ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Mark

El Campeón // Parte I: Mark

“Me sigue doliendo la rodilla.”

Mark, un hombre joven de 26 de ojos azules, alto, fornido y peludo, con cabello encrespado, bigote prominente y barba más corta pero descuidada, se despierta con el sonido del despertador; desganado lo apaga y se queda tumbado bocarriba unos instantes, con su mirada fija en el techo, luego cierra los ojos un momento y resopla, cogiendo fuerzas para afrontar el día. En la mesita hay una fotografía de una hermosa mujer de cabellera morena.

Mark se levanta de la cama, vestido solo con un bóxer blanco, y camina con inapetencia hasta el baño; enciende la ducha, espera hasta que sale agua caliente y entra. Tras una breve ducha, se seca y se detiene ante el espejo del lavabo; se rasca su descuidada barba, mira la maquinilla de afeitar de reojo durante unos segundos, pero finalmente se marcha sin afeitarse. 

Mark regresa al dormitorio, pasando por delante de la puerta de la habitación de su hija, decorada con pegatinas y dibujos de superhéroes. En el dormitorio se viste; pantalón de chándal rojo y una camiseta de tirantes blanca.

Mark se dirige a la cocina y prepara tortitas para su hija, mientras él se sirve un vaso de bourbon sin hielos y le da un trago. El despertador de la niña suena y él se apresura en dejar el vaso y terminar de preparar el desayuno. 

La niña de 5 años aparece vestida con un pijama de la serie de dibujos animados basada en el héroe mitológico Olibu, y escala la silla para poder sentarse a la mesa. 

Mark finge una sonrisa mientras le sirve dos tortitas que inunda en jarabe de arce mientas la niña aplaude contenta.

El padre despeina a la chiquilla, que ya ha empezado a devorar el desayuno, y se va al salón, donde encuentra la mochila de su hija, decorada con un dibujo del superhéroe CleanGod, tirada por el suelo y abierta, con lápices de colores esparcidos por todas partes. 

Mark los recoge y los mete en un estuche que luego introduce en la mochila y la cierra. 

En la cocina, la niña ha terminado de comer y espera a su padre, que le dice que se vaya a vestir o llegará tarde al colegio.

Mark regresa a su vaso de bourbon y le da otro trago.

El timbre suena y Mark va a abrir, pero antes esconde el vaso en una mesa cerca de la puerta de la entrada, donde las visitas no puedan verlo cuando abre. Es su vecina, que ha ido a recoger a la niña para llevarla a clase junto a su hijo, de la misma edad.

Mark, con una tierna sonrisa, se despide de su hija, que cuando ha oído el timbre ha terminado de vestirse rápidamente y sale escopeteada de la casa, contenta de ver a su amigo.

Mark cierra la puerta y su rostro vuelve a ser apático. Recupera su vaso casi vacío y lo apura mientras va a la cocina para servirse otro… pero acaba agarrando la botella antes de ir a sentarse en el sofá del salón para ver la televisión, que al encenderlo muestra KBC News y las últimas noticias sobre la reconstrucción de la Capital del Este. Coloca la botella sobre la mesa, se sirve otra copa y cambia de canal. Una estantería con trofeos de lucha repletos de polvo adorna la habitación. Él sigue haciendo zapping hasta que se topa con un partido de béisbol.

La casa es bonita, pero parece desatendida. No está sucia, pero sí desordenada.

Mark da otro sorbo a su bebida, luego inclina su cabeza hacia atrás y cierra los ojos, pero una llamada a su teléfono móvil, que vibra sobre la mesa, le saca de su trance; es su agente, German. Mark se queda mirando el número un rato, dudando si responder, y finalmente termina haciéndolo. 

– “¡Buenos días, Mark!” – exclama el agente. – “¿Cómo está mi campeón?”

No hay respuesta.

– “He hablado con Shota, el tipo de ZTV, y me ha estado vendiendo un combate muy interesante para ti.” – dice el agente. – “Conoce a un tipo con un perfil muy perfecto para tu regreso y que podría estar interesado en…”

Mark lo interrumpe.

– “Me sigue doliendo la rodilla.” – responde con hastío. – “No puedo pelear así. Ya lo sabes.”

– “¡Aún no lo has oído todo!” – exclama el agente. – “¡El combate se celebraría en…!”

Mark no le deja terminar y le cuelga el teléfono para después lanzarlo a la esquina del sofá antes de cerrar los ojos y volver a la posición en la que estaba.

El timbre suena de nuevo y despierta a Mark que, confuso, mira un reloj de pared; son las tres del mediodía. Se levanta con jaqueca, sus movimientos son torpes, choca contra la mesita que hay frente al sofá y la botella de bourbon vacía se tambalea. 

Mark abre la puerta; es su vecina, que ha regresado con los niños. 

Videl entra corriendo, contenta, tira la mochila sobre el sofá y enciende el televisor.

– “¡YA EMPIEZA CLEANGOD!” – exclama ella.

La mujer mira a Mark detenidamente y enseguida se percata de su estado. Amablemente, se ofrece para invitar a la niña a comer a su casa, diciendo que así los pequeños podrán jugar un rato.

Mark rechaza la oferta y se muestra antipático. Interpreta el gesto de su vecina como un ataque y eso le molesta.

– “Videl comerá en su casa con su padre.” – dice Mark.

La vecina se encoje de hombros.

– “Solo intento ayudar, Mark.” – dice ella con ternura. – “Me preocupa la niña y también tú. Desde que falleció Miguel…”

Mark le cierra la puerta en la cara. La mujer se estremece con el portazo.

Mark se frota la sien con vehemencia, intentando aliviar así su jaqueca.

Videl mira entusiasmada la serie de televisión. CleanGod hace una pose de héroe y una explosión ocurre a su espalda, dejando su silueta a contraluz.

El héroe se abalanza sobre un grupo de enemigos untados en barro y los noquea con facilidad, uno tras otro.

Videl se pone en pie e imita al héroe.

– “¡YA!” – exclama ella. – “¡HYAA!” – da patadas y puñetazos al aire.

Mark, anímicamente agotado, se sienta de nuevo en el sillón y sonríe al ver a su hija contenta.

Las horas pasan y anochece.

Videl ha caído rendida sobre la alfombra, frente al televisor.

Mark la coge en brazos y se la lleva a su habitación.

– “¿Ya es hora de dormir?” – pregunta Videl. – “Estaba viendo la tele…”

Mark la coloca en la cama y la tapa.

– “Qué mentirosa.” – responde su padre, sonriendo. – “Estabas bien dormida.”

– “No es verdad.” – protesta ella mientras se acurruca bajo la sábana.

– “Que descanses, preciosa.” – Mark le besa la frente.

Videl, no responde, pues ya se ha dormido de nuevo.

Mark sale de la habitación y cierra la puerta tras él. Su sonrisa se desvanece.

Mark se dirige a su habitación y abre el armario. Su interior es caótico. Hay ropa colgada, pero la mayoría está amontonada, como si hubiera tenido cierta intención de plegarla, pero lo hubiera hecho sin ningún empeño antes de lanzarla al fondo de los estantes.

Mark se viste con un pantalón negro, una camiseta interior de tirantes blanca, un jersey gris encima y una cazadora de cuero, y se dirige a la puerta.

Mark ha forzado su encrespado cabello hacia atrás con un poco de gomina y antes de salir de su casa, agarra de un perchero cerca de la entrada un sombrero fedora negro.

Mientras se lo coloca frente a un pequeño espejo en la pared, su teléfono móvil suena de nuevo. Esta vez es un número oculto. Mark descuelga.

– “¡Mark!” – dice una voz masculina. – “¿Qué cojones estás haciendo? Deberías estar aquí hace quince minutos.”

– “Estoy de camino.” – responde Mark.

– “He dado la cara por ti, colega.” – responde el tipo. – “No me jodas.”

– “Está bien.” – respondo Mark. – “Está bien.”

Mark guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y sale de su casa.

En un callejón de Orange City, Mark entra en un local de dudosa reputación. Es un antro de fiesta. Música alta. Oscuro y con luces de colores iluminando la pista de baile. Algunas mesas rodean la pista, a modo de pequeños reservados, destacando un gran reservado central que preside la sala, opuesto a un pequeño escenario en el que en ese momento está tocando un DJ.

Al entrar, un gigantesco y horondo hombre calvo con perilla que está en la puerta recibe a Mark.

– “Ya creía que no ibas a venir.” – dice el portero.

– “¿Te he fallado alguna vez, Piroshki?” – pregunta Mark.

– “Tío, tienes que tener cuidado.” – responde el grandullón. – “Esta gente no se anda con chiquitas. Yo he dado mi palabra por ti y vas a joderme el tinglado…”

En el reservado presidencial, un tipo bajito y rechoncho, con un traje beige de finas rayas azules, gafas doradas con cristales tintados de marrón y un puro en la boca, está sentado acompañado de dos bellas mujeres.

El hombre levanta la mano y reclama la atención de Piroshki y Mark sin necesidad de palabras.

– “Maldita sea…” – refunfuña el grandullón. – “Nos llama el jefe.”

Los dos hombres se acercan al reservado.

– “¡Al fin aparece!” – se burla el jefe. – “¿Cómo se llamaba tu amigo, Piroshki?”

– “Se llama Mark.” – responde el grandullón.

– “Siento el retraso, señor Cash.” – dice Mark.

– “Lo sientes.” – asiente Cash. – “Esto está bien.” – da una calada a su puro. – “¿Qué opinas, Piroshki?” 

– “Mark es un gran tipo.” – respondo el portero. – “Creo que aún no se ha adaptado a este trabajo, pero lo hará bien.”

Fullov Cash da otra calda a su puro.

– “¿Qué tal esa rodilla?” – pregunta Cash.

– “Mejorando, señor.” – responde Mark.

– “Me alegro.” – dice el jefe.

Fullov Cash da otra calada mientras despide a Piroshki con un simple gesto. El grandullón agacha la cabeza y regresa a su puesto.

– “Dile a la chiquilla que me traiga otra copa.” – le dice el jefe a Mark. – “Y luego ponte a trabajar.”

– “Por supuesto, señor Cash” – dice Mark haciendo una pequeña reverencia.

Mark acude a la barra, en el fondo del local.

– “¡Buenas noches, Mark!” – le saluda con alegría una joven muchacha de cabellera naranja y ojos miel, embutida en un vestido rojo ligeramente escotado. – “¿Qué te pongo?”

– “A mí nada.” – suspira Mark, apoyándose en la barra. – “Pero el jefe quiere otra copa.”

– “Supongo que lo de siempre…” – suspira ella.

– “¿No tienes clase mañana?” – pregunta Mark.

– “Ja. Ja. Muy gracioso.” – responde ella con retintín mientras prepara un cóctel.

– “Tienes que tener mejores salidas que esta, Pizza.” – insiste Mark.

– “¿Y tú no?” – pregunta ella.

– “Ahora mismo, tengo prioridades.” – responde Mark.

Mark y Pizza miran de reojo el reservado presidencial, donde Cash pone su cabeza entre los pechos de una las mujeres que lo acompañan.

– “No es gratis.” – dice Pizza.

– “Es un cerdo.” – dice Mark.

– “Un cerdo con mucho dinero.” – responde ella.

Pizza agarra el cóctel recién preparado y sale de detrás de la barra y se dirige al reservado.

Ella coloca la bebida en la mesa de Cash con una sonrisa y se marcha.

El jefe le mira descaradamente el trasero mientras ella regresa a la barra.

Mark observa el gesto y sacude la cabeza con desaprobación.

De repente, una pelea empieza en la sala de baile.

Piroshki da un paso al frente con la intención de intervenir, pero Mark le levanta la mano para que se detenga mientras se dirige hacia la escaramuza.

Un tipo grande y musculado, rubio, vestido con un polo blanco con rajas azules y un pantalón vaquero, parece estar causando problemas. El muchacho lleva unas copas de más y está empujando a los que tiene a su alrededor.

– “Algún problema, caballero.” – dice Mark, agarrando al tipo del hombro.

El muchacho se revuelve y aparta la mano de Mark.

– “Estos tipos están ocupando mi espacio.” – dice el tipo. – “Deberías hacer algo.”

– “Si eso es todo, caballeros, agradecería que zanjáramos el asunto sin armar mucho jaleo.” – insiste Mark.

El tipo se acerca a Mark para intentar intimidarlo. Pese a la estatura de nuestro amigo, el muchacho es aún más alto.

– “¿Y si quiero armar jaleo?” – dice el tipo, que procede a empujar a Mark.

Mark retrocede dos pasos y pierde su fedora.

– “Esta bien.” – suspira antes de ponerse en guardia.

Mark propina un puñetazo directo al abdomen del muchacho, que se dobla sobre sí mismo.

Mark lo agarra del pescuezo y del cinturón y lo lleva hacia la salida. La gente se aparta para dejarles paso.

Piroshki ya espera con la puerta abierta, y Mark lo lanza fuera del local.

– “Cabrón…” – dice el tipo. – “Me las vas a pagar…”

Mark lo ignora. La puerta se cierra. Piroshki se queda fuera.

– “Lárgate, muchacho.” – dice el grandullón. – “No busques más problemas.”

– “Esto no va a quedar así…” – protesta el tipo, que se marcha con el rabo entre las piernas.

Dentro del local, Mark se recoloca la chaqueta.

Cash esboza una media sonrisa desde su reservado, antes de dar otra calada a su puro.

Pizza pasa por al lado de Mark y le devuelve su fedora.

– “Súper Mark al rescate.” – le guiña el ojo. – “Si no te conociera, me darías miedo.”

– “¿Miedo por qué?” – pregunta él.

– “Eres un buen tipo… pero peleas como un demonio.” – responde ella.

ESPECIAL DBSNL /// Los dos grandes Súper Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XV: Vegeta, el Súper Saiyajín

Los dos grandes Súper Saiyajín / Parte XV: Vegeta, el Súper Saiyajín

“¿Por qué pensé en ella en ese momento…? ¡¿Por qué?!”

En un extraño planeta es de noche y Vegeta ha despertado. Los peculiares habitantes del lugar le han curado las heridas.

– “¿Qué significa esto?” – protesta el saiyajín. – “¡¿Dónde estoy?! ¡¿Y Granola?! ¡¿Y el cometa?!”

Vagos recuerdos de lo sucedido se cruzan por su mente. Entre ellos, Son Goku, transformado en Súper Saiyajín, agarrándole del brazo mientas el planeta vivía sus momentos finales.

– “Kakarotto…” – aprieta sus puños con rabia.

Un pequeño alienígena lo ve alterado e intenta atenderle, pero Vegeta lo aparta de un empujón.

Vegeta sale volando del extraño hospital.

En la Tierra de los Universos 6 y 7, en el Monte Paoz, la familia Son disfruta de un agradable y distendido desayuno antes de que Goku y Gohan salgan a entrenar. Piccolo les espera fuera, apoyado en el marco de la puerta.

En el extraño planeta en el que Vegeta ha despertado, el saiyajín ha volado hasta una remota zona montañosa, lejos de la metrópolis alienígena. El cielo esta completamente cubierto de nubes de tormenta que amenazan con truenos.

Vegeta se encuentra de pie, mirando al suelo, abatido.

– “Kakarotto…” – murmura el saiyajín. – “Incluso en el otro extremo del Universo no puedo librarme de ti… Siempre tienes que estar un paso por delante…” – recuerda al saiyajín salvándole antes de que el planeta estallara. – “¿Es que acaso te gusta humillarme? ¡¿Es eso?!” – aprieta los puños con rabia.

Empieza a llover.

– “Tú… y tus amigos…” – la imagen de Bulma pasa por su mente. – “Esa mujer…”

Recuerda el doble-KO con Granola, y de él poniéndose en pie para el último ataque.

– “¿Por qué…?” – gruñe el saiyajín. – “¿Por qué pensé en ella en ese momento…? ¡¿Por qué?!”

El saiyajín mira al cielo. La lluvia lo empapa.

– “¿Y ahora otro individuo se atreve a retarme? ¿Es que todos creen que pueden humillarme? ¿Al Príncipe de los saiyajín?” – protesta Vegeta. – “¡NO! ¡NO ME QUEDARÉ ATRÁS!” – exclama. – “Ya me arrebataste mi venganza contra Freezer… El saiyajín de la leyenda…” – imágenes de la llegada de Goku contra las Fuerzas Ginyu y de su llegada contra Freezer pasan por su mente. – “Jamás me había sentido tan insignificante…”

Vegeta aprieta los puños cada vez más fuerte.

– “¡A LA PORRA! ¡A LA PORRA LA LEYENDA!” – grita el saiyajín.

Sobre él, la tormenta es cada vez más violenta. Las manos del saiyajín sangran.

– “Este no puede ser mi límite…” – piensa Vegeta. – “No puede ser…”

Un viejo recuerdo sale a la superficie. 

Un pequeño Vegeta observa a Dodoria agarrando por el cuello a su padre y amenazándole antes de soltarlo con desprecio y abandonar la sala.

– “¿Por qué te habla así?” – retumba la voz del pequeño saiyajín. – “Tú eres el Rey… Somos saiyajín…”

– “Así es. Y tú eres el Príncipe de una raza de guerreros extraordinaria.” – responde el viejo Rey. – “Y vamos a trabajar duro para que se den cuenta de eso. Para poder decir con orgullo que somos saiyajín. Lucharemos para que, en el futuro, nadie se atreva a hablarte así a ti.”

El cabello del saiyajín se eriza. Sus ojos brillan de color verde. Un aura dorada nace a su alrededor, como un torbellino que crece desde el suelo.

– “¡¡YAAAAAAAH!!” – clama al cielo Vegeta.

La luz emitida por el Súper Saiyajín ilumina parcialmente la zona.

En la Tierra, en los Universos 6 y 7, la presencia de su compatriota llama la atención de Goku, que se detiene y mira al cielo con una media sonrisa dibujada en su rostro.

En los Universos 3 y 5, Goku yace en su cama, semiinconsciente. En su mente, nuestro amigo está sentado en una roca frente al mar, junto a un chico que viste un gi similar al suyo; el mismo que había visto en un sueño anterior. Un muchacho al que no puede verle el rostro.

Una pequeña luz dorada brilla en el cielo.

– “Vegeta…” – murmura el saiyajín, que dibuja una media sonrisa.

– “Eres un buen chico, Goku…” – dice el muchacho con una voz de anciano que no se corresponde con su aspecto.

Son Goku, confuso y sorprendido, lo mira y ahora reconoce a su nuevo acompañante.

– “Abuelo…” – se sorprende el saiyajín, con ojos llorosos.

Días más tarde, Vegeta llega a la Corporación Cápsula en una nave extraterrestre individual y aterriza en el jardín.

Bulma corre a recibirle.

– “¡Vegeta!” – exclama al verle salir del vehículo.

El saiyajín la ignora, pero Bulma lo abraza.

– “¿Qué haces, mujer?” – se incomoda el saiyajín.

– “Me alegro de verte.” – dice ella.

Vegeta la aparta, algo avergonzado y continúa su camino, dejándola atrás.

Pero tras dar unos pasos, el saiyajín se detiene.

– “Tengo algunas recomendaciones para hacer la armadura más práctica y resistente.” – dice Vegeta.

– “¿La armadura?” – se sorprende Bulma. – “¡¿No me digas que ya la has roto?!”

– “¿Eh?” – se sorprende el saiyajín.

– “¡Mira que eres bruto!” – le riñe ella. – “¡¿No puede tener más cuidado?!”

– “¡Es una armadura!” – replica Vegeta. – “¡Está hecha para recibir golpes!”

Brief observa sonriente la escena desde el balcón.

ESPECIAL DBSNL /// Los dos grandes Súper Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XIV: Granola, el cereliano

Los dos grandes Súper Saiyajín / Parte XIV: Granola, el cereliano

El Príncipe Vegeta seguirá el mismo destino que su raza…

El suelo se quiebra bajo los pies de Granola y Vegeta. Algunas porciones se hunden mientras otras se elevan. El estruendo es ensordecedor.

Los dos contrincantes se abalanzan el uno contra el otro y se propinan un puñetazo en la cara simultáneamente.

La nave pilotada por Hermila, un humanoide bípedo de piel verde y larga cabellera naranja cuya morfología recuerda a un ave, abandona el sentenciado planeta.

– “¿De verdad vamos a abandonarle?” – pregunta Yuzun.

– “Él lo ha pedido…” – dice Soshiru, con pesar.

En la superficie, el combate continúa.

Vegeta y Granola intercambian puñetazos. El saiyajín, pese a haberse recuperado gracias a las ondas blutz emitidas por el cometa, sigue malherido. El cereliano pelea con todo su empeño.

Granola intenta usar uno de sus certeros golpes, pero Vegeta ha entendido el peligro de la técnica y logra evadirla y contraatacar, propinando un puñetazo al cereliano en el rostro, arrancándole así el visor.

Vegeta pisa el aparato, que se hace añicos. 

– “Sin esto ya no podrás usar esos movimientos tan molestos…” – sonríe el saiyajín.

– “Bastardo…” – gruñe Granola, que se limpia la sangre del labio con su muñeca mientras se pone en pie.

El cereliano aprieta los dientes con rabia, pero una sonrisa se dibuja en su rostro.

– “No importa…” – dice Granola. – “Moriremos aquí los dos… El Príncipe Vegeta seguirá el mismo destino que su raza… Erradicados por un meteorito.”

– “El Planeta Vegeta fue destruido por Freezer.” – le corrige el saiyajín.

– “¿Eh?” – dice el cereliano, confuso. – “Pero… Si trabajabais para él…”

Vegeta escupe sangre al suelo.

– “Y así nos lo pagó…” – dice el saiyajín. – “El gran Freezer temía la leyenda Súper Saiyajín…”

– “Mientes…” – gruñe Granola. – “¡Mientes!”

– “No me importa si no me crees.” – dice Vegeta.

El saiyajín choca sus puños, listo para continuar.

– “¡Vamos!” – exclama Vegeta. – “¡Tengo que convertirme en un Súper Saiyajín antes de que sea demasiado tarde!”

– “¿Convertirte… en un…?” – se sorprende Granola.

Vegeta embiste.

La situación empeora. El meteorito está cada vez más cerca y se ve más grande en el cielo. El clima es alterado y las nubes forman una espiral que solo deja ver el astro sobre sus cabezas. Columnas de lava brotan del suelo.

Vegeta y Granola pelean, pero cada vez con menos fuerzas.

– “¿Por qué…?” – se pregunta el saiyajín. – “Voy a morir… ¡Voy a morir aquí! ¡¿Por qué no me transformo?! ¡¿Por qué no despierta el Súper Saiyajín dentro de mí?!”

– “¿Freezer los traicionó?” – se pregunta Granola. – “¿Son víctimas?” – recuerdos de Vegeta, Nappa y Raditz masacrando Cereal invaden su mente. – “¡NO! ¡Es un asesino! ¡Merece morir!”

Granola intenta golpear a Vegeta, pero el saiyajín le agarra del brazo y tira de él con fuerza para propinarle un cabezazo. La frente de ambos guerreros sangra y caen de espaldas al suelo, semi-inconscientes.

En Cereal, una joven y bella muchacha pasea por las calles del medieval planeta cargando una bolsa de comida cuando tres luces aparecen en el cielo, sobrevolando la ciudad hasta caer en el horizonte, en un núcleo urbano vecino.

La mujer adelante el paso hasta su casa y sube al primer piso, desde el que pretende ver mejor lo ocurrido. Al asomarse a la ventana es sorprendida por un cegador destello seguido de un gran estruendo y una ola expansiva que la empuja hacia atrás con violencia.

Mientras tanto, en la plaza de la ciudad, un grupo de cerelianos forman.

– “¡Es una invasión!” – informa el líder del improvisado escuadrón. – “¡Defenderemos Cereal!”

– “¡¿Quién nos ataca?!” – pregunta un soldado.

– “Estoy seguro de que es el Imperio…” – dice un joven Granola. – “¡Pero los repeleremos!”

– “¿Cuántos hombres habrán traído?” – pregunta un soldado.

– “Es el Imperio… Esperad un ejército…” – responde otro.

De repente, sobre ellos, en el cielo, tres siluetas flotando. Un grandullón calvo, un pequeño de pelo puntiagudo y otro tipo de mediana estatura y larga cabellera.

– “¿Eh?” – se sorprende Granola. – “Son solo tres…”

El grandullón alza su mano derecha y realiza un gesto con sus dedos índice y corazón.

La plaza salta por los aires.

Granola despierta entre los escombros. Silencio absoluto. Humo y polvo en el ambiente. Olor a quemado.

– “Compañeros…” – murmura el malherido cereliano.

Los cuerpos de su escuadrón están semienterrados entre el amasijo de roca.

El cereliano camina por las calles en ruinas.

– “Muesli…” – murmura Granola. – “Oatmeel…”

En el horizonte puede ver su casa en ruinas.

– “No… ¡Muesli!” – exclama casi sin voz, nervioso.

El cereliano intenta correr, pero se cae al suelo. De rodillas sigue avanzando.

– “Por favor… Por favor…” – repite sin cesar. – “Por favor…”

Al acercarse a su casa, entre los escombros puede ver a su esposa atrapada.

– “Muesli…” – sufre él. – “No…”

Granola aparta varios escombros y se arrodilla junto a su mujer, que entreabre los ojos con dificultad.

– “Cariño…” – llora el cereliano.

– “Lo siento…” – dice ella con una mano sobre su abdomen. – “Lo siento mucho…”

– “Tranquila…” – intenta consolarla Granola. – “Todo irá bien…”

Granola pone su mano sobre la de su mujer.

– “Oatmeel…” – llora ella. – “Oatmeel…”

– “Pagarán por esto…” – llora Granola. – “Te lo prometo…”

En su mente, Granola repasa el instante en el que ha visto a sus enemigos; las tres siluetas… y sus colas ondeantes.

– “Saiyajín…” – gruñe Granola.

En el horizonte, una nueva explosión.

– “¡¡Siguen en el planeta!!” – piensa el cereliano.

– “Granola…” – sufre su mujer.

– “Aguanta, Muesli…” – dice Cereliano, haciendo reposar a su mujer en el suelo. – “Yo me encargaré… Descansa.”

– “Granola…” – repite ella, intentando agarrar a su esposo.

Pero Granola no se detiene y sale volando hacia sus enemigos.

En una ciudad cercana, Vegeta, Nappa y Raditz masacran a los habitantes.

– “¡Ya has destruido dos ciudades, Nappa!” – protesta Raditz. – “¡Freezer nos pagaría mejor si te controlaras un poco!”

– “¡Solo me divierto!” – dice el grandullón.

Vegeta se harta de sus compañeros.

– “Acabad de una vez… Me voy a la siguiente ciudad.” – dice el saiyajín antes de alzar el vuelo.

De repente, algo golpea a Raditz, que sale disparado contra un edificio cercano.

– “¿Eh?” – se sorprende Nappa.

Granola, malherido y cansado, se planta frente a ellos

– “Bastardos…” – gruñe el cereliano.

– “Un cereliano…” – dice Nappa. – “¿De dónde sales tú?”

El saiyajín mira de arriba abajo a su enemigo.

– “Pero si estás casi muerto…” – sonríe el saiyajín.

Raditz se levante entre escombros, frotándose la mejilla.

– “Ese imbécil…” – gruñe el hermano de Kakarotto. – “¡Deja que me encargue de él, Nappa!”

Granola mira a su contrincante con asombro.

– “No… no le he hecho nada…” – piensa el cereliano, sorprendido.

Nappa se cruza de brazos.

– “Él te ha golpeado… supongo que es justo.” – refunfuña el saiyajín.

Raditz se sacude el polvo y se cruje el cuello y los puños.

– “Voy a divertirme un poco…” – dice el saiyajín.

Granola se pone en guardia. Una gota de sudor frío recorre su frente.

– “¡¡VOY A MATARTE, SAIYAJÍN!!” – grita, desesperado, antes de embestir.

Raditz le espera con una sonrisa macabra en su rostro.

En unos minutos, el combate ha terminado. Granola está tumbado en el suelo y Raditz le propina una patada tras otra.

Granola escupe sangre.

– “Sois… sois unos monstruos…” – dice el cereliano, magullado y malherido, sin fuerzas.

Nappa se acerca a él, lo agarra del cuello de la camisa y lo levanta sobre su cabeza.

– “Si te has sorprendido con el poder de esta piltrafa, ni te imaginas el poder del Príncipe Vegeta…” – se burla el saiyajín.

– “El Príncipe… Vegeta…” – repite Granola.

Nappa lo lanza a un lado y, antes de que caiga al suelo, le lanza un blast de ki. El cuerpo humeante del cereliano sale despedido.

– “¡Era mío, Nappa!” – protesta Raditz.

– “Tardabas demasiado.” – sonríe Nappa.

El cereliano abre los ojos. El planeta sigue quebrándose. El meteorito está cada vez más cerca.

– “Vegeta…” – murmura Granola.

El cereliano pone todas las fuerzas que le quedan en intentar levantarse.

Pero Vegeta también se está poniendo en pie.

– “No hemos… terminado…” – gruñe el saiyajín.

El cielo está completamente cubierto por el meteorito. Se acaba el tiempo.

Los dos se miran. Determinación en sus ojos.

– “¡¡YAAAAH!!” – gritan los dos a la vez.

El saiyajín y el cereliano se embisten. Un puñetazo simultaneo en el rostro de su contrincante. Doble K.O.

Antes de que los dos caigan al suelo, una luz dorada brilla entre ellos y los engulle.

El meteorito impacta contra el planeta. Una silenciosa explosión en mitad del espacio.

La onda expansiva sacude la nave de Hermila.

– “¡¡AGARRÁOS!!” – advierte el piloto.

Las luces de la nave parpadean. El vehículo tiembla violentamente. Todos se sujetan donde pueden para no caerse.

Cuando la calma regresa, frente a ellos, Granola está tumbado en el suelo.

– “¡¿Qué?!” – se quedan todos sorprendidos.

– “¡¡GRANOLA!!” – corre Soshiru a socorrerlo.

En un planeta remoto con seres pequeños de piel rosada, cabeza redonda y orejas formadas por tres protuberancias unidas entre sí por una membrana, vestidos con túnicas, Vegeta se encuentra tumbado en el suelo entre un grupo de esas criaturas que lo observan.

En la Tierra, Son Goku aparece en una colina cercana a su casa.

En los Universos 3 y 5, son Goku casi se desmaya, pero alguien lo sujeta antes de que caiga al suelo; es Piccolo.

– “Goku…” – dice una voz; es Piccolo. – “¿Por qué lo has hecho?”

Son Goku está sudando. No se encuentra bien.

– “No lo sé…” – sonríe el saiyajín.

– “En tu estado…” – murmura Piccolo, preocupado. – “Ha sido una estupidez.”

– “Es posible…” – Goku fuerza una sonrisa.

Goku cierra los ojos.

– “Gracias, Piccolo.” – dice el saiyajín.

– “¿Eh?” – dice el namekiano, confuso.

– “Cuando mi hermano se llevó a Gohan, me ayudaste.” – dice Goku. – “Gracias.”

– “¿Ahora me sales con eso?” – se burla Piccolo. – “Pensé que sería más fácil eliminar a Raditz si luchábamos juntos. Eso es todo.”

– “Je, je…” – sonríe el saiyajín. – “Claro… A veces se me olvida que eres el Rey de los Demonios…”

– “No bajes la guardia, Son Goku.” – sonríe el namekiano. 

Son Goku pierde el conocimiento.

– “Gracias a ti…” – murmura Piccolo.

En los Universos 6 y 7, Son Goku llega a la Tierra con una media sonrisa en su rostro.

– “Cuando despierte, querrá matarte.” – dice Piccolo.

– “Lo sé…” – sonríe Goku.

Piccolo sonríe de forma cómplice.

– “Puede que en el fondo no seas tan inocente e idiota como otros creen…” – dice el namekiano.

– “Je, je…” – ríe el saiyajín.

En los Universos 3 y 5, Piccolo lleva a Goku hasta su casa. Chichi sale a recibirlo mientras llora a moco tendido. Gohan la acompaña.

– “¡¡GOKU!!” – exclama ella. – “¡¿Qué le has hecho a mi marido?!” – le espeta al namekiano. – “¡¿A dónde te lo has llevado?!”

Gohan puede ver como el namekiano está claramente preocupado. Los cuatro entran en casa.

ESPECIAL DBSNL /// Los dos grandes Súper Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XIII: Justicia poética

Los dos grandes Súper Saiyajín / Parte XIII: Justicia poética

“Perdiste tu oportunidad en Dorakiya.”

Granola embiste a Vegeta, que se pone en guardia.

El cereliano tiene un peculiar estilo de lucha que recuerda al de los asesinos. Sus golpes son sencillos y directos, usando en su mayor parte sus dedos o nudillos para intentar golpear al saiyajín, que retrocede mientras esquiva a su enemigo.

– “Me sorprende que un cereliano haya logrado alcanzar este nivel…” – piensa Vegeta. – “Está muy por encima de las Fueras Ginyu…”

Granola retrocede de un salto y dispara una intensa ráfaga de proyectiles de ki desde sus dedos índice y corazón, obligando a Vegeta esquivarlos y salir volando hacia el cielo. 

El cereliano sigue disparando mientras Vegeta vuela.

– “Incluso supera a las formas iniciales de Freezer…” – piensa el saiyajín.

Vegeta ahora desciende en picado hacia el suelo.

– “Si me hubiera topado con él hace unos años… antes de atacar la Tierra… Hubiera sido mi final.” – cavila el saiyajín.

Vegeta dispara una esfera de ki contra el suelo, levantando una gran polvareda.

Granola cierra su ojo izquierdo para centrar toda su atención en el visor.

Vegeta avanza saltando de un lado a otro en el interior de la nube de polvo.

– “Pero el combate con Kakarotto y esas cucarachas… y el infierno que viví en Namek…” – piensa el saiyajín. – “¡Me hicieron mucho más fuerte!”

Granola localiza la silueta de Vegeta entre el polvo.

– “¡AHÍ ESTÁ!” – piensa el cereliano, que no duda en disparar. 

Vegeta se agacha. El disparo pasa entre su cabello.

– “¡Ggh!” – se preocupa el saiyajín.

Vegeta salta por los aires mientras genera dos esferas de ki blanco, una en cada mano, y las une frente a él.

– “¡¡HAAAAAAA!!” – dispara el saiyajín.

Un luminoso haz de ki se proyecta hacia el enemigo.

Granola parece aterrado ante el torrente de energía que se le viene encima.

El cereliano salta hacia un lado mientras se cubre con ambos brazos. El ataque de Vegeta impacta contra el suelo, provocando una gran explosión con mucha metralla y una gran humareda.

Granola cae rodando lejos de la nube de polvo y enseguida se pone en pie, listo para seguir peleando.

Vegeta desciende a su espalda.

– “Puede que me haya hecho demasiado fuerte…” – dice el saiyajín.

– “¿EH?” – se asusta Granola al oírle detrás de él.

El cereliano se aparta y le apunta con sus dedos.

– “Maldito…” – se preocupa Granola, que se ve superado.

Vegeta se cruza de brazos.

– “Maldición…” – murmura el saiyajín. – “Esperaba que este combate me acercara más a Kakarotto…”

Granola dispara y el ataque pasa rozando a Vegeta.

– “¿Hm?” – se extraña el saiyajín.

En el horizonte, algo estalla.

Vegeta se da la vuelta y ve la nave de la Corporación Cápsula en llamas.

– “¿Qué…?” – se sorprende el saiyajín.

Granola sonríe.

– “Je… je, je…” – ríe el cereliano.

Granola dispara de nuevo, esta vez destruyendo su propia nave.

– “¿Qué…? ¿Qué pretendes…?” – dice Vegeta, estupefacto.

– “Lo siento, compañeros…” – murmura el cereliano. – “Esta será también nuestra tumba…”

De repente, un terremoto sacude el planeta.

– “¡¿Qué has hecho?!” – pregunta Vegeta.

Granola mira al cielo y sonríe.


Vegeta mira en la misma dirección.

Un astro aparece en el cielo.

– “¿Una luna?” – se sorprende el saiyajín. – “No estaba ahí antes… ¡¿Es un…?!”

– “Se estrellará contra este planeta en unos pocos minutos…” – anuncia Granola. – “Se acabó.”

– “Maldito idiota…” – gruñe el saiyajín.

Granola, desesperado, ataca a Vegeta cuerpo a cuerpo.

Desconcentrado, el saiyajín esquiva los dos primeros ataques, pero el cereliano logra golpearle en el hombro izquierdo con sus dedos índice, corazón y anular a la vez.

El brazo de Vegeta pierde toda su fuerza y se queda inerte.

– “¿Eh?” – se sorprende el saiyajín. – “Cobarde…”

– “¡¿Ahora das lecciones de moral, asesino?!” – protesta Granola.

El cereliano embiste de nuevo y Vegeta se defiende hasta que agarra el brazo de Granola y lo acerca a él para propinarle un rodillazo en el abdomen que lo deja de rodillas en el suelo. 

– “Me has pillado desprevenido, pero soy más fuerte que tú…” – dice Vegeta. – “Perdiste tu oportunidad en Dorakiya.”

De repente, algo agarra el pie de Vegeta; es Yuzun, tumbado en el suelo, que ha transformado solo su brazo derecho para intentar retener al saiyajín.

– “Patético…” – dice Vegeta, que se libera levantando el pie y luego pisa la mano del haanschurui.

– “¡AAAH!” – grita Yuzun.

En ese instante, un malherido Shansua se abalanza sobre el saiyajín, propulsado por sus cañones de humo. Vegeta se cubre y el gufu rebota sin causarle problemas.

Vegeta le apunta con la mano y prepara una esfera de ki, pero antes de poder disparar Botamo le abraza por la espalda.

Vegeta intenta darle un cabezazo, pero el golpe no surge efecto en el kumotoko.

Granola prepara un golpe con sus dedos como el que le afectó al hombro. Soshiru le pone la mano en la espalda al cereliano y le imbuye de electricidad.

– “¡¿EH?!” – se asusta Vegeta.

Granola golpea al saiyajín en el abdomen, atravesando su armadura.

Vegeta puede sentir como la electricidad recorre su interior, pasando por sus puntos vitales.

Botamo deja caer a Vegeta al suelo. El saiyajín está inmóvil, con los ojos abiertos y la mirada perdida.

– “Ah…” – emite un sonido angustioso.

Granola, con su cuerpo humeante, cae de rodillas.

– “Lo siento, Granola…” – dice Soshiru.

– “Está bien…” – sonríe el cereliano.

El zalt ayuda a Granola a levantarse.

– “Se acabó…” – dice Soshiru.

– “Lo hemos logrado…” – dice Botamo.

Granola se levanta y mira con desdén al saiyajín caído.

– “Este será tu final, Príncipe saiyajín…” – dice el cereliano. – “Esperarás inmóvil una dolorosa muerte…”

Granola toca su visor.

– “Hermila… Espero que aún tengas tiempo de recogernos…” – dice el cereliano.

La banda se aleja, abandonando a Vegeta a su suerte.

Los efectos del cometa sobre el planeta ya son más evidentes. El temblor aumenta. Algunas rocas se elevan.

De repente, el visor alerta a Granola, que detiene su marcha. Su gesto muestra miedo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el zalt.

– “No es posible…” – dice el cereliano.

A su espalda, Vegeta se pone en pie con dificultad.

La banda de Granola se da la vuelta, incrédulos ante lo que tienen frente a sus ojos.

A Vegeta le ha crecido la cola.

Granola, al verlo, se da la vuelta y mira al cometa.

– “¡No puede ser!” – exclama el cereliano. – “¡Es el cometa! ¡Refleja la luz del sol! ¡Lo está usando como luna!”

Vegeta puede sentir el latido de su corazón cada vez más rápido e intenso.

Granola retrocede instintivamente.

– “Maldición… Esto puede ser peligroso…” – se preocupa el cereliano.

Pero de repente, Vegeta se agarra la cola.

– “¿EH?” – se sorprenden todos.

El saiyajín grita con todas sus fuerzas, un rugido simiesco.

– “¡¡GRRAAA…!!” – brama Vegeta.

El saiyajín se arranca la cola y su grito se torna humano.

– “¡¡…AAAaaah!!” – deja de grita. – “Ah… ah…” – recupera el aliento, cansado.


La transformación en ozaru se ha detenido.

Granola no entiende lo que sucede.

– “¿Qué…? ¿Por qué…?” – se pregunta el cereliano.

Vegeta lanza su cola a un lado.

– “Si quiero alcanzar a Kakarotto… no puedo recurrir a eso…” – murmura el saiyajín. 

Granola frunce el ceño, intentando comprender a su enemigo.

De repente, el cereliano da un paso al frente.

– “¿Qué haces?” – le dice Soshiru.

– “Marchaos.” – dice el cereliano.

– “No digas estupideces…” – protesta Yuzun.

– “Por favor…” – insiste Granola. – “Lo necesito…”

– “Te esperaremos.” – replica Shansua, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

– “Tenemos tiempo…” – reafirma Botamo, con voz temblorosa.

– “No…” – sonríe Granola. – “Ya os he pedido demasiado.”

Vegeta puede ver a los hombres de Granola alejarse mientras una nave desciende hasta la superficie del planeta.

Vegeta los ignora y centra su atención en Granola.

– “¿No intentas detenerlos?” – pregunta el cereliano.

– “Has cumplido tu parte…” – responde Vegeta.

Los dos se miran fijamente. La superficie del planeta empieza a quebrarse bajo sus pies.

En la Tierra, en los Universos 6 y 7, Son Goku está observando atentamente el cielo, abstraído del entrenamiento en el que se enfrentan Gohan y Piccolo.

En los Universos 3 y 5, Goku tiene un extraño sueño febril. Un joven de cabello negro, vestido con un gi de la escuela Kame se encuentra sentado en unas rocas, cerca del mar, de noche. Goku se acerca a él, confuso. Instintivamente, el saiyajín extiende su mano hacia el joven.

– “Lo siento…” – dice Goku, angustiado sin saber muy bien porqué.

De repente, un resplandor dorado baña la zona y a los dos personajes.

Son Goku se queda perplejo observando la fuente de luz que él y el misterioso muchacho tienen enfrente.