DBSNL // Capítulo 319: System Reboot

DBSNL // Capítulo 319: System Reboot

“¿Cómo sabías que esto iba a funcionar?”

En el laboratorio se encienden las luces rojas de emergencia.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta Shido. – “¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¡Raichi!”

– “Hemos sufrido una sobrecarga.” – responde Ahms. – “Pero recuperaremos los sistemas en unos minutos.”

La luz emitida por el choque de energías extraídas de Zamas y Champa, empieza a atenuarse.

Ambos han recuperado sus formas originales para conservar energía.

– “Ju, ju, ju…” – ríe le tirano. – “Mi plan ha funcionado.”

– “¿Cómo sabías que esto iba a funcionar?” – responde su hermano.

– “Me di cuenta del funcionamiento de ese farsante dorado cuando empezamos a luchar.” – dice Freezer. – “A medida que sus clones aumentaban, limitaban sus ataques de energía y daban prioridad a su superioridad numérica.”

– “Evitaba excesos…” – murmura Cooler.

– “Pero su irritante personalidad ha sido su punto débil.” – sonríe Freezer.

– “Irritante, ¿eh?” – sonríe Cooler.

– “Al igual que todo M2 depende de una única fuente de energía, ellos también.” – continúa el tirano. – “Y ese último ataque ha redireccionado todos los recursos del sistema.”

– “¿Cómo no se me ha ocurrido a mí?” – se avergüenza Cooler.

– “Tú formaste parte de M2.” – responde Freezer. – “Pero para mí fue un enemigo.”

Los dos miran a su alrededor.

– “Pero, ¿qué ha pasado con el planeta?” – pregunta Cooler.

Los dos se dan cuenta de que el terreno de combate donde estaban disputando su enfrentamiento con Golden ha quedado reducido a una pequeña área rodeada de oscuro vacío.

En la superficie del planeta oscuro, Gohan y Goku han aprovechado que los Godgardon han quedado inutilizados para intentar despertar a Punch y Ogilvie, que poco a poco abren los ojos.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Punch.

– “Nos tenemos que ir.” – dice Gohan.

Punch abre los ojos y se encuentra frente al terrorífico rostro de un Godgardon.

– “¡AH!” – se asusta el hijo de Hit.

– “¡SHHH!” – dice Gohan. – “No vaya a ser que despierten…”

En los terrenos de combate del sistema Raichi, un fenómeno similar al que ha ocurrido con el mundo en el que se encontraban los demonios del frío ha tenido lugar. El terreno se reduce a una decena de metros alrededor de donde se encontraban nuestros amigos.

Goten y Trunks se transforman en Súper Saiyajín para intentar iluminar la zona, pero no hay nada que iluminar más allá de esos pocos metros.

– “¿Qué está pasando?” – pregunta Avo.

– “Es como si estuviéramos en un videojuego antiguo…” – dice Trunks.

En la jungla, Kamakiri, Dabra, Ub, Broly, Turles y Liquir sufren el mismo fenómeno.

Lejos de allí, Reitan y Okure también lo padecen, quedando atrapados en la misma porción de terreno.

Okure parece confusa ante la nada que los rodea.

– “Okure.” – dice Reitan, acercándose.

– “Déjame en paz.” – responde Okure.

Reitan se sienta en el suelo, cruzado de piernas.

– “Parece que no tenemos a donde ir.” – dice el herajín. – “Solo escúchame.”

En otro punto del sistema Raichi, Mirai Trunks y los demás también se sorprenden ante el cambio que ha sufrido el escenario.

– “¿Estamos atrapados?” – pregunta Pan.

– “Parece algún tipo de simulación.” – dice Trunks.

– “No…” – dice Bra. – “Esto es mucho más complejo que una simulación…”

– “¿Magia?” – pregunta Piccolo.

Algo llama la atención de Mirai Trunks en la nada.

– “El vacío…” – murmura Trunks. 

Poco a poco, los sistemas se van recuperando en el laboratorio. La energía de Champa y Zamas choca de nuevo en el interior del planeta oscuro y reaviva el brillo del núcleo.

– “Estamos recuperando potencia.” – anuncia Ahm.

La figura fantasmagórica de Raichi aparece de nuevo en el laboratorio.

– “Te lo había advertido, Shido.” – dice el doctor.

– “Esperaba más de tu laboratorio.” – protesta Shido.

– “Ahm, prioriza la energía en los siguientes sectores…” – dice Raichi.

 Cell se encuentra sobre una pequeña plataforma de arena rodeada de nada.

– “Ese Freezer…” – sonríe el insecto.

De repente, la plataforma se expande, revelando un gran desierto que parece no tener fin.

En otro punto del sistema Raichi, Son Gohan camina por una fábrica gigantesca y ruidosa. Cientos de cadenas de ensamblaje culminan en la generación de Godgardons.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta Gohan. – “Esta fábrica ha salido de nada…”

Mientras tanto, Vegeta se encuentra en una zona volcánica. El cielo está cubierto de nubes negras de tormenta y ceniza. La lava en ebullición puede oírse desde varios cráteres.

Vegeta, de brazos cruzados, espera.

Dibujado por Ipocrito

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte VII: El nido

Red World / Parte VII: El nido 

“Necesito hablar con usted.”

En la base de la Red Ribbon, Ten Shin Han camina por una pasarela lateral en el dojo de entrenamiento; un gigantesco hangar adaptado para esa función. Docenas de tatamis colocados uno junto al otro en los que los soldados practican artes marciales.

El asesino observa a los soldados, algunos más habilidosos que otros. Pero su atención pronto apunta al tatami central.

El viejo maestro Tsuru está practicando con varios alumnos, entre los que destacan los androides número 17 y 18, ambos vestidos con pantalón beige del ejército y camiseta blanca de tirantes.

Distintos soldados van atacando a los androides y éstos los repelen fácilmente.

– “Muy bien.” – sonríe Tsuru. – “Muy bien.”

Ten Shin Han se acerca a su maestro.

– “Maestro.” – saluda Ten con una reverencia.

– “Hola, Ten Shin Han.” – responde Tsuru. – “¿Qué quieres?”

– “Necesito hablar con usted.” – dice Ten.

Tsuru sigue con la mirada puesta en sus nuevos alumnos.

– “Está bien.” – dice Tsuru. – “Pero ahora estoy un poco ocupado…”

– “Lo siento, señor.” – hace Ten otra reverencia.

Ten se da la vuelta.

– “¡Espera!” – lo detiene Tsuru. – “Tengo una idea.”

El anciano alza su mano.

– “¡YAME!” – exclama Tsuru, ordenando detener la clase.

Los contrincantes, magullados y agotados, se sientan en el suelo para recobrar el aliento. Los androides siguen de pie, sin inmutarse por el esfuerzo.

– “Creo que esto puede ser muy interesante.” – sonríe Tsuru con picardía. – “Número 17, prepárate.”

– “Sí, maestro.” – responde el androide.

Ten Shin Han frunce el ceño, confuso.

– “Adelante, Ten Shin Han.” – dice Tsuru, invitando a su antiguo alumno al tatami.

– “¿Quiere que luche con el androide?” – pregunta Ten.

– “Puede ser un buen ejemplo para la clase.” – asiente el anciano.

Ten Shin Han avanza hasta el centro del tatami, donde ya espera el androide 17.

Al ponerse cara a cara con su contrincante, Ten se fija en el rostro del joven y parece reconocerlo.

– “¿Nos conocemos?” – pregunta Ten.

– “He oído hablar de usted.” – dice el Número 17. – “El asesino Ten Shin Han.” – hace una reverencia. – “Es un honor.”

Ten mira de reojo a su maestro, que ni se inmuta.

– “Es extraño…” – piensa Ten. – “Su rostro me resulta muy familiar…”

El Número 17 se pone en guardia. Ten sigue de pie, con las manos en la espalda.

– “¿De dónde lo conozco?” – se pregunta el asesino. – “¿Acaso nos enfrentamos en un torneo?”

Tsuru levanta la mano y luego la mueve hacia delante.

– “¡HAJIME!” – ordena el inicio del duelo.

Sin dudarlo, el androide se abalanza sobre Ten.

El androide intenta golpear al asesino, pero éste esquiva todos los golpes.

– “No…” – piensa Ten, al no reconocer su forma de luchar. – “No es la misma persona…”

Poco a poco, Ten siente como la velocidad y la fuerza de los golpes de su contrincante aumenta.

– “¿Eh?” – se sorprende el asesino.

De repente, Ten se ve obligado a detener uno de los puñetazos.

Los dos se miran fijamente. El androide sonríe.

El Número 17 retrocede y se pone de nuevo en guardia.

– “El Número 17 aprende rápido.” – advierte Tsuru. – “No te confíes, Ten Shin Han.” – sonríe de forma pícara.

Ten se resigna y se pone en guardia.

Poco a poco, los soldados de los otros tatamis se dan cuenta de lo que está ocurriendo y detienen sus entrenamientos para prestarle atención y acercarse.

El androide ataca de nuevo y Ten sale a recibirlo.

Los dos chocan en el centro del tatami e intercambian golpes. Cada uno detiene los golpes del otro sin conectar ninguno.

Finalmente, Ten frunce el ceño y su cambio de actitud se refleja en su forma de luchar.

El Número 17 golpea a Ten, pero éste resulta ser un espejismo.

Media docena de Ten Shin Han rodea al androide, que no entiende lo que sucede.

– “¡¿EH?!” – parece alarmado el 17.

Durante un instante, el Número 17 se encuentra sobre el tatami del Torneo Mundial de Artes Marciales, rodeado de gente coreando.

Pero un rodillazo en la nuca lo saca de su trance y cae de boca al suelo.

Ten Shin Han se posa en el suelo, aún con la rodilla derecha levantada haciendo la pose de la grulla.

– “Lo siento, maestro.” – dice Ten, bajando su pierna y poniendo las manos en su espalda de nuevo. – “Creo que he roto su juguete.”

Pero sin ninguna mueca de dolor, el androide se levanta.

– “¿Eh?” – se sorprende el asesino.

El Número 17 se pone de nuevo en guardia.

– “Je, je, je…” – ríe Tsuru.

Ten Shin Han mira de reojo a su maestro y de nuevo al androide.

– “Número 18.” – dice Tsuru. – “¿Has estado observando atentamente?”

– “Sí, maestro.” – responde ella.

– “Bien.” – asiente el anciano. – “Únete al combate.”

– “Como ordene, maestro.” – hace una reverencia.

La Número 18 se une al Número 17. Los dos se ponen en guardia.

Ten Shin Han los mira atentamente.

– “Son máquinas…” – piensa el asesino. – “Y aun así se mueven como luchadores experimentados…” – frunce el ceño, ofendido. – “¿En qué está pensando la Red Ribbon? ¿Y el maestro Tsuru está de acuerdo con esto?”

Los androides atacan, colocándose uno tras otro durante un instante antes de saltar hacia los lados para sorprender a Ten por ambos flancos.

Ten se protege y detiene un puñetazo del 17 y una patada de la 18.

– “Tsk…” – se queja el asesino.

Los androides dan un salto hacia atrás y cargan de nuevo.

Los dos desatan una tormenta de puñetazos y patadas que el asesino detiene, pero cada vez se siente más presionado. Su tercer ojo no da abasto, moviéndose de derecha a izquierda sin cesar, cambiando su atención del hombre a la mujer una y otra vez.

Desde un balcón, el Oficial del Estado Mayor Black observa el combate, acompañado por el Doctor Gero.

– “Impresionante…” – murmura Black. – “Esas cosas están plantando cara al terrible asesino Ten Shin Han…”

– “Esto es solo el principio, señor.” – dice Gero. – “Están aprendiendo.”

Ten Shin Han se agacha, haciendo que el 17 y la 18 golpeen sus puños, y el asesino aprovecha la ocasión para cruzar sus brazos, apuntando con cada mano a un enemigo.

– “¡HA!” – exclama Ten, empujando con su ki a sus contrincantes, que retroceden sobre el tatami deslizándose hasta los límites.

Los androides, inexpresivos, alzan su mano derecha y apuntan a Ten.

– “¿Hmm…?” – se prepara Ten.

Una esfera de ki aparecen en las manos de los androides.

Los soldados presentes retroceden aterrados. El mismísimo Tsuru se sorprende ante el intenso brillo que desprenden y la ventisca que generan. Black se agarra a la barandilla de su balcón, preocupado.

– “¡BASTA!” – exclama Black. – “¡YA ES SUFICIENTE!”

Ten Shin Han hace una serie de sellos con sus manos, listo para defenderse del ataque… pero al echar un vistazo a su alrededor y se da cuenta que está rodeado de soldados que corren por sus vidas.

– “Tsk…” – gruñe el asesino, en conflicto.

Pero de repente, las esferas de ki se desvanecen.

– “¿EH?” – se extraña Ten.

Tsuru parece igual de confuso.

Los androides han quedado inmóviles.

En el balcón, el Doctor Gero empuña un control remoto con un gran botón rojo apretado.

– “Creo que necesitaremos un lugar de entrenamiento más aislado.” – dice el Doctor.

– “Sus androides…” – gruñe Black.

El Oficial del Estado Mayor Black agarra del cuello de la bata al científico. 

– “¡¡CASI DESTRUYEN NUESTRO CUARTEL GENERAL!!” – exclama furioso.

– “Eso es solo una prueba de nuestro éxito, señor.” – responde Gero, calmado.

Black recapacita, contrariado, y acaba soltando al doctor.

– “Malditos científicos…” – gruñe Black mientras se retira.

Mientras los androides son retirados por el personal de la Red Ribbon, Tsuru le hace un gesto con la cabeza a Ten Shin Han para que lo siga. Los dos caminan hasta que salen al exterior.

Los dos pasean en silencio por el interior de la muralla de la base, cerca de una hilera de abetos.

– “Has luchado bien.” – habla Tsuru.

– “Gracias, maestro.” – responde Ten.

– “¿Qué querías decirme?” – pregunta el anciano.

– “He estado pensando en la conversación que tuve con Kamisama.” – dice Ten, un poco avergonzando.

– “¿Con ese traidor?” – gruñe Tsuru.

– “Me pregunto…” – dice Ten. – “Si hay otra forma de hacerme más fuerte.”

Tsuru se detiene.

– “Espero que no estés sugiriendo lo que creo…” – dice el viejo entre dientes.

– “He alcanzado mi límite.” – dice Ten. – “Y esos androides, a la velocidad a la que aprenden… Me han demostrado que necesito nuevos retos.”

– “¿Y crees que ese viejo usurpador puede enseñarte algo que yo no?” – pregunta Tsuru, claramente intentando contener su rabia.

– “No lo sé, maestro.” – agacha la cabeza Ten, intentando ser todo lo respetuoso que puede. – “Pero…”

– “Dime, Ten Shin Han…” – interrumpe Tsuru. – “¿Dónde estaba Kamisama cuando los invasores atacaron la Capital del Norte?”

Ten Shin Han no responde.

– “¿Lo viste en el campo de batalla?” – insiste Tsuru.

– “No, maestro.” – responde Ten.

– “Eso debería darte la respuesta.” – responde el anciano, que empieza a caminar de nuevo.

Ten Shin Han se queda quieto, con la cabeza agachada mientras Tsuru se aleja.

DBSNL // Capítulo 318: El plan de Freezer

DBSNL // Capítulo 318: El plan de Freezer

“¡¿Aún no vas a confesarme tu plan?!”

En el helado terreno de combate, Cooler y Freezer se enfrentan a una infinidad de clones de Golden.

Cooler, ahora transformado, agarra a dos Golden por la cabeza y los estampa el uno contra el otro para después lanzarlos contra las hordas enemigas que lo rodean, derribando así a varios.

Los Golden disparan a discreción contra el mayor de los hermanos del frío y éste se defiende usando su poder mental, atrayendo a dos clones y parapetándose detrás de ellos.

Los rayos de energía enemigos convierten a los clones en chatarra, pero Cooler usa los múltiples fragmentos metálicos, aún suspendidos en el aire por su poder, para lanzarlos a modo de metralla contra los clones.

Mientras tanto, otra horda de enemigos carga contra Freezer, que ha recurrido a su forma del 100%.

El tirano alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo los pies de los clones como si de un campo de minas se tratara, volando por los aires a muchos de ellos.

Por la espalda, otra multitud de enemigos se abalanza sobre el tirano, pero Freezer se da la vuelta y genera una onda de energía cortante que los corta a todos por la mitad.

Los Golden que han recibido daños no tardan en regenerarse. Cada parte cercenada da lugar a un nuevo clon.

Gohan y Vegeta siguen confusos ante las acciones de los demonios del frío.

– “¿A qué juegan…?” – se pregunta el hijo de Goku.


Cell frunce el ceño.

– “Freezer…” – piensa Cell. – “Supongo que el desenlace determinará si eres solo un idiota… o un genio.”

En la superficie del planeta sombrío, la Perikard reposa humeante tras acometer un aterrizaje forzoso.

Goku y Gohan han sacado a rastras de la nave a Ogilvie y a Punch, ambos inconscientes tras sus esfuerzos.

Gohan se sienta junto a ellos.

– “Espero que se recuperen pronto…” – dice Gohan. – “Nos hemos salvado por los pelos.”

Goku se encuentra de pie, mirando al cielo cubierto por nubes negras.

– “Voy a echar un vistazo al planeta.” – dice el chico.

– “¿Eh?” – se sorprende Gohan. – “Es mejor que nos quedemos aquí hasta que ellos…”

Goku, sin escuchar a su amigo, se aleja dando brincos de roca en roca.

Gohan entiende que Goku está afectado por el sacrificio de Gamma 2 y le deja marchar. 

Mientras tanto, Freezer y Cooler siguen peleando. Los hermanos retroceden mientras disparan a discreción con sus dedos, alternando entre las dos manos, hasta que los dos se topan espalda con espalda.

– “¡¿Aún no vas a confesarme tu plan?!” – pregunta Cooler, molesto.

– “¡No seas impaciente!” – responde Freezer.

Los dos extienden su mano hacia delante y generan una barrera de ki morada que rodea a ambos.

La burbuja de energía detiene a los Golden, que se amontonan sobre ella y la aporrean.

Algunos disparan sus rayos oculares y otros con sus dedos, todos intentando penetrar la protección de los hermanos del frío.

– “¡¡FREEZER!!” – protesta Cooler.

Goku Jr sigue su camino entre las rocas hasta que se topa con lo que parecen los cimientos arquitectónicos de una civilización desaparecida.

De repente, su pie se escurre por un agujero, revelando una intensa fuerte de luz y haciendo que el chico caiga al vacío.

– “¡¡AAAH!!” – se asusta Goku.

El muchacho logra agarrarse con la mano a un pequeño saliente en el último momento.

– “Tsk…” – protesta el mestizo.

La cegadora luz se proyecta hacia el cielo como un gran foco que incluso Gohan puede ver desde la accidentada Perikard.

Goku logra reponerse y salir del agujero.

La luz es tan intensa que el chico a duras penas puede ver su origen. Es como si una esfera luminosa se encontrara en el corazón del planeta hueco.

Una alarma suena en el laboratorio de Shido y Raichi.

– “¿Otra vez?” – refunfuña el demonio.

– “Ya he mandado a los Godgardon.” – responde Ahm.

Goku puede ver una pequeña mota en la esfera brillante que aumenta de tamaño rápidamente hasta que surge del agujero frente a él un robot como los que enfrentaron en el espacio.

– “¡AH!” – se asusta Goku.

Pero un ataque de ki pasa por encima de Goku e impacta conta el monstruo, empujándolo y haciendo que se estrelle contra rocas cercanas.

Goku se da la vuelta para ver a Gohan, que acaba de lanzar un Masenko.

– “¡Tenemos que irnos!” – exclama el hijo de Trunks.

Los dos muchachos corren por el oscuro planeta mientras una docena de Godgardons sale del brillante agujero.

Raichi y Shido siguen mirando el choque de energías extraídas de Champa y Zamas.

– “Falta poco…” – dice Shido.

– “Deberíamos proceder con los últimos combates.” – sugiere Raichi.

– “Puede que no sean necesarios.” – sonríe Shido, mirando en una pantalla el duelo entre Freezer, Cooler y Golden.

– “No lo sé…” – dice Raichi. – “No me gusta…”

Gohan y Goku corren hacia la Perikard para proteger a sus amigos mientras son perseguidos por los Godgardon.

Los robots disparan, haciendo que los chicos tengan que esquivar las balas de energía mientras huyen.

– “¡AY, AY, AY!” – protestan ellos.

Freezer y Cooler resisten en el interior de su barrera de energía.

– “¡¡FREEZER!!” – protesta Cooler de nuevo.

– “¡¡AGUANTA UN POCO MÁS!!” – insiste Freezer.

Algunos Golden retroceden y levantan el dedo índice.

Raichi frunce el ceño.

– “Ahm, manda a los demás a sus respectivos combates.” – le ordena a su creación.

– “Sí, señor.” – responde el robot.

– “¿Qué haces?” – se sorprende Shido.

Más de cien Golden preparan sus “Super Nova”.

Freezer y Cooler pueden ver como el cielo se cubre con cientos de ataques de sus enemigos.

– “No… no creo…” – titubea el mayor. – “…que podamos sobrevivir a esto…”

– “Habla por ti.” – sonríe Freezer. – “Yo soy inmortal.”

– “Maldito seas…” – gruñe Cooler.

– “Pero no te preocupes.” – continúa Freezer.

– “¿Eh?” – se sorprende su hermano.

Las alarmas empiezan a sonar en el laboratorio.

– “¿EH?” – se extraña Shido.

En el planeta donde se encuentran Vegeta, Cell y Gohan, éstos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.

En el planeta oscuro, Gohan y Goku llegan hasta la Perikard, donde Punch y Ogilvie siguen inconscientes en el suelo. 

Los muchachos se plantan y encaran a los Godgardon que van llegando.

– “Vamos a tener que luchar…” – dice Goku.

– “No hay otra salida…” – dice Gohan.

Los dos se preparan. Goku en la pose del Kamehameha, Gohan en la del Masenko.

Los Godgardon aterrizan y se acumulan frente a ellos a medida que los alcanzan.

De repente, las luces se apagan en el laboratorio.

Los Godgardon se detienen ante la sorpresa de los muchachos, quedando inertes.

Las “Super Nova” de los Golden se disipan y los demonios del frío dorados caen tiesos como estatuas contra el suelo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Cooler. – “¿Qué significa esto?”

– “Ju, ju, ju…” – ríe Freezer.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte VI: Eden

Red World / Parte VI: Eden

“Esta vez os habéis equivocado.”

Un joven apuesto de cabellera morena se escabulle entre contenedores en una zona industrial con contenedores de mercancía y un gran hangar central. El joven viste un gi verde en su parte superior con el kanji “raku” y pantalón naranja a juego con un pañuelo atado al cuello y con una espada colgando de su cinturón.

El joven hace señas con las manos a su acompañante, una mujer rubia armada con un revolver, que le sigue a una distancia prudencial. La mujer viste un conjunto vaquero con hombreras de cuero con botas a juego y guantes rosados.

Cerca de allí, personal militar con el emblema de la Red Ribbon patrulla la zona.

Uno de los soldados camina hasta una garita, donde otro duerme la siesta, y recoge una tarjeta de identificación que está sobre la mesa.

El soldado camina hasta un hangar cercano y abre la puerta lateral usando la tarjeta.

La pareja de bandidos observa desde su escondite.

El soldado les hace una señal y los bandidos se apresuran a entrar al hangar. 

El soldado cierra la puerta tras ellos y… ¡puff! revela su forma original: un pequeño felino volador azulado.

– “¡Lo logramos!” – celebra el felino.

– “Muy buen trabajo, Puar.” – dice el bandido.

Los dos chocan la mano.

– “No nos precipitemos, Yamcha.” – dice la mujer. – “La Red Ribbon suele proteger muy bien sus activos.”

– “Tranquila, Hasky.” – suspira el bandido. – “No es la primera vez que nos colamos en un…”

Antes de acabar la frase, el bandido queda boquiabierto frente lo que tiene delante.

– “¿…hangar?” – acaba Yamcha casi sin voz.

– “Qué demonios…” – dice Hasky al ver lo mismo que su compañero. – “Esto no es un simple hangar…”

Yamcha avanza hasta el balcón central que rodea el centro de la sala para verlo más de cerca.

Una figura humanoide gigantesca robot de constitución similar a las Battle Jackets se encuentra erguido en mitad del hangar y está cubierta por grandes lonas blancas, con puentes a diferentes alturas para poder acceder a distintas zonas del robot. Algunas partes están destapadas y sin acabar, con los circuitos al aire.

– “Esa cosa es enorme…” – dice Puar.

Suenan las alarmas.

– “¡¿Hemos sido nosotros?!” – se preocupa Yamcha.

– “¡Buscaré una salida!” – exclama Puar, que se marcha volando.

Yamcha retrocede sin dejar de mirar el gigantesco robot.

– “¡Salgamos de aquí!” – dice el bandido.

– “Yamcha…” – interrumpe Hasky, con voz temblorosa.

El bandido mira a su compañera y la encuentra inmovilizada por un apuesto hombre rubio de ojos azules, que rodea su cuello con su brazo y le apunta con una pistola a la cabeza. El hombre viste un impoluto uniforme militar de la Red Ribbon, con corbata y gorro incluidos.

La mujer tira su revolver al suelo.

– “Buena chica.” – sonríe el soldado.

– “¡Suéltala!” – exclama Yamcha.

– “Esta vez os habéis equivocado.” – dice el hombre rubio. – “Robar combustible y chatarra es una cosa… pero esto os queda grande.”

Yamcha desata la espada de su cinturón y la lanza a un lado.

– “Suéltala y pelea conmigo, Blue.” – lo provoca Yamcha.

– “¿Es que me conoces?” – se sorprende el General. – “Vaya… vas a hacer que me sonroje.”

Yamcha se pone en guardia.

– “¡VAMOS!” – insiste el bandido.

En un instante la sala se llena de soldados armados que rodean a Yamcha y lo encañonan.

– “¡Quietos!” – ordena Blue.

El General lanza a Hasky hacia un lado y un grupo de soldados se abalanzan sobre ella para inmovilizarla y esposarla.

– “¡Bastardos!” – exclama ella. – “¡Soltadme!”

Blue se quita la gorra y se la entrega a uno de sus hombres.

– “Me ha entrado la curiosidad…” – dice el General.

Los soldados se miran entre ellos, asombrados.

Puar observa la escena, oculto tras unas cajas.

Blue se quita su corbata, la dobla y la coloca sobre el brazo de su hombre.

– “Me conoces, pero te atreves a retarme…” – continúa Blue.

El General se desabrocha los puños de la camisa y se arremanga.

– “Que nadie intervenga.” – les dice a sus hombres. – “¿Entendido?”

– “¡SÍ, SEÑOR!” – exclaman todos al unísono.

Blue da un paso al frente y se pone en guardia.

– “Veamos si eres tan fuerte como te crees.” – sonríe el General.

Blue y Yamcha se encuentran en el centro del círculo formado por los soldados, los dos en poses de combate.

– “¡¡YAAAH!!” – ataca Yamcha con una patada.

Blue se protege con su antebrazo y se agacha dando una vuelta sobre sí mismo, extendiendo la pierna para zancadillear a Yamcha y derribarlo de espaldas al suelo.

El General remata a Yamcha con una patada descendente, con el tacón, pero Yamcha ruedo por el suelo y la evita.

El bandido recupera la distancia y se levanta.

– “Tsk…” – aprieta los dientes el bandido.

– “Je…” – sonríe Blue.

Yamcha ataca de nuevo.

– “¡¡AHORA VERÁS!!” – exclama el bandido. – “¡¡COLMILLOS DE LOBO!!”

El bandido utiliza sus manos en forma de garra para intentar golpear al enemigo, pero Blue intercepta cada uno de sus golpes y acaba atrapando los brazos de Yamcha bajo sus axilas y propinándole un cabezazo en la cara.

Yamcha retrocede aturdido, con la boca sangrando.

– “Vaya…” – dice Blue. – “Creo que te he roto un diente… Con lo guapo que eres.”

Hasky mira con preocupación a su compañero.

Puar aprovecha la situación para transformarse en soldado y unirse al corro sin que nadie sospeche.

Yamcha se limpia la sangre con el dorso de la mano.

– “Maldita sea…” – refunfuña el bandido.

Hasky saca una pequeña ganzúa que llevaba oculta en su guante para empezar a forzar el cierre de sus esposas.

Yamcha se pone de nuevo en guarida. 

Blue sonríe con prepotencia.

– “¿Puedes hacerlo mejor?” – se burla el General.


Blue se pone en guardia.

– “Vamos.” – invita a Yamcha.

Yamcha ataca una vez más con sus Colmillos de Lobo.

Blue se agacha para esquivar el golpe y contraataca con un puñetazo en el abdomen.

Yamcha se arrodilla de dolor.

– “Qué decepción…” – se mofa Blue. – “Esperaba más.”

Yamcha, humillado, mira de reojo su espada, en el suelo a tan solo unos metros.

Blue da la espalda al bandido.

– “Esposadlo.” – ordena a sus hombres.

Pero Yamcha aprovecha el momento para recoger su arma, desenfundar y abalanzarse sobre Blue.

Pero el General se da la vuelta con un extraño brillo en sus ojos.

Yamcha queda petrificado al instante. 

El bandido, inexplicablemente, es incapaz de moverse.

– “Vaya, vaya…” – dice Blue. – “No esperaba honor de una rata como tú… Pero atacar por la espalda…” – niega con la cabeza. – “No, no…” – hace con el dedo índice.

Blue se agacha y saca un cuchillo de su bota.

– “¿Dónde está tu fanfarronería ahora?” – dice el General, moviendo el cochillo frente al rostro del bandido. – “Voy a hacerte aullar, lobito.”

– “Grrr…” – gruñe Yamcha, impotente.

El General coloca el cuchillo en la mejilla izquierda del bandido.

– “Eres muy apuesto…” – dice Blue.

El rostro del General muestra una perversidad que había permanecido oculta hasta ahora.  

– “…puede que demasiado.” – continúa Blue.

El soldado desliza el cuchillo por la mejilla del bandido.

– “Hmm…” – murmura el General.

– “Grrr…” – sufre Yamcha.

Los soldados se miran entre ellos, perturbados por la crueldad de su General.

Blue coloca de nuevo el cuchillo en la mejilla sangrante de Yamcha, perpendicular al primer corte.

– “Mucho mejor…” – sonríe Blue, haciéndole otra herida.

Puar, transformado en soldado, tiene que apartar la mirada, pues no aguanta ver a su amigo torturado.

Hasky sigue trasteando con sus esposas.

Blue tararea con la boca cerrada mientras coloca ahora el cuchillo sobre ceja derecha del bandido.

Puar no aguanta más y vomita.

– “¿Eh?” – lo miran los soldados y Blue.

En ese momento, Hasky abre sus esposas y roba el arma del soldado que tiene al lado.

La mujer apunta al General Blue… pero se detiene.

A Blue le brillan de nuevo los ojos. La bandida está petrificada como Yamcha.

– “¿Qué crees que haces, mujer?” – se burla el General.

El soldado al que le han robado la pistola traga saliva, aterrado, pero el General lo ignora.

Blue se acerca a la muchacha y se coloca frente a la pistola.

Hasky intenta apretar el gatillo, pero no puede moverse. 

– “Tan cerca… ¿verdad?” – se mofa Blue.

Una lágrima cae por el rostro de la mujer.

Sin que ella pueda controlarlo, la mano armada empieza a moverse, su codo se dobla, acercando poco a poco la pistola a su propia cabeza.

Por mucho que ella intente luchar, no puede detenerse… hasta que ¡BANG!

Un disparo retumba en el hangar. 

La pistola humeante en la mano de Hasky. El soldado a quién se la había robado ha recibido un disparo en la frente.

– “No tolero errores.” – sonríe Blue.

El soldado cae de espaldas al suelo ante la estupefacción de los demás.

– “Y ahora…” – continúa Blue.

– “¡BASTA!” – interrumpe una voz.

El Coronel Green entra en escena vestido con un mono verde oscuro de trabajo, acompañado por un pequeño robot azul oscuro de aparente fácil fabricación, de extremidades finas con pinzas por manos, con un ojo central rojo y antenas a los lados de su cabeza.

– “Este es mi puesto de trabajo, Blue.” – dice Green. – “No es lugar para tus juegos macabros.”

– “Green…” – frunce el ceño el General. – “¿Desde cuándo me da órdenes, Coronel?”

Green deja atrás a su acompañante robótico y pasa entre los hombres de Blue para plantarse frente al General.

Green es alto y fornido, casi con 2 metros de altura, frente al 1,80 de Blue.

– “¿Quieres probarme?” – lo provoca Blue.

– “No todos tenemos tus tendencias… psicopáticas.” – responde Green.

Los soldados se miran entre ellos sin saber muy bien que hacer.

Green, sin dejar de mirar a Blue, desarma de un manotazo a Hasky, quedándose con la pistola.

– “Basta de juegos.” – insiste el Coronel. – “Si vas a matarlos, hazlo ya.” – le ofrece el arma.

– “¿Y por qué no lo haces tú?” – responde Blue, sin intención de coger el arma.

Green y Blue mantienen su duelo de miradas.

– “¿Qué me dices?” – lo provoca el General. – “Demuéstrame lo buen soldado que eres, salvador de la Tierra…”

El robot que acompañaba a Green interviene.

– “Coronel Green…” – dice el robot. – “Puede que al Doctor Gero le interesen estos sujetos…”

De repente, en un ataúd de metal colocado de forma vertical, Yamcha abre los ojos, confuso y cegado por fuertes luces blancas.

El bandido puede oír la misma voz robótica.

– “Sujeto 17 activo.” – anuncia el ayudante robótico.

Poco a poco, su vista se adapta y se da cuenta de que se encuentra en un laboratorio.

– “Hola, Número 17.” – dice una voz humana.

El joven ve a un anciano vestido con una bata blanca acercarse a él con cierta prudencia.

– “¿Puedes oírme?” – insiste el anciano.

– “¿Dónde estoy?” – pregunta el sujeto.

– “Estás en mi laboratorio.” – dice el viejo. – “Soy el Doctor Gero.” – se presenta. – “Tu creador.”

– “¿Mi creador?” – repite el joven, confuso. – “No recuerdo nada… ¿Quién soy?”

– “Eres el androide número 17.” – responde Gero.

– “¿Un androide?” – se pregunta el sujeto, mirándose las manos.

El joven viste solo un calzoncillo negro con el logotipo de la Red Ribbon en la parte trasera.

– “Parece que todo ha salido bien…” – sonríe Gero.

– “Todo está en orden.” – responde el robot, analizando los datos en una pantalla de ordenador mientras teclea.

– “Activa al Número 18.” – dice Gero.

– “Como ordene.” – responde el robot.

El ataúd de metal número 18 hace un ruido hidráulico y emite vapores mientras se abre lentamente, revelando a una mujer rubia vestida solo con ropa interior negra.

El Número 17 se queda mirando a la hermosa mujer.

– “¿Quién es?” – pregunta el androide.

El robot interrumpe.

– “Sujeto 18 activo.” – anuncia el robot.

– “Es un androide como tú.” – responde Gero. – “La androide número 18.”

La mujer se incorpora.

Los dos androides se miran, pero no se reconocen. Sus vidas pasadas han quedado en el olvido.