OLD MAN GOHAN // Capítulo 22: Corazón de metal

OMG // Capítulo 22: Corazón de metal

Videl y el resto del pelotón respiran aliviados por la llegada de los refuerzos.

– “¡El mensaje llegó!” – celebra Erasa.
– “¡Eres un hacha, Erasa!” – la felicita Shapner.
El Ejército Real hace retroceder al ejército de Pilaf, que ahora se ve superado en número.
El Número 8 mira de reojo a Videl mientras retiene el puño de la “Super Pilaf Machine”.

– “¿Estáis bien?” – pregunta el robot.
Videl asiente.

– “Muchas gracias, Hatchan” – le dice Videl con una sonrisa cómplice.
El robot sonríe enternecido, pues no es la primera vez que le llaman de esa forma.
Pilaf contempla asombrado como el gigantón ha detenido el puñetazo de su Pilaf Machine.

– “Pero, ¿quién es este tipo?” – titubea Shu.
– “¡No importa!” – exclama Pilaf. – “¡Nadie detiene la Super Pilaf Machine!”
Pilaf zarandea las palancas de su tablero de comandos.

– “¡Le aplastaremos!” – exclama furioso.
El gigantesco robot intenta levantar el brazo, pero el Número 8 lo mantiene sujeto.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta Pilaf. – “¡Mai! ¿Qué está pasando?”
Mai aporrea su tablero de comandos y la Pilaf Machine intenta sacudir su brazo para liberarse del agarre del Número 8.

– “¡Ese tipo nos tiene agarrados!” – exclama la mujer.
– “¡Shu! ¡Fríele!” – grita Pilaf.
– “¡No puedo!” – responde Shu. – “¡Ese niñato de antes ha inutilizado el lanzallamas!”
– “¡Maldita sea!” – se lamenta Pilaf.
El Número 8 aprieta con fuerza el puño de la Pilaf Machine hasta clavar sus dedos en él y tira con fuerza arrancándole el brazo al robot y rompiendo el engranaje que lo unía al torso.

– “Que… que fuerza tan extraordinaria…” – titubea Mai.
– “No veía a nadie tan fuerte desde S…” – dice Shu.
– “¡Silencio!” – le interrumpe Pilaf. – “¡No digas ese nombre!”
El Número 8 levanta el brazo del robot como si fuera un bate de béisbol.

– “¡Nunca os metáis con mis amigos!” – exclama antes de aporrear a la Pilaf Machine con su propia extremidad.
El golpe derriba al robot y deja toda la maquinaria del lateral de su torso al descubierto. 
El Número 8 suelta el brazo del robot, que ha quedado destrozado por el impacto.
En el otro lado del mundo, Gohan corre hacia la Torre de Karin, preocupado por lo que ha visto en el palacio de Uranai Baba, pero contento por haberse reencontrado con su padre.

– “No voy a fallarte, papá” – piensa el mestizo. – “Voy a acabar con esto, te lo prometo.”
En las montañas, Suno se acerca a Videl.

– “¿Llegamos tarde?” – le dice la Coronel Red guiñándole el ojo.
– “Justo a tiempo” – responde sonriente la Sargento.
El ejército de Pilaf se bate en retirada.

– “Hemos ganado esta batalla” – dice Shapner.
Los soldados cargan el sarcófago en una de las camionetas del Ejército Real.
La Pilaf Machine intenta levantarse.

– “¡Esto no ha terminado!” – grita Pilaf, incapaz de aceptar la derrota.
De repente, una voz femenina interrumpe la batalla.

– “¿Qué te parece, Número 17? ¡Se están divirtiendo sin nosotros!” – dice esa voz, que resulta claramente familiar.
Los soldados de ambos ejércitos se quedan petrificados al escuchar esa voz. Algunos buscan su origen, mientras otros se quedan inmóviles con miedo a confirmar sus temores.
Sobre una espigada roca del desfiladero, los gemelos observan la trifulca.

– “¿Es que ya no les gusta jugar con nosotros?” – dice el Número 17 con una aterradora sonrisa.
Videl y el resto tiemblan al ver los androides.

– “¡Retirada hacia la Muscle Tower!” – ordena Videl.
A los soldados les cuesta reaccionar. Les tiemblan las piernas.
Videl, al ver que Suno tampoco responde, la agarra por la pechera.

– “¡Reacciona!” – grita la Sargento. – “¡Llevad el sarcófago a la Muscle Tower! ¡Ahora!”
La Coronel Red sale de su trance.

– “¡De acuerdo!” – dice la Coronel. – “¡Vamos! ¡Pelotón Delta, proteged el sarcófago! ¡Aseguraos de que llega íntegro a casa!”
– “¡Sí, señora!” – responde el pelotón, que termina de preparar la camioneta con el sarcófago.
– “¡El resto de pelotones seguid las órdenes de la Sargento Violet!” – ordena la Coronel.
Videl mira a Suno algo sorprendida de que la Coronel le delegue el mando.

– “Vosotros os habéis enfrentado a ellos antes y seguís vivos” – le dice Suno. – “Confío en tu experiencia”.
– “La última vez contábamos con toda la fuerza de nuestro ejército y con Son Gohan…” – responde Videl preocupada, mientras una gota de sudor resbala por su frente.
La Coronel se sorprende al escuchar el nombre “Son” después de tanto tiempo.

– “Son…” – murmura desconcertada, intentando atar cabos.
La Sargento toma aire y suspira profundamente, intentando calmar su mente y concentrarse.

– “¡Erasa, ve con el pelotón Delta!” – le dice a su amiga. 
– “Sí, Sargento” – responde la analista.
– “¡Ikose, tu también!” – le ordena al joven soldado.
– “¡Yo quiero pelear!” – responde valiente Ikose.
– “¡Ya llegará tu momento, pero no es este!” – responde Videl.
– “Pero…” – insiste el soldado.
– “¡Protege a Erasa y el sarcófago!” – le interrumpe Shapner. – “¡De esto nos encargaremos nosotros!”
El joven soldado acepta resignado y se dirige junto a Erasa hacia la camioneta del pelotón Delta, que ya está preparada, y parten hacia la Muscle Tower.
El Número 17 y la Número 18 disparan a discreción hacia los soldados, sin discriminar entre el Ejército Real y los hombres de Pilaf.

– “¡Son los androides!” – exclama Mai.
– “¡Hay que escapar!” – añade Shu.
– “¡Activad la formación…!” – grita Pilaf, pero es interrumpido por una explosión que acaba destrozando una pierna de la Pilaf Machine. – “¡Maldición!” – grita desesperado.
Videl observa su alrededor, analizando los operativos con los que cuenta.

– “Maldita sea…” – murmura la Sargento. – “No tenemos armamento pesado”.
– “Aún tengo esto” – dice Shapner mostrándole el cañón de energía que le dio Erasa.
– “No será suficiente…” – responde Videl, que sigue examinando su entorno.
La Sargento se fija en la Pilaf Machine, donde siguen atrapados Pilaf, Mai y Shu.

– “¡Fuego a discreción sobre los androides!” – exclama Videl. – “¡Mantenedles ocupados!”
– “¡Vosotros!” – les dice Shapner a un grupo de hombres de Pilaf. – “¡Si queréis salir de esta con vida, será mejor que colaboréis con nosotros!”
Los hombres de Pilaf entienden que no tienen otra opción y tras un instante de duda disparan a los androides.
La Sargento y Suno corren hacia la Super Pilaf Machine.

– “¡Esta puerta no se abre!” – grita Shu.
– “¡Ah!” – se sobresalta Pilaf al ver a Videl frente a su luneta.
– “¿Esta cosa tiene armamento disponible?” – le pregunta la Sargento a Pilaf.
El Número 8 mira a los androides con cierta tristeza. Se siente cercano a ellos, pero a la vez los ve muy distintos. Él nunca sería capaz de causar el daño que ellos han infringido a los humanos.

– “¡Hatchan!” – le llama Videl. – “¡Te necesitamos!”
Shapner apunta al Número 17 y le dispara con el cañón de energía, haciendo que el androide retroceda al recibir el impacto por sorpresa.

– “Cada vez tienen juguetes más divertidos” – ríe la Número 18.
El 17 se repone del ataque y apunta a con su mano a Shapner, dispuesto a matarle.
Hatchan, siguiendo las indicaciones de Videl, atraviesa la armadura del brazo derecho de la Pilaf Machine y arranca su sistema de lanzacohetes, lo carga sobre su hombro y apunta al Número 17.

– “¡Fuego!” – exclama la Sargento.
Decenas de misiles se dirigen hacia los androides, que activan sus barreras en el último instante.
Al disiparse la humareda, los androides se fijan en Videl.

– “Otra vez esa chica…” – murmura el 17. 
– “Siempre incordiando” – añade la 18.
Ambos androides descienden, desafiando a la Sargento con la mirada, y empiezan a caminar hacia ella. 
El Número 8 se interpone entre Videl y los androides.

– “¿Quién eres tu?” – le pregunta el 17.
– “No dejaré que hagáis daño a mis nuevos amigos” – responde el Número 8.
Suno corre hacia el robot.

– “¡No!” – exclama. – “¡No puedes enfrentarte a ellos, Número 8!”
– “¿Número 8?” – se sorprende la androide 18.
– “¿Eres un robot de la Red Ribbon?” – le pregunta el 17 algo confuso.
– “Soy el androide Número 8” – responde Hatchan. – “Un robot creado por la Red Ribbon y el Doctor Gero.”
– “Qué interesante…” – dice la Número 18.
– “Vamos a hacerte una oferta.” – responde el Número 17. – “Eres un modelo obsoleto, pero supongo que en cierto modo eres nuestro hermano mayor…” – dice el androide. – “Únete a nosotros y te dejaremos vivir”.
– “No puedo hacer eso” – responde Hatchan. – “Sois gente mala. A mí no me gusta luchar, pero lo hago para proteger a mis amigos… tal y como me enseñó Son Goku”.
– “Son Goku…” – murmura el 17. – “Vayamos donde vayamos, siempre alguien nos recuerda ese nombre.”
– “¡Son Goku está muerto!” – exclama la 18.
Hatchan sonríe y da un paso al frente.

– “Mientras la Tierra siga luchando, Son Goku seguirá vivo” – responde el robot.
Lejos de allí, Son Gohan ya puede divisar la Torre de Karin en el horizonte.

– “¡Ya la veo!” – exclama. – “¡Ya casi he llegado!”
Mientras tanto, la camioneta con el sarcófago se acerca a la Muscle Tower.

– “¡Que preparen el laboratorio!” – ordena Erasa. – “Espero que ese científico sea tan bueno como promete el General Silver”
El número 17 sonríe con desprecio ante las palabras del Número 8.

– “Entonces morirás con ellos” – murmura el 17.
Los gemelos se abalanzan sobre el Número 8 pero, en el último instante, Videl se interpone entre ellos y Hatchan.

– “¡Cerrad los ojos!” – exclama mientras se pone ambas manos extendidas delante de la cara. – “¡TAIYO-KEN!”
Una luz cegadora inunda el terreno de combate, pillando desprevenidos a los androides.
En la Muslce Tower, Erasa y los demás ya han llegado al hangar principal y los soldados descargan el enorme féretro.

– “¡Al laboratorio!” – exclama Erasa. – “¡Vamos! ¡Rápido!”
En la puerta del laboratorio, varios científicos esperan impacientes la llegada del sarcófago.

– “¿Quién está al mando?” – pregunta la analista de datos.
– “Ese soy yo” – responde uno de los científicos. – “Para servirle, señorita” – añade besándole la mano.
El científico es un hombre de cabello moreno, corto y revuelto, que ya peina canas; baja estatura, algo rechoncho y con un tímido bigote.

– “Me llamo Senbei Norimaki” – dice el científico.

DBSNL // Capítulo 41: Recuerdos

DBSNL // Capítulo 41: Recuerdos
“El lobo cambia de pelo, mas no las mañas.”
Las cuatro copias de Ten Shin Han insisten en sus ataques, pero no parece que causen problemas a Tao Pai Pai.

– “Eres patético, Ten Shin Han” – le desprecia el asesino. – “Tus clones son más débiles de lo que esperaba”.
Ten insiste en su carga contra su antiguo maestro que, sin darse cuenta, se encuentra en medio de las cuatro copias.

– “Me has rodeado… ¿qué pretendes hacer?” – se burla Tao Pai Pai.
Los clones de Ten Shin Han le lanzan una onda de ki cada uno, emulando la táctica que éste usó contra Son Goku en su último enfrentamiento, provocando que el asesino deba esquivarles saltando por los aires.

– “¡Demasiado lento!” – le dice Tao Pai Pai.
Los clones le lanzan su rayo ocular, algo que sorprende a Tao Pai Pai, quién repele los cuatro ataques con la cuchilla de su brazo izquierdo. El asesino se deleita, pues la táctica de Ten ha fracasado.

– “¡Tao Pai Pai!” – se oye una voz que viene del cielo.
El asesino se da la vuelta y mira hacia arriba, donde Ten Shin Han se encuentra flotando y con el Kiko-ho preparado.

– “¿¡Un quinto clon!?” – se sorprende el viejo asesino, aterrorizado.
– “¡Ahora puedo hacer más clones y repartir mi ki de forma desigual entre ellos!” – le advierte Ten. – “¡Se acabó el combate!”
– “¡Soy tu maestro!” – le recuerda Tao Pai Pai. – “¡No lo hagas! ¡Deja que me vaya! ¡Nunca volverás oirás hablar de mí!” – suplica.
Ten parece recapacitar por un instante, pero conoce a su mentor y sabe que sus palabras son falsas.

– “¡KIKO-HO!” – grita liberando una gran onda de ki que impacta de lleno contra el asesino.
Silver, ya recuperado, se encuentra frente a Chaoz, Krilín y Yamcha, y puede ver como su cómplice ha caído.

– “Supongo que los años no perdonan…” – murmura el comandante. – “Voy a tener que solucionarlo yo mismo”.
– “¿Acaso es un androide?” – pregunta Yamcha.
– “No lo tengo claro.” – responde Krilín. – “Al principio pensé que sí, pero ahora desprende una gran cantidad de ki…”
– “Puede que sea un ciborg como Tao Pai Pai…” – sugiere Chaoz.
– “No podrá con nosotros si atacamos juntos” – añade Yamcha.
– “¿Aún recuerdas como se pelea?” – bromea Krilín.
– “El lobo cambia el pelo, mas no las mañas.” – responde Yamcha.
El comandante Silver levanta su dedo índice con el que reúne ki.

– “¡¿Eso es…?!” – se sorprende Chaoz.
– “¡Dodonpa!” – exclama Silver lanzando el ataque característico de la escuela Tsuru.
El ataque lleva una velocidad extraordinaria e impacta contra Krilín que, pese a protegerse, es desplazado varios metros.
Yamcha se lanza al ataque.

– “¡Colmillos de lobo!” – grita mientras intenta golpear con su técnica al comandante, que detiene sus golpes sin dificultad.
Chaoz usa su poder mental para levantar un bloque de hielo detrás de Silver, impidiéndole retroceder. Eso hace que Yamcha consiga golpearle, haciéndole atravesar el hielo.
Silver, tras deslizarse unos metros se reincorpora, pero se encuentra con una lluvia de ataques de ki, originado por la técnica Kakusandan de Krilín. Silver esquiva varios de los ataques, pero finalmente uno impacta muy cerca de él, desequilibrándole y ralentizándole, dejándole como un blanco fácil para el resto.
Cerca de ahí, Mai activa una cápsula y se materializa un lanzacohetes. Ella hinca la rodilla, apunta al B-16 que castigaba a Lapis y dispara.
El misil impacta en la espalda del robot, haciendo que se distraiga lo suficiente para darle tiempo a Lapis para retroceder. El resto de B-16 también localizan la nueva amenaza.

– “¡Ahora! ¡Reagrupaos!” – grita la Número 18.
Todos vuelan rápidamente hasta el 17, que se reincorpora pese a los daños.
La 18, de pie junto a Lapis, levanta su puño para que éste se lo choque.

– “¿Estás bien, Lapis?” – se preocupa Trunks.
– “¿Lapis?” – pregunta extrañada la androide, que parece haberle recordado algo suprimido en el fondo de su memoria.
– “¿No lo recuerdas, hermana?” – le pregunta Lapis con una sonrisa.
Los B-16 se lanzan a por nuestro grupo de amigos.
Los androides unen sus fuerzas y activan la barrera protectora, incluyendo en ella a Goten y Trunks.

– “¡Haced la fusión!” – les apresura 18.
Los B-16 golpean la barrera, que no parece que vaya a resistir mucho tiempo.
Goten y Trunks se preparan para realizar la danza.
El Número 17 y la Número 18 se esfuerzan en mantener la barrera en pie, mientras los robots siguen aporreándola.

– “Aguanta un poco más, Lázuli” – le dice 17.
– “¿Lázuli…?” – murmura la Número 18 algo sorprendida, que parece recordar ese nombre.
Por la mente de la Número 18 pasan algunas imágenes de su vida previa, antes de ser secuestrada por la Red Ribbon. Imágenes de ella viajando con su hermano, malviviendo y asaltando a inocentes en carreteras aisladas…. pero también momentos felices de complicidad con Lapis y escenas de su infancia, con su familia; momentos que le recuerdan que fue humana.

– “Lázuli…” – vuelve a murmurar, esta vez con una sonrisa.
Uno de los B-16 se lanza a por Mai y sus compañeros, que nada pueden hacer frente a su adversario y el resto sigue aporreando la barrera, que finalmente cede.
Una fuerte luz brilla detrás de nuestros androides y los B-16 salen repelidos.
Tres donuts de energía alcanzan al B-16 que iba a por la banda de Pilaf y le aprisionan.
La luz se disipa y se ve a Gotenks, transformado en Súper Saiyajín, que acaba de realizar su técnica con una sola mano.

– “Ya está aquí Gotenks” – murmura con una sonrisa pero sereno, mientras cierra su mano y el B-16 explota al ser comprimido por su técnica.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 21: Guerra en dos frentes

OLD MAN GOHAN // Capítulo 21: Guerra en dos frentes
Uranai Baba interrumpe el abrazo de los dos saiyajín.
– “Al saber que venías, fui a buscar a Son Goku al Más Allá.” – dice sonriente la bruja.
Son Gohan parece ilusionado.

– “¡Ahora que estás aquí podremos derrotar a los androides!” – exclama el mestizo.
– “Lo siento, Son Gohan, pero eso no es posible” – dice Baba.
– “¿Cómo dice?” – le pregunta extrañado Gohan.
– “El permiso de Goku es sólo para visita.” – responde la bruja. – “No puede intervenir en los asuntos de la Tierra.”
– “¿Pero como es eso posible?” – exclama Gohan enfadado.
– “Es cierto, Gohan” – responde Goku. – “El Rey Enma ha sido claro. Si intervengo, mi alma volverá al Más Allá y perderé los privilegios que me han sido otorgados, como es el de conservar mi cuerpo”.
Gohan agacha la cabeza, triste y decepcionado.

– “Pero no me necesitas, Son Gohan” – añade Goku. – “Tú eres el presente y el futuro de la Tierra”.
– “No soy rival para los androides y Cell” – responde Gohan.
– “Aún no.” – le corrige Goku. – “Pero lo conseguirás. Eres mucho más fuerte de lo que yo jamás fui en vida.”
Uranai Baba se baja de su bola de cristal.

– “¡Pongámonos manos a la obra!” – dice mientras extiende sus manos hacia la esfera. – “Veamos de qué se trata esa nueva amenaza que azota los alrededores de la aldea de los Gilas”
Goku y Gohan observan con atención.

– “Ya-ya-ya-yatta-yatta-ya…” – recita la bruja.
En ese instante, la bola de cristal empieza a brillar con fuerza. En su interior no puede verse más que oscuridad.

– “Mmmm…” – murmura la bruja. – “Qué extraño…”
– “¿Qué ocurre?” – susurra Gohan.
Unas voces se oyen a través de la bola.

– “¡Sois unos inútiles!” – grita una voz chirriante. – “¡Así nunca conseguiremos despertarle! ¡Necesitamos más energía!”
– “Lo siento, señor, hacemos lo que podemos.” – responde otra voz. – “Este planeta está asolado. Es difícil encontrar habitantes con una fuerza significativa…”
– “¡Silencio!” – grita la primera voz. – “Noto una extraña presencia…”
Uranai Baba retrocede atemorizada.

– “No puede ser…” – titubea Baba. – “No pueden saber que estamos…”
– “¡Alguien nos observa!” – grita esa chirriante voz. 
En la bola de cristal aparece un ojo verde saltón, con los párpados de color ocre amarillo.

– “¡Largo de mi nave!” – exclama esa voz. – “¡PAPARAPÁ!”
De repente, unos rayos de color rosado rodean la bola de cristal. Baba retrocede asustada ante la mirada sorprendida de Gohan y Goku. 
Finalmente, la bola de cristal se parte en dos de forma violenta y ambas partes caen al suelo.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Goku.
Uranai Baba cae de rodillas.

– “Una magia muy superior a la mía” – responde Baba sorprendida e inquieta por lo sucedido.
En las montañas rocosas, los ejércitos han dejado de disparar. Todos siguen tras sus coberturas esperando que el enemigo de un paso en falso.

– “Parece que pasaremos un tiempo aquí…” – suspira Ikose.
– “Me es imposible contactar directamente con la Muscle Tower” – se lamenta Erasa. – “He conseguido mandar un mensaje por un canal antiguo, pero no sé si lo recibirán”.
La paciencia de Pilaf parece estar agotándose.

– “¡Shu! ¡Mai!” – llama a sus subordinados. – “¡Que traigan la “Super Pilaf Machine”! ¡Nos encargaremos nosotros personalmente!”
– “¡Sí, señor Pilaf!” – responden a la vez.
Un soldado de su ejército trae una caja rectangular y plana y la abre frente a sus tres superiores, ofreciéndoles las tres cápsulas que hay en su interior.
Cada uno de coge una y la activa, generando tres robots. El primero es de color azul oscuro con un cuerpo redondo del que salen sus piernas y sus brazos. El segundo es de color rosa con un cuerpo rectangular del que salen sus piernas y unos poderosos brazos terminados en grandes pinzas. Y el tercero es de color verde y de cuerpo redondo, con unas piernas largas y unos brazos cortos terminados en ametralladoras y también tiene una cola larga con un lanzallamas en su extremo.
Videl y el resto oyen el ruido de la activación de las cápsulas y miran por encima de su cobertura.

– “¡Preparaos!” – exclama Shapner. – “¡Van a atacar!”
– “No estamos preparados para esto…” – murmura Videl asustada ante las tres máquinas de combate.
Pilaf, Mai y Shu saltan a bordo de sus robots y se abalanzan contra el Ejército Real.

– “¡Acabemos con esto de una vez!” – exclama Pilaf. – “¡Quiero ese sarcófago!”
El robot de Mai golpea el cobijo tras el que se escondía el equipo Zulú, que se escabulle en el último instante y se dispersa.
El Ejército Real abre fuego contra los robots, pero no logran causarles el menor daño.

– “¡Es inútil!” – grita un soldado aterrorizado. – “¡No podemos luchar contra ellos!”
Erasa introduce un código en su brazalete y éste expende una cápsula por una pequeña ranura. La analista se la lanza rápidamente a Shapner, que la activa, materializándose entonces un lanzacohetes.

– “¡Al suelo!” – advierte Shapner a sus compañeros, mientras apunta al robot rosa, antes de apretar el gatillo.
Un potente rayo de energía impacta contra el robot de Mai, causando daños en su coraza y derribándolo de espaldas.

– “¿Qué demonios es esto?” – dice Shapner, que se esperaba un lanzacohetes corriente.
– “¡Tecnología Red Ribbon!” – le responde Erasa, sonriendo orgullosa.
Mientras tanto, Pilaf y Shu causan estragos entre los soldados del Ejército Real y se acercan al sarcófago. Pilaf aparta a los soldados enemigos a manotazo limpio, mientras Shu los carboniza con su lanzallamas.
Videl se percata del avance de sus enemigos y decide contraatacar.

– “¡Ikose, ven conmigo!” – le dice a su joven subordinado.
En el Palacio de Uranai Baba, Goku, Gohan y la bruja siguen atónitos ante lo ocurrido.

– “No conozco a nadie con un poder así…” – dice la bruja.
– “¿A quién quieren despertar?” – se pregunta Gohan.
– “No hay tiempo que perder” – sentencia Goku. – “Esto me da muy mala espina.”
– “Papá, ¿qué debo hacer?” – le pregunta Gohan, buscando algún tipo de guía.
– “Confía en tu instinto” – le responde Goku. – “Debes triunfar donde yo fracasé”.
– “Tu padre no puede revelarte ningún tipo de información, Son Gohan.” – explica Uranai Baba. – “Son las normas”.

Son Gohan suspira resignado. Una nueva amenaza se avecina y él vuelve a sentirse sobrepasado por la situación. Tiene a su padre frente a él, pero éste no puede guiarle.
El mestizo se saca el cascabel del cinturón y se lo muestra a su padre.

– “Me dirijo a la Atalaya de Kamisama” – dice Gohan. – “Creo que encontraré respuestas allí.”
Son Goku sonríe satisfecho, como si intentara darle alguna pista a su hijo. 

– “Te deseo mucha suerte, hijo” – dice Goku.
– “Creo que debes irte, Son Gohan” – les interrumpe Baba. – “Tu no tienes tiempo que perder y yo tengo que informar a mis superiores de lo ocurrido”.
Son Gohan asiente y vuelve a abrazar a su padre.

– “Confío en ti, Son Gohan” – le reconforta Goku.
El mestizo se separa de su padre y se seca las lágrimas con su muñequera.

– “Te prometo que devolveré la paz a la Tierra.” – dice Gohan, que por primera vez parece seguro de sí mismo. – “Díselo a todos. Diles que siento lo ocurrido, pero que ya no voy a huir. Nunca más.”
Son Goku se siente orgulloso de su hijo.

– “Ahora ya no volveremos a vernos hasta que cruces al Más Allá” – dice Goku. – “Siento mucho no haber estado ahí para verte crecer” – se lamenta.
– “Siempre has estado ahí” – responde Gohan. – “Piccolo, Krilín, Vegeta… Mamá decía que había un poco de ti en cada uno de ellos.”
Uranai Baba escucha con los ojos llorosos.

– “Tenemos que irnos, Goku” – le apresura la bruja.
– “Está bien” – dice Goku.
Goku se dirige de nuevo a su hijo.

– “El Más Allá me espera.” – dice Goku. – “No es tan malo como parece, ¿sabes? Supongo que, en un mundo tan terrible como el de ahora, sería reconfortante saber que hay algo más allá de lo que conocemos”.
Gohan se percata de algo extraño en las palabras de su padre. ¿A qué viene ese transcendental comentario? ¿Intenta decirle algo?
Son Goku levanta su mano para despedirse de Gohan.

– “¡Hasta que nos volvamos a ver!” – exclama con una sonrisa.
– “Gracias, papá.” – murmura Gohan, mientras le dice adiós.
En las montañas rocosas, Videl ha agarrado un cilindro de hierro, posiblemente desprendido de una tanqueta destruida.

– “¡Distrae al piernas-largas!” – le ordena la Sargento a Ikose.
El soldado dispara al robot, que enseguida se vuelve hacia él.
Videl corre hacia la máquina por la espalda, pero Pilaf se da cuenta e interviene, lanzándola contra la pared del desfiladero.

– “¡Videl!” – grita preocupado Shapner.
– “¡Proteged a la Sargento!” – ordena Erasa a los soldados.
Todos intentan detener el avance de Pilaf y Shu.
Ikose se percata de que el cilindro de metal se ha quedado en el suelo, corre hacia él y lo agarra.

– “Yo me encargo” – murmura el chico.
El joven soldado corre hacia el piernas-largas y se lanza sobre él, agarrando su cola. Shu se nota que tiene a alguien enganchado detrás y empieza a zarandear al soldado violentamente.

– “¡No voy a fallar!” – murmura Ikose mientras lucha por no caer. 
Finalmente, el soldado consigue clavar el cilindro en la embocadura del lanzallamas de Shu antes de soltarse y salir despedido contra unas rocas.
La cola del robot empieza a sobrecalentarse y crecer de tamaño. Una alarma suena dentro de la cabina del robot.

– “¡¿Qué está pasando?!” – exclama Shu, que ve como la temperatura del robot empieza a subir de forma descontrolada.
Finalmente, la cola del robot estalla en mil pedazos.
Pilaf, Shu y Mai tienen más problemas de los esperados con el Ejército Real.

– “¡Maldita sea!” – grita furioso Pilaf. – “¡Unámonos!”
El robot verde esconde sus brazos, mientras el robot rosa esconde sus piernas y se coloca sobre el verde, y finalmente, el azul oculta todas sus extremidades y se sitúa encima del rosa. Juntos forman un gigantesco robot.

– “¡Jajajaja!” – ríe maléficamente Pilaf. – “¿Qué os parece ahora nuestro poder?”
Videl se reincorpora algo dolorida.

– “Que el Pelotón Delta se dirija a la base con el sarcófago” – ordena la Sargento. – “El resto intentaremos ganar tiempo hasta que lleguen refuerzos”.
La Sargento se prepara para abrir fuego contra la “Pilaf Machine”.

– “¡Esa chica es un incordio!” – exclama Pilaf, antes de hacer que el robot le de un puñetazo.
El puño de la “Super Pilaf Machine” se acerca rápidamente hacia Videl, que no puede defenderse ante la fuerza de la máquina.
Pero en el ultimo instante, alguien se ha interpuesto entre la Sargento y el gigantesco puño. El Número 8 ha detenido el golpe con ambas manos.

– “¡No dejaré que hagáis daño a mis nuevos amigos!” – dice el gigantesco hombretón con mirada seria.
Un nuevo pelotón, dirigido por la mismísima Coronel Red, acaba de llegar al lugar de la batalla.