DBSNL // Capítulo 252: Sangre y arena

DBSNL // Capítulo 252: Sangre y arena

“Esa parece ser mi maldición…”

Moro mira desafiante a la Patrulla Galáctica, que se ha reunido frente a él.

– “Pobres infelices…” – se mofa el brujo. 

Jaco desenfunda su pistola y la hace girar alrededor de su dedo hasta apuntar a Moro.

– “¡Quedas detenido en nombre de la Patrulla Galáctica!” – anuncia Jaco.

Moro sonríe.

– “No me hagas reír…” – responde el brujo.

Todos los patrulleros apuntan a Moro.

El brujo representa con gestos desenfundar una pistola con su mano derecha.

– “¡JA!” – apunta a la patrulla.

De repente, una gigantesca bala de aire sale disparada hacia los agentes, pero Trunks se interpone en su camino y la detiene con su espada, haciendo que se disipe.

– “¡¡FUEGO!!” – exclama Cheelai.

Todos los patrulleros disparan. Moro no parece preocupado por los disparos pese a que muchos aciertan, hasta que una esfera de ki rojo lanzada por Toppo se aproxima a toda velocidad y le obliga a alzar un muro de roca.

De repente, Motto atraviesa el muro como una locomotora y casi sorprende al brujo, pero éste usa su poder mental para agarrarlo en el aire y levantarlo. Cerrando su mano lentamente, Moro aplasta lentamente la coraza del metalman.

– “¡¡MOTTO!!” – sufre Sheela.

Trunks lanza su arma.

– “¡OBNI!” – exclama el mestizo.

Obni silba y la espada parece multiplicarse para los ojos de Moro.

– “Tsk…” – protesta el brujo, que empuja a Motto contra un grupo de patrulleros.

Moro se convierte en humo para asegurarse de evadir el arma de Trunks.

En ese instante, el mestizo aparece a su espalda y agarra el arma al vuelo.

– “¡YAAH!” – exclama el mestizo, intentando golpear al enemigo en el momento en el que va a hacerse de nuevo tangible.

Pero Moro utiliza la misma táctica que usó Hildegarn y se escurre bajó el suelo.

– “Maldito…” – gruñe Trunks.

De repente, el brazo de Moro brota del suelo, detrás de Cheelai.

– “¡¿EH?!” – se asusta ella.

– “¡¡CUIDADO!!” – exclama Trunks, aterrado.

Mientras tanto, Hildegarn desciende sobre el pecho de Ba, que se encuentra tirando en el suelo, aturdido. El monstruo abre sus fauces y prepara su aliento de fuego cuando, de repente, una esfera de ki verde estalla en su espalda.

El monstruo se revuelve y clava su mirada en su nuevo adversario: Broly, que asciende rápidamente hacia las nubes negras de Makyo.

Hildegarn abre sus alas y persigue al saiyajín. Ambos se elevan hacia los cielos ante la mirada atenta de los demás luchadores.

– “¿Qué intenta?” – se pregunta Liquir, magullado.

– “No lo sé…” – murmura Freezer.

Los dos atraviesan las nubes. Broly es el primero en salir sobre ellas. Calma absoluta. El sonido de la batalla casi no puede oírse a esta altura. Pero la paz solo dura un instante, pues Hildegarn rompe las nubes y carga contra el saiyajín.

En tierra, Moro ha aparecido detrás de Cheelai e intenta golpearla con su mano en garra.

– “¡CUIDADO!” – exclama Trunks, aterrado.

Pero de en ese instante, dos individuos aparecen repentinamente al lado del brujo y le propinan una patada simultánea en la cara, empujándolo a varios metros de distancia.

Moro se toca la cara, molesto, y mira a sus adversarios: Zamas y Champa, ambos con halos en la cabeza, han llegado.

– “Dai Kaioshin…” – murmura Moro. – “Hakaishin…”

Trunks se alegra de verlos.

– “¡ZAMAS! ¡CHAMPA!” – exclama el mestizo, emocionado.

Moro sonríe.

– “¡JAJAJA!” – se mofa. – “Esto será divertido…”

En otro punto del campo de batalla, el búfalo diabólico se pone en pie.

– “Bastardos…” – resopla de nuevo por su morro. – “¿Cómo osáis?” – refunfuña. – “¡¡OS MATARÉ!!” 

El toro embiste de nuevo. Garana y Shisami están preparados. El simio lanza su arma, pero ésta sale rebotada por el grueso pelaje del búfalo.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden los dos soldados de Freezer.

De repente, un rayo de ki fucsia pasa entre Shisami y Garana y atraviesa al demonio, que cae al suelo y da varias volteretas por la propia inercia que llevaba hasta deslizarse hasta los pies de los soldados. 

Shisami y Garana se miran antes de darse la vuelta lentamente; ha sido Freezer.

– “Necesito un scouter.” – dice el tirano.

– “Señor… Gracias…” – dice Shisami.

– “Scouter.” – repite Freezer, extendiendo su mano.

– “Sí, claro…” – dice el akaburu, apresurándose a dárselo.

Freezer se lo coloca y lo activa.

– “¡Curd!” – dice el tirano.

– “¿S… Señor Freezer?” – se asusta el brench al oír la voz del demonio del frío.

En la estratosfera, Broly evita los golpes de Hildegarn e intenta contraatacar, pero cada vez que lo intenta, el monstruo se convierte en humo.

– “Qué bicho tan raro…” – murmura Broly, frustrado.

De repente, varias naves imperiales surgen de entre las nubes y rodean a Hildegarn. 

Curd está al mando. Una gota de sudor frío recorre su frente.

– “¡Lo tenemos en el punto de mira!” – exclama un soldado.

– “¡¡ABRID FUEGO!!” – ordena el brench.

Las naves disparan. Los cañonazos de energía atraviesan al monstruo, que se convierte en humo.

Algunos disparos golpean naves aliadas.

– “¡ALTO! ¡ALTO!” – ordena Curd, alarmado.

Hildegarn se materializa sobre una nave y cae sobre ella, agarrándola con sus manos y aplastándola.

La nave de Curd apunta al monstruo.

– “¡FUEGO!” – exclama el brench.

– “Pero… Nuestros aliados…” – duda un soldado.

– “¡¡FUEGO!!” – repite Curd.

La nave dispara. Hildegarn esconde sus alas y se deja caer. La nave de Curd derriba la otra embarcación.

Hildegarn abre de nuevo sus alas y embiste a la nave imperial.

– “¡APUNTÁDLE!” – exclama Curd.

– “¡VIENE HACIA AQUÍ!” – se asusta un soldado.

– “¡AGUANTAD…!” – dice el brench. – “Hay que disparar en el momento adecuado…”

Hildegarn agarra la nave entre sus manos. La embarcación se estremece. El cañón de la nave queda a pocos centímetros de su abdomen.

– “¡¡FUEGO!!” – exclama Curd.

La nave dispara. El primer cañonazo impacta de lleno en Hildegarn, pero para el segundo ya se ha convertido de nuevo en humo.

– “¿Así funciona?” – se pregunta Broly.

Hildegarn carga contra otra nave imperial y la atraviesa con su cola.

Curd observa la escena desde el puesto de mando de su nave, preocupado, cuando un soldado le alerta.

– “Señor… Hay alguien…” – dice apuntando a la ventana.

Broly está ahí fuera, saludando.

En tierra, tres enemigos rodean a Oli, Pino y Baicha. El primero es un orondo demonio amarillo malcarado, cuya barriga le tapa los pies. El segundo es un diablo de piel verde oliva con una espina dorsal de pez espada. El tercero es un diablo rosa musculado de cabello rojo.

– “Detrás de mí, chico…” – le dice la Doctora a Baicha. – “Cuida de Pino.”

Baicha abraza la cabeza del androide.

– “Puedo ayudar…” – dice el pequeño.

– “Mantente siempre detrás de mí y serás de ayuda.” – dice Oli.

De repente, el demonio verde embiste, con sus garras en alto.

– “¡HYAAAAAAH!” – grita y babea mientras se abalanza sobre Oli.

Oli agarra las muñecas del monstruo, pero éste aprovecha la inercia para darle una patada con ambos pies en el abdomen, haciendo que la mujer salga empujada a través del campo de batalla.

El monstruo amarillo y el demonio rosa sonríen.

– “El pequeño es mío…” – sonríe el verde, relamiéndose.

Los otros dos salen tras Oli.

El diablo verde agarra a Baicha por la bufanda y lo levanta del suelo para olerlo de cerca.

– “Carne tierna…” – sonríe el demonio. – “¡Se acabó la carne podrida!”

El monstruo abre su boca llena de afilados dientes y se prepara para darle un bocado a Baicha, pero en ese instante, alguien aparece y propina un puñetazo al enemigo.

El demonio sale disparado a varios metros de distancia. El recién llegado sujeta a Baicha en brazos antes de que caiga al suelo. Los ojos del chico se iluminan al ver a su salvador.

– “¡PAPÁ!” – exclama emocionado.

– “¿Estás bien?” – sonríe Yamcha.

Baicha asiente.

No muy lejos de allí, Oli se levanta frente a los otros dos diablos.

– “Te vamos a machacar…” – amenaza el rosa.

– “¡KYAAAA!” – grita el amarillo.

Oli intenta sorprender al demonio horondo lanzándole una esfera de ki que impacta directamente en su gran barriga, pero lejos de empujarlo o perforarlo, la carga como un tirachinas y no tarda en ser remitida.

Oli tiene que saltar a un lado para evitar ser alcanzada por su propio ataque, pero se topa con el diablo rosa, que se ha aprovechado la distracción para acercarse a ella y sorprenderla por la espalda.

El demonio le propina un codazo en la espalda que la empuja de nuevo a varios metros de distancia y cae de boca al suelo.

– “¡JAJAJAJA!” – ríen los diablos.

– “Maldita sea…” – protesta Oli.

Pero de repente los dos diablos fruncen el ceño.

– “¿Quiénes sois?” – pregunta el rosa.

Dos personajes aterrizan entre Oli y los diablos; Ten Shin Han y Chaoz.

Mientras tanto, Krilín está retrocediendo frente a la insistencia de un pequeño demonio rojo con gorro de castor.

– “¡JIJIJIJI!” – ríe el diablo mientras embiste sin cesar al viejo Krilín, que se defiende como puede ante tal violencia.

Krilín retrocede de un salto intentando tomar distancia y recuperar el aliento, cuando nota una mano en su hombro.

– “¿Eh?” – se sorprende él.

Marron, de pie a su lado, le sonríe.

– “Marron…” – los ojos de Krilín se llenan de lágrimas.

– “Hola, papá.” – saluda ella.

En la estratosfera, Hildegarn destruye la penúltima nave. Solo queda la nave de Curd.

Desde el puesto de control, Curd mira a Hildegarn, que destripa el último trozo de una nave aliada.

– “Espero que esto salga bien…” – murmura el brench, nervioso.

Hildegarn clava su mirada en la nave.

– “Ahí viene…” – dice Curd.

El monstruo carga contra la nave imperial.

– “¡Preparados!” – ordena el brench.

Los cañones apuntan al gigantesco demonio. En el interior de uno de ellos, Broly espera, en estado base.

– “Un poco más…” – murmura el saiyajín, preparándose para salir.

Hildegarn agarra la nave y clava sus garras en ella. Las alarmas suenan en el puesto de mando.

– “¡¡RESISTAN!!” – exclama Curd.

De repente, un resplandor verde ilumina uno de los cañones y, antes de que Hildegarn se dé cuenta, es atravesado por Broly que, con los dos puños por delante, brota de la espada del monstruo.

– “¡¡LO HA HECHO!!” – celebra el brench.

Pero Hildegarn aún no ha dicho la última palabra. El monstruo se revuelve y se prepara para lanzar su aliento de fuego… pero éste sale del agujero en su abdomen, quemándose a sí mismo.

Hildegarn se transforma en humo, esta vez ardiente, e intenta huir hacia la superficie del planeta.

– “¡SE ESCAPA!” – exclama Broly, que sale tras él.

El humo cruza las nubes, pero alguien lo espera; Tapion y su ocarina sobrevuelan Makyo.

– “¿Qué?” – se sorprende Broly.

El humo de Hildegarn parece sufrir ante la música del konatsiano y empieza a envolverlo hasta convertirse en un torbellino que poco a poco penetra en el guerrero.

Tapion deja de tocar y suspira aliviado.

Broly desciende hasta el konatsiano.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el saiyajín. – “¿Y el monstruo?”

– “Está en mi interior.” – dice Tapion.

– “¿En tu interior?” – se extraña Broly.

– “Esa parece ser mi maldición…” – dice Tapion. – “Mi destino.”

El konatsiano desenvaina su arma y se la ofrece a Broly.

– “Tengo que pedirte un favor, guerrero.” – dice Tapion. – “No tenemos mucho tiempo.”

– “¿EH?” – dice el saiyajín, confuso.

En el Makai, Dabra está frustrado por ser rechazado por los demonios que consideraba bajo sus órdenes.

– “¿Cómo es posible?” – se pregunta el diablo, mirando al suelo. – “Soy el Rey… el Rey de los Demonios…”

– “A mí no me lo pareces…” – se burla Gotenks.

– “Dabra…” – interviene Vegeta, sosegado.

Dabra alza lo mirada para ver al saiyajín.

– “Siempre hay una decisión que tomar.” – dice Vegeta.

– “¿Eh?” – se sorprende el demonio.

– “Un título no significa nada.” – continúa Vegeta. – “¿Rey de los Demonios? ¿Príncipe de los saiyajín? Qué importa…”

– “Vegeta…” – se sorprende Gotenks.

– “El Makai ha dejado de responder a tus órdenes.” – dice Vegeta. – “¿Es eso todo lo que eres? ¿El Rey de una tierra yerma?” 

– “¿Qué insinúas?” – pregunta Dabra, confuso.

– “Libérate de las cadenas que crees que te atan.” – responde Vegeta. – “¿Cuál es tu propósito?”

– “Mi propósito…” – repite Dabra.

En la oscuridad, Son Goku puede sentir una presencia por primera vez en mucho tiempo. Al abrir los ojos, un resplandor anaranjado parece la única fuente de calor en las frías tinieblas que lo envuelven.

– “Qué calor tan agradable…” – sonríe Goku, que empieza a caminar en esa dirección. – “¿Qué será?”

En Makyo, Moro aprieta sus puños.

– “Más…” – murmura el brujo. – “¡¡MÁS!!” – exclama.

Del portal siguen saliendo demonios, uno tras otro.

Son Gohan, no muy lejos de la entrada, se da cuenta.

– “Maldición…” – protesta el mestizo. – “¡HAY QUE CERRAR EL PORTAL!”

– “¿Cómo?” – pregunta Pan.

– “No lo sé…” – aprieta los dientes el mestizo. – “Pero al menos podemos intentar que entren más despacio…”

Pan y Gohan preparan un masenko y lo lanzan contra el portal, causando una explosión a su alrededor.

– “¡Otra vez!” – exclama Gohan. – “¡HAAA!” – disparan.

Los demonios que logran atravesar el portal son repelidos por los ataques y parecen acumularse en la entrada.

Pero de repente, un gran demonio de piel azul oscuro, bípedo, con un gran ojo central y pinzas de langosta, atraviesa el portal, repeliendo los ataques de padre e hija y derribando a sus propios aliados como si fueran bolos.

DBSNL // Capítulo 250: Pozo de tinieblas

DBSNL // Capítulo 250: Pozo de tinieblas

“Tenemos que resistir…”

El nuevo Hildegarn se alza en el campo de batalla y su rugido ensordece a todos los presentes.

Tapion agarra su espada con fuerza, pero se queda paralizado, reviviendo su pasado al ver al enemigo.

Slug, en su forma gigante, frunce el ceño.

– “El demonio de Konats…” – murmura el namekiano.

Los ozaru disparan a discreción, pero los ataques no causan ningún daño al monstruo, que los supera en tamaño.

Jiren dispara una esfera de ki rojo al monstruo, pero éste se deshace en humo, dejando pasar el ataque, que acaba cayendo sobre el horizonte.

– “¿EH?” – se extrañan muchos al ver que el intento del haiirotoko ha fracasado.

Freezer aprieta los dientes.

– “Nos encontramos de nuevo…” – fuerza una sonrisa furiosa el tirano.

El monstruo se materializa de nuevo y abre sus enormes fauces de las que emana un fuego mágico con el que ataca al ejército universal.

Freezer ve a sus hombres morir. Con ellos arden las esperanzas de ganar la guerra.

Liquir avanza entre las hordas enemigas mientras activa su octava cola. El kurama salta hacia Hildegarn y gira sobre sí mismo como una peonza para disipar el fuego mientras avanza.

Liquir logra llegar hasta el monstruo e intenta golpearlo, pero éste desaparece.

El zorro gruñe.

– “¡¡YAAAAAAAAH!!” – brama Liquir, mientras su novena cola aparece.

El aura de Liquir brilla de color naranja mientras se transforma en un avatar gigante en forma de zorro de nueve colas.

Reitan se queda boquiabierto al ver a su compañero desplegando todo ese poder.

– “La… la novena…” – titubea el herajín. – “Es impresionante…”

Hildegarn se ha materializado de nuevo. El zorro y el monstruo se miran fijamente antes de embestir el uno contra el otro.

Freezer, desconocedor hasta ahora del poder real del kurama, se queda impresionado.

– “¡FREEZER!” – exclama Reitan.

– “¿Eh?” – sale el tirano de su trance.

– “Liquir no aguantará mucho…” – dice el herajín. – “¡¿Tienes un plan?!”

– “Tenemos que resistir…” – dice Freezer, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “¡¡Tenemos que aguantar!!”

Liquir dispara con su boca a Hildegarn, pero éste se convierte en humo para evadir los ataques. Luego se materializa de nuevo a espaldas de Liquir con su cola alrededor del cuello del zorro.

– “¡¡Grrrgh!!” – se queja el kurama, intentando liberarse.

Freezer se envuelve en una esfera de energía fucsia y embiste a Hildegarn, que intenta cazarlo con sus garras como si intentara atrapar una luciérnaga, sin liberar al zorro. Freezer evita los manotazos del monstruo. 

En el suelo, la encarnizada guerra continúa. Los demonios, que han visto sus fuerzas reavivadas por la presencia de Hildegarn, cargan con más violencia que nunca.

Pero de repente, una suave melodía silencia el combate. Tapion, tocando su ocarina, avanza entre las hordas de demonios, que incomprensiblemente se apartan al oír la canción de Konats.

Hildegarn se fija el en el espadachín. Durante unos instantes, parece que la música logra amansarlo… pero el monstruo ruge y lanza una gran llamarada hacia el konatsiano.

El pobre Tapion se queda petrificado al ver que su ocarina no ha funcionado.

Tapion aparece a varios metros de distancia, sujetado por Trunks.

– “¿Estás bien?” – le pregunta el mestizo.

El konatsiano está confuso con lo sucedido y se queda mirando su instrumento musical.

– “No ha funcionado…” – murmura Tapion.

– “¿Qué esperabas?” – pregunta Trunks.

– “La música de esta ocarina debería detenerlo.” – explica el konatsiano.

Trunks sonríe.

– “Si lo que necesitas es que se oiga…” – dice el mestizo, buscando con su mirada entre las tropas aliadas.

Freezer y Liquir siguen atacando al monstruo. El tirano usa sus discos cortantes dirigidos para hacer que el demonio se convierta en humo y libere al zorro.

La técnica del demonio del frío impide que Hildegarn pueda recomponerse, pues los discos atacan a la nube de humo cada vez que ésta intenta reconfigurarse.

– “¿Qué haces?” – gruñe el kurama. – “¡No podemos golpearlo en ese estado!”

– “¡Me he enfrentado a él antes!” – replica Freezer. – “Esto es lo más parecido a detenerlo que podemos hacer ahora mismo…”

De repente, el humo desciende a toda velocidad y se infiltra en las grietas del suelo de Makyo, donde los discos cortantes no pueden seguirlo.

– “¿Eh?” – se sorprenden Liquir y Freezer.

Del suelo brota Hildegarn, levantando el terreno de combate y haciendo saltar por los aires a cientos de soldados y demonios.

El monstruo atrapa a Freezer con una mano, cuya barrera de energía protectora estalla como una burbuja; y con la otra atraviesa el cuerpo de ki de Liquir y atrapa al kurama. 

– “¡LIQUIR!” – se preocupa Reitan, desde el suelo.

El demonio sapo, que sigue con vida, aprovecha el despiste el herajín y le agarra una pierna con la lengua y tira de él, intentando comérselo. Reitan queda atrapado en la boca del anfibio maligno hasta la cintura.

– “Qué asco…” – protesta el herajín, intentando salir de ahí.

De repente, alguien aparece para propinar una fuerte patada en el estómago al sapo, que escupe a Reitan al instante.

– “Gracias…” – dice el herajín, cubierto de babas.

Al mirar a su nuevo aliado, se da cuenta de que es un hombre parcialmente convertido en máquina.

– “¿Qué eres?” – pregunta el herajín, extrañado.

– “Me llamo Turles.” – dice el guerrero. – “Y que mis arreglos no te confundan. Soy un saiyajín.”

– “Está bien…” – sonríe Reitan. – “…saiyajín.”

No muy lejos de allí, los ozaru han retrocedido frente a los golems. 

Leek ha perdido su cola y ha regresado a su estado base. Un demonio verde oliva alado, con aspecto de murciélago, se lanza sobre él con las garras de los pies preparadas.

Pero de repente, un gigantesco hurón se abalanza sobre el demonio y lo agarra con los dientes para luego zarandearlo hasta que deja de moverse.

Leek se sorprende ante el tamaño del animal.

– “¡Padre!” – exclama Tarble, que corre a socorrerlo.

– “¿Tarble?” – se sorprende Leek. – “¿Kale?” – dice al ver a su hijo acompañado por la saiyajín. – “Estáis aquí…”

Un tercer guerrero acompaña a los dos muchachos.

– “Broly…” – dice Leek al verlo.

El saiyajín sonríe.

– “Te veo distinto…” – se sorprende Leek.

El rostro de Leek pasa de alegría a preocupación.

– “No sé si deberíais haber venido…” – dice Leek, que mira de reojo a Hildegarn.

Tarble ayuda a reincorporar a su padre.

– “Tranquilo…” – dice el saiyajín. – “Hemos traído a unos amigos.”

Una gigantesca sombra humanoide cubre a los saiyajín. Leek levanta el cabeza boquiabierto para ver de qué se trata.

El gigante Ba, con Madas de pie sobre su oreja derecha, se dirige hacia Hildegarn.

– “¡Gracias por ayudarnos, viejo amigo!” – le dice el ira-aru.

– “¡BAAA!” – responde el gigante.

Spade y su banda, armados con armas de ki, embisten a los demonios.

– “¡Esta presa es nueva, muchachos!” – exclama Spade. – “¡Hay que cazar demonios!”

Los cadáveres del campo de batalla se alzan ante la sorpresa de soldados y diablos. Kamakiri mueve sus dedos, dirigiéndolos contra las hordas del Makai.

Ba sigue avanzando. El gigante es tan grande que Hildegarn a duras penas le llega a la cintura.

El gigante propina un puñetazo al monstruo, que se ve obligado a transformarse en humo. Liquir y Freezer se liberan.

Mientras tanto, Gohan se enfrenta a Moro, pero el brujo es ampliamente superior. Gohan está recibiendo un duro castigo. El brujo propina un violento puñetazo en el pecho al mestizo, que retrocede varios metros de distancia mientras se tambalea.

Trunks aparece y sujeta a Gohan para que no se caiga.

Moro suspira.

– “Testarudos…” – murmura el brujo.

– “Je…” – sonríe Trunks.

Hildegarn se materializa sobre Ba, pero el gigante logra agarrarlo de cuello para luego estamparlo contra el suelo, momento en el que el monstruo se convierte en humo de nuevo.

En ese instante, la canción de Konats suena de nuevo a todo volumen. El combate se detiene.

Entre la multitud, Tapion toca su ocarina. Los hermanos Para-para usan sus armaduras para que la canción retumbe en Makyo.

Los demonios se detienen.

– “¡Está funcionando!” – celebra Bon Para.

Hildegarn se materializa en el cielo y desciende hasta el suelo de forma torpe, quedando arrodillado.

– “¡¡GRAAAAAAAH!!” – gruñe el monstruo.

Ba le pone un pie encima y lo estampa contra el suelo. El gigante agarra la cola del monstruo y tira de ella hasta arrancársela.

Moro frunce el ceño al ver lo que está sucediendo.

– “Muy inteligentes…” – gruñe el brujo. – “Pero subestimáis mi poder…”

Un tercer guerrero se une a Gohan y Trunks. Moro levanta una ceja al verlo. Es Broly.

– “¿Qué haces tú aquí?” – se pregunta el brujo. – “Ya has cumplido tu función… ¿Por qué no desapareces?” – frunce el ceño, molesto.

Broly mira a Gohan y luego a Trunks. Los tres sonríen de forma cómplice. Gohan y Trunks avivan sus auras incoloras. Broly eleva su ki, y parece que va a transformarse en Súper Saiyajín, pero su aura amarilla se torna verde, aunque Broly no pierde el control; sus pupilas verdes siguen presentes en sus ojos.

Dibujado por Ipocrito

– “Hmm…” – murmura Moro.

Freezer, que ha sentido el poder de Broly, lo mira asombrado.

– “Ese poder…” – murmura el tirano. – “¡Es el poder del fruto!”

El ki de Broly parece nacer en el interior de cada saiyajín, cuyas auras adquieren un tinte verdoso.

– “¿De dónde nace este poder?” – se pregunta uno, al sentirse más fuerte que nunca.

– “¿Broly?” – se sorprende Leek.

Los tres guerreros cargan contra el brujo, que detiene los puñetazos de Gohan y Trunks, uno con cada mano, pero Broly da una voltereta hacia delante en el aire y le patea con el talón sobre la cabeza, doblando al brujo. Gohan y Trunks aprovechan el momento y giran sobre sí mismos para dar una doble coz a Moro y lanzarlo lejos de allí.

Freezer sonríe al ver a Moro retrocediendo y a Hildegarn y el ejército demoníaco detenido.

– “¡¡APROVECHAD LA SITUACIÓN!!” – exclama el tirano. – “¡¡HACED TODO EL DAÑO POSIBLE!!”

Los soldados universales disparan a discreción. Los saiyajín y los ozaru, gracias a su nueva fuerza, causan estragos en el enemigo.

Moro se pone en pie. No parece que haya recibido daño; solo su orgullo ha sido herido.

El brujo sonríe con rabia. 

– “¿Creéis que podéis derrotarme?” – pregunta Moro. – “¡Gracias a vuestros dioses tengo un ejército más grande de lo que jamás podréis enfrentar!” – exclama. – “¡¡HIJOS MÍOS!! ¡¡TOMAD VUESTRA LIBERTAD!!”

Los demonios siguen saliendo del portal, ahora acompañados por una cascada de tinieblas que baña el terreno de combate. A medida que la neblina alcanza los diablos, estos parecen mutar y tornarse más fuertes. Algunos logran moverse de nuevo.

– “¡¿AH?!” – se preocupan los hermanos Para.

La piel de Hildegarn parece endurecerse y volverse opaca. Ba lo mira extrañado. 

De repente, la espalda del monstruo se parte por la mitad y, como si de un insecto se tratara, una versión alada del monstruo abandona el cascarón.

Las hordas de Moro recuperan terreno rápidamente.

– “Cada vez que parece que tomamos la delantera, de alguna forma se recuperan…” – protesta Slug, que recupera su estatura normal. – “¡¡FREEZER!!” – protesta.

– “Tenemos que aguantar…” – murmura el tirano. 

– “¿Aguantar? ¡¿Hasta cuándo?!” – se extraña Slug.

– “¡Tú sigue luchando!” – protesta Freezer.

De repente, Shima llega a Makyo acompañado.

– “¡Ya he llegado! ¡Hatsuka-sama! ¡Madas-sama!” – saluda el yadrat.

– “¡Bien hecho!” – dice Madas. – “¡¿Los has traído?!”

Oli da un paso al frente, acompañada por una joven pareja y dos pequeños querubines alados.

– “¡Están jugando a peleas!” – se emociona la muchacha. – “¡Mira, Obotchaman!

– “¿Esta gente es malvada, Arale?” – pregunta él.

– “Turbo ha dicho que sí.” – responde Arale. – “¿Verdad, Gatchan?”

– “¡Pupipopipi!” – celebran los dos querubines.

– “¿Y qué hacemos?” – pregunta Obotchaman. – “¿Nos unimos y ya está?”

– “Lo mejor será saludar.” – dice Arale.

– “Está bien…” – dice él.

La pareja inspira con fuerza arqueando su espalda hacia atrás para luego saludar con fuerza.

– “¡¡N’CHAAAAAAAAAAA!!” – exclaman a la vez. 

Como dos cañones de energía, sus saludos arrasan con todos los enemigos que encuentran a su paso.

Madas sonríe al contemplar la escena.

– “Bien…” – piensa el ira-aru. – “Pero, ¿dónde se ha metido esa bruja?”

En el Makai, Gotenks ha estado insistiendo con sus misiles “muere-muere” hasta que finalmente se detiene para recuperar el aliento.

– “A este ritmo voy a quedarme sin energía…” – piensa Gotenks, preocupado. 

Dabra resurge de entre los escombros, frustrado, y aprieta los dientes. El diablo reaviva su aura roja y negra.

– “¡MALDITOS MORTALES!” – protesta el demonio. – “¡¡NO SOIS RIVALES PARA EL PODER DEL MAKAI!!”

El aura de Dabra provoca una fuerte corriente de aire absorbente pero estéril. Su poder no está aumentando. El demonio se queda estupefacto al darse cuenta.

– “Je, je…” – sonríe Gotenks.

– “¿Qué…?” – titubea Dabra. – “¿Por qué…?”

– “Puede que sean solo nervios.” – fanfarronea Gotenks. – “Seguro que esto le puede pasar a cualquiera…”

– “¡¿Por qué…?!” – aprieta los puños el demonio hasta que sangran. – “¡¿Por qué el Makai no responde a mi llamada?!”

Vegeta, sin dejar de mirar su reflejo en el hielo, responde.

– “El Makai tiene otro Señor.” – dice el saiyajín. – “¿Aún no te has dado cuenta?”

Por primera vez, Dabra no puede negar esta nueva realidad; el heredero del Rey de los Demonios es solo un peón en la partida que está disputando otro.

En Makyo, una diablesa con aspecto ofidio se acerca a Baicha mientras se relame.

– “Este tiene que ser tierno…” – sonríe ella.

Pino, en brazos del chico, se preocupa.

– “Corre…” – dice el robot. – “Olvídate de mí y corre…”

El hijo de Yamcha deja a Pino en el suelo y se pone en guardia delante de él.

– “Chico…” – insiste Pino.

– “¡¡YAAAAAH!!” – grita Baicha, saltando sobre la diablesa. – “¡COLMILLOS DE LOBO!”

Pero la diablesa lo remite al suelo de una patada y cae más allá de la cabeza de Pino.

– “Mocoso…” – se burla ella.

El robot, impotente, ve como la diablesa se acerca a él.

– “No ganaréis…” – dice Pino. – “La gente con buen corazón siempre se interpondrá en vuestro camino…”

– “Cállate.” – dice ella, preparada para pisarlo.

Pero de repente, alguien agarra del pelo a la diablesa, deteniéndola; es Oli.

– “No te acerques a mi hijo.” –  sentencia la doctora.

Oli da vuelta sobre sí misma, haciendo girar al demonio hasta lanzarlo lejos de allí.

El demonio con forma de gallo corre hacia Ub y Katopesla, que se ponen en guardia, pero Bra cae repentinamente sobre la cabeza del diablo, incrustando su pico en el suelo.

De repente, entre la multitud, un jabalí morado humanoide armado con una gran maza propina golpes a diestro y siniestro, haciendo volar por los aires a decenas de patrulleros con cada golpe.

DBSNL // Capítulo 249: Ejército universal

DBSNL // Capítulo 249: Ejército universal

“¡Cuánto tiempo!”

La batalla por el destino del universo ha empezado.

Los soldados imperiales, los litt y los imegga disparan a discreción contra los demonios, que se amontonan unos sobre otros superando líneas. 

Shisami, con su piel candente, embiste a un grupo de diablos y los derriba como si fueran bolos; algunos saltan por los aires. Ledgic usa una lanza para ensartar a un enemigo y lanzarlo contra otro grupo de demonios.

Liquir, con siete colas activas, se abre paso entre los enemigos a zarpazos, pero un demonio en forma de sapo azulado y con una larga lengua se abalanza sobre él por la espalda. Alguien interviene antes de que el demonio pueda sorprenderle y patea al sapo. Reitan se posa espalda con espalda con Liquir. Mirándose de reojo, los dos guerreros comparten una media sonrisa.

Freezer usa su rayo mortal y lo dirige entre enemigos, perforando el corazón de más de una docena.

En el cielo, las naves imperiales y las de los Nádor dispara a discreción contra los enemigos alados, algunos de los cuales se amontonan sobre naves y las destrozan con sus garras.

Garana y Paupana, al igual que su simiesco ejército, combate a los enemigos cuerpo a cuerpo haciendo gala de su agilidad y fuerza bruta.

La patrulla galáctica también abre fuego contra el enemigo. Katopesla usa las habilidades de su traje para avanzar entre hordas enemigas causando el mayor daño posible. Motto rompe líneas enemigas arrollándolos como una locomotora. Obni silba y desorienta a los enemigos mientras Ganos, transformado, los noquea. Meerus dispara desde la cadera con una puntería sombrosa.

Sheela y Cheelai intentan abatir a sus contrincantes, pero éstos siguen amontonándose a su alrededor, cerrando el círculo sobre ellas. De repente, la espada de Trunks rodea a las chicas librándoles de todo enemigo. El hijo de Vegeta recupera su arma mientras desciende junto a ellas.

– “¡TRUNKS!” – celebra Cheelai emocionada al ver a su amigo sano y salvo.


Cazarrecompensas del Sector Dormideus se unen a la patrulla y disparan juntos al enemigo.

Krilín lanza su kienzan, que corta por la mitad a todo el que se cruza en su camino. Shula usa su poder mental para empujar enemigos y lanzarlos por los aires. Mai dispara con su escopeta. Slug agarra un demonio y alarga su brazo para empujarlo y usarlo para golpear otros. Jiren usa el viento que mueven sus puñetazos para abatir a cientos de demonios. Ub y Bra pelean espalda con espalda, repeliendo enemigos.

En un rincón del campo de batalla, un grupo de diablos danzan coordinados al son de la música.

– “¡¡BON PARA-PARA-PARA-BON-PA-PA!!” – recitan los hermanos, cuyas armaduras sirven de altavoz.

Gohan intenta llegar hasta Moro, pero varios demonios se abalanzan sobre él y detienen su avance.

– “¡HAAAAAA!” – emite una onda expansiva de ki y los aparta a todos.

Pero una nueva oleada se le echa encima.

– “¡Son demasiados!” – exclama el mestizo.

Hordas de diablos siguen saliendo del portal.

En la Tierra, Madas puede sentir como centenares de almas se reúnen en un punto remoto del universo. 

– “Están luchando…” – murmura el ira-aru.

Baba cierra los ojos.

– “Es terrible…” – visualiza la batalla.

Turbo se acerca a la extraña pareja.

– “¿Has dicho que hay una pelea?” – pregunta el hijo de Norimaki.

Madas siente como docenas de almas se apagan una tras otra.

De repente, se sobresalta.

– “¡¡KAIOSAMA!!” – clama al cielo. – “¡ESTÁS AHÍ, ¿VERDAD, JOVEN COTILLA?! ¡¡KAIOSAMA!!”

– “¡¿Qué ocurre?!” – responde el Dios del Norte, sobresaltado.

– “Necesito tu ayuda…” – responde el ira-aru.

El combate continúa. La pelea se intensifica. Las bajas en ambos ejércitos son cuantiosas, pero la cantidad de demonios que salen del portal parece no tener fin.

Moro sonríe viendo como sus diablos arrasan todo lo que encuentran a su paso.

Krilín retrocede, avasallado por el enemigo, y se choca con alguien.

– “¡AH!” – se da la vuelta rápidamente mientras retrocede de un salto y se prepara para lanzar un Kamehameha.

– “¡EH!” – levanta las manos Reitan. – “¡Estoy con vosotros!”

El terrícola parece confuso.

– “Es que tienes cara de demonio…” – se excusa Krilín.

– “¿Yo?” – replica Reitan. – “¡Tú no tienes nariz!

Un nuevo enemigo se aproxima por sorpresa, pero Shula lo intercepta de una patada.

– “¡Basta de cháchara!” – protesta el ira-aru.

El demonio sapo proyecta su lengua, que se engancha alrededor de la pierna de Reitan y luego lo lanza hacia Liquir, que cargaba contra el sapo y ahora se detiene al chocar con su amigo.

Tapion se abre paso a golpe de espada, pero un diablo del linaje de Akkuman se abalanza sobre él, tridente en mano, obligándole a defenderse. Con un preciso movimiento de su fisga, el diablo desarma al konatsiano, y su espada sale volando.

Trunks aparece volando y recoge el arma en el aire; sin dudar, se abalanza sobre el enemigo, decapitándolo usando a la vez su arma y la de Tapion.

– “¿Eh?” – se sorprende el konatsiano.

Trunks le devuelve el arma.

– “Gracias.” – dice Tapion.

Los diablos siguen atacando. El ejército universal sigue acumulando heridos. A diferencia de los demonios, los mortales se cansan.

Katopesla usa su traje “Ultra” para repeler a varios enemigos, pero de repente, un demonio en forma de gallo cae sobre él y le agarra el casco con su garra, apretándolo y rompiéndolo.

– “¡¡AAH!” – sufre el toreristo.

Sheela, al ver a su amigo en peligro, dispara mientras corre hacia él.

– “¡¡KATOPESLA!!” – exclama ella.

Ub aparece volando a toda velocidad, usando el Kaioken, y aparta al gallo de una patada.

Los trozos del casco del toreristo caen al suelo mientras él se pone en pie, ahora con la cara descubierta.

– “Hola, héroe…” – sonríe Katopesla.

– “¡Cuánto tiempo!” – saluda Ub.

Los diablos empiezan a ganar terreno. Las filas se rompen en el ejército universal.

Shula empuja a varios enemigos con su poder mental. Agotado, se tropieza. Parece que ha llegado a su límite… pero alguien le sostiene con un bastón, evitando que caiga.

– “¿Eh?” – se extraña el ira-aru.

Toshisei le regala una tierna sonrisa. La Academia Kaioshin ha llegado.

– “¡ATENDED A LOS HERIDOS!” – ordena el anciano ira-aru. 

Los ira-aru se reparten por el campo de batalla.

– “¡Maestro Toshisei!” – se alegra de verlo Son Gohan.

– “Madas tenía razón…” – murmura el anciano. – “La situación es terrible.”

– “¿Madas ha venido?” – se sorprende Gohan.

– “Está de camino.” – dice Toshisei.

Moro frunce el ceño al ver a los miembros de la Academia.

– “Ira-aru…” – gruñe el brujo.

Con la ayuda de los ira-aru, las esperanzas parecen renovadas.

Pero los demonios siguen saliendo del portal.

De repente, Hatsuka, que está ocupado peleando con varios enemigos, teletransportándose entre ellos para golpearlos por sorpresa, oye una voz en su interior.

– “¡Hatsuka-sama!” – dice la voz. – “¿Me oye?”

– “Por supuesto.” – responde el yadrat. – “¿Qué ocurre?”

– “Soy el Kaio del Norte.” – se presenta.

– “Un honor.” – asiente Hatsuka.

– “Tengo un amigo que quiere hablar con usted.” – dice el Dios.

– “Joven Hatsuka …” – dice Madas. – “Necesito que me escuches con atención…”

– “Estoy un poco ocupado, señor…” – lo interrumpe Hatsuka, que tiene que usar el Shinkanido para evitar se engullido por una especie de lagarto gigante. – “¿Puedo remitirle a alguien?”

La encarnizada batalla continúa. Moro ha creado golems de roca gigantes que pisotean soldados como si fueran cucarachas.

– “Maldita sea…” – refunfuña Freezer.

De repente, media docena de esferas de energía ascienden entre la multitud y estallan en el cielo, iluminando la zona. 

– “¿Eh?” – se extraña Freezer, que reconoce la técnica. – “Eso son…”

Un rugido colectivo inunda el campo de batalla. Entre la gente se alzan los ozaru.

Algunos simios abren fuego contra los golems enemigos y otros salen a su encuentro. Varios gigantes de roca estallan en mil pedazos.

Moro aprieta su puño, molesto. 

De repente, los golems se reconstruyen. Columnas de fuego brotan del suelo, rayos caen del cielo. Ambos imbuyen a varios gigantes con su poder.

Con esa fuerza añadida, los golems empiezan a repeler a los saiyajín.

– “No aguantarán mucho tiempo…” – piensa Slug.

El namekiano se agranda y se une al combate, barriendo parte del terreno con un torrente de ki emanado desde su boca.

– “¡¡BIEN HECHO!!” – celebra Mai.

Moro sonríe. De su cuerpo emana un denso humo oscuro que se concentra en el cielo, cobrando forma lentamente.

Los soldados sienten terror al ver lo que está ocurriendo.

Tapion se paraliza al verlo, como si tuviera ante él un fantasma del pasado.

– “No… No puede ser…” – titubea el konatsiano.

Un gigantesco y terrorífico monstruo Kashvar con cara de muerte y una larguísima cola ha renacido. Hildegarn toma tierra en Makyo y hace temblar el suelo.

Una gota de sudor frío recorre la frente de Freezer al reconocer al enemigo, que de un coletazo barre de enemigos y aliados la zona que lo rodea.

DBSNL // Capítulo 248: Tártaro

DBSNL // Capítulo 248: Tártaro

“Todo gracias a vuestras queridas esferas mágicas.”

En Makyo, Vegeta golpea sin éxito el bloque de hielo. Detrás de él, se oyen explosiones que hacen retumbar la gruta; Gotenks dispara a discreción contra Dabra.

– “¿Por qué…?” – se apoya en él con ambas manos. – “¡¿Por qué?!” – se frustra, golpeándolo con la cabeza.

Una gota de sangre recorre el hielo hasta congelarse.

Al apartarse, parte de la piel de su frente queda pegada al hielo, provocándole un mayor sangrado que recorre su nariz hasta su barbilla y gotea en el suelo.

Vegeta se ve reflejado en el hielo, frente a la figura de Son Goku.

En el interior del hielo, Son Goku sigue concentrado, de pie en mitad de la oscuridad absoluta, intentando sentir alguna presencia.

En Makyo, la fusión ha sido separada por Moro. Gohan y Trunks se miran el uno al otro, incrédulos. Krilín, Jiren, Slug y los demás observan con horror lo sucedido. Sus esperanzas de ganar la batalla se han esfumado.

El brujo se cruza de brazos y suspira.

– “¿Habéis comprendido ahora hasta dónde llega mi poder?” – pregunta Moro.

Gohan, magullado, se pone pie.

– “Moro…” – dice el mestizo. – “Eres tú…”

Trunks hace lo mismo.

– “Eres tú quien no lo comprende…” – añade el hijo de Vegeta.

Gohan reaviva su aura. Trunks también.

– “No nos rendiremos.” – dice el hijo de Goku.

– “Lucharemos hasta derrotarte.” – añade Trunks.

Moro niega con la cabeza.

– “Sois tozudos…” – murmura el brujo, que descruza sus brazos. – “Entonces, moriréis.”

El brujo apunta con una mano a cada mestizo y les dispara un ataque de ki que los engulle antes de resultar en dos grandes explosiones.

De repente, Slug aparece entre la polvareda, cayendo desde el cielo sobre Moro, propinándole una patada en la nuca. El brujo ni se inmuta.

– “¿Aún os quedan fuerzas?” – se burla Moro.

Jiren embiste con todas las energías que le quedan y le propina un puñetazo directo en la cara. No hay reacción.

Slug usa a Moro para impulsarse hacia atrás mientras genera una esfera de ki amarillo en su mano derecha. Jiren también retrocede mientras prepara una esfera de ki rojo.

– “¡¡HAAA!!” – lanzan sus ataques.

Una gran explosión anaranjada sacude Makyo.

Cuando la polvareda se disipa, Moro sigue impertérrito en el centro del cráter.

Slug y Jiren miran frustrados a su enemigo.

El brujo se envuelve en una llama negra.

Slug y Jiren apuntan al brujo y disparan a discreción… pero las esferas de ki se convierten en humo y ceniza al chocar contra el fuego del brujo.

– “¿Qué clase de poder…?” – se pregunta el namekiano, aterrado.

Moro se eleva lentamente unos metros sobre el suelo.

De repente, el brujo clava su mirada en Slug, que sale empujado a un centenar de metros de distancia.

Jiren se abalanza sobre Moro, intentando propinarle un puñetazo, pero el brujo con un sencillo gesto desvía el golpe y agarra el rostro del haiirotoko para después descender con él y estamparlo contra el suelo, dejándolo inconsciente.

– “Je…” – sonríe Moro.

El brujo patea a Jiren, apartándole de su camino.

En ese instante, Shula se abalanza sobre la espalda del brujo y lo agarra del cuello. 

– “Sois ridículos…” – refunfuña Moro.

Moro agarra a Shula clavándole las uñas en la espalda. El ira-aru grita de dolor. El brujo se lo quita de encima con facilidad, lanzándolo a un lado.

Un gran ataque de ki se aproxima hacia Moro, pero en el último instante se eleva.

– “¿Eh?” – se extraña el brujo.

El ataque estalla en el cielo y una decena de esferas de ki llueven sobre Moro.

Krilín ha puesto toda su energía en el ataque.

– “Ah… ah…” – respira cansado.

La polvareda se disipa. Moro sigue en pie, una vez más, como si nada.

En ese instante, un ataque morado avanza hacia Moro. El Garlick-Ho de Bra. 

El brujo lo detiene con una mano.

– “Estáis haciendo el ridículo…” – murmura Moro.

En ese momento, Ub aparece detrás de él usando el Shunkanido y con un Kamehameha cargado.

– “¡HAAAAAAA!” – dispara el chico de Isla Papaya.

Otra explosión sacude Makyo.

Entre la polvareda, Ub no puede ver a Moro.

Lentamente, en la distancia, el terrícola identifica al brujo agarrando a Bra de la coleta, sosteniéndola en el aire.

– “¡BRAA!” – exclama el chico.

En ese instante, dos proyectiles impactan en la espalda de Moro. Mai ha disparado.

Detrás de la mujer terrícola, Baicha abraza la cabeza de Pino.

Moro, sin soltar a Bra, dispara a Mai.

– “¡¡CUIDADO!!” – exclama el chico de Isla Papaya.

Sin dudar ni un instante, Ub se teletransporta y se interpone entre el ataque y la mujer, intentando detener el disparo con sus manos.

– “¡Grrrh… GRAAAAAH!” – intenta resistir Ub hasta que, finalmente, el ataque estalla.

La explosión empuja a todos los presentes, dejándolos fuera de combate.

Moro levanta a Bra de la coleta y se prepara para el golpe de gracia… pero la espada de Trunks pasa volando y corta el cabello de la muchacha.

El hijo de Vegeta, que ha perdido su gabardina, se abalanza sobre Moro, agarrándolo de la cintura con las pocas fuerzas que le quedan.

– “¡¡HAAAA!!” – intenta mover al brujo, sin éxito.

Moro propina un codazo en la cabeza de Trunks, que se desploma contra el suelo.

Gohan aparece a toda velocidad y se lanza con los pies por delante sobre Moro.

– “¡¡YAAAAH!!” – grita el mestizo.

El brujo se cubre y sale repelido unos pocos metros, dejando un pequeño surco bajo sus pies.

– “¿Tú también sigues vivo?” – se mofa Moro.

Gohan, aprieta los dientes y reaviva su aura incolora. Embiste de nuevo, propinando un puñetazo a Moro en la cara, que sorprende al brujo. El mestizo le propina otro, pero tiene menos efecto. Y un tercero que Moro ni siente.

Son Gohan se frustra; se siente impotente. El mestizo pone todas sus fuerzas en otro puñetazo.

– “¡YAAAAAAH!” – grita al lanzarlo.

Pero al impactar contra el rostro de Moro, Gohan se da cuenta de que su aura se ha vuelto amarilla.

– “¿EH?” – se sorprende el mestizo.

– “Vaya…” – murmura el brujo. – “Parece que éste es tu límite…”

Gohan se mira las manos, incrédulo.

– “Has mantenido ese estado a base de pura voluntad todo este tiempo…” – dice Moro. – “Impresionante… Pero todo tiene un límite.” – sonríe.

Moro apunta a Gohan con su mano y lo empuja con su ki, lanzándolo lejos y estrellándolo contra un pequeño acantilado, incrustándolo en la pared de roca.

El brujo aviva su aura. El planeta se cubre de oscuridad. Rayos rojos chispean a su alrededor.

– “Ha llegado el momento…” – dice Moro. – “De que el Makai regrese…”

Todos los guerreros han caído.

Gohan aprieta sus puños, liberándose, y cae al suelo de rodillas.

– “No… No puede ser…” – murmura el mestizo.

Moro sigue acumulando poder.

– “Con este poder, puedo abrir las puertas del Makai sin ayuda…” – dice Moro. – “Todo gracias a vuestras queridas esferas mágicas y al cristal que me habéis regalado.”

El mestizo propina un puñetazo en el suelo con rabia.

– “Papá… mamá… Videl… Pan…” – murmura Gohan con lágrimas en los ojos que recorren su mejilla hasta gotear en el suelo. 

Gohan agarra la bandana en su frente con fuerza mientras recuerda a Pan desafiando su forma ozaru poseída para devolverlo a la cordura.

El aura flamígera de Moro es proyectada hacia el cielo, donde aparece un gran portal hacia el Makai.

Miles de demonios variopintos descienden sobre Makyo. Unos gritan, otros ríen, otros lloran. El caos ha llegado al Universo.

– “Hijos míos…” – sonríe Moro. – “Sois libres.”

Dibujado por Ipocrito

El mestizo se pone en pie y se ajusta la bandana.

– “¿Hmm…?” – se sorprende Moro.

– “Esto no ha terminado…” – dice Gohan, que se seca las lágrimas con su muñequera.

Gohan aprieta los puños.

– “Lucharé hasta el final” – dice el mestizo.

– “¿Por qué…?” – gruñe Moro, harto.

– “Porque…” – dice Gohan, esforzándose para hacer un repertorio de poses que no había repetido desde hace mucho tiempo. – “Soy alguien que lucha por la paz y la justicia…” – recita. – “Soy el Gran Saiyaman.” – sonríe de forma melancólica.

– “Creo que el último golpe le ha afectado la cabeza…” – dice Moro, mientras una gota de sudor recorre su frente.

El mestizo, incapaz de transformarse en Súper Saiyajín completamente, reaviva su aura amarilla y se pone en guardia mientras observa el gigantesco ejército que se reúne frente a él.

Pero una voz llama la atención del mestizo.

– “Ju, ju ju…” – ríe esa conocida voz.

Gohan se da la vuelta. Sobre la colina, Freezer observa la escena de brazos cruzados.

– “Hola, Son Gohan.” – saluda el demonio del frío. – “Parece que os estáis divirtiendo sin mí…”

– “¡¿F… Freezer?!” – se sorprende el mestizo, cuya aura se apaga.

– “¿Eh?” – se extra Moro al ver al recién llegado.

El tirano apunta con su dedo índice al mestizo y concentra su ki fucsia en la punta.

– “Ha llegado el momento de saldar cuentas…” – sonríe Freezer.

– “¡¿AH?!” – se asusta Gohan.

Freezer dispara. El rayo de ki impacta en el pecho de Gohan, pero en lugar de atravesarlo, la energía lo envuelve, sorprendiendo al mestizo.

– “¿Eh?” – se extraña Gohan, que se daba por muerto, al sentir el calor del ki rodeándolo y penetrando en su cuerpo.

– “Estamos en paz, Son Goku…” – murmura Freezer.

Moro frunce el ceño.

– “¿Qué significa esto…?” – se pregunta mientras su ejército sigue aumentando; más demonios salen del gran portal. – “¿Cómo ha llegado hasta aquí…?”

Freezer desciende hasta Gohan. El mestizo abre y cierra sus manos, sorprendido ante el regalo de su viejo enemigo, que le ha cedido parte de su energía.

– “No pensé que jamás diría esto…” – dice el mestizo. – “Pero gracias, Freezer.”

– “No seas ridículo.” – replica el tirano. – “Puede que solo haya prolongado tu sufrimiento.” – añade en tono burlón.

– “Je, je…” – sonríe Gohan.

Los dos miran a las hordas de enemigos que se apelotonan frente a ellos.

– “Moro se ha hecho mucho más fuerte de lo que habría creído posible.” – dice Gohan. – “Este combate no será fácil.”

Freezer niega con mofa.

– “Vosotros y vuestros combates…” – protesta el demonio del frío. – “Esto no es un combate, muchacho. No lo ha sido nunca.” – responde, poniéndose serio. – “Esto es una guerra.” – sentencia. – “Y para ganar una guerra…” – sonríe. – “Necesitas un ejército.”

El tirano mira de reojo sobre el acantilado. Allí, un pequeño yadrat levanta la mano hacia el cielo.

– “¿Eh?” – se extraña Gohan.

En ese instante, el ejército imperial aparece en Makyo. Un extenso ejército de soldados variopintos con uniformes del imperio, organizados en pelotones, todos, separados a un brazo de distancia, sujetan el hombro del compañero que tienen delante. Shisami está al frente del primer pelotón.

En el cielo aparecen naves imperiales. Curd las comanda desde la más grande.

También llegan a Makyo el ejército janguro, liderado por Gaarana y Paupuna. Tapion. El ejército litt, a las órdenes de Liquir. Los imegga abanderados por Ledgic. La Patrulla Galáctica, con Meerus, Cheelai, Obni, Ganos, Katopesla, Sheela y Motto. Galbi y los snacks. Leek al frente de los saiyajín. Reitan y los hermanos Para. Los Nádor y sus hombres. Cazarrecompensas de todas las razas llegan del Sector Dormideus… 

Ejércitos y guerreros de todos los rincones del Universo se han reunido.

Gohan se queda boquiabierto al ver a tanta gente.

– “Es… es increíble…” – titubea el mestizo.

Moro frunce el ceño, molesto.

Trunks, Slug, Jiren, Krilín, Bra, Ub, Shula y Mai se ponen en pie, magullados y agotados, pero dispuestos a continuar peleando.

Hatsuka y Turles aparece al lado de Freezer.

– “Estamos listos.” – anuncia el yadrat.

Slug mira a Freezer de reojo.

– “Quién habría imaginado…” – piensa el namekiano, esbozando una media sonrisa. – “…que iba a ser Freezer quien lograra unir a todo el universo.”

El tirano sonríe.

– “¡¡¡ATACAD!!” – grita a pleno pulmón.

– “¡¡¡YAAAAAAAH!!!” – responden todos los soldados.

El ejército universal sale al ataque.

Moro ordena a sus demonios.

– “¡¡MATADLOS A TODOS!!” – exclama el brujo.

Los dos ejércitos avanzan hacia un choque que decidirá el destino del universo.