DBSNL // Capítulo 177: Cenizas

DBSNL // Capítulo 177: Cenizas

“Os enfrentáis a un mal muy antiguo y poderoso”

En la Tierra, Gohan ha colocado los cuerpos de Videl y Satán en su cama y los ha cubierto con una sábana. El viejo Bee llora con Gohan.

– “Lo sé, amigo…” – le dice el mestizo mientras le acaricia la cabeza. – “Lo sé…”

En la Corporación Cápsula, Pino ha sido llevado al taller y Brief se prepara para repararlo. Los demás esperan en el salón. Cell está en el balcón, mirando al horizonte.

– “Pobre Gohan…” – se preocupa Mai.

– “Todos hemos sufrido un duro golpe…” – suspira Ten.

– “Ojalá Son Goku estuviera aquí…” – murmura Krilín.

Mientras tanto, en Ryusei, Maraikoh ha llevado en brazos a Ub hasta su aldea, hecha de grandes casas de barro. Los habitantes del pueblo se arrodillan al ver pasar a un Kaioshin. Pan y Bra siguen al dragón avergonzadas por la situación.

– “¿Quiénes son estos tipos?” – susurra Pan.

– “No lo sé…” – responde Bra. – “Pero adoran al viejo…”

– “¿Debería decirles que ya no soy un Kaioshin?” – susurra Madas.

– “¡Ni se le ocurra!” – replican las chicas.

Gohan ahora ha visitado el Monte Paoz y ha dado reposo a Gyuma y Chichi. Bee espera acurrucado en la entrada.

En la Corporación Cápsula, Brief trabaja. Baicha sigue descansando. Cell sigue en el balcón. El resto de nuestros amigos se encuentra en el salón adyacente, recapacitando sobre lo mucho que han perdido hoy. 

Krilín está sentado en el sofá, cabizbajo. Mai está sentada en un sillón, tomando una taza de té. Ten Shin Han está de pie, apoyado en la pared.

– “¿Qué vamos a hacer?” – se pregunta el Ten.

Son Gohan entra en el salón, acompañado por el anciano perro.

– “Lo siento…” – se disculpa el mestizo por su repentina marcha. – “Tenía cosas que hacer.”

– “No te preocupes, Gohan.” – responde Krilín.

El perro camina hasta un rincón de la habitación y se pone cómodo.

– “¿Ese es Bee?” – pregunta Krilín, que no veía al perro desde hace años.

– “Sí…” – dice Gohan. – “No quería dejarle solo.”

El mestizo agacha la cabeza y clava su mirada en el suelo.

– “Krilín…” – dice el mestizo. – “Aún pude sentir la energía de Majin Bu en ellos… Por favor… Cuéntame lo qué ha pasado.”

En el planeta Popol, Kale y Tarble se han sentado apoyados en su nave averiada, abatidos ante la pérdida de su amigo.

– “¡Broly nos necesita!” – protesta Kale, impotente. – “¿Cómo saldremos de este planeta?”

– “Lo primero es sobrevivir… Las comunicaciones no funcionan…” – dice Tarble. – “Y yo me muero de hambre…” – dice mientras su barriga ruge.

– “No hemos visto a nadie…” – dice la saiyajín. – “¿Qué se puede comer en este planeta?”

Krilín le ha contado todo lo sucedido a Gohan. El mestizo está cabizbajo, intentando comprenderlo.

– “¿Y no hay rastro de papá? – pregunta Gohan. – “¿Ni de Vegeta?”

– “Nada.” – responde Mai.

– “Y Piccolo…” – gruñe el mestizo, apretando sus puños. – “Maldita sea…”

– “Lo siento, Gohan.” – dice Krilín.

– “Y sin Dende…” – suspira Ten. – “No hay Dragon Balls.”

En el balcón, Cell escucha la conversación en silencio.

Mientras tanto, Baba parece recuperar el conocimiento.

– “¡Baba!” – se alegra Krilín. 

– “Estoy bien…” – responde ella, un poco adormilada. – “Son Gohan… Me alegro de verte.” – dice al ver al mestizo.

– “Hola, Baba” – fuerza una sonrisa el hijo de Goku.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado…” – dice la bruja. – “Ese hombre… Pude verlo…”

– “¿Ver a quién?” – pregunta Gohan.

– “La fuente de la oscuridad…” – dice Baba. 

Gohan frunce el ceño.

– “¿Puede encontrarlo?” – pregunta el mestizo.

– “Gohan…” – interviene Krilín. – “¿No estarás pensando en…?”

– “Voy a hacérselo pagar.” – dice Gohan. – “Vengaré a Videl y a Pan… A todos.”

– “No te apresures…” – sugiere Ten. – “A todos nos duele lo que ha pasado… Es mejor esperar y…”

– “¿Puede encontrar a ese tipo, Baba?” – insiste Gohan, ignorando a sus amigos.

El ímpetu del mestizo dibuja una sonrisa en el rostro de Cell.

– “Me gusta verte así, Son Gohan…” – interviene el insecto. – “Motivado…”

– “No estoy de humor, Cell.” – responde el mestizo.

Baba finalmente responde.

– “Necesitaré otra bola de cristal.” – dice la bruja.

– “¿Y dónde podemos encontrar una?” – pregunta Gohan.

– “En mi palacio…” – responde Baba. – “Tengo una de repuesto.”

– “Podemos usarla para encontrar a Goku y Vegeta” – dice Krilín. – “Buscar a ese tipo no es lo más sensato, Gohan.”

– “Voy a por ella” – dice el mestizo, caminando hacia la puerta.

Krilín se interpone en su camino.

– “¿Qué haces?” – le dice Gohan.

– “Yo iré a buscar la bola.” – dice el terrícola. – “Conozco el Palacio de Baba.”

El terrícola intenta reconfortar a su amigo agarrándole el brazo.

– “Estás enfadado.” – dice Krilín. – “Es normal… Pero sabes que no es el momento. Necesitas calmarte y pensar con claridad. Encontraremos una solución.”

Gohan aprieta los puños y sus ojos se llenan de lágrimas.

– “Ya las echo de menos, Krilín…” – dice el mestizo.

– “Lo sé, chico.” – dice su amigo. – “Yo también…”

Uranai Baba se pone en pie.

– “Necesitarás mi ayuda” – dice la bruja. – “Mi magia es necesaria para acceder a ciertas zonas del palacio.”

– “Está bien.” – asiente Krilín.

– “Os esperaremos aquí.” – dice Mai.

– “Mucha suerte.” – añade Ten.

Cell se da la vuelta y regresa al balcón.

– “Yo tengo cosas que hacer” – dice el insecto. – “Ya nos veremos.”

– “¿A dónde vas?” – pregunta Gohan.

Cell sonríe burlonamente.

– “No es asunto tuyo.” – responde el insecto.

La creación de Gero abre sus alas y se eleva antes de salir volando y desaparecer en el cielo.

Mientras tanto, en el taller, Brief repara al Número 16.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado, Doctor” – dice Pino. – “Bulma y usted me recibieron como si fuera de la familia.”

– “Ha sido un día largo…” – suspira Brief.  – “Pero hablando de familia… Creo que tenemos que hablar.”

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el robot.

– “¿Te suena de algo el nombre “Coronel Green”? – pregunta Brief, mientras trastea dentro del robot.

– “Aparece en mis archivos.” – responde Pino. – “Miembro de la Red Ribbon. Muerto en combate.”

– “¿Nada más?” – insiste el Doctor.

– “No.” – responde el androide.

– “¿Y la Doctora Oli?” – pregunta Brief.

– “No aparece en mi memoria.” – responde Pino. – “¿Debería?”

– “Creo que sí…” – suspira Brief. – “Verás…”

De repente, el teléfono de Brief empieza a sonar.

– “Qué momento tan inoportuno…” – protesta el doctor. – “Qué se esperen…”

Pino, sorprendido, mira al Doctor.

– “Pero…” – dice el robot.

– “Será algún vendedor…” – protesta mientras agarra una nueva herramienta.

– “Doctor Brief…” – insiste Pino, intentando hacer entrar en razón al viejo.

Brief al fin se da cuenta de lo que ocurre.

– “¡ALGUIEN ME LLAMA!” – se sobresalta, y enseguida corre hacia el teléfono, tropezándose con todo lo que encuentra a su paso.

Muy lejos de allí, en Konats, Hit, Trunks y Meerus se encuentran cara a cara en la puerta del templo Yahirodono.

– “Os enfrentáis a un mal muy antiguo y poderoso” – dice Meerus. – “Supongo que buscáis a Shiras… pero él es el menor de vuestros problemas.”

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Trunks.

– “He trabajado con ellos” – dice el expatrullero.

– “¡Lo sabía!” – exclama el mestizo, que desenvaina su espada y se transforma en Súper Saiyajín.

Meerus sonríe.

– “No me creas tan estúpido…” – dice el mercenario. – “Tú y el legendario Hit podéis derrotarme en un santiamén. No busco pelear.”

– “Me conoces…” – dice Hit.

– “Y me decepciona que no me conozcas tú a mí…” – suspira Meerus.

– “¡Basta de juegos!” – se impacienta Trunks.

– “Voy a contaros todo lo que sé” – dice el mercenario. – “Debemos detener a ese tipo.”

– “¿Por qué?” – pregunta Hit. – “¿No trabajabas para él?”

– “Trabajo para el mejor postor” – dice Meerus. – “Y ha dejado de ser él. No acepto muerte y tinieblas como pago por mi trabajo.”

– “¿Y quién te paga ahora?” – pregunta Trunks.

– “Eso es confidencial.” – sonríe Meerus. – “Pero por ahora podéis considerar a mi benefactor como un aliado.”

Trunks sigue desconfiando del expatrullero.

– “Seguidme” – dice Meerus, entrando en el templo. – “Os enseñaré algo.”

DBSNL // Epílogo: Un mundo en tinieblas

DBSNL // Epílogo: Un mundo en tinieblas

“Una pantomima…”

En el planeta de Zeno, Moro aparta el cuerpo inerte de Pilaf mientras se sienta en el trono del Dios del Todo.

– “Una pantomima…” – gruñe Moro, ofendido por el falso Dios. – “Después de todo, Zeno fue derrotado por vosotros… Pero sustituido por… ¿esto?” – protesta.

– “Los mortales creen que pueden hacerlo mejor que los Dioses.” – dice Shiras. – “¿No es eso lo que querías?” 

Moro clava su mirada airada en el patrullero.

– “Lo… lo que quería us… usted…” – rectifica Shiras.

– “No te dejes engañar, ángel.” – dice el brujo. – “No han eliminado a los Dioses; solo han elegido otros nuevos. Siguen con sus normas y sus falsos valores.” 

– “¿Y qué sugiere?” – pregunta Mojito.

– “Cuando haya recuperado todo mi poder, crearé un universo nuevo” – dice el brujo. – “Uno sin Dioses. Sin leyes. Sin valores preestablecidos. Mis demonios marcharán por este mundo como almas libres y lo reconstruirán a su voluntad. Nos vengaremos de los años que hemos estado apresados.”

Piccolo entra en la sala y se arrodilla frente a su Señor.

– “¿Me ha llamado?” – dice el namekiano.

Moro clava su mirada en Piccolo.

– “Siento una magia poderosa en ti…” – dice el brujo. – “Tu conexión con esas Dragon Balls es lo que te mantiene con vida. No lo olvides.”

– “Sí, señor” – dice Piccolo, tragándose el orgullo.

Shiras cambia su ropa, transformándola en una vestimenta que recuerda a la de los ángeles, y materializando una nueva vara en su mano.

Dibujado por Ipocrito

– “¿Cómo encontraremos las siete Dragon Balls?” – pregunta Mojito.

– “Siete…” – murmura el brujo.

Moro abre su mano derecha y se genera un pequeño umbral al Makai que no tarda en generar una fuerte corriente de aire atrayente.

– “En estos momentos, mis capacidades son limitadas…” – lamenta el brujo, que enseguida cierra el portal.

Moro mira al namekiano.

– “Tráeme a siete almas demoníacas del mundo mortal” – sentencia el brujo.

DBSNL // Capítulo 176: Un nuevo paradigma

DBSNL // Capítulo 176: Un nuevo paradigma

“Quiero hablar con el ángel…”

En el Makai, Goten y Trunks están sentados en el suelo, ocultos en una cueva cuando escuchan a un grupo de demonios corriendo muy cerca.

– “¿Aún nos buscan?” – pregunta Trunks.

– “Creo que no…” – dice Goten. – “Parece que saben a dónde van…”

– “¿Deberíamos seguirles?” – sugiere el hijo de Vegeta.

En el misterioso planeta perdido en el universo, Pan, Bra y Madas asisten a Ub, que ha perdido el conocimiento y no responde a la llamada de sus compañeros.

– “¡Necesita ayuda!” – exclama Pan.

– “¿No puede ayudarle, Kaioshin?” – pregunta Bra. – “¿No puede llevarnos a casa?”

– “Lo siento…” – responde Madas. – “No puedo hacer nada… Ya no soy un Kaioshin… Y también he perdido mi magia…”

Pan abraza a su amigo.

– “Ub…” – llora la muchacha. – “Por favor, no te mueras…”

De repente, un personaje de gran envergadura aparece vestido con una túnica vieja; bajo ella se adivinan rasgos reptilianos.

– “¿Quiénes sois?” – pregunta el recién llegado.

Bra se pone en guardia, lista para proteger a sus amigos.

El personaje no parece impresionado, pero se fija en Madas.

– “Un… un Kaioshin…” – dice sorprendido el individuo.

– “Yo ya no…” – intenta explicar Madas.

El hombre no deja hablar al joven e hinca la rodilla en señal de respeto.

– “Maraikoh” – se presenta. – “A su servicio, señor.”

Las chicas no entienden lo que ocurre, pero respiran aliviadas al ver que no se trata de un nuevo enemigo.

– “Maraikoh…” – dice Madas. – “¿Serías tan amable de decirnos dónde estamos?”

El reptil parece confuso ante tal pregunta, pero responde con tal de complacer al Dios.

– “Ryusei” – responde Maraikoh.

– “¿Ryusei?” – se sorprende Madas. – “Creía que no quedaba nadie con vida…”

– “Quedamos pocos.” – responde el dragón. – “Y es gracias a los Dioses.”

Pan se impacienta.

– “¡¿Puedes ayudar a nuestro amigo?!” – suplica la hija de Gohan.

El dragón se acerca al muchacho y lo observa detenidamente.

– “Lo llevaremos a la aldea” – dice Maraikoh. – “Haremos todo lo posible.”

Mientras tanto, en la Tierra, en la Corporación Cápsula, Brief y Mai atienden a Uranai Baba, que aún no se ha recuperado del ataque. La han tumbado en el sofá del salón y le han colocado una toalla húmeda sobre la frente.

Baicha agotado tras un día intenso, descansa en la habitación de Bra.

Ten Shin Han y Krilín han salido al balcón para discutir sus posibilidades.

– “¿Qué ha sido eso?” – dice Ten.

– “No lo sé…” – responde Krilín.

– “He sentido como algo nos observaba desde el otro lado” – insiste Ten, nervioso.

– “Cuando los demonios aparecieron, sentí esa misma presencia.” – dice Krilín. – “Y por alguna razón me resulta extrañamente familiar…”

– “Chaoz… él dijo lo mismo.” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Qué extraño…” – cavila Krilín.

– “¿Qué podemos hacer?” – se pregunta Ten.

– “Por ahora, solo esperar…” – agacha la cabeza Krilín. – “Confiemos en Goku y Vegeta.”

Ten, frustrado, aprieta sus puños con rabia.

– “Odio sentirme tan impotente…” – gruñe Ten.

De repente, en el cielo aparece la nave de la Patrulla Galáctica, que desciende y se prepara para aterrizar en el jardín.

Kriín y Ten se alegran de ver a alguien más con vida.

– “¡GOHAN!” – exclama Krillín al sentir el ki de su amigo.

El ruido a alertado a todos, que salen a recibir al mestizo.

La compuerta se abre y Gohan baja de la nave con lo que queda de Pino en brazos. Cell le acompaña.

Krilín se acerca a Pino y enseguida lo sujeta.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el mestizo. – “¿Dónde está todo el mundo?”

– “Ya sabes la respuesta…” – murmura Cell.

Krilín agacha la cabeza.

– “Lo siento, Gohan…” – llora el terrícola. – “Te hemos fallado…”

Las palabras de Krilín confirman los peores temores del mestizo.

– “Videl… Pan…” – murmura Gohan, perplejo.

– “Lo siento…” – insiste Krilín. – “Solo quedamos nosotros.”

Gohan aprieta sus puños con rabia y sus ojos se llenan de lágrimas. El mestizo siente que lo ha perdido todo.

De repente, Gohan sale volando a toda velocidad, dejando a sus amigos preocupados por él. 

Mientras tanto, en el planeta Sadala, Turles ha ayudado a Leek y los saiyajín a defender el planeta.

Leek se acerca al ciborg para darle las gracias.

– “¿Quién eres, muchacho?” – pregunta el viejo líder saiyajín. – “¿Qué te ha pasado?”

– “Soy un saiyajín…” – dice Turles. – “Al menos, lo fui.”

– “Nunca se deja de ser saiyajín.” – le reconforta Leek.

– “Necesito una nave.” – insiste el ciborg.

– “Nos has salvado.” – dice Leek. – “Una nave es lo mínimo que podemos darte… Pero a cambio, quiero saber tu historia.”

– “Puede que no quieras prestármela si conoces mi pasado.” – advierte Turles.

– “No sé qué habrás hecho…” – dice el anciano. – “Pero viéndote puedo asegurar que nosotros te hemos fallado primero.”

Muy lejos de allí, en Luud, Katopesla, Sheela, Auta Motto, Obni y Ganos siguen insistiendo en contactar con el Cuartel General de la Patrulla, pero no tienen éxtio.

– “Me temo lo peor…” – sufre la agente imegga.

– “¿Qué se hace en estos casos?” – pregunta el novato toreristo. – “¿Hay algún protocolo?”

Ganos se cruza de brazos, pensativo.

– “Esto no debería ocurrir…” – refunfuña el patrullero. – “Pero seguro que hay algo en el manual.”

– “¡Phiiiiu!” – interrumpe con un silbido el metalman.

– “¿Qué?” – se sorprende Sheela. – “¿Por qué no deberíamos seguir el manual?”

– “Tiene razón…” – dice Obni. – “Podrían tendernos una trampa…”

– “¿Y qué se os ocurre?” – pregunta Ganos.

– “Maldita sea…” – refunfuña Sheela.

A Katopesla le sobresalta una idea.

– “¡Chicos!” – exclama el toreristo. – “Creo que sé a dónde ir…” – sonríe.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en Konats, la vieja nave de la Corporación Cápsula aterriza.

La compuerta se abre. Hit y Trunks se apean.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – murmura el asesino, al ver indicios de batalla por toda la zona.

– “¿Shiras?” – pregunta el hijo de Vegeta. – “¿Qué le ha traído hasta aquí?”

– “El templo…” – se preocupa Hit. – “¡Sígueme!” – exclama.

Hit alza el vuelo rápidamente y Trunks le persigue.

En un santiamén han llegado al templo Yahirodono, que se encuentra abierto. 

– “Maldición…” – dice Hit.

– “¿Y tu amigo?” – pregunta Trunks.

– “Me temo que estará muerto…” – responde el asesino.

De repente, una voz les sorprende.

– “Así es.” – dice un individuo que les esperaba escondido en el templo.

Trunks y Hit se ponen en guardia. El saiyajín enseguida reconoce al enemigo.

– “Meerus…” – gruñe Trunks, que desenvaina su espada.

– “¿Un patrullero?” – se sorprende Hit, al ver el uniforme del mercenario. – “¿Le conoces?” – le pregunta a su compañero.

Meerus parece tranquilo.

– “Relájate, Trunks.” – dice el expatrullero. – “No he venido a pelear.”

– “¡¿Y a qué has venido?!” – pregunta el mestizo, inquieto.

– “Solo quiero hablar” – responde el mercenario.

En las ruinas de Namek, Moro se dirige a sus súbditos.

– “Quiero hablar con el ángel…” – dice el brujo.

– “¿El ángel?” – dice Shiras, sorprendido ante la petición.

Moro clava su mirada en el patrullero, y éste es embargado por el miedo, así que no duda en abrir su mano ofreciéndole la esquirla de piedra Shintai.

– “Es suyo, señor” – dice Shiras.

– “Solo quiero hablar.” – dice Moro.

Shiras mira a Piccolo, sin tener claro lo que hacer, pero el namekiano solo le devuelve la mirada con desprecio.

– “Mi paciencia tiene un límite…” – le apresura el brujo.

Shiras, aterrado, decide insertar el cristal en su hombro derecho.

La consciencia del ángel enseguida toma el control parcial del cuerpo del legendario patrullero, haciéndose presente en su ojo izquierdo.

– “Me sorprende que hayas tardado tanto en darte cuenta, brujo.” – dice Mojito.

– “Dame una razón para no eliminarte” – responde Moro.

Una sonrisa ilumina el rostro de Shiras.