DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

“¿Qué le pasará a mi abuelo?”

Cheelai y Gohan Jr siguen volando hacia Erezúant. La patrullera intenta conectar con el Cuartel General de la Patrulla Galáctica para comunicarles su posición, pero sin éxito. El chico se ha quedado dormido en su silla.

Una llamada entrante la sobresalta.

– “Agente Cheelai al habla.” – responde ella. – “Adelante.”

– “Aquí Tarble.” – saluda el saiyajín.

– “Supongo que son buenas noticias.” – sonríe Cheelai.

– “Hemos capturado a un sospechoso. No quiere colaborar. Ni siquiera nos ha dado su nombre… así que por ahora lo llamamos Dokugan.” – informa el patrullero. – “Todo parece indicar que pertenece a una banda organizada, liderada por un tal Goichi. Voy a mandarte una posible insignia para que puedas introducirlo en la base de datos, a ver qué tenemos sobre ellos.”

– “Recibido.” – asiente Cheelai. – “Aunque tengo problemas para conectarme con el Cuartel General.” – advierte. – “¿Habéis recuperado vuestra nave?”

– “Estamos en ello…” – suspira Tarble.

– “Salúdala de mi parte.” – se escucha a Hybis de fondo.

Mientras tanto, al lado de los establos del palacio del Rey Kadan, la nave de la Patrulla Galáctica está siendo trasteada por un grupo de forasteros.

Los establos son una gran construcción de barro y madera en forma de salas y túneles, por los que de vez en cuando asoma la cabeza algún roedor de los que se usan como montura.

Entre los trabajadores, destaca el mercenario Melone. 

Panzy observa de cerca lo que hacen, con gran interés.

– “¿Y eso que es?” – pregunta la Princesa, señalando una parte del motor que está manipulando brench.

– “Es el hyperimpulsor” – responde Melone.

– “¿Y qué hace?” – pregunta ella.

Lady Gladyola hace guardia, apoyada en la pared del establo, sin quitarle el ojo de encima a la Princesa.

Melone da un martillazo, que cerca esta de pillarse el dedo, y se pone de mal humor.

– “¿Por qué no te vas a peinar muñecas, niña?” – protesta el brench.

Gladyola frunce el ceño y se incorpora.

Panzy suspira.

– “El Rey Kadan se ha portado muy bien con vosotros, creo.” – dice ella. – “Puede que vuestro lugar sea el calabozo, con vuestro amigo el tuerto.” – sonríe con picardía. – “¿Debería hablar con mi padre?”

Un forastero le lanza un tornillo a Melon en la cabeza.

– “¡BRENCH IDIOTA!” – lo recrimina. – “¡¿ES QUE QUIERES METERNOS EN OTRO LÍO?!”

– “Tsk…” – Melon se frota el chichón.

Gladyola vuelve a apoyarse en la pared, esbozando una media sonrisa, orgullosa al ver que la princesa puede defenderse sola.

En el calabozo, Dokugan está encerrado en una celda, esposado a la pared con los brazos en alto.

– “¡¡BASTARDOS!!” – protesta el cíclope. – “¡¡SOLTADME!!”

Dokugan desiste, agotado.

En la celda colindante, Torpin está en estasis en un sarcófago metálico con cubierta de cristal que luce el símbolo de la Patrulla Galáctica.

Dos centinelas del Rey custodian cada celada, armados con lanzas.

Desde un balcón del palacio, Karza está mirando la aldea bajo el acantilado. Broly lo acompaña.

– “¿Qué le pasará a mi abuelo?” – pregunta el joven, apenado.

– “Será juzgado.” – responde Broly, que se apoya en la barandilla.

– “¿Va a morir?” – insiste Karza.

– “El Rey Kadan tiene la palabra. Es su jurisdicción.” – responde el patrullero. – “No sé si Erezúant tiene los recursos para mantenerlo encerrado. Eso puede ser un problema.”

– “¿Y qué me pasará a mí?” – pregunta con miedo el muchacho.

Broly mira al suelo, pensativo.

– “Puedes intentar convencer al Su Majestad de que todo fue culpa de Torpin. Apelar al corazón del Rey.” – sugiere el patrullero. – “Explicar que tú no puedes controlar tu poder; que solo querías proteger a tu abuelo.”

– “¿Eso serviría de algo?” – pregunta Karza.

– “¿Me preguntas si podría librarte de un peor castigo? Es posible.” – dice Broly. – “¿Te ayudará a dormir mejor por las noches? No lo creo.”

Karza se cubre el rostro con las manos, avergonzado. Lágrimas en sus ojos.

– “Creo que… mi muerte sería lo mejor para todos…” – sufre el joven.

Broly esboza una media sonrisa, sintiéndose reflejado en el muchacho.

– “La gente que queremos, a veces puede guiarnos por caminos equivocados.” – comparte su experiencia el saiyajín.

– “¿Por qué…?” – pregunta el joven.

– “A veces, creen que están en lo cierto.” – responde Broly. – “Otras, simplemente no quieren caminar solos.”

Karza se limpia las lágrimas con el antebrazo. Broly coloca la mano sobre el hombro del chico.

– “Pero ahora, tú puedes decidir.” – dice el patrullero. – “No estás solo; pero es tu camino.”

El muchacho asiente repetidas veces, intentando convencerse de que debe hacer lo correcto.

En la plaza del pueblo, un centenar de soldados, con la ayuda de Oxyedas, arrastran el cadáver del tragacielos por las calles a modo de procesión, exhibiendo la victoria a su gente.

Los aldeanos observan incrédulos a la bestia. Los más jóvenes creían que esa criatura era solo una leyenda. Los más ancianos hacía siglos que no habían visto a uno en otro lugar que no fuera en sus pesadillas.

En una sala del palacio, Tarble sigue hablando por radio, con Hybis ocupándose de mantener la señal, trasteando los comandos de la antena parabólica.

– “¡Toda una aventura…!” – dice la patrullera, asombrada con el informe resumido que le ha hecho Tarble.

– “Y nosotros no estábamos…” – refunfuña Gohan. 

– “Dokugan no nos ha dado nada.” – suspira Tarble. – “Pero parece que el mestizo saiyajín está de nuestro lado.”

– “Pobre chico…” – murmura Cheelai, como madre, mirando de reojo a su hijo.

– “Al parecer, el ladrón que buscamos habló con el viejo saiyajín antes de llegar al asentamiento de bandidos.” – dice el patrullero. – “Creemos que consiguió una nave, así que debemos asumir que ha abandonado Erezúant.”

– “¿Sabemos a dónde ha podido ir?” – pregunta Cheelai.

– “Aún no lo sabemos.” – responde Tarble. – “Ha tenido tiempo de escapar a otro sistema.” – lamenta. – “A menos que el cíclope decida colaborar, será casi imposible encontrarlo.”

En el calabozo, Sambuco recorre el pasillo con las manos en la espalda hasta llegar a la celda de Dokugan.

Los guardias empuñan sus lanzas, apuntando al inesperado visitante.

– “¡ALTO!” – exclama uno.

– “¡¿A dónde te crees que vas, anciano?!” – pregunta el otro.

El cíclope abre su ojo al oír el alboroto.

Sambuco sonríe amablemente.

– “¿Os importaría abrir la celda y dejarnos a solas?”” – pregunta el viejo.

Sin mediar palabra, los solados bajan sus armas, como en un extraño trance. Abre la celda del cíclope y se marchan.

Dokugan, confuso, observa al anciano entrar en su celda.

– “¿Quién eres tú?” – se pregunta el cíclope. – “¿Qué quieres de mí, viejo?”

Sambuco no pierde su gesto amable.

– “Solo información.” – responde el anciano.

Sambuco se acerca al cíclope en silencio y extiende su mano hacia él.

– “¿Qué haces…?” – intenta apartarse Dokugan, asustado. – “¡No te acerques! ¡NO ME TOQUES! ¡AYUDA! ¡AAH!”

Tarble sigue hablando con Cheelai.

– “Estaremos ahí en unos días.” – calcula ella, tecleando en su panel de comandos.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Aunque si todo va bien, no necesitaremos vuestros refuerzos. Lamento haberos hecho venir hasta aquí.”

– “Yo también lo lamento.” – protesta Gohan. – “Qué aburrimiento.” – suspira.

– “Shht.” – lo calla Cheelai. – “No pasa nada.” – le responde a Tarble. – “Es nuestro deber.” – añade mirando de reojo a su hijo.

– “Gracias.” – responde el saiyajín.

– “Es un placer recibirlos.” – se escucha a Hybis. – “Ella puede quedarse en mi casa.”

– “Shht.” – lo calla Tarble.


En ese instante, Lady Gladyola entra en la sala.

– “Siento interrumpiros.” – dice la guerrera. – “Pero tenemos una confesión de Dokugan.”

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Tarble.

– “Glorio ha huido al Planeta Razan.” – revela Gladyola.

Interferencias la radio de Cheelai y Gohan Jr.

– “¿Qué ocurre?” – intenta recuperar la señal tecleando en la mesa de comandos. – “¿Se ha cortado?”

– “¿Otra vez?” – resopla el chico.

– “Vaya…” – se cruza de brazos la brench, frustrada.

En el centro de mando fronterizo del Imperio, Peral apaga su centralita. Está sudando, asustado.

– “Buen trabajo.” – dice una voz detrás de él.

Peral agacha la cabeza, apenado.

Una gran mano roja se coloca sobre el hombro del aterrado soldado.

– “Planeta Razan.” – repite la voz.

DBSNL // Capítulo 385: Tragacielos

DBSNL // Capítulo 385: Tragacielos

“Pondremos esas historias a prueba.”

En el taller del cíclope, disimuladamente, éste ha activado un dispositivo oculto bajo su tabardo.

Un potente chirrido ultrasónico ha sido emitido por unos altavoces ocultos en el tejado de la chabola, sin que nuestros amigos lo noten.

El sonido ha llegado hasta lo más profundo del Valle de los Sordos, donde algo ha respondido al reclamo con un grito estremecedor.

De repente, una potente ráfaga de aire se cuela en la cueva donde reposaban Broly y los demás.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se sorprende Panzy.

Un chirrido es la respuesta.

El rostro de Sambuco se desfigura con horror.

La calma regresa tras un instante.

Hybis entra en la cueva, inexpresivo y en silencio, pero algo lo ha dejado blanco.

– “¿Qué ha pasado…?” – se pregunta Broly.

En el taller, Gladyola agarra al vendedor y lo levanta del suelo agarrándolo por el tabardo.

– “¡Dinos para quién trabajas!” – le dice ella, inquisitiva. – “El Rey Kadan no tiene tanta paciencia como la Patrulla Galáctica. ¡Responde!”

– “¡No sé nada! ¡De verdad!” – exclama el cíclope. – “¡Llévense la nave, si la quieren!”

Tarble suspira.

– “No hablará…” – lamenta el saiyajín.

– “En el castillo del Rey hay gente muy persuasiva.” – sonríe la guerrera, en tono de amenaza.

– “Aah…” – sufre el cíclope, asustado.

De repente, un estruendoso vendaval sacude la chabola. Retumban las placas de metal que la constituyen.

– “¡¿AH?!” – se sorprende Tarble. – “¡¿Aquí hay tifones?!”

Gladyola deja caer al cíclope al suelo y agarra su espadón, lista para desenvainar si fuera necesario.


El suelo tiempla; una fuerte pero breve sacudida.

– “¿Qué demonios…?” – se preocupa Tarble.

Una sombra en movimiento se cuela a través de una rendija en la pared de la chabola.

El rostro de Gladyola refleja el horror.

El cíclope sonríe con chulería.

– “Estáis muertos.” – sentencia. – “¡JAJAJA!” – ríe con prepotencia.

Un grito de Oxyedas los alerta.

– “¡¡UN TRAGACIELOS!!” – exclama.

Pero es demasiado tarde. Las fauces de una bestia atrapan la chabola y la tritura.

Gladyola y Tarble logran salir de allí de un salto, en el útlimo momento.

El dragón levanta la cabeza hacia el cielo para tragar.

La bestia dragontina es gigantesca, alada y solo con dos extremidades delanteras; el resto de su cuerpo es parecido al de una serpiente. Ojos amarillos. Su piel es verde oscuro, dura y escamosa. Su cabeza es reptiliana, con mandíbula prominente, con tres pinchos anaranjados a cada lado a juego con sus dos grandes cuernos en la cabeza y un tercero sobre su nariz. Su espalda la recorren espinas triangulares del mismo color, desde la cabeza hasta la cola. Sus alas son inmensas. 

Con cada sacudida de su cola y batir de sus alas, varias chabolas y tiendas salen volando por los aires.

Tarble se agarra el pecho, con el corazón acelerado.

– “Eso ha estado cerca…” – suspira aliviado.

Gladyola desenvaina su espadón.

– “Maldita sea…” – aprieta los dientes, agarrando el arma más fuerte.

Oxyedas, que parece minúsculo al lado de tal monstruo, retrocede cautelosamente.

Tarble mira a su alrededor.

– “¿Y el tipo de la tienda?” – pregunta el saiyajín.

Gladyola niega.

Tarble se lleva las manos a la cabeza, devastado.

– “Era nuestra única pista…” – lamenta.

La bestia ruge. Un grito ensordecedor que hace que todos se cubran los oídos.

El tragacielos se fija en Gladyola.

– “Tsk…” – se preocupa ella.

El dragón intenta pisarla con su enorme garra.

La guerrera desenfunda su pistola y dispara a discreción, pero disparos láser rojos no parece que causen ningún daño al monstruo.

Tarble se abalanza sobre Gladyola y la aparta a tiempo.

El pisotón retumba por todo el asentamiento.

La gente huye despavorida.

Oxyedas agarra una gran roca del suelo y carga contra la pata de la bestia para golpearla con todas sus fuerzas.

Pero el dragón no parece inmutarse.

Con esa misma garra, sacude a Oxyedas, que sale volando por los aires, para caer a varias calles de distancia sobre una tienda de campaña.

Tarble se preocupa por el minotauro.

– “¡¿Qué hacemos?!” – le pregunta a Gladyola. – “¡¿Este bicho no tiene un punto débil o algo así?!”

Gladyola agarra con fuerza su arma. Una gota de sudor frío recorre su sien.

– “Se dice que su mero grito es capaz de hacerte enloquecer.” – responde ella. – “¿Qué se puede hacer contra algo así? Nadie ha sobrevivido.”

Tarble aprieta los puños. Su aura estalla en dorado, transformándose en Súper Saiyajín.

– “Pondremos esas historias a prueba.” – esboza una media sonrisa, intentando sobreponerse al miedo.

El saiyajín se eleva a toda velocidad.

El tragacielos ve el brillo de Tarble ascendiendo y lo sigue con la mirada.

– “GRRUFFFF…” – resopla por la bestia por la nariz.

Tarble lanza una esfera de energía al dragón, pero el ataque impacta sobre las escamas de su nariz, haciendo que el ataque se divida en una docena de esferas menos que se desvanecen rápidamente.

– “¡¿NADA?!” – se sorprende.

Tarble observa el asentamiento arrasado por la llegada de la criatura.

– “Tengo que alejarlo de aquí…” – piensa el saiyajín.

El patrullero reaviva su aura y sale volando.

El dragón abre sus gigantescas alas y las bate, provocando una ventisca violenta que arranca docenas de tiendas y chabolas, y se dispone a seguir a Tarble.

El saiyajín se aleja del asentamiento y el tragacielos lo persigue.

Tarble parece contento con su ventaja, pero solo con dos aleteos la bestia recorta la distancia.

El patrullero lo mira de reojo.

– “¡¿Cómo puede ser tan rápido con lo grande que es?!” – se pregunta. – “Si sigo así, solo voy a cansarme… ¡Cada vez que bate las alas está más cerca!”

Tarble se detiene en el aire.

– “Veamos de qué eres capaz…” – lo espera.

El dragón abre sus fauces y se abalanza sobre él.

El saiyajín hace un sprint lateral, evadiendo el mordisco.

El tragacielos se pasa de largo, y tiene que frenarse para poder darse la vuelta.

– “Eso te cuesta un poco más, ¿eh?” – sonríe Tarble.

El dragón vuelve a embestir al saiyajín.

Tarble lo evade de nuevo y se eleva a toda velocidad.

– “¡ESTOY AQUÍ!” – le dispara un blast de energía para llamar su atención.

El blast le da en la cabeza, pero se disuelve en varios ataques menores que llueven sobre el desierto de Erezúant.

Tarble aprovecha que el tragacielos necesita tiempo para cambiar su rumbo para tomar distancia.

– “Aquí estoy…” – gruñe el saiyajín. – “¡¡DOUBLE RIOT JAVELIN!!” – prepara una esfera de energía azul en cada mano. – “¡¡HAAAA!!” – dispara a la vez.

Las dos esferas de ki se unen durante su caída y chocan directamente contra el morro del dragón.

Pero las escamas disipan el ataque de nuevo, sin importar la potencia del ataque.

– “¡¿QUÉ?!” – se preocupa Tarble.

El ataque se ha convirtido en una lluvia de ki que cae sobre el desierto, provocando un centenar de explosiones.

El dragón abre su enorme boca, dispuesto a devorar al patrullero.

Tarble había puesto todas sus expectativas en ese ataque, y ahora es demasiado tarde para reaccionar. Las fauces se abren frente al saiyajín.

Pero justo cuando su destino parecía sellado, el tragacielos cierra su boca a tan solo un metro de distancia de Tarble.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el saiyajín.

Broly, con su cabello verde y su aura viva, está sujetando la cola del monstruo.

– “Tsk…” – se esfuerza el saiyajín.

– “¡BROLY!” – se alegra Tarble.

Broly tira del dragón con todas sus fuerzas.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el patrullero.

El saiyajín lanza al dragón contra el suelo.

La caída crea un enorme cráter y hace temblar el suelo en toda la región.

Broly apunta al dragón con su mano derecha y le lanza una esfera concentrada de ki verde.

Cuando el tragacielos empieza a levantarse, el ataque cae sobre su espalda, pero solo se divide en esferas menores que se escurren por su espalda como si fueran gotas de agua e impactan contra el suelo, levantando una gran polvareda.

– “¿Eh?” – Broly parece confundido.

– “¡Eso no funciona!” – advierte Tarble.

Broly le apunta de nuevo.

– “¿En serio?” – se sorprende, con cierta emoción. – “Pero tiene que tener un límite.” – sonríe mientras materializa una nueva esfera de ki.

– “¡ESPERA! ¡ESPERA!” – lo detiene su compañero, poniéndose delante de él.

– “¿Qué ocurre?” – se extraña Broly.

– “Si no tienes cuidado, podrías causar daños graves al planeta.” – advierte Tarble. – “No queremos causar un conflicto diplomático… Además, se ha tragado a nuestro sospechoso.”

– “Vaya…” – se cruza de brazos Broly, un poco frustrado por no poder divertirse.

El dragón ruge. Broly y Tarble tiene que taparse los oídos.

– “¡¿Y QUÉ HACEMOS?!” – pregunta Broly, medio sordo.

Tarble no responde. Observa al enemigo mientras piensa en una solución.

El grito cesa.

Los saiyajín sacuden la cabeza, intentando recuperar la cordura.

– “¿Alguna idea?” – insiste Broly.

Tarble esboza una media sonrisa tintada con cierta ironía.

– “Tenemos que recuperar a nuestro testigo.” – responde el saiyajín.

– “¿Qué?” – se extraña Broly.

Tarble se lanza en picado sobre el dragón.

– “¡¡TARBLE!!” – se preocupa Broly.

El saiyajín lanza dos ataques de energía mientras desciende, llamando la atención del enemigo.

– “Vamos…” – aprieta los dientes. – “¡¡VAMOS!!”

El tragacielos abre su enorme boca. 

El saiyajín desaparece en las fauces del dragón.

Broly se tapa el rostro con la mano, sin dejar de mirar.

– “¿Qué demonios hace…?” – se preocupa por su compañero.

El dragón ruge de nuevo.

– “Maldita sea…” – sufre Broly de nuevo.

El tragacielos empieza a batir sus alas y pronto sale volando en dirección al asentamiento bandido.

Broly tarda un poco en recuperar la compostura, pero sale volando tras él.

El saiyajín lo alcanza rápidamente y se lanza sobre su hocico con los pies por delante.

El impacto retumba en todo el planeta.

El tragacielo es derribado, pero amortigua su caída abriendo sus alas, logrando aterrizar sin estrellarse.

– “Es realmente resistente…” – piensa Broly.

Broly aterriza frente a él.

– “Si al menos puedo distraerlo…” – aviva su aura, llamando la atención de la bestia.

El saiyajín lanza una ráfaga de ki.  Los ataques se disipan al impactar contra las escamas del dragón.

El tragacielos embiste a Broly e intenta aplastarlo con su garra, pero el saiyajín la detiene con sus manos.

– “Tsk…” – aguanta el patrullero.

El suelo se resquebraja bajo sus pies.

Desde una colina cercana al asentamiento, Gladyola observa impotente el enfrentamiento, lejos de su alcance.

La boca del dragón se ilumina.

Broly puede sentir el aumento en el ki de su compañero.

El tragacielos empieza a toser y carraspear, molesto, y retrocede.

Broly lo mira con una sonrisa.

La bestia parece tener arcadas.

De repente, Tarble sale volando de las fauces de la bestia y se estrella contra el suelo.

El saiyajín tiene agarrado del brazo al cíclope, que sigue vivo, pero está inconsciente, magullado por los escombros de la chabola que colapsó sobre él.

Broly se alegra de ver a su compañero con vida y se acerca a él rápidamente.

Tarble y el vendedor están llenos de babas.

– “¿Estás bien?” – intenta ayudarlo a levantarse, pero enseguida se arrepiente al quedar su mano llena ese líquido viscoso.

Tarble se pone en pie e intenta limpiarse un poco, sin mucho éxito.

El dragón sigue sacudiendo la cabeza, molesto.

Broly se limpia la mano en su pantalón.

– “Eso ha sido muy imprudente…” – recrimina a su compañero.

Tarble aviva su aura de Súper Saiyajín, repeliendo y evaporando parte de las babas que lo cubren.

– “Cuando la bestia ha rugido, me había parecido sentir su ki.” – dice el saiyajín, mirando al vendedor. – “Seguía con vida.”

– “Aun así…” – protesta Broly.

– “Además, ahora sé su punto débil.” – aprieta el puño con decisión.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly.

– “Podemos hacerle daño desde dentro.” – sonríe Tarble.

La bestia ruge de nuevo. Los saiyajín se tapan las orejas, con mueca de dolor.

– “¡CREO QUE, SI TRABAJAMOS JUNTOS, PODEMOS APROVECHAR CUANDO…!” – dice Tarble.

Pero cuando Tarble mira a su compañero, éste ya no está.

– “¿Eh?” – lo busca.

Broly ha volado hasta la boca del tragacielos, y ya prepara un orbe de energía verde en su mano derecha, pequeño pero muy brillante.

El disparo es directo y certero; al fondo de la garganta del tragacielos.

El estallido provoca que una gran humareda emerja de su boca.

La bestia cae redonda al suelo, provocando un temblor con el golpe.

Tarble se queda boquiabierto.

Desde la colina, Gladyola observa la muerte de la bestia con ojos abiertos como platos.

Oxyedas, magullado, se acerca a la guerrera, y se queda a su lado con la misma cara de asombro al ver que el tragacielos ha caído.

DBSNL // Capítulo 384: Mercado negro

DBSNL // Capítulo 384: Mercado negro

“¿Tienes miedo de una tormenta?”

En Erezúant, Oxyedas, Gladyola y Tarble han llegado al asentamiento de los bandidos, y lo observan desde una colina. Varios centenares de tiendas de campaña improvisadas y chabolas se extienden sobre la planicie. La mayoría de individuos son forasteros, pero algunos nativos también viven entre ellos.

– “¿Por dónde empezamos?” – pregunta Tarble.

En el centro del asentamiento, las tiendas forman una calle más ancha y concurrida que las demás, con gente detenida a cada lado, amontonándose en algunas chabolas en particular. 

– “El mercado.” – señala Gladyola.

Entrando al asentamiento, Oxyedas arranca la cubierta de una tienda de compaña grande y se la pone por encima, a modo de capa con capucha, para intentar pasar un poco desapercibido.

– “Ahí vivía alguien…” – murmura Tarble, con una gota de sudor recorriendo su sien.

– “Deberíais hacer lo mismo.” – responde el minotauro. – “Un patrullero y la mano derecha del Rey no son bienvenidos en este lugar.”

– “Tiene razón.” – dice Gladyola

La guerrera se acerca a un tendedero de ropa y arranca varias telas.

Mientras tanto, en la cueva donde nuestros amigos conocieron al minotauro, Broly, Panzy, Sambuco y Hybis esperan relajados frente a una hoguera. 

Torpin y Karza siguen inconscientes. El viejo está sentado, apoyado en la pared; el joven está acurrucado en el suelo.

Panzy mira al mestizo saiyajín con tristeza.

– “Estará bien.” – sonríe Broly, para animarla.

– “Es solo un muchacho.” – dice Panzy, apenada.

– “La Patrulla Galáctica encontrará un lugar para él.” – dice Sambuco. – “¿Verdad?”

– “Una prisión de máxima seguridad.” – responde Hybis. – “Ha atacado a dos agentes.”

– “Pero…” – se preocupa la Princesa.

– “Nunca tuvo elección.” – replica Broly. – “Las decisiones que tome a partir de ahora son las que marcarán su futuro.” – añade, con su mirada triste, recordando su propio pasado en Vampa. 

Sambuco y Panzy se dan cuenta de que el tema parece resonar en el saiyajín.

– “Seguro que encontraremos un lugar adecuado para él.” – sonríe Broly.

Panzy asiente, aliviada.

En el espacio, la nave de Cheelai y Gohan Jr sigue su rumbo hacia el sistema de Erezúant. Ella está a los mandos, mientras Gohan Jr juega con una pequeña consola portátil.

Oxyedas, Gladyola y Tarble, todos ocultos bajo túnicas improvisadas, caminan por el mercado.

Los bandidos tienen a la venta objetos de todo tipo; armas, herramientas, animales enjaulados.

Nuestros amigos van directos a una zona que parece una chatarrería, lleno de trastos mecánicos; motores, engranajes, poleas, chasis viejos de naves.

– “¿El Rey Kadan permite esto?” – pregunta Tarble, mientras mira entre la mercancía.

– “Ya has visto lo difícil que es acceder aquí.” – responde Gladyola. – “No puede imponer su ley en este lugar.”

– “Pero ahora, la Patrulla Galáctica puede encargarse de poner orden.” – dice el saiyajín. – “Siempre que Rey Kadan solicite la…”

Tarble ha visto algo entre la chatarra.

– “¡MI NAVE!” – exclama de repente.

La nave de la Patrulla Galáctica está entre los aparatos, medio desguazada.

De repente, un alboroto se forma al final de la calle.

– “¡Yo me largo!” – grita un tipo.

– “¡Cobarde!” – replica otro.

De una chabola anexa al desguace, custodiada un por dos tipos malcarados, sale un guerrero brench de piel verde oliva y cabello alborotado naranja, con cara de pocos amigos, y se aleja. Viste un mono ajustado verde oscuro y una armadura imperial antigua verde claro con detalles naranjas, serrada por la mitad y convertida en chaleco.

– “¡MELON!” – grita alguien desde el interior de la chabola.

Un cíclope de estatura media y complexión delgada sale persiguiendo al brench. Su piel es amarillenta y su rostro estrecho. Viste una chaqueta y un pantalón holgado de color azul grisáceo con las mangas dobladas de color blanco, y botas negras. Sobre su ropa lleva un tabardo azul oscuro adornado con una fila vertical de símbolos naranjas en forma de “V”. En la cabeza lleva un casco blanco en forma de turbante del que sale una antena en la parte superior.

– “¡EL SEÑOR GOICHI TE VA A HACER PAGAR POR…!” – protesta el tipo.

Melon se revuelve de repente y confronta al cíclope, lo que pone en alerta a los dos tipos que custodiaban la entrada de la chabola. Uno de ellos parece un caballo bípedo con guantes de boxeo, y el otro parece una cucaracha.

– “Escúchame, estúpido.” – le dice el brench, apretando los dientes y acercándose mucho a la cara del cíclope. – “¿Sabes lo que era eso?” – señala el cielo en dirección al campamento ganadero.

– “¿Tienes miedo de una tormenta?” – se burla el cíclope.

– “Eso no ha sido una tormenta.” – replica Melon, a punto de perder los estribos. – “Era un combate. ¡UNO MUY POR ENCIMA DE MI SUELDO!” – le grita.

– “Demasiado bien pagado estas, cobarde.” – protesta el tipo.

– “Si la Patrulla Galáctica ha llegado a Erezúant, no tardarán en…” – dice el brench.

Melon ve por encima del hombro a Tarble, Gladyola y Oxyedas.

– “Mira, no importa…” – suaviza su actitud repentinamente, mientras da un paso atrás. – “Me marcho.”

– “¡COBÁRDE!” – le insulta una vez más el cíclope.

El brench se aleja a paso rápido, con la cabeza agachada.

El cíclope da una pataleta.

– “¡PUES VETE! ¡NO TE NECESITAMOS! ¡ESTÁS DESPEDIDO!” – le increpa dando aspavientos.

Mientras tanto, Tarble y los demás se han acercado.

– “Disculpe.” – dice el saiyajín.

– “¿Eh?” – se da la vuelta el cíclope.

– “¿Esa nave?” – Tarble señala la nave robada. – “¿Por cuánto la vende?”

– “¿Esa?” – una sonrisa se dibuja en el rostro del cíclope, que despierta su lado comerciante. – “¡Es mi última adquisición! ¡Se la puedo dejar como nueva en unas horas! ¿En qué piensa pagar? ¿Azulejos, quizás?”

Bajo la túnica improvisada de Tarble, el cíclope puede identificar el uniforme de la patrulla.

– “Aaaah…” – se asusta. – “¡¡ES LA PATRULLA GALÁCTICA!!” – grita.

La gente alrededor corre despavorida. Muchos recogen las tiendas de campaña apresuradamente y huyen con el material de sus puestos de venta.

– “Solo me interesa la nave…” – se excusa Tarble, incómodo ante el alboroto.

– “¡MATADLOS!” – grita el cíclope.

Pero cuando mira a sus guardaespaldas, solo el caballo sigue ahí, porque la cucaracha ya corretea despavorida usando todas sus patas para huir más rápido.

– “¡TRAIDOR!” – le increpa el cíclope.

El caballo boxeador adopta una pose de combate y da varios rápidos puñetazos al aire para intentar amedrentar a sus adversarios.

Tarble suspira, poco impresionado.

El saiyajín se quita la túnica de un solo movimiento mientras se transforma en Súper Saiyajín.

El estallido de ki hace que el vendedor caiga de culo al suelo. 

El boxeador levanta las manos mientras retrocede lentamente, dándose por vencido.

Frente a la entrada de la cueva, Hybis practica tai chi.


En su interior, Sambuco está echándose una siesta con la boca abierta, sentado en el suelo y apoyado en la pared.

Panzy, aburrida, tira una china al fuego para provocar que salten chispas.

– “Entonces…” – dice ella. – “Tarble es como un Príncipe, ¿no?”

– “¿Eh?” – la mira Broly, ante la inesperada pregunta.

– “¿Es por eso que él tiene cola y tú no?” – pregunta, curiosa.

– “¡Qué observadora!” – se sorprende el saiyajín.

Broly suspira, con un poco de pereza por tener que explicar un asunto tan burocrático que incluso a él le cuesta comprender. 

– “Pues… no exactamente…” – se rasca la mejilla con el dedo índice, mirando al techo. 

Pero el saiyajín desvía la mirada un instante hacia el al aún inconsciente Karza, y una tierna media sonrisa se dibuja en su rostro al comprender que la chica es la primera vez que conoce a alguien en unas circunstancias parecidas a la suyas.

– “Antes teníamos un Rey, pero nuestro planeta desapareció. Es una historia larga. Pero solo sobrevivieron unos pocos, y los lideraba mi padre.” – explica Broly. – “Después, cuando él murió, el padre de Tarble tomó el mando.” – resume.

Ella asiente, atenta.

– “Y ahora, formamos parte de la unión de planetas bajo la jurisdicción de la Patrulla Galáctica.” – continúa el saiyajín. – “Nos ayudaron reestablecernos y a empezar de nuevo.”

– “¿Y la cola?” – pregunta Panzy, curiosa.

– “Ah, pues… cuando hay luna llena, los saiyajín nos transformamos en Ozaru,; algo así como un simio gigante.” – revela Broly.

– “¡Ooh!” – exclama ella. – “¡¿En serio?!”

Broly se cruza de brazos y asiente.

– “Pero para eso necesitamos nuestra cola.” – dice Broly. – “Cuando nos unimos a la Patrulla Galáctica como agentes, para poder asignarnos misiones sin preocuparse por problemas inesperados, nos pidieron que prescindiéramos de ella.” – revela.

– “Tiene sentido.” – cavila ella.

– “Tarble también se la quitó durante un tiempo.” – continúa Broly. – “Pero ahora, su padre tiene una edad muy avanzada, y es posible que, cuando ocurra lo peor… La sociedad saiyajín es complicada…”

De repente, el saiyajín siente la energía de su compañero.

– “¡¿Eh?!” – se sobresalta.

Sambuco entreabre un ojo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Panzy, buscando a su alrededor.

– “He sentido la energía de Tarble.” – dice Broly.

– “¿Eso es malo?” – se preocupa ella.

– “Creo que no.” – sonríe Broly.

En el asentamiento, Gladyola y Tarble, de nuevo en estado base, entran en la chabola empujando al cíclope, que cae de rodillas al suelo. Oxyedas espera fuera.

– “¡No me hagan daño!” – suplica el vendedor, asustado, encogiéndose y cubriéndose la cabeza. – “¡Solo cumplo órdenes!”

Gladyola camina alrededor de la sala, repleta de estanterías llenas de aparatos electrónicos y mecánicos en dudoso estado.

– “Parece un taller.” – dice ella.

– “Esto forma parte de una operación mayor.” – dice Tarble. – “Cotejaremos los símbolos de su ropa con la base de datos para ver si hay alguna coincidencia con crímenes cometidos en otros sistemas.”

– “Trabajo yo solo…” – protesta el cíclope. – “Solo soy un humilde vendedor…”

– “Te hemos oído hablando con el mercenario.” – responde el saiyajín. – “¿Quién es ese señor Goichi? ¿Podemos hablar con él?”

– “No sé de qué me hablan…” – insiste el vendedor.

Disimuladamente, el cíclope busca algo bajo su tabardo.

Un potente chirrido ultrasónico es emitido por unos altavoces ocultos en el tejado de la chabola, sin que nuestros amigos lo noten.

El sonido llega hasta lo más profundo del Valle de los Sordos, donde algo responde al reclamo con un grito que estremecería al más poderoso de los guerreros.