El saiyajín olvidado / Parte IV: Zenkai
“No trabajo para el Imperio”
Turles y Liquir se dirigen raudos a su mutuo encuentro.
Sidra espera en el viejo templo, cabizbajo.
– “Tengo un mal presentimiento.” – murmura el anciano.
Los hombres de Turles pueden ver en sus scouters cómo su líder se mueve hacia otra fuerza que ha aparecido en sus visores.
– “¡¿20.000u?!” – anuncia Razin.
– “Eso no representa un problema para Turles.” – dice Almond con desprecio.
– “Sigamos con nuestra búsqueda.” – sugiere Lakasei.
Daiz se queda mirando dubitativo la lectura de su pantalla.
En mitad del desierto, el Guardián del Fruto y el saiyajín se encuentran cara a cara y se detienen en el aire.
Los dos personajes se miran atentamente con suspicacia.
– “¿Qué hacéis en mi planeta?” – pregunta Liquir.
– “Buscamos el Fruto Sagrado…” – dice Turles.
La ropa del kurama lo delata. Un grabado del árbol adorna su collar.
– “…y veo que estamos en el lugar adecuado.” – sonríe el saiyajín.
Liquir esboza una media sonrisa.
– “¿Y de dónde sales tú? ¿Te envía el Imperio?” – pregunta el kurama, que pronto se fija en la cola del guerrero. – “Un saiyajín…”
– “No trabajo para el Imperio” – responde Turles, ofendido por tal idea.
– “Morirás de todas formas.” – responde Liquir.
El kurama revela una segunda cola, duplicando su poder.
Turles percibe el aumento de fuerza de su adversario y frunce el ceño.
Una tercera cola aparece.
Los hombres de Turles ya volaban hacia la siguiente aldea, cuando una nueva señal activa las alarmas de sus scouters.
– “¡¿40.000 unidades?!” – exclama Lakasei.
Los cinco personajes se detienen al instante.
– “No puede ser…” – murmura Rasin.
– “¡Espera!” – interviene Lakasei. – “¡Ha vuelto a aumentar!”
Una nueva cifra aparece en los visores.
– “120…” – titubea Almond. – “120.000…”
– “¡Tiene que ser un error!” – exclama Lakasei.
Mientras tanto, Liquir se abalanza sobre Turles y le propina un puñetazo directo en la nariz que lo hace retroceder ligeramente.
– “Jejeje…” – ríe el saiyajín.
Liquir parece confuso ante la respuesta de su enemigo, que no ha intentado defenderse y que ha reaccionado de tan extraña forma.
Turles se limpia con su puño una minúscula gota de sangre que brota de su nariz.
– “No está nada mal…” – dice el saiyajín. – “Y no me refiero a tu poder, si no al mío.”
Turles observa sus manos un instante antes de cerrar sus puños con fuerza.
– “Gracias a mi último combate, ¡soy más fuerte que nunca!” – exclama emocionado el saiyajín. – “¡He sobrepasado mis límites!”
Liquir revela una nueva cola y se pone en guardia de nuevo.
– “Deja de fanfarronear y pelea.” – insiste el kurama, muy serio.
– “Has aumentado mucho tu poder…” – sonríe Turles. – “Pero eso también puedo hacerlo yo.”
Turles se prepara para concentrar su energía ante la mirada atenta de Liquir.
– “¡¡YAAAAAAAAAAH!!” – grita mientras su ki aumenta rápidamente.
El suelo del planeta tiembla.
Los hombres de Turles reciben una nueva lectura de sus scouter.
– “¡El poder del enemigo ha vuelto a aumentar!” – exclama Rasin. – “¡Supera las 400.000 unidades!”
– “¡Y ha aparecido otro poderoso ki!” – exclama Almond. – “¡200.000 unidades!”
– “No…” – dice Daiz. – “¡Ese es Turles!”
– “¡¿Qué?!” – se sorprenden los beenz.
– “300.000…” – dice Almond. – “…400.000…” – anuncia. – “…500…”
En ese instante estallan todos sus visores.
Turles clava su mirada en el zorro, que retrocede al sentir el poder de su adversario.
El saiyajín embiste al kurama y le propina un codazo en el hocico que lo hace retroceder.
Liquir se estabiliza en el aire, pero antes de que pueda contraatacar se da cuenta de que Turles está detrás de él y le propina una patada en la espalda que lo lanza contra el suelo.
Turles apunta con su mano al enemigo y prepara una onda de energía.
– “¡HA!” – exclama el saiyajín, que dispara un rayo de ki hacia su enemigo.
El ataque cae sobre Liquir y provoca una gigantesca explosión.
El saiyajín sonríe, pero su gesto pronto cambia, borrando la sonrisa de su rostro, pues puede sentir como el poder de su enemigo ha aumentado una vez más.
La humareda se disipa lentamente y revela al kurama que ahora luce cinco colas.
El zorro abre su boca y de ella emana un chorro de energía que Turles intenta esquivar, pero éste sufre algunas quemaduras.
Desde la distancia, los secuaces del saiyajín, que vuelan hacia el lugar del combate, pueden ver el ataque de Liquir perderse en el cielo.
Turles siente que su enemigo le supera de nuevo y eso le preocupa.
Liquir desaparece de la vista del saiyajín y reaparece sobre él, propinándole un golpe con sus colas que lo estrella contra el suelo.
El zorro desciende rápidamente y corre alrededor de Turles, que es incapaz de seguirle el ritmo.
– “Maldita sea…” – murmura el saiyajín, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.
Liquir dispara de nuevo desde su boca y el chorro de energía impacta de lleno contra Turles, empujándole a varios metros de distancia y dejándole en el suelo, fuera de combate.
El Guardián del Fruto prepara su garra derecha mientras camina lentamente hasta el malherido saiyajín para darle el golpe de gracia.
– “Jamás deberíais haber venido a mi planeta.” – dice el kurama.
