Amanece en un remoto planeta. El sol se levanta tímidamente en el horizonte e ilumina el árido paisaje de roca amarillenta con escasa vegetación morada y verde, y revela un hermoso cielo violeta.
Un acantilado se alza sobre una villa humilde de casas ovaladas de arcilla gris pintadas con motivos florales violáceos. Algunos habitantes ya deambulan por las calles. La mayoría son individuos de piel morada, altos y espigados, con dos pequeños cuernos en la frente. Otros son más bajitos y malcarados, con aspecto de gárgola. Todos visten ropa austera y algunos cargan con diferentes herramientas de camino a sus respectivos trabajos; carpinteros, campesinos, herreros.
En la cima del peñasco, un castillo austero, construido con la misma arcilla que las viviendas del pueblo. El palacio consta de una gran torre ovalada central y pequeñas alas anexas interconectadas por pasillos.
Una explosión sacude una de las alas del palacio. La gente del pueblo alza la vista hacia el acantilado, atisbando una gran polvareda.
Por los pasillos solo iluminados por la poca luz que empieza a colarse por las pequeñas ventanas que lo recorren, un individuo huye, perseguido por varios soldados armados con lanzas y espadas.
Los soldados visten un chaleco a modo de armadura de un metal que recuerda al cobre ligeramente oxidado, con protección en antebrazos y espinillas a juego, sandalias y pantalón corto rojo; de su cinturón cuelga una banda de tela decorada con motivos tribales.
El forajido tiene tez azul celeste y cabello blanco corto y desaliñado; viste botas altas negras, pantalón largo azul, camiseta blanca y una chaqueta morada. El individuo carga con una bandolera a la espalda y luce una cartuchera en su cadera donde brilla una pistola plateada; un atuendo muy moderno que contrasta con la civilización local.
– “¡QUÉ NO ESCAPE!” – grita un soldado. – “¡LADRÓN!”
– “¡ALTO!”- exclama otro. – “¡EN NOMBRE DEL REY!”
El forastero desenfunda su arma y dispara a sus perseguidores mientras sigue corriendo, alcanzando a varios de ellos con sus disparos de energía verde.
El ladrón se topa con un portón al final del pasillo y carga contra él, atravesándolo y saliendo al patio exterior.
Más guardias aparecen desde todas las direcciones, obligando al extranjero escapar hacia el acantilado.
El tipo se detiene al borde del precipicio. Más de treinta guardias lo rodean y le apuntan con sus lanzas y sables.
– “¡NO TIENES ESCAPATORIA!” – dice uno.
– “¡DEVUELVE LA RELIQUIA!” – exclama otro.
El forajido, muy serio, resopla y enfunda su arma; levanta las manos.
Dos guardias empiezan a acercarse a él con precaucione, con la intención de apresarlo.
En ese instante, una mujer alta y musculosa de piel azul y cabello rosado, vestida con una armadura de gladiador a juego con los otros soldados y elegante capa fucsia, sale al exterior del castillo por la puerta rota.
La guerrera analiza la escena, viendo como sus hombres se acercan al ladrón.
– “¿El forastero?” – se pregunta, confusa al reconocer al malhechor.
Una pequeña muchacha aparece detrás de la enorme mujer. Tiene la piel verde pastel y el cabello rubio, recogido en dos coletas. Viste un mono naranja corto, calcetines y muñequeras magenta, botines y guantes amarillos y una bufanda fucsia.
La muchacha pelea para colarse entre el muslo de la guerrera y la pared hasta que lo consigue y sale al exterior.
– “¡¿EH?!” – se sobresalta al ver al ladrón.
La chica siente como se parte su corazón. Sus ojos se llenan de lágrimas.
– “¿Por qué?” – se pregunta ella, con lágrimas en los ojos. – “¡¡GLORIO!!” – lo llama.
El grito saca del trance a la guerrera. La pequeña intenta correr hacia el forastero, pero la mujer la sujeta del brazo.
– “¡PRINCESA!” – exclama ella. – “¡Es peligroso!”
– “¡NO!” – insiste la pequeña. – “¡SUÉLTAME!” – forcejea sin ningún éxito.
De repente, entre los dedos del forajido, un chispazo de ki eléctrico morado que solo atisba la guerrera.
La mujer siente que algo no va bien y reacciona rápidamente.
– “¡¡CUIDADO!!” – exclama ella, intentando alertar a sus soldados.
Un gran destello. Un ensordecedor trinar eléctrico.
La guerrera adelanta a la pequeña y se agacha para abrazarla y protegerla.
Desde el pueblo, los aldeanos observan confusos y asustados la luz azul intermitente sobre el acantilado, brillando en el interior de una gran nube de polvo.
Ha pasado un año desde la batalla en el planeta oscuro.
En la Corporación Cápsula, Trunks, trajeado, sale de una reunión de empresa. Pares, que lo estaba esperando, se acerca a él y se cuelga de su brazo.
En la sala de gravedad, Bra está entrenando, acompañada por Baicha, que sufre frente a la gravedad aumentada, pero insiste en entrenar con ella.
En el santuario, Bulma da de comer a los animales, tal y como hacía su padre.
En el Monte Paoz, Chichi está sentada en una silla, cosiendo un pantalón roto del gi de Goku Jr.
En una llanura cercana, el chico entrena bajo la supervisión de su padre.
Goku está sentado en el suelo con las piernas cruzadas.
– “Vacía tu mente.” – dice Ub. – “¿Puedes hacerlo?”
Goku está tenso, esforzándose.
– “Vaciar tu mente no es lo mismo que no pensar en nada.” – le corrige Ub.
– “¡Es muy difícil!” – protesta el chico.
Ub asiente.
– “Muchísimo.” – reconoce. – “Por eso es tan importante que aprendas a hacerlo.”
– “Entrenar con mamá es más divertido.” – refunfuña Goku.
Ub suspira.
Mientras tanto, Pan sale del bosque colindante arrastrando un gran pescado.
– “Creo que ya es hora de comer.” – sonríe Ub.
Goku Jr se levanta como un resorte.
En la Universidad de Orange City, Son Gohan está en su despacho de Decano, cuando Videl entra.
– “¿Cómo vas?” – pregunta ella.
Dos montañas de papeles a la derecha de Gohan son la respuesta.
– “Sé que habíamos quedado para comer… pero creo que…” – se excusa Gohan. – “Al final…”
Videl, sonriente y revela una bolsa con una caja de bento que tenía escondida a su espalda.
El rostro de Gohan se ilumina.
– “He traído la comida.” – dice ella.
– “No te merezco.” – responde Gohan.
Gohan despeja un poco el escritorio mientras Videl se sienta delante de él y saca la caja de la bolsa.
En la Kame House, Mutenroshi está frente al televisor, inmerso en uno de sus programas favoritos de aerobic. Cerca de allí, Umigame mece la cuna del pequeño Roshi, que parece que va a llorar.
– “A lo mejor es que quiere ver a las chicas guapas…” – dice el viejo, que se acerca a la cuna para agarrar al niño. – “¿Verdad que sí?”
Pero Marron propina un sartenazo en la cabeza al anciano.
– “Ni se te ocurra enseñarle esas cosas a mi hijo.” – protesta ella.
En la playa Goten lanza un Kamehameha mar adentro.
– “Tu Kamehameha es casi tan potente como el de tu padre.” – sonríe un viejo Krilín, nostálgico, a su lado.
– “No es para tanto…” – dice Goten, tímidamente. – “¡Déjame ver el tuyo!”
– ¿Es que quieres avergonzar a tu suegro?” – sonríe Krilín. – “¡Jajaja!”
Lázuli está tomando el sol tranquilamente en una hamaca.
– “¿Y hoy no trabajáis?” – pregunta ella con cierto retintín, un poco molesta por el ruido.
– “Estamos cubiertos.” – sonríe Goten, levantando el pulgar.
En Orange City, un coche huye de la policía a toda velocidad cuando, de repente, Gamma 2 desciende del cielo y se pone delante, frenándolo clavando un pie en su capó.
Los ladrones miran con sorpresa y miedo al héroe.
– “Je.” – sonríe el androide.
En Villa Jingle, Yamcha y Suno comen juntos frente a la chimenea de su casa.
En el bosque Fukkuro, en el dojo de Ten Shin Han y Chaoz, los dos imparten clases a sus alumnos. Lunch, de pelo azul, prepara la comida para todos, con la ayuda de Konkichi.
En una remota cabaña, Mai despelleja un conejo en el porche, mientras Ikose limpia una escopeta. En la cocina, Lapis echa unas patatas en la olla.
En la Atalaya de Kamisama, Dende y Piccolo observan la Tierra, satisfechos por el momento de paz del que disfruta el planeta.
Piccolo levanta la mirada el cielo, donde la aurora magenta sigue brillando, lo que provoca una media sonrisa en el namekiano.
En el planeta Sadala, bajo un cielo adornado con la misma aurora, sobre una colina cerca de la capital saiyajín, un mausoleo conmemora un saiyajín caído; Turles.
Frente a la tumba, un hombre demacrado, envuelto en una gran capa blanca, con cabeza y rostro cubiertos bajo un turbante, la contempla en silencio hasta que una voz llama su atención.
– “Me alegro de verte, Reitan.” – dice Mirai Trunks.
El herajín mira a Trunks por encima del hombro.
– “Hace casi un año desde que te marchaste del laboratorio.” – continúa el mestizo.
– “Ahora aprecio la soledad.” – responde Reitan.
– “Kamakiri dijo que podrías tener efectos secundarios.” – dice Trunks. – “¿Cómo te encuentras?”
Reitan mira su demacrada mano, que parece no tener piel en algunas pequeñas zonas, mostrando el músculo y el hueso subyacente.
– “Puedo moverme.” – responde el herajín.
– “¿Por qué no vuelves conmigo y…?” – dice el mestizo.
– “Le envidio.” – le interrumpe Reitan, mirando el mausoleo.
Trunks se queda callado.
– “Envidio su muerte.” – insiste el herajín.
– “Reitan…” – dice Trunks. – “No tienes que…”
– “Estoy cansado.” – responde Reitan, tajante.
El herajín se da la vuelta y camia hacia Trunks, pasando por su lado sin mirarlo.
– “Si me necesitas…” – dice Trunks.
– “Sé dónde encontrarte.” – responde Reitan.
El herajín sigue su camino, alejándose de Trunks.
En la nueva nave de la Time Patrol, Granola y Ogilvie juegan a cartas cuando se abre la compuerta y entra Mirai Trunks.
– “No quiere saber nada de ti, ¿verdad?” – dice el cereal.
– “Se está escondiendo del mundo…” – suspira Trunks. – “Es culpa mía.”
– “Ese doctor…” – refunfuña el erizo. – “No me gustan sus métodos.”
– “Le salvó la vida…” – dice Trunks, agachando la cabeza, preguntándose si hizo lo correcto.
La compuerta de la nave se abre de nuevo y Punch entra cargando con suministros.
– “Ya era hora, chico.” – dice Granola.
– “¿Lo has encontrado todo?” – pregunta Ogilvie.
– “Creo que sí.” – responde Punch. – “Pero es difícil negociar con los saiyajín…”
– “¡Pero sigues entero!” – se burla Granola.
Trunks se acerca al chico y le da una palmada en el hombro.
– “Coloca las cosas en su sitio y nos vamos.” – dice el mestizo.
– “De acuerdo.” – asiente Punch.
En la Tierra, en el laboratorio de la meseta de Yuzambito, ahora bajo la supervisión de la Patrulla Galáctica, Kamakiri, con un dispositivo de localización en su tobillo, trabaja frente a un sarcófago en el que Zahha está monitorizado. Oli y Hedo trabajan en el mismo laboratorio, asistidos por Pino.
En una ciudad del planeta Daldon, Toppo, Cheelai y Gohan Jr patrullan las calles.
– “¿Y por qué yo no puedo ir con papá?” – refunfuña Gohan.
– “Eres demasiado joven.” – responde Cheelai. – “Además, patrullar con tu madre también puede ser muy divertido.” – intenta convencerlo. – “¿A que sí, Toppo?”
– “A mí no me metas.” – murmura el grandullón.
Cheelai clava una mirada de madre furiosa a Toppo.
– “Pues… ¡Pues claro!” – rectifica él. – “¡Puede ser muy divertido!”
– “¿Lo ves?” – dice ella.
Gohan Jr se cruza de brazos.
– “Siento que estoy en la guardería.” – refunfuña él.
En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Broly y Tarble son instruidos por Lemon.
– “Tengo una nueva misión para vosotros.” – dice Lemon. – “¿Dónde está Kale?”
– “No se encontraba bien.” – dice Broly. – “Ha ido a la enfermería.”
– “La pondremos al día cuando nos reunamos con ella.” – dice Tarble. – “No se preocupe.”
– “Está bien…” – dice Lemon.
El comandante les entrega una tarjeta de memoria.
– “Aquí tenéis la información.” – dice Lemon. – “Podéis revisarla de camino a vuestro destino. Allí os encontraréis con vuestro contacto.”
– “Sí, señor.” – asiente Tarble.
En ese momento, suena el auricular de Lemon.
El comandante levanta la mano, pidiendo un momento a sus hombres.
– “Adelante.” – responde a la llamada. – “Hmm… Está bien.” – asiente Lemon. – “Informe al jefe de personal, necesitaremos un recambio. De acuerdo.”
Lemon cuela la llamada.
– “Era la enfermería.” – revela Lemon.
– “¿Va todo bien?” – se preocupa Broly.
– “¿Ha pasado algo?” – pregunta Tarble.
Lemon sonríe.
– “Creo que será mejor que vayas a la enfermería.” – le guiña un ojo a Broly.
– “¡¿EH?!” – se sorprende Tarble.
Broly, sin saber muy bien qué pensar, sale corriendo por los pasillos del cuartel, evitando chocar con todo el que encuentra a su paso. Tarble intenta perseguirlo, pero no logra seguir su ritmo.
Broly entra en la enfermería, donde le espera Kale.
Finalmente, Tarble logra alcanzar a Broly. Desde el otro lado del cristal puede ver a la pareja saiyajín hablando emocionados. Broly agarra a Kale de la cintura y la levanta en el aire, con lágrimas de alegría en sus ojos.
Tarble sonríe, feliz por sus amigos.
En mitad del espacio, Cell vuela a toda velocidad, sin rumbo fijo.
– “Creo que ahí siento una energía interesante…” – sonríe antes de usar el Shunkanido.
En el planeta Toreri, entre una ciudad en ruinas, Dabra está meditando, flotando a un metro del suelo con los ojos cerrados y brazos y piernas cruzadas.
De repente, aparece Cell.
El demonio abre un ojo y suspira.
– “Vaya, vaya… Así que eres tú…” – sonríe Cell. – “Qué decepción…” – suspira.
– “¿Qué buscas?” – pregunta Dabra.
– “Entretenimiento.” – responde Cell. – “Pero parece que no encuentro nada destacable. Las energías de siempre opacan al resto.” – dice mientras observa las ruinas a su alrededor. – “¿Qué haces en un lugar como este?”
– “Puedo sentir el poder del Makai entre estas ruinas.” – dice Dabra. – “Es débil, pero sin duda está presente.”
– “¿Buscas hacerte más fuerte?” – pregunta Cell, con cierta emoción.
– “Solo busco respuestas.” – dice el demonio.
Cell se cruza de brazos.
– “Qué muermo…” – refunfuña. – “Te dejo con tus penas, demonio.”
Cell sale volando a toda velocidad hacia el espacio, dejando a Dabra atrás.
El diablo sigue meditando en silencio.
En el planeta del Hakaishin, Liquir entrena con Champa.
El Dios de la Destrucción lanza una lluvia de ataques de ki que el kurama repele con sus colas.
– “La debilidad de los Dioses fue puesta a prueba…” – piensa el gotokoneko. – “Necesito que seas más fuerte. Más fuerte que yo.”
Champa levanta las manos y genera una esfera de ki naranja con dos esferas menores dentro que chocan entre sí, simulando un gran cascabel de energía.
– “¡¡TIENES QUE SUPERARME!!” – exclama al lanzar el ataque.
Liquir materializa la cabeza de su avatar de zorro a su alrededor, que abre sus fauces y forma una esfera de ki en su boca que luego lanza contra la de Champa.
Los dos ataques chocan en el aire, creando una gran onda expansiva que sacude el planeta divino.
Lentamente, el ataque de Liquir gana terreno sobre el de Champa.
– “Eso es…” – sonríe el Hakaishin.
El ataque se aproxima al Dios.
– “Je.” – sonríe Champa.
El Hakaishin extiende su mano hacia el ataque.
– “Hakai.” – susurra.
El ataque se desvanece en miles de pequeñas motas de luz.
– “¡Eso es trampa!” – protesta Liquir.
Champa aparece frente a él y con el dedo le golpea la frente suavemente.
– “Tsk…” – protesta el kurama.
– “Has perdido.” – sonríe el gotokoneko.
Liquir se sienta en el suelo, agotado.
– “Sé que te estoy exigiendo mucho.” – dice Champa. – “Pero ahora si vas a ser el próximo Dios de la Destrucción, debes esforzarte aún más.”
– “Lo sé…” – dice Liquir.
El kurama se pone en pie.
– “Luchemos otra vez.” – dice apretando el puño.
– “El que tiene que esforzarse eres tú, no yo.” – se excusa Champa. – “Yo voy a echarme una siesta.”
– “¿Eh?” – se queda a cuadros el kurama.
Champa se marcha hacia el castillo.
– “He hablado con Zamas.” – dice mientras se marcha. – “Puedes ir a su planeta si quieres seguir entrenando.”
Liquir se sienta de nuevo.
– “Y mientras tanto, Cooler vive a cuerpo de Rey…” – refunfuña.
En la Capital del Imperio, el demonio del frío está sentado en el trono.
– “Qué aburrimiento…” – refunfuña el nuevo Emperador.
En el planeta Makyo, en la entrada del palacio, Tapion viste con elegantes ropas de Makaioshin, e instruye a un pequeño grupo de jóvenes ira-aru sobre sus reliquias divinas.
En el planeta de los Kaioshin, Zamas observa el cielo atentamente, con una mueca de preocupación.
– “Pareces intranquilo.” – se acerca Shin.
– “Solo estoy echando un vistazo.” – sonríe el Dai Kaishoshin, intentando transmitir calma.
En el vacío que antes ocupaba el planeta oscuro, se ha construido una estación espacial de la Patrulla Galáctica que monitoriza la zona.
Los monitores muestran un escaneo constante de la zona que parece limpio, pero durante un instante imperceptible para los patrulleros que estudian la zona, revelan una red invisible de energía expandiéndose desde el epicentro a los confines del Universo.
En ese instante, Bulma, agotada, sale de la Corporación Cápsula, con ayuda de Pino. La siguen Punch, Gohan Jr y Goku Jr.
– “¡Mamá!” – se alegran Bra y Trunks.
Bulma sonríe. Es una sonrisa triste, conocedora de la victoria, pero también de su precio.
Trunks y Bra se dan cuenta de que algo no va bien.
En ese instante, la onda expansiva sacude la Tierra, generando una fuerte ventisca.
– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se pregunta Gohan.
– “Maldita sea…” – se preocupa Piccolo.
– “¿Qué está pasando?” – pregunta Pan.
La ventisca sacude la Capital del Oeste y todo el planeta. La Atalaya de Kamisama vacía. La torre de Karín. La Kame House. Villa Jingle. Villa Pingüino. El Monte Paoz.
Una hermosa aurora boreal de tono magenta se dibuja en el cielo de todo el planeta.
La onda expansiva también alcanza planetas bajo la protección del Imperio y de la Patrulla Galáctica.
También alcanza el puesto fronterizo y el mundo del Kaio del Norte; el planeta de los Kaioshin y el planeta del Hakaishin.
Bra y Trunks miran a su madre. Bulma empieza a llorar.
– “Mamá…” – dice Trunks, un poco confuso, pero lentamente interpretando la expresión de su madre.
Bra se deja caer de rodillas, con lágrimas en los ojos.
– “Papá…” – sufre la hija de Vegeta.
Piccolo mira de nuevo al cielo, asombrado.
– “Vegeta…” – murmura el namekiano.
– “¿Lo ha logrado?” – se pregunta Gohan.
En el espacio, varios trozos de roca flotando es todo lo que queda del planeta oscuro.
Mientras tanto, Freezer camina por una extraña y vacía dimensión que parece hecha de cristal, como si se tratara de una grieta en una fracturada realidad.
En la Tierra, Dende ya ha curado a los más graves. Ahora está centrando sus energías en Zahha, pero algo extraño sucede.
– “No puedo… no puedo curarlo…” – dice el namekiano.
– “¿Eh?” – se extraña Gohan.
– “Por mucho que lo intento, ¡no logro sanar sus heridas!” – se preocupa Kamisama.
Gohan se agacha y pone su mano sobre el pecho de Zahha.
– “¿Podría ser…?” – se pregunta el mestizo. – “¿Podría ser porque no pertenece a esta línea temporal?”
– “La curación de Dende funciona en Trunks.” – dice Piccolo.
– “Es cierto…” – cavila Gohan. – “Pero creo que este caso es diferente…”
– “¿Cómo los poderes de Onisen?” – recapacita Piccolo.
– “¿De qué estáis hablando?” – se extraña Dende.
Gohan agacha la cabeza, sabiendo que, por desgracia, es posible que no puedan ayudar al espadachín del futuro.
En el planeta oscuro, Vegeta espera frente al cráter formado por su Big Bang Attack.
Entre la humareda, el saiyajín busca señales de Onisen y, finalmente, a medida que el polvo se disipa, puede identificar al androide.
Onisen ha sido malherido. Ha perdido la mayoría de sus tentáculos capilares, su brazo derecho, su pierna derecha y su pie izquierdo.
– “Je.” – sonríe el saiyajín.
Pero de repente, las raíces del árbol brotan bajo los pies de Vegeta y se enredan en sus brazos y piernas, inmovilizando al saiyajín.
El saiyajín aviva su aura para liberarse, pero las raíces se clavan en su piel.
En el rostro de Onisen revela una sonrisa traicionera.
El androide se regenera mientras el aura de Vegeta se apaga lentamente.
Vegeta cruza los brazos frente a su pecho y su aura desaparece.
– “¡¡YAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín, haciendo estallar su poder, generando una onda expansiva que desintegra las raíces y deja un gran cráter a su alrededor.
Onisen se cubre ante la ventisca generada.
El androide frunce el ceño, frustrado.
Mientras tanto, Freezer sigue jugando en el anillo Toki frente al árbol, mientras se protege de las raíces que chocan contra su barrera de energía.
– “Presente y futuro…” – murmura Freezer, poniendo su mano en la corteza del árbol. – “Jugar con la cuarta dimensión es muy peligroso, pero es algo que se puede aprender…” – sonríe. – “Y a mí… me sobra tiempo.”
Freezer hace levitar el anillo en su mano derecha y lo coloca sobre su dedo corazón, deslizándolo lentamente hacia abajo hasta ponérselo.
Los ojos de Freezer brillan de color morado durante un instante y el mundo se detiene, fragmentándose como si la realdad estuviera hecha de cristal.
– “Qué interesante…” – sonríe el tirano.
De repente, la realidad se fragmenta de nuevo en trozos más pequeños y Freezer se desvanece.
Vegeta jadea, pues ha utilizado mucho poder para liberarse de las raíces.
Onisen convierte su antebrazo derecho un punzón.
El aura de Vegeta ha disminuido.
Raichi sonríe.
– “No pareces tan seguro de ti mismo como antes.” – le provoca el tsufur. – “¿Acaso tienes dudas? ¿O es miedo?”
Vegeta aprieta los puños.
En el núcleo de Raichi, Hit sigue peleando contra los tamagami.
El asesino pone todo su empeño y habilidad en mantenerlos a raya una vez más, escabulléndose entre las estocadas del mosquito, los sablazos de la cigarra y los martillazos del escarabajo.
En lo alto de la torre, Bulma sigue trabajando en la computadora central.
De repente, la mujer logra una imagen del planeta oscuro. Puede ver a Vegeta a través de los ojos de Raichi.
– “Vegeta…” – murmura ella, con el corazón en un puño.
El saiyajín intenta avivar su aura pero, aunque se torna más violenta, no aumenta de tamaño.
Onisen ataca e intenta ensartar al saiyajín, pero Vegeta usa el Shunkanido y aparece detrás del androide, propinándole una patada en la nunca que lo lanza de boca contra el suelo.
– “Mi corazón nunca ha sido puro como el de Son Goku.” – dice Vegeta. – “La mente calmada y el espíritu tranquilo nunca han sido mi fuerte… por eso nunca he podido reunir un poder como el suyo.”
Onisen se levanta, humillado una vez más.
– “Pero que eso no te confunda, insecto.” – gruñe el saiyajín. – “Lo daré todo en este combate. Jamás lograrás tu objetivo. Protegeré a los míos. Protegeré la Tierra; mi hogar.”
– “Hablas como un mero terrícola.” – intenta provocarlo el androide.
– “Je.” – sonríe Vegeta. – “No te imaginas lo que me habrían ofendido esas palabras hace unos años.”
Onisen escupe al suelo.
De repente, el rostro de Vegeta cambia, mostrando una nueva rabia.
– “¿Sabes qué…?” – refunfuña el saiyajín. – “Sí que me ofenden.” – reaviva su aura. – “Mi mujer… mis hijos… han nacido en la Tierra; son terrícolas. ¿Y osas hablar de ellos como si fueran una raza inferior? ¡NO TE LO PERMITO!”
Raichi se sorprende al ver como un nuevo poder está nutriendo a Vegeta.
El aura del saiyajín se torna oscura, casi granate. Sus pupilas se tornan moradas y sus cejas desaparecen. Su cabello se tiñe de morado.
– “¿Cómo…?” – se sorprende Onisen. – “¿Cómo puedes utilizar ese poder…?”
– “Ya te lo he dicho.” – sonríe Vegeta de forma macabra. – “Yo no soy como Kakarotto.”
Dibujado por Ipocrito
Vegeta se abalanza sobre Onisen y le propina un puñetazo tan fuerte que le deforma la cara y lo lanza a través del páramo desértico.
El golpe sacude el planeta. Una onda expansiva oscura como el carbón sacude el planeta y se expande más allá del espacio.
En la Tierra, Dende contempla el cuerpo de Zahha, que parece a un solo aliento de perder la vida, cuando una sensación extraña pero terrible sacude el corazón de los presentes.
Todos miran al cielo.
– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se sobresalta Gohan. – “Es… terrible…”
– “Siento que… se me revuelven las tripas…” – dice Pan.
Ub se da cuenta de que sus manos están temblando.
– “Esa oscuridad… la reconozco…” – dice Ub. – “Es el Makai…”
– “¿Ha aparecido un nuevo enemigo?” – se pregunta Granola.
– “No…” – dice Piccolo. – “Creo que no…”
– “Es Vegeta…” – revela Cell.
– “Está utilizando el poder del Makai que nutre la semilla del árbol.” – añade Dabra.
Vegeta persigue como una centella granate a Onisen a través del páramo, atravesando un bosque de raíces, y le propina otro puñetazo que lo empuja aún más lejos y a mayor velocidad.
Una gota de sudor frío recorre la frente de Dabra.
– “Si podía hacer eso, ¿por qué no lo hizo antes?” – pregunta Granola.
– “Mi padre…” – dice Bra. – “Ha tenido pesadillas desde que volvió del Makai.” – revela.
– “Manipular ese oscuro poder tiene un alto precio.” – responde el diablo.
Pan recuerda a Piccolo y a Ub, en la Atalaya de Kamisama, imbuidos por el oscuro poder invocado por Garlick, transformados en demonio.
Vegeta sigue persiguiendo a Onisen, que intenta regenerar su desfigurado rostro cuando ve que el saiyajín le adelanta por encima a toda velocidad.
El saiyajín espera al androide y lo intercepta con una patada en el abdomen que lo parte en dos, pues a esa velocidad, la pierna de Vegeta actúa como una cuchilla.
Las dos mitades del enemigo siguen su curso dando tumbos sobre la superficie del planeta oscuro.
Vegeta se revuelve rápidamente mientras su aura se reduce a su mano derecha.
– “¡¡YAAAAAH!!” – lanza un torrente de energía granate con rayos negros al tren inferior de Onisen y las desintegra por completo.
El tronco del androide empieza a regenerarse mientras se arrastra por el suelo.
– “Maldición…” – gruñe Onisen. – “¿Cómo puede ser…? ¿Cómo me puede estar pasando esto a mi…?”
El androide golpea el suelo con rabia.
– “¡¡SE SUPONE QUE SOY UN DIOS!!” – clama. – “¡¡He trascendido el tiempo y el espacio!! ¡He creado un nuevo mundo! ¡¿Y no podré verlo florecer?!”
En la Tierra, Gohan y Piccolo siguen con la mirada puesta en el cielo.
– “Piccolo…” – dice Bra, acercándose tímidamente al namekiano. – “¿Crees que Vegeta puede controlarlo?” – pregunta con miedo a la respuesta.
– “Está jugando con fuego.” – responde el namekiano.
– “Vegeta es la persona más terca que conozco.” – interviene Son Gohan, intentando calmar a Bra con una sonrisa. – “Si alguien puede hacerlo, ese es tu padre.”
Piccolo se da cuenta.
– “Es cierto.” – añade el namekiano.
Los ojos de Bra brillan. La muchacha asiente.
Vegeta camina hacia Onisen, que está regenerando su tren inferior lo más rápido que puede.
De repente, el saiyajín se detiene. Vegeta siente como si el interior de su cabeza ardiera.
– “Grrrggh…” – gruñe el saiyajín. – “¡Graaaagh…!” – se agarra la cabeza.
Dos pupilas rojas en la oscuridad. El Makai. El que vio. Moro.
– “¡GRAAAAAAAH!” – grita Vegeta.
Onisen aprovecha el momento de incertidumbre para regenerarse por completo.
– “La mente mortal tiene sus defectos.” – sonríe Raichi.
En el interior de Vegeta, una pequeña nube blanca de contorno sutilmente azulado, su alma, lentamente se oscurece y empieza a deshacerse.
Desde la torre del mundo digital de Raichi, Bulma puede ver sufrir a su marido.
– “Vegeta…” – sufre ella. – “No te rindas… Te necesitamos… Te necesito…” – llora.
La mente del saiyajín se resquebraja. En cuestión de segundos, sus recuerdos se hacen añicos uno a uno. El enfrentamiento con Onisen. Su lucha contra Kamo. Su duelo contra Moro. El entrenamiento con Jiren. La pelea contra Broly. Su combate en el torneo contra Zeno Zamas, acompañado por Freezer y Cell. La fusión con Goku para enfrentarse al Daishinkan. Su pelea contra Freezer y su transformación en Súper Saiyajín Blue. El nacimiento de Bra. La llegada de Beerus a la Tierra. Su lucha contra Majin Bu en el planeta de los Kaioshin. Vegetto. Majin Vegeta y el abrazo a su hijo. La despedida de Mirai Trunks. Los Cell Games. Súper Vegeta. El entrenamiento en la Sala del Espíritu y el Tiempo con su hijo del futuro. La destrucción del Número 19. El nacimiento de Trunks. Bulma. La llegada de Mirai Trunks. El duelo con Granola. Namek. Freezer. Las Fuerzas Ginyu. La Tierra. Kakarotto.
Bulma golpea el teclado, desesperada.
– “¡¡VEGETAAA!!” – grita ella, con lágrimas en su rostro.
Una gota de agua cae en lo más profundo de su mente. La destrucción se detiene.
Rápidamente, los recuerdos se recomponen hasta regresar al presente.
El aura del saiyajín se reaviva, granate y negra. El poder del Makai.
– “Ningún brujo muerto va a entrometerse…” – gruñe Vegeta. – “Esto es entre tú y yo, Raichi.”
– “¿Y ahora qué…?” – protesta el androide.
El color negro del aura de Vegeta se desvanece y el granate se torna más brillante, volviendo al color rojo del Ikigai, pero ardiendo más viva que nunca.
La apariencia de Vegeta ha regresado a la normalidad. Sus ojos grises. Sus cejas han reaparecido. Su cabello rosado.
Vegeta parece calmado. El saiyajín cierra los ojos un instante, pensativo.
El saiyajín abre los ojos.
– “¿Cómo de aislado está este planeta?” – pregunta Vegeta.
– “¿Eh?” – se extraña Raichi.
Bulma tarda un instante en comprender las palabras de su marido.
– “Son Goku… Seguro que te estás burlando de mí desde el Más Allá…” – murmura el saiyajín. – “No he estado a la altura, así que esta es la única solución que se me ocurre.”
La llama que envuelve a Vegeta empieza a girar rápidamente, formando un aura esférica a su alrededor.
– “Pero… ¿qué estás…?” – se sorprende Raichi.
– “Lo siento, Bulma…” – dice Vegeta. – “Espero que me perdones.”
Raichi da un paso atrás.
– “Maldita sea…” – se preocupa el tsufur.
El ordenador en el interior de su mente empieza a acelerar los procesos.
– “¡Está intentando recuperar el control!” – se sobresalta Bulma. – “No te lo permitiré…” – se pone a trabajar. – “Vegeta… No tengo nada que perdonarte… Estamos orgullosos de ti.” – piensa con lágrimas en los ojos. – “Si esa es tu decisión… Te acompañaré hasta el final.”
El mundo digital se resquebraja.
Hit es superado por los tamagami. Ka ensarta su hombro izquierdo contra el muro de la base torre y Kabuto le propina un martillazo que lo empuja al interior, rompiendo el muro.
Mientras tanto, Koorogi asciende hacia la cima.
El aura esférica del saiyajín se expande.
Onisen siente como si el simple viento que provoca el hiciera que se evaporaran las capas más externas de su ser.
– “¡¡NO TE SERVIRÁ DE NADA!!” – grita Raichi. – “¡¡EL FUTURO YA ESTÁ ESCRITO!!”
De repente, el aura de Vegeta se desvanece en un instante.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Onisen.
Vegeta aparece frente al androide, con su mano extendida frente a su pecho.
Raichi no reacciona a tiempo.
Vegeta transforma su mano en un puño y golpea al tsufur a corta distancia.
El núcleo de Raichi se fractura.
En el mundo digital, Koorogi ha llegado a la cima de la torre y vuela hacia Bulma para cortarla en dos de un espadazo… pero de repente, el androide se detiene y después se disuelve en las formas geométricas originales que lo formaron.
En la base de la torre, ha sucedido lo mismo con Ka y Kabuto. Hit se levanta, malherido, entre los escombros.
El mundo digital empieza a desmoronarse.
El suelo se resquebraja a los pies de Bulma y cae al vacío… pero Hit acude a su rescate, sujetándola en brazos.
Vegeta golpea en el abdomen a Onisen y después le propina un puñetazo ascendente en el mentón que lo lanza por los aires.
El saiyajín apunta al androide con su mano izquierda y le lanza varios cañonazos de energía invisible que lo empujan hacia el cielo.
Vegeta lo persigue y le propina otro puñetazo más, empujándolo hacia el espacio exterior.
En el mundo digital, Hit ha llevado a Bulma a tierra firme, y ella trabaja en su pequeño ordenador de muñeca.
– “Tenemos solo unos segundos.” – dice Hit. – “¿Puedes regresar a tu cuerpo desde aquí?”
– “Voy a quedarme con Vegeta.” – responde ella.
– “No tienes nada que hacer aquí.” – dice Hit.
– “¡Vegeta sigue peleando!” – exclama ella.
– “Está peleando por ti.” – responde el asesino. – “No hagas que su sacrificio sea en vano.”
– “Pero…” – llora ella, desconsolada. – “Vegeta…”
– “Ni él, ni Trunks querrían que te quedaras.” – insiste Hit.
Bulma se seca las lágrimas y asiente.
– “Nos buscaré una salida.” – dice ella.
– “Yo no tengo a donde ir.” – suspira Hit. – “Ojalá hubiera podido despedirme de Kik.”
Mientras tanto, Onisen detiene su ascenso, ya en el espacio.
– “Bastardo…” – gruñe Raichi.
El androide concentra ki verde en su garganta y lo lanza como un torrente de energía que cae sobre Vegeta.
Pero el saiyajín prepara un pequeño orbe de energía en cada yema de los dedos de su mano derecha y los lanza hacia el ataque enemigo.
Los orbes pasan de largo el torrente de ki verde, aunque algunos estallan por el camino por la proximidad con el ataque enemigo.
Una pasa cerca de Onisen… y ahí se teletransporta Vegeta.
El saiyajín propina un puñetazo que al tsufur que lo deja aturdido.
Vegeta se abalanza sobre él y lo agarra de la cintura.
– “¡¿EH?!” – se extraña Raichi.
Vegeta pone rumbo a la superficie del planeta a gran velocidad.
Raichi mira hacia abajo. Van directos hacia la copa del Árbol. En picado.
– “¡¡NO!!” – grita el androide. – “¡¡NO PUEDES CAMBIAR EL FUTURO!!”
Vegeta aviva su aura. Una llama gigantesca que ilumina el cielo mientras se precipita sobre el árbol como un meteoro.
Vegeta sonríe, satisfecho; en paz.
– “El futuro está en manos de otros.” – piensa el saiyajín. – “Pero tú estás en las mías.”
En la Tierra, ajenos a lo que sucede, Son Gohan, Mirai Trunks, Son Goten, Trunks, Ub, Pan, Bra y Baicha tienen la mirada puesta en el cielo.
En el laboratorio, Gohan Jr y Goku Jr ayudan a Punch a ponerse en pie.
En el mundo digital, Bulma ha creado un extraño camino translúcido que se aleja hacia el infinito.
– “¿Estás segura?” – pregunta Hit.
– “Es todo lo que puedo hacer.” – dice ella.
El mundo se sigue desmoronando.
– “¡AAAH!” – grita Bulma, asustada.
– “¡VETE!” – exclama Hit.
De repente, en el laboratorio, Bulma regresa en sí, jadeando, alterada.
Mientras tanto, en la cabaña del recóndito planeta donde vive la familia de Hit, Katopesla se echa una siesta en el porche.
Su casco, que está en el interior de la casa, sobre una mesa, empieza a brillar con luz verde intermitente.
Kik, que estaba acostada, se despierta con el brillo de la visera y un extraño sonido en forma de interferencia.
La niña se acerca al casco, que entre ruidos de estática parece repetir su nombre.
La chica pone su mano sobre la visera y, durante un instante, una mano parece responder de la misma forma desde el otro lado.
El casco se apaga. Silencio.
Sin saber por qué, los ojos de la muchacha se llenan de lágrimas, pero no son de tristeza.
En el planeta oscuro, Vegeta se precipita sobre el árbol.
El saiyajín y el androide atraviesan la copa y chocan contra la parte superior del tronco, rompiéndolo e introduciéndose en su interior.
El trono se resquebraja a medida que descienden. El brillo rojizo del Ikigai puede verse a través de las grietas, recorriendo el tronco de arriba abajo.