DBSNL // Capítulo 390: La misión de Glorio

DBSNL // Capítulo 390: La misión de Glorio

“La impaciencia de la juventud…”

En el espacio, la nave mithrana pilotada por Glorio se acerca cada vez más a la estrella Daevas siguiendo una órbita espiral.

Desde la cabina, Glorio ya puede ver un pequeño satélite artificial que parece un globo sonda en forma de pez gris con detalles rojos, con unos ojos saltones que enseguida identifican la nave. El símbolo del ejército de Mithra luce en su costado.

Glorio teclea unos códigos en su panel de comandos. El pez abre su boca y engulle la nave.

Tras unos segundos de silencio, un estallido de luz multicolor es proyectado por la parte trasera del pez, como si la nave se hubiera convertido en energía, y usando el impulso gravitacional de Daeva, se pierde en el espacio profundo.

Mientras tanto, en Mithra es de noche. Cheelai se levanta de la cama en silencio, ya vestida con su uniforme de la patrulla, pero sin la armadura. Gohan Jr duerme como un tronco.

La agente brench sale de su habitación sin hacer ruido y merodea por los pasillos de la enorme instalación, evadiendo las cámaras de seguridad y los soldados de guardia.

Roba una tarjeta de acceso de uno de los conejos sin que éste se dé cuenta y la utiliza para seguir avanzando.

Finalmente, llega a un ascensor al fondo de un largo pasillo blanco. 

Cheelai usa la tarjeta una vez más, pero esta vez el acceso es denegado.

– “Hmm…” – frunce el ceño.

En la Tierra, en el Monte Paoz, Goku Jr y su padre están pesando en el lago.

Ub parece disfrutar del momento, pero su hijo está aburrido.

– “No pican.” – se queja Goku.

– “Tienes que tener paciencia…” – sonríe Ub. – “Debes estar atento a cada movimiento de la caña y…”

– “Pff…” – protesta el muchacho de nuevo.

Una sobre se mueve bajo el agua, acercándose a ellos.

La caña de Goku empieza a moverse, pero el chico ni se da cuenta.

– “Ejem…” – tose Ub.

– “¡AH!” – reacciona el chico.

Goku tira de la cuerda, pero ya es demasiado tarde. El pez ha huido y, además, se ha comido el cebo.

Goku tira la caña al suelo.

– “Se va a enterar…” – refunfuña mientras se quita la parte superior del gi.

– “Pero, ¿qué haces…?” – dice Ub.

Goku se lanza al agua.

Ub suspira.

– “La impaciencia de la juventud…” – murmura el padre.

Goku sale del agua cargando con un pez gigantesco.

– “¡Listo!” – lo suelta. – “Jeje.” – posa frente a su captura.

– “Muy bien…” – sonríe Ub. – “Pero va en contra de lo que quería enseñarte…”

– “¿Eh?” – se extraña Goku, sin acabar de comprender a su padre.

– “Al menos ya tenemos algo que cocinar… La comida estará hecha cuando llegue tu madre.” – se pone en pie. – “Recoge todo esto mientras voy a por un poco de leña.”

En Satan City, Pan está de compras con su madre en el centro comercial.

– “¿Qué tal este?” – pregunta Videl, que sale del probador con un elegante modelito.

– “Te queda genial.” – sonríe Pan.

– “Qué gusto que hayas venido a ayudarme, hija.” – dice Videl. – “Venir sola habría sido muy aburrido.” – suspira.

– “¿Qué tal le va a papá?” – pregunta Pan. – “¿Has podido hablar con él esta semana?”

– “Lleva ya cinco días sin cobertura.” – responde Videl. – “Una tormenta en no sé qué estrella de no sé qué sistema.” – protesta. – “Uno pensaría que la Patrulla Galáctica tiene mejores sistemas de comunicación…”

– “Seguro que él te echa de menos tanto como tú a él.” – sonríe Pan.

Videl sonríe.

– “Mas le vale.” – le guiña un ojo a su hija.

Mientras tanto, en una base de la Patrulla Galáctica, Son Gohan está dando una conferencia sobre sus ingeniosas píldoras, y explica cómo supondrían un gran beneficio para los agentes en campañas lejos de rutas de reabastecimiento.

Los patrulleros asistentes escuchan atentamente. En última fila está Jaco, que observa las reacciones del público.

En Mithra, Cheelai regresa a su habitación.

– “¿Sonámbula?” – dice una voz con retintín.

La patrullera se sobresalta.

En la oscuridad, Shisami espera de brazos cruzados, apoyado en la puerta de su habitación.

– “¡Shht!” – protesta ella.

– “¿Qué has descubierto?” – pregunta el akaburu.

– “¿No puedes investigar por ti mismo?” – replica ella.

Shisami no responde; su envergadura es suficiente.

– “Hay un ascensor que necesita una llave de acceso especial.” – comparte información Cheelai. – “No sé qué esconden ahí abajo.”

– “Nada bueno.” – responde Shisami.

– “Sin la llave, no hay nada que hacer.” – dice la patrullera.

– “¿Quién podría tener acceso a esa zona?” – pregunta Shisami. – “¿El bufón?”

– “Es posible…” – piensa Cheelai. – “De momento tendremos que seguirles la corriente.”

Shisami se da la vuelta en silencio y regresa a su habitación.

– “Qué simpático…” – refunfuña Cheelai.

En el Monte Paoz, Ub está recogiendo leña cuando, de repente, siente una presencia.

– “¿Hmm?” – frunce el ceño.

En la Torre de Karin, Glorio agarra el Agua Sagrada que preside el centro de la torre.

– “Eso no es tuyo.” – advierte el Duende Karín, llegando por la escalera que conecta con el piso inferior.

Glorio abre la botella y la huele.

– “¿No me has oído?” – insiste Karín.

El ladrón saca un pequeño dispositivo de su bolsillo y, apretando un botón, del pequeño aparato sale una larga aguja, que él introduce en el agua.

– “Hmm…” – frunce el ceño el Duende.

Un pitido alerta a Glorio, que mira una pequeña pantalla del dispositivo.

– “¿Dónde está la verdadera?” – pregunta el ladrón.

– “No eres digno.” – responde Karín, tajante, pero con una gota de sudor recorriendo su frente.

Glorio le apunta con el dedo.

– “Te haré hablar.” – amenaza el ladrón.

– “¡Eh, muchacho!” – dice una voz. – “¿No sabes que este es un lugar sagrado?”

Piccolo está flotando en el exterior de la torre.

Glorio lo mira de reojo.

– “El namekiano…” – piensa el ladrón.

– “Piccolo…” – se sorprende Karín, un poco aliviado.

Piccolo levita hasta el interior de la torre y se posa en el suelo.

– “El Duende Karín te ha rechazado.” – dice el namekiano. – “No tienes permiso para estar aquí.”

Glorio lanza el agua hacia el felino, con desprecio, y levanta las manos.

Karín salta para salvar la botella y lo consigue, respirando aliviado.

El ladrón y Piccolo se miran fijamente.

– “¿Dónde está la verdadera infusión?” – insiste Glorio.

– “Quiere el Agua Ultradivina…” – piensa Piccolo. – “¿Quién es este tipo?”

Un chasquido eléctrico entre los dedos de Glorio.

– “¡¿EH?!” – se percata Piccolo.

Pero no tiene tiempo de reaccionar. Glorio apunta al namekiano con ambas manos y proyecta desde las yemas de sus dedos una tormenta de rayos engulle a su adversario.

Piccolo se precipita al vacío, con su ropa chamuscada, agujereada y con la capa en llamas.

– “Eso ha sido rápido…” – aprieta los dientes el namekiano, que aún siente la electricidad recorriendo en su cuerpo.

Piccolo se frena antes de caer en el bosque.

– “Tsk…” – protesta mientras se quita la capa y el gorro.

En la torre, Glorio esboza una media sonrisa victoriosa.

De repente, un tipo de piel verde áspera como la de un sapo, cuernos negros, melena lila y garras afiladas, sale de entre las copas de los árboles y se abalanza sobre Piccolo, agarrándole la pierna.

– “¡¿EH?!” – se sobresalta el namekiano.

– “¡Tú vas a jugar conmigo!” – exclama el monstruo.

De la espalda de la criatura brota otra idéntica que se abalanza sobre Piccolo.

El namekiano detiene el puñetazo, pero el enemigo se multiplica de nuevo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Piccolo.

DBSNL // Capítulo 389: Degesu

DBSNL // Capítulo 389: Degesu

“Debemos tener cuidado.”

El Barón ha recibido a Cheelai y Gohan Jr en su lujoso despacho.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Cheelai hace una pequeña reverencia de cortesía al Barón y Gohan la imita.

– “Gracias por recibirnos.” – dice ella. – “Estábamos en una misión en este sistema, pero nuestra nave ha sufrido daños y…”

– “¿Qué hacía la Patrulla Galáctica en Razan?” – la interrumpe el ira-aru.

Cheelai levanta las cejas, un poco sorprendida.

– “Misión de reconocimiento.” – afirma la patrullera.

Degesu sonríe.

– “Desconocíamos la existencia de una civilización en este sistema.” – dice Cheelai. – “Nuestro deber ahora es informar al Cuartel General, para que se puedan iniciar contactos diplomáticos.”

– “Contactos diplomáticos.” – repite Degesu con cierto retintín. – “Parece que hoy es el día en que Mithra se abre al Universo.”

El Barón materializa una campanilla en su mano y la hace sonar.

En unos segundos, un pequeño ser vestido con un traje de arlequín negro y amarillo y una capa granate, con la cara blanca con dos marcas rojo bajo sus ojos entra en el despacho.

– “A sus órdenes, Barón.” – se presenta.

Dibujado por Ipocrito

– “Trae a nuestro invitado.” – dice Degesu.

El bufón se marcha con una reverencia.

Cheelai y Gohan se miran de reojo, con clara sospecha.

El bufón regresa acompañado de un gigantón de piel roja y cuernos negros, vestido con armadura imperial.

– “Gracias, Gomah.” – sonríe Degesu. – “Os presento al señor Shisami, Comandante del Imperio.”

– “Shisami…” – repite Cheelai, sorprendida de ver a alguien de tan alto rango en el Imperio en ese lugar.

– “Hmm…” – murmura Shisami.

La tensión es palpable entre la Patrulla Galáctica y el Imperio.

Mientras tanto, en el castillo del Rey Kadan, en Erezúant, Sambuco está apoyado en la barandilla del acantilado con vistas a la aldea, pero con la mirada puesta en el cielo.

Broly se acerca a él y se coloca a su lado.

– “¿Hay algo interesante ahí arriba?” – mira también al cielo.

– “Siempre.” – respondo el anciano.

Broly lo mira de reojo.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín.

Sambuco lo mira, risueño.

– “Solo soy un pobre anciano.” – responde el viejo.

– “Je.” – sonríe Broly.

Sambuco se marcha hacia el castillo.

– “Me voy a la taberna.” – levanta la mano para despedirse, sin darse la vuelta. – “Seguro que Peonia me echa de menos. ¡Soy su mejor cliente!”

En Mithra, Gomah ha llevado a los invitados de Degesu hasta una sala presidida por una mesa llena de comida. 

Cheelai y Shisami se quedan apoyados cada uno en paredes opuestas de la sala, los dos con los brazos cruzados.

Gohan es el único que se acerca al banquete, hambriento, pero pronto se da cuenta de que todo es comida vegetariana. 

El muchacho agarra una verdura asada, parecida a una zanahoria, y la mira con desilusión.

Cheelai y Shisami se miran con desconfianza a través de la sala.

– “¿Qué se le ha perdido al Imperio en un sistema como este?” – se lanza Cheelai.

– “Nada que le importe a la Patrulla Galáctica.” – responde Shisami.

La patrullera frunce el ceño.

Gohan muerde la punta de la zanahoria.

– “No está mal…” – murmura el muchacho. – “Es mejor que las raciones.”

Cheelai resopla, hastiada por la actitud de Shisami.

– “Habéis interceptado nuestras comunicaciones, ¿no?” – refunfuña ella.

– “¿Las que hacíais con nuestros satélites?” – protesta el akaburu.

– “Entonces ya sabes a lo que hemos venido.” – dice Cheelai. – “Solo respondemos a una solicitud de ayuda.”

Shisami resopla por la nariz, un poco molesto.

– “Solo estamos investigando.” – revela el akaburu. – “Si la Patrulla Galáctica está expandiendo su zona de influencia, debo hacer un informe.”

El toro mira de reojo a Gomah. El bufón se ha subido a la mesa y hace girar un plato de comida sobre la punta de bastón, ante los aplausos de un entusiasmado Gohan Jr.

– “No esperaba encontrarme una civilización tan avanzada en este sistema.” – dice el akaburu.

– “Parece que toda su infraestructura se concentra alrededor de este edificio.” – confirma Cheelai.

– “Ese ira-aru que se hace llamar Barón amasa todo el poder.” – dice Shisami.

– “Debemos tener cuidado.” – dice Cheelai. – “Estoy seguro de que puede leerte la mente.”

– “Genial.” – refunfuña el akaburu.

Atardecer en Mithra. En su despacho, Degesu observa el paisaje frente a la enorme cristalera con las manos en su espalda.

Gomah y sea cerca al ira-aru con una reverencia.

– “Barón.” – dice el bufón. – “Nuestros invitados ya están en sus aposentos.”

– “Excelente.” – responde Degesu, sin dejar de mirar por la ventana.

– “¿Supone esto un problema en sus planes, señor?” – pregunta Gomah.

– “Es solo un… inconveniente.” – asiente el ira-aru. – “Que todos sigan trabajando como hasta ahora. Pronto estaremos listos.”

– “Por supuesto.” – responde Gomah con otra reverencia.

El bufón se retira.

– “Gomah.” – lo detiene Degesu.

– “Sí, señor.” – se gira rápidamente.

– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta el Barón.

– “Ha abandonado el planeta.” – revela el bufón. – “Ella le ha encomendado una misión.”

Un instante de silencio que a Gomah se le hace eterno.

– “Entendido.” – responde finalmente el Barón.

En la oscuridad de un laboratorio, una ira-aru fuma de una larga boquilla, con su rostro iluminado solo por las múltiples pantallas de ordenador.

DBSNL // Capítulo 388: Mithra

DBSNL // Capítulo 388: Mithra

“Parecen pacíficos.”

La nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el cielo amarillo del Planeta Razan, cubierto de nubes densas.

– “¿Dónde se habrá metido?” – se pregunta Cheelai, viendo que en su radar no aparece ningún rastro de la nave que perseguían. 

– “No se ve nada…” – dice Gohan Jr, mirando por la ventana. – “Deberíamos descender un poco más.” – sugiere.

– “No sabemos qué hay ahí abajo…” – se preocupa ella.

– “Pero el radar no detecta ninguna amenaza, ¿no?” – responde Gohan.

– “Ningún radar enemigo…” – teclea ella. – “Ningún sistema antiaéreo…”

– “Pues bajemos.” – insiste Gohan.

Cheelai sigue descendiendo y pronto salen de la densa capa de nubes. Un inmenso bosque de color granate y tonos violetas aparece frente a ellos, aparentemente cubriendo el planeta por completo.

– “Vaaaya…” – alucina Gohan. – “Es impresionante…”

– “Ahí hay un pequeño claro.” – señala Cheelai.

– “¡Aterricemos!” – exclama el chico, emocionado.

La nave se posa en el claro, rodeado de frondosos arbustos y árboles altos.

Cheelai y Gohan se apean, vestidos con el uniforme de la patrulla y casco.

– “¿De verdad tenemos que llevar esto?” – protesta Gohan, ajustándose el casco.

– “El aire tiene un alto contenido en azufre.” – dice Cheelai, mirando en su ordenador de pulsera. – “Estaremos más seguros si…”

Un ruido entre los arbustos los alerta. Algo se mueve.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Cheelai. – “¿Algún animal?”

Gohan frunce el ceño.

– “Hay alguien cerca…” – advierte el chico.

De repente, un zorro humanoide de pelaje negruzco se presenta frente a ellos. Está cubierto en con una capa de hojas rojizas como las de los arbustos donde se escondía. Sus pupilas son amarillas. Viste un taparrabos de un pelaje corto distinto al propio. Una mano cortada de simio cuelga de una cuerda alrededor de su cintura. Un colgante de madera tallada en forma de cabeza de cabra cuelga de su cuello.

Gohan y Cheelai se ponen en guardia. Ella desenfunda su arma.

El zorro parece desconfiado, pero su actitud no es hostil.

El extraño personaje da un paso hacia nuestros amigos.  

– “¡DETENETE!” – lo amenaza ella, apuntándole con su pistola.

Ruido en las copas de los árboles.

– “¿Hay más?” – se pregunta Gohan.

De repente, una docena de criaturas simiescas cae del cielo, rodeando a los patrulleros y al zorro.

Los simios son grandes y musculados, sin cola; tienen un pelaje marrón oscuro y visten con una falda de hojas rojas. Su cabeza esta adornada con una falsa melena hecha de hojas del mismo color. Algunos de ellos lucen colas de zorro atadas en la falda.

Los simios muestran los dientes y se golpean el pecho, furiosos.

Cheelai y Gohan retroceden hacia la nave.

– “Tenemos que salir de aquí…” – susurra ella.

Los simios se abalanzan de repente sobre el zorro, que se escabulle entre los matorrales.

Los gritos de los cazadores son ensordecedores.

– “¡UH! ¡UH! ¡AAH!” – gritan los monos.

Los patrulleros aprovechan el momento para regresar a la nave, pero tres de los monos detienen su persecución y ponen su atención en ellos.

Desde los árboles, otros simios lanzan piedras sobre la nave.

– “¡MAMÁ!” – la apresura Gohan.


Cheelai, sentada a los mandos, hace que la nave se eleve lentamente.

– “¡PONTE EL CINTURÓN!” – responde ella.

Mientras se ponen en marcha, dos simios se lanzan sobre ellos y se agarran a su fuselaje.

Otros lo intentan, pero se quedan cortos en su salto y caen.

La nave sale volando hacia el cielo mientras los simios golpean con rabia el fuselaje y arrancan las partes que consiguen agarrar. 

Saltan las alarmas en el interior de la nave.

– “¡NOS VAN A DERRIBAR!” – exclama Cheelai.

Uno de los simios arranca una de las armas defensivas de la nave, que estalla en su mano, haciendo que caiga al vacío.

El otro simio ha encontrado la ventanilla de la compuerta principal y la golpea con fuerza.

Gohan se desabrocha el cinturón y se levanta.

– “¡¿A dónde vas!?” – protesta su madre.

– “¡Abre la compuerta!” – dice Gohan.

– “¡Pero…!” – se preocupa ella.

– “¡ABRELA!” – insiste Gohan.

Cheelai aprieta los dientes, aceptando el riesgo, y aprieta el botón.

El simio se sobresalta al ver que la puerta se abre frente a él.

– “¡¿AH?!” – grita la bestia.

Una luz amarilla sorprende al simio.

– “¡¡MASENKO!!” – dispara Gohan.


El ataque impacta en el pecho del enemigo y lo empuja lejos de la nave.

Cheelai cierra de nuevo la compuerta.

Gohan suspira mientras regresa a su asiento.

Ella sonríe, orgullosa.

– “Buen trabajo.” – lo felicita.

Gohan sonríe al recibir el reconocimiento de su madre.

A medida que se alejan del planeta, pueden ver un gran volcán en la superficie del planeta que se revela lentamente con su rotación, del que emana una gran columna de humo que se extiende por todo el planeta, envolviéndolo.

– “Esa debe ser la fuente del azufre…” – murmura Cheelai.

– “Debía ser un lugar precioso antes de que entrara en erupción…” – dice Gohan.

– “Pero, ¿de verdad la nave que buscamos se dirigía aquí?” – se pregunta ella, confundida.

En ese instante, Gohan se da cuenta de algo. Un pequeño astro rojizo brilla en la oscuridad del espacio, reflejando la luz de la estrella Daeva.

– “¿Qué es eso?” – pregunta el muchacho. – “¿Una luna?”

Cheelai entrecierra los ojos para intentar verlo mejor.

– “Es posible…” – responde ella.

– “¿A lo mejor es allí donde iba?” – se pregunta Gohan.

La nave pone rumbo al satélite.

En el planeta Erezúant, Tarble y Gladyola observan el trabajo de los bandidos. Poco a poco, la nave va recuperando su aspecto original. Panzy aprieta un tornillo con una llave inglesa ante un impaciente Melone.

– “Pronto podréis seguir con la misión.” – dice la guerrera.

– “Recuperaremos vuestro tesoro.” – responde el saiyajín. – “Tenéis mi palabra.”

Ella sonríe.

– “La palabra de un Príncipe.” – dice con cierto retintín. – “Todo un honor.”

– “Yo no… en realidad…” – se excusa él, dispuesto a explicar toda la historia de su planeta.

– “Solo estoy bromeando.” – lo frena ella.

Hybis, comiendo bichos de un cuenco, sin decir nada, se acerca y se mete entre los dos, obligándolos a separarse un poco para dejarlo pasar.

Tarble y Gladyola lo miran un poco desconcertados.

– “¿Hay noticias de Cheelai?” – pregunta el saiyajín. – “¿Has podido hablar con Peral?”

– “No.” – responde Hybis. – “No hay novedades.”

Tarble y Gladyola se miran, sin entender muy bien a qué ha venido su compañero.

En la luna de Razan, la nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el terreno. 

El satélite se parece mucho al planeta que orbita; el cielo es anaranjado, con un tono menos enfermo que el de Raza, y el suelo rojizo, con brillantes cristales morados repartidos por su superficie.

El lugar está habitado por seres parecidos a conejos humanoides, que viven en grutas escarbadas en la tierra, cuyas entradas están cerradas con puertas de madera, con pequeñas chimeneas.

Campos de cultivo se extienden alrededor de pequeñas aldeas que constan de varias grutas agrupadas.

Un conejo y su hijo levantan la vista al cielo al oír pasar la nave.

Gohan observa el paisaje por la ventana.

– “Parecen pacíficos.” – dice el muchacho.

A medida que nuestros amigos avanzan, se dan cuenta de que los campos de cultivo son cada vez más extensos y avanzados tecnológicamente, con cosechadoras y drones.

– “Este lugar no tiene nada que ver con Razan…” – piensa el chico.

Los campos se convierten en una urbe de edificios modernos construidos alrededor de una colina llena de grutas escarbadas en ella. Y sobre la montaña se yergue un espectacular edificio.

Cuatro pilares de cristal, frágiles en apariencia, sostienen una estructura gigantesca. Cuatro pirámides invertidas, una sobre cada pilar, recubiertas con un patrón de placas metálicas doradas triangulares que le dan un aspecto frío y, a la vez, casi sagrado. El espacio entre las pirámides invertidas está ocupado por una gran cristalera triangular, pero la luz del sol impide ver lo que hay dentro.

Cheelai rodea el edificio, estudiándolo, cuando se da cuenta de que hay una zona de aterrizaje cerca desde la que ya le están haciendo señales varios agentes locales.

– “Nos dicen que aterricemos…” – dice ella.

– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Investigaremos!”

Dos naves locales monoplaza en forma de disco vertical vuelan alrededor de la ciudad, pero parecen tener su atención puesta en nuestros amigos.

Cheelai teclea el código de aterrizaje.

– “No me gusta…” – piensa ella. – “Pero si ahora nos marchamos, será demasiado sospechoso.”

La nave se posa en el suelo con delicadeza. Cheelai y Gohan no tardan en desembarcar.

Dos centinelas conejo los reciben.

– “Bienvenidos, agentes.” – dice uno.

– “¿En qué podemos servirles?” – pregunta el otro.

– “Nuestra nave ha recibido algunos daños mientras inspeccionábamos este sector.” – dice Cheelai, ocultando los verdaderos motivos de su visita. – “Nos gustaría repararla.”

– “Por supuesto.” – asiente el primero. – “Déjenlo en nuestras manos.”

– “Oh, no es necesario…” – responde ella, sorprendida ante la hospitalidad.

El conejo levanta la mano, movilizando a varios operarios de la pista de aterrizaje.

– “Solo necesitamos algunas piezas y herramientas…” – insiste Cheelai.

– “Por favor, síganme.” – la interrumpe el segundo conejo. – “El Barón les está esperado.”

– “¿El Barón?” – levanta una ceja Gohan.

– “¿Nos esperan?” – se pregunta Cheelai.

El conejo guía a los patrulleros hasta el gran edificio, y juntos suben a un ascensor en uno de los cuatro pilares que sostienen tan impresionante infraestructura.

Las puertas se abren. El guardia les ofrece el paso.

Cheelai y Gohan salen del ascensor y se encuentran en el gigantesco despacho del Barón, en la cima de la gran cristalera triangular que pudieron ver desde el exterior.

– “Vaaya…” – alucina Gohan ante tanto lujo y modernidad.

– “No te separes de mí.” – dice Cheelai, desconfiada.


El centinela se queda en la puerta del ascensor.

El Barón sale a recibirlos; un ira-aru de piel rosada y ojos azules, con cabello blanco peinado hacia atrás, vestido con un uniforme casi militar blanco y rojo con detalles dorados, con una gran capa roja, guantes blancos y botas altas negras.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Dibujado por Ipocrito

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

“Una nave ha entrado en el sistema Yazata.”

En la nave de la Patrulla Galáctica, Cheelai teclea en el panel de comandos, intentando recuperar la conexión con Erezúant.

– “Esta misión es un aburrimiento.” – se queja Gohan Jr.

– “Somos el apoyo de nuestros compañeros.” – dice Cheelai. – “No vas a ser siempre el protagonista.” – sonríe ella.

– “La próxima vez me voy con papá.” – la mira de reojo, buscando pelea.

– “A mí no me mires.” – responde ella. – “Las misiones las decide Lemon; yo no tengo nada que ver.”

– “No cuela.” – protesta él.

Mientras tanto, en Erezúant, en la sala del trono, Karza se arrodilla frente al Rey Kadan.

– “He oído el testimonio de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Y tendré en cuenta el arrepentimiento mostrado por el muchacho.”

Karza tiene la cabeza agachada y lágrimas en los ojos.

Lady Gladyola está de pie, firme, al lado del Rey.

Detrás del muchacho, esperando la resolución, se encuentran Panzy, Tarble, Broly, Hybis y Sambuco.

– “Pero, sobre todo…” – continúa Kada. – “…me guiaré por el testimonio de mi hija.” – revela. – “Pues el futuro de Erezúant depende de ella y de su juicio.” – comparte una mirada cómplice con Panzy.

Lady Gladyola contiene su sonrisa, pero sus ojos la delatan.

– “Karza queda a cargo de la Patrulla Galáctica.” – anuncia Kadan.

Broly da un paso al frente, sorprendiendo a Tarble.

El saiyajín coloca la mano sobre el hombro del muchacho.

– “Agradecemos su confianza, Majestad.” – dice Broly.

Kadan asiente.

– “Pero su abuelo, el saiyajín Torpin…” – dice el Rey, con gesto serio. – “Tras su negativa a aceptar la ley de su raza, la Corona de Erezúant se hará responsable de su destino.”

Lágrimas se deslizan por el rostro del joven mestizo.

Tarble da un paso al frente.

– “Creo que la Patrulla Galáctica tiene las medidas de contención óptimas para alguien como él, Majestad.” – dice el saiyajín.

– “Es probable.” – responde Kadan. – “Y agradecemos la ayuda de la Patrulla Galáctica.” – se toma unos segundos. – “Pero seguimos siendo un planeta soberano y, como tal, nuestro sistema de justicia sigue vigente.”

Tarble mira de reojo al afligido Karza. Le gustaría ayudar al joven, pero asumir el peso de las relaciones intergalácticas es parte del trabajo.

El patrullero hace una reverencia y da un paso atrás.

Kadan carraspea.

– “En cuanto a los bandidos detenidos al otro lado del Valle de los Sordos, cumplirán con sus trabajos asignados y después se les exigirá que abandonen el planeta.” – sentencia el Rey.

– “Me encargaré personalmente, Su Majestad.” – responde con una reverencia Gladyola.

– “Qué centren sus esfuerzos en arreglar la nave de los patrulleros.” – insiste el Rey. – “Queremos recuperar nuestro tesoro cuanto antes.”

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr están entrando en el sistema Yazata, donde el planeta Erezúant orbita la estrella Daeva.

– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico, con hastío.

– “Esperaremos.” – responde su madre. – “Deja de quejarte.”

– “¡No me he quejado!” – protesta Gohan.

En ese instante, una señal aparece en el radar de la nave. 

– “¿Qué ocurre?” – levanta una ceja el chico, deseando que sea algo interesante.

– “Una nave ha entrado en el sistema Yazata…” – dice Cheelai, tecleando en el panel de comandos, intentando averiguar algo más sobre el objeto no identificado.

– “¿Quién es?” – pregunta Gohan.

– “No parece de los nuestros…” – lee unos códigos en pantalla.

En el moderno despacho donde Glorio fue interrogado, un centinela conejo irrumpe para avisar al Barón.

– “Una nave no identificada se dirige hacia aquí.” – avisa el centinela.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – pregunta, molesto. – “¿Tan pronto?”

– “No, señor.” – responde el conejo. – “Viene desde el exterior de nuestro sistema.”

– “¿Hmm?” – se extraña el Barón.

El conejo se queda en silencio y se toca la oreja. Le hablan por un auricular.

– “Señor…” – dice el centinela. – “Parece que hay otra nave siguiendo a la primera.”

Cheelai y Gohan persiguen el rastro de la misteriosa nave.

– “Es muy rápida.” – protesta ella. – “A este paso, la perderemos.”

– “¿Seguro que vamos en la dirección correcta?” – pregunta Gohan.

– “La nave ha calculado su ruta…” – dice Cheelai, mirando el mapa dibujado por la computadora. – “Se dirige hacia este planeta de aquí.” – lo amplia. – “El segundo planeta del sistema Yazata; Razan.”

– “Genial.” – sonríe Gohan, listo para la acción.

Cheelai no parece convencida.

– “Creo que deberíamos esperar hasta contactar con Tarble y Broly.” – dice la patrullera.

– “¡Nooo!” – protesta Gohan de manera infantil. – “¡Se va a escapar!”

– “Es imprudente.” – insiste Cheelai.

– “Antes de que se cortara, hablaban de que ese tal Glorio había salido del planeta.” – replica Gohan. – “¡¿Y si es él?!”

– “Más motivo para ser cuidadosos.” – sentencia ella.

– “Mamá…” – se queja él.

El chico carraspea y recupera la compostura de patrullero.

– “Seamos prudentes. Está bien.” – acepta Gohan. – “Pero sigamos esa nave hasta su destino. Misión de reconocimiento.”

Cheelai suspira.

– “No me vas a dejar tranquila, ¿no?” – sonríe ella.

– “No.” – responde él, rápidamente.

– “Está bien…” – claudica Cheelai. – “Pero sin correr ningún riesgo.”

– “¡BIEEEN!” – celebra Gohan. – “Ehem…” – carraspea al darse cuenta. – “Quiero decir…” – recupera de nuevo la compostura. – “Afirmativo.”

Una cápsula circular individual del Imperio cruza el sistema en dirección al Planeta Razan. La Patrulla Galáctica la sigue desde una distancia prudente, esperado no ser detectados.