ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dioses caídos

Cold Chronicles / Parte III: Dioses caídos 
“Vosotros ya no dictáis las normas”


Tras el fracaso del Kaioshin del Norte, Bibidí y su monstruo siguen vagando a sus anchas por el Universo, destruyendo todo lo que se encuentran a su paso. Los intentos de detener al brujo por parte de los Dioses han fracasado. Dos Kaioshin ya han caído.
En la Galaxia del Sur, su Kaioshin, el más fuerte de los cuatro Dioses, ha decidido tomar cartas en el asunto y se presenta frente al brujo y su monstruo, dispuesto a acabar con su legado de terror.
El combate es feroz. El Dios es el primer guerrero que hasta ahora ha logrado plantarle cara a Majin Bu en un enfrentamiento uno contra uno.

– “Majin Bu…” – murmura asustado Bibidí, al ver a su monstruo igualado.
Mientras tanto, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, el Supremo Kaioshin, el Kaioshin del Este, y su ayudante, se encuentran expectantes.

– “¡Tenemos que ayudarle!” – exclama el joven Kaioshin del Este.
– “Él sabe lo que hacer” – responde Kibito. – “Dejémosle actuar.”
– “Pero…” – insiste Shin.
El Dai Kaioshin alza su mirada al cielo, preocupado.

– “¿Y si…?” – murmura el Dios Supremo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shin.
Pero el Dios enseguida agacha la cabeza mientras niega su propia idea.

– “No… Podría ser aún peor…” – sentencia el Dai Kaioshin.
El Kaioshin del Sur sigue enzarzado en su combate contra el monstruo de Bibidí. El Dios utiliza su poder mental para hacer que centenares de rocas se eleven alrededor de Bu y estallen en mil pedazos, generando metralla que utiliza para atacar al monstruo, triturándole. Pero en un instante, Bu se recompone con facilidad.

– “Empiezo a comprender sus poderes…” – piensa el Kaioshin. – “Ya entiendo porque los demás fracasaron.”
Majin Bu se abalanza sobre el Dios, pero éste esquiva sus ataques y contraataca con un poderoso empujón de ki, que repele al monstruo.
Bu se recoge en una esfera que gira a gran velocidad y que rebota contra el suelo, propulsándose hacia el enemigo. El Kaioshin se protege con ambos brazos ante su rostro y la bola impacta contra él, saliendo repelida, pero pronto cambia de trayectoria y vuelve a atacar al Dios.
El Kaioshin esquiva los ataques de Bu, que recupera su forma natural y alarga sus brazos para intentar sorprender a su enemigo, pero éste avanza entre las largas extremidades y activa una espada de ki en su mano derecha que corta a Bu por la mitad.
El tren inferior del monstruo se precipita contra el suelo. Bu parece sorprendido.
El Dios sonríe confiado, pero Majin Bu le devuelve la sonrisa. El Kaioshin parece confuso.

De repente, el tren inferior de Bu ataca por la espalda al Dios, que se da la vuelta rápidamente y logra protegerse de una patada.
Majin Bu aprovecha la confusión y le propina un puñetazo, haciéndole retroceder.

En un instante, el Dios se ve atrapado entre las dos mitades del monstruo, que le avasallan con una combinación incesante de puñetazos y patadas.

El Kaioshin agarra el brazo de Bu y tira de él con fuerza, proyectándole contra su otra mitad que, al chocar la una contra la otra, se unen de nuevo.
El Dios prepara una gran esfera de ki y la lanza contra el monstruo, generando una gran explosión.
Al disiparse la polvareda, Majin Bu aparece chamuscado y enfadado. Una gran cantidad de vapor emana de sus poros.
Bibidí contempla el combate preocupado.

– “Mi Majin Bu…” – murmura el brujo.
El Dios sonríe confiado.

– “¿Ya te has cansado?” – se burla del monstruo.
Bu grita furioso y el humo que nace de sus poros ahora sale a presión.
El monstruo se abalanza sobre el Kaioshin, que retrocede mientras detiene los golpes de su rival. El Dios agarra el brazo de Bu mientras empieza a girar sobre sí mismo, hasta que Bu sale disparado contra una montaña cercana.
El monstruo sale de entre los escombros, más enrabietado que nunca. 

El Dios se ha quedado con el brazo de Bu y se lo muestra.

– “Creo que esto es tuyo” – dice el Kaioshin.
Bibidí retrocede asustado.

– “No puede ser…” – sufre el brujo.
De repente, Bu esboza una sonrisa que inquieta al Dios.
El brazo de Bu se convierte en una masa rosa que se estira formando una gran mano que envuelve al Kaioshin.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el Dios, que lucha por liberarse.
Finalmente, el Kaioshin es cubierto por completo. Acto seguido, la masa vuela de regreso a Majin Bu, uniéndose al cuerpo del monstruo.
En el planeta de los Kaioshin, el Dios Supremo tiembla de terror.

– “No… Maldita sea…” – murmura el Dios.
– “¿Qué ha pasado?” – se preocupa Shin.
El monstruo Bu empieza a cambiar de forma, aumentando de tamaño, adoptando la apariencia musculosa del Kaioshin del Sur.

– “¡HAAAAAAAAAA!” – grita el nuevo Bu.
Bibidí se acerca con cautela a su criatura.

– “¿Bu?” – dice el brujo. – “¿Eres tú, Bu?”
El monstruo parece que pone a prueba su cuerpo, dando una combinación de puñetazos y patadas al aire. 

– “No sabía que podías hacer eso…” – se sorprende Bibidí. – “¡Eres increíble! ¡Nadie podrá detenernos jamás!”
De repente, Bu parece calmarse y mirar al cielo en una dirección concreta.
En Planeta Sagrado, el Dai Kaioshin reacciona rápidamente.

– “¡Kibito! ¡Llévate a Shin!” – grita el Dios.
– “¿Qué?” – se extraña el Kaioshin del Este. – “¿Acaso…?”
En ese instante, Bu y Bibidí aparecen en el planeta de los Dioses.

– “Demasiado tarde…” – lamenta el Dios.
Bibidí contempla a su alrededor, al verse por primera vez en el planeta de los Dioses.

– “¡Así que aquí es donde os escondíais como ratas!” – se burla el brujo.
Shin y Kibito se ponen en guardia, pero el Dai Kaioshin da un paso al frente.

– “¡No tienes derecho a pisar esta tierra sagrada!” – dice el Dios.
Bibidí sonríe.

– “Vosotros ya no dictáis las normas” – responde el brujo. – “¡Acaba con ellos, Bu!”
El monstruo lanza una poderosa onda de ki por la boca. El Dai Kaioshin utiliza su poder mental para detener el ataque antes de que les alcance, pero al estallar genera una devastadora explosión, cuya onda expansiva engulle a los Dioses.
Al disiparse la polvareda, los Dioses aparecen magullados.
El monstruo se abalanza sobre ellos, pero el Dai Kaioshin se pone en pie y utiliza su poder mental para inmovilizarle.
Majin Bu lucha por liberarse, y el Dios empieza a ceder.

– “¡Marchaos!” – insiste el Kaioshin.
Kibito agarra a un malherido Shin y desaparecen.
Majin Bu clava su pie en el suelo y éste surge debajo del Dai Kaioshin, golpeándole el mentón y lanzándole por los aires.
El monstruo ataca al Dios, que le repele con un cañón de ki proyectado desde sus ojos.
Mientras tanto, Kibito y Shin aparecen en mitad una llanura de yerba alta, en un planeta lejano.
Kibito pone sus manos sobre Shin y empieza a curarle.

– “Debemos… ir a Ira-aru…” – dice Shin.
– “Bu podría perseguirnos” – responde Kibito. – “Solo les pondríamos en peligro.”
– “Hay que detener a Bu…” – insiste Shin.
– “Confíe en el Dai Kaioshin.” – dice Kibito. – “Él sabe lo que hace.”
En el Planeta Sagrado, el Dai Kaioshin mantiene a raya a Majin Bu, pero empieza a sentirse cansado, cosa que no le ocurre al monstruo, que parece disfrutar del combate.

– “¡Pe… pelea!” – dice Bu con dificultad.
Bibidí se sorprende al escuchar a su monstruo.

– “¿Cuándo has aprendido a hablar?”
El Dai Kaioshin se percata de la situación.

– “¡Ahora lo entiendo!” – piensa el Dios. – “El cambio de apariencia. La localización de nuestro planeta. La capacidad de hablar. Incluso parece que disfruta del combate como un luchador…” – sonríe. – “Lo has aprendido del Kaioshin del Sur, ¿verdad?”
El monstruo Bu ataca de nuevo.
El Dios extiende sus manos hacia el monstruo y las separa de repente, partiendo a Bu por la mitad utilizando su poder mental, y después las hace chocar de nuevo la una contra la otra, que se unen formando a un deformado Majin Bu.
El monstruo recupera su forma natural y parece frustrado. Con su antena emite un rayo fucsia zigzagueante que el Dai Kaioshin esquiva. El rayo impacta contra un árbol y lo convierte en carbón.
Bu insiste con otro rayo, pero el Kaioshin lo detiene con su poder mental, y lo devuelve a su emisor, pero Bu lo esquiva y el rayo impacta contra otro árbol, convirtiéndolo en un caramelo.
Majin Bu se sorprende al ver que el Kaioshin ha alterado su magia.

– “Me gustan los dulces…” – se excusa el Dios.
Bu parece furioso.

– “Mis poderes superan los tuyos” – le dice el Dai Kaioshin. – “No vas a derrotarme si esto es todo lo que puedes hacer.” – le provoca.
Majin Bu se abalanza de nuevo contra el Dios, puño en alto, y antes de golpearle, el monstruo Bu se convierte en una gran masa rosa que engulle al Kaioshin.

– “¡Bien hecho, Bu!” – celebra Bibidí. – “¡Hemos ganado!”
Shin, ya recuperado, y Kibito, sienten el cambio en el ki del monstruo.

– “¡Maldición!” – lamenta Shin.
El cuerpo de Majin Bu empieza a cambiar. Su cuerpo musculoso ahora es rechoncho, y su ropa también ha cambiado, pues ahora lleva el chaleco y la capa del Dai Kaioshin.

– “¡BUUUUUU!” – sonríe el monstruo al finalizar su metamorfosis.
Bibidí se acerca boquiabierto al ver al nuevo Bu.

– “¿Qué demonios te ha pasado?” – dice el brujo.
Majin Bu esboza una gran sonrisa.

– “¡Hola!” – saluda alegremente, con cara de bonachón.
– “Bu…” – dice Bibidí, incrédulo. – “¿Qué significa esto?”
– “Tengo hambre” – responde el monstruo.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 61: Butterfly

OMG // Capítulo 61: Butterfly
Los días pasan y Trunks ha empezado a entrenar a Gyuma. El hijo de Gohan viste un viejo uniforme de su padre, un gi de color morado con un cinturón rojo a juego con las muñequeras.
Gyuma persigue a Trunks a través del bosque que rodea el Monte Paoz, ante la atenta mirada de Karín. El hijo de Gohan intenta golpearle, pero su maestro es demasiado rápido.

– “¡La mayoría de tus movimientos son inútiles!” – le corrige Trunks mientras le esquiva. – “¡Piensas demasiado!”.

Gyuma insiste en sus ataques, sin éxito, y empieza a frustrarse.

– “¡Estamos perdiendo el tiempo!” – exclama Gyuma. – “¡Deberías enseñarme a pelear!”
– “¿Y como piensas pelear si no logras atraparme?” – se burla Trunks.
– “Maldición…” – refunfuña el mestizo mientras ataca de nuevo.
Mientras tanto, Videl, Shapner, Erasa, y Lupo se han reunido frente a Arale, que proyecta un holograma del Rey Chappa.

– “Hemos asistido a los supervivientes de la Capital del Norte” – anuncia el Rey.
– “¡Bien!” – celebra Videl. – “¡Buenas noticias, al fin!
– “¿Sabemos algo de Majin Bu?” – pregunta Shapner.
– “De momento, no tenemos nada.” – responde Chappa. – “Parece que no ha atacado ninguna ciudad. No hemos recibido señales de socorro.”
– “Qué extraño…” – murmura Lupo. – “¿Por qué no ataca?”
– “Es mejor así…” – suspira Shapner.
En el bosque, Upa e Ikose recogen leña.

– “…y así es como conocí al abuelo de Gyuma.” – termina Upa.
– “¡Increíble!” – exclama Ikose. – “Entonces, ¿es cierto? ¿Las Dragon Balls podían resucitar a los muertos?”
– “Así es.” – responde el indígena. – “Podían conceder cualquier deseo”.
– “Nos irían muy bien ahora…” – suspira Ikose.
En la costa cercana a la antigua Tierra Sagrada de Karín, Majin Bu y Bacterian contemplan el mar.

– “¿Esto es el mar?” – pregunta Bu, mientras se agacha para tocar el agua.
– “¡Eso es!” – responde Bacterian, inspirando profundamente. – “¡Huele a libertad! ¿No es precioso?”
– “Está mojado…” – dice Bu.
– “Bueno… es agua…” – dice el viejo pirata.
Bu parece decepcionado.

– “¡Necesitamos un barco!” – exclama Bacterian.
– “¿Qué es un barco?” – pregunta Bu.
– “Es un vehículo que sirve para navegar” – responde el pirata.
– “¿Qué es un vehículo?” – pregunta el monstruo.
– “Creo que así no llegaremos a ninguna parte…” – suspira Bacterian.
El pirata se agacha y agarra una rama rota en la orilla, con la que garabatea de forma torpe el dibujo de un barco en el suelo.

– “Tiene este aspecto” – dice Bacterian. – “Está hecho de madera, y sirve para viajar por el mar, flotando sobre el agua.” – explica.
Bu mira detenidamente el dibujo.

– “Es fácil.” – murmura el monstruo.
– “¿Fácil?” – repite Bacterian confuso.
Majin Bu se aleja un poco del pirata y alza sus manos frente a un bosque, arrancando un centenar de árboles mediante su poder mental.
Bacterian se queda boquiabierto.
Bu utiliza sus poderes para convertir los árboles en planchas de madera, que termina uniendo y conformando un barco idéntico al garabato de Bacterian.
Al colocarlo en el suelo, el deforme barco empieza a descomponerse a trozos.

– “No funciona” – dice Bu.
– “Es que no es exactamente así…” – responde Bacterian.
– “Es idéntico a tu dibujo.” – responde Bu, que empieza a sulfurarse.
– “¡Tranquilo! ¡Es culpa mía!” – se disculpa Bacterian. – “No sé dibujar…”
Bu se acerca a él y le coloca la mano derecha en la frente.

– “Piensa en un barco.” – le dice el monstruo.
– “¿Eh?” – dice Bacterian confuso. – “¿Qué piense…?”
– “Sí, piensa.” – insiste Bu.
– “Está bien…” – dice el pirata cerrando los ojos. 
Majin Bu, sin apartar su mano de la frente del pirata, extiende la otra hacia el bosque, que reacciona a su voluntad.

En unos minutos, Majin Bu ha terminado.

– “Abre los ojos” – dice Bu.
El pirata le hace caso y se sorprende de lo que ve.

– “¡Es impresionante!” – exclama Bacterian.
Un increíble galeón pirata se encuentra varado en la orilla.

– “¡Eres increíble!” – le felicita Bacterian.
– “Jeje” – presume Bu.
En unas horas, el Sol se pone en el Monte Paoz. Gyuma y Trunks han terminado su día de entrenamiento. Los dos se encuentran sentados en el suelo, descansando y compartiendo un momento de complicidad.

– “Estás mejorando” – le felicita Trunks. – “Pronto podrás atraparme.”
– “Si tú lo dices…” – responde Gyuma, algo desmoralizado.
– “Tienes mucho potencial” – insiste Trunks. – “Confía un poco más en ti mismo.”
– “Tú eres mucho más fuerte que yo…” – suspira Gyuma. 
– “Sí” – responde Trunks. – “Y me ha costado muchos años de entrenamiento, tanto en la Tierra como en el Más Allá. Tu padre fue mi primer maestro
Gyuma agacha la cabeza.

– “¿Cómo era?” – pregunta Gyuma.
– “¿El Más Allá?” – dice Trunks.
– “Mi padre.” – dice el hijo de Gohan.
– “Valiente. Bueno. Severo…” – responde Trunks. – “Pero siempre sabía como hacerme sentir mejor.”
Gyuma suspira.

– “Nos dejó solos a mi madre y a mí.” – dice el mestizo.
– “Intentó protegeros de él mismo.” – responde Trunks. – “Esa no es una decisión fácil.” 
– “Supongo que no…” – admite Gyuma.
Trunks se pone en pie.

– “Es tarde.” – dice Trunks. – “¡Y me muero de hambre!”
Gyuma se pone en pie de forma reticente, y su compañero coloca la mano en su hombro.

– “Cuando hayas mejorado un poco más, te enseñaré unos cuantos movimientos que aprendí de Son Gohan.” – sonríe Trunks. – “¿Qué te parece?”
– “Genial.” – responde Gyuma esbozando una media sonrisa.
Durante la cena, todos hacen un esfuerzo para hacer de la situación lo mejor posible. Karín y Upa se turnan con Trunks, Videl y los demás contando historias sobre las aventuras de Son Goku y Son Gohan, inspiradas en viejos recuerdos encontrados en la casa, como fotografías de la familia Son, el bastón mágico, Kinton o la vieja Dragon Ball de cuatro estrellas, ahora convertida en piedra. Narran el entrenamiento de Goku en la Torre de Karín y su enfrentamiento de Goku con Tao Pai Pai, su combate con Freezer en Namek, el duelo de Gohan en Orange City contra los androides, su transformación frente a Cell, y otras muchas historias impresionantes.
Gyuma escucha atentamente, pues es la primera vez que oye la mayoría de esas narraciones. 
La noche cae sobre el Monte Paoz, y todos se han acostado. La noche es tranquila y silenciosa. La luna creciente adorna el cielo estrellado. 
De repente, un ligero temblor sacude la residencia Son. Parece que solo Trunks lo ha percibido, y se levanta con cuidado, para no despertar a los demás.
El mestizo sale de la casa, y mientras camina, la sacudida se repite, esta vez con mayor intensidad.
El hijo de Vegeta avanza por el bosque, descendiendo por una colina, hasta llegar a un pequeño lago, cuya agua vibra ligeramente.

En la orilla opuesta, Trunks ve a Gyuma, vestido con el gi de su padre, sudando, de rodillas, agotado.


– “Vamos…” – murmura el hijo de Gohan, que intenta recuperar el aliento. – “Otra vez…” – se repite mientras se pone en pie.
El chico aprieta con fuerza los puños.

– “Grrrr…” – gruñe Gyuma.
Pequeñas rocas a su alrededor empieza a levitar, y un ligero temblor sacude de nuevo el Monte Paoz.

– “No pienso rendirme…” – refunfuña Gyuma. – “Ellos no lo hicieron…”
Una tenue aura dorada envuelve al mestizo de forma intermitente, mientras su cabello se ondula como si fuera afectado por una suave brisa.

– “Ahora todo depende de mí…” – dice Gyuma. – “Tengo que dar un paso al frente…”
Sus ojos se tornan de color verde.

– “No te decepcionaré, papá” – piensa Gyuma.
En su mente, la imagen de su padre, despidiéndose antes de sacrificarse en su combate contra Majin Bu.

– “¡¡HAAAAAAAAAA!!” – grita mientras su cabello se eriza por completo y se ilumina con luz dorada.
El suelo se resquebraja y el agua se altera, formando grandes olas.
Pero de repente, su aura se desvanece y Gyuma pierde el conocimiento, desplomándose contra el suelo. En el último instante, Trunks le sujeta.

– “Bien hecho, Gyuma” – sonríe Trunks. – “Pero creo que, de momento, esto es demasiado para ti.”
– “Son…” – murmura el mestizo, esbozando una media sonrisa. – “Son Gyuma.”
En la casa, Karín se encuentra en el tejado, mirando al horizonte. Lupo se ha despertado y ha salido para ir al baño, pero enseguida se fija en el felino.

– “¿Qué haces ahí arriba?” – pregunta Lupo.
– “Contemplar esta bonita noche” – responde Karín, sonriente.

DBSNL // Capítulo 96: Interferencias

DBSNL // Capítulo 96: Interferencias
“Noto que estamos cerca”
La Princesa Serpiente ataca a Champa con su gigantesca boca abierta, dispuesto a comérselo. El Hakaishin queda atrapado entre las mandíbulas del ofidio, sujetando su mandíbula superior con ambas manos y evitando que la criatura cierre su boca.

– “¡Champa!” – exclama Zamas preocupado por el Dios de la destrucción.
El Dai Kaioshin activa sus espadas de ki y ataca de nueva a Heibi Hime, pero sus ataques fracasan una vez más, al ser incapaz de atravesar las escamas del reptil.
Mientras tanto, Trunks sigue atrapado en el ataque eléctrico de Arios y luchando por liberarse.
Toppo se recupera del golpe recibido por el enemigo y le apunta con su brazo extendido, liberando una ráfaga continua de esferas de ki que obliga al demonio a protegerse cruzando ambos brazos frente a su cara mientras encaja los impactos.
De repente, la polvareda generada se disipa y Arios surge de entre las explosiones para golpear a Toppo y lanzarle contra unas rocas, enterrándole bajo los escombros.

– “Uno menos” – sonríe Arios.
En ese instante, un fuerte resplandor a su espalda llama la atención del diablo.
El ki de Trunks está aumentando y finalmente estalla en una explosión de poder que barre el lugar.
Al desvanecerse el resplandor, Trunks aparece transformado en Súper Saiyajín 3.

– “¿Qué ángeles has hecho?” – pregunta Arios al no comprender lo que ha sucedido.
Trunks, en un abrir y cerrar de ojos, aparece detrás de Arios y le da una patada en la espalda, haciéndole atravesar varias montañas de los alrededores.
Vegetto, que se encuentra cara a cara con Abraca, observa de reojo a Trunks y sonríe.
El Rey, ahora con el poder de Mojito sumado al suyo, se prepara para atacar al saiyajín.

– “¡Muere!” – grita el demonio, que se abalanza sobre Vegetto con su espada en alto.
Vegetto detiene la espada con ambas manos, pero esta vez parece tener dificultades.

– “Realmente se ha hecho más fuerte…” – piensa el saiyajín.
Whis aparece frente al Rey y le golpea haciéndole retroceder.
El ángel se coloca al lado de Vegetto.
Mientras tanto, en el laboratorio de la Corporación Cápsula, Bulma habla por teléfono con Videl sobre el vehículo descontrolado al que se ha enfrentado antes.
– “Parece un viejo modelo de la RF-100” – explica Videl leyendo vieja documentación de la camioneta.
– “Una modificación hecha para la Red Ribbon…” – murmura Bulma.
– “¿Podrías echarle un vistazo?” – pregunta Videl.
– “¡Por supuesto!” – responde Bulma. – “Tráelo y lo revisaré.”
Al finalizar la llamada, Bulma cuelga el teléfono y se empuja para rodar con su silla hasta un ordenador cercano.
En la mesa del laboratorio, Lázuli se encuentra tumbada y conectada a varios ordenadores.

– “No veo nada extraño estructuralmente” – le dice Bulma mientras analiza los datos en pantalla. – “¿Desde cuando tienes estas jaquecas?”
– “Unas semanas” – responde Lázuli. – “Pero cada vez son peores.”
– “Parece que hay una especie de interferencia…” – murmura Bulma, descubriendo una anomalía en los datos.
– “¿Una interferencia?” – se extraña la Número 18.
– “Voy a intentar averiguar de donde procede, pero para eso necesito desencriptarla” – responde Bulma. – “Y eso llevará tiempo.”
– “Gracias” – dice Lázuli mientras se pone en pie. – “Mientras tanto, te agradecería que no le dijeras nada a Krilín. No quiero preocuparle.”
– “Descuida” – le guiña un ojo Bulma.
En la meseta de Yuzabit, Lapis y Cell avanzan hacia el norte y se adentran en una gran zona helada cerca de las Montañas Tsumisumbri.

– “Noto que estamos cerca” – dice el Número 17.
De repente, la extraña pareja llega a una gran planicie cubierta por hielo en la que hay un gran agujero central.

– “Creo que hemos llegado” – dice Cell.
Ambos descienden decididos por el profundo pozo hasta llegar a una enorme caverna en la que parece que un extraño objeto ha impactado en el centro.

– “Lo que fuese que creó este túnel cayó aquí” – dice Lapis mirando el canal por el que han descendido, cuya salida solo puede verse como una minúscula luz al final.

– “Pero ya no está” – dice Cell. – “Solo queda chatarra”.
De repente, una fuerte luz los ciega. La caverna se ha iluminado revelando que no es una cueva natural, sino una enorme sala.

– “¿Qué es todo esto?” – se extraña el Número 17.
– “Bienvenidos, hijos de Gero” – les dice una voz masculina anciana y quebrada.
Cuando las luces bajan su intensidad, revelan a un anciano decrépito apoyado en un bastón y vistiendo una vieja bata blanca.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6, 7 / Parte II: Age of Bu

Cold Chronicles / Parte II: Age of Bu
“¡Si vuelves a hacer algo así, juro que te encerraré!”


Majin Bu, bajo las órdenes del malvado brujo Bibidí, siembra el terror en el Universo. El monstruo viaja de planeta en planeta portando caos y destrucción. Tras la muerte de la Kaioshin del Oeste, su sector queda desprotegido y es el primero en sufrir las consecuencias.
El Kaioshin del Norte, tras recibir las terribles noticias, decide reclutar un grupo de valientes guerreros de su galaxia para enfrentarse al monstruo.
Nadie conoce mejor a los guerreros de su sector que su Kaio, así que el Dios recurre al Kaio del Norte, que pronto reúne a un grupo reducido de voluntarios en su planeta.

– “Siento tener que pediros esto” – les dice el Kaioshin. – “Pero vuestra galaxia os necesita.”
Los cuatro guerreros responden con una reverencia.

– “Para ellos es un honor luchar al lado de su Kaioshin.” – dice Kaiosama. – “Pero, ¿no sería mejor contactar con los demás?”
– “La Kaioshin del Oeste se confió.” – responde el Dios. – “Ningún mortal puede superar el poder de un Kaioshin. Yo me encargaré de detener a ese brujo y su monstruo.”
– “Pero señor…” – insiste el Kaio.
El Kaioshin del Norte ignora a Kaiosama.

– “¿Cómo os llamáis?” – pregunta el Dios a los reclutas.
El primero es un luchador masala. Su aspecto es similar al de un humano, de baja estatura y tez violeta pálido. Su cabello es castaño, largo y lo lleva recogido en dos coletas. Un punto rojo adorna su frente. El guerrero viste con la ropa tradicional de su planeta, compuesta por un chaleco marrón sobre una camisa color verde claro, con unos pantalones del mismo color; lleva unas botas y unas muñequeras marrones, y un cinturón gris.

– “Sartay” – responde el guerrero.
El segundo es un inushu; un perro humanoide. Su tez es morada y viste un pantalón azul y botas marrones, con una camiseta morada, guantes blancos, y una capa corta de ese mismo color.

– “Mijorin” – se presenta.
Y el tercero, un guerrero centurio, grandullón, de piel azul y ojos rojos, vestido con una armadura dorada de estilo romano, con botas, guanteletes y casco a juego, y un quitón morado encima. En su mano lleva una gigantesca lanza gualda.

– “Sirloin” – dice el luchador.
El cuarto es un namekiano alto y fornido, que viste pantalón morado y un chaleco amarillo.

– “Nosotros no tenemos nombre.” – responde el guerrero. – “Pero lucharemos en nombre de Namek.”
El Dios asiente.

– “Gracias a todos” – responde el Dios.
El Kaioshin y sus reclutas se dirigen al planeta Ryu, donde los ryujin están siendo masacrados por Majin Bu.

– “¡Acaba con ellos, Bu!” – grita Bibidí.
El monstruo Bu ríe de forma macabra mientras avanza por las calles de una aldea disparando a discreción a todo el que se encuentra a su paso.
De repente, alguien golpea al monstruo y le estampa contra una vivienda.

– “¿Qué?” – se sorprende Bibidí. – “¡¿Quién osa golpear a mi pequeño Bu?!”
El Kaioshin del Norte, espada en mano, se posa sobre el tejado de una cabaña.

– “¡Tus maldades se acaban aquí, Bibidí!” – exclama el Dios.
El brujo se sorprende al ver al Kaioshin.

– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta al Dios, pues ha aparecido en un sector que no le pertenece.
– “No dejaré que el terror llegue a mi galaxia” – responde el Kaioshin. – “¡Acabaremos con contigo!”
Majin Bu surge de entre los escombros mientras grita enfadado. Las rocas de su alrededor se elevan.

– “¡Mátale, Bu!” – ordena el brujo.

El monstruo se abalanza sobre el Kaioshin, pero un par de brazos namekianos surgen del suelo y agarran a Bu por sorpresa.
Sirloin se abalanza sobre él y le atraviesa con su lanza por la espalda y clavándola en el suelo.
Majin Bu se da la vuelta y golpea al centurio, lanzándole lejos. Pero, en ese instante, un puño gigante envuelto en fuego golpea al monstruo.
Sartay, que se encuentra meditando a una distancia prudencial del combate, ha utilizado el poder místico de su raza para proyectar una imagen suya gigantesca y con ocho brazos, envuelta en fuego.
Una tormenta de puñetazos castiga al monstruo Bu, que no logra defenderse.
De repente, Mijorin se abalanza sobre él. Su mano derecha brilla con luz blanca y pura.

– “¡LUZ DE INUGAMI!” – grita el inushu, que se dispone a golpear a Bu.
– “¡Lo hemos logrado!” – piensa el Kaioshin del Norte.
Pero en el último instante, Bu crea un agujero en su torso y deja pasar la mano del inushu sin que le toque.
El miedo embarga a todos los presentes. El inushu mira Majin Bu, cuyo rostro se encuentra a escasos centímetros del suyo, que esboza una aterradora sonrisa.

– “Jijiji” – ríe Bu.
Bu atrapa la cabeza de Mijorin en un aplauso mortal.

– “No…” – murmura el Kaioshin. – “Hemos estado tan cerca…” 
Bibidí celebra la victoria de su monstruo.

– “¡ESO ES! ¡BIEN HECHO, BU!” – exclama lleno de júbilo.
Sirloin se abalanza sobre el monstruo, pero éste le intercepta con una esfera de ki que le desintegra.
La proyección astral de Sartay golpea a Bu, lanzándole a varios cientos de metros de distancia.

– “¡Yo le detendré!” – grita el masala.
Pero sin que nadie se haya dado cuenta, una pequeña porción de Bu se ha arrastrado entre los escombros de la aldea hasta el lugar donde Sartay se encuentra meditando. La pequeña masa rosa asciende por el cuerpo del guerrero masala y se introduce en su cuerpo por la boca, obstruyendo sus vías respiratorias.
En el campo de batalla, Namek y el Kaioshin pueden ver como el gigante de fuego se desvanece.

– “Maldita sea…” – lamenta el Dios.
Bu se recupera rápidamente y asciende hacia el cielo.

– “¿A dónde va?” – se pregunta Namek.
Al alcanzar la estratosfera del planeta, el monstruo bombardea la zona con un centenar de rayos de ki.

– “¡Idiota!” – grita Bibidí. – “¡Yo también estoy aquí!” – dice mientras se protege con una barrera.
Cuando Majin Bu termina su ataque, desciende con una sonrisa de oreja a oreja.
Bibidí, que ha sobrevivido, se acerca a él.

– “¡¿Qué se supone que estás haciendo?!” – grita el brujo. – “¡Casi me matas!”
Majin Bu ignora al mago.

– “¡Si vuelves a hacer algo así, juro que te encerraré!” – grita Bibidí.
El Kaioshin y Namek se encuentran a cientos de kilómetros de distancia. En el último momento, el Dios ha podido teletransportar al namekiano a un lugar seguro.

– “¿Qué hacemos ahora?” – pregunta Namek.
– “No lo sé…” – responde el Dios. – “Hemos fracasado.”
– “Aún no” – responde el namekiano. – “Represento a los guerreros de mi planeta. No pienso rendirme.”
El Kaioshin sonríe al escuchar a Namek.

– “Ya has hecho suficiente” – le dice el Dios. – “Ahora me toca a mí.”
Al intentar caminar, el débil Kaioshin hinca la rodilla y revela una gran quemadura en su espalda. Parece que el ataque de Bu le alcanzó antes de poder escabullirse.

– “Será mejor que descanse, Kaioshin.” – sugiere el namekiano.
– “Lo siento…” – dice el Dios. – “Ni siquiera tengo fuerzas para escapar.”
Mientras tanto, Bibidí ha hecho aparecer su bola de cristal y busca un nuevo planeta al que atacar.

– “¿Dónde podríamos ir ahora?” – se pregunta el brujo. – “¡La galaxia del Norte y del Oeste ya son nuestras! ¡Ya no tienen ningún Kaioshin que las proteja!”
– “¡No tan rápido!” – exclama Namek.
El namekiano camina hacia Bibidí y Majin Bu.

– “¿Has sobrevivido?” – se sorprende el brujo. – “Seguro que el Kaioshin ha tenido algo que ver…”
– “No puedo dejar que os vayáis.” – dice Namek.
– “Si los Kaioshin no me han detenido, ¿crees que vas a hacerlo tú?” – se burla Bibidí.
Namek sonríe.

– “Kaioshin o no, alguien os detendrá.” – dice el namekiano. – “Puede que no sea yo, puede que no sea hoy, pero alguien os derrotará.”
– “Un discurso muy bonito” – se mofa el brujo. – “Pero te haré ver la realidad… ¡Mátale Bu!”
Majin Bu se abalanza sobre el namekiano, que también avanza hacia el monstruo. Los dos preparan una esfera de ki y la lanzan en el último instante, creando una gran explosión.
El Kaioshin, mientras tanto, intenta comunicarse con Kaiosama.

– “Tenías razón, Kaio…” – dice el Dios. – “He sido un idiota…”
– “Tranquilo” – responde Kaiosama. – “Le comunicaré lo ocurrido a los otros Kaioshin”.
Al disiparse la polvareda, ambos adversarios han perdido su brazo derecho.
Bu, sonriente, forma un nuevo brazo a partir de su muñón.

– “¡JAJAJA!” – ríe Bibidí. – “¡Se acabó!”
Namek sonríe.

– “Dos pueden jugar al mismo juego” – sonríe mientras regenera su extremidad lacerada.
– “¿Qué…? ¿Cómo…?” – se sorprende el brujo.
El namekiano se pone en guardia.

– “Me supera en todos los aspectos…” – piensa Namek. – “Solo puedo entretenerle un rato.”
Majin Bu se abalanza de nuevo contra el namekaino, pero la espada del Kaioshin del Norte le ensarta.

– “¿Ese aún sigue vivo?” – se sorprende Bibidí al ver al Dios, que ha lanzado su arma.
El Kaioshin avanza tambaleándose hasta el namekiano y coloca la mano en su hombro.

– “Eres un buen guerrero” – dice el Kaioshin. – “No es necesario que mueras aquí.”
– “He prometido defender mi galaxia.” – insiste Namek.
– “Y para eso, tienes que sobrevivir.” – sentencia el Dios.
De repente, Namek desaparece.

– “¿Dónde ha ido?” – se extraña Bibidí.
El Kaioshin da un paso al frente.

– “Esto es entre nosotros, brujo” – le provoca el Dios.
Majin Bu se arranca la espada y la tira a un lado mientras su herida se cierra.

– “Jijiji” – ríe el monstruo.
Namek ha aparecido en el planeta de Kaiosama.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el namekiano.
– “Te ha salvado” – responde el Kaio.
– “He… fracasado…” – lamenta Namek.
– “He avisado al los otros Kaioshin.” – dice Kaiosama. – “Ellos detendrán a ese monstruo.”
El namekiano se encuentra en estado de shock. Siente que ha fallado a su gente y a su galaxia. 

– “Lo has hecho bien.” – le consuela Kaiosama. – “Vuelve a tu planeta y…”
– “No” – le interrumpe el namekiano. – “No volveré a mi planeta hasta que haya cumplido mi propósito. Tampoco utilizaré su nombre hasta que vuelva a ser merecedor de ese honor.”
– “Pero…” – se preocupa el Kaio.
– “Desde ahora en adelante, soy Slug.” – sentencia el guerrero.
Mientras tanto, Cold, el único superviviente de los demonios del frío, se encuentra en un planeta remoto y oscuro, en el interior de una cueva.
De repente, el demonio siente que una extraña fuerza le llama desde el interior de la gruta. El demonio se adentra en la oscuridad, siguiendo una sensación que es incapaz de comprender.
Finalmente, llega a una caverna en la que se encuentra un extraño altar austero.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Cold mientras se acerca cautelosamente.
Sobre el altar, se encuentra una vieja caja de música de color marfil con adornos dorados.