DBSNL // Capítulo 363: Memoria

DBSNL // Capítulo 363: Memoria

“¿Vosotros también lo habéis visto?”

Onisen dispara su rayo ocular contra Cell, pero éste genera una pequeña pero concentrada barrera de energía sobre su brazo izquierdo que blande como si fuera un escudo real, y con él repele el disparo para contraatacar enseguida con el Makankosappo, proyectado desde sus dedos índice y corazón de la mano derecha.

Onisen evade el ataque desplazándose rápidamente hacia un lado.

Dabra invoca una lanza y se abalanza sobre el androide de Raichi por la espalda, dispuesto a atravesarlo de una estocada… pero Onisen se revuelve y agarra el arma.

– “Je…” – sonríe el androide.

Dabra levanta su mano izquierda y materializa de nuevo su espada, con la que pretende partir al enemigo en dos… momento que Onisen aprovecha, pues la guardia abierta del demonio lo deja vulnerable a un disparo ocular certero en su pecho que, lo empuja; pero no contento con eso, Onisen concentra más sus rayos, disminuyendo de diámetro hasta que atraviesa en pecho de Dabra.

– “Bhaagh…” – escupe sangre del demonio.

Broly sobrevuela al androide mientras prepara su ataque, concentrando su ki en su mano derecha.

– “¡¡RIOT JAVELIN!!” – exclama el saiyajín antes de lanzar su ataque.

La esfera de ki cae perpendicular sobre el androide, dejando detrás una fina estela de energía.

El ataque cae sobre el planeta como una bomba, devastando el área y levantando una gran polvareda.

Dabra ha caído al suelo tras ser atravesado por Raichi. Su herida sangra, dejando un charco en el suelo.

Pero el demonio no se da por vencido y se pone en pie.

Entre la polvareda, Dabra adivina la figura de Zahha, que camina hacia él arrastrando una de sus espadas. El espadachín del futuro no tiene mejor aspecto que el pobre diablo.

– “Tú…” – gruñe el demonio. – “¿Qué estás haciendo?”

Zahha se detiene y cae de rodillas.

Dabra camina hasta él y le mira detenidamente. Las heridas del torso del espadachín siguen sangrando y está pálido y débil.

– “Creo que tu pelea ha terminado.” – dice el demonio. – “Puedes descansar.” – sentencia antes de seguir su camino.

– “¿Por…? ¿Por qué…?” – pregunta Zahha.

– “¿Eh?” – se detiene Dabra al oír su voz.

– “¿Por qué un demonio… lucha codo a codo… con los Dioses…?” – pregunta el espadachín.

– “¿Tienes una idea mejor?” – refunfuña Dabra.

– “No…” – responde Zahha. – “No evadas mi pregunta…”

Dabra frunce el ceño.

– “Podrías… podrías huir…” – dice Zahha. – “Escapar a los confines del Universo… vivir una vida plena… hasta que las raíces te alcancen…” – continúa. – “Pero todos… todos peleáis… Incluso sabiendo cómo acabará esta historia…”

Dabra lo mira por encima del hombro, muy serio.

– “¿Vivir esperando la muerte?” – responde el diablo. – “Ya he pasado suficiente tiempo en el Makai. No, gracias.” – añade. – “Además…”

El demonio esboza una media sonrisa.

– “No siempre he sido un demonio.” – sentencia Dabra.

Las palabras del diablo despiertan algo dormido en el corazón de Zahha. Imágenes de una vida anterior. Una cabaña en una pradera rodeada por bosque. Dos niños pequeños agarrándole de la mano para que vaya con ellos a jugar.

Dabra sale volando hacia el enemigo, dejando atrás al espadachín, arrodillado y en estado de shock.

– “¿Quién…? ¿Quiénes son…?” – se pregunta Zahha. – “¿De quién son… estos recuerdos…?”

Mientras tanto, en el interior de la mente de Onisen, Bulma asciende corriendo por la infinita torre, perseguida por el tamagami Ka, que desde el exterior de la torre lanza su tridente a través de las paredes.

Las escaleras se derrumban detrás de Bulma, que apunto está de precipitarse al vacío.

Agotada, la doctora llega a la cima. Bajo una cúpula, pantallas y teclados de una computadora rodean el gran cilindro de luz verde que se proyecta tanto hacia el pie de la torre como hacia el cielo, escapando por un hueco en el centro de la cúpula.

Bulma corre hacia el ordenador cuando la pared estalla, empujándola al suelo.

La pared y gran parte de la cúpula han desaparecido. Ka aterriza delante de Bulma y le apunta con su tridente.

– “Ay… ay…” – gatea Bulma hacia atrás, con miedo.

El tamagami coloca la punta central de su tridente en la barbilla de la doctora.

– “Bastardos…” – protesta Bulma, viendo cerca su final.

En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Hedo y los demás observan con horror e impotencia la escena.

– “¡La va a matar!” – se preocupa Oli.

– “¡ABUELA!” – exclama Gohan Jr.

– “¡¿Qué puedo hacer?!” – se lleva las manos a la cabeza Hedo.

De repente, un glitch sacude la pantalla.

– “¿Eh?” – se extraña Hedo, viéndolo de reojo.

El doctor se acerca a la pantalla.

– “¿Qué…?” – se extraña.

– “¿Vosotros también lo habéis visto?” – pregunta Norimaki desde Villa Pingüino.

Ka prepara su tridente para dar el golpe de gracia a Bulma.

Pero de repente, la realidad se fragmenta como un cristal esmerilado.

Sin que ni el tamagami ni Bulma se hayan dado cuenta, un individuo ha aparecido como por arte de magia delante de la doctura, pisando la punta del tridente de Ka, clavándolo en el suelo.

– “¡¿Quién…?!” – se asusta la doctora al verlo. – “¡AH!” – se sorpresalta. – “¡TÚ ERES…!”

Hit clava una desafiante mirada al tamagami.

Dibujado por Ipocrito

En la Corporación Cápsula, Hedo y los demás ven con sorpresa al recién llegado.

– “¿Quién es ese…?” – se pregunta Hedo, confuso.

Gohan Jr., sin mediar palabra, sale corriendo de la sala.

– “¡¿A dónde vas?!” – se sobresalta Hedo. – “¡MUCHACHO!”

Ka tira con fuerza de su tridente y Hit levanta su pie para liberarlo… pero antes de que el tamagami pueda armar un ataque, el asesino aparece frente a él en un parpadeo y le propina un puñetazo en el abdomen que lo empuja fuera de la torre.

– “Hit…” – murmura Bulma. – “¡Eres Hit, ¿verdad?!”

El asesino mira a Bulma por encima del hombro.

– “Eres la madre de Trunks, ¿verdad?” – dice Hit.

– “¡Estás vivo!” – exclama ella. – “¡Trunks…! ¡Y Punch…!”

– “Mi consciencia sigue presente en el sistema de Raichi.” – interrumpe Hit. – “Estoy al tanto de lo ocurrido.”

– “Tu familia…” – se alegra Bulma.

Hit esboza una tierna sonrisa inusual en el asesino.

– “Yo me encargaré de los guardianes.” – dice Hit.

A los pies de la torre, los tres tamagami se han reunido.

Hit camina hasta el borde de la torre y los observa.

Bulma se levanta y se acerca al ordenador.

– “Bulma.” – dice Hit.

– “¿Sí?” – se detiene ella.

– “Dale las gracias a Trunks.” – sentencia.

Bulma asiente.

– “Mucha suerte.” – responde.

Hit se precipita de cabeza al vacío, directo hacia los tres tamagami que ascienden a su encuentro, con sus armas preparadas para el combate.

DBSNL // Capítulo 359: Reitan, el vengador

DBSNL // Capítulo 359: Reitan, el vengador

“El origen de vuestro poder es también vuestra mayor debilidad.”

El árbol sigue creciendo en el planeta oscuro gracias a la energía robada a los herajín.

Mirai Trunks contempla con horror lo sucedido a su compañero.

– “Reitan…” – murmura el mestizo. – “No…”

Onisen analiza a sus adversarios, que esperan en guardia y con miedo a ser los siguientes. 

Las raíces brotan del suelo alrededor del androide y bailan a su alrededor como serpientes encantadas, como si respondieran a su voluntad.

Bra, Pan y Ub, en guardia, observan al enemigo.

– “¿Ha estado jugando con nosotros hasta ahora?” – se pregunta Bra. – “Qué humillante…”

– “¿Crees que podemos acercarnos sin ser atrapadas por esas cosas?” – pregunta Pan.

Ub se fija en las raíces, que siguen creciendo.

– “El árbol cada vez es más fuerte…” – dice el terrícola. – “A este paso, todos acabaremos convertidos en abono.”

Goten, Trunks, Ikose y Marron, reunidos en otro punto del bosque, también esperan en guardia.

– “Ese tipo ha acabado con esos dos guerreros herajín en un santiamén.” – aprieta los puños Goten, frustrado.

– “Qué muerte tan horrible…” – murmura Marron, asustada.

– “No podemos rendirnos…” – dice Ikose.

– “Mamá…” – piensa Trunks. – “Date prisa… ¡Te necesitamos!”

En el interior de Raichi, Bulma sigue corriendo por la autopista virtual, agotada, pero sin tiempo para recuperar el aliento.

– “¡YA LLEGO!” – exclama ella, intentando motivarse.

La torre de luz está cada vez más cerca y su entrada ya puede intuirse desde la distancia.

En el planeta oscuro, Granola y Piccolo también estudian con atención al enemigo.

– “Raichi es un verdadero monstruo…” – dice el cereliano. – “Solo le mueve el conocimiento; el descubrimiento. No tiene escrúpulos.”

– “Tú le conoces más que nosotros.” – responde Piccolo.

– “Es un psicópata, pero…” – responde Granola. – “Sus cálculos no fallan.”

– “¿Te das por vencido?” – sonríe Piccolo, intentando provocar al cereliano.

– “No he dicho eso…” – responde Granola, apretando los puños.

Zamas observa el campo de batalla desde una colina. Las raíces cubren casi por completo la superficie del planeta y se extienden hacia el cielo, perdiéndose en la oscuridad del espacio.

A su lado, Champa coloca su mano sobre una raíz, intentando eliminarla con el Hakai, sin éxito.

– “No funciona…” – refunfuña el gotokoneko. 

Zamas se deja caer de rodillas.

– “Hemos fracasado…”- murmura el Dai Kaioshin. – “Como Dioses… hemos fallado.”

– “Si Beerus hubiera estado aquí…” – murmura el Hakaishin. – “Puede que él hubiera hecho mejor las cosas…”

La superficie rocosa del planeta ya no es visible bajo las raíces.

Son Gohan, malherido y cansado, lucha para no ser enterrado completamente por las raíces cuando, de repente, Broly le da la mano y tira de él con fuerza para sacarlo del embrollo.

El saiyajín pone al mestizo sobre el su hombro como si fuera un saco.

– “¿Estas bien?” – pregunta Broly.

– “Me has salvado.” – sonríe Gohan aliviado, pero sin fuerzas. – “Gracias.”

– “Je…” – sonríe el saiyajín.

Dabra aterriza a su lado.

– “Son Gohan…” – refunfuña el diablo. – “No nos sirve en este estado…”

– “Lo siento…” – sonríe Gohan. – “Me ha dado… una buena paliza…” – responde con sinceridad.

Cell se une al grupo.

– “Si su energía se une a la del árbol, tendríamos problemas serios.” – dice el insecto. – “¿No crees?”

– “Tsk…” – protesta el Rey de los Demonios.

Onisen clava su mirada en el grupo. Ha elegido a su próxima víctima.

– “Maldita sea…” – gruñe Dabra, invocando su espada.

– “Ahí viene.” – se pone en guardia Cell.

Broly da un paso atrás, preocupado por Gohan.

De repente, las raíces dejan de crecer.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Ub. 

Pan se dan cuenta de que su compañero ha sentido algo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta ella.

– “No estoy seguro…” – dice Ub.

El chico de Isla Papaya mira a la vaina que encierra al guerrero herajín.

– “Parece que el árbol ha dejado de recibir energía…” – dice Ub. – “Pero…”

Onisen, que ya caminaba hacia Gohan y los demás, se detiene.

– “¿Eh?” – mira a su derecha.

Mirai Trunks, furioso, se abalanza sobre él.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el mestizo, armado con la espada de Whis.

El espadazo pasa a través del enemigo como si nada.

– “¡TE MATARÉ!” – grita el mestizo, airado por la muerte de su compañero.

Dabra y Cell miran al mestizo con cierta decepción.

– “Ese idiota hará que lo maten…” – refunfuña el Dabra.

– “No parece propio de él…” – añade Cell.

Gohan no puede ver el combate, pero sufre por su amigo, pues puede sentir la desesperación en su energía.

– “Trunks…” – murmura el mestizo.

El mestizo propina espadazos sin ton ni son ante la inexpresiva mirada de Onisen.

– “Patético…” – suspira el androide, con cierto tono de aburrimiento.

El androide desarma a Trunks con un revés con la mano derecha en la muñeca del mestizo y con la misma mano le propina un guantazo que le hace escupir una muela.

– “El origen de vuestro poder es también vuestra mayor debilidad.” – sentencia Raichi.

Trunks retrocede y apunta al enemigo con las dos manos. Su aura se transforma en un orbe de ki toma forma a su alrededor y se expande, desintegrando las raíces que toca.

Onisen lo mira poco impresionado.

El aura genera una corriente giratoria que se revuelve concentrándose frente a las manos de Trunks.

– “¡¡MUEREEEE!!” – dispara el mestizo.

Del aura nace un torrente de energía que se proyecta directo hacia el enemigo.

Broly, Cell y Dabra se ponen a cubierto.

El destello del ataque ilumina el planeta.

Todos los guerreros tienen que cubrirse ante la cegadora luz y la violenta y ardiente ventisca desatada por la técnica del mestizo. 

El ataque desintegra el entramado de raíces que encuentra a su paso antes de abandonar el planeta y perderse en el espacio infinito.

– “Ah… ah…” – respira con dificultad un agotado Mirai Trunks.

Cooler y Liquir se levantan entre la polvareda levantada. Detrás de ellos, el cuerpo de Turles está protegido por una cúpula de energía fucsia.

– “Qué poder tan increíble…” – murmura el kurama.

– “¿Aún le quedaba tanta energía?” – se pregunta el demonio del frío.

Freezer aterriza entre ellos.

– “Sería una demostración de poder impresionante…” – dice el tirano. – “Si no fuera completamente inútil.” – sentencia.

Cuando la polvareda se disipa, Onisen sigue en pie e impertérrito en mitad del surco dejado por la técnica de Trunks.

Cell se levanta y mira al agotado mestizo.

– “Te has dejado llevar por las emociones y has malgastado todas tus fuerzas…” – piensa Cell. – “Esta vez, eso no funcionará.”

Onisen camina hacia el mestizo con paso firme pero tranquilo hasta llegar a él.

Antes de que Trunks tenga fuerzas para reaccionar, el androide lo agarra del cuello.

Trunks extiende su mano, reclamando su espada, que vuela rápidamente a su mano.

El mestizo intenta propinar un espadazo al enemigo, pero éste le agarra el antebrazo.

– “Ya he tenido suficiente.” – sonríe Onisen.

El androide dispara su rayo ocular a la espada. 

Trunks la sujeta con fuerza para no perderla de nuevo, pero Onisen mantiene su ataque, insistente.

La espada empieza a calentarse, poniéndose al rojo vivo.

Trunks resiste. Con su mano libre agarra el brazo de Onisen, intentado forcejear inútilmente. 

La empuñadura quema al hijo de Vegeta.

– “¡¡AAAAAAH!!” – grita Trunks, que se niega a soltarla.

La hoja empieza a derretirse como la cera de una vela.

Mirai Trunks, incapaz de soportar más el dolor, deja caer la espada.

– “Je…” – sonríe Onisen, satisfecho.

La palma de la mano del mestizo está completamente quemada, con colgajos de piel desprendiéndose de ella, dejando al descubierto parte de su musculatura.

Mientras tanto, Pan, Bra y Ub se han acercado a la vaina de raíces que aprisiona al guerrero herajín.

– “Ub… ¿estás seguro…?” – pregunta Pan.

– “Puedo sentirlo…” – responde Ub. 

Algo se mueve en el interior del capullo.

– “¡RÁPIDO!” – exclama el muchacho de Isla Papaya al darse cuenta. – “¡Ayudadme a…!”

En ese instante, una decrépita mano rompe la vaina de madera, sorprendiendo a los tres terrícolas.

– “¡AH!” – exclaman.

El grito de los muchachos ha llamado la atención de los presentes en el campo de batalla.

Las raíces ceden y dejan caer a un demacrado y consumido herajín, que hinca la rodilla sobre el suelo.

Instintivamente, Bra, Pan y Ub dan un paso atrás.

El caquéctico cuerpo se levanta lentamente, temblando y con dificultad para mantenerse en pie.

Onisen mira al cadavérico herajín, confundido ante su inesperado regreso. 

Trunks, aún agarrado por el cuello, mira de reojo a su compañero.

– “Reitan…” – suspira el mestizo, casi sin voz.

Dibujado por Ipocrito

Reitan, cuyos ojos parecen haber perdido el brillo de los vivos, mira al androide.

La respiración del androide es ronca y sibilante.

– “P… pagarás… lo que has hecho…” – dice Reitan con una voz grave que parece un estertor de muerte.

Onisen sonríe.

El androide lanza a Trunks hacia un lado, pues ha perdido el interés en él.

– “No me gustan los cabos sueltos.” – refunfuña Onisen.

Onisen dispara su rayo ocular contra Trunks que impacta contra su pecho y lo hunde en el pavimento.

Reitan da un paso al frente, torpe y e inestable.

– “Voy a… voy a vengarla…” – dice el herajín.

Reitan da otro paso, sutilmente más seguro.

– “O… Okure…” – murmura.

Un tercer paso, más firme.

– “Te vengare…” – repite. – “¡¡OKUREE!!” – ruge con voz de ultratumba.

Con un estallido de ki momentáneo, Reitan se abalanza sobre Onisen.

El androide sonríe con prepotencia al ver al herajín alzando el puño para golpearlo.

Pero para sorpresa de todos, el derechazo de Reitan impacta contra la mejilla de Onisen y éste es empujado hacia atrás y obligado a dar tres pasos para mantener el equilibrio.

– “¿Cómo…?” – se pregunta el androide.

Varias raíces pueden verse sobresaliendo de las heridas del herajín, pues invadieron su cuerpo para consumirlo.

Freezer lo observan detenidamente.

– “Casi no le quedan fuerzas…” – dice el tirano.

Cooler y Liquir miran con asombro al guerrero que ambos conocen.

– “Su determinación no flaquea…” – dice Cooler.

– “Reitan, el vengador.” – murmura el kurama.

Onisen recupera la compostura y sonríe al ver que la mano del herajín con la que ha le ha golpeado se ha roto con el impacto, quedando casi irreconocible.

– “Te niegas a morir…” – dice Raichi. – “Pero eres débil y tu cuerpo es frágil. Te queda solo un hálito de vida.”

Reitan ataca de nuevo sin dudarlo, dispuesto a propinarle un zurdazo.

Pero el androide intercepta el golpe agarrándole del antebrazo.

Sin mediar palabra, Onisen aprieta con fuerza la extremidad de Reitan hasta casi cerrar su puño, aplastando los huesos del guerrero herajín y dejando su antebrazo roto colgando como si fuera de trapo.

Pero como si fuera incapaz de sentir dolor, Reitan contraataca propinándole un codazo ascendente directo al mentón con su brazo libre, sorprendiendo al androide una vez más, levantando su barbilla.

Cuando Onisen baja de nuevo la cabeza, se encuentra con un cabezazo de Reitan directo al rostro que lo hace retroceder un paso atrás.

El herajín sangra por la frente tras el golpe, pero una vez más embiste al enemigo.

La mirada de Onisen se torna severa.

– “Suficiente.” – sentencia el androide.

Con un disparo de sus ojos, Onisen cercena la pierna derecha de Reitan por debajo de la rodilla, haciendo que éste caiga de cara contra el suelo.

Onisen lo mira con prepotencia, de pie frente a él, dando por acabado el combate.

– “Grrraggh…” – gruñe Reitan.

– “¡¿Hmm?!” – se extraña Onisen.

El herajín usa su brazo derecho para arrastrarse hacia el enemigo.

– “O… Okure…” – murmura con voz ronca.

Onisen coloca su pie sobre la cabeza del herajín, apretándola contra el suelo.

– “Grraagh…” – gruñe Reitan.

El androide aprieta sobre el cráneo del herajín.

Pero de repente, el suelo cede bajo sus pies y estalla en silencio, convirtiéndose en polvo luminoso.

– “Hmm…” – se eleva Onisen, retrocediendo hasta el borde del cráter recién formado.

El cadavérico Reitan se precipita al vacío.

Champa se encuentra al otro lado del cráter y ha destruido el suelo con su poder divino.

– “Hakaishin…” – murmura Onisen.

Zamas aparece detrás del gotokoneko con el herajín en brazos.

– “Dai Kaioshin…” – murmura el androide.

El ira-aru posa a Reitan en el suelo.

– “¿Sigue vivo?” – pregunta Champa.

– “A penas…” – responde Zamas. – “Pero sus heridas están más allá de mi poder.”

El Doctor Kamakiri sale de su escondite y camina hacia los Dioses.

– “Déjelo en mis manos.” – dice el doctor.

– “Cuide de él.” – asiente Zamas.

– “Haré lo posible.” – responde Kamakiri, arrodillándose junto al moribundo Reitan.

Zamas se levanta y se une a Champa. 

Onisen y los Dioses se miran fijamente desde ambos lados del cráter.

Cooler y Liquir dan un paso al frente, dispuestos a intervenir.

– “Ya han tomado una decisión.” – les interrumpe Freezer, haciendo que se detengan inmediatamente. – “Como Dioses, son los responsables del destino del Universo.”

– “¿Quieres que los dejemos morir?” – replica Liquir. – “¿Facilitaría eso tus planes?” – clava su airada mirara en el tirano.

Cooler aprieta los puños con impotencia.

– “Pelearán porque saben que su legado está asegurado.” – responde Freezer.

Liquir entiende que hay verdad en las palabras del tirano.

– “Confiemos en nuestro maestro, esta vez.” – dice Cooler, recordando a Sidra.

DBSNL // Capítulo 353: Bulma, mujer de recursos

DBSNL // Capítulo 353: Bulma, mujer de recursos

“Este tipo está haciendo trampa…”

Onisen reaparece intacto entre la polvareda tras aparentemente encajar un poderoso Kamehameha de Son Gohan.

Gohan y Mirai Trunks se preparan para continuar el combate, cada uno armado con una de las espadas de Zahha.

– “No esperábamos que fuera fácil, ¿verdad?” – sonríe Gohan.

Mirai Trunks mira de reojo a su compañero, que tras lanzar tan poderoso ataque parece cansado.

– “Yo tomaré la iniciativa.” – dice el hijo de Vegeta.

– “Me parece bien.” – dice Gohan. – “Aunque tengo una sugerencia.”

– “¿Tienes un plan?” – levanta las cejas Trunks.

– “Cuando Vegeta le atacó con su Final Shine, un núcleo de energía quedó expuesto en el pecho de Onisen.” – explica Gohan.

– “¿Te parece que es como los clones de antes?” – pregunta Trunks. – “¿Crees que, si dañamos su núcleo, acabaremos con él?”

– “Le hemos visto regenerarse tantas veces que es posible que pueda mover el núcleo por todo su cuerpo si es necesario… e incluso disminuir su tamaño o fragmentarlo.” – dice Gohan. – “Es posible que hasta pueda regenerarlo parcialmente.”

Trunks frunce el ceño.

– “Es posible.” – dice el alumno aventajado de Whis. – “Pero si es tan evasivo, ¿no es lo más seguro desintegrar su cuerpo por completo?”

– “No parece que tengamos poder suficiente para hacer eso.” – admite Gohan, con cierta vergüenza.

– “¿Deberíamos fusionarnos?” – propone Trunks.

– “Eso nos daría un aumento de poder considerable…” – cavila Gohan. – “Pero su capacidad de análisis es tan superior que dividir su atención parece tan o más importante que el poder bruto.”

Piccolo escucha con atención desde la distancia.

– “Es cierto…” – piensa el namekiano. – “Hasta ahora, nuestros mayores logros han sido abrumándole con números o con tácticas creativas como las de Gotenks…”

Onisen, impaciente, carga contra Trunks y Gohan.

Los mestizos se miran de reojo.

– “¡¿Cómo lo hacemos?!” – pregunta Trunks. – “¡Ya viene!”

– “Creo que lo más sensato es fragmentar su cuerpo.” – responde Gohan. – “¡Las partes que se regeneren son las que contienen su núcleo!”

Onisen alarga su brazo y agranda su mano e intenta aplastarlos como moscas.

En el último momento antes del impacto, Trunks salta al encuentro con la enrome mano y la corta en cuatro trozos de dos espadazos.

El hijo de Vegeta mira de reojo los pedazos.

– “No hay signos de regeneración…” – piensa el mestizo.

Son Gohan, espada en mano, corre hacia Onisen.

El brazo del androide empieza a reducirse, pero Gohan lo desmiembra mientras sigue avanzando.

– “No hay regeneración…” – piensa Gohan, mirando el brazo cercenado.

Trunks se abalanza contra Onisen mientras gira sobre sí mismo a toda velocidad con sus dos espadas extendidas como si fuera una diabólica peonza.

Onisen calcula la velocidad de giro del mestizo e interviene en el momento justo para agarrar sus brazos, deteniendo así el giro e inmovilizándole.

Pero Trunks suelta la espada de Whis, que como si tuviera vida propia corta los brazos del androide.

– “Je…” – sonríe Trunks.

Onisen dispara su rayo ocular directo a la mano de Trunks, y lanzando la espada de Zahha lejos de allí.

– “Tsk…” – protesta el hijo de Vegeta.

Trunks intenta recuperar la distancia y retrocede mientras lanza un Garlick-ho que engulle a Onisen.

Gohan salta por encima de Trunks, dispuesto a tomar el relevo, pero es sorprendido por Onisen, que emerge del torrente morado de ki que sigue emitiendo Trunks.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Gohan.

Onisen proyecta sus tentáculos, inmovilizando los brazos de Gohan, y le propina un fuerte puñetazo directo al estómago que lo hace escupir sangre y soltar su espada.

– “¡GOHAN!” – se preocupa Trunks.

El arma cae y queda clavada en el suelo.

El otro Trunks, que observa desde la distancia, se sorprende al ver que Onisen vuelve a ser intangible

– “¿Cómo…?” – se asusta el hijo de Bulma. – “Acaso mi madre…”

En la Corporación Cápsula, Bulma sigue tecleando fútilmente.

– “¡Se sobrescribe demasiado rápido!” – lamenta la científica. 

Bulma siente como sus dedos son cada vez más torpes y le duelen.

Pino observa detenidamente.

– “Tus clicks por segundo están disminuyendo.” – dice el androide.

– “¿Crees que no lo sé?” – gruñe Bulma. 

– “Ese tipo está haciendo trampa…” – protesta Hedo. – “¡Él no tiene que teclear!” 

El comentario de Hedo le da una idea a Bulma.

– “¡¡ESO ES!!” – exclama ella.

– “¿Eh?” – se extraña Hedo.

– “¡Pino!” – dice Bulma. – “¡Necesito que vayas al sótano y traigas una caja vieja que pone SPARKING!”

En el planeta oscuro, Onisen abre su puño, apretando sus cinco dedos contra el abdomen de Gohan.

– “Me he cansado de vosotros.” – dice el androide.

Los cinco dedos se alargan y perforan el abdomen de Gohan.

– “¡¡GHAAH!!” – escupe sangre el mestizo.

Trunks lanza la espada de Whis contra Onisen, pero éste se hace intangible, evadiendo el golpe, pero liberando a Gohan.

El hijo de Goku desciende mientras se sujeta el estómago.

Trunks vuela hasta él.

– “¿Estás bien?” – pregunta, preocupado.

– “No pienso dejar de pelear, si es eso lo que preguntas…” – sonríe forzosamente Gohan.

Onisen dispara su rayo ocular hacia Trunks, pero éste reclama rápidamente su arma, haciendo que se interponga en el rayo y salga repelida muy lejos de allí.

Onisen vuela directo hacia ellos. 

Trunks, decidido a proteger a su compañero, se prepara para interceptar al enemigo.

De repente, Bra y Pan aparecen como un misil, transformadas en Súper Saiyajín y propulsadas por sus blast de ki, dispuestas a propinar una fuerte patada conjunta en el rostro de Onisen.

Pero el androide se torna intangible, dejando que las dos guerreras pasen de largo para después agarrarlas del pelo.

– “¡AAY!” – se quejan las dos.

Onisen estampa sus cabezas la una contra la otra.

– “¡PAAN!” – grita Gohan.

El androide suelta a la nieta de Goku en el aire y le dispara su rayo ocular que la empuja hacia el bosque de raíces.

– “¡¡BASTARDO!!” – grita Gohan, que intenta atacar, pero cae de rodillas, pues el sangrado de sus heridas va en aumento. – “Tsk…”

– “¡GOHAN!” – intenta ayudarle Trunks.

Onisen sonríe mirando a Bra y luego le propina un fuerte puñetazo en el abdomen.

– “¡Ghaagh!” – lo encaja la muchacha, perdiendo su transformación.

El androide la suelta en el aire y la golpea en la cara con fuerza, lanzándola contra el suelo.

– “Saiyajín…” – gruñe Onisen. – “Uno de mis experimentos más molestos.”

Onisen apunta con su mano a la malherida muchacha y dispara una esfera de ki.

– “¡BRA!” – exclama Trunks. – “Maldición…” – piensa el mestizo. – “Casi no me quedan fuerzas para un el salto temporal…”

El ataque se aproxima a Bra rápidamente cuando, de la nada, una esfera de ki amarillo intercepta el ataque de Onisen y lo hace estallar.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden todos.

Desde la distancia, Baicha ha lanzado su Sokidan.

– “¡NO LA TOQUES!” – exclama el hijo de Yamcha.

– “¡¿Baicha?!” – se sorprende Gohan.

En la tierra, Hedo ya aprieta las tuercas de un caso con visera que ha conectado al ordenador y a la joya en la frente de 7-3.

– “¿S.P.A.R.K.I.N.G. 0?” – lee la caja vieja Gohan.

– “Simulador de Pelea Avanzado para Rendimiento Kinétizado con Inmersión Neuronal Global. Versión 0, porque es solo un prototipo.” – explica Bulma.

– “¿Y eso qué significa?” – se rasca la cabeza el joven.

– “Mi padre no estaba muy contento de que Vegeta destruyera la nave o la casa cada vez que entrenaba… Hasta quería echarle…” – explica. – “Así que me puse a trabajar en esto, basándome en como entrenaban mentalmente Krilín y Gohan durante el viaje a Namek… Pero los saiyajín no son tan civilizados.” – refunfuña. – “Así no entrena un verdadero guerrero, me dijo.” – añade Bulma, imitando a Vegeta. – “¡Qué cara!”

– “Creaste esta maravilla… ¿y la guardaste en el sótano?” – se sorprende Hedo.

– “Trunks lo usó una temporada para jugar a videojuegos… hasta que se cansó y acabó en una caja.” – responde Bulma.

– “¡¿Y lo guardaste en el sótano?!” – sigue alucinando Hedo.

– “Te sorprenderías con la cantidad de cosas que tengo en el sótano.” – responde Bulma.

Tras ver su ataque frustrado, Onisen mira con desprecio al muchacho.

– “¿Qué crees que puedes hacer tú, terrícola?” – se burla el androide.

Baicha levanta su mano y genera otra Sokidan.

– “Bastardo…” – gruñe el chico. – “¡¡NO PERMITIRÉ QUE LE HAGAS DAÑO!!”

Baicha lanza su Sokidan y en seguida prepara y lanza una segunda.

Onisen, poco impresionado, repele la esfera con un gesto de desprecio.

La segunda Sokidan la sigue de cerca, pero el androide se deja atravesar por ella, sin recibir ningún daño.

– “Patético.” – sentencia Onisen.

El androide inspira con fuerza y después proyecta un torrente de energía verde contra Baicha.

– “¡¿AH?!” – se asusta el muchacho.

De repente, Vegeta adelanta a Baicha y, solo envuelto en el aura del Ikigai, desvía el ataque con el canto de su mano.

– “¡VEGETA!” – se sorprende el hijo de Yamcha.


El saiyajín hinca la rodilla, agotado y malherido.

– “Tienes agallas, muchacho.” – sonríe Vegeta. – “Tengo que admitirlo.”

Onisen se sorprende al ver al saiyajín de nuevo en combate.

– “Vegeta…” – murmura el androide. – “¿Aún tienes fuerzas para moverte?” – añade en tono burlón.

En la Tierra, Bulma se pone el casco.

– “¡¿No vas a hacer una prueba antes?!” – le pregunta Oli a través de la pantalla.

– “No tenemos tiempo.” – dice Bulma.

– “Esto no es un videojuego…” – dice Hedo, preocupado. – “Te conectarás directamente a la red neuronal de ese Raichi…”

– “No sabemos lo que puede ocurrir ahí dentro.” – dice Turbo. – “Podrías…”

– “¿Por qué no os calláis todos y me echáis una mano?” – protesta Bulma.

Tras un instante de silencio en el que todos recapacitan, Hedo toma el lugar de Bulma en el ordenador.

– “Voy a iniciar el programa.” – dice el doctor. – “Estarás dentro en unos minutos.”

Gohan Jr se acerca a ella con miedo, sin saber qué decir.

– “Abuela…” – murmura con voz temblorosa.

– “No te preocupes, Gohan.” – sonríe Bulma. – “Estaré bien.” – le guiña un ojo. – “¿De quién crees que sacó el carácter tu padre?”

Bulma se baja la visera.

– “¡Todo listo!” – dice Hedo.

Bulma inspira profundamente y luego expira, como si estuviera meditando.

– “¡ADELANTE!” – exclama.

Hedo aprieta la tecla INTRO del teclado.

En un parpadeo, Bulma se encuentra en un mundo virtual.

– “Así que esta es… la mente de un genio…” – murmura ella, asombrada.

Dibujado por Ipocrito