ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte I: Contacto

Red World / Parte I: Contacto

“¿He llamado en mal momento?”

Año 759. En la Capital del Norte, la vida transcurre pacíficamente. La gente disfruta en la plaza de un centro comercial al aire libre. Un padre observa a su hija montada en el tiovivo. Una pareja comparte un helado, sentados en un banco. Una madre pasea con su hijo agarrado de la mano mientras habla por teléfono y mira un escaparate de electrodomésticos “Corporación Cápsula.” El pequeño lleva un globo rojo en la mano.

En un instante, el niño se distrae al ver un cachorro de labrador en otro escaparate y suelta la mano de su madre para correr a verlo. 

El pequeño se pega a cristal de la tienda y deja de prestar atención al globo, que se escurre entre sus dedos. 

El niño intenta agarrarlo saltando, sin éxito, y el globo se eleva hacia el cielo ante la triste mirada del pequeño.

En la Atalaya de Kamisama, una escuálida figura encapuchada, a contraluz, sentada al lado de una ventana, se estremece.

– “¿Se encuentra bien, señor?” – pregunta Mr. Popo.

La madre termina la llamada y presta de nuevo tención al pequeño.

– “Ya te he dicho mil veces que no te alejes de mi en el centro comercial…” – protesta ella.

Pero se sorprende al ver al niño con la mirada fija en el cielo.

– “¿Eh?” – murmura ella, alzando la mirada.

En el cielo, una nave discoidal de unos 100 metros de diámetro sobrevuela la zona.

En unas horas, la ciudad está en llamas. Soldados cíclopes metálicos de gran envergadura deambulan por las calles, disparando a todo aquel que se interpone en su camino con sus ametralladoras de energía incorporadas en sus antebrazos.

El Ejército Real intenta retomar la ciudad, tanto por tierra como por aire, pero la tecnología alienígena es superior. Los robots parecen inmunes a la munición regular. Solo tanques, misiles y lanzacohetes logran causar daños a los invasores, pero por cada uno que derrotan, decenas de soldados perecen. Los robots cuentan con armamento de algo calibre y cañones de energía.

En el Palacio Real de la Capital Central, el Rey del Mundo es informado de la situación.

– “Su Majestad…” – dice uno de sus Generales. – “Todos nuestros esfuerzos están fracasando. No podemos detener al enemigo.”

El Rey agacha la cabeza y la apoya en sus manos.

– “Nunca imaginé que la raza humana tendría que enfrentarse a demonios venidos de las estrellas…” – murmura el cánido.

– “No nos detendremos hasta el final.” – continúa el General. – “Pero llegados a este punto, es cuestión de horas que…”

De repente, un teléfono rojo sobre la mesa de su despacho empieza a repicar.

El General y el Rey se miran confusos. Su Majestad descuelga.

– “¿Quién es?” – pregunta el Rey, inquisitivo. – “¿Quién tiene este número?”

– “Hola, Su Majestad.” – dice una voz. – “¿He llamado en mal momento?” – añade con retintín.

El Rey se queda petrificado.

La guerra continúa en la ciudad. Los humanos luchan con valentía, pero caen como moscas.

En el centro de mando de la nave alienígena, los radares y controles del aparato son llevados por robots mucho más simples y menudos que los que han sido desplegados en el campo de batalla.

El líder invasor, de aspecto selaquimorfo y tez azulada, luciendo un parche robótico en el ojo, observa cruzado de brazos la representación del campo de batalla en una gran pantalla. Viste botines morados, pantalón negro y una especie de mono de lucha naranja encima. 

– “Qué interesante…” – murmura el líder. – “Usan la tecnología para suplir su patética fuerza… Pero de una forma muy primitiva.” – sonríe con burla.


A su lado, un soldado mixxileo de aspecto reptiliano le acompaña, de piel verde oliva y una lenga larga azul, vestido solamente con el mono naranja.

Un pitido de un radar llama la atención del mixxileo.

– “¿Eh?” – mira de reojo.

No parece que los robots den importancia a la alerta.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta el mixxileo.

– “Solo un fantasma.” – responde el robot, que sigue atento a su trabajo.

– “¿Un qué?” – no lo entiende el mixxileo.

– “Una falsa fuente de energía detectada por el radar.” – le explica el selaquimorfo.

– “Muy bien explicado, señor Kaizo.” – lo adula el robot.

– “¿Seguro que era un error?” – se interesa el mixxileo.

El robot del radar teclea.

– “La lectura rondaba los 150.” – dice el robot. – “La fuerza de combate media del planeta es de unas 5 unidades. Tiene que ser un fallo en la lectura.”

El lagarto sonríe de forma pícara.

– “Dame la localización.” – dice el mixxileo.

– “Enseguida, señor Guanai.” – teclea de nuevo el robot.

– “Es solo un fantasma.” – insiste Kaizo.

– “Tus métodos de conquista son demasiado sofisticados para mí.” – protesta Guanai. – “Me aburro.” 

En la ciudad, los soldados robot siguen avasallando al Ejército Real. 

Un soldado se esconde en las ruinas de un edificio, agachado tras una viga de hormigón, cuando una sombra se cierne sobre él.

El soldado se arma de valor y se levanta, dándose la vuelta y disparando a discreción con su fusil al titán de metal hasta que se queda sin munición.

Las balas han rebotado en el armazón de su enemigo, que se yergue frente a él como una torre.  

El soldado mira aterrado al cíclope metálico mientras éste le apunta con el cañón ametralladora de su antebrazo.

El soldado cierra los ojos con fuerza, temiéndose lo peor.

Pero en ese instante, un misil impacta contra la espalda del robot, haciéndolo estallar en mil pedazos.

El soldado se queda estupefacto ante lo ocurrido, aún incrédulo por seguir vivo.

La polvareda se disipa lentamente para revelar que un nuevo ejército está entrando en la ciudad.

– “Es… es…” – titubea el soldado, confuso.

Un logotipo rojo en forma de lazo con dos iniciales letras blancas superpuestas identifica a cada una de sus unidades: “RR”.

– “¡LA RED RIBBON!” – exclama el soldado.

Varios cazas de última generación sobrevuelan el espacio aéreo y bombardean las calles, destruyendo una docena robots enemigos.

Los tanques y las armaduras de guerra “Battle Jackets” avanzan por la avenida principal, liderados por un gigantesco soldado de pelo rojo encrespado y desaliñado luciendo gafas de sol.

El Rey del Mundo espera en la azotea del palacio, con pesar en su rostro, mientras un helicóptero sin hélices aterriza.

– “Que Dios me perdone…” – murmura el Rey.

La puerta del vehículo se abre. Una escalerilla se extiende automáticamente. 

Un pequeño hombre pelirrojo trajeado con un parche en el ojo desciende, con un puro en sus labios.

– “Su Majestad…” – saluda con retintín.

– “Comandante Red…” – asiente el Rey.

Poco a poco, la ciudad está siendo retomada gracias a la llegada del Ejército de la Red Ribbon, cuyos avances tecnológicos superan con creces a los del anticuado Ejército Real.

Los Battle Jacket pueden enfrentarse cara a cara a los robots invasores, pues otorgan a sus pilotos de una fuerza sobrehumana, además de la capacidad de volar gracias a un propulsor en su espalda y una gran variedad de armamento de alto poder destructivo.

El Comandante Red ya está de pie sobre la silla del despacho del Rey.

Su Majestad mira con recelo al Comandante ocupando su mesa. 

Red sonríe satisfecho mientras acaricia los reposabrazos del asiento.

– “Me gusta…” – dice con orgullo. – “Aunque voy a tener que redecorar un poco…” – añade mientras hace un pequeño gesto con la cabeza a uno de sus hombres.


El soldado enseguida empieza a descolgar los cuadros de los antepasados del Rey del Mundo.

En la nave extraterrestre, los ánimos han cambiado. Los robots reciben informes desfavorables sobre su invasión.

– “¡Estamos perdiendo muchos efectivos!” – alerta uno.

– “¡¿De dónde han salido sus refuerzos?!” – se pregunta otro.

Kaizo resopla.

– “Y ese idiota de Guanai ha salido…” – murmura el selaquimorfo. – “Abrid la escotilla. Yo me encargo.”

– “Sí, señor.” – confirma un robot.

La Red Ribbon sigue recuperando terreno. Un Battle Jacket pisa el cuerpo dañado de un robot y luego usa la ametralladora de antebrazo para masacrarlo.

Pero de repente, el Battle Jacket es levantado del suelo por una extraña fuerza. El soldado en su interior intenta tirar de todas las palancas que tiene a su alcance, pero no tiene control sobre su máquina.

La armadura robótica empieza a colapsar lentamente como si estuviera soportando una alta presión, ante el horror de su piloto, para finalmente quedar reducida a un amasijo de metal del que se derrama aceite y sangre.

Kaizo reclama la bola de hierros que controla gracias a un brazalete-computadora en su antebrazo derecho.

Otro Battle Jacket corre hacia Kaizo y ya le apunta con su cañón, pero el extraterrestre lanza el amasijo de hierros contra él y ambos explotan.

Un tercer Battle Jacket, desde la azotea de un edificio, apunta a Kaizo con el misil de su espalda.

– “A todas las unidades de infantería.” – anuncia el piloto. – “Despejen la zona. Voy a disparar.”

El misil sale propulsado desde su espalda y se dirige directamente contra el extraterrestre, que parece no haberse percatado de la presencia de su enemigo.

Pero de repente, el misil se detiene en el aire. Un campo electromagnético protege a Kaizo.

El extraterrestre remite el misil, que estalla contra la azotea, provocando una terrible explosión en el cielo de la ciudad, cuya onda expansiva sacude las calles.

Mientras tanto, en el despacho del Rey, el Comandante Red y Su Majestad son informados de lo sucedido.

– “¿Qué va a hacer ahora, Comandante Red?” – pregunta el Rey, con sus sentimientos en conflicto.

Red da una calada a su puro, muy tranquilo, y acerca la silla a la mesa para poder poner los pies sobre ella.

– “No se preocupe, Su Majestad.” – dice el Comandante. – “Todo está bajo control.”

El mixxileo vuela hacia el noreste, sobre el mar, hacia las coordenadas indicadas cuando, de repente, puede ver algo en el horizonte que destaca sobre el cielo azul.

– “¿Eh?” – centra su atención.

Guanai se detiene y se protege del sol para intentar verlo mejor.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta.

Poco a poco, un pequeño punto negro revela una silueta humanoide.

La velocidad con la que avanza el objeto sorprende a Guanai, que de repente debe apartarse para no chocar contra el objeto volador.

Guanai lo deja pasara de largo y lo observa seguir su camino.

– “¡¿Qué demonios era eso?!” – se pregunta.

Una voz le responde.

– “Supongo que tú eres uno de los extraterrestres.” – dice alguien a su espalda.

Guanai se sobresalta y al darse la vuelta observa frente a él a una persona levitando en el aire, vestido con un gi rosado de estilo chino con el kanji “SATSU” en el pecho y las palabras “KILL YOU” en la espalda.

DBSNL // Capítulo 311: Parásitos

DBSNL // Capítulo 311: Parásitos

“¡Voy a beberme hasta la última gota!”

Algo se mueve en la densa jungla. Ub y Dabra están en guardia, atentos a lo que pueda ocurrir.

De repente, varias hojas caen sobre los dos guerreros, haciendo que miren hacia arriba.

En ese instante, el invisible dokuchi se abalanza sobre ellos con sus potentes piernas por delante, golpeando a ambos en el pecho y empujándolos contra el suelo para desaparecer después entre la frondosidad.

Ub se pone en pie, quejoso.

– “Ese maldito…” – protesta el terrícola, activando su Kaioken.

Ub dispara en la dirección en la que ha huido el camaleón, pero su disparo se escurre entre los árboles y se pierde en el cielo.

– “Tsk…” – gruñe el chico, que se eleva entre los árboles.

Ub sobrevuela la jungla, intentando encontrar al su enemigo… pero nada puede ver. Las copas de los árboles dibujan una gran alfombra verde.

– “No veo nada…” – protesta Ub.

Dabra se levanta con una sonrisa en su rostro. Dos uñas de su garra demoníaca están manchadas de sangre azul.

– “Je…” – sonríe el demonio.

Mientras tanto, no muy lejos de allí, Liquir se ha hartado.

El zorro clava sus zarpas en el suelo y abre sus fauces para proyectar un cañonazo de ki naranja que arrasa con todo a su paso. 

Liquir mueve su cabeza de un lado a otro para eliminar una gran parte de la jungla que le impide encontrar a su enemigo.

Ub puede ver la devastación desde el cielo.

Cuando la polvareda se disipa, Liquir se encuentra frente a una zona desértica.

– “Así aprenderá…” – esboza una media sonrisa.

El zorro se calma y su ki vuelve a la normalidad.

– “Aún no controlo el ki divino…” – piensa el kurama. – “Es mejor no excederme…”

Pero justo en ese instante, el zorro oye una voz en su oído derecho.

– “¿Conoces la expresión “matar moscas a cañonazos”?” – dice una voz aguda con todo de burla.

El zorro se rasca la oreja como si tuviera una pulga.

– “¡¿QUÉ?!” – gruñe el kurama.

Liquir se mira la mano, vacía.

– “Así que era eso…” – protesta el zorro. – “Maldita sea…”

– “¡Sigo aquí!” – se mofa el enemigo.

El kurama no puede verlo, pero un diminuto insecto verde del tamaño de una pulga se ha colado en su conducto auditivo.

El zorro se rasca de nuevo la oreja.

– “Me gusta este lugar.” – continúa el bicho. – “A lo mejor me quedo a vivir.”

Desesperado, Liquir se mete un dedo en la oreja y rasca con su uña.

– “Bastardo…” – gruñe Liquir.

El insecto se ve obligado a retroceder hacia el interior del oído. 

– “¡Tranquilo!” – protesta la garrapata.

El enemigo se encuentra frente al tímpano, que parece un gong gigantesco.

– “Creo que voy a tener que darte una lección…” – sonríe la garrapata con maldad. – “¡¡HYA!!” – golpea el tímpano con su puño.

Liquir se sujeta la oreja con ambas manos.

– “¡¡¡GRAAAAAAAHH!!!” – grita el zorro de dolor.

En lo profundo de la jungla, Okure se ha transformado.

– “Okure…” – se preocupa Reitan.

La herajín lo mira con ira, envuelta en una violenta aura verde.

– “¡¡YAAAAH!!” – carga contra Reitan, dejando un cráter bajo sus pies.

Pese a su tamaño, Okure se planta frente a Reitan en un parpadeo.

– “¡TSK!” – reacciona Reitan, transformándose en un instante y cubriéndose con ambos antebrazos frente a su rostro.

El herajín encaja un puñetazo de su compañera que lo lanza a través de la jungla, atravesando cada tronco que encuentra a su paso.

Cuando el herajín logra reavivar su aura y estabilizarse en el aire, se da cuenta de que una esfera de ki verde de unos 20 centímetros de diámetro se dirige hacia él.

Reitan la esquiva y la esfera cae a varios kilómetros de distancia, generando una explosión desproporcionada teniendo en cuenta su tamaño.

Dos esferas más la siguen y Reitan retrocede de rama en rama para no ser alcanzado por los ataques de Okure.

De repente, Reitan se da cuenta de que Okure se encuentra sobrevolando el bosque, con una sonrisa diabólica en rostro.

– “¡¡YAAAAAAAH!!” – exclama la herajín, apuntando hacia el suelo con su mano derecha y disparando a discreción un centenar de esferas de ki. – “¡¡JAJAJAJAJA!!” – ríe.

Reitan ve la lluvia de esferas verdes que tiñe el cielo de ese color.

– “¡MALDICIÓN!” – exclama el herajín.

Reitan corre de un lado para otro, evadiendo las continuas explosiones que dan lugar.

Pero de repente, una esfera cae frente a él a tan solo cinco metros de distancia.

Reitan se cubre como puede, pero la onda expansiva está a punto de engullirle… cuando aparece Ub con el Shunkanido y lo rescata.

El terrícola aparece en mitad del bosque, junto a Dabra. Las explosiones pueden oírse en la distancia.

– “¡Reitan!” – exclama Ub. – “¿Estás bien?”

– “Deja de recoger cachorros heridos…” – protesta Dabra. – “Cada uno tiene sus propias batallas.”

Reitan suspira al darse cuenta de lo cerca que ha estado.

– “El demonio tiene razón.” – dice el herajín. – “Okure es cosa mía.”

– “Esta prueba es para todos.” – replica Ub. – “¿No os dais cuenta?”

– “Te agradezco la ayuda, chico.” – responde Reitan. – “Pero es personal.”

Reitan se marcha volando.

– “Tsk…” – protesta Ub.

Dabra arruga la nariz, usando su olfato de diablo para buscar al dokuchi, y se adentra en la maleza.

Ub se queda solo.

– “Vaya equipo…” – suspira el terrícola.

Mientras tanto, Turles se ha caído en una pesadilla.

En su mente recuerda sus batallas pasadas y su derrota más humillante ante los hombres de Cooler, como fue una marioneta de M2 durante años, y como tuvo que tragarse su orgullo para salvar a sus semejantes en Sadala.

– “Tsk…” – gruñe el saiyajín.

– “Si tuvieras más poder…” – dice la voz de Kamakiri. – “¿Verdad?”

– “¿Quién eres?” – pregunta Turles.

– “Un Súper Saiyajín…” – dice el doctor. – “Y tan lejos de los demás…”

Turles recuerda su combate con Reitan.

– “Me haré más fuerte…” – responde Turles.

– “Puedes superar tus límites ahora mismo…” – dice Kamakiri.

– “Soy un saiyajín…” – replica Turles. – “No tengo límites…”

– “Demuéstralo…” – insiste Kamakiri.

El saiyajín abre los ojos. Kamakiri le está inyectando algo en el brazo.

Turles lo mira confuso durante un instante y enseguida reacciona intentando golpearlo.

Pero Kamakiri, con un pequeño gesto de su mano, lo detiene.

– “Lo siento, saiyajín…” – dice el doctor.

Los ojos de Turles se ponen en blanco.

El grito del saiyajín puede oírse en toda la jungla. Una columna de ki amarillo se alza en el cielo y pronto se tiñe de verde.

– “¡¿Qué es eso?!” – se sorprende Ub. – “Ese ki…”

Kamakiri retrocede rápidamente mientras se cubre para no ser cegado por el brillo.

Turles se ha transformado. Su masa muscular ha aumentado y su cabello se ha teñido de verde.

– “¡¡GRAAAAAH!!” – brama al cielo.

Ub se encuentra solo en el bosque. Dabra ha seguido el rastro del dokuchi y Reitan ha vuelto a su combate con Okure.

De repente, el terrícola puede oír árboles cayendo cada vez más cerca de él.

– “¿Eh?” – mira Ub en la dirección del estruendo.

Como una locomotora, Turles aparece corriendo a través de la jungla, atravesando los árboles que encuentra a su paso.

– “¡Viene hacia aquí!” – exclama Ub, poniéndose en guardia.

Pero cuando Ub puede reaccionar, Turles aparece frente a él para agarrar su cabeza con una sola mano.

Con Ub atrapado en su mano, Turles sigue avanzando, estampando al terrícola con cada árbol que encuentra, y a veces enterrando su cabeza en el suelo hasta que, finalmente, lo lanza al aire y le propina una violenta patada que lo asciende hacia el cielo.

Turles prepara un ataque de ki en su mano derecha y lo lanza contar Ub, suspendido en el aire.

Justo antes de recibir el impacto, Ub usa el Shunkanido, dejando pasar de largo el ataque.

Ub aparece detrás de Turles, envuelto en el aura del Kaioken, y le propina una patada en la nuca.

Pero el gigantesco saiyajín ni se inmuta.

Turles se revuelve e intenta atrapara a Ub, pero éste usa de nuevo el Shunkanido para escabullirse y aparecer detrás de él.

– “¡¡KAMEHAME…!!” – se prepara el chico.

Turles se revuelve de nuevo.

– “¡¡HAAAAAAA!!” – dispara Ub a bocajarro.

La técnica de la escuela tortuga engulle al saiyajín y genera una fuerte explosión que recorre su camino a lo largo de la jungla.

Pero a través del Kamehameha de Ub sale la mano de Turles, que lo agarra del cuello.

– “¡Tsk!” – exclama Ub, ahogándose.

El terrícola agarra la mano del saiyajín y lucha para liberarse. Propina codazos a su antebrazo e intenta alcanzar su torso con patadas, pero nada parece tener éxito.

Ub pone las manos frente a su rostro.

– “¡¡TAIYOKEN!!” – exclama al usar la técnica de la escuela Grulla, cegando a Turles.

El saiyajín lanza al suelo a Ub y se cubre la cara.

– “¡¡GRAAAH!!” – protesta Turles.

El terrícola siente crujir sus costillas al golpearse contra una piedra.

Mientras tanto, Dabra sigue le rastro de sangre azul.

– “¿Dónde estás…?” – se pregunta el demonio, tocando la gota que encuentra en una rama. – “Aún crees que me estás cazando, ¿eh?” – sonríe.

Entre los árboles, el dokuchi acecha.

En otro punto de la jungla, Liquir se retuerce en el suelo, desesperado.

– “¡¡SAL DE MI OREJA!!” – exclama el kurama.

– “¡Ni hablar!” – replica la garrapata. – “¡Damom no se mueve!”

Un aguijón sale de la cara del minúsculo enemigo.

– “El Doctor Raichi tenía razón cuando me prometió probar ki de la mejor calidad…” – sonríe.

El insecto ensarta la piel del canal auditivo de Liquir.

– “¡Voy a beberme hasta la última gota!” – exclama Damom.

– “¡¿Para qué quieres mi ki?!” – pregunta el kurama. 

– “¡Y luego desovaré en tu conducto auditivo!” – añade la garrapata.

– “¡¡NI SE TE OCURRA!!” – grita Liquir.

– “¡Saldrán unas lavas muy sanas gracias a tu energía!” – continúa Damom.

La garrapata empieza a brillar de color naranja con el ki que absorbe.

– “¡¡RIQUÍSIMO!!” – exclama Damom, exultante ante tan rico elixir.

Liquir cierra los ojos, intentando calmarse y no entrar en pánico.

– “Maldita sea…” – piensa el kurama, que ya se imagina macabros escenarios.

Damon sigue absorbiendo el ki de su huésped, entusiasmado, mientras su barriga se hincha ligeramente.

– “¡ESTO ES INCREÍBLE!” – disfruta Damom.

Liquir sonríe.

– “Si crees que este ki es sabroso…” – pregunta el kurama. – “Es porque aún no has probado el mejor…”

Liquir cierra los ojos y reaviva su aura naranja, que poco a poco se tiñe con destellos morados.

– “¡Prepárate, parásito!” – exclama Liquir. – “¡Porque vas a probar un néctar de los Dioses!”

La garrapata, que brillaba de color naranja, empieza a brillar de forma intermitente de color morado.

– “¡¡OOOOH!!” – se emociona Damon. – “¡¡ESTO ES UNA PASADA!!”

Su barriga empieza a hincharse rápidamente. 

– “¡¡ES FANTÁSTICO!!” – entra en puro éxtasis.

Cuerpo de Damon se hincha tanto que sus extremidades son engullidas por su horondo torso. Sus ojos se salen de las órbitas.

– “¡¡¡EL PARAÍSO!!!” – grita la garrapata, que brilla intensamente.

Liquir puede oír un estallido en su oído derecho – “pfft”.

El zorro disipa su aura e inclina la cabeza hacia la derecha y se golpea la cabeza con la mano izquierda. Los restos de Damon se desparraman al suelo.

– “Estúpido.” – sentencia Liquir.

DBSNL // Capítulo 310: Depredadores

DBSNL // Capítulo 310: Depredadores

“No soy tu enemigo, Okure.”

Liquir se levanta lleno de barro tras el traicionero e invisible golpe de su adversario. 

El zorro muestra los dientes.

– “Grrr…” – gruñe mientras su ki naranja le imbuye y pronto adquiere tonos morados. – “Estoy empezando a hartarme de este juego…”

En otro punto de la jungla, Turles, transformado en Súper Saiyajín, busca a su misterioso contrincante reptiliano entre las copas de los árboles.

– “¿Dónde te has metido?” – se pregunta.

Pero pronto se da cuenta de que algo va mal. Su vista se ha vuelto borrosa.

– “¿Qué?” – se extraña mientras se mira la mano. – “¿Qué me está pasando?”

El saiyajín pierde su aura y desciende rápidamente hasta el suelo, cayendo con la rodilla hincada.

– “¿Qué me pasa…?” – se pregunta mientras intenta reavivar su aura, solo para perder por completo su transformación. – “Mi cabeza…” – se frota un ojo con la palma de la mano.

Pronto tiene que poner las dos manos en el suelo e hincar la segunda rodilla.

– “Mis manos… y mi cuello…” – piensa el mestizo. – “Siento un extraño hormigueo…” – ata cabos. – “Sintiendo aún las babas del enemigo.”

Una sombra se cierne sobre él. El saiyajín no tiene fuerzas ni para levantar la cabeza, pero puede oír como su adversario se relame.

– “Me pregunto a qué sabe tu raza…” – se mofa el camaleón. 

En ese instante, Ub aparece como una centella, envuelto en ki rojizo, y propina una patada en la nuca del lagarto, devolviéndolo a la frondosidad de la jungla.

– “¡¿Estás bien?!” – pregunta el terrícola.

Turles se desploma, inconsciente.

Ub se preocupa y se acerca para socorrerlo.

Dabra lo interrumpe.

– “¡No lo toques!” – advierte el demonio mientras aterriza.

– “¿Qué?” – se detiene Ub. – “¿Qué le pasa?”

– “Su cuerpo debe estar recubierto con las neurotoxinas de la saliva de ese dokuchi.” – asevera.

Ub mira al pobre Turles, desfallecido bocabajo.

– “¿A qué nos enfrentamos?” – pregunta el terrícola.

– “Esa criatura puede tornarse invisible.” – dice Dabra. – “Y su boca emana una saliva neurotóxica para inmovilizar a sus presas, lo que añadido a su fuerte y larga lengua, lo convierte en un terrible depredador.”

– “Suena terrible…” – pregunta Ub.

– “Te has precipitado para salvar al saiyajín.” – dice Dabra. – “Puede que hayas malgastado nuestra mejor oportunidad de acabar con él.”

Ub traga saliva, asustado. Mientras tanto, Dabra empuja el cuerpo de Turles con el pie para ponerlo de lado.

– “¿Y cómo sabes tanto sobre ese tipo?” – pregunta el terrícola.

– “Ya no soy el Rey de los Demonios.” – esboza una media sonrisa. – “He tenido que ganarme la vida, y la lengua de dokuchi se paga muy bien.”

– “Así que has cazado a otro antes…” – sonríe Ub, más tranquilo.

– “Así es.” – responde el demonio. – “Aunque tuve que aliarme temporalmente con un grupo de cazadores furtivos experimentados…”

– “¿En serio?” – se preocupa el terrícola.

Dabra sonríe.

– “Te aconsejo que tengas mucho cuidado, muchacho.” – advierte Dabra. – “Éste sobrevivirá. Es un saiyajín.” – dice zarandeando ligeramente a Turles con el pie. – “Pero esa dosis en un simple humano…”

Ub asiente.

– “Lo tendré en cuenta.” – dice el terrícola.

La hojarasca se mueve a su alrededor, alertando a los dos guerreros.

Lejos de allí, Okure se detiene sobre la copa de un árbol, dejando que Reitan la alcance al fin. 

Nuestro amigo se queda en el suelo, observando a su vieja amiga sobre una rama, por encima de él.

Dibujado por Ipocrito

– “¡OKURE!” – exclama el herajín. – “¡¿Qué pretendes?!”

Ella sonríe, pero en sus ojos se refleja el dolor del pasado.

– “Dime, Gas…” – dice ella con retintín. – “¿Has venido a matarme como a Elec?”

– “No soy tu enemigo, Okure.” – insiste Reitan. – “Déjame ayudarte.”

– “Reitan, el vengador.” – continúa la herajín. – “No suena muy de fiar…” – se mofa.

– “Las cosas no son tan sencillas como creíamos, Okure.” – insiste Reitan. – “Fuerzas mucho más grandes que nosotros nos han movido como a marionetas continuamente. Ahora podemos elegir.”

– “Me pregunto cuál será mi nombre cuando se sepa que he matado al famoso Reitan.” – dice Okure. – “Como tu causa fue considerada noble entre los cobardes, se te dio un apodo reivindicativo…” – dice mientras camina sobre la rama haciendo equilibrios hasta llegar al extremo. – “El mío no lo será.” – sonríe irónicamente. – “La destructora. Ese me gusta.”

– “Okure…” – murmura Reitan, preocupado.

La masa muscular de la herajín empieza a aumentar de forma desproporcionada, sus ojos se ponen en blanco y su cabello empieza a desenredarse.

La rama sobre la que se posaba se rompe, haciendo que se precipite mientras su cabello y su piel cambian de color y su cuerpo se envuelve en un aura verdosa.

Al aterrizar, sus pies se clavan en el suelo, que se resquebraja formando un pequeño cráter.

Reitan se queda perplejo ante el cambio que ha sufrido su compañera.

– “O… Okure…” – titubea el herajín. – “¿Qué te han hecho?”

Dibujado por Ipocrito

En otro campo de batalla, lejos de las miradas de los espectadores, Mirai Trunks pelea con Onisen mientras los demás luchan contra una horda de dorobochi.

Las creaciones de Raichi usan las habilidades robadas para hacer retroceder a nuestros amigos.

– “No podemos seguir así…” – piensa Piccolo, mirando como los demás están sufriendo para mantener a sus adversarios a raya.

Granola dispara a discreción. Un enemigo cae con cada disparo. Hermila usa sus esferas voladoras para hacer rebotar sus disparos de un lado a otro, atravesando dorobochi a su paso.

Los dos comparten una mirada cómplice.

Granola dispara de nuevo, pero esta vez su disparo alcanza en el hombro del enemigo, arrancándole el brazo.

Hermila se da cuenta.

– “Granola…” – se preocupa.

El cereliano sigue disparando.

Hermila se acerca a su compañero y le agarra del hombro.

– “Granola…” – insiste el viejo.

El cereliano se detiene. Los dos se miran.

– “¡¡HERMILA!!” – exclama la voz de Granola desde la distancia.

Hermila mira hacia un lado y ve a su compañero corriendo hacia él mientras levanta su mano para intentar defenderlo.

En este instante, Hermila recibe un disparo en el abdomen que lo atraviesa.

El Granola con el que estaba hablando revela su verdadera forma; un dorobochi.

Hermila cae de rodillas al suelo. El dorobochi recibe un disparo del cereliano en la cabeza.

Granola sujeta a Hermila antes de que caiga de espaldas al suelo.

– “Hermila…” – se preocupa el cereliano.

Pero en ese instante, el viejo esboza una perturbadora sonrisa.

Granola recibe un disparo en el pecho. Hermila resulta ser otro dorobochi y toda la escena era una farsa para atraer al cereliano.

Granola está en shock y cae sentado en el suelo. El dorobochi se regenera mientras se levanta.

– “Je, je, je…” – ríe la criatura de Raichi.

En ese instante, Yuzun salta sobre el dorobochi y le arranca la cabeza con sus fauces.

– “¡GRANOLA!” – lo socorre Botamo.

En pocos segundos, su banda se reagrupa alrededor del cereliano para protegerlo.

Piccolo no tarda en unirse a ellos.

– “¿Cómo está?” – pregunta el namekiano mientras aterriza.

– “Malherido.” – responde Hermila.

El viejo mira a su alrededor, como sus compañeros repelen a los dorobochi.

– “No nos queda mucho tiempo, namekiano.” – dice Hermila.

Mirai Trunks y Onisen chocan con un violento puñetazo que hacer retumbar el suelo. Luego intentan golpearse con la otra mano, pero también chocan sus puños. Finalmente, chocan con sus cabezas. Una gota de sangre recorre la frente de Trunks. Onisen sonríe.

Hermila y Piccolo ven el duelo desde la distancia.

– “Tampoco a vosotros.” – añade Hermila. 

Mirai Trunks y Onisen se separan.

– “¡¡MASENKO!!” – dispara el hijo de Vegeta.

Onisen lo detiene con su mano agigantada.

Trunks apunta a su adversario con sus dedos índice y corazón y la mano de Onisen estalla en mil pedazos.

– “Je…” – sonríe el mestizo.

Onisen observa su miembro cercenado.

– “Tus habilidades superan nuestras expectativas.” – dice la creación de Raichi.

– “Enfrentarme a guerreros artificiales es mi especialidad.” – responde Trunks.

Onisen sonríe mientras regenera su mano.

– “No sería descabellado pensar que puedes derrotarme.” – dice Onisen. – “Pero no sé si tus amigos pueden esperar tanto tiempo…”

Trunks mira hacia un lado y ve a Granola malherido.

– “Tsk…” – se preocupa el mestizo.

Piccolo se agacha y agarra a Granola en brazos.

– “Dejadme ayudar.” – dice el namekiano.

Trunks mira de nuevo a Onisen, mientras los dorobochi se acumulan alrededor de la banda de Granola.

– “¿Vas a dejarlos morir?” – pregunta la criatura de Raichi. – “No puedes derrotarme a mí y a todos los demás.”

Hermila observa a Granola en brazos de Piccolo.

– “Cuida de él.” – dice Hermila.


Bra, Pan, Marron, Ikose y Baicha pronto vuelan hasta donde están los demás.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se preocupa Pan.

Onisen da un paso al frente.

Trunks clava su mirada airada en el enemigo y le apunta con la mano, desatando un torrente de ki sobre él. 

Una gran explosión y una terrible polvareda se apoderan de la zona.

Piccolo carga a Granola en su hombro.

Trunks aparece, apresurado.

– “¡Piccolo!” – exclama el mestizo. – “¡Tenemos que irnos!”

Hermila mira a los terrícolas y esboza una tierna media sonrisa.

– “Os deseamos mucha suerte.” – dice Hermila.

– “¿Qué estáis diciendo?” – se extraña Bra.

– “¡No podemos dejarlos aquí!” – añade Pan.

– “Gracias por salvar a Granola.” – sentencia el viejo.

Piccolo asiente.

– “Tenemos que irnos.” – dice el namekiano con pesar.

– “Piccolo…” – suspira Pan al ver la pena en el semblante de su tío.

Con recelo y pesar, uno a uno los terrícolas siguen a Piccolo y Trunks.

La polvareda se disipa lentamente. Los dorobochi cargan contra la banda de Granola.

Botamo, Yuzun, Soshiru, Shansua y Hermila se ponen en guardia.

– “Buena suerte, Granola.” – murmura Hermila. – “Ha sido un honor.”

DBSNL // Capítulo 309: Jungla

DBSNL // Capítulo 309: Jungla

“¡Nunca más!”

En la jungla, Reitan avanza hasta Okure, que parece esperar en la copa de un gran árbol. 

– “¡Okure!” – exclama el herajín.

Ella esboza una media sonrisa y escapa, haciendo que Reitan la persiga.

Cerca de allí, Liquir se levanta del suelo sin saber lo que ha ocurrido.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta. – “¿Quién me ha golpeado?”

El kurama mira a su alrededor, confuso.

– “¡MUÉSTRATE!” – exige.

Sus orejas se mueven.

– “¡Te tengo!” – exclama antes de lanzar una onda de ki a un arbusto.

Una explosión sacude la zona.

– “¿Le he dado?” – se pregunta.

Pero de repente, el zorro recibe un golpe en la nuca que lo lanza de nuevo contra el fango.


Mientras tanto, Turles está siendo arrastrado a través de la jungla, atravesando cada matorral en su camino.

– “¡Maldición!” – protesta.

Furioso, el saiyajín empieza a disparar a discreción en la dirección que está siendo arrastrado.

– “¡HAAAAAA!” – apunta con su mano y dispara una ráfaga continua de ki.

Pronto se detiene.

– “Así aprenderá…” – refunfuña poniéndose en pie.

En ese momento se da cuenta de que su pierna está llena de una sustancia viscosa.

– “Qué asco…” – protesta de nuevo.

De repente, algo se enrolla alrededor de su cuello y lo estrangula. El saiyajín intenta liberarse, luchando contra el invisible agarre, pero es rápidamente elevado hacia la copa de un árbol.

Al llegar a lo más alto, se detiene suspendido en el aire. Turles lucha por liberarse. Sus manos se llenan de esa misma sustancia viscosa que tenía en la pierna.

Poco a poco, lo que rodea su cuello empieza a tornarse visible, adoptando un color rosado y un aspecto viscoso.

El color se propaga a lo largo del apéndice hasta revelar unas grandes fauces sobre Turles y finalmente extenderse a una criatura reptiliana de ojos saltones parecida a un camaleón.

Mientras tanto, Dabra y Ub siguen espalda con espalda, buscando un enemigo a su alrededor. El diablo invoca una espada.

– “Siento sus presencias…” – dice el chico.

– “Puedes sentir el Makai, ¿eh?” – dice el demonio.

– “Contigo tan cerca, no es fácil…” – responde Ub.

– “No son demonios normales.” – responde Dabra. – “Por eso mi presencia destaca sobre las demás.”

– “¿Y qué son?” – pregunta Ub.

– “Hildegarn…” – responde el demonio. – “Su esencia es inconfundible.”

– “¿Cómo ese Avocado?” – se sorprende el terrícola.

De repente, el brazo del demonio se mueve.

– “¡CUIDADO!” – advierte Darba.

El diablo da un espadazo a traición a Ub, pero éste se agacha en el último momento y lo deja pasar.

– “¡¿Qué haces?!” – se asusta el terrícola.

– “No he sido yo…” – dice Dabra.

El demonio embiste de nuevo e intenta cortar al chico en dos, pero éste evade el espadazo.

– “Mi cuerpo se mueve solo…” – protesta Dabra.

El diablo insiste en sus ataques.

– “Alguien me está manipulado…” – gruñe Dabra.

Ub se alarma.

– “¡¿Cómo Babidí?!” – pregunta mientras sigue evadiendo los golpes.

– “No…” – dice Dabra. – “Es diferente…”

En ese instante, los ojos de Dabra se ponen en blanco.

– “¿Dabra?” – se extra Ub.

El demonio apunta a Ub con una mano y lanza una gran bola de fuego.

– “¡AY…!” – se asusta el terrícola.

La explosión sacude la jungla.

Ub ha evadido el ataque con el Shunkanido y aparece detrás de Dabra.

– “¡DABRA!” – exclama Ub, intentado hacerle reaccionar.

Los ojos del demonio vuelven a la normalidad. Dabra aprieta los puños con rabia.

– “Miserable…” – gruñe el demonio. – “¿Osas manipular mi mente?”

– “¿Eh?” – se sorprende Kamakiri, oculto en el interior de la jungla.

– “No lo permitiré…” – advierte Dabra. – “¡Nunca más! ¡NUNCA MÁS!”

Ub no sabe cómo reaccionar y se limita a ver al demonio desde una distancia prudencial.

El ki oscuro del Makai envuelve al diablo.

– “¡¡NUNCA MÁS!!” – grita a pleno pulmón, con el estallido de su aura.

Kamakiri baja las manos, sorprendido.

– “Elegí mal mi nuevo títere…” – murmura el doctor.

Mientras tanto, Liquir sigue buscando a su enemigo.

– “¿Qué clase de magia es esta?” – refunfuña el zorro. – “¡No te escondas!”

El kurama reacciona a cualquier movimiento que captan sus oídos.

– “Siento una energía…” – piensa el zorro. – “Pero no es posible… ¿Es intangible?”

Liquir se da la vuelta y golpea, pero no hay nada.

– “¡¿He fallado otra vez?!” – se pregunta.

En ese instante, siente como es agarrado de su cola y lanzado contra el tronco de un árbol, rompiéndolo y derribándolo.

– “Grrr…” – gruñe el zorro, aún en el suelo.

El sonido del árbol cayendo puede oírse a lo lejos mientras Reitan persigue a Okure.

– “¡Espera!” – exclama el herajín. – “¡Okure!”

Lejos de allí, una explosión entre las copas de los árboles y un gran estallido de luz. Turles se ha transformado en Súper Saiyajín y se ha liberado del agarre de su enemigo, que ha desaparecido de nuevo.

– “Así aprenderás, lagartija…” – sonríe el saiyajín.

Turles mira a su alrededor, buscando de nuevo a su contrincante.

– “¿Dónde te escondes ahora?” – murmura el saiyajín con retintín.

Dabra ha hincado la rodilla y recupera el aliento.

– “¿Estás bien?” – pregunta Ub.

– “Sí…” – responde el demonio.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Ub. 

– “Nos enfrentamos a un enemigo peligroso…” – dice Dabra, poniéndose en pie.

Kamakiri extiende de nuevo sus manos, buscando un nuevo títere.