ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXIII: Azul marino

Red World / Parte XXIII: Azul marino

“¿Creéis que así vais a engañarme?”

Shugo se ha transformado. El comandante alienígena ha aumentado su musculatura. Sus ojos parecen más abiertos y redondos, como si se salieran de sus órbitas. Una amplia sonrisa helada en su rostro.

Los androides lo miran confusos al ver que su aspecto ha cambiado.

Shugo ladea su cabeza ligeramente.

El Número 17 rompe el silencio con su bravuconería.

– “Pero mira que cara de atontado se le ha puesto…” – se mofa.

Shugo da un paso al frente y el suelo se resquebraja bajo sus pies.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden los androides.

En un parpadeo, el extraterrestre se abalanza sobre el 17 y le propina un puñetazo en la cara que lo lanza a través del terreno de combate.

La Número 18 no puede creerse la velocidad y la fuerza que acaba de demostrar su contrincante.

Shugo pone su atención en ella, haciendo que la Número 18 reaccione alzando su barrera protectora.

El alienígena aterriza frente a ella y, mirándola fijamente con sus ojos saltones, pone sus dos manos en la barrera.


Sus palmas humeantes se deslizan por la superficie energética del orbe que envuelve a la Número 18.

– “Tsk…” – lo mira ella, asqueada.

De repente, Shugo empieza a empujar sus manos a través de la barrera, que se deforma como si fuera una pelota.

La Número 18 da un paso atrás, preocupada al ver que la barrera cede.

Shugo apoya su rostro en la barrera, abre su enorme boca y saca la lengua. Su saliva se evapora al entrar en contacto con la superficie energética, soltando vapor.

El extraterrestre parece disfrutar del miedo que empieza a notar en su enemigo.

La Número 18 apunta con sus dos manos a la cara del enemigo, a menos de un metro de distancia.

– “¡¡TOMA ESTO!!” – exclama ella.

Un poderoso disparo emana de las manos de la Número 18 directo a la boca de Shugo.

El impacto empuja al enemigo unos metros, pero pronto se detiene. Su garganta se hincha como el saco vocal de un sapo.

Cuando el ataque cesa, Shugo permanece en pie, con su cuello hinchado e iluminado.

La Número 18 da un paso atrás, asustada.

Shugo abre su gigantesca boca y así devuelve el ataque al androide, que se cubre ante el inesperado envite.

Mientras tanto, en el frente marítimo, los soldados celebran la victoria del gigantesco robot de la Red Ribbon.

El cuerpo humeante del pulpo gigante se hunde lentamente en el océano.

Pino suspira dentro de la cabina de su máquina.

– “Estos hombres ya están a salvo…” – murmura mientras teclea en su panel de comandos. – “Será mejor que ponga rumbo a la nave…”

Los soldados se reponen tras el ataque. Algunos son rescatados por pequeñas lanchas mientras otros ya reciben atención médica en cubierta.

Silver sacude su chaqueta empapada. Un médico militar se acerca para ofrecerle una manta térmica, pero él la rechaza.

En ese instante, Silver ve algo por el rabillo del ojo. El General Blue, empapado y manchado de sangre y tinta, camina por la cubierta.

Silver lo observa con recelo, pues lo vio caer en las fauces del kraken.

El médico militar también ha visto al general y corre hacia él para ofrecerle la manta.

Sin mediar palabra, Blue lo agarra del cuello con fuerza y lo levanta del suelo. Sigue apretando, estrangulándolo, rompiéndole el cuello, y no se detiene hasta decapitarlo.

El horror invade a los soldados, testigos de tan terrible escena.

Algunos hombres corren despavoridos. Unos pocos desenfundan sus armas y se acercan al enemigo.

– “¡¡GENERAL BLUE, DETÉNGASE!!” – exclama uno.

Los ojos de Blue se iluminan de color rojo antes de emanar un rayo de energía tan concentrado que corta por la mitad a los soldados.

Silver se esconde debajo de un camión, desde donde observa al enemigo.

Blue camina por la cubierta pasado el escondite del coronel.

Silver se da cuenta de que sobre la cabeza de Blue hay una extraña criatura lila aferrada.

El alboroto llama la atención de Pino, que recibe los gritos de auxilio por radio.

El robot se da la vuelta y se fija en el portaviones atacado, donde se da cuenta de que, en el borde del navío, de pie, impertérrito, le espera Blue.

– “¿General Blue?” – se extraña Pino.

Pero un rayo ocular del enemigo lo sorprende, impactando directo en el cristal de su cabina, rompiéndolo y colándose en ella, pasando a pocos centímetros de su cara y quemando parte del reposacabezas de su asiento.

Rápidamente el robot se cubre con su brazo, donde el material sí resiste el calor del ataque.

Blue se eleva lentamente mientras sigue disparando a Pino.

En los alrededores de la nave, la Número 18 ha sido alcanzada por el ataque de Shugo.

La androide se levanta del suelo con su ropa rota, pero sin muestras de sentir dolor.

Shugo sigue luciendo su macabra mueca.

El alienígena enviste de nuevo.

La Número 18 prepara un Dodonpa y lo lanza rápidamente, pero Shugo salta hacia un lado esquivándolo.

La androide dispara de nuevo, pero Shugo lo vuelve a evadir, y de un segundo brinco se presenta frente a ella.

Shugo propina un doble manotazo a la Número 18, atrapando su cabeza en un aplauso.

Los oídos de la mujer empiezan a sangrar.

Shugo se prepara para propinarle un puñetazo directo en la cara… pero en ese instante aparece el Número 17 y le propina una patada en el costado que lo aparta de su compañera.

Shugo da una voltereta y aterriza a cuatro patas, relamiéndose.

El Número 17 se coloca frente a la Número 18 en actitud protectora.

– “¿Estás bien?” – pregunta él.

La Número 18 no puede oír nada. El ataque de Shugo ha alterado sus sentidos.

– “Maldita sea…” – refunfuña el 17 al darse cuenta.

Shugo sonríe.

El Número 17 se pone en guardia.

– “Su fuerza y velocidad se han multiplicado…” – piensa el androide. – “Y parece que su resistencia también.”

Shugo ataca de nuevo.

El 17 mira de reojo a su compañera, que pese a su sordera parece lista para pelear.

– “Solo se me ocurre una cosa…” – piensa el androide.

La Número 18 da un paso al frente, mostrando que está lista.

– “¡ATAQUEMOS JUNTOS!” – exclama el 17.

Los androides se abalanzan sobre el enemigo.

Los dos flanquean a Shugo, que se detiene al dudar a quien seguir.

El 17 y la 18 corretean a su alrededor.

– “¿Creéis que así vais a engañarme?” – se burla Shugo.

Imágenes residuales de sus contrincantes aparecen a su alrededor.

– “¿Eh?” – se sorprende Shugo. – “Ya lo entiendo…” – refunfuña. – “Queréis atacarme por sorpresa, ¿no es así?”

Las yemas de los dedos de Shugo se iluminan.

– “¡¡NO LO CONSEGUIRÉIS!!” – exclama, lanzando rayos de ki a todo lo que se mueve, provocando una decena de explosiones a su alrededor.

Shugo mira entre la polvareda.

– “¿Dónde se han metido…?” – gruñe.

Pero de repente, una gran luz sobre él le alerta.

– “¿EH?” – mira hacia arriba.

En el cielo, los dos androides le apuntan haciendo un triángulo con las manos.

– “¡¡¡TWIN KIKO-HO!!!” – exclaman los dos.

Un poderoso torrente de energía emana de sus manos y cae sobre Shugo, engullendo al extraterrestre.

En el mar, Pino retrocede frente a los disparos de Blue.

– “¿Qué demonios…?” – sufre Pino. – “¿Qué significa esto…?”

Pino intenta agarrar a Blue, pero el general frena la mano del robot con su láser ocular.

Blue vuela directo hacia el gigante y choca contra su pecho, empujándolo y haciéndolo caer de espaldas.

– “Je…” – sonríe Blue.

En ese instante, los soldados empiezan a disparar al enemigo desde la cubierta del portaviones, intentando ayudar a Pino.

– “¡¡FUEGO!!” – ordena Silver.

Los disparos no afectan a Blue, pero le molestan.

Blue materializa una esfera de ki en su mano y la lanza contra el navío.

El orbe de energía aumenta de tamaño a medida que se acerca a los soldados, que ven con horror su final.

Pero en el último instante, un fuerte viento se alza de la nada y repele el ataque, remitiéndolo a Blue.

El general lo esquiva y el ataque sigue ascendiendo mientras se aleja para después caer repentinamente en medio del océano, provocando una lejana explosión.

Los soldados no entienden lo que ha sucedido y se miran unos a otros, incrédulos… hasta que se dan cuenta de que una hermosa mujer, vestida con extraños ropajes rojos y blancos, se encuentra entre ellos.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXII: Shugo

Red World / Parte XXII: Shugo

“Voy a abrirte en canal para ver qué podemos aprender de ti…”

En los alrededores de la nave extraterrestre, el Número 17 y Shugo siguen peleando.

El ataque cortante del comandante alienígena ha atravesado parcialmente la barrera protectora del androide y le ha hecho un corte en el pecho.

– “Tsk…” – protesta la creación de Gero.

– “Empiezo a comprender tus puntos débiles.” – sonríe Shugo. – “Diría que vuestro planeta ha dado un gran salto tecnológico gracias a lo que pudisteis rescatar de nuestro encuentro anterior.”

La Número 18 observa la interacción con atención.

– “Puede que os subestimáramos.” – continúa Shugo. – “Pero esta vez es muy distinto.”

– “¿Y eso por qué?” – pregunta el Número 17, con cierta chulería, mientras se arranca la camiseta.

– “Porque yo estoy aquí.” – responde Shugo.

El androide 17 esboza una media sonrisa pícara, intentando desacreditar al enemigo.

– “No me hagas reír.” – responde el Número 17. – “¡Jamás podrás derrotarnos! ¡A nosotros, no!”

El androide se abalanza sobre Shugo, pero éste desvía su zurdazo con su antebrazo izquierdo, con un elegante y técnico gesto, dejando expuesto el costado del androide.

– “Je…” – sonríe Shugo, confiado.

El androide se agacha antes de propulsarse rápidamente como si fuera un resorte y golpear las costillas de su enemigo, que crujen con el impacto.

Shugo controla el brazo del androide y lo proyecta contra el suelo realizando una técnica que parece de judo.

El androide queda incrustado parcialmente en el pavimento, sorprendido con la facilidad con la que ha sido contrarrestada su ofensiva.

Shugo apunta con su mano al androide.

Sin mediar palabra, con un poderoso disparo de ki, Shugo sacude la zona.

El androide ha podido apartarse en el último instante y sale volando de la nube de polvo generada.

– “Maldición…” – refunfuña el Número 17.

En el centro del impacto, Shugo espera con una sonrisa chulesca en su rostro.

– “Y sigue sin emitir ningún tipo de energía…” – confirma el extraterrestre.

El androide 17, frustrado, dispara a discreción contra el enemigo.

Una lluvia de blasts de ki cae sobre el terreno de combate, provocando docenas de explosiones.

La Número 18 se cubre con su barrera de ki.

Pero de repente, un corte invisible, solo perceptible por cómo se abre paso a través del polvo, sorprende al androide 17, que tiene que inclinarse hacia atrás en el último momento para no ser cortado por la mitad.

Cuando se reincorpora, el androide se encuentra con Shugo delante de él.

El extraterrestre empieza a propinar una tormenta de puñetazos al androide que lo pilla por sorpresa.

Casi de forma instintiva, el androide propina un golpe en la cara al enemigo con su mano derecha en forma de garra, deteniendo así ofensiva.

El androide retrocede recuperando la distancia y levanta su mano derecha hacia el cielo, con su dedo índice extendido.

– “¡¡DODONPA!!” – exclama el 17.

Cuando el androide apunta a su enemigo, un rayo de ki amarillo sale proyectado desde la yema de su dedo índice hacia el extraterrestre, sorprendiéndolo con su gran velocidad e impactando de lleno contra su pecho, empujándolo por el cielo varios metros de distancia.

La armadura de chugo está al rojo vivo, humeante, pero parece que el extraterrestre no ha sufrido ningún daño.

– “Que interesante…” – dice Shugo. – “Eres un juguete de lo más curioso…”

El Número 17 se sorprende al ver que Shugo sigue en pie tras la técnica supuestamente letal de la escuela Grulla.

El comandante alienígena abanica su armadura con la mano para enfriarla.

– “Voy a abrirte en canal para ver qué podemos aprender de ti…” – sonríe Shugo.

El extraterrestre se abalanza sobre el androide, pero se ve frenado repentinamente.

La Número 18, detrás de él, lo ha agarrado de la capa.

– “18…” – se sorprende el 17.

La androide gira sobre sí misma rápidamente, haciendo girar a Shugo a su alrededor hasta que se rompe su capa y el enemigo salde disparado contra una montaña rocosa cercana.

– “¡Te dije que no te metieras!” – protesta el 17.

– “Me he hartado de su chulería y de tu incompetencia.” – protesta ella. – “Acabemos con él de una vez.”

– “Tsk…” – protesta el 17, mientras se limpia la sangre de su labio.

Mientras tanto, en el mar, Watagash y el titán de hierro siguen enzarzados en su pelea.

El pulpo extiende dos de sus tentáculos hacia el enorme robot y atrapa así su brazo derecho.

El gigante mecánico hace emerger una gigantesca ametralladora de su antebrazo con la que dispara a discreción contra los tentáculos del pulpo, cercenándolos a balazos, liberándose así de su agarre.

El kraken, furioso, responde proyectando un chorro de tinta contra Pino, cubriendo al robot por completo e imposibilitando la visión de su piloto.

– “Maldición…” – protesta Pino.

El pulpo salta sobre el titán y enrolla sus tentáculos alrededor de él, inmovilizándolo casi por completo. Sus tentáculos se enrollan en sus piernas, tronco y brazos. 

Las alarmas suenan en la cabina de Pino.

– “¡No vas a derrotarme tan fácilmente!” – exclama el hijo de Gero. – “¡Estamos preparados para aguantar esto y mucho más!”

De repente, la punta de los tentáculos del pulpo se retrae y revela grandes y afiladas uñas con ligera forma de gancho que se clavan en el fuselaje del robot.

– “¡¿QUÉ?!” – se alarma Pino.

Las garras del kraken desgarran al robot, revelando parte de su estructura interna.

– “Bastardo…” – gruñe Pino.

Rápidamente, Pino activa una secuencia de interruptores a su alrededor.

– “¡AHORA VERÁS!” – exclama.

La compuerta en el centro de la panza del robot se abre, revelando un orbe brillante en su interior.

– “¡TOMA ESTO!” – aprieta un botón el piloto.

Pino aprieta un botón rojo y el orbe emite un disparo de energía verde que empuja al pulpo, haciendo que libere parcialmente al titán de hierro.

El robot da un paso al frente y Pino aprieta el botón de nuevo, haciendo que dispare una vez más.

El pulpo se cubre con cuatro tentáculos, pero el disparo es tan poderoso que los corta por la mitad.

El kraken, con sus dos tentáculos restantes, intenta alejarse del robot, pero Pino no piensa detenerse.

Una vez más, el robot carga su disparo.

Viendo cerca su final, Watagash libera a su huésped y corre por su rostro, buscando refugio en su boca.

Pino dispara. Esta vez el disparo de energía es mucho más amplio y engulle por completo al cefalópodo.

El disparo tiñe de verde toda la zona, cegando temporalmente a los soldados y las embarcaciones presentes.

Cuando el ataque cesa, un gigantesco pulpo asado es todo lo que queda, hundiéndose lentamente en el mar.

Los soldados estallan en júbilo. 

Mientras tanto, en los alrededores de la nave, Shugo se pone en pie.

Los androides 17 y 18 aterrizan frente a él.

El comandante extraterrestre sonríe con picardía.

La Número 18 ataca sin dudarlo y el Número 17 la sigue. 

Rápidamente flanquean a Shugo y le atacan a la vez.

El alienígena se defiende de los dos androides, pero poco a poco se ve abrumado por los insistentes golpes del puño ametrallador de la escuela Grulla.

Shugo abre su enorme boca y emita un extraño sonido parecido al croar de una rana que sacude a los androides, pues afecta a sus sentidos aumentados.

Aprovechando la situación, Shugo les apunta con las manos y las yemas de sus dedos se iluminan antes de disparar cinco rayos de energía a cada uno, que impactan directamente contra ellos.

Shugo mira rápidamente a los dos androides y decide atacar al Número 17.

– “¡VOY A ACABAR PRIMERO CONTIGO!” – exclama levantando su mano derecha extendida, lista para lanzar uno de sus ataques cortantes.

Pero el 17 pone las manos frente a su rostro.

– “¡¡TAIYOKEN!!” – anuncia, emitiendo un destello de luz que ciega a Shugo.

– “¡¿CÓMO?!” – exclama el alienígena, confuso ante la técnica de su rival.

Shugo, cegado, detiene su ataque y se frota los ojos, intentando recuperar su vista de algún modo.

En ese instante, la Número 18 le ataca por la espalda, lanzándose sobre él con los pies por delante, golpeándole en la espalda y empujándolo hacia delante.

El Número 17 lo intercepta y le propina un fuerte puñetazo en el abdomen que lo dobla sobre sí mismo.

– “¡GHAAA!” – sufre Shugo.

Tras golpear al enemigo, el 17 se aparta, pues la Número 18 ya prepara el golpe de gracia.

La androide apunta a Shugo con las manos juntas y los dedos índices extendidos.

– “¡¡DODON-HO!!” – exclama.

Un poderoso disparo de energía más poderoso que el Dodonpa sale proyectado de sus dedos e impacta en la espalda de Shugo, empujándolo a través del terreno de combate hasta, a través de la barrera protectora de la nave, hasta estrellarse contra la mismísima embarcación extraterrestre, generando una explosión.

Los androides sonríen victoriosos.

– “Misión cumplida.” – dice ella. – “La barrera ha caído.”

Pero Shugo no tarda en salir de entre los escombros.

– “Este tipo es la mar de resistente…” – protesta el 17.

Shugo mira a su alrededor, preocupado al ver que la nave ha sufrido daños.

– “Maldita sea…” – gruñe el extraterrestre. – “Esto me va a salir caro…” – dice mientras mira de reojo una cámara de vigilancia, sintiendo la presencia de su señor. – “Os arrepentiréis… ¡Os lo prometo!” – exclama.

Shugo aprieta los puños con fuerza y su musculatura aumenta. Su envergadura aumenta, volviéndose más musculoso.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXI: El gigante de hierro

Red World / Parte XXI: El gigante de hierro

“Los dos se han convertido en excelentes luchadores.”

En el campo de batalla, mientras unos cuantos battle jacket aún dan guerra a las tropas alienígenas, Krilín y Ten Shin Han luchan contra los cabecillas.

Basin está furioso al ver que su contrincante, un simple terrícola, le supera en habilidad.

– “¿Crees que puedes derrotarme así de fácil?” – gruñe el sink. – “¡Soy un soldado de élite del ejército del señor Chilled!”

– “¿Y a mí qué?” – resopla Krilín. – “Tú eres el que ha venido hasta aquí buscando pelea…”

– “No sabéis el grave error que cometéis al oponeros a él…” – continúa Basin. – “Este sector le ha sido asignado. ¡Este planeta le pertenece!”

Krilín frunce el ceño.

– “No sé de qué estás hablando, pero no me gusta tu tono.” – dice el terrícola. – “Bastantes problemas tenemos aquí como para que vengan ahora de otro lado a decirnos lo que hacer…”

Basin golpe sus puños frente a su pecho.

– “Te borraré esa sonrisa de la cara, enano.” – amenaza el sink. – “¡Seguro que si te mato conseguiré el favor del señor Chilled!”

Basin se abalanza sobre el terrícola, pero éste salta cientos de metros por encima de él, evadiendo el ataque.

El sink sonríe al ver a su enemigo en el cielo.

– “¡NO TIENES ESCAPATORIA!” – exclama Basin, que salta en persecución de su contrincante.

Krilín sonríe.

– “Ka… Me…” – prepara la técnica que le enseñó su viejo maestro. – “Ha… Me…” – un orbe de luz azul se materializa entre sus manos.

– “¿Eh?” – murmura un confundido Basin al ver tanta energía concentrándose en un punto… pero ya es demasiado tarde.

Krilín ha esperado a que el sink esté a menos de dos metros de distancia de él.

– “¡¡HAAAAAAA!!” – dispara la técnica de la escuela Tortuga.

El Kamehameha golpea de lleno al enemigo y lo remite al suelo a toda velocidad, donde termina con un gran estallido que sacude el campo de batalla.

Maringa, en el suelo tras recibir una tormenta de golpes de Ten Shin Han, mira hacia el lugar de la explosión, donde ve que Krilín acaba de lanzar su ataque.

– “No… no puede ser…” – titubea el butir. – “Basin…”

Ten Shin Han, en la pose de la grulla, advierte al alienígena.

– “Habéis cometido un grave error viniendo hasta aquí.” – dice el guerrero de tres ojos.

– “Espera… ¡ESPERA!” – exclama Maringa.

El butir agarra tierra del suelo disimuladamente.

– “Yo solo… yo cumplo órdenes…” – se excusa Maringa. – “Basin disfrutaba matando gente… pero yo no soy así… solo es un trabajo…”

Ten Shin Han abandona su pose y parece relajarse.

Maringa sonríe, listo para atacar.

– “No lo hagas.” – dice Ten.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el butir. – “¡¿Qué…?!” – intenta disimular.

– “Esa treta infantil no funcionará.” – advierte Ten.

– “Tsk…” – protesta Maringa, frustrado.

Al mirar al terrícola a la cara, el butir siente como sus tres ojos le observan fijamente, como si le vieran desde todos lados a la vez, como si la figura de Ten Shin Han fuera omnisciente.

– “¿Qué…? ¿qué eres…?” – pregunta Maringa.

– “Levántate.” – dice Ten, asertivo.

Maringa se levanta lentamente, sintiendo como le tiembla todo el cuerpo de una forma incomprensible para él.

Krilín desciende al lado de Ten Shin Han.

– “¿Aún no has acabado?” – pregunta el pequeño terrícola. – “¿A qué esperas?”

Maringa ve su oportunidad. Ahora o nunca.

El butir sale volando de regreso a la nave, apostándolo todo a su velocidad.

Una gran polvareda sacude la zona con su despegue. 

– “Maldita sea…” – lamenta Krilín.

En un instante ya es solo un pequeño punto brillante en el cielo azul.

– “¡JAJAJA!” – ríe Maringa. – “¡AHÍ OS QUEDÁIS, ESTÚPIDOS!”

Ten Shin Han coloca los dedos índice y corazón de sus dos manos a cada lado de su tercer ojo, concentrando su mirada en el enemigo. 

Un haz de luz disparado desde su ojo cruza el cielo en un instante y alcanza a Maringa en la espalda.

– “¡AAAH!” – grita el butir.

El soldado es derribado. Humeante, se precipita contra el suelo.

Krilín entrecierra los ojos y pone su mano en la frente a modo de visera para intentar ver lo que ha ocurrido.

– “¿Le has dado?” – pregunta el terrícola.

Ten Shin Han sonríe.

A su alrededor sigue la guerra entre el ejército y los invasores.

– “Echémosles una mano.” – dice Ten.

En la Atalaya de Kamisama, Roshi observa con atención lo que ocurre en la Tierra.

– “¿Qué tal les va?” – pregunta Popo.

– “Los dos se han convertido en excelentes luchadores.” – responde Dios.

Mientras tanto, en los aledaños de la nave, empieza el combate entre el androide Número 17 y el cabecilla invasor Shugo.

El Número 17 avanza directo hacia el enemigo, que le espera de brazos cruzados.

El androide le intenta propinar un puñetazo, pero Shugo, deslizándose sobre el suelo como si flotara a tan solo un milímetro de él, retrocede lo justo para evitar el golpe; el puño del Número 17 se queda a menos de un centímetro de su rostro.

– “¿Eh?” – se sorprende el androide, sin saber si ha calculado mal o el enemigo se ha movido.

El Número 17 intenta conectar otro puñetazo, pero sucede lo mismo.

– “Tsk…” – protesta el androide.

El Número 17 retrocede y se pone en guardia.

La Número 18 observa el combate.

– “Es rápido…” – piensa ella.

Shugo sonríe con prepotencia.

– “A pesar de atacarme no has emitido ningún tipo de energía.” – dice el extraterrestre. – “Empiezo a sospechar que no sois lo que aparentáis…” – añade mirando de reojo a la mujer.

El Número 17 sonríe.

– “Así que eres un listillo…” – dice el androide.

El androide dispara un blast de ki rápidamente, intentando sorprender a su contrincante… pero Shugo lo desvía hacia el cielo de un revés.

El Número 17 parece sorprendido, pero no desanimado.

– “Veo que no todo es cháchara…” – añade el androide.

– “No te confíes.” – le aconseja la Número 18. 

– “No te metas.” – protesta el 17.

Shugo los observa con una media sonrisa que pone de los nervios a su contrincante.

– “Me toca.” – avisa el extraterrestre.

Shugo apunta con su mano derecha al androide y las yemas de sus dedos se iluminan de color rojo.

Cinco proyectiles de energía independientes son lanzados contra el Número 17. Los disparos se separan ligeramente para bombardear al enemigo desde diferentes ángulos.

El androide levanta una barrera de energía para protegerse de los ataques, que estallan al chocar contra su defensa.

Shugo ataca de nuevo. Con su mano extendida y firme como si fuera una espada, gesticula un sablazo diagonal que emite un haz de ki que corta el aire a su paso y avanza rápidamente hacia el androide, que aguarda en el interior de su barrera protectora, creyéndose a salvo.

Pero la sorpresa del Número 17 es mayúscula al darse cuenta de que el área del ataque es tan pequeña que una porción logra atravesar la barrera, cortándole la ropa y el torso superficialmente.

El androide se mira la herida con incredulidad.

Mientras tanto, en el mar, la flota sufre el ataque de Watagash. 

Controlando un pulpo gigante se convierte en un azote para la flota de la Red Ribbon. A golpes de tentáculo, uno a uno destruye las embarcaciones terrícolas.

Pero de repente, un estruendo mecánico retumba en el mar y llega un oleaje en dirección contraria al que genera el kraken.

El gigantesco robot de Pino ha llegado y avanza hacia Watagash.

– “Enemigo a la vista.” – anuncia Pino. – “¡Inicio el ataque!”

De los hombros del titánico robot emergen unos lanzamisiles que liberan una ráfaga de doce proyectiles que surcan el cielo hacia el objetivo.

El pulpo se protege con sus tentáculos de la lluvia de fuego.

Cuando Watagash mira de nuevo a su enemigo se encuentra con que el robot ya está encima de él y le propina un puñetazo.

El gelatinoso pulpo encaja bien el golpe y enrolla sus tentáculos en los brazos del gigante de hierro.

Pino se da cuenta de la fuerza del enemigo, pues le cuesta mover al robot, aunque tire con fuerza de los mandos.

– “Ahora verás…” – refunfuña el piloto, que activa varios interruptores de su cabina.

El robot agarra los tentáculos del pulpo. Múltiples propulsores se activan en sus antebrazos y así aumentan la fuerza y velocidad a la que puede moverse.

El gigante tira de los tentáculos del pulpo con fuerza y lo levanta por encima de su cabeza antes de estamparlo contra el agua.

Las tropas supervivientes, algunos en las cubiertas de los navíos y otros en los puentes de mando, celebran la llegada del hijo de Gero. Entre ellos, Silver, que ha sido rescatado.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XX: Watagash

Red World / Parte XX: Watagash

“Tendremos recalibrado el armamento en unos minutos.”

En el mar, entre la flota terrícola, el soldado litt caído se hunde en las profundidades. 

Su cuerpo ha sido cercenado por el impacto del cañón de energía de Silver y le falta la mitad izquierda de su pecho y el brazo.

Watagash abandona a su huésped y nada hacia la oscuridad del fondo marino.

En el campo de batalla, Basin persigue a Krilín. 

El soldado sink demuestra tener una gran fuerza, pero Krilín, gracias a su menuda estatura y su gran agilidad, evade cada golpe del enemigo. 

Basin intenta propinar un puñetazo a Krilín, pero el terrícola se inclina hacia un lado para evadir el golpe. Basin intenta propinarle un revés con ese mismo brazo, pero Krilín se agacha y deja que el aspaviento del sink pase de largo sobre él. El soldado, frustrado, intenta pisarlo, pero Krilín rueda hacia un lado.

– “¡DEJA DE MOVERTE!” – protesta el sink.

Krilín sonríe.

El terrícola se detiene, fingiendo ceder a la petición del enemigo.

Basin lo toma como una provocación y se abalanza sobre él.

– “¡TE VAS A ENTERAR!” – exclama el sink, furioso, preparando su puño.

Pero el golpe atraviesa a un intangible Krilín, que resulta ser un espejismo.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Basin.

Krilín aparece detrás de su contrincante y le propina una fuerte patada en la nuca que lo lanza de cara contra el suelo.

Krilín se cruza de brazos mientras espera que su contrincante se levante.

– “Como dije antes…” – suspira con cierta resignación. – “Sois fuertes, pero no sois verdaderos luchadores.”

– “Grrrgghh…” – gruñe un humillado Basin.

Cerca de allí, Ten Shin Han se frota la nuca tras recibir un codazo de Maringa.

– “Es muy rápido…” – piensa el terrícola.

El butir da unos pequeños saltos, presumiendo de su velocidad.

– “Je…” – sonríe Maringa.

En un parpadeo, el soldado desaparece frente a los ojos de Ten.

– “¿Dónde…?” – se pregunta Ten, concentrándose en localizar a su contrincante.

Maringa reaparece a su derecha.

– “¡Ahí!” – piensa Ten, que rápidamente reacciona y se cubre ante la patada del butir.

Maringa retrocede.

– “Je…” – sonríe presumido el butir.

El soldado desaparece de nuevo.

Ten Shin Han se pone en guardia.

Maringa aparece sobre Ten y cae sobre él con una patada descendente.

Ten Shin Han reacciona, intentando cubrirse, pero no es lo suficientemente rápido y recibe un golpe directo sobre la cabeza que lo hace caer de rodillas.

– “¡SOY DEMASIADO RÁPIDO PARA TUS OJOS!” – exclama Maringa.

El butir desaparece de nuevo.

Ten Shin Han se pone en pie, pero antes de poder incorporarse del todo, recibe un nuevo golpe del enemigo, que como una centella naranja se choca con él. Otro golpe. Otro más.

Como un torbellino naranja, Maringa se mueve alrededor de Ten mientras le castiga. El terrícola es zarandeado de un lado a otro con cada golpe.

– “Tsk…” – protesta Ten. – “¡Suficiente!”

El terrícola realiza varios sellos con las manos.

– “¡¡HAAAA!!” – grita Ten.

Una onda expansiva invisible sacude la zona y frena repentinamente a Maringa cuando estaba embistiendo de nuevo a Ten.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el soldado. – “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta extrañado ante una sensación que jamás había percibido.

Ten Shin Han jadea ligeramente.

– “Este juego ha llegado demasiado lejos.” – refunfuña Ten.

El terrícola se quita la camiseta.

Maringa sonríe.

– “¡JAJAJA!” – se carcajea. – “No es un tema de actitud, chico…” – presume. – “Por mucho que lo intentes, la velocidad de los butir…”

Ten Shin Han deja caer su camiseta, que se incrusta en el suelo.

– “¿Eh?” – frena su discurso Maringa. – “¿Qué…?” – mira incrédulo la ropa de su contrincante.

Ten se quita las muñequeras. Deja caer la primera al suelo y ésta se queda incrustada en el pavimento.

– “¿Llevabas ropa pesada?” – se sorprende el butir.

Ten le lanza la otra muñequera y Maringa la caza al vuelo, notando el peso enseguida y teniendo que doblar ligeramente las rodillas para sostenerla.

– “¡¡PERO…!!” – entiende rápidamente qué tipo de enemigo tiene delante.

En un parpadeo, Ten aparece frente a Maringa y le propina un codazo en el abdomen que doblega al enemigo sobre sí mismo, que deja caer la muñequera de Ten.

Ten Shin Han continúa su ofensiva con su combinación de puñetazos metralleta que acaban empujando al butir a varios metros de distancia.

Ten levanta su rodilla derecha, realizando la pose de la grulla.

Maringa, en el suelo y con la nariz sangrando, mira asustado a su contrincante.

– “¿Cómo… cómo es posible…?” – se pregunta el soldado. – “¿Quién eres…?”

Mientras tanto, los androides han masacrado a los soldados alienígenas.

El Número 17 se adelanta a su compañera y se dirige a la nave mientras se cruje el cuello.

– “Esto es más fácil de lo que creía…” – dice el 17. – “Podría encargarme de todos ellos yo solo…”

– “No seas tan presumido…” – sonríe ella. – “Aún tenemos que librarnos de esa barrera…”

En ese momento, la nave abre una compuerta.

– “Hasta nos abren la puerta.” – bromea el Número 17.

Una pasarela se extiende y de ella se apea Shugo.

– “¿Este viene solo?” – se extraña la Número 18.

– “¿Es que ya se han quedado sin gente?” – añade el 17.

Shugo mira de reojo las cámaras de la nave, sintiendo la mirada de Chilled al otro lado.

El androide 17 carraspea para llamar su atención.

– “Esa capa es muy elegante.” – dice el androide. – “¿Eres el que manda?”

Shugo lo mira con desdén.

– “Je…” – sonríe el extraterrestre. – “El señor Chilled no va a ensuciarse las manos con seres insignificantes como vosotros…”

– “Insignificantes, ¿eh?” – responde el 17. – “Número 18; voy a encargarme de este tipo.”

– “¿Estás seguro?” – pregunta ella. – “Tenemos órdenes…”

– “Será solo un minuto.” – insiste el 17.

En el despacho Real, todos ven a la Número 18 retroceder para dejar a su compañero pelear solo.

– “¡¿Qué están haciendo?!” – gruñe el Comandante Red.

– “Hmm…” – murmura Gero, que no responde, pero parece molesto con la actitud de su androide.

El Oficial del Estado Mayor Black se da cuenta del malestar del doctor.

Mientras tanto, en el mar, el general Blue recibe atención médica en la cubierta del portaviones, mientras el coronel Silver, aún sentado en su cañón, recibe una toalla húmeda por parte de un soldado de menor rango.

Silver se limpia la frente.

– “¿Cuándo estaremos listos de nuevo?” – pregunta el coronel.

– “Tendremos recalibrado el armamento en unos minutos.” – responde el soldado. – “El ataque ha mermado la flota, pero el Capitán Dark ya ha está organizando la contraofensiva.”

Blue se queja cuando el enfermero aprieta su vendaje, pero luego lo mira con picardía, incomodándolo.

El portaviones se tambalea con un oleaje inesperado.

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

Silver se levanta, dolorido.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta.

De repente, un enorme tentáculo emerge del mar y cae sobre el portaviones, partiéndolo por la mitad.

Otro tentáculo brota del agua cerca de un acorazado y se enrolla en él, estrujándolo como si fuera de juguete.

Cunde el pánico de nuevo entre los marineros.

– “¡¡NOS ATACAN!!” – exclama un soldado.

– “¡¡UN MONSTRUO!!” – grita otro.

Silver observa desde su asiento como siete tentáculos destrozan la flota.

El coronel lanza la toalla a un lado y se pone de nuevo a los mandos del cañón, apuntando a uno de los tentáculos.

Con un disparo certero revienta varias ventosas de la titánica criatura.

Pero de repente, el octavo tentáculo emerge del mar al lado de la embarcación de Silver y cae sobre él.

El coronel tiene que abandonar su puesto y correr para no ser aplastado por el inmenso tentáculo que golpea el barco como si fuera una guillotina, partiéndolo en dos; Silver tiene que saltar al mar.

Entre la oscuridad del océano, el coronel adivina la silueta de un gigantesco pulpo bajo la flota.

Mientras tanto, Blue se sujeta a una barandilla del portaviones para no caer al mar. El kraken levanta la mitad del navío a la que el general se sujeta.

A cientos de metros de altura, Blue mira el océano a sus pies.

Lentamente, la cabeza del pulpo se hace visible bajo la superficie hasta que emerge creando una gran cúpula de agua antes de abrirse paso a través de ella, creando un fuerte oleaje que azota la flota restante.

El pulpo parece sacado del mismísimo infierno. Piel roja lisa y viscosa. Un rostro ligeramente humanoide con enormes ojos amarillos y gigantesca boca dentada que se abre para dejar caer en ella los escombros del navío que sostiene sobre ella.

Blue se resbala, pero se niega a caer. Se sujeta de nuevo como puede.

Pero una nueva sacudida significa su final. Blue cae a la boca del monstruo.

En el hangar de la Red Ribbon suenan las alarmas. El Capitán Dark ha pedido ayuda.

Las reacciones de la Doctora Oli y de Pino son muy diferentes. El soldado, ansioso por entrar en acción, aprieta todos los interruptores de la cabina del titán robótico, iniciando la secuencia de despegue. Oli, en cambio, con el corazón encogido, observa como su hijo se prepara para marchar a la guerra.