DBSNL // Capítulo 321: Rivales misteriosos

DBSNL // Capítulo 321: Rivales misteriosos

“Reconozco esa forma de pelear.”

En el desierto, Cell aterriza sobre un cráter de cristal generado por la arena quemada tras su Big Bang Attack.

– “Hmm…” – murmura Cell.

La arena se filtra entre las fisuras de las paredes de cristal del cráter.

– “¿Vas a dejar de esconderte?” – pregunta el insecto con hastío.

De repente, las paredes de cristal estallan y la arena se derrumba sobre Cell, pero éste, sin inmutarse, genera una barrera de energía verde que lo protege. La arena se acumula a su alrededor.

– “Patético…” – suspira el insecto.

Con un estallido de energía, Cell repele la arena que lo rodea, quedando de pie sobre una pequeña plataforma de cristal.

Cuando la arena levantada se calma, una figura emerge del mar de arena frente a Cell. Una figura decrépita de aspecto vampírico, de piel amarilla pálida, apagada y deshidratada, con orejas puntiagudas y unos pocos mechones de cabello blanco peinados hacia atrás, vestido con pantalón negro, espinilleras metálicas, brazaletes morados y una capa negra de cuello alto con detalles dorados.

– “Al fin te muestras.” – sonríe Cell.

Mientras tanto, en la fábrica de Godgardons, Gohan se oculta tras una de las máquinas. Las sirenas siguen a todo volumen, ensordeciendo al mestizo y tiñendo de rojo el lugar.

El mestizo puede ver una silueta caminando entre las cintas de montaje.

– “Ahora es el momento…” – piensa Gohan.

Gohan sale de su escondite.

– “¡¡MASENKO!!” – dispara el mestizo.

Su ataque se aproxima rápidamente a su adversario, pero éste, sin ni siquiera mirarlo, hace que una de sus espadas gire a gran velocidad, interceptando el ataque y devolviéndoselo al mestizo. 

– “¿Eh?” – se sorprende Gohan.

Gohan tiene que saltar hacia un lado para evadir el ataque.

La explosión sacude la fábrica.

Gohan corre agachado entre las máquinas para ocultarse de nuevo.

– “Ha previsto mi ataque y lo ha repelido con su espada…” – piensa el mestizo. – “Parece que las usa con telekinesis…”

Algunas alarmas se han detenido tras la explosión. 

Son Gohan espera de nuevo la oportunidad. Viendo entre los Godgardos a medio montar como su enemigo sigue en su búsqueda.

Gohan puede fijarse por primera vez su aspecto. Un guerrero estilizado vestido con chaqueta negra de cola con hombreras y adornos blancos espirales sobre una camiseta interior naranja, un pantalón azulado y botas y guantes negros. Su piel es azulada y luce una cabellera blanca lacia, con un casco metálico en su cabeza. A su alrededor levitan dos grandes espadas, una con empuñadura verde y otra con empuñadura morada, la segunda con una hoja más oscura que la primera.

El mestizo se prepara para intentarlo de nuevo.

– “Esa forma de pelear…” – piensa Gohan. – “Tengo que…”

– “No puedes esconderte de mí…” – retumba una voz en su cabeza.

– “¡¿EH?!” – el mestizo se queda perplejo.

De repente, las espadas del enemigo salen volando hacia él.

– “Tsk…” – se preocupa Gohan, retrocediendo.

El mestizo da un salto mientras gira sobre sí mismo para evadir las espadas, que pasan de largo.

Pero al posarse de nuevo en el suelo, se encuentra al enemigo frente a él, con sus ojos grises a pocos centímetros de los suyos.

– “…Son Gohan.” – finaliza el enemigo.

El mestizo se da cuenta de que su enemigo tiene la mano extendida frente a su pecho, con las yemas de los dedos tocándolo.

De repente, el enemigo cierra la mano en un puño y le propina un golpe que lo remite a través de la fábrica, chocando contra todo lo que encuentra a su paso.

En la falda del volcán, Kamo y Vegeta se abalanzan el uno contra el otro.

Sus puños chocan al encontrarse, formando una onda expansiva que sacude el terreno.

Los dos retroceden y se embisten de nuevo, iniciando un intercambio de golpes igualado, donde ningún ataque logra superar la defensa del otro hasta que, finalmente, los dos se golpean en la cara.

Los dos contrincantes retroceden de nuevo. Vegeta se limpia la sangre del labio con el dorso de la mano. Kamo se relame su herida.

– “Para no ser tu cuerpo, te mueves bien.” – dice Vegeta.

– “Es un cuerpo excelente.” – sonríe Kamo. – “Lo conoces muy bien.”

– “Una imitación.” – sonríe Vegeta con sarcasmo.

– “Príncipe…” – suspira Kamo con ironía. – “Puede que no lo aceptes por orgullo, pero tu poder está en decadencia.”

– “Ah, ¿sí?” – replica el saiyajín sin perder su media sonrisa.

– “Sin embargo, yo poseo la mejor versión de forma que has tenido jamás.” – explica el tsufur.

Vegeta aprieta los puños.

– “Eso habrá que verlo.” – responde el saiyajín.

La tierra tiembla. La lava del volcán asciende rápidamente, en ebullición. La tormenta libera rayos que se fusionan con la torre de humo que emana el cono volcánico.

El cabello de Vegeta se tiñe de magenta y su aura estalla en una llama del mismo color; el Ikigai.

Kamo sonríe.

– “Je…” – parece confiado.

En el desierto, la figura vampiresca se encuentra flotando a pocos centímetros del suelo.

Cell lo mira de arriba abajo, intentando comprender a qué se enfrenta.

– “¿Qué eres?” – pregunta el insecto.

– “¿Tú me lo preguntas, abominación?” – responde el demacrado enemigo.

– “Abominación, ¿eh?” – sonríe Cell. – “Creo que no te has visto al espejo.”

El anciano abre su mano y un torbellino de arena se genera en ella, absorbiendo la arena de los alrededores.

El viejo inclina su mano hacia delante y el torbellino avanza, y al abandonar la palma de su mano éste entra en contacto directo con el desierto y se convierte en un torbellino gigante.

Cell no parece intimidado.

Con un gesto de su mano derecha, el insecto deshace el torbellino.

– “No eres el único que posee ese tipo de poder, anciano.” – se mofa Cell, usando su propio poder mental.

El insecto apunta con su dedo índice a su tétrico contrincante.

El rayo mortal característico de Freezer sale disparado de su dedo, pero choca contra un muro de arena que nace frente a su enemigo en el último instante.

– “Hmm…” – murmura el insecto.

Una docena de nuevos ataques impactan contra la barrera de arena frente al impertérrito enemigo.

– “Ya veo…” – sonríe Cell.

Usando el Shunkanido, el insecto aparece detrás de su rival, con el brazo derecho en alto.

El enemigo gira su cabeza ligeramente, mirando de reojo al insecto.

De repente, Cell se queda inmóvil, incapaz de mover un músculo.

La criatura vampiresca se gira lentamente, manteniendo la mirada fija en los ojos de Cell, que sigue luchando por liberarse.

Sin que el insecto pueda hacer nada, siente como una hoja de ki le atraviesa el abdomen. 

El insecto sangra por la boca.

En la fábrica de Godgardons, Gohan sale de los escombros.

Frente a él, su enemigo se posa en el suelo, con sus dos espadones levitando en sus flancos.

– “Puedes leer mi mente…” – piensa Gohan.

– “Saiykio no Senshi.” – sonríe su adversario. – “Será un honor derrotarte.”

Gohan aprieta los puños y su ki se desata, liberando una onda expansiva invisible que su adversario percibe como una gota de agua cayendo en un estaque tranquilo.

Tras un instante de silencio y calma absoluta, las espadas del enemigo salen volando hacia Gohan.

Primero la verde, seguida por la morada, pero el mestizo salta sobre ellas usándolas como peldaños de escalera para después lanzarse contra el enemigo con los pies por delante, golpeándolo en la cara y lanzándolo a través de la fábrica.

El espadachín recupera la estabilidad en el aire y reclama sus armas.

Los espadones giran a gran velocidad y se aproximan a Gohan por la espalda, pero el mestizo detiene el verde entre las palmas de sus manos y lo usa para rechazar el morado.

Finalmente, ambas espadas regresan a su dueño, que flota junto a ellas en el aire.

– “Reconozco esa forma de pelear.” – dice Gohan. – “¿Quién eres? ¿Quién te ha entrenado?” – frunce el ceño.

El espadachín sonríe con prepotencia.

En el volcán, Vegeta carga contra Kamo. Su velocidad sorprende al tsufur, que encaja un golpe en la mejilla. 

Vegeta le propina un rodillazo en el abdomen y luego lo remata juntando las manos en un puño y golpeándolo en la espalda.

Kamo atraviesa el suelo, descubriendo un mar de magma subterráneo y precipitándose en él.

Vegeta apunta con su mano derecha al charco de magma.

– “¡¡BIG BANGA ATTACK!!” – dispara el saiyajín.

El ataque se hunde en el magma candente y luego estalla, provocando que columnas de lava broten del suelo por todo el terreno de combate.

Vegeta se eleva porque el suelo se hunde bajo sus pies.

El volcán ruge y entra en erupción. La explosión provoca que grandes cantidades de roca sean expulsadas por el volcán y lluevan sobre el terreno. 

Pero rocas, humo y lava no es todo lo que emana del cono volcánico. Tras la explosión, la figura de Kamo surge del volcán sin ningún rasguño.

Vegeta frunce el ceño.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Lentamente, Kamo levita hacia su contrincante.

– “¿Qué ocurre, Príncipe Vegeta?” – lo provoca. – “¿Acaso tienes prisa?”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte IX: La Tierra Sagrada

Red World / Parte IX: La Tierra Sagrada

“El chico ya no es tuyo para atormentar.”

En el Palacio de Uranai Baba, el fantasma sale a buscar nuevos clientes. Una gran cola de hombres fornidos y caballeros bien vestidos espera a las puertas del oasis.

– “¿Siguiente?” – pregunta el ayudante de la bruja.

El fantasma acompaña a un grupo de hombres fornidos al interior del palacio.

El tiempo pasa y el fantasma sale de nuevo a buscar clientes.

– “¿Siguiente?” – pregunta de forma rutinaria, sin levantar la mirada de una pequeña carpeta.

Pero al mirar a su alrededor, se encuentra con un páramo desértico. Solo una persona espera en la cola, rodeada por tres cadáveres en la arena.

– “Yo.” – responde el asesino Tao Pai Pai.

Han pasado tres días desde que Ten Shin Han ha desaparecido.

Muy lejos de allí, Ten Shin Han atraviesa un denso bosque que apenas deja ver el cielo.

De repente, Ten llega a un claro y se queda boquiabierto frente a una gran estructura que se alza frente a él.

– “¿Qué…? ¿Qué es eso?” – se pregunta el guerrero de tres ojos. – “¡Es impresionante!”

Una voz sobresalta a Ten.

– “Estás entrando en la Tierra Sagrada de Karín, extranjero.” – dice una voz profunda.

Ten mira a su alrededor y se encuentra con un hombre de gran tamaño, nativo de la zona, armado con una lanza.

– “Me llamo Bora.” – continúa el indígena. – “Y soy el guardián de la Tierra Sagrada.”

Ten Shin Han hace una pequeña reverencia.

– “Me llamo… Chaoz.” – responde Ten.

– “¿Chaoz?” – repite el indígena.


Ten asiente.

– “¿Qué intenciones tienes, Chaoz?” – pregunta Bora.

– “Hace unos años, un anciano me dijo que, si necesitaba ayuda, viniera a estas tierras.” – dice Ten.

– “Hmm…” – murmura Bora. – “¿Buscas fuerza? ¿Sabiduría?”

– “Perdón.” – responde Ten.

Bora sonríe.

– “Esa respuesta es nueva.” – dice Bora.

El indígena parece relajarse y deja su lanza clavada en el suelo.

Mientras tanto, en el Palacio de Uranai Baba, Tao Pai Pai se encuentra sobre una plataforma formada por las lenguas de dos entes demoníacos gigantes de piedra a decenas de metros de un pozo de ácido.

El asesino sostiene por el cuello a una corpulenta momia que mira con miedo el resplandor verde que emana del fondo del pozo.

– “Basta de juegos, vieja bruja.” – dice el asesino. – “He derrotado a tus patéticos guerreros, así que me debes una respuesta.”

– “Los años no te han hecho más sabio, Tao.” – dice Baba, sentada sobre su bola de cristal flotante.

– “¿Dónde está Ten Shin Han?” – insiste el asesino.

– “Suelta a mi luchador.” – dice Baba.

Tao sonríe.

– “Como desees.” – responde el asesino, que deja que la momia se precipite hacia el pozo de ácido.

– “Eres un miserable…” – dice la bruja, apretando los puños con rabia.

Una voz resuena desde la oscuridad de la boca de un gigante de piedra.

– “Tranquila, abuela.” – dice una voz masculina.

Un guerrero demoníaco con cuernos y alas de murciélago sale a la luz.

– “A mí no me ganará tan fácilmente.” – sentencia el diablo.

En el despacho del Rey del Mundo, el Comandante Red está siendo informado por teléfono, por el Oficial del Estado Mayor Black, de la desaparición de Ten Shin Han y Tao Pai Pai.

– “¿Cómo que habéis perdido contacto?” – pregunta confuso y enfadado.

– “Lo siento, señor.” – dice Black por el altavoz. – “Ten Shin Han salió a una misión, que llevó a cabo con éxito, y después perdimos contacto…” – explica. – “Tao Pai Pai fue informado y se ha marchado esta mañana.”

– “¿Estás seguro de que se ha marchado?” – pregunta Red.

Black mira hacia el balcón, donde falta otra columna.

– “Sí, señor.” – confirma el Oficial.

Red cuelga el teléfono repentinamente.

– “Esas ratas… ¿están abandonando el barco?” – refunfuña.

En el Palacio de Baba, sobre la lengua de los demonios, Akkuman recibe el impacto de del Dodonpa en el pecho y es empujado contra una de las estatuas de piedra, desfigurando el rostro del demonio rocoso.

Akkuman cae sobre la lengua pétrea, malherido.

– “Bastardo…” – refunfuña el diablo, que tose sangre.

– “No diré que esperaba más de un bicampeón del Torneo Mundial de Artes Marciales…” – dice Tao. – “…porque la idea de enfrentarse en un torneo tan lleno de normas siempre me ha parecido patética.”

– “Tsk…” – intenta levantarse Akkuman, sin éxito.

– “Pero de un demonio…” – sonríe Tao con prepotencia. – “Esperaba un poco más de instinto asesino.”

Baba se acerca a Tao Pai Pai por la espalda, flotando sobre su bola de cristal.

– “Está bien…” – dice Baba. – “Ya es suficiente…”

– “¿Dónde está Ten Shin Han?” – pregunta Tao, centrando su atención en la bruja, despreciando al demonio caído dándole la espalda.

– “El chico ya no es tuyo para atormentar.” – dice Baba. – “Aunque lo encuentres, no volverá contigo.”

– “Deja que de eso me encargue yo.” – sonríe el asesino.

De repente, un ataque espiral de energía mágica de color fucsia se aproxima a Tao por la espalda.

El asesino se revuelve y con prepotencia extiende su mano para detener el ataque.

Pero la energía fucsia ignora su gesto y al entrar en contacto con el asesino lo envuelve en una esfera de luz.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Tao Pai Pai, confuso ante tan extraña técnica.

– “A… Akkuman…” – se sorprende Baba.

El demonio, malherido, se ha puesto en pie, con sangre derramándose por la boca, y ha lanzado el ataque con sus dedos.

– “El asesino Tao Pai Pai…” – dice Akkuman.

Tao puede sentir como en su interior algo se revuelve.

– “¡¿Aagh?!” – se queja, confuso, sujetándose el pecho como sufriera un infarto. – “¡¿Qué…?! ¡¿Qué me has hecho…?!”

– “Tu maldad será la causante de tu derrota.” – dice Akkuman.

– “¡¡AAAH!!” – se retuerce Tao, cayendo de rodillas.

Su espalda y su pecho revelan pequeños bultos que poco a poco crecen, como si algo en su interior intentara salir. El terror puede verse en sus ojos y contrasta con su gesto natural inexpresivo. 

La noche ha caído en la Tierra Sagrada. Ten Shin Han y Bora están sentados alrededor de una hoguera frente a un tipi. Cerca de allí, el hijo del guardián, Upa, persigue una luciérnaga.

– “Así que piensas intentar escalar la torre mañana…” – dice Bora, avivando el fuego con un palo.

Ten Shin Han asiente.

– “Volaré hasta la cima.” – dice Ten.

– “Hmm…” – murmura Bora. – “Si no subes de la forma correcta, serás rechazado.”

– “¿Rechazado?” – pregunta Ten.

Bora siente.

– “Tienes que subir sin ayudas.” – dice el guardián de la Tierra Sagrada.

– “Volar no es una ayuda.” – replica Ten. – “Es mi propia técnica.”

– “A veces, Chaoz…” – dice Bora. – “Las normas se siguen como una forma de respeto. Tus intenciones quedan reflejadas en tus acciones.”

De repente, un ruido entre la maleza los alerta. Bora se pone en pie y agarra su lanza, que reposaba a su lado.

– “¡Upa!” – exclama Bora. – “¡Entra en la tienda!” – ordena.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Ten. – “¿Un animal?”

– “No.” – responde Bora. – “Es otra cosa…”

Un zumbido aumenta rápidamente y pronto son rodeados por un escuadrón de Battle Mechs; robots automatizados derivados de las Battle Jackets con propulsores en lugar de piernas y armados con ametralladora en los brazos.

– “La Red Ribbon…” – murmura Ten, frunciendo el ceño.

Desde su despacho, el Comandante Red observa la situación a través del ojo rojo de los robots.

– “Ahí estás…” – gruñe el pequeño líder.

Un pitido de acoplamiento ensordece a Bora y a Ten antes de que se pueda oír la voz metalizada de Black, que habla desde su despacho.

– “¡ASESINO TEN SHIN HAN!” – dice el altavoz de uno de los robots. – “¡HAS SIDO ACUSADO DE TRAICIÓN A LA GRAN EJÉRCITO DE LA RED RIBBON!”

– “¿Ten Shin Han?” – murmura Bora, mirando de reojo y con desconfianza a su acompañante de tres ojos.

– “¡VUELVE A LA BASE AHORA MISMO PARA SER INTERROGADO Y JUZGADO!” – continúa Black.

Ten Shin Han identifica cada uno de los Mechs; cinco en total.

– “Asesino…” – gruñe Bora. – “Me has mentido… y has traído a la Red Ribbon hasta la Tierra Sagrada…”

– “Protege a tu hijo.” – responde Ten. – “Son asunto mío.”

Los Battle Mechs apuntan con sus ametralladoras al asesino.

En un parpadeo, Ten ha desaparecido de la vista de los robots y cae sobre uno de ellos, atravesando su cabeza de un puñetazo.

Los demás se giran para verlo.

– “¡FUEGO!” – ordena Black.

Los cuatro robots restantes disparan a discreción y masacran a su ya desactivado compañero, mientras Ten Shin Han desaparece de nuevo.

Ten reaparece detrás de un robot y le propina una fuerte patada que lo lanza contra otro, y ambos se estrellan contra el suelo.

– “Ahora veras…” – refunfuña Black.

Uno de los robots se inclina hacia delante, revelando un compartimento en su espalda del que sale proyectado un misil.

Ten no duda en interceptar el misil con una patada que lo lanza hacia arriba.

El misil estalla en el cielo, iluminando el bosque y lloviendo trozos de metralla ardiente.

Ten se abalanza contra el robot y usa su técnica del puño ametrallador para convertir en chatarra al robot.

De repente, los gritos de Upa alertan a Ten Shin Han. 

Bora yace en el suelo con el hombro ensangrentado, y el Mech restante tiene atrapado a Upa con un brazo mientras aún apunta a Bora con el otro. 

– “Suelta al chico, Black.” – dice el asesino.

– “A mí el chico no me importa.” – responde Black, que ahora apunta a Ten Shin Han. – “¡HAS DESERTADO DEL EJÉRCITO DE LA RED RIBBON! ¡AHORA ERES CONSIDERADO UN ENEMIGO DEL MUNDO! ¡TU SENTENCIA ES LA MUERTE!”

Ten Shin Han levanta el dedo índice y éste se ilumina.

El Mech deja de apuntar a Ten y ahora apunta a la cabeza de Upa.

– “¡DETENTE!” – exclama Black. – “¡VOY A MATAR AL…!”

– “¡DODONPA!” – dispara Ten.

Como un rayo de luz, el ataque de la Escuela Grulla atraviesa la cabeza del robot entrando por su ojo y saliendo por la nuca, desactivándolo al instante.

El robot cae y Upa queda libre.

El muchacho enseguida acude a socorrer a su padre herido.

– “Asesino…” – murmura Bora. – “Gracias…”

Ten Shin Han camina hasta uno de los robots derribados, que chispea por los daños, y se acerca a su ojo.

– “Black…” – murmura Ten. – “Y apuesto a que el enano gruñón también me está viendo…”

– “¡¿QUÉ ME HA LLAMADO?!” – protesta Red desde su despacho.

– “No soy un enemigo del mundo.” – dice Ten Shin Han. – “Soy consciente de la amenaza que nos acecha y pienso luchar a vuestro lado cuando llegue el día…”

– “Hmm…” – murmura Black.

– “Nos veremos en el campo de batalla.” – sentencia Ten.

Red ve en su ordenador como Ten golpea al robot y se pierde la señal.

– “¡¡NO PUEDO PERMITIR QUE ME HABLE ASÍ!!” – exclama Red. – “¡OFICIAL DEL ESTADO MAYOR BLACK! ¡LO QUIERO MUERTO! ¡¿ME OYE?! ¡MUERTO!”

– “Señor…” – dice Black. – “Comparto su opinión… Pero puede que no sea el momento.”

– “¡¿CÓMO DICES?!” – protesta Red, crispado. – “¡¿OSAS DESOBEDECER UNA ORDEN DIRECTA?!”

– “No, señor. No se me ocurriría.” – dice Black, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “Pero parece que Ten Shin Han tiene intención de luchar a nuestro lado contra los extraterrestres.”

– “¡¿Y QUÉ?!” – sigue protestando el Comandante.

– “Podemos utilizarlo.” – dice Black. – “No cabe duda de que ese traidor sabe pelear. Creo que podemos usarlo a nuestro favor y después encargarnos de él, si es que los extraterrestres no lo hacen ya por nosotros.”

– “PERO… pero…” – duda Red, intentando calmarse. – “Me ha llamado enano…”

– “Usted está por encima de cualquier tipo de ofensa, señor.” – dice Black. 

– “Pero…” – insiste Red. – “Su marcha puede interpretarse como una muestra de debilidad…”

– “Ocultaremos el incidente al público.” – continúa Black. – “Nadie sabrá que el asesino ha desertado.”

– “Maldita sea…” – gruñe Red. – “¡Ya lo sé! ¡No diremos nada! ¡La gente seguirá creyendo que pelea en nuestro nombre!”

– “Eso es lo que yo…” – dice Black.

– “¿Cómo dices?” – pregunta Red, amenazante.

– “¡Una idea excelente, señor!” – rectifica Black. – “¡Bravo!”

Los primeros rayos de sol se filtran entre las hojas de los árboles de la Tierra Sagrada de Karín. 

Upa está vendando a Bora frente al tipi.

– “¿Te duele mucho, papá?” – pregunta su hijo.

– “No pasa nada.” – responde Bora.

– “Tu padre es un hombre fuerte.” – dice Ten Shin Han, saliendo del tipi.

Ten Shin Han camina hasta la base de la imponente torre.

– “Me mentiste.” – dice Bora.

– “Lo siento.” – responde Ten. – “Mi reputación no es buena.”

– “Chaoz…” – murmura Bora. – “¿Es ese nombre parte de tu nuevo camino?”

Ten Shin Han sonríe.

– “Ha sido un placer.” – alza la mano para despedirse.

Bora sonríe.

– “Te deseo suerte.” – responde el guardián.

Ten Shin Han empieza a escalar la Torre de Karín.

DBSNL // Capítulo 320: Los últimos participantes

DBSNL // Capítulo 320: Los últimos participantes

“Así que tú serás mi contrincante…”

En el desierto, Cell camina en solitario, rodeado solo de arena fina. Sus pies se hunden ligeramente con cada paso.

– “¿Se supone que tengo que buscar a mi adversario?” – se pregunta el insecto. – “Hace bastante calor… y no me gusta perder el tiempo.” – refunfuña.

Un poco de arena se derrama por una gran duna, llamando la atención de Cell.

– “¿Hmm?” – mira de reojo.

Cell alza su mano y apunta a la ola de arena.

– “¿Acaso te escondes?” – pregunta el insecto.

Sin dudarlo, Cell dispara un blast de energía que impacta contra la duna, generando una explosión que levanta una gran cantidad de arena que luego llueve convertida en cristal.

– “Hmm…” – murmura Cell.

De repente, una tétrica y decrépita mano con uñas largas y puntiagudas de la arena bajo sus pies y lo agarra del tobillo, tirando de él por sorpresa y hundiéndolo en la arena, que pronto cubre su camino.

El desierto queda en calma y absoluto silencio.

Mientras tanto, en la gigantesca fábrica, Gohan observa sorprendido la cadena de montaje de Godgardons.

– “Parece un ejército…” – murmura el mestizo. – “Pero por muy fuertes que sean, saben que detendríamos una amenaza de este tipo… Tiene que ser otra cosa… ¿Un sistema de seguridad… hasta que estén listos?” – se pregunta. – “¿Listos para qué? ¿Por qué están reuniendo tanta energía? ¿Qué quieren despertar?”

En la zona volcánica, Vegeta se ha sentado sobre una roca, con sus brazos apoyados en sus rodillas y la mirada en el suelo. Dos pequeñas rocas tiemblan con la vibración del rugiente volcán, haciendo que choquen entre ellas, separándose para juntarse otra vez.

En la superficie del planeta oscuro, Goku y Gohan han puesto a salvo a Ogilvie y Punch en una pequeña cueva.

– “Buff…” – resopla Gohan, cansado.

– “Aquí no nos verán.” – dice Goku.

– “¿De verdad tenías que traer eso?” – pregunta Gohan.

Goku lleva el cinturón del Campeón Satán en la espalda, colgado como si fuera una bandolera con la hebilla de campeón en la espalda, bajo el bastón mágico.

– “Oye, que es un regalo de mi bisabuelo…” – refunfuña Goku.

– “Ya, pero no sirve para nada…” – responde Gohan, con un poco de cuidado para no ofender a Goku, pero a la vez intentando hacerlo recapacitar.

Punch abre los ojos.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado?” – pregunta el hijo de Hit.

– “¡Punch!” – se alegra Gohan. – “¡Estás despierto!”

– “¿Dónde… estamos?” – pregunta Punch, aturdido, incorporándose.

– “¡Conseguimos aterrizar!” – explica Goku, emocionado.

– “¡Pero tú y Ogilvie perdisteis el conocimiento!” – continúa Gohan, igualando el tono de su amigo. – “¡Y después Goku…!”

– “¡Lo cuento yo!” – protesta Goku. – “¡Después fui a explorar y…!”

– “¡Encontró un agujero! ¡Y había luz!” – le corta Gohan. – “¡Y…!”

– “¡¡LO IBA A CONTAR YO!!” – protesta Goku de nuevo.

Punch se sujeta la cabeza, aún más mareado.

Mientras tanto, en el pacífico desierto, una gigantesca explosión de arena tiene lugar. Cell se eleva sobre el paisaje rápidamente. El viento arrastra la arena que se le ha pegado al cuerpo. La arena de la explosión llueve sobre el desierto, de nuevo, en forma de cristal.

– “Así que este es el juego…” – protesta Cell.

El insecto apunta con su mano a la infinita alfombra de arena.

– “¡BIG BANG ATTACK!” – exclama al disparar.

Una gran explosión de fuego sacude el terreno.

En la gran zona industrial, Gohan teclea un ordenador conectado a la cadena de montaje.

– “¿Qué idioma es este? ¿Tsufur?” – protesta el mestizo. – “No entiendo nada…”

De repente, el mestizo puede oír un tenue silbido que lo alarma y lo hace reaccionar rápidamente, saltando hacia un lado.

Algo atraviesa pantalla del ordenador y continúa más allá de la cadena de montaje, dejando destrucción tras de sí.

– “Ha estado cerca…” – suspira Gohan.

Pero algo se acerca de nuevo y el mestizo puede oír el zumbido, como si de aspas se tratara.

– “¡¿EH?!” – se alarma Gohan, saltando hacia arriba.


Un objeto cortante pasa girando a toda velocidad, pero el mestizo lo evita por los pelos.

– “Maldición…” – aterriza Gohan.

El mestizo mira a ambos lados, buscando a su adversario.

– “¡Muéstrate!” – exige Gohan.

Los dos objetos regresan a su dueño, oculto entre tanta maquinaria. Gohan puede verlos pasar por su lado.

– “Eso eran… ¿espadas?” – se pregunta, sorprendido por la gran envergadura de sus hojas.

De repente, suenan las ensordecedoras alarmas por el destrozo causado. Las luces se apagan y la fábrica se tiñe de rojo intermitente por las sirenas giratorias.

Gohan se tapa los oídos con ambas manos.

– “¡Qué estruendo!” – protesta el mestizo.

Por los pelos, el mestizo ve una de las espadas acercarse a él a toda velocidad y él salta hacia un lado, evadiéndola y rodando en el suelo, y luego casi es alcanzado por la segunda. Las dos se clavan en el suelo.

– “¡Ay, ay!” – gatea Gohan por detrás de una cinta de ensamblaje cargada con piernas de Godgardons.

En el volcán, Vegeta sigue mirando las piedras, ahora en su mano, cuando su adversario se acerca.

– “Príncipe Vegeta…” – saluda amenazante.

Kamo se presenta frente al saiyajín, cruzado de brazos y con media sonrisa bajo el bigote.

– “Así que tú serás mi contrincante…” – murmura Vegeta, alzando la mirada. – “Esperaba más… pero supongo que es apropiado.”

El saiyajín cierra el puño y convierte las piedras en polvo, que al abrirla es llevado por el viento.

Kamo descruza sus brazos, con los puños apretados a cada lado de su cuerpo. Su media sonrisa se vuelve tensa.

– “Mi momento ha llegado.” – dice el tsufur. – “Al fin puedo vengarme de lo que nos hizo tu estirpe… tu padre…”

– “Eso pasó hace mucho tiempo.” – responde Vegeta.

– “Hace tiempo, ¿eh?” – Kamo frunce el ceño. – “¿Eso es el exterminio de mi raza para ti? ¿Una historia de hace tiempo?”

– “La mía sufrió el mismo destino.” – responde Vegeta. – “Llegas tarde para vengarte de nosotros.”

– “No…” – replica Kamo. – “No mientras uno de vosotros siga respirando… Y mucho menos si ese eres tú, Príncipe.”

Vegeta suspira mientras se pone en pie.

Kamo parece molesto ante la actitud de su contrincante.

– “No ocultes tu naturaleza saiyajín…” – gruñe el tsufur. – “Te obligaré a…”

– “No me malinterpretes.” – le interrumpe el saiyajín. – “Ya no tengo nada en contra de los tsufur y tampoco tenía nada contra ti. Ni te conozco.” – el saiyajín se hace crujir los puños. – “Pero atacaste a mi hija Bra.” – frunce el ceño. – “Y eso no te lo perdonaré.”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Part VIII: A sueldo

Red World // Parte VIII: A sueldo

“El negocio es el negocio.” 

En el Cuartel General de la Red Ribbon, en el dojo, Ten Shin Han medita de rodillas y a oscuras sobre el tatami.

– “¡Ten!” – retumba la voz alegre de Chaoz. – “¡JAJA!”

– “Maestro.” – dice Ten. – “Creo que estoy preparado.”

– “¿Eso crees?” – pregunta Tsuru.

– “Si quieres ser un asesino, debes probar tu valía.” – dice Tao Pai Pai.

El sonido de una puerta metálica pesada abriéndose saca a Ten Shin Han del trance.

– “Señor.” – saluda un soldado, dejando entrar la luz exterior por una rendija. – “El Oficial del Estado Mayor Black solicita su presencia.”

En unos minutos, Ten Shin Han entra al despacho del Oficial, que se encuentra reunido con un soldado pasado de peso, vestido con pantalón corto y luciendo un pequeño bigotillo, que lleva un pergamino enrollado en su mano.

– “¿Quería verme, señor?” – pregunta Ten.

– “Así es.” – confirma Black. – “Le presento al Capitán Dark.” – presenta a su acompañante.

– “Un placer.” – asiente Dark.

– “¿En qué puedo ayudarles?” – pregunta Ten.

Dark extiende el pergamino sobre la mesa, revelando un mapa de la zona.

– “Para abastecer el Cuartel General y la nueva fábrica de armamento, la Red Ribbon ha reforzado una vieja presa en esta zona.” – señala con el dedo río al sur de la base. – “Eso ha provocado que esta aldea más al sur haya quedado poco abastecida de agua… Y no parecen demasiado contentos.”

– “Están intentando sabotear la presa cada dos por tres.” – añade Black.

– “¿Y sus hombres no pueden encargarse de una panda de campesinos?” – dice Ten.

– “Podrían.” – responde Dark. – “Pero eso implica varios pelotones, con su transporte, sus raciones…”

– “Yo había sugerido poner a prueba el nuevo escuadrón de Battle Mechs…” – dice Black. – “Pero el señor Tao Pai Pai ha sugerido que vaya usted.” – dice Black.

Ten observa el mapa durante un instante.

– “Si el maestro Tao Pai Pai lo ha sugerido, me encargaré de ello.” – asiente Ten.

– “Tendrá su transporte listo en media hora.” – dice Black, entregándole un pequeño comunicador discoidal.

– “No es necesario.” – dice Ten, guardándose el dispositivo en su gi.

– “Disculpe mi osadía, señor Ten Shin Han.” – dice Black. – “Pero la fachada del Cuartel General nos gusta tal y como está…”

– “No se preocupe.” – responde Ten, dirigiéndose al balcón. – “Me apetece hacer ejercicio.”

Ten sale al balcón y se sube en la barandilla ante la mirada atenta de Black y Dark. El Oficial del Estado Mayor se inclina sobre su mesa para poder ver lo que ocurre.

Ten Shin Han salta al vacío para después salir volando hacia el sur.

Tras unos minutos de vuelo, Ten nota vibrar su comunicador y se detiene en el aire para responder.

– “Adelante.” – dice al activarlo.

Una figura holográfica de Tao Pai Pai de unos 20 centímetros se presenta sobre la plataforma discoidal.

– “Hola, Ten Shin Han.” – saluda Tao.

– “Saludos, maestro.” – responde Ten.

– “Te sorprenderá que te haya propuesto para esta misión.” – dice Tao.

– “No pongo en duda sus motivos.” – responde Ten.

Tao sonríe.

– “Ju, ju…” – ríe Tao. – “Bien… Acaba rápido la misión, porque tenemos un cliente generoso cerca de allí.”

– “¿Un cliente?” – pregunta Ten, un poco confuso. – “Creía que teníamos un contrato de exclusividad con la Red Ribbon…”

– “El negocio es el negocio.” – responde Tao. – “Acaba tu misión y reúnete con él en las coordenadas que te mandaré. Parece un ajuste de cuentas. No creo que tardes mucho y además paga al contado. Un setenta para mí y un treinta para ti.”

– “Como desee, maestro.” – asiente Ten.

En unos minutos, Ten Shin Han aterriza en la entrada de la presa, donde varios soldados armados hacen guardia.

– “Señor Ten Shin Han” – se ponen firmes.

Entre los soldados hay varios gilas con camisas de la Red Ribbon.

Uno de ellos se acerca al asesino.

– “Buenos días, bicampeón.” – saluda el dragón con una reverencia.

– “¿Hmm?” – lo mira Ten, un poco molesto por la actitud cercana del gilas.

– “¡JAJAJA!” – ríe el dragón.

– “Giran…” – murmura Ten.

– “Sí… El Campeón Giran hasta que apareciste tú…” – responde el gilas.

Ten Shin Han mira a su alrededor, fijándose en los gilas.

– “¿Y no podíais solucionar el asunto vosotros?” – pregunta Ten.

– “Creo que es una cuestión de prensa…” – responde Giran. – “Tú puedes ser mucho más persuasivo y elegante.”

– “¿Quién lidera la aldea del sur?” – pregunta Ten.

– “Pues te vas a sorprender…” – sonríe pícaramente Giran.

Al atardecer, Ten Shin Han entra en la aldea, solo. El suelo desértico se resquebraja bajo sus pies.

La gente reconoce el gi del asesino y se escoden en sus casas.

El asesino camina hasta una plaza central, adornada con una fuente seca.

– “¡He venido a hablar con Nam!” – exclama Ten.

Nam, que estaba cargando una gran tinaja sobre su cabeza en un callejón cercano, al oír su nombre acude a la plaza. 

El aldeano camina hasta la fuente y deja la tinaja en el suelo.

– “¿En qué puedo ayudarte?” – pregunta Nam, que no tarda en darse cuenta de con quién está hablando. – “Asesino Ten Shin Han.” – añade con ofensa.

– “¿Me guardas rencor por eliminarte en el torneo?” – sonríe Ten.

– “Ganaste porque eras el mejor.” – responde Nam. – “Pero tu visión de las artes marciales dista mucho de la mía.”


Ten Shin Han se pone serio.

– “No he venido buscando tu aprobación.” – responde el asesino.

– “Ya veo.” – suspira Nam. – “¿Vas a hacerlo aquí?”

– “Que tu gente se rinda.” – responde Ten. – “Dejad la presa en paz.”

– “Eso es una sentencia de muerte para mi pueblo.” – insiste Nam. – “Echa un vistazo a tu alrededor.”

La aldea está desértica. Las pocas plantas que quedan están mustias. La gente tiene los labios cortados.

– “Cumplo órdenes.” – dice Ten.

– “Por supuesto.” – responde Nam. – “No esperaba otra cosa de ti.”

Ten Shin Han levanta su dedo índice, que empieza a brillar.

La noche ha caído cuando Ten Shin Han regresa a la presa, donde lo recibe Giran.

– “¿Cómo ha ido?” – pregunta el gilas.

– “Informa al Oficial de Estado Mayor Black.” – responde Ten, deteniéndose frente a él. – “Cesarán sus intentos de sabotaje.”

– “¡JAJAJA!” – ríe Giran. – “No esperaba menos de ti, asesino.”

Ten Shin Han sigue caminando y Giran se aparta para dejarlo pasar.

– “¿A dónde vas?” – pregunta el gilas.

El asesino no responde y sigue caminando.

– “Tengo un asunto que atender.” – responde Ten.

Al salir el sol, Ten Shin Han ya ha llegado a las coordinadas indicadas por Tao Pai Pai.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta al ver una muchedumbre haciendo cola en la entrada de un palacio situado en el centro de un oasis en mitad del desierto.

Un hombre castaño repeinado, con entradas y bigote fino, vestido con un traje amarillo, camisa blanca y corbata marrón se acerca a Ten.

– “Tú debes de ser Ten Shin Han.” – dice el elegante caballero, ofreciendo su mano al asesino. – “Fulov Cash, el hombre más rico de Gingertown.”

Ten no se mueve, haciendo que el hombre baje la mano.

– “Tao Pai Pai te ha recomendado expresamente.” – continúa el hombre.

– “Estamos muy lejos de su casa.” – dice Ten, mirando a la muchedumbre. – “¿Qué hacemos aquí?”

– “Este es el Palacio de Uranai Baba” – responde el hombre. – “Baba, la adivina.”

– “¿Y bien?” – insiste el asesino.

– “Uranai Baba responde a cualquier pregunta…” – dice el hombre. – “Pagando su debido precio.” – añade. – “Pero si no se pueden pagar sus honorarios, hay que derrotar a sus luchadores más fuertes.”

– “Mis servicios no son baratos.” – responde Ten. – “¿No es mejor invertirlo en su pregunta?”

– “Esto ya no es cuestión de dinero…” – dice el millonario, poniéndose serio y apretando el puño.

De repente, un alegre fantasma se acerca flotando.

– “¡Hagan fila! ¡Hagan fila!” – exclama a los presentes. – “¡Ustedes también!” – les dice a Cash y Ten. – “¡Oh!” – se sorprende al ver al millonario. – “¿Usted de nuevo?”

– “¡Por supuesto!” – responde Cash. – “¡Y esta vez he venido acompañado!”

– “Uranai Baba no quiere su dinero.” – dice el pequeño fantasma.

– “Je, je… Esta vez no traigo dinero.” – responde el millonario. – “¡Vengo a retar a sus luchadores!”

El fantasma se queda en silencio.

– “¿Es eso cierto?” – pregunta luego, mirando a Ten Shin Han.

– “¡Eso he dicho!” – exclama el millonario.

– “Está bien.” – responde el fantasma. – “Son dos, ¿verdad?”

– “Sí, pero solo peleará él.” – Cash señala a Ten.

– “Qué sorpresa…” – dice el fantasma, con cierto retintín.

– “¡¿Qué insinúas?!” – se enfada Cash.

– “Esperen su turno.” – responde el fantasma, ignorando la rabieta del millonario y regresando al interior del palacio.

– “¿Esperar turno?” – se sulfura Cash. – “¡EH! ¡VOSOTROS!” – llama a un grupo de personas haciendo cola.


Los fornidos caballeros se dan la vuelta.

– “¡Tomad! ¡Dinero!” – el millonario se saca varios fajos de billetes y los lanza a la gente de la cola. – “¡Cogedlo y volved mañana! ¡Es un regalo!”

– “¿Esto es en serio?” – se pregunta uno.

– “¡Vamos!” – exclama Cash. – “¡Fuera de aquí!” – insiste.

Poco a poco, los presentes recogen el dinero y se marchan.

Cuando el fantasma vuelve, solo Ten Shin Han y el millonario quedan en la cola.

– “Vaya…” – se sorprende el fantasma. – “¿Qué ha pasado?”

– “¡Nos toca!” – sonríe Cash.

– “Sí…” – dice el fantasma. – “Pues acompáñenme, caballeros.”

El fantasma guía a los dos clientes a través de un puente sobre el lago hasta un tatami redondo en el centro del mismo.

La anciana bruja los espera frente al tatami, flotando sobre una bola de cristal. 

– “Otra vez tú…” – refunfuña Baba.

– “¡He vuelto!” – exclama Cash. – “¡Saca a tus hombres! ¡Vamos!”

Uranai Baba se fija en Ten Shin Han.

– “Bienvenido, muchacho.” – dice la bruja.

Cash se pone delante del asesino e increpa de nuevo a la bruja.

– “¡SI NO ACEPTAS MI DINERO, CONSEGUIRÉ MI RESPUESTA DE OTRA FORMA!” – le espeta el millonario. – “¡SACA YA A TUS HOMBRES!”

Baba mira de nuevo a Ten Shin Han y luego de nuevo a Cash.

– “¿Alguna vez has conseguido algo con tus propias manos?” – le pregunta.

– “¡¿Cómo dices, vieja bruja?!” – protesta el millonario.

– “Puedo verlo todo, hombrecito.” – dice Baba, acercándose al tipejo. – “Sé cómo te ganas la vida…”

Ten se impacienta.

– “Agradecería proceder cuanto antes.” – dice Ten.

Baba sonríe.

– “Alguien con buenos modales.” – asiente ella.

– “¿Contra quién debo pelear?” – pregunta Ten.

– “¡Eso! ¡Eso!” – insiste Cash. – “¡Saque a sus luchadores!”

Ten Shin Han se sube al ring.

– “Estoy listo.” – anuncia el asesino.

– “Aprecio demasiado la vida de mis muchachos para hacerlos luchar contigo…” – dice Baba. – “Tu fama te precede, muchacho.”

– “¡JAJAJA!” – ríe Cash.

– “Pero hay alguien que me lo ha pedido expresamente.” – continúa la bruja.

– “¿Eh?” – deja de reír el millonario.

Ten parece sorprendido.

– “¿Alguien quiere pelear conmigo?” – pregunta el asesino.

Ten mira hacia el lado opuesto del ring. Su contrincante hace acto de presencia, acercándose al tatami levitando a pocos centímetros del suelo, deslizándose grácilmente.

La cara de Ten Shin Han se descompone como si hubiera visto un fantasma.

El luchador avanza hasta el centro del ring. Es una persona pequeña, como un niño, de piel blanca, con topos rojos en sus mejillas. Viste pantalón negro con un cinturón rojo, camiseta de tirantes celeste y un gorro negro con una borla roja. Sobre su cabeza flota un halo dorado.

– “Hola, Ten.” – saluda sonriente. – “Ha pasado mucho tiempo.”


Ten Shin Han sigue descompuesto, sin reaccionar.

– “¿Ese es tu luchador?” – se mofa el millonario. – “¡JAJAJA!”

Ten Shin Han se deja caer de rodillas.

– “¿Cómo…?” – se pregunta Ten. – “¿Cómo es posible?”

– “¿Eh?” – se queda confuso Cash.

El pequeño luchador no pierde la sonrisa.

– “Te has hecho muy fuerte.” – dice el luchador.

Las lágrimas se derraman por el rostro del asesino.

– “Chaoz…” – murmura Ten. – “¿Eres tú?”

El luchador asiente.

– “Yo…” – titubea Ten.

El asesino coloca sus manos en el suelo y acerca su rostro al ring.

– “¡Lo siento!” – exclama con la voz rota. – “¡Lo siento, Chaoz! ¡Lo siento!” – repite una y otra vez, entre lágrimas.

– “Ten…” – murmura Chaoz con lágrimas en los ojos.

Poco a poco, el pequeño se acerca a Ten hasta colocarse frente a él.

– “Lo siento…” – sigue sollozando el asesino. – “Lo siento…”

– “No te preocupes, Ten.” – sonríe Chaoz, emocionado.

– “Me he equivocado…” – dice Ten Shin Han. – “Creía que sabía cuál era mi camino… Pero estoy perdido, Chaoz.” – llora. – “No sé qué hacer…”

La mente del asesino recuerda ese fatídico día.

En un dojo en penumbra, Tao Pai Pai y Tsuru se encuentran de pie frente a Ten Shin Han y Chaoz, ambos de rodillas.

– “Estoy preparado, maestro.” – dice Ten.

– “¿Eso crees?” – murmura Tsuru.

– “Si quieres ser un asesino, debes probar tu valía.” – dice Tao. – “Un asesino no debe sentir remordimientos ni cuestionarse sus actos.”

– “Sí, señor.” – asiente Ten.

– “Demuéstrame que puedes hacerlo.” – insiste Tao.

– “¿Cómo, maestro?” – pregunta Ten.

Tao Pai Pai mira a Chaoz mientras esboza una terrible media sonrisa.

Fulov Cash no entiende lo que está ocurriendo. Su asesino implacable está llorando a moco tendido sobre el ring frente a hombrecillo que debería ser insignificante.

– “¡¿Qué significa esto?!” – protesta el millonario.

Baba suspira.

– “Ya he aguantado lo suficiente…” – dice la bruja. – “Obake, ¿puedes acompañar al caballero?”

– “Por supuesto.” – responde el pequeño fantasma. – “Sígame, señor.”

– “Ya era hora…” – refunfuña el millonario.

El fantasma acompaña a Cash hasta la entrada del castillo, cuyo portal da lugar a la completa oscuridad.

– “Espérese aquí.” – sonríe el fantasma, dejando al hombre frente a las sombras y volviendo con Baba.

– “¿Eh?” – se extraña el tipejo. – “¿A dónde vas ahora?”

De repente, unas vendas sucias salen de la oscuridad y envuelven al millonario.

– “¡AH!” – se asusta Cash. – “¡AYUDA! ¡AYUHMMM!” – las vendas le tapan la boca.

El tipejo es arrastrado hacia las sombras, donde se puede oír el batir de alas y el chillido de un murciélago.

– “Qué tipo tan despreciable…” – murmura Baba.

Chaoz pone la mano sobre el hombro de Ten Shin Han.

– “Creo que los dos estábamos equivocados.” – sonríe el pequeño.

Ten mira a su viejo amigo y puede ver el perdón en sus ojos.

Ten Shin Han abraza a Chaoz y éste le corresponde. Los dos se funden en un abrazo.

El sol se pone en el Palacio de Uranai Baba. Ten Shin Han sale vestido solo con su gi interior morado y con una pequeña saca colgada a la espalda. 

Baba y Chaoz lo despiden en la puerta.

– “Mi tiempo aquí se acaba.” – sonríe Chaoz. – “Y tú debes seguir tu camino.”

– “Te echaré de menos, amigo.” – sonríe Ten, con los ojos llorosos.

– “El Más Allá es un lugar fascinante.” – dice Chaoz. – “Cuando llegue tu momento, te estaré esperando.”

– “Gracias, Chaoz.” – sonríe Ten. – “Siempre has sido mi salvación.”

Ten Shin Han hace una reverencia hacia la bruja.

– “Gracias, señora.” – dice Ten. – “Estoy en deuda con usted.”

– “No te preocupes, hijo.” – dice Baba.

– “Aunque temo por su seguridad…” – dice Ten. – “Mi viejo maestro podría venir buscando mi paradero…”

– “Tranquilo, muchacho.” – sonríe Baba con picardía. – “Si viene, lo recibiremos adecuadamente.”

Ten Shin Han se aleja con la puesta de sol. Un nuevo camino le aguarda.