DBSNL // Capítulo 399: Crucero
“¿De dónde sacas a estos tipos?”
Una gigantesca nave de pasajeros surca el espacio profundo.
Los viajeros disfrutan de un crucero interestelar. En la cubierta, cientos de seres de diferentes razas disfrutan de la playa artificial climatizada bajo una enorme cúpula que permite ver las estrellas. Algunos están nadando o jugando en el agua, otros en las hamacas. La zona que rodea la playa está llena de pequeños chiringuitos en los que muchos viajeros pueden disfrutar de refrigerios de distintos lugares del Universo.
En el interior de la nave, una zona de casino reúne a la gente adinerada o con aspiraciones a serlo con un golpe de suerte.
También hay gente en la macrodiscoteca, donde la música nunca se detiene. Una gran claraboya preside la sala y permite que los viajeros puedan bailar disfrutando de la belleza del espacio.
Otros pasajeros, en cambio, se lo toman con más calma y descansan en sus camarotes de lujo.
En los silenciosos pasillos, el ruido de pisadas aceleradas rompe la paz.
Una pareja de ancianos brench vuelven a su habitación, cuando de repente un pequeño ser arrugado de piel verde solo cubierto por una toalla azul que rodea su cuerpo, dobla la esquina y pasa corriendo entre ellos con pánico en su rostro.
– “¿EH?” – se sobresalta la pareja.
– “¡¡AYUDAAA!!” – grita Shamo. – “¡¡AYUDAAA!!”
Un litt vestido con un bañador y una camiseta hawaiana lo persigue.
– “¡EN PERSECUCIÓN POR LOS PASILLOS DEL PISO 34!” – avisa por un minúsculo comunicador en su oreja. – “¡PISO 34!”
– “¡¿Has dejado que te viera?!” – le recriminan por el comunicador.
Shamo se detiene frente a un camarote.
– “¡¡BIARRA!!” – grita mientras aporrea la puerta. – “¡¡BIARRA, AYÚDAME!!”
El litt se frena al ver que su objetivo se ha detenido.
– “¡SHAMO!” – exclama. – “¡Quedas detenido en nombre de…!”
La puerta del camarote se abre. Un inmenso personaje cubierto en armadura sale de la habitación, teniendo que pasar agachado y de lado por el marco de la puerta para salir al pasillo.
Es un gigante humanoide recubierto por una armadura azulada que se yergue frente al litt.
– “¡EL GIGANTÓN ESTÁ AQUÍ!” – advierte el litt por su comunicador.
– “¡RETROCEDE!” – le ordenan por radio. – “¡RETROCEDE Y ESPERA REFUERZOS!”
El litt aprieta un botón de su pulsera, materializando un uniforme de la patrulla galáctica.
El gigante no reacciona, inexpresivo.
La incapacidad de leer a su oponente, oculto tras la armadura, inquieta al patrullero.
– “Ahora verás…” – refunfuña el litt, que desenfunda su pistola reglamentaria.
Pero con un movimiento sorprendentemente rápido para su tamaño, el gigante agarra el cuello del patrullero y lo levanta del suelo.
En la discoteca, todos bailan al ritmo de la música, cuando de repente una pared es atravesada por el patrullero litt, que queda tirado en el suelo.
Cunde el pánico. La gente sale corriendo y se amontona en las puertas. La música se detiene. Se encienden las luces.
Shamo mira desde el boquete en la pared.
– “¡ACABA YA CON ESE TIPO!” – ordena a su protector.
Unos minutos más tarde, Meerus irrumpe en la discoteca, que ya está vacía.
Su compañero yace en el suelo.
– “Maldita sea…” – se preocupa el agente. – “¿Dónde se han metido?” – mira a su alrededor.
Meerus recurre a su comunicador.
– “¡Comuniquen al Capitán de la nave que el vehículo queda inmovilizado hasta nueva orden de la Patrulla Galáctica!” – exclama. – “¡NADIE ABANDONA LA NAVE! ¡Vamos a encontrar a ese bastardo!”
Meerus camina hasta su compañero y se agacha a su lado para buscar signos vitales; negativos.
– “Descanse, agente…” – suspira el agente, al confirmar que ha perdido la vida.
De repente, un foco vuela hacia Meerus, que tiene que saltar hacia un lado para evadirlo con una voltereta antes de ponerse en pie.
– “Tsk…” – protesta el agente, desenfundando su pistola.
Biarra sale a la pista de baile.
Shamo está escondido en la cabina del DJ.
– “¡HOLA, AGENTE!” – habla por el micro la pequeña alimaña. – “¿ME BUSCABAN?” – su voz retumba en la sala.
– “Shamo…” – gruñe Meerus. – “¡HOY ACABA TU AVENTURA!”
– “¿Eso cree? Jiji – ríe Shamo. – “Mi amigo discrepa.”
Biarra choca los puños frente a su pecho.
– “¿De dónde sacas a estos tipos?” – pregunta Meerus.
– “¡¡MÁTALO, BIARRA!!” – ordena Shamo.
El gigante embiste a Meerus, que le dispara varias veces con su pistola, pero los disparos rebotan en la coraza de su contrincante e impactan por toda la sala.
Uno de los disparos desviados encuentra la cabina en la que se oculta Shamo, incendiando el panel de control, que apaga las luces y hace sonar la música de nuevo.
– “¡AAAH!” – grita Shamo, asustado. – “¡AAH!” – gatea, buscando un nuevo lugar donde esconderse.
Las luces de colores iluminan la pista. Música a todo volumen.
Biarra intenta golpear a Meerus, pero éste evade el golpe con una finta mientras aprieta un botón de su arma que endereza el cañón y la convierte en un sable de energía.
El agente contraataca, pero su espadazo rebota contra la armadura de Biarra.
– “Tsk…” – protesta Meerus.
El gigante se revuelve para intentar agarrar al patrullero, pero éste retrocede con varias piruetas, recuperando la distancia.
– “Su armadura es realmente resistente…” – piensa Meerus.
Biarra embiste de nuevo contra el patrullero y éste responde de la misma forma. Los dos corren el uno hacia el otro.
Cuando van a chocar, Meerus se desliza por el suelo, agachado, pasando entre las piernas de Biarra, evadiendo su agarre.
El patrullero llega hasta el cuerpo de su compañero, del que recoge su arma, que activa como otro sable de energía.
Armado con dos espadas luminosas, Meerus las hace girar para intimidar a su contrincante.
Biarra no parece inmutarse, y espera a que Meerus acabe sus malabares.
Los cristales en la armadura del gigante empiezan a brillar intensamente de color naranja, como si en su interior albergara magma en ebullición.
– “¿Eh?” – se extraña Meerus.
La armadura emite lo que parece un rugido. Vapor emana de las rendijas de su armadura, sobre todo de su abdomen y de su boca.
Meerus puede notar como aumenta rápidamente la temperatura de la sala.
– “¿Qué clase de armadura es esa?” – se pregunta Meerus. – “Es como si fuera un…”
Una bocanada de vapor inunda la sala, convirtiéndola en una sauna y negando la visión al patrullero.
De repente, de entre la niebla, Biarra aparece con sus puños y antebrazos brillando al rojo vivo e intenta golpear a Meerus por la espalda, pero éste evade el golpe en el último momento.
El puñetazo de Biarra se estrella conta el suelo y se incrusta en la pista, que empieza a derretirse a su alrededor.
– “Has matado a un metalman para fabricarte este traje, ¿no es cierto?” – refunfuña Meerus.
Otra bocanada de vapor hace que el gigante desaparezca de nuevo.
El alto volumen de la música dificulta que Meerus pueda localizar a su enemigo mediante el sonido de la caldera de su traje. Las luces de colores de la discoteca en el vapor hacen que toda la sala cambie de color continuamente.
Biarra aparece entre la niebla y golpea a Meerus, pero éste usa sus espadas para desviar el puñetazo y retroceder. Al hacerlo, pierde de vista de nuevo a su enemigo.
– “Maldita sea…” – refunfuña el patrullero. – “Así no puedo pelear en condiciones…”
Meerus desactiva una de sus pistolas y aprieta durante varios segundos un botón en su parte trasera.
– “Je.” – sonríe el agente.
El patrullero lanza su arma hacia un lado de la sala y ésta se desliza por el suelo hasta alcanzar la gran claraboya.
¡BOOM! El arma reglamentaria de Meerus estalla, rompiendo el cristal.
El vacío del espacio absorbe el vapor que llenaba la sala, despejándola por completo antes de que el sistema de seguridad de la nave se active y selle la ventana con una compuerta metálica.
El cuerpo del agente fallecido se desliza por el suelo hasta chocar con la compuerta.
Biarra queda al descubierto en mitad de la sala.
– “¿Sabes pelear sin trucos?” – se burla Meerus.
El gigante choca de nuevo sus puños al rojo vivo. Más vapor emana de su armadura.
Pero Meerus ya ha preparado su segunda pistola, que lanza contra el techo sobre su adversario.
“¡BOOM!” La explosión sorprende a Biarra, que intenta cubrirse rápidamente.
El techo resiste el impacto, que solo logra se resquebrajarlo.
Biarra mira hacia arriba y, poco impresionado, pone su atención de nuevo en Meerus.
El patrullero sonríe.
Una gota cae sobre la armadura de Biarra y se evapora al instante.
El gigante no entiende lo que ocurre.
Otra gota.
Biarra mira al techo.
Otra gota. Otra.
De las grietas gotea agua cada vez con más frecuencia.
De repente, el techo cede. El agua de la piscina del piso superior cae sobre Biarra e inunda la discoteca por completo, cortocircuitando todos los sistemas de luces y sonido, dejando el lugar a oscuras y con solo el sonido del torrente de agua liberado.
Meerus salta a tiempo para no ser arrastrado por la tromba y se agarra a los andamios metálicos del techo, desde donde cuelgan los focos.
Cuando el contenido de la piscina se vacía por completo, un humeante Biarra queda en pie en el centro de la sala.
El rugir de su caldera es intermitente, como si sufriera una fuerte tos.
Meerus desciende con una sonrisa en su rostro.
– “¿Problemas?” – se burla el agente. – “A veces pasa… Debe ser el frío.”
Biarra aprieta los puños. Por primera vez, su emoción puede percibirse a través de su armadura; está furioso.
Cuando el gigante da el primer paso para atacar a Meerus, el suelo cede; el peso del agua ha dañado la estructura, ya dañada previamente con un ataque del mismo Biarra.
El gigante cae al piso inferior, precipitándose sobre una mesa de apuestas del casino, en el que algunos viajeres, aferrándose a sus adicciones, seguían intentando hacer fortuna.
Meerus se acerca al borde del agujero en el suelo y observa a su adversario con dificultad para levantarse y con el rugido de su armadura cada vez más débil.
En ese instante, unos focos iluminan a Biarra y a Meerus a través del techo.
Varias naves de la Patrulla Galáctica han llegado al crucero; refuerzos.
Katopesla ya camina por la cubierta junto a otros agentes.
