DBSNL // Capítulo 405: Profanado

DBSNL // Capítulo 405: Profanado

“No tengo ningún interés en las enseñanzas de un muerto.”

En el planeta Razan, Ub evade otro golpe de Gaki con el tronco del árbol.

El terrícola se pone serio.

– “¡Ahora verás!” – se prepara.

Gaki intenta batear a nuestro amigo, pero él salta por encima del tronco, evadiendo el golpe, y aterriza sobre él.

Ub corre por la longitud del tronco hasta llegar al lagarto y le propina una patada en la cara, haciéndole soltar el arma.

El terrícola insiste en su acometida y se abalanza sobre él, propinándole una rápida combinación de puñetazos y patadas en el abdomen, que retumban como un tambor.

– “¡TA! ¡TA! ¡TA!” – exclama el terrícola con cada movimiento.

Gaki encaja cada golpe como si fuera un saco de boxeo.

Ub se detiene para ver la reacción de su enemigo… y se lleva una sorpresa al ver que éste lo mira con una sonrisa burlona.

– “¡Tsk!” – aprieta los dientes el terrícola. – “¡KAIOKEN!” – exclama al imbuirse en el aura de la técnica del Kaio del Norte momentáneamente. – “¡YAH!” – le propina un fuerte puñetazo en la panza.

Gaki es empujado a través del bosque, destruyendo varios árboles que encuentra a su paso.

– “Ah… ah…” – recupera el aliento Ub, disipando su aura roja.

Pero la figura del voluminoso lagarto se adivina entre la polvareda escalando entre los troncos rotos, hasta que se asoma sobre la montaña de escombros, por encima de la nube de polvo.

– “¿Eso es todo, chico?” – se burla Gaki, golpeándose la barriga con las manos.

Una gota de sudor recorre la frente de Ub.

– “¿Es que no le he hecho nada?” – se pregunta. – “¿De qué está hecho este tipo?”

Mientras tanto, Preecho ataca a Pan que, transformada en Súper Saiyajín, detiene cada golpe de su contrincante. El guerrero la ataca ferozmente, con una sorprendente convicción en su mirada.

– “Su forma de pelear…” – piensa Pan, fijándose en sus ojos. – “¿Cuál es su problema?”

Los dos se agarran las manos, enzarzándose en una prueba de fuerza; cada uno empuja a su contrincante, con los ojos fijos el uno en el otro.

– “¿Quién eres?” – pregunta Pan, entre dientes.

– “No tengo por qué responder a los enemigos de Semi-sama.” – gruñe Preecho.

– “¿Semi-sama?” – se pregunta Pan. – “¿Quién demonios es el Señor Cigarra? ¿Es así como llamas a Cell? ¿Lo conoces?”

– “¡CÁLLATE!” – grita el guerrero insectoide.

Preecho sorprende a Pan propinándole una doble patada en el abdomen. Sin dejarla escapar, tira de ella con fuerza y le propina un cabezazo en la frente.

– “¡Aah!” – sufre ella.

Preecho junta las manos en un puño y le propina un martillazo en la cabeza que la remite al suelo, haciendo que se estrelle contra el lateral de la pirámide escalonada, deslizándose por su lateral, cayendo varios pisos.

Pan le levanta aturdida, frotándose la cabeza.

– “Maldita sea…” – protesta. – “De esta me va a salir un buen chichón…”

Preecho frunce el ceño, sorprendido ante la resistencia de su adversario.

Mientras tanto, Dabra camina por los oscuros y estrechos pasillos de la pirámide, sin necesidad de luz gracias a sus pupilas rasgadas y su percepción demoníaca.

En el exterior, Gaki da una fuerte bocanada de aire.

Ub puede sentir como su cuerpo es atraído hacia el enemigo, mientras el lagarto hincha su enrome panza.

– “¿Qué va a hacer?” – se pregunta el terrícola.

De repente, ¡PUH! Gaki sopla con fuerza; un soplido breve pero intenso que genera un cañonazo de aire invisible que arrasa con todo a su paso.

Ub, que no esperaba un ataque así, tarda en reaccionar y se cubre en el último momento, con los brazos cruzados frente a su rostro, recibiendo el impacto del viento.

– “¡¿AH?!” – reacciona.

El muchacho es empujado con violencia y la parte de arriba de su gi se rasga en múltiples lugares con las afiladas ráfagas de viento de aire; el viento actúa como corriente de cuchillas que castiga a Ub, provocándole varios cortes por todo el cuerpo.

– “Maldita sea…” – sufre Ub.

Pero Gaki no ha terminado. Sin dar descanso al terrícola, dispara tres cañonazos más.

Ub salta de un lado a otro para evadirlos. El bosque sufre el castigo.

– “¡Tsk!” – se esfuerza.

Gaki inspira de nuevo con fuerza.

– “¡¿Otra vez?!” – se preocupa Ub, sintiendo de nuevo su cuerpo brevemente atraído hacia el lagarto.

El lagarto sopla de nuevo tres veces.

Ub evade los dos primeros ataques, pero es demasiado tarde para esquivar el tercero.

El terrícola reacciona intentando contrarrestarlo con una onda de energía invisible, pero al impactar las dos fuerzas provocan un estallido huracanado que arrasa gran parte del bosque y hace saltar por los aires a Ub.

Mientras tanto, Preecho vuela directo hacia Pan, que se pone en guardia.

El insectoide desplaza sus alas hacia atrás y su velocidad aumenta repentinamente.

Esta vez, Pan está preparada y, pese a ser sorprendida por el pico de velocidad de su adversario, se mueve a tiempo para detener su embestida, interceptándolo y agarrándolo por las puntas de su casco.

– “Grrgh” – retrocede ella dejando un surco en el suelo.

Preecho extiende de nuevo sus alas, frenando su avance y recuperando la distancia con su enemiga solo un instante para atacar de nuevo, esta vez con un puñetazo.

Pan detiene el golpe con el antebrazo.

– “Je.” – sonríe ella.

La hija de Gohan contraataca con un puñetazo en la cara del enemigo, pero ¡CLANK! Un sonido metálico reverbera por la aldea; una de las alas segmentadas de Preecho se ha retorcido para protegerlo del golpe.

– “¿Eh?” – se sorprende Pan.

El ala de Preecho se retuerce de nuevo e intenta cortar a Pan como si fuera una cuchilla. Ella retrocede, pero recibe un corte en el gi.

– “Vaaaya…” – dice asombrada. – “Así que no es solo un disfraz, ¿eh?”

Preecho da un paso al frente y sus alas, que se afilan y parecen alargarse ligeramente, se convierten en dos tentáculos cortantes que intenta ensartar a la mestiza.

Pan evade los ataques, moviéndose con soltura entre los filos cortantes.

– “¡Ay! ¡Ay!” – las ve pasar cerca de su rostro.

En el interior de la pirámide, Dabra sigue avanzando, cuando de repente ve una tenue luz azulada al final del pasillo.

Kuro y Glorio, acompañados por el pequeño fuego fatuo, han llegado hasta un altar sobre el que se encuentra la tercera esfera que tanto han buscado por todo el planeta Razan.

– “Al fin…” – sonríe Glorio, caminando hasta ella.

– “Marba estará contenta.” – asiente Kuro.

– “Así que era eso…” – interrumpe Dabra, haciendo acto de presencia.

Kuro y Glorio, sobresaltados, se dan la vuelta rápidamente y se preparan para pelear.

– “¿Eh?” – se sorprende el felino al ver a Dabra.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta Glorio.

 -“¿Un demonio?” – refunfuña Kuro, un poco sorprendido e incluso asombrado.

– “¿Cómo?” – se extraña Glorio.

Dabra camina lentamente hacia ellos.

Glorio extiende su mano hacia él, haciendo chispear un rayo entre sus dedos, amenazante.

– “¡¿Qué quieres?!” – pregunta, inquisitivo.

– “Es hijo del Maestro…” – dice Kuro. – “Seguro que no querrá profanar…”

Dabra afila su mirada e invoca una sable en su mano derecha.

– “El Maestro, ¿eh?” – murmura el diablo.

– “¡¿AH?!” – se preocupa Kuro, que agarra su vara con ambas manos.

– “No parece importarle.” – susurra Glorio.

– “No tengo ningún interés en las enseñanzas de un muerto.” – dice Dabra.

– “Tú… des ser Dabra… ¡El Rey caído!” – le recrimina Kuro.

– “Pero tengo un particular interés en las reliquias del Makai.” – sonríe el diablo.

– “¡TRAIDOR!2 – le increpa el felino. – “¡HEREJE!”

Glorio mira de reojo la esfera.

Dabra extiende su mano hacia ellos con la palma hacia arriba.

– “Entregadme la joya.” – ordena el demonio.

Kuro agarra con fuerza su vara.

– “¡NI LO SUEÑES!” – exclama el gato.

El pequeño fuego fatuo se aviva con violencia, aumentando su tamaño y desarrollando extremidades superiores, convirtiéndose en una llama humanoide de casi dos metros de altura que alumbra la sala por completo con su luz azul.

Glorio aprovecha para agarrar la esfera y guardársela en la riñonera.

Dabra da un paso al frente, lo que provoca que la antorcha humanoide lo confronte.

El diablo le propina un sablazo; el arma pasa a través del fuego sin causarle ningún daño.

Pero de repente, la sala tiembla violentamente. La puerta se cierra y el suelo se desmorona, como si los ladrillos que lo conforman dejaran de estar pegados entre sí. 

Todos caen más de 50 metros y caen a una gran sala inferior.

Gracias a sus habilidades, la caída no es un problema para ninguno de ellos.

– “Maldita sea…” – refunfuña Glorio. – “Debe ser algún mecanismo de seguridad…”

Los ladrillos que antes formaban el suelo se movilizan por arte de magia; se amontonan en el centro de la sala y construyen rápidamente un gigantesco y robusto gólem de piedra de más de 10 metros de alto. Dos ojos brillan con luz amarilla en su cabeza con ausencia de rostro.

Tanto Dabra como los demás observan al nuevo enemigo, expectantes.

El gólem se fija en el hombre de fuego y lo aplasta con su mano, haciendo que pequeñas ascuas salten por los aires y caigan por toda la sala. Éstas mantienen una tenue iluminación azul.

Dabra, Kuro y Glorio se preparan para pelear.

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