DBSNL // Capítulo 239: El mal en persona

DBSNL // Capítulo 239: El mal en persona

“Admiro vuestra determinación…”

En Makyo, una mano derecha azul raquítica aparece de entre la bruma, reclamando.

De repente, las Dragon Balls son arrebatadas de las manos de nuestros amigos y salen volando hacia Moro. En su otra mano ya flota la esfera de siete estrellas que le consiguió Shido.

– “¡Las Dragon Balls!” – lamenta Pan, que se agarra a la esfera de tres estrellas y es arrastrada con ella.

– “¡¡PAN!!” – exclama Gohan.

Nuestros amigos no han podido retener las esferas. Ahora las seis levitan sobre la mano del brujo. Pan está colgada de una de ellas.

– “Muchas gracias.” – sonríe Moro.

El brujo eleva las esferas haciéndolas girar como una noria para hacer que Pan ascienda hasta ponerla a su altura. 

– “¿Qué tenemos aquí?” – la sonrisa del brujo se torna macabra.

Pan no puede evitar sentir miedo al encontrarse frente al enemigo, cuya presencia helaría la sangre del guerrero más valiente.

Gohan da un paso al frente, preocupado.

– “¡NO LA TOQUES!” – exclama el mestizo.

– “Maldición…” – gruñe Piccolo. – “Puede parecer un anciano, pero ha derrotado a Vegeta.” – advierte. – “Y la sexta esfera debe ser la que estaba disputando Trunks…”

Moro agarra a Pan del cuello y la levanta sin perder la macabra mueca

– “Admiro vuestra determinación…” – dice el brujo. – “Lo tenéis todo en contra y aún así no os dais por vencidos… Entiendo ese sentimiento mejor que nadie.”

El brujo empieza a apretar el cuello de la muchacha, clavándole las uñas mientras ella le agarra la mano para intentar liberarse, pero todo esfuerzo es en vano.

– “Grrr… Gha…” – lucha ella, incapaz de hablar.

– “Pero no estáis dispuestos a hacer los sacrificios que requiere vuestra causa.” – advierte Moro. – “Y yo sí.”

El collarín blanco de Pan se tiñe de rojo lentamente.

Bra se transforma en Súper Saiyajín.

– “¡¡SUÉLTALA!!” – exclama la hija de Vegeta.

– “Todo ha salido mal…” – lamenta el namekiano. – “No podemos ganar… pero aún podemos hacer algo…”

El namekiano agarra el hombro de Krilín, que lo mira aún estupefacto.

– “Tengo que desaparecer.” – dice Piccolo.

– “¿Qué estás diciendo?” – pregunta Krilín, letárgico.

– “No podemos salvar a los demás… Pero podemos detener la venida del Makai.” – insiste el namekiano. – “Las esferas están ligadas a mí. Cuando desaparezca, las esferas se convertirán en piedra, tal y como pasó cuando Kamisama se unió conmigo.”

Moro lo ha oído y sonríe.

– “Eso te honra, Piccolo.” – se burla el brujo. – “Sacrificarte por los mortales… Muy noble… ¿Qué opinan los demás? ¿Acaso no queréis resucitar a esta muchacha?”

La duda embarga a todos. Piccolo teme cuál puede ser el siguiente movimiento del brujo.

Gohan ya ha salido volando a toda velocidad hacia su hija antes de que los demás se dieran cuenta.

Un crujido estremece a todos los presentes. Gohan se detiene aún a varios metros de distancia del enemigo. Silencio en Makyo. Pan ha dejado de luchar.

Moro suelta a la muchacha, que se desploma contra el suelo, a sus pies.

– “Pan…” – murmura Gohan, aún incapaz de reaccionar.

Krilín, Pino, Ub, Bra y Shula se han quedado sin palabras. Mai se tapa la boca con ambas manos para ensordecer su grito. Baicha se da la vuelta y abraza la pierna de la mujer.

De repente, una fuerte corriente de aire llama la atención de los presentes.

Bra está preparando la técnica más poderosa de su arsenal.

– “Me las pagarás…” – gruñe mientras apunta con ambas manos al enemigo.

– “¡Espera!” – exclama Piccolo.

– “¡¡FINAL FLASH!!” – dispara ella.

Mai abraza a Baicha. Ub, Krilín y Shula se cubren.

El ataque de Bra avanza rápidamente hacia Moro, pasando a pocos metros de Gohan, aún inmóvil.

Moro genera una barrera de aire esférica que lo rodea y gira a toda velocidad. El Final Flash impacta en la burbuja del brujo y la empuja, pero esta no cede.

– “Ridículo.” – gruñe el brujo con prepotencia.

El ataque estalla. El cuerpo de Pan sale volando, perdiendo su collarín, y Gohan no duda en atrapar a su hija al vuelo. Con la muchacha en brazos, el mestizo cae de rodillas al suelo.

Piccolo, al ver la escena, cierra sus ojos con fuerza.

– “Lo siento, Son Gohan.” – dice el namekiano. – “Lo siento mucho.”

Piccolo se eleva y se coloca en posición de meditación, con las piernas cruzadas y las manos juntas, conectando las yemas de los dedos de ambas manos.

Krilín observa al namekiano.

– “Piccolo…” – murmura Krilín, que aprieta los dientes con rabia. – “Maldita sea…”

– “Espero que podáis perdonarme.” – se despide el namekiano.

Piccolo recuerda enfrentarse a Goku en el 23º Torneo de Artes Marciales, luchar a su lado contra Radtiz, conocer a Gohan y entrenarlo, luchar junto a él contra Vegeta y Nappa, su llegada a Namek…

– “Hasta siempre, Son Gohan.” – piensa el namekiano.

La polvareda se disipa lentamente y revela a Moro, que no ha sufrido ni un rasguño.

Bra, que respira cansada tras poner todas sus fuerzas en el ataque, aprieta los puños con rabia al ver que no ha sido efectivo.

En el interior de la mente del namekiano, Slug y Piccolo se encuentran cara a cara. El milenario namekiano pone la mano sobre el hombro de nuestro amigo.

– “Por favor…” – dice Piccolo.

– “Te lo prometo.” – sonríe Slug. – “Seremos la misma persona. Tu voluntad seguirá conmigo.”

Ub, movido por la ira al ver al brujo con vida, se envuelve en el aura del Kaioken.

– “¡¡HYAAAAA!!” – carga contra Moro.

El brujo, con desgana, apunta al terrícola con un dedo y éste se queda inmovilizado en el aire.

– “¿EH?” – se sorprende Ub.

Moro levanta su dedo y el chico se eleva. El brujo apunta hacia abajo y Ub se estampa contra el suelo, incrustándose en el pavimento y perdiendo su aura. Moro hace un gesto de desprecio con su mano hacia un lado y el chico de Isla Papaya sale disparado en esa dirección, estrellándose contra todo lo que encuentra a su paso hasta perderse en el horizonte.

Son Gohan sigue abrazado a su hija, absorto e ignorando la batalla.

De repente, Moro se fija en las Dragon Balls que levitan sobre su mano; se han convertido en piedra.

Slug ha renacido y ahora camina entre los otros guerreros.

Krilín mira al extraño y aprieta sus ojos con fuerza.

– “Se ha terminado…” – dice el terrícola. – “Las Dragon Balls… ya no existen…”

Bra se tapa los ojos con ambas manos; no puede evitar llorar.

Mai abraza a Baicha mientras niega con lágrimas en los ojos.

Nuestros amigos se dan cuenta de que han perdido a sus seres queridos para siempre.

La pena de todos contrasta con la actitud de Moro. El brujo no parece preocupado.

En lo más profundo del Makai, en la mente de Son Goku, el saiyajín sigue caminando inmerso en oscuridad.

– “De repente… siento aún más frío…” – murmura el saiyajín. – “¿Qué estará pasando?”

DBSNL // Capítulo 238: Hijo de Namek

DBSNL // Capítulo 238: Hijo de Namek

“No vas a librarte de mí…”

En Makyo, una silueta humana se adivina entre la polvareda. Son Gohan ha perdido su transformación y ha regresado a su estado base. Los demás se acercan a él con recelo.

– “¿EH?” – recupera el conocimiento. – “¿Qué ha pasado?” – se pregunta Gohan, un poco confuso.

– “¡¡PAPÁ!!” – exclama Pan, corriendo hacia él.

– “¡PAN! ¡Estás bien!” – se prepara el mestizo para abrazarla.

Pan se detiene y mira a un lado, sonrojada.

– “Por favor… ponte algo…” – dice ella tímidamente.

– “¡¿EH?!” – se da cuenta Gohan de que va desnudo y se tapa la entrepierna con las manos.

Krilín y los demás se emocionan al ver a su amigo de vuelta.

De repente, Gohan recuerda lo sucedido.

– “¡TEN!” – exclama el mestizo, buscando a su alrededor.

Su mirada se cruza con la de Krilín, que niega con la cabeza.

– “No… yo…” – dice Gohan, apenado.

Ub lleva a Mai y Baicha hasta Gohan y Pan.

– “No eras tú…” – dice el chico.

– “Estabas poseído…” – dice Mai. – “Por esto.”

Baicha muestra la Bella Durmiente, que brilla tenuemente de color rojo.

Gohan extiende la mano para agarrarla, descubriendo sus partes.

– “¡Pero ponte algo!” – insiste Pan.

Mai le presta su abrigo y el mestizo se lo pone alrededor de la cintura, atándoselo detrás.

Piccolo, malherido, camina hacia ellos.

– “Una pena…” – dice el namekiano. – “Habrías sido un demonio excelente…” – sonríe.

Pan se pone en guardia, pero Gohan la detiene agarrándola del hombro.

– “Papá…” – lo mira Pan, confusa.

El mestizo adelanta a su hija y se dirige a Piccolo.

– “Piccolo…” – dice Gohan. – “Detén esta farsa…”

– “¿Farsa?” – gruñe el namekiano.


Gohan y Piccolo se miran fijamente.

Sin apartar la mirada, Gohan llama a Krilín.

– “¡Krilín!” – exclama el mestizo. – “¿Te quedan semillas senzu?”

– “¡Ah! ¡Sí!” – dice el terrícola. – “¡Me quedan dos!”

– “¿Puedes dármelas?” – pregunta Gohan.

– “¡Claro!” – dice Krilín. – “Estarás agot… ¡Eh! Espera… No irás a…”

Gohan mira a su amigo y sonríe.

– “Confía en mí.” – dice el mestizo.

– “No sé que decirte…” – protesta Krilín mientras busca entre sus ropajes. – “Hace un momento querías matarnos…”

– “Por favor.” – insiste el mestizo.

Krilín mira a Pan y ella siente.

– “No aprendemos…” – refunfuña Krilín al lanzarle las semillas. – “De tal palo…”

Gohan las caza al vuelo y se toma una.

– “¡Cógela!” – le lanza la otra al namekiano.

Piccolo la agarra sorprendido.

– “¿Estás seguro?” – sonríe el namekiano antes de comérsela. – “No te creía tan idiota como tu padre…” – mastica.

Krilín sufre.

– “Gohan… ¿Es que quieres pelear de nuevo?” – pregunta Krilín.

Bra se une al grupo.

– “Lo habías debilitado…” – dice la hija de Vegeta. – “Pan y yo fusionadas podríamos haberlo derrotado.”

– “¿Has dicho fusionadas?” – se sorprende Gohan.

Piccolo recupera sus energías y aviva su aura.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe a carcajadas.

Una fuerte corriente de aire barre la zona, haciendo que varios de nuestros amigos tengan que cubrirse.

Krilín frunce el ceño.

– “Estupendo…” – murmura el terrícola con retintín. – “Volvemos a la casilla de salida…”

Son Gohan parece satisfecho.

– “¿No lo sientes?” – pregunta el mestizo.

– “¿Eh?” – se extraña Krilín.

– “Su aura…” – dice Gohan. – “Cierra los ojos…”

El terrícola, confuso, obedece.

– “Detecto múltiples individuos.” – anuncia Pino.

– “Eso es…” – dice Gohan. – “Hacía tiempo que no sentía esas energías…”

– “Me resultan familiares…” – murmura Krilín. – “¡KAMISAMA!” – exclama sorprendido. – “¡¿Y NAIL?!”

– “¡Hay muchas más!” – se sorprende Pan, también con los ojos cerrados.

Una terrible jaqueca azota al namekiano, que deja de emitir ki.

– “¡Silencio…!” – gruñe Piccolo, llevándose ambas manos a la cabeza. – “¡¡SILENCIOOOO!!” – exclama.

Gohan observa detenidamente a su antiguo maestro.

– “Este combate deben librarlo ellos.” – dice el mestizo. – “El resurgir de Daimaoh ha roto los términos en los que Kamisama y Nail aceptaron la unión… Sus consciencias han estado despertando a medida que el demonio se debilitaba.”

En el interior del namekiano, el viejo Piccolo Daimaoh se encuentra arrodillado en el suelo, rodeado por un gentío namekiano.

– “¿Quienes sois…?” – pregunta Daimaoh, sufriendo. – “¿Qué hacéis aquí? ¡¡Dejadme en paz!!”

– “Eres una vergüenza para Namek…” – dice uno.

– “¡Has fallado a tu gente!” – exclama otro.

– “¡¡BASTA!!” – replica el demonio.

– “¡Dejaste que ese brujo masacrara nuestro hogar!” – se queja un tercero.

– “¡Traicionaste a tus amigos!” – añade un cuarto.

– “¡¡SOY EL REY DE LOS DEMONIOS!!” – grita Daimaoh.

De repente, de la espalda del demonio nacen tres bultos que terminan convirtiéndose en Nail, Kamisama y Piccolo Jr.

– “¡¡¡GRRAAAAAHHH!!!” – grita Daimaoh.

Los namekianos que los rodean empiezan a fusionarse entre ellos hasta que solo queda uno; Slug.

Nail, Kamisama y Piccolo Jr. caminan hasta Slug mientras se unen entre ellos, dando lugar al Piccolo que todos conocemos, que se coloca al lado del milenario namekiano.

Slug y Piccolo juzgan a Daimaoh con la mirada. El viejo diablo siente como envejece lentamente hasta reflejar su edad real.

– “Ah… ah…” – sufre Daimaoh, agotado.

– “Se acabó…” – dice Piccolo.

– “No… no vas a librarte de mí…” – gruñe el viejo. – “Siempre… siempre estaré ahí… listo para regresar…”

– “Lo sé.” – dice Piccolo. – “Y por eso he tomado una decisión.”

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Daimaoh.

Slug se cruza de brazos.

– “Date prisa.” – dice el grandullón. – “No tenemos mucho tiempo.”

En el exterior, Piccolo levanta la cabeza, agotado tras un gran sufrimiento, pero en paz. Su mirada es reconocida por todos, que sonríen aliviados.

– “Piccolo…” – murmura Gohan sonriente.

– “Ah… ah…” – respira Piccolo. – “Creo que os debo una disculpa…”

 Piccolo se acerca a sus amigos. Pan salta sobre él.

– “¡Tío Piccolo!” – exclama ella, contenta.

– “Hola, renacuajo…” – dice el namekiano, despeinándola con la mano.

Piccolo y Gohan se miran. El namekiano sonríe.

– “Permíteme” – dice Piccolo mientras extiende su mano hacia el chico.

La magia namekiana envuelve al mestizo. El abrigo de Mai se desata y cae al suelo. Un nuevo gi se materializa; uno azul con cinturón y muñequeras rojas, con calentadores blancos y zapatillas negras.

Gohan se mira la ropa, sorprendido.

– “¡Esto es nuevo!” – exclama el mestizo.

Piccolo sonríe.

Pan da una vuelta alrededor de su padre para verlo bien.

– “¡Oh!” – exclama la muchacha. – “¡Tienes un kanji en la espalda! ¡Pone “Han”!”

Gohan, sorprendido, mira al namekiano.

– “Has llegado muy lejos por tu cuenta.” – dice Piccolo. – “Eres más que el hijo de Goku o el aprendiz de un pobre diablo.”

– “Piccolo…” – sonríe Gohan con melancolía. – “Gracias.”

El namekiano se pone serio.

– “¿Cuántas esferas tenéis?” – pregunta el namekiano.

– “Solo tres…” – lamenta Gohan.

– “Je, je…” – ríe Pan. – “Tenemos algunas más…”

Ub saca dos esferas de sus bolsillos.

– “¡¿Cuándo?!” – se sorprende Mai.

Krilín aporta las esferas restantes.

– “Cinco Dragon Balls…” – dice Gohan.

– “Faltan solo dos.” – sonríe Bra.

Piccolo frunce el ceño.

– “La otra esfera está siendo disputada en estos momentos.” – revela el namekiano. – “Esperemos que Trunks lo consiga.”

– “¡¿Trunks?!” – se sorprenden todos.

– “Pero la última…” – una gota de sudor recorre la frente del namekiano. – “Necesitaremos entrar al Makai.”

– “¡¿QUÉ?!” – se aterrorizan todos.

Mientras tanto, en el Makai, Vegeta sigue corriendo a oscuras.

En el castillo, Kerubero se enfrenta a los gemelos demoníacos, pero más que un combate parece una sesión de entrenamiento.

– “Si pusieras más cadera a esos golpes serían mucho más potentes” – le dice al chico mientras le detiene un puñetazo, antes de empujarlo con su vara.

La mujer ocupa el lugar de su hermano y ataca al Kerubero.

– “¡Desaprovechas tu agilidad!” – le dice el demonio mientras esquiva un puñetazo. – “Intentas pelear como tu hermano y te olvidas de que tu cuerpo es distinto…” – niega antes de responder con un codazo en su abdomen.

Goten y Trunks miran asombrados el combate.

– “¿De dónde ha salido este?” – se pregunta Trunks.

Los gemelos saltan sobre Kerubero, pero éste genera una esfera roja como la sangre en su mano y dispara a sus enemigos, deteniéndolos al clavarles múltiples cristales de ki por el cuerpo.

– “¿No debería ser yo quien preguntara eso?” – dice Kerubero, mirando de reojo al hijo de Vegeta. – “Ver a un demonio en el Makai no debería sorprenderos…”

– “Visto así…” – se disculpa Goten.

Los gemelos caen al suelo.

– “Si queréis salir, la única opción es la sala principal de ese castillo…” – señala el demonio. – “Pero tendrán que abrir la puerta desde el otro lado… Lo que no es demasiado conveniente.”

– “No nos iremos sin papá.” – dice Trunks.

– “No podemos dejar a Vegeta.” – asiente Goten.

Los gemelos se ponen en pie y atacan de nuevo.

– “Disculpadme un momento.” – dice Kerubero a los mortales.

El rostro del diablo se transforma, tornándose verdaderamente demoníaco.

Kerubero vuela hacia sus enemigos y cuando está apunto de toparse con ellos clava su vara en el suelo, creando una onda expansiva que frena el avance de los gemelos.

Kerubero salta por encima de ellos, impulsado por el bastón, y cae detrás de ellos, apuntándoles a bocajarro con sus dedos índice y corazón de cada mano.

– “Hasta la próxima vez.” – sonríe de forma macabra.

El terror invade a los hermanos que, de repente, estallan en mil pedazos.

Goten y Trunks se miran aterrados ante tal demonstración.

El rostro de Kerubero vuelve a la normalidad.

– “Y bien…” – dice el mayordomo, que se limpia la sangre morada que ha manchado su ropa. – “Parece que hay otro humano en este lugar… ¿No es así?”

Goten y Trunks se miran asombrados mientras Kerubero recupera su vara.

El diablo les punta con el pomo de su bastón y su luz baña a los mestizos.

En Makyo, un sonido de pasos llama la atención de nuestros amigos. Shula, con su brazo mecánico roto, se acerca a nuestros amigos.

– “Necesitáis la Bella Durmiente…” – dice el ira-aru, que apunto está de desmayarse, pero es recogido por Mai.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta ella.

– “Se ha liberado…” – responde Shula. – “Con todo el barullo debo haberme desconcentrado… Lo siento. Ha huido.”

Gohan interviene.

– “Yo me encargaré de ella.” – dice el mestizo. – “Mai, ¿puedes cuidar de nuestro nuevo amigo?”

– “Por supuesto.” – asiente ella.

– “Escuchadme…” – les interrumpe Shula. – “Con la Bella Durmiente podréis abrir la puerta al Makai… pero aún no está cargada del todo.”

– “¿De verdad tenemos que ir?” – pregunta Krilín, con recelo.

– “Son Goku le robó la esfera de cuatro estrellas a Moro antes de que lo encerrara.” – dice el namekiano.

– “¿Papá está en el Makai?” – se preocupa Son Gohan.

– “Me ofrecería a entrar…” – dice Piccolo. – “Pero no confío en mí mismo ahí dentro…”

– “Gohan tampoco debería…” – dice Pino.

– “Podemos ir nosotras” – dice Pan.

– “Iré yo.” – dice Ub.

– “¿Eh?” – se sorprenden ellas. – “Pero Ub… tú…”

– “Todo esto empezó conmigo.” – dice el chico de Isla Papaya. – “Si estamos buscando las esferas para resucitar a todos… es por mi culpa.”

– “Ub…” – sufre Pan.

– “Iremos los tres.” – dice Bra.

Baicha se queda mirando a Bra y se sonroja.

– “Yo también.” – dice el chico, reuniendo todo su coraje.

– “Tú eres demasiado pequeño…” – dice Mai.

– “¡Quiero ayudar!” – protesta Baicha.

Gohan se agacha y despeina al chico con una carantoña.

– “Ya has hecho suficiente, pequeño…” – dice el saiyajín. – “Eres un guerrero valiente…”

Baicha sonríe.

Piccolo interrumpe.

– “Cuando hayamos invocado a Shenron, yo desapareceré, y conmigo las Dragon Balls.” – dice el namekiano. – “Dejaré que otro tome el control de mi cuerpo y me retiraré para siempre.”

– “Piccolo…” – se sorprende Gohan.

– “Bajo ningún concepto podemos permitir que Moro reúna las Dragon Balls o desatará el Makai sobre el Universo.” – dice el namekiano. – “Si ahora ya es un brujo terrible, con el poder de las esferas será imparable.”

De repente y sin previo aviso, el aire parece enfriarse y enrarecerse.

– “¿Eh?” – se percata Ub.

Gohan, Piccolo, Krilín, Shula y el chico de Isla Papaya se giran todos hacia el mismo punto. Una presencia hiela la sangre de todos los presentes.

– “Maldición…” – gruñe Piccolo, asustado.

– “Es… es terrible…” – tiembla Krilín.

Una nube negra ha aparecido en el horizonte. A medida que ésta se disipa, revela una figura cornuda y raquítica en el centro.

DBSNL // Capítulo 237: El protegido de Whis

DBSNL // Capítulo 237: El protegido de Whis

“¿Es que no has aprendido nada de Son Goku o de Vegeta?”

En Jinko, Shiras embiste a Cell usando su vara, haciendo malabares con ella mientras propina golpeas al insecto, que no logra defenderlos todos y recibe un fuerte castigo.

Shiras hace girar su vara rápidamente y la aproxima a Cell, que intenta cubrirse, perdiendo así un brazo.

El insecto retrocede y se apresura en regenerar su extremidad cercenada, pero antes de poder actuar, Shiras se presenta en su espalda y le propina un bastonazo sobre la cabeza, mandando a Cell al suelo.

Shiras lanza su vara al insecto, tumbado en el suelo. Rápidamente, Cell reacciona y rueda hacia un lado. La vara de Shiras se incrusta en el pavimento y la zona entera estalla por los aires.

Cell se pone en pie, pero Shiras aparece frente a él y le propina un rodillazo en la cara para luego atizarle un codazo en la nariz que lo manda volando hasta cerca de donde se encuentra Trunks.

El mestizo, con su espada rota en la mano, se queda perplejo.

– “Es… es imposible…” – titubea Trunks. – “No somos lo suficientemente fuertes…”

Cell, malherido, se pone de nuevo en pie.

– “Ah… ah…” – respira el insecto. – “No se trata de eso…” – dice.

– “¿Eh?” – se extraña el hijo de Vegeta.

– “¿Es que no has aprendido nada de Son Goku o de Vegeta?” – dice Cell. – “No se trata de ganar… Se trata de superarte… ¡Afronta el reto!” – exclama. – “¡Pruébate a ti mismo que puedes hacerlo! Solo así… solo así superarás tus límites…”

Trunks se queda estupefacto ante las palabras de su viejo enemigo, que ahora parece tan distinto a las versiones que él mismo enfrentó.

Cell pierde su transformación, retrocediendo a su forma perfecta.

– “La perfección no existe…” – dice el insecto. – “¡Y me alegro!” – sonríe. – “Qué aburrido sería…”

Cell reaviva su aura amarilla.

– “¡¡HAAAAAAAA!!” – grita mientras reúne todo el poder que le queda.

El insecto sale volando hacia Shiras, que sin esfuerzo y sin necesidad de usar el salto temporal esquiva todos los golpes de Cell.

Trunks se ha quedado congelado al recibir tal sermón por parte de la creación de Gero. 

El mestizo mira la hoja rota en su mano y aprieta la empuñadura con fuerza antes de tirarla al suelo, dejándola clavada.

Shiras se harta de Cell y le propina un puñetazo en el estómago que apunto está de hacer vomitar al insecto.

– “Buhaaa…” – Cell cae de rodillas.

Shiras lo patea, empujándolo a varios metros de distancia.

De repente, Trunks, con sus ojos y aura de Súper Saiyajín, pese a no tener el poder para transformarse completamente, se abalanza sobre Shiras.

El patrullero usa el salto temporal para anticiparse y agarrarlo del cuello a medio camino.

El mestizo intenta utilizar el salto temporal, pero el ojo de Mojito es capaz de anticiparse y contrarrestarlo.

– “Eres patético, Trunks…” – dice Shiras con desdén, mientras estruja el cuello del mestizo.

Cell se pone en pie.

– “Maldición…” – protesta el insecto.

Cell aprieta sus puños y empieza a concentra energía. Una fuerte corriente de aire se arremolina a su alrededor. Su aura amarilla emite destellos magenta que imitan las llamaradas solares.

Shiras mira al insecto.

– “¿Aún le quedaba todo ese poder…?” – murmura el patrullero.

Trunks sonríe.

– “Hazlo… ¡Hazlo!” – exclama el mestizo, ahogado, casi sin voz.

Cell extiende sus brazos hacia los lados y luego los reúne frente a su pecho, comprimiendo toda le energía acumulada en una esfera de ki magenta. Algunas características de sus formas anteriores se revelan en su cuerpo; el verde de su corona se torna más oscuro, parte de su coraza negra también, su abdomen tiñe de naranja, la pupila de su ojo izquierdo ahora es rasgada como la de un felino, su cola empieza a extenderse lentamente y sus alas, ahora punteadas, regresan de forma dispar…

– “Trunks…” – murmura el insecto. – “El destino es irónico… Este fue el último regalo que me hizo tu padre…” – fuerza una sonrisa.

El insecto extiende sus manos hacia delante, liberando así toda la energía acumulada.

– “¡¡GAMMA BURST – HO!!” – dispara Cell.

Un torrente de energía devastador avanza rápidamente hacia Shiras.

– “No lo comprendéis…” – suspira el ángel, que parece decepcionado. – “No podéis…”


Trunks extiende su mano hacia el rostro del patrullero. Shiras ni se inmuta… pero una media sonrisa alarma al ángel.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Shiras.

El mestizo ha reclamado su espada rota, que ha pasado desapercibida, oculta frente al resplandor del ataque de Cell, y se clava en el ojo plateado de Shiras.

– “¡¡KYAAAAAAH!!” – grita el patrullero.

La empuñadura del arma brilla intensamente de color verde.

En el interior de Shiras, la presencia de Mojito se hace añicos.

El tiempo se detiene para todos excepto para Trunks, que cae al suelo. El ataque de Cell deja de avanzar. Shiras clama en silencio al cielo con la hoja clavada en su ojo izquierdo. 

Una silueta aparece frente al mestizo.

– “Whis…” – sonríe Trunks, débil, antes de perder el conocimiento.

El mundo se reanuda y el ataque de Cell engulle a Shiras y prosigue destruyendo todo a su paso hasta abandonar el planeta.

Mientras tanto, Reitan se levanta de entre los escombros y observa el fenómeno en el cielo.

– “¡¿Qué…?!” – se sorprende.

En la distancia puede ver a Shido con la esfera de siete estrellas en la mano. Onisen se la ha entregado.

– “Raichi…” – gruñe Reitan. – “Traidor…”

El objeto desaparece de la mano del diablo. 

– “Y así queda pagada mi deuda…” – sonríe Shido.

Reitan embiste a toda velocidad, pero la neblina envuelve a Onisen y Shido, que desaparecen.

El herajín se queda confuso entre la humareda, cuando se da cuenta de que los hermanos Para están a su lado.

– “¿Eh?” – se extraña Reitan.

– “Nos estábamos de acuerdo…” – dice Bon Para. – “Y nos han echado.” – se disculpa.

Cell observa el páramo desolado que ha quedado tras su “Gamma Burst – Ho”. El insecto no tiene fuerza. Su cuerpo se está convirtiendo en ceniza.

– “Este es… el límite…” – sonríe el insecto con melancolía. – “…de este cuerpo…”

El viento barre los restos de Cell. Sus cenizas se unen a la polvareda formada tras el ataque.

En mitad del surco de destrucción, la empuñadura de Trunks está clavada en el suelo, quebrada. Un pequeño cristal verde brilla en su interior.

Muy lejos de allí, en Monmaas, la nave de Kamakiri ha aterrizado. El doctor, Kale, Tarble, Spade y su banda caminan por el bosque de gigantes.

– “Este lugar… rebosa energía…” – dice Tarble. – “Es impresionante… ¡Se puede sentir!”

Un enjambre de abejas los sobrevuela.

– “¿Qué nos darían por cualquiera de esos especímenes?” – pregunta Klub.

– “Millones…” – dice Hart. – “¡Son únicos!”

De repente, algo se mueve entre hierbajos.

– “Algo se acerca…” – dice Kale.

– “Un depredador…” – murmura Spade.

Los cuatro cazadores crean arpones de ki.

De repente, un hurón gigantesco se abalanza sobre ellos.

– “¡¡AAAAAH!!” – gritan todos, aterrados.

Pero como un rayo, algo se aproxima volando entre árboles.

Broly, vestido con una versión diminuta de la ropa de los gigantes, intercepta al hurón en pleno vuelo y le propina una patada, apartándolo y estrellándolo contra un árbol.

La mirada de Kale lo dice todo. Sus ojos se llenan de lágrimas de alegría.

– “Broly…” – dice ella, con la voz cortada. – “¡¡BROLY!!” – exclama feliz.

Antes de que Broly pueda tomar tierra, Kale se abalanza sobre él y lo abraza.

– “¡Hola!” – saluda él con inocencia.

Tarble se seca las lágrimas.

– “Nos tenías preocupados… ¿y estabas aquí de vacaciones?” – dice el saiyajín.

El hurón se recupera y sacude su cabeza antes de avanzar hacia ellos.

– “¡Cuidado!” – alerta Spade.

Broly camina al encuentro del animal, que ahora agacha la cabeza y lame al saiyajín.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden todos.

– “Es un amigo…” – dice Broly mientras le acaricia la cabeza – “Solo estaba asustado…”

Todos miran con recelo la extraña pareja.

Montados sobre el hurón, todos cruzan el bosque.

– “¿A dónde vamos?” – pregunta Kale. 

– “Estamos cerca.” – sonríe Broly.

Al llegar a un claro, una aldea de pocas casas gigantescas aparece.

– “¡¡HOLAAA!!” – grita Broly mientras avanzan hacia una casa.

– “¡¡BAAAAH!!” – saluda el gigantesco amigo de Broly.

– “¿Es…? ¿Es amigo tuyo?” – pregunta Kale, asustada.

– “Es Bah…” – dice Broly. – “Él me curó… Cuidó de mí.” – sonríe.

El hurón se detiene frente al gigante y Broly es el primero en apearse.

– “¡Hola, Bah!” – saluda Broly. – “¡Son amigos!” – señala a los demás.

– “Baaaaah…” – sonríe el gigante.

– “Y se llama Bah, ¿eh?” – se rasca la cabeza Tarble, con cierta vergüenza ajena por su amigo.

DBSNL // Capítulo 235: Ayuda inesperada

DBSNL // Capítulo 235: Ayuda inesperada

“¿Quién eres tú…?”

Trunks se levanta entre escombros, aún conservando el Súper Saiyajín 3

– “¿Es que nunca es suficiente?” – se pregunta el mestizo. – “¡¿Por qué nunca soy lo suficientemente fuerte?!” – exclama mientras reaviva su aura. – “¡HYAAAAA!” – clama al cielo, exprimiendo hasta la última gota de ki.

El mestizo sale volando hacia el enemigo.

Shiras le espera en guardia, con su mano izquierda hacia delante, con la palma hacia arriba, invitando al saiyajín, y con el brazo derecho en su espalda, ocultando su vara.

– “A nuestro lado eres solo un aficionado.” – murmura el ángel.

Haciendo girar su bastón, Shiras intercepta a Trunks, propinándole un golpe en la barbilla. El mestizo pierde su arma.

Acto seguido, con la punta de la vara le golpea el pecho del mestizo, haciéndole perder su transformación y remitiéndolo al punto del que vino.

No muy lejos de allí, Onisen y Reitan han escuchado a Shido.

– “¿Qué opinas?” – pregunta el demonio.

– “Ni lo sueñes…” – protesta Reitan.

– “No te hablo a ti, herajín.” – dice Shido con desprecio. – “Tu opinión es irrelevante. Hablo al otro lado de la pantalla…” – sonríe.

Reitan frunce el ceño.

– “No me importa lo que diga Raichi.” – dice el herjaín. – “No permitiré que te lleves la Dragon Ball.”

En el planeta-laboratorio del tsufur, el doctor parece pensativo.

Shido insiste.

– “Raichi…” – murmura el demonio. – “Tengo una teoría…” – dice. – “Es casi un presentimiento… y los odio…” – se frustra un instante. – “Son irracionales…”

– “¿De qué hablas?” – protesta Reitan.

– “Quiero probarlo.” – le dice al tsufur. – “Quiero compartir mis respuestas para poder acceder a más preguntas.” – extiende su mano hacia Onisen. – “Acepta mi propuesta… Raichi.”

Reitan tiene un mal presentimiento y mira de reojo a Onisen, pero enseguida recibe un golpe del androide que lo lanza a través de la ciudad. La esfera de siete estrellas queda tirada en el suelo.

Trunks no pretende rendirse y se levanta. Sangra por la boca y se queja del golpe en el pecho.

– “Hit… Whis…” – piensa el mestizo. – “Gohan… Jaco… Toppo… Mamá… ¿Habéis muerto en vano?”

Trunks reclama su arma, que acude rauda a su llamada… pero al pasar junto a Shiras, éste se da la vuelta rápidamente y la batea, partiendo la espada en varios pedazos

– “Ah… ah…” – respira el mestizo con dificultad.

Lágrimas recorren su rostro.

Shiras apunta con su mano izquierda a Trunks y materializa una esfera de ki verde.

El mestizo, pese a estar a kilómetros de distancia y tener la vista borrosa, puede ver un pequeño destello esmeralda en lontananza.

Shiras dispara. El rayo de ki se aproxima al mestizo rápidamente.

Trunks cierra los ojos con fuerza, decepcionado consigo mismo, asumiendo su nuevo fracaso.

De repente, algo se ha interpuesto entre él y la muerte. El ataque ha chocado contra una cúpula invisible que lo protege.

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo, que abre los ojos.

Una voz le habla.

– “Trunks… Tan inútil como siempre…” – dice el recién llegado.

El mestizo se da la vuelta y se sorprende al ver a un viejo enemigo.

– “¡¿CELL?!” – exclama Trunks.

Shiras cesa su ataque. Cell desvanece la barrera.

– “Ese tipo…” – murmura Shiras. – “Estaba en Popol… El androide que se proclama perfecto…”

Cell camina hasta adelantar a Trunks

– “¿Qué haces aquí?” – le pregunta el mestizo.

– “He sentido varias energías interesantes en este lugar…” – responde Cell. – “No voy a mentirte, me interesaba más otro combate…” – fanfarronea. – “Pero luego he sentido su presencia…” – frunce el ceño, poniéndose serio.

– “¿Lo conoces?” – se sorprende Trunks.

– “Nadie me hace sentir inferior…” – gruñe Cell. – “Nadie me humilla y se sale con la suya…”

El ki de Cell aumenta de forma descontrolada. Su cuerpo brilla. Trunks se ve obligado a cubrirse el rostro y casi sale volando por el poder que emana del insecto.

Cell se ha transformado. Trunks observa con asombro la nueva forma del androide.

La mirada de Cell denota una determinación nunca vista antes en el insecto.

En Makyo, el ataque de Piccolo cae sobre la superficie del planeta y sobre Gohan. Un cráter empieza a formarse a medida que la esfera de ki se incrusta en el frío páramo de roca granate.

– “¡¡SON GOHAN!!” – sufre Krilín.

El ataque sigue avanzando. Las montañas de los alrededores se derrumban. Un terremoto sacude Makyo. El suelo se resquebraja.

Mai abraza a Baicha. Shula y Hinoyagi miran con horror lo sucedido.

– “Moriremos todos…” – murmura el ira-aru, aterrado.

Pero de repente, un rugido ensordecedor estremece a todos los presentes.

El ataque de Daimaoh empieza a retroceder

– “¡¿Qué demonios…?!” – se sorprende Krilín.

– “Gohan… está…” – dice Pino.

El cuerpo de Gohan aumenta de tamaño, su hocico crece, sus manos cada vez abarcan más del ataque de Piccolo. 

– “¡¡Se está transformando en mono gigante!!” – exclama Mai, que recuerda al pequeño Son Goku destrozando el castillo de Pilaf. – “¡¿Por qué?!”

– “Está perdiendo el control…” – murmura Krilín.

El simio gigante de pelaje dorado abre sus fauces y dispara una esfera de ki rojo que se incrusta en el ataque de Piccolo y empuja la esfera de ki hacia el cielo, donde se pierde.

El namekiano observa a Gohan con curiosidad cuando una nueva jaqueca sacude su mente. Imágenes de Gohan convertido en ozaru durante su entrenamiento esperando a la llegada de los saiyajín. Gohan durmiendo en la intemperie sobre una montaña elevada. Un par de manzanas.

– “Ese no soy yo…” – gruñe Piccolo. – “Yo soy el Rey de los Demonios… ¡SOY PICCOLO DAIMAOH!”

Gohan clava su mirada en él y dispara con su boca.

Piccolo se eleva por encima del ataque para evadirlo y pone rumbo hacia el mestizo.

– “¡¡JAJAJA!!” – ríe de forma macabra.

El namekiano empieza a crecer a medida que cae sobre Gohan, haciéndose así gigante antes de darle un puñetazo en la cara al ozaru.

Dibujado por Beldum

El simio cae de espaldas al suelo.

Krilín sufre por sus amigos.

– “Hay que cortarle la cola…” – dice el terrícola.

– “Si haces eso, Piccolo lo matará.” – dice Pino.

– “Maldita sea…” – gruñe Krilín. – “¿Es que solo podemos mirar mientras nuestros amigos se matan?”

En el castillo, Baicha se libera del abrazo de Mai.

– “¡¡BAICHA!!” – exclama ella.

Pero el pequeño humano, con lágrimas en los ojos, corre hacia los dos titanes.

Piccolo se sienta sobre el ozaru y le propina un puñetazo tras otro en la cara. Gohan intenta dispararle con sus fauces, pero cada golpe se lo impide.

Baicha se acerca al rostro de Gohan.

– “¡¡GOHAN!!” – exclama el niño. – “¡¡BASTA!! ¡GOHAN!”

Finalmente, Gohan logra agarrar los brazos de Piccolo y retener al namekiano lo suficiente para cargar una esfera de ki, pero en el último instante, Daimaoh se libera y nuevo puñetazo hace que el ozaru gire su rostro hacia un lado antes de disparar.

Una gigantesca bola de energía roja se aproxima a Baicha.

– “¡¡NOO!!” – llora Mai.

– “¡¡BAICHA!!” – exclama Krilín, que intenta correr hacia él.

Una gran explosión sacude el lugar.

Todos se quedan helados antes de ser empujados por la violenta onda expansiva. 

Piccolo y Gohan siguen peleando, ajenos a lo ocurrido.

De repente, Ub aparece junto a Mai con Baicha en brazos, con su uniforma de Papayaman, pero sin casco.

– “Ha estado demasiado cerca…” – suspira el chico de Isla Papaya.

– “¡¿Ub?!” – se sorprende la mujer.

Pan y Bra aterrizan junto Krilín. Pan viste el uniforme de Piccolo con collarín blanco, Bra viste su mono negro con camiseta rosa.

– “Chicas… ¡Estáis vivas!” – se emociona el terrícola. – “Pero… ¿Qué hacéis aquí?”

– “Es una larga historia…” – dice Bra.

– “Estábamos en la Tierra cuando sentimos las energías de Piccolo y papá…” – dice Pan. – “Ub usó el Shunkanido.”

– “¡¿Ub también está aquí?!” – se preocupa Krilín, que cuyo último recuerdo del chico era poseído por Janemba.

– “Ha vuelto a la normalidad… pero ahora es completamente humano.” – dice Pan.

El rugido del ozaru interrumpe la conversación. Pan se queda de piedra al ver a su padre transformado en simio.

– “¡¿Qué…?! ¡¿Qué significa esto?!” – se pregunta ella, aterrada. – “¿Papá?”

En el Makai, Dabra se levanta de entre los escombros y mira a su agresor. Alguien ha intervenido en su duelo con Vegeta.


Frente al saiyajín, un diablo armado con un martillo desafía al Rey de los Demonios.

– “¿Quién eres tú…?” – pregunta Vegeta, que se arranca la lanza del muslo.

– “Eso no importa. Conozco a Gohan.” – responde él.

– “¡¿Gohan?!” – se sorprende el saiyajín.

Dabra camina hacia ellos.

– “Sesshoseki…” – sonríe el diablo. – “Desertor…”

Sesshoseki carga el martillo sobre su hombro derecho.

– “Tu amigo se encuentra en esa dirección.” – le dice a Vegeta, señalando la cueva. – “No hay tiempo que perder.”

– “¡¿EH?!” – dice Vegeta, confuso.

Sesshoseki deja caer su maza al suelo y una prisión de roca encierra a Dabra.

– “¡Largo!” – insiste el diablo.

Vegeta aprieta los dientes. No soporta tener que abandonar el combate, pero entiende lo que hay en juego.

El saiyajín sale volando hacia el interior de la oscura gruta.

Dabra eleva su poder y rompe su prisión.

Sesshoseki se pone en guardia. Una gota de sudor recorre su frente.

– “¿Osas enfrentarte a tu Rey?” – dice Dabra.

– “Para llamarme desertor, creo que tú fuiste el que aceptó ser el criado de un brujo con tal de salir de aquí…” – responde Sesshoseki con cierto retintín.

Dabra frunce el ceño, ofendido. Sesshoseki agarra con fuerza su martillo.

Cerca del castillo del Makai, Goten y Trunks se encuentran cara a cara con los gemelos demoníacos. Los dos mestizos se han quedado sin fuerzas y parecen a merced de sus enemigos.

Goten se pone en pie y se coloca junto a su amigo.

– “Pelearemos hasta el final…” – dice el hijo de Goku.

– “Iba a proponerte lo mismo…” – sonríe Trunks.

Los dos elevan su ki, pero ni siquiera logran transformarse. 

– “Qué bonito…” – finge emocionarse la diablesa.

El hermano da un paso al frente y golpea los puños entre sí.

– “Deja que yo me encargue…” – dice él.

Ella suspira.

– “Está bien… Son todo tuyos.” – dice la mujer.

El hombre prepara sus garras.

– “Voy a destriparlos.” – se relame.