DBSNL // Capítulo 323: Ingenio heredado

DBSNL // Capítulo 323: Ingenio heredado

“Un guerrero es la unión de su cuerpo, su mente y su espíritu.”

En la fábrica de Godgardons, Son Gohan y Zahha se encuentran listos para un nuevo asalto. El mestizo ha manifestado su intención de pelear con todas sus fuerzas, a lo que Zahha responde reclamando sus armas, que orbitan de nuevo a su alrededor.

En un parpadeo, Son Gohan desparece.

El mestizo reaparece detrás de Zahha, pero el espadachín ya ha movilizado una de sus armas para interceptar al hijo de Goku.

La espada verde corta al mestizo por la cintura, pero resulta ser solo un espejismo.

Pronto una docena de imágenes de Son Gohan danzan alrededor del espadachín.

Zahha suspira con decepción.

– “Un truco muy burdo para alguien con tu caché…” – refunfuña el espadachín.

Los espejismos poco a poco se acercan a Zahha.

El espadachín lanza su espada morada contra los espejismos, que gira sobre sí misma y los corta a todos por la mitad.

De repente, Zahha siente como algo se aproxima rápidamente por su espalda, y sin dudarlo hace que la espada verde lo intercepte.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el espadachín al ver que ha cortado por la mitad una cabeza de Godgardon.


Zahha se revuelve rápidamente, suponiendo una trampa de Gohan, esperando que el mestizo intente sorprenderle de nuevo por la espalda.

Pero no hay nadie. Ni rastro de Son Gohan.

Zahha mira a cada lado.

– “¿Dónde se ha metido?” – se pregunta. – “¿Qué trama?”

Zahha desciende hasta posarse en el suelo. Sus espadas regresan a su órbita habitual.

– “¿Te escondes de nuevo?” – refunfuña el espadachín.

De repente, un blast de ki se eleva entre la maquinaria de la fábrica y estalla contra el techo, haciendo que se derrumbe sobre el espadachín.

Pero Zahha alza su mano derecha y, sin inmutarse, detiene los cascotes, dejándolos suspendidos en el aire.

El espadachín, con un elegante gesto los lanza hacia el origen del blast de ki, bombardeando esa parte de la fábrica con la intención de que alguna roca golpee al mestizo.

En ese instante, Son Gohan sale de su escondite y salta por encima de la lluvia de cascotes, con una esfera de energía azul entre sus manos.

– “¡Kamehame…!” – recita rápidamente. – “¡¡HAAAAA!!” – dispara.

El espadachín hace que sus armas vuelen a interceptar el ataque, colocándose en cruz en su camino.

– “Je…” – sonríe el mestizo.

Gohan cierra sus manos alrededor del Kamehameha como si se cerraran las fauces de un dragón, estrujando la fuente de la técnica y haciendo que el ki tenga que filtrarse entre sus dedos, dividiendo el torrente de energía en múltiples proyecciones menores.

Las porciones del Kamehameha evaden las espadas por encima y por debajo, sorprendiendo a Zahha, que se ve obligando a protegerse personalmente del ataque.

El espadachín se cubre cruzando los brazos frente a su rostro y recibe los impactos del Kamehameha, que estallan casi a la vez contra Zahha.

Mientras el espadachín está envuelto en una nube de humo, Son Gohan se abalanza sobre él, volando a toda velocidad, descendiendo a medida que avanza.

Al sobrevolar las espadas, el mestizo da una voltereta antes de pisar el suelo y extender sus manos hacia atrás para lanzar una onda de energía con cada una para, no solo propulsarse hacia el enemigo, si no para lanzar sus espadas lo más lejos posible.

Gohan avanza disparado a una velocidad vertiginosa y entra en la nube de humo.

Gohan sale por el otro lado de la nube. Ha golpeado a Zahha con ambos puños en su abdomen y éste escupe sangre mientras se dobla sobre la espalda del mestizo.

Zahha abre sus manos y reclama sus espadas, que acuden a su llamada, pero se encuentran a una considerable distancia gracias a la estrategia del mestizo.

De repente, el aura incolora de Gohan se torna amarilla y toma forma esférica, envolviéndolo.

– “¡¿EH?!” – se asusta Zahha.

– “¡¡¡HAAAAAAAAA!!!” – grita Gohan.

De su aura es proyectada una onda de energía que empuja a Zahha a través de la fábrica, rompiendo la barrera del sonido.

Gohan se detiene en el aire mientras ve alejarse a su enemigo, que rompe la pared de la fábrica para continuar hasta perderse en el horizonte.

Las espadas se aproximan a Gohan por la espalda, pero el mestizo, sin mirar, se aparta ligeramente hacia la izquierda para dejar pasar la morada, y luego hacia la derecha para dejar pasar la verde… pero con un rápido movimiento la agarra por el mango.

Una explosión sacude la zona, pues el ataque ha estallado en el horizonte.

En la zona desértica, los torbellinos creados por el demacrado anciano invaden el terreno de combate. 

Cell ve como su contrincante desparece entre la tormenta de arena.

– “Tsk…” – protesta el insecto. – “¿Intentas huir de nuevo?” 

Detrás de él, una silueta surge del suelo.

Sin dudarlo, Cell se revuelve y corta su cabeza.

Pero la figura decapitada propina un puñetazo ascendente al insecto, cogiéndolo desprevenido y haciéndole retroceder.

– “¿Hmm…?” – murmura Cell.

La figura resulta estar hecha de arena.

Alrededor del insecto, una docena de adversarios nacen de la tormenta, todos con un aspecto rejuvenecido de su contrincante, con una cresta de cabello, vestidos con ropajes que Cell ha visto antes, pero que le es difícil concretar entre la arena.

Los clones rodean a Cell, que se pone en guardia imitando la pose con la que hace tantos años su homónimo del Universo 7 se enfrentó a Súper Vegeta.

Un clon de arena se abalanza sobre Cell por su derecha, pero el insecto lo intercepta con un rápido movimiento, destruyéndole la cabeza con un golpe con el dorso del puño.

Los demás lo siguen y pronto están todos sobre el insecto.

Cell dispara a uno, atravesándole el pecho, dejándole un agujero de cristal.

El insecto se revuelve y corta a otro por la mitad con el canto de su mano, aunque las dos mitades se unen de nuevo para golpear a Cell, que encaja el golpe sin dolerse.

Pronto dos hombres de arena agarran los brazos del insecto, y un tercero se prepara para golpearle en el abdomen, pero Cell lo sorprende abriendo su boca y emanando un ataque de ki amarillo que desintegra a su adversario.

En la zona volcánica, Kamo, sintiéndose humillado ante el despertar de Vegeta, le embiste con todo su odio.

– “¡YAAH!” – grita el tsufur, intentando golpear al saiyajín.

Vegeta evade el primer puñetazo con facilidad, moviendo la cabeza hacia un lado.

El tsufur lo intenta de nuevo con un gancho ascendente, pero Vegeta lo esquiva inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás.

Kamo, desesperado, lo intenta de nuevo, cargando un fuerte puñetazo que lanza contra la cara de Vegeta con todas sus fuerzas.

Esta vez, el golpe impacta directo en la mejilla del saiyajín, haciendo que éste retroceda dos pasos, girando sobre sí mismo antes de recuperar la estabilidad.

– “Ja… jaja…” – ríe un victorioso Kamo.


Vegeta mira al tsufur con el labio sangrando y una media sonrisa pícara en su rostro.

– “¿Eso es todo?” – se burla el saiyajín. – “Hace un momento presumías de la superioridad de tu cuerpo…”

– “Maldito seas…” – gruñe Kamo. – “¡¡MALDITO SEAS, SAIYAJÍN!!”

Kamo aviva su aura y carga contra Vegeta, pero al dar el primer paso se topa con la mano del saiyajín a pocos centímetros de su cara.

– “Un guerrero es la unión de su cuerpo, su mente y su espíritu.” – sentencia Vegeta.

Con un empujón de ki invisible, Kamo sale repelido violentamente.

En la fábrica, Gohan empuña el sable verde de su adversario y presume sus habilidades aprendidas con la Espada Z.

Zahha, empuñando la espada morada, camina hacia el mestizo. Su ropa ha sufrido daños con el ataque de Gohan, pero no tarda en repararse mágicamente.

– “Insolente…” – gruñe Zahha, que alza su mano libre para reclamar su arma verde.

El arma que empuña el mestizo intenta escapar de sus manos, pero este la agarra con fuerza, clavando los pies en el suelo.

– “No… tan… rápido…” – protesta Gohan, esforzándose por retenerla. – “Yo… no quiero… pelear…”

Zahha detiene su reclamo repentinamente y Gohan casi se cae de espaldas, pero tras dar varios pasos atrás se estabiliza.

– “No es cualquiera que puede empuñar mis espadas…” – concede Zahha.

Gohan clava el espadón en el suelo.

– “Tu forma de usar luchar…” – dice el mestizo. – “Se parece a la de mi amigo Trunks.”

– “Hmm…” – murmura Zahha.

– “Y tu forma de moverte…” – continúa Gohan. – “No es la primera vez que me enfrento a tu soberbio estilo de lucha.”

Zahha frunce el ceño. Gohan sonríe al ver la reacción del espadachín.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo, usando la lengua de los Dioses.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XI: El Báculo Sagrado


Red World / Parte XI: El Báculo Sagrado

“Descansar es incluso más importante que trabajar.”

En la Torre de Karín ha salido el sol y Ten Shin Han ha superado la prueba del Duende, sobreviviendo al Agua Sagrada y demostrando la fuerza de sus convicciones.

– “No me puedo creer que sigas vivo…” – dice Karín, sorprendido.

– “Me siento bien…” – murmura Ten, mirándose las manos. – “¿Este poder yacía oculto en mi interior?”

– “Fascinante…” – murmura el felino. – “Me pregunto cómo de fuerte te harás si entrenas con Kamisama…”

Ten Shin Han se alegra al oír al Duende.

– “¿Significa eso que me gané su confianza?” – pregunta Ten.

– “Mi confianza… puede que no.” – responde Karín. – “Pero mi respeto, sin duda.”

– “No se arrepentirá.” – dice Ten haciendo una reverencia.

Karín saca un cascabel dorado y se lo muestra a Ten.

– “Esta es la muestra de que apruebo tu ascenso.” – dice el gato.

– “¿Ascenso?” – pregunta Ten.


El felino se da la vuelta.

– “Acompáñame.” – dice el Duende.

Mientras tanto, en el Palacio de Uranai Baba, la bruja observa su bola de cristal.

La esfera muestra una silueta demoníaca caminando entre fuego y ruinas antes de que se enturbie, impidiendo a la bruja mirar más allá. 

– “El futuro de la Tierra es incierto…” – murmura la bruja.

Ten Shin Han y Karín han subido al tejado de la torre. 

Karín señala al cielo con el dedo.

– “La Atalaya de Kamisama, la morada del Guardián de la Tierra, se encuentra ahí arriba.” – revela el felino.

– “Fascinante…” – dice Ten, asombrado, mirando al cielo. – “Ni siquiera yo puedo verla…”

– “Pero para subir te hace falta una herramienta.” – anuncia el gato, señalando al suelo.

En el centro de la cúpula hay un pequeño ornamento con un agujero central.

– “Aquí se coloca el Báculo Sagrado.” – dice el Duende.

– “¿Un báculo?” – se extraña Ten.

– “Una reliquia mágica.” – dice Karín. – “Un bastón capaz de alargarse y conectar con la atalaya.”

Ten asiente, prestando interés.

– “¿Y dónde está ese báculo?” – pregunta el guerrero.

– “Pues…” – se rasca la barbilla el felino. – “Se lo presté a un viejo alumno.”

– “¡¿EH?!” – se sobresalta Ten.

– “Muy poca gente llega hasta la torre…” – se excusa Karín. – “… y los que lo hacen nunca son dignos del tiempo de Kamisama…”

Ten se cruza de brazos, un poco molesto.

– “Vaya faena…” – protesta el guerrero.

Ten alza la vista de nuevo.

– “Aunque creo que podría llegar volando…” – sonríe con cierta prepotencia. – “¡Sí!” – se reafirma. – “Con el poder que tengo ahora, seguro que lo logro.”

Karín hace un gruñido de desaprobación y Ten se da cuenta.

– “Hmm…” – refunfuña el Duende.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Ten.

Pero el propio Ten no tarda en darse cuenta y agacha la cabeza.

– “Ya veo…” – suspira el guerrero. – “Mis intenciones quedan reflejadas en mis acciones…” – murmura la frase que le dijo Bora.

El felino asiente.

– “Si crees que yo soy severo, te llevarás una sorpresa cuando llegues a la Atalaya.” – advierte Karín.

Ten suspira de nuevo.

– “¿Y sabe dónde puedo encontrar a su viejo alumno?” – pregunta el guerrero.

– “Por supuesto… Aunque el muy caradura regaló el báculo sin mi permiso…” – murmura el felino, rascándose la barbilla. – “De todas formas, es posible que puedas encontrar a su actual dueño…”

– “¿Dónde?” – pregunta Ten.

– “Al oeste de aquí, al otro lado del mar…” – dice Karín. – “En un solitario lugar al que llaman Monte Paoz.”

Ten camina en esa dirección, con la mirada puesta en el horizonte.

– “¿Por allí?” – pregunta Ten.

– “Ajá…” – asiente Karín.

– “De acuerdo.” – asiente el guerrero, avanzando hasta el límite del tejado.

– “¿Vas a ir a buscarlo?” – se sorprende el gato.

– “No tardaré mucho.” – sonríe Ten.

Karín saca una semilla senzu y se la lanza. Ten la caza al vuelo y se la guarda.

Sin decir nada más, el guerrero se lanza al vacío para luego salir volando como un cohete a reacción, desapareciendo en el horizonte en un instante.

Karín se queda mirando al oeste.

– “Fanfarrón.” – protesta el Duende.

Ten Shin Han surca el cielo haciendo varias piruetas, poniendo a prueba su nuevo poder, volando a una velocidad a la que jamás había viajado.

De repente, el guerrero frena en seco.

– “¿Eh?” – murmura, confuso. – “Qué extraño… Siento una sensación muy peculiar… Hay algo en esa dirección.”

Ten aterriza y camina entre cañas de bambú hasta que se topa con una humilde cabaña.

– “¿Una casa?” – se pregunta Ten.

– “¿Puedo ayudarte?” – le interrumpe una voz.

Ten se da la vuelta y se encuentra a un joven de baja estatura, con la cabeza afeitada y seis puntos tatuados en la frente, vestido con un gi morado y cinturón blanco, que transporta leña.

– “Busco el Monte Paoz.” – responde Ten.

– “Estás en el lugar correcto.” – responde el joven.

El muchacho sigue su camino hasta la cabaña, pasando por al lado de Ten.

– “Llegar hasta aquí no es tarea fácil… Nunca vemos a nadie.” – dice el muchacho. – “Acompáñame y te prepararé una taza de té.”

– “Muy amable.” – asiente Ten. – “Pero tengo prisa…”

– “Descansar es incluso más importante que trabajar.” – responde el joven, que sigue caminando hacia la pequeña casita.

Ten se dispone a seguir al muchacho al interior de la cabaña, cuando se da cuenta del objeto que luce en su espalda.

– “El… el báculo sagrado…” – murmura Ten al ver el bastón rojo enfundado en una vaina naranja.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, el Oficial del Estado Mayor Black se encuentra en su despacho, atendiendo una llamada.

Al otro lado del teléfono, en una sastrería de ropa de un pequeño pueblo, el Coronel Sliver.

– “Parece que ha pasado por aquí.” – confirma Silver.

– “Cuando encuentre al viejo, hágamelo saber.” – dice Black.

– “¿Quiere que lo mate?” – pregunta el soldado.

– “Cuide su ego, Coronel.” – dice el Oficial de Estado. – “Puede parecer un viejo carroza, pero Tsuru sigue siendo un experto en artes marciales…”

En el Monte Paoz, Ten Shin Han se ha dado cuenta de que el joven lleva la reliquia de Karín atada a la espalda.

– “¿Has dicho algo?” – pregunta el muchacho.

– “Ese báculo…” – dice Ten, sorprendido. – “¿De dónde…?”

– “¿Mi bastón mágico?” – se extraña el chico. – “Es un regalo de mi maestro.”

Ten hace una reverencia.

– “Necesito el báculo.” – dice Ten Shin Han. – “Préstamelo, por favor.”

– “¿Qué te preste mi bastón?” – se extraña de nuevo el joven. – “Ni hablar.”

– “El mundo está en peligro.” – insiste Ten. – “Y necesito esa reliquia sagrada para poder ascender hasta Kamisama y…”

– “¿Kamisama?” – repite el joven con una mueca de desconfianza. – “Ya, claro… Que no te lo doy.” – sentencia. – “Ya puedes irte por donde has venido.” – dice mientras le da la espalda.

El rostro de Ten Shin Han cambia de repente, tornándose serio y frío.

– “Lo he pedido por favor.” – advierte Ten.

– “Lo siento, extranjero.” – responde el joven, sin darse la vuelta.

En un parpadeo, Ten recorta la distancia entre ellos y agarra el bastón.

La leña cae al suelo. El joven se revuelve en un instante y lanza a Ten por los aires con una llave de lucha. 

Ten da una voltereta en el aire y cae de pie.

– “Sabes pelear…” – dice Ten. – “Por las marcas de tu frente, diría que eres un monje del Templo Orin… ¿Qué haces tan lejos de tu hogar?”

– “No toleraré que vengas hasta aquí y seas tú el que me pida explicaciones.” – responde el muchacho.

Los dos se miran fijamente. La brisa hace que los árboles se contoneen en el tranquilo Monte Paoz.

En un parpadeo, los artistas marciales se abalanzan el uno contra el otro.

Ten intenta propinar un puñetazo a su contrincante, pero éste lo esquiva y contraataca con una patada giratoria que Ten detiene.

Los dos retroceden, recuperando la distancia entre ellos.

– “No eres un simple monje…” – dice Ten.

– “Ni tu un extranjero cualquiera…” – responde el joven.

De nuevo, los luchadores se embisten e intercambian golpes, tanteándose.

Los dos dan un puñetazo a la vez, chocando sus puños.

– “¡Piedra!” – exclama el joven.

El monje sorprende a Ten metiéndole los dedos en los ojos, pillándolo por sorpresa.

– “¡Tijera!” – exclama.

Ten retrocede, dolorido, cerrando los ojos con fuerza.

– “¡Y PAPEL!” – anuncia el monje, listo para empujar a su contrincante.

Pero Ten le agarra el brazo. Su tercer ojo sigue abierto.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden el joven.


Ten Shin Han lanza al joven contra un árbol con una técnica de judo.

El monje se levanta de un salto y se queja, sujetándose la espalda, dolorido.

– “Ay… ay…” – protesta el muchacho.

– “Maldita sea…” – Ten se frota los ojos. – “¿Cómo ha podido sorprenderme con una técnica tan simple…?” – se pregunta.

Ten levanta su dedo índice.

– “Te lo advierto, muchacho.” – amenaza con cierta vergüenza. – “Puede que no lo sepas, pero te estás enfrentando a Ten Shin Han.”

– “¿Tenshinhan?” – se extraña el joven. – “¿Cómo la tortilla de cangrejo?”

– “¡NADA QUE VER!” – protesta Ten.

El monje se pone en guardia.

– “Mira, muchacho… Yo me llamo Krilín.” – se presenta. – “No sé si debería conocerte o no, pero aquí arriba no llegan muchas noticias. No sé para qué quieres mi bastón, pero tampoco me interesa. Es un regalo y no te lo daré.”

Ten levanta de nuevo su dedo.

– “No me dejas alternativa.” – dice el guerrero de tres ojos con cierto pesar.

La punta de su dedo se ilumina.

– “¿Eh?” – se sorprende Krilín.

– “¡¡DODONPA!!” – Ten lanza su ataque.

Un rayo de energía amarillo avanza a toda velocidad hacia el monje, que reacciona instintivamente.

Desenfundando el bastón mágico, Krilín repele el Dodonpa de Ten hacia el cielo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Ten.

Krilín apunta a Ten con el báculo.

– “¡Alárgate, bastón mágico!” – ordena el monje.

El báculo se alarga y sorprende a Ten, golpeándolo en el abdomen y empujándolo a través del bosque colindante.

El bastón no tarda en recuperar su tamaño original y Krilín lo enfunda.

– “Eso era muy peligroso…” – protesta el monje. – “Podrías matar a alguien con esa técnica.”

Pero como si nada, del bosque regresa Ten Shin Han, con una mano agarrándose el abdomen.

– “Esto me pasa por intentar contenerme…” – sonríe el guerrero de tres ojos.

– “Qué insistente eres…” – suspira Krilín.

En un parpadeo, Ten desaparece y reaparece detrás del monje.

– “¿EH?” – se sorprende Krilín, incapaz de seguir sus movimientos.

Con un codazo en la nuca, el monje es proyectado hacia delante, chocando de cara contra el suelo, creando un surco en el la tierra con su rostro.

Ten arranca el bastón de la espalda de Krilín. 

– “Lo siento, muchacho.” – dice Ten. – “Pero el destino de la Tierra depende de esto.”

Pero el monje aún no ha dicho su última palabra. Dolorido, intenta levantarse.

– “Vaya…” – refunfuña Ten, con sorpresa y hastío. – “Qué resistente…”

De repente, Ten se da cuenta de que el joven se ha convertido en un espejismo, y tres más se encuentran dando vueltas alrededor del guerrero de tres ojos.

– “No puedes engañar a mi vista…” – sonríe Ten, mirando a cada una de las figuras danzantes.

Krilín se abalanza sobre Ten, que detiene cada golpe del monje con el bastón aún enfundado, pero el monje logra golpear la muñeca de Ten, haciendo que el bastón salte por los aires y caiga a varios metros de distancia.

El monje retrocede, de nuevo en guardia.

– “¡Ka… Me…!” – recita Krilín, juntando las manos y llevándolas a su costado derecho de su cadera. – “¡Ha… Me…!”

Una esfera de energía azulada se manifiesta entre sus manos.

– “¡NO PUEDE SER!” – se sorprende Ten.

– “¡¡HAAAAA!!” – el monje proyecta su ataque.

Ten Shin Han se apresura a realizar una serie de sellos con sus manos mientras el ataque se aproxima.

– “¡¡KYAAAA!!” – grita Ten en el instante que iba a recibir impacto.

La esfera de energía azul se frena repentinamente; fenómeno al que Krilín asiste atónito.

Y como una exhalación, a una velocidad incluso superior a la que había sido lanzado, el Kamehameha regresa a su emisor.

Krilín intenta cubrirse rápidamente, pero recibe el impacto de su propia técnica, que estalla y lo lanza al suelo, haciendo trizas la parte superior de si gi.

Ten Shin Han recupera el bastón y camina hasta el joven.

– “El Kamehameha… La técnica insignia de la Escuela Tortuga…” – piensa Ten.

Ten se da cuenta de que el joven aún respira, quejoso.

– “¿Quién demonios es este tipo?” – se pregunta Ten.

Una tos ronca llama la atención de Ten. La continua tos proviene de la cabaña. 

Ten se queda un instante ensimismado. Después mira de nuevo al joven malherido, y de nuevo al Báculo Sagrado en su mano.

Ten Shin Han se agacha y saca la semilla senzu que le dio Karín y se la da a su contrincante.

– “Cómete esto.” – dice Ten. – “Verás como recuperas tus fuerzas.”

El joven la mastica con dificultad y de repente abre los ojos, completamente recuperado.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado?” – se pregunta Krilín, mirándose las manos.

– “Es una semilla mágica.” – dice Ten, levantándose.

Krilín se levanta de un salto.

– “Increíble…” – dice el monje. – “¡Me siento genial!”

Ten entrega el báculo a Krilín.

– “Toma.” – dice Ten Shin Han.

– “¿Me lo devuelves?” – se extraña el monje. – “¿Por qué?”

Ten da la espalda al monje mientras esboza una media sonrisa.

– “Buena suerte, Krilín.” – se despide antes de alzar el vuelo a toda velocidad.

El monje se queda perplejo al ver a un humano volando.

– “Qué tipo tan raro…” – murmura el monje.

La tos del anciano continúa.

– “¡Maestro!” – exclama Ten, apresurándose a entrar a la cabaña.

Ten Shin Han no tarda en regresar a la Torre de Karín, donde el Duende ya lo espera en el tejado.

– “¿Y bien?” – pregunta Karín.

– “Lo siento.” – se disculpa Ten. – “No traigo el báculo.”

– “Hmm…” – sonríe el gato. – “Puede que te haya subestimado…”

– “¿Eh?” – se extraña un confuso Ten.

Karín saca de nuevo el cascabel.

– “Aquí tienes.” – se lo entrega.

– “¿De verdad?” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Dijiste que podías llegar volando, ¿no es así?” – sonríe Karín.

– “Creo que sí…” – dice Ten, mirando al cielo.

– “Mucha suerte.” – se despide el felino.

– “Gracias, Duende Karín.” – asiente Ten, con una sonrisa en su rostro.

El guerrero de tres ojos alza el vuelo y desaparece en el cielo azul.

En la cabaña del Monte Paoz, Krilín acerca un vaso de agua a un anciano tumbado sobre un futón.

El viejo luce un gran bigote blanco y una camiseta interior de tirantes blanca, cubierto hasta el cuello por edredón.

– “Aquí tiene, maestro…” – dice Krilín, sujetándole la cabeza para que pueda beber.

– “Krilín…” – dice el anciano. – “Eres un buen chico…”

Krilín le limpia la boca y reposa de nuevo su cabeza en la almohada.

El joven se cambia la parte superior del gi por una nueva.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el anciano.

– “Ha llegado un muchacho buscando pelea…” – responde Krilín, quitándole hierro al asunto.

– “Debía ser muy fuerte…” – dice el maestro.

– “Sí, mucho…” – dice Krilín, que sin darse cuenta esboza una media sonrisa.

El viejo maestro sonríe al ver a su alumno emocionado.

– “Ya veo…” – dice el anciano. – “Creo que… creo que ha llegado el momento de que sigas tu camino…” – dice el anciano.

– “¿Mi camino?” – se extraña Krilín. – “No voy a dejarle, maestro Gohan.”

Son Gohan sonríe y cierra los ojos.

– “El mundo es muy grande… y puede ser maravilloso…” – dice el anciano. – “Descubrirlo es una verdadera aventura mística.”

Krilín mira a su anciano maestro y sus ojos se llenan de lágrimas al ver que Son Gohan ha dejado esta vida con una sonrisa en su rostro.

DBSNL // Capítulo 322: El Número 1

DBSNL // Capítulo 322: El Número 1

“Mis principios son un sacrifico doloroso pero necesario.”

Cell, con el corte en su abdomen por la espada de ki de su adversario, retrocede lentamente.

El anciano demacrado alza su mano y apunta al insecto.

– “Los mortales desafiáis continuamente las leyes de los Dioses.” – murmura. – “Abominaciones como tú no son tan distintas de Majin Bu.”

Con una fuerza invisible Cell es lanzado contra las dunas de arena.

El viejo, levitando a pocos centímetros del suelo, avanza hacia él.

Cell se levanta. La herida de su abdomen se cierra lentamente.

– “¿Es que no sabes por quién luchas?” – sonríe Cell. – “Ese Raichi es…”

De nuevo, el anciano usa su poder mental para agarrar a distancia al insecto del cuello y lo levanta del suelo.

– “Silencio, criatura…” – gruñe la decrépita figura. – “Mis principios son un sacrifico doloroso pero necesario.”

Cell eleva su ki.

– “¡¡AAAAAAH!!” – estalla su aura amarilla.


El insecto logra liberarse del agarre psíquico de su contrincante.

– “Hmm…” – murmura la vampírica figura con hastío.

Cell apunta a su adversario con su mano derecha, con ánimo de revancha.

– “¡HA!” – dispara una onda de ki.

El ataque es repelido como si rebotara contra una barrera de energía invisible.

– “Tsk…” – protesta Cell. – “Qué molesto…”

El anciano sonríe.

– “Tu fuerza no es nada comparada con mi fortaleza mental.” – sentencia el viejo.


Cell esboza una media sonrisa prepotente.

– “Un nuevo reto es siempre bienvenido.” – dice el insecto.

– “¿Un reto?” – frunce el ceño el viejo. – “¿Eso es todo?” – gruñe entre dientes mientras aprieta los puños. – “¡El destino del Universo está en juego!”

Cell no puede evitar reír.

– “¡Ja… jaja…!” – arranca el insecto. – “¡JAJAJAJAJA!” – estalla en una carcajada.

– “¿Qué es tan gracioso?” – protesta el enemigo.

– “¿Crees que me importa lo que le pase al Universo? – replica Cell. – “Ya hay otros que se preocupan por eso.” – sonríe. – “Yo tengo mis propias metas. Además, tengo que derrotarte a ti de todas formas, ¿no?”

El anciano aprieta sus puños con rabia. Sus largas uñas se clavan en su propia carne, sangrando.

– “Lo sabía… Sabía que hice lo correcto… Mi sacrificio…” – gruñe. – “Y aun así, el Dios del Todo decidió apostarlo en un estúpido juego… Mi vida no ha significado nada…”

– “¿Ahora vas a contarme tus miserias?” – se burla Cell. 

La arena del desierto se levanta y forma cientos de remolinos que pronto se convierten en verdaderos tornados de arena.

– “El mundo necesita Dioses.” – sentencia el viejo. – “Adorarlos o temerlos… lo decide cada mortal.”

En la fábrica de Godgardons, Son Gohan observa detenidamente a su contrincante, que levita frente a él con sus dos espadones orbitando a su alrededor.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo.

Las espadas empiezan a girar alrededor del enemigo.

– “Me llamo Zahha.” – responde usando la lengua de los Dioses.

Gohan frunce el ceño.

– “Tu forma de pelear…” – dice Gohan, mirando las espadas flotantes. – “¿Quién te ha entrenado?”

Zahha no responde y lanza la espada morada a su contrincante.

Gohan la evita inclinándose a un lado y sale volando hacia Zahha dispuesto a propinarle un puñetazo, pero éste hace girar la espada verde a su alrededor, haciendo que Gohan deba detenerse en el último instante para que su brazo no sea cercenado.

Gohan retrocede y dispara un blast de ki que impacta en el arma.

Al reaparecer, el arma sigue en su lugar, pero Zahha ha desaparecido.

– “¡¿EH?!” – se alarma Gohan.


El enemigo parece sobre el mestizo y le propina un codazo en la cabeza que lo lanza contra el suelo.

Tras estamparse en el pavimento, el mestizo se levanta mientras se frota la cabeza.

– “Ay… ay, ay…” – se queja Gohan.

Zahha desciende lentamente hasta el suelo mientras sus espadas vuelven a él.

– “No debería sorprenderme…” – sonríe el espadachín. – “Al fin y al cabo, eres el orgullo de los Kaioshin de este Universo.”

Gohan se pone en guardia.

– “¿Qué te parece si nos ponemos serios?” – dice el mestizo.

Zahha sonríe.

En la zona volcánica, Kamo carga contra Vegeta.

El saiyajín se defiende con ambos brazos frente a su pecho mientras reaviva su aura.

Pero Kamo gira sobre sí mismo para propinarle una coz que lo empuja.

Kamo apunta con su mano derecha al saiyajín mientras éste intenta recuperar la estabilidad.

– “¡¡HA!!” – dispara una esfera de energía fucsia que recuerda al “Big Bang Attack” de Vegeta.

El saiyajín extiende las manos hacia delante y frena el ataque de Kamo para después desviarlo hacia el cielo.

Pero Kamo aprovecha ese instante en el que Vegeta alza los brazos para sorprenderle con un fuerte puñetazo en el abdomen.

– “¡Ghaaagh!” – encaja el golpe el saiyajín, doblándose sobre sí mismo y perdiendo su transformación.

Kamo remata a Vegeta con un codazo en la espalda que lo lanza hacia el suelo.

Mientras cae, Vegeta se revuelve y lanza varios blasts de energía que Kamo encaja cruzando los brazos frente a su rostro.

Al disiparse la humareda, Vegeta ha desaparecido.

– “Hmm…” – murmura Kamo. 

– “¡¡FINAL…!!” – la voz del saiyajín retumba entre rugidos del volcán.

Kamo mira a su alrededor, pero no lo encuentra.

Finalmente, un destello de luz se cuela entre las nubes negras del cielo.

– “¿Eh?” – el tsufur se da la vuelta.

– “¡¡…FLASH!!” – grita Vegeta.

Un rayo concentrado de ki amarillo perfora el cielo y cae sobre un sorprendido Kamo.

Pero el rostro del tsufur pierde la sorpresa para transformarse en una media sonrisa pícara.

Kamo extiende los brazos hacia el torrente de ki con la intención de detenerlo.

El ataque choca contra las manos del tsufur, haciéndolo retroceder lentamente.

– “Je…” – se burla Kamo. – “¿Eso es todo? Esperaba más de ti, Príncipe…”

Pero de repente, el Final Flash se desvanece y Vegeta aparece frente a Kamo, transformado en Súper Siayajín Blue.

– “¿Eh?” – se sorprende el tsfuru.

– “¡¡KYAAAA!!” – grita Vegeta mientras propina un violento puñetazo en el abdomen del tsufur.

– “¡Ghaaagh!” – se queja Kamo.

– “¡¡HAAAAA!!” – grita de nuevo el saiyajín, abriendo la mano con la que lo ha golpeado y emitiendo un disparo de ki que empuja a su adversario de contra el suelo, hundiéndolo una vez más en el mar de lava.

La respiración del saiyajín es pesada.

– “Ah… ah…” – intenta recuperar el aliento.

De repente, el mar de fuego parece estar en ebullición. Varias columnas de lava se elevan ante la sorpresa de Vegeta, hasta que revelan varias ondas de energía fucsia que se dirigen directamente hacia él.

El saiyajín se apresura en extender su mano hacia los proyectiles y emitir un empujón de ki invisible que le sirve de escudo, pues hace estallar los ataques enemigos.

Pero al disiparse la humareda resultante, Vegeta puede ver como una cúpula de lava se eleva sobre el mar hasta que es perforada por un torrente de ki fucsia que asciende hacia él.

Vegeta, sorprendido, se apresura en cruzar los brazos frente a su rostro para protegerse.

El saiyajín es engullido por el ataque enemigo.

Tras el impacto, Vegeta ha perdido los guantes y la parte superior de su vestimenta, sus pantalones también han sufrido daños. Su cuerpo humeante. Su cabello cian se apaga.

El saiyajín no puede evitar descender lentamente. Su vista se torna borrosa. Su descenso acelera.

Pero Kamo lo agarra del pelo.

– “¿Crees que ya hemos terminado?” – se burla el tsufur. – “Esto acabará cuando yo lo diga.”

Kamo lanza a Vegeta contra una pequeña isla de roca y el saiyajín cae de cara contra el suelo, deslizándose unos pocos metros.

El tsufur aterriza en la misma plataforma.

– “Príncipe Vegeta…” – sonríe Kamo. – “Tu cuerpo y tu mente te traicionan.”

Vegeta sigue tirado en el suelo, inmóvil.

– “Tus fuerzas te fallan.” – continúa el tsufur. – “La era de los saiyajín se acaba.”

Vegeta se intenta levantar. Su cuerpo tiembla.

– “La era…” – habla con dificultad. – “La era de los saiyajín… acabó hace mucho tiempo…”

– “¿Hmm?” – frunce el ceño el tsufur.

– “Tú y yo…” – continúa Vegeta. – “Somos reliquias de una era pasada… Ya no importamos… El futuro es de otros.”

Kamo camina hacia Vegeta hasta colocarse frente a él.

– “¿Futuro?” – protesta el tsufur.

Kamo propina un fuerte cabezazo a Vegeta.

El saiyajín cae de rodillas. El golpe en la cabeza ha sido tan violento que la sangre que brota de la herida se desliza por su rostro.

– “Esta vez, tú raza es la que se arrodilla ante la mía.” – sentencia Kamo.

Vegeta parece aturdido, su cabeza se tambalea ligeramente. La sangre llega a su barbilla y gotea en el suelo.

Kamo apunta al saiyajín con su mano.

La mirada de Vegeta se nubla. El estruendo del volcán se torna tan confuso que se convierte en silencio.

Una esfera de ki fucsia se concentra a pocos centímetros de su rostro.

En la mente del saiyajín retumban las palabras que su padre le dedicó tras ser humillado por Dodoria frente a su propio trono.

– “Tú eres el Príncipe de una raza de guerreros extraordinaria.” – dice la voz del Rey Vegeta. – “Y vamos a trabajar duro para que se den cuenta de eso. Para poder decir con orgullo que somos saiyajín. Lucharemos para que, en el futuro, nadie se atreva a hablarte así.”

Kamo sonríe.

– “Hasta nunca, Príncipe.” – sentencia el tsufur.

Pero de repente, el saiyajín agarra el antebrazo de Kamo.

– “¿EH?” – se sorprende el tsufur.

– “¿Crees… que voy a permitir… que me derrotes…?” – gruñe Vegeta mientras le aprieta el brazo hasta que se disipa la esfera de energía. – “¿Con un cuerpo robado…?”

Vegeta se levanta. Sus pupilas son grises.

– “Presumes de un poder que no es tuyo…” – dice Vegeta. – “Puedes haberme robado el cuerpo, pero no es tuyo… No lo has trabajado…”

– “Tsk…” – protesta el tsufur, que con dificultad logra liberarse del agarre de Vegeta.

– “Este cuerpo… ha sido forjado en cientos de batallas.” – continúa el saiyajín. – “La Tierra, Namek… Me he enfrentado a Freezer, a Majin Bu… al Dios de la Destrucción… a los ángeles… a Dios y al mismísimo Diablo.”

Vegeta da un paso hacia delante mientras su aura magenta lo envuelve desde los pies hasta el cabello, como si el cuerpo del saiyajín se prendiera fuego.

Kamo retrocede instintivamente.

– “Eres… eres un monstruo…” – titubea el tsufur.

– “Mi orgullo saiyajín… Mi vida en la Tierra…” – continúa Vegeta. – “¿Crees que puedes aprender todo eso robándome el cuerpo?”

Vegeta da otro paso. Kamo retrocede de nuevo.

– “Y sobre todo… Hay algo más que debes comprender…” – dice el saiyajín. – “Ahora que Son Goku no está…” – esboza una media sonrisa con orgullo y melancolía. – “…yo soy el Número 1.”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte X: La Torre de Karín

Red World / Parte X: La Torre de Karín

“Beber del Agua Sagrada otorga un poder extraordinario.” 

Ten Shin Han ha escalado la Torre de Karín con relativa facilidad. Al anochecer, ya ha puede ver la cima.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, Tsuru se escabulle entre los focos que iluminan el perímetro interior de la muralla.

De un salto la supera, pegándose enseguida a la pared para evadir otro foco que examina el exterior.

– “Hora de abandonar el barco…” – piensa el anciano. – “Con Ten Shin Han y Tao desaparecidos, no tardarán en pedirme explicaciones… ¡Esos dos no han sabido ver el buen negocio que teníamos!”

Ten Shin Han ha alcanzado la atalaya en lo más alto de la torre y se ha colado por uno de los agujeros en la base, accediendo así a su interior.

No hay nadie. Solo una pequeña cama y una docena de grandes tinajas decoradas con un rombo rojo.

Ten encuentra una escalera que sale al exterior y sube por ella al piso superior, donde se encuentra con una zona circular con vistas al mundo, rodeada por columnas, con una escultura central que soporta una bonita botella decorada con piedras preciosas.

Ten Shin Han se acerca a ella con curiosidad.

– “Has llegado a la cima.” – una voz sorprende a Ten.

El guerrero se da la vuelta y se encuentra con un pequeño y rechoncho gato blanco apoyado en un bastón.

– “Soy el Duende Karín.” – se presenta el felino.

Ten Shin Han hace una reverencia.

– “¿Por qué estás aquí?” – le interrumpe el gato con cierto recelo.

– “Un anciano me dijo…” – responde Ten.

– “No, no…” – niega Karín. – “Prueba otra vez.”

Ten Shin Han duda un instante.

– “Busco redención.” – rectifica Ten.

– “Hmm…” – murmura el gato. – “Redención… ¿No es lo que buscamos todos?”

– “He cometido muchos errores en mi vida.” – dice Ten. – “Quiero enderezar mi camino.”

– “Un objetivo noble…” – murmura Karín. – “Pero has hecho mucho mal… ¿qué te hace merecedor de tal redención? ¿Por qué un asesino como tú debería poder calmar su corazón? ¿Acaso no es el remordimiento la mínima condena merecida por tus actos?”

Ten Shin Han agacha la cabeza, pensativo.

– “Pensé que en la cima de la torre encontraría a Kamisama.” – dice Ten, molesto.

– “Kamisama…” – repite Karín. – “Yo seré quién decida si eres digno de su presencia.”

– “Pero él me dijo…” – insiste Ten.

– “Sé muy bien lo que te dijo.” – le interrumpe el felino.

Ten aprieta los puños, frustrado.

– “En pocos años, la Tierra será…” – explica Ten.

– “¡Oh! ¿La Tierra?” – Karín finge sorpresa. – “¿Ahora es la Tierra? Pensé que habías venido buscando redención…”

– “Tsk…” – protesta Ten.

El gato da la espalda a Ten Shin Han y camina hasta el pilar central.

– “¿Ves esa botella?” – pregunta Karín. – “Es el Agua Sagrada.”

– “¿Eh?” – se extraña Ten.

– “Beber del Agua Sagrada otorga un poder extraordinario.” – dice el gato.

– “¿Un poder extraordinario?” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Tranquilo, esa de ahí es solo un truco.” – confiesa el gato.

– “¿Qué?” – replica un confuso Ten.

– “Escalar la torre y robarme el agua es mi pequeño ritual para fortalecer a todo el que llega hasta aquí.” – dice el gato. – “Al mismísimo Kamisama le costó tres años arrebatármela.” – sonríe.

– “¡¿Tres años?!” – exclama Ten.

Karín asiente.

– “Fue hace mucho tiempo.” – sonríe el felino.

– “Quiero intentarlo.” – responde Ten, motivado.

– “No seas ridículo.” – responde Karín, con cierto desdén. – “Para ti no sería ni un calentamiento.”

– “¿Eh?” – se sorprende una vez más el asesino. – “¿Qué significa eso?”

Karín se rasca la barbilla.

– “A lo mejor…” – refunfuña el gato.

– “¿Qué ocurre?” – insiste Ten.

El gato se marcha hacia la escalera.

– “Ahora vuelvo.” – se despide.

En el comedor del Cuartel General de la Red Ribbon, los androides 17 y 18 están sentados en una mesa, comiendo solos y en silencio, mientras los otros soldados están sentados en grandes grupos, hablando entre ellos. Todos comen de bandejas racionadas.

El 17 mira de reojo las otras mesas. La 18 mira fijamente su sopa.

– “No somos como ellos.” – dice la androide.

– “¿Eh?” – reacciona el 17.

– “No somos humanos.” – insiste ella.

– “Bueno, técnicamente…” – responde el 17.

De repente, un soldado se acerca a la mesa con una bandeja. Viste el uniforme regular con una gorra.

– “Hola.” – saluda el soldado. – “¿Me puedo sentar?”

Los androides se miran entre ellos, sorprendidos.

El soldado se sienta.

– “Así que sois los famosos androides de los que todos hablan.” – dice el soldado.

– “¿No nos tienes miedo?” – pregunta el 17.

– “¿Miedo?” – sonríe el soldado. – “No, yo no.”

– “¿Cómo te llamas?” – pregunta la 18.

– “Zendaki” – responde el soldado. – “Pero mis amigos me llaman Puar.”

Durante un instante, el Número 17 se queda perplejo, como si hubiera visto un fantasma.

– “¿Y por qué no te sientas con los demás?” – pregunta la 18, sacando al 17 de su trance. – “¿Eres el rarito del grupo?”

– “Más o menos… jaja” – ríe tímidamente el joven. – “Es que mañana me toca hacer guardia en el laboratorio y pensé que sería buena idea presentarme.”

– “Pues ya lo has hecho.” – replica la 18, tajante.

– “Sí, supongo que sí…” – responde tímidamente, mientras agarra su bandeja y se levanta. – “No quería molestar. Nos veremos mañana.”

El chico se despide.

– “Hasta luego…” – se despide el 17. – “…Puar.” – murmura.

El soldado se aleja rápidamente, agachando la cabeza para ocultar sus ojos lagrimosos bajo la visera de su gorra.

En la Torre de Karín, ya es de noche. El gato trae una tetera con un rombo rojo en el lateral con la inscripción en kanji “Kami” y la posa en el suelo, frente a Ten Shin Han.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Ten.

– “Esta es la verdadera Agua Sagrada.” – responde Karín.

– “¿La verdadera?” – repite Ten, confuso.

Karín asiente.

– “La leyenda dice que quien beba de esta agua obtendrá un poder extraordinario.” – explica el felino.

– “¿Es otro truco?” – se extraña Ten.

Karín lo niega.

– “Pocas personas han bebido de esta agua.” – explica el felino. – “Y ninguna ha sobrevivido.”

– “¿Es una broma?” – protesta Ten. – “¿Y Kamisama?”

– “Ni el mismísimo Kamisama se atrevió a probarla.” – responde Karín.

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Ten.

– “Las leyendas que rodean el Agua Sagrada son diversas y confusas.” – explica Karín. – “Algunas se refieren a ella como el té de los Dioses… otras hablan de una infusión echa a partir de la semilla de un Árbol Sagrado que se erguía donde ahora se encuentra esta misma torre… incluso hay algún relato sobre cómo tal brebaje fue hervido sobre la llama que calienta el mismísimo horno de ocho divisiones…”

– “¿Pero funciona?” – interrumpe Ten. 

– “Hmm…” – murmura Karín. – “No sé si eres valiente o inconsciente… ¿Acaso no has oído mis palabras?”

– “Si me hará más fuerte, quiero intentarlo.” – insiste Ten Shin Han.

– “Superar una prueba como esta precisa de verdadera convicción.” – explica Karín.

– “Déjeme intentarlo.” – insiste Ten, una vez más. – “Parece que duda de mis intenciones, pero… ¿qué puede perder? Si muero, usted tendrá una preocupación menos. Y si sobrevivo, creo que habré probado la fuerza de mis convicciones.”

Karín se rasca la barbilla, pensativo.

– “Es posible…” – murmura el felino.

Ten Shin Han se arrodilla y se inclina hacia delante con ambas manos en el suelo, haciendo una reverencia.

– “Se lo suplico.” – insiste Ten. – “Déjeme intentarlo.”

El felino suspira.

– “Está bien.” – responde.


Ten se reincorpora, sentándose sobre sus pies, arrodillado.

– “Pero antes de empezar, tómate esto.” – dice el felino.

Karín lanza con su pulgar una pequeña semilla que Ten caza al vuelo.

– “¿Qué es?” – pregunta Ten Shin Han.

– “Una semilla senzu.” – responde el gato. – “Repondrá tus fuerzas.”

– “No estoy cansado.” – responde Ten.

– “Necesitarás cada onza de energía de tu cuerpo para superar el reto.” – dice Karín. – “Te aconsejo que te la tomes.”

Ten Shin Han engulle la semilla y no tarda en sentir sus efectos.

– “Oh…” – se sorprende el guerrero de tres ojos. – “Me siento lleno de energía…” – se mira las manos. – “Incluso siento mi estómago lleno…”

Karín agarra el vaso que taponaba el pico de la tetera y lo coloca frente a Ten.

– “Es el momento de la verdad…” – sentencia el Duende.

Karín le sirve.

– “Será doloroso.” – advierte el gato.

– “Estoy listo.” – afirma un estoico Ten Shin Han.

El guerrero de tres ojos agarra el vaso y observa el contenido fijamente, mentalizándose.

Finalmente, Ten Shin Han vacía el vaso de un trago.

Tras un momento de silencio, Ten siente como le arde la garganta. El guerrero se sujeta el cuello mientras se retuerce en el suelo en agonía.

En la oscuridad de su mente, dos figuras humanas se alzan sobre él, tornándose gigantes frente a un minúsculo Ten Shin Han.

Las dos figuras se transforman en dos grullas que intentan pisotear a Ten, que corre de un lado a otro, escabulléndose entre las largas piernas de las aves.

De repente, Ten se tropieza con una cinta roja que se ha enrollado en su tobillo.

El asesino intenta liberarse, pero la cinta repta por sus piernas, envolviéndolo en un capullo de seda roja.

Ten Shin Han grita, pero la cinta alcanza su boca, silenciándolo.

En la torre, Karín observa el cuerpo inmóvil de Ten y puede oír como su corazón late cada vez más despacio.

El Duende agacha la cabeza, apenado.

– “Lo siento, muchacho.” – suspira el felino.

En su pesadilla, Ten Shin Han abre los ojos. 

Una figura oscura y monstruosa, casi demoníaca, de cuatro brazos y tres ojos se presenta frente a él, con el kanji “Satsu” tatuado en rojo en su espalda.

Ten retrocede ante tan aterradora bestia, que clava su mirada airada en él.

El guerrero intenta usar el Taiyoken, pero el destello que emite es sombrío e incapaz de iluminar su entorno.

El monstruo embiste. Ten intenta defenderse, pero la bestia lo supera.

Como un animal rabioso, la monstruo estampa a Ten contra el suelo y le propina una paliza a base de puñetazos. Cada vez que Ten intenta defenderse, uno de los brazos de la bestia logra inmovilizarlo para poder seguir golpeándole con los demás.

Karín escucha como el corazón de Ten Shin Han se detiene por completo. 

Silencio en la Torre de Karín.

De repente, un destello de luz empuja al monstruo y lo aleja de Ten.

Confuso, el malherido guerrero observa como una figura luminosa de apariencia infantil aparece frente a él y avanza levitando a pocos centímetros del suelo hacia la bestia.

– “Chaoz…” – murmura Ten.

Karín puede oír al guerrero murmurar.

– “¿Hmm…?” – se sorprende el Duende.

El monstruo se abalanza sobre la figura de luz como un depredador sobre su presa.

Parece que la bestia la atrape entre sus manos, pero la figura se desvanece para reaparecer de nuevo detrás del monstruo.

El demonio lo intenta de nuevo, pero lo mismo sucede.

Karín se acerca al cuerpo de Ten, acercando su oreja a su rostro.

El monstruo lo intenta una vez más… y esta vez parece haberlo logrado.

Pero al darse la vuelta, la bestia se da cuenta de que la figura luminosa se encuentra montada en su espalda, agarrándose a los brazos que nacen de su espalda, sobre el gran tatuaje “Satsu”.

La luz de la figura es cada vez más intensa.

– “Chaoz…” – murmura de nuevo Ten.

– “Adiós, Ten…” – retumba la voz de su preciado amigo. – “No te olvides de mí, ¿eh?”

En la Torre de Karín, Ten Shin Han abre los ojos.

– “¡¡CHAOZ!!” – exclama el guerrero.

– “¡¡AAAAH!!” – se sobresalta el felino.

Ten Shin Han está confuso, mirando a su alrededor.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado…?” – se pregunta el guerrero.

– “¡NO ME DES ESTOS SUSTOS!” – protesta Karín.

Ten observa el vaso vacío en el suelo.

– “¿Lo he… conseguido…?” – se pregunta, sorprendido.

– “Impresionante…” – piensa Karín. – “Es la primera vez que un humano sobrevive al brebaje…”

Y así, el primer rayo de luz del amanecer baña la Torre de Karín.

Ten Shin Han se pone en pie, observando sus manos mientras las abre y las cierra con cara de asombro.

– “¿Cómo te sientes?” – pregunta Karín.

– “Me siento…” – responde Ten, apretando los puños con fuerza. – “¡…mejor que nunca!” – sonríe.