¡ATENCIÓN!

Hola a todos,

Últimamente estoy teniendo algunos problemas para mantener el ritmo de publicación de los Especiales. 

La trama principal no sufrirá ningún cambio, tendremos capítulo cada miércoles, pero no puedo prometer lo mismo con los Especiales de los viernes y domingos.

Una posible solución viene reflejada en la encuesta que os adjunto. A veces se critica la saga Bu de DBZ por el retorno prematuro de Goku o el polémico uso de los niños y/o Gohan, así que se me ha ocurrido que podría dar \”mi versión\” de esta saga. Sería una historia alternativa e independiente de OMG y DBSNL. Al seguir la guía de la original creo que me ocuparía menos tiempo que los Especiales, y eso me permitiría adelantar la trama principal adecuadamente y sin prisas, además de mantener el ritmo de publicación habitual.

Espero vuestras opiniones.

ENCUESTA

Disculpad las molestias,

Batosai_91

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Historias de fantasmas

Los últimos / Parte IV: Historias de fantasmas

“Estáis ante una fuerza más antigua que todos nosotros”

Los tres saiyajín miran el astro creciente en el cielo, asombrados por el poder detectado por sus ahora destruidos scouters. El moribundo Gryll sonríe.

En la superficie lunar, el Commeson ha adoptado forma humanoide y cae sobre Toreri.

Vegeta se da cuenta de que el misterioso enemigo se dirige hacia él y retrocede de un salto.

El Commesón cae sobre Gryll y se deforma, convirtiéndose en un gran charco viscoso, antes de rebotar y recuperar su forma antropomórfica.

Los saiyajín se ponen en guardia, nerviosos ante un enemigo que no comprenden. 

El rostro de la masa gelatinosa cambia continuamente, revelando características de los toreristos absorbidos y ahora también del sautén.

Bonacala, malherido en el suelo, se incorpora con esfuerzo para ver al Commesón.

– “Se ha liberado…” – murmura el toreristo. – “Es el final…”

Raditz mira de reojo al patrullero.

– “¡¿De qué estás hablando?!” – exige el saiyajín.

– “Estáis ante una fuerza más antigua que todos nosotros” – responde Bonacala.  – “La encontramos en unas ruinas antiguas… Sus capacidades superan nuestro entendimiento…”

Vegeta esboza una media sonrisa prepotente.

– “Supongo que esto es lo que Freezer quiere que le traigamos.” – dice el saiyajín.

Bonacala intenta levantarse, pero las fuerzas le fallan y cae al suelo.

– “Idiotas…” – dice el toreristo. – “No podéis enfrentaros al Commesón…”

– “Pues mírame” – sonríe Vegeta.

El humanoide morado se abalanza sobre el saiyajín, pero éste le apunta rápidamente con dos dedos.

– “¡HA!” – exclama el Príncipe.

El Commesón estalla en mil pedazos.

Nappa ríe burlándose de Bonacala.

– “¿Eso es todo?” – dice el grandullón. – “Vaya decepción…”

– “¿Qué le diremos a Freezer?” – pregunta Raditz.

– “La verdad” – dice Vegeta. – “Que lo que hemos encontrado aquí no valía la pena. Solo eran historias.”

En el planeta Freezer-51, en una de las celdas de la base, un menudo anciano barbudo de tez azul se encuentra sentado en una esquina. Su rostro y su cuerpo, cubiertos con una mugrienta tela marrón, muestran claras señales de tortura.

En el salón principal, Freezer está sentado en su trono flotante en su forma de máxima reducción. Sus hombres de confianza, Dodoria y Zarbon, lo flanquean. 

Un soldado se encuentra arrodillado ante el demonio del frío y reporta información. Su piel es morada, tiene dos protrusiones huecas en la cabeza y luce dos bigotes pedunculares mandibulares.

– “No hemos recibido ningún mensaje de su hermano, señor” – dice el soldado.

Freezer lo escucha pensativo.

– “¿Le robamos un prisionero y no dice nada?” – murmura Zarbon. – “Es extraño…”

– “Ese cobarde no se atreve a enfrentarse al señor Freezer” – fanfarronea Dodoria.

– “Cooler sabe que cualquier movimiento podría revelar sus intenciones” – dice Freezer. – “Sabe que a estas alturas ya habremos sonsacado toda la información a su prisionero…”

– “¿Nos concede la victoria?” – se extraña Zarbon.

Freezer, ensimismado, tarda en responder, pero finalmente sale de su trance.

– “Puedes retirarte, Kiwi” – le dice al soldado.

– “A sus órdenes, señor Freezer” – hace una reverencia el hombre antes de abandonar la sala. 

Freezer se dirije a sus hombres.

– “Dejadme solo.” – dice el tirano.

Zarbon y Dodoria hacen una reverencia y salen de la sala.

Freezer levita en su trono hasta el ventanal del palacio y pierde su mirada en el cielo.

– “¿Qué tramas, hermanito?” – refunfuña Freezer.

El ventanal se resquebraja de arriba abajo repentinamente.

En Toreri, Nappa agarra a Bonacala del brazo y lo levanta.

– “¿Qué hago con este, Vegeta?” – pregunta el saiyajín.

– “No me importa” – dice el Príncipe.

Nappa sonríe y propina un violento puñetazo al toreristo en el abdomen que lo hace escupir sangre y luego lo lanza a un lado con desprecio.

– “Está acabado.” – sentencia el saiyajín.

Vegeta, Raditz y Nappa se alejan de la zona en la que han estado luchando y regresan hacia sus naves.

– “Esto ha sido una pérdida de tiempo.” – protesta Raditz.

– “Vegeta lo ha destruido de un solo golpe” – ríe Nappa. – “¡JAJAJA!”

– “Freezer debería darse cuenta del verdadero poder de nuestra raza y dejar de perseguir viejas historias de fantasmas.” – dice Raditz.

– “¿Crees que el Imperio reclamará este planeta, Vegeta?” – le pregunta Nappa al Príncipe.

El saiyajín no responde.

– “¿Vegeta?” – insiste Nappa.

– “Que hagan lo que quieran.” – sentencia el Príncipe, malhumorado.

Mientras tanto, bajo sus pies, el viscoso líquido morado se filtra por el suelo, colándose entre las ruinas de la ciudad hasta llegar al toreri que sostiene el bastón. 

La esfera del pomo brilla intensamente mientras el Commesón la recubre y absorbe su energía, cambiando de color y tornándose azul.

El cuerpo del toreri empieza a convulsionar de forma extraña.

– “Hoy reclamo uno de vuestros monstruos…” – dice con voz robótica antes de quedarse sin energía.

En un planeta árido y remoto, en un laboratorio subterráneo, una computadora analiza los datos recibidos. Un fantasma sonríe.

Muy lejos de allí, Cooler se encuentra en el puesto de mando de su nave cuando un susurro invade su mente.

– “Has fallado…” – dice la voz.

El demonio del frío aprieta su puño, frustrado.

– “Mi hermano se ha entrometido…” – intenta excusarse Cooler. – “Y Gryll y sus hombres no han conseguido…”

– “Es tu error…” – replica el susurro. – “Tú me has fallado…”

– “Enmendaré mi torpeza, Salabim.” – murmura el hermano de Freezer. – “No volveré a fallar.”

Horas después de que las tres cápsulas espaciales saiyajín se alejan de Toreri, las ciudades vecinas llegan a las ruinas de la ciudad para socorrer a sus compatriotas.

Unos soldados encuentran al moribundo Bonacala en el suelo e intentan ayudarle.

– “¡Agente Bonacala!” – intenta hacerle reaccionar un soldado. – “¡¿Qué ha pasado aquí?!”

De repente brota del suelo un gran tentáculo azul y sacude a un grupo de soldados, lanzándolos por los aires.

Los soldados disparan a discreción, pero el enemigo genera más tentáculos que aplastan o golpean a todo el que se acerca.

En el otro extremo del universo, en el planeta Zoon, una guerra civil está teniendo lugar. Los ciudadanos se matan los unos a los otros en las calles. 

Entre los charcos de sangre, un pequeño individuo de piel amarilla y ojos saltones camina escoltado por un demonio de tez rosada, que viste un traje azul y capa blanca.

– “Llevo siglos intentando recrear el monstruo de mi padre sin éxito” – dice el renacuajo. – “Pero eso se acabó.” – sonríe.

– “¿Alguna novedad, Amo Babidí?” – pregunta el diablo.

– “Creo que lo he encontrado.” – sentencia el brujo.

DBSNL // Capítulo 160: Derrota

DBSNL // Capítulo 160: Derrota

“Sin las Dragon Balls, no hay nada que podamos hacer.”

En la Atalaya de Kamisama, Janemba ríe a pleno pulmón.

– “¡JIJIJIJAJAJAJAJA!” –  suelta una carcajada.

El Kaio del Norte siente lo ocurrido desde su planeta.

– “Todo este dolor…” – murmura el Dios. – “Es terrible…”

Kaiosama intenta buscar a Goku con sus antenas.

– “Son Goku se encuentra lejos de mi alcance…” – lamenta el Dios. – “Puede que con Vegeta tenga más suerte…”

Los guerreros Z aprietan los puños con rabia.

– “No vas a salirte con la tuya…” – refunfuña Yamcha. – “¡NO TE LO PERMITIREMOS!”

Krilín, Yamcha, Lapis, Ten y Chaoz se abalanzan sobre el enemigo, pero éste desaparece convertido en un millar de pequeñas piezas.

– “¡¿DÓNDE ESTÁ?!” – exclama Ten.

Janemba se recompone detrás de Chaoz.

– “¡CUIDADO, CHAOZ!” – grita Ten Shin Han.

El pequeño guerrero se da la vuelta, pero el enemigo lo agarra del cuello. Chaoz intenta liberarse, pero no lo consigue.

– “¡SUÉLTALO!” – exclama Ten, que se abalanza sobre Janemba.

De repente, un crujido hace estremecer a todos los presentes. Chaoz ha dejado de pelear.

– “Chaoz…” – llora Ten, que se ha quedado inmóvil.

– “Maldito…” – gruñe Krilín.

Janemba suelta al pequeño luchador, que se precipita hacia la superficie terrestre, y se prepara para atacar a nuestros amigos, pero una barrera de energía aparece a su alrededor.

– “¡MARCHÁOS!” – grita Lapis, que intenta contener al enemigo.

Ten Shin Han, Krilín y Yamcha se miran dubitativos. No quieren huir.

– “¡LARGO!” – insiste el androide.

Janemba se acerca a la barrera y la araña con sus uñas.

– “¡Jijiji!” – ríe el demonio.

Yamcha agacha la cabeza, pensativo.

– “Dende ha muerto. Sin las Dragon Balls, no hay nada que podamos hacer.” – lamenta el terrícola. – “No vale la pena escapar. No llegaremos muy lejos.”

– “Lucharemos hasta el final.” – dice Krilín.

Janemba alza su arma y propina un espadazo cuyo poder destructivo atraviesa la barrera, obligando a Lapis a agacharse para esquivarlo. La barrera estalla como una pompa de jabón.

– “¡Aquí viene!” – dice el androide.

Janemba se abalanza sobre él y lo golpea en el abdomen. Múltiples partes mecánicas estallan por su espalda. Tuercas, placas y tornillos atraviesan su piel como metralla.

– “¡LAPIS!” – grita Krilín.

Yamcha y Ten Shin Han se abalanza sobre el diablo. Krilín asiste al androide.

– “¡COLMILLOS DE LOBO!” – grita Yamcha.

– “¡PUÑO AMETRALLADOR!” – exclama Ten.

Los dos luchadores propinan una tormenta de golpes conjunta al diablo, que ni se inmuta frente a ellos.

Ten y Yamcha retroceden, aterrados ante el poder del monstruo.

Janemba alza su mano hacia ellos, dispuesto a eliminarlos.

Yamcha se da cuenta y propina una patada en el costado de Ten, apartándole justo en el momento en que el diablo proyecta su ataque, que engulle al terrícola.

Ten Shin Han se queda inmóvil ante la terrible escena.

– “Yamcha…” – murmura el guerrero de tres ojos.

Janemba sonríe, pero de repente algo llama su atención. El demonio se disuelve en un millar de partes, dejando a los guerreros Z solos y confusos.

– “¡¿A dónde ha ido?!” – se pregunta Krilín.

– “Ha desaparecido…” – dice Ten. – “Ya no puedo sentir su energía…”

En Imegga, la Kaioshin del Oeste ha acabado ha matado a Napapa con su mirada desafía a los tres enemigos restantes. 

Ledgic se pone en pie, sorprendido ante la presencia de la Diosa.

– “¿Quién eres?” – pregunta el imegga.

– “Soy la Kaioshin del Oeste” – revela Narai.

Los tres enemigos dan un paso atrás.

– “¿Un Kaioshin?” – murmura Rubalt.

– “¿Qué hace un Dios aquí?” – se pregunta Murishim.

Ledgic mira a Narai desconfiado.

– “Creo que no sabéis hasta qué punto es terrible lo que estáis haciendo” – dice la Diosa. – “Así que os daré una oportunidad. ¡Entregaos!”

Los tres campeones del “Saikyo no Senshi” se miran entre ellos y después sonríen.

– “Diosa o no, no pareces una luchadora” – dice Murisam.

– “Solo has matado a Napapa porque le has atacado por la espalda.” – añade Murishim.

– “Vamos a darte una lección de modales, muchacha” – fanfarronea Rubalt.

Ledgic se pone en pie entre Narai y los luchadores.

– “¿Qué haces?” – pregunta la Diosa, algo confusa.

– “Una Diosa no debería ensuciarse las manos con ellos.” – dice Ledgic.

– “El universo está sumido en el caos.” – dice Narai. – “Ya es hora de que los Dioses nos ensuciemos las manos.”

Murisam es el primero en atacar, pero la Diosa extiende su mano hacia él y lo empuja con su poder telekinético, estrellándole contra un edificio.

Rubalt y Murishim se miran asustados ante el incomprensible poder que acaban de presenciar, y no tardan en echar a correr.

Ledgic da un paso dispuesto a perseguirlos, pero antes de que pueda reaccionar, la Diosa aparece frente a Rubalt y lo detiene con una patada en la nariz que lo deja fuera de combate.

Murishim sigue corriendo sin mirar atrás, pero la Diosa levanta una gigantesca roca con su poder mental y la lanza contra el luchador.

Ledgic observa la escena asombrado.

– “¿Qué está pasando?” – piensa el imegga. – “¿Qué puede provocar la intervención de los Dioses?”

– “Intentamos ayudar” – responde telepáticamente Narai, sorprendiendo al guerrero. – “Estamos luchando en la misma guerra.”

Muy lejos de allí, en el planeta Shikk, un pequeño grupo de habitantes se encuentra encerrado en la sala del trono del Rey. Los soldados se encuentran en primera línea apuntado al enorme portón de entrada con sus rifles de energía.

La puerta está recibiendo duros golpes y parece que la cerradura empieza a ceder.

– “¡Ya casi han entrado!” – advierte un soldado.

– “¡Preparados para disparar!” – ordena otro.

Pero de repente todo se queda en silencio, inquietando a todos los presentes.

Tras un breve instante, uno de los soldados se acerca a la puerta y escucha a través de ella.

– “No oigo nada…” – dice el hombre.

El Rey asiente y el soldado abre la puerta ligeramente para observar lo ocurrido.

Una decena de bandidos se encuentran inconscientes en el suelo y un solo hombre se yergue entre ellos. El personaje es alto y viste una elegante ropa roja con grandes hombreras; su cabello es blanco, largo y lacio, y su piel es rosada.

Antes de que el soldado pueda reaccionar, el misterioso personaje le mira y asiente antes de desaparecer.

El Rey, al no recibir respuesta de su hombre, se impacienta.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Su Majestad.

– “Se acabó…” – dice el soldado.

– “¿Cómo dices?” – insiste el Rey.

– “¡Se acabó!” – celebra el soldado. – “¡Nos han salvado!”

Los habitantes de Shikk se abrazan los unos a los otros con lágrimas en los ojos.

En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Shiras se tapona su herida en el abdomen. Zamas y Champa se ponen en guardia.

– “Si seguimos trabajando juntos podremos ganarle” – dice Zamas.

Pero una media sonrisa del patrullero alerta a los Dioses. La herida brilla con luz morada y se cierra lentamente de dentro hacia fuera.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Champa.

– “Hizo retroceder el tiempo…” – refunfuña el Dai Kaioshin.

Shiras ríe.

– “¡JAJAJA!” – exclama el patrullero.  – “Mojito me devolvió mis poderes cuando me liberó y ahora soy más fuerte que nunca.”

Zamas y Champa se abalanza sobre su contrincante, que detiene el ataque de los dos a la vez con su vara.

– “¡No podéis detenerme!” – exclama furioso el patrullero.

De repente, una tormenta de golpes invisibles sacude a los Dioses.

Champa y Zamas retroceden.

– “Si pudiera acercarme lo suficiente…” – refunfuña Champa. – “Solo necesito que baje la guardia un momento.”

– “Intentaré crearte una oportunidad.” – dice Zamas. – “No falles.”

El gotokoneko asiente.

Zamas utiliza su poder mental para controlar los escombros de la las instalaciones de la Patrulla Galáctica y los lanza contra Shiras. 

El patrullero parece que no se mueve, pero los escombros salen repelidos en todas direcciones.

De repente, Zamas se teletransporta detrás de Shiras, espada de ki en alto. 

En un abrir y cerrar de ojos, Zamas se da cuenta de que Shiras le ha agarrado el brazo y ha hecho que él mismo se ensarte el pecho con su espada. 

Champa aparece ahora detrás de Shiras y coloca la palma de la mano sobre la espalda del patrullero.

– “¡HAK…!” – exclama el Dios.

Pero el gotokoneko se da cuenta en ese instante de que Shiras le ha roto el brazo.

– “¡AAAAH!” – grita Champa.

Con un golpe de vara en la barbilla, Shiras acalla al felino, y con otro le rompe la nariz, dejándolo aturdido.

El legendario patrullero mira a los malheridos Dioses con desprecio.

– “Siempre habéis sido incapaces de proteger a los mortales a vuestro cuidado.” – dice Shiras. – “Pero no os preocupéis.” – sonríe mientras alza su vara, agarrada con sus dos manos, lista para dar el golpe de gracia al Hakaishin. – “Ahora nosotros nos encargaremos de ellos.”

En un instante, todo ha terminado y Shiras se ha marchado.

Los cuerpos de los dos Dioses flotan en el silencioso espacio.

Un último pensamiento cruza la mente de Zamas antes de perder la vida.

– “Lo siento…” – derrama una lágrima. – “Señor Beerus… Piccolo… Hemos fallado.”

En Gelbo, Freezer y Liquir caminan por la superficie del planeta, ahora árido y sin vida.

– “No queda nada.” – observa Liquir.

– “La oscuridad ha consumido el planeta.” – dice Freezer.

En ese instante, frente a ellos, una silueta horonda se presenta. Un personaje con aspecto de pez-gato bípedo, de tez azulada y con dos largos bigotes maxilares, se interpone en su camino.

– “Es él.” – dice el demonio del frío.

– “¿Es el brujo?” – pregunta el kurama.

– “Reconozco esta sensación.” – dice Freezer. – “La he sentido antes.”

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Liquir.

– “Déjame hablar a mí.” – sonríe Freezer. – “La diplomacia siempre se me ha dado bien.”

El Emperador camina hacia el Kashvar.

– “Tú no deberías estar aquí…” – dice el brujo. – “No perteneces a este universo.”

– “Y, sin embargo, aquí estoy.” – responde Freezer.

– “No lograréis detenernos.” – sonríe el Kashvar. – “¡“El que vio” renacerá y…!”

– “Sí, sí…” – le interrumpe el tirano, hastiado. – “Ya me sé la historia.”

El Kashvar parece molesto con la falta de respeto del tirano.

– “He venido a negociar.” – dice Freezer.

– “¿Negociar?” – se sorprende el brujo.

Freezer alza su mano hacia el cielo. En su nave, la caja de música sale volando, rompiendo uno de los ojos de buey del aparato, y desciende hacia la superficie del planeta para posarse sobre la mano del tirano.

– “¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!” – exclama furioso Liquir.

Freezer sonríe.

– “Ignórale.” – le dice al Kashvar.

Liquir se abalanza sobre Freezer con intención de arrebatarle la caja, pero el demonio del frío detiene al kurama en el aire con su poder mental y lo empuja contra una montaña, que se derrumba sobre el zorro.

– “Cómo iba diciendo…” – continúa el tirano. – “Vengo a negociar.”

El brujo parece confuso, pero complacido.

– “¿Y qué quieres?” – pregunta el kashvar.

– “Un trozo del pastel.” – sonríe Freezer.

El kashvar asiente.

– “Tendrás lo que deseas.” – sentencia el brujo.

Freezer parece satisfecho.

– “Pues, ¿a qué esperamos?” – sonríe el tirano.

En Monmaas, Arak juega con Goku.

– “Tienes un poder fascinante, Son Goku…” – dice el brujo. – “Pero ahora es inútil. Tus amigos están muriendo y no puedes hacer nada.”

– “Cuando todo haya acabado usaremos las Dragon Balls.” – dice Goku.

– “Las Dragon Balls…” – repite Arak. – “Una fuente increíble de poder mágico.”

El brujo busca en su cinturón y revela la esfera de cuatro estrellas.

– “¡La Suu Shinchu!” – se sorprende Goku. – “¿Cómo es posible que la tengas?”

– “¿Azar? ¿Destino?” – responde el brujo. – “¿Quién sabe?”

– “Dámela” – exige el saiyajín.

– “¿La quieres?” – sonríe Arak.

Son Goku se abalanza sobre el kashvar y le arrebata la esfera fácilmente.

El brujo ríe en tono burlón.

Son Goku mira la Dragon Ball, pero ésta ha desaparecido y él vuelve a encontrarse en el centro de la sala.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el saiyajín.

Arak sigue en el mismo lugar que antes, con la Suu Shinchu en la mano.

– “Habéis perdido, Son Goku” – sentencia el brujo.

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Bra y Pan están entrenando cuando de repente sienten una terrible presencia.

Las dos mestizas se dan la vuelta aterrorizadas para ser testigos de un extraño fenómeno; pieza a pieza, Janemba se reconstruye frente a ellas.

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Secretos

Los últimos / Parte III: Secretos

“¿Y el otro es todavía más fuerte?”

Bonacala ha activado el \”Modo Ultra\” de su traje y está listo para zanjar el combate de una vez por todas.

Raditz se pone en guardia, preparado para enfrentarse al toreristo, pero preocupado por las habilidades con las que puede sorprenderle esta nueva versión de su armadura.

Cerca de allí, una nube de polvo se ha alzado tras el impacto del proyectil lanzado por los sautén sobre Vegeta. En la colina, los tres sautén siguen atentos al resultado del ataque.

– “¿Estado del objetivo?” – pregunta el cabecilla del grupo.

– “El impacto ha sido directo, Gryll” – responde el tirador.

– “Eso no es lo que he preguntado…” – insiste el líder sautén.

Nappa busca a los enemigos y logra identificarlos sobre la montaña.

– “¡Ahí están!” – exclama enfadado el saiyajín.

El grandullón reúne una gran cantidad de ki en su mano derecha y se prepara para lanzarlo como si fuera una pelota de béisbol.

– “¡ESTÁIS MUERTOS!” – grita mientras lanza el ataque con fuerza.

El ataque describe una gran parábola como si fuera un disparo de mortero directo sobre los enemigos, que enseguida abandonan sus posiciones e intentan huir saltando colina abajo. 

– “¡MOVEOS!” – advierte Gryll. – “¡RÁPIDO!”

El ataque de Nappa estalla sobre la loma, convirtiéndola en una árida llanura.

Los tres sautén se quedan tumbados en el suelo, con algunos magullados y con algunos huesos rotos por la caída y los escombros.

Gryll intenta levantarse, cuando se da cuenta de que frente a él se encuentra Vegeta, que no ha sufrido ningún rasguño.

– “Un pelotón de cinco sautén…” – murmura el saiyajín.

Vegeta dispara a los dos compañeros de Gryll y los desintegra a sangre fría.

– “Ahora tú y yo vamos a tener una pequeña charla.” – sonríe el Príncipe.

Mientras tanto, Bonacala se ha abalanzado sobre Raditz y le ha propinado un puñetazo en el abdomen que ha resquebrajado su armadura. El saiyajín ni siquiera ha sido capaz de ver a su enemigo aproximarse.

Bonacala propina un codazo en la nariz de Raditz, que sale propulsado a varios metros de distancia. 

El toreristo enseguida mira de reojo a los otros dos saiyajín. 

– “Tengo que acabar esto cuanto antes” – piensa Bonacala. – “Mis reservas de energía son limitadas.”

El toreristo salta por los aires y choca los puños frente a su pecho, imbuyéndolos con energía flamígera.

Raditz, que se estaba levantando, recibe la alerta de su scouter y retrocede rápidamente, evitando el golpe de Bonacala, que hace estallar el suelo contra el que impacta como si detonara una bomba.  

Nappa, harto de la incompetencia de su compañero, decide intervenir en el combate y embiste al toreristo por la espalda.

– “¡YA ERES MÍO!” – grita el grandullón.

Pero Bonacala da una pirueta en el aire y deja pasar de largo a Nappa para después dispararle un rayo zigzagueante que propina una terrible descarga eléctrica que inmoviliza al saiyajín.

Nappa, furioso, se esfuerza en sobreponerse a esa energía que recorre su cuerpo y finalmente logra zafarse de esa prisión eléctrica.

Bonacala retrocede asombrado.

– “Es la primera vez que veo a alguien liberarse…” – murmura el toreristo.

Nappa se da la vuelta y clava su airada mirada en Bonacala.

– “Se acabaron los juegos” – dice el saiyajín. – “Ahora yo me encargaré de ti.”

Raditz intenta intervenir.

– “¡Es mi combate, Nappa!” – protesta el hermano de Kakarotto.

– “¡Has perdido tu oportunidad!” – replica Nappa. – “¡Es mi turno!”

Bonacala se pone en guardia y analiza a sus enemigos.

– “¿Y el otro es todavía más fuerte?” – se pregunta mirando a Vegeta.

El Príncipe patea continuamente a Gryll, que se lamenta en el suelo.

– “¡Habla de una vez!” – exige Vegeta. – “¡Pronto me quedaré sin huesos que romperte!”

Mientras tanto, bajo los escombros del edificio central, el malherido caballero que observaba el ataque saiyajín desde su lujoso despacho se encuentra apresado entre cascotes, intentando alcanzar su bastón, al que casi puede rozar con la yema de los dedos.

– “Malditos…” – lamenta el toreristo. – “No dejaré que el Imperio se salga con la suya…”

En la superficie, Bonacala vuelve a imbuir sus puños de energía y se abalanza sobre Nappa, que se prepara para detener el golpe, pero en el último instante es sorprendido por un cambio de ritmo del toreristo que logra conectar su puñetazo en la mejilla del saiyajín.

Una gran explosión tiene lugar y Nappa sale disparado por los aires, dando varias vueltas de campana sorbe el suelo hasta que choca contra las ruinas de un edificio.

Raditz mira asombrado la situación, pues jamás había visto a alguien golpear de esa forma a su compañero.

Nappa sale de entre los escombros más furioso que nunca.

– “¡¡ESTOY HARTO DE ESTE IMBÉCIL Y SUS TRUCOS!!” – grita el saiyajín. 

Bonacala se sorprende una vez más del aguante de Nappa.

– “Ha encajado un puñetazo de mi traje en \”Modo Ultra\” y se levanta como si nada…” – se pregunta el toreristo. – “¿A qué clase de monstruos me estoy enfrentando?”

El saiyajín embiste a su enemigo.

– “¡VAS A MORIR!” – grita desquiciado. 

Bonacala choca sus puños de nuevo y los prende de nuevo antes de responder a Nappa de la misma forma.

Los dos se acerca el uno al otro como dos trenes de alta velocidad hacia un choque frontal inevitable.

– “A esta velocidad no puede maniobrar con facilidad” – piensa Bonacala. – “Si me anticipo a su golpe puedo terminar el combate.”

De forma repentina, Nappa abre su boca y proyecta un torrente de energía que sorprende a Bonacala.

El toreristo que no puede evitar recibir el impacto directo del ataque. Una gran explosión sacude la zona.

Cuando la polvareda se disipa, revela a Bonacala tumbado en el suelo, con parte de su traje chamuscado y medio casco roto.

Una gran sonrisa se dibuja en el rostro de Nappa.

Raditz no parece muy satisfecho por la aparente victoria de su compañero.

No muy lejos de allí, Vegeta se ha dejado al sautén hecho unos zorros. Parece que a Gryll solo le queda un soplo de vida.

– “¡¿Qué habéis venido a hacer aquí?!” – insiste el saiyajín. – “¡Habla de una vez!”

– “Supongo que lo mismo que vosotros…” – responde el sautén.

De repente, bajo los escombros del edificio central, el toreristo ha alcanzado su bastón y la esfera que adorna su pomo brilla intensamente.

– “No puede caer en manos del Imperio…” – murmura el malherido personaje.

En la luna que orbita alrededor del planeta Toreri, ahora en fase menguante, en un laboratorio subterráneo, los sistemas se sobrescriben; los trabajadores pierden el control de las instalaciones.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta un científico toreristo alarmado.

– “¡Los terminales no responden!” – responde otro.

En ese instante, se da cuenta de un anuncio en panel que le aterra.

– “El… el sector 0…” – titubea el toreristo. 

En una de las salas del complejo, una compuerta se abre, revelando un cáliz lleno de una sustancia viscosa morada colocado en el centro de una sala vacía.

Uno de los científicos se da cuenta de lo que ocurre y se apresura en ponerse un traje aislante.

– “¡La puerta del Comméson!” – exclama el toreristo, alertando a sus compañeros por su comunicador.

La sustancia morada empieza a reaccionar por sí sola, saliendo de su hibernación, y parece que aumente de tamaño lentamente.

El científico, pese a no haberse colocado el traje por completo, corre desesperado hacia la compuerta para intentar cerrarla.

El sujeto intenta usar el panel de comandos, pero no funciona, así que procede a cerrar la sala de forma manual. La compuerta pesa mucho, pero el toreristo pone todas sus fuerzas en ello.

El Commesón sigue despertando y de repente genera un tentáculo que agarra el brazo del científico.

– “¡AAAH!” – grita el torersito. – “¡AYUDA!” – exclama mientras sigue esforzándose en cerrar la puerta.

Varios trabajadores han acudido a su llamada, pero al ver el tentáculo de Commesón enseguida retroceden y echan a correr.

La sustancia viscosa avanza por el cuerpo del toreristo hasta consumirlo por completo, convirtiéndolo en parte de sí mismo. 

En unos instantes, el Commesón ya se extiende por los pasillos del complejo y atrapa a cualquiera a su paso. 

De repente, Vegeta, Nappa y Raditz reciben una señal de alerta en sus scouter y alzan la vista al cielo.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta Nappa.

– “Supera las 9000 unidades…” – dice Raditz. – “¡Y sigue en aumento!”

– “¡Eso no es posible!” – replica Nappa.

Los scouter de los tres saiyajín estallan de repente, dejándoles sin palabras.

El moribundo Gryll sonríe.

– “Parece que buscábamos en el lugar equivocado…” – dice el sautén.

Vegeta mira boquiabierto la media luna.

En la superficie del satélite, el Commesón se filtra entre las compuertas del laboratorio y conforma una silueta humanoide.