DBSNL // Capítulo 162: Duelo de asesinos

DBSNL // Capítulo 162: Duelo de asesinos

“Hoy en día no todo se basa en habilidad, viejo”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Janemba se encuentra cara a cara con las chicas, que se ponen en guardia.

– “¡¿Cómo ha llegado hasta aquí?!” – pregunta Bra.

– “No parece que haya abierto uno de esos portales de los que hablaba mi tío…” – dice Pan. – “¿Puede viajar entre dimensiones?”

– “Maldita sea…” – refunfuña Bra. – “¿Qué habrá pasado ahí fuera?”

En el rostro de Pan se refleja su peor suposición.

Las dos mestizas se transforman en Súper Saiyajín.

– “Solo tenemos una opción” – dice Bra.

– “Lo siento, Ub… Mr. Bu…” – murmura Pan.

Janemba alza su mano y dibuja una línea de energía verde en el aire.

– “¡AHÍ VIENE!” – advierte Bra.

– “¡HAGÁMOSLO!” – exclama Pan.

La línea de energía se fragmenta y se convierte en un centenar de cristales de ki que son proyectados contra las muchachas.

Las chicas resultan ser una imagen residual.

A su izquierda, Janemba puede oír la voz de las muchachas

– “¡FUUUU…!” – exclaman ellas.

Janemba las localiza y propina un espadazo al aire, cuyo corte se extiende hasta alcanzarlas, pero son solo otro espejismo.

– “¡…SIÓN!” – dicen las voces, a la derecha del monstruo.

El diablo dispara una ola de ki hacia ellas, pero vuelve a ser engañado por la técnica de las chicas.

– “¡FUUUU…!” – repiten ellas.

Múltiples imágenes de las chicas realizando la danza rodean a Janemba, que dispara en todas direcciones, frustrado por sus continuos errores. 

Detrás de Janemba, a varios kilómetros de distancia, se puede oír el eco de las voces de las muchachas.

– “¡FUUUUSIÓN!” – exclaman ellas. – “¡HA!”

Una luz brillante ilumina la infinita sala blanca.

El demonio se da la vuelta y, en un instante, una figura ha aparecido frente a él. Una muchacha vestida con ropas metamor. Su cabello, negro en la parte superior y azul a los lados. 

Dibujado por Ipocrito

– “No soy ni Bra ni Pan” – anuncia la fusión. – “No necesito un nombre para eliminarte.” – añade antes de convertirse en Súper Saiyajín.

Janemba sonríe. Parece ilusionado de que un nuevo rival se presente ante él.

La fusión se abalanza sobre él y le sorprenden con un rodillazo en la cara, seguido de una patada dando una voltereta. 

Janemba retrocede y se prepara para contraatacar con un espadazo vertical, pero las chicas detienen la espada entre sus manos.

El demonio parece sorprendido ante la resistencia de las chicas y tira con fuerza de su espada para liberarla y atacar de nuevo, esta vez con una estocada.

La fusión se convierte en una imagen residual y cientos de copias danzan alrededor de Janemba, mofándose de él.

El demonio propina espadazos a distancia en todas direcciones, descuartizando inútilmente las copias de las muchachas.

De repente, Janemba se da cuenta de que una intensa luz brilla a su espalda.

– “Ka… Me…” – recita la fusión. – “Ha… Me…” – continúa, preparando su ataque.

Janemba se da la vuelta y se topa con la fusión a escasos centímetros de él, lista para lanzar su ataque.

– “¡HAAAAAAAAA!” – grita la guerrera.

El ataque a bocajarro engulle al demonio.

En el exterior, Ten Shin Han y Krilín han abandonado la Tierra Sagrada de Karín en busca de supervivientes. 

En unos minutos, Ten llega al Dojo del bosque Fukurou. Silencio absoluto. Cadáveres. El guerrero corre apresuradamente al interior del edificio. Al abrir la puerta, la escena que observa hace que se derrumbe, cayendo de rodillas al suelo.

Mientras tanto, Krilín vuela rápidamente hacia la Capital del Oeste, cuando se encuentra con Kinton volando en círculos sobre una arboleda.

– “No…” – murmura sobrecogido el terrícola. 

Krilín desciende y encuentra a Dende, Marron y Lázuli tumbados en el suelo.

– “¡MARRON!” – grita Krilín.

El humano se agacha y abrazar a su hija.

– “Marron…” – llora Krilín.

Mientras sostiene la muchacha, Krilín agarra la mano de Lázuli, que se encuentra tumbada en el suelo a su lado.

– “Lo siento…” – lamenta el terrícola. – “Os he fallado… Os he fallado…”

 Lázuli aprieta la mano de su pareja.

– “¡Lázuli!” – exclama Krilín, al ver que su mujer sigue con vida.

– “Krilín…” – fuerza una sonrisa la mujer. – “No pude hacer nada… Ella… Lo siento…”

Janemba no pudo atacar a Lázuli porque no tiene energía detectable, pero las heridas sufridas en el combate han seguido debilitándola.

Krilín coloca a su hija en el suelo y se acerca a su mujer, ahora sosteniéndole la mano entre las suyas.

– “Tranquila…” – dice mientras le aparta el cabello de su rostro. – “No hables… No gastes más energías…”

La androide parece que intenta susurrar algo, pero casi no tiene fuerzas.

Krilín, intentando oír lo que dice, acerca su rostro al de su esposa. Lázuli le sorprende con un beso en la mejilla.

La mano de la androide pierde su fuerza.

Krilín se aparta ligeramente para comprobar sus temores. Su mujer ha fallecido.

El terrícola acaricia su propia mejilla, donde Lázuli le ha besado. Las lágrimas recorren el rostro de Krilín.

En el planeta sin nombre en el que se escondía Hit, Koros y el asesino se encuentran cara a cara.

El sicario se abalanza sobre Hit, que retrocede mientras esquiva todos los ataques sin necesidad de sacar las manos de los bolsillos.

Koros pelea con una sonrisa. No parece que esté luchando en serio, y aún así logra seguir el ritmo del asesino.

Las gafas de Koros le aportan información constante sobre los movimientos de Hit. El aparato analiza los posibles movimientos de su rival, estudiando cada pequeña contracción muscular del asesino y llevando a cabo predicciones estadísticas. 

De repente, Koros se da la vuelta sin aparente motivo y propina un puñetazo a Hit en la nariz justo en el momento en que éste acababa de aparecer. 

El asesino retrocede confuso ante lo que acaba de suceder.

Koros sonríe satisfecho.

– “Hoy en día no todo se basa en habilidad, viejo” – dice el sicario, que presume señalando sus gafas. – “La tecnología nos ayuda a hacer mejor nuestro trabajo.”

– “Así que peleas haciendo trampas…” – dice Hit, con cierto desprecio.

– “¿Trampas?” – sonríe Koros. – “Somos asesinos. Dejamos el honor atrás al aceptar nuestro primer encargo.”

– “Soy consciente de mis errores.” – dice Hit.

Koros se quita su cazadora de piel y la lanza a un lado. El sicario hace crujir su cuello y sus puños.

– “Pero esto no es solo un trabajo” – dice el sicario. – “Matar al legendario Hit es un hito que me dará caché. Subirá el precio de mis honorarios.”

Hit aprieta un botón de su cinturón, librándose de su falda. El asesino parece tranquilo. Ninguna expresión se muestra en su rostro.

En el planeta Gelbo, Freezer y Liquir han regresado a la nave junto a Tapion. Reunidos con él, Curd, Kamo, Pinot, Merlot y el pequeño robot de M2. El guerrero konatsiano les ha contado todo lo que sabe sobre los Kashvar.

– “Esos bastardos se están expandiendo muy rápidamente.” – refunfuña Liquir. – “¡Van a conquistar el universo antes de despertar a su maestro!”

– “No seas idiota, Liquir” – replica Freezer. – “No tienen suficientes efectivos para retener sus conquistas.”

– “¿Qué?” – se extraña el kurama. – “Entonces, ¿qué pretenden?”

– “Ese ángel es inteligente.” – dice Freezer. – “Saben que la Patrulla Galáctica intentará responder a todas las llamadas de socorro. Su solidaridad será su fin. Cuanto más intenten abarcar, más se debilitarán, y finalmente la Patrulla será destruida. Un ataque certero al Cuartel General. Puede que a estas alturas ya haya ocurrido.”

Los presentes se miran los unos a los otros sorprendidos por las deducciones del tirano.

– “Así es como lo haría yo” – termina Freezer.

– “¿Y qué debemos hacer?” – pregunta Tapion. – “¡No podemos permitir que esos demonios se apoderen del universo!”

– “No, no podemos.” – responde Freezer. – “Al menos no dejaré que se apoderen de mi parte.” – sonríe el tirano.

En Konats, Slug ha logrado introducirse en la mente de Piccolo. El milenario namekiano camina entre las tinieblas del subconsciente del diablo.

De repente, dos siluetas de luz parpadeante se presentan ante él. Son Nail y Kamisama, que no logran hacerse completamente tangibles. 

Las dos siluetas le muestran el camino a Slug, indicándole la dirección en la que debe caminar. Él sigue el consejo de sus compatriotas y pronto se encuentra en un viejo recuerdo de Piccolo.

Un joven namekiano llora acurrucado en la meseta de Yunzabito junto a una nave.

De repente, Mr. Popo aparece ante el niño y le ofrece su mano. Pronto se encuentran en la Atalaya de Kamisama, entrenando hasta que su cuerpo se divide en dos.

En un doble flash simultáneo, Slug puede ver el nacimiento de las Dragon Balls y a Mutaito usando el Mafuba, encerrando a Daimaoh en una olla de arroz.

Los destellos continúan: un viejo Piccolo sentado en un trono volador, el namekiano rejuvenecido, un joven Son Goku, un huevo lanzando que se pierde en el horizonte.

Las visiones le causan un terrible malestar a Slug, que puede sentir el odio que reconcome al diablo.

De repente, Slug se encuentra sobre el tatami del 23º torneo de Artes Marciales. A un lado, el reencarnado Piccolo Daimaoh, y al otro, de nuevo, Son Goku.

Un nuevo destello revela a Piccolo y a Son Goku en guardia uno junto al otro, luchando contra un saiyajín de larga melena. 

La sensación de malestar que embargaba a Slug empieza a atenuarse lentamente.

En ese instante, un chico aparece y se acerca al namekiano. Es un pequeño y sonriente Son Gohan, vestido con el gi de su padre, pero adornado con el kanji “Ma”.

El suelo tiembla y Slug puede ver a un saiyajín grandullón lanzar un ataque hacia ellos, pero Piccolo se interpone en su trayectoria, protegiendo al niño.

En un instante, Slug se encuentra en Namek. El namekiano, nostálgico, se agacha para tocar la hierba azul de su hogar que no ha podido sentir desde hace milenios. 

Cerca de allí, Piccolo y un moribundo Nail se fusionan. Imágenes del Patriarca y Dende afectan al namekiano.

En un instante, en el cielo, Piccolo y Freezer están luchando.

Con un nuevo flash llegan visiones de Kamisama y Piccolo en la Atalaya, seguidas por sus combates contra los androides y contra Cell.

Después llegan imágenes de Goten, Trunks y la batalla de Gotenks contra Bu en una infinita sala blanca.  También imágenes del Planeta Sagrado, Zamas y los Kaioshin…

Finalmente, destellos de escenas felices con una pequeña Pan en brazos, la boda de Son Gohan y Videl…

En ese instante, en el exterior, Piccolo se libra del agarre de Slug.

– “¿Cómo te atreves a hurgar en mi mente…?” – refunfuña el diablo.

Slug sonríe. 

– “Tú no eres el Rey de los Demonios…” – dice el legendario guerrero, que se esfuerza para ponerse en pie. – “Solo eres ese niño asustado en la fría intemperie.”

Daimaoh enfurece al oír esas palabras.

– “Te mostraré el verdadero terror” – amenaza el diablo.

– “Estabas solo.” – dice Slug. – “Así que decidiste que eso es lo que querías para no tener que afrontar la realidad.”

– “¡CÁLLATE!” – exclama Piccolo.

Slug, sin fuerzas para seguir peleando ante un rival tan superior, hinca la rodilla.

– “Te ofrezco mi poder, Piccolo.” – dice el milenario namekiano. – “No puedo ganar este combate.”

Piccolo parece confuso ante la inesperada oferta.

Su compatriota insiste.

– “Si crees que esto es lo que debes hacer, adelante.” – dice Slug. – “¿Quieres mostrarme tu verdad? ¿Quieres que sienta lo que sientes? Usa mi poder.”

En el planeta Popol, Broly ha sido llevado a la nave de la Patrulla con la que los tres saiyajín llegaron al planeta. Kale acomoda a su agotado compañero. Tarble escribe las coordenadas de destino en la computadora, y pronto se da cuenta de que no recibe señal de la baliza del Cuartel General.

– “¿Qué habrá pasado?” – murmura el saiyajín, preocupado.

Cell, en el exterior de la nave, se prepara para realizar el Shunkanido.

– “Qué extraño…” – piensa el insecto. – “A esta distancia debería ser capaz de…”

De repente, una voz masculina alarma a Cell.

– “¿Tú has derrotado a Helles, criatura?” – pregunta el recién llegado.

Cell se da cuenta de que un individuo se ha manifestado frente a él. Alguien a quién el insecto no puede percibir. Shiras ha llegado a Popol.

Broly, que permanecía inconsciente, abre los ojos de forma repentina, agitado, y eso asusta a Kale.

– “¡¿Qué ocurre?!” – exclama la mujer.

Tarble mira por la ventana y se da cuenta de que un misterioso individuo ha aparecido.

– “¿Quién es?” – se pregunta el saiyajín.

Cell mira atentamente al recién llegado. No poder sentir su energía le provoca desconfianza.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta el insecto.

– “He venido a buscar algo que nos pertenece.” – responde Shiras.

– “¿Nos?” – sonríe Cell. – “No trabajas solo…”

El insecto se fija en el logotipo de la Patrulla Galáctica en el pecho del individuo.

– “¿Un patrullero?” – piensa Cell.

Tarble y Kale salen de la nave. Shiras los mira fríamente.

– “Traedme al Amenonuhoko.” – dice Shiras.

Tarble y Kale, al oír al misterioso individuo utilizar ese peculiar término, enseguida sospechan de sus intenciones, y Cell se percata de eso.

Shiras camina y pasa junto a Cell, ignorándolo.

El insecto se da la vuelta rápidamente, intentando sorprender al enemigo por la espalda.

– “¡MAKANKOSAPPO!” – grita Cell al lanzar la perforante técnica de Piccolo.

Shiras se da la vuelta rápidamente y detiene el ataque con su mano desnuda.

– “No tengo tiempo para esto.” – suspira el legendario patrullero.

Tarble y Kale se transforman en Súper Saiyajín y se abalanzan sobre el enemigo, pero éste desaparece.

En un abrir y cerrar de ojos, Shiras aparece en el interior de la nave, junto a la cama de Broly, pero el lecho está vacío.

De repente, en el exterior, Cell y los saiyajín pueden ver a Shiras salir despedido, rompiendo la pared de la nave y dando varias vueltas de campana en el suelo antes de saltar y recuperar la compostura.

– “Parece que ese chico ha despertado” – sonríe Cell.

Broly sale de la nave. Sus pupilas brillan de color magenta y su aura es del mismo color.

Cell se queda asombrado ante el poder demostrado por el saiyajín, pese a no poder sentirlo.

Broly grita con fuerza y su musculatura aumenta. Sus ojos se quedan en blanco, su cabello se eriza y se tiñe de color rojo. Su aura estalla. Su poder se ha desatado.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 2: ¡Las aventuras del Gran Saiyaman!

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 2: ¡Las aventuras del Gran Saiyaman!

Es un nuevo día en la rutina de Son Gohan. El joven muchacho está listo para ir al instituto. Su madre le despide en la puerta de casa.

– “¡Me marcho!” – se despide Gohan.

– “¡Cuidado con los aviones!” – dice Chichi.

– “Claro…” – sonríe el mestizo.

Gohan aprieta el botón rojo de su reloj y materializa el traje de Gran Saiyaman.

– “¡Hasta luego!” – exclama alzado el vuelo.

Chichi dice adiós con la mano mientras Gohan se aleja en el horizonte.

– “Hay que ver lo contento que está” – sonríe la orgullosa madre. – “Ayer pasó toda la tarde cambiando de traje. Creo que ir al instituto ha sido una buena idea, después de todo.”

En menos de 20 minutos, Son Gohan aterriza en la azotea del Instituto Orange Star.

– “¡Genial!” – dice el chico, mientras comprueba que nadie le vea y desactiva su traje. – “A partir de ahora podré dormir un rato más cada mañana.”

Gohan se dirige con normalidad a su taquilla cuando se topa con un compañero de clase.

– “¡Buenos días!” – le saluda el alumno. – “¡Llegas muy temprano!”

– “¡Buenos días!” – responde Gohan.

– “Oye, ¿ya lo sabes?” – pregunta el muchacho. – “¡Ayer apareció un nuevo héroe en la ciudad! Y no es el Guerrero Dorado…”

– “¿Otro nuevo?” – disimula el mestizo.

– “Al parecer tiene un aspecto ridículo, ¡pero es muy fuerte!” – cuenta el chico. – “Dicen que se hace llamar el Gran Mazapán.”

– “¡Es Gran Saiyaman!” – le corrige Gohan un poco molesto.

– “¡Ah! Vaya…” – responde su compañero. – “¿Y cómo lo sabes?”

– “¿Eh? Pues…” – intenta explicarlo Gohan. – “Hablé con alguien que lo vio…”

Las clases empiezan y el día transcurre con normalidad hasta que, en plena lección de filosofía, Videl recibe una alerta en su reloj de pulsera. 

– “¡Videl al habla!” – responde ella.

– “¡Ha habido un atraco en Randosel Town!” – exclama una voz por el intercomunicador. – “¡Los atracadores han huido por la carretera 81 en dirección a la montaña!”

Videl se levanta de su asiento y sale del aula corriendo.

– “¡Tengo que irme!” – se despide.

– “¡Buena suerte, Videl!” – exclama la profesora, que parece acostumbrada a la situación. – “¡Ten cuidado!”

Gohan no comprende lo que acaba de suceder.

– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Gohan a Erasa.

– “Videl ha jurado defender la paz” – dice la muchacha. – “No olvides que es la hija de Míster Satán. ¡Es tan fuerte que la policía a veces le pide ayuda!”

– “¿Eh? ¿Ella?” – se sorprende Gohan.

– “¡No la subestimes!” – dice Shapner. – “Es mucho más fuerte que cualquiera de nosotros. ¡Casi tan fuerte como su padre!”

Son Gohan los escucha preocupado.

– “¿Tan fuerte como Satán?” – murmura el chico. – “Entonces puede tener problemas…” – piensa.

Gohan analiza la situación.

– “Si salgo corriendo, todos sospecharán…” – piensa el mestizo. – “Necesito una coartada…” 

De repente, el chico se pone en pie e interrumpe la clase.

– “¡PE… PERDÓN, SEÑORITA! ¡¿PUEDO IR AL LAVABO?!” – pregunta con una vehemencia que sorprende a sus compañeros.

Gohan sale del aula, corre a la azotea y acciona el dispositivo de Bulma.

– “¡TACHÁN!” – exclama vestido de Gran Saiyaman.

El mestizo echa a volar a toda velocidad… pero no tarda en detenerse.

– “¿Y dónde está la carretera 81…?” – se pregunta.

Gohan aterriza en un pequeño tejado y se sienta a esperar.

– “Maldita sea… Aún no conozco la ciudad…” – refunfuña. – “Tendría que haberle pedido a Bulma que me pusiera un GPS en el reloj…” – lamenta. – “Tendré que esperar y captar la energía de Videl…”

En la estrecha carretera 81, la policía pisa los talones a dos bandidos que huyen en un coche descapotable. El conductor un tipo delgado de pelo moreno rizado que viste pantalón militar y camiseta oscura.  Su acompañante es un hombre musculado de pelo corto que viste camiseta negra ceñida y pantalón marrón. Sus cuerpos están repletos de tatuajes, entre los que destaca un gran tigre de Bengala cuya cabeza asoma por el cuello de sus camisetas.

El grandullón prepara un lanzacohetes y apunta a uno de los coches patrulla que los persiguen.

– “¡Cárgatelos de una vez!” – le alienta su compañero.

El bandido aprieta el gatillo y hace saltar el vehículo policial por los aires, impidiendo que los demás puedan continuar la persecución.

Los maleantes ya celebran la victoria cuando se dan cuenta de que hay un obstáculo en su camino. Videl ha aterrizado con su jet en mitad de la carretera para frenarles el paso y espera de brazos cruzados.

Los delincuentes se ven obligados a detenerse.

– “¡Sal de ahí, niña!” – exclama el grandullón. – “No quieres meterte en líos, ¿verdad, guapa?”

Videl revela un par de esposas en su mano.

– “Tirad las armas y dejad que os detenga pacíficamente o los líos los tendréis vosotros.” – les advierte la muchacha.

El tipo ríe ante las amenazas de la que cree que es una simple chica.

– “¿Has oído eso?” – se burla con su compinche. – “¡Jajaja!”

Su compañero se fija en Videl y no tarda en reconocerla.

– “¡Espera!” – exclama sorprendido. – “¡Yo a esa la he visto en la tele! ¡Es la hija de Míster Satán!”

– “Así que es la hija del Campeón, ¿eh?” – sonríe su robusto socio. – “Parece bastante mona… ¿De verdad buscas pelea, muchacha?” – pregunta amenazante mientras hace crujir sus nudillos.

– “¡Ten cuidado!” – le advierte su compañero. – “¡Dicen que es bastante fuerte!”

El grandullón camina hacia Videl.

– “Nadie es más fuerte que yo” – dice el bandido. – “Ni siquiera el mismísimo Satán.” – fanfarronea. – “Voy a pasármelo bien contigo, chiquilla…”

El tipo se abalanza sobre Videl, pero ella le propina una patada en la barbilla que lo deja sentado en el suelo.

Mientras tanto, el Gran Saiyaman, que esperaba este momento, ha sentido el ki de su amiga.

– “¡Ahí está!” – exclama mientras sale volando a toda velocidad. – “¡Esa es Videl!”

El bandido se pone en pie de nuevo.

– “No está mal, niña…” – dice el tipo mientras se limpia una gota de sangre de su labio y escupe al suelo. 

El grandullón ataca de nuevo intentando propinar un puñetazo a hija del Campeón, pero Videl lo esquiva agachándose y contraataca con un \”uppercut\” que levanta al enemigo del suelo.

El Gran Saiyaman ya observa la escena desde el cielo.

– “¡Vaya! ¡Pues sí que es fuerte!” – se sorprende Gohan al ver a Videl en acción. – “Puede que sí sea más fuerte que su padre…”

Videl sigue propinando una paliza al delincuente cuando su compañero saca una pistola.

– “Niña estúpida…” – refunfuña mientras apunta a la hija de Satán.

Gohan aparece frente al tipejo en un abrir y cerrar de ojos y agarra su arma, estrujándola y haciéndola añicos.

– “¡AH!” – grita asustado el maleante. – “¡¿Y quién eres tú?!”

Videl, al escuchar el grito del bandido se da la vuelta y mira sorprendida al misterioso guerrero

El Gran Saiyaman sonríe. Es su oportunidad para brillar.

– “¡Yo soy el que no permite el mal! ¡El defensor del bien!” – recita mientras posa de varias formas distintas, cada cuál más estrafalaria que la otra. – “¡Soy el Gran Saiyaman!” – sentencia.

Tanto los bandidos como Videl se quedan sin palabras ante tan teatral presentación.

– “Me ha quedado bien…” – piensa Gohan. – “Ayer estuve practicando frente al espejo durante horas…”

– “Qué tipo tan ridículo…” – piensa Videl.

El Gran Saiyaman se pone serio.

– “No te resistas.” – advierte al criminal. – “¡Videl, ponle las esposas!”

La muchacha prepara los grilletes.

– “Sabe mi nombre…” – piensa ella. – “Pero podría haberlo oído en la tele…”

El bandido mira de reojo a su compañero, que se encuentra en el suelo en un estado deplorable.

– “Maldita sea…” – piensa el tipo. – “¡No me atraparán estos dos idiotas!”

El maleante tira una granada de humo al suelo y corre hasta su coche.

– “¡Hasta nunca, pringados!” – celebra mientras acelera y da la vuelta para escapar.

Gohan se eleva lentamente mientas observa al vehículo alejarse.

– “¿Crees que puedes huir de la justicia?” – sonríe el Gran Saiyaman. – “¡No escaparas!”

Videl contempla estupefacta al guerrero levitando.

– “¡Está flotando!” – exclama sorprendida. 

Gohan vuela tras el enemigo.

– “¡Está volando!” – exclama Videl. – “¡Y no es un truco!”

El Gran Saiyaman enseguida alcanza al fugitivo y se posa sobre el maletero.

– “¡¿Qué?!” – se asusta el criminal, que puede ver los pies del héroe a través del retrovisor. – “Pero… Pero, ¿cómo…?”

Gohan lo noquea con un coscorrón, detiene el coche y lleva al delincuente hasta Videl.

– “¿Qué hacemos con estos dos?” – pregunta el mestizo. – “¿Puedes encargarte tú de entregarlos a la policía?”

– “Déjalos aquí, llamaré por radio.” – dice Videl. 

El Gran Saiyaman deja al bandido junto a su socio.

– “Oye…” – dice Videl. – “Pareces muy fuerte… ¿No me puedes decir quién eres?”

– “¡No, no puedo!” – responde el enmascarado héroe. – “¡Jamás revelaré mi identidad secreta!”

El Gran Saiyaman se eleva de nuevo.

– “¡Buena suerte, compañera!” – se despide antes de salir volando.

Videl se queda mirando al héroe alejarse en el horizonte con una desconfiada mirada.

– “¿Acaso…  es eso posible?” – se pregunta la muchacha, que tiene claras sospechas sobre quién puede esconderse bajo el disfraz. 

Finalmente, la hija de Satán espera a la policía y los delincuentes son apresados y puestos bajo custodia.

Videl regresa al instituto y recibe una estruendosa ovación por parte de sus compañeros, que ya han oído las noticias. Entre ellos Son Gohan, que se encuentra en su asiento.

La chica disimula, pero el aplauso no va con ella. Además, en esta ocasión, siente que es más inmerecido que nunca. La muchacha regresa a su asiento con una suspicaz mirada fija en Gohan. 

Con el paso de los días, luchar contra el crimen se convierte en rutina. Videl recibe llamadas de auxilio de la policía y acude sin falta. Gohan se inventa una excusa para salir de clase y llega a los lugares antes que Videl, algo que frustra a la joven justiciera… pero cuando ella regresa al instituto, Gohan siempre está allí.

El joven muchacho no pretende eclipsar a su amiga, pero su talante teatral y sus habilidades sobrehumanas pronto acaparan portadas en la prensa escrita y ocupan los espacios de muchos medios de comunicación.

Un día, antes del alba, un rascacielos arde en la metrópolis.

Videl se preparaba para ir al instituto cuando ha visto el horror desde la ventada de su habitación en la lujosa Mansión Satán.

La muchacha corre hasta el lugar del incendio. La policía ya ha acordonado la zona y el cuerpo de bomberos trabaja para extinguir las llamas que devoran los diez últimos pisos.

El edifico es demasiado alto para usar mangueras, así que la tarea se encomienda a varios jets específicamente equipados para combatir el fuego con cañones de agua.

Videl se acerca a uno de los bomberos.

– “¡¿Cuál es la situación?!” – pregunta la muchacha, que tiene que gritar para sobreponerse al rugido continuo de las llamas.

– “¡La estructura ha sufrido muchos daños!” – responde el hombre. – “¡No aguantará mucho!”

– “¡¿Hay alguien dentro?!” – pregunta Videl.

– “¡El edificio debería estar vacío!” – explica el bombero. – “¡Son todo oficinas y aún no habían empezado a…!”

Un estruendo interrumpe la conversación. Una explosión en la antepenúltima planta aviva aún más el desastre.

– “¡El incendio se ha descontrolado!” – exclama por radio uno de los pilotos.

– “¡Tened cuidado!” – se preocupa su compañero en tierra. – “¡Mantened una distancia segura!”

El piloto recupera la posición y sigue disparando su hidrocañón.

– “Esto es un desastre…” – murmura el hombre. – “Pero al menos no había nadie…”

Pero de repente, en la azotea, entre el denso humo y las gigantescas llamas, el bombero identifica a un hombre trajeado intentando pedir ayuda mientras se ahoga con su propia tos.

– “¡AYUD…! *cof, cof*” – intenta gritar el hombre. – “¡POR FAVOR!”

– “¡ATENCIÓN!” – avisa el piloto por radio. – “¡HAY UN HOMBRE EN LA AZOTEA!” – exclama. – “¡REPITO! ¡HAY UN HOMBRE EN LA AZOTEA!”

En tierra todos se asustan al oír la noticia.

– “¡¿Qué hace allí?!” – se preguntan los presentes.

El piloto intenta aproximarse, pero el humo y las llamas le impiden situarse sobre el tejado. 

– “¡No puedo acercarme más!” – exclama el bombero. – “¡El fuego no me lo permite!”

Los hombres que contemplan el incendio desde la calle suponen lo peor y agachan la cabeza derrotados.

– “Maldita sea…” – lamentan. – “No podemos hacer nada…”

Videl mira al cielo en todas direcciones esperando ver al Gran Saiyaman, pero éste no ha aparecido.

La muchacha estudia la distancia entre la aeronave y la azotea.

– “¡Necesito subir ahí!” – exclama Videl.

El bombero coloca la mano sobre el hombro de la chica.

– “No hay nada que hacer…” – intenta consolarla. – “Es demasiado peligroso.”

Videl aparta la mano del hombre. Ella no se ha rendido.

– “¡He dicho que necesito subir!” – insiste ella. – “¡Llame a uno de esos jets! ¡Ahora!”

En unos instantes, Videl ya se encuentra en el vehículo que sobrevuela la zona en círculos. Ella puede comunicarse con los bomberos a través de unos cascos que le han facilitado.

– “¡Acercadme todo lo que podáis!” – ordena la hija de Satán.

El piloto cumple la petición de Videl y se aproxima la azotea del edificio.

– “¡No puedo acercarme más!” – advierte el bombero.

Entre el tejado y el jet hay más de diez metros de distancia.

Videl mira fijamente su objetivo. La mirada de determinación alarma al piloto.

– “Oye…” – dice el bombero. – “No pensarás…”

Pero antes de que el hombre pueda terminar la frase, Videl salta.

La muchacha logra llegar al edificio y da una voltereta para amortiguar la caída.

– “Buff…” – resopla Videl, aliviada.

El hombre de la azotea está sentado en el suelo, aturdido por el humo, pero consciente.

– “¡¿Se encuentra bien, caballero?!” – pregunta Videl.

– “Lo siento…” – dice el hombre. – “Mi mujer me echó de casa… Vine a dormir a la oficina… Puede que una colilla…”

– “¡Ahora no es el momento!” – le interrumpe Videl. – “¡Tenemos que salir de aquí!”

La muchacha coloca el brazo del caballero sobre sus hombros para ayudarle a caminar y juntos se dirigen hacia el borde de la azotea… pero una nueva explosión sacude el edifico. Parte del tejado cae sobre la planta inferior.

– “¡Se va a derrumbar!” – exclama el piloto por radio. – “¡Salid de ahí!”

Cada vez más humo negro brota de entre las fracturas formadas en la azotea. La tos embarga a Videl.

– “No quiero morir…” – llora el hombre, desesperado.

– “¡No le va a pasar nada!” – intenta calmarlo Videl. 

El jet se acerca todo lo que puede a la azotea, mucho más de lo que sería considerado seguro.

– “¡VAMOS!” – exclama el piloto.

El hombre entre en pánico. Al ver el jet tan cerca empuja a Videl y corre hacia el vehículo dispuesto a saltar… pero en el último instante una nueva explosión sorprende a todos y obliga al jet a apartarse para no ser engullido por las llamas. El hombre se precipita al vacío.

– “¡NO!” – grita Videl, que ve desaparecer al hombre ante sus ojos.

La muchacha corre preocupada hacia el borde del tejado, pero el suelo se desmorona bajo sus pies. Videl se hunde entre los escombros y el fuego. El miedo se apodera de la joven muchacha mientras cae. 

– “¡G… GOHAN!” – grita desesperada.

De repente, raudo y veloz, el Gran Saiyaman aparece en el cielo y se precipita en picado sobre el edificio para rescatar a Videl de las llamas. El héroe se adentra en el fuego y asciende un solo instante después con la muchacha en brazos. 

Los testigos y cuerpos de seguridad celebran la llegada del nuevo héroe de la Satán City.

Videl, que había cerrado sus ojos con fuerza para no ver el final que la esperaba, se atreve a abrirlos y ve el rostro enmascarado de su salvador.

El Gran Saiyaman vuela hasta una azotea cercana.

– “¿Estás bien, Videl?” – pregunta el héroe mientras aterriza y la posa en el suelo.

– “Sí… Gracias…” – responde ella tímidamente. 

Videl está agradecida a su héroe, pero a la vez avergonzada por su fracaso.

– “Ese hombre…” – dice ella, preocupada. – “Está…”

– “Lo puse a salvo” – responde el Gran Saiyaman.

La muchacha se alegra de oír eso, pero a la vez parece alicaída.

– “Es una suerte que aparecieras… Has vuelto a salvar el día…” – suspira Videl. – “Creo que esto se te da mucho mejor que a mí.”

El Gran Saiyaman no sabe qué responder.

Tras un incómodo silencio, el héroe prueba suerte.

– “Trabajamos con el mismo objetivo.” – dice el Gran Saiyaman. – “¡Protegemos la paz y la justicia!” – exclama poniendo los brazos en jarra y mirando al infinito.

Videl fuera una media sonrisa.

– “La ciudad está más segura contigo” – dice la muchacha. – “Yo no puedo hacer lo que tú haces.”

El Gran Saiyaman se sorprende al escuchar a su amiga tan abatida.

– “Yo hago esto porque me gusta ayudar a la gente…” – dice Gohan. – “Pero sé que no me va a pasar nada. Sé que no encontraré a nadie más fuerte que yo. Sé que sus armas no van a hacerme daño…” – continúa. – “Pero tú… Tú sabes lo que te puede ocurrir… y decides actuar de todas formas.”

Las palabras del héroe conmueven a Videl, que le mira sorprendida.

– “Luchas por los débiles. Por lo que es justo.” – dice serio el Gran Saiyaman. – “Eres mucho más valiente que yo.”

Videl, sonrojada, agacha la cabeza tímidamente.

– “Gracias… Son Gohan.” – dice la muchacha.

– “No hay nada que agradecer” – responde el mestizo instintivamente.

Una enorme sonrisa se dibuja en el rostro de la hija de Satán.

– “¡LO SABÍA!” – exclama Videl, apuntando con un dedo acusador al enmascarado.

El mestizo se da cuenta de su error y se queda petrificado. Le han descubierto.

– “¡¿C… Cómo… Cómo me has descubierto?!” – titubea Gohan aterrado. – “¡Pero si voy disfrazado!”

Videl sonríe con chulería.

– “La voz, tu forma de hablar, de moverte…” – responde ella. – “Te veo cada día en clase. ¿Creías de verdad que con un casco ibas a engañarme?”

Gohan intenta defenderse como puede.

– “¡¿O sea, que estabas fingiendo?!” – replica el mestizo.

– “¿Eh?” – se extraña ella.

– “Todo esto que has dicho… Era para que bajara la guardia, ¿verdad?” – pregunta el Gran Saiyaman.

Videl se sonroja de nuevo.

– “Pues… ¡Por supuesto!” – disimula ella. – “¡Formaba parte de mi plan!”

Gohan se rinde y suspira.

– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico.

Videl se queda pensando, sujetándose la barbilla.

– “¿Cómo haces eso de volar?” – pregunta ella. – “Porque está claro que no es un truco…”

Gohan parece sorprendido por la pregunta.

– “No, no es un truco…” – responde el saiyajín. – “Es una técnica…”

– “¿Una técnica?” – murmura Videl. – “Así que se puede aprender…”

– “¿Eh? Sí… Claro…” – dice el chico.

– “¡Pues decidido!” – exclama ella. – “Vas a enseñarme a volar.”

– “¡¿QUÉ?!” – se sobresalta Gohan. – “¡¿YO?! ¡¿POR QUÉ?!”

 Videl se cruza de brazos haciéndose la dura.

– “Pues porque si no lo haces le diré a todo el mundo que el Gran Saiyaman es en realidad Son Gohan.” – le amenaza.

– “¡No hagas eso!” – suplica el mestizo.

– “Entonces…” – sonríe ella.

– “Está bien…” – suspira Gohan encogiéndose de hombros. – “Te enseñaré a volar…”

El rostro de la muchacha se ilumina con ilusión.

– “¡Estupendo!” – celebra ella.

Gohan se siente derrotado.

– “En menudo lío me he metido…” – piensa el mestizo.

Videl se dirige a la puerta de la azotea.

– “¡Pues nos vemos en un rato en clase!” – le guiña un ojo.

Gohan se despide sin ánimos.

– “Sí… Hasta ahora…” – dice el chico.

Videl intenta abrir la puerta, pero resulta que está cerrada.

Gohan ya se estaba marchando, pero Videl lo reclama.

– “Oye, Gran Saiyaman…” – dice la muchacha con cierta verngüenza.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Gohan.

– “Pues… Está cerrada…” – responde ella.

– “Está bien…” – suspira el chico.

Gohan desciende y se acerca a Videl hasta colocarse a escasos centímetros de ella y la agarra por la cintura.

– “¿Qué haces…?” – dice ella, ruborizada, pero con cierta ternura.

– “¿No quieres que te baje?” – responde Gohan, inocentemente.

– “¿Eh…? Sí, claro…” – dice Videl, apartando la vista hacia un lado. 

Gohan y Videl se elevan. Videl queda impresionada al sentir que está levitando en el aire, pero al mirar hacia abajo tiene cierto miedo y se agarra al gi verde de Gohan.

Los dos descienden lentamente hasta la acera de la calle.

Gohan la suelta e intenta apartarse.

– “Nos vemos en clase” – sonríe el mestizo.

Videl sigue mirando al suelo.

– “¿Eh…? Sí…” – responde ella.

– “Videl…” – dice Gohan.

La muchacha se da cuenta de que sigue agarrada al Gran Saiyaman.

– “¡Ah!” – exclama ella, que de repente propina un guantazo inesperado al joven muchacho que le gira el casco noventa grados.

El mestizo, completamente desconcertado, se recoloca su disfraz.

– “¡¿PERO QUÉ MOSCA TE HA PICADO?!” – pregunta el chico.

Videl empieza a alejarse.

– “¡Tú sabrás!” – responde ella. – “¡Nos vemos en clase!” – se despide alzando la mano sin darse la vuelta.

Gohan se cruza de brazos mientras ve a la muchacha marcharse.

– “No hay quién la entienda…” – refunfuña el mestizo. 

De repente, una avalancha de periodistas dobla la esquina y corren hacia el Gran Saiyaman.

Gohan se asusta y alza el vuelo rápidamente, desapareciendo en el cielo entre flashes, mientras los reporteros gritan su nombre e insisten en hacerle preguntas. 

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 1: El instituto de Satán City

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 1: El instituto de Satán City

Gracias al sacrifico de Son Goku y a la valentía de Son Gohan, la Tierra fue rescatada de las garras de Cell todos pudieron volver a su vida tranquila y pacífica… pero no pasó mucho tiempo hasta que el mundo volvió a dar la paz por sentada, y la gente recuperó sus comportamientos egoístas y maliciosos; así somos los seres humanos.

Los habitantes de la Tierra creían que Míster Satán había salvado el planeta, aunque en realidad no había sido así. Por eso, la ciudad dónde el Campeón vivía cambió de nombre en su honor. 

Han pasado siete años desde la lucha contra Cell. Nos encontramos en Satán City.

En el banco de la ciudad, un grupo maleantes está cometiendo un atraco y disparan a todo el que se interpone en su camino.

Mientras tanto, ajeno al delito, un adolescente Gohan vuela sobre Kinton hacia la metrópolis. El muchacho ya ha cumplido 16 años. Ha estado estudiando a distancia, ya que vive alejado de la civilización, pero su madre ha decidido que eso ya no es suficiente y que ha llegado el momento de asistir al instituto. Empieza hoy.

– “Ya estoy en las afueras…” – piensa el mestizo. – “Me bajaré aquí.” – dice al saltar de la nube. – “¡Hasta luego, Kinton!” – se despide. – “¡Te llamaré para volver a casa!”

El muchacho lleva una bandolera al hombro y viste pantalón marrón, camiseta blanca y chaleco negro, luciendo una chapa en el pecho con la insignia de su nuevo instituto; una estrella naranja.

Gohan empieza a caminar, pero al mirar el reloj se da cuenta de que llega un poco tarde.

– “Me lo he tomado con demasiada calma…” – piensa el chico.

Tras mirar a su alrededor y ver que no hay nadie observándole, una pícara sonrisa se dibuja en su rostro. El mestizo echa a correr, adelantando vehículos cuyos conductores miran extrañados el misterioso borrón que los rebasa. 

Después de recorrer unas cuantas calles, el sonido de disparos alerta a Gohan, que se detiene para investigar de qué se trata.

Es el banco. Los atracadores han subido a una camioneta y están disparando contra la policía. Los agentes buscan parapeto tras sus coches.

Gohan contempla la escena.

– “Otra vez… Esta ciudad… No tiene remedio…” – murmura mientras se quita la mochila y la deja oculta tras unos setos. – “Me transformaré para que no me reconozcan.” – piensa mientras su cabello se torna rubio.  

El saiyajín interviene en la disputa y en un solo instante deja fuera de combate a los ladrones y vuelva el coche en el que intentaban escapar con un empujón de energía invisible. 

Cuando la policía se da cuenta de lo sucedido, él ya ha desaparecido.

Gohan, que ha vuelto a su estado base, recupera su mochila y suspira. Ha logrado actuar sin ser visto.

En ese momento, una muchacha le sobresalta.

– “¡Oye!” – exclama ella; una bonita chica de pelo negro y coletas, que viste un short negro y una camiseta blanca decorada con la misma chapa que lleva Gohan. – “¿Quién ha hecho eso?” – pregunta. – “No creo que haya sido la policía…” – dice al fijarse en el coche bocabajo.

– “No lo sé…” – responde un nervioso Gohan. – “Yo no he visto nada…” – dice mientras retrocede para marcharse.

La chica ignora a Gohan al ver que no sabe nada.

– “¡Y yo que he venido corriendo!” – se queja ella cruzándose de brazos. – “¿Quién habrá sido?”

Gohan aprovecha el momento para marcharse sin levantar sospechas.

Un viandante, un señor trajeado, se acerca a la muchacha.

– “¡Señorita Videl!” – exclama el hombre. – “¡Lo he visto todo! ¡Ha sido el Guerrero Dorado!”

– “¿El Guerrero Dorado? ¡¿Otra vez…?!” – murmura ella.

– “¡Es un tipo muy fuerte y rápido!” – continúa el señor. – “Emitió una extraña energía… ¡y el coche de los atracadores dio una vuelta de campana!”

Videl escucha atentamente al caballero, pero no puede evitar pensar que el hombre está exagerando.

– “¡Y creo que era un alumno de su instituto!” – exclama el señor al ver la chapa de Videl. – “¡El Orange Star High School! ¡Llevaba esa misma insignia!”

– “¡¿Qué?!” – exclama la chica. – “¿Alguien de mi instituto…?” – reflexiona. – “No conozco a nadie de cabello dorado…”

Media hora más tarde, en el Instituto Orange Star, Videl comenta lo ocurrido con sus compañeros de aula. El grupo está sentado en la penúltima fila del gran anfiteatro.

– “Shapner…” – le dice Videl a un amigo fortachón de pelo rubio y largo sentado a su derecha. – “¿Tú no serás el Guerrero Dorado…?”

– “Lo siento, pero yo no tengo tiempo para esas cosas” – dice con chulería. – “He estado entrenando con el club de béisbol toda la mañana.”

Otra compañera de Videl, sentada a su izquierda, se mete en la conversación.

– “Oye, Videl…” – dice la muchacha rubia de pelo corto. – “¿Crees que ese tipo podría ser más fuerte que tu padre?”

Un tercer personaje, sentado en una fila inferior, se entromete en la discusión.

– “¡No digas tonterías, Erasa!” – dice el chico, con prepotencia. – “¡No hay nadie en el mundo más fuerte que Míster Satán!”

En ese instante, el profesor entra en el aula y todos los estudiantes se apresuran a sentarse correctamente y en silencio.

– “¡Bien!” – empieza el maestro. – “Os voy a presentar un alumno nuevo…” – anuncia. – “¡Adelante!”

Gohan entra en la clase con cierta vergüenza.

– “Buenos días. Me llamo Son Gohan…” – se presenta el chico. – “Encantado.”

Erasa le mira sonriente.

– “Es muy guapo…” – dice la muchacha. – “¡Justo mi tipo!”

– “¿Ha dicho que se llama Gohan?” – dice el uno. – “Qué nombre tan raro…”

– “Creo que le he visto en alguna parte…” – piensa Videl.

– “Ju, ju, ju” – ríe Shapner. – “Vaya pinta de niño mimado y empollón…”

El profesor invita a Gohan a sentarse.

Gohan busca un sitio libre, pero antes de que pueda decidirse, Erasa le reclama.

– “¡Aquí, aquí!” – exclama ella, señalando el asiento libre a su izquierda.

Gohan sube las escaleras hasta su asiento.

– “Gracias…” – dice el mestizo tímidamente.

– “Me llamo Erasa. ¡Encantada de conocerte!” – se presenta ella. – “Y mi amiga es Videl.”

Gohan reconoce a la muchacha con la que habló esta mañana.

– “¡Su padre es Míster Satán!” – dice Erasa.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Gohan. – “¡¿Míster Satán?!”

– “¡Jajaja!” – ríe Erasa. – “Pareces muy sorprendido…”

La clase empieza, pero los chicos siguen hablando en voz baja.

– “Un poco…” – se disculpa Gohan.

– “¡No te preocupes! ¡Es normal!” – dice Erasa. – “Al fin y al cabo, estamos vivos gracias a él.”

Videl ha estado mirando a Gohan desde que ha entrado y finalmente le recuerda.

– “¡Oye!” – exclama la hija de Satán. – “¡Tú eres el chico de esta mañana! ¡El que estaba en el lugar del atraco!”

– “Ah… sí…” – responde Gohan.

– “¡Oh!” – exclama Erasa. – “¿Y pudiste ver al Guerrero Dorado?”

– “¿El Guerrero Dorado?” – pregunta Gohan, desconcertado. – “¿Quién es ese?”

– “Claro… No lo conoces porque acabas de llegar.” – dice Erasa. – “¡Es un guerrero que ha aparecido tres veces en los últimos diez días! ¡Siempre para defender el bien y la justicia!” – explica. – “¡Dicen que es un muchacho de cabello dorado! ¡Y que es muy fuerte! Ya es famoso en la ciudad…”

Gohan no dice nada y traga saliva nervioso.

– “Maldita sea… Parece que me vieron cuando vine a visitar el instituto por primera vez y también cuando volví para matricularme…” – se preocupa el mestizo.

Videl sigue atenta a Gohan y a sus reacciones.

– “Me han dicho los testigos que el Guerrero Dorado llevaba una insignia del instituto…” – dice la hija de Satán. – “Pantalón marrón, camisa blanca y chaleco negro… Parece que encajas en la descripción.”

– “Pues es cierto…” – dice Erasa.

Gohan ríe nervioso.

– “¡Qué casualidad…! ¡Jajaja!” – intenta disimular.

El profesor oye a Gohan alzar la voz y detiene la clase para pedir silencio.

Tras un breve instante, la case continúa y los chicos siguen conversando. 

– “¡Jujuju!” – ríe Shapner. – “Pero miradle bien… ¿Tiene pinta de guerrero?” – se burla. – “¡Pero si ni siquiera es rubio!”

– “¡Jiji!” – sonríe Erasa. – “Es cierto… No te ofendas, Gohan, pero no pareces muy fuerte…”

– “¡Jaja!” – ríe el mestizo para disimular. – “No, no me gustan las peleas…”

Videl sigue estudiando al recién llegado.

– “No creo que sea él…” – piensa la hija de Satán. – “Aunque en aquel video antiguo de mi padre luchando contar Cell aparecen unos extraños hombres de cabello dorado… Mi padre siempre dijo que era solo un truco… Pero, ¿tendrán alguna relación con ese Guerrero Dorado?”

Mientras tanto, Erasa sigue dando conversación a nuestro amigo.

– “Y dime, Gohan… ¿Vienes cada día a la ciudad o has alquilado un apartamento aquí?” – pregunta ella.

– “Vengo cada día desde casa” – responde el mestizo.

– “¿Y dónde vives?” – dice Erasa.

– “En la zona 439 del Este, en las montañas…” – responde Gohan.

Erasa se levanta sobresaltada.

– “¡¿HAS DICHO 439 DEL ESTE?!” – exclama sorprendida. – “¡ESO ESTÁ A 1000 KILÓMETROS!” 

El profesor se molesta al escuchar el grito.

– “¡Silencio, por favor!” – insiste el docente.

Erasa se vuelve a sentar y se esconde tras su cuaderno.

– “¿Y cómo…? ¿Cómo vienes a clase?” susurra la muchacha. – ¡Incluso en Jet-Flyer se tarda más de cinco horas!” 

– “Eh… Esto…” – tartamudea Gohan. – “¡Por eso he llegado tarde! ¡Jaja!”

Tras unas cuantas clases en el aula ha llegado la hora de gimnasia. Los estudiantes se han puesto ropa deportiva y salen al patio, todos con la misma gorra del instituto. 

El profesor de gimnasia, un hombre fortachón de cabello negro y frondoso bigote, organiza un partido de béisbol.

– “¿Tú sabes jugar a béisbol?” – le pregunta Shapner a Gohan.

– “Bueno… Mi tío me enseñó las reglas.” – responde el mestizo.

Shapner le mira con aires de superioridad.

– “Vaya paleto…” – piensa Shapner, mientras se prepara para batear. – “Esto va a ser divertido…”

Videl es la lanzadora.

– “Gohan, tú cubrirás el flanco derecho, ¿lo entiendes?” – pregunta ella.

– “Claro” – sonríe el chico.

Gohan camina hasta su posición, algo nervioso.

– “Mamá y Bulma me han dicho que oculte mi fuerza para pasar desapercibido…” – piensa Gohan. – “Intentaré comportarme como los demás.”

Videl se prepara para lanzar.

– “¡Esta ni la verás!” – piensa ella, que lanza la bola con todas sus fuerzas.

Shapner batea con rabia. Es un golpe perfecto. La pelota se eleva rápidamente y él suelta el bate para correr hasta la siguiente base, dando por hecho el “Home run”.

Gohan, sin ningún esfuerzo, salta y atrapa la pelota en el aire.

Los presentes se quedan boquiabiertos al ver al chico unos ocho metros por encima de sus cabezas.

– “A ver… Si la lanzo a la tercera base creo que elimino a ese…” – piensa Gohan. – “Pero tengo que hacerlo flojito…”

Gohan lanza la pelota y el compañero de dicha base la recibe, cayendo de espaldas al suelo por la velocidad que llevaba la bola.

El mestizo aterriza sonriente.

– “Creo que ha salido bien…” – piensa Gohan.

Pero pronto se da cuenta de que nadie sigue la jugada. Todos se han quedado boquiabiertos ante tal exhibición de cualidades físicas. 

– “Maldición…” – piensa Gohan, intentando ocultarse tras la visera de su gorra. – “Parece que me he pasado…”

El profesor de gimnasia se acerca a Gohan.

– “Eres muy ágil…” – dice el asombrado maestro. – “¿Qué has saltado…? ¿Diez metros?”

– “¡Jaja!” – ríe Gohan. – “¡Habrá sido suerte!”

– “¿Y ese tiro también ha sido suerte?” – dice Erasa.

– “No lo sé… No había jugado nunca… ¡Jaja!” – se excusa Gohan.

– “A lo mejor deberías plantearte ser profesional…” – dice el profesor.

El partido sigue y ahora a Gohan le toca batear.

– “A ver cómo lo hace de bateador…” – dice Erasa.

– “Veamos…” – piensa Videl.

Gohan se prepara. Pronto se da cuenta de que todas las miradas están fijas en él.

– “No puedo llamar más la atención…” – piensa el mestizo.

– “Oye, muchacho…” – dice el profesor de gimnasia. – “¿Eres zurdo?”

– “No…” – responde Gohan.

– “Entonces estás en el lado equivocado…” – explica el docente.

– “Ah, vaya…” – se sonroja el mestizo.

– “Y además tienes las manos colocadas al revés…” – continúa el profesor.

– “¡Jaja!” – ríe Gohan.

Gohan corrige su posición y su agarre.

– “Será mejor que ni golpee la pelota…” – piensa el chico.

Shapner es el lanzador y observa la escena.

– “Ese paleto me ha fastidiado el “Home run”…” – dice entre dientes. – “Voy a darle un susto.” – se prepara para lanzar. – “¡Si no la esquiva, le dolerá de verdad!”

El chico lanza la pelota con todas sus fuerzas, y ésta se dirige directa a Gohan.

– “¡CUIDADO!” – exclama Videl, que conoce a Shapner y ve sus intenciones. 

La pelota impacta en la cara del mestizo, asustando a todos los presentes.

– “Ese idiota…” – dice Shapner, asustado por el daño que puede haber causado a su compañero. – “Tenía que esquivarla… Yo no pretendía…”

Pero Gohan ni se ha movido y ahora mira la pelota en el suelo con inocencia.

– “Esto se llama “Dead Ball”, ¿verdad?” – pregunta Gohan a su profesor.

– “Sí… así es…” – responde el perplejo maestro.

– “¡Genial!” – celebra Gohan.

El mestizo corre hacia la primera base.

– “¡Puedo avanzar a la primera base sin necesidad de batear!” – sonríe alegremente. – “¡Me he librado!”

Todos lo miran estupefactos.

– “¿De dónde sale este tipo?” – se pregunta Shapner.

– “Todo esto es muy sospechoso…” – piensa Videl.

Tras un largo día, las clases finalizan y Gohan está ordenando su taquilla cuando Shapner le interrumpe.

– “¿Ya has escogido alguna actividad extraescolar?” – pregunta el chico. – “¿Algún deporte?”

– “No, no he elegido nada…” – responde Gohan.

– “¿Has pensado en hacer boxeo?” – sugiere Shapner. – “Eres ágil y creo que más fuerte de lo que crees…”

– “No me gustan los deportes de contacto…” – insiste el mestizo.

– “Puedes probar el béisbol…” – dice Shapner. – “Parece que tienes un talento innato para ello…”

Erasa interviene.

– “Si vive tan lejos no creo que tenga tiempo para hacer extraescolares…” – dice la muchacha.

– “¡Sí! Es eso…” – responde Gohan, aprovechando la excusa que le ha pueso en bandeja Erasa.

– “Oye, nos vamos juntos, ¿no?” – coquetea ella. – “¿Me llevas a casa?”

– “Eh… Lo siento… Mi coche es monoplaza” – dice Gohan.

– “Ven a vivir a Satán City, hombre” – le dice Shapner.

Gohan no tarda en ponerse en camino, pero pronto se da cuenta de alguien lo observa. 

La hija de Satán lo sigue, ocultándose tras cada esquina.

– “Vive muy lejos… ¿Y no va en coche ni en jet?” – se pregunta Videl.

Tras caminar unas cuantas calles, Gohan dobla la esquina. Videl corre para no perderle el rastro, pero al girar se da cuenta de que el chico ha desaparecido.

– “Maldita sea…” – lamenta ella. – “¿Dónde se ha metido?”

Gohan ha saltado hasta la azotea de un bloque de pisos.

– “Uf…” – suspira el mestizo. – “Qué insistente…”

El chico llama a Kinton y pone rumbo a casa.

– “Esto es más agotador de lo que esperaba…” – piensa el chico. – “Y lo del Guerrero Dorado… Debo tener más cuidado.” – reflexiona. – “Puede que Bulma tenga alguna idea para ocultar mejor mi identidad… ¡Le haré una visita!”

Son Gohan decide visitar la Capital del Oeste.

Ya en la Corporación Cápsula, Gohan se ha reunido con Bulma.

– “Mmm…” – cabila Bulma. – “Así que quieres un disfraz…”

– “Sí…” – responde Gohan. – “¿Es posible?”

– “¡Por supuesto!” – exclama ella, arremangándose. – “No olvides que soy un genio” – le guiña el ojo. – “Podrías llevarlo instalado en alguna parte del cuerpo… Un disfraz comprimido en una cápsula…”

– “¡Suena genial!” – celebra Gohan.

– “Una identidad secreta para luchar contra el crimen…” – sonríe Bulma. – “Lo tendré listo en un par de horas.”

– “¡Muchas gracias!” – dice el mestizo. – “¿Dónde está Trunks? Podríamos jugar mientras espero. Siempre tiene los mejores videojuegos.”

– “Creo que está en su habitación leyendo un cómic nuevo” – dice Bulma. – “¡Seguro que se alegra de verte!”

Son Gohan recorre los largos pasillos de la Corporación hasta llegar a la habitación de Trunks y llama a la puerta.

– “¡Adelante!” – se oye una voz a través de la puerta.

– “¡Hola, Trunks!” – saluda Gohan.

– “¡Son Gohan!” – exclama ilusionado el hijo de Vegeta, que ahora tiene ocho años, mientras se levanta de la cama en la que estaba tumbado y lanza su cómic sobre el escritorio. – “¿Cuándo has llegado? ¿Qué haces aquí?” 

– “He venido a hablar con tu madre” – dice Gohan. – “¡Va a hacerme un disfraz para luchar contra el crimen!”

– “¡WOW!” – exclama Trunks, con ojos como platos. – “¡Eso suena fascinante!”

– “Jeje” – ríe Gohan. – “Tengo un par de horas hasta que Bulma lo tenga listo, así que… ¿Qué te apetece hacer?”

– “¡Jugar a las peleas!” – exclama Trunks, sin dudar ni un momento.

– “Me encantaría… Pero si rompo esta ropa, mi madre me matará.” – se excusa Gohan.

– “Joo…” – lamenta el niño. – “Mi padre tampoco quiere nunca…”

Gohan se cruza de brazos, pensativo.

– “¡Ya lo sé!” – tiene una idea el mestizo. – “¿Tienes ropa para prestarme?”

– “Ni yo ni mi padre tenemos tu talla…” – dice Trunks. – “¡Excepto…! ¡Sígueme!”

Trunks agarra del brazo a Gohan y lo lleva hasta un gran vestuario hecho de mármol, mejor que el de cualquier gimnasio, con taquillas, duchas, jacuzzi, y bancos para sentarse.

– “Esto es impresionante…” – piensa Gohan. – “Esta casa tiene de todo…”

Trunks busca en una estantería y saca una ropa que entrega a Gohan.

– “¡Ponte esto!” – dice Trunks.

Gohan reconoce enseguida esa ropa.

– “Esto es…” – murmura el mestizo.

– “¡No te preocupes!” – insiste el niño. – “Mi padre ya no la usa.”

En unos minutos los dos chicos ya pelean en la Sala de Gravedad, que marca 1G; la gravedad habitual de la Tierra.

Los dos muchachos visten armaduras saiyajín hechas por Bulma. Trunks insiste en sus ataques contra Gohan, pero el mestizo detiene todos los puñetazos y patadas que el pequeño propina. 

– “¡Oye!” – exclama Gohan. – “¿Te has hecho más fuerte desde la última vez que jugamos o me lo parece a mí?”

– “He entrenado por mi cuenta” – sonríe Trunks.

– “¡No está nada mal!” – dice Gohan.

– “Mi padre no quiere entrenar conmigo.” – dice el hijo de Vegeta, apenado.

– “Vaya…” – suspira Gohan. – “Sigue con esas, ¿eh?”

Trunks se detiene.

– “Mi madre dice que él y tu padre eran grandes guerreros…” – dice Trunks. – “Pero ya no sé qué creer.”

– “Te aseguro que lo eran.” – dice Gohan. – “Tu padre era realmente fuerte… Temible, me atrevería a decir.”

– “Pero ya no pelea…” – agacha la cabeza Trunks.

– “La muerte de mi padre nos afectó a todos de forma distinta.” – suspira Gohan.

Trunks parece algo desanimado.

Gohan le propina un coscorrón por sorpresa.

– “¡Pero bueno!” – exclama Trunks. – “¡Eso no vale!”

– “¡Has bajado la guardia!” – se burla Gohan.

– “¡Me vengaré!” – grita Trunks, que se abalanza contra su compañero.

– “Jeje” – ríe Gohan.

Tras un buen rato de pelea, Gohan y Trunks se sientan en el suelo, agotados.

– “Cada día eres más fuerte” – dice el hijo de Goku. – “¡A este ritmo vas a alcanzarme pronto!”

– “No te burles…” – dice Trunks. – “Sé que nunca peleas en serio.”

– “Así que lo sabes, ¿eh?” – sonríe Gohan.

Gohan ve a Trunks vestido con la armadura saiyajín y sonríe de forma nostálgica, recordando a Mirai Trunks y su propio entrenamiento en la sala con Goku.

En ese instante, Gohan se da cuenta de que Vegeta les observa por el ojo de buey de la puerta.

– “¡Hola, Vegeta!” – saluda Gohan.

Pero el saiyajín lo ignora y se marcha.

Gohan y Trunks se duchan y se están cambiando de ropa cuando Bulma entra en el vestuario, sorprendiendo a un desnudo Gohan, que se apresura en taparse.

– “Ya está listo” – anuncia Bulma.

En unos minutos, Gohan se ha puesto el reloj que le ha entregado la madre de Trunks.

– “Así que aprieto este botón rojo, ¿no?” – dice Gohan.

– “¡Yo también quiero uno!” – exclama Trunks.

– “¡Venga, pruébalo!” – insiste Bulma.

Gohan activa el dispositivo y un estrafalario traje se materializa sobre su ropa. Un mono negro, con un gi verde sobre la parte superior, botas y guantes blancos parecidos a los de saiyajín, una capa roja y un casco naranja con visera negra y dos antenas.

Gohan se mira en el espejo.

– “¡Me encanta!” – exclama el mestizo, ilusionado. – “¡Justo lo que tenía en mente!”

Bulma le guiña un ojo.

Trunks se queda maravillado.

– “¡WOW!” – exclama el niño. – “¡Pareces un héroe de comic!”

– “¡Con este traje no tendré problemas nunca más!” – celebra Gohan. – “Aunque aún tengo que pensar un nombre…”

El mestizo desactiva su traje y se da cuenta de que ya se ha hecho tarde.

Gohan sale al jardín y llama a Kinton para marcharse.

– “Me queda un largo camino a casa…” – se despide Gohan. – “¡Hasta luego! ¡Y gracias por todo!”

– “¡Hasta pronto, Gohan!” – se despide Trunks.

El chico vuela sobre su nube hacia el Monte Paoz.

– “Con este traje incluso podré volar al instituto cada día sin ayuda de Kinton…” – murmura Gohan. – “Me ahorraré un buen rato. Yo vuelo más rápido.”

Gohan se pone en pie sobre la nube.

– “¿Quieres comprobarlo, Kinton?” – dice el chico. 

El mestizo activa su traje y se coloca al lado de la nube.

– “Te hecho una carrera hasta la Satan City” – dice Gohan. – “¿Listo? – le reta. – “¡YA!” 

Los dos salen disparados a toda velocidad, pero Gohan pronto toma la delantera.

– “¡Eres rápido…!” – dice Gohan. – “¡Pero yo aún puedo serlo más!”

En un instante el chico llega a la ciudad.

El chirrido de ruedas llama la atención del saiyajín. Un coche deportivo recorre la avenida principal a gran velocidad, conduciendo de forma temeraria. 

– “¡Ese idiota va a provocar un accidente!” – exclama Gohan.

El mestizo desciende y se planta frente al vehículo, que tiene que frenar hasta detenerse para no chocar con él. 

El conductor, un hombre con malas pintas, se asoma por la ventanilla.

– “¡¿Qué haces, imbécil?!” – dice el tipo. – “¡Podría haberte atropellado!”

– “¡No se puede conducir de esa forma!” – exclama Gohan. – “¡A partir de ahora, prométeme que seguirás las normas de circulación y conducirás con precaución!”

El hombre sale del coche.

– “¿Pero de qué hablas, idiota?” – dice mientras saca una navaja. – “¿Dónde vas con esas pintas? ¿A una fiesta de disfraces?” ¿Quién te crees que eres?”

Son Gohan se queda dubitativo.

– “¿Quién soy…?” – piensa el mestizo. – “Pues… A ver…”

El conductor parece confuso ante la reacción de tan estrafalario individuo.

– “¡Soy alguien que lucha por la paz y la justicia!” – exclama Gohan, mientras hace varias poses que recuerdan a las Fuerzas Ginyu. – “¡Soy el Gran Saiyaman!”

El malhechor se queda perplejo ante tan extravagante despliegue, pero pronto estalla en una enorme carcajada.

– “¡Mira que eres ridículo, payaso! ¡JAJAJA!” – ríe el tipejo. – “¡Eres aún más estúpido que tu traje!”

Gohan se enfurece y pisa el suelo con fuerza, creando un socavón. 

– “¡NO TE BURLES DE MÍ!” – grita Gohan. – “¡Este traje ha costado horas de trabajo!”

El tipo retrocede asustado.

– “Bueno… Ahora que me fijo… Es bastante bonito…” – se excusa el conductor, mientras vuelve a meterse en el coche. – “Prometo que conduciré con más cuidado… ¿De acuerdo?”

Gohan mantiene la mirada con el tipejo mientras éste da la vuelta y marcha conduciendo adecuadamente.

– “Parece que lo ha entendido…” – piensa Gohan.

Y así fue como por Satán City se extendió el rumor de que había aparecido un nuevo héroe… ¡el Gran Saiyaman!

DBSNL // Capítulo 161: Gelbo

DBSNL // Capítulo 161: Gelbo

“¡Apártate de mí, brujo!”

En la Atalaya de Kamisama, Krilín y Ten Shin Han han llevado a Lapis hasta uno de los fragmentos del palacio que quedan en pie y lo han tumbado en el suelo.

– “Lo siento, chicos…” – dice el androide.

– “Tranquilo, Lapis” – dice Krilín, que sujeta la mano del androide. – “Te llevaremos a la Corporación Cápsula.”

Ten agacha la cabeza.

– “Creo que ya no hay nadie allí.” – lamenta el guerrero de tres ojos.

– “Maldita sea…” – llora Krilín.

– “Marchaos.” – dice Lapis. – “Ese demonio podría volver en cualquier momento.”

Ten Shin Han se acerca al borde de la Atalaya y cierra los ojos para concentrarse.

– “Vamos…” – refunfuña Ten. – “Tiene que quedar alguien con vida…”

De repente, la mano del androide pierde su fuerza.

– “Maldita sea…” – llora Krilín. – “¡MALDITA SEA!”

En el planeta de Hit, el asesino espera impaciente a Trunks junto a Cheelai. El mestizo llega tarde al entrenamiento.

– “¿Dónde se ha metido?” – se pregunta Hit.

– “Creo que por las noches entrena por su cuenta.” – dice Cheelai. – “Ya le he visto fugarse en varias ocasiones.”

– “No debería forzar tanto su cuerpo.” – suspira Hit. – “Entrenar demasiado, a veces, puede ser tan malo como no entrenar lo suficiente.”

De repente, una luz brilla en el cielo.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Cheelai. – “¿Una nave?”

Hit observa detenidamente el objeto volador no identificado que desciende sobre un claro cerca del valle.

– “Ha aterrizado.” – dice Hit. – “No puede ser nada bueno. Nadie debería conocer este planeta.”

Cheelai aprieta un botón de su ordenador de pulsera.

– “La nave no aparece en mi radar.” – dice Cheelai. – “Debe tener algún tipo de dispositivo de camuflaje.” – deduce la patrullera. – “Deberíamos investigar.”

– “No hará falta.” – dice Hit. – “Ya viene.”

Una esfera de energía aparece en el horizonte, avanzando lentamente hacia ellos.

– “¡¿Un señuelo?!” – se sorprende Hit.

De repente, el sicario Koros se abalanza sobre el asesino por la espalda y le propina un golpe certero en la nuca; pero Hit resulta ser una imagen residual.

Koros sonríe.

– “No esperaba menos del legendario asesino.” – murmura el sicario.

En la cabaña de madera, Hit aparece con Cheelai en brazos, sorprendiendo a su familia.

– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta Strai.

– “Han descubierto nuestro escondite.” – dice el asesino, dejando a Cheelai en el suelo.

– “¡Te ayudaré a luchar!” – dice Punch.

– “Yo me encargo.” – responde Hit, poniendo la mano sobre hombro de su hijo. – “Necesito que tú ayudes a Cheelai a proteger a tu madre y a tu hermana, ¿de acuerdo?”

El muchacho asiente.

– “Trunks volverá de un momento a otro” – dice Cheelai.

– “Creo que ese tipo ha venido a por mí.” – dice Hit. – “Y por su forma de moverse parece un asesino experimentado.”

– “¿Un asesino?” – se sorprende la patrullera.

Hit no tarda en salir de la cabaña. Koros le está esperando.

– “He oído historias sobre ti.” – dice Koros.

– “Pues yo no sé quién eres.” – responde el asesino, que parece tranquilo, con las manos en los bolsillos.

Las palabras de Hit frustran a Koros, pero disimula con una sonrisa falsa.

– “Hit, el legendario asesino…” – murmura el sicario.

– “Estoy retirado.” – responde Hit.

– “Lo sé.” – responde Koros. – “Supongo que tus habilidades ya no son lo que eran.”

Cuando Koros termina su frase, se da cuenta de que Hit ha desaparecido.

– “Tranquilo” – dice Hit, que ahora se encuentra detrás del sicario. – “Siguen siendo suficiente para lidiar con escoria como tú.”

El asesino propina una patada al costado de Koros, que se cubre rápidamente para encajar el golpe, pero sale repelido varios metros deslizándose sobre el suelo, pero sin perder pie.

– “No está mal para ser una vieja gloria…” – fanfarronea Koros.

Mientras tanto, en Gelbo, Freezer ha entregado la caja de música a Zunama. El brujo ha dibujado un círculo de jeroglíficos con su propia sangre en el suelo y ha colocado el artefacto en el centro. Ahora recita un conjuro en lengua antigua.

La manivela de la caja de música empieza a girar y una melancólica música inunda el lugar. Un oscuro humo brota de la caja y un guerrero konantsiano aparece entre tinieblas.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el guerrero, que no tarda en percatarse de la presencia de los personajes que le acompañan.

Tapion desenfunda su arma asustado.

– “¡Apártate de mí, brujo!” – exclama al ver a Zunama.

Freezer utiliza su poder mental sobre el muchacho y lo inmoviliza.

– “Tranquilo, chico.” – dice el tirano.

– “¿Quién…?” – intenta hablar Tapion. – “¿Quién eres tú?”

El demonio del frío no responde y obliga al konatsiano a arrodillarse. Su espada cae al suelo.

Zunama se acerca y coloca su pulgar en la frente del muchacho, haciendo que un denso humo negro brote del cuerpo del konatsiano.

El kashvar ríe a pleno pulmón. El humo que emana de Tapion se introduce en el cuerpo de Zunama.

– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo.

Zunama se aparta de Tapion. La mitad superior de Hildegarn ahora le pertenece.

– “¡YA TENEMOS LA VIEJA LLAVE!” – celebra el brujo. – “¡HILDEGARN VUELVE A ESTAR COMPLETO!”

– “¿C… Completo?” – gruñe Tapion. – “¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI HERMANO?!” – exclama desesperado.

El brujo sonríe.

– “Ese mocoso está muerto.” – responde Zunama.

El kashvar da la espalda a Tapion y camina hasta cruzarse con Freezer.

– “Mátale.” – ordena el brujo. – “Ya no le necesitamos.”

Freezer atrae la espada de Tapion hasta su mano con su poder mental.

– “No…” – intenta luchar inútilmente el muchacho contra el control del demonio del frío. – “Tienes que…”

El tirano usa su poder para obligar al konatsiano a agachar la cabeza y exponer su nuca. Freezer levanta la espada sobre la cabeza del muchacho.

– “¿Porqué…?” – insiste el konatsiano. – “¡¿Quién eres?!”

Una media sonrisa se dibuja en el rostro de Freezer.

El demonio del frío se da la vuelta y con un rápido espadazo decapita a Zunama. El kashvar no ha tenido ninguna oportunidad de reaccionar.

Tapion ha quedado libre del control mental de Freezer y contempla pasmado y confuso la escena.

– “Se llamaba Minosha.” – murmura el demonio del frío en voz baja.

Freezer le devuelve la espada a al konatisano.

– “No esperaba volver a verte, Tapion de Konats.” – sonríe el tirano.

– “¿Nos conocemos?” – pregunta el confuso guerrero.

En ese momento, Liquir, magullado, se acerca a los dos supervivientes.

– “No hacía falta que me golpearas tan fuerte…” – se queja el kurama.

– “Tenía que ser creíble.” – responde Freezer. – “Además, no me caes bien.” – sonríe.

Tapion no entiende nada de lo ocurrido.

– “¿Qué significa todo esto?” – se pregunta el konatsiano.

Freezer suspira y mira al cielo.

– “Tenemos trabajo que hacer.” – sentencia el demonio del frío.

En Konats, Salabim siente la muerte de su compañero.

– “¡NOO!” – grita furioso. – “Maldita sea… Ahora solo nos queda una oportunidad… ¡Estábamos tan cerca!”

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shiras.

– “¡Habíamos recuperado la antigua llave de mi Maestro!” – responde Salabim. – “Pero ese demonio del frío la ha destruido…”

– “Nos dijiste que teníais una nueva llave.” – interviene Garlick.

– “Shiras envió a esa mujer a recogerla.” – responde Salabim.

– “Helles cumplirá su tarea.” – dice Shiras.

Garlick utiliza su ojo de ángel para ver lo que ocurre en Popol y se da cuenta de que Helles ha sido derrotada.

– “Va a resultar que eres más incompetente de lo que esperaba, Shiras” – dice el demonio.

– “¿Qué?” – se sorprende el legendario patrullero.

– “Alguien se ha encargado de Helles.” – dice Garlick.

– “Eso no… Eso no es posible…” – dice Shiras. – “¡Es inmortal!”

– “Hoy en día eso ya no es una garantía.” – suspira el demonio.

– “Deja que yo me encargue de recuperar el Amenonuhoko.” – dice Shiras, con una reverencia. – “Solventaré el error de Helles.”

– “Por ahora solo acumulas fracasos…” – murmura el demonio.

Shiras da un paso al frente y se coloca a escasos centímetros de Garlick.

– “He matado al ángel y a los Dioses” – dice el patrullero en tono amenazante. – “Deberías tener cuidado.”

– “Los has matado con el poder que yo te di” – dice el demonio, clavando su ojo gris en Shiras. – “No lo olvides.”

Shiras suspira enfadado y se da la vuelta.

– “Me encargaré de la llave” – sentencia el patrullero.

– “No falles.” – le amenaza el demonio.

En el exterior del templo Yahirodono, Piccolo y Slug están enzarzados en un violento combate. 

Tras un violento intercambio de golpes para ponerse a prueba, El hijo de Katattsu y su rival han entrelazados los dedos de sus manos y se empujan mutuamente en un duelo de fuerza.

– “Siento múltiples presencias en ti…” – dice Piccolo. – “¿Quién eres en realidad?”

– “¿Y tú me lo preguntas?” – se burla Slug.

Piccolo y Slug se disparan mutuamente rayos con los ojos que estallan al chocar, repeliendo a los dos contrincantes.

Slug mira detenidamente a su adversario, cuyo poder sobrepasa ampliamente el suyo.

– “No puedo ganar este combate…” – piensa el milenario guerrero. – “Su poder supera el de cualquier mortal.”

Piccolo abre su boca y proyecta una ola de energía destructiva hacia su enemigo.

Una gran explosión tiene lugar, engullendo a Slug y destruyendo todo lo que encuentra a su paso.

Piccolo Daimaoh, con su prepotencia habitual, se acerca al cráter y sonríe seguro de su victoria.

De repente, de entre los escombros surge un brazo namekiano que se alarga hacia el diablo. Un malherido Slug, con su cuerpo ensangrentado y su otro brazo cercenado, ha sobrevivido.

Slug logra agarrar la cabeza de Piccolo durante un breve instante.

La consciencia del milenario guerrero aparece en una zona oscura y vacía.

Mientras tanto, en Sadala, Turles ayuda a Leek y a sus hombres a recuperar el planeta. La batalla es dura, pero gracias al saiyajín logran hacer retroceder a los bandidos.

En la Tierra, Krilín y Ten Shin Han han descendido a la Tierra Sagrada de Karín. No hay rastro de vida en la torre ni en la aldea. 

Entre los dos han enterrado a los fallecidos, entre ellos Yajirobe y Chaoz, pero también a Lapis y Karín. Krilín ha recogido el saco de semillas.

Ten Shin Han se aleja de las tumbas, pero Krilín le detiene.

– “¿A dónde vas?” – pregunta Krilín.

– “A Fukurou” – dice Ten.

El guerrero de tres ojos alza el vuelo y parte hacia el norte.

Krilín observa a su amigo marchar antes de tener que secarse las lágrimas una vez más.

Tras un suspiro para reunir fuerzas, el guerrero de la escuela Kame se marcha volando hacia el Este.