ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte VI: El viejo Sidra

El saiyajín olvidado / Parte VI: El viejo Sidra

“¿Qué quieres de mí?”

Turles despierta en un lugar que no conoce. Se encuentra en una sala con paredes de piedra cruda, tumbado en una vieja cama.

El saiyajín intenta levantarse, pero le duele todo el cuerpo. Con mucho esfuerzo logra incorporarse y sentarse en el borde de la cama. Su torso y sus brazos están vendados y el esfuerzo abierto algunas de sus heridas, que tiñen de rojo los apósitos.

En ese momento, un anciano de baja estatura entra en la habitación.

– “Parece que ya te has despertado…” – dice el viejo. – “No tenía muchas esperanzas, te lo confieso…” – bromea.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín, desconfiado.

– “Me llamo Sidra.” – dice el anciano.

– “Un nombre no responde a mi pregunta” – dice Turles.

– “Pues inténtalo con otra” – sonríe Sidra.

– “¿Dónde están mis compañeros?” – replica el saiyajín.

– “Seguramente te estén buscando.” – dice el anciano.

– “¿Por qué me has ayudado?” – dice Turles.

Sidra se pone serio.

– “Porque ahora mismo eres mi única opción.” – revela el anciano.

El saiyajín se fija en los ropajes del viejo.

– “¿Eres un Guardián del Fruto?” – pregunta el saiyajín.

– “Lo fui hace mucho tiempo, pero ya no tengo edad para eso.” – dice Sidra.

– “He matado a tu compañero.” – le recuerda Turles.

– “No lo he olvidado.” – dice Sidra.

El saiyajín se esfuerza en ponerse en pie hasta que lo consigue.

– “¿Qué quieres de mí?” – pregunta el saiyajín.

– “Fuerzas oscuras quieren hacerse con el Fruto Sagrado” – dice el anciano.

– “¿De quién estás hablando?” – responde Turles. – “¿Cooler?”

– “Son poderes que no comprenderías.” – dice Sidra. – “Pero no podemos permitir que lo consigan.”

– “Yo quiero usarlo para vengarme de los demonios del frío.” – dice el saiyajín.

– “Los hijos de Cold…” – murmura el viejo. – “Malos consejos los llevan hacia un terrible final.”

Turles sonríe.

– “Un final a mis manos” – dice mientras aprieta su puño.

– “El poder de los hijos de Cold no debe ser subestimado.” – dice el anciano.

– “¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!” – exclama Turles.

– “Eso sonaría mucho más amenazante si pudieras mantenerte en pie sin tambalearte.” – suspira Sidra.

Turles se traga su orgullo y se queda en silencio, pensativo.

– “Llévate la semilla.” – dice Sidra entregándole una caja que la guarda.

– “¿Qué?” – se sorprende el saiyajín. – “¿Me la das? ¿Así de fácil?”

– “Yo ya no puedo protegerla” – dice el anciano.

Turles acepta el presente y abre la caja para contemplar la semilla.

Sidra agacha la cabeza. No está contento con tener que darle tan preciado tesoro a Turles, pero sabe que no tiene otra opción en estas circunstancias.

– “Buena suerte, saiyajín” – se despide el viejo.

Turles cierra la caja y se da cuenta de que Sidra ha desaparecido.

– “¿A dónde ha ido?” – se pregunta el saiyajín, desconcertado.

Turles sale del templo y siente el ki de sus compañeros, que se encuentran arrasando aldeas en busca de su líder.

– “Veo que se están divirtiendo sin mí…” – sonríe el saiyajín.

En unas horas, el escuadrón se ha reunido y ha regresado a la nave.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Daiz.

– “¡Turles es el Súper Saiyajín de la leyenda!” – exclama Almond. – “¡Vamos a dominar la galaxia!”

Los cinco soldados celebran esas palabras.

– “No es tan fácil.” – dice Turles. – “Pero con el Fruto Sagrado podremos lograrlo.”

– “¿Vamos a plantarlo?” – pregunta Lakasei.

– “Deberíamos buscar un buen lugar.” – dice Turles.

– “En este mismo sistema hay un planeta con vegetación abundante.” – anuncia Rasin. – “El planeta Renam.”

Turles sonríe.

– “Rumbo a Renam.” – sentencia el saiyajín.

Desde la cima una montaña cercana, Sidra observa preocupado cómo la nave abandona el planeta hacia un terrible desenlace.

DBSNL // Capítulo 155: Eternidad

DBSNL // Capítulo 155: Eternidad

“No me dejéis solo…”

En la Tierra, Janemba abre su mano derecha y en ella se materializa una espada roja como la sangre.

– “¡JIJIJI!” – ríe el monstruo, empuñando su mandoble. 

El demonio blande su arma y propina un espadazo cuyos efectos se propagan en la distancia formando una gigantesca brecha en la superficie terrestre que se pierde en el horizonte.

Pan y Bra asisten el desastre.

– “No podemos… No podemos pelear contra un tipo así…” – titubea Bra.

Pan, furiosa por cómo los demonios están utilizando a su amigo, se transforma en Súper Saiyajín y se prepara para pelear.

– “¡YAAAAH!” – exclama al abalanzarse sobre el monstruo.

Janemba alza su mano y su brazo se alarga hasta agarrar el cuello de la muchacha, deteniéndola en el aire. 

– “¡JIJIJI!” – ríe el monstruo mientras estrangula a Pan.

Mientras tanto, Piccolo sigue inconsciente. En su mente, en mitad de la oscuridad, el namekiano se encuentra tumbado en el suelo.

– “Tengo que hacer algo…” – se repite Piccolo. – “Tengo que luchar… Prestadme vuestra fuerza, viejos compañeros.”

Piccolo recupera el sentido y se levanta, pero a duras penas se mantiene en pie.

– “Nail… Kami…” – murmura. – “Necesito vuestra ayuda.”

En su mente, las figuras de los dos namekianos se encuentran a su lado, acompañándole. 

Piccolo reúnen todas las energías que le quedan y se abalanza sobre Janemba, sorprendiéndolo y propinándole un puñetazo en la nariz con su mano izquierda, pero esto no causa ningún efecto sobre el monstruo, que sonríe burlonamente.

El namekiano retrocede asustado y en ese instante se da cuenta de que un extraño humo negro empieza a extenderse por su brazo desde el punto en que su puño contactó con el demonio.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta, temeroso. 

La oscuridad asciende por su extremidad hasta extenderse por el torso y ascender por su cuello hasta cubrir su hemicara izquierda.

En su interior, las siluetas de sus dos compañeros se desvanecen.

– “Por favor…” – suplica Piccolo, que siente como si cayera en un pozo en completa oscuridad. – “No me dejéis solo…”

De repente, una nueva figura namekiana se presenta ante él.

– “Tú…” – se sorprende Piccolo.

En el exterior, la mitad izquierda de su rostro empieza a cambiar. Su ojo izquierdo modifica su forma, adoptando un aspecto más ovalado, y su esclera se torna amarilla. Las venas del mismo hemicuerpo adquieren relieve, mientras sus músculos aumentan de tamaño.

– “¡¡AAAHHH!!!” – grita Piccolo. – “¡GggrrhAAAAAAH!” – gruñe, mientras sufre un terrible tormento.

Garlick se sorprende al ver a Piccolo afectado por el Makai.

– “Así que tenías el alma de un demonio después de todo…” – sonríe Garlick.

Janemba, al sentir el poder de Piccolo, pierde el interés en Pan y la lanza al vacío, lejos de la Atalaya.

Bra reacciona rápidamente y vuela rauda al rescate de su amiga.


– “¡PAN!” – exclama la hija de Vegeta.

Dende, asustado por el siniestro poder de su compatriota, no sabe qué hacer.

– “Pi… Piccolo…” – titubea Dende. – “¿Qué te está pasando? Esa oscuridad…”

En el planeta Snack, cuando se disipa la polvareda alzada por el traicionero ataque de Belmod, se revela a Gohan, transformado en Súper Saiyajín, de rodillas en el suelo, con parte de su cuerpo chamuscado y ensangrentado.

– “Ha estado cerca…” – murmura el mestizo. – “Si no llego a transformarme…”

Cuando alza su mirada, se da cuenta de que hay fragmentos del su compañero robótico esparcidos por toda la zona.

– “No… ¡PINO!” – exclama Gohan.

Gohan, furioso, clava su mirada en Belmod, que sonríe mientras sigue tumbado en el suelo, moribundo.

– “Mis actuaciones siempre terminan por todo lo alto” – se burla el payaso, en una última provocación.

Gohan alza su mano hacia Belmod.

– “Vete al infierno” – sentencia el mestizo.

Pero en el último instante, Galbi cae sobre Belmod y le apuñala el corazón con un gladius.

– “Esto es por el dolor que has traído a mi hogar” – dice el león. – “No hay gloria para ti.”

Gohan baja su mano y agacha la cabeza, triste por la muerte de Pino.

De repente, una voz llama la atención del mestizo.

– “Son… Son Gohan…” – dice el Número 16, con un peculiar tono robótico.

Parte de su torso y su cabeza han sobrevivido a la explosión.

– “¡PINO!” – exclama el mestizo, contento de ver a su amigo con vida.

Gohan corre hasta el androide 16 y se arrodilla para socorrerle.

– “¡Gracias al cielo!” – sonríe Gohan. – “¿Estás bien?”

– “Mis sistemas aguantarán.” – responde Pino.

Son Gohan suspira aliviado.

Galbi se acerca a los dos nuevos patrulleros.

– “Hemos ganado esta batalla.” – dice el guerrero leonino. – “Pero se están librando muchas otras…” – añade alzando la vista al cielo. – “Y del resultado de todas depende el destino del Universo.”

En el planeta Popol, tras derrotar a Helles, Cell se acerca a los tres saiyajín.

– “Gracias” – le dice Tarble.

– “No sabía que quedaran saiyajín con vida…” – dice Cell, ignorando el agradecimiento.

– “Quedamos unos pocos.” – dice Kale, que intenta mantener a Broly en pie.

El insecto se fija en el hijo de Páragus. El saiyajín está débil, pero no tiene ninguna herida, cosa que despierta la curiosidad de Cell.

– “¿Qué te ha pasado a ti?” – le pregunta el insecto.

Broly no responde. 

– “Esa mujer le ha aplicado algún tipo de veneno” – explica Tarble.

– “Ha dicho que lo quería vivo.” – añade Kale.

– “¿Por qué?” – pregunta Cell. – “Eres un saiyajín del montón… ¿Qué te hace especial?”

– “Es una larga historia.” – responde Tarble.

– “No es un saiyajín del montón” – interviene Kale.

– “Todos los saiyajín que he conocido son más fuertes que vosotros” – se burla Cell. – “Y me he enfrentado a unos cuantos en la Tierra.”

– “¿La Tierra?” – se sorprenden los saiyajín. – “¿Conoces al Rey Vegeta y a Kakarotto?”

Cell parece sorprendido.

– “Veo que la fama de esos dos es universal.” – sonríe el insecto.

– “Ellos lucharon contra Broly” – dice Kale. – “Y casi perdieron.”

El insecto parece confuso por las declaraciones de la saiyajín.

– “¿Goku y Vegeta?” – murmura Cell. – “¿Contra este tipo?”

De repente, detrás de Cell, el cadáver de Helles se levanta, con los ojos en blanco y aún con su herida en el pecho, que la atraviesa por completo.

– “No… No puede ser…” – titubea Kale.

El insecto se da la vuelta y asiste confuso a la resurrección de su adversaria.

Las pupilas se dibujan lentamente de nuevo en los ojos de Helles, que esboza una aterradora sonrisa.

– “¿Qué clase de regeneración es esta?” – piensa Cell. – “No… ¡Había muerto! ¡Le he atravesado el corazón!”

Helles abre de nuevo sus alas.

– “La verdadera belleza es eterna.” – sonríe la mujer.

En el planeta Luud, los patrulleros han esposado a Dolltaki y al Cardenal Mutchy. Motto carga con ellos mientras los tres agentes corren hacia la salida del templo junto a una marabunta de feligreses. 

En el interior del santuario, Nasjorin ha esquivado un puñetazo de la estatua saltando sobre su brazo y ahora lo recorre espada en mano.

Luud dispara un rayo con sus ojos al guerrero perruno, que utiliza su espada para repeler el ataque. El rayo impacta contra el techo del templo, provocando un nuevo derrumbamiento.

Nasjorin salta sobre su enemigo y cae ensartando su espada en la frente de la estatua.

El aprendiz de Kaioshin espera haber acabado con el enemigo, ya que un conjuro de sellado imbuye el arma; pero una oscura energía brota del interior de la herida, como si fuera vapor a presión.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Nasjorin, que siente que una poderosa presencia le está observando.

La oscura energía estalla y repele al guerrero, que pierde su espada.

Nasjorin, magullado y con la ropa rota, se arranca la parte superior de su uniforme, quedando con el pecho descubierto.

– “No es una criatura… Es solo un recipiente movida por la oscuridad.” – entiende el inushi. – “Nunca había sentido un horror así… ¿Es a esto a lo que hacía referencia las leyendas de mi planeta?”

Luud está listo para seguir peleando.

Desde un lugar seguro, en el balcón interior, Hoi observa satisfecho el enfrentamiento.

Nasjorin abre su mano derecha, que empieza a brillar con luz blanca.

– “Que el resplandor de mis antepasados me guíe.” – murmura Nasjorin. – “¡LUZ DE INUGAMI!” – exclama, listo para el siguiente asalto.

Dibujado por Pivotts

En el Makai, Gotenks mantiene a raya a un centenar de demonios mientras avanza por el oscuro páramo.

– “¡¿Dónde estamos?!” – se pregunta la fusión. – “¡Tiene que haber una salida!”

Mientras tanto, muy lejos de allí, el planeta Sadala también ha sido invadido por los presos fugados. Los saiyajín pelean con todas sus fuerzas para defender su nuevo hogar, mientras el ejército enemigo destruye todo lo que encuentra a su paso.

Cerca de la aldea, Turles se encuentra sentado en el fundo de una cueva desde la que oye el estruendo. El saiyajín se concentra para intentar que sus componentes biónicos respondan a sus órdenes, pero no tiene éxito.

– “Maldita sea…” – refunfuña Turles. – “¡AAAAAAAH!” – grita, frustrado. – “¡MALDITA SEA!”

En Monmaas, Son Goku se ha adentrado en el paradero del enemigo. Siguiendo el oscuro ki, el saiyajín avanza entre los múltiples caminos en los que se divide la gruta.

Finalmente, Goku llega a una gran sala en penumbra y avanza hasta el centro. 

De repente, siete llamas se encienden a su alrededor. Cada una sobre un pilar decorado con runas antiguas. En el suelo, un círculo formado por jeroglíficos escritos con sangre.

Goku observa su alrededor, confuso ante el macabro despliegue.

Una voz le sobresalta.

– “Bienvenido, Son Goku.” – dice un misterioso personaje que avanza desde las sombras hasta revelar su rostro, iluminado por una de las hogueras. – “Me llamo Arak.” – se presenta. – “Te estaba esperando.”

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte V: El otro Súper Saiyajín

El saiyajín olvidado / Parte V: El otro Súper Saiyajín

“¡No voy a morir!”

Liquir se acerca a Turles, que sigue tumbado en el suelo semiinconsciente, dispuesto a matarlo.

De repente, el saiyajín se mueve, sorprendiendo al zorro.

Turles se levanta con dificultad.

– “¿Aún tienes fuerzas para ponerte en pie?” – se burla el kurama.

El saiyajín tiene la vista borrosa.

– “No hemos terminado…” – dice Turles.

Liquir alza su mano hacia el enemigo y le dispara un ataque de ki que estalla en el pecho del saiyajín y lo derriba de nuevo.

– “Yo creo que sí.” – fanfarronea el zorro.

Turles, tumbado en el suelo, abre los ojos y puede ver un cielo que reconoce y le provoca una dolorosa nostalgia. Es el cielo nocturno de Tazba, el astro en el que su nave se estrelló cuando era un bebé.

El saiyajín se incorpora y pronto se da cuenta de que sus heridas han desaparecido.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta. – “¿Estoy muerto?”

Turles se da cuenta de que se encuentra en el centro de una ciudad en llamas, rodeado solo por destrucción y muerte. En el suelo pueden verse las pisadas del ozaru. 

El saiyajín se pone en pie y ahora se encuentra al lado de la averiada cápsula espacial con la que llegó a tan remoto destino.

Una luz se ilumina en el cielo. Una nave imperial.

De repente, Turles se encuentra a bordo de la nave, en una sala de entrenamiento, enfrentándose a múltiples saibamen. Cooler observa la escena detrás de un cristal junto al solado Sauza.

– “¿Cree que la leyenda es cierta, señor?” – pregunta el brench.

– “He visto suficiente como para no descartar nada.” – responde Cooler.

Ahora Turles se encuentra arrodillado frente al demonio del frío.

– “Mi hermano exterminó a tu raza.” – dice Cooler. – “Quiero que me ayudes a derrocarle, Turles. Ayúdame a recuperar el Imperio y tendrás tu venganza.”

De repente, Turles despierta en Kurama.

Liquir se sorprende al volver a sentir el ki de Turles, que por un instante había desaparecido.

Turles se pone en pie de nuevo.

– “Eres muy terco…” – dice Liquir.

– “Soy un saiyajín.” – sonríe Turles.

Los hombres de Turles llegan al lugar del duelo y rodean al kurama.

– “¿Estáis de broma?” – sonríe el zorro.

Con un movimiento de sus cinco colas, el zorro genera una corriente de aire que derriba a los soldados.

– “¡AAAAH!” – gritan ellos.

– “¡No molestéis!” – dice Liquir.

Turles aprieta sus puños con rabia.

– “No tengo nada…” – refunfuña Turles. – “Mi raza fue aniquilada. He dejado que Cooler me utilizara… Me he tragado mi orgullo, porque creía que en algún momento lograría el poder suficiente para plantarle cara a él y a Freezer… Si muero hoy, todo habrá sido en vano.”

Liquir alza de nuevo su mano y se prepara para disparar a Turles, pero una extraña y violenta aura amarilla envuelve al saiyajín. Su cabello se eriza y sus ojos se tornan verdes.

– “¡No voy a morir!” – exclama Turles. – “¡VOY A ACABAR CON ELLOS CON MIS PROPIAS MANOS! ¡Y NO DEJARÉ QUE TÚ ME LO IMPIDAS!”

El aura arde con fuerza y su cabello se tiñe de oro.

– “¡¡YAAAAAAAAAHHHH!!” – grita el saiyajín.

Una explosión de ki empuja a Liquir y lo hace retroceder.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el kurama.

El cuerpo de Turles brilla con luz propia.

Sus hombres le miran asustados.

– “¿Qué le ha pasado?” – se pregunta Almond.

– “Acaso…” – se pregunta Daiz. – “Es eso… es el…”

El kurama se prepara para el combate pero, antes de que pueda ponerse en guardia, Turles le embiste con toda su rabia y le propina un puñetazo en el hocico. 

Liquir sale despedido, rebotando varias veces contra el suelo, mientras intenta recuperar la estabilidad, pero es perseguido por el saiyajín.

El kurama se detiene en el aire y revela una sexta cola. 

Turles intenta golpearle de nuevo, pero el kurama cruza sus brazos frente a su rostro en el último instante y encaja el golpe, pero aún así su poder no es suficiente para detener al enfurecido Súper Saiyajín, y sale repelido de nuevo. 

Turles apunta al zorro con sus manos y dispara una terrible esfera de ki que irradia energía en todas direcciones.

El zorro se cubre con sus colas y recibe el impacto directo.

Una gigantesca explosión barre el lugar, creando un gigantesco cráter.

El Súper Saiyajín se detiene y observa entusiasmado el resultado de su poder.

– “¡JAJAJA!” – ríe el guerrero. – “¡Seguro que con este poder podría derrotar a los demonios del frío! ¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!”

Pero del cráter sale caminando con naturalidad el zorro, que ahora luce siete colas.

– “Se acabaron los juegos, saiyajín” – dice el zorro. – “No sé de dónde emana ese nuevo poder, pero no es suficiente para derrotar al Guardián del Fruto.”

Turles se sorprende al sentir el nuevo poder del zorro, que una vez más supera sus expectativas.

El saiyajín aprieta los dientes.

– “No…” – refunfuña Turles. – “Nadie debería superar al Súper Saiyajín de la leyenda… ¡Eso es imposible!”

Liquir abre su boca y dispara un potente rayo.

Turles lo esquiva por los pelos, pero antes de que pueda reaccionar se da cuenta de que Liquir se ha abalanzado sobre él y le propina un puñetazo que el saiyajín logra desviar.

El zorro muerde el brazo de Turles. El saiyajín grita de dolor mientras intenta sacudir al kurama, que se niega a soltar a su víctima.

Tras un breve forcejeo, Liquir libera a Turles y le propina una patada en el abdomen que lo estampa contra el suelo. 

Liquir se alza sobre el saiyajín y prepara una esfera de ki entre sus manos que después lanza sobre él.

Turles recibe el impacto directo del ataque. Una nueva explosión sacude el planeta. La onda expansiva barre el lugar y empuja a los hombres del saiyajín, que se encontraban en las proximidades. 

En el Templo Sagrado, Sidra observa la luz en el horizonte con semblante serio.

Liquir, que muestra signos claros de cansancio, ha dejado de percibir el ki de Turles.

– “Se acabó.” – sentencia el zorro.

Daiz intenta levantarse, pero sus fuerzas flaquean.

– “Turles…” – murmura el kabocha. – “Maldita sea…”

De repente, Turles se encuentra de nuevo en Tazba. El saiyajín vuelve a ser un bebé, tumbado entre los restos ardientes de su cápsula espacial estrellada. El ensangrentado y malherido niño mira fijamente al cielo mientras su corazón late cade vez más despacio. Pero una nube se aparta y revela la luna llena, cuya luz baña al pequeño Turles. El corazón del niño se reanima y empieza a palpitar con vitalidad, como un tambor.

Liquir se detiene. Puede sentir de nuevo el ki de su enemigo.

– “No es posible…” – murmura el zorro. – “¿Sigue vivo?”

En ese instante, del cráter formado surge un ozaru; un gigantesco mono gigante que ruge violentamente.

Daiz observa asombrado a su líder alzarse.

– “El ozaru…” – murmura el kabocha. – “Pero… ¡¿Cómo es posible?!” – se da cuenta Daiz. – “¡No hay luna!”

El mono sale del cráter y ruge una vez más. Su pelaje empieza a brillar de forma tenue, pero pronto aumenta de intensidad hasta estallar en una explosión de luz y tornarse dorado. 

Liquir retrocede asustado ante el poder que puede sentir.

– “¡¿Qué clase de monstruo es este?!” – se pregunta el kurama.

Turles clava su mirada en el zorro y abre su gigantesca boca, de la que emana un torrente de ki morado que se precipita sobre el kurama. 

El zorro es sorprendido por tal poder y solo puede intentar cubrirse ante semejante ataque.

Cuando la polvareda se disipa, Liquir revela que su octava cola no ha logrado brotar por completo a tiempo y se desvanece, provocando que el zorro hinque la rodilla.

Turles alza su gigantesco puño e intenta aplastar al kurama, que salta hacia un lado justo a tiempo para evitar el ataque, pero el saiyajín usa esa misma mano para propinar un revés al zorro y lanzarlo a cientos de metros de distancia y estrellarlo contra una montaña.

Liquir, incrustado en la roca, con sus brazos en cruz, puede ver como el gigantesco mono camina hacia él.

Ha empezado a llover.

– “Maldita sea…” – murmura el kurama. – “Jamás imaginé que existiera alguien con un poder así…”

El zorro intenta liberarse y cae al suelo de rodillas, perdiendo tres de sus colas, luciendo ahora solo cuatro.

– “No me quedan fuerzas…” – lamenta Liquir.

El gigantesco ozaru, justo cuando está apunto de alcanzar al zorro, pierde su pelaje dorado y disminuye de tamaño hasta convertirse de nuevo en Turles.

El saiyajín también cae de rodillas al suelo e intenta recuperar el aliento.

– “Creo que éste es mi límite…” – murmura Turles.

El zorro se pone en pie con dificultad.

– “Supongo que no aceptarás un empate…” – dice Liquir.

– “Sólo si me das el Fruto…” – sonríe el saiyajín, que también se levanta.

Los dos contrincantes se encuentran cara a cara. Los dos con una media sonrisa en sus rostros.

– “Acabemos con esto.” – dice Liquir.

Turles asiente.

– “Sí.” – dice el saiyajín. – “Está durando demasiado.”

Tras un breve silencio, los dos guerreros embisten el uno contra el otro y empieza un intercambio de golpes crudo y brutal. Ya no hay fuegos de artificio. Es un duelo a muerte, mano a mano. Una pelea cruel y sucia entre dos guerreros a los que casi no les quedan fuerzas.

Los dos luchadores solo se centran en conectar sus golpes. No ha tiempo para intentar defenderse. Es un intercambio de puñetazos directos que va a decidirse por quién pueda aguantar un mayor castigo.

A medida que dura el combate, la fuerza del saiyajín disminuye y las colas del zorro desaparecen. El terreno se llena de barro.

Finalmente, cuando a Liquir solo le queda una cola, Turles aprovecha un desequilibrio del kurama para situarse detrás de él y rodear su cuelo con su brazo.

– “Grrrr…” – gruñe el zorro, que pelea por liberarse.

Pero con un violento movimiento, Turles parte el cuello del kurama, cuyo cuerpo se desploma inerte contra el suelo.

Turles se deja caer de rodillas, agotado, y finalmente se desmaya tumbado bocabajo en el barro.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte IV: Zenkai

El saiyajín olvidado / Parte IV: Zenkai

“No trabajo para el Imperio”

Turles y Liquir se dirigen raudos a su mutuo encuentro.

Sidra espera en el viejo templo, cabizbajo.

– “Tengo un mal presentimiento.” – murmura el anciano.

Los hombres de Turles pueden ver en sus scouters cómo su líder se mueve hacia otra fuerza que ha aparecido en sus visores.

– “¡¿20.000u?!” – anuncia Razin.

– “Eso no representa un problema para Turles.” – dice Almond con desprecio.

– “Sigamos con nuestra búsqueda.” – sugiere Lakasei.

Daiz se queda mirando dubitativo la lectura de su pantalla.

En mitad del desierto, el Guardián del Fruto y el saiyajín se encuentran cara a cara y se detienen en el aire.

Los dos personajes se miran atentamente con suspicacia.

– “¿Qué hacéis en mi planeta?” – pregunta Liquir.

– “Buscamos el Fruto Sagrado…” – dice Turles.

La ropa del kurama lo delata. Un grabado del árbol adorna su collar.

– “…y veo que estamos en el lugar adecuado.” – sonríe el saiyajín.

Liquir esboza una media sonrisa.

– “¿Y de dónde sales tú? ¿Te envía el Imperio?” – pregunta el kurama, que pronto se fija en la cola del guerrero. – “Un saiyajín…”

– “No trabajo para el Imperio” – responde Turles, ofendido por tal idea.

– “Morirás de todas formas.” – responde Liquir.

El kurama revela una segunda cola, duplicando su poder.

Turles percibe el aumento de fuerza de su adversario y frunce el ceño.

Una tercera cola aparece.

Los hombres de Turles ya volaban hacia la siguiente aldea, cuando una nueva señal activa las alarmas de sus scouters.

– “¡¿40.000 unidades?!” – exclama Lakasei.

Los cinco personajes se detienen al instante.

– “No puede ser…” – murmura Rasin. 

– “¡Espera!” – interviene Lakasei. – “¡Ha vuelto a aumentar!”

Una nueva cifra aparece en los visores.

– “120…” – titubea Almond. – “120.000…”

– “¡Tiene que ser un error!” – exclama Lakasei.

Mientras tanto, Liquir se abalanza sobre Turles y le propina un puñetazo directo en la nariz que lo hace retroceder ligeramente.

– “Jejeje…” – ríe el saiyajín.

Liquir parece confuso ante la respuesta de su enemigo, que no ha intentado defenderse y que ha reaccionado de tan extraña forma.

Turles se limpia con su puño una minúscula gota de sangre que brota de su nariz.

– “No está nada mal…” – dice el saiyajín. – “Y no me refiero a tu poder, si no al mío.”

Turles observa sus manos un instante antes de cerrar sus puños con fuerza.

– “Gracias a mi último combate, ¡soy más fuerte que nunca!” – exclama emocionado el saiyajín. – “¡He sobrepasado mis límites!”

Liquir revela una nueva cola y se pone en guardia de nuevo.

– “Deja de fanfarronear y pelea.” – insiste el kurama, muy serio.

– “Has aumentado mucho tu poder…” – sonríe Turles. – “Pero eso también puedo hacerlo yo.”

Turles se prepara para concentrar su energía ante la mirada atenta de Liquir.

– “¡¡YAAAAAAAAAAH!!” – grita mientras su ki aumenta rápidamente.

El suelo del planeta tiembla.

Los hombres de Turles reciben una nueva lectura de sus scouter.

– “¡El poder del enemigo ha vuelto a aumentar!” – exclama Rasin. – “¡Supera las 400.000 unidades!”

– “¡Y ha aparecido otro poderoso ki!” – exclama Almond. – “¡200.000 unidades!”

– “No…” – dice Daiz. – “¡Ese es Turles!”

– “¡¿Qué?!” – se sorprenden los beenz.

– “300.000…” – dice Almond. – “…400.000…” – anuncia. – “…500…”

En ese instante estallan todos sus visores.

Turles clava su mirada en el zorro, que retrocede al sentir el poder de su adversario.

El saiyajín embiste al kurama y le propina un codazo en el hocico que lo hace retroceder.

Liquir se estabiliza en el aire, pero antes de que pueda contraatacar se da cuenta de que Turles está detrás de él y le propina una patada en la espalda que lo lanza contra el suelo.

Turles apunta con su mano al enemigo y prepara una onda de energía.

– “¡HA!” – exclama el saiyajín, que dispara un rayo de ki hacia su enemigo.

El ataque cae sobre Liquir y provoca una gigantesca explosión.

El saiyajín sonríe, pero su gesto pronto cambia, borrando la sonrisa de su rostro, pues puede sentir como el poder de su enemigo ha aumentado una vez más.

La humareda se disipa lentamente y revela al kurama que ahora luce cinco colas.

El zorro abre su boca y de ella emana un chorro de energía que Turles intenta esquivar, pero éste sufre algunas quemaduras.

Desde la distancia, los secuaces del saiyajín, que vuelan hacia el lugar del combate, pueden ver el ataque de Liquir perderse en el cielo.

Turles siente que su enemigo le supera de nuevo y eso le preocupa.

Liquir desaparece de la vista del saiyajín y reaparece sobre él, propinándole un golpe con sus colas que lo estrella contra el suelo.

El zorro desciende rápidamente y corre alrededor de Turles, que es incapaz de seguirle el ritmo.

– “Maldita sea…” – murmura el saiyajín, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

Liquir dispara de nuevo desde su boca y el chorro de energía impacta de lleno contra Turles, empujándole a varios metros de distancia y dejándole en el suelo, fuera de combate.

El Guardián del Fruto prepara su garra derecha mientras camina lentamente hasta el malherido saiyajín para darle el golpe de gracia.

– “Jamás deberíais haber venido a mi planeta.” – dice el kurama.