ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Recaderos

Los últimos / Parte I: Recaderos

“Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

En la capital del planeta Toreri, por la megafonía de las calles suenan las alarmas. La metrópolis está siendo atacada.

Los habitantes de la ciudad, humanoides de piel azul y cabello rubio, vestidos con ropas futuristas y coloridas, corren despavoridos hacia zonas seguras repartidas por toda la metrópolis que dan acceso a los búnkeres subterráneos. 

En la avenida principal, una gran calle que desemboca en un gigantesco rascacielos, los tanques se acumulan frente al edificio para protegerlo. Múltiples explosiones a varias manzanas de distancia ensordecen el lugar.

– “¡EL OBJETIVO SE APROXIMA!” – exclama un soldado.

– “¡VAMOS! ¡VAMOS! ¡VAMOS!” – ordena un Coronel, haciendo señales a los soldados que se sitúan entre los tanques con sus fusiles láser de asalto preparados.

De repente, las explosiones cesan. La ciudad se queda en silencio.

– “Ya están aquí…” – murmura el Coronel.

Entre la polvareda, el humo y el fuego que cubren la avenida pueden verse tres figuras humanas caminando hacia la barricada.

La silueta central es de un hombre de baja estatura y cabello encrespado, flanqueado por un gigantón calvo a su derecha y otro guerrero de larga cabellera negra a su izquierda.

En lo alto del edifico, en un despacho grande y lujoso, un hombre mira preocupado la escena. El caballero luce un tupé rizado rubio y viste un elegante traje blanco con cuello alto, un monóculo y se apoya en un bastón adornado con una esfera cristalina de color verde en el pomo.

Los soldados se impacientan viendo que el enemigo camina hacia ellos.

– “¡¡FUEGO!!” – ordena el Coronel.

Los tanques y los soldados disparan a discreción contra los extraños. La ciudad se inunda de fuego durante varios minutos. Las fuerzas locales atacan insistentemente a los invasores con todo lo que tienen hasta escuchar el chasquido metálico de sus armas sin munición.

Una gota de sudor frío recorre la sien del hombre en la torre.

Los soldados se miran los unos a los otros sin atreverse a celebrar la victoria.

Una voz les revela su fracaso.

– “¿Habéis terminado?” – dice el más bajito de los enemigos.

Los soldados retroceden aterrados.

– “Creo que nos toca.” – añade el guerrero que viste de azul con una armadura verde y marrón. – “Haz los honores, Nappa.”

– “Por supuesto, Vegeta” – sonríe el grandullón.

Nappa alza sus dedos índice y corazón y provoca una gran explosión que arrasa con todos los enemigos presentes e incluso con los edificios de los alrededores.

Cuando la polvareda se disipa se revela un gran cráter en el centro de la ciudad. 

– “Creo que me he pasado…” – dice Nappa.

– “Siempre tienes que dar la nota.” – le recrimina Raditz.

– “Tú lo tienes muy fácil” – responde el grandullón con una sonrisa burlona. – “Como no tienes que preocuparte por causar grandes destrozos…” 

– “¡¿Qué insinúas?!” – replica Raditz.

– “Ya lo sabes” – responde Nappa.

– “¡BASTA!”- estalla Vegeta. – “¡Si tengo que escuchar vuestras discusiones un segundo más os daré una lección a los dos!”

Nappa y Raditz se callan inmediatamente.

– “Discúlpanos, Vegeta” – dice Nappa.

– “Sí, lo sentimos.” – añade Raditz.

Vegeta resopla para calmarse y echa un vistazo a los restos del edificio central.

– “Esto no era necesario, Nappa.” – dice el Príncipe saiyajín. – “Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

Raditz esboza una media sonrisa y mira de reojo a Nappa, presumiendo de que Vegeta le haya dado la razón. Nappa responde con un gruñido, pero se traga su frustración por miedo a la reprimenda del Príncipe. 

– “Debería estar conquistando planetas para mi propio Imperio…” – refunfuña Vegeta, apretando su puño con rabia. – “¡…y no haciendo de recadero para esa sucia sabandija!”

De repente, una nave interrumpe la escena sobrevolando la zona a poca altura, alzando una gran corriente de aire que alerta a los tres saiyajín.

La nave se alza de nuevo y se queda suspendida en el aire.

Vegeta mira de reojo el aparato.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – se pregunta Nappa, extrañado al ver el logotipo del vehículo.

– “Se suponía que no iban a aparecer…” – dice Raditz.

De la nave sale un guerrero con un traje negro y amarillo, su rostro está cubierto por un casco, y un cinturón con una letra \”B\” en la hebilla. En su pecho luce una pegatina con el logotipo de la Patrulla Galáctica.

El recién llegado mira el desolado paisaje.

– “Malditos bastardos…” – murmura el patrullero apretando sus puños.

Vegeta da un paso al frente.

– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta el saiyajín. – “¿Y qué haces aquí?”

– “¿Te has perdido?” – añade Nappa con tono burlón. – “No deberías entrometerte en los asuntos del Imperio.”

El soldado se arranca la pegatina de la Patrulla Galáctica del pecho y deja que el viento se la lleve. Tal acto sorprende a los saiyajín.

– “Mi nombre es Bonacala” – se presenta el guerrero. – “No me importan las órdenes de la Patrulla. Éste es mi planeta y voy a protegerlo.”

DBSNL // Capítulo 158: Sin cuartel

DBSNL // Capítulo 158: Sin cuartel

“Me preguntaba cuando apareceríais.”

En la Tierra, Janemba ha herido gravemente a la Número 18 y a Yamcha.

Marron ha logrado detener la caída de su madre a tiempo.

– “Mamá…” – llora Marron, al ver la herida en el abdomen de la androide, que ha perdido el conocimiento.

Un instante después de recogerla, se da cuenta de que Yamcha también se precipita contra la superficie terrestre, pero esta vez es Dende quien asciende rápidamente desde la Tierra Sagrada para recoger al guerrero.

En la Atalaya, Krilín, Ten Shin Han, Chaoz y Lapis se ponen en guardia. Krilín está furioso.

Janemba se divierte con el sufrimiento de los terrícolas.

En el Makai, a Goten y Trunks se les ha terminado el tiempo de fusión. Cansados y heridos por el eterno combate contra las hordas demoníacas, han conseguido escapar y se esconden en una cueva oscura escarbada en la fría roca del reino de los demonios. 

– “Tenemos que recuperar fuerzas…” – dice Goten. – “Son demasiados.”

– “¿Cómo saldremos de aquí?” – se pregunta Trunks.

– “Tiene que haber algún modo.” – dice el hijo de Goku.

– “Ya hemos intentado gritar.” – responde Trunks. – “No funciona.”

– “No tenemos suficiente poder.” – lamenta Goten.

En el planeta Snack, Son Gohan ha llevado a Pino hasta la nave, y ahora ha regresado al exterior para despedirse de Galbi.

– “Muchas gracias” – dice el guerrero leonino. – “Habéis salvado mi planeta.”

– “Nos alegramos de haberos ayudado.” – dice Gohan.

– “Nos espera un largo camino hasta volver a la normalidad” – dice Galbi. – “Pero reuniré a todos los supervivientes y empezaremos a reconstruir nuestro hogar.”

– “Estoy seguro de que lo lograréis” – sonríe Gohan.

Los dos guerreros comparten un apretón de manos.

En el planeta Popol, los saiyajín se acercan a Cell, que ha derrotado a Helles.

– “¿Estabas fingiendo?” – se sorprende Tarble.

– “Bajó la guardia.” – responde el insecto.

Broly sigue inconsciente y es atendido por Kale.

– “¿Cómo se encuentra?” – pregunta Cell.

– “Débil.” – responde Kale. – “Compartir su poder contigo le ha dejado agotado.”

– “Así que este era el poder que escondías, ¿eh?” – murmura el insecto. – “Ahora entiendo que Goku y Vegeta tuvieran problemas…”

En Luud, Nasjorin ha derrotado al falso dios. Hoi, asustado ante el poder del inushi, corre despavorido por los pasillos del templo. El aprendiz de Kaioshin le persigue. 

Nasjorin recorre los pasadizos que cada vez se tornan más lúgubres hasta encontrarse sumido en la más profunda oscuridad. 

– “¡Has caído en mi trampa!” – ríe el Kashvar, que aparece de detrás de una esquina y se dirige hacia el inushi.

De repente, un estallido de luz que emana del cuerpo del guerrero perruno y hace desaparecer las tinieblas que lo rodeaban. 

– “¿Cómo…?” – se sorprende Hoi, que intenta retroceder, pero se tropieza con su túnica y cae de espaldas al suelo. – “¡¿Cómo es posible?! ¡¿De dónde sale esa luz!?”

– “La Luz de Inugami es un resplandor más antiguo que vosotros.” – dice el inushi, que camina hacia el Kashvar.

El aprendiz de Kaioshin extiende su mano hacia el brujo y su palma empieza a brillar.

Hoi intenta apartarse, pero choca con una pared. El inushi continúa acercándose hasta tocarle la frente. En ese instante, la piel del brujo empieza a resquebrajarse, emitiendo luz blanca desde su interior y finalmente el cuerpo del kashvar estalla en una explosión de energía pura.

En el exterior del templo, una nave de la Patrulla Galáctica aterriza en una plaza, y Ganos y Obni desembarcan. 

– “Recibimos la llamada de socorro.” – dice Ganos. – “¿Estáis todos bien?” 

– “Sí, estamos bien.” – responde Sheela. 

Motto entrega a los prisioneros Dolltaki y Mutchy a los nuevos agentes, y uno de ellos los escolta al interior de la nave.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Obni.

– “No estoy segura.” – suspira Sheela. – “Todo esto supera mi entendimiento.”

Katopesla interviene en la conversación.

– “Estoy intentando informar al Cuartel General, pero creo que mi comunicador está roto.” – dice Obni.

– “No es tu comunicador” – responde el toreristo. – “Nosotros también hemos perdido contacto con el Cuartel hace unos minutos.”

En el centro de mando del Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Shiras ha masacrado a todos los presentes. El lugar se encuentra en llamas. Grandes fragmentos de la inmensa estructura espacial flotan alrededor de los restos del complejo junto a un gran número de cadáveres. Muy pocos agentes han logrado escapar mediante naves y cápsulas de salvamento.

Shiras camina entre los escombros del centro de mando, cuando siente que dos presencias se han manifestado en el lugar.

– “Vosotros…” – murmura Shiras. – “Me preguntaba cuando apareceríais.”

El Hakaishin Champa y el Dai Kaioshin Zamas han llegado.

Mientras tanto, en el planeta Sadala sigue la guerra entre los saiyajín y los fugitivos de Garlick. El anciano Leek y sus hombres pelean para proteger su nuevo hogar, pero los enemigos son poderosos. 

Entre los villanos, un pequeño extraterrestre de aspecto humanoide, de piel verde oliva y con tentáculos en su cabeza, está causando estragos entre los saiyajín.

Dos jóvenes guerreros se colocan delante de Leek para protegerle. Uno de ellos es un joven guerrero de pelo encrespado y un pequeño mechón adornando su frente; la otra es una muchacha de cabello alborotado y grandes ojos negros. 

No muy lejos de allí, en una cueva, Turles sigue intentando controlar su cuerpo biomecánico sin éxito, cuando de repente sus sistemas se reactivan.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta el saiyajín.

En su cabeza, una voz que él reconoce enseguida le habla.

– “¿Estás dispuesto a hacer un trato?” – pregunta la voz.

– “Cooler…” – murmura Tules, furioso, que fue traicionado en el pasado por el demonio del frío.

En la aldea saiyajín, el fugitivo, envuelto en un electrizante ki azulado ha abatido a los guerreros que protegían a su líder y ahora se aproxima a Leek dispuesto a asesinarle.

El villano se abalanza sobre el anciano con su mano preparada para atravesarle el corazón, pero alguien le detiene. Turles ha aparecido y le ha agarrado el brazo.

Tanto Leek como el enemigo se sorprenden ante la llegada del misterioso personaje.

El villano intenta liberarse del agarre de Turles, pero no lo consigue hasta que el propio saiyajín decide soltarle.

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el enemigo. – “¿Qué eres?” – añade al fijarse en sus partes mecánicas.

– “Me llamo Turles” – dice el recién llegado. – “Y soy un saiyajín.”

Las palabras del guerrero sorprenden a Leek, que desconocía que quedara otro saiyajín con vida en el universo.

En el planeta Imegga, Ledgic y sus soldados pelean contra el ejército invasor. Los hombres de Don Kee superan en número a los enemigos, pero éstos son mucho mejores luchadores. Solo Ledgic puede mantener a raya a los bandidos.

De repente, mientras el guerrero se encuentra despachando a varios malhechores de pacotilla, recibe un golpe por la espalda que lo lanza contra el suelo y lo estrella en un edificio.

Ledgic sale de los escombros y sacude la cabeza, algo aturdido. Cuatro enemigos le rodean.

El guardaespaldas de Don Kee los mira con atención.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el guerrero.

Los cuatro bandidos sonríen.

– “¡Somos los cuatro luchadores más temibles de la Galaxia del Este!” – dice uno de ellos; un guerrero de piel rosada, grande y orondo, con un rostro porcino, vestido como un luchador de sumo. – “¿No es así, Murichim?”

– “Por supuesto, Napapa” – responde su compañero, alto y musculoso, de piel anaranjada, con la cabeza afeitada y vestido como un monje Shaolin.

Ledgic no parece impresionado.

– “Parece que no nos conoce” – dice un tercer guerrero de piel rojiza, que viste como pantalón corto y guantes de boxeador. – “¿Nos presentamos, Rubalt?” 

– “Claro, Murisam.” – responde el cuarto luchador, de piel morena que luce su cabello recogido en rastas y un ancho turbante blanco, y viste un pantalón largo del mismo color, con el torso al descubierto; como un luchador de capoeira.

Los cuatro luchadores realizan poses de lucha típicas de las artes marciales previamente mencionadas.

– “¡Somos cuatro campeones históricos del torneo del prestigioso torneo \”Saikyo no Senshi\” de la Galaxia del Este!” – dicen al unísono.

En Konats, Piccolo y Garlick se han librado de las fuerzas enemigas. 

Salabim y el diablillo se acercan a la puerta de piedra del templo Yahirodono. El demonio con el ojo celestial crea un pequeño portal y utiliza el poder del Makai para abrir la entrada del santuario maldito.

Los tres personajes se adentran en el lugar y caminan por sus lúgubres pasillos hasta llegar a la sala central, donde se alza el gran Amenoukihashi.

– “Después de tanto tiempo…” – celebra el brujo, emocionado. – “¡ÉL RENACERÁ!”

– “Bien…” – sonríe Garlick. – “Estamos muy cerca.”

En Monmaas, Goku no puede usar ki divino y regresa a su estado base. Arak parece satisfecho.

El kashvar se acerca a Goku. A su alrededor, la oscuridad muestra imágenes del universo y sus galaxias y sistemas, que enseguida se convierten en escenas de batalla; Imegga, Luud, Snack, Popol, Sadala… y finalmente, la Tierra.

Goku se da cuenta de que sus amigos corren peligro.

– “¡DETENEOS!” – exclama el saiyajín. – “¡AHORA!”

Arak sonríe.

– “¿O qué?” – pregunta el brujo. – “Este planeta está demasiado lejos. No puedes acudir a su llamada. Los has dejado solos.”

Son Goku se siente impotente ante los escenarios que el brujo le muestra.

DBSNL // Capítulo 157: Guerreros Z

DBSNL // Capítulo 157: Guerreros Z

“Os habéis aliado con demonios y bandidos de la peor calaña.”

Los terrícolas se preparan para enfrentarse a un enemigo terrible.

– “¿Qué podemos hacer?” – pregunta Chaoz.

– “Tengo una idea.” – dice Pan. – “Pero necesitamos tiempo.”

– “¿Cuánto?” – pregunta Yamcha.

– “No lo sé…” – responde Pan, frustrada.

– “Si es cuestión de tiempo, estáis en el lugar adecuado” – dice Ten Shin Han, señalando una puerta cerrada que flota sobre un fragmento aislado de la Atalaya.

– “¡La Sala del Espíritu y el Tiempo!” – exclama Bra.

Lapis sospecha lo que traman las chicas.

– “Está bien.” – dice el androide. – “Os conseguiremos unos minutos. Debería ser tiempo suficiente ahí dentro.”

– “Pero tenéis que llegar hasta la puerta lo antes posible.” – dice Lázuli. – “No miréis atrás.”

Las muchachas asienten.

Janemba alza su dedo y apunta a nuestros amigos antes de trazar una luminosa línea de luz verde horizontal. El trazo se fragmenta en un centenar de cristales de ki que son proyectados contra sus rivales.

– “¡CUIDADO!” – exclama Lapis.

Los dos androides alzan una pantalla de energía para proteger a todos los presentes, pero múltiples fragmentos logran atravesar la barrera, causando múltiples heridas incisas a los guerreros Z.

Pan y Bra aprovechan el momento para partir a toda velocidad hacia la puerta flotante.

Janemba se da cuenta de que las chicas intentan escapar y alza su arma, dispuesto a propinarles un espadazo a distancia.

Marron y Krilín combinan sus fuerzas; el terrícola extiende su mano izquierda hacia su hija, que hace lo mismo con su mano derecha, y entre los dos crean un poderoso Kienzan que lanzan a Janemba.

El disco de energía cortante intercepta la espada del demonio deteniendo el golpe a la mitad de su recorrido, evitando así que Janemba finalice su ataque. El kienzan se disipa.

Lapis y Lázuli disparan una ráfaga infinita de ki contra el demonio, intentando detenerle o, al menos, distraerle.

Las muchachas llegan a la puerta y la abren.

En ese instante, una esfera de energía morada surge de entre la polvareda, directa hacia las chicas, que se apresuran en cruzar el umbral y cerrar la puerta tras ellas.

El portal estalla en el exterior. 

– “¡NOO!” – exclama Yamcha.

– “¿Lo han logrado?” – se pregunta Marron.

– “Maldita sea…” – murmura su padre. – “Ahora están atrapadas…”

Lapis y Lázuli insisten en sus ataques, intentando mantener al monstruo a raya.

– “¡HAAAAA!” – gritan los dos.

De repente, el brazo alargado de Janemba surge de la nube de humo hasta que agarra a Lapis por el cuello y continúa prolongándose hacia el espacio.

Lázuli se abalanza sobre el demonio a toda velocidad.

– “¡SUÉLTALO!” – exclama la Número 18.

Krilín sigue a su esposa, introduciéndose tras ella en la nube de polvo.

– “¡Espera!” – exclama el terrícola.

Yamcha, preocupado por su amigo, lo sigue.

Chaoz se prepara para perseguirlos también, pero Ten Shin Han lo detiene. Es peligroso.

Dentro de la polvareda, Krilín y Yamcha no pueden ver nada y el poder de Janemba es tan aterrador que a esta distancia se siente por igual en todas direcciones.

De repente, la niebla empieza a disiparse y revela una escena que perturba a Krilín.

Janemba ha ensartado el abdomen de Lázuli con su espada y la sostiene en el aire.

El diablo mira al terrícola con una terrorífica sonrisa.

– “¡NOOO!” – exclama Krilín.

El demonio aparta su espada hacia un lado, lanzando a la androide fuera de la Atalaya.

Marron se da cuenta de que su madre se precipita contra la superficie terrestre y vuela tras ella.

– “¡¡MAMÁ!!” – exclama la muchacha.

Krilín se abalanza sobre Janemba.

– “¡¡BASTARDO!!” – grita el humano.

En ese instante, una pantalla de energía aparece frente a Krilín, deteniendo su avance.

Lapis ha detenido al terrícola, pues éste avanzaba hacia una muerte segura.

– “¡Maldito seas, demonio!” – golpea Krilín la barrera.

Janemba se acerca a la pantalla sonriente y lame la superficie, chamuscando su lengua sin señales de dolor. 

De repente, Yamcha se abalanza sobre Krilín, apartándole hacia un lado. Un ataque de ki se aproxima a toda velocidad por su espalda. Lapis elimina su barrera para dejarlo pasar.

Ten y Chaoz han lanzado un Súper Dodonpa combinado que se acerca al demonio, pero éste crea un pequeño portal delante de él y el ataque lo cruza. 

Yamcha y Krilín se encuentran en el suelo cuando un portal se abre encima del primero. Del agujero interdimensional surge la técnica de la escuela Grulla, que impacta en la espala de Yamcha, haciendo que atraviese el suelo de la Atalaya, empujándole hacia la superficie del planeta.

– “¡YAMCHA!” – grita Krilín.

Janemba ríe de nuevo. El monstruo se está divirtiendo.

En el interior de la Sala del Espíritu y el Tiempo, Pan corrige las poses a su amiga.

– “¡Estoy harta!” – exclama Bra, frustrada. – “¡Deberíamos estar luchando a su lado!”

Pan agacha la cabeza y camina hacia la puerta de la Sala.

– “¿Qué haces?” – pregunta Bra. – “¿Vamos a pelear?”

– “Tengo que saberlo…” – dice Pan. – “Necesito saber si están bien.”

La hija de Gohan abre la puerta, pero el marco aparece vacío. Es un portal a ninguna parte. 

– “La puerta debe haber sido destruida en el exterior.” – dice Pan, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “Estamos encerradas.”

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Bra.

– “Si queremos salir de aquí, tendremos que dominar la fusión.” – sentencia Pan.

En el planeta Luud, el gigante maldito dispara dos rayos de energía roja por los ojos a Nasjorin.

El inushi, con su mano iluminada por su técnica legendaria, avanza a través de los múltiples impactos cercanos hacia su objetivo.

El falso dios intenta golpear al guerrero cánido, pero Nasjorin esquiva el puñetazo y salta sobre el brazo del enemigo, recorriéndolo hasta saltar de nuevo hacia su rostro, donde se encuentra la incisión que realizó previamente con su espada.

El guerrero ensarta su mano en la rendija y la luz de Inugami inunda el interior del demonio. El brillo sagrado brota de los ojos de la estatua poseída, que finalmente se torna inerte y estalla, desmontándose en sus partes vacías, ante la mirada aterrorizada del mago Hoi. 

En el exterior del templo, Katopesla, Sheela y Auta Motto observan como el estallido de luz rompe las ventas del edificio y hace temblar el suelo, asustando a todos los feligreses.

Muy lejos de allí, en el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Kahseral y Lemon observan la mesa holográfica, que revela las múltiples batallas que están teniendo lugar en el universo.

– “Maldición…” – lamenta Kahseral. – “Nos están superando. Hemos perdido Mayonnai.”

– “Nos acaban de comunicar que hemos recuperado Snack y Popol.” – dice Lemon. – “No todo está perdido.”

De repente, en el centro de la sala de mando, un personaje aparece de la nada.

– “Hacía mucho tiempo que no pisaba este lugar…” – sonríe Shiras, cuya presencia hiela la sangre de todos los agentes. 

En el Makai, Gotenks se enfrenta a hordas infinitas de demonios que no le conceden descanso. El guerrero parece preocupado por sus reservas de energía.

En Monmaas, Arak camina alrededor de Goku, examinándole.

– “Eres un guerrero formidable.” – dice el brujo. – “Hemos estado observado tus progresos a través del fuego.”

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín.

– “Soy un Kashvar.” – dice Arak. – “Como Bibidí.”

El nombre del viejo enemigo llama la atención de Son Goku.

– “Un brujo…” – murmura el saiyajín.

– “Así es.” – responde Arak. – “Los Kashvar hemos estado esperando el momento para liberar a nuestro maestro. Hemos aguardado milenios viendo como un caprichoso Dios jugaba con el universo como un niño que golpea el cristal de una pecera insistentemente para entretenerse.”

Goku escucha atentamente a su enemigo.

– “Solo alguien con la sabiduría de nuestro maestro puede guiar a los mortales hacia un futuro de esplendor.” – continúa Arak.

– “¿Esplendor?” – dice Goku. – “Os habéis aliado con demonios y bandidos de la peor calaña.”

– “Demonios…” – repite el brujo. – “Eso es solo un nombre para los que piensan diferente. Publicidad engaños contra los que quieren liberarse del sistema moral impuesto por un tirano.”

Goku aprieta sus puños y se envuelve por el aura del Súper Saiyajín Blue.

– “Ya he tenido suficiente.” – dice el guerrero.

Pero su aura pronto se torna amarilla, perdiendo el ki divino que la imbuía.

– “Ese poder no tiene cabida aquí.” – sonríe Arak. – “La presencia de nuestro maestro es demasiado poderosa.”

En Konats, los hijos de Slug protegen el templo Yahirodono y logran ganar terreno contra el ejército de bandidos. Los números están a su favor y están logrando hacer retroceder a los fugitivos.

Pero de repente, tres personajes aparecen ante ellos; Garlick, Salabim y Piccolo Daimaoh han llegado al planeta.

Mientras tanto, en la nave de Freezer, dos chatarreros tech-tech, un tsufur y un pequeño robot son guiados por Curd hasta el puente de mando. Al entrar, todos se arrodillan ante el trono flotante del Emperador, que se encuentra de espaldas, contemplando el vasto universo a través de la ventana.

– “Agradecemos su recibimiento, Emperador Liquir.” – dice Pinot.

El trono rota sobre sí mismo para revelar al demonio del frío.

– “¿F…? ¡¿Freezer?!” – se sorprende Merlot.

– “Él estaba… estaba muerto…” – titubea Kamo.

El robot observa al tirano atentamente y en silencio.

Freezer sonríe.

– “Os conozco…” – dice el Emperador. – “Venís de M2, ¿verdad?”

Pinot, Merlot y Kamo parecen confusos. No comprenden que Freezer disponga de esa información.

– “M2 ha sido atacado.” – revela Kamo.

– “¿Atacado?” – se sorprende el tirano. – “¿Garlick se ha atrevido a hacer algo así?” – piensa preocupado.

– “Le traemos… un presente.” – dice el tsufur, revelando el viejo artefacto konatsiano.

– “La caja de música…” – sonríe Freezer. – “¿Por qué la habéis traído aquí?”

– “Para que el Imperio la proteja” – responde Kamo.

Freezer parece complacido.

– “¡Jujuju!” – ríe el tirano. – “Bien… Justo la estaba buscando.” 

– “¿Tiene la otra?” – pregunta Kamo.

– “Ahora mismo nos dirigimos a Gelbo.” – dice Freezer. – “Creemos que está ahí.”

Los tech-tech y el tsufur se miran entre ellos. No esperaban que su interacción con el temible Freezer fuera tan sencilla.

– “Retiraos.” – dice el tirano.

Curd acompaña a los invitados fuera de la sala, pero el robot se ha quedado quieto en el mismo sitio durante toda la escena.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el demonio del frío. – “¿Se ha estropeado?”

El robot rompe su silencio.

– “Has cambiado mucho, Freezer.” – dice el pequeño ser mecánico en una voz el demonio del frío reconoce perfectamente.

Freezer se queda petrificado.

– “¿Cómo…? ¿Cómo es posible que tú…?” – titubea el tirano.

– “Tenemos que hablar, hermano.” – dice el robot.

ESPECIAL DBSNL /// Sermones del predicador // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: El muñeco de Mule

Sermones del predicador / Parte I: El muñeco de Mule

“¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor!”

En el planeta Luud, en una mañana de oración, el predicador Dolltaki narra esta historia a sus feligreses:

– “Hace miles de años, en este mismo planeta, entonces llamado Equus, una larga guerra tuvo lugar.


El planeta estaba en continuo conflicto. Los habitantes estaban divididos en ducados, cada una con distintos ideales y motivaciones. Los cuerpos se amontonabas en las fronteras. Todos querían imponer su punto de vista a los demás, a los que tildaban de blasfemos.


Uno de los habitantes del planeta, Mule, un pequeño individuo de tez de color vino tinto y cuernos negros, comandaba las tropas de su territorio bajo el título de Duque. Su ejército era capaz de mantener su ducado bajo control, mas incapaz de imponerse a los territorios rivales y terminar la guerra.


El pequeño personaje se sentía impotente viendo como se derramaba la sangre de sus hermanos por todo Equus.


Un día, mientras Mule dormía, una extraño ser le visitó en sus sueños. Una presencia mágica hizo su aparición para hablarle. El misterioso personaje le otorgó un conocimiento hasta entonces inalcanzable para los habitantes de Equus y le prometió que con eso podría poner fin a la eterna guerra. 


Cuando despertó a la mañana siguiente, el Duque sabía lo que tenía que hacer. Ordenó a los mejores herreros y artesanos de su ducado que siguieran sus indicaciones para construir un gran armazón a partir de los minerales más preciados del planeta; entre ellos el precioso metal verde \”batetsu\”.


Ese armazón, tras meses de trabajo, terminó convirtiéndose en una máquina de guerra gigantesca con una cabina central a la que Mule podía acceder.


El Duque se sentó en la cabina, pero fue incapaz de mover al cíclope de metal.


Abatido tras el estrepitoso fracaso, Mule pasó días de penuria. Había usado todo el rico material de su territorio en esa armadura, creyendo que así podría traer la paz a su planeta. Ese ser que apareció en sus sueños se lo había prometido. ¿Había sido solo un sueño? El Duque se negaba a pensar eso. Para él fue real.


Los rumores sobre el muñeco de Mule, al que así llamaban con sorna sus enemigos, se extendieron por todo Equus. El Duque se convirtió rápidamente en el hazmerreír, y los enemigos ya afilaban sus cuchillos pensando en repartirse su territorio.


Una fatídica noche, meses después, Mule fue alertado por múltiples emisarios de que las fronteras de su tierra estaban siendo atacadas por sus enemigos.


El Duque, desesperado, corrió una última vez al taller y se subió a la máquina de guerra, esperando un milagro. Pero ésta no se movió.


Mule rompió a llorar, maldiciendo al cielo y a los Dioses.


Pero de repente, una voz sonó en su cabeza.


– “Debe tener fe, Duque” – dijo esa misteriosa ilusión.


Mule reconoció perfectamente esa voz. Era el mismo individuo que le habló en sus sueños.


– “¡Hice lo que me pediste!” – replicó el Duque. – “¡He construido la máquina! ¡¿Qué más quieres de mí?!”

– “Debe creer en mí.” – respondió la voz. – “Debe someterse a mí si quiere salvar a su pueblo.”


Mule se asustó ante tal petición, pero en el horizonte podía oír los gritos de sus hombres siendo masacrados.


– “¡Está bien!” – exclamó el Duque. – “¡Mi voluntad es vuestra!”

– “Bien.” – respondió la voz. – “Cree en mí y camina.”


De repente, un torbellino de energía imbuyó la máquina de guerra, que empezó a moverse automáticamente según las intenciones de Mule.


En el campo de batalla, la muerte avanzaba hacia el interior de la provincia. Los pequeños soldados autóctonos eran incapaces de contener a los invasores, que ya creían tocar la victoria con sus dedos.


Pero en ese instante, un gigante verde apareció ante ellos, dejando el lugar en silencio. 


– “¿Qué es esa cosa?” – se preguntaba uno.

– “Eso es…” – tartamudeó un soldado. – “¡Es el muñeco! ¡El muñeco de Mule!”


El hombre de metal golpeó el suelo con fuerza y se formó una gran fisura que engulló a gran parte del ejército enemigo.


Muchos soldados desertaron en ese mismo momento, pero aún eran muchos los que decidieron oponerse fútilmente a Mule. Sus golpes de espada y lanza eran incapaces de penetrar la armadura de \”batetsu\”.


El hombre de hierro repartía golpes a diestro y siniestro, levantando a decenas de soldados del suelo con cada aspaviento.


En unos pocos minutos, una guerra que parecía no tener fin había terminado. 


Los rumores empezaron a extenderse por Equus. El muñeco de Mule pasó de ser motivo de mofa a causar el terror entre sus enemigos, que no tardaron en deponer sus armas y aceptar la autoridad del Duque. 


La paz llegó así a Equus gracias a la fe de Mule.

Dolltaki observa a sus seguidores, que lo escuchan atentamente.

– “¡Y fe es lo que os pido!” – exclama el predicador. – “¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor! ¡Demostrad vuestra fe, tal y como hizo el Duque!”

La gente adora la figura gigantesca del Dios que adorna el altar mientras recitan oraciones en su honor.

– “Y eso fue solo el principio…” – continúa con una media sonrisa.

Desde el balcón interior, el brujo Hoi contempla satisfecho la escena.