OLD MAN GOHAN // Capítulo 10: Esperanza

OMG // Capítulo 10: Esperanza
En Villa Aru, todos han salido de sus casas y escuchan las explosiones a lo lejos, viendo los resplandores reflejados en el cielo.

– “Son Gohan…” – murmura Videl.
Finalmente, el estruendo cesa. El fuerte de los bandidos ha quedado arrasado. Unas pocas mujeres y niños salen de un sótano lleno de humo y Son Gohan clava en ellos su mirada llena de odio y alza su mano en su dirección. Ellos retroceden aterrorizados.
Son Gohan cierra los ojos con fuerza haciendo una mueca de dolor y vuelve a su estado base, dejando caer su mano.
Uno de los niños corre hacia el cadáver de Mask.

– “¡Papá!” – grita el niño llorando.
En ese instante, el mestizo parece darse cuenta del horror que ha causado.
El niño corre hacia él y le agarra el pantalón, golpeando con todas sus fuerzas al saiyajín, que sigue inmóvil y perplejo por la situación.  
Tras mirar un instante al crío y recordar cómo él se sintió ante la muerte de Piccolo y sus amigos frente a los androides, alza el vuelo rápidamente, haciendo que el niño caiga de espaldas al suelo, y se aleja del lugar a toda velocidad.
En Villa Aru, Shapner y Videl están reunidos con los jefes de la aldea, entre los que se encuentran la mujer que les recibió en la entrada, un hombre con sombrero de cowboy y una enorme tortuga marina posada en un enorme barreño con agua salada.

– “Son Gohan estará bien” – dice la mujer. – “Sabe cuidarse”.
– “¿Le conocéis?” – pregunta Videl.
– “Así es” – responde la mujer. – “Me llamo Pocawatha.”
– “¿Y cómo le conoció? ¿Vivía aquí?” – pregunta la Sargento.
– “Estuvo aquí durante un tiempo, pero su casa está en el Monte Paoz” – explica la mujer. – “Una mujer le trajo malherido después de que se enfrentara a los androides en Orange City”.
– “El Guerrero Dorado…” – murmura Shapner, que se siente forzado a admitir que las leyendas eran ciertas. 
– “¡Su leyenda es conocida por todo el mundo!” – exclama Videl. – “¡El guerrero que luchaba contra los androides! ¿Por qué perdió la esperanza?”
– “Dejó de creer” – responde Pocawatha. – “Decidió que no merecía la pena luchar para salvar a la humanidad.”
– “Cobarde…” – dice Shapner.
– “¡Ni se te ocurra faltarle al respeto otra vez!” – exclama el hombre con sombrero de cowboy, mientras se levanta ofendido y con actitud amenazante.
– “Tranquilo, Johnny” – le calma Pocawatha.
Son Gohan aterriza en la cabaña de su abuelo Gohan, entra en ella y se arrodilla frente al pequeño altar en el que está expuesta la Dragon Ball de cuatro estrellas, ahora convertida en una simple piedra.

– “Lo siento” – murmura llorando. – “Lo siento mucho, papá. Nunca seré el héroe que fuiste tú.”
Un rayo de luz entra por la ventana y se refleja en un pequeño objeto situando en una estantería cercana al altar.

Son Gohan se seca las lágrimas y se acerca al objeto, guiado por su brillo, y se percata de que es un pequeño cascabel.

En Villa Aru, Pocawatha les explica la continua lucha de Gohan contra los androides.

– “¿Qué le hizo cambiar?” – pregunta Videl.
– “Estuvo viviendo y entrenando aquí con su amiga Lunch durante unos meses” – responde Pocawatha. – “Hasta que un día, Lunch y varios de nuestros hombres fueron atacados por bandidos, en las montañas, mientras volvían con un convoy de suministros desde la Capital del Este. Perdimos a muchos hombres…”
La mujer parece afligida por el recuerdo y se le corta la voz.

– “Lunch fue capturada por los bandidos” – interviene la tortuga.
– “La torturaron intentando obtener información sobre nuestra villa” – añade Pocawatha llorando.
– “Tardamos varios días en localizar el escondite de los bandidos” – dice Johnny. – “Cuando lo supimos, Gohan corrió a rescatarla y acabó con su guarida, pero era demasiado tarde… Lunch murió en sus brazos”.
– “Cuando Son Gohan volvió a la villa ya no era el mismo.” – dice Pocawatha. –“Sus ojos… Su mirada había cambiado.”
Videl no puede evitar llorar al escuchar la historia. Shapner también parece conmovido.
En el Villa Chazke, los supervivientes lloran a sus seres queridos en silencio, pero un inconfundible sonido de pisadas acercándose altera la solemnidad del momento.
El viejo Rey Gyuma se encuentra sentado en su casa cuando escucha a Son Gohan llegar.
Gyuma sale de la casa para recibirle y le abraza con fuerza.

– “¿Estás bien, Son Gohan?” – le pregunta al verle cubierto de sangre.
– “Tengo que irme” – responde Gohan.
– “¿Cómo dices? ¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido?” – dice sorprendido su abuelo.

Son Gohan extiende su mano y le muestra el cascabel a su abuelo.
– “¿El cascabel del Duende Karin?” – dice el viejo Rey.
– “Tengo que ir a la Atalaya de Kamisama” – responde Gohan. – “Creo que allí encontraré respuestas”.
En Villa Aru, Videl y Shapner se preparan para reanudar su marcha. 

– “Aquí tenéis dos caballos. Varios de nuestros hombres os acompañaran hasta Orange City” – dice Pocawatha. 
– “Gracias por los caballos, señora Pocawatha” – responde Videl. – “Pero no vamos a poner en riesgo a vuestra gente. Esta es nuestra misión”.
– “Necesitáis a alguien que sepa guiaros por este bosque” – insiste la mujer.
– “Yo les acompañaré” – dice Johnny. 
– “No se ofenda, viejo, pero nos enlentecería” – dice Shapner.
– “No me gustaría tener que estropearte esa cara bonita, hijo” – le dice Johnny mientras se sitúa a escasos centímetros de la cara del teniente.
– “Tranquilos.” – dice Videl. – “Está bien, señor Johnny. Aceptamos su ayuda. Nos será más fácil llegar a Orange City si nos acompaña”.
Shapner, resignado, termina de cargar el caballo y se dispone a montar. Videl y Johnny hacen lo mismo.

– “Ten cuidado, Johnny” – le dice Pocawatha.
– “Ya me conoces” – responde el viejo cowboy. – “La prudencia nunca ha sido lo mío” – añade guiñándole el ojo.
Los tres jinetes se despiden de la villa y parten rumbo a Orange City.
Mientras tanto, Gohan prepara una mochila para marchar.

– “¿No vas a ir volando?” – le pregunta su abuelo.
– “Ha aparecido un nuevo enemigo que puede sentir mi ki” – responde el mestizo. – “En estos momentos debe estar viniendo hacia aquí. No puedo arriesgarme.”
– “¿Y Kinton?” – pregunta Gyuma.
– “Hace tiempo que dejó de ser una opción” – se lamenta Gohan.  – “Tú tienes que ir a Villa Aru, ahí estarás más seguro”.
– “Son Gohan… Tu madre nunca quiso abandonar esta casa y yo tampoco lo haré.” – responde Gyuma.
– “No digas tonterías. Es peligroso quedarse aquí” – insiste Gohan.
– “Lo sé muy bien” – responde Gyuma. – “Pero prefiero pasar mis últimos días aquí. En casa”.
– “Está bien, abuelo” – claudica Gohan.
Ambos se abrazan con fuerza.

– “Antes de que te vayas, tengo algo que darte” – dice el abuelo, entregándole un objeto alargado, envuelto en tela y atado con una cuerda.
Son Gohan deshace el envoltorio y se encuentra con el bastón mágico que una vez perteneció a su padre y a su otro abuelo.

– “El Duende Karin se lo dio a tu madre cuando murió Son Goku. Lo estaba guardando para dártelo el día de tu boda.” – explica el Rey Gyuma. – “Pero si vas a ir a la Atalaya, creo que lo necesitarás”.
– “¿Para mi boda? Dudo que eso ocurra” – responde Gohan algo incómodo.
– “El mundo no será un caos para siempre, Son Gohan” – dice Gyuma, agarrándole de los hombros. – “No pierdas la esperanza”.

DBSNL // Capítulo 29: Red Ribbon

DBSNL // Capítulo 29: Red Ribbon
“¿Vosotros también buscáis las Dragon Balls?”
En la Tierra, Trunks y Goten se han topado con el Androide 17.

– “¿Número 17?” – se sorprende Goten. 
– “¿El hermano de la Número 18?” – añade Trunks.
– “Así es.” – dice 17.
– “¿Y qué está pasando aquí? ¿Por qué has atacado a esta gente?” – le increpa Trunks.
– “Son soldados de la Red Ribbon” – responde el androide. – “Son lo que queda de su ejército.”
– “¿La Red Ribbon?” – se extraña Goten. – “¿El ejército al que derrotó mi padre?”.
– “Así que eres hijo de Son Goku…” – dice 17. – “Tuve que haberlo adivinado. Sois idénticos”.
– “Jeje. Nos lo dicen mucho…” – se avergüenza un poco Goten.
– “El Doctor Gero, quién nos modificó a nosotros y creó a Cell, trabajó para ellos”. – explica 17. – “Este era uno de los laboratorios secretos que quedaban en activo.”
En el planeta del Hakaishin, Goku y Vegeta entrenan para dominar la nueva transformación, pero no han tenido éxito hasta ahora.

– “Tenéis que deshaceros de vuestro ki mortal para transformaros” – les corrige Whis. – “Lo que estáis haciendo es disminuirlo”.
– “Es complicado hacer eso sin agotarse…” – se queja Goku.
– “No podéis esperar a que os den una paliza para lograr transformaros” – dice Whis. – “Tenéis que ser capaces de hacerlo a voluntad”.
En la Tierra ya anochece y, sentados frente a un fuego improvisado, Goten y Trunks han informado al Número 17 sobre los eventos recientes: el despertar de Beerus, la visita de Mirai Trunks, la aparición de Mirai Freezer y también su misión de reunir las Dragon Balls.

– “¿Vosotros también buscáis las Dragon Balls?” – les dice 17. 
– “¿También?” – se sorprende Trunks. – “¿Tú también las estas intentando reunir?”
– “Yo no.” – le responde el androide. – “Ellos” – dice refiriéndose a la Cinta Roja. – “Encontré una Dragon Ball en la montaña donde he pasado los últimos años trabajando en una torre de vigilancia. La Red Ribbon apareció a los pocos meses en su búsqueda”.
– “¿Así que tienes una Dragon Ball?” – dice Goten.
– “Así es” – responde 17. – “Aquí la tienes” – dice entregándoles un pequeño saco que llevaba atado a su cinturón.
– “¡Ya tenemos una!” – se alegra el hijo de Goku.
– “Pero el radar indica que hay otra cerca…” – interrumpe Trunks. – “Puede que esté dentro de las instalaciones… ¡Esperadme aquí, voy a por ella!” – dice mientras se adentra en el laboratorio secreto en ruinas.
En el planeta de los Kaioshin, Piccolo habla con Zamas en privado.
– “No puedes seguir así, Zamas” – le dice Piccolo. – “Tienes que librarte de esa oscuridad que nubla tu corazón si quieres seguir adelante”.
– “No puedo evitar sentir ira cuando veo que os saltáis las normas una y otra vez” – responde el Kaioshin apretando los puños. – “Los Kaioshin deben mantener la armonía, pero los mortales siguen saltándose las normas continuamente. Y parece que el resto les aplaude por ello…”
– “Hablas como un Dios de la destrucción” – le interrumpe Piccolo.
Zamas se queda callado y algo sorprendido, pues se da cuenta de que estaba sonando como Beerus. Pero en seguida continúa con su discurso.

– “Incluso el Hakaishin Beerus ha sucumbido a los encantos de los mortales. Entrenar a dos guerreros de una raza tan sanguinaria…” – continúa.
– “Te entiendo.” – le interrumpe el Dai Kaioshin. – “Pero no debes juzgar a nadie por su origen, sólo por sus acciones.” – le corrige. – “Tengo muchas esperanzas puestas en ti, Zamas. Nunca es tarde para dar un paso en la dirección correcta”.
El Kaioshin del Norte agacha la cabeza, pensativo.
En la Tierra, Trunks busca la Dragon Ball entre las ruinas del laboratorio, siguiendo el radar.

– “Tiene que estar aquí…” – dice levantando los escombros. Pero no logra encontrar nada cuando llega hasta abajo. – “Que extraño…” – piensa. – “Puede que haya alguna especie de sala inferior.” – dice buscando una trampilla oculta cercana. – “¡Aquí está!” – exclama, antes de volarla con una onda de ki.
El hijo de Vegeta desciende cientos de metros siguiendo el hueco por el que parece que cabe un ascensor. 

– “¿Qué ocultan aquí?” – piensa mientras baja.
Al llegar abajo, se encuentra con un gran hangar. 

– “¿Qué es todo esto?” – se pregunta mientras recorre un camino hecho por enormes contenedores.
Al pasar la zona de contenedores, no puede creer lo que ven sus ojos.

– “¿Qué demonios es esto?” – dice.
Frente a él se encuentra una reconstrucción parcial de la nave con la que Freezer y su padre llegaron a la Tierra años atrás, construida a partir de sus restos.
Uno de los científicos ve a Trunks y da la voz de alarma. 

– “¡El intruso ha llegado hasta aquí! ¡Activad el Protocolo Beta-16!” – grita mientras otro activa la alarma y teclea en su ordenador.
Fuera de la montaña, Goten y 17 oyen la alarma. 

– “¿Qué es ese ruido?” – dice Goten.
– “Creí que había acabado con todo…” – dice 17. – “¿Se me habrá pasado algo?”
En ese momento Trunks sale atravesando la montaña y cae al suelo malherido.

– “¡Trunks!” – grita Goten. 
Trunks parece estar inconsciente.

– “¡Atento, Goten!” – le llama la atención 17.
Se escuchan pisadas acercándose desde el interior del laboratorio y una silueta empieza a definirse entre el humo.
El androide 17 no puede ocultar su incredulidad al reconocer la figura que se pone ante ellos.

– “¿Número… Número 16?” – tartamudea el androide.

Dibujado por Ipocrito

OLD MAN GOHAN // Capítulo 9: Oscuridad

OMG // Capítulo 9: Oscuridad
Gohan, Videl y Shapner continuan su camino hacia Orange City. 
Al adentrarse en una zona boscosa, Gohan se detiene.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Videl.
Son Gohan parece ensimismado.

– “Seguid vosotros. Por este camino llegaréis a Villa Aru en poco tiempo y podréis pasar ahí la noche. Yo tengo algo que hacer” – responde el mestizo.
– “¿Nos abandonas?” – le pregunta Videl.
– “Dudo que la criatura nos haya seguido hasta aquí” – dice Gohan. – “No me necesitáis”.
– “No se trata de nosotros” – responde la Sargento. – “La humanidad te necesita, Son Gohan. Tienes que unirte a nuestra lucha” – insiste.
– “No es mi lucha” – responde tajante antes de empezar a alejarse en dirección opuesta.
– “¡Cobarde!” – le grita Videl. – “¡Eres un cobarde!”
– “Déjale, Videl” – le dice Shapner a su Sargento. – “Deja que se vaya”.
Videl y Shapner siguen su camino hacia Villa Aru. Mientras tanto, Gohan se ha desviado del camino y se dirige hacia el Monte Paoz, el que una vez fue su hogar.
Tras unas horas caminando llegan a la villa, rodeada por una empalizada de madera y un enorme cartel que anuncia su entrada, cerrada por una enorme puerta.

– “Ya hemos llegado” – dice Shapner, que se acerca al portón.
– “¡Alto!” – dice una voz desde lo alto de la empalizada.
Shapner levanta la vista y ve a una docena de hombres apuntándoles, algunos con escopetas y otros con arcos y flechas.

– “¡Somos del Ejército Real!” – dice Videl. – “Viajamos a Orange City. Sólo queremos pasar la noche”.
– “¡Soltad las armas y levantad las manos!” – grita el vigilante de la puerta.
Los militares obedecen. Sueltan sus armas y sus mochilas y alzan sus manos.
El portón se abre y una mujer de mediana edad, morena con canas y una pluma en la cabeza, escoltada por unos cuantos hombres, sale a recibir a nuestros amigos.

– “¿Así recibís al Ejército Real?” – le dice Shapner ofendido por el trato hostil.
– “No podemos fiarnos de nadie” – responde la mujer. – “Sabéis tan bien como yo que ese uniforme ya no significa nada.”
– “Somos la única salvación de la Tierra” – insiste Shapner. – “Deberíais mostrar respeto”.
– “¿Vosotros?” – le responde la mujer con superioridad. – “No tenéis ni idea de a qué os enfrentáis”.
– “Disculpe a mi teniente” – interviene Videl. – “Soy la Sargento Violet y él es el teniente Blue. Entendemos vuestras precauciones y agradecemos vuestra hospitalidad.”
– “Tú pareces más inteligente que el musculitos” – responde la mujer burlándose del teniente. – “¡Encadenadles y llevadles al calabozo!” – ordena a sus hombres.
Videl extiende sus brazos para facilitar la tarea a sus captores, como muestra de buena voluntad. Shapner, en cambio, muestra resistencia.

– “Ese Son Gohan nos la ha jugado” – murmura entre dientes mientras dos hombres intentan reducirle.
La mujer de la villa, que ya se alejaba, da media vuelta al escuchar ese nombre.

– “¿Has dicho Son Gohan?” – dice sorprendida.
Lejos de ahí, Son Gohan ha llegado a su antigua casa. Un fuerte sentimiento de nostalgia y tristeza le embarga de repente y sus ojos brillan vidriosos.
Son Gohan entra en la casa y contempla en silencio el lugar en el que tan feliz fue, recordando fiestas y momentos dichosos con su familia y amigos.
La casa se encuentra en muy mal estado, pero un plato de comida sucio en la mesa, que parece reciente, llama la atención de Gohan.
El mestizo sale de la casa y observa sus alrededores, intentando detectar un ki o escuchar un ruido que le indique si alguien anda cerca.
Finalmente, un crujido de ramas hace que mire a su derecha y de entre el frondoso bosque aparece una figura gigantesca. 

– “¿Son Gohan?” – dice el gigantón.
– “¿Abuelo?” – dice Gohan con la voz quebrada por la emoción.
El gran Rey Gyuma corre a abrazarse a Gohan, que rompe en llanto al reunirse con su abuelo.

– “Me alegro de que sigas vivo. ¡Creía que habías muerto!” – dice Gyuma.
– “¡Me alegro de verte!” – dice Gohan. – “¿Dónde está mamá?” – pregunta.
Gyuma suelta a Gohan y agacha la cabeza, incapaz de mirar al mestizo a los ojos.

– “Lo siento… Tu madre…” – dice el gigante.
– “¿Qué ocurrió?” – insiste Gohan, mientras su mirada se torna seria.
– “Yo había salido a buscar leña y una banda de saqueadores entró en casa buscando dinero…” – explica el viejo Rey. – “Ella se defendió, luchó, pero le dispararon y …”
La mirada de Gohan se llena de ira.

– “¿Dónde están?” – pregunta el enfurecido mestizo.
– “Son Gohan, tranquilo, ocurrió hace años…” – intenta calmarle su abuelo.
– “¡¿DÓNDE ESTÁN?!” – insiste Gohan desquiciado.
– “Se hacen llamar “Los enmascarados”. Construyeron su fuerte en Villa Chazke…” – responde finalmente Gyuma.
Son Gohan, sin decir nada más, sale volando a toda velocidad en busca de los bandidos, provocando que su abuelo caiga de espaldas al suelo.
En el fuerte de los bandidos, dos de sus dirigentes hablan frente al fuego, mientras el resto del campamento duerme.

– “Necesitamos más comida” – dice el más bajito de los dos. El bandido parece bastante mayor, tiene poco pelo, concentrado en los lados de su cabeza, y barba de varios días. Y en su mano sujeta una máscara de color azul agua marina y rebordes rojos en los orificios para los ojos y la boca.
– “Cada vez es más difícil encontrar alimentos, Mask” – responde su compañero. Alto, fuerte, moreno de pelo corto. – “Posiblemente tengan recursos en Villa Aru, pero están muy protegidos”.
– “Lo sé, Yamu.” – responde el otro. – “Pero nuestras familias son lo primero. Tendremos que organizarnos y asaltar la villa como sea.”
Son Gohan aterriza en mitad del campamento, interrumpiendo la charla.
Ambos bandidos agarran sus rifles y apuntan a Gohan.

– “¿Quién eres tú?” – le grita Yamu. – “¿Qué haces aquí?”
– “¡Alerta!” – grita su compañero. – “¡Un intruso!” 
Decenas de hombres rodean al mestizo.
Son Gohan no responde. Alza su mirada de forma repentina y hace que los bandidos retrocedan.

– “¡Matad a ese idiota!” – grita Yamu.
Los bandidos disparan a Gohan, que ni se inmuta ante el derroche de balas.

– “No puede ser…” – murmura Yamu. – “¿Un androide?”
De repente, Son Gohan se transforma en Súper Saiyajín. El brillo de su transformación ilumina el lugar.

– “No tenéis tanta suerte” – dice Gohan desafiante.
Un grupo de bandidos parece prepararse para huir con sus familias en un autobús escolar, que parece ya preparado en caso de ser atacados, pero Gohan, al percatarse del movimiento, alza su mano izquierda en esa dirección y lanza una onda de ki que hace estallar el vehículo en mil pedazos.

– “Nadie se va de aquí” – sentencia Gohan.
Los bandidos se abalanzan sobre Gohan, que acaba con ellos, uno tras otro, sin ningún tipo de compasión, quedando cubierto de sangre.
Uno de los bandidos, pelirrojo, de pelo largo y bigote fino, ataca a Gohan por la espalda. Gohan se da la vuelta y recibe un puñetazo en la cara, pero ni parpadea.
El mestizo agarra el brazo del bandido y lo aprieta con fuerza.

– “¡Spopovich, aléjate de él!” – grita Yamu.
Gohan sigue apretando su brazo entre los gritos del bandido hasta que finalmente se escucha el crujido de sus huesos.
Otros bandidos intentan atacar a Gohan, pero dándose media vuelta lanza una onda de ki que fulmina medio campamento.
Yamu salta sobre Gohan y le agarra con ambos brazos.

– “¡Mask! ¡Retírate con el resto y llévate a Spopocich!” – ordena a su compañero.
Son Gohan se libera fácilmente aumentando su ki y golpea a Yamu en la cara, rompiéndole casi todos los huesos faciales.
Los pocos bandidos restantes intentan huir, pero Gohan les lanza otro ataque de ki que acaba con ellos.

– “¡Es un monstruo!” – grita Mask.
Spopovich se levanta y pese a su brazo roto ataca a Gohan, que le intercepta con una patada en la cabeza y le desnuca. Su cuerpo cae al suelo sin vida.

– “Vais a pagar por matar a mi madre” – dice Gohan.
Mask retrocede y tropieza, cayendo de espaldas. Gohan camina hacia él lentamente.

– “¡Ni siquiera sé quién era tu madre!” – grita el bandido aterrorizado.
– “Mi madre vivía en el Monte Paoz” – responde Gohan mientras apunta al bandido con su mano derecha.
Mask parece intentar recordar a esa mujer a la que asaltaron en su casa.

– “¿La hija del Rey Gyuma?” – recuerda repentinamente el bandido.
La ira de Gohan aumenta al escucharle hablar de ella.

– “¡Fue un accidente!” – se excusa Mask. – “Pensamos que al ser hija del viejo Rey tendría algo de valor… ¡No esperábamos que ofreciera resistencia!”
Un ruido hace que Gohan se dé la vuelta y ve como Yamu intenta huir tambaleándose. El mestizo no duda y fulmina al bandido con una onda de ki.
Al volver a mirar a Mask, éste ha echado a correr.
Gohan alza su mano hacia el cielo y prepara un Kienzan mientras el desesperado bandido corre por su vida.
Lejos de ahí, en mitad del bosque, las pisadas características de la criatura que atacó al Pelotón Bravo perturban el silencio de la noche. 

– “Al fin te encuentro…” – murmura la criatura relamiéndose los labios y corriendo hacia la villa.

DBSNL // Capítulo 28: ¿Paz?

DBSNL // Capítulo 28: ¿Paz?
“¿Pero qué ha pasado aquí?”
La Tierra disfruta de tiempos de paz mientras nuestros amigos se preparan para el posible torneo que determinará el futuro del universo.
En el planeta de los Kaioshin, Piccolo sigue entrenando a los nuevos Dioses, especialmente a Zamas, Kaioshin del Norte. El más prometedor.
En la Tierra, Son Gohan acaba de llegar a la casa de invitados de la Mansión Satán, donde ahora vive con Videl. Viene de la biblioteca. Videl se encuentra sentada en el sofá comiendo helado con una cucharilla directamente del bote.

– “¿Ya se lo has dicho?” – pregunta Gohan.
– “Aún no… No he encontrado el momento…” – responde ella.
Gohan se sienta al lado de ella y la reconforta poniéndole el brazo sobre los hombros.

– “Se lo diremos juntos” – dice Gohan con una sonrisa.
Videl asiente sonriendo y se acaricia la barriga con ternura.
En el planeta de Beerus, Goku y Vegeta escuchan atentamente a Whis.

– “Fue realmente sorprendente, Vegeta” – dice Whis. – “Realmente extraordinario.”
Vegeta sonríe burlonamente, orgulloso.

– “¿Y cómo lo hizo?” – pregunta Goku.
– “Al parecer, sus reservas de ki mortal se agotaron en la lucha contra Freezer y solamente quedaba una pizca de ki divino en su cuerpo, posiblemente gracias al entrenamiento con Kaiosama”.
– “¿¡Entrenaste con Kaiosama!?” – le pregunta Goku, sorprendido, a Vegeta.
– “Eso no es lo importante…” – responde Vegeta algo avergonzado.
– “Su enfado hizo que su cuerpo intentara transformarse en Súper Saiyajín involuntariamente, cómo te pasó a ti en Namek.” – continúa Whis. – “Pero al disponer solamente de ki divino, su cuerpo usó lo que tenía a su alcance para satisfacer esa necesidad biológica”.
– “Vaaaya…” – se sorprende Goku. – “Así que era eso…” – dice mirándose las manos.
– “Jojo… ¿Ya te has dado cuenta?” – le dice Whis.
– “Es lo que me ocurrió contra el señor Beerus, ¿verdad?” – pregunta Goku.
– “Así es” – responde Whis con su sonrisa habitual. – “Pero tu cuerpo y tu mente no estaban preparados para controlar el ki divino y sólo fue algo fugaz.”
Goku se levanta de un salto.

– “No voy a quedarme atrás, Vegeta” – dice sonriendo.
Vegeta también se levanta.

– “Eso habrá que verlo” – responde con su característica sonrisa prepotente.
Whis les observa y se alegra de ver a ambos guerreros tan entusiasmados por superarse.
En la Tierra, Goten y Trunks viajan con el radar en busca de las Bolas de Dragón para resucitar a los afectados por la aparición de Freezer.

– “¿Queda mucho, Trunks?” – pregunta Goten algo impaciente.
– “Ya estamos cerca” – responde Trunks. – “Pero parece que hay dos esferas juntas…”
En ese momento varias explosiones de gran magnitud, en la misma dirección en la que se dirigían, les interrumpen.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Goten.
– “No lo sé, pero puede que haya heridos” – dice Trunks. – “¡Vamos a echar un vistazo!”
Ambos saiyajín aterrizan en el lugar de la explosión. 
Varios soldados se encuentran abatidos en el suelo malheridos, otros han muerto. Frente a ellos se encuentra una enorme montaña y parece que varias de las explosiones han ocurrido dentro de ella, pues una gran cantidad de polvo y humo sale de la vasta entrada situada en su base.

– “¿Pero qué ha pasado aquí?” – se pregunta Trunks. – “¿Quiénes son estos?” – dice mientras desempolva un trozo de metal en el suelo que seguramente ha salido disparado tras una de las explosiones. – “¿Qué significa RR?”
– “Ayuda… es un demonio…” – murmura un soldado moribundo. – “Ese chico…”
– “¿Qué chico?” – le pregunta Goten.
De entre el polvo sale un chico joven, delgado, de pelo moreno a media melena y ojos azules, con una mirada fría.

– “Trunks, no podemos confiarnos.” – dice Goten.
– “¿Trunks?” – murmura el misterioso chico.
– “¿Quién eres tú?” – le pregunta Trunks colocándose en guardia, al igual que Goten.
– “Tranquilos” – dice el joven. – “Conozco a vuestros amigos. Soy el Número 17”.