ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte I: El árbol que rige el Universo

Sin Futuro // Parte I: El árbol que rige el Universo

“El árbol reclama tu sacrificio.”

De noche, en un páramo nevado, azotado por una fuerte ventisca, un hombre vestido con un anorak negro adornado con pelo marrón en el cuello, con una funda de enfundada en su espalda empuña el arma en su mano.

El veterano guerrero luce una cabellera lila recogida en una coleta y barba del mismo color, con dos cicatrices en el lado derecho de su rostro, una en la mejilla y otra en la frente sobre su ceja. Es un envejecido y curtido Mirai Trunks.

Dibujado por Ipocrito

Su aliento se congela al instante de emanar de su boca.

El guerrero frunce el ceño y aprieta los dientes mientras agarra con fuerza la empuñadura de su espada.

Dos enemigos flanquean al espadachín. 

El primero de ellos es un ser con alas de murciélago que luce una túnica rosada con una coraza amarilla; su piel es gris y tiene orejas puntiagudas. Va armado con una lanza serrada adornada con una empuñadura dorada en forma de estrella. Un extraño tatuaje rojo se deja ver por su cuello y manos; parecen raíces. 

El segundo es una mujer de piel azulada y cabello anaranjado, vestida con una túnica rosada adornada con un cinturón amarillo. El mismo tatuaje puede verse por las zonas no cubiertas por su ropa. Armada con una guadaña de mano conectada a una cadena que termina en un peso.

De repente, un tercer enemigo se presenta ante Trunks. Un hombre de gran envergadura y piel morena, con perilla fina negra, sin cejas, ojos rasgados amarillos, orejas puntiagudas y cabellera negra larga. Con pantalón blanco y descamisado, el tatuaje de un árbol investido luce en su espalda.

La actitud de los dos primeros es más agresiva, relamiéndose con ojos que reclaman sangre. Mientras la del tercer es mucho más tranquila, pues tiene los brazos cruzados y no blande ningún arma.

  • “Es inevitable, Trunks.” – dice el último, que parece estar al mando. – “El árbol reclama tu sacrificio.”
  • “Con tu muerte seguro que nos obsequia con un delicioso fruto…” – se relame la mujer. 
  • “¡Uno como ningún otro!” – exclama la criatura alada.

El ojo gris de Mirai Trunks se deja ver.

  • “Tsk…” – se prepara el mestizo.

El líder enemigo sonríe.

  • “¡Aldro! ¡Vanda!” – exclama el enemigo.

El lancero y la mujer de la guadaña se abalanzan sobre el mestizo.

El guerrero de la lanza ataca con una estocada, mientras que la mujer hace girar el peso conectado a su cadena y lo lanza contra el mestizo.

Trunks detiene la cadena con su espada y ésta se enrolla en ella, mientras que detiene la lanza agarrándola su otra mano.

  • “Tsk…” – protesta el mestizo.

La mujer clava su guadaña en el muslo de Trunks.

  • “¡AAH!” – protesta el mestizo.
  • “Puedo saborear tu sangre…” – se relame de nuevo la mujer.

De repente, el líder se abalanza sobre Trunks y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a través de la nieve, dejando un surco a su paso.

Trunks se levanta de un salto y se pone de nuevo en guardia. Su muslo derecho rezuma sangre.

  • “Maldita sea…” – protesta el mestizo.

Su ojo gris se desvanece.

  • “Casi no me quedan fuerzas…” – piensa el mestizo.

El líder enemigo camina hacia él, escoltado por los otros dos.

  • “Acaba con él, Rajah” – dice el lancero.
  • “Déjamelo a mí…” – dice la mujer, impaciente. – “¡Quiero festejar con su sacrificio!”

Vanda se abalanza sobre el mestizo a toda velocidad, haciendo girar su cadena.

  • “¡JAJAJAJA!” – ríe mientras ataca.

Pero de repente, la mujer recibe una doble patada en la cara que la remite hasta sus socios. 

Lápiz y Lázuli aterrizan frente a Trunks. Él vestido con un pantalón vaquero, camiseta negra y una chaqueta marrón. Ella vestida con un chándal morado con sudadera.


Rajah frunce el ceño.

  • “Hmm…” – murmura el enemigo.
  • “Más sacrificios…” – sonríe Aldro.
  • “No.” – dice Rajah, tajante. – “Ellos son diferentes.”
  • “¿Eh?” – replica un confuso Aldro.

Vanda se levanta, furiosa.

  • “¡Los mataré a todos!” – exclama.
  • “Nos retiramos.” – dice Rajah.
  • “¡¿Cómo?!” – replica Vanda, airada.

Rajah clava su mirada en ella, lo que parece asustarla.

  • “Además…” – dice Rajah, mirando detrás de él por encima de su hombro.

Un hombre de gran envergadura, cresta pelirroja y vestido con pantalón negro y jersey de lana verde está de pie detrás de ellos.

  • “El ritual debe hacerse en las condiciones adecuadas.” – dice Rajah. – “La presencia de estas cosas desvirtuaría un momento tan especial.”

Vanda baja su guadaña.

  • “Como tu digas, Rajah.” – dice ella.
  • “Te has librado…” – gruñe Aldro, mirando a Trunks.

Rajah se cruza de brazos y sonríe mientras se eleva, seguido por sus dos hombres.

  • “Hasta la próxima, Trunks.” – se despide.

Los tres salen volando, desapareciendo entre las nubes de tormenta.

Lapis y Pino se miran con preocupación, mientras que Lázuli se preocupa por Trunks.

  • “¿Estás bien?” – le pregunta ella.
  • “Sí…” – dice Trunks. – “Solo necesito descans…”

Trunks se desploma sobre la nieve.

DBSNL // Capítulo 344: Raíces

DBSNL // Capítulo 344: Raíces 

¡Hoy nace un nuevo mundo sin secretos!

El planeta ha quedado completamente terraformado por las raíces de la semilla artificial de Raichi.

Un bosque de raíces cubre y el fragmentado planeta a la vez que cose sus pedazos.

Pero las raíces no solo cubren el astro, si no que se extienden hacia el espacio exterior, perdiéndose en el oscuro infinito.

Nuestros amigos han quedado dispersos por la superficie del planeta, ahora cubierta por el bosque de raíces, sorprendidos por su rápido y repentino crecimiento. 

Onisen sonríe satisfecho ante su obra magna con los brazos abiertos, dándole la bienvenida a su creación, de espaldas a Zahha.

– “¡CRECE! ¡ALIMÉNTATE Y NÚTRETE DE LA CREACIÓN DE LOS DIOSES!” – exclama Raichi. – “¡HOY NACE UN NUEVO MUNDO SIN SECRETOS!” – celebra. 

El espadachín parece que se ha protegido del crecimiento de las raíces usando sus espadas, quedando rodeado por varias raíces cortadas.

– “Has sembrado tu propio final.” – murmura Zahha.

Onisen se da la vuelta y lo enfrenta de nuevo.

Poco a poco, un brote nace del suelo y empieza a crecer, cogiendo envergadura a medida que crece, dando lugar a ramas y hojas.

Zahha ataca, lanzando su espada morada directa contra Onisen.

El androide la esquiva apartándose haca un lado, pero el espadachín ya ha lanzado su espada verde girando sobre sí misma, intentando sorprenderle.

Onisen intenta frenarla con su rayo ocular, pero la espada desvía el ataque y continúa su avance, obligando al androide a saltar por encima de ella.

Ahora es Zahha quien se abalanza sobre Onisen, intentando propinarle un puñetazo.

Pero Onisen alarga los tentáculos de su cabeza y atrapa el brazo de Zahha, sorprendiendo al espadachín.

El androide obliga a Zahha a abrir su guardia con la fuerza de sus tentáculos y le propina un puñetazo en la cara que lo hace retroceder varios metros.

– “¿Creías que estaba peleando en serio?” – sonríe Onisen.

Zahha frunce el ceño y se limpia la sangre del labio antes de atacar de nuevo.

Entre las raíces gigantes, Broly yace inconsciente mientras los golpes entre Onisen y Zahha retumban por el ahora silencioso planeta.

Pan, Bra, Turles y Ub han perdido el conocimiento al intentar no ser engullidos por el recién nacido bosque, atrapados ahora entre las raíces.

Goten, Trunks, Marron, Baicha, Punch, Ogilvie, Gohan Jr y Goku Jr se mantienen en pie, gracias a la barrera protectora que han generado Ikose y Gamma 2 alrededor de quienes custodiaban el cuerpo de Hit.

– “¿Estáis todos bien?” – pregunta Ikose.

Onisen detiene cada golpe de Zahha con una facilidad sorprendente y sus contraataques castigan duramente al espadachín, que pesa a intentar sorprender al androide con su poder mental y sus sables voladores, parece que Onisen va siempre un paso por delante.

El espadachín lanza sus espadas hacia Onisen, haciéndolas girar como sierras de disco, pero el androide las repele usando las piedras rotas de sus manos.

Onisen se abalanza sobre Zahha y le propina de nuevo un puñetazo en la cara.

El espadachín retrocede y se recompone. Parece nervioso.

– “¿Por qué…?” – se pregunta Zahha. – “Esto no debería estar pasando…” – sufre. 

Onisen se abalanza sobre él.

– “Mi misión…” – piensa el espadachín, mientras detiene un golpe de su adversario. – “He venido hasta aquí para…”

Pero de repente, el androide conecta un fuerte puñetazo en el abdomen de Zahha que dobla al espadachín sobre sí mismo.

– “Ghagh…” – encaja el golpe. 

Onisen abre la mano con la que ha golpeado al espadachín, empujando sus cinco dedos contra su abdomen.

– “Gracias por tu ayuda.” – sonríe la voz de Raichi.

Los dedos de Onisen se alargan y se clavan en el abdomen de Zahha.

El espadachín agarra el brazo del androide, incrédulo ante su poder.

– “No…” – murmura Zahha. – “He venido… he venido a matarte…”

El espadachín reclama sus espadas, que vuelan rápidamente hacia ellos, directas hacia la espalda de Onisen.

Pero los dedos del androide se alargan de nuevo y atraviesan por completo a Zahha, brotando por su espalda.

– “¡AAAAH!” – grita el espadachín.

El grito de Zahha es interrumpido por la sangre que gorgotea en su garganta.

– “¡GHAAGH!” – se derrama por su boca.

– “Pobre infeliz…” – sonríe Onisen.

Las espadas pierden el control y se desvían de su objetivo, precipitándose sobre bosque de raíces.

Son Gohan ha protegido a Piccolo del crecimiento de raíces. El mestizo sienta al namekiano sobre una de ellas, con la espalda apoyada en otra. Poco a poco, el abdomen de Piccolo se está regenerando.

– “Ese Raichi…” – murmura el namekiano. – “Lo ha conseguido…”

– “Descansa, Piccolo.” – dice Gohan.

De repente, la espada verde de Zahha sorprende a la pareja, clavándose cerca de donde se encuentran.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden.

No muy lejos de allí, en el bosque de raíces, Mirai Trunks abre los ojos. Parece que su espada, gracias a la voluntad de Whis, lo ha protegido, cercenando cada raíz que se acercaba a él.

El hijo de Vegeta se incorpora con dificultad.

– “¿Qué ha pasado…?” – se pregunta al verse en ese aparente nuevo mundo.


De repente, la espada morada de Zahha cae y se clava a pocos metros de él.

– “¿Eh?” – se extraña el mestizo.

Onisen hace que sus dedos vuelven a la normalidad, liberando a Zahha, que retrocede lentamente, aturdido, viendo como sangre sale de sus heridas.

El miedo se apodera de su rostro, pero no es el miedo a la muerte, si no el horror al fracaso.