ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte IV: Ultimátum a la Tierra

Red World / Parte IV: Ultimátum a la Tierra

 “Eres un joven muy prometedor.”

Guanai y Ten Shin Han se encuentran cara a cara.

– “Puede que me hayas engañado con tu fuerza de combate…” – dice el mixxileo. – “Claramente superas las unidades que revelaste. Puedo sentirlo ahora mismo en mi propio cuerpo.”

– “¿En tu cuerpo?” – se extraña Ten.

– “Parece que me has estado ocultando algunas habilidades, asesino…” – sonríe Guanai con picardía. – “No me vas a culpar por lo mismo, ¿verdad?”

– “¿De qué estás hablando?” – insiste Ten.

– “Mi raza tiene la capacidad de copiar temporalmente las habilidades genéticas de cualquier otra raza a partir de su sangre.” – revela Guanai.

– “¿La sangre?” – Ten recuerda el corte en su pierna. – “Así que fue eso…” – recuerda a Guanai lamiéndose la mano.

Guanai sonríe de nuevo con prepotencia, pero se da cuenta de que el cadáver de su compañero yace en el suelo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el mixxileo. – “¡¿KAIZO?!”

Ten esboza una media sonrisa.

– “Lo han derrotado unos simples humanos.” – dice el asesino. – “Pero yo mismo he podido darle el golpe de gracia.”

– “Grrrr…” – gruñe Guanai. – “Voy a matarte… ¡Calculo que mi poder ahora mismo supera las 500 unidades! ¡NO ERES RIVAL PARA MÍ!”

El lagarto aprieta los puños.

– “¡¡¡GRRRHAAAAAAH!!!” – brama mientras dos bultos sobresalen de su espalda.

Ten frunce el ceño.

Dos brazos extra brotan de la espalda del enemigo.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – exclama Guanai.

Ten Shin Han se pone en guardia.

El mixxileo se abalanza sobre Ten con sus cuatro brazos listos. Ten lo espera.

El lagarto lanza una tormenta de puñetazos, pero Ten se defiende con habilidad.

– “Je…” – sonríe el lagarto.

De repente, Guanai agarra los brazos de Ten con dos de sus brazos y lo golpea en el abdomen varias veces con los otros dos libres.

– “¡¡JAJAJA!!” – ríe el mixxileo.

Ten recibe un duro castigo hasta que Guanai le agarra la cabeza y le propina un rodillazo que lo lanza hacia atrás, con la nariz sangrando.

Ten cae al suelo, pero no tarda en levantarse de un salto, impulsándose con las manos.

Guanai sonríe.

– “Veo que no vas a rendirte…” – se mofa el mixxileo.

Ten se limpia la sangre y se pone en guardia.

Guanai carga sobre Ten, pero lo atraviesa, dándose cuenta de que era un espejismo.

– “¡Esta vez no te va a funcionar!” – exclama Guanai dando una patada hacia un lado y cazando a Ten.

El asesino recibe un golpe en la barbilla y da unas cuantas volteretas hacia atrás.

– “¡Ahora tengo tu infalible vista, ¿recuerdas?!” – se mofa el mixxileo, que carga de nuevo contra él.

 Ten Shin Han levanta el dedo índice y concentra su ki en la punta.

– “¡¡DONDONPAAA!!” – exclama al proyectar su técnica.

El lagarto detiene el ataque con sus cuatro manos, retrocediendo varios metros sobre el pavimento.

– “Je…” – sonríe Guanai.

Ten Shin Han se pone de nuevo en guardia.

– “Ganar usando las habilidades de otro…” – dice el asesino. – “¿No te parece patético?”

Guanai se relame. 

– “Mi fuerza es superior a la tuya.” – responde Guanai. – “Usar tus habilidades solo lo hace más divertido.”

– “Pues veamos quién las utiliza mejor.” – advierte Ten.

– “Hmm…” – frunce el ceño Guanai.

Ten Shin Han se prepara. Su cuerpo se divide hasta convertirse en cuatro clones.

Guanai se pone en guardia.

Los cuatro asesinos se abalanzan sobre el lagarto, que con cada brazo detiene los ataques de uno de los clones. Su tercer ojo va de un lado a otro, captando cada movimiento de cada Ten Shin Han.

Poco a poco, el mixxileo se siente presionado ante la tormenta de golpes.

– “Tsk…” – protesta Guanai.

Los cuatro asesinos retroceden repentinamente, confundiendo al lagarto.

Los cuatro lanzan una onda de ki con su mano derecha, atacando al enemigo desde todos los cuatro lados, obligándolo a huir saltando por los aires.

En el cielo, el lagarto sobrevuela la explosión generada.

– “Je…” – sonríe satisfecho.

Pero los cuatro Ten lanzan un ataque de ki simultáneo con su tercer ojo que sorprende al lagarto, que solo puede intentar cubrirse con sus cuatro brazos.

Tras la explosión en el cielo, el lagarto cae agachado, teniendo que apoyarse en el suelo con todas sus extremidades para amortiguar su caída.

– “Maldición…” – gruñe Guanai.

– “Je…” – sonríe Ten, mientras los clones se reúnen con él.

El lagarto aprieta los dientes.

– “Eres un idiota…” – dice Guanai. – “¡Puedo hacer lo mismo que tú!”

El lagarto se prepara y cuadruplica su cuerpo.

Los cuatro Guanai sonríen.

– “¡Ahora vuelve a ser justo!” – exclama el lagarto.

Pero se da cuenta de Ten está reclamando sus clones, uniéndose de nuevo en un solo cuerpo.

– “¿EH?” – se sorprende Guanai. – “¿Qué pretendes…?”

Ten Shin Han sonríe.

– “Puede que tengas mis habilidades.” – dice el asesino. – “Pero no has tenido mi entrenamiento.”

– “¿Qué?” – se pone serio el mixxileo.

– “El señor Tao Pai Pai es muy severo señalando mis puntos débiles.” – añade Ten.

– “¡DÉJATE DE PAMPLINAS!” – exclama Guanai, frustrado.

Los cuatro mixxileo saltan sobre Ten.

El asesino coloca sus manos frente a su rostro.

– “¡¡TAIYOKEN!!” – exclama emitiendo un estallido de luz que coge desprevenido a sus adversarios.

– “¡¡YAAAAAAAH!!” – gritan de dolor los cuatro enemigos.

Ciegos, los Guanai solo puede oír los pasos de Ten.

– “¡¿Dónde estás?!” – golpean al aire.

– “Mi increíble vista me hace muy sensible a la luz.” – dice Ten.

– “Maldito…” – intentan seguir la voz de Ten y acaban golpeándose unos a otros.

– “Y una cosa más…” – advierte el asesino. – “Al dividir mi cuerpo, mi fuerza también se divide.”

– “¡¿EH?!” – se sorprende Guanai. – “¡¡MALDITO!! ¡¡ME HAS ENGAÑADO!!” – comprende.

Ten Shin Han se abalanza sobre cada uno de los clones y los golpea con todas sus fuerzas, noqueándolos unos sobre otros.

Guanai reabsorbe sus copias y vuele a ser un único guerrero.

Malherido, el mixxileo abre los ojos con dificultad.

– “Maldición…” – refunfuña el enemigo.

– “Se ha acabado.” – sentencia Ten. – “Vuestra invasión ha fracasado.”

– “Idiotas…” – sonríe Guanai. – “¿Creéis que esto se acaba aquí?” – tose. – “Vendrá alguien más… Alguien a quien no podéis detener…”

– “¿Otra vez hablas de tu jefe?” – pregunta Ten.

– “Siete años…” – tose de nuevo Guanai. – “Calculo que os quedan unos siete años de vida… hasta que lleguen refuerzos…” – sonríe.

Ten se harta de las amenazas y asesina al mixxileo de un golpe certero en la nuez, que hace que el enemigo se asfixie.

El asesino se aparta del cadáver de Guanai y se fija de nuevo en el Coronel Green, que pese a estar herido intenta levantar al pesadísimo Número 8.

Ten Shin Han se queda mirando al pobre Pino, pero algo en el cielo llama su atención. Una alfombra voladora desciende hasta el suelo y un anciano calvo con barba blanca se apea de un salto. Va vestido con una bata blanca y lleva un viejo bastón en la mano.

– “¿Quién…?” – se sorprende Ten.

El símbolo de su ropa lo delata.

– “Es… ¡¿Kamisama…?!” – se sorprende el asesino.

– “Y tú debes de ser Ten Shin Han.” – responde el anciano.

Ten frunce el ceño.

– “Mi viejo maestro me ha hablado de usted.” – dice el asesino con rencor.

– “Veo que ese cascarrabias aún no ha pasado página…” – lamenta el anciano sacudiendo la cabeza.

– “Lo sé todo.” – insiste Ten.

– “Eres un joven muy prometedor.” – dice Kamisama. – “Creo que aún no es tarde para ti.”

– “¡No intente embaucarme con sus palabras vacías!” – explota Ten. – “¡Soy el asesino más famoso de todos los tiempos y el hombre más fuerte del mundo! ¡¿Qué cree que puede enseñarme usted?!”

– “Puede que nada…” – responde Kami. – “Soy solo un viejo… y la gente como yo ha crecido en un mundo que ya no existe… Sería mucho mejor si nos quedáramos todos callados…”

Ten Shin Han parece confuso frente a las intenciones de Kamisama.

– “Si algún día necesitas ayuda, la Tierra Sagrada de Karín es un buen lugar.” – dice el viejo dándose la vuelta y saltando de nuevo sobre la alfombra mágica.

El viejo se fija en el Coronel Green.

– “Siento tu lucha interior, muchacho.” – le dice Kamisama a Ten. – “Todos la tenemos.”

Ten mira de reojo a Pino, que a duras penas puede arrastrar a Octavio.

– “¿Valió la pena tu elección?” – pregunta Kamsiama.

Ten se sorprende al oír las palabras del anciano, pero cuando lo mira de nuevo la alfombra voladora ya vuela hacia el cielo para desaparecer en un instante.

DBSNL // Capítulo 314: El retorno del Rey

 DBSNL // Capítulo 314: El retorno del Rey

“A lo mejor se os ha olvidado a quién tenéis delante…”

En un páramo tranquilo en mitad de la jungla, Okure y Turles, en sus formas más monstruosas, se abalanzan contra Broly, que sale a su paso, vestido solo con el pantalón y botas de la patrulla, con el resto de su ropa rota por la batalla.

Turles adelanta a Okure y es el primero en encontrarse con Broly, intentando propinarle un puñetazo.

Broly se agacha y evade el golpe para contraatacar con un puñetazo en el costado de Turles… pero el saiyajín magenta lo mira con una macabra sonrisa en su rostro.

– “Tsk…” – lamenta Broly.

En ese instante, Okure salta por encima de los dos y lanza un poderoso ataque verde directo hacia ellos.

El impacto genera una gigantesca explosión.

Broly sale de la humareda y se desliza mientras retrocede sin perder de vista a sus adversarios.

Turles ha recibido el impacto del ataque de Okure sin inmutarse y sale de la polvareda caminando hacia Broly.

Turles apunta a Broly y dispara una ola de ki morado.

Broly se envuelve en una barrera de energía verde y el ataque de Turles impacta contra ella, desvaneciéndose. 

El saiyajín de Vampa hace estallar su barrera, que se convierte en un centenar de esferas de ki que llueven sobre la zona, levantando una intensa polvareda.

Broly aprovecha para escabullirse y aparecer sobre Okure.

La mujer se da la vuelta, pero Broly ya está preparado.

– “¡¡RIOT JAVELIN!!” – exclama el saiyajín, usando la clásica técnica del escuadrón Bardock.

El ataque impacta de lleno contra la herajín, que es empujada hasta el suelo y engullida por la explosión azulada.

Mientras tanto, Turles ya vuela hacia Broly con el puño en alto.

Broly encaja el puñetazo de Turles, protegiéndose con ambos brazos frente a su rostro, pero es empujado un centenar de metros hacia el cielo por la gran potencia de su adversario.

Broly intenta estabilizarse en el aire cuando su contrincante ya está volando hacia él.

– “Tsk…” – refunfuña Broly.

El saiyajín de Vampa activa su barrera de energía, pero Turles también lo hace. Las dos burbujas de ki chocan y acaban estallando, haciendo que lluevan pequeñas esferas de energía verde y morada sobre la jungla.

Turles agarra de rostro a Broly y se dispone a estrellarlo contra el suelo, descendiendo a toda velocidad. 

Broly intenta soltarse, propinando patadas a su contrincante, pero es inútil.

Reitan puede ver como los dos saiyajín, se precipitan contra el suelo como si estuvieran envueltos en una bola de fuego morada.

El impacto es devastador y sacude el terreno de combate.

En el centro del cráter formado, Turles sigue apretando la cabeza de Broly contra el suelo.

De repente, Turles levanta el puño, listo para dar el golpe de gracia a su adversario.

Pero de repente, una lanza rebota en la espalda de Turles.

– “¿Eh?” – mira el saiyajín por encima del hombro.

Dabra sonríe con prepotencia desde el borde del cráter.

Broly aprovecha el momento y apunta con ambas manos a Turles.

– “¡HAAAA!” – dispara el guerrero de Vampa.

La explosión hace que un nuevo cráter se forme en el interior del anterior.

Broly recula.

Pero al disiparse la polvareda, Turles aparece de nuevo en el centro del cráter, ileso.

Dabra lo mira con cierto desprecio.

– “Usar el poder de los demonios para algo así…” – refunfuña Dabra.

Turles, enfadado, ahora clava su mirada airada en el diablo.

– “Je…” – sonríe Dabra.

Turles carga contra él.

– “¡CUIDADO!” – advierte Broly.

El demonio parece seguro de sí mismo, esperando a que su adversario se plante frente a él, puño en alto.

Al propinar el golpe, Dabra lo detiene con una mano.

– “¡¡¿EH?!!” – se sorprende Broly.

El mismísimo Turles parece no comprender lo sucedido.

Dabra mantiene su pícara sonrisa.

– “A lo mejor se os ha olvidado a quién tenéis delante…” – dice Dabra.

El aura de Turles se apaga de repente.

– “¿EH?” – murmura un confuso saiyajín.

De repente, el aura de Dabra se prende como si de un fuego se tratara, con un terrible color rojo y destellos negros.

Turles pretende golpear al demonio, pero éste lo empuja con su ki usando la misma mano con la que había detenido el primer golpe.

Trules sale repelido hasta el otro extremo del cráter, estrellándose a los pies de Broly.

Dabra se mira las manos con cierta nostalgia.

– “Ha pasado mucho tiempo…” – dice el demonio, apretando los puños.

En ese instante, Okure se abalanza sobre Dabra por la espalda, pero el diablo se gira y extiende su mano, atrapando a la herajín en el aire con un agarre invisible, apretándole el cuello.

La herajín patalea al aire y se rasca el cuello con desesperación, intentando liberarse.

– “Mientras el Makai corra por vuestras venas…” – sonríe el demonio. – “Yo soy vuestro Rey.”

En un lugar oculto del bosque, Kamakiri cae de rodillas al sentir la presencia del diablo en su mente.

– “Tsk…” – protesta el doctor.

Turles ha perdido la transformación y yace inconsciente en el suelo.

Broly se acerca a él.

– “Sigue vivo…” – murmura el saiyajín al sentir su pulso.

Okure pierde también su transformación. Dabra la suelta para dejarla caer al suelo de rodillas.

– “Maldita sea…” – gruñe ella.

Reitan corre hacia su vieja amiga.

– “¡OKURE!” – exclama él, preocupado.

Pero cuando se acerca, la mujer lo rechaza con manotazo al aire, haciendo que se detenga.

– “Okure…” – murmura Reitan. – “Me alegro de que hayas…”

– “No me toques.” – responde ella, frustrada.

Okure sale volando, alejándose a toda velocidad del lugar.

Dabra ignora la conversación y mira a través de la jungla.

– “Je…” – sonríe antes de desaparecer.

Kamakiri, arrodillado, siente la presencia de Dabra de pie frente a él.

El demonio invoca una espada que levanta sobre el doctor.

– “¿Alguna vez has querido cambiar el pasado, demonio?” – pregunta Kamakiri.

– “Ser un demonio tiene sus ventajas.” – respondo el diablo. – “No recuerdo mi pasado.”

Dabra propina el espadazo… pero alguien se interpone, agarrando la espada entre sus manos.

– “¡ESPERA!” – exclama Ub, sujetando el arma.

– “¿EH?” – se sorprende Dabra.

– “Conozco su historia…” – dice Ub.

– “¿Otra vez con esas ñoñerías terrestres?” – refunfuña Dabra.

– “No es malvado.” – dice el terrícola. – “Solo está desesperado.”

– “Está en mi camino.” – responde Dabra. – “Sus motivos no me importan.”

Broly aterriza junto a ellos.

– “¿Se lo quieres explicar tú, saiyajín?” – dice Dabra.

Pero Broly se acerca para agarrar el brazo del demonio.

– “Le debo una.” – dice el saiyajín.

Kamakiri se queda perplejo al ver que cuenta con dos aliados.

Dabra baja el arma.

– “Haced lo que queráis…” – protesta.

Ub y Broly comparten una mirada y una sonrisa cómplices.

El terrícola se agacha frente a Kamakiri.

– “Gracias, muchacho…” – dice el doctor. – “No lo merezco…”

– “Agradece a Kale.” – responde Broly.

– “Dígame, doctor.” – dice Ub, bastante serio. – “¿Qué le ha hecho unirse a Raichi? ¿Qué le ha prometido?”

– “Un nuevo mundo…” – dice el doctor. – “En el que podré vivir en paz con mi familia.”

– “¿Un nuevo mundo?” – se extraña Broly.

– “Las Dragon Ball ya no existen…” – murmura Ub. – “¿Qué pretende ese demonio?”

En el laboratorio oculto de Raichi, una proyección del tsufur y el verdadero Shido observan un gran ventanal por el que entra una cegadora luz que nace del choque de dos torrentes de ki, uno verde y uno morado.

– “Pronto estará listo.” – sonríe Shido.

– “Eones de investigación…” – añade Raichi. – “Y voy a conseguirlo.”

A cada lado del laboratorio, Champa y Zamas, se encuentran apresados en cilindros de metacrilato conectados a un centenar de cables, donde los baña un torrente de energía luminosa ascendente, morada la del gotokoneko y verde la del ira-aru. Ambos gritan en claro sufrimiento, pero sus voces a penas se oyen a través del cristal.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte III: Super 8

Red World / Parte III: Super 8

 “¿Qué vamos a hacer, Octavio?”

En el hielo, Guanai ataca de nuevo a Ten Shin Han, pero éste esquiva sus golpes con facilidad.

– “¡¡YAAAAAH!!” – grita el mixxileo, frustrado.

Con un rápido movimiento, Guanai desaparece, pero Ten lo sigue con su tercer ojo y propina una patada hacia un lado para cazar al lagarto, que se cae de espaldas al suelo.

– “No importa lo rápido que seas.” – dice Ten. – “Tus movimientos no escaparán a mi vista.”

El lagarto tiembla de rabia y miedo.

Ten Shin Han alza su dedo índice.

– “Me has aburrido.” – dice el asesino. – “Tengo otras cosas que hacer.”

– “¿EH?” – se sorprende el enemigo al ver como el dedo de Ten empieza a brillar.

El lagarto retrocede a gatas, renqueante.

– “No… No, espera…” – titubea con miedo. – “Puedo… puedo ayudarte… tengo información…”

– “¿Qué tipo de información?” – pregunta Ten.

– “Verás…” – dice Guanai. – “Yo… Mi compañero y yo… Somos solo soldados a sueldo…”


Ten Shin Han lo mira con seriedad.

– “Vuestro planeta es considerado un planeta de categoría D… Sus habitantes no son aptos para el reclutamiento ni para el adiestramiento…” – explica el mixxileo. – “Pero su atmósfera y biodiversidad sí que llaman la atención… y podrían ser preciados en el mercado intergaláctico…”

Guanai se lame la sangre de un dedo mientras hace una pausa dramática.

– “¿Y a mí qué?” – pregunta Ten con cierto hastío. 

– “¡Escúchame!” – replica rápidamente Guanai, aterrado. – “Aunque nosotros no conquistemos el planeta, alguien más vendrá…  ¡Enviarán a alguien más fuerte! ¡Seguro! Nuestro señor está muy interesado… ¡No parará hasta conseguirlo!”

Ten Shin Han recapacita durante un instante.

– “¿Tienes forma de comunicarte con él?” – pregunta Ten.

– “Ahora no…” – responde el mixxileo. – “He perdido… he perdido mi comunicador…”

– “Entonces no me sirves.” – sentencia el asesino.

El rostro de Guanai es embargado por el pánico.

– “¡NO!” – exclama el lagarto asustado. – “¡NO! ¡NO! ¡ESPERA!”

– “¡DODONPA!” – exclama Ten al proyectar el ki acumulado en su dedo.

El ataque impacta en el pecho del mixxileo y el hielo se resquebraja bajo sus pies. Su cuerpo se hunde en el agua.

Ten Shin Han se aleja unos pasos cuando se da cuenta de que tiene un pequeño corte en la pierna del pantalón.

– “Hmm…” – murmura Ten.


El asesino mira a su alrededor, donde no hay absolutamente nada. Solo hielo.

Mientras tanto, en la ciudad, un avión de carga sobrevuela la zona.

– “Estamos listos, Coronel Green.” – anuncia la megafonía.

En la bodega esperan sentados el Coronel y el robot Número 8. Green se pone en pie y anima a su compañero.

– “¡Vamos, Octavio!” – dice el Coronel. – “¡Nos toca defender la Tierra!”

El Número 8 se pone en pie. Los dos avanzan hacia la compuerta, que empieza a abrirse lentamente. Con cada pisada del número 8, todo el avión tiembla.

– “¿Tú me acompañas?” – pregunta el robot, colocándose una gran mochila.

– “Por supuesto.” – asiente Green, equipado ya con la suya.

La compuerta se abre por completo y una luz roja se torna verde. Los dos corren hasta el límite del avión y saltan al vacío.

– “Activo Número 8 desplegado.” – anuncia por radio el piloto.

Los dos personajes van en caída libre.

– “¡Ahora!” – exclama Green.


Ambos activan sus paracaídas. El del Número 8 es triple.

Green y el androide aterrizan.

– “¿Estás bien, Octavio?” – pregunta el Coronel.

– “Sí.” – asiente el androide. – “Un poco nervioso.”

Una explosión tiene lugar a pocas manzanas.

– “Ese debe ser nuestro objetivo.” – dice el Coronel, que desenfunda una escopeta de gran calibre. – “¿Estás listo?”


El Número 8 asiente.

Los dos avanzan hacia el lugar de la explosión.

Cerca de allí, Kaizo avanza entre los disparos de dos Battle Jackets, esquivando los disparos.

Detrás de una esquina, Green carga su escopeta con un cartucho especial de los que lleva en una cartuchera de su pantalón.

– “Es el momento, Octavio.” – dice el Coronel.

– “Vamos a salvar el mundo.” – asiente el Número 8.

Kaizo alcanza al primer Battle Jacket y atraviesa el cristal de la cabina de un puñetazo, matando al piloto.

El segundo, con miedo de ser el siguiente, dispara a discreción, pero solo logra alcanzar a su compañero.

Kaizo salta sobre el segundo Battle Jacket con los pies por delante y de nuevo atraviesa la pantalla de cristal, asesinado a su conductor.

El extraterrestre se aparta del dañado aparato y aterriza en el suelo.

En ese momento, una granada de humo cae a su lado. En unos segundos la humareda impide su visión. 

De repente, Kaizo oye unas fuertes pisadas acercándose.

El extraterrestre se da la vuelta y puede ver la silueta del Número 8 corriendo hacia él.

El invasor apunta con la mano al androide, pero su ordenador fue dañado en su pelea con el Sargento Metallic y solo chispea, fallando.

– “Maldita sea…” – refunfuña Kaizo.

El Número 8 lo alcanza y le propina un puñetazo. Kaizo se cubre, pero sale repelido por el impacto y da una vuelta por el suelo antes de levantarse.

El androide carga de nuevo con otro puñetazo, pero Kaizo lo esquiva y ya prepara su contraataque.

Mientras tanto, Green ha corrido y escalado ágilmente con dos pasos por encima del Número 8 y dispara una descarga sónica a al extraterrestre con su escopeta.

Kaizo retrocede aturdido. Su parche electrónico se resquebraja.

El Número 8 aprovecha para propinarle un puñetazo al alienígena mientras Green salta hacia un lado y carga otro cartucho.

El androide golpea de nuevo, pero Kaizo detiene el puñetazo con ambas manos.

Green apunta al enemigo y dispara de nuevo, esta vez una descarga de fósforo blanco.

Kaizo se retuerce mientras su ropa y su piel se queman.

– “¡¡AAAH!!” – grita el alien.

Octavio da otro puñetazo a Kaizo y lo lanza al suelo de espaldas.

Green acaba de cargar una nueva bala y dispara, esta vez electrocutando al enemigo, impidiendo que se levante.

El Número 8 se sienta sobre él y le propina un puñetazo en la cara, quebrando el cemento bajo su cabeza. Otro golpe más, que lo incrusta en el pavimento.

Kaizo parece aturdido. El Número 8 se detiene.

– “Ah…” – sufre el alien, con medio rostro quemado. – “Ah…”

El Coronel Green carga de nuevo su arma y apunta a Kaizo.

El alienígena pierde el conocimiento.

Green y Octavio se miran de reojo. Ninguno da el golpe de gracia.

En una azotea cercana, el Coronel Silver observa la escena con unos binoculares de alta tecnología.

– “¿Qué hacen…?” – se pregunta Silver.

Por radio, Green escucha la voz de Silver.

– “Lo tienen a su merced.” – dice el Coronel Silver. – “Acaben con el objetivo.”

Green mira a su compañero, que tiene su mirada triste fija en el enemigo.

– “¿Qué vamos a hacer, Octavio?” – pregunta Green.

– “Ya no puede pelear.” – responde el Número 8.

– “Ha matado a mucha gente.” – dice Green.

– “¿Y si solo cumplía órdenes…?” – pregunta el androide. – “¿…como nosotros?”

El Coronel Green observa el puño ensangrentado de su amigo y decide bajar el arma.

– “Está bien.” – dice Green.

Silver se impacienta.

– “¿Qué se supone que están haciendo?” – pregunta el Coronel. – “¡Acaben con el objetivo! ¡Son órdenes! ¡AHORA!”

El Número 8 mira a su compañero.

– “Puedes decidir, Octavio.” – sonríe Green.

El Número 8 asiente y se levanta.

Green saca su radio.

– “Negativo, Coronel Silver.” – anuncia el Coronel Green. – “Objetivo neutralizado con vida.” 

– “Coronel…” – refunfuña Silver.

– “Solicito extracción.” – continúa Green.

Green lanza una granada de humo verde para señalizar su posición.

El Número 8 se acerca a Green y chocan los cinco.

– “¡Buen trabajo, Octavio!” – lo felicita Green.

– “¡Jejeje!” – ríe el androide.

Pero de repente, el brazalete de Kaizo se reactiva con un pitido.

– “¿Eh?” – lo miran Octavio y Green.

El extraterrestre se reincorpora y lo usa para emitir un empujón electromagnético.

El androide es lanzado a más de veinte metros de distancia, cayendo de espaldas al suelo.

Green no es afectado por el empujón, pero sí su arma, y él cae al suelo intentando retenerla, sin éxito.

Silver observa desde la azotea y corre a cargar su lanzacohetes.

– “Idiotas…” – refunfuña. – “Malditos inútiles…”

Kaizo, malherido, se pone en pie.

– “Bastardos…” – gruñe el invasor. – “Os mataré… ¡OS MATARÉ!”

El Número 8 se levante y corre hacia el enemigo.

Kaizo usa de nuevo su brazalete y detiene al instante al Número 8, levantándolo del suelo. 

El cuerpo del androide empieza a crujir hasta que un brazo le es arrancado.

– “¡¡OCTAVIO!!” – exclama Green, preocupado por su amigo.

Green, a pesar de estar desarmado, corre hacia el enemigo, haciendo que Kaizo detenga su ataque sobre el androide, que cae al suelo de rodillas.

Green intenta golpear al invasor, pero éste detiene su puñetazo con una mano.

– “No importa lo débil que esté…” – dice Kaizo. – “¡Solo eres un insecto para mí”

Kaizo retuerce el brazo de Green y se lo rompe.

– “¡¡AAAH!!” – exclama el soldado.

Luego lo empuja con una patada, dejándolo en el suelo, lamentándose.

Kaizo, débil, se tropieza y cae al suelo.

– “Malditos…” – protesta Kaizo entre dientes.

Green intenta ponerse en pie, sujetándose el brazo.

Silver apunta al invasor con su lanzacohetes y pone su dedo en el gatillo, observando la escena… pero decide esperar.

Kaizo intenta levantarse, pero cae de nuevo.

– “¡OS MATARÉ!” – exclama furioso.

Kaizo reclama con su poder una docena de barras de hierro de unos escombros cercanos y la lanza contara Green.

El Coronel, esperando lo peor, cierra los ojos.

Pero tras un estruendo metálico, Green sigue con vida.

Frente a él, el Número 8 con su brazo extendido lo ha protegido del ataque, siendo empalado en su lugar. El torso del androide ha sido atravesado por las barras de hierro.

– “Octavio…” – se sorprende y preocupa Green.

El androide cae de cara contra el suelo, ensartándose aún más los hierros, que salen por su espalda.

– “¡OCTAVIO!” – intenta socorrerlo Green.

Kaizo sonríe.

– “Ja… jaja…” – ríe el invasor. 

Green se esfuerza para arrancar las barras del cuerpo del androide.

De repente, un bloque de hielo cae del cielo contra el pavimento, estallando en mil pedazos.

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

Antes de que Kaizo pueda comprender lo que ocurre, Ten Shin Han cae del cielo con una rodilla sobre su cuello, partiéndoselo y acabando con él en el acto.

Con la muerte de Kaizo, los robots de la nave se apagan.

El asesino echa un vistazo a su alrededor. La ciudad está en ruinas.

Silver ve a través de su mirilla a Ten Shin Han.

– “Ahí está el salvador a sueldo…” – refunfuña mientras deja de apuntar y suelta su arma en el suelo.

Green sigue arrancando barras de metal del cuerpo de Octavio.

– “Lo siento…” – dice Octavio. – “Me he equivocado…”

– “No…” – dice Green, con los ojos llorosos. – “No hables… No gastes energía…”

Con la última barra arrancada, Green hace palanca para dar la vuelta a su amigo y ponerlo boca arriba.

– “Octavio…” – se arrodilla junto a su cabeza. – “Mi padre te reparará… Ya lo verás…”

Al darle la vuelta, Green se da cuenta de que una de las barras pasó rozando la cabeza del robot y tiene la mitad de sus circuitos expuestos y dañados.

– “Pino…” – sonríe el robot.

– “Dime, Octavio…” – le pone una mano en el pecho.

– “Eres un buen hombre…” – dice el robot. – “Gracias por darme un nombre… y por ser mi amigo… Me hiciste sentir humano.”

Los circuitos se apagan y el androide se desactiva con una sonrisa en su rostro.

– “Octavio…” – llora Green. – “¡¡OCTAVIO!!” – grita al cielo antes apoyar su cabeza sobre el pecho del androide y llorar su pérdida.

Ten Shin Han mira de reojo al Coronel y durante un segundo parece empatizar con él.

Pero de repente, algo cae sobre Ten Shin Han a una velocidad de vértigo. Un brazo verde escamoso lo estampa contra el suelo mientras es arrastrado por el pavimento, dejando un surco tras él.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden Green.

Al detenerse, Ten Shin Han se da cuenta de que le ha atacado Guanai.

– “¿Él otra vez?” – se pregunta Ten, sorprendido. – “¡Creía que lo había derrotado!”

Guanai acerca su rostro al de Ten, aún en el pavimento.

– “Te dije que no comprendías nuestras diferencias…” – se relame el lagarto.

Ten Shin Han se da cuenta de que ahora Guanai tiene un tercer ojo en su frente.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Ten.

El lagarto agarra la cabeza del asesino y lo levanta del suelo para después lanzarlo contra un edificio cercano.

Ten da una voltereta en el aire antes de chocar para rebotar con los pies contra la fachada y así volver al suelo grácilmente.

Su ropa ha sido dañada, así que Ten se arranca la parte rosada de su gi, revelando el gi morado y blanco que lleva debajo.

Guanai sonríe con prepotencia. 

DBSNL // Capítulo 313: Iracundos

DBSNL // Capítulo 313: Iracundos

“Se acabó la cacería.”

En la jungla, Turles carga contra Liquir.

El kurama, ahora imbuido por el poder del ki divino, salta grácilmente por encima del saiyajín, dejándolo pasar de largo, para luego caer sobre su espalda y propinarle una rápida combinación de patadas que estampan a Turles contra el suelo.

El saiyajín se levanta y se gira furioso, y abre su boca para emitir un torrente de ki verde.

Liquir corre rodeando al saiyajín, que persigue al kurama con el rayo de energía que emana de su boca.

De repente, Liquir usa sus cuatro patas para correr y así acelerar el ritmo, logrando acortar distancias con Turles y propinarle un fuerte puñetazo en el pecho que lo lanza a través de la jungla.

Mientras tanto, Okure se ha levantado tras el golpe del recién llegado Broly.

Broly está magullado por su combate con el tsufur.

– “Broly…” – dice Reitan. – “¿Qué haces aquí?”

– “No lo sé.” – responde Broly. – “He despertado en este lugar.”

La herajín reaviva su aura, furiosa y corre hacia el saiyajín.

Antes de que Reitan y Broly puedan reaccionar, Okure ya se encuentra frente a ellos.

Broly reaviva su aura verde, con su cabello del mismo color, y agarra las manos de Okure.

– “Esa ira…” – piensa Broly, recordando escenas propias en Vampa. – “Sé cómo se siente…”

Broly da un cabezazo a Okure y luego la empuja con una patada.

– “No tenías que intervenir…” – protesta Reitan.

– “Tu amiga está consumida por la ira y el odio.” – dice Broly. – “Nada la detendrá.”

– “Pero…” – duda Reitan.

Mientras tanto, Dabra sigue el rastro de sangre hasta el tronco de un árbol. 

El demonio toca la sangre del dokuchi con sus dedos y los lame. El rastro asciende por el tronco.

– “Hemos tenido suerte…” – sonríe Dabra. – “Una hembra habría sido mucho más difícil de cazar…”

Dabra inspira y luego aspira una gran llamarada hacia la copa de los árboles.

– “¡¡GYAAAAAH!!” – grita la criatura.

Dibujado por Ipocrito

El dokcuhi cae al suelo, con quemaduras en varias partes del cuerpo que le impiden tornarse invisible.

Dabra camina hacia él, con su espada en la mano.

El camaleón se arrastra intentando alejarse del demonio, intentando también camuflarse de nuevo, pero su cuerpo no se lo permite. Varios cambios de color recorren su piel sana, pero ninguno logra hacerlo invisible.

– “Ah… ah…” – se arrastra quejoso.

Dabra cambia su espada por una lanza, que apoya sobre su hombro.

– “Se acabó la cacería.” – sentencia el demonio con una sonrisa pícara en su rostro. – “Una pena que no voy a poder venderte por piezas…”

– “Edes… edes un monstduo…” – dice el reptil con dificultad para hablar, sin lengua, que sigue intentando alejarse.

– “Soy un demonio.” – dice Dabra, pisándole la cola para que no huya.

El dokuchi, desesperado, abre sus fauces y se lanza contra Dabra, pero en un instante el demonio le atraviesa la mejilla con la lanza, desde el interior de su boca hacia fuera, clavándolo en el suelo.

– “¡Aaah!” – se queja el camaleón. – “¡¡AAH!!”

Dabra se agacha frente al rostro del dokuchi.

– “Sois una raza fascinante… Verdaderos depredadores.” – dice el demonio. – “No sé qué te prometieron aquí… pero ha sido un error.”

– “Ahh…” – se sigue quejando el camaleón. – “Yo… quedía…”

– “¿Sabes una cosa?” – le interrumpe Dabra con una cruel sonrisa. – “Mi saliva también es bastante especial…”

El demonio se lame el pulgar y luego lo acerca lentamente hacia la frente del dokuchi, que lo mira confuso y con horror.

Lejos de allí, Turles recibe un duro castigo de Liquir. 

El kurama se mueve ágilmente alrededor del saiyajín, esquivando todos sus golpes y contraatacando.

Turles intenta darle un puñetazo, pero Liquir se cuela entre sus piernas y da una patada por la espalda. El saiyajín se tambalea hacia delante e intenta revolverse para lanzar otro golpe, pero cuando lo hace, Liquir ya ha saltado por encima de él y le ataca por la espalda de nuevo con un fuerte puñetazo.

Turles, se tambalea de nuevo y, furioso, se da la vuelta para cargar contra su enemigo.

Liquir alza su mano, apuntando con su palma al saiyajín.

– “¡HA!” – exclama el zorro, que empuja a Turles con una andanada de ki invisible.

El saiyajín es lanzado contra una gran pared de roca en la que queda incrustado.

Liquir camina lentamente hacia el saiyajín, que parece aturdido.

– “Lo siento.” – dice el kurama. – “Pero como aprendiz de Hakaishin, he comprendido que a veces no hay lugar para la misericordia…” – anuncia. –“A veces solo cabe la destrucción.”

Liquir carga contra Turles, con su puño en alto, que se ilumina de color naranja con destellos morados.

Pero en el momento del impacto, algo sucede. Turles ha extendido su brazo y ha detenido el golpe con una mano. El impacto emite una onda expansiva de sacude la jungla.

– “¿EH?” – se sorprende el kurama.

Turles lo mira con los ojos en blanco. El aura verde del saiyajín se aviva como una llama sacudida por el viento, para reavivarse de color magenta.

– “No es posible…” – piensa el kurama. – “Su ki… es…”

El aura de Turles estalla en una explosión de energía que repele al zorro.

Mientras tanto, Okure carga contra Reitan y Broly.

El saiyajín se adelanta al hearjín y detiene el puñetazo de Okure cruzando los brazos frente a su pecho.

Broly agarra el brazo de la herajín y la proyecta contra el suelo con una técnica de judo.

El saiyajín alza la mano y se materializa en ella una esfera de ki verde.

Pero cuando Broly va a lanzarla contra Okure, Reitan se interpone y sujeta el brazo del saiyajín.

– “¡NO!” – exclama Reitan. – “¡ESPERA!”

Broly frunce el ceño y aparta al herajín empujándolo hacia un lado, justo cuando Okure ya se ha levantado y carga contra él.

Okure se abalanza contra Broly, agarrándolo por la cintura y empujándolo a través de los árboles.

El saiyajín golpea la espalda de Okure con los codos repetidas veces, pero la ira de la herajín hace que ésta no se detenga.

El aura verde de Okure aumenta su intensidad y, de repente, emite un pulso de energía, como si de una onda expansiva se tratara, que repele a Broly y lo lanza a través de la frondosa jungla.

Broly sale de la jungla a toda velocidad, chocando contra el suelo y rondando sobre un claro hasta detenerse.

Aturdido, el saiyajín se levanta.

En el interior bosque puede oír los pasos del enemigo.

Pero para su sorpresa, quien aparece frente a él es Turles, transformado por el poder que le ha otorgado Raichi, con su cabello y aura magentas.

Broly enseguida tiene recuerdos de su pasado. Su ira desatada en Vampa. Su lucha contra Goku y Vegeta. Su segundo enfrentamiento contra Goku en Monmaas.

– “Ese poder…” – murmura el saiyajín.

Turles lleva a Liquir arrastrado por una de sus colas. El zorro ha perdido el conocimiento.

Broly se pone en guardia, listo para pelear.

Pero en ese instante, la herajín también sale de entre los árboles.

Los dos titanes, Turles y Okure, se encuentran frente a Broly. 

El saiyajín, lejos de amedrentarse, reaviva su aura.

Las exageradas expresiones de los dos, de rabia y locura, con los ojos en blanco, contrastan con la mirada calmada pero determinada de Broly.

Turles suelta a Liquir, que queda tirado en el suelo.

Una gota de rocío recorre una gran hoja hasta que parece que va a derrama por su extremo, pero acaba evaporándose.

Turles y Okure a corren hacia Broly. A su paso la jungla arde.

Broly responde de la misma forma y carga hacia ellos.