DBSNL // Capítulo 377: Travesía

DBSNL // Capítulo 377: Travesía

“Parece un buen chico.”

En la aldea bajo el castillo del Rey Kadan, en una casa construida con barro y decorada con motivos florales en el exterior y con un interior austero, con tan solo una mesa redonda de madera, una silla y una cama, Hybis rebusca debajo de la cama. Tarble espera sentado en la silla, apoyado sobre la mesa, sujetándose la cabeza con ambas manos.

– “Qué frustrante…” – refunfuña el saiyajín.

– “Podrías haber ido con ellos.” – responde Hybis.

– “¿Y dejarte solo con esta responsabilidad?” – responde Tarble, con retintín.

– “Deberías confiar más en la gente.” – insiste Hybis.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Finalmente, Hybis logra alcanzar un maletín blanco que luce el logotipo de la Patrulla Galáctica. 

Mientras tanto, en el desierto, Lady Gladyola, Broly y el viejo Sambuco cabalgan.

La montura de la comandante de los ejércitos del Rey es una enorme criatura cuadrúpeda de piel naranja parecida a un perro con dos antenas en su redonda cabeza. Gladyola está subida en su lomo.

El saiyajín y Sambuco, en cambio, cabalgan el lomo de dos roedores de color gris azulado, sin cola, parecidos a hámsteres.

El anciano mira la montura de Gladyola.

– “Un bello animal…” – sonríe Sambuco.

El perro lo mira de reojo.

– “Me recuerda a un viejo amigo.” – sonríe Broly.

– “Se llama Torn.” – dice Gladyola. – “Aún es joven, pero es un valiente aliado en batalla.” – explica. – “Cuando crezca, protegerá al Rey.”

– “¿Cuándo crezca?” – se sorprende Broly.

– “Seguro que sí.” – dice el anciano.

– “Pero ahora es solo un cachorro.” – añade Gladyola, acariciándole la cabeza.

El perro sonríe y cierra los ojos, disfrutando el mimo de su jinete.

– “Parece un buen chico.” – añade Sambuco.

Sin aminorar la marcha, Torn acerca su hocico al viejo y lo huele antes de darle un gran lametón en la cara que casi lo hace caerse de su montura.

– “¡Cuidado!” – protesta Sambuco con una sonrisa.

– “Jajaja” – ríe Broly.

En el horizonte, nubes bajas muy parecen indicar que nuestros amigos se acercan a un lugar peligroso.

En la aldea, Hybis ha abierto el maletín y, sentado en el suelo, ya está montando la antena parabólica que contenía mientras tararea.

– “¿Falta mucho?” – pregunta Tarble.

Hybis no responde.

– “¿Es que no me oyes?” – insiste Tarble. – “¡HYBIS!”

– “He decidido que no hablaré contigo hasta que termine.” – responde Hybis. – “No es eficiente.”

– “¿Estás de broma?” – protesta el saiyajín.

– “Eres una persona muy negativa.” – dice Hybis.

– “Tsk…” – gruñe Tarble.

Mientras tanto, en el lejano planeta Gossamu, de noche, un reptil humanoide de más de dos metros de altura y gran envergadura corre por los callejones de su capital cargando con una gran bolsa de deporte a su espalda.

– “¡SE ESCAPA!” – grita Cheelai, que corre tras él sin poder alcanzarlo.

– “¡MIO!” – exclama Gohan Jr, envolviéndose en su aura incolora y adelantando a su madre volando a toda velocidad.

– “¡ESPERA!” – se preocupa ella.

Gohan adelanta al lagarto y se coloca frente a él con los brazos en cruz.

– “¡DETENTE!” – le ordena el joven patrullero.

Pero el lagarto lo aparta de un manotazo, lanzándolo contra una farola.

– “¡GOHAN!” – grita la madre, que desenfunda su arma reglamentaria y dispara al enemigo.

Los proyectiles de energía rebotan en las escamas del monstruoso individuo, que sigue corriendo sin mirar atrás.

Gohan se pone en pie, agarrándose el costado, dolorido.

– “Ahora verás…” – refunfuña.

El mestizo prepara una esfera de energía en su mano y la lanza hacia el fugitivo.

El ataque estalla en la espalda del lagarto, generando una onda expansiva que destruye los cristales de los alrededores.

El lagarto sale propulsado fuera del callejón, cayendo entre el tráfico de una calle principal.

– “¡AAH!” – grita aterrada la gente; alienígenas de distintas razas.

La explosión ha hecho saltar por los aires la bolsa de dinero y llueven billetes.

El reptil, se pone en pie rápidamente, sacude su cabeza para deshacerse del aturdimiento y sigue corriendo, ahora entre los coches, que se apartan a su paso, provocando varios accidentes.

Cheelai alcanza a Gohan.

– “¡¿Estás bien?!” – pregunta ella.

– “Maldito…” – gruñe Gohan.

El muchacho sale volando.

Desde el cielo, puede ver al fugitivo corriendo.

– “¡NO ESCAPARÁS!” – grita, enfadado, antes de salir disparado a por él.

El lagarto sigue corriendo y aparta un coche de su camino de un manotazo.

Pero de repente, sobre él cae Toppo, que con la mano derecha en su espalda lo estampa contra el suelo, incrustándolo en el pavimente.

– “¡GRAAH!” – grita de dolor el fugitivo.

Gohan se detiene rápidamente en el aire al ver que su mentor se ha adelantado.

Bajo el brazo izquierdo de Toppo, el patrullero carga con otro malhechor; un tipo con un traje de dos colores, negro y morado, inconsciente.

El lagarto intenta moverse, pero la mano de Toppo se ilumina.

– “No te muevas.” – advierte el patrullero.

El fugitivo desiste.

Gohan aterriza a su lado.

– “¿Estás bien?” – pregunta Toppo.

– “Sí.” – responde el muchacho. – “Ya casi lo tenía.”

Toppo mira hacia atrás de reojo. Varios coches se han estrellado. Dinero por todas partes. Cristales rotos. Gente asustada.

Unas horas más tarde, en el puerto espacial de la ciudad, varios patrulleros escoltan a los malhechores esposados hacia una de sus naves, para ser transportados a la prisión más cercana.

– “Nos toca escribir el informe.” – suspira Cheelai.

– “Este tipo no es un delincuente común.” – dice Toppo. – “Escoltaré su transporte. Puedo escribir el informe durante el viaje.”

– “¿Estás seguro?” – responde ella.

Toppo asiente.

– “Vosotros podéis volver al Cuartel General.” – dice el grandullón. – “Creo que el muchacho necesita descansar.”

– “¿Eh?” – se extraña Gohan. – “Pero si estoy bien…”

– “Has sido descuidado.” – dice Cheelai, en tono severo.

– “¡Podría haberlo atrapado!” – protesta él, poniéndose a la defensiva.

– “Atrapar al criminal es solo una parte del trabajo.” – dice Toppo. – “Eres fuerte y hábil. Es muy probable que al final hubieras logrado detenerlo…” – admite. – “Pero, ¿has visto cómo ha quedado la ciudad?”

Gohan agacha la cabeza.

– “Tienes que fijarte más en tu entorno para no poner en peligro a inocentes.” – explica Cheelai.

– “Solo quería ayudar.” – suspira él, con los hombros caídos.

Toppo y Cheelai se miran y sonríen.

– “Por eso tienes madera de patrullero.” – dice el grandullón. – “Aprenderás.”

– “Si quieres ayudar a la gente, tienes que esforzarte mucho.” – dice Cheelai, poniéndole la mano en el hombro.

Gohan sonríe.

– “Sí.” – asiente con decisión.

– “Volveremos a la base.” – dice Cheelai. – “Tu padre regresará a casa en unos días, así que podemos planear algo que hacer juntos.”

– “¡Genial!” – celebra el chico. 

En el desierto de Erezúant, los tres viajeros se encuentran frente a un valle que se extiende sin fin. Frente a ellos, una inclinada pendiente que se adentra en la bruma. 

– “El valle de los sordos…” – murmura Sambuco.

– “Parece no tener fin…” – dice Broly, mirando a izquierda y derecha.

– “Por eso se tarda tanto tiempo en rodearlo.” – dice Gladyola. – “Cruzarlo es demasiado peligroso.”

Gladyola se baja de Torn.

– “Será mejor que vuelvas a casa, pequeño.” – le dice la guerrera.

El perro le da un lametón.

Broly y Sambuco también bajan de sus monturas.

– “Vosotros también.” – dice el anciano.

Torn empuja con el hocico a uno de los roedores, indicándole que hay que volver a casa, y los dos hámsteres se ponen en camino. Torn los sigue.

Los tres viajeros miran el abismo con decisión.

– “En marcha.” – dice Gladyola.

Cuando Broly da un paso al frente, un chillido estremecedor emana del fondo del valle. 

El saiyajín se detiene al instante.

Un gigantesco monstruo emerge de entre la niebla batiendo sus alas y con sus gigantescas fauces abiertas.

Nuestros amigos retroceden. Gladyola desenfunda su espadón.

El monstruo, que parece un renacuajo con alas de murciélago, con una larga cola, grandes ojos redondos y amarillos y una enorme boca con afilados dientes por la que asoma una larga lengua azul.

– “¡OOooH!” – exclama Broly, asombrado ante tal criatura.

– “¡Un tragacielos!” – advierte Sambuco, aterrado.

– “Antes volaban por todo el planeta, pero ahora su territorio ha quedado reducido al valle.” – aclara Gladyola.

El monstruo da una pirueta en el aire y se precipita sobre nuestros amigos.

Gladyola empuña su espada con ambas manos.

-“Ahí viene.” – piensa ella, lista para el combate.

Sambuco sale corriendo, lo que llama la atención de la criatura, que se desvía y se dirige hacia él, levantando una ventisca sobre los demás, pues pasa justo por encima de ellos.

– “¡Ay, ay…!” – sufre el anciano, aterrado.

– “¡Anciano!” – se preocupa Broly.

La criatura alcanza a Sambuco y abre sus fauces, listo para engullirlo. 

¡ÑAC! Falla por unos centímetros.

El monstruo se ha detenido, pese a seguir batiendo sus alas.

El anciano se cae al suelo.

– “¿Eh?” – se da la vuelta sin comprender cómo sigue vivo.

Broly ha agarrado al tragacielos por su larga cola.

– “Qué muchacho tan fuerte…” – murmura, impresionado.

Cuando el monstruo intenta revolverse, Broly tira de él, levantándolo por los aires y lo estampa contra el suelo, haciendo que se muerda la lengua.

– “¡GRIIIIIICH!” – chirría el animal.

Sin soltarlo, el saiyajín gira sobre sí mismo para coger fuerza, haciéndolo dar varias vueltas y después lo lanza por los aires.

La criatura abre sus alas, logrando estabilizarse en el aire… pero en ese instante se da cuenta de que Broly lo ha adelantado y lo espera con las manos levantadas y juntas en un puño, para propinarle un martillazo que lo devuelve a lo más profundo del valle.

– “¡¡GRIIIiiiich!” – se desvanece el grito lentamente.

El saiyajín desciende lentamente, reuniéndose con los demás. 

– “¿Estáis todos bien?” – pregunta el saiyajín.

Gladyola envaina su espada.

Sambuco mira asombrado a los saiyajín.

– “¿De dónde ha salido este chico?” – le pregunta a Gladyola.

– “Hemos tenido suerte…” – suspira Gladyola, aliviada, ignorando al anciano. – “Era solo una cría.”

– “¡OOH!” – se sorprende Broly.

Gladyola se pone en marcha.

– “¿Lo dice en serio?” – le pregunta a Sambuco, susurrando.

– “Muy en serio.” – responde el viejo.

Sambuco puede ver una emoción casi infantil en los ojos del saiyajín.

– “Hmm…” – murmura el anciano, que acaba dibujando una sonrisa en su rostro.

Broly se pone en marcha y sigue a Gladyola con paso firme.

– “¡HEY!” – protesta el viejo. – “¡Pero no me dejéis atrás!” – camina rápido para alcanzarlos.

Mientras tanto, lejos de allí, Toppo y los patrulleros que escoltan a los prisioneros ya han puesto rumbo a la prisión.

Cheelai y Gohan Jr viajan en su nave de regreso al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.

Suena un aviso en su radio.

– “Adelante.” – responde Cheelai.

Interferencias.

– “¿Adelante?” – insiste la brench. – “¿Hola?”

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

“Los forasteros nunca traen nada bueno…”

Hybis y Broly siguen en la taberna, integrados entre las gentes de Erezúant.

Hybis baila de pie, solo con los pies, como si fuera irlandés, mientras los locales y Broly aplauden al ritmo mientras beben.

En las afueras, donde estaba estacionada la nave, Tarble observa con desánimo uno de los pocos tornillos que los ladrones han dejado atrás.

– “Se la han llevado…” – suspira con pesar.

– “Lo lamento.” – dice Gladyola. – “El desierto que rodea los principales núcleos urbanos es un lugar conflictivo.”

– “No te preocupes.” – sonríe el saiyajín, apretando el puño. – “¿Dónde se la han llevado? La recuperaré en un santiamén y les daré una lección.”

– “No es tan fácil…” – responde Gladyola.

– “¿Por qué no?” – se sorprende Tarble.

En la taberna, el viejo barbudo que estaba vigilando a los patrulleros desde la distancia se acerca a Broly cerveza en mano, mientras Hybis sigue dando espectáculo.

– “Buenas tardes, forastero.” – dice el anciano, cerveza en mano.

– “Buenas tardes.” – saluda Broly educadamente. – “¿Puedo ayudarle en algo?”

El viejo se sienta a su lado, agarra un puñado de los bichos karikari de Broly y se los come.

– “Sois de la patrulla, ¿verdad?” – pregunta el extraño mientras mastica con la boca abierta. – “¿Estáis aquí por el robo?”

– “Así es.” – asiente el saiyajín.

El viejo da un trago a su cerveza, dejando su barba chorreando de espuma, pero se limpia con el antebrazo.

La tabernera pasa cerca, llevando bebida a otro cliente.

– “¡SAMBUCO!” – protesta ella, sin desviarse de su camino. – “¡Deja de molestar al forastero!”

– “¡CÁLLATE, VIEJA PIRUJA!” – replica él, escupiendo por todas partes.

– “Está bien, está bien…” – intenta poner paz el saiyajín.

El viejo agarra otro puñado de bichos y se los come de golpe.

– “Ese tipo no era de fiar…” – continúa. – “¡Lo dije desde el principio!” – exclama. – “Pero nadie me hace caso… Nadie…” – come de nuevo.

– “¿Habla del ladrón?” – pregunta Broly.

– “Los forasteros nunca traen nada bueno…” – protesta antes de tomar otro trago de cerveza.

Broly suspira desanimado, pues entiende que es solo un viejo borracho.

– “Lo vi salir de la ciudad.” – dice mientras golpe la mesa con la jarra.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly, prestándole atención de nuevo.

– “Yo estaba buscando un lugar tranquilo para… bueno, ya sabes… estaba un poco indispuesto. Los guardias siempre protestan cuando lo hago dentro de la ciudad, ¿sabes?” – narra. – “Era de madrugada y Peonia ya había cerrado.” – señala con la jarra a la tabernera. – “Había encontrado un buen lugar cuando, de repente, ¡BOOM!” – exclama con grandes aspavientos. – “¡Un estruendo! ¡En el castillo! ¡Parecía que el cielo se venía abajo!” – bebe de nuevo y eructa.

Hybis regresa a su asiento entre los aplausos de los clientes y escucha la conversación.

– “¿Y qué vio?” – pregunta Broly.

– “Había unos tipos raros esperando en las afueras.” – explica Sambuco. – “¡El forastero voló hasta allí y…”


En ese momento, dos tipos se levantan de una mesa cercana y se acercan por detrás del anciano.

– “¿Qué pasa, viejo?” – interviene un extraño que parece una gárgola de piel amarilla, descamisado para no limitar sus alas de murciélago; solo viste un pantalón marrón austero.

– “Creo que hablas demasiado.” – dice su compañero, un tipo de piel azul y orejas puntiagudas, con una cresta blanca sobre su cabeza, vestido con camiseta blanca bajo una chaqueta amarilla y pantalón beige, con un cinturón rojo. – “¿Por qué no te vas a dormir la mona?” – añade mientras le pone la mano en el hombro. 

Broly frunce el ceño.

Pero antes de que el saiyajín pueda decir nada, Sambuco eructa de nuevo.

– “¡BURP!” – eructa el anciano. – “Lo siento…” – se disculpa.

La gárgola da un paso atrás mientras intenta deshacerse del olor con la mano.

– “Creo que tiene razón… He bebido mucho…” – añade el viejo.

– “Eso es…” – sonríe el tipo azul brabucón. – “Vete a tu casa y…”

Sambuco se levanta repentinamente y choca su cabeza contra la barbilla del tipo azul, haciendo que éste se muerda la lengua.

– “¡AAggh!” – se tapa la boca el tipo, sangrando.

– “¡Oh!” – se sorprende el anciano. – “Lo siento mucho…” – dice mientras se tambalea. – “¡OH!” – exclama el viejo. – “Creo que me suenan vuestras caras… ¡Vosotros…!”

– “Viejo estúpido…” – gruñe la gárgola.

La criatura abre sus alas, empujando dos mesas que tenía a su alrededor, molestando a los otros clientes y llamando la atención de todos.

La gárgola se abalanza sobre Sambuco con el puño en alto y éste huye corriendo.

– “¡Ay, ay!” – grita el viejo.

El anciano se tropieza y se cae al suelo, con la aparente suerte de que al caerse propina una patada en el costado de la gárgola.

El maleante se encorva, sujetando la zona golpeada, dolorido.

– “Maldito viejo…” – gruñe la gárgola. – “¡Te vas a enterar!” – saca una navaja del bolsillo.

Sambuco gatea hacia atrás, aterrado.

Broly ya se ha levantado y da un paso al frente, colocándose delante del anciano.

– “Ya es suficiente.” – dice el saiyajín.

El tipo de la cresta se une a su compañero, los dos rabiosos.

– “Voy a sacarte las tripas, grandullón.” – gruñe la gárgola. – “¡Aquí la Patrulla no pinta nada!”

Pero un sartenazo en la cabeza, por la espalda, noquea a la gárgola, que se desploma contra el suelo.

– “¡SINVERGÜENZAS!” – grita la tabernera, blandiendo su sartén como un bate de béisbol.

– “Estúpida entrometida…” – gruñe el otro maleante.

Dos clientes se abalanzan sobre él por la espalda.

– “¡NO OS QUEREMOS EN NUESTRA TABERNA!” – grita uno.

– “¡FUERA!” – grita otro sentado a lo lejos.

Broly observa asombrado la actuación de los clientes y la tabernera.

Hybis agarra su jarra de cerveza.

– “Esto aquí es habitual.” – dice antes de dar un trago. – “Ya stá caliente…” – refunfuña. – “¿Me pones otra, Peonia?”

Los clientes arrastran a los malhechores fuera del local.

– “¡Por supuesto!” – sonríe la tabernera. – “¿Y tú quieres otra, guapo?” – le pregunta a Broly.

– “Estoy bien… gracias…” – dice Broly, un poco conmocionado.

– “¡A mí ponme otra también!” – exclama Sambuco, que levanta su silla del suelo y se sienta.

– “¡Tú ya me debes demasiadas!” – protesta ella, sacando de nuevo su temperamento.

Unos minutos más tarde, Tarble y Gladyola llegan a la taberna, y al acercarse ven a dos guardias llevarse a los maleantes maniatados.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta Tarble.

– “Preguntaré a mis hombres.” – dice Gladyola.

El saiyajín entra al local y se sorprende al ver que todos actúan como si nada hubiera pasado. Las mesas están en su sitio y la gente bebe y canta mientras Hybis está bailando de nuevo.

– “¡Hola!” – saluda Broly, levantando su jarra de cerveza.

Un rato después, Hybis, Tarble y Broly están reunidos en una de las mesas de la taberna.

– “Sin nave, ¿cómo nos comunicaremos con el Cuartel?” – pregunta Broly.

– “Si Hybis pudo avisar a la Patrulla, seguro que podemos contactar.” – dice Tarble. – “El problema es salir de aquí.”

– “Os dejaré usar mi antena si me invitáis a otra ración de bichos.” – avisa Hybis.

– “¿Es que no trabajas para la Patrulla Galáctica?” – protesta Tarble.

– “¿Vas a poner una queja?” – responde Hybis. – “¿Cómo piensas hacerlo?”

– “Aprovechado…” – gruñe Tarble.

– “¡Otra de bichos!” – levanta la mano Hybis.

– “¡Marchando!” – responde Peonia a lo lejos.

Mientras tanto llega Gladyola y se sienta con ellos.

– “Ya he hablado con los guardias y con el viejo Sambuco.” – dice ella. – “Parece que esos dos tipos esperaron a Glorio en las afueras y le proporcionaron un vehículo para escapar.”

– “¿Y a dónde ha ido?” – pregunta Broly.

– “El desierto es vasto…” – suspira Gladyola. – “Pero por suerte, esos dos no son muy listos. Cuando los han cacheado, mis hombres han descubierto que uno de ellos escondía semillas de onibana.”

– “¿Y eso es una pista?” – pregunta Tarble.

– “¿Onibana? ¿Como la cerveza?” – pregunta Broly.

– “Las semillas son un bien preciado en este planeta.” – explica Hybis. – “Se usan para el contrabando.”

– “Hay un asentamiento de forajidos al otro lado del Valle de los sordos.” – revela Gladyola. – “A unos veinte días de viaje, si rodeamos el Valle de los sordos.” – continúa. – “Estoy segura de que allí encontraremos respuestas.”

– “¡¿Veinte días?!” – se sobresalta Tarble.

– “Eso es mucho tiempo…” – murmura Broly.

– “Además, ahí se mueve la mayoría del mercado negro de la zona, así que es muy probable que podamos dar con vuestra nave.” – aclara la guerrera.

– “O, al menos, la mayoría de sus piezas.” – añade Hybis.

– “¡Ah!” – tiene una idea Tarble. – “¡Supongo que no has tenido en cuenta que nosotros podemos volar! Iremos Broly y yo. Seguro que podemos hacer el viaje en menos de un día.”

Broly asiente, contento.

– “Mientras tanto, Hybis puede intentar contactar con el Cuartel General e informar de nuestra situación.” – añade Tarble.

– “Cuando me acabe mis bichos.” – responde Hybis.

– “No tan rápido.” – les interrumpe Gladyola. – “Es cierto que volando podríais ir más rápido, pero no serviría de nada.”

– “Ah, ¿no?” – pregunta Tarble.

– “El asentamiento está oculto en las montañas.” – explica la guerrera. – “Dudo que podáis encontrarlo desde el cielo. Es un lugar casi imposible de encontrar sin alguien que haya estado allí antes.”

– “Pues toca ir por tierra…” – suspira Tarble.

– “No he terminado.” – lo interrumpe Gladyola. – “El lugar que buscamos está al otro lado del Valle de los sordos.” – explica la guerrera. – “Un lugar muy peligroso, pues en él habitan criaturas realmente terribles; caníbales, monstruos totalmente ajenos a todo uso de razón. Por eso debemos rodearlo.” 

– “¿Monstruos?” – repite Tarble, poco impresionado.

– “Son verdaderos demonios.” – dice Gladyola, poniéndose tensa, apretando los puños. – “Incluso para mí.”

Tarble se sorprende al ver a la guerrera sufriendo, pues entiende que realmente no deben subestimar el peligro.

– “¿Y si ese tipo se marcha con vuestra nave?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – lo miran Gladyola y los saiyajín.

– “¡TIENE RAZÓN!” – se alarma Tarble, llevándose las manos a la cabeza. – “¡ESE TIPO PODRÍA SALIR DEL PLANETA CON NUESTRA NAVE!”

Gladyola golpea la mesa con rabia.

– “Ese bastardo…” – refunfuña ella. – “Si queremos llegar hasta ese asentamiento antes de que sea demasiado tarde… tendremos que cruzar el valle.” – sentencia.

Tarble aprieta el puño con decisión.

– “Podemos hacerlo.” – asiente Tarble. – “¿Verdad, Broly?” – mira a su compañero.

Broly asiente.

– “No se hable más.” – se levanta Tarble.

– “Necesitamos un guía.” – le recuerda Gladyola.

– “Es cierto.” – se sienta Tarble, un poco avergonzado.

– “Iré con vosotros.” – dice el viejo borracho.

Sambuco se acerca a la mesa, jarra de cerveza en mano.

– “¿Eh?” – lo mira Tarble de arriba abajo. – “¿De dónde sale este tipo…?” – piensa al ver su deplorable aspecto.

– “¿Conoces ese lugar, Sambuco?” – pregunta Hybis.

– “¡Por supuesto!” – responde él, tambaleándose. – “Como la palma de mi mano.”

Gladyola se pone en pie.

– “¿Puedes guiarnos?” – pregunta ella, decidida.

El viejo eructa sonoramente; después asiente.

– “Tiene que ser una broma…” – piensa Tarble, desconfiado.

Broly sonríe.

– “Solicitaré vuestras monturas al Rey Kadan y raciones para el viaje.” – dice Gladyola. – “Si partimos de inmediato, podremos llegar antes del quinto amanecer.”

Tarble y Broly se levantan. Hybis sigue comiendo.

– “Está decidido.” – asiente Tarble. – “¡En marcha!”

¡Feliz Navidad!

Ipocrito nos regala este maravilloso dibujo sorpresa para felicitarnos las fiestas.

¡Muchas gracias a todos por leernos un año más!

Espero que estéis disfrutando de la nueva saga.

Esta semana no tendremos capítulo, porque la Señora Batosai y yo estamos en Hokkaido unos días de vacaciones. Disculpad las molestias.

¡DBSNL volverá la semana que viene!

Dibujado por Ipocrito

DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

DBSNL // Capítulo 375: El Profeta

“¿Quién es él para ustedes?”

Tarble y Broly palidecen ante la tenebrosa estatua.

– “¿Qué… qué significa esto?” – titubea Tarble.

– “Moro…” – refunfuña Broly, entre dientes.

Gladyola puede percibir como la actitud de sus acompañantes ha cambiado por completo. Lentamente, acerca la mano hacia el espadón en su espalda.

En un instante, Tarble se transforma en Súper Saiyajín, generando una corriente de aire que agita las llamas de los braseros.

La guerrera blande su arma.

– “¡BROLY!” – exclama Tarble.


Sin dudarlo, su compañero de patrulla se abalanza sobre Gladyola, agarrando la empuñadura de su espada con la mano izquierda y empujándola con su antebrazo derecho, desarmándola y lanzándola contra la pared de la cámara en un solo movimiento.

– “¡¿Es una trampa?!” – se pregunta Tarble.

Alertados por el estruendo, una docena de guardias corre hacia la cámara.

Broly empuña el espadón de Gladyola con una mano, apuntando con él hacia el portón por el que irrumpen los guardias, a modo de advertencia.

Hybis se aparta dando pequeños pasos laterales, como si el tema no fuera con él.

Los soldados, armados con lanzas y espadas, rodean a los saiyajín. Los guardias parecen dispuestos a luchar, pero les cuesta esconder cierto miedo al encontrarse con su líder en el suelo.

– “¡ALTO!” – exclama Gladyola, levantando la mano hacia sus hombres.

– “¡¿De qué va todo esto?!” – le pregunta Tarble. – “¡¿Qué tramáis?!”

Gladyola, dolorida, se pone en pie.

– “Qué fuerza tan extraordinaria…” – piensa ella, mirando como Broly sostiene su arma con una sola mano y sin inmutarse. – “¿De dónde han salido estos tipos?”

– “¡RESPONDE!” – insiste Tarble.

Gladyola indica a sus hombres que bajen las armas y éstos obedecen.

– “No sé lo que esta estatua representa para vosotros…” – dice la guerrera. – “Pero os prometo que no os hemos tendido ninguna trampa.”

– “¿Esperas que nos creamos eso?” – protesta Tarble.

De repente, Kadan entra en la sala abriéndose paso entre sus hombres, que al darse cuenta de la presencia de su Rey forman marcialmente dejando un pasillo libre.

– “¡¿Qué ocurre aquí?!” – protesta Kadan. – “¿Qué significa todo este alboroto?” – pregunta al ver a los saiyajín aún en guardia y a la comandante de sus ejércitos dolorida. – “¡HABLAD!”

Gladyola hace una reverencia.

– “Un malentendido, Su Majestad.” – se excusa ella.

– “¿Qué clase de malentendido justifica esto?” – pregunta el Rey, claramente enfadado. – “¡¿Un ataque en tan sagrado lugar?!”

– “Tsk…” – da un paso al frente Tarble, dispuesto a discutir.

– “Cuidado.” – advierte Hybis, interrumpiendo al patrullero sin levantar su tono de voz. – “Representamos a la Patrulla Galáctica.” – le recuerda. – “Un paso en falso puede suponer un grave problema diplomático.”

– “Y ahora me sermonea…” – refunfuña Tarble. – “Pero tiene razón…” – piensa. – “Es mejor ser prudentes.”

Tarble se calma y regresa a su estado base.

– “Su Majestad…” – dice el patrullero. – “Tenemos que hablar. ¿Quién es él para ustedes?” – dice mirando la estatua por encima del hombro.

Kadan frunce el ceño.

– “Todo el mundo fuera.” – dice el Rey. – “Excepto los patrulleros y Lady Gladyola.”

Los guardias se retiran. Hybis los sigue.

– “Os espero en la taberna.” – dice el confidente.

– “Tú también te quedas, Hybis.” – le detiene el Rey.

– “Por supuesto.” – responde él con una reverencia.

Broly entrega el espadón a su dueña, que lo acepta y lo envaina en su espalda.

Una vez a solas, Kadan avanza hacia la estatua, pasando entre los dos saiyajín.

– “El Profeta.” – dice el Rey. – “Un hombre sabio en busca de la verdad.” – revela.. – “Se dice que en su peregrinaje de iluminación se detuvo en este lugar durante 700 años. Esta capilla se construyó para celebrar su senda de conocimiento.” – narra. – “El que ha visto la verdad permanece firme contra la mentira.” – recita el texto que aparece en la estatua.

El Rey señala el ojo en la frente del profeta.

– “El tesoro que nos han robado.” – revela. – “La joya que conformaba la pupila de su tercer ojo, fue un regalo que el profeta otorgó a nuestro pueblo para honrar el tiempo que pasó entre nosotros.”

– “¿Lo llamáis profeta?” – refunfuña Tarble. – “Pero era solo un brujo.” – protesta. – “Un ser cruel y despiadado que puso en jaque al universo de nuevo hace tan solo unos años… y al que pudimos detener con mucho sacrificio.”

El Rey se cruza de brazos, pensativo.

– “¿Cómo es posible?” – se acaricia el mostacho.

– “Dices que nuestro profeta… ¿regresó…?” – pregunta Gladyola, anonadada. – “¿Y peleasteis contra él?”

– “Debéis estar equivocados.” – sentencia el Rey.

– “Creo que tenéis que salir más de esta roca.” – responde Tarble. – “El universo es vasto y está en perpetuo movimiento.”

Escondida detrás del portón, Panzy escucha la conversación.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Glorio camina por un pasillo metálico blanco, con una hilera de luces en su techo que recorre toda su longitud.

En el castillo, todos han salido de la capilla. Gladyola cierra el portón.

– “Deberíamos ponernos en contacto con el Cuartel General.” – dice Tarble.

– “¿Acaso la Patrulla Galáctica va a negarse a ayudarnos?” – pregunta Kadan, poniendo en duda sus intenciones.

– “Si alabáis a ese brujo, tenemos un claro conflicto de intereses…” – protesta el saiyajín. – “Aunque me pregunto por qué no fuimos informados antes.” – añade mirando a Hybis de reojo.

– “Son buena gente.” – responde Hybis.

Tarble se cruza de brazos, pensativo.

– “Tratándose de Moro, dudo que ese tesoro sea una simple piedra preciosa…” – se preocupa. – “Pero si el tesoro ha estado en manos de esta gente durante tanto tiempo sin causar problemas, puede que lo más sensato sea ayudarles…” – suspira aliviado. – “Puede que el ese ladrón no trabaje solo… y si acaba en las manos equivocadas…” – se preocupa de nuevo. – “¡Maldición!”

Kadan abandona el lugar, seguido por la mayoría de su guardia.

– “De momento, sois bienvenidos.” – dice el Rey mientras se marcha, interrumpiendo el diálogo interno de Tarble. – “Y el compromiso sigue vigente.”

– “Como desee, Su Majestad.” – hace una reverencia Gladyola.

Tarble se acerca a Broly.

– “Volvamos a la nave.” – sugiere Tarble. – “Informaremos a Lemon.”

– “Está bien.” – asiente Broly.

Hybis interrumpe.

– “Broly y yo esperaremos en la taberna.” – dice Hybis.

– “¿Por qué tengo que ir solo?” – protesta Tarble.

Gladyola da un paso al frente.

– “Yo te acompañaré.” – dice ella.

– “No te fías, ¿eh?” – replica Tarble.

– “No es eso…” – responde ella, un poco sonrojada. – “Pero si el compromiso sigue en pie… deberíamos conocernos…”

Broly sonríe y da una palmada en la espalda a Tarble, empujándolo hacia Gladyola.

– “¡Claro!” – dice el saiyajín.

– “¿EH?” – se sobresalta Tarble.

Hybis y Broly ya se marchan.

– “¡Nos vamos!” – dice el confidente.

– “¿Qué se bebe aquí?” – pregunta Broly.

– “Cerveza de onibana” – responde Hybis.

– “¿Y eso que es?” – pregunta el saiyajín.

– “Se fermenta la flor del diablo y…” – responde Hybis.

Tarble aprieta los dientes, enfadado.

– “¿Cómo pueden estar tan relajados…?” – refunfuña el saiyajín.

– “¿Nos vamos?” – pregunta Gladyola

– “¡Eh…!” – se sobresalta Tarble. – “Sí… claro…”

Mientras tanto, el Rey Kadan ha regresado la sala del trono.

– “Dejadme solo.” – ordena al mayordomo.

– “Como ordene Su Majestad.” – se despide éste con una reverencia.

El Rey se sienta en el trono, pensativo. Sin duda, la situación le inquieta.

Lady Gladyola y Tarble abandonan el castillo. Los dos caminan manteniendo un silencio incómodo.

– “Sois muy fuertes.” – dice Gladyola, sorprendiendo al saiyajín.

– “¿Eh?” – reacciona Tarble.

– “Vosotros… tú compañero y tú… sois muy fuertes.” – repite ella.

– “Somos saiyajín.” – responde él. – “Venimos de un pueblo guerrero.”

– “Saiyajín…” – repite ella. – “Nunca había oído hablar de esa raza.”

– “Si conocieras nuestro pasado, seguramente te alegrarías de no haber oído hablar de nosotros…” – bromea Tarble.

Gladyola no comprende del todo esas palabras, pero pese al tono bromista del saiyajín, puede captar la oscuridad en el pasado del pueblo de su prometido.

– “Veo que llevas una pistola.” – dice Tarble. – “Desentona un poco con el resto del uniforme.”

– “Era de un forastero.” – responde ella. – “Tenemos poco contacto con gente del exterior… pero parece que siempre traen problemas.” – desenfunda. – “No soy muy hábil con ella.” – admite mientras observa el arma. – “Mi pueblo también es guerrero y me repugna tener que usar estos artilugios… pero todo sea para proteger a mi Rey.”

– “Eres leal.” – dice Tarble. – “Eso es admirable.”

Gladyola enfunda el arma.

– “No es suficiente.” – responde ella. – “Robaron el tesoro delante de mis narices.”

Al llegar a las escaleras que descienden hacia el pueblo, Tarble se eleva en el aire.

Gladyola lo mira sorprendida.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el saiyajín, confundido.

– “E… estás… volando…” – titubea ella.

– “Con lo fuerte que eres, ¿y no puedes volar?” – se extraña Tarble. – “Sois gente muy extraña…”

Mientras tanto, en la taberna, Hybis y Broly están sentados en una pequeña mesa. A su alrededor, una docena de mesas con gente local variopinta disfrutan de la bebida y la comida del establecimiento.

La mesera les sirve dos jarras de cerveza de onibana. Ella es una mujer oronda de piel verde pastel y cabello rubio alborotado, orejas puntiagudas y ojeras negras, y lleva un austero vestido rojo, mangas negras y un delantal blanco con manchas de comida.

– “Gracias.” – dice Broly.

– “¿No me presentas a tu amigo, Hybis?” – pregunta la mujer con tono sensual.

– “Estamos en una misión secreta.” – responde él.

– “Siempre me han gustado los hombres de uniforme.” – insiste ella.

En la barra, un viejo de demacrado de piel azul, cabello largo desaliñado y barba roja encrespada, observa de reojo a los patrulleros mientras bebe cerveza.

La mujer obsequia a nuestros amigos con un bol lleno de pequeños bichos verdes, aparentemente fritos.

– “Invita la casa, guapo.” – le guiña un ojo a Broly mientras lo deja sobre la mesa. 

Desde otra mesa al otro lado de la taberna, alguien protesta.

– “¡Esos son mis bichos karikari!” – reclama el cliente.

– “¡A CALLAR!” – responde la mesera, sacando su mal genio.

La mesera sonríe a nuestros amigos y se marcha.

Broly agarra uno de los bichos y lo observa con atención.

– “Están muy buenos.” – dice Hybis, comiendo uno de los crujientes insectos. 

El saiyajín sonríe y hace lo mismo.

– “¡No está mal!” – exclama Broly.

Lady Gladyola y Tarble salen de la ciudad.

– “Entonces, ¿os transformáis gracias a vuestra cola?” – pregunta Gladyola, intrigada.

– “Sí, pero para trabajar en la patrulla nos han sugerido que nos las quitemos… por seguridad.” – explica Tarble. – “Por eso mi compañero no tiene.”

– “Pero tú sí tienes…” – señala ella.

– “Soy un caso especial… jaja” – responde él, intentando evadir la pregunta.

Gladyola se da cuenta.

– “¿Por qué habéis dejado la nave tan lejos?” – pregunta ella, cambiando de tema.

– “Pensé que sería mejor pasar desapercibidos…” – se arrepiente el saiyajín.

– “Pero tan lejos del castillo, no me extrañaría que…” – explica la guerrera.

Pero en ese instante, Tarble se sobresalta.

– “¡¿Y NUESTRA NAVE?!” – exclama.

Donde habían dejado el vehículo, solo queda una parte de un tren de aterrizaje, algunas tuercas y el cartel roto con el que los recibió Hybis.