Cold Chronicles / Parte XVIII: Calma entre tormentas
“¿Puedes arreglarlo?”
La Patrulla Galáctica llega en unas horas al lugar de la batalla y aprisiona a su antiguo militante, Shiras, que ha sido sometido por los ángeles.
– “Lo pagaréis…” – murmura Shiras, mientras es introducido en un transporte que le llevará al Asteroide-Prisión Bihe, un centro de máxima seguridad.
Campahri se acerca a Hit, que está siendo atendido por los servicios médicos de la Patrulla.
– “Has luchado bien, asesino” – dice el ángel.
Hit no responde. Su sangre sigue en ebullición. La rabia que le corroe no le deja descansar.
– “No debió ocurrir.” – dice Campahri. – “Shiras ignoró las normas.”
– “¿Puedes arreglarlo?” – pregunta Hit.
– “No.” – responde el ángel.
– “Entonces, déjame en paz.” – dice el asesino.
Kus, Cucatail y Palinka no tardan en desaparecer, regresando a sus universos.
Camphari se acerca al Rey Cold, que se encuentra en su forma reducida con aspecto de toro bípedo.
– “Eres un líder fuerte.” – dice el ángel. – “Frío y calculador…”
– “No me interesa” – responde Cold.
– “¿Cómo dices?” – se sorprende Campahri.
– “Lo que vas a ofrecerme.” – dice el Emperador. – “No me interesa.”
Una media sonrisa se dibuja en el rostro del ángel.
– “Está bien.” – asiente, antes de alejarse.
Paikuhan se aproxima a Cold, topándose en el camino con Campahri.
– “¿Cómo se encuentra?” – le pregunta el ángel.
– “¿Eh?” – se extraña el Guardián del Fruto.
– “Sidra.” – dice Campahri.
– “Centrado en su misión.” – responde Paikuhan.
– “Me alegro.” – sonríe el ángel. – “La hará falta.”
Mientras tanto, Zeun se ha acercado a Hit.
– “Volvemos a casa.” – dice el demonio. – “Estamos en paz.”
– “Gracias” – dice el asesino, sin alzar su mirada.
– “Los has vengado.” – dice Zeun. – “Se acabó.”
Hit no responde.
– “Nuestro padre también sigue atormentado por su pasado.” – dice Zeun. – “Siente que fracasó en su misión.” – explica. – “Acepta la victoria y sigue adelante.” – añade antes de marcharse.
El asesino sigue sentado en una roca, con su mirada fija en el suelo.
Cerca de allí, Paikuhan le ofrece la mano a Cold.
– “Hasta la próxima.” – dice el Guardián.
– “Dile a Sidra que cumpliré mi palabra.” – responde el Emperador.
Paikuhan asiente y se da la vuelta, pero es interrumpido por Cold.
– “Paikuhan” – le detiene el demonio del frío. – “¿Qué sabes de un brujo llamado Salabim?”
El nombre hiela la sangre de Paikuhan.
– “¡¿Dónde lo has oído?!” – responde el Guardián.
– “Se encuentra en Numa.” – dice Cold. – “Conoce las cajas de música.”
Paikuahan agacha la cabeza.
– “Parece que siguen vivos…” – murmura el Guardián. – “Informaré a Sidra. Mantente alejado de él.”
– “No.” – responde Cold, sorprendiendo a Paikuhan. – “Ese brujo sabe muy bien lo que hace. Está jugando una partida a largo plazo. Cada movimiento está delicadamente calculado. Si me alejo de él, le daremos ventaja. No sabremos lo que trama.”
– “Es muy arriesgado.” – insiste el Guardián.
– “¿Te preocupas por mí?” – sonríe burlonamente Cold.
– “Hablaré con Sidra.” – dice Paikuhan.
Cold asiente.
El ángel Campahri se prepara para marcharse, pero en el último instante se detiene y mira de reojo a Hit.
– “Una última cosa… …” – dice el ser celestial. – “No he podido encontrar el anillo que llevaba Shiras. ¿Sabes algo de eso?”
Hit niega con la cabeza. El ángel sonríe.
– “Su uso está prohibido. La pena por utilizarlo sin permiso es capital.” – dice Campahri.
Hit no responde.
– “Está bien.” – sentencia el ángel. – “Me marcho. Ha sido un placer.” – añade antes de desaparecer.
El asesino saca el anillo Toki que guardaba en su cinturón y lo observa un instante antes de cerrar su puño con fuerza.
