DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 6: Ocaso

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 6: Ocaso

En la Tierra, Black apunta con su mano derecha a la pequeña isla de nuestros amigos. Roshi y Yamcha se temen lo peor mientras ven materializarse una esfera de ki morado.

Trunks aparece en el último momento y patea la mano del enemigo, haciendo que el ataque se pierda en el horizonte y estalle en el mar.

Black, molesto, golpea a Trunks en el rostro, que retrocede unos metros antes de poder recuperar la estabilidad.

El mestizo se limpia una gota de sangre de la comisura del labio.

El Dios caído reactiva su espada de energía en su mano derecha.

– “Este es el día de vuestro juicio…” – murmura Black. – “Regocijaos ante mi presencia.”

Una gota de sudor recorre la frente de Trunks.

En el planeta de los Kaioshin, el Dios de hace quince generaciones se cruza de brazos.

– “Veamos…” – dice el viejo. – “¿Qué podemos hacer…?”

– “¿Es que no tiene un plan?” – dice Goku, desanimado.

– “Este viejo es un farsante…” – protesta Vegeta.

– “¡¡OS VAIS A ENFRENTAR AL SER MÁS TEMIBLE DEL UNIVERSO!!” – grita el Dios, desquiciado. – “¡¡¿ESPERÁIS QUE YO TENGA TODAS LAS RESPUESTAS?!! ¡¡PUES NO!!”

El viejo se deja caer sentado en el suelo y se cruza también de piernas, enfurruñado.

– “Sé que debemos detenerle… y que vosotros sois los únicos que podéis hacerlo…” – refunfuña el Dios. – “Pero el cómo ya es otra historia…”

– “Diablos…” – gruñe Vegeta.

Shin interviene con ilusión.

– “¡Podría usar su poder para hacer que Goku y Vegeta sean más fuertes! ¡Cómo hizo con Son Gohan!” – sugiere el Kaioshin del Este, emocionado.

– “Idiota.” – responde tajante el viejo.

– “¿Eh?” – se desanima Shin. – “¿Por qué?” – se encoje de hombros.

– “Que el muchacho sea tan fuerte no significa que estos dos lo puedan ser…” – explica el anciano Dios. – “Además, estos idiotas son tan orgullosos que serían capaces de rechazar mi Don…”

Goku y Vegeta se miran de reojo.

– “Encontraremos un modo de hacernos más fuertes…” – dice Goku, apretando su puño con convicción.

– “¿Es que tienes alguna idea?” – pregunta Vegeta.

– “De momento, no.” – sonríe Goku rascándose la cabeza.

Vegeta agacha la cabeza y suspira.

– “No tienes remedio…” – protesta el saiyajín.

– “¿Es que tú sí?” – pregunta Goku, suspicaz.

Vegeta esboza una media sonrisa.

En la Tierra, Black cargaba contra Yamcha y Roshi cuando ha sido interceptado por Trunks, que le ha propinado una patada y lo ha lanzado al mar.

– “¡Esto es muy peligroso!” – dice el mestizo, usando el Kaiojosho. – “¡No podéis hacer nada! ¡Marchaos!”

– “Huir solo retrasará nuestra muerte, chico.” – dice Roshi. – “No tiene sentido.”

– “¡Pelea sin preocuparte por nosotros!” – dice Yamcha. – “¡Que seamos solo un estorbo para él!”

Un gran torbellino de agua nace del mar y se alza hacia el cielo.

– “¡Ahí viene!” – advierte Roshi.

Una silueta oscura puede verse ascender en su interior.

De repente, la torre de agua estalla y revela a Black Goku.

– “Estoy harto…” – dice el Dios. – “No tendré piedad…”

En la línea temporal futura en la que se encuentra actualmente Mirai Trunks, el mestizo ha compartido con Bulma todo lo sucedido.

– “Es terrible…” – murmura ella, impactada, con un cigarrillo en la mano. – “Después de todo lo que habías pasado…”

– “Pero ahora todo se acabó…” – dice Trunks, cabizbajo. – “No sé cómo he llegado hasta aquí, pero sin la máquina del tiempo no puedo regresar…”

– “Aunque volvieras, no podrías enfrentarte a ese monstruo, tal y como lo describes…” – dice Bulma, preocupada.

– “Tendría que viajar al pasado. Regresar a la línea temporal donde papá sigue vivo.” – dice Trunks. – “Puede que él y Son Gohan…”

Bulma da una calada a su cigarrillo mientras mira al suelo, cavilando.

En el futuro en el que se encuentra ahora el hijo de Goku, el mestizo y Chichi también se han puesto al día.

– “Así que tu padre sigue vivo…” – dice ella, con los ojos llorosos.

– “Así es” – sonríe Gohan. – “Aunque yo me he mudado a Satán… a Orange City.”

– “¡Orange City!” – exclama Chichi emocionada. – “¡¿Es que estudias allí?!”

– “Instituto Orange Star” – sonríe Gohan.

– “¡¡MI HIJO!! ¡¡EN UN INSTITUTO DE RENOMBRE!!” – celebra ella. – “¡Estoy tan orgullosa…!”

– “Je, je…” – dice Gohan, un poco avergonzado. – “No hay para tanto…”

– “¿Y tienes novia?” – pregunta Chichi.

– “¿EH…?” – se sonroja aún más el mestizo. – “Pues…”

De repente, Gohan se pone serio.

– “Videl…” – murmura preocupado el chico.

En la Tierra, Videl viaja en su jet a toda velocidad hacia las Atalaya de Kamisama.

– “Puede que allí estemos a salvo…” – piensa la muchacha.

En la parte de atrás, Gyuma calma a Marron mientras Chichi intenta taponar la herida de la Número 18.

En la Atalaya, Dende observa todo lo ocurrido.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta Kamisama. – “¿Por qué ha aparecido un ente como ese en la Tierra?”

El namekiano aprieta la vara de Dios.

– “Es culpa mía…” – sufre Dende. – “Sabía lo peligroso que era usar las esferas del Dragón… Incluso me advirtió el anciano Kaioshin…”

– “Kamisama…” – se acerca Mr. Popo, que ve a su señor preocupado.

– “Lo siento, Mr. Popo…” – dice el Dios, con su mirada perdida en el horizonte. – “He fracasado como guardián de este planeta…”

En la Kame House, Trunks y Black se enzarzan en un intercambio de golpes que domina claramente el Dios. El aura del mestizo parpadea con diferentes intensidades.

– “Estás llegando a tu límite…” – sonríe Black, que con su espada de energía logra sorprender al mestizo y ensartarle el costado izquierdo, atravesándolo.

Trunks agarra el brazo del enemigo, asustado. El Kaiojosho se desvanece.

Black agarra de la solapa al mestizo con la mano izquierda.

– “El poder que posees no te pertenece…” – dice Black. – “Por eso te traiciona…”

El chico aprieta los dientes con fuerza, intentando mantenerse consciente pese al intenso dolor que siente.

De repente, un Kamehameha se aproxima a Black, pero éste lo repele con el dorso de la mano, como si espantara una molesta mosca.

Roshi y Yamcha han sido los autores del ataque en un esfuerzo conjunto.

El Dios suspira con desprecio.

Sin decir nada, desactiva su espada y apunta a la pequeña isla con esa misma mano y dispara un poderoso ataque de energía.

Trunks ni siquiera tiene tiempo de gritar.

Roshi y Yamcha observan aterrados el ataque aproximándose a ellos, pues saben que es inútil intentar escapar.

Una gigantesca explosión tiene lugar.

En el futuro que ahora habita Son Gohan, el mestizo prepara para marcharse.

– “¿Estás seguro, hijo?” – le sigue Chichi hasta la salida, preocupada por él.

– “Tengo que hacer algo…” – dice Gohan. – “Tengo que lograr volverá a mi mundo… y derrotar a ese tipo. Sea quien sea.”

La madre lo agarra del brazo.

– “No quiero perderte otra vez…” – le dice ella, con lágrimas en los ojos, mirando al suelo con vergüenza por sugerir que no actúe.

Son Gohan se detiene.

Chichi alza la mirada y, frente a ella puede ver de espaldas una silueta que le recuerda a Son Goku.

– “No puedo esconderme aquí.” – dice el mestizo. – “Debo luchar.”

Chichi recuerda ahora a su hijo.

Mirai Gohan se aprieta el cinturón, listo para marcharse.


– “¡Por favor! ¡No vayas!” – suplica Chichi.

– “¡No dejaré que los androides ganen!” – exclama Gohan. – “No me esconderé como un cobarde. ¡Lucharé! ¡Es lo que haría papá!”

Chichi se seca las lágrimas.

– “Hay cosas que no cambian…” – dice la madre, esbozando una media sonrisa en su rostro.

– “Mamá…” – dice Gohan, sorprendido de ver ceder a su madre.

Chichi acaricia el rostro de su hijo y le quita el parche del ojo, revelando un corte idéntico al que tenía Mirai Gohan en la parte izquierda de la cara.

– “Ha curado bien…” – dice la mujer. – “Y no ha afectado a tu ojo…”

– “Gracias…” – sonríe el mestizo.

La madre golpea el pecho de Gohan con firmeza, pero con cariño.

– “Lucha con coraje, hijo mío.” – dice Chichi. – “Eres el hijo de Son Goku. Demuéstrale a ese bastardo hasta donde llega tu fuerza.”

El mestizo asiente.

– “Hasta pronto, mamá.” – se despide Gohan, que alza el vuelo y se pierde en el horizonte.

DBSNL // Capítulo 191: Primera parada

DBSNL // Capítulo 191: Primera parada

“Parece que supieras que estábamos aquí…”

En el planeta Dorakiya, la fusión metamor de Bra y Pan se prepara para enfrentarse a Janemba.

El malherido Hit intenta incorporarse; Madas se agacha junto a él y le asiste.

– “Tranquilo, muchacho” – dice el antiguo Kaioshin. – “No hagas esfuerzos.”

Ub observa preocupado a su compañera.

– “Si tan solo tuviera mi antiguo poder…” – sufre el chico.

Shula da un paso al frente.

– “El demonio es mi tarea.” – dice el ira-aru. – “Debo capturarlo.”

La fusión sonríe.

– “Cuando termine con él, puedes quedártelo.” – fanfarronea la muchacha.

Janemba alza la espada de Trunks, listo para atacar… pero de repente la espada cae al suelo y se incrusta en el pavimento.

– “¿Eh?” – se sorprenden todos, incluido el propio demonio.

Janemba agarra la espada y tira de ella con fuerza, pero esta parece rechazarlo; no se mueve ni un centímetro.

– “Grr…” – gruñe el diablo.

Madas observa con suspicacia.

– “Esa espada…” – dice el Dios. – “Parece que tiene una voluntad propia…”

El demonio termina frustrándose y abandonando el arma, escupiendo sobre ella con desprecio.

Janemba mira a la fusión y gruñe con rabia.

La guerrera frunce el ceño.

– “Ven a por mí, diablillo.” – sonríe la fusión.

Mientras tanto, en el Makai, Vegeta ya no tiene fuerzas. En su estado base, noquea a un demonio con un puñetazo en la cara y luego cae de rodillas al suelo.

– “Maldición…” – lamenta el saiyajín, que ve como un centenar de enemigos que lo rodea corre hacia él.

De repente, un donut de energía rodea a Vegeta.

– “¿Qué…?” – se sorprende el saiyajín.

El aro se expande y empuja a los demonios, alejándolos del malherido guerrero.

Gotenks, transformado en Súper Saiyajín, se posa a su lado.

– “Gotenks…” – sonríe Vegeta.

– “¿Eh?” – murmura confuso el guerrero. – “Parece que supieras que estábamos aquí…”

Vegeta intenta ponerse en pie, pero fracasa e hinca la rodilla.

– “Sentí vuestra energía a través del portal…” – dice el saiyajín.

– “Vaya…” – refunfuña Gotenks, cruzándose de brazos. – “Y nosotros que esperábamos sorprenderte…”

– “¿Qué hacéis aquí?” – pregunta el marido de Bulma. – “¿Qué ha pasado en la Tierra?”

– “Es una larga historia…” – responde Gotenks. – “Pero no tenemos tiempo. Casi no nos queda energía.”

Los demonios se preparan para atacar de nuevo.

Gotenks esboza una media sonrisa.

– “¡¡AL ATAQUE, CHICOS!!” – ordena la fusión, levantando su puño.

De repente, de las colinas cercanas surgen varios centenares de fantasmas kamikaze que se abalanzan sobre los diablos, causando una explosión tras otra, limpiando la zona de enemigos.

En Monmaas, Broly despierta encerrado en un bote de cristal, cuya tapa tiene diminutos agujeros. El saiyajín, confuso, mira a su alrededor y se da cuenta de que está sobre una mesa gigantesca de madera en el interior de una cabaña. 

El saiyajín está agotado y golpea el cristal intentando romperlo, pero no tiene éxito.

En ese instante se da cuenta de que en el fondo de la sala se encuentra el gigante que le capturó, al que ha llamado la atención con su intento de fuga.

El hombre se acerca al cristal con un artefacto alargado que se ve diminuto en sus manos y, como si fuera una gran caña de bambú, lo introduce en uno de los orificios de la tapa.

De repente, una diminuta gota de agua nace de la caña y cae sobre Broly, empapándolo.

El saiyajín sacude todo su cuerpo para secarse, como si fuera un perro.

No tarda en caer otra gota, pero esta vez Broly se aparta a tiempo.

Por la tención superficial del agua, la gota mantiene su forma a los pies del saiyajín, que mira confuso al gigante.

El enorme personaje se agacha y observa con detenimiento a su prisionero a través del cristal.

El gigante gesticula a Broly, llevándose las manos juntas, como si fuermaran un recipiente, hasta la boca.

El saiyajín se da cuenta de lo que le indica su captor y decide imitarlo, bebiendo así el agua.

Broly puede sentir como su cuerpo se recupera rápidamente, incluso parece que sus heridas han empezado a sanar.

– “¿Eh?” – murmura el saiyajín, sintiendo una paz interior que jamás había sido capaz de disfrutar.

Mientras tanto, la nave de la patrulla que pilota Pino ha llegado a su primer destino y ya se prepara para entrar en su atmósfera.

– “¿Dónde estamos?” – pregunta Gohan.

El planeta parece estar cubierto completamente por una feroz tormenta.

– “Según los datos de la Patrulla…” – teclea Pino.

El androide se sorprende al leer el resultado.

– “Planeta Freezer 142” – anuncia el androide.

– “¿Cómo?” – se sorprende Gohan. – “¿Un planeta de Freezer?”

– “Antes era conocido como Tritek.” – dice Pino.

– “¡¿Has dicho Tritek?!” – se sorprende Gohan.

Pino asiente.

– “Nappa y Vegeta habían atacado este lugar antes de poner rumbo a la Tierra…” – dice Gohan. – “Tardaron un año entero en llegar, y para nosotros han sido tan solo unas horas… ¡Esta nave es impresionante!”

– “La tecnología avanza rápido.” – dice el androide.

Los dos se quedan mirando fijamente el astro a través del cristal frontal de la nave.

– “Nadie ha salido a recibirnos…” – se une Krilín a la conversación.

– “¿Qué quieres decir?” – llega Mai.

– “Es un planeta de Freezer…” – dice el terrícola. – “Debería estar protegido por su ejército.”

– “A lo mejor no nos han detectado…” – sugiere la mujer.

– “Será mejor que no nos confiemos.” – dice Gohan.

El mestizo coloca su mano sobre el hombro de Pino.

– “¿Puedes aterrizar?” – pregunta el mestizo.

– “La tormenta parece peligrosa… pero podremos conseguirlo.” – dice Pino. – “Poneos los cinturones.”

Con todos preparados, la nave cruza la tormenta, sufriendo violentas sacudidas, pero finalmente logra salir de las nubes.

Nuestros amigos se topan con una metrópolis imperial frente a ellos, rodeada por una zona desértica en el centro de un frondoso bosque azulado.

– “Un mundo gobernado por Freezer…” – se pregunta Gohan, mientras una gota de sudor recorre su frente. 

De repente, una explosión llama la atención de todos.

– “¡¡Allí!!” – exclama Mai.

Una torre de humo se levanta en mitad de la ciudad.

Gohan no se fía.

– “Acércate con cautela, Pino.” – dice el mestizo. – “Tengo un mal presentimiento…”

DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 5: Corazón de madre

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 5: Corazón de madre

Black ha aparecido sobre el tejado de la Kame House.

Todos nuestros amigos se encuentran en la playa, aterrados ante el enemigo. Bulma descansa en el piso de arriba.

Trunks se ha transformado en Súper Saiyajín y se ha puesto en guardia. Krilín, la Número 18 y Videl también se preparan para pelear.

Black se eleva un centímetro sobre el tejado.

– “¡¡AQUÍ VIENE!!” – advierte Trunks.

En un instante, el enemigo se presenta frente a Krilín, con su mano derecha extendida a escasos centímetros de su rostro. Su apariencia es la de Tambourine, el hijo de Piccolo.

– “¡¡KRILÍN!!” – grita el mestizo, que ha sido el único capaz de ver los movimientos del enemigo.

La Número 18 se gira lentamente, pero ya es demasiado tarde. Un ataque de energía engulle al terrícola y lo desintegra.

La androide se queda aterrada en silencio; ni siquiera es capaz de gritar.

Trunks se abalanza sobre el enemigo, que con una sonrisa burlona en su rostro asciende esquivando la patada del mestizo.

– “Bastardo…” – gruñe Trunks. – “¡TE MATARÉ!” – grita.

El hijo de Vegeta se envuelve en el aura del Kaiojoshi y salta para perseguir a su contrincante, que ya está cambiando su forma de nuevo, recuperando la apariencia de Son Goku.

El resto de terrícolas es ahora cuando se dan cuenta de lo que ha ocurrido. Sus rostros reflejan el horror de la situación.

Mientras tanto, en el planeta de los Kaioshin, el Dios de hace quince generaciones tiene un mareo.

– “No…” – murmura el viejo. – “Maldición…”

– “¿Qué ocurre, anciano?” – pregunta Goku.

– “Él… está actuando de nuevo…” – responde el Dios.

Sobre la Kame House, Trunks pelea con Black.

El Hakaishin detiene todos los golpes que intenta conectar el mestizo.

– “Tienes un poder fuera de lo común… No es una habilidad mortal, ¿verdad?” – dice Black. – “Ya lo sentí en la Capital del Oeste… pero te dejé vivir porque los pecados de Vegeta eran mayores.”

Black esquiva un puñetazo de Trunks y contraataca con una patada que el mestizo detiene colocando ambos brazos en cruz frente a su torso, absorbiendo el golpe y retrocediendo unos metros.

– “¡¿Tú hablas de pecados?!” – gruñe el mestizo. – “¡Estás matando a gente inocente!”

– “¿El tal Krilín?” – sonríe Black. – “Ese terrícola fue revivido con las vuestras esferas mágicas en múltiples ocasiones.  No debería estar aquí, al igual que tantos otros… Toda esta línea temporal es una abominación… Una aberración que tú y tu madre creasteis.”

– “¿Yo?” – se sorprende Trunks.

– “Pagaréis por vuestros pecados…” – frunce el ceño el Dios caído.

Mientras tanto, en el mundo futuro, Son Gohan despierta en su cama del Monte Paoz.

Dolorido y un poco desorientado, se incorpora en la cama y no tarda en darse cuenta de que su cuerpo ha sido vendado adecuadamente y sus heridas han sido tratadas. Su torso, su brazo izquierdo y su cabeza han sido vendadas; la parte izquierda de su cara lleva una gasa que le cubre el ojo. Va solo en ropa interior.

– “Estoy en casa…” – piensa el mestizo. – “Logré llegar antes de desmayarme…”

Gohan se toca la cara, comprobando la gasa; le escuece.

– “Maldita sea…” – protesta. – “Me duele todo…”

Los recuerdos no tardan en asaltar la mente del muchacho.

– “Black… Freezer… Raditz… ¿Qué está ocurriendo?” – se pregunta. – “¿Qué significa todo esto? ¿Estará bien Videl? Tiene que estarlo… Sentí el ki de papá acudiendo al rescate… Pero la ciudad…”

El mestizo, por el rabillo del ojo se da cuenta de que, en una silla junto a su cama, hay un gi de la escuela Kame plegado delicadamente.

Son Gohan sonríe brevemente. Es un pequeño alivio tras un día terrible.

– “Mi madre debe estar preocupada…” – piensa el muchacho.

En unos minutos, Gohan sale de su habitación con el gi puesto; luce el kanji “Han” en el pecho y en la espalda, su camiseta azul tiene la manga corta un poco más larga de lo habitual, y su cinturón es fino y atado con un nudo. El chico camina hasta el salón.

– “¿He dormido mucho?” – pregunta el chico. – “No siento el ki de los demás, ¿dónde está…?”

Una bandeja de madera se cae al suelo y un estruendo de platos rotos sorprende al mestizo.

– “¿…papá?” – termina la frase Gohan, con dudas.

Una anciana Chichi se encuentra frente a él con los ojos llorosos.

– “Gohan…” – llora la mujer.

– “¿Mamá?” – dice el mestizo, confuso. – “¿Qué ha…?”

Chichi se lanza a los brazos de su hijo.

– “Creí que te iba a perder otra vez…” – llora desconsolada.

– “¿Dónde estoy?” – pregunta Gohan.

– “Te estaba preparando algo de comer…” – dice ella. – “Pero lo he echado todo a perder…” – se disculpa.

– “No pasa nada, mamá.” – dice Gohan.

Chichi abraza de nuevo a su hijo.

Gohan sigue confuso y echa un vistazo a su alrededor. Su casa parece distinta, como si hubiera regresado a su hogar de cuando era un niño, pero hay una clara diferencia: una gran fotografía de Goku y otra suya, que jamás se tomó, lucen sobre un altar adornado con una roca esférica, el bastón mágico y una ofrenda de arroz.

El mestizo sonríe melancólico y acaricia el cabello canoso de su madre.

– “No estoy en casa, ¿verdad?” – pregunta el mestizo.

– “Esta siempre será tu casa.” – responde Chichi. – “No importa de qué universo vengas.”

– “Has tenido que pasarlo muy mal…” – se humedecen los ojos del mestizo. – “Lo siento mucho…”

– “No tienes que disculparte.” – sonríe su madre. – “Siéntate y deja que te prepare un buen desayuno, por favor.”

Gohan ve en los ojos de su madre la chispa de una vieja ilusión. El mestizo sonríe y asiente.

– “Me encantaría.” – responde Gohan.

De repente, el Trunks adulto despierta repentinamente. Su madre le está dando guantazos en la cara.

– “¡¡TRUNKS!!” – exclama Bulma, llorando. – “¡DESPIERTA!”

El mestizo se incorpora repentinamente.

– “¡¡AH!!” – grita Trunks, asustado.

El hijo de Vegeta viste unos pantalones negros largos rotos, una camiseta de tirantes negra deshilachada y un pañuelo rojo chamuscado que al incorporarse se descuelga de su cuello.

Trunks mira a su alrededor, muy agitado.

– “¡¿QUÉ?! ¡¿DÓNDE ESTÁ?!” – exclama el chico.

El muchacho se da cuenta de que se encuentra en el jardín de la Corporación Cápsula, en la Capital del Oeste. La ciudad está intacta y su hogar también.

– “¿Eh?” – murmura confuso. – “¿Qué es todo esto? ¿Dónde estoy?”

Bulma le propina otro guantazo.

– “¡¡DESPIERTA!!” – exclama la mujer.

El mestizo mira a su madre asombrado.

– “¿Mamá?” – se pregunta Trunks.

Su madre viste un traje blanco y una camiseta azul. Su cabello es corto.

– “¡¿Quién quieres que sea?!” – le riñe ella. – “¡¿Se puede saber qué ha pasado?!”

De repente, el recuerdo de su madre abrazándole mientras el ataque del enemigo los engullía a ambos invade su memoria.

– “Mamá…” – brillan los ojos del mestizo, confuso.

Antes de que el muchacho pueda reaccionar, Bulma lo abraza con fuerza. Los dos se funden en un tierno y estrecho abrazo.

– “Todos estos años… ¡Me dejaste sola!” – dice Bulma.

– “¿Qué?” – reacciona Trunks. – “¿Qué años?”

– “¿Cómo has resucitado?” – pregunta Bulma. – “¿Han sido las Dragon Balls de Namek? ¿Quién ha sido?”

Trunks agarra a su madre de los hombros y la aleja de él con delicadeza para observarla con detenimiento y se da cuenta de que es más anciana de lo que debería.

– “¿Qué?” – se extraña Bulma. – “¿Qué ocurre?”

– “Mamá…” – dice Trunks, con dudas. – “No… ¿Qué significa esto? ¿Dónde estoy? ¿Qué año es?”

– “¿De qué estás hablando, hijo?” – pregunta Bulma.

La mujer no tarda en entender de lo que sucede.

– “Tú… tú no eres…” – dice Bulma.

Trunks entiende lo que eso implica.

– “Mi… mi madre ha…” – titubea el mestizo.

El hijo de Bulma llora desconsoladamente como si fuera de nuevo ese niño que huía de los androides; ese crío impotente que no fue capaz de evitar la muerte de su maestro.

Bulma duda un instante, pero conociendo el dolor de la pérdida como nadie, no tarda en abrazar a Trunks con fuerza.

Mientras tanto, en el presente, en la Kame House, los terrícolas pueden ver el combate desatándose en el cielo.

La Número 18 agarra repentinamente el brazo de Videl y junta su mano con la de Marron.

– “¿Eh?” – se sorprende la hija de Satán, confusa.

– “¡Llévatela!” – dice la androide.

– “¿Cómo?” – pregunta Videl.

– “¡¡Sube a tu jet y marchaos de aquí!!” – exclama la Número 18, inquisitiva.

La Número 18 mira a todos los presentes.

– “¡TODOS!” – grita ella. – “¡MARCHÁOS!”

Roshi agarra con fuerza su bastón.

– “Maldita sea…” – murmura impotente. – “¡VÁMONOS!” – ordena a los demás. – “¡SOLO SOMOS UN ESTORBO!”

Videl sube al avión y lo pone en marcha. Chichi ahora cuida de Marron en la parte de atrás. Oolong ayuda a Umigame a subir.

Gyuma se dispone a ir a buscar a Bulma, pero Roshi lo detiene y es él quien decide entrar en la casa.

En el cielo, Black Goku y Trunks siguen luchando. El mestizo está poniendo todas sus fuerzas en el Kaiojosho para poder mantener el ritmo del enemigo, pero parece que el Dios de la Destrucción solo está jugando con el chico.

De repente, un Kienzan se acerca a Black por la espalda, pero el Dios se revuelve en el último instante y lo corta en dos usando una espada de ki morado.

La Número 18 se abalanza sobre él.

– “¡¡YAAAAAH!!” – grita ella, furiosa.

El Dios encaja el puñetazo de la mujer sin pestañear; un golpe directo a la nariz que ni inmuta al enemigo. 

– “¡¡BASTARDO!!” – grita la androide, mientras propina otro puñetazo con el mismo efecto. – “¡¡HAS MATADO A KRILÍN!!” – le sigue golpeando con un tercero. – “¡¡NO TE LO PERDONARÉ!!”

– “¡¡NÚMERO 18!!” – intenta Trunks advertir a la mujer.

De repente, la espada de energía de Black ensarta a la androide en el abdomen, atravesándola.

– “Veo que sangras como el resto de mortales…” – dice el Dios, muy serio.

Black desactiva su espada. La Número 18 retrocede lentamente, flotando.

Trunks se abalanza sobre el Dios. 

– “¡¡MISERABLE!!” – grita el mestizo.

Black se da la vuelta rápidamente y dispara al chico, obligándole a cubrirse. Una gran explosión tiene lugar y la nube de humo engulle a los dos.

La Número 18 se sujeta el abdomen y se mira su mano derecha ensangrentada.

– “Lo siento… mi amor…” – titubea ella.

De repente, la mano de Cell en su segunda forma aparece de entre la humareda y agarra la cara de la mujer.

– “Solo eres chatarra.” – sonríe la criatura de Gero.

Cell lanza a la androide hacia la isla.

En la Kame House, Roshi ha llegado a la habitación de arriba y agarra a Bulma cuando, de repente, la Número 18 atraviesa el techo y provoca el derrumbe de la vivienda.

En el exterior, todos se preocupan por sus amigos.

– “¡MAESTRO!” – exclama Gyuma.

En el cielo, el humo se ha disipado y Trunks se da cuenta de lo que ha sucedido. Black ha vuelto a tomar la forma de Goku.

– “Maldito…” – gruñe el mestizo.

Gyuma se acerca a las ruinas de la casa para intentar buscar supervivientes pero, de repente, los trozos de madera estallan y un musculoso Mutenroshi sale de entre los escombros cargando con Bulma y la Número 18, una debajo de cada brazo.

En el cielo, tanto Trunks como Black parecen sorprendidos ante la irrupción del viejo maestro.

El Duende Tortuga entrega las mujeres a su pupilo.

– “¡Marchaos!” – dice el viejo.

– “¡¿Y usted?!” – pregunta Gyuma.

– “¡¡NO CONTRADIGAS A TU MAESTRO!!” – grita Roshi. – “¡¡LARGO DE AQUÍ!!”

Gyuma parece regresar a su juventud durante un instante y, sin rechistar, obedece y regresa al jet.

El vehículo se eleva y sale volando a toda velocidad, pilotado por Videl.

Black se da cuenta de lo sucedido y clava su mirada en el aeroplano.

– “Esta vez no…” – dice el Dios, que extiende su mano hacia el objetivo.

Trunks se siente aterrado al temer lo peor.

Pero en ese instante, una esfera de energía amarilla surge del agua y sobresalta a Black, que da un paso atrás y el ataque pasa a ras de su cara.

– “¡¡Esa técnica…!!” – se sorprende Roshi.

Yamcha se posa en el suelo, junto a su maestro.

– “Justo a tiempo…” – dice el Duende Tortuga.

– “No… Llego tarde…” – responde Yamcha.

Roshi agacha la cabeza un instante, pensando en Krilín.

– “Solo las malas hierbas crecen en días oscuros…” – dice Roshi. – “¡Pero el Sol volverá a brillar!” – exclama apretando su puño.

– “Maestro…” – se sorprende Yamcha.

– “Ese tipo está usando el cuerpo de uno de mis estudiantes… de uno de nuestros amigos…” – dice el anciano. – “¡No podemos permitirlo!”

Yamcha asiente y los dos se ponen en guardia.

Trunks mira sorprendido a los dos terrícolas, que demuestran un coraje digno de admiración.

El Dios de la Destrucción frunce el ceño.

– “Solo sois escoria…” – gruñe Black. – “¡¡COMO OSÁIS OPONEROS A UN PODER DIVINO!!”

En el planeta de los Kaioshin, Shin asiste a su antepasado.

– “¡Cuénteme!” – insiste Goku. – “¡¿Qué está sucediendo en la Tierra?!”

El viejo Dios aparta al Kaioshin del Este y se sostiene por su propio pie.

– “No podemos permitirnos distracciones…” – dice el viejo. – “Tenemos mucho trabajo por hacer.”