DBSNL // Capítulo 156: Piccolo Daimaoh

DBSNL // Capítulo 156: Piccolo Daimaoh

“Eres repugnante…”

En la Tierra, un airado Piccolo clava su mirada en Garlick, que sonríe al sentir el tenebroso ki del namekiano.

– “Parece que tu fragmentada alma intenta resistir la transformación.” – dice el demonio del Makai. 

Kaiosama intenta observar la Tierra desde su planeta. La oscuridad del Reino de los Demonios ha llamado su atención, pero a la vez le impide ver con claridad.

– “Es terrible…” – murmura el Kaio del Norte. – “¿Qué está pasando allí?”

Dende corre hacia su amigo, dispuesto a intentar ayudarle a mantener el control.

La oscuridad avanza por el cuerpo del namekiano, que emite un grito ensordecedor que eriza el vello de todos los presentes. Un alarido lleno de rabia y dolor.

– “¡YAAAAAAHH!” – grita Piccolo.

El violento alarido ha detenido a Dende, que se cubre los oídos y cae de rodillas.

Garlick parece satisfecho.

– “La oscuridad te ha consumido” – murmura el diablo.

Garlick cierra su portal, deteniendo las fuertes corrientes de aire que sacudían la Atalaya.

El namekiano contempla sus manos y sonríe. Su ropa se repara mágicamente y se convierte en un gi azulado que luce el kanji \”Ma\” en el pecho. El demonio pronto estalla en una sonora y malévola carcajada.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Piccolo. – “Después de tanto tiempo… ¡HE VUELTO!” – exclama.

Dibujado por Ipocrito



Garlick se acerca a Piccolo y lo mira atentamente.

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el diablo. – “No eres el mismo namekiano.”

– “Soy Piccolo…” – responde orgulloso el namekiano. – “…Daimaoh.” – sonríe.

Dende contempla aterrado lo ocurrido.

– “No… Piccolo…” – murmura Kamisama.

Cerca de allí, Bra ha recogido a Pan antes de que cayera.

– “¿Estás bien?” – pregunta la hija de Vegeta a su amiga.

– “Tenemos que hacer algo…” – responde Pan, aturdida pero preocupada por sus amigos.

– “La energía de Piccolo ha cambiado.” – dice Bra, resignada. – “Es tan oscura como la de nuestros enemigos.”

– “Tío Piccolo…” – sufre Pan.

En la Atalaya, Dende se pone en pie y avanza hacia su compatriota.

– “¡PICCOLO!” – exclama el joven Kamisama. – “¡Recuerda quién eres!”

Piccolo ignora a su compatriota, pero Dende insiste.

– “¡Recuerda a Son Gohan!” – exclama el Dios.

Daimaoh clava su mirada airada en Dende.

– “¡FUERA DE MI VISTA!” – grita el namekiano, que con un violento gesto de su mano crea una gran explosión que empuja a Dende lejos de la Atalaya.

Kamisama, aturdido, se precipita a la superficie terrestre.

Garlick sonríe satisfecho.

– “¿Vas a unirte a nosotros?” – pregunta el diablo. – “Juntos sumiremos el universo en tinieblas.”

Piccolo parece recapacitar un instante.

– “Tengo una condición.” – responde el namekiano.

– “¿Qué quieres?” – pregunta Garlick.

– “Cuando esto acabe…” – sonríe Piccolo Daimaoh. – “La Tierra es mía.”

Garlick asiente.

– “Está bien…” – dice el pequeño diablo, que recupera su forma menuda.

El brujo se acerca a los demonios.

– “No podemos controlar esta llave” – dice el brujo.

– “Con un poco de suerte cosechará por su cuenta.” – responde Garlick.

Pan y Bra han ascendido de nuevo hasta la Atalaya, pero solo logran ver a Garlick, a Salabim y a Piccolo desaparecer.

– “¡Tío Piccolo!” – exclama Pan, en vano. – “Se han ido…” – llora mientras aprieta sus puños con rabia.

– “Pero él sigue aquí” – dice Bra, que ve a Janemba alzando su arma, dispuesto a atacar.

Pan intenta sentir el ki de Ub en su enemigo.

– “Tiene que estar ahí dentro…” – murmura Pan. – “¡Tiene que seguir ahí!”

– “¡Ahora es nuestro enemigo!” – replica Bra. – “Y es demasiado fuerte… Ni siquiera luchando juntas tenemos posibilidades.”

Pan tiene una idea.

– “Luchando juntas…” – murmura la mestiza.

– “¿Qué?” – se extraña Bra.

De repente, Janemba se prepara para abalanzarse sobre las chicas, pero un torrente de energía cae sobre él, deteniéndole y causando una gigantesca explosión que desintegra gran parte de lo que quedaba de la Atalaya.

Pan y Bra miran al cielo y ven a un viejo amigo de la familia.

– “¡TEN SHIN HAN!” – exclama Pan, contenta de ver al amigo de su abuelo, que acaba de realizar su Kiko-ho.

El guerrero de tres ojos sonríe a las muchachas un breve instante, pero enseguida se centra en su enemigo.

– “¡¿Dónde están los muchachos?! ¡¿Y Piccolo?!” – pregunta el terrícola.

– “Goten y Trunks han desaparecido.” – dice Pan. – “Y Piccolo…”

– “Ahora está con ellos.” – interviene Bra.

El rostro de Ten refleja el pesar que siente, pues ya sospechaba lo peor al haber sentido el cambio en el ki del namekiano. 

De repente, Janemba se materializa lentamente a la espalda de Ten Shin Han, como un puzzle tridimensional que se reconstruye.

– “¡CUIDADO!” – exclama Pan.

Janemba blande su espada, listo para ajusticiar al terrícola, pero en el último instante siente que algo se acerca por su espalda. 

Un Kienzan intentaba sorprenderle, pero él se da la vuelta y propina un espadazo al disco cortante, haciendo que se disipe.

Krilín también ha llegado.

Janemba alza su mano hacia el terrícola, dispuesto a matarle, pero una esfera de energía asciende por delante de su rostro llamando su atención, y pronto da un giro brusco e impacta en su nuca, aunque no le causa ningún daño. 

El autor del ataque es Yamcha, que ha utilizado la Shokidan. 

De repente, el demonio recibe una patada en el rostro que lo hace retroceder. Los androides 17 y 18 han aprovechado que su ki es indetectable para sorprender a Janemba. Los dos le lanzan un poderoso ataque de ki conjunto que impacta de lleno contra el diablo.

En la aldea de la Tierra Sagrada, Marron ha salvado a Dende de la caída y lo ha llevado con Upa y Yajirobe.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Upa.

– “Dende necesita ayuda” – dice Marron, posando al namekiano en el suelo.

– “No se preocupe, Kamisama” – dice Yajirobe, sacando su última semilla.

– “Kami… Kamisama…” – se sorprende Upa, impactado por encontrarse ante el todopoderoso. 

Marron asciende hacia la Atalaya para ayudar a sus amigos.

Mientras tanto, Chaoz ha viajado a la Torre de Karín para pedirle semillas senzu al Duende. El felino le entrega todas las que tiene, pero son pocas; solo tres.

Cuando la polvareda se disipa, Janemba aparece intacto, pero furioso.

Frente al demonio, los terrícolas se reúnen para plantarle cara. Ten Shin Han, Chaoz, Yamcha, Krilín, Marron, Lázuli y Lapis se ponen en guardia. Bra y Pan se unen a ellos.

– “Sabéis que no podemos ganar, ¿verdad?” – dice Krilín, forzando una media sonrisa que resulta en una mueca nerviosa.

– “Lucharemos hasta el final.” – dice Ten Shin Han.

– “¿Dónde están Goku y Vegeta?” – pregunta Yamcha.

– “Muy lejos de aquí” – responde Marron. – “Entrenando.”

– “Estamos solos.” – dice Lapis.

Mientras tanto, en el planeta Popol, Helles extiende sus alas, que brillan con fuerza, y lanza un poderoso ataque cortante hacia Cell.

El insecto crea una gigantesca barrera de energía que lo protege de los impactos. En ella ha incluido a los tres saiyajín.

Cuando cesa el ataque de Helles, Cell se abalanza sobre su enemiga, pero ella esquiva el ataque de Cell y contraataca con un rápido giro que combina con un golpe de ala con el que secciona el brazo izquierdo del insecto.

Cell retrocede. Su rostro muestra un estado de pánico al ver que su extremidad ha sido cercenada.

Helles guiña un ojo y eso causa una gran explosión bajo los pies del insecto, que sale despedido por los aires.

La poderosa mujer se abalanza sobre su enemigo, que esquiva un nuevo golpe de ala de Helles y retrocede, disparando con su mano derecha una esfera de ki hacia su enemiga.

Helles alza el vuelo, pero el ataque de Cell la persigue, obligándola a esquivarlo en múltiples ocasiones.

La mujer, harta de huir, se detiene y se envuelve por sus bellas alas, protegiéndose del impacto.

Una gigantesca explosión ilumina el cielo.

Cuando se disipa la polvareda, Helles aparece intacta, pero para su sorpresa se encuentra rodeada de una docena de esferas de ki que levitan a su alrededor.

– “Es inútil” – sonríe ella, lista para cubrirse de nuevo.

Cell hace que las esferas se abalancen sobre su enemiga, desencadenando una tormenta de explosiones sucesivas.

Cuando las explosiones cesan, Helles abre sus alas y limpia el cielo del humo de la explosión. No ha sufrido ningún daño.

Cell parece cansado. Su brazo cercenado pierde sangre.

– “Maldita sea…” – lamenta el insecto.

Helles apunta a su enemigo con ambas manos y en ellas se genera una esfera de energía anaranjada.

– “¡DESAPARECE BAJO MI BELLO RESPLANDOR!” – exclama la mujer, que proyecta su poderoso ataque hacia Cell. 

El insecto prepara su respuesta; un Kamehameha con una sola mano.

– “Ka… Me… Ha… Me…” – se prepara. – “¡HAAAAAAAA!” – dispara Cell.

Los dos ataques chocan en el aire. El insecto pone todas sus fuerzas en contrarrestar la técnica de Helles, pero éstas pronto flaquean. El ataque de la mujer gana terreno rápidamente.

Kale, Tarble y Broly observan el duelo.

– “No lo conseguirá…” – murmura Tarble.

Broly observa al insecto luchando y sus ojos se tornan de color magenta.

De repente, los ojos de Cell se iluminan del mismo color que los del saiyajín.

– “Este poder…” – se da cuenta el insecto, que mira de reojo a Broly. – “¿Es suyo? ¡Es sobrecogedor!”

Helles frunce el ceño al sentir un cambio en la energía de su enemigo.

El aura de Cell estalla de color magenta.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita Cell al infundir su Kamehameha con el exceso de poder que le embarga.

El ataque supera rápidamente al de su adversaria, que intenta cubrirse en el último instante para protegerse de su posible final.

Tras el titánico esfuerzo, Cell cae de rodillas.

Broly, agotado por forzar esa transmisión de poder en su delicado estado, pierde el conocimiento.

En el cielo, una vez más, Helles resulta haber sobrevivido, pero sus alas se han quemado, perdiendo gran parte de su bello plumaje, y la mujer se precipita contra el suelo.

Cell, sin fuerzas, fracasa al intentar ponerse de pie.

Helles se acerca al insecto y lo mira con desprecio. La mujer agarra el rostro de Cell y le obliga a mirarla.

– “No puedes matarme.” – dice ella, fanfarroneando a pesar de su estado.

Cell, como aparente último acto de rebeldía, escupe a la mujer, alcanzando su mejilla.

– “Eres repugnante…” – le dice Helles.

Una media sonrisa de Cell desconcierta a la mujer, que no tarda en darse cuenta de lo que sucede. Su cuerpo ha empezado a convertirse en piedra.

– “¡¿Qué significa esto?!” – exclama Helles, que intenta limpiarse el escupitajo, transfiriendo la transformación también a su mano. – “¡NO!”

– “La verdadera belleza es efímera” – dice Cell.

El insecto se pone en pie y regenera su brazo, revelando estar en plena forma.

– “Maldito… ¡ME HAS ENGAÑADO!” – gruñe mientras la transformación avanza por su cuerpo. – “¡TE MATARÉ!” – grita intentando atacar a su adversario, pero finalmente se convierte en una estatua de piedra.

Cell sonríe satisfecho y acerca su mano a la frente de Helles para golpearla con un dedo, como quien se libra de una molesta mosca, derribando la estatua de piedra, que estalla en un centenar de pedazos.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte VI: El viejo Sidra

El saiyajín olvidado / Parte VI: El viejo Sidra

“¿Qué quieres de mí?”

Turles despierta en un lugar que no conoce. Se encuentra en una sala con paredes de piedra cruda, tumbado en una vieja cama.

El saiyajín intenta levantarse, pero le duele todo el cuerpo. Con mucho esfuerzo logra incorporarse y sentarse en el borde de la cama. Su torso y sus brazos están vendados y el esfuerzo abierto algunas de sus heridas, que tiñen de rojo los apósitos.

En ese momento, un anciano de baja estatura entra en la habitación.

– “Parece que ya te has despertado…” – dice el viejo. – “No tenía muchas esperanzas, te lo confieso…” – bromea.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín, desconfiado.

– “Me llamo Sidra.” – dice el anciano.

– “Un nombre no responde a mi pregunta” – dice Turles.

– “Pues inténtalo con otra” – sonríe Sidra.

– “¿Dónde están mis compañeros?” – replica el saiyajín.

– “Seguramente te estén buscando.” – dice el anciano.

– “¿Por qué me has ayudado?” – dice Turles.

Sidra se pone serio.

– “Porque ahora mismo eres mi única opción.” – revela el anciano.

El saiyajín se fija en los ropajes del viejo.

– “¿Eres un Guardián del Fruto?” – pregunta el saiyajín.

– “Lo fui hace mucho tiempo, pero ya no tengo edad para eso.” – dice Sidra.

– “He matado a tu compañero.” – le recuerda Turles.

– “No lo he olvidado.” – dice Sidra.

El saiyajín se esfuerza en ponerse en pie hasta que lo consigue.

– “¿Qué quieres de mí?” – pregunta el saiyajín.

– “Fuerzas oscuras quieren hacerse con el Fruto Sagrado” – dice el anciano.

– “¿De quién estás hablando?” – responde Turles. – “¿Cooler?”

– “Son poderes que no comprenderías.” – dice Sidra. – “Pero no podemos permitir que lo consigan.”

– “Yo quiero usarlo para vengarme de los demonios del frío.” – dice el saiyajín.

– “Los hijos de Cold…” – murmura el viejo. – “Malos consejos los llevan hacia un terrible final.”

Turles sonríe.

– “Un final a mis manos” – dice mientras aprieta su puño.

– “El poder de los hijos de Cold no debe ser subestimado.” – dice el anciano.

– “¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!” – exclama Turles.

– “Eso sonaría mucho más amenazante si pudieras mantenerte en pie sin tambalearte.” – suspira Sidra.

Turles se traga su orgullo y se queda en silencio, pensativo.

– “Llévate la semilla.” – dice Sidra entregándole una caja que la guarda.

– “¿Qué?” – se sorprende el saiyajín. – “¿Me la das? ¿Así de fácil?”

– “Yo ya no puedo protegerla” – dice el anciano.

Turles acepta el presente y abre la caja para contemplar la semilla.

Sidra agacha la cabeza. No está contento con tener que darle tan preciado tesoro a Turles, pero sabe que no tiene otra opción en estas circunstancias.

– “Buena suerte, saiyajín” – se despide el viejo.

Turles cierra la caja y se da cuenta de que Sidra ha desaparecido.

– “¿A dónde ha ido?” – se pregunta el saiyajín, desconcertado.

Turles sale del templo y siente el ki de sus compañeros, que se encuentran arrasando aldeas en busca de su líder.

– “Veo que se están divirtiendo sin mí…” – sonríe el saiyajín.

En unas horas, el escuadrón se ha reunido y ha regresado a la nave.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Daiz.

– “¡Turles es el Súper Saiyajín de la leyenda!” – exclama Almond. – “¡Vamos a dominar la galaxia!”

Los cinco soldados celebran esas palabras.

– “No es tan fácil.” – dice Turles. – “Pero con el Fruto Sagrado podremos lograrlo.”

– “¿Vamos a plantarlo?” – pregunta Lakasei.

– “Deberíamos buscar un buen lugar.” – dice Turles.

– “En este mismo sistema hay un planeta con vegetación abundante.” – anuncia Rasin. – “El planeta Renam.”

Turles sonríe.

– “Rumbo a Renam.” – sentencia el saiyajín.

Desde la cima una montaña cercana, Sidra observa preocupado cómo la nave abandona el planeta hacia un terrible desenlace.

DBSNL // Capítulo 155: Eternidad

DBSNL // Capítulo 155: Eternidad

“No me dejéis solo…”

En la Tierra, Janemba abre su mano derecha y en ella se materializa una espada roja como la sangre.

– “¡JIJIJI!” – ríe el monstruo, empuñando su mandoble. 

El demonio blande su arma y propina un espadazo cuyos efectos se propagan en la distancia formando una gigantesca brecha en la superficie terrestre que se pierde en el horizonte.

Pan y Bra asisten el desastre.

– “No podemos… No podemos pelear contra un tipo así…” – titubea Bra.

Pan, furiosa por cómo los demonios están utilizando a su amigo, se transforma en Súper Saiyajín y se prepara para pelear.

– “¡YAAAAH!” – exclama al abalanzarse sobre el monstruo.

Janemba alza su mano y su brazo se alarga hasta agarrar el cuello de la muchacha, deteniéndola en el aire. 

– “¡JIJIJI!” – ríe el monstruo mientras estrangula a Pan.

Mientras tanto, Piccolo sigue inconsciente. En su mente, en mitad de la oscuridad, el namekiano se encuentra tumbado en el suelo.

– “Tengo que hacer algo…” – se repite Piccolo. – “Tengo que luchar… Prestadme vuestra fuerza, viejos compañeros.”

Piccolo recupera el sentido y se levanta, pero a duras penas se mantiene en pie.

– “Nail… Kami…” – murmura. – “Necesito vuestra ayuda.”

En su mente, las figuras de los dos namekianos se encuentran a su lado, acompañándole. 

Piccolo reúnen todas las energías que le quedan y se abalanza sobre Janemba, sorprendiéndolo y propinándole un puñetazo en la nariz con su mano izquierda, pero esto no causa ningún efecto sobre el monstruo, que sonríe burlonamente.

El namekiano retrocede asustado y en ese instante se da cuenta de que un extraño humo negro empieza a extenderse por su brazo desde el punto en que su puño contactó con el demonio.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta, temeroso. 

La oscuridad asciende por su extremidad hasta extenderse por el torso y ascender por su cuello hasta cubrir su hemicara izquierda.

En su interior, las siluetas de sus dos compañeros se desvanecen.

– “Por favor…” – suplica Piccolo, que siente como si cayera en un pozo en completa oscuridad. – “No me dejéis solo…”

De repente, una nueva figura namekiana se presenta ante él.

– “Tú…” – se sorprende Piccolo.

En el exterior, la mitad izquierda de su rostro empieza a cambiar. Su ojo izquierdo modifica su forma, adoptando un aspecto más ovalado, y su esclera se torna amarilla. Las venas del mismo hemicuerpo adquieren relieve, mientras sus músculos aumentan de tamaño.

– “¡¡AAAHHH!!!” – grita Piccolo. – “¡GggrrhAAAAAAH!” – gruñe, mientras sufre un terrible tormento.

Garlick se sorprende al ver a Piccolo afectado por el Makai.

– “Así que tenías el alma de un demonio después de todo…” – sonríe Garlick.

Janemba, al sentir el poder de Piccolo, pierde el interés en Pan y la lanza al vacío, lejos de la Atalaya.

Bra reacciona rápidamente y vuela rauda al rescate de su amiga.


– “¡PAN!” – exclama la hija de Vegeta.

Dende, asustado por el siniestro poder de su compatriota, no sabe qué hacer.

– “Pi… Piccolo…” – titubea Dende. – “¿Qué te está pasando? Esa oscuridad…”

En el planeta Snack, cuando se disipa la polvareda alzada por el traicionero ataque de Belmod, se revela a Gohan, transformado en Súper Saiyajín, de rodillas en el suelo, con parte de su cuerpo chamuscado y ensangrentado.

– “Ha estado cerca…” – murmura el mestizo. – “Si no llego a transformarme…”

Cuando alza su mirada, se da cuenta de que hay fragmentos del su compañero robótico esparcidos por toda la zona.

– “No… ¡PINO!” – exclama Gohan.

Gohan, furioso, clava su mirada en Belmod, que sonríe mientras sigue tumbado en el suelo, moribundo.

– “Mis actuaciones siempre terminan por todo lo alto” – se burla el payaso, en una última provocación.

Gohan alza su mano hacia Belmod.

– “Vete al infierno” – sentencia el mestizo.

Pero en el último instante, Galbi cae sobre Belmod y le apuñala el corazón con un gladius.

– “Esto es por el dolor que has traído a mi hogar” – dice el león. – “No hay gloria para ti.”

Gohan baja su mano y agacha la cabeza, triste por la muerte de Pino.

De repente, una voz llama la atención del mestizo.

– “Son… Son Gohan…” – dice el Número 16, con un peculiar tono robótico.

Parte de su torso y su cabeza han sobrevivido a la explosión.

– “¡PINO!” – exclama el mestizo, contento de ver a su amigo con vida.

Gohan corre hasta el androide 16 y se arrodilla para socorrerle.

– “¡Gracias al cielo!” – sonríe Gohan. – “¿Estás bien?”

– “Mis sistemas aguantarán.” – responde Pino.

Son Gohan suspira aliviado.

Galbi se acerca a los dos nuevos patrulleros.

– “Hemos ganado esta batalla.” – dice el guerrero leonino. – “Pero se están librando muchas otras…” – añade alzando la vista al cielo. – “Y del resultado de todas depende el destino del Universo.”

En el planeta Popol, tras derrotar a Helles, Cell se acerca a los tres saiyajín.

– “Gracias” – le dice Tarble.

– “No sabía que quedaran saiyajín con vida…” – dice Cell, ignorando el agradecimiento.

– “Quedamos unos pocos.” – dice Kale, que intenta mantener a Broly en pie.

El insecto se fija en el hijo de Páragus. El saiyajín está débil, pero no tiene ninguna herida, cosa que despierta la curiosidad de Cell.

– “¿Qué te ha pasado a ti?” – le pregunta el insecto.

Broly no responde. 

– “Esa mujer le ha aplicado algún tipo de veneno” – explica Tarble.

– “Ha dicho que lo quería vivo.” – añade Kale.

– “¿Por qué?” – pregunta Cell. – “Eres un saiyajín del montón… ¿Qué te hace especial?”

– “Es una larga historia.” – responde Tarble.

– “No es un saiyajín del montón” – interviene Kale.

– “Todos los saiyajín que he conocido son más fuertes que vosotros” – se burla Cell. – “Y me he enfrentado a unos cuantos en la Tierra.”

– “¿La Tierra?” – se sorprenden los saiyajín. – “¿Conoces al Rey Vegeta y a Kakarotto?”

Cell parece sorprendido.

– “Veo que la fama de esos dos es universal.” – sonríe el insecto.

– “Ellos lucharon contra Broly” – dice Kale. – “Y casi perdieron.”

El insecto parece confuso por las declaraciones de la saiyajín.

– “¿Goku y Vegeta?” – murmura Cell. – “¿Contra este tipo?”

De repente, detrás de Cell, el cadáver de Helles se levanta, con los ojos en blanco y aún con su herida en el pecho, que la atraviesa por completo.

– “No… No puede ser…” – titubea Kale.

El insecto se da la vuelta y asiste confuso a la resurrección de su adversaria.

Las pupilas se dibujan lentamente de nuevo en los ojos de Helles, que esboza una aterradora sonrisa.

– “¿Qué clase de regeneración es esta?” – piensa Cell. – “No… ¡Había muerto! ¡Le he atravesado el corazón!”

Helles abre de nuevo sus alas.

– “La verdadera belleza es eterna.” – sonríe la mujer.

En el planeta Luud, los patrulleros han esposado a Dolltaki y al Cardenal Mutchy. Motto carga con ellos mientras los tres agentes corren hacia la salida del templo junto a una marabunta de feligreses. 

En el interior del santuario, Nasjorin ha esquivado un puñetazo de la estatua saltando sobre su brazo y ahora lo recorre espada en mano.

Luud dispara un rayo con sus ojos al guerrero perruno, que utiliza su espada para repeler el ataque. El rayo impacta contra el techo del templo, provocando un nuevo derrumbamiento.

Nasjorin salta sobre su enemigo y cae ensartando su espada en la frente de la estatua.

El aprendiz de Kaioshin espera haber acabado con el enemigo, ya que un conjuro de sellado imbuye el arma; pero una oscura energía brota del interior de la herida, como si fuera vapor a presión.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Nasjorin, que siente que una poderosa presencia le está observando.

La oscura energía estalla y repele al guerrero, que pierde su espada.

Nasjorin, magullado y con la ropa rota, se arranca la parte superior de su uniforme, quedando con el pecho descubierto.

– “No es una criatura… Es solo un recipiente movida por la oscuridad.” – entiende el inushi. – “Nunca había sentido un horror así… ¿Es a esto a lo que hacía referencia las leyendas de mi planeta?”

Luud está listo para seguir peleando.

Desde un lugar seguro, en el balcón interior, Hoi observa satisfecho el enfrentamiento.

Nasjorin abre su mano derecha, que empieza a brillar con luz blanca.

– “Que el resplandor de mis antepasados me guíe.” – murmura Nasjorin. – “¡LUZ DE INUGAMI!” – exclama, listo para el siguiente asalto.

Dibujado por Pivotts

En el Makai, Gotenks mantiene a raya a un centenar de demonios mientras avanza por el oscuro páramo.

– “¡¿Dónde estamos?!” – se pregunta la fusión. – “¡Tiene que haber una salida!”

Mientras tanto, muy lejos de allí, el planeta Sadala también ha sido invadido por los presos fugados. Los saiyajín pelean con todas sus fuerzas para defender su nuevo hogar, mientras el ejército enemigo destruye todo lo que encuentra a su paso.

Cerca de la aldea, Turles se encuentra sentado en el fundo de una cueva desde la que oye el estruendo. El saiyajín se concentra para intentar que sus componentes biónicos respondan a sus órdenes, pero no tiene éxito.

– “Maldita sea…” – refunfuña Turles. – “¡AAAAAAAH!” – grita, frustrado. – “¡MALDITA SEA!”

En Monmaas, Son Goku se ha adentrado en el paradero del enemigo. Siguiendo el oscuro ki, el saiyajín avanza entre los múltiples caminos en los que se divide la gruta.

Finalmente, Goku llega a una gran sala en penumbra y avanza hasta el centro. 

De repente, siete llamas se encienden a su alrededor. Cada una sobre un pilar decorado con runas antiguas. En el suelo, un círculo formado por jeroglíficos escritos con sangre.

Goku observa su alrededor, confuso ante el macabro despliegue.

Una voz le sobresalta.

– “Bienvenido, Son Goku.” – dice un misterioso personaje que avanza desde las sombras hasta revelar su rostro, iluminado por una de las hogueras. – “Me llamo Arak.” – se presenta. – “Te estaba esperando.”

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte V: El otro Súper Saiyajín

El saiyajín olvidado / Parte V: El otro Súper Saiyajín

“¡No voy a morir!”

Liquir se acerca a Turles, que sigue tumbado en el suelo semiinconsciente, dispuesto a matarlo.

De repente, el saiyajín se mueve, sorprendiendo al zorro.

Turles se levanta con dificultad.

– “¿Aún tienes fuerzas para ponerte en pie?” – se burla el kurama.

El saiyajín tiene la vista borrosa.

– “No hemos terminado…” – dice Turles.

Liquir alza su mano hacia el enemigo y le dispara un ataque de ki que estalla en el pecho del saiyajín y lo derriba de nuevo.

– “Yo creo que sí.” – fanfarronea el zorro.

Turles, tumbado en el suelo, abre los ojos y puede ver un cielo que reconoce y le provoca una dolorosa nostalgia. Es el cielo nocturno de Tazba, el astro en el que su nave se estrelló cuando era un bebé.

El saiyajín se incorpora y pronto se da cuenta de que sus heridas han desaparecido.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta. – “¿Estoy muerto?”

Turles se da cuenta de que se encuentra en el centro de una ciudad en llamas, rodeado solo por destrucción y muerte. En el suelo pueden verse las pisadas del ozaru. 

El saiyajín se pone en pie y ahora se encuentra al lado de la averiada cápsula espacial con la que llegó a tan remoto destino.

Una luz se ilumina en el cielo. Una nave imperial.

De repente, Turles se encuentra a bordo de la nave, en una sala de entrenamiento, enfrentándose a múltiples saibamen. Cooler observa la escena detrás de un cristal junto al solado Sauza.

– “¿Cree que la leyenda es cierta, señor?” – pregunta el brench.

– “He visto suficiente como para no descartar nada.” – responde Cooler.

Ahora Turles se encuentra arrodillado frente al demonio del frío.

– “Mi hermano exterminó a tu raza.” – dice Cooler. – “Quiero que me ayudes a derrocarle, Turles. Ayúdame a recuperar el Imperio y tendrás tu venganza.”

De repente, Turles despierta en Kurama.

Liquir se sorprende al volver a sentir el ki de Turles, que por un instante había desaparecido.

Turles se pone en pie de nuevo.

– “Eres muy terco…” – dice Liquir.

– “Soy un saiyajín.” – sonríe Turles.

Los hombres de Turles llegan al lugar del duelo y rodean al kurama.

– “¿Estáis de broma?” – sonríe el zorro.

Con un movimiento de sus cinco colas, el zorro genera una corriente de aire que derriba a los soldados.

– “¡AAAAH!” – gritan ellos.

– “¡No molestéis!” – dice Liquir.

Turles aprieta sus puños con rabia.

– “No tengo nada…” – refunfuña Turles. – “Mi raza fue aniquilada. He dejado que Cooler me utilizara… Me he tragado mi orgullo, porque creía que en algún momento lograría el poder suficiente para plantarle cara a él y a Freezer… Si muero hoy, todo habrá sido en vano.”

Liquir alza de nuevo su mano y se prepara para disparar a Turles, pero una extraña y violenta aura amarilla envuelve al saiyajín. Su cabello se eriza y sus ojos se tornan verdes.

– “¡No voy a morir!” – exclama Turles. – “¡VOY A ACABAR CON ELLOS CON MIS PROPIAS MANOS! ¡Y NO DEJARÉ QUE TÚ ME LO IMPIDAS!”

El aura arde con fuerza y su cabello se tiñe de oro.

– “¡¡YAAAAAAAAAHHHH!!” – grita el saiyajín.

Una explosión de ki empuja a Liquir y lo hace retroceder.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el kurama.

El cuerpo de Turles brilla con luz propia.

Sus hombres le miran asustados.

– “¿Qué le ha pasado?” – se pregunta Almond.

– “Acaso…” – se pregunta Daiz. – “Es eso… es el…”

El kurama se prepara para el combate pero, antes de que pueda ponerse en guardia, Turles le embiste con toda su rabia y le propina un puñetazo en el hocico. 

Liquir sale despedido, rebotando varias veces contra el suelo, mientras intenta recuperar la estabilidad, pero es perseguido por el saiyajín.

El kurama se detiene en el aire y revela una sexta cola. 

Turles intenta golpearle de nuevo, pero el kurama cruza sus brazos frente a su rostro en el último instante y encaja el golpe, pero aún así su poder no es suficiente para detener al enfurecido Súper Saiyajín, y sale repelido de nuevo. 

Turles apunta al zorro con sus manos y dispara una terrible esfera de ki que irradia energía en todas direcciones.

El zorro se cubre con sus colas y recibe el impacto directo.

Una gigantesca explosión barre el lugar, creando un gigantesco cráter.

El Súper Saiyajín se detiene y observa entusiasmado el resultado de su poder.

– “¡JAJAJA!” – ríe el guerrero. – “¡Seguro que con este poder podría derrotar a los demonios del frío! ¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!”

Pero del cráter sale caminando con naturalidad el zorro, que ahora luce siete colas.

– “Se acabaron los juegos, saiyajín” – dice el zorro. – “No sé de dónde emana ese nuevo poder, pero no es suficiente para derrotar al Guardián del Fruto.”

Turles se sorprende al sentir el nuevo poder del zorro, que una vez más supera sus expectativas.

El saiyajín aprieta los dientes.

– “No…” – refunfuña Turles. – “Nadie debería superar al Súper Saiyajín de la leyenda… ¡Eso es imposible!”

Liquir abre su boca y dispara un potente rayo.

Turles lo esquiva por los pelos, pero antes de que pueda reaccionar se da cuenta de que Liquir se ha abalanzado sobre él y le propina un puñetazo que el saiyajín logra desviar.

El zorro muerde el brazo de Turles. El saiyajín grita de dolor mientras intenta sacudir al kurama, que se niega a soltar a su víctima.

Tras un breve forcejeo, Liquir libera a Turles y le propina una patada en el abdomen que lo estampa contra el suelo. 

Liquir se alza sobre el saiyajín y prepara una esfera de ki entre sus manos que después lanza sobre él.

Turles recibe el impacto directo del ataque. Una nueva explosión sacude el planeta. La onda expansiva barre el lugar y empuja a los hombres del saiyajín, que se encontraban en las proximidades. 

En el Templo Sagrado, Sidra observa la luz en el horizonte con semblante serio.

Liquir, que muestra signos claros de cansancio, ha dejado de percibir el ki de Turles.

– “Se acabó.” – sentencia el zorro.

Daiz intenta levantarse, pero sus fuerzas flaquean.

– “Turles…” – murmura el kabocha. – “Maldita sea…”

De repente, Turles se encuentra de nuevo en Tazba. El saiyajín vuelve a ser un bebé, tumbado entre los restos ardientes de su cápsula espacial estrellada. El ensangrentado y malherido niño mira fijamente al cielo mientras su corazón late cade vez más despacio. Pero una nube se aparta y revela la luna llena, cuya luz baña al pequeño Turles. El corazón del niño se reanima y empieza a palpitar con vitalidad, como un tambor.

Liquir se detiene. Puede sentir de nuevo el ki de su enemigo.

– “No es posible…” – murmura el zorro. – “¿Sigue vivo?”

En ese instante, del cráter formado surge un ozaru; un gigantesco mono gigante que ruge violentamente.

Daiz observa asombrado a su líder alzarse.

– “El ozaru…” – murmura el kabocha. – “Pero… ¡¿Cómo es posible?!” – se da cuenta Daiz. – “¡No hay luna!”

El mono sale del cráter y ruge una vez más. Su pelaje empieza a brillar de forma tenue, pero pronto aumenta de intensidad hasta estallar en una explosión de luz y tornarse dorado. 

Liquir retrocede asustado ante el poder que puede sentir.

– “¡¿Qué clase de monstruo es este?!” – se pregunta el kurama.

Turles clava su mirada en el zorro y abre su gigantesca boca, de la que emana un torrente de ki morado que se precipita sobre el kurama. 

El zorro es sorprendido por tal poder y solo puede intentar cubrirse ante semejante ataque.

Cuando la polvareda se disipa, Liquir revela que su octava cola no ha logrado brotar por completo a tiempo y se desvanece, provocando que el zorro hinque la rodilla.

Turles alza su gigantesco puño e intenta aplastar al kurama, que salta hacia un lado justo a tiempo para evitar el ataque, pero el saiyajín usa esa misma mano para propinar un revés al zorro y lanzarlo a cientos de metros de distancia y estrellarlo contra una montaña.

Liquir, incrustado en la roca, con sus brazos en cruz, puede ver como el gigantesco mono camina hacia él.

Ha empezado a llover.

– “Maldita sea…” – murmura el kurama. – “Jamás imaginé que existiera alguien con un poder así…”

El zorro intenta liberarse y cae al suelo de rodillas, perdiendo tres de sus colas, luciendo ahora solo cuatro.

– “No me quedan fuerzas…” – lamenta Liquir.

El gigantesco ozaru, justo cuando está apunto de alcanzar al zorro, pierde su pelaje dorado y disminuye de tamaño hasta convertirse de nuevo en Turles.

El saiyajín también cae de rodillas al suelo e intenta recuperar el aliento.

– “Creo que éste es mi límite…” – murmura Turles.

El zorro se pone en pie con dificultad.

– “Supongo que no aceptarás un empate…” – dice Liquir.

– “Sólo si me das el Fruto…” – sonríe el saiyajín, que también se levanta.

Los dos contrincantes se encuentran cara a cara. Los dos con una media sonrisa en sus rostros.

– “Acabemos con esto.” – dice Liquir.

Turles asiente.

– “Sí.” – dice el saiyajín. – “Está durando demasiado.”

Tras un breve silencio, los dos guerreros embisten el uno contra el otro y empieza un intercambio de golpes crudo y brutal. Ya no hay fuegos de artificio. Es un duelo a muerte, mano a mano. Una pelea cruel y sucia entre dos guerreros a los que casi no les quedan fuerzas.

Los dos luchadores solo se centran en conectar sus golpes. No ha tiempo para intentar defenderse. Es un intercambio de puñetazos directos que va a decidirse por quién pueda aguantar un mayor castigo.

A medida que dura el combate, la fuerza del saiyajín disminuye y las colas del zorro desaparecen. El terreno se llena de barro.

Finalmente, cuando a Liquir solo le queda una cola, Turles aprovecha un desequilibrio del kurama para situarse detrás de él y rodear su cuelo con su brazo.

– “Grrrr…” – gruñe el zorro, que pelea por liberarse.

Pero con un violento movimiento, Turles parte el cuello del kurama, cuyo cuerpo se desploma inerte contra el suelo.

Turles se deja caer de rodillas, agotado, y finalmente se desmaya tumbado bocabajo en el barro.