DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

“Necesita más tiempo para poder dar frutos.”

En el planeta oscuro, el paisaje ha cambiado una vez más. El bosque de raíces se ha expandido más allá de la superficie del planeta y se expande por el universo.

Onisen sonríe al verse más cerca del mundo que ha soñado.

Los supervivientes observan el paraje, sobre el que se alza el gran árbol, más alto que antes.

– “El árbol sigue creciendo…” – dice Pan, impresionada.

– “No solo eso…” – responde Ub. – “Puedo sentir cómo ha aumentado su poder…”

– “¿Acaso ha absorbido al viejo Kaioshin?” – pregunta Bra.

Onisen alza la vista hacia la copa del árbol, aún poco formada.

– “Necesita más tiempo para poder dar frutos.” – murmura el androide. – “Más nutrientes.”

Onisen mira a los cansados guerreros esparcidos por el bosque.

– “¿Quién puede ser el siguiente?” – sonríe.

Nuestros amigos observan al androide, en silencio en mitad del bosque de raíces, con una calma que los inquieta.

– “¿Cómo podemos detenerlo?” – se pregunta Cooler.

– “Parece inmortal…” – murmura Liquir.

Reitan, magullado, abre los ojos de repente, tirado en el suelo bocarriba.

– “¡Ah!” – reacciona al darse cuenta de lo ocurrido, dándose la vuelta y agazapándose entre raíces.

El herajín se da cuenta de que se encuentra solo a unos pocos metros de distancia de la espalda del enemigo.

– “¿Cómo he llegado hasta aquí…?” – piensa Reitan. – “Perdí el conocimiento…”

El herajín mira al enemigo.

– “¿No se ha dado cuenta?” – se pregunta Reitan.

Onisen escanea el campo de batalla hasta que se detiene en un objetivo.

– “Son Gohan…” – sonríe el androide, centrando su mirada en el malherido mestizo. – “Sin duda es uno de los más problemáticos… Será mejor que acabe con él ahora.”

Reitan mira a su alrededor, entre las raíces, y se da cuenta de que la espada morada de Zahha se encuentra en el suelo, al alcance de su mano.

– “¡Es mi oportunidad!” – entiende el herajín.

Onisen sigue escaneando a sus enemigos.

Reitan se levanta repentinamente, transformándose mientras empuña el arma del espadachín del futuro, y se abalanza sobre el enemigo por la espalda.

– “¡AAH!” – exclama mientras se dispone propinarle una estocada.

Una media sonrisa delata a Onisen. 

Raíces brotan del suelo a su alrededor.

– “¡¿AH?!” – se asusta el herajín. 

Las raíces se enrollan alrededor del cuerpo de Reitan, frenando su avance e inmovilizando sus extremidades.

– “Tsk…” – se esfuerza el guerrero, intentando liberarse. – “Maldición… ¡Maldita sea!” – exclama, frustrado y desesperado.

Onisen se acerca a Reitan mientras alarga ligeramente el dedo índice de su mano derecha y lo transforma en un punzón.

– “Herajín…” – murmura el androide. – “Aprendí mucho de tu raza…”

El androide clava su dedo en el pecho de Reitan, sobre su corazón, haciéndolo sangrar.

– “La ambición de un conquistador… el amor de una madre… el dolor de dos hermanos…” – murmura Raichi mientras marca al herajín, haciéndole una herida que cruza su pecho de lado a lado. – “El origen de una raza superior…”

Las raíces aprietan cada vez más fuerte las muñecas de Reitan, obligándole a soltar la espada, que cae al suelo y queda clavada.

La sangre se derrama por el pecho de Reitan, deslizándose por su abdomen hasta gotear sobre el suelo.

– “Tendrás el honor de alimentar mi nuevo mundo.” – sonríe Raichi.

En ese instante, Okure se abalanza sobre el Onisen por la espalda, transformada en Súper Herajín y furiosa.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita ella, armada con un trozo de raíz a modo de garrote.

El ataque coge desprevenido a Onisen, que no se esperaba tal artimaña, y recibe un golpe en el costado que, pese a no hacerle daño, lo aleja unos pocos metros de Reitan.

Onisen logra mantenerse en pie, sin perder el equilibrio.

– “Muy inteligente…” – sonríe con burla.

Las raíces empiezan a enrollarse alrededor del cuerpo de Reitan, reclamándolo como alimento.

– “¡OKURE!” – se sorprende y preocupa el herajín al ver intervenir a su compañera.

Ella agarra las raíces que lo aprisionan e intenta arrancarlas, pero su éxito es limitado, pues aunque logra liberarlo parcialmente, las raíces pronto crecen de nuevo, haciendo vanos sus intentos. 

– “¡¡ES DEMASIADO TARDE!!” – advierte Reitan. – “¡ESCAPA!”

Onisen camina hacia ellos.

Pero Okure, lejos de huir, se pone en guardia, garrote en mano.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Reitan. – “¡OKURE!”

– “Es mejor luchar para proteger algo que tener que vengarlo.” – responde Okure, recitándole sus propias palabras.

– “Okure…” – se preocupa el herajín.

La guerrera herajín reclama el poder que el mismísimo Raichi le otorgó antes. Su musculatura aumenta exageradamente y su aura estalla.

– “¡¡OKURE!!” – sufre Reitan.

La asalvajada mujer se abalanza sobre Onisen, cayendo sobre él, intentando atizarlo con el garrote.

El androide retrocede de un salto, evitando el golpe, que impacta contra el suelo y lo resquebraja.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – brama la monstruosa herajín.

La guerrera se abalanza de nuevo contra el enemigo, que una vez más esquiva el golpe.

– “Je…” – sonríe Onisen con prepotencia.

Okure ataca de nuevo, esta vez usando el garrote como un bate de béisbol… pero un disparo ocular de Onisen hace que el arma estalle en mil pedazos.

Furiosa, Okure no se rinde y desata un poderoso torrente de ki con su mano derecha sobre el enemigo, haciendo que los testigos más cercanos tengan que cubrirse ante onda expansiva de la explosión.

Onisen, intacto, aparece detrás de la herajín.

Ella se revuelve e intenta propinarle un puñetazo, pero Onisen, intangible, deja pasar el golpe a través de él para después agarrarle el brazo.

– “Un esfuerzo admirable.” – dice Onisen, que aprieta el brazo de la herajín hasta que se oye el crujido de sus huesos. – “Pero inútil.”

Pese al dolor, Okure intenta golpear de nuevo al enemigo, pero éste detiene el zurdazo y contraataca con un puñetazo directo a su barriga, doblando a la herajín sobre sí misma.

Onisen ahora toma la iniciativa, propinando un rodillazo en la cara de la herajín, lanzándola hacia atrás y luego saltando sobre ella, clavándola al suelo con una fuerte patada en su abdomen.

Onisen retrocede, esperando la respuesta de la herajín.

Dolorida, sujetándose el vientre, ella se levanta de nuevo.

– “Okure…” – piensa Reitan, que está siendo engullido de nuevo por las raíces, que ya forman un capullo a su alrededor. – “¿Qué estás haciendo…? ¿Por qué…?”

Okure hinca la rodilla y perdiendo su transformación.

– “Reitan…” – piensa ella, mirando de reojo la vaina de raíces por la que puede adivinarse aún parte del rostro del herajín.

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de la muchacha… que pronto es eclipsado por la mano agrandada de Onisen.

Las raíces cubren por completo el rostro de Reitan, impidiéndole ver lo que sucede… pero el quebrantar de huesos revela el destino de su compañera.

– “No… Okure…” – llora en silencio el herajín. – “Okure…”

El ataúd de raíces se cierra por completo.

Dabra observa desde la distancia una escena que hace estremecer al mismísimo diablo.

– “Es… es un monstruo…” – murmura el antiguo Rey de los Demonios.

Onisen observa cómo las raíces del gran árbol ahora reclaman el cuerpo de la muchacha herajín.

– “Otra molestia menos.” – sentencia el androide.

Todos los guerreros que siguen en pie se ponen en guardia… todos con el miedo de ser los siguientes.

El suelo tiembla una vez más. Las raíces empiezan a crecer de nuevo, alimentadas con la energía de los herajín.

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

“Descansa, compañero.”

El cuerpo humeante de Turles se precipita frente a la mirada aterrada de todos los presentes.

Onisen sonríe viendo la caída del saiyajín.

Turles choca contra el pavimento como un muñeco de trapo.

Onisen lo analiza, captando signos de vida aún en él. Su cuerpo ha sufrido graves quemaduras. Su armadura y ropa se han desintegrado casi por completo y solo una parte de su pantalón morado queda a modo de calzón. 

– “Te niegas a morir…” – sonríe el androide. – “Permíteme insistir.”

Onisen lanza un disparo de ki al moribundo Turles… pero en el último momento alguien se interpone entre el saiyajín y el ataque.

La explosión sacude la zona, pero al disiparse la polvareda se revela que ha sido Liquir quien ha protegido al saiyajín usando sus colas como escudo.

– “Cobarde.” – refunfuña el kurama. – “Ya no puede pelear.”

Pero para sorpresa de Liquir, Turles se ha puesto en pie.

– “Saiyajín…” – se sorprende el kurama. 

Cooler observa desde la distancia, en silencio.

Reitan desciende al lado de Turles.

Los ojos del saiyajín están en blanco.

– “No… no está consciente…” – lo observa el herajín.

– “Se ha levantado… solo por instinto…” – murmura el kurama, asombrado.

– “Sus ganas de pelear…” – piensa Trunks, que lo observa desde el aire. – “Son tan fuertes que se niega a detenerse… pese a que no le quedan fuerzas…”

Vegeta, en la distancia, esboza una media sonrisa triste pero orgullosa.

– “Ese es el espíritu de un verdadero saiyajín.” – murmura el viejo Príncipe.

Liquir reacciona.

– “¡¿Dónde está el anciano…?!” – busca a Gowas sobre el campo de batalla.

– “Es demasiado tarde…” – lamenta Reitan.

Turles cae de rodillas.

Broly se golpea el pecho con el puño.

– “Lo que hiciste por Sadala… siempre será recordado.” – dice el hijo de Páragus.

El saiyajín se desploma de cara contra el suelo.

– “Descansa, compañero.” – murmura un triste Reitan.

Onisen sonríe ante la muerte de su enemigo.

– “¿Quién será el siguiente?” – se mofa mientras mira a cada uno de los presentes.

El androide se fija en Gowas, que sigue curando a Son Gohan frente a Okure.

– “Je…” – sonríe Onisen.

En un parpadeo, Onisen se presenta detrás de Gowas y le agarra la nuca y lo levanta del suelo. 

Okure se la da la vuelta e intenta atacar, pero Onisen la noquea con un simple revés.

Los dedos del androide se alargan y se enrollan alrededor del cuello del anciano ira-aru.

– “Tu presencia es excesivamente molesta…” – dice Raichi. – “Y tu traición revela la debilidad de tus convicciones…”

– “¡Ghagh…!” – sufre Gowas.

Gohan agarra el tobillo de Onisen.

– “¡Suéltalo…!” – exclama el mestizo, que intenta levantarse.

Pero Onisen le propina una patada y lo empuja a través del páramo desértico.

Zamas mira con horror la escena; el sufrimiento de su anciano maestro.

– “¡¡GOWAS!!” – grita el Dai Kaioshin.

– “Mis convicciones… eran erróneas…” – sufre el anciano, que intenta liberarse.

– “Las mías no.” – sentencia Onisen.

Onisen aumenta la fuerza de su agarre, estrangulando al ira-aru.

– “Ghagh…” – intenta inspirar Gowas, sin éxito.

El ira-aru pierde la fuerza en sus brazos, cesando su lucha y perdiendo el conocimiento.

Son Gohan, malherido, observa con horror lo ocurrido.

– “Maldita sea…” – gruñe el mestizo.


Onisen afloja su agarre ligeramente, permitiendo al ira-aru inspirar levemente, pese a seguir inconsciente.

Todos se sorprenden ante tan inesperado gesto.

Onisen sonríe.

– “Tengo otro uso para ti.” – sentencia Raichi.

El androide chamusca la espalda de Gowas con un rayo ocular, quemando su ropa y haciéndolo sangrar.

La sangre recorre su cuerpo hasta los pies hasta gotea sobre el suelo.

Algo se mueve bajo tierra.

Las raíces del árbol brotan del suelo como serpientes encantadas y ascienden por el cuerpo de Gowas, enrollándose a su alrededor y lentamente envolviéndolo en un capullo.

Ninguna de nuestros amigos entiende lo que está ocurriendo; solo Zahha, con el peso de la derrota en su mirada.

– “Ya ha empezado…” – gruñe el espadachín. – “Así es como termina…”

Freezer lo escucha, mirándolo con recelo.

Onisen da un paso atrás, dejando que el ataúd de madera se cierre alrededor del viejo ira-aru.

Zahha se quita el casco y lo lanza contra el suelo, frustrado.

– “Es demasiado tarde…” – aprieta los dientes. – “He fracasado… ¡Otra vez!”

El espadachín toca su dedo corazón de la mano derecha, donde puede adivinarse un anillo debajo del guante.

– “Tengo que…” – dice nervioso.

Pero un destello fucsia, el rayo mortal de Freezer, hace saltar por los aires el dedo de Zahha.

– “¡AAAH!” – exclama el guerrero del futuro. 

Con horror en su mirada, Zahha se torna hacia el demonio del frío.

– “¡¿Qué…?!” – pregunta, incrédulo. – “¡¿Qué está haciendo?!”

Freezer reclama el anillo con su poder mental y éste vuela hasta su mano.

– “¡¡FREEZER!!” – grita Zahha, desesperado.

– “Uno no puede huir cada vez que las cosas se complican.” – dice el tirano. 

– “No… no lo entiende…” – gruñe el espadachín. – “¡HEMOS PERDIDO!”

Freezer cierra su mano, con el anillo en su palma.

– “Esto no se ha terminado.” – sentencia el demonio del frío.

Ub, que se encuentra ayudando a Pan, apoyada en su hombro, siente como si un latido retumbara en el corazón del planeta.

– “¿Qué…?” – se sorprende el terrícola. – “¿Qué ha sido eso?”

En ese instante, el suelo empieza a temblar.

– “¡¿Qué está pasando ahora?!” – se sorprende Marron.

Las raíces del árbol crecen de nuevo, extendiéndose en todas direcciones y ascendiendo hacia el cielo.

Las raíces recuperan el terreno perdido, rellenando los cráteres que se habían formado durante la batalla.

Nuestros amigos alzan el vuelo, intentando no ser atrapados por ellas.

Cell, Ikose y Gamma 2 protegen a los que tienen a su alrededor con barreras de ki. Dabra y Mirai Trunks cortan cada raíz que se aproxima a ellos con sus espadas. Marron usa el Kienzan. Champa sus garras. Zamas su espada de ki. Otros guerreros intentan defenderse interceptando las raíces con disparos de energía. Todos hacen lo posible para sobrevivir.

Una enorme raíz se aproxima al cuerpo de Turles… cuando un destello de luz morada la corta por la mitad, deteniendo su avance y dejando una fina y profunda zanja que recorre el planeta; Cooler.

En tan solo unos minutos, las raíces se detienen tras haber ganado terreno, continuando la terraformación del planeta oscuro y expandiéndose hacia el espacio. 

DBSNL // Capítulo 356: Koorogi, Kabuto y Ka

DBSNL // Capítulo 356: Koorogi, Kabuto y Ka

“Cada vez es distinto.”

En el planeta oscuro, un Turles sediento de pelea desafía a Onisen con la mirada.

El androide lo mira con menosprecio.

Reitan se acerca a Turles.

– “Ataquemos de nuevo.” – dice el herajín. – “Y esta vez, no hagas la guerra por tu cuenta.”

– “¿Puedes seguirme el ritmo?” – sonríe Turles con prepotencia.

– “¿Vamos a tener que soportar esta actitud chulesca a partir de ahora?” – refunfuña Reitan.

El herajín aviva su aura, que iguala a la de Turles.

– “Je…” – sonríe Reitan.

En un parpadeo, Onisen aparece detrás de los dos guerreros, de espaldas a ellos, mirando de frente a Trunks.

– “¡¿AH?!” – se quedan helados.

El androide les propina un codazo en la espalda a cada uno simultáneamente que los lanza lejos.

El mestizo se queda a solas con Onisen.

Rápidamente, Trunks intenta propinarle un espadazo, pero su arma pasa a través de su cuerpo sin dañarlo.

Onisen agarra a Trunks del cuello.

Turles y Reitan se levantan rápidamente y disparan una ráfaga de ki contra el enemigo.

– “Insolentes.” – murmura el androide.

Para no soltar a Trunks, Onisen agranda su mano y la usa de escudo para protegerse de la lluvia de fuego.

Mientras tanto, en su interior, Pino sigue enfrentándose a los tamagami.

El androide, que ha perdido un antebrazo tras el martillazo de uno de los enemigos, dispara con su ametralladora al guerrero espadachín, que cae sobre él con la intención de cortarlo por la mitad.

Pino salta hacia atrás en el último momento, evadiendo el golpe.

De reojo, Pino puede ver como el tamagami del tridente ha perdido el interés en él y sale volando para perseguir a Bulma.

– “¡No tan rápido!” – exclama Pino, que lanza su puño hacia él.

La mano de Pino agarra el tobillo del insecto y lo arrastra hasta el suelo.

– “¡No dejaré que te marches!” – gruñe Pino. – “¡No hemos terminado!”

Pero el insecto del martillo sorprende a nuestro amigo por la espalda, atizándole con su arma y lanzándolo por los aires hasta una carretera paralela.

Mientras el androide intenta levantarse, los tres tamagami aterrizan frente a él.

– “Maldita sea…” – piensa el androide. – “Son realmente fuertes… Pero necesito ganar tiempo.”

El tamagami del tridente lleva el puño de Pino en la mano y lo lanza al suelo frente a él para después pisarlo, haciéndolo añicos.

El androide los mira detenidamente.

– “Sois unos enemigos formidables.” – les dice. – “¿Tenéis nombre?”

Ninguno responde.

– “¿Qué os parece si os pongo uno?” – continúa Pino. – “Veamos… a ti te llamaré Ka.” – dice mirando al del tridente. – “Tú serás Kabuto.” – le dice al del martillo. – “Y tú… Koorogi.” – le dice al espadachín. – “¿Qué os parece?”

El recién bautizado Ka ataca a Pino, golpeándole con el reverso de su tridente en la barbilla y luego clavándole ese mismo lado en el abdomen… aunque Pino logra frenar el arma tras entrar solo levemente en su cuerpo.

– “Ya veo que no te ha gustado…” – sonríe Pino.

Ka empuja a Pino con una patada, recuperando su arma y haciendo que el androide caiga de espaldas al suelo.

Pino intenta levantarse, pero es sorprendido por un martillazo que lo lanza de nuevo contra el suelo.

Con dificultad, el androide se intenta levantar usando su cabeza para apoyarse, pues sus manos han sido destruidas, logrando ponerse de rodillas.

Ka se marcha volando detrás de Bulma.

Koorogi levanta su espada sobre Pino, listo para decapitarlo.

En el planeta oscuro, Onisen se ha protegido de los disparos de Reitan y Turles gracias a su gigantesca mano, que ha servido de escudo.

Trunks sigue agarrado por el cuello.

El hijo de Vegeta agarra el brazo de Onisen con ambas manos y apoya sus pies en el pecho del androide, tirando con fuerza de su brazo.

– “¡¡GYAAAAH!!” – grita Trunks, invocando todas sus fuerzas.

– “Tsk…” – protesta Onisen.

El androide, al sentir que Trunks quiere arrancarle el brazo, se torna intangible, liberando al mestizo.

En ese instante, Reitan y Turles aterrizan a cada lado del androide, cada uno preparando un poderoso ataque; la Supernova Vengativa y el Galactic Buster son disparados a la vez, encontrándose en el enemigo y provocando una gigantesca explosión.

Reitan y Turles miran la explosión, con la esperanza de que su ataque haya tenido algún efecto.

Pero de repente, detrás de Reitan y sin hacer ruido, del suelo asciende Onisen.

El androide convierte su mano en un taladro y ataca al herajín, dispuesto a ensartarlo, cuando un certero disparo de ki le destruye la mano.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden tanto Reitan, que se da cuenta de lo cerca que ha estado de morir, como Onisen.

El disparo ha sido de Granola.

Onisen dispara al cereliano con los ojos, pero Cell se interpone al ataque y lo detiene con su barrera de energía. 

Reitan se revuelve, dispuesto a pelear, pero es detenido por un grito de Turles.

– “¡¡APÁRTATE!!” – exclama el saiyajín, que vuela a toda velocidad a través de la polvareda levantada por la explosión.

Reitan se hace a un lado y deja pasar al saiyajín, que lanza un fuerte puñetazo contra Onisen.

Pero el androide detiene el golpe con una mano.

En ese instante, Onsien es aprisionado por una esfera de ki fucsia.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el androide.

Cooler se encuentra detrás de él y lo ha atrapado en su prisión de energía.

Desde la distancia, Dabra invoca el fuego negro sobre Onisen, que arde en el interior de la trampa de Cooler.

Pero haciéndose intangible, Onisen sale volando, elevándose sobre todos.

Turles lo persigue.

Entre las raíces, Freezer sigue hablando con Zahha.

– “¿Cuántas veces hemos llegado tan lejos?” – pregunta el demonio del frío.

– “Cada vez es distinto.” – responde el espadachín del futuro. – “Pero al final… solo hay muerte.”

Turles prepara una nueva Supernova Vengativa mientras embiste al enemigo.

La estrella naranja arde sobre la palma del saiyajín.

– “¡¡YAAAH!!” – grita lanzando su ataque.

Pero Onisen dispara su rayo ocular, que impacta directamente contra la técnica de Turles, haciéndola estallar poco después de abandonar la mano del saiyajín.

El cielo es sacudido por la explosión.

El brazo derecho del saiyajín, quemado, sangra profusamente tras recibir el impacto.

– “Ah… ah…” – jadea Turles. – “Maldita sea…”

Onisen, intacto, sonríe con prepotencia.

– “Aquí termina tu historia, saiyajín.” – anuncia el androide.

Turles, a pesar de las heridas, sonríe.

– “El dolor de mis huesos… El escozor de mis heridas…” – piensa el saiyajín, centrándose en todas sus sensaciones. – “La sangre sobre mi piel…”

Onisen parece confuso ante tal reacción.

– “Soy un saiyajín… ¡Un Súper Saiyajín!” – advierte el saiyajín. – “Mientras quede un hálito de vida en mí, el combate no ha terminado.”

Onisen se pone serio.

– “Que así sea.” – sentencia el androide.

Turles reaviva su aura de Súper Saiyajín 2.

Trunks asciende rápidamente hacia su compañero.

– “¡¡TURLES!!” – exclama el hijo de Vegeta.

Pero el saiyajín hace oídos sordos y embiste a Onisen.

Turles propina un puñetazo directo al enemigo, que ni se inmuta. 

Lo sigue con una patada y un codazo.

Mismo resultado.

– “Tsk…” – protesta Turles.

Onisen contraataca con un codazo sobre la cabeza del saiyajín, dejándolo aturdido.

Antes de que Turles pierda sus fuerzas y se precipite al suelo, Onisen lo agarra del pelo y lo levanta para ponerlo a su altura.

– “Hasta nunca.” – sentencia Onisen.

El androide coloca su mano a pocos centímetros del pecho del saiyajín y dispara un ataque de energía que lo engulle por completo ante la mirada aterrada de todos los presentes.

En el interior del núcleo, Bulma sigue avanzando hacia la torre de luz verde que ilumina el lugar.

DBSNL // Capítulo 355: Tamagami

DBSNL // Capítulo 355: Tamagami

“No sois los únicos con una misión.”

En el mundo virtual que conforma la mente de Raichi, Bulma corre por la autopista semitransparente, mientras Pino se enfrenta a los enemigos que han aparecido para detener la incursión.

Pino se ve superado por la fuerza del enemigo, cuya atención está puesta en Bulma; pero antes que dejarle marchar, Pino decide disparar al suelo con su ametralladora de antebrazo, provocando su derrumbe y haciendo que los dos caigan a carriles inferiores.

En el planeta oscuro, Gowas ya está curando a Gohan. El mestizo está tumbado en el suelo con el ira-aru arrodillado a su lado, imponiendo las manos sobre él. Mirai Trunks, Reitan y Okure los rodean.

– “Un poder como el suyo no es fácil de reponer…” – refunfuña el viejo.

– “Gracias, anciano.” – dice Trunks.

Onisen ya ha superado el impacto del Taiyoken del hijo de Vegeta y busca a sus contrincantes.

Una gota de sudor recorre la frente de Reitan.

– “¿Tienes algún plan, Trunks?” – pregunta el herajín.

– “Creíamos que fragmentar su cuerpo y atacar sus núcleos era nuestra mejor opción.” – responde Trunks. – “Pero ya no sé qué pensar… Además, hemos perdido las espadas.”

Reitan mira de reojo al malherido Gohan.

– “Vas a necesitar ayuda.” – dice el herajín.

– “No quiero sonar brusco…” – responde Trunks. – “Pero este enemigo…”

– “Cállate.” – le interrumpe Reitan. – “No necesito compasión.”

– “No pretendía ofenderte.” – sonríe el mestizo saiyajín.

Reitan da un paso al frente y se transforma en Súper Herajín, imbuyéndose en su aura verde.

– “Saiyajín…” – murmura Reitan. – “Siempre tan pedantes.”

– “Je.” – sonríe Trunks.

Otro personaje entra en escena.

– “¿Es que pensáis enfrentaros a él sin mí?” – dice Turles que, magullado por completo, se acerca a sus dos compañeros de patrulla.

– “¡Turles!” – se sorprende Trunks.

El saiyajín se acerca a Gowas.

– “¡Tú! ¡Viejo!” – exclama Turles.

– “¿Eh?” – lo mira sorprendido el ira-aru.

– “¡Cúrame!” – exige.

Reitan mira extrañado a su compañero.

– “Turles…” – dice el herajín. – “No creo que…”

– “Soy más fácil de curar que el nieto de Bardock.” – dice el saiyajín. – “¡Vamos!”

Gowas, ante tan extraña petición, mira a Trunks, buscando algún tipo de respuesta.

Pero es Gohan quien agarra al ira-aru del brazo.

– “Cu… cúrele…” – dice un débil Son Gohan.

– “Pero…” – se extraña Gowas.

– “Puedo sentir… sus ansias de pelear…” – sonríe con esfuerzo el mestizo. – “Y Trunks… necesita ayuda.”

– “Ya ha oído al muchacho.” – sonríe Turles. – “¡Cúrame de una vez!”

Gowas agarra el tobillo de Turles y en un instante el saiyajín ya se siente totalmente sanado.

– “¡Eso es!” – sonríe el saiyajín. – “¿Tan difícil era?” – mira con recelo a Gowas.

– “Gracias.” – murmura Gohan, antes de soltar el brazo del ira-aru.

– “Sois todos de lo más peculiar…” – refunfuña Gowas.

Turles camina hasta colocarse al lado de Reitan y se transforma en Súper Saiyajín.

Trunks se une a ellos, colocándose entre ambos.

– “Gracias, compañeros.” – sonríe el mestizo.

Okure frunce el ceño.

– “¡Reitan!” – exclama ella.

– “Lo sé, lo sé…” – responde el herajín. – “Tendré cuidado.”

– “¡No digas tonterías!” – protesta ella, sonrojada. – “¡Haz lo que te plazca!”

– “Protege a Son Gohan y al anciano.” – responde Reitan.

– “¡No me des órdenes!” – replica ella.

– “Por favor.” – sonríe él.

– “Tsk…” – protesta Okure.

Trunks le da un codazo a Reitan.

– “La tienes en el bote.” – murmura el mestizo.

– “¡¿Es que no pensáis tomaros esto en serio?!” – gruñe Turles.

Los tres guerreros miran al frente, donde Onisen ya les ha puesto el ojo encima.

Trunks extiende su mano, reclamando la espada de Whis, que vuela hasta él.

– “¡VAMOS!” – exclama el mestizo.

Los tres guerreros se abalanzan sobre Onisen.

– “Malditos…” – gruñe el androide.

Onisen dispara su rayo ocular, pero Trunks lo repele con su espada.

El mestizo centra su atención en la espada morada de Zahha que empuñaba Gohan, que sigue clavada en el suelo, cerca del enemigo.

– “¡Necesito recuperarla!” – piensa el mestizo.


Reitan, sin detener el avance, dispara una ráfaga de ki que cae alrededor del enemigo… pero el androide, intangible, sigue impertérrito. 

Turles acelera, inyectando un extra de energía a su aura, adelantando a Trunks y Reitan.

– “¡NO TE PRECIPITES!” – exclama Trunks.

El saiyajín carga directamente contra Onisen con los pies por delante, pero lo atraviesa sin dañarlo.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Tal cual toca el suelo con los pies, Turles se impulsa de nuevo contra el enemigo con la intención de propinarle otro golpe.

Onisen encaja un puñetazo directo en la nuca sin inmutarse.

– “¿Eh?” – se queda de piedra el saiyajín.

– “No merece la pena esquivarte.” – sentencia el androide.

– “Grrrh…” – gruñe Turles.

El saiyajín, furioso, intentan contraatacar, pero Onisen se revuelve y agarra su brazo y se lo retuerce antes de propinarle un fuerte codazo que lo lanza lejos de allí.

Trunks, espada en mano, intenta cortar a Onisen atacándole por la espalda, pero éste se hace intangible de nuevo.

– “Demasiado lento, Trunks.” – se mofa el androide.

Reitan cae detrás de Onisen e intenta sorprenderle con una patada giratoria, pero el androide sigue siendo intocable.

– “Maldición…” – lamenta el herajín.

– “Saiyajín… herajín…” – murmura Onisen. – “Compartiréis tumba en este planeta.”

Pero de repente, un estallido de energía llama la atención de los tres. 

Turles se pone en pie, envuelto por una gran aura de Súper Saiyajín, con rayos de energía chasqueando a su alrededor.

– “¡¿Qué…?!” – se sorprende Reitan.

Mirai Trunks sonríe.

Turles aprieta los puños con rabia. Sus ojos se quedan en blanco.

– “¡¡YAAAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín.

Su aura estalla, generando una violenta onda expansiva cuyos vientos sacuden la zona.

Las pupilas regresan a los ojos de Turles. Su cabello se ha erizado más.

– “Se ha transformado…” – murmura Reitan.

– “El Súper Saiyajín 2.” – confirma Trunks.

Turles levanta su mano derecha y concentra ahí su energía, materializando una esfera de ki anaranjado en la palma de su mano que parece atraer el aire a su alrededor.

El saiyajín lanza la esfera con todas sus fuerzas.

– “¡¡SUPERNOVA VENGATIVA!!” – exclama Turles.

La esfera de energía, que parece una versión reducida del ataque estrella de Cooler, viaja a toda velocidad hacia Onisen… y, por lo tanto, hacia Reitan y Trunks.

– “¡¡ESO ES PELIGROSO!!” – se asusta el herajín.

Una gran explosión sacude el planeta y lo tiñe de naranja.

Mientras tanto, en el interior de Raichi, Pino sigue enzarzado en su combate.

El Número 16 está rodeado por los tres guardianes del núcleo; tamagami.

En la Corporación Cápsula, todos sufren por Pino. 

El androide, conectado al ordenador principal, yace sentado en el suelo, inerte, como si estuviera desactivado.

– “¿Por qué no reacciona como la abuela?” – pregunta Gohan Jr. – “No se mueve…”

– “Él puede desconectar sus funciones motrices.” – responde Hedo.

Pino intenta mantener a raya al espadachín, disparándole con su ametralladora de antebrazo, pero éste se protege con su espada.

El tamagami del martillo aprovecha para abalanzarse sobre Pino por detrás, pero el androide reacciona rápidamente lanzando un cañonazo con su otro antebrazo, empujando al enemigo, aunque no parece hacerle ningún daño.

En ese instante, el tridente del tercer tamagami se clava el pecho de Pino y éste cae de espaldas al suelo.

El tamagami desciende sobre él y recupera su tridente, arrancándoselo del pecho al androide.

El insecto levanta su tridente y parece dispuesto a darle el golpe de gracia… pero las manos voladoras el androide detienen los brazos del tamagami y liberan una descarga eléctrica que lo aturde y lo desarma.

Pino se incorpora repentinamente y dispara sus dos cañones de ki contra el pecho del enemigo, lanzándolo al vacío.

El espadachín se abalanza sobre Pino, pero éste recupera sus brazos, que han recogido al vuelo el tridente, y con él detiene la espada serrada.

– “No me deis por vencido tan fácilmente.” – sonríe Pino. – “No sois los únicos con una misión.”

El tamagami del martillo salta sobre Pino, dispuesto a aplastarlo de un solo golpe.

El Número 16, sin dejar de forcejear con el espadachín, intenta detener el golpe con la mano y, pese a frenar el terrible impacto, ésta es aplastada.

– “Tsk…” – protesta Pino, frente a la inexpresiva mirada de sus enemigos.

Mientras tanto, Bulma sigue corriendo.

En el planeta oscuro, la explosión de la técnica de Turles ha creado una cúpula de fuego.

Trunks y Reitan, gracias al salto temporal del primero, aparecen sanos y salvos fuera del alcance de la explosión, detrás del saiyajín.

– “Turles…” – suspira el herajín, aliviado. – “Maldito lunático…”

– “Ha llevado su cuerpo al límite en sus últimos combates…” – piensa Trunks. – “Y eso le ha llevado al siguiente nivel.”

Turles sonríe con chulería tras desatar su nuevo poder.

Pero Onisen, sin ningún rasguño, sale caminando del domo de fuego, que lentamente se desvanece.

– “¿Es este tu límite, saiyajín?” – se mofa Onisen.

Turles aprieta los dientes, frustrado.

– “No he llegado tan lejos para perder este combate.” – gruñe el saiyajín. – “¡Reitan!” – mira de reojo a su compañero. – “¡Ya estoy a tu altura! ¿Te has dado cuenta?”

– “¿Y eso qué importa?” – se extraña el herajín.

– “¡Trunks!” – sonríe el saiyajín con prepotencia. – “¡Tú eres mi próximo objetivo!”

– “Cuando quieras.” – asiente Trunks, que comprende el fuego que arde en el interior del saiyajín olvidado.

Turles aprieta los puños, reavivando al máximo su aura.

– “Mi cuerpo…” – piensa el saiyajín. – “Puedo sentirlo… el suelo bajo mis pies… el aire contra mi piel… el frio en el ambiente y el calor de mi poder…”

La ventisca sacude a Reitan y Trunks.

– “Soy un saiyajín…” – piensa Turles. – “Las heridas de la batalla me han hecho más fuerte… La muerte me acecha… ¡Qué sensación! Un sentimiento que tenía olvidado… ¡Estoy aquí! ¡Estoy despierto! ¡ESTOY VIVO!”

Onisen mira con desdén al emocionado guerrero.

El saiyajín se prepara para atacar.