ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XVII: Conflicto universal

Cold Chronicles / Parte XVII: Conflicto universal
“Deberías pagar mejor a tus hombres.”


Tras varias semanas de preparativos, el Rey Cold y Hit se encuentran en inhabitado planeta rocoso.

– “¿Estás seguro de lo que dices?” – pregunta el demonio del frío.
– “Ese anillo emitía un extraño pulso cada vez que atacaba.” – dice Hit. – “No sé cómo funciona, pero es la fuente de sus habilidades.”
– “Está bien.” – dice Cold.

El Emperador concentra su energía y empieza a transformarse, pasando por su rocambolesca apariencia hasta adoptar su forma original.

– “¡HAAAAAA!” – grita el Emperador, cuyo poder estalla en una gran onda de energía.

Finalmente, agotado, Cold se ve obligado a volver a su forma reducida.

– “Espero que funcione” – dice el demonio del frío, intentando recuperar el aliento.
– “Lo lograremos.” – dice Hit.

En el planeta del Hakaishin, Campahri regaña a Shiras.

– “Eres un insensato.” – dice el ángel. – “Con tu forma de actuar pones en peligro nuestros planes.”
– “Estoy harto de jugar a vuestro juego.” – dice el legendario patrullero.
– “¿Cómo dices?” – responde el ángel, clavando su mirada desafiante en el aprendiz.
– “Me he dado cuenta de que solo soy un peón.” – dice Shiras. – “Vais a utilizarme.”
– “Podrás remodelar el mundo a tu antojo cuando llegue el momento” – dice Campahri.
– “La Patrulla Galáctica era mi legado.” – insiste Shiras. – “Y ese Emperador de pacotilla…”
– “Aprende a priorizar tus objetivos, Shiras” – insiste Campahri.

De repente, tras un largo viaje, el poder de Cold alcanza el planeta de Beerus.

– “¡ES ÉL!” – exclama Shiras, fijando su mirada en un punto del horizonte.
– “¡Contrólate!” – le advierte Campahri.

Shiras desaparece en un instante.

– “Maldita sea…” – refunfuña el ángel.

En el planeta desértico, Shiras aparece en el mismo punto en el que Cold se había transformado.

Cold le espera en su forma reducida.

– “Al fin apareces” – dice el demonio del frío.
– “Tú eres el que ha estado ocultándose” – dice Shiras. – “Pagarás por corromper la Patrulla Galáctica.”
– “Les hice una oferta y la aceptaron.” – sonríe Cold. – “Deberías pagar mejor a tus hombres.”
– “No todo se basa en el dinero.” – dice Shiras.
– “Creo que ha quedado demostrado que sí.” – dice el Emperador.

En un abrir y cerrar de ojos, Shiras aparece sobre Cold, con su vara en alto, listo para sacudir al demonio, pero unos brazos largos de color azul celeste se enrollan alrededor del patrullero.


– “¿Qué?” – parece confuso Shiras.

Tres pequeñas criaturas se han abalanzado sobre él y sonríen de forma tétrica antes de sacudirle con una descarga eléctrica.

Shiras retrocede y con una explosión de energía se libra del agarre y de las criaturas.

De repente, un demonio grandullón alado cae sobre Shiras dispuesto a propinarle un puñetazo con sus manos unidas formando un martillo, pero el patrullero lo intercepta con un golpe de su vara, lanzándole contra el demonio azulado.

En ese instante, un demonio naranja con pequeños cuernos sorprende a Shiras atizándole un puñetazo directo en la mejilla, lanzándole violentamente contra el suelo, pero antes que de pueda caerse, un ser envuelto en llamas lo intercepta, propinándole una patada en la barbilla y lanzándole por los aires.

En el aire, Shiras se da cuenta de que ha sido envuelto en una nube de humo negro. Hit le agarra por la espalda, intentando doblegar su brazo e inmovilizarle para estamparle contra el suelo en la caída, pero el patrullero se revuelve y se libera, propinándole una patada a Hit que lo lanza contra el suelo.

Shiras cae de pie y mira a sus adversarios con prepotencia.

– “Malditos bastardos…” – dice el patrullero. – “¡Sois solo basura!”

Los hijos de Slug, Paikuhan y Cold se ponen en guardia.

Hit se pone en pie, magullado, pero sonriente. En su mano lleva el anillo Toki que le ha arrebatado a Shiras.

– “Esta vez, lucharemos sin trucos.” – dice el asesino.

Shiras observa su mano sorprendido para confirmar que es su anillo.

– “Muy inteligente” – dice Shiras, que parece desquiciarse por momentos. – “Pero aún sin él, estáis muy por debajo de mi nivel.”

En ese instante, Campahri aparece frente a su aprendiz.


– “¡BASTA, SHIRAS!” – exclama el ángel. – “A este paso vas a despertar a Beerus y no podré protegerte.”
– “¡QUÉ DESPIERTE!” – responde el patrullero, airado.

Campahri agacha la cabeza y niega las palabras de su aprendiz, decepcionado.

– “Lo siento, Shiras” – dice apuntándole con su vara. – “No podemos permitirlo.”

Pero el patrullero agarra con su mano la esfera que adorna el bastón del ángel.

– “¿Crees que conoces los límites de mi poder?” – sonríe Shiras. – “No soy el único que ha estado ocultando cosas.”

Shiras propina una patada en el pecho del ángel y lo lanza contra una montaña cercana.

Los presentes se quedan perplejos ante el poder de su enemigo.

Shiras embiste a Hit, pero los hijos de Slug intentan interponerse en su camino, aunque son apartados con un golpe de vara que los deja fuera de combate.

Hit recibe un puñetazo en el pecho del que intenta protegerse, pero el golpe le rompe un brazo y lo repele.

Cold agarra el brazo de Shiras mientras empieza a transformarse en su forma rocambolesca, pero el patrullero coloca la palma de su mano en el pecho del demonio del frío y se prepara para disparar una onda de ki.

En el último instante, Paikuhan golpea la mano del patrullero, haciendo que su disparo falle, estallando a escasos metros de Cold y provocando una gran explosión.

Paikuhan se eleva y apunta a Shiras con sus puños.

– “¡TRUENO DE FUEGO!” – exclama el Guardián del Fruto.

Su llameante ataque se dirige a Shiras, pero el patrullero hace girar su vara y disipa la técnica de Paikuhan.

Shiras da un paso al frente, pero es retenido por un poder invisible. Cold ha regresado a su forma original y utiliza su poder mental para frenar al patrullero.


De pronto, el poder del Emperador se descontrola y estalla en una explosión de energía, liberando a Shiras. 

El legendario patrullero se prepara para atacar, pero en ese instante, Hit brota del suelo por sorpresa, propinándole un puñetazo en el corazón que lo hace retroceder e hincar la rodillas. El certero ataque del asesino ha surgido efecto.

– “Voy a vengar a mi familia.” – dice Hit, con ira en su mirada.

Hit se dispone a atacar de nuevo, pero una barrera de energía se lo impide.

Los cuatro ángeles han aparecido y rodeado a Shiras, apuntándole con sus varas.

– “Malditos…” – murmura el patrullero, que siente como se debilita.
– “Nos has fallado, Shiras.” – dice Campahri.
– “Me vengaré…” – dice el patrullero. – “¡OS MATARÉ! ¡Lo prometo!”

Hit golpea la barrera de ki con lágrimas en los ojos. Su venganza estaba muy cerca, pero se la han negado.

DBSNL // Capítulo 138: Magia antigua

DBSNL // Capítulo 138: Magia antigua
“Venid a mí, hermanos Kashvar”

Las dos naves de la Patrulla Galáctica se dirigen al Cuartel General, donde les esperan Lemon y Kahseral para darles las pertinentes instrucciones.
Mientras tanto, a años luz de distancia, Trunks y Cheelai siguen su camino más allá del borde exterior, lejos de los territorios controlados por la Patrulla o el Imperio.
En el planeta de Jiren, Vegeta ha acompañado al haiirotoko de regreso al viejo templo sagrado. Tras atravesar un sinfín de pasillos, los dos guerreros llegan a una extraña sala oscura, cuyas paredes están repletas de jeroglíficos.
– “¿Qué lugar es éste?” – pregunta Vegeta. – “¿No se suponía que íbamos a entrenar?”
– “Así es” – responde Jiren. – “Y este es el próximo paso.”
Vegeta camina hacia el interior de la sala vacía, observando con atención su alrededor.
– “¿Qué debo hacer?” – pregunta Vegeta.
– “Buena suerte” – dice Jiren, confundiendo al saiyajín.
El haiirotoko activa un antiguo mecanismo en la pared que cierra la sala con una gran puerta de piedra, dejando a Vegeta a oscuras.
– “¿Qué demonios…?” – se pregunta Vegeta. – “¿Qué se supone que es esto? No veo nada…”
Vegeta se transforma en Súper Saiyajín, con la intención de iluminar el lugar, pero ni siquiera la luz de su aura le permite ver más allá de unos pocos metros. Las paredes y el techo de la sala parecen haber sido sustituidos por una oscuridad infinita.
– “Maldita sea…” – refunfuña el saiyajín.
Lejos de allí, en el desértico planeta Rudeze, Garlick y Shiras se encuentran reunidos en el interior en un agujero natural cavado en la roca; un pequeño paraíso oculto en mitad de un infinito desierto con el que tanto contrasta. De esa gruta nacen otras más pequeñas, creando una red de túneles subterráneos que corren bajo la ardiente superficie del planeta.
Meerus interrumpe la reunión, acercándose al demonio y saludando con una reverencia.
– “Todo va según lo previsto, señor” – dice el antiguo patrullero.
– “Gracias, Meerus” – dice Garlick. – “Buen trabajo.” – haciéndole un gesto con la mano que le indica que debe retirarse.
Shiras se dirige a Garlick.
– “La Patrulla Galáctica no tiene efectivos suficientes para atender todos los problemas que estamos causando” – dice el legendario patrullero. – “Pero lo intentarán.” – sonríe burlonamente.
– “Los destruiremos cuando menos se lo esperen” – dice Garlick. – “Cuanto más territorio intenten abarcar, más débil será la resistencia que ofrezcan.”
Mientras tanto, Salabim se encuentra en una gruta cercana donde ha encendido una hoguera que ahora mira atentamente.
– “Venid a mí, hermanos Kashvar” – murmura el brujo. – “Ha llegado nuestro momento.” – dice esbozando una aterradora sonrisa.
En el fuego, Salabim es capaz de ver tres hogueras encendidas a través del universo.
– “Quedamos pocos…” – dice el brujo. – “Pero somos más fuertes que nunca.”
En Gelbo, en mitad de una aldea arrasada, Zunama se ha sentado frente al fuego.
En el planeta Luud, en la cámara del predicador Dolltaki, un brujo de tez rosada y arrugada ha encendido una hoguera. El famoso charlatán se encuentra sentado en su mesa, contando dinero.
– “¿Necesita algo, Maestro Hoi?” – pregunta Dolltaki.
– “¡SILENCIO!” – responde el brujo, aterrorizando al famoso predicador.
La última hoguera ha sido encendida por un viejo brujo con aspecto de pez, con labios azules, ojos morados y el cabello rojo en punta como si fuera un pincel. El Kashvar se encuentra en una cueva oscura, rodeado por gigantescas raíces.
En Monmaas, Son Goku meditaba en silencio, intentando entrar en comunión con la energía vital del planeta, cuando ha abierto los ojos de forma repentina. Una extraña sensación ha perturbado su meditación.
El viejo Madas también ha percibido esa extraña presencia.
– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Goku.
– “Oscuridad” – dice Madas. – “La he sentido en múltiples ocasiones durante las últimas décadas, pero jamás con tanta intensidad…”
Una bandada de gigantescos pájaros ha alzado el vuelo en el bosque. Y una manada de animales parecidos a ciervos cruzan por delante de nuestros amigos a toda velocidad.
– “Ellos también lo perciben…” – dice Goku.
Madas agacha la cabeza, algo avergonzado, antes de realizar una revelación.
– “Mis temores parece que son ciertos.” – dice el viejo Kaioshin. – “Necesito tu ayuda para encontrar la fuente de estas tinieblas, Son Goku.”
El saiyajín se pone en pie de un salto.
– “¡Bien!” – dice Goku, que empieza a hacer ejercicios de calentamiento.
– “¿A dónde vas?” – pregunta Madas.
Goku está confuso.
– “¿No íbamos a…?” – dice el saiyajín.
– “¡Con el ki!” – le increpa el anciano.
Son Goku parece avergonzado por su error.
– “Lo siento…” – se disculpa. – “Es que esto es un poco aburrido…”
– “No tienes remedio…” – suspira Madas.
Goku coloca sus dedos índice y corazón en su frente, concentrándose para buscar el ki enemigo.
– “Eso es el Shunkanido, ¿verdad?” – pregunta Madas.
– “Estoy intentando buscar su energía.” – dice Goku.
– “Esa forma de buscar una presencia te limita.” – dice el anciano. – “No lo hagas.”
– “¿Qué?” – se pregunta el saiyajín, que tan acostumbrado está a realizar su técnica de esa forma.
– “Para hacer el Shunkanido necesitas un punto de anclaje al que teletransportarte, ¿no? Te concentras en ese ki…” – dice el viejo.
– “Así es…” – responde Goku.
– “Eso limita tu visión” – insiste Madas. – “Te centras demasiado en un punto y pierdes perspectiva”.
Son Goku se sienta de nuevo, con brazos y piernas cruzadas, enfurruñado, recapacitando sobre su forma de entender el ki.
– “Tiene sentido…” – murmura el saiyajín.
– “Intenta sentir la energía de una forma más natural.” – sugiere Madas. – “De la misma forma que conoces en qué posición se encuentran tus articulaciones sin necesidad de concéntrate en ellas.”
– “Ser uno con el universo…” – dice Goku.
– “Tu cuerpo y tu mente deben formar parte del ecosistema que te rodea” – insiste el viejo. – “Eso te permitirá verlo todo con claridad.”
Son Goku relaja su cuerpo y cierra los ojos, intentando meditar de nuevo.
Madas asiente.
– “Nos queda un largo camino…” – dice el anciano.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XVI: Tragedia

Cold Chronicles / Parte XVI: Tragedia
“Tú eres el tipo que aniquiló a las Fuerzas Especiales…”
En el planeta secreto de Hit, el asesino retirado se encuentra arando el campo detrás de su cabaña, con la ayuda de su hijo. 
– “¿Así, papá?” – pregunta el jovial niño, que se esfuerza para imitar a su padre.
– “Muy bien” – le felicita Hit.
De repente, Hit siente una anomalía. Un cambio en la corriente de aire le advierte de que alguien ha aparecido en su planeta.
– “Entra en casa, Punch” – dice el asesino, con rostro severo.
– “¿Qué?” – se extraña el muchacho. – “Pero aún no he terminado de…”
– “Ve con tu madre” – dice Hit. – “Ya sabes lo que hacer.”
El joven Punch se da cuenta de que algo perturba a su padre y asiente. El muchacho entra en casa, donde se encuentran su madre y su hermana y les comenta lo sucedido.
Su madre abre una trampilla en el suelo de la cabaña y los se esconden en el sótano.
En el horizonte, Hit puede ver a una figura aparecer caminando lentamente. Shiras ha llegado.
En el planeta Numa, Cold le ha contado a Salabim que las cajas están en su poder, a buen recaudo. 
– “Necesita utilizar las cajas si quiere derrotar a este enemigo” – le advierte el brujo. – “No podrá derrotarle de otra forma, y menos en su estado actual.”
– “¿Qué clase de poder esconden esas cajas?” – pregunta Cold.
– “Uno antiguo.” – explica Salabim. – “Yo puedo abrirlas. Lléveme hasta ellas y la fuerza que albergan será tuya.”
– “Se me pidió que las protegiera.” – dice Cold. – “No puedo desatar un mal para enfrentarme a otro.”
– “¿Un mal?” – se ofende el brujo.
– “Confío en el hombre que me las entregó.” – dice el Rey Cold. – “Cumpliré mi promesa. Mientras yo sea el Emperador, las cajas permanecerán bajo llave.” 
Salabim está furioso, pero sabe que no puede perder la compostura. Si quiere sacar algún beneficio de la situación, debe mantener su fachada.
El brujo echa un vistazo al fuego, buscando consejo, y se da cuenta de que Shiras ha llegado al planeta de Hit.
En ese remoto planeta, Hit ha salido a recibir a Shiras para mantenerlo lejos de su casa.
– “¿Quién eres?” – pregunta Hit, que enseguida se percata del símbolo de la Patrulla Galáctica en el pecho del misterioso personaje. – “Este planeta está muy lejos de vuestra jurisdicción.”
De repente, un golpe invisible en la nariz de Hit lo lanza por los aires, pero el asesino da una ágil voltereta y cae de pie, en guardia.
El asesino se limpia un hilo de sangre que brota de su nariz.
– “Tú eres el tipo que aniquiló a las Fuerzas Especiales…” – se da cuenta el asesino.
Shiras agarra con fuerza su bastón.
– “Tú y el Emperador me habéis arrebatado la Patrulla Galáctica.” – dice Shiras.
Hit puede percibir un pequeño movimiento en el pie derecho de Shiras y rápidamente responde alzando una nube de humo negro con un soplido. 
Entre el humo aparece Shiras, intentando propinarle un golpe con su vara, pero Hit se agacha para esquivarlo y retrocede. 
Hit es perseguido por su enemigo, que intenta propinarle un golpe descendente con su vara, pero Hit logra evitarlo en el último instante. El golpe impacta contra el suelo y crea un gigantesco cráter.
Hit recupera las distancias, sorprendido por el poder devastador de su enemigo.
Shiras intenta calmarse. El legendario patrullero respira profundamente para mantener la compostura.
– “Eres hábil.” – dice Shiras.
De repente, Hit recibe un puñetazo invisible en el abdomen que le obliga a caer de rodillas.
– “Pero yo hace tiempo que sobrepasé las capacidades de los mortales.” – dice Shiras, que ha aparecido enfrente de Hit.
Shiras hace girar su vara y propina un golpe a Hit bajo la barbilla que lo lanza por los aires.
El asesino cae al suelo, dolorido y sorprendido una vez más por el poder devastador de su adversario.
En ese instante, Shiras mira de reojo la cabaña de Hit.
– “Voy a darte una lección.” – dice el antiguo patrullero.
Hit se alarma.
– “Espera…” – dice Hit, que se pone en pie. – “¡No hemos terminado!”
Shiras se eleva lentamente.
– “¡NO HEMOS TERMINADO!” – insiste el asesino, desesperado.
El patrullero apunta a la cabaña con su mano.
– “¡NO LO HAGAS!” – grita Hit, que intenta abalanzarse sobre su adversario.
Shiras, sin expresión en su rostro, dispara un ataque de ki verde que cae sobre la cabaña de Hit, haciéndola volar por los aires. Una gran explosión sacude el lugar. 
Hit se detiene en el aire, sin palabras, y lentamente desciende hasta caer de rodillas al suelo.
– “No…” – llora el asesino. – “No…”
Shiras se mantiene en el aire, sobre Hit.
– “Esto es lo que pasa cuando te enfrentas a mí” – dice Shiras. – “Tú tienes la culpa. Espero que te sirva de lección, asesino.”
De repente, Campahri aparece junto a su discípulo.
– “¿Qué se supone que estás haciendo, Shiras?” – le increpa el ángel.
– “Impartiendo justicia.” – responde su pupilo.
– “¿Justicia?” – frunce el ceño Campahri.
– “Como futuro Hakaishin, es mi deber mantener a raya a la escoria de este universo.” – responde Shiras.
– “Ya es suficiente” – dice el ángel. – “Vas a echarlo todo a perder. Vámonos.”
Los dos se preparan para marchar. Hit se pone en pie y clava su mirada en el asesino de su familia.
– “¡SHIRAS!” – exclama Hit.
El aprendiz de Hakaishin mira con desprecio a Hit.
– “Juro que te mataré.” – dice el asesino. – “Lo prometo.”
Shiras ignora a Hit y desaparece.
Camphari se queda un instante mirando al asesino, que está lleno de ira.
– “No dejes que la rabia te consuma.” – dice el ángel, antes de desaparecer.
Hit se acerca al cráter donde se encontraba su cabaña, de la que ahora solo quedan pequeños fragmentos de madera.
El asesino recoge tres tablones de madera y los clava en la tierra, en el centro del cráter, simbolizando las tres tumbas de su mujer e hijos. Hit cae de rodillas frente a ellas y llora desconsolado.

– “Lo siento mucho…” – murmura el asesino. – “Strai, cuida de nuestros hijos en el Más Allá. Yo vendré pronto.”
De repente, por arte de magia, Cold aparece al borde del cráter.
– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta Hit, que ha sentido su presencia.
– “Lo siento” – dice Cold.
– “Tú me metiste en esto…” – dice Hit, furioso.
– “Lo sé” – responde el Emperador.
– “¿Y te atreves a venir aquí?” – le increpa el asesino. – “¿Por qué?”
– “Ahora tenemos un enemigo en común.” – dice el Rey Cold.
En Numa, Salabim mira la escena a través de su hoguera.
– “Que gane el mejor…” – sonríe el brujo. – “Con un poco de suerte se destruirán entre ellos… y los Kashvar reclamaremos las cenizas de lo que quede de éste universo.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicels // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XV: Venganza

Cold Chronicles / Parte XV: Venganza
“¿Dónde está el subcomandante Zarbuto?”


Han pasado años desde que Cold detuvo el avance del planeta M2, sumiéndolo en la oscuridad del espacio profundo, lejos de fuentes de alimentación que le permitan reactivarse.

El Emperador ha permanecido en Numa, bajo los cuidados del brujo Salabim. Cold intenta recuperar el control sobre su cuerpo y su energía; un desequilibrio causado por su titánico esfuerzo en su pelea contra Rildo.


Cold ha logrado controlar su energía utilizando su forma de mayor reducción de poder, que le confiere un aspecto de toro bípedo, y sigue entrenando para dominar su poder en sus otras formas.
Mientras tanto, el Imperio ha sido dirigido por la mano de Ginyu, que sigue oculto en el cuerpo de Sorbet. Una época de paz y prosperidad ha reinado en los dominios del demonio del frío. 
Salabim, desde las sombras, ha estado manipulando al Emperador y a Ginyu para obtener el control del Imperio. Su objetivo es recuperar las cajas de música que esconden al monstruo Hildegarn; una baza primordial para los Kasvhar y su objetivo de hacer regresar al que consideran su maestro, “el que vio”.
En el planeta del Hakaishin, Shiras medita sobre una roca, cerca del lago. Cerca de allí, el ángel Campahri se encuentra de pie, inmóvil; en su mente, una reunión está teniendo lugar entre sus compañeros.
Daishinkan y los ángeles planean su golpe de estado contra el todopoderoso Zeno. El Sacerdote preside el encuentro, rodeado por Kus, Cucatail, Campahri y Palinka.
– “Shiras ya domina el Anillo Toki.” – revela Campahri. – “Pronto estará listo.”
– “Es nuestra mejor baza” – confirma el Daishinkan. – “Su potencial es extraordinario.”
– “Ten cuidado, Campahri.” – dice Kus. – “Tu pupilo es arrogante”.
– “Cumplirá su cometido.” – responde el ángel del Universo 3.
Shiras ha terminado de meditar y se da cuenta de que el ángel se encuentra ausente.
– “Voy a echar un vistazo a la Patrulla.” – piensa el antiguo patrullero, antes de desaparecer. – “Hace años que no piso el mundo mortal”.

En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Shiras aparece en mitad del puesto de mando, sorprendiendo a todos los patrulleros.
Shiras echa un vistazo a su alrededor sin reconocer a nadie.
Los agentes parecen ponerse nerviosos al ver a un extraño en sus instalaciones. Varios de ellos desenfundan sus armas.
– “¿Dónde está el subcomandante Zarbuto?” – pregunta Shiras.
Un personaje de tez azul celeste da un paso al frente y hace un gesto a sus compañeros para que bajen sus armas.
– “El subcomandante ya no forma parte de la Patrulla Galáctica” – dice el agente. – “Ahora yo estoy al mando.” – se presenta, ofreciendo su mano a Shiras. – “Soy el Comandante Papoi.”
– “¿Comandante?” – desconfía Shiras.
– “Así es.” – responde Papoi. – “Decidimos retirar el puesto honorífico del que usted disponía, pues sus asuntos ahora se encuentran en otro lugar.”
De repente, Papoi sale disparado hacia un enorme ventanal que rompe, perdiéndose en el espacio. La sala se despresuriza y una compuerta de metal cierra instantáneamente la apertura.
– “¿Qué ha pasado aquí?” – pregunta Shiras, desafiante.
En la Capital del Imperio, Ginyu se encuentra sentado en el trono cuando, de repente, Shiras aparece frente a él, provocando un estallido de energía.
Ginyu se asusta al ver al misterioso visitante y se prepara para pedir ayuda.
– “¡GUA…!” – pero no puede terminar de dar la orden.
Shiras ha introducido su bastón en la boca de la boca del consejero y lo ha empujado contra el respaldo del trono.
– “¿Dónde está el Emperador?” – pregunta Shiras. – “Miénteme y te mataré.”
El legendario patrullero deja hablar a Ginyu.
– “Desconozco su paradero.” – dice el consejero. – “Se está recuperando de una batalla, muy lejos de…”
Un golpe invisible en el pecho de Ginyu lo proyecta a través del trono, que estalla en mil pedazos, hasta la pared del fondo de la sala.
– “No juegues conmigo.” – dice Shiras. – “Responde a mi pregunta.”
Ginyu se recupera del impacto y esboza una media sonrisa.
– “Eres muy fuerte…” – dice el consejero imperial. – “¡CHA…!” – exclama.
Pero de repente se encuentra tumbado en el suelo, bocabajo y con su rostro estampado en el cemento. Shiras se encuentra sobre él, con su bato en su nuca.
– “Ese truco no funcionará conmigo, parásito.” – dice el antiguo patrullero, que aprieta con fuerza el cuello del consejero. – “Dime lo que quiero saber” – insiste.
Ginyu no entiende lo que ha ocurrido, pero se da cuenta de la superioridad de su enemigo.
– “No sé dónde está el Emperador…” – repite Ginyu.
Shiras ejerce más presión sobre su nuca.
– “¡Pero el Rey Cold no lo hizo solo!” – exclama el consejero. – “¡Le ayudó un asesino! ¡Tengo las grabaciones del Cuartel!”
– “Dame un nombre” – dice Shiras.
– “¡Hit! ¡Se llamaba Hit!” – revela Ginyu.
Los guardias irrumpen en la sala, pues han oído el estruendo.
– “¡¡ALTO!!” – exclaman los centinelas.
Shiras agarra al consejero por la calota y lo lanza con desprecio por un ventanal. 
Los guardias disparan, pero el patrullero ya ha desaparecido.
En el exterior del palacio, el cuerpo de Sorbet se precipita contra el suelo desde gran altura, llamando la atención de una muchedumbre que se acerca al moribundo personaje.
– “Ch… Change…” – murmura Ginyu, emitiendo desde su boca una luz que se pierde entre la multitud.
En Numa, Salabim presencia una perturbación en su hoguera. El brujo considera que su peón ha muerto, y siente que puede perder el control de la situación si no interviene.
– “Esto puede ser peligroso…” – murmura el brujo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Cold.
– “Alguien ha atacado su capital, Majestad” – revela Salabim. – “Sorbet ha fallecido.”
– “¡¿Quién ha sido?!” – se sorprende el Emperador, poniéndose en pie.
– “Tranquilícese.” – dice Salabim. – “No está en condiciones de entrar en combate, señor. Este enemigo parece tener un misterioso poder…”
– “¡No puedo dejar que nadie tome mi Imperio a la ligera!” – exclama enfadado el Emperador. – “¡No podemos mostrar debilidad!”
– “Si entra en combate y es derrotado, eso es exactamente lo que ocurrirá…” – responde Salabim.
Cold parece recapacitar su decisión.
– “Pero…” – dice Salabim. – “Puede que haya una forma de recuperar su poder…”
– “¿De qué se trata?” – pregunta el Emperador.
– “Existen dos poderosos objetos.” – dice Salabim. – “Dos cajas de música antiguas que albergan un poder increíble.” 
– “¿Las cajas de música konatsianas?” – pregunta Cold.
– “¿Las conoce, Majestad?” – finge sorpresa Salabim.
– “Es posible.” – dice el Emperador.
– “El poder que encierran puede derrotar a cualquier enemigo” – dice Salabim.
Mientras tanto, en el planeta del Hakaishin, Campahri sale de su trance y se da cuenta de que Shiras se ha marchado.
– “¿Qué está haciendo ahora?” – se preocupa el ángel, que utiliza su vara para buscar a su pupilo.
En la esfera de su bastón, el ángel Shiras se encuentra en un lúgubre bar de los suburbios de Imegga. El patrullero ha propinado una paliza a todos los presentes.
– “Última oportunidad” – insiste Shiras, con una serenidad aterradora. – “¿Quién conoce el paradero del asesino Hit?”
Campahri frunce el ceño.
En la Capital del Imperio, una mujer y su hijo pequeño, que camina arrastrando un peluche con aspecto de oso extraterrestre, han llegado a casa. 
La mujer habla por un intercomunicador con una compañera de trabajo.
– “¡Ha sido horrible!” – narra la mujer. – “Yo estaba recogiendo a mi hijo de la Academia cuando hemos visto al pobre señor Sorbet…”
El niño abandona el peluche y se dirige al sillón, que tiene que escalar para poder sentarse. El pequeño enciende el televisor, donde cuentan lo ocurrido en las noticias.
Tras una advertencia por el contenido gráfico que se mostrará a continuación, una grabación de los últimos momentos de Sorbet es emitida. El consejero Imperial es atendido por los servicios médicos, que se miran entre ellos y parecen tener pocas esperanzas para su paciente.
– “El señor Sorbet ha fallecido pese a los intentos por parte de los sanitarios de salvar su vida” – narra el presentador. – “Según nuestras fuentes cercanas al palacio, podría tratarse de un atentado terrorista.”
De fondo se escucha el audio de las imágenes. Entre el murmullo de la muchedumbre, Sorbet, con un hilo de voz, intenta decir algo.
– “Coldyn…” – parece decir, llorando de dolor, con miedo en sus mirada, mientras está siendo atendido. – “¿Dónde está… Col…”
– “No se esfuerce, señor.” – le dice un sanitario. – “Cuidaremos de usted.”
El niño mira de reojo a su peluche, que lleva un collar con un medallón en el que consta la inscripción \”Coldyn\”.