En el laboratorio se encienden las luces rojas de emergencia.
– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta Shido. – “¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¡Raichi!”
– “Hemos sufrido una sobrecarga.” – responde Ahms. – “Pero recuperaremos los sistemas en unos minutos.”
La luz emitida por el choque de energías extraídas de Zamas y Champa, empieza a atenuarse.
Ambos han recuperado sus formas originales para conservar energía.
– “Ju, ju, ju…” – ríe le tirano. – “Mi plan ha funcionado.”
– “¿Cómo sabías que esto iba a funcionar?” – responde su hermano.
– “Me di cuenta del funcionamiento de ese farsante dorado cuando empezamos a luchar.” – dice Freezer. – “A medida que sus clones aumentaban, limitaban sus ataques de energía y daban prioridad a su superioridad numérica.”
– “Evitaba excesos…” – murmura Cooler.
– “Pero su irritante personalidad ha sido su punto débil.” – sonríe Freezer.
– “Irritante, ¿eh?” – sonríe Cooler.
– “Al igual que todo M2 depende de una única fuente de energía, ellos también.” – continúa el tirano. – “Y ese último ataque ha redireccionado todos los recursos del sistema.”
– “¿Cómo no se me ha ocurrido a mí?” – se avergüenza Cooler.
– “Tú formaste parte de M2.” – responde Freezer. – “Pero para mí fue un enemigo.”
Los dos miran a su alrededor.
– “Pero, ¿qué ha pasado con el planeta?” – pregunta Cooler.
Los dos se dan cuenta de que el terreno de combate donde estaban disputando su enfrentamiento con Golden ha quedado reducido a una pequeña área rodeada de oscuro vacío.
En la superficie del planeta oscuro, Gohan y Goku han aprovechado que los Godgardon han quedado inutilizados para intentar despertar a Punch y Ogilvie, que poco a poco abren los ojos.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Punch.
– “Nos tenemos que ir.” – dice Gohan.
Punch abre los ojos y se encuentra frente al terrorífico rostro de un Godgardon.
– “¡AH!” – se asusta el hijo de Hit.
– “¡SHHH!” – dice Gohan. – “No vaya a ser que despierten…”
En los terrenos de combate del sistema Raichi, un fenómeno similar al que ha ocurrido con el mundo en el que se encontraban los demonios del frío ha tenido lugar. El terreno se reduce a una decena de metros alrededor de donde se encontraban nuestros amigos.
Goten y Trunks se transforman en Súper Saiyajín para intentar iluminar la zona, pero no hay nada que iluminar más allá de esos pocos metros.
– “¿Qué está pasando?” – pregunta Avo.
– “Es como si estuviéramos en un videojuego antiguo…” – dice Trunks.
En la jungla, Kamakiri, Dabra, Ub, Broly, Turles y Liquir sufren el mismo fenómeno.
Lejos de allí, Reitan y Okure también lo padecen, quedando atrapados en la misma porción de terreno.
Okure parece confusa ante la nada que los rodea.
– “Okure.” – dice Reitan, acercándose.
– “Déjame en paz.” – responde Okure.
Reitan se sienta en el suelo, cruzado de piernas.
– “Parece que no tenemos a donde ir.” – dice el herajín. – “Solo escúchame.”
En otro punto del sistema Raichi, Mirai Trunks y los demás también se sorprenden ante el cambio que ha sufrido el escenario.
– “¿Estamos atrapados?” – pregunta Pan.
– “Parece algún tipo de simulación.” – dice Trunks.
– “No…” – dice Bra. – “Esto es mucho más complejo que una simulación…”
– “¿Magia?” – pregunta Piccolo.
Algo llama la atención de Mirai Trunks en la nada.
– “El vacío…” – murmura Trunks.
Poco a poco, los sistemas se van recuperando en el laboratorio. La energía de Champa y Zamas choca de nuevo en el interior del planeta oscuro y reaviva el brillo del núcleo.
– “Estamos recuperando potencia.” – anuncia Ahm.
La figura fantasmagórica de Raichi aparece de nuevo en el laboratorio.
– “Te lo había advertido, Shido.” – dice el doctor.
– “Esperaba más de tu laboratorio.” – protesta Shido.
– “Ahm, prioriza la energía en los siguientes sectores…” – dice Raichi.
Cell se encuentra sobre una pequeña plataforma de arena rodeada de nada.
– “Ese Freezer…” – sonríe el insecto.
De repente, la plataforma se expande, revelando un gran desierto que parece no tener fin.
En otro punto del sistema Raichi, Son Gohan camina por una fábrica gigantesca y ruidosa. Cientos de cadenas de ensamblaje culminan en la generación de Godgardons.
– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta Gohan. – “Esta fábrica ha salido de nada…”
Mientras tanto, Vegeta se encuentra en una zona volcánica. El cielo está cubierto de nubes negras de tormenta y ceniza. La lava en ebullición puede oírse desde varios cráteres.
El kurama, ahora imbuido por el poder del ki divino, salta grácilmente por encima del saiyajín, dejándolo pasar de largo, para luego caer sobre su espalda y propinarle una rápida combinación de patadas que estampan a Turles contra el suelo.
El saiyajín se levanta y se gira furioso, y abre su boca para emitir un torrente de ki verde.
Liquir corre rodeando al saiyajín, que persigue al kurama con el rayo de energía que emana de su boca.
De repente, Liquir usa sus cuatro patas para correr y así acelerar el ritmo, logrando acortar distancias con Turles y propinarle un fuerte puñetazo en el pecho que lo lanza a través de la jungla.
Mientras tanto, Okure se ha levantado tras el golpe del recién llegado Broly.
Broly está magullado por su combate con el tsufur.
– “Broly…” – dice Reitan. – “¿Qué haces aquí?”
– “No lo sé.” – responde Broly. – “He despertado en este lugar.”
La herajín reaviva su aura, furiosa y corre hacia el saiyajín.
Antes de que Reitan y Broly puedan reaccionar, Okure ya se encuentra frente a ellos.
Broly reaviva su aura verde, con su cabello del mismo color, y agarra las manos de Okure.
– “Esa ira…” – piensa Broly, recordando escenas propias en Vampa. – “Sé cómo se siente…”
Broly da un cabezazo a Okure y luego la empuja con una patada.
– “No tenías que intervenir…” – protesta Reitan.
– “Tu amiga está consumida por la ira y el odio.” – dice Broly. – “Nada la detendrá.”
– “Pero…” – duda Reitan.
Mientras tanto, Dabra sigue el rastro de sangre hasta el tronco de un árbol.
El demonio toca la sangre del dokuchi con sus dedos y los lame. El rastro asciende por el tronco.
– “Hemos tenido suerte…” – sonríe Dabra. – “Una hembra habría sido mucho más difícil de cazar…”
Dabra inspira y luego aspira una gran llamarada hacia la copa de los árboles.
– “¡¡GYAAAAAH!!” – grita la criatura.
Dibujado por Ipocrito
El dokcuhi cae al suelo, con quemaduras en varias partes del cuerpo que le impiden tornarse invisible.
Dabra camina hacia él, con su espada en la mano.
El camaleón se arrastra intentando alejarse del demonio, intentando también camuflarse de nuevo, pero su cuerpo no se lo permite. Varios cambios de color recorren su piel sana, pero ninguno logra hacerlo invisible.
– “Ah… ah…” – se arrastra quejoso.
Dabra cambia su espada por una lanza, que apoya sobre su hombro.
– “Se acabó la cacería.” – sentencia el demonio con una sonrisa pícara en su rostro. – “Una pena que no voy a poder venderte por piezas…”
– “Edes… edes un monstduo…” – dice el reptil con dificultad para hablar, sin lengua, que sigue intentando alejarse.
– “Soy un demonio.” – dice Dabra, pisándole la cola para que no huya.
El dokuchi, desesperado, abre sus fauces y se lanza contra Dabra, pero en un instante el demonio le atraviesa la mejilla con la lanza, desde el interior de su boca hacia fuera, clavándolo en el suelo.
– “¡Aaah!” – se queja el camaleón. – “¡¡AAH!!”
Dabra se agacha frente al rostro del dokuchi.
– “Sois una raza fascinante… Verdaderos depredadores.” – dice el demonio. – “No sé qué te prometieron aquí… pero ha sido un error.”
– “Ahh…” – se sigue quejando el camaleón. – “Yo… quedía…”
– “¿Sabes una cosa?” – le interrumpe Dabra con una cruel sonrisa. – “Mi saliva también es bastante especial…”
El demonio se lame el pulgar y luego lo acerca lentamente hacia la frente del dokuchi, que lo mira confuso y con horror.
Lejos de allí, Turles recibe un duro castigo de Liquir.
El kurama se mueve ágilmente alrededor del saiyajín, esquivando todos sus golpes y contraatacando.
Turles intenta darle un puñetazo, pero Liquir se cuela entre sus piernas y da una patada por la espalda. El saiyajín se tambalea hacia delante e intenta revolverse para lanzar otro golpe, pero cuando lo hace, Liquir ya ha saltado por encima de él y le ataca por la espalda de nuevo con un fuerte puñetazo.
Turles, se tambalea de nuevo y, furioso, se da la vuelta para cargar contra su enemigo.
Liquir alza su mano, apuntando con su palma al saiyajín.
– “¡HA!” – exclama el zorro, que empuja a Turles con una andanada de ki invisible.
El saiyajín es lanzado contra una gran pared de roca en la que queda incrustado.
Liquir camina lentamente hacia el saiyajín, que parece aturdido.
– “Lo siento.” – dice el kurama. – “Pero como aprendiz de Hakaishin, he comprendido que a veces no hay lugar para la misericordia…” – anuncia. –“A veces solo cabe la destrucción.”
Liquir carga contra Turles, con su puño en alto, que se ilumina de color naranja con destellos morados.
Pero en el momento del impacto, algo sucede. Turles ha extendido su brazo y ha detenido el golpe con una mano. El impacto emite una onda expansiva de sacude la jungla.
– “¿EH?” – se sorprende el kurama.
Turles lo mira con los ojos en blanco. El aura verde del saiyajín se aviva como una llama sacudida por el viento, para reavivarse de color magenta.
– “No es posible…” – piensa el kurama. – “Su ki… es…”
El aura de Turles estalla en una explosión de energía que repele al zorro.
Mientras tanto, Okure carga contra Reitan y Broly.
El saiyajín se adelanta al hearjín y detiene el puñetazo de Okure cruzando los brazos frente a su pecho.
Broly agarra el brazo de la herajín y la proyecta contra el suelo con una técnica de judo.
El saiyajín alza la mano y se materializa en ella una esfera de ki verde.
Pero cuando Broly va a lanzarla contra Okure, Reitan se interpone y sujeta el brazo del saiyajín.
– “¡NO!” – exclama Reitan. – “¡ESPERA!”
Broly frunce el ceño y aparta al herajín empujándolo hacia un lado, justo cuando Okure ya se ha levantado y carga contra él.
Okure se abalanza contra Broly, agarrándolo por la cintura y empujándolo a través de los árboles.
El saiyajín golpea la espalda de Okure con los codos repetidas veces, pero la ira de la herajín hace que ésta no se detenga.
El aura verde de Okure aumenta su intensidad y, de repente, emite un pulso de energía, como si de una onda expansiva se tratara, que repele a Broly y lo lanza a través de la frondosa jungla.
Broly sale de la jungla a toda velocidad, chocando contra el suelo y rondando sobre un claro hasta detenerse.
Aturdido, el saiyajín se levanta.
En el interior bosque puede oír los pasos del enemigo.
Pero para su sorpresa, quien aparece frente a él es Turles, transformado por el poder que le ha otorgado Raichi, con su cabello y aura magentas.
Broly enseguida tiene recuerdos de su pasado. Su ira desatada en Vampa. Su lucha contra Goku y Vegeta. Su segundo enfrentamiento contra Goku en Monmaas.
– “Ese poder…” – murmura el saiyajín.
Turles lleva a Liquir arrastrado por una de sus colas. El zorro ha perdido el conocimiento.
Broly se pone en guardia, listo para pelear.
Pero en ese instante, la herajín también sale de entre los árboles.
Los dos titanes, Turles y Okure, se encuentran frente a Broly.
El saiyajín, lejos de amedrentarse, reaviva su aura.
Las exageradas expresiones de los dos, de rabia y locura, con los ojos en blanco, contrastan con la mirada calmada pero determinada de Broly.
Turles suelta a Liquir, que queda tirado en el suelo.
Una gota de rocío recorre una gran hoja hasta que parece que va a derrama por su extremo, pero acaba evaporándose.
Turles y Okure a corren hacia Broly. A su paso la jungla arde.
Broly responde de la misma forma y carga hacia ellos.
Liquir se levanta lleno de barro tras el traicionero e invisible golpe de su adversario.
El zorro muestra los dientes.
– “Grrr…” – gruñe mientras su ki naranja le imbuye y pronto adquiere tonos morados. – “Estoy empezando a hartarme de este juego…”
En otro punto de la jungla, Turles, transformado en Súper Saiyajín, busca a su misterioso contrincante reptiliano entre las copas de los árboles.
– “¿Dónde te has metido?” – se pregunta.
Pero pronto se da cuenta de que algo va mal. Su vista se ha vuelto borrosa.
– “¿Qué?” – se extraña mientras se mira la mano. – “¿Qué me está pasando?”
El saiyajín pierde su aura y desciende rápidamente hasta el suelo, cayendo con la rodilla hincada.
– “¿Qué me pasa…?” – se pregunta mientras intenta reavivar su aura, solo para perder por completo su transformación. – “Mi cabeza…” – se frota un ojo con la palma de la mano.
Pronto tiene que poner las dos manos en el suelo e hincar la segunda rodilla.
– “Mis manos… y mi cuello…” – piensa el mestizo. – “Siento un extraño hormigueo…” – ata cabos. – “Sintiendo aún las babas del enemigo.”
Una sombra se cierne sobre él. El saiyajín no tiene fuerzas ni para levantar la cabeza, pero puede oír como su adversario se relame.
– “Me pregunto a qué sabe tu raza…” – se mofa el camaleón.
En ese instante, Ub aparece como una centella, envuelto en ki rojizo, y propina una patada en la nuca del lagarto, devolviéndolo a la frondosidad de la jungla.
– “¡¿Estás bien?!” – pregunta el terrícola.
Turles se desploma, inconsciente.
Ub se preocupa y se acerca para socorrerlo.
Dabra lo interrumpe.
– “¡No lo toques!” – advierte el demonio mientras aterriza.
– “¿Qué?” – se detiene Ub. – “¿Qué le pasa?”
– “Su cuerpo debe estar recubierto con las neurotoxinas de la saliva de ese dokuchi.” – asevera.
Ub mira al pobre Turles, desfallecido bocabajo.
– “¿A qué nos enfrentamos?” – pregunta el terrícola.
– “Esa criatura puede tornarse invisible.” – dice Dabra. – “Y su boca emana una saliva neurotóxica para inmovilizar a sus presas, lo que añadido a su fuerte y larga lengua, lo convierte en un terrible depredador.”
– “Suena terrible…” – pregunta Ub.
– “Te has precipitado para salvar al saiyajín.” – dice Dabra. – “Puede que hayas malgastado nuestra mejor oportunidad de acabar con él.”
Ub traga saliva, asustado. Mientras tanto, Dabra empuja el cuerpo de Turles con el pie para ponerlo de lado.
– “¿Y cómo sabes tanto sobre ese tipo?” – pregunta el terrícola.
– “Ya no soy el Rey de los Demonios.” – esboza una media sonrisa. – “He tenido que ganarme la vida, y la lengua de dokuchi se paga muy bien.”
– “Así que has cazado a otro antes…” – sonríe Ub, más tranquilo.
– “Así es.” – responde el demonio. – “Aunque tuve que aliarme temporalmente con un grupo de cazadores furtivos experimentados…”
– “¿En serio?” – se preocupa el terrícola.
Dabra sonríe.
– “Te aconsejo que tengas mucho cuidado, muchacho.” – advierte Dabra. – “Éste sobrevivirá. Es un saiyajín.” – dice zarandeando ligeramente a Turles con el pie. – “Pero esa dosis en un simple humano…”
Ub asiente.
– “Lo tendré en cuenta.” – dice el terrícola.
La hojarasca se mueve a su alrededor, alertando a los dos guerreros.
Lejos de allí, Okure se detiene sobre la copa de un árbol, dejando que Reitan la alcance al fin.
Nuestro amigo se queda en el suelo, observando a su vieja amiga sobre una rama, por encima de él.
Dibujado por Ipocrito
– “¡OKURE!” – exclama el herajín. – “¡¿Qué pretendes?!”
Ella sonríe, pero en sus ojos se refleja el dolor del pasado.
– “Dime, Gas…” – dice ella con retintín. – “¿Has venido a matarme como a Elec?”
– “Reitan, el vengador.” – continúa la herajín. – “No suena muy de fiar…” – se mofa.
– “Las cosas no son tan sencillas como creíamos, Okure.” – insiste Reitan. – “Fuerzas mucho más grandes que nosotros nos han movido como a marionetas continuamente. Ahora podemos elegir.”
– “Me pregunto cuál será mi nombre cuando se sepa que he matado al famoso Reitan.” – dice Okure. – “Como tu causa fue considerada noble entre los cobardes, se te dio un apodo reivindicativo…” – dice mientras camina sobre la rama haciendo equilibrios hasta llegar al extremo. – “El mío no lo será.” – sonríe irónicamente. – “La destructora. Ese me gusta.”
– “Okure…” – murmura Reitan, preocupado.
La masa muscular de la herajín empieza a aumentar de forma desproporcionada, sus ojos se ponen en blanco y su cabello empieza a desenredarse.
La rama sobre la que se posaba se rompe, haciendo que se precipite mientras su cabello y su piel cambian de color y su cuerpo se envuelve en un aura verdosa.
Al aterrizar, sus pies se clavan en el suelo, que se resquebraja formando un pequeño cráter.
Reitan se queda perplejo ante el cambio que ha sufrido su compañera.
– “O… Okure…” – titubea el herajín. – “¿Qué te han hecho?”
Dibujado por Ipocrito
En otro campo de batalla, lejos de las miradas de los espectadores, Mirai Trunks pelea con Onisen mientras los demás luchan contra una horda de dorobochi.
Las creaciones de Raichi usan las habilidades robadas para hacer retroceder a nuestros amigos.
– “No podemos seguir así…” – piensa Piccolo, mirando como los demás están sufriendo para mantener a sus adversarios a raya.
Granola dispara a discreción. Un enemigo cae con cada disparo. Hermila usa sus esferas voladoras para hacer rebotar sus disparos de un lado a otro, atravesando dorobochi a su paso.
Los dos comparten una mirada cómplice.
Granola dispara de nuevo, pero esta vez su disparo alcanza en el hombro del enemigo, arrancándole el brazo.
Hermila se da cuenta.
– “Granola…” – se preocupa.
El cereliano sigue disparando.
Hermila se acerca a su compañero y le agarra del hombro.
– “Granola…” – insiste el viejo.
El cereliano se detiene. Los dos se miran.
– “¡¡HERMILA!!” – exclama la voz de Granola desde la distancia.
Hermila mira hacia un lado y ve a su compañero corriendo hacia él mientras levanta su mano para intentar defenderlo.
En este instante, Hermila recibe un disparo en el abdomen que lo atraviesa.
El Granola con el que estaba hablando revela su verdadera forma; un dorobochi.
Hermila cae de rodillas al suelo. El dorobochi recibe un disparo del cereliano en la cabeza.
Granola sujeta a Hermila antes de que caiga de espaldas al suelo.
– “Hermila…” – se preocupa el cereliano.
Pero en ese instante, el viejo esboza una perturbadora sonrisa.
Granola recibe un disparo en el pecho. Hermila resulta ser otro dorobochi y toda la escena era una farsa para atraer al cereliano.
Granola está en shock y cae sentado en el suelo. El dorobochi se regenera mientras se levanta.
– “Je, je, je…” – ríe la criatura de Raichi.
En ese instante, Yuzun salta sobre el dorobochi y le arranca la cabeza con sus fauces.
– “¡GRANOLA!” – lo socorre Botamo.
En pocos segundos, su banda se reagrupa alrededor del cereliano para protegerlo.
Piccolo no tarda en unirse a ellos.
– “¿Cómo está?” – pregunta el namekiano mientras aterriza.
– “Malherido.” – responde Hermila.
El viejo mira a su alrededor, como sus compañeros repelen a los dorobochi.
– “No nos queda mucho tiempo, namekiano.” – dice Hermila.
Mirai Trunks y Onisen chocan con un violento puñetazo que hacer retumbar el suelo. Luego intentan golpearse con la otra mano, pero también chocan sus puños. Finalmente, chocan con sus cabezas. Una gota de sangre recorre la frente de Trunks. Onisen sonríe.
Hermila y Piccolo ven el duelo desde la distancia.
– “Tampoco a vosotros.” – añade Hermila.
Mirai Trunks y Onisen se separan.
– “¡¡MASENKO!!” – dispara el hijo de Vegeta.
Onisen lo detiene con su mano agigantada.
Trunks apunta a su adversario con sus dedos índice y corazón y la mano de Onisen estalla en mil pedazos.
– “Je…” – sonríe el mestizo.
Onisen observa su miembro cercenado.
– “Tus habilidades superan nuestras expectativas.” – dice la creación de Raichi.
– “Enfrentarme a guerreros artificiales es mi especialidad.” – responde Trunks.
Onisen sonríe mientras regenera su mano.
– “No sería descabellado pensar que puedes derrotarme.” – dice Onisen. – “Pero no sé si tus amigos pueden esperar tanto tiempo…”
Trunks mira hacia un lado y ve a Granola malherido.
– “Tsk…” – se preocupa el mestizo.
Piccolo se agacha y agarra a Granola en brazos.
– “Dejadme ayudar.” – dice el namekiano.
Trunks mira de nuevo a Onisen, mientras los dorobochi se acumulan alrededor de la banda de Granola.
– “¿Vas a dejarlos morir?” – pregunta la criatura de Raichi. – “No puedes derrotarme a mí y a todos los demás.”
Hermila observa a Granola en brazos de Piccolo.
– “Cuida de él.” – dice Hermila.
Bra, Pan, Marron, Ikose y Baicha pronto vuelan hasta donde están los demás.
– “¡¿Qué ha pasado?!” – se preocupa Pan.
Onisen da un paso al frente.
Trunks clava su mirada airada en el enemigo y le apunta con la mano, desatando un torrente de ki sobre él.
Una gran explosión y una terrible polvareda se apoderan de la zona.
Piccolo carga a Granola en su hombro.
Trunks aparece, apresurado.
– “¡Piccolo!” – exclama el mestizo. – “¡Tenemos que irnos!”
Hermila mira a los terrícolas y esboza una tierna media sonrisa.
– “Os deseamos mucha suerte.” – dice Hermila.
– “¿Qué estáis diciendo?” – se extraña Bra.
– “¡No podemos dejarlos aquí!” – añade Pan.
– “Gracias por salvar a Granola.” – sentencia el viejo.
Piccolo asiente.
– “Tenemos que irnos.” – dice el namekiano con pesar.
– “Piccolo…” – suspira Pan al ver la pena en el semblante de su tío.
Con recelo y pesar, uno a uno los terrícolas siguen a Piccolo y Trunks.
La polvareda se disipa lentamente. Los dorobochi cargan contra la banda de Granola.
Botamo, Yuzun, Soshiru, Shansua y Hermila se ponen en guardia.
– “Buena suerte, Granola.” – murmura Hermila. – “Ha sido un honor.”
En el campo de batalla, Piccolo, Pan, Bra, Baicha, Marron, Ikose, Granola y su banda pelean contra el ejército dorobochi.
– “¡Evitad sufrir heridas!” – advierte Piccolo, conocedor de las características de sus contrincantes. – “¡Pueden copiar las habilidades de su adversario probando su sangre!”
Marron patea a un dorobochi, pero otro se abalanza sobre ella por la espalda. La muchacha se da la vuelta rápidamente y lo corta por la mitad lanzándole un kienzan.
Ikose empuja a una docena de dorobochi con una Kiko-ho, pero pronto se abalanzan el doble sobre él.
Poco a poco logran reducirlo, pero Ikose activa la barrera protectora y los empuja a todos.
Ikose respira aliviado, pero se da cuenta de que ha sufrido un corte en el brazo.
Uno de sus enemigos sonríe y lame su zarpa ensangrentada… pero pronto escupe asqueado.
– “¡¿Qué es esto?!” – protesta el monstruo. – “¡Es repugnante!”
– “Je, je…” – sonríe Ikose. – “Conmigo no vais a tener suerte.”
Mientras tanto, Piccolo repele a un dorobochi de un puñetazo en el abdomen, pero este se torna amarillo como el de Botamo y lo encaja sin inmutarse.
– “¿Qué?” – se sorprende Piccolo.
El dorobochi alza su puño y éste se torna azulado y escamoso como el de Yuzun y se electrifica como el de Soshiru.
El dorobochi golpea a Piccolo y lo hace retroceder varios metros, aturdido ligeramente por el electroshock.
– “Maldita sea…” – protesta el namekiano. – “Ya tienen sus habilidades…”
El enemigo sonríe y lentamente alza la mano haciendo una pistola con los dedos.
– “¡¿EH?!” – se asusta Piccolo.
Un disparo como los de Granola atraviesa al namekiano.
– “¡PICCOLO!” – se alarma Pan.
Piccolo cae de espaldas al suelo con un agujero en el pecho.
– “Maldición…” – protesta el namekiano. – “He gastado demasiada energía en mi combate con Granola…”
Mirai Trunks observa de reojo lo sucedido.
– “¡PICCOLO!” – exclama el hijo de Vegeta.
– “No pierdas la concentración, Trunks.” – dice Onisen con la voz de Vegeta antes de golpearlo a traición y lanzarlo a varios metros de distancia.
El dorobochi camina hacia Piccolo cuando ve una mancha de sangre del namekiano en el suelo y se agacha para mancharse la mano.
– “Je, je…” – ríe mientras se prepara para lamerla.
En ese instante, Pan se abalanza sobre él y le propina una patada en la cara que lo lanza contra el suelo.
– “¡¿Estás bien?!” – pregunta ella, colocándose en guardia frente a su tío.
– “Sobreviviré.” – responde el namekiano mientras regenera su herida.
El dorobochi se levanta con la mandíbula rota, pero pasa su mano manchada por su lengua.
– “Demonios…” – refunfuña Pan.
La mandíbula del enemigo se regenera.
– “Tiene mi regeneración…” – frunce el ceño el namekiano.
El dorobochi sonríe.
De repente, varias docenas de enemigos se abalanzan sobre su compañero y comienzan a desmembrarlo y devorarlo.
– “¡¿Qué…?!” – tituba Pan, aterrada. – “¿Qué está pasando…?”
– “No…” – se alarma Piccolo. – “Esto es… es peligroso…”
– “¿Qué significa?” – pregunta Pan.
– “Están compartiendo su nueva habilidad…” – dice Piccolo asustado.
Varios dorobochi mutilados durante la batalla regeneran sus extremidades.
Mientras tanto, Reitan, Liquir, Turles, Ub y Dabra han aparecido en mitad de una frondosa jungla.
– “¿Dónde estamos?” – pregunta Ub.
– “Cuanta humedad…” – se queja Reitan.
Dibujado por Ipocrito
Turles mira a su alrededor.
– “Esto parece un terreno de caza.” – dice el saiyajín.
– “¿Y qué papel hacemos nosotros?” – se pregunta Liquir.
Dabra arruga la nariz e inhala dos veces.
– “No estamos solos.” – advierte el demonio.
Las orejas de Liquir reaccionan.
– “Tienes razón.” – asevera el kurama.
Algo se mueve entre la maleza.
El grupo variopinto de luchadores mira en la dirección del ruido, pero pronto se oye de nuevo en el lado opuesto.
– “¿Cuántos son?” – se pregunta Ub.
Reitan mira a su alrededor mientras desenfunda su espada, pero pronto se da cuenta de que alguien lo observa a lontananza desde la copa de un árbol.
– “Okure…” – murmura el herajín.
El guerrero sale volando hacia ella.
– “¡Reitan!” – se preocupa Liquir.
El kurama sale en persecución de su compañero, pero pronto es golpeado y derribado por una fuerza invisible.
De repente, Turles siente como algo le agarra la pierna y lo derriba, arrastrándolo al interior de la jungla.
Dabra y Ub se quedan solos.
– “Atento, muchacho.” – advierte el demonio. – “No bajes la guardia.”