DBSNL // Capítulo 359: Reitan, el vengador
“El origen de vuestro poder es también vuestra mayor debilidad.”
El árbol sigue creciendo en el planeta oscuro gracias a la energía robada a los herajín.
Mirai Trunks contempla con horror lo sucedido a su compañero.
– “Reitan…” – murmura el mestizo. – “No…”
Onisen analiza a sus adversarios, que esperan en guardia y con miedo a ser los siguientes.
Las raíces brotan del suelo alrededor del androide y bailan a su alrededor como serpientes encantadas, como si respondieran a su voluntad.
Bra, Pan y Ub, en guardia, observan al enemigo.
– “¿Ha estado jugando con nosotros hasta ahora?” – se pregunta Bra. – “Qué humillante…”
– “¿Crees que podemos acercarnos sin ser atrapadas por esas cosas?” – pregunta Pan.
Ub se fija en las raíces, que siguen creciendo.
– “El árbol cada vez es más fuerte…” – dice el terrícola. – “A este paso, todos acabaremos convertidos en abono.”
Goten, Trunks, Ikose y Marron, reunidos en otro punto del bosque, también esperan en guardia.
– “Ese tipo ha acabado con esos dos guerreros herajín en un santiamén.” – aprieta los puños Goten, frustrado.
– “Qué muerte tan horrible…” – murmura Marron, asustada.
– “No podemos rendirnos…” – dice Ikose.
– “Mamá…” – piensa Trunks. – “Date prisa… ¡Te necesitamos!”
En el interior de Raichi, Bulma sigue corriendo por la autopista virtual, agotada, pero sin tiempo para recuperar el aliento.
– “¡YA LLEGO!” – exclama ella, intentando motivarse.
La torre de luz está cada vez más cerca y su entrada ya puede intuirse desde la distancia.
En el planeta oscuro, Granola y Piccolo también estudian con atención al enemigo.
– “Raichi es un verdadero monstruo…” – dice el cereliano. – “Solo le mueve el conocimiento; el descubrimiento. No tiene escrúpulos.”
– “Tú le conoces más que nosotros.” – responde Piccolo.
– “Es un psicópata, pero…” – responde Granola. – “Sus cálculos no fallan.”
– “¿Te das por vencido?” – sonríe Piccolo, intentando provocar al cereliano.
– “No he dicho eso…” – responde Granola, apretando los puños.
Zamas observa el campo de batalla desde una colina. Las raíces cubren casi por completo la superficie del planeta y se extienden hacia el cielo, perdiéndose en la oscuridad del espacio.
A su lado, Champa coloca su mano sobre una raíz, intentando eliminarla con el Hakai, sin éxito.
– “No funciona…” – refunfuña el gotokoneko.
Zamas se deja caer de rodillas.
– “Hemos fracasado…”- murmura el Dai Kaioshin. – “Como Dioses… hemos fallado.”
– “Si Beerus hubiera estado aquí…” – murmura el Hakaishin. – “Puede que él hubiera hecho mejor las cosas…”
La superficie rocosa del planeta ya no es visible bajo las raíces.
Son Gohan, malherido y cansado, lucha para no ser enterrado completamente por las raíces cuando, de repente, Broly le da la mano y tira de él con fuerza para sacarlo del embrollo.
El saiyajín pone al mestizo sobre el su hombro como si fuera un saco.
– “¿Estas bien?” – pregunta Broly.
– “Me has salvado.” – sonríe Gohan aliviado, pero sin fuerzas. – “Gracias.”
– “Je…” – sonríe el saiyajín.
Dabra aterriza a su lado.
– “Son Gohan…” – refunfuña el diablo. – “No nos sirve en este estado…”
– “Lo siento…” – sonríe Gohan. – “Me ha dado… una buena paliza…” – responde con sinceridad.
Cell se une al grupo.
– “Si su energía se une a la del árbol, tendríamos problemas serios.” – dice el insecto. – “¿No crees?”
– “Tsk…” – protesta el Rey de los Demonios.
Onisen clava su mirada en el grupo. Ha elegido a su próxima víctima.
– “Maldita sea…” – gruñe Dabra, invocando su espada.
– “Ahí viene.” – se pone en guardia Cell.
Broly da un paso atrás, preocupado por Gohan.
De repente, las raíces dejan de crecer.
– “¡¿EH?!” – se sorprende Ub.
Pan se dan cuenta de que su compañero ha sentido algo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta ella.
– “No estoy seguro…” – dice Ub.
El chico de Isla Papaya mira a la vaina que encierra al guerrero herajín.
– “Parece que el árbol ha dejado de recibir energía…” – dice Ub. – “Pero…”
Onisen, que ya caminaba hacia Gohan y los demás, se detiene.
– “¿Eh?” – mira a su derecha.
Mirai Trunks, furioso, se abalanza sobre él.
– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el mestizo, armado con la espada de Whis.
El espadazo pasa a través del enemigo como si nada.
– “¡TE MATARÉ!” – grita el mestizo, airado por la muerte de su compañero.
Dabra y Cell miran al mestizo con cierta decepción.
– “Ese idiota hará que lo maten…” – refunfuña el Dabra.
– “No parece propio de él…” – añade Cell.
Gohan no puede ver el combate, pero sufre por su amigo, pues puede sentir la desesperación en su energía.
– “Trunks…” – murmura el mestizo.
El mestizo propina espadazos sin ton ni son ante la inexpresiva mirada de Onisen.
– “Patético…” – suspira el androide, con cierto tono de aburrimiento.
El androide desarma a Trunks con un revés con la mano derecha en la muñeca del mestizo y con la misma mano le propina un guantazo que le hace escupir una muela.
– “El origen de vuestro poder es también vuestra mayor debilidad.” – sentencia Raichi.
Trunks retrocede y apunta al enemigo con las dos manos. Su aura se transforma en un orbe de ki toma forma a su alrededor y se expande, desintegrando las raíces que toca.
Onisen lo mira poco impresionado.
El aura genera una corriente giratoria que se revuelve concentrándose frente a las manos de Trunks.
– “¡¡MUEREEEE!!” – dispara el mestizo.
Del aura nace un torrente de energía que se proyecta directo hacia el enemigo.
Broly, Cell y Dabra se ponen a cubierto.
El destello del ataque ilumina el planeta.
Todos los guerreros tienen que cubrirse ante la cegadora luz y la violenta y ardiente ventisca desatada por la técnica del mestizo.
El ataque desintegra el entramado de raíces que encuentra a su paso antes de abandonar el planeta y perderse en el espacio infinito.
– “Ah… ah…” – respira con dificultad un agotado Mirai Trunks.
Cooler y Liquir se levantan entre la polvareda levantada. Detrás de ellos, el cuerpo de Turles está protegido por una cúpula de energía fucsia.
– “Qué poder tan increíble…” – murmura el kurama.
– “¿Aún le quedaba tanta energía?” – se pregunta el demonio del frío.
Freezer aterriza entre ellos.
– “Sería una demostración de poder impresionante…” – dice el tirano. – “Si no fuera completamente inútil.” – sentencia.
Cuando la polvareda se disipa, Onisen sigue en pie e impertérrito en mitad del surco dejado por la técnica de Trunks.
Cell se levanta y mira al agotado mestizo.
– “Te has dejado llevar por las emociones y has malgastado todas tus fuerzas…” – piensa Cell. – “Esta vez, eso no funcionará.”
Onisen camina hacia el mestizo con paso firme pero tranquilo hasta llegar a él.
Antes de que Trunks tenga fuerzas para reaccionar, el androide lo agarra del cuello.
Trunks extiende su mano, reclamando su espada, que vuela rápidamente a su mano.
El mestizo intenta propinar un espadazo al enemigo, pero éste le agarra el antebrazo.
– “Ya he tenido suficiente.” – sonríe Onisen.
El androide dispara su rayo ocular a la espada.
Trunks la sujeta con fuerza para no perderla de nuevo, pero Onisen mantiene su ataque, insistente.
La espada empieza a calentarse, poniéndose al rojo vivo.
Trunks resiste. Con su mano libre agarra el brazo de Onisen, intentado forcejear inútilmente.
La empuñadura quema al hijo de Vegeta.
– “¡¡AAAAAAH!!” – grita Trunks, que se niega a soltarla.
La hoja empieza a derretirse como la cera de una vela.
Mirai Trunks, incapaz de soportar más el dolor, deja caer la espada.
– “Je…” – sonríe Onisen, satisfecho.
La palma de la mano del mestizo está completamente quemada, con colgajos de piel desprendiéndose de ella, dejando al descubierto parte de su musculatura.
Mientras tanto, Pan, Bra y Ub se han acercado a la vaina de raíces que aprisiona al guerrero herajín.
– “Ub… ¿estás seguro…?” – pregunta Pan.
– “Puedo sentirlo…” – responde Ub.
Algo se mueve en el interior del capullo.
– “¡RÁPIDO!” – exclama el muchacho de Isla Papaya al darse cuenta. – “¡Ayudadme a…!”
En ese instante, una decrépita mano rompe la vaina de madera, sorprendiendo a los tres terrícolas.
– “¡AH!” – exclaman.
El grito de los muchachos ha llamado la atención de los presentes en el campo de batalla.
Las raíces ceden y dejan caer a un demacrado y consumido herajín, que hinca la rodilla sobre el suelo.
Instintivamente, Bra, Pan y Ub dan un paso atrás.
El caquéctico cuerpo se levanta lentamente, temblando y con dificultad para mantenerse en pie.
Onisen mira al cadavérico herajín, confundido ante su inesperado regreso.
Trunks, aún agarrado por el cuello, mira de reojo a su compañero.
– “Reitan…” – suspira el mestizo, casi sin voz.

Reitan, cuyos ojos parecen haber perdido el brillo de los vivos, mira al androide.
La respiración del androide es ronca y sibilante.
– “P… pagarás… lo que has hecho…” – dice Reitan con una voz grave que parece un estertor de muerte.
Onisen sonríe.
El androide lanza a Trunks hacia un lado, pues ha perdido el interés en él.
– “No me gustan los cabos sueltos.” – refunfuña Onisen.
Onisen dispara su rayo ocular contra Trunks que impacta contra su pecho y lo hunde en el pavimento.
Reitan da un paso al frente, torpe y e inestable.
– “Voy a… voy a vengarla…” – dice el herajín.
Reitan da otro paso, sutilmente más seguro.
– “O… Okure…” – murmura.
Un tercer paso, más firme.
– “Te vengare…” – repite. – “¡¡OKUREE!!” – ruge con voz de ultratumba.
Con un estallido de ki momentáneo, Reitan se abalanza sobre Onisen.
El androide sonríe con prepotencia al ver al herajín alzando el puño para golpearlo.
Pero para sorpresa de todos, el derechazo de Reitan impacta contra la mejilla de Onisen y éste es empujado hacia atrás y obligado a dar tres pasos para mantener el equilibrio.
– “¿Cómo…?” – se pregunta el androide.
Varias raíces pueden verse sobresaliendo de las heridas del herajín, pues invadieron su cuerpo para consumirlo.
Freezer lo observan detenidamente.
– “Casi no le quedan fuerzas…” – dice el tirano.
Cooler y Liquir miran con asombro al guerrero que ambos conocen.
– “Su determinación no flaquea…” – dice Cooler.
– “Reitan, el vengador.” – murmura el kurama.
Onisen recupera la compostura y sonríe al ver que la mano del herajín con la que ha le ha golpeado se ha roto con el impacto, quedando casi irreconocible.
– “Te niegas a morir…” – dice Raichi. – “Pero eres débil y tu cuerpo es frágil. Te queda solo un hálito de vida.”
Reitan ataca de nuevo sin dudarlo, dispuesto a propinarle un zurdazo.
Pero el androide intercepta el golpe agarrándole del antebrazo.
Sin mediar palabra, Onisen aprieta con fuerza la extremidad de Reitan hasta casi cerrar su puño, aplastando los huesos del guerrero herajín y dejando su antebrazo roto colgando como si fuera de trapo.
Pero como si fuera incapaz de sentir dolor, Reitan contraataca propinándole un codazo ascendente directo al mentón con su brazo libre, sorprendiendo al androide una vez más, levantando su barbilla.
Cuando Onisen baja de nuevo la cabeza, se encuentra con un cabezazo de Reitan directo al rostro que lo hace retroceder un paso atrás.
El herajín sangra por la frente tras el golpe, pero una vez más embiste al enemigo.
La mirada de Onisen se torna severa.
– “Suficiente.” – sentencia el androide.
Con un disparo de sus ojos, Onisen cercena la pierna derecha de Reitan por debajo de la rodilla, haciendo que éste caiga de cara contra el suelo.
Onisen lo mira con prepotencia, de pie frente a él, dando por acabado el combate.
– “Grrraggh…” – gruñe Reitan.
– “¡¿Hmm?!” – se extraña Onisen.
El herajín usa su brazo derecho para arrastrarse hacia el enemigo.
– “O… Okure…” – murmura con voz ronca.
Onisen coloca su pie sobre la cabeza del herajín, apretándola contra el suelo.
– “Grraagh…” – gruñe Reitan.
El androide aprieta sobre el cráneo del herajín.
Pero de repente, el suelo cede bajo sus pies y estalla en silencio, convirtiéndose en polvo luminoso.
– “Hmm…” – se eleva Onisen, retrocediendo hasta el borde del cráter recién formado.
El cadavérico Reitan se precipita al vacío.
Champa se encuentra al otro lado del cráter y ha destruido el suelo con su poder divino.
– “Hakaishin…” – murmura Onisen.
Zamas aparece detrás del gotokoneko con el herajín en brazos.
– “Dai Kaioshin…” – murmura el androide.
El ira-aru posa a Reitan en el suelo.
– “¿Sigue vivo?” – pregunta Champa.
– “A penas…” – responde Zamas. – “Pero sus heridas están más allá de mi poder.”
El Doctor Kamakiri sale de su escondite y camina hacia los Dioses.
– “Déjelo en mis manos.” – dice el doctor.
– “Cuide de él.” – asiente Zamas.
– “Haré lo posible.” – responde Kamakiri, arrodillándose junto al moribundo Reitan.
Zamas se levanta y se une a Champa.
Onisen y los Dioses se miran fijamente desde ambos lados del cráter.
Cooler y Liquir dan un paso al frente, dispuestos a intervenir.
– “Ya han tomado una decisión.” – les interrumpe Freezer, haciendo que se detengan inmediatamente. – “Como Dioses, son los responsables del destino del Universo.”
– “¿Quieres que los dejemos morir?” – replica Liquir. – “¿Facilitaría eso tus planes?” – clava su airada mirara en el tirano.
Cooler aprieta los puños con impotencia.
– “Pelearán porque saben que su legado está asegurado.” – responde Freezer.
Liquir entiende que hay verdad en las palabras del tirano.
– “Confiemos en nuestro maestro, esta vez.” – dice Cooler, recordando a Sidra.

mi madre, que intenso, la rabia e impotencia de mirai trunks de que no importa nada, un androide le arruinará la vida, y reitan, aún moribundo, si voluntad es lo único que le ha permitido moverse, levantarse y avanzar, esperemos que Bulma logré distraer a raichi desde dentro
esta guerra contrareloj contra el científico loco está increíble!!!
LikeLiked by 1 person
¡Me alegro de que te guste!
Cada vez esta mas complicado 😬
LikeLike
HOLA AMIGO MUY BUENA HISTORIA ONISEN/RAICHI ES UN VILLANO IMPLACABLE
CONSULTA CUANTOS AÑOS PASARON DESDE EL FINAL DE Z?
LikeLiked by 1 person
Muchas gracias!
Desde el final de Z ahora mismo han pasado unos 26 años.
LikeLike