DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

“Los forasteros nunca traen nada bueno…”

Hybis y Broly siguen en la taberna, integrados entre las gentes de Erezúant.

Hybis baila de pie, solo con los pies, como si fuera irlandés, mientras los locales y Broly aplauden al ritmo mientras beben.

En las afueras, donde estaba estacionada la nave, Tarble observa con desánimo uno de los pocos tornillos que los ladrones han dejado atrás.

– “Se la han llevado…” – suspira con pesar.

– “Lo lamento.” – dice Gladyola. – “El desierto que rodea los principales núcleos urbanos es un lugar conflictivo.”

– “No te preocupes.” – sonríe el saiyajín, apretando el puño. – “¿Dónde se la han llevado? La recuperaré en un santiamén y les daré una lección.”

– “No es tan fácil…” – responde Gladyola.

– “¿Por qué no?” – se sorprende Tarble.

En la taberna, el viejo barbudo que estaba vigilando a los patrulleros desde la distancia se acerca a Broly cerveza en mano, mientras Hybis sigue dando espectáculo.

– “Buenas tardes, forastero.” – dice el anciano, cerveza en mano.

– “Buenas tardes.” – saluda Broly educadamente. – “¿Puedo ayudarle en algo?”

El viejo se sienta a su lado, agarra un puñado de los bichos karikari de Broly y se los come.

– “Sois de la patrulla, ¿verdad?” – pregunta el extraño mientras mastica con la boca abierta. – “¿Estáis aquí por el robo?”

– “Así es.” – asiente el saiyajín.

El viejo da un trago a su cerveza, dejando su barba chorreando de espuma, pero se limpia con el antebrazo.

La tabernera pasa cerca, llevando bebida a otro cliente.

– “¡SAMBUCO!” – protesta ella, sin desviarse de su camino. – “¡Deja de molestar al forastero!”

– “¡CÁLLATE, VIEJA PIRUJA!” – replica él, escupiendo por todas partes.

– “Está bien, está bien…” – intenta poner paz el saiyajín.

El viejo agarra otro puñado de bichos y se los come de golpe.

– “Ese tipo no era de fiar…” – continúa. – “¡Lo dije desde el principio!” – exclama. – “Pero nadie me hace caso… Nadie…” – come de nuevo.

– “¿Habla del ladrón?” – pregunta Broly.

– “Los forasteros nunca traen nada bueno…” – protesta antes de tomar otro trago de cerveza.

Broly suspira desanimado, pues entiende que es solo un viejo borracho.

– “Lo vi salir de la ciudad.” – dice mientras golpe la mesa con la jarra.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly, prestándole atención de nuevo.

– “Yo estaba buscando un lugar tranquilo para… bueno, ya sabes… estaba un poco indispuesto. Los guardias siempre protestan cuando lo hago dentro de la ciudad, ¿sabes?” – narra. – “Era de madrugada y Peonia ya había cerrado.” – señala con la jarra a la tabernera. – “Había encontrado un buen lugar cuando, de repente, ¡BOOM!” – exclama con grandes aspavientos. – “¡Un estruendo! ¡En el castillo! ¡Parecía que el cielo se venía abajo!” – bebe de nuevo y eructa.

Hybis regresa a su asiento entre los aplausos de los clientes y escucha la conversación.

– “¿Y qué vio?” – pregunta Broly.

– “Había unos tipos raros esperando en las afueras.” – explica Sambuco. – “¡El forastero voló hasta allí y…”


En ese momento, dos tipos se levantan de una mesa cercana y se acercan por detrás del anciano.

– “¿Qué pasa, viejo?” – interviene un extraño que parece una gárgola de piel amarilla, descamisado para no limitar sus alas de murciélago; solo viste un pantalón marrón austero.

– “Creo que hablas demasiado.” – dice su compañero, un tipo de piel azul y orejas puntiagudas, con una cresta blanca sobre su cabeza, vestido con camiseta blanca bajo una chaqueta amarilla y pantalón beige, con un cinturón rojo. – “¿Por qué no te vas a dormir la mona?” – añade mientras le pone la mano en el hombro. 

Broly frunce el ceño.

Pero antes de que el saiyajín pueda decir nada, Sambuco eructa de nuevo.

– “¡BURP!” – eructa el anciano. – “Lo siento…” – se disculpa.

La gárgola da un paso atrás mientras intenta deshacerse del olor con la mano.

– “Creo que tiene razón… He bebido mucho…” – añade el viejo.

– “Eso es…” – sonríe el tipo azul brabucón. – “Vete a tu casa y…”

Sambuco se levanta repentinamente y choca su cabeza contra la barbilla del tipo azul, haciendo que éste se muerda la lengua.

– “¡AAggh!” – se tapa la boca el tipo, sangrando.

– “¡Oh!” – se sorprende el anciano. – “Lo siento mucho…” – dice mientras se tambalea. – “¡OH!” – exclama el viejo. – “Creo que me suenan vuestras caras… ¡Vosotros…!”

– “Viejo estúpido…” – gruñe la gárgola.

La criatura abre sus alas, empujando dos mesas que tenía a su alrededor, molestando a los otros clientes y llamando la atención de todos.

La gárgola se abalanza sobre Sambuco con el puño en alto y éste huye corriendo.

– “¡Ay, ay!” – grita el viejo.

El anciano se tropieza y se cae al suelo, con la aparente suerte de que al caerse propina una patada en el costado de la gárgola.

El maleante se encorva, sujetando la zona golpeada, dolorido.

– “Maldito viejo…” – gruñe la gárgola. – “¡Te vas a enterar!” – saca una navaja del bolsillo.

Sambuco gatea hacia atrás, aterrado.

Broly ya se ha levantado y da un paso al frente, colocándose delante del anciano.

– “Ya es suficiente.” – dice el saiyajín.

El tipo de la cresta se une a su compañero, los dos rabiosos.

– “Voy a sacarte las tripas, grandullón.” – gruñe la gárgola. – “¡Aquí la Patrulla no pinta nada!”

Pero un sartenazo en la cabeza, por la espalda, noquea a la gárgola, que se desploma contra el suelo.

– “¡SINVERGÜENZAS!” – grita la tabernera, blandiendo su sartén como un bate de béisbol.

– “Estúpida entrometida…” – gruñe el otro maleante.

Dos clientes se abalanzan sobre él por la espalda.

– “¡NO OS QUEREMOS EN NUESTRA TABERNA!” – grita uno.

– “¡FUERA!” – grita otro sentado a lo lejos.

Broly observa asombrado la actuación de los clientes y la tabernera.

Hybis agarra su jarra de cerveza.

– “Esto aquí es habitual.” – dice antes de dar un trago. – “Ya stá caliente…” – refunfuña. – “¿Me pones otra, Peonia?”

Los clientes arrastran a los malhechores fuera del local.

– “¡Por supuesto!” – sonríe la tabernera. – “¿Y tú quieres otra, guapo?” – le pregunta a Broly.

– “Estoy bien… gracias…” – dice Broly, un poco conmocionado.

– “¡A mí ponme otra también!” – exclama Sambuco, que levanta su silla del suelo y se sienta.

– “¡Tú ya me debes demasiadas!” – protesta ella, sacando de nuevo su temperamento.

Unos minutos más tarde, Tarble y Gladyola llegan a la taberna, y al acercarse ven a dos guardias llevarse a los maleantes maniatados.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta Tarble.

– “Preguntaré a mis hombres.” – dice Gladyola.

El saiyajín entra al local y se sorprende al ver que todos actúan como si nada hubiera pasado. Las mesas están en su sitio y la gente bebe y canta mientras Hybis está bailando de nuevo.

– “¡Hola!” – saluda Broly, levantando su jarra de cerveza.

Un rato después, Hybis, Tarble y Broly están reunidos en una de las mesas de la taberna.

– “Sin nave, ¿cómo nos comunicaremos con el Cuartel?” – pregunta Broly.

– “Si Hybis pudo avisar a la Patrulla, seguro que podemos contactar.” – dice Tarble. – “El problema es salir de aquí.”

– “Os dejaré usar mi antena si me invitáis a otra ración de bichos.” – avisa Hybis.

– “¿Es que no trabajas para la Patrulla Galáctica?” – protesta Tarble.

– “¿Vas a poner una queja?” – responde Hybis. – “¿Cómo piensas hacerlo?”

– “Aprovechado…” – gruñe Tarble.

– “¡Otra de bichos!” – levanta la mano Hybis.

– “¡Marchando!” – responde Peonia a lo lejos.

Mientras tanto llega Gladyola y se sienta con ellos.

– “Ya he hablado con los guardias y con el viejo Sambuco.” – dice ella. – “Parece que esos dos tipos esperaron a Glorio en las afueras y le proporcionaron un vehículo para escapar.”

– “¿Y a dónde ha ido?” – pregunta Broly.

– “El desierto es vasto…” – suspira Gladyola. – “Pero por suerte, esos dos no son muy listos. Cuando los han cacheado, mis hombres han descubierto que uno de ellos escondía semillas de onibana.”

– “¿Y eso es una pista?” – pregunta Tarble.

– “¿Onibana? ¿Como la cerveza?” – pregunta Broly.

– “Las semillas son un bien preciado en este planeta.” – explica Hybis. – “Se usan para el contrabando.”

– “Hay un asentamiento de forajidos al otro lado del Valle de los sordos.” – revela Gladyola. – “A unos veinte días de viaje, si rodeamos el Valle de los sordos.” – continúa. – “Estoy segura de que allí encontraremos respuestas.”

– “¡¿Veinte días?!” – se sobresalta Tarble.

– “Eso es mucho tiempo…” – murmura Broly.

– “Además, ahí se mueve la mayoría del mercado negro de la zona, así que es muy probable que podamos dar con vuestra nave.” – aclara la guerrera.

– “O, al menos, la mayoría de sus piezas.” – añade Hybis.

– “¡Ah!” – tiene una idea Tarble. – “¡Supongo que no has tenido en cuenta que nosotros podemos volar! Iremos Broly y yo. Seguro que podemos hacer el viaje en menos de un día.”

Broly asiente, contento.

– “Mientras tanto, Hybis puede intentar contactar con el Cuartel General e informar de nuestra situación.” – añade Tarble.

– “Cuando me acabe mis bichos.” – responde Hybis.

– “No tan rápido.” – les interrumpe Gladyola. – “Es cierto que volando podríais ir más rápido, pero no serviría de nada.”

– “Ah, ¿no?” – pregunta Tarble.

– “El asentamiento está oculto en las montañas.” – explica la guerrera. – “Dudo que podáis encontrarlo desde el cielo. Es un lugar casi imposible de encontrar sin alguien que haya estado allí antes.”

– “Pues toca ir por tierra…” – suspira Tarble.

– “No he terminado.” – lo interrumpe Gladyola. – “El lugar que buscamos está al otro lado del Valle de los sordos.” – explica la guerrera. – “Un lugar muy peligroso, pues en él habitan criaturas realmente terribles; caníbales, monstruos totalmente ajenos a todo uso de razón. Por eso debemos rodearlo.” 

– “¿Monstruos?” – repite Tarble, poco impresionado.

– “Son verdaderos demonios.” – dice Gladyola, poniéndose tensa, apretando los puños. – “Incluso para mí.”

Tarble se sorprende al ver a la guerrera sufriendo, pues entiende que realmente no deben subestimar el peligro.

– “¿Y si ese tipo se marcha con vuestra nave?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – lo miran Gladyola y los saiyajín.

– “¡TIENE RAZÓN!” – se alarma Tarble, llevándose las manos a la cabeza. – “¡ESE TIPO PODRÍA SALIR DEL PLANETA CON NUESTRA NAVE!”

Gladyola golpea la mesa con rabia.

– “Ese bastardo…” – refunfuña ella. – “Si queremos llegar hasta ese asentamiento antes de que sea demasiado tarde… tendremos que cruzar el valle.” – sentencia.

Tarble aprieta el puño con decisión.

– “Podemos hacerlo.” – asiente Tarble. – “¿Verdad, Broly?” – mira a su compañero.

Broly asiente.

– “No se hable más.” – se levanta Tarble.

– “Necesitamos un guía.” – le recuerda Gladyola.

– “Es cierto.” – se sienta Tarble, un poco avergonzado.

– “Iré con vosotros.” – dice el viejo borracho.

Sambuco se acerca a la mesa, jarra de cerveza en mano.

– “¿Eh?” – lo mira Tarble de arriba abajo. – “¿De dónde sale este tipo…?” – piensa al ver su deplorable aspecto.

– “¿Conoces ese lugar, Sambuco?” – pregunta Hybis.

– “¡Por supuesto!” – responde él, tambaleándose. – “Como la palma de mi mano.”

Gladyola se pone en pie.

– “¿Puedes guiarnos?” – pregunta ella, decidida.

El viejo eructa sonoramente; después asiente.

– “Tiene que ser una broma…” – piensa Tarble, desconfiado.

Broly sonríe.

– “Solicitaré vuestras monturas al Rey Kadan y raciones para el viaje.” – dice Gladyola. – “Si partimos de inmediato, podremos llegar antes del quinto amanecer.”

Tarble y Broly se levantan. Hybis sigue comiendo.

– “Está decidido.” – asiente Tarble. – “¡En marcha!”

¡Feliz Navidad!

Ipocrito nos regala este maravilloso dibujo sorpresa para felicitarnos las fiestas.

¡Muchas gracias a todos por leernos un año más!

Espero que estéis disfrutando de la nueva saga.

Esta semana no tendremos capítulo, porque la Señora Batosai y yo estamos en Hokkaido unos días de vacaciones. Disculpad las molestias.

¡DBSNL volverá la semana que viene!

Dibujado por Ipocrito

DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

“¿Quién es él para ustedes?”

Tarble y Broly palidecen ante la tenebrosa estatua.

– “¿Qué… qué significa esto?” – titubea Tarble.

– “Moro…” – refunfuña Broly, entre dientes.

Gladyola puede percibir como la actitud de sus acompañantes ha cambiado por completo. Lentamente, acerca la mano hacia el espadón en su espalda.

En un instante, Tarble se transforma en Súper Saiyajín, generando una corriente de aire que agita las llamas de los braseros.

La guerrera blande su arma.

– “¡BROLY!” – exclama Tarble.


Sin dudarlo, su compañero de patrulla se abalanza sobre Gladyola, agarrando la empuñadura de su espada con la mano izquierda y empujándola con su antebrazo derecho, desarmándola y lanzándola contra la pared de la cámara en un solo movimiento.

– “¡¿Es una trampa?!” – se pregunta Tarble.

Alertados por el estruendo, una docena de guardias corre hacia la cámara.

Broly empuña el espadón de Gladyola con una mano, apuntando con él hacia el portón por el que irrumpen los guardias, a modo de advertencia.

Hybis se aparta dando pequeños pasos laterales, como si el tema no fuera con él.

Los soldados, armados con lanzas y espadas, rodean a los saiyajín. Los guardias parecen dispuestos a luchar, pero les cuesta esconder cierto miedo al encontrarse con su líder en el suelo.

– “¡ALTO!” – exclama Gladyola, levantando la mano hacia sus hombres.

– “¡¿De qué va todo esto?!” – le pregunta Tarble. – “¡¿Qué tramáis?!”

Gladyola, dolorida, se pone en pie.

– “Qué fuerza tan extraordinaria…” – piensa ella, mirando como Broly sostiene su arma con una sola mano y sin inmutarse. – “¿De dónde han salido estos tipos?”

– “¡RESPONDE!” – insiste Tarble.

Gladyola indica a sus hombres que bajen las armas y éstos obedecen.

– “No sé lo que esta estatua representa para vosotros…” – dice la guerrera. – “Pero os prometo que no os hemos tendido ninguna trampa.”

– “¿Esperas que nos creamos eso?” – protesta Tarble.

De repente, Kadan entra en la sala abriéndose paso entre sus hombres, que al darse cuenta de la presencia de su Rey forman marcialmente dejando un pasillo libre.

– “¡¿Qué ocurre aquí?!” – protesta Kadan. – “¿Qué significa todo este alboroto?” – pregunta al ver a los saiyajín aún en guardia y a la comandante de sus ejércitos dolorida. – “¡HABLAD!”

Gladyola hace una reverencia.

– “Un malentendido, Su Majestad.” – se excusa ella.

– “¿Qué clase de malentendido justifica esto?” – pregunta el Rey, claramente enfadado. – “¡¿Un ataque en tan sagrado lugar?!”

– “Tsk…” – da un paso al frente Tarble, dispuesto a discutir.

– “Cuidado.” – advierte Hybis, interrumpiendo al patrullero sin levantar su tono de voz. – “Representamos a la Patrulla Galáctica.” – le recuerda. – “Un paso en falso puede suponer un grave problema diplomático.”

– “Y ahora me sermonea…” – refunfuña Tarble. – “Pero tiene razón…” – piensa. – “Es mejor ser prudentes.”

Tarble se calma y regresa a su estado base.

– “Su Majestad…” – dice el patrullero. – “Tenemos que hablar. ¿Quién es él para ustedes?” – dice mirando la estatua por encima del hombro.

Kadan frunce el ceño.

– “Todo el mundo fuera.” – dice el Rey. – “Excepto los patrulleros y Lady Gladyola.”

Los guardias se retiran. Hybis los sigue.

– “Os espero en la taberna.” – dice el confidente.

– “Tú también te quedas, Hybis.” – le detiene el Rey.

– “Por supuesto.” – responde él con una reverencia.

Broly entrega el espadón a su dueña, que lo acepta y lo envaina en su espalda.

Una vez a solas, Kadan avanza hacia la estatua, pasando entre los dos saiyajín.

– “El Profeta.” – dice el Rey. – “Un hombre sabio en busca de la verdad.” – revela.. – “Se dice que en su peregrinaje de iluminación se detuvo en este lugar durante 700 años. Esta capilla se construyó para celebrar su senda de conocimiento.” – narra. – “El que ha visto la verdad permanece firme contra la mentira.” – recita el texto que aparece en la estatua.

El Rey señala el ojo en la frente del profeta.

– “El tesoro que nos han robado.” – revela. – “La joya que conformaba la pupila de su tercer ojo, fue un regalo que el profeta otorgó a nuestro pueblo para honrar el tiempo que pasó entre nosotros.”

– “¿Lo llamáis profeta?” – refunfuña Tarble. – “Pero era solo un brujo.” – protesta. – “Un ser cruel y despiadado que puso en jaque al universo de nuevo hace tan solo unos años… y al que pudimos detener con mucho sacrificio.”

El Rey se cruza de brazos, pensativo.

– “¿Cómo es posible?” – se acaricia el mostacho.

– “Dices que nuestro profeta… ¿regresó…?” – pregunta Gladyola, anonadada. – “¿Y peleasteis contra él?”

– “Debéis estar equivocados.” – sentencia el Rey.

– “Creo que tenéis que salir más de esta roca.” – responde Tarble. – “El universo es vasto y está en perpetuo movimiento.”

Escondida detrás del portón, Panzy escucha la conversación.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Glorio camina por un pasillo metálico blanco, con una hilera de luces en su techo que recorre toda su longitud.

En el castillo, todos han salido de la capilla. Gladyola cierra el portón.

– “Deberíamos ponernos en contacto con el Cuartel General.” – dice Tarble.

– “¿Acaso la Patrulla Galáctica va a negarse a ayudarnos?” – pregunta Kadan, poniendo en duda sus intenciones.

– “Si alabáis a ese brujo, tenemos un claro conflicto de intereses…” – protesta el saiyajín. – “Aunque me pregunto por qué no fuimos informados antes.” – añade mirando a Hybis de reojo.

– “Son buena gente.” – responde Hybis.

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Tratándose de Moro, dudo que ese tesoro sea una simple piedra preciosa…” – se preocupa. – “Pero si el tesoro ha estado en manos de esta gente durante tanto tiempo sin causar problemas, puede que lo más sensato sea ayudarles…” – suspira aliviado. – “Puede que el ese ladrón no trabaje solo… y si acaba en las manos equivocadas…” – se preocupa de nuevo. – “¡Maldición!”

Kadan abandona el lugar, seguido por la mayoría de su guardia.

– “De momento, sois bienvenidos.” – dice el Rey mientras se marcha, interrumpiendo el diálogo interno de Tarble. – “Y el compromiso sigue vigente.”

– “Como desee, Su Majestad.” – hace una reverencia Gladyola.

Tarble se acerca a Broly.

– “Volvamos a la nave.” – sugiere Tarble. – “Informaremos a Lemon.”

– “Está bien.” – asiente Broly.

Hybis interrumpe.

– “Broly y yo esperaremos en la taberna.” – dice Hybis.

– “¿Por qué tengo que ir solo?” – protesta Tarble.

Gladyola da un paso al frente.

– “Yo te acompañaré.” – dice ella.

– “No te fías, ¿eh?” – replica Tarble.

– “No es eso…” – responde ella, un poco sonrojada. – “Pero si el compromiso sigue en pie… deberíamos conocernos…”

Broly sonríe y da una palmada en la espalda a Tarble, empujándolo hacia Gladyola.

– “¡Claro!” – dice el saiyajín.

– “¿EH?” – se sobresalta Tarble.

Hybis y Broly ya se marchan.

– “¡Nos vamos!” – dice el confidente.

– “¿Qué se bebe aquí?” – pregunta Broly.

– “Cerveza de onibana” – responde Hybis.

– “¿Y eso que es?” – pregunta el saiyajín.

– “Se fermenta la flor del diablo y…” – responde Hybis.

Tarble aprieta los dientes, enfadado.

– “¿Cómo pueden estar tan relajados…?” – refunfuña el saiyajín.

– “¿Nos vamos?” – pregunta Gladyola

– “¡Eh…!” – se sobresalta Tarble. – “Sí… claro…”

Mientras tanto, el Rey Kadan ha regresado la sala del trono.

– “Dejadme solo.” – ordena al mayordomo.

– “Como ordene Su Majestad.” – se despide éste con una reverencia.

El Rey se sienta en el trono, pensativo. Sin duda, la situación le inquieta.

Lady Gladyola y Tarble abandonan el castillo. Los dos caminan manteniendo un silencio incómodo.

– “Sois muy fuertes.” – dice Gladyola, sorprendiendo al saiyajín.

– “¿Eh?” – reacciona Tarble.

– “Vosotros… tú compañero y tú… sois muy fuertes.” – repite ella.

– “Somos saiyajín.” – responde él. – “Venimos de un pueblo guerrero.”

– “Saiyajín…” – repite ella. – “Nunca había oído hablar de esa raza.”

– “Si conocieras nuestro pasado, seguramente te alegrarías de no haber oído hablar de nosotros…” – bromea Tarble.

Gladyola no comprende del todo esas palabras, pero pese al tono bromista del saiyajín, puede captar la oscuridad en el pasado del pueblo de su prometido.

– “Veo que llevas una pistola.” – dice Tarble. – “Desentona un poco con el resto del uniforme.”

– “Era de un forastero.” – responde ella. – “Tenemos poco contacto con gente del exterior… pero parece que siempre traen problemas.” – desenfunda. – “No soy muy hábil con ella.” – admite mientras observa el arma. – “Mi pueblo también es guerrero y me repugna tener que usar estos artilugios… pero todo sea para proteger a mi Rey.”

– “Eres leal.” – dice Tarble. – “Eso es admirable.”

Gladyola enfunda el arma.

– “No es suficiente.” – responde ella. – “Robaron el tesoro delante de mis narices.”

Al llegar a las escaleras que descienden hacia el pueblo, Tarble se eleva en el aire.

Gladyola lo mira sorprendida.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el saiyajín, confundido.

– “E… estás… volando…” – titubea ella.

– “Con lo fuerte que eres, ¿y no puedes volar?” – se extraña Tarble. – “Sois gente muy extraña…”

Mientras tanto, en la taberna, Hybis y Broly están sentados en una pequeña mesa. A su alrededor, una docena de mesas con gente local variopinta disfrutan de la bebida y la comida del establecimiento.

La mesera les sirve dos jarras de cerveza de onibana. Ella es una mujer oronda de piel verde pastel y cabello rubio alborotado, orejas puntiagudas y ojeras negras, y lleva un austero vestido rojo, mangas negras y un delantal blanco con manchas de comida.

– “Gracias.” – dice Broly.

– “¿No me presentas a tu amigo, Hybis?” – pregunta la mujer con tono sensual.

– “Estamos en una misión secreta.” – responde él.

– “Siempre me han gustado los hombres de uniforme.” – insiste ella.

En la barra, un viejo de demacrado de piel azul, cabello largo desaliñado y barba roja encrespada, observa de reojo a los patrulleros mientras bebe cerveza.

La mujer obsequia a nuestros amigos con un bol lleno de pequeños bichos verdes, aparentemente fritos.

– “Invita la casa, guapo.” – le guiña un ojo a Broly mientras lo deja sobre la mesa. 

Desde otra mesa al otro lado de la taberna, alguien protesta.

– “¡Esos son mis bichos karikari!” – reclama el cliente.

– “¡A CALLAR!” – responde la mesera, sacando su mal genio.

La mesera sonríe a nuestros amigos y se marcha.

Broly agarra uno de los bichos y lo observa con atención.

– “Están muy buenos.” – dice Hybis, comiendo uno de los crujientes insectos. 

El saiyajín sonríe y hace lo mismo.

– “¡No está mal!” – exclama Broly.

Lady Gladyola y Tarble salen de la ciudad.

– “Entonces, ¿os transformáis gracias a vuestra cola?” – pregunta Gladyola, intrigada.

– “Sí, pero para trabajar en la patrulla nos han sugerido que nos las quitemos… por seguridad.” – explica Tarble. – “Por eso mi compañero no tiene.”

– “Pero tú sí tienes…” – señala ella.

– “Soy un caso especial… jaja” – responde él, intentando evadir la pregunta.

Gladyola se da cuenta.

– “¿Por qué habéis dejado la nave tan lejos?” – pregunta ella, cambiando de tema.

– “Pensé que sería mejor pasar desapercibidos…” – se arrepiente el saiyajín.

– “Pero tan lejos del castillo, no me extrañaría que…” – explica la guerrera.

Pero en ese instante, Tarble se sobresalta.

– “¡¿Y NUESTRA NAVE?!” – exclama.

Donde habían dejado el vehículo, solo queda una parte de un tren de aterrizaje, algunas tuercas y el cartel roto con el que los recibió Hybis.

DBSNL // Capítulo 374: Lady Gladyola

DBSNL // Capítulo 374: Lady Gladyola

“Todos los tontos tienen suerte.”

En la sala del trono del castillo del Rey Kadan, ante la mirada atenta de Su Majestad y de sus compañeros, Tarble va a enfrentarse a Gladyola para demostrar su valía.

– “¡¡ADELANTE!!” – exclama el Rey.

La guerrera levanta su espadón y se abalanza sobre el saiyajín.

La velocidad de la mujer sorprende a Tarble.

El saiyajín evade el espadazo saltando hacia la derecha.

El espadón rompe el suelo con el impacto.

Lady Gladyola rota sobre sí misma mientras levanta su enorme arma y propina e intenta un corte horizontal, que el saiyajín tiene que esquivar agachándose rápidamente, perdiendo el extremo de uno de sus mechones de pelo encrespados.

La mujer aprovecha la posición de Tarble para propinarle un rodillazo en la cara que lo hace retroceder y, sin darle tiempo para relajarse y como si el arma fuera más ligera de lo que aparenta, otro espadazo horizontal en dirección opuesta, obligando al saiyajín a saltar para evadirlo.

Dibujado por Ipocrito

– “¡Qué fuerte es!” – piensa el saiyajín. – “Pero si evito su espada, creo que…”

Gladyola agarra al saiyajín de la pechera cuando aún está en el aire y lo lanza contra una columna.

Tarble se estrella y cae al suelo… y cuando levanta la mirada, la guerrera ya se encuentra frente a él con la espada en alto.

– “Tsk…” – sufre el patrullero.

Hybis mira el combate al lado de Broly.

– “¿Me puedo quedar sus botas?” – pregunta, girándose hacia Broly.

En ese instante, Tarble se impulsa con los pies en el pilar y salta hacia delante, pasando entre las piernas de Gladyola, evadiendo el golpe.

La espada se incrusta en la columna. Gladyola forcejea para liberarla.

Tarble sonríe, viendo una oportunidad; se envuelve en su ki incoloro y se abalanza sobre su rival por la espalda.

Gladyola suelta su arma, se revuelve e intercepta a Tarble en el aire, propinándole un fuerte puñetazo en la cara que lo remite al suelo.

El Rey observa el combate con gesto serio. La princesa, en cambio, sonríe con cierta malicia.

Tarble se incorpora, frotándose la mejilla, dolorido.

– “Ay… ay…” – se queja.

Gladyola logra liberar su arma y la carga sobre su hombro.

– “Lo siento, Su Majestad.” – dice la guerrera. – “Creo que la Patrulla Galáctica se ha burlado de nosotros.”

Tarble se pone en pie.

– “Se acabó…” – gruñe entre dientes.

El saiyajín aprieta los puños. Su cabello ondea sinuosamente.

– “¿Hmm?” – se sorprende Gladyola.

– “¡YAAAAAAH!” – exclama Tarble.

Un estallido de ki sacude la zona, quebrando varias columnas de la enorme sala y haciendo estallar la cristalera detrás del trono.

El cabello de Tarble se ha vuelto dorado, igual que el aura que lo rodea.

– “¿Qué clase de magia es esa?” – murmura el Rey.

Gladyola, lejos de achantarse, se abalanza sobre el saiyajín y le propina un espadazo horizontal, aparentemente dispuesta a decapitarlo… pero ¡BAM! Tarble detiene el golpe protegiéndose con el antebrazo izquierdo.

La guerrera se percata no solo del cambio de fuerza de su adversario, sino también del cambio en su mirada; mucho más fría e intimidante.

– “¿Eh?” – se sorprende ella, como si fuera testigo por primera vez de un poder sin igual.

Antes de que la Gladyola pueda reaccionar, Tarble salta usando la hoja de la espada como apoyo y propina una fuerte patada en la mejilla derecha a la guerrera.

El impacto retumba en la gran sala.

Gladyola es lanzada hacia la pared de la sala, quebrándola y cayendo al suelo, aturdida.

El Rey Kadan y la princesa quedan boquiabiertos. Broly sonríe.

– “¡OOooh!” – exclama Hybis.

Gladyola, frustrada, se intenta levantar, cuando se encuentra a Tarble frente a ella, ya en estado base, ofreciéndole la mano.

– “¿Estás bien?” – dice Tarble. – “Espero no haberme pasado…” – se disculpa. – “¡Eres realmente fuerte! Me has obligado a transformarme en Súper Saiyajín…”

– “¿Súper Saiyajín?” – repite ella, como si esas palabras debieran tener algún significado oculto que no comprende.

La mujer toma su mano y se levanta.

El Rey levanta la barbilla, recuperando su tono más formal.

– “¡Con esta victoria…!” – anuncia. – “¡La corona reconoce la valía de la Patrulla Galáctica y acepta su ayuda!”

Tarble hace una reverencia.

– “Lo haremos lo mejor posible, Su Majestad.” – dice el saiyajín.

Lady Gladyola hace una reverencia.

– “Lo siento, Su Excelencia.” – se disculpa ella. – “Este guerrero me ha superado.”

– “Acepto tu derrota, Lady Gladyola.” – asiente el Rey.

Kadan extiende su mano hacia la mujer y ella se acerca al altar para tomarla.

– “Como dicta la tradición.” – dice el Rey. – “El guerrero que ha derrotado en un combate justo a la capitana de mi guardia, merece su mano en matrimonio.”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el saiyajín.

Gladyola, con la cara magullada, desvía la mirada, ligeramente sonrojada.

Broly se queda boquiabierto.

Tarble retrocede, un poco asustado e incómodo.

– “No… Lo siento, pero…” – se excusa. – “No es necesario que…”

Hybis niega con la cabeza.

– “Todos los tontos tienen suerte.” – murmura.

– “¡¿Y POR QUÉ NO TE CASAS TÚ CON ELLA?!” – protesta Tarble.

– “Porque ya me rechazó.” – responde Hybis.

Los dos saiyajín se quedan boquiabiertos.

– “Me gustan las mujeres musculosas.” – admite Hybis.

– “¿Tuviste que pelear con ella?” – pregunta Broly, sorprendido.

– “No estuvo a la altura.” – interviene Gladyola.

– “Ser subyugado entre esos muslos no fue la peor experiencia de mi vida.” – Hybis responde a Broly.

Una gota de sudor frio recorre la frente de Tarble, incapaz de comprender como funciona la mente de su nuevo compañero.

Kadan se aclara la voz, pidiendo así silencio.

– “Patrullero.” – dice el Rey. – “¿Aceptas la mano de Lady Gladyola?”

– “Tsk…” – protesta Tarble, sin saber qué decir. – “Si rechazo su mano, es seguro que perderemos su confianza y no podremos llevar a cabo la misión…” – piensa. – “Lo mejor será seguirles la corriente, por ahora… y ya se me ocurrirá algo.”

– “¿Y bien?” – insiste el Rey.

– “Acepto.” – el patrullero hace una reverencia.

Broly sonríe y aplaude. Kadan entrega a Gladyola a Tarble y se une al aplauso.

La nueva pareja se da la mano. Gladyola sonrojada y Tarble claramente incómodo.

El Rey chasquea los dedos, llamando así a la gárgola que acompañó a nuestros amigos hasta la sala.

– “¡Prepararemos un banquete para esta noche!” – le comunica. – “¡Celebraremos el enlace y…!”

– “¡Su Majestad!” – exclama Tarble, nervioso. – “Creo que es mejor que pospongamos la celebración…”

– “¿Eh?” – lo mira Kadan con recelo.

– “Verá…” – dice el saiyajín. – “Nuestra misión como miembros de la Patrulla Galáctica es ayudarles a resolver el robo…” – se excusa.

– “¿Quieres posponer la unión?” – refunfuña el Rey.

– “¡Qué mejor forma de demostrar mi valía que resolviendo el caso!” – exclama Tarble, dispuesto a cualquier treta para salir de esta.

Kadan se cruza de brazos. Se frota el bigote.

– “Está bien.” – asiente. – “Me parece adecuado.” – acepta. – “¡Así podremos festejar el doble!” – se golpea la panza.

– “Claro… claro…” – hace varias reverencias el saiyajín.

– “Lady Gladyola os mostrará el castillo.” – continúa el Rey. – “Así podéis aprovechar el tiempo para conocerlos mejor.” – le guiña un ojo.

– “Como desee, Su Majestad.” – responde ella con una reverencia.

La princesa baja del trono de un salto, malhumorada.

– “Esto es ridículo…” – protesta mientras baja del altar hacia el largo pasillo central de la sala.

Por el camino se topa con Broly.

– “Princesa.” – sonríe el saiyajín, intentando ser simpático, mientras hace una pequeña reverencia.

Sin mediar palabra y sin pensárselo dos veces, la princesa propina un puñetazo en las partes al saiyajín, que se queda blanco y cae de rodillas.

– “Ay… ay…” – sufre Broly.

La muchacha sigue su camino hacia la salida, al fondo de la sala.

El Rey Kadan se acerca a Broly le pide disculpas mientras le ayuda a levantarse.

El sol empieza a caer en el horizonte del planeta Erezúant, haciendo que la tenue aurora boreal magenta cobre vida.

Lady Gladiola, con su espadón la espalda, guía a Tarble por los pasillos del castillo, iluminados por antorchas, mientras le cuenta los detalles del robo. Broly y Hybis los siguen a unos pocos metros de distancia.

– “Es el tesoro más preciado de nuestro reino.” – revela Gladyola. – “El legado de nuestros ancestros.”

– “Y dices que fue un forastero…” – cavila Tarble, acariciándose el mentón.

– “Glorio.” – dice ella, apretando el puño, incapaz de ocultar su frustración. – “Traicionó nuestra confianza.”

– “¿Peleaste contra él?” – pregunta el saiyajín.

– “No.” – responde ella. – “Se ganó el beneplácito del Rey de otra forma.” – explica. – “Fue bienvenido en el castillo porque rescató a la Princesa de unos bandidos.”

– “¿La Princesa?” – repite Tarble, preguntándose qué podía hacer fuera del castillo y sin protección.

– “La Princesa Panzy es un espíritu libre.” – dice Hybis.

– “No es la primera vez que se aventura fuera del castillo sin el permiso de su padre y evadiendo nuestra guardia.” – suspira Gladyola. 

– “Parece de las que saben defenderse.” – sonríe Tarble, mirando a Broly con una mueca burlona.

– “Tsk…” – protesta Broly, sintiéndose humillado.

Gladyola se detiene frente a un portón.

– “Es aquí.” – anuncia ella.

La mujer empuja las enormes puertas, que al abrirse revelan una cámara construida en roca rojiza y oscura, iluminada por el fuego de siete braseros rodeando una estatua central.

Tarble y Broly se quedan helados al ver la figura de piedra que se alza frente a ellos, con siete metros de altura. Una silueta ensotanada con una efigie de macho cabrío de orejas puntiagudas y cuernos encorvados.

– “No… no puede ser…” – titubea Tarble.

– “Es él…” – murmura Broly, apretando los puños, nervioso.

– “¿Eh?” – se extraña Gladyola, al ver la extraña actitud de sus acompañantes. – “¿Conocéis al profeta?”

– “¿Profeta?” – dice Tarble, con su voz afectada.

La efigie tiene un tercer ojo en la frente, con un agujero donde debería estar la pupila. 

Una inscripción en el pie de la estatua: Erezuánt paiti drujō staotā.