al norte.”

– “Si es así, deberíamos investigarlo.” – dice Tarble.

– “¿Y si el chico despierta?” – se preocupa Panzy.

– “Yo me encargo de él.” – dice Broly, golpeándose el pecho. 

– “No me parece seguro.” – protesta Gladyola. – “La seguridad de la Princesa es mi prioridad.”

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Está bien.” – tiene una idea. – “Creo que lo más sensato es que Broly se quede aquí custodiando a los prisioneros. Hybis y la Princesa pueden quedarse también. A ver si logramos recuperar el contacto por radio.” – propone. – “Sambuco, Gladyola y yo iremos al asentamiento.”

– “¿Yo tengo que ir?” – se asusta el anciano.

– “Necesitamos tu guía.” – insiste Tarble.

Broly asiente.

– “¿Qué vas a hacer a hacer tú, Oxyedas?” – pregunta Broly. – “Tu gente ha sido liberada.”

– “Puedo acompañarlos yo al asentamiento.” – dice el minotauro. – “Será mi forma de daros las gracias.”

Sambuco suspira, aliviado.

DBSNL // Capítulo 382: Bestia

DBSNL // Capítulo 382: Bestia

“Eres muy impaciente.”

Broly ha sido empujado por el estallido de energía roja de Karza. 

El patrullero se levanta del suelo y sacude la cabeza para quitarse el aturdimiento.

Cuando mira al muchacho, se da cuenta de que ha cambiado.

El mestizo revela una cabellera blanca erizada. Sus cejas han desaparecido.

– “¿Qué…?” – se pregunta Broly. – “¿Qué es esa transformación…?”

Una poderosa aura roja late alrededor del chico.

Dibujado por Ipocrito

Karza se sujeta la cabeza con las dos manos.

– “¡KYAAAAAA!” – grita, furioso, enloquecido. – “¡KYAAAAAAH!”

En la ciudad, Tarble siente la aparición de tan descomunal poder.

– “¡NOS VAMOS!” – exclama, transformándose en Súper Saiyajín.

– “¿Quéééé?” – protesta Hybis, fastidiado.

– “¡No hay tiempo!” – insiste Tarble.

Hybis entra en la casa y desmonta la antena parabólica.

– “¡Vamos, Hybis!” – insiste Tarble.

Hybis no parece tener prisa y la sigue desensamblando cuidadosamente.

– “Estas cosas son delicadas.” – murmura. – “¿Sabes lo que cuesta cada pieza?”

Gladyola, Sambuco y Panzy observan el estallido de luz roja, que tiñe la zona con su color.

– “¿Qué es eso…?” – se pregunta Panzy, poniéndose la mano en el pecho, sintiendo una extraña presión.

– “Yo también puedo sentirlo…” – confiesa Gladyola.

– “Es su energía.” – revela Sambuco. – “Su poder es tan inmenso que podéis percibirlo.”

Torpin, al límite de conservar la consciencia, apoya su cabeza en los escombros.

– “Este planeta… está condenado…” – murmura el saiyajín. – “Lo ha estado desde el principio…”

Broly da un paso hacia el chico.

El mestizo clava sus pupilas rojas en Broly; el gesto enloquecido.

El patrullero se detiene. Siente como si toda la energía salvaje de su adversario se focalizara en él.

Broly aprieta los puños y se agacha ligeramente, preparándose.

– “Je.” – sonríe el patrullero, imbuyéndose de su aura verde.

El poder de Karza estalla de nuevo.

En un parpadeo, aparece delante de Broly, listo para propinarle una patada en la cara.

– “¡¿AH?!” – se sorprende el saiyajín.

¡BAAAM! Broly detiene la patada con su antebrazo en el último momento, pero aun así sale empujado a través del Valle de los Sordos.

Karza sale corriendo a cuatro patas tras él, saltando de un lado a otro a toda velocidad.

Broly rebota contra el suelo, pero intenta recuperar la estabilidad, clavando sus pies en el suelo, dejando un surco en el suelo mientras aguanta el equilibrio hasta detenerse.

El saiyajín se frota el brazo con el que ha detenido el golpe.

– “Impresionante…” – se sorprende Broly. – “¿De dónde saca todo este…?”

Pero antes de que pueda acabar su reflexión, Karza abre su boca y de ella emana un torrente de energía roja que avanza rápidamente hacia Broly y lo engulle por completo.

El poderoso ataque deja un gran socavón a su paso y se pierde en el espacio.

– “¡KYAAAAA!” – grita Karza al cielo, como si celebrara instintivamente su victoria, golpeándose el pecho con el puño derecho.

A medida que se desvanece la polvareda, la figura de Broly puede adivinarse en mitad de toda la destrucción, con sus brazos cruzados frente a su rostro, con sus muñequeras desintegradas, su ropa dañada y la armadura de la patrulla parcialmente destruida.

– “¡¿Kyah?!” – parece sorprendido el mestizo.

Los brazos de Broly están humeantes tras el ataque. El saiyajín los mira, asombrado.

– “¡Jeje!” – sonríe.

Broly aprieta los puños, emocionado.

Karza muestra los colmillos, enrabietado, y carga contra su adversario.

El suelo se resquebraja alrededor de Broly. Su aura verde emite una columna de energía que se pierde en el cielo.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita mientras la columna de unos pocos metros aumenta rápidamente su diámetro.

El cielo se tiñe de verde.

Karza no frena su acometida y embiste al muro de energía que sigue progresando, pero sale repelido.

– “¡GRRRAAAH!” – gruñe el mestizo, furioso. – “¡KYAAAAAAAH!” – grita.

Broly se ha transformado. Su cabello es verde y su musculatura ha aumentado. Su armadura de la patrulla se ha roto por completo. 

Broly desgarra la parte superior de su uniforme, ya rasgada por el ataque de Karza, quedando con el torso descubierto.

– “Hacía mucho tiempo que no sentía la necesidad de pelear usando esta forma.” – dice Broly. – “Puedes estar orgu…”

Antes de que pueda acabar la frase, Karza se ha abalanzado sobre él y se prepara para darle una patada… pero Broly la detiene con su antebrazo; esta vez sin dificultad.

– “Eres muy impaciente.” – advierte el saiyajín.

Broly le agarra la pierna y lo levanta por los aires antes de estamparlo de espaldas contra el suelo.

– “¡KYAA!” – grita Karza.

Broly se cruza de brazos, observando al mestizo incrustado en el pavimento.

– “No tienes ningún control sobre esta transformación, ¿es eso?” – le dice el saiyajín.

Karza da una voltereta hacia atrás para levantarse y ganar distancia, y empieza a saltar de un lado a otro alrededor de Broly.

– “Es rápido…” – piensa el saiyajín, siguiéndolo con la mirada.


Karza embiste al patrullero y le intenta dar un puñetazo, pero el saiyajín lo esquiva fácilmente, inclinando su cuerpo hacia un lado.

El mestizo, frustrado, ataca de nuevo. Esta vez Broly detiene el puñetazo con la palma de su mano. La onda expansiva sacude el terreno.

– “¿Se está haciendo más fuerte?” – duda Broly.

Karza retrocede.

– “¡KYAAAAAAH!” – grita de nuevo, como un animal.

Sus manos se iluminan con ki rojo.

Broly frunce el ceño, preparado para responder al ataque.

Pero la luz roja parece sorprender al mismo Karza, que empieza a sacudir sus manos con cierto miedo.

– “¿Eh?” – Broly está confuso. – “¿Qué hace…?”

Con cada sacudida, el ki parece concentrarse cada vez más en las puntas de sus dedos.

– “¿Eeh…?” – alucina el saiyajín.

De repente, en uno de sus aspavientos, el ki de sus dedos se prolonga, dejando una estela tras su movimiento.

– “¡¿UH?!” – se sobresalta Karza.

Una tenebrosa sonrisa se esboza en su rostro.

– “¡KYEH…!” – mira a su contrincante.

– “Oh…” – da un paso atrás el saiyajín.

Karza embiste a Broly y le intenta dar un zarpazo; el saiyajín retrocede y lo evade… pero el ki del mestizo prolonga el zarpazo y alcanza el pecho de Broly, dejándole cuatro cortes humeantes cruzando su pecho en diagonal de izquierda a derecha.

Broly se mira la herida, sorprendido.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín. – “Maldita sea… Es más peligroso de lo que creía…”

– “¡KYAAAH! ¡KYAHYAHYA!” – ríe Karza.

Broly aprieta los puños y reaviva su aura.

– “Esto se acabó.” – frunce el ceño.

El saiyajín se abalanza sobre Karza y le propina un puñetazo en la cara que lo lanza a través del valle, y sale volando tras él.

Karza recobra la estabilidad en el aire. Broly prepara su siguiente puñetazo, pero al intentar propinárselo, el mestizo lo evade volando hacia el cielo.

– “¡Es más rápido que antes!” – se sorprende el patrullero.

En el aire, Karza abre su boca y de ella emana un torrente de ki que cae sobre Broly.

Desde el campamento, el ataque puede verse como una columna de ki rojo que se torna en una gran onda expansiva roja que sacude la zona.

Sambuco, Gladyola y Panzy se cubren de la ventisca provocada.

Torpin sonríe.

– “Os lo he advertido… es una bestia…” – murmura el saiyajín.

Panzy lo escucha y lo mira. 

La mirada asustada de la princesa se vuelve seria, con el ceño fruncido; indignada.

La muchacha camina decidida hacia el saiyajín

– “¡Princesa!” – se preocupa Gladyola.

 Panzy le cruza la cara a Torpin de un guantazo. ¡PLAS!

Silencio.

El saiyajín mira a la muchacha con sorpresa.

– “El chico está peleando por ti…” – dice ella, apretando con rabia los puños. – “¿Es que no te das cuenta?” – con lágrimas en los ojos. – “¡Está preocupado por su abuelo!”

– “Muchacha…” – murmura Sambuco, impresionado.

Torpin tarda unos segundos en reaccionar, y lo hace con una sonrisa que se mofa de la reflexión de la princesa.

– “Estúpida…” – responde el saiyajín. – “Por eso… es una vergüenza…”

– “¿Eh?” – se queda perpleja Panzy.

– “No importa… la fuerza que tenga… siempre será débil…” – sentencia Torpin.

– “¿Acaso…?” – llora Panzy. – “¡¿Es que no tienes corazón?!”

Gladyola, con su espadón sobre el hombro, camina hasta ponerse al lado de la princesa.

– “Para algunos no hay redención posible.” – dice la guerrera. – “Apártese, Princesa.”

Gladyola empuña su arma y la levanta sobre su cabeza, lista para ejecutar al saiyajín.

Torpin sonríe.

– “A esto es a lo que me refiero…” – dice el saiyajín. – “Puedo verlo… en tus ojos…” – le dice a Gladyola. – “Mi muerte no te va a quitar el sueño.”

– “Ni una pizca.” – responde ella.

– “Gladyola…” – sufre Panzy.

La espada desciende sobre Torpin.

¡CLANK!

Tarble ha aterrizado frente a Gladyola y ha detenido el arma con su mano derecha.

-“¡¿EH?!” – se sorprende ella.

La mirada seria del Súper Saiyajín juzga a la guerrera. 

Hybis cae del cielo, abrazado al maletín de la antena, y rueda por el suelo hasta quedar bocabajo.

– “¡HYBIS!” – se alegra Panzy.

– “Me ha soltado sin avisar, el muy animal.” – dice Hybis.

– “Lo siento…” – se disculpa Tarble, suavizando su mirada. – “No tenía tiempo.”

– “¿Qué estás haciendo?” – protesta Gladyola.

– “Esta no es la manera.” – responde el saiyajín. – “No es necesario.”

La guerrera da un paso atrás y apoya de nuevo el espadón en su hombro.

– “Tsk…” protesta Gladyola.

Tarble regresa a su estado base.

Torpin escupe al suelo, ofendido.

– “¿Y quién… eres tú…?” – pregunta el moribundo saiyajín, con desprecio.

Pero no tarda en darse cuenta de la cola que ondea el patrullero.

– “Otro saiyajín… tú también…” – se sorprende.

Tarble mira al anciano de arriba abajo.

– “Así que era eso…” – murmura el patrullero.

En la distancia, en el cielo, Broly y Karza intercambian golpes.

El patrullero se protege de los ataques del asalvajado joven y evade los zarpazos a distancia.

Broly parece que está a la defensiva, intentando frenar a Karza.

Los impactos retumban en el cielo.

– “¿Él también es un saiyajín?” – pregunta Tarble, mirando en dirección al combate.

El viejo extiende su mano hacia la cola de Tarble.

– “Sois una vergüenza…” – piensa Torpin. – “Saiyajín… a las órdenes de la Patrulla Galáctica… vasallos del poder… otra vez… ¡Escoria!”

Torpin agarra la cola del patrullero.

– “¿Eh?” – lo mira Tarble, confuso.

– “¡JAJAJA!” – ríe Torpin con las fuerzas que le quedan.

– “¡TARBLE!” – se preocupa Gladyola.

– “¡TE MATARÉ CON MI ÚLTIMO ALIENTO!” – amenaza el saiyajín.

Torpin abre su boca y un orbe de ki amarillo empieza a materializarse en ella.

Pero Tarble se libera fácilmente sacudiendo su cola y le cruza la cara con ella. ¡PLAS!

De la boca ensangrentada del saiyajín cae un diente.

Torpin no da crédito.

– “Aah… ah…” – se queda perplejo. – “¿Cómo…? ¿La cola…?”

– “Hace mucho tiempo que dejamos atrás ese punto débil.” – responde Tarble.

Tarble mira de nuevo el combate en el cielo.

– “Pero eso significa…” – sonríe con picardía. – “Jeje.”

Tarble se transforma en Súper Saiyajín.

Torpin lo mira con ojos como platos. Confuso.

– “Chico…” – gruñe el viejo. – “¿Quién…? ¿Quién eres…?”

– “Me llamo Tarble.” – responde el saiyajín. – “Hijo de Leek. En tus tiempos, él era un soldado del escuadrón Bardock. Después, el líder de los saiyajín del Planeta Vampa y del Planeta Sadala.”. 

– “Así que… ¿eres el hijo del nuevo Rey…?” – pregunta Torpin.

Gladyola se sorprende al oírlo.

– “Hace tiempo que no usamos ese término.” – responde Tarble. – “El Rey Vegeta III, su hijo, Páragus, mi padre… Todos hicieron lo que creían mejor para los saiyajín.” – explica. – “Solo soy el heredero de la voluntad de nuestra gente.”

DBSNL // Capítulo 381: El mestizo

DBSNL // Capítulo 381: El mestizo

“Este planeta… está maldito…”

En el campamento de los bandidos, el saiyajín Torpin yace bajo las lecheras rotas, al lado de un corral. 

Las vacas se han escapado y corren libres, alejándose del lugar.

Panzy se despide de ellas dando alegres aspavientos.

Sambuco, en cambio, ya ha puesto su atención en el enfrentamiento que ha tenido lugar.

El nieto del saiyajín sigue en estado de shock, ensangrentado, aún con la mano de su abuelo agarrándolo del cuello.

Broly mira apenado al viejo saiyajín, pues su intención no era que el combate acabara de esa forma.

Oxyedas resopla por su hocico, intentando deshacerse de la adrenalina acumulada.

Gladyola enfunda su espada.

– “Ese tipo se lo ha buscado.” – murmura la guerrera. – “¿Estás bien, chico?” – le pregunta al joven mestizo.

El chico tiene los ojos muy abiertos y la mirada perdida.

La mano de su abuelo se resbala por su cuello y cae sobre su regazo.

El chico la mira con horror.

Oxyedas, más tranquilo, se fija en el chico.

El rostro del minotauro se desfigura como si hubiera visto un fantasma.

– “Es él…” – murmura el toro.

– “¿Eh?” – se extraña Gladyola.

– “¡ES ÉL!” – advierte Oxyedas. – “¡EL TIPO DEL QUE OS ADVERTÍ!”

Broly levanta una ceja.

– “¿El saiyajín?” – pregunta el patrullero. – “Creo que está fuera de combate…”

– “¡¡ES ÉL!!” – grita Oxyedas, aterrado.

El chico sigue inmóvil, petrificado.

Sin dudarlo, el minotauro levanta su arma sobre el mestizo y se dispone a acabar con su vida.

Broly aparece frente a Oxyedas y detiene la quijada en el último momento con su mano.

– “Es solo un niño.” – dice el saiyajín. – “¿Qué mosca te ha picado?”

– “¡ES UN MONSTRUO!” – responde el minotauro, desesperado.

Detrás de Broly, algo se revuelve a gran velocidad. Unos ojos rojos brillantes.

– “¿Eh?” – lo percibe el saiyajín.

¡BAM! Un revés con el puño izquierdo lanza a Broly a través del campamento.

Oxyedas da un paso atrás instintivamente, aterrado, pero sabe que no puede dudar; tiene que aprovechar que el chico aún tiene la atención puesta en el patrullero. 

El minotauro garra fuerte su arma y ataca al muchacho.

– “¡MHAAAAA!” – brama mientras lo atiza sobre la cabeza con todas sus fuerzas.

La quijada se rompe en varios pedazos.

El chico ni se inmuta. Su atención ahora está puesta en Oxyedas y clava sus ojos rojos en él.

Enterrado bajo las lecheras rotas, el mutilado y ensangrentado Torpin contempla el despertar a su nieto.

– “Karza…” – murmura el viejo.

El minotauro, aterrado, intenta dar un puñetazo al mestizo, pero éste desaparece y reaparece sobre el puño de Oxyedas, demostrando una velocidad endiablada, y se impulsa en él para propinarle una patada en la barbilla que le rompe varios dientes y lo levanta del suelo.

Oxyedas cae al suelo de espaldas, fuera de combate.

Karza queda flotando en el aire, imponente.

Gladyola observa aterrada la demostración de fuerza del muchacho.

El mestizo pone ahora su atención en la guerrera.

Gladyola desenvaina su arma y se prepara para ensartar al enemigo cuando se acerque.

Karza ataca y ella no lo duda; intenta atravesarlo de una estocada.

El mestizo detiene el golpe con una mano. La punta del espadón se clava ligeramente en su palma; lo justo para hacerle derramar una gota de sangre que gotea en el suelo.

– “Je…” – el chico revela una sonrisa macabra, casi animal.

A Gladyola le tiemblan ligeramente las piernas. Nunca ha visto nada igual.

De repente, una bomba de humo cae a los pies del mestizo y estalla.

– “¡HUYE!” – grita Panzy.

Gladyola aprieta los dientes. No va a huir. Se prepara para dar otra estocada.

Un estallido sónico hace que el humo se desvanezca en un instante. Un cráter en el suelo es todo lo que queda del mestizo.

Gladyola lo busca a su alrededor sin éxito, hasta que se le ocurre mirar hacia arriba.

En el cielo, Karza la observa.

– “¿Él también puede volar…?” – refunfuña, frustrada. – “¡Qué fastidio!”

Mientras tanto, Broly se ha levantado. Tiene sangre en el pómulo.

Karza apunta Gladyola con su mano derecha. Un orbe de ki rojo inestable se materializa en su mano.

Gladyola lo mira con miedo.

Broly se limpia la herida de la mejilla con el pulgar y mira la sangre.

– “¡Huh!” – sonríe el saiyajín, con sorpresa. – “Jeje.” – aprieta los puños con cierta emoción.

El hijo de Páragus se imbuye de su típica aura verde.

– “¡YAAAAAAH!” – grita Broly, convirtiendo su aura en un cañón de energía que se pierde en el cielo y tiñe la zona con su color.

El destello llama la atención de Karza.

El mestizo cambia de objetivo y dispara al saiyajín.

Broly sale volando directo hacia el ataque.

¡BOOM! La explosión tiñe toda la zona de rojo y sacude el campamento con una fuerte ventisca.

Sambuco se echa encima de Panzy para protegerla.

Gladyola clava su espada en el suelo para no ser arrastrada.

Karza sonríe.

Broly sale de la gran humareda, sorprendiendo al mestizo y propinándole un puñetazo en la cara que lo empuja por el cielo.

Karza da varias volteretas en el aire, intentando recuperar la estabilidad. Pero cuando lo logra, Broly cae sobre él y lo empuja hacia el suelo mientras le retuerce el brazo en la espalda y lo inmoviliza.

¡CRAAACK! Broly incrusta a Karza en el pavimento.

– “¡Eres realmente fuerte!” – lo felicita el patrullero. – “Pero ahora, tienes que calmarte. No sale nada bueno de perder los estribos.”

– “¡KYAAAAH!” – grita el muchacho, intentando revolverse.

Panzy y Sambuco observan el cielo, donde chocaron los dos saiyajín.

– “¿A dónde han ido?” – se pregunta la princesa.

Una voz llama su atención.

– “Es… vuestro final…” – dice Torpin, con la voz cortada, casi sin fuerzas.

Sambuco y Panzy lo miran preocupados.

– “¿Por qué…?” – pregunta Sambuco. – “¿Qué es ese muchacho?”

– “Este planeta… está maldito…” – dice el saiyajín. – “Todo este sistema… Maldito.”

– “Cuidado con lo que dices, forastero…” – protesta Panzy.

– “Princesa…” – intenta calmarla Sambuco.

– “¿Princesa?” – murmura el saiyajín. – “Ja… jaja… ¡coff! ¡coff!” – tose.

Karza sigue intentando liberarse. Broly le retuerce un poco más el brazo.

– “¡KYAAAAAAAAAAAAAAAH!” – grita de nuevo el chico.

– “¡No quiero hacerte daño!” – insiste el patrullero. – “¡Suficiente!”

Todos pueden oír los gritos del joven mestizo.

El viejo saiyajín intenta levantarse, pero se cae sentado en el suelo, apoyado en los escombros. Pierde mucha sangre.

– “Qué desastre…” – lamenta el viejo, que se relaja, aceptando la muerte. – “Estúpido crío…”

– “¿Por qué tratas así a alguien de tu propia sangre?” – pregunta Sambuco.

– “Te lo he dicho…” – responde Torpin. – “Está maldito…”

Panzy frunce el ceño y se arremanga.

– “¡Ya está bien!” – camina hacia él para darle una lección.

Sambuco agarra a la muchacha por la bufanda, frenándola.

– “¡Suéltame!” – protesta ella. – “¡Voy a darle su merecido! ¡Se va a enterar!”

– “¿Qué quieres decir?” – le pregunta Sambuco al saiyajín, ignorando a la princesa.

– “Es culpa mía…” – confiesa Torpin. – “Esa bruja… No tenía que haberla escuchado…”

– “¿Una bruja?” – se sorprende Sambuco. – “¿Te refieres a su madre?”

Gladyola se une a la conversación.

– “¿De qué estás hablando?” – pregunta ella. – “¿Qué maldición?”

Karza, incapaz de librarse del agarre de Broly, empieza golpear su cabeza contra el suelo con desesperación.

– “¡AAAH!” – grita mientras da cabezazos. – “¡AAAAH!”

– “¡BASTA!” – se preocupa el patrullero. – “¡¿Qué estás haciendo?! ¡DETENTE!”

Una lágrima cae por la mejilla de Torpin.

– “Yo sólo quería… un hijo…” – lamenta el saiyajín. – “Pero ella…  ella me dio una bestia.”

En el horizonte, un estallido de energía roja sacude la zona.

– “¡¿AAH?!” – se asustan Sambuco, Panzy y Gladyola.

El planeta entero tiembla.

En la ciudad, la gente sale de sus casas.

Tarble sale a la calle, nervioso. El resplandor rojo puede verse en el horizonte.

– “¡¿EH?!” – se preocupa el patrullero.

Hybis también sale a la calle, con su calma habitual.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta él.

– “Esto no me gusta…” – refunfuña Tarble.

DBSNL // Capítulo 380: Vaqueros

DBSNL // Capítulo 380: Vaqueros

“Sin duda estás anclado en las viejas costumbres.”

En la cueva, el minotauro está sentado junto al fuego, al lado de Broly, que lo acompaña con actitud relajada y una sonrisa amable. Gladyola está de pie a su lado, de brazos cruzados, aún magullada. Panzy está junto a la guerrera, pero un poco escondida detrás de ella, después de haber tenido que huir de la bestia. Sambuco se ha quedado unos pasos por detrás, también receloso del toro.

– “Esos bandidos…” – explica el minotauro. – “Atacaron a mi manada hace cinco noches… ocho… quince… No han parado de perseguirnos hasta que han capturado a todas mis chicas.”

– “La granja que vi al otro lado del bosque…” – piensa Sambuco.

– “¿Tan fuertes son?” – se extraña Broly. – “Porque si han podido contigo…”

– “Lo son.” – explica el toro. – “Además, son forasteros. Tienen herramientas de otros mundos. Intenté detenerlos, pero no pude…” – aprieta los puños con rabia.

El minotauro golpea el suelo con ira.

– “¡DEBÍ HABER PELEADO HASTA EL FINAL!” – lamenta. – “¡AUNQUE ME COSTARA LA VIDA, TUVE QUE HABER LUCHADO!”

Broly pone la mano en el brazo del minotauro.

– “Si hubieras hecho eso, no nos habríamos conocido.” – sonríe Broly. – “Y no podríamos ayudarte.”

– “¿Ayudarlo?” – se extraña Gladyola, levantando una ceja. – “Tenemos nuestros propios problemas, patrullero.”

– “He visto a esos bandidos cuando fui a buscar agua.” – dice Sambuco. – “No están lejos de aquí.”

Panzy escucha atentamente.

Broly se pone en pie.

– “¿Y por qué no?” – pregunta el saiyajín. – “No nos cuesta nada ayudarlo.”

– “Tenemos nuestra propia misión.” – responde Gladyola. – “Además, con la princesa aquí, mi prioridad es su protección.”

Broly agacha la cabeza, pensativo. 

En ese momento, Panzy da un paso al frente.

– “¿Hmm?” – la miran todos.


Con cierto recelo, un poco asustada, ella se acerca a la bestia.

– “¿Eh?” – la mira el minotauro.

Panzy agarra la mano del minotauro. Sus manos son minúsculas en comparación a las del animal.

– “Soy la Princesa de Erezúant.” – dice ella.

– “¿Princesa…? ¡Princesa!” – comprende el minotauro. – “Siento mucho… No sabía que…” – se avergüenza. 

– “Me llamo Panzy.” – continúa ella. – “¿Cómo has dicho que te llamabas?”

– “Oxyedas, Majestad.” – responde él, muy educado.

– “En nombre de mi padre, el Rey Kadan, te ayudaremos.” – promete. – “Tienes mi palabra.”

Broly sonríe.

La bestia se pone en pie.

Gladyola, instintivamente, acerca su mano a su espadón, pero Sambuco la detiene.

El minotauro se pone firme y hace una reverencia, con lágrimas en los ojos.

– “Muchas gracias, Mi Princesa.” – dice Oxyedas.

Broly golpea los puños frente a su pecho.

– “¡Manos a la obra!” – exclama, emocionado.

Oxyedas se limpia las lágrimas.

– “No será tan fácil…” – dice el minotauro.

– “¿Por qué no?” – se extraña el saiyajín.

– “Creo que Broly podría hacerlo solo.” – dice Gladyola. – “Y, además, estamos tú y yo… Unas cuantas armas no creo que…”

– “Uno de ellos…” – interrumpe Oxyedas, mirando a Broly. – “… se mueve como tú.”

– “¿Huh?” – se extraña el saiyajín. 

En la ciudad, Tarble y Hybis están comiendo tranquilamente sopa de bichos.

– “¿Así que te vas a casar con Lady Gladyola?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – se sorprende Tarble. – “Pues… No es mi intención…”

– “Has dado tu palabra.” – le recuerda Hybis.

– “Eso ya lo sé…” – suspira el saiyajín. – “Pero no es tan fácil… La misión… También tengo un deber con mi gente… en mi planeta.”

– “No le hagas daño.” – dice Hybis, tajante.

– “¿Cómo?” – se sorprende Tarble.

– “Es una buena mujer.” – insiste él.

– “No es mi intención, pero…” – se excusa el saiyajín.

– “Si le haces daño, te mataré.” – sentencia Hybis, sin ninguna expresión en su rostro.

– “Eeeh… ja… jaja…” – ríe Tarble, intentando leer las intenciones de su compañero, sin poder averiguar si se trata de una broma. – “¿Eh?”

– “¿Quieres más sopa?” – pregunta Hybis con total normalidad.

– “Pues… creo que ya estoy bien…” – responde Tarble. – “¿Qué demonios le pasa este tipo…?” – se pregunta en silencio.

En la granja, los bandidos siguen trabajando con las vacas.

– “¡Le toca a esa!” – grita uno. – “¡Trae la cuerda!”

De repente, el bramido de Oxyedas en la noche llama la atención de todos.

– “¡¡MUUAAAAAH!!” – muge con todas sus fuerzas.

El minotauro sale del bosque y se planta frente a los bandidos, blandiendo su arma de hueso.

– “¡¡MUUUUAAAH!!” – lo hace de nuevo.

Los bandidos se movilizan.

– “¡LA BESTIA ESTÁ AQUÍ!” – avisa uno.

– “¡ES EL MACHO!” – grita otro. 

Los malhechores se organizan. Algunos de ellos van armados con fusiles de energía.

Los más fuertes van armados con herramientas de granja y se acercan al minotauro, amenazantes.

– “¡¿Ya no te escondes, cobarde?!” – lo provoca uno.

De repente, Gladyola salta por encima del animal, usando su espalda para propulsarse, y cae entre los bandidos con su enrome espadón, golpeando el suelo con él y haciendo que varios pierdan el equilibrio.

– “¡AAH!” – se asustan.

Hay varias tiendas de compaña rodeando los corrales. Con el alboroto, no paran de salir bandidos de ellas.

De una de ellas, en el centro del campamento, sale un tipo forzudo, no muy alto, con calvicie parcial, con pelo canoso en la nuca y a los lados, pero con la calva expuesta. Una gran cicatriz cruza su rostro y muchas otras están repartidas por todo su cuerpo. Va envuelto en una capa de piel índigo de vacuno. Lleva un hueso en la mano al que le queda aún un poco de carne asada.

– “¡¿Qué está pasando?!” – protesta.

– “¡Torpin!” – exclama uno. – “¡Nos atacan!”

– “¿Eh?” – se vija en la guerrera. – “Pero, ¿esa no es…?” – la reconoce. – “Tsk…” – protesta. – “Quédate aquí.” – dice mirando al interior de la tienda. – “Solo estorbarías.”

En ese instante, Broly cae en el centro del campamento, creando una onda expansiva que arranca varias tiendas, dividiendo así la atención de los maleantes.

Mientras tanto, Sambuco y Panzy pasan desapercibidos entre los corrales y abren sus cerraduras una a una.

– “Ya sois libres, amigas.” – sonríe ella mientras trastea el candado.

– “Dese prisa, Princesa…” – dice el anciano, mirando de lado a lado, nervioso.

Los bandidos atacan a Gladyola y Oxyedas. El minotauro sacude a varios enemigos con cada golpe de quijada, mientras ella se adelanta, abriéndose paso a espadazos.

Otro grupo de maleantes se abalanza sobre Broly, pero el saiyajín se los saca de encima sin problemas, saltando de uno a otro mientras los deja fuera de combate de un solo golpe.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Glorio se encuentra comiendo solo de una bandeja metálica racionada en medio de una amplio comedor limpio y muy iluminado, con techo alto, que recuerda al de un centro militar. Las mesas largas y los taburetes están anclados al suelo. Las paredes son blancas con cenefas rojas.

Un soldado con aspecto de conejo, con piel violácea y largas orejas erectas, se acerca a él.

– “Quiere verte.” – anuncia el conejo.

– “Ya he hablado con ella.” – dice Glorio. – “No tengo nada más que contarle.”

– “Ella no. Él.” – responde el soldado.

El conejo viste con una armadura ligera en el torso, de color claro, con un emblema en el pecho en forma de ojo adornado por una especie de laurel angulado rojo. Debajo, la ropa es de tela roja con mangas cortas y una falda hasta las rodillas. En la cintura porta un cinturón ancho de hebilla metálica del que cuelga una cartuchera con una pistola. Lleva botas marrones reforzadas y muñequeras a juego. Va armado con una gran vara de metal con extremos redondeados.

Glorio acompaña al soldado a través de las instalaciones hasta un ascensor. Los dos suben hasta el piso más alto, donde las puertas se abren en el vértice de una amplia sala cuadrada presidida por una mesa gigantesca frente a una cristalera triangular que cubre toda la pared. La decoración es modernista, de alto diseño, muy alejada del aspecto medieval y austero del palacio del Rey Kadan.

Detrás de la mesa, una gran silla le da la espalda. Alguien sentado en ella observa el amanecer.

El soldado que acompañaba a Glorio se queda frente a la puerta del ascensor.

Glorio camina hasta el centro de la sala.

– “Barón.” – saluda, golpeándose el pecho con el puño.

El misterioso hombre responde.

– “He oído que la Patrulla Galáctica ha llegado a Erezúant.” – dice el Barón, muy articulado y con una elegante voz.

– “No esperaba que recurrieran a ayuda externa.” – responde Glorio.

– “¿Crees que llegarán hasta aquí?” – pregunta el hombre.

– “Lo dudo.” – responde Glorio. – “No es mi primer trabajo. He tenido cuidado.”

– “Ella siempre me habla muy bien de ti.” – insiste el Barón. 

– “Es un honor.” – Glorio hace una reverencia.

– “Yo soy más exigente.” – replica el hombre.

Glorio entiende que debe explicarse.

– “Aunque lograran cruzar el Valle de los Sordos, la zona más peligrosa del planeta, soborné a la gente adecuada.” – responde. – “A estas alturas, su nave debe estar desguazada y vendida por partes al otro lado del valle.” – asegura con firmeza. – “De todas formas, si intentaran recuperarla, no les será nada fácil.”

En el campamento de los bandidos, Gladyola, Oxyedas y Broly siguen peleando. 

Varios bandidos saltan por los aires con cada golpe de nuestros amigos.

Varios intentan frenar a Oxyedas con echándole el lazo, pero fallan. Otros tienen más suerte y le agarran un cuerno.

– “¡GRAAAA!” – brama el minotauro, sacudiendo su cabeza y haciendo volar a todos los que sujetaban el cabo.

Broly es rodeado por varios enemigos, a los repele fácilmente con un empujón de energía invisible.

Otra oleada de enemigos ya se prepara para cargar contra Broly, que los espera en guardia.

– “¡SUFICIENTE!” – exclama una voz que hace que los bandidos se detengan.

Torpin camina hacia Broly.

– “Patrulla Galáctica.” – se fija en el logo de su uniforme. – “Era cuestión de tiempo que llegarais a este planeta.” – protesta. – “Vosotros o el Imperio.”

El tipo da un último bocado a su comida y lanza el hueso limpio a un lado.

Broly lo mira detenidamente.

El enemigo abre su capa revelando su ropa. Viste botas y brazaletes oxidados de armadura imperial negra y marrón, un slip negro y una coraza protector Imperial negra cuyo abdomen parece el original, pero su pechera ha sido reparada con remaches metálicos. 

De repente, Torpin desenrolla de su cintura una cola de mono.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Broly.

– “¡Ja!” – sonríe Torpin. – “Reconoces mi raza. Ya sabrás lo que eso significa, ¿verdad?” – dice con prepotencia. – “Habéis tenido mala suerte.”

– “Pensé que… no quedaban más saiyajín…” – dice Broly, sorprendido.

– “¡JAJAJA!” – ríe Torpin. – “Siempre ponen la misma cara.” – presume. – “Veo que conoces el fatal destino de mi planeta.”

– “¿Cómo sobreviviste?” – pregunta Broly.

– “Simplemente tuve suerte. ¿Cuántas veces habré contado esto?” – responde el malcarado saiyajín. – “Estaba regresando al Planeta Vegeta cuando mi nave sufrió una avería y tuve que detenerme en una base Imperial cercana para repararla… Y entonces, el fatídico momento; mi planeta fue destruido por un meteorito… Eso me dijeron.”

– “Pero sabes que no es cierto.” – dice Broly.

– “Al principio me lo creí…” – aprieta los puños con rabia. – “Pero al día siguiente, fui emboscado por hombres de Freezer en el taller, cuando iba a recoger mi nave… No podía ser casualidad.” – narra con dolor. – “Eran demasiados, incluso para un guerrero saiyajín… pero a pesar de sufrir graves heridas, logré escapar con vida.”

Sus cicatrices parecen corroborar su historia.

– “Huí a los confines del Universo, donde no pudieran encontrarme.” – continúa.

– “Es una historia triste.” – dice Broly. – “Fue un duro revés para muchos saiyajín.”

– “¡Ni se te ocurra compadecerte!” – protesta Torpin.

– “No era mi intención.” – se disculpa Broly. – “Pero entiendo tu dolor.”

El saiyajín escucha como sus hombres siguen luchando con Gladyola y Oxyedas; con un gesto de su cabeza manda a los bandidos que rodeaban a Broly a ayudarlos.

– “Siento mucho que no conocieras la existencia del Planeta Vampa.” – dice Broly, cabizbajo. – “Tu vida podría haber sido diferente.”

– “¿El Planeta Vampa?” – repite Torpin, extrañado.

– “Aun así, no es tarde.” – insiste Broly. – “No eres el último saiyajín. Muchos viven en paz en el Planeta Sadala.”

– “¿Sadala?” – reconoce el nombre de antiguas leyendas. – “Espera…” – se da cuenta de algo. – “¿Tú también eres un saiyajín?”

Broly asiente.

– “Soy el hijo de Páragus.” – revela.

– “¡¿PÁRAGUS?!” – se sorprende Torpin. – “No puede ser… No sabía que tuviera un hijo…”

– “Yo nací en Vampa.” – responde Broly. – “Al igual que muchos otros.”

Torpin parece enternecerse durante un instante, pero enseguida recupera su agria actitud.

– “¡¿Y qué haces embutido en ese uniforme?!” – protesta el viejo saiyajín. – “¿Dices que los saiyajín viven en paz? ¡¿En qué os habéis convertido?! ¡Ni siquiera tienes cola!”

– “Ha pasado mucho tiempo.” – insiste Broly.

– “Hijo de Páragus…” – gruñe Torpin. – “Tu padre conspiró contra su propia gente. ¡Yo mismo luché contra sus hombres el día que se rebeló contra el Rey Vegeta!” – revela, furioso. – “Pensé que buscaba poder, ¡eso podría respetarlo! Pero si lo que cuentas es cierto, ¡es una deshonra para nuestra raza!”

– “Los tiempos han cambiado, anciano.” – responde Broly.

El viejo saiyajín reúne ki en su mano y dispara a Broly. El joven rechaza el ataque sin esfuerzo y lo desvía hacia el cielo.

– “Tsk…” – protesta Torpin. – “¡INSOLENTE!”

– “Sin duda estás anclado en las viejas costumbres.” – dice Broly. – “Si pudieras sentir mi energía, te darías cuenta de que este combate es una pérdida de tiempo.”

Torpin se abalanza sobre Broly.

– “¡¡MUEREEEE!!” – grita, furioso.

Broly lo intercepta y le agarra la boca, callándolo, y lo estampa contra el suelo.

– “¡¿EEH?!” – se sorprende el saiyajín. – “¡AAAH!” – grita.

Pero Broly materializa una esfera de ki en la palma de su mano, dentro de la boca del viejo.

– “¡¡MMMHH!!” – intenta gritar el saiyajín.

La esfera de ki brilla a través de sus mejillas.

– “¡¡¡HHMM!!” – intenta pelear, agarrando el brazo de Broly con todas sus fuerzas, luchando para liberarse a golpes y arañazos, desesperado.

Pero Broly desvanece su ataque; algo impensable para el viejo.

– “¿MM…?” – protesta el anciano, confuso.

– “No todo tiene que solucionarse pelando.” – dice Broly.

El joven suelta al viejo saiyajín, de cuya boca aún sale vapor.

– “¡Coff! ¡Coff!” – tose el viejo.

Broly da un paso atrás, dejándole espacio.

– “Has comprobado mi poder.” – dice el joven. – “Nuestra raza es más fuerte que nunca e incluso el hijo del Rey Vegeta nos ha dado su beneplácito.”

– “El hijo del Rey…” – se sorprende Torpin.

La aurora boreal brilla en el cielo.

– “No hay motivo para pelear entre nosotros.” – dice Broly, ofreciéndole la mano.

Las vacas han sido liberadas y ya corren por el campamento hacia la llanura.

Gladyola y Oxyedas están repeliendo a los bandidos.

El saiyajín rechaza la mano de Broly y golpea el suelo con rabia.

– “Lo siento, viejo.” – dice nuestro amigo.

Broly da la espalda al anciano y se aleja.

– “Maldita sea…” – protesta el viejo, golpeando el suelo de nuevo. – “¡¡MALDITA SEA!!”

De repente, un chico sale de una tienda de campaña en ruinas y corre hacia Torpin.

– “¡ABUELO!” – grita el joven, que llega hasta el saiyajín y se arrodilla a su lado para comprobar cómo se encuentra. – “¡¿Estás bien?!”

– “¡Suéltame!” – lo aparta el viejo. – “¡No me toques!” – lo empuja, haciendo que caiga de espaldas al suelo.

Broly los mira sorprendido.

– “¿Abuelo?” – repite el hijo de Páragus.

Torpin se pone en pie.

– “Eres un inútil… como tu padre…” – protesta el viejo. 

El chico tiene la piel amarilla y cabello negro largo, recogido en una coleta. Viste una chaqueta azul, sin camiseta, un pantalón negro, botas marrones y un cinturón rojo a juego con un turbante del mismo color. Tiene cola de saiyajín.

– “¿Un mestizo?” – se sorprende Broly.

– “¡Un bastardo!” – lo corrige Torpin.

– “Tuviste un hijo…” – dice Broly.

– “Fue un error…” – protesta Torpin. – “Un error que debí corregir mucho antes… ¡Antes de que se multiplicara!”

El joven agacha aparta la mirada, dolido y avergonzado.

– “¿Cómo puedes hablar así de tu propio nieto?” – pregunta Broly.

– “¡¡HAGO LO QUE ME DA LA GANA!!” – protesta el viejo, desquiciado.

El chico se levanta y se acerca de nuevo al anciano, preocuparlo al verlo tan fuera de sí.

– “Abuelo…” – dice el joven.

– “¡CÁLLATE!” – lo agarra del cuello. – “¡CÁLLATE!! ¡CÁLLATE!”

Broly da un paso al frente.

– “¡SUÉLTALO!” – exige el saiyajín.

Torpin aprieta fuerte el cuello del muchacho.

– “¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER!” – replica el viejo.

De repente, un espadazo de Gladyola cercena el brazo de Torpin.

El chico cae de culo al suelo, con el rostro lleno de sangre y con el brazo de su abuelo aún agarrado a su cuello.

– “Ah… aaah…” – tiembla ante el horror.

– “¡¡AAAAAAAAAH!!” – grita el viejo. – “¡¡MALDITA P…!!”

Pero Oxyedas lo embiste por la espalda y lo lanza a través del campamento. Broly se aparta para dejarlo pasar. El saiyajín rebota varias veces contra el suelo hasta estrellarse contra las grandes lecheras metálicas, que se rompen y derraman todo su contenido sobre él.

– “¿Por qué tardabas tanto?” – le pregunta Gladyola a Broly.

– “Lo siento.” – se disculpa el saiyajín. – “Pensé que podía terminar esto de otra forma…”

En el enorme despacho de paradero desconocido, Glorio sigue hablando con el misterioso hombre.

– “Un saiyajín, ¿eh?” – pregunta el Barón. – “Creía que ya no quedaban.”

– “Así es.” – responde Glorio. – “Lidera a los bandidos de la zona. No rechazará la oportunidad de pelear.”

– “Pero por lo que cuentas, es un anciano…” – no parece convencido. – “¿Estás seguro que podrá detener a los patrulleros?”

– “Lo dudo.” – responde Glorio. – “Pero el verdadero obstáculo, no es el viejo.”

En el campamento, el joven mestizo sigue en el suelo, con la mirada perdida, cubierto de sangre e inmóvil.