DBSNL // Capítulo 182: Cabos sueltos

DBSNL // Capítulo 182: Cabos sueltos

“Solo quiero al demonio.”

En un recóndito valle, no muy lejos de Ginger Town, Ten Shin Han sigue las misteriosas coordenadas obtenidas del Número 16 en un dispositivo GPS que le ha prestado Brief.

– “Tiene que ser por aquí…” – piensa Ten. – “Aunque no sé lo que estoy buscando…”

De repente, para su sorpresa, el guerrero de tres ojos se topa con una pequeña cabaña de madera.

Ten Shin Han, un poco desconcertado, decide acercarse a la entrada y tocar a la puerta.

Al no recibir respuesta, Ten insiste.

De repente, la cabaña estalla y Ten sale repelido violentamente.

El guerrero, aturdido, se levanta. Sobre los cimientos en ruinas de la cabaña, una bella mujer de cabello marrón y ojos azules le mira.

– “Al final me habéis encontrado…” – refunfuña la mujer, furiosa.

La mujer alza su mano y prepara una esfera de energía.

Ten se da cuenta de lo peligroso que es ese ataque y se apresura a alzar el vuelo.

La mujer dispara y una gran explosión inunda el valle. Los animales que lo habitan huyen despavoridos.  

Muy lejos de allí, en el planeta refugio de la Patrulla Galáctica, Katopesla se encuentra frente a una piedra rectangular con el símbolo de la Patrulla grabado y una armadura rota sobre ella.

Cerca de allí, el resto de miembros se organizan para construir un campamento.

Cheelai se acerca a la piedra y se sorprende al ver allí a otra persona.

– “¿También vienes a ver a Jaco?” – pregunta Katopesla.

– “Necesito esperanza.” – responde ella.

– “Todos la necesitamos.” – sonríe el toreristo.

– “Ojalá Trunks estuviera aquí…” – suspira Cheelai.

– “El saiyajín terrícola de la Time Patrol…” – dice Katopesla, que ha oído hablar del mestizo. – “El compañero de Jaco…” – insiste admirado.

La patrullera brench asiente.

– “Él siempre sabe lo que hacer y decir.” – sonríe ella.

– “Si ha luchado junto a Jaco, seguro que es un tipo extraordinario.” – dice el patrullero. 

En la Tierra, Krilín, Baba y Baicha han regresado a la Corporación Cápsula, y en el jardín se topan con Gohan y Turbo, que también han llegado. 

– “¡Tenemos la bola de cristal!” – dice Krilín, alzándola para que la vean bien.

– “¡Fantástico!” – responde Gohan. – “Yo he conseguido ayuda; os presento a Turbo.”

– “Encantado” – saluda el hijo de Senbei.

Gohan se percata de algunas magulladuras en Krilín.

– “¿Habéis tenido problemas?” – pregunta el mestizo.

– “Nada importante” – responde el terrícola. – “Baicha…”

Pero en ese instante, antes de que Krilín pudiera explicar lo ocurrido, el suelo tiembla brevemente.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se pregunta Baba.

Todos se apresuran en bajar al laboratorio de la Corporación, preocupados por el bienestar del doctor y Mai.

Pero al llegar, se encuentran a la mujer en el suelo, aquejando dolor en el hombro.

– “Tendré que recalibrarlo…” – refunfuña ella.

Gohan y los demás se preguntan qué debe haber ocurrido, pero pronto se dan cuenta que frente a la mujer hay una chapa de metal de la nave de Cold que ha sido perforada.

– “Eso… eso es increíble…” – se asombra el mestizo.

Cerca de la mujer hay un rifle en el suelo que parece hecho de una tecnología basada en la del Imperio de los Demonios del Frío.

En Ryusei, las chicas han empezado a entrenar y se encuentran enzarzadas en un combate de prueba bajo la supervisión de Madas.

– “Sin duda son unas guerreras formidables… No les falta espíritu de lucha…” – reflexiona el antiguo Dios. – “Pero ese Moro… es distinto a cualquier enemigo al que el Universo se haya enfrentado.”

De repente, una explosión sacude el lugar.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – pregunta Bra.

Los tres miran al horizonte y pueden una columna de humo.

– “¡¡UB!!” – exclama asustada Pan.

La chica no duda en salir volando hacia la aldea, y Bra la sigue sin pensárselo.

– “¡¡ESPERAD!!” – intenta detenerlas Madas, sin éxito.

En la aldea, Maraikoh ha recibido un duro golpe y se encuentra entre los escombros de una casa; dolorido, se levanta.

– “Maldito…” – ruge el dragón. – “Atacas mi aldea…”

Una silueta puede entreverse entre la polvareda.

– “Solo quiero al demonio.” – responde el agresor.

– “Aquí no hay ningún demonio…” – dice Maraikoh.

El individuo da la espalda al dragón y se adentra en la casa semiderruida hasta colocarse frente a la cama de Ub.

– “Este chico apesta a Makai” – insiste el misterioso hombre.

Maraikoh se abalanza sobre el tipo de larga cabellera blanca, pero antes de que pueda golpearle, el hombre se da la vuelta rápidamente y propina un revés con el puño robótico al dragón, lanzándole a través de varias viviendas.

El personaje, de piel lila, centra su atención de nuevo en el chico inconsciente y extiende su mano robótica hacia él; su palma se abre y genera una fuerte corriente de aire absorbente.

– “¿Qué…?” – parece sorprenderse el forastero.

En ese instante, Bra y Pan sorprenden al tipo con una patada conjunta en la cara, echándole de la casa y lanzándolo calle abajo. 

– “¡NO LE TOQUES!” – exclama Pan.

Las chicas, transformadas en Súper Saiyajín, se colocan frente a Ub para protegerlo.

– “¡¿Qué quiere ese tipo con Ub?!” – se pregunta Bra.

El enemigo se pone en pie en medio de la calle. Su pantalón es azul y la parte superior de su gi es naranja, aunque lleva la parte derecha descubierta, luciendo su brazo derecho robótico; en su frente una “W” roja sobre una “M” desgastada negra. 

En el puesto fronterizo, el Rey Enma se encuentra tirado en el suelo, malherido. Sobre su escritorio, Piccolo Daimaoh ojea un cuaderno del juez en el que hay escritos una ingente cantidad de nombres.

– “Pi… piccolo…” – suplica Enma. – “No…”

– “Muy interesante…” – sonríe el namekiano. – “Estos servirán…”

DBSNL // Capítulo 181: Curso de colisión

DBSNL // Capítulo 181: Curso de colisión

“No intentes controlar el tiempo.” 

En la Tierra, en el palacio de Baba, Krilín, la bruja y el pequeño Baicha recorren los pasillos lúgubres hasta llegar a una gran puerta de metal.

– “Es aquí” – dice Baba. – “Mi almacén.”

Baba coloca su mano en la puerta.

– “¡Ya-ya-yatta-yatta-yA…!” – recita ella.

El portón se abre, revelando una sala llena de objetos antiguos y llenos de polvo.

Los tres personajes se adentran en el lugar.

– “Tiene que estar por aquí…” – dice la bruja, buscando entre tanto cachivache; un gran cofre, una punta de lanza, un cáliz, una lámpara de aceite, un anillo de oro, una calavera de cristal…

Un reflejo rojizo llama la atención de Baicha. El chico decide investigar y se topa con un diamante de ese color rojo situado sobre un pedestal.

La belleza de la piedra llama a Baicha, que extiende sus manos para agarrarlo.

– “No toques eso.” – interviene Baba.

El niño, se detiene y agacha la cabeza avergonzado.

– “Lo siento” – se disculpa.

– “Es peligroso.” – dice Baba.

Mientras tanto, Krilín ha encontrado la bola de cristal.

– “¡Aquí está!” – avisa a los demás.

Baba se apresura en comprobarlo.

– “¡Bien hecho!” – celebra ella. – “¡Ya nos podemos ir!”

Muy lejos de allí, en la Corporación Cápsula, Brief ha informado a Ten Shin Han de su hallazgo.

– “Parecen coordenadas…” – dice el viejo. – “Deberíamos investigarlo. Puede ser importante.”

– “¿Un laboratorio de la Red Ribbon?” – se pregunta Ten. – “¿Y de qué puede servirnos ahora?”

– “Podría haber supervivientes… Nunca se sabe…” – dice Brief.

Mai escucha la conversación e interviene.

– “Yo podría usar esa información.” – dice Mai.

– “¿Qué estás haciendo?” – pregunta Brief.

– “Prepararme.” – responde ella.

Ten medita un instante y acepta el encargo.

– “Echaré un vistazo.” – dice el guerrero de tres ojos. – “Tampoco estoy haciendo nada aquí… Y necesito sentirme útil.”

En Villa Pingüino, Gohan bebe té con la familia Norimaki.

– “Así que el Dr. Brief necesita ayuda…” – dice Senbei.

– “Adaptó su diseño a un androide de la Red Ribbon” – explica Gohan. – “Pero ha sufrido graves daños y no puede repararlo…”

– “Yo os ayudaré” – dice Turbo. – “Iré contigo a la Capital del Oeste.”

– “Lo agradezco” – sonríe Gohan. – “¿Los demás queréis acompañarnos?”

– “Estaremos bien.” – dice Senbei. – “Arale y las Gatchan nos protegerán de cualquier cosa, como hacen siempre.”

En el planeta Ryusei, Madas ha contado todo lo sucedido a las chicas. Ahora, tras comer en casa del dragón Maraikoh, Bra y Pan se preparan para entrenar en las afueras de la aldea.

– “Si ese Moro ha derrotado a papá y a Goku, significa que tendremos que darlo todo para derrotarlo.” – dice Bra.

– “Superaremos nuestros límites.” – dice Pan. – “Cueste lo que cueste.”

En el planeta refugio de la Patrulla Galáctica, Cheelai y el resto de patrulleros comparten información. Entre ellos se encuentran Ganos, Obni, Katopesla, Auta Motto y Sheela.

– “¿Y no queda nada?” – pregunta aterrada la muchacha breench al sobre la destrucción del Cuartel General de la Patrulla Galáctica.

– “Nada…” – responde Ganos.

– “Esta guerra nos supera.” – dice Obni. – “Si hay Dioses involucrados… ¿Qué podemos hacer?”

– “Este universo es nuestro.” – dice Katopesla. – “Es nuestro deber protegerlo.”

– “Pero… ¡DIOSES!” – insiste Obni, recalcando la magnitud de problema.

– “Yo confío en Trunks” – dice Cheelai. – “Démosle una oportunidad.”

– “¿Un patrullero novato y un viejo asesino?” – protesta Sheela. – “¿Esas son nuestras bazas?”

– “He visto de lo que son capaces en la Tierra” – interviene Katopesla. – “Yo confío en ese Trunks.”

– “Jaco también confiaba en él.” – insiste Cheelai. – “Y si hemos terminado todos aquí, es porque nosotros confiamos en el criterio de Jaco.”

Los patrulleros se quedan en silencio, meditando sobre el tema.

En Sadala, Turles ha contado su historia al viejo Leek.

– “Lo siento, muchacho.” – dice el anciano.

– “Ahora tengo que irme.” – dice el ciborg. – “Tengo una misión que cumplir.”

– “Tendrás tu nave.” – responde Leek – “Pero… ¿a dónde te diriges?”

Turles no responde, solamente se limita a mirar al suelo dubitativo.

En Monmaas, un malherido Broly abre los ojos. El chico está tumbado en la frondosa y alta yerba del bosque.

– “Ka… Kakarotto…” – murmura aturdido, intentando interpretar los pocos recuerdos que tiene de lo sucedido.

En el espacio, en la vieja nave de la Corporación Cápsula, Hit y Trunks continúan su entrenamiento mientras la nave viaja al destino indicado por Meerus.

– “No lo consigo…” – protesta Trunks.

– “No intentes controlar el tiempo.” – dice Hit. – “Es una fuerza indomable.”

– “Tus consejos son contradictorios…” – protesta el mestizo.

– “El tiempo fluye, te guste o no.” – dice el asesino. – “Igual que las corrientes del océano, no puedes detenerlas, pero eso no significa que no puedas navegar por ellas.”

Trunks suspira.

– “¿Crees que podremos arreglar todo esto?” – pregunta el mestizo.

– “Gracias a Meerus tenemos un plan.” – dice Hit.

– “O es una trampa…” – duda Trunks.

– “Debemos intentarlo.” – insiste el asesino. – “No disponemos de muchas pistas para encontrar a Shiras.”

– “Lo sé…” – cede el mestizo. – “Pero no me gusta ir a ciegas. ¿Quiénes serán esos otros tipos de los que habló?”

En el espacio profundo, una nave surca el vacío pilotada por los hermanos Para-para.

– “Espero que ese Meerus nos pague bien…” – dice el delgado Dan Para.

– “Nos ha liberado…” – le recuerda el pequeño Son Para. – “Eso es buena señal…”

– “¡Dejad de protestar!” – les interrumpe el grandullón Bon Para. – “¿Cómo está el paquete?”

Son Para se da la vuelta para comprobar el estado de la carga que transportan.

– “Duerme como un bebé.” – responde el pequeñajo.

En un recipiente cilíndrico de metacrilato, Maji-Kayo descansa.

DBSNL // Capítulo 180: Villa Pingüino

DBSNL // Capítulo 180: Villa Pingüino

En Konas, Trunks y Hit abandonan el planeta Konats.

– “Ahí vamos…” – murmura Hit mientras teclea en la computadora.

– “No me gusta hacer de recadero…” – protesta Trunks. – “Y no me fio de Meerus.”

Mientras tanto, en un remoto planeta, la nave de la Time Patrol, pilotada por Cheelai, aterriza.

– “Ya hemos llegado” – anuncia la patrullera.

– “¿Es seguro?” – pregunta la esposa de Hit.

– “Debería serlo.” – responde Cheelai.

El hijo de Hit, con su hermana de la mano, se acerca a la ventana.

– “¿Podemos salir fuera?” – pregunta Kik.

– “Dejadme echar un vistazo primero.” – dice Cheelai.

La compuerta se abre y la patrullera sale al exterior con la mano derecha en la cartuchera.

– “Parece que no hay nadie…” – dice mientras analiza las señales de computadora de muñeca.

En ese momento, en el interior de la nave, un centenar de señales iluminan el panel de comandos.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Strai.

– “¿Viene alguien?” – añade Punch.

Cheelai recibe la señal en su ordenador y alza la mirada al cielo.

– “¡Ahí vienen!” – celebra la muchacha.

Cientos de naves entran en la atmósfera del planeta. Una de ellas está pilotada por Sheela y Auta Motto.

– “Parece que no somos los primeros…” – sonríe la imegga.

– “Phiiiuuu” – silba Motto.

Katopesla habla por la radio.

– “¡Os dije que éste era el lugar adecuado! ¡Sabía que todos vendrían!” – presume el patrullero. – “¡Todo el mundo conoce la historia del gran Jaco!”

Mientras tanto, en Popol, los cazadores de Spade han aprisionado a Tarble y Kale en una caula de energía.

– “Estáis en Popol y ni siquiera sabéis lo que valen sus ranas…” – dice Spade. – “¿Qué clase de patrulleros sois?”

– “No hemos venido aquí por las ranas…” – responde Tarble. – “El universo está en peligro. Ha habido fugas de prisioneros en todas las cárceles. Atacan todos los planetas.”

– “Ya veo…” – murmura Spade. – “Eso explica el tráfico que hemos visto…”

– “Así que no sois presos fugados…” – dice Kale.

– “Estábamos cazando una rana para los Nádor.” – responde Hart.

– “Hablas demasiado…” – protesta Klub.

– “Si lo que dicen es cierto, creo que no les importará una maldita rana…” – añade Dmond. – “…Por mucho que valgan sus heces.”

– “Necesitamos una nave…” – dice Kale. – “La nuestra está averiada y tenemos que rescatar a nuestro amigo…”

Spade suspira y alza su mano, ordenando así que desactiven las celdas de energía.

Kale y Tarble se sacuden el polvo. El saiyajín ofrece la mano a Spade.

– “Gracias” – dice Tarble.

– “Sabéis que esto no será gratis, ¿verdad?” – sonríe Spade, sin aceptar.

Tarble retira su mano.

– “¿Qué queréis?” – pregunta el saiyajín.

– “Solo sois patrulleros de campo.” – se burla Spade. – “No tenéis capacidad de ofrecernos nada… pero seguro que vuestros jefes sí.”

Kale asiente.

– “Ayudadnos y os apoyaremos.” – dice la saiyajín.

– “Kale…” – duda Tarble.

– “Tenemos que salvar a Broly.” – insiste ella.

Tarble suspira y extiende su mano de nuevo.

– “Está bien.” – cede el saiyajín. – “Hay trato.”

– “Estupendo.” – sonríe Spade.

En la Tierra, Gohan ha llegado a la casa indicada y toca a la puerta. Le recibe una mujer de mediana edad con gafas, de cabello morado largo y con flequillo.

– “¡Ncha!” – saluda la mujer.

– “Hola…” – dice Gohan. – “Me envía el Dr. Brief. ¿Está por ahí el Dr. Norimaki?”

– “¡Claro! Adelante.” – responde ella. – “¡PAPÁ! ¡VIENEN A VERTE!” – grita.

Se oye la cadena del inodoro y pronto un anciano medio calvo y con fino bigote sale del baño.

– “¡Bienvenido!” – saluda el hombre.

– “Encantado de conocerle.” – dice Gohan. – “Me llamo Son Gohan.” – se presenta.

– “¿Son Gohan?” – murmura Norimaki. – “¿De qué me suena? ¿Nos conocemos?”

Un nuevo personaje interviene.

– “Debes de ser el hijo de Son Goku.” – dice un hombre de cabello negro un poco mayor que el propio son Gohan.

– “¡Es verdad!” – exclama la mujer. – “¡Se parece mucho!”

– “¿Conocéis a mi padre?” – pregunta el mestizo.

– “Le conocimos hace años.” – dice el hombre. – “Me llamo Turbo. Soy… el otro Dr. Norimaki.”

Gohan y Turbo se estrechan la mano.

– “¿Cómo habéis sobrevivido?” – pregunta el mestizo. – “Me alegro de ver gente con vida, pero…”

– “Esta villa es bastante peculiar” – sonríe Turbo.

– “¿A qué te refieres?” – pregunta Gohan.

Un timbre de bicicleta interrumpe la conversación.

– “Debe de ser mamá” – dice Turbo. – “Ha ido a comprar con las Gatchan”

Turbo sale al exterior acompañado por Gohan, Arale y Senbei.

– “¡Hola cariño!” – saluda el viejo.

– “Hola” – responde su atractiva esposa, de larga cabellera rubia. – “¡Vaya!” – dice al ver a Gohan. – “No sabía que teníamos visita… ¿Quién es el chico guapo?”

– “Se llama Son Gohan.” – dice Arale. – “¡Y es el hijo de Son Goku! ¡Ese chico con cola que pasó por aquí hace años!

– “¡Qué bien!” – dice ella. – “¿Te preparo un té?

– “No, gracias…” – responde Gohan, algo sonrojado. – “No es necesario…”

De repente, el mestizo se fija en las dos acompañantes de la mujer; dos bebés alados, de cabello verde y pequeñas antenas revolotean a su alrededor.

– “¿Qué son?” – pregunta Gohan.

– “Son las Gatchan.” – dice Turbo. – “Mis hermanas… más o menos.”

– “Creo que empiezo a entender a qué te referías cuando dijiste que era una aldea peculiar…” – dice el mestizo.

– “Y no lo has visto todo.” – sonríe Turbo. – “¿Haces los honores, Arale?”

– “¡SÍÍÍ!” – exclama ella levantando la mano alegremente.

La mujer se prepara y da un puñetazo al suelo, quebrándolo y creando un gigantesco surco que se pierde en el horizonte.

Gohan se queda boquiabierto.

– “Pero… ¿Dónde diablos estoy?” – se pregunta el mestizo.

Muy lejos de allí, en el palacio de Uranai Baba, Krilín, enredado entre vendajes, sigue agachado en el suelo tras los golpes recibidos. Ahora es la momia quién le pisotea.

– “¡Deteneos!” – insiste Baba.

De repente, el vampiro aparece cargando con Baicha.

– “¡Mirad qué he encontrado!” – dice el demoníaco ser. – “¿Me lo puedo comer? Parece tierno…”

– “¡Ayuda!” – grita el niño. – “¡Que alguien me ayude!”

– “¡Dejad al niño!” – exclama Baba.

– “¡Cállate, vieja!” – le da una patada Akkuman a la anciana.

Krilín frunce el ceño.

– “El poder del Makai os ha fortalezido…” – dice el terrícola. – “Pero ha pasado mucho tiempo desde que nos enfrentamos… Yo también me he hecho más fuerte” – les avisa. – “¡YAAAAAAAH!”

El terrícola agarra los vendajes de la momia y tira de ellos con fuerza, haciendo que el monstruo salga proyectado tras ellos y se estampe contra el edificio principal, cayendo sobre la lengua de piedra monstruosa situada sobre un foso de ácido.

Akkuman empuña su tridente.

– “¡¿De dónde ha salido esa fuerza?!” – se preocupa el diablo.

El terrícola coloca las manos frente a su rostro.

– “¡Cerrad los ojos!” – advierte Krilín a sus amigos. – “¡TAIYOKEN!” – exclama al proyectar una onda expansiva de luz que barre el lugar.

Baba y el pequeño Baicha han cerrado los ojos.

Tras el estallido de luz, Akkuman tiene las manos en su rostro, dolorido.

El hombre invisible grita de dolor.

– “¡AAAH! ¡MALDITO!” – llora el luchador. – “Mis párpados… ¡También son translúcidos! ¡NO VEO NADA!”

Akkuman abre los ojos.

– “¡¿Dónde está?!” – pregunta alarmado.

Krilín ha aparecido detrás del demonio y le propina una patada, lanzándolo al agua.

La excesiva luz producida ha generado quemaduras graves al vampiro, que sigue sujetando al chico.

– “Maldito seas…” – lamenta la criatura de la noche.

Baicha aprovecha la situación y muerde al monstruo en el brazo, sobre una quemadura.

– “¡AAAH! ¡ESTÚPIDO MOCOSO!” – grita el vampiro.

Krilín embiste al enemigo y lo propina un codazo en la boca, haciéndole saltar los dientes y lanzándolo al lago.

El hombre invisible intenta escapar gateando, pero Krilín le sigue guiado por el sonido.

– “No veo nada…” – llora el tipo. – “Me has dejado ciego…”

– “El hombre invisible que no puede ver…” – dice Krilín.

– “¡Aléjate de mí!” – grita el tipo.

– “Lárgate de aquí.” – sentencia Krilín.

Uranai Baba suspira aliviada.

– “No esperaba que la oscuridad les hubiera afectado…” – dice la bruja. – “Gracias, Krilín.”

El terrícola socorre a Baicha.

– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta.

– “Quería ver el palacio de la bruja…” – responde avergonzado.

– “Es peligroso…” – dice Krilín. – “Pero aún así lo has hecho muy bien.” – le frota la cabeza con una sonrisa. – “Tienes madera de luchador.” – le felicita.

El niño sonríe alegre.

– “Vamos a por la bola de cristal, ¿de acuerdo?” – dice Krilín.

El pequeño asiente.

En la Corporación Cápsula, Brief sigue reparando a Pino en el laboratorio mientras Mai investiga en el ordenador de Trunks. 

De repente, el Doctor encuentra un nuevo dato oculto en la mente del Número 16.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta el viejo. – “¿Coordenadas?”

DBSNL // Capítulo 179: Monstruos

DBSNL // Capítulo 179: Monstruos

“Voy a hacerte estallar en mil pedazos…”

En el planeta Popol, Tarble y Kale han alcanzado a la gigantesca rana.

– “¡Se ve deliciosa!” – exclama el hambriento saiyajín.

– “¿Estás seguro de que se puede comer?” – pregunta Kale, desconfiada. – “¿Y si es venenosa?”

La barriga de Tarble ruge con fuerza.

– “¡Correré el riesgo!” – asevera el muchacho.

Tarble vuela hasta situarse sobre la rana, prepara su puño y se lanza en picado sobre la cabeza del anfibio.

– “¡Serás mi cena!” – celebra el saiyajín.

De repente, antes de que Tarble pueda alcanzar a la rana, una red de energía se genera a su alrededor y le atrapa.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el chico.

– “¡TARBLE!” – se preocupa su compañera.

Alguien tira con fuerza de la red y derriba a Tarble, que queda inmovilizado en el suelo.

Kale intenta ayudar a su amigo, pero una jaula de energía la detiene.

– “Maldita sea…” – gruñe enfadada la chica.

Dos individuos se acercan a Tarble, uno de ellos lleva un hacha de ki morado en la mano. Otros dos personajes se acercan a Kale; uno carga una lanza de energía.

– “¿Pretendíais robarnos la presa?” – pregunta el hombre de la lanza.

– “Cazadores furtivos…” – murmura Kale.

– “¿Es que vosotros no lo sois?” – frunce el ceño el personaje.

El personaje que lleva el hacha alerta a su compañero.

– “Spade…” – dice asustado. – “Su ropa…”

– “¿Qué pasa, Hart?” – pregunta Spade.

– “Parecen de la Patrulla…” – responde el cazador.

Una gota de sudor frío recorre la frente de Spade.

– “No me fastidies…” – se preocupa el furtivo.

En la Tierra, en la Corporación Cápsula, Gohan se ha marchado volando, siguiendo las indicaciones que le ha dado el Dr. Brief.

Ten Shin Han ha subido a la azotea y se ha sentado a meditar, intentando percibir alguna energía; esperando un nuevo milagro. Bee le ha acompañado y se ha sentado a su lado.

En viejo doctor ha regresado al laboratorio, acompañado por Mai.

– “Tengo que continuar trabajando en el pobre Pino…” – dice Brief. – “Puedes esperarme aquí… Hazte un café si lo necesitas.”

– “Doctor…” – dice Mai. – “¿Puedo echar un vistazo a sus archivos?”

– “¿Mis archivos?” – se extraña Brief.

– “Los que recuperaron hace años de la Red Ribbon.” – insiste Mai. – “Había cosas interesantes en esos laboratorios.”

– “¡Ah! Esos archivos…” – dice el viejo. – “Sí, claro… Aquí tienes una terminal.” – le señala un ordenador.

Mai se sienta en la computadora y empieza a teclear.

– “¿Cuál es la contraseña?” – pregunta la mujer.

– “Uhm…” – se rasca la barbilla Brief. – “Esa terminal es la de Trunks… Prueba “Super Gotenks rocks”, todo junto y en mayúsculas.”

Mai teclea.

– “Estoy dentro” – sonríe la mujer.

En el palacio de Uranai Baba, Krilín y Akkuman se ponen en guardia.

– “Ten cuidado, Krilín.” – dice la bruja.

El terrícola no responde; está concentrado.

– “Si evito su técnica secreta estaré bien…” – piensa Krilín.

El diablo se abalanza sobre nuestro amigo, que esquiva las estocadas del tridente con facilidad y contraataca con una patada en el pecho de Akkuman que lo lanza contra una de las paredes del palacio, derribándola.

– “No te levantes.” – dice Krilín.

Akkuman se apoya en su arma para ponerse en pie.

– “Voy a hacerte estallar en mil pedazos…” – gruñe el diablo.

Krilín se prepara para lanzar un Kamehameha.

– “No tengo tiempo para esto.” – sentencia el terrícola.

De repente, un murciélago pasa volando por delante de nuestro amigo, distrayendo su atención un instante.

– “¿Eh?” – murmura Krilín.

Unas vendas sorprenden al terrícola y se enredan en sus brazos y piernas.

– “¡CUIDADO!” – exclama Baba.

Una fuerza invisible golpea al humano en el abdomen, haciendo que se doble de dolor.

Akkuman sonríe.

– “Je, je, je…” – se burla el diablo.

La momia sale de las sombras y acorta sus vendajes a medida que se acerca a Krilín por la espalda.

Baba intenta ayudar, pero recibe una patada invisible que la lanza contra el suelo.

– “¿Por qué hacéis esto…?” – pregunta la bruja, decepcionada con sus luchadores.

– “El Makai corre por nuestras venas, bruja.” – responde Akkuman. – “Nuestro Señor nos ha reclamado.”

Cerca de allí, Baicha, que se había colado en la nave, observa todo lo ocurrido, oculto tras una esquina.

El murciélago, que sobrevuela la zona, se da cuenta de que alguien les observa.

Mientras tanto, en una remota isla, Son Gohan aterriza, pues cree que ha llegado a su destino.

– “Tiene que ser aquí…” – piensa el mestizo.

De repente, un hombre se acerca a él por la espalda.

– “¡Eh! ¡Tú!” – exclama el hombre.

Gohan se da la vuelta. Ante él se encuentra un hombre de baja estatura, pelo azul repeinado y engominado, vestido con un mono azul con botas y capa rojas. El kanji “Su” luce en su pecho.

– “¡Un superviviente!” – celebra Gohan. – “¡Brief tenía razón!”

– “Me han dicho que han pasado cosas terribles…” – dice el misterioso personaje. – “¡¿Has sido tú?! ¡Pareces un malhechor!” 

– “¿Qué? ¿Yo?” – dice el mestizo, confuso. – “¡Qué va!”

– “No me gusta tu aspecto… Ese pelo de punta parece de delincuente…” – dice el individuo.

– “No, no…” – insiste Gohan.

– “¡Vas a tener que rendir cuentas conmigo!” – exclama el individuo. – “¡SUPPAMAN!”

– “Oye, que no soy un villano…” – dice Gohan.

El mestizo se acerca a Suppaman para contarle un secreto.

– “Esto que quede entre nosotros, pero ya que eres un héroe puedo confesártelo… Yo soy el Gran Saiyaman… Bueno, ¡ahora el Ultra Saiyaman!” – confiesa Gohan.

– “Ultra… ¿qué?” – responde Suppaman con desprecio, que parece que nunca haya oído ese nombre.

– “¿No me conocen aquí?” – se ofende Gohan, cruzándose de brazos.

– “¡Estás detenido!” – le apunta Suppaman con un dedo acusador.

– “¡Ah, ya sé!” – tiene una idea Gohan. – “¡Soy el yerno de Mr. Satán!”

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Suppaman. – “¡¿Tú eres el que está casado con la hija del Campeón?! Increíble… ¿En qué puedo ayudarte?”

Gohan se siente algo avergonzado y siente envidia hacia su suegro.

– “A él siempre lo conocen…” – piensa el mestizo. – “Busco la casa del Doctor Norimaki” – dice Gohan.

– “¡Los Norimaki! ¡Por supuesto!” – responde Suppaman. – “¡Viven en esa dirección!”

– “¡Muchas gracias!” – celebra Gohan.

– “No se merecen, ciudadano” – responde Suppaman. – “Y… por cierto… ¿tienes por ahí alguna foto firmada de Mr. Satán? ¿Podrías conseguirme una?”

– “No la llevo encima…” – se excusa Gohan. – “Otra vez será… ¡Tengo prisa!” – exclama antes de alzar el vuelo.

Suppaman se queda asombrado al ver volar a Gohan.

– “Qué tipo tan peculiar…” – murmura el héroe.

Suppaman se tumba en su monopatín y se marcha rodando carretera abajo.