ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Bonacala

Los últimos / Parte II: Bonacala

“Justo hoy tenía que aparecer el Imperio…”

En el centro del cráter en el que antes se alzaba la ciudad, Bonacala y los tres saiyajín miran fijamente cuando Vegeta estalla en una carcajada.

– “¡Jajaja! ¡No me hagas reír!” – dice el Príncipe. – “¿Crees que tienes una oportunidad contra nosotros?”

El toreristo mira de arriba a abajo a los tres guerreros. 

– “Saiyajín…” – murmura Bonacala.

Raditz da un paso al frente mientras hace crujir sus puños.

– “Deja que yo me encargue, Vegeta” – dice el saiyajín.

– “Está bien.” – responde el Príncipe.

– “¿Estás seguro, Raditz?” – se burla Nappa.

El hermano de Goku ignora a su compañero y activa su scouter para analizar al enemigo.

– “Su fuerza de combate es minúscula.” – piensa Raditz. – “Acabaré con esto de un solo golpe.”

El saiyajín alza su mano y apunta a Bonacala.

– “¡Hasta nunca, imbécil!” – exclama Raditz antes de disparar un potente ataque de energía.

Una gran explosión tiene lugar en el interior del cráter en el que están peleando.

Raditz luce una media sonrisa victoriosa.

– “¿Ya está?” – se pregunta Nappa. – “Vaya decepción.”

Vegeta se mantiene serio.

– “¡IDIOTA!” – exclama repentinamente el Príncipe. – “¡ESTÁ DETRÁS DE TI!” – advierte a Raditz.

El hermano de Kakarotto se da la vuelta rápidamente, pero es sorprendido por un rodillazo de Bonacala en la nariz que lo derriba y lo deja sentado en el suelo.

El saiyajín se limpia la sangre de la nariz, frustrado, mientras se pone en pie.

– “¿Cómo…?” – refunfuña Raditz. – “¿Cómo es posible…?”

Bonacala ahora luce un traje rojo y blanco con una letra \”S\” en la hebilla de su cinturón

– “Esto es solo una muestra de mi \”Modo Speed\”” – dice el toreristo.

Nappa también ha sido sorprendido por la velocidad del enemigo y vuelve a analizarlo con su scouter.

– “Pero… su fuerza de combate sigue siendo la misma…” – murmura el grandullón.

Vegeta no dice nada, pero pone toda su atención en el traje del guerrero toreristo.

. “¿Será eso?” – se pregunta el Príncipe. 

Raditz se pone en guardia, listo para luchar, pero Bonacala desaparece frente a sus ojos.

– “¡Es muy rápido!” – exclama Nappa.

Vegeta es el único capaz de seguir al enemigo con la mirada.

– “¡LO TIENES ENCIMA!” – advierte el Príncipe a su compañero.

Raditz mira al cielo y se encuentra con el toreristo, con su traje negro y amarillo, con una \”B\” en su hebilla. El guerrero tiene los brazos formando una cruz frente a su pecho.

. “¡HAAAAA!” – dispara un rayo zigzagueante amarillo.

Raditz retrocede de un salto y esquiva el ataque, que impacta contra el suelo e imbuye una área de unos pocos metros de diámetro con energía chispeante. Bonacala desciende en el centro.

El toreristo mira de reojo a Vegeta.

– “Él parece el más fuerte de los tres” – piensa Bonacala. – “Tengo que reservar energía suficiente para ese combate.”

Raditz aprieta su puño con rabia.

– “¡BASTA DE JUEGOS!” – exclama el enfurecido saiyajín.

El saiyajín se abalanza sobre Bonacala, pero al entrar en el área afectada por el ataque previo parece sufrir una descarga que lo deja aturdido durante un breve instante. Bonacala aprovecha el momento para embestir al saiyajín y propinarle una patada en el abdomen, lanzándole a varios metros de distancia. 

Nappa aprieta los dientes enfadado con su compañero.

– “Raditz nos está haciendo quedar como idiotas…” – gruñe el grandullón. – “¡Yo me encargaré del toreristo!” – añade mientras da un paso al frente.

– “No” – le detiene Vegeta.

– “Pero… Vegeta…” – insiste Nappa.

– “He dicho que no” – añade Vegeta mirando a su compañero de reojo. – “Este es combate es de Raditz.”

– “Está… está bien…” – se clama Nappa, retrocediendo.

Raditz se levanta una vez más y mira de reojo a sus dos compañeros.

– “Maldita sea…” – gruñe el hermano de Goku. – “Voy a quedar como un tonto delante de esos dos…” – lamenta. – “¡No lo permitiré!”

El guerrero embiste a Bonacala e intenta golpearle con una tormenta de puñetazos y patadas, pero el toreristo retrocede esquivando todos los ataques del saiyajín.

Vegeta observa el combate con atención, cuando el scouter le indica que hay alguien más en la zona.

El saiyajín mira en la dirección que le marca el scouter y se da cuenta de que hay dos individuos sautén reptando entre los escombros de la metrópolis.

Los dos reptilianos avanzan hacia el lugar en el que se encontraba el edificio central.

– “Justo hoy tenía que aparecer el Imperio…” – lamenta uno.

– “¡Deja de lamentarte!” – replica su compañero con un susurro. – “Aún podemos conseguirlo. Esos cabezahuecas están ocupados con el toreristo. Solo tenemos que tener cuidado y…”

De repente, una sombre aparece sobre ellos. Aterrados, los dos sautén alzan su mirada y se encuentran con Vegeta levitando sobre sus cabezas.

– “¿Ibais a alguna parte?” – les pregunta el saiyajín con una media sonrisa fanfarrona.

Raditz sigue inmerso en su frustrante pelea con Bonacala, que sigue evadiendo al saiyajín sin permitirle conectar ni un solo puñetazo.

El saiyajín no puede evitar pensar en todas las burlas que ha sufrido por parte de Nappa y las que seguirá teniendo que soportar después de este combate, y las continuas faltas de respeto de Vegeta.

– “Maldito…” – gruñe Raditz. – “¡MALDITO SEAS!” – exclama al intentar propinarle un fuerte puñetazo. 

El golpe conecta con el adversario, resquebrajando la visera de su casco y lanzándole contra el suelo.

Un pitido del scouter alerta a Nappa.

– “¿Qué demonios ha sido eso?” – se pregunta el grandullón.

Nappa intenta revisar su dispositivo, pero la lectura ya ha desaparecido.

– “¿Un error?” – se pregunta el saiyajín. – “Estos cacharros…”

Bonacala se recupera rápidamente y mira con recelo a Raditz.

Mientras tanto, Vegeta ya ha ejecutado a uno de los sautén y ahora coloca su bota sobre la garganta del segundo, que se encuentra malherido en el suelo.

– “¿Qué hacéis aquí?” – le pregunta. – “Respóndeme y no te haré sufrir.”

De repente, un misil cae sobre Vegeta y explota.

En una colina lejana, un sautén observa con unos binoculares, mientras otro sostiene un humeante lanzacohetes. Un tercero contempla la escena de brazos cruzados.

– “Blanco alcanzado” – anuncia el tirador.

La explosión alerta a Nappa, Raditz y Bonacala.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el grandullón. – “¿Más enemigos?”

Bonacala, al ver que la situación se complica, decide ponerse serio. Apretando un botón de la hebilla de su cinturón, la \”B\” que lucía se convierte en una \”U\” y su traje se torna blanco y morado.

– “¡\”Modo Utra\” activado!” – exclama mientras luce una pose de combate estrafalaria. – “¡Este es vuestro fin, enemigos de la justicia!”

DBSNL // Capítulo 159: Muerte

DBSNL // Capítulo 159: Muerte

“Habéis venido a morir.”

En la Tierra, Janemba se prepara para continuar con su diversión. 

En la Torre de Karín, Dende ha curado a Yamcha y ahora intenta curar a la Número 18, que está tumbada en el suelo, pero su éxito es limitado. Marron sujeta la mano de su madre.

– “Creo que puedo mantenerla con vida, pero no curar sus heridas.” – dice el namekiano. – “Necesita ayuda más allá de mis habilidades.”

– “Llevadla a la Corporación Cápsula.” – dice Yamcha.

Marron se pone en pie. 

– “Dende puede llevarla a la Capital del Oeste.” – dice la muchacha. – “Yo me quedo. ¡Quiero pelear!”

Yamcha agacha la cabeza, preocupado.

– “Necesito que me hagas un favor.” – dice el guerrero.

– “¿Un favor?” – se sorprende Marron.

– “Recoge a Suno y a Baicha y llévalos a la Corporación Cápsula.” – dice Yamcha. – “Puar y Hatchan debería estar en casa. Avisa también a Lunch, a Mai, al Maestro Roshi y a los demás.”

En ese instante, Marron se da cuenta de la gravedad de la situación.

– “Usad una de las naves de Bulma.” – continúa Yamcha. – “Preparaos para abandonar la Tierra.”

– “Pero…” – intenta hablar la hija de Krilín.

– “No sabemos si las chicas lograrán salir de la Sala.” – explica Yamcha. – “Sin Goten y Trunks, y con Piccolo y Ub como enemigos… Solo cabe esperar un milagro. Si Goku o Vegeta no aparecen, estamos perdidos.”

Marron se seca los ojos vidriosos y asiente. Dende y la muchacha se preparan para partir.

Karín llama una nube Kinton para ellos.

– “Así podréis cuidar de ella” – dice el felino.

– “Gracias, Duende Karín.” – dice Dende.

– “Es un honor, Kamisama” – responde el gato.

Los tres personajes parten hacia la Capital del Oeste. Yamcha asciende de nuevo hacia la batalla.

En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Champa y Zamas se encuentran cara a cara con Shiras.

– “Se acabó” – dice Champa. – “Tu revuelta termina ahora.”

– “No podemos permitir que campes a tus anchas.” – dice Zamas. – “Hemos venido a detenerte.”

– “Habéis venido a morir.” – responde Shiras.

Zamas prepara sus espadas de ki, pero antes de poder moverse, Shiras ha aparecido delante de él y le ha propinado un golpe con su vara en la nariz.

Champa se abalanza sobre Shiras y le apunta con su mano.

– “¡HAK…!” – exclama el Dios de la destrucción.

Pero algo golpea a Champa en su abdomen, lanzándole hacia el espacio exterior, atravesando una de las paredes del Cuartel.

Zamas se ha recuperado del golpe recibido y ahora se abalanza sobre Shiras e intenta propinarle un espadazo, pero el legendario patrullero detiene el golpe con su vara.

– “¿Creéis que podéis detenerme?” – sonríe burlonamente Shiras. – “Acabaré con vosotros, ¡como hice con el ángel!”

Shiras propina una patada en el pecho a Zamas, empujándole contra la pared de la sala.

Champa dispara una gran esfera de energía morada que sorprende a Shiras. El ataque hace estallar el puesto de mando del Cuartel General.

Zamas sale propulsado hacia el espacio, pero recupera el equilibrio tras dar unas cuantas volteretas.

Champa busca con su mirada a Shiras entre los escombros.

– “¿Dónde estás…?” – se pregunta el Dios.

De repente, Shiras aparece detrás de él y lo sujeta por el cuello con su vara, estrangulándole.

Champa intenta liberarse del agarre, pero no tiene éxito.

– “Es una pena que no seas Beerus…” – le susurra el patrullero. – “Habría disfrutado acabando con su miserable vida.”

Zamas y Champa cruzan sus miradas. El Hakaishin asiente.

El Dai Kaioshin se abalanza sobre Champa y Shiras, espada en alto.

Shiras se esconde detrás del Hakaishin.

– “¡JAJA!” – ríe el antiguo patrullero. – “¡¿Vas a atacarme?!”

Zamas no se detiene.

De repente, una gota de sangre recorre la comisura de los labios de Shiras. Zamas ha atravesado a Champa con su espada de energía y ha alcanzado al patrullero.

Shiras suelta al Hakaishin y retrocede taponando la herida sangrante de su abdomen, sorprendido de que el Dios se haya atrevido a ensartar a atacar a su compañero.

– “Maldito seas…” – refunfuña Shiras.

Zamas enseguida socorre a Champa y le cura usando su poder de sanación.

– “Gracias.” – dice Champa.

– “Lo siento” – dice Zamas.

Shiras parece sorprendido y confuso por la actitud de los Dioses.

– “Vosotros…” – murmura el patrullero. – “Sois distintos a los Dioses que os precedieron…”

Los Dioses se ponen en guardia. Con Shiras herido, sienten que pueden ganar este combate.

En Sadala, Shimorekka se abalanza sobre Turles con sus garras electrificadas, pero el saiyajín le detiene agarrándole los antebrazos.

Shimorekka intenta librarse propinando una doble patada en la cara Turles, pero al golpear una de sus partes mecánicas no le hace ningún daño. El saiyajín responde con un cabezazo en la frente del enemigo que lo deja aturdido.

El villano retrocede y, frustrado, prepara un nuevo ataque de energía eléctrica. Sus manos brillan intensamente y no tarda en apuntar a Turles y lanzarle una poderosa descarga.

El saiyajín recibe el impacto de lleno. La electricidad recorre su cuerpo, que se retuerce al sufrir múltiples cortocircuitos. Su ojo rojo biónico se ilumina intensamente.

Tras la gran descarga, Shimorekka se detiene para recuperar el aliento. En su rostro luce una media sonrisa, pues se cree vencedor.

El cuerpo humeante de Turles se mantiene en pie, pero parece aturdido.

En su visor robótico, una barra de energía muestra que sus capacidades se encuentran por encima del cuatrocientos por ciento.

– “No está mal.” – sonríe el saiyajín, sorprendiendo a su enemigo.

Turles alza su mano y dispara un ataque de energía morada a Shimorekka, resultando en un poderoso torrente de ki que desintegra a su adversario y crea un gigantesco surco por a su paso hasta perderse en el horizonte y alzarse lentamente hacia el espacio.

Leek y los saiyajín presentes se quedan asombrados ante el poder de su extraño compatriota.

Mientras tanto, en Imegga, Ledgic sigue rodeado por sus adversarios.

– “¿Os consideráis campeones de Artes Marciales y os unís a una banda de maleantes?” – dice el guerrero imegga.

– “Uno tiene que comer” – dice Napapa golpeándose la panza.

Murichim embiste a Ledgic por la espalda, pero el guardaespaldas de Don Kee se revuelve rápidamente y detiene el golpe que el monje intentaba propinarle.

– “Cobardes” – murmura Ledgic.

El imegga propina una patada a Murichim en el abdomen y lo hace retroceder.

Murisam aprovecha para abalanzarse sobre Ledgic e intentar conectar un puñetazo, pero el guardaespaldas retrocede mientras esquiva los persistentes intentos del boxeador, cada vez más cerca de conectar sus golpes.

Murichim embiste de nuevo y se une a Murisam para presionar a Ledgic.

– “No fanfarroneaban…” – piensa el imegga. – “Son hábiles.”

De repente, Rubalt cae sobre Ledgic intentando golpearle con una patada descendente con el talón, pero el guardaespaldas de Don Kee logra apartarse a tiempo. El impacto rompe el suelo. 

Rubalt persigue enseguida a Ledgic dando infinitas vueltas sobre sus manos, intentando golpear al imegga con sus piernas, que giran como las aspas de un molino.

Ledgic retrocede rápidamente, pero choca con la panza de Napapa, que enseguida lo atrapa en un abrazo mortal.

– “Ya eres mío.” – sonríe el guerrero porcino, que estruja el cuerpo del imegga.

– “¡AAAAH!” – grita Ledgic.

Los huesos del guerrero de Don Kee crujen. Pese a sus esfuerzos parece incapaz de liberarse.

Pero de repente, la fuerza de Napapa flaquea y Ledgic logra escapar, confuso ante el motivo de la debilidad de su enemigo.

Napapa cae al suelo con los ojos en blanco, con un corte vertical en su espalda, y revelando a un personaje que acaba de llegar al terreno de combate. Una mujer con ropajes elegantes morados y amarillos, peinada con una cresta blanca, con una espada de energía activada en su mano derecha; es la Kaioshin del Oeste.

Mientras tanto, muy lejos de allí, la nave de Freezer ha llegado a Gelbo.

– “Estamos listos para aterrizar” – le anuncia Curd al Emperador.

– “No” – responde Freezer. – “Manteneos en una órbita baja.”

– “Como ordene, señor.” – responde el soldado con una reverencia.

La nave se detiene sobre el planeta y abre su compuerta superior. Freezer y Liquir salen al exterior y contemplan el planeta.

– “¿Lo sientes?” – le pregunta el kurama al demonio del frío, al percibir una única energía fría y oscura.

– “Es un kashvar.” – dice Freezer. – “No hay duda.”

En una de las habitaciones de la nave, los dos tech-tech, el tsufur y el pequeño robot observan a los dos guerreros descender hacia la superficie del planeta.

En Konats, el templo se estremece. Garlick, Piccolo y Salabim, que contemplaban el Amenoukihashi , se percatan de que algo está pasando en el exterior, y es el namekiano quien decide echar un vistazo. 

Al salir del templo se da cuenta de que un hombre encapuchado, vestido una túnica azul oscuro ha acabado con los bandidos que guardaban el lugar.

El misterioso individuo detiene al ver al demonio Piccolo. Los dos se miran fijamente.

– “Interesante…” – murmura el forastero en una extraña lengua que Piccolo entiende. – “Tú también eres más de lo que pareces…”

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta Piccolo.

Piccolo Daimaoh frunce el ceño, molesto.

– “Hablas namekiano…” – dice el Rey de los Demonios.

El encapuchado se quita la capa y la lanza a un lado, revelando su rostro verde. Viste pantalón morado y chaleco amarillo.

Piccolo se sorprende al ver a un paisano tan lejos de su hogar.

– “Soy un namekiano que trajo vergüenza a su linaje” – dice Slug. – “Igual que tú.”

En la Atalaya de Kamisama, Yamcha se reúne con Krilín, Ten Shin Han, Chaoz y Lapis.

– “¿Cómo está?” – pregunta Krilín, preocupado por su esposa.

– “Estará bien.” – responde Yamcha.

Ten Shin Han, Chaoz, Lapis, Kirlín y Yamcha se preparan para pelear de nuevo.

– “¿Cuál es la estrategia?” – pregunta el recién llegado. 

Pero antes de que su pregunta pueda tener respuesta, Janemba alza su mano al cielo mientras esboza una aterradora sonrisa.

– “¡Va a atacar!” – advierte Lapis.

Krilín reconoce el ataque de Majin Bu.

– “¡NO LO HAGAS!” – exclama el terrícola.

La mano de Janemba se ilumina de color fucsia y de su palma nacen millones de rayos de energía que ascienden hacia el cielo antes de precipitarse sobre la Tierra.

En la Capital de Oeste, Bulma y su madre trabajan en el jardín, cuando se percatad de que una gran cantidad de luces surcan el cielo.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Bulma.

En Villa Jingle, Suno prepara la comida mientras Baicha juega con Puar en el jardín.

– “¡Mira, tío Puar!” – exclama el chico, señalando al cielo. – “¡Fuegos artificiales!”

El Número 8 se encuentra recogiendo leña en el bosque, cerca de la casa. Al ver las luces en el cielo revive horrorizado la última vez que vio tal fenómeno.

El robot deja caer la leña al suelo y echa a correr.

– “¡SUNO!” – exclama Hatchan. – “¡BAICHA!”

En la nube Kinton, Marron se da cuenta de que dos rayos de se aproximan rápidamente hacia ellos.

En la cabaña de Lapis y Mai, la mujer trabaja arreglando una radio cuando escucha una bandada de pájaros alzarse. Curiosa, sale al exterior.

Cerca de allí, Ikose trabaja restaurando un viejo cobertizo, cuando se percata de que algo extraño ocurre sobre sus cabezas.

En el bosque Fukurou, los alumnos de la nueva escuela “Mu” también contemplan el extraño y bello fenómeno, desconocedores de su significado. Lunch está trabajando en el interior del dojo, ajena a todo.

En la Kame House, Roshi y Oolong miran unas chicas haciendo aerobic en la televisión, mientras Umigame lee una revista. 

En el Monte Paoz, Chichi tiende la ropa, mientras Gyuma intenta pescar en un rio cercano, cuando se dan cuenta de lo que ocurre en el cielo.

En Satán City, Satán mira la televisión, sentado en el sofá de su mansión junto a su perro. Videl entrena en su gimnasio particular para mantenerse en forma.

En un solo instante, en la Aldea de la Tierra Sagrada, la lluvia de estrellas ha causado estragos. Una decena de cuerpos sin vida yacen en el suelo. 

El techo de la Torre de Karín ha sido perforado por uno de los rayos.

En la Atalaya, Janemba cesa el ataque sin perder su terrible mueca de satisfacción.

Krilín, Yamcha, Ten, Chaoz y Lapis se quedan sin palabras. El horror inunda sus corazones.

– “No… no…” – repite Yamcha.

– “No puedo sentir ningún ki…” – dice Ten Shin Han.

– “¡¿De qué estáis hablando?!” – pregunta Lapis. – “¡¿QUÉ HA PASADO?!” – insiste, desesperado por conseguir una respuesta.

– “Los ha matado…” – dice Krilín, que aprieta sus puños con fuerza.

– “¡¿A quién?!” – pregunta Lapis.

– “A todos…” – responde Yamcha.

– “La Tierra…” – dice Chaoz. – “Ha matado a todo el mundo.”

Krilín, impotente ante la situación, sigue apretando sus puños hasta que una gota de sangre brota de la palma de sus manos y se escurre entre sus dedos.

– “Esto es… Esto es una pesadilla…” – titubea Krilín. – “Goku…” – llora el terrícola. – “¡POR FAVOR, VUELVE!” – clama al cielo. – “¡GOKU!”

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Recaderos

Los últimos / Parte I: Recaderos

“Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

En la capital del planeta Toreri, por la megafonía de las calles suenan las alarmas. La metrópolis está siendo atacada.

Los habitantes de la ciudad, humanoides de piel azul y cabello rubio, vestidos con ropas futuristas y coloridas, corren despavoridos hacia zonas seguras repartidas por toda la metrópolis que dan acceso a los búnkeres subterráneos. 

En la avenida principal, una gran calle que desemboca en un gigantesco rascacielos, los tanques se acumulan frente al edificio para protegerlo. Múltiples explosiones a varias manzanas de distancia ensordecen el lugar.

– “¡EL OBJETIVO SE APROXIMA!” – exclama un soldado.

– “¡VAMOS! ¡VAMOS! ¡VAMOS!” – ordena un Coronel, haciendo señales a los soldados que se sitúan entre los tanques con sus fusiles láser de asalto preparados.

De repente, las explosiones cesan. La ciudad se queda en silencio.

– “Ya están aquí…” – murmura el Coronel.

Entre la polvareda, el humo y el fuego que cubren la avenida pueden verse tres figuras humanas caminando hacia la barricada.

La silueta central es de un hombre de baja estatura y cabello encrespado, flanqueado por un gigantón calvo a su derecha y otro guerrero de larga cabellera negra a su izquierda.

En lo alto del edifico, en un despacho grande y lujoso, un hombre mira preocupado la escena. El caballero luce un tupé rizado rubio y viste un elegante traje blanco con cuello alto, un monóculo y se apoya en un bastón adornado con una esfera cristalina de color verde en el pomo.

Los soldados se impacientan viendo que el enemigo camina hacia ellos.

– “¡¡FUEGO!!” – ordena el Coronel.

Los tanques y los soldados disparan a discreción contra los extraños. La ciudad se inunda de fuego durante varios minutos. Las fuerzas locales atacan insistentemente a los invasores con todo lo que tienen hasta escuchar el chasquido metálico de sus armas sin munición.

Una gota de sudor frío recorre la sien del hombre en la torre.

Los soldados se miran los unos a los otros sin atreverse a celebrar la victoria.

Una voz les revela su fracaso.

– “¿Habéis terminado?” – dice el más bajito de los enemigos.

Los soldados retroceden aterrados.

– “Creo que nos toca.” – añade el guerrero que viste de azul con una armadura verde y marrón. – “Haz los honores, Nappa.”

– “Por supuesto, Vegeta” – sonríe el grandullón.

Nappa alza sus dedos índice y corazón y provoca una gran explosión que arrasa con todos los enemigos presentes e incluso con los edificios de los alrededores.

Cuando la polvareda se disipa se revela un gran cráter en el centro de la ciudad. 

– “Creo que me he pasado…” – dice Nappa.

– “Siempre tienes que dar la nota.” – le recrimina Raditz.

– “Tú lo tienes muy fácil” – responde el grandullón con una sonrisa burlona. – “Como no tienes que preocuparte por causar grandes destrozos…” 

– “¡¿Qué insinúas?!” – replica Raditz.

– “Ya lo sabes” – responde Nappa.

– “¡BASTA!”- estalla Vegeta. – “¡Si tengo que escuchar vuestras discusiones un segundo más os daré una lección a los dos!”

Nappa y Raditz se callan inmediatamente.

– “Discúlpanos, Vegeta” – dice Nappa.

– “Sí, lo sentimos.” – añade Raditz.

Vegeta resopla para calmarse y echa un vistazo a los restos del edificio central.

– “Esto no era necesario, Nappa.” – dice el Príncipe saiyajín. – “Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

Raditz esboza una media sonrisa y mira de reojo a Nappa, presumiendo de que Vegeta le haya dado la razón. Nappa responde con un gruñido, pero se traga su frustración por miedo a la reprimenda del Príncipe. 

– “Debería estar conquistando planetas para mi propio Imperio…” – refunfuña Vegeta, apretando su puño con rabia. – “¡…y no haciendo de recadero para esa sucia sabandija!”

De repente, una nave interrumpe la escena sobrevolando la zona a poca altura, alzando una gran corriente de aire que alerta a los tres saiyajín.

La nave se alza de nuevo y se queda suspendida en el aire.

Vegeta mira de reojo el aparato.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – se pregunta Nappa, extrañado al ver el logotipo del vehículo.

– “Se suponía que no iban a aparecer…” – dice Raditz.

De la nave sale un guerrero con un traje negro y amarillo, su rostro está cubierto por un casco, y un cinturón con una letra \”B\” en la hebilla. En su pecho luce una pegatina con el logotipo de la Patrulla Galáctica.

El recién llegado mira el desolado paisaje.

– “Malditos bastardos…” – murmura el patrullero apretando sus puños.

Vegeta da un paso al frente.

– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta el saiyajín. – “¿Y qué haces aquí?”

– “¿Te has perdido?” – añade Nappa con tono burlón. – “No deberías entrometerte en los asuntos del Imperio.”

El soldado se arranca la pegatina de la Patrulla Galáctica del pecho y deja que el viento se la lleve. Tal acto sorprende a los saiyajín.

– “Mi nombre es Bonacala” – se presenta el guerrero. – “No me importan las órdenes de la Patrulla. Éste es mi planeta y voy a protegerlo.”