DBSNL // Capítulo 410: Planeta Octo
“¡Menudo espectáculo!”
Pan se ha vestido completamente con las ropas de los zorros. Está sentada sobre el colchón de su cabaña. El anciano Oztohuah le cambia los rudimentarios apósitos de sus heridas en la espalda; hojas embadurnadas en el extraño fango de la cueva.
– “Muchas gracias.” – sonríe ella. – “Huele fatal… Pero parece que al menos se están curando bien. Aún me duelen un poco.”
El zorro se limita a sonreír y seguir trabajando.
– “¿Cómo estará Ub?” – se pregunta Pan. – “Ese idiota… Me dio parte de su energía vital… Qué insensato…” – sufre por él, pero a la vez se le escaba una tierna media sonrisa.
La muchacha se pone en pie, como si de repente recordara la precariedad de su situación.
– “Dabra…” – aprieta los puños. – “Seguro que nos está buscando.”
Oztohuah la invita a sentarse de nuevo.
– “No, no lo entiendes…” – dice Pan. – “Dabra… ¡Un demonio! Viene a por nosotros… ¡Estáis en peligro!”
El zorro insiste en que ella se siente.
Resignada, Pan toma asiento de nuevo.
– “Maldición…” – refunfuña ella. – “Ojalá me entendieras…”
Otro de los ancianos entra en la cabaña. En sus manos lleva un cuenco de madera lleno de agua caliente.
Oztohuah lo recibe y se lo pasa a Pan. El otro anciano abandona la vivienda.
– “¿Qué es esto?” – pregunta ella.
El zorro saca un pequeño saco de su túnica y lo vacía dentro del agua; hebras secas que al entrar en contacto con el agua recuperan su color azulado y cierto brillo.
– “Brillan como en la cueva…” – piensa Pan. – “Espera… No pretendes que me beba esto, ¿no?” – pregunta un poco asqueada.
Oztohuah hace como si bebiera de un bol imaginario, reafirmando las sospechas de la terrícola.
Ella mira el cuenco con mala cara.
El anciano se agacha y con su garra dibuja en el suelo un hongo filamentoso parecido a los que Pan vio en la cabaña.
Ella asiente.
Oztohuah esboza árboles, plantas y animales alrededor del hongo. Después, dibuja figuras humanoides a su alrededor.
– “¿Sois vosotros?” – pregunta ella. – “¿Es vuestro pueblo?”
El zorro dibuja conexiones entre el hongo y los otros seres vivos.
– “Estáis conectados, ¿no?” – adivina ella. – “Esto tenía un nombre…” – cavila. – “¿Simbiosis?” – duda. – “Parece que el hongo es muy importante para vosotros.”
El anciano la señala a ella y la dibuja en el suelo, y después otra conexión desde el hongo hasta Pan.
– “¿Soy yo?” – pregunta ella. – “¿Yo también?”
– “Pan.” – dice el anciano.
El zorro insiste en el dibujo, repasando la conexión una y otra vez.
– “No tengo muy claro qué quieres decirme, Ozto…” – dice Pan, un poco apenada. – “Pero si lo usáis como medicina… ¿os da energía? ¿es eso?”
Oztohuah insiste en su dibujo.
– “Si crees que tomándome esto me curaré más rápido… Está bien. Me lo tomaré.” – asiente ella.
El anciano asiente también.
Pan da un sorbo del cuenco y pone mala cara, pero aun así sigue bebiendo hasta que se lo termina.
– “Está muy rico…” – intenta fingir, poco convincente.
Pero de repente, siente una extraña sensación de calor en su cuerpo.
– “Vaaya…” – dice sorprendida. – “Qué extraño…”
Una suave brisa mece la hierba y los matorrales en el exterior de la cabaña.
Una calma absoluta se apodera de Pan, que puede sentir cada pequeño movimiento en su entorno.
En el interior de la cueva, Ub sigue tumbado y con los ojos cerrados, pero parece recuperar ligeramente la conciencia.
– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el muchacho, que pone una mueca. – “Hmm… Qué extraño… Siento un agradable calor por todo mi cuerpo…” – se relaja de nuevo. – “Es una sensación familiar…”
Mientras tanto, en el planeta Octo, Son Goten, Ikose y Pino pasean por la ciudad, guiados por Bodara.
Los edificios son modernos y futuristas, y tienen forma de ánfora. Las entradas son circulares, algunas exageradamente minúsculas.
– “¿Y cómo pueden entrar por ahí?” – se pregunta Ikose.
– “Si los pulpos terrestres sirven de referencia… sus cuerpos son básicamente músculo y tejidos blandos.” – responde Pino.
– “¿Crees que están emparentados?” – dice Ikose.
Goten sigue leyendo el GPad.
– “Aquí dice que el Palacio Real es por ahí.” – dice Goten, señalando una calle.
– “Hoy está cerrado.” – dice Bodara. – “Como casi todo en Octo.”
– “Ya es mala suerte…” – suspira Goten.
– “¡Todo lo contrario!” – exclama el patrullero. – “¿Por qué creéis que tengo el día libre? Además, ¡mirad!”
Al final de la calle, una gran avenida está abarrotada de gente. Suena la música y el confeti llueve del cielo.
Varias carrozas flotantes desfilan adornadas con distintos motivos, muchas patrocinadas por distintas empresas y marcas presentes en Octo y en la galaxia.
– “¡Es un desfile!” – exclama Goten, emocionado.
– “Ahí está la nuestra.” – señala Bodara.
Una carroza de la Patrulla Galáctica pasa frente a ellos.
– “El Rey es uno de los principales promotores de nuestra causa.” – revela Bodara.
– “¡Ooh!” – disfruta Goten del espectáculo.
De repente, una nueva carroza llama la atención de todos los presentes. Es la más grande y espectacular de todas. Cientos de octanos bailan a su alrededor. La orquesta los precede.
– “¿Y esa?” – pregunta Goten.
– “Déjame adivinar…” – murmura Ikose, con ironía.
El Rey de la Galaxia saluda a su gente desde lo más alto. El pueblo responde de la misma manera.
– “Ahí está.” – saluda también Bodara.
– “¡Menudo espectáculo!” – dice Goten.
Mientras tanto, en la torre de control del puerto espacial, la poca gente que sigue de guardia está mirando la cabalgata en televisión.
Una breve señal desconocida en su radar pasa desapercibida por todos.
Una nave ha entrado inadvertida en el espacio aéreo de Octo.
En el interior de la nave, Meerus está a los mandos.
Shamo se acerca a la cabina.
– “¡¿Octo?!” – se asusta el vendedor. – “¡¿Estás loco?! ¡Es el planeta más seguro de todo el sector!”
– “Por eso nadie va a buscarte aquí.”” – dice Meerus.
– “Pero hay mucha vigilancia…” – duda Shamo. – “Muchos patrulleros…”
– “Muchos, pero poco curtidos.” – responde el agente. – “Deberías avisar ya a tu contacto.”
Shamo lo mira de reojo.
– “¿Por qué crees que tengo contactos en aquí?” – pregunta el suspicaz vendedor.
Meerus no responde.
– “Está bien.” – claudica Shamo.
