DBSNL // Capítulo 250: Pozo de tinieblas

DBSNL // Capítulo 250: Pozo de tinieblas

“Tenemos que resistir…”

El nuevo Hildegarn se alza en el campo de batalla y su rugido ensordece a todos los presentes.

Tapion agarra su espada con fuerza, pero se queda paralizado, reviviendo su pasado al ver al enemigo.

Slug, en su forma gigante, frunce el ceño.

– “El demonio de Konats…” – murmura el namekiano.

Los ozaru disparan a discreción, pero los ataques no causan ningún daño al monstruo, que los supera en tamaño.

Jiren dispara una esfera de ki rojo al monstruo, pero éste se deshace en humo, dejando pasar el ataque, que acaba cayendo sobre el horizonte.

– “¿EH?” – se extrañan muchos al ver que el intento del haiirotoko ha fracasado.

Freezer aprieta los dientes.

– “Nos encontramos de nuevo…” – fuerza una sonrisa furiosa el tirano.

El monstruo se materializa de nuevo y abre sus enormes fauces de las que emana un fuego mágico con el que ataca al ejército universal.

Freezer ve a sus hombres morir. Con ellos arden las esperanzas de ganar la guerra.

Liquir avanza entre las hordas enemigas mientras activa su octava cola. El kurama salta hacia Hildegarn y gira sobre sí mismo como una peonza para disipar el fuego mientras avanza.

Liquir logra llegar hasta el monstruo e intenta golpearlo, pero éste desaparece.

El zorro gruñe.

– “¡¡YAAAAAAAAH!!” – brama Liquir, mientras su novena cola aparece.

El aura de Liquir brilla de color naranja mientras se transforma en un avatar gigante en forma de zorro de nueve colas.

Reitan se queda boquiabierto al ver a su compañero desplegando todo ese poder.

– “La… la novena…” – titubea el herajín. – “Es impresionante…”

Hildegarn se ha materializado de nuevo. El zorro y el monstruo se miran fijamente antes de embestir el uno contra el otro.

Freezer, desconocedor hasta ahora del poder real del kurama, se queda impresionado.

– “¡FREEZER!” – exclama Reitan.

– “¿Eh?” – sale el tirano de su trance.

– “Liquir no aguantará mucho…” – dice el herajín. – “¡¿Tienes un plan?!”

– “Tenemos que resistir…” – dice Freezer, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “¡¡Tenemos que aguantar!!”

Liquir dispara con su boca a Hildegarn, pero éste se convierte en humo para evadir los ataques. Luego se materializa de nuevo a espaldas de Liquir con su cola alrededor del cuello del zorro.

– “¡¡Grrrgh!!” – se queja el kurama, intentando liberarse.

Freezer se envuelve en una esfera de energía fucsia y embiste a Hildegarn, que intenta cazarlo con sus garras como si intentara atrapar una luciérnaga, sin liberar al zorro. Freezer evita los manotazos del monstruo. 

En el suelo, la encarnizada guerra continúa. Los demonios, que han visto sus fuerzas reavivadas por la presencia de Hildegarn, cargan con más violencia que nunca.

Pero de repente, una suave melodía silencia el combate. Tapion, tocando su ocarina, avanza entre las hordas de demonios, que incomprensiblemente se apartan al oír la canción de Konats.

Hildegarn se fija el en el espadachín. Durante unos instantes, parece que la música logra amansarlo… pero el monstruo ruge y lanza una gran llamarada hacia el konatsiano.

El pobre Tapion se queda petrificado al ver que su ocarina no ha funcionado.

Tapion aparece a varios metros de distancia, sujetado por Trunks.

– “¿Estás bien?” – le pregunta el mestizo.

El konatsiano está confuso con lo sucedido y se queda mirando su instrumento musical.

– “No ha funcionado…” – murmura Tapion.

– “¿Qué esperabas?” – pregunta Trunks.

– “La música de esta ocarina debería detenerlo.” – explica el konatsiano.

Trunks sonríe.

– “Si lo que necesitas es que se oiga…” – dice el mestizo, buscando con su mirada entre las tropas aliadas.

Freezer y Liquir siguen atacando al monstruo. El tirano usa sus discos cortantes dirigidos para hacer que el demonio se convierta en humo y libere al zorro.

La técnica del demonio del frío impide que Hildegarn pueda recomponerse, pues los discos atacan a la nube de humo cada vez que ésta intenta reconfigurarse.

– “¿Qué haces?” – gruñe el kurama. – “¡No podemos golpearlo en ese estado!”

– “¡Me he enfrentado a él antes!” – replica Freezer. – “Esto es lo más parecido a detenerlo que podemos hacer ahora mismo…”

De repente, el humo desciende a toda velocidad y se infiltra en las grietas del suelo de Makyo, donde los discos cortantes no pueden seguirlo.

– “¿Eh?” – se sorprenden Liquir y Freezer.

Del suelo brota Hildegarn, levantando el terreno de combate y haciendo saltar por los aires a cientos de soldados y demonios.

El monstruo atrapa a Freezer con una mano, cuya barrera de energía protectora estalla como una burbuja; y con la otra atraviesa el cuerpo de ki de Liquir y atrapa al kurama. 

– “¡LIQUIR!” – se preocupa Reitan, desde el suelo.

El demonio sapo, que sigue con vida, aprovecha el despiste el herajín y le agarra una pierna con la lengua y tira de él, intentando comérselo. Reitan queda atrapado en la boca del anfibio maligno hasta la cintura.

– “Qué asco…” – protesta el herajín, intentando salir de ahí.

De repente, alguien aparece para propinar una fuerte patada en el estómago al sapo, que escupe a Reitan al instante.

– “Gracias…” – dice el herajín, cubierto de babas.

Al mirar a su nuevo aliado, se da cuenta de que es un hombre parcialmente convertido en máquina.

– “¿Qué eres?” – pregunta el herajín, extrañado.

– “Me llamo Turles.” – dice el guerrero. – “Y que mis arreglos no te confundan. Soy un saiyajín.”

– “Está bien…” – sonríe Reitan. – “…saiyajín.”

No muy lejos de allí, los ozaru han retrocedido frente a los golems. 

Leek ha perdido su cola y ha regresado a su estado base. Un demonio verde oliva alado, con aspecto de murciélago, se lanza sobre él con las garras de los pies preparadas.

Pero de repente, un gigantesco hurón se abalanza sobre el demonio y lo agarra con los dientes para luego zarandearlo hasta que deja de moverse.

Leek se sorprende ante el tamaño del animal.

– “¡Padre!” – exclama Tarble, que corre a socorrerlo.

– “¿Tarble?” – se sorprende Leek. – “¿Kale?” – dice al ver a su hijo acompañado por la saiyajín. – “Estáis aquí…”

Un tercer guerrero acompaña a los dos muchachos.

– “Broly…” – dice Leek al verlo.

El saiyajín sonríe.

– “Te veo distinto…” – se sorprende Leek.

El rostro de Leek pasa de alegría a preocupación.

– “No sé si deberíais haber venido…” – dice Leek, que mira de reojo a Hildegarn.

Tarble ayuda a reincorporar a su padre.

– “Tranquilo…” – dice el saiyajín. – “Hemos traído a unos amigos.”

Una gigantesca sombra humanoide cubre a los saiyajín. Leek levanta el cabeza boquiabierto para ver de qué se trata.

El gigante Ba, con Madas de pie sobre su oreja derecha, se dirige hacia Hildegarn.

– “¡Gracias por ayudarnos, viejo amigo!” – le dice el ira-aru.

– “¡BAAA!” – responde el gigante.

Spade y su banda, armados con armas de ki, embisten a los demonios.

– “¡Esta presa es nueva, muchachos!” – exclama Spade. – “¡Hay que cazar demonios!”

Los cadáveres del campo de batalla se alzan ante la sorpresa de soldados y diablos. Kamakiri mueve sus dedos, dirigiéndolos contra las hordas del Makai.

Ba sigue avanzando. El gigante es tan grande que Hildegarn a duras penas le llega a la cintura.

El gigante propina un puñetazo al monstruo, que se ve obligado a transformarse en humo. Liquir y Freezer se liberan.

Mientras tanto, Gohan se enfrenta a Moro, pero el brujo es ampliamente superior. Gohan está recibiendo un duro castigo. El brujo propina un violento puñetazo en el pecho al mestizo, que retrocede varios metros de distancia mientras se tambalea.

Trunks aparece y sujeta a Gohan para que no se caiga.

Moro suspira.

– “Testarudos…” – murmura el brujo.

– “Je…” – sonríe Trunks.

Hildegarn se materializa sobre Ba, pero el gigante logra agarrarlo de cuello para luego estamparlo contra el suelo, momento en el que el monstruo se convierte en humo de nuevo.

En ese instante, la canción de Konats suena de nuevo a todo volumen. El combate se detiene.

Entre la multitud, Tapion toca su ocarina. Los hermanos Para-para usan sus armaduras para que la canción retumbe en Makyo.

Los demonios se detienen.

– “¡Está funcionando!” – celebra Bon Para.

Hildegarn se materializa en el cielo y desciende hasta el suelo de forma torpe, quedando arrodillado.

– “¡¡GRAAAAAAAH!!” – gruñe el monstruo.

Ba le pone un pie encima y lo estampa contra el suelo. El gigante agarra la cola del monstruo y tira de ella hasta arrancársela.

Moro frunce el ceño al ver lo que está sucediendo.

– “Muy inteligentes…” – gruñe el brujo. – “Pero subestimáis mi poder…”

Un tercer guerrero se une a Gohan y Trunks. Moro levanta una ceja al verlo. Es Broly.

– “¿Qué haces tú aquí?” – se pregunta el brujo. – “Ya has cumplido tu función… ¿Por qué no desapareces?” – frunce el ceño, molesto.

Broly mira a Gohan y luego a Trunks. Los tres sonríen de forma cómplice. Gohan y Trunks avivan sus auras incoloras. Broly eleva su ki, y parece que va a transformarse en Súper Saiyajín, pero su aura amarilla se torna verde, aunque Broly no pierde el control; sus pupilas verdes siguen presentes en sus ojos.

Dibujado por Ipocrito

– “Hmm…” – murmura Moro.

Freezer, que ha sentido el poder de Broly, lo mira asombrado.

– “Ese poder…” – murmura el tirano. – “¡Es el poder del fruto!”

El ki de Broly parece nacer en el interior de cada saiyajín, cuyas auras adquieren un tinte verdoso.

– “¿De dónde nace este poder?” – se pregunta uno, al sentirse más fuerte que nunca.

– “¿Broly?” – se sorprende Leek.

Los tres guerreros cargan contra el brujo, que detiene los puñetazos de Gohan y Trunks, uno con cada mano, pero Broly da una voltereta hacia delante en el aire y le patea con el talón sobre la cabeza, doblando al brujo. Gohan y Trunks aprovechan el momento y giran sobre sí mismos para dar una doble coz a Moro y lanzarlo lejos de allí.

Freezer sonríe al ver a Moro retrocediendo y a Hildegarn y el ejército demoníaco detenido.

– “¡¡APROVECHAD LA SITUACIÓN!!” – exclama el tirano. – “¡¡HACED TODO EL DAÑO POSIBLE!!”

Los soldados universales disparan a discreción. Los saiyajín y los ozaru, gracias a su nueva fuerza, causan estragos en el enemigo.

Moro se pone en pie. No parece que haya recibido daño; solo su orgullo ha sido herido.

El brujo sonríe con rabia. 

– “¿Creéis que podéis derrotarme?” – pregunta Moro. – “¡Gracias a vuestros dioses tengo un ejército más grande de lo que jamás podréis enfrentar!” – exclama. – “¡¡HIJOS MÍOS!! ¡¡TOMAD VUESTRA LIBERTAD!!”

Los demonios siguen saliendo del portal, ahora acompañados por una cascada de tinieblas que baña el terreno de combate. A medida que la neblina alcanza los diablos, estos parecen mutar y tornarse más fuertes. Algunos logran moverse de nuevo.

– “¡¿AH?!” – se preocupan los hermanos Para.

La piel de Hildegarn parece endurecerse y volverse opaca. Ba lo mira extrañado. 

De repente, la espalda del monstruo se parte por la mitad y, como si de un insecto se tratara, una versión alada del monstruo abandona el cascarón.

Las hordas de Moro recuperan terreno rápidamente.

– “Cada vez que parece que tomamos la delantera, de alguna forma se recuperan…” – protesta Slug, que recupera su estatura normal. – “¡¡FREEZER!!” – protesta.

– “Tenemos que aguantar…” – murmura el tirano. 

– “¿Aguantar? ¡¿Hasta cuándo?!” – se extraña Slug.

– “¡Tú sigue luchando!” – protesta Freezer.

De repente, Shima llega a Makyo acompañado.

– “¡Ya he llegado! ¡Hatsuka-sama! ¡Madas-sama!” – saluda el yadrat.

– “¡Bien hecho!” – dice Madas. – “¡¿Los has traído?!”

Oli da un paso al frente, acompañada por una joven pareja y dos pequeños querubines alados.

– “¡Están jugando a peleas!” – se emociona la muchacha. – “¡Mira, Obotchaman!

– “¿Esta gente es malvada, Arale?” – pregunta él.

– “Turbo ha dicho que sí.” – responde Arale. – “¿Verdad, Gatchan?”

– “¡Pupipopipi!” – celebran los dos querubines.

– “¿Y qué hacemos?” – pregunta Obotchaman. – “¿Nos unimos y ya está?”

– “Lo mejor será saludar.” – dice Arale.

– “Está bien…” – dice él.

La pareja inspira con fuerza arqueando su espalda hacia atrás para luego saludar con fuerza.

– “¡¡N’CHAAAAAAAAAAA!!” – exclaman a la vez. 

Como dos cañones de energía, sus saludos arrasan con todos los enemigos que encuentran a su paso.

Madas sonríe al contemplar la escena.

– “Bien…” – piensa el ira-aru. – “Pero, ¿dónde se ha metido esa bruja?”

En el Makai, Gotenks ha estado insistiendo con sus misiles “muere-muere” hasta que finalmente se detiene para recuperar el aliento.

– “A este ritmo voy a quedarme sin energía…” – piensa Gotenks, preocupado. 

Dabra resurge de entre los escombros, frustrado, y aprieta los dientes. El diablo reaviva su aura roja y negra.

– “¡MALDITOS MORTALES!” – protesta el demonio. – “¡¡NO SOIS RIVALES PARA EL PODER DEL MAKAI!!”

El aura de Dabra provoca una fuerte corriente de aire absorbente pero estéril. Su poder no está aumentando. El demonio se queda estupefacto al darse cuenta.

– “Je, je…” – sonríe Gotenks.

– “¿Qué…?” – titubea Dabra. – “¿Por qué…?”

– “Puede que sean solo nervios.” – fanfarronea Gotenks. – “Seguro que esto le puede pasar a cualquiera…”

– “¡¿Por qué…?!” – aprieta los puños el demonio hasta que sangran. – “¡¿Por qué el Makai no responde a mi llamada?!”

Vegeta, sin dejar de mirar su reflejo en el hielo, responde.

– “El Makai tiene otro Señor.” – dice el saiyajín. – “¿Aún no te has dado cuenta?”

Por primera vez, Dabra no puede negar esta nueva realidad; el heredero del Rey de los Demonios es solo un peón en la partida que está disputando otro.

En Makyo, una diablesa con aspecto ofidio se acerca a Baicha mientras se relame.

– “Este tiene que ser tierno…” – sonríe ella.

Pino, en brazos del chico, se preocupa.

– “Corre…” – dice el robot. – “Olvídate de mí y corre…”

El hijo de Yamcha deja a Pino en el suelo y se pone en guardia delante de él.

– “Chico…” – insiste Pino.

– “¡¡YAAAAAH!!” – grita Baicha, saltando sobre la diablesa. – “¡COLMILLOS DE LOBO!”

Pero la diablesa lo remite al suelo de una patada y cae más allá de la cabeza de Pino.

– “Mocoso…” – se burla ella.

El robot, impotente, ve como la diablesa se acerca a él.

– “No ganaréis…” – dice Pino. – “La gente con buen corazón siempre se interpondrá en vuestro camino…”

– “Cállate.” – dice ella, preparada para pisarlo.

Pero de repente, alguien agarra del pelo a la diablesa, deteniéndola; es Oli.

– “No te acerques a mi hijo.” –  sentencia la doctora.

Oli da vuelta sobre sí misma, haciendo girar al demonio hasta lanzarlo lejos de allí.

El demonio con forma de gallo corre hacia Ub y Katopesla, que se ponen en guardia, pero Bra cae repentinamente sobre la cabeza del diablo, incrustando su pico en el suelo.

De repente, entre la multitud, un jabalí morado humanoide armado con una gran maza propina golpes a diestro y siniestro, haciendo volar por los aires a decenas de patrulleros con cada golpe.

DBSNL // Capítulo 248: Tártaro

DBSNL // Capítulo 248: Tártaro

“Todo gracias a vuestras queridas esferas mágicas.”

En Makyo, Vegeta golpea sin éxito el bloque de hielo. Detrás de él, se oyen explosiones que hacen retumbar la gruta; Gotenks dispara a discreción contra Dabra.

– “¿Por qué…?” – se apoya en él con ambas manos. – “¡¿Por qué?!” – se frustra, golpeándolo con la cabeza.

Una gota de sangre recorre el hielo hasta congelarse.

Al apartarse, parte de la piel de su frente queda pegada al hielo, provocándole un mayor sangrado que recorre su nariz hasta su barbilla y gotea en el suelo.

Vegeta se ve reflejado en el hielo, frente a la figura de Son Goku.

En el interior del hielo, Son Goku sigue concentrado, de pie en mitad de la oscuridad absoluta, intentando sentir alguna presencia.

En Makyo, la fusión ha sido separada por Moro. Gohan y Trunks se miran el uno al otro, incrédulos. Krilín, Jiren, Slug y los demás observan con horror lo sucedido. Sus esperanzas de ganar la batalla se han esfumado.

El brujo se cruza de brazos y suspira.

– “¿Habéis comprendido ahora hasta dónde llega mi poder?” – pregunta Moro.

Gohan, magullado, se pone pie.

– “Moro…” – dice el mestizo. – “Eres tú…”

Trunks hace lo mismo.

– “Eres tú quien no lo comprende…” – añade el hijo de Vegeta.

Gohan reaviva su aura. Trunks también.

– “No nos rendiremos.” – dice el hijo de Goku.

– “Lucharemos hasta derrotarte.” – añade Trunks.

Moro niega con la cabeza.

– “Sois tozudos…” – murmura el brujo, que descruza sus brazos. – “Entonces, moriréis.”

El brujo apunta con una mano a cada mestizo y les dispara un ataque de ki que los engulle antes de resultar en dos grandes explosiones.

De repente, Slug aparece entre la polvareda, cayendo desde el cielo sobre Moro, propinándole una patada en la nuca. El brujo ni se inmuta.

– “¿Aún os quedan fuerzas?” – se burla Moro.

Jiren embiste con todas las energías que le quedan y le propina un puñetazo directo en la cara. No hay reacción.

Slug usa a Moro para impulsarse hacia atrás mientras genera una esfera de ki amarillo en su mano derecha. Jiren también retrocede mientras prepara una esfera de ki rojo.

– “¡¡HAAA!!” – lanzan sus ataques.

Una gran explosión anaranjada sacude Makyo.

Cuando la polvareda se disipa, Moro sigue impertérrito en el centro del cráter.

Slug y Jiren miran frustrados a su enemigo.

El brujo se envuelve en una llama negra.

Slug y Jiren apuntan al brujo y disparan a discreción… pero las esferas de ki se convierten en humo y ceniza al chocar contra el fuego del brujo.

– “¿Qué clase de poder…?” – se pregunta el namekiano, aterrado.

Moro se eleva lentamente unos metros sobre el suelo.

De repente, el brujo clava su mirada en Slug, que sale empujado a un centenar de metros de distancia.

Jiren se abalanza sobre Moro, intentando propinarle un puñetazo, pero el brujo con un sencillo gesto desvía el golpe y agarra el rostro del haiirotoko para después descender con él y estamparlo contra el suelo, dejándolo inconsciente.

– “Je…” – sonríe Moro.

El brujo patea a Jiren, apartándole de su camino.

En ese instante, Shula se abalanza sobre la espalda del brujo y lo agarra del cuello. 

– “Sois ridículos…” – refunfuña Moro.

Moro agarra a Shula clavándole las uñas en la espalda. El ira-aru grita de dolor. El brujo se lo quita de encima con facilidad, lanzándolo a un lado.

Un gran ataque de ki se aproxima hacia Moro, pero en el último instante se eleva.

– “¿Eh?” – se extraña el brujo.

El ataque estalla en el cielo y una decena de esferas de ki llueven sobre Moro.

Krilín ha puesto toda su energía en el ataque.

– “Ah… ah…” – respira cansado.

La polvareda se disipa. Moro sigue en pie, una vez más, como si nada.

En ese instante, un ataque morado avanza hacia Moro. El Garlick-Ho de Bra. 

El brujo lo detiene con una mano.

– “Estáis haciendo el ridículo…” – murmura Moro.

En ese momento, Ub aparece detrás de él usando el Shunkanido y con un Kamehameha cargado.

– “¡HAAAAAAA!” – dispara el chico de Isla Papaya.

Otra explosión sacude Makyo.

Entre la polvareda, Ub no puede ver a Moro.

Lentamente, en la distancia, el terrícola identifica al brujo agarrando a Bra de la coleta, sosteniéndola en el aire.

– “¡BRAA!” – exclama el chico.

En ese instante, dos proyectiles impactan en la espalda de Moro. Mai ha disparado.

Detrás de la mujer terrícola, Baicha abraza la cabeza de Pino.

Moro, sin soltar a Bra, dispara a Mai.

– “¡¡CUIDADO!!” – exclama el chico de Isla Papaya.

Sin dudar ni un instante, Ub se teletransporta y se interpone entre el ataque y la mujer, intentando detener el disparo con sus manos.

– “¡Grrrh… GRAAAAAH!” – intenta resistir Ub hasta que, finalmente, el ataque estalla.

La explosión empuja a todos los presentes, dejándolos fuera de combate.

Moro levanta a Bra de la coleta y se prepara para el golpe de gracia… pero la espada de Trunks pasa volando y corta el cabello de la muchacha.

El hijo de Vegeta, que ha perdido su gabardina, se abalanza sobre Moro, agarrándolo de la cintura con las pocas fuerzas que le quedan.

– “¡¡HAAAA!!” – intenta mover al brujo, sin éxito.

Moro propina un codazo en la cabeza de Trunks, que se desploma contra el suelo.

Gohan aparece a toda velocidad y se lanza con los pies por delante sobre Moro.

– “¡¡YAAAAH!!” – grita el mestizo.

El brujo se cubre y sale repelido unos pocos metros, dejando un pequeño surco bajo sus pies.

– “¿Tú también sigues vivo?” – se mofa Moro.

Gohan, aprieta los dientes y reaviva su aura incolora. Embiste de nuevo, propinando un puñetazo a Moro en la cara, que sorprende al brujo. El mestizo le propina otro, pero tiene menos efecto. Y un tercero que Moro ni siente.

Son Gohan se frustra; se siente impotente. El mestizo pone todas sus fuerzas en otro puñetazo.

– “¡YAAAAAAH!” – grita al lanzarlo.

Pero al impactar contra el rostro de Moro, Gohan se da cuenta de que su aura se ha vuelto amarilla.

– “¿EH?” – se sorprende el mestizo.

– “Vaya…” – murmura el brujo. – “Parece que éste es tu límite…”

Gohan se mira las manos, incrédulo.

– “Has mantenido ese estado a base de pura voluntad todo este tiempo…” – dice Moro. – “Impresionante… Pero todo tiene un límite.” – sonríe.

Moro apunta a Gohan con su mano y lo empuja con su ki, lanzándolo lejos y estrellándolo contra un pequeño acantilado, incrustándolo en la pared de roca.

El brujo aviva su aura. El planeta se cubre de oscuridad. Rayos rojos chispean a su alrededor.

– “Ha llegado el momento…” – dice Moro. – “De que el Makai regrese…”

Todos los guerreros han caído.

Gohan aprieta sus puños, liberándose, y cae al suelo de rodillas.

– “No… No puede ser…” – murmura el mestizo.

Moro sigue acumulando poder.

– “Con este poder, puedo abrir las puertas del Makai sin ayuda…” – dice Moro. – “Todo gracias a vuestras queridas esferas mágicas y al cristal que me habéis regalado.”

El mestizo propina un puñetazo en el suelo con rabia.

– “Papá… mamá… Videl… Pan…” – murmura Gohan con lágrimas en los ojos que recorren su mejilla hasta gotear en el suelo. 

Gohan agarra la bandana en su frente con fuerza mientras recuerda a Pan desafiando su forma ozaru poseída para devolverlo a la cordura.

El aura flamígera de Moro es proyectada hacia el cielo, donde aparece un gran portal hacia el Makai.

Miles de demonios variopintos descienden sobre Makyo. Unos gritan, otros ríen, otros lloran. El caos ha llegado al Universo.

– “Hijos míos…” – sonríe Moro. – “Sois libres.”

Dibujado por Ipocrito

El mestizo se pone en pie y se ajusta la bandana.

– “¿Hmm…?” – se sorprende Moro.

– “Esto no ha terminado…” – dice Gohan, que se seca las lágrimas con su muñequera.

Gohan aprieta los puños.

– “Lucharé hasta el final” – dice el mestizo.

– “¿Por qué…?” – gruñe Moro, harto.

– “Porque…” – dice Gohan, esforzándose para hacer un repertorio de poses que no había repetido desde hace mucho tiempo. – “Soy alguien que lucha por la paz y la justicia…” – recita. – “Soy el Gran Saiyaman.” – sonríe de forma melancólica.

– “Creo que el último golpe le ha afectado la cabeza…” – dice Moro, mientras una gota de sudor recorre su frente.

El mestizo, incapaz de transformarse en Súper Saiyajín completamente, reaviva su aura amarilla y se pone en guardia mientras observa el gigantesco ejército que se reúne frente a él.

Pero una voz llama la atención del mestizo.

– “Ju, ju ju…” – ríe esa conocida voz.

Gohan se da la vuelta. Sobre la colina, Freezer observa la escena de brazos cruzados.

– “Hola, Son Gohan.” – saluda el demonio del frío. – “Parece que os estáis divirtiendo sin mí…”

– “¡¿F… Freezer?!” – se sorprende el mestizo, cuya aura se apaga.

– “¿Eh?” – se extra Moro al ver al recién llegado.

El tirano apunta con su dedo índice al mestizo y concentra su ki fucsia en la punta.

– “Ha llegado el momento de saldar cuentas…” – sonríe Freezer.

– “¡¿AH?!” – se asusta Gohan.

Freezer dispara. El rayo de ki impacta en el pecho de Gohan, pero en lugar de atravesarlo, la energía lo envuelve, sorprendiendo al mestizo.

– “¿Eh?” – se extraña Gohan, que se daba por muerto, al sentir el calor del ki rodeándolo y penetrando en su cuerpo.

– “Estamos en paz, Son Goku…” – murmura Freezer.

Moro frunce el ceño.

– “¿Qué significa esto…?” – se pregunta mientras su ejército sigue aumentando; más demonios salen del gran portal. – “¿Cómo ha llegado hasta aquí…?”

Freezer desciende hasta Gohan. El mestizo abre y cierra sus manos, sorprendido ante el regalo de su viejo enemigo, que le ha cedido parte de su energía.

– “No pensé que jamás diría esto…” – dice el mestizo. – “Pero gracias, Freezer.”

– “No seas ridículo.” – replica el tirano. – “Puede que solo haya prolongado tu sufrimiento.” – añade en tono burlón.

– “Je, je…” – sonríe Gohan.

Los dos miran a las hordas de enemigos que se apelotonan frente a ellos.

– “Moro se ha hecho mucho más fuerte de lo que habría creído posible.” – dice Gohan. – “Este combate no será fácil.”

Freezer niega con mofa.

– “Vosotros y vuestros combates…” – protesta el demonio del frío. – “Esto no es un combate, muchacho. No lo ha sido nunca.” – responde, poniéndose serio. – “Esto es una guerra.” – sentencia. – “Y para ganar una guerra…” – sonríe. – “Necesitas un ejército.”

El tirano mira de reojo sobre el acantilado. Allí, un pequeño yadrat levanta la mano hacia el cielo.

– “¿Eh?” – se extraña Gohan.

En ese instante, el ejército imperial aparece en Makyo. Un extenso ejército de soldados variopintos con uniformes del imperio, organizados en pelotones, todos, separados a un brazo de distancia, sujetan el hombro del compañero que tienen delante. Shisami está al frente del primer pelotón.

En el cielo aparecen naves imperiales. Curd las comanda desde la más grande.

También llegan a Makyo el ejército janguro, liderado por Gaarana y Paupuna. Tapion. El ejército litt, a las órdenes de Liquir. Los imegga abanderados por Ledgic. La Patrulla Galáctica, con Meerus, Cheelai, Obni, Ganos, Katopesla, Sheela y Motto. Galbi y los snacks. Leek al frente de los saiyajín. Reitan y los hermanos Para. Los Nádor y sus hombres. Cazarrecompensas de todas las razas llegan del Sector Dormideus… 

Ejércitos y guerreros de todos los rincones del Universo se han reunido.

Gohan se queda boquiabierto al ver a tanta gente.

– “Es… es increíble…” – titubea el mestizo.

Moro frunce el ceño, molesto.

Trunks, Slug, Jiren, Krilín, Bra, Ub, Shula y Mai se ponen en pie, magullados y agotados, pero dispuestos a continuar peleando.

Hatsuka y Turles aparece al lado de Freezer.

– “Estamos listos.” – anuncia el yadrat.

Slug mira a Freezer de reojo.

– “Quién habría imaginado…” – piensa el namekiano, esbozando una media sonrisa. – “…que iba a ser Freezer quien lograra unir a todo el universo.”

El tirano sonríe.

– “¡¡¡ATACAD!!” – grita a pleno pulmón.

– “¡¡¡YAAAAAAAH!!!” – responden todos los soldados.

El ejército universal sale al ataque.

Moro ordena a sus demonios.

– “¡¡MATADLOS A TODOS!!” – exclama el brujo.

Los dos ejércitos avanzan hacia un choque que decidirá el destino del universo.

DBSNL // Capítulo 247: A las puertas

DBSNL // Capítulo 247: A las puertas

“Tengo curiosidad por saber de qué soy capaz ahora…”

Una llama negra se alza sobre Makyo. En lugar de emitir luz, parece absorberla. El planeta está cubierto por sombras que hacen que parezca que el escenario sea en blanco y negro. El fuego es cada vez más violento.

Krilín se agarra la cabeza, afligido.

– “Esto es terrible…” – dice el terrícola, mientras sudor frío recorre su cuerpo. – “Ha sido culpa mía… Yo…”

– “No te culpes…” – dice Slug. – “No se puede salvar a todo el mundo, pero no hay que dejar de intentarlo… ¿No es eso parte de vuestra escuela?”

– “¿Eh?” – se sorprende el terrícola al oír al namekiano.

Krilín recuerda ocasiones similares en las que Roshi intentó devolver a Ten a la luz, Goku con Piccolo en el Torneo Mundial de Artes Marciales, Goku pidiéndole que deje vivir a Vegeta, él mismo rompiendo el control remoto de la Número 18, Freezer y Cell despidiéndose en la Atalaya de Kamisama después del torneo.

El terrícola sonríe melancólico y asiente.

Mai, preocupada, corre hacia el castillo buscando al hijo de Yamcha y Suno.

– “¡BAICHA!” – grita ella. – “¡BAICHA!”

Jiren, de pie, apoyado en Shula, observa el fuego.

– “Su poder va en aumento…” – advierte el haiirotoko. – “Y temo que su magia también…”

Gohanks reclama su arma y se pone en guardia.

La llamarada estalla, devolviendo a Makyo su triste paleta de colores.

Del cielo desciende el brujo, cuyo aspecto ha cambiado. Su barba ha desaparecido, su piel es más tersa, su cuerpo más esbelto y tonificado, ya no va encorvado. Ha rejuvenecido y sus heridas han desaparecido.

Dibujado por Ipocrito

Moro aterriza y se mira las manos atentamente con una sonrisa en su rostro.

– “Vuelvo estar en mi mejor estado de forma…” – suspira el brujo. – “Cuando dominé la magia ya era un anciano… Jamás pude disfrutar de mi conocimiento y mi físico a la vez.” – sonríe. – “Tengo curiosidad por saber de qué soy capaz ahora…”

Gohanks frunce el ceño, serio.

– “De fanfarronear, parece.” – dice la fusión metamor.

Moro cruje su cuello, luego sus puños, y después da dos saltitos sobre cada pierna, como si estuviera calentando.

– “Vamos… Ponedme a prueba…” – provoca a Gohanks.

En el Makai, Vegeta insiste en sus ataques contra el gran bloque de hielo que mantiene atrapado a Son Goku.

Una voz alerta al saiyajín.

– “¡Papá!” – exclama Trunks.

Goten y Trunks salen de un túnel y se acercan a Vegeta.

– “¡¿Qué hacéis vosotros aquí?!” – pregunta el saiyajín.

– “Hemos venido a ayudarte.” – dice su hijo.

Son Goten se queda pasmado al ver a su padre en el hielo.

– “Idiotas…” – protesta Vegeta. – “¡Teníais que salir de este lugar!”

Otra voz hiela la sangre de los presentes.

– “Vegeta tiene razón…” – dice Dabra, que sale de entre las tinieblas del túnel.

– “Maldita sea…” – gruñe el saiyajín.

En Makyo, Gohanks ataca espada en alto, y propina un sablazo vertical como si pretendiera cortar a Moro por la mitad, pero el brujo da un paso a un lado, evadiendo el golpe.

– “Je…” – sonríe el brujo.

Gohanks usa el arma para cambiar de dirección, clavándola en el suelo y girando sobre el mango para propinar una patada a Moro en el abdomen y empujarlo a varios metros de distancia. 

El brujo retrocede derrapando sobre el suelo, creando dos surcos, uno bajo cada pie.

Gohanks lanza su espada y el brujo da un paso a un lado para esquivarla. El tiempo se detiene. La fusión vuela hacia su arma y por el camino propina un puñetazo a Moro en la cara. Gohanks usa su arma, suspendida en el aire y en el tiempo, para impulsarse sobre la hoja y propinar un nuevo golpe al brujo.

Gohanks de nuevo salta sobre el suelo y embiste al brujo. Pero de repente siente una extraña presencia. Las pupilas de Moro están fijas en él.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el mestizo, que salta hacia un lado instintivamente.

Las pupilas de Moro le siguen.

– “Pero… ¡¿Cómo?!” – se pregunta el mestizo, asombrado.

Moro gira la cabeza lentamente, mirando a la fusión, mientras en su rostro se dibuja una media sonrisa.

– “¡¿Puede usar el salto temporal?!” – se asusta Gohanks.

Moro se abalanza sobre la fusión, interceptándola a medio camino, y le propina una patada. Gohanks se cubre con ambos brazos y sale repelido a varios metros de distancia, dando una voltereta antes de recuperar la estabilidad.

Moro se queda de pie, con la rodilla aún levantada.

– “¿Estás cansado?” – se burla el brujo, que lentamente baja la pierna. – “Parecías más rápido hace un momento…”

Gohanks aprieta los dientes, pero enseguida intenta calmarse. Una gota de sudor recorre su frente.

– “Su fuerza física ha aumentado…” – piensa el mestizo. – “Y parece que también sus habilidades…”

El guerrero reclama su espada, pero de repente el arma se detiene a medio camino, suspendida en el aire. 

Moro ha levantado su mano y la ha frenado con su poder mental.

– “Creo que ya he tenido suficiente…” – frunce el ceño el brujo.

El brujo tira del arma con su magia y ésta sale volando, dando vueltas, hasta caer a cientos de metros de distancia y ensartarse en el suelo.

Gohanks aprieta los puños y aviva su aura incolora.

– “Maldito…” – gruñe el mestizo.

Moro aprieta los puños y reaviva su aura oscura, que arde como una llama negra con destellos rojos.

Mientras tanto, Mai socorre a Baicha, que está aturdido con un chichón en la cabeza.

– “¿Estás bien?” – pregunta la mujer.

– “Ay… ay…” – se queja el hijo de Yamcha.

– “Sobrevivirá.” – dice la cabeza de Pino, tirada en el suelo. – “Es un chico fuerte.”

Mai abraza al muchacho mientras mira de reojo el contraste de luz y oscuridad que generan las auras de Moro y Gohanks.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en la Capital del Imperio, Freezer recibe noticias de su analista de datos. Shisami lo acompaña.

– “¿Y de dónde vienen esas lecturas?” – pregunta el tirano.

– “Son en mitad de la nada, señor…” – dice el soldado, nervioso. – “¡Pero es imposible! ¡No hay nada en ese sistema!”

– “¿Es un error?” – se pregunta Shisami.

El tirano ignora a sus hombres y sale al balcón con la vista puesta en el cielo.

– “Interesante…” – sonríe el tirano.

En el Makai, Vegeta da un paso al frente.

– “Dabra…” – gruñe el saiayajín.

– “Ahí está la Dragon Ball…” – sonríe Dabra.

– “No dejaré que te acerques.” – dice Vegeta.

– “Casi no te quedan fuerzas…” – se burla el diablo.

Un destello detrás de Vegeta. Gotenks renace.

– “A nosotros sí.” – dice la fusión metamor.

– “¿Eh?” – se sorprende Vegeta. – “¿Qué estáis haciendo?”

– “Esta vez pelearemos nosotros, Vegeta.” – dice Gotenks. – “Ya no somos niños.”

– “Pero…” – se preocupa Vegeta.

Gotenks pone la mano sobre el hombro del saiyajín.

– “Confía en nosotros.” – dice la fusión.

Vegeta suspira y cede.

– “Habéis crecido mucho.” – sonríe el saiyajín, que recuerda a los chicos peleándose por frente a la consola en la Corporación Cápsula.

Gotenks sigue avanzando hasta plantarse desafiante.

Dabra le apunta con su espada.

– “¿Vas a dejar que estos chicos peleen por ti, Vegeta?” – lo provoca el demonio.

Vegeta no responde. En su rostro se dibuja una media sonrisa orgullosa.

La fusión metamor aprieta los puños y se transforma en Súper Saiyajín, pero su ki sigue aumentando y su cabello se eriza aún más.

La llama dorada se refleja en los ojos de Vegeta.

Gotenks se ha transformado en Súper Saiyajín de nivel 3 e ilumina la zona con su aura.

– “¿Creéis que podéis derrotarme con ese poder?” – se mofa Dabra.

Gotenks coloca las manos frente a su rostro y cierra los ojos.

– “¡¡TAIYO-KEN!!” – usa la técnica de la escuela Grulla.

Dabra ha sido sorprendido y se frota los ojos.

– “¡AAAH!” – se queja el diablo.

– “¡Lo sabía!” – piensa Gotenks. – “Sus ojos están acostumbrados a las tinieblas de este lugar.”

Dabra logra entreabrir los ojos, pero antes de lograrlo del todo es apresado por un donut de ki.

– “GRRR…” – gruñe el demonio.

El diablo lucha por liberarse y el anillo empieza a ceder.

– “Je, je…” – sonríe Gotenks.

Al romperse el donut, el ki se transforma en energía eléctrica que tortura a Dabra.

– “¡¡KYAAAH!!” – grita el demonio.

– “Es una técnica nueva.” – presume Gotenks. – “La llamo Bankoku Bikkuri Donut.”

La electricidad sigue rodeando a Dabra, que con esfuerzo e ira parece sobreponerse.

– “Pero esta es un clásico.” – sonríe Gotenks, que prepara su próximo ataque. – “¡Ka… Me… Ha… Me…!”

Dabra no ha logrado liberarse a tiempo.

– “¡¡¡HAAAAAAA!!!” – dispara Gotenks.

El poderosísimo ataque impacta de lleno en el enemigo y lo empuja, estrellándolo contra la pared de la gruta, donde estalla, derrumbando parte de la cueva.

A medida que la polvareda se disipa, la silueta del demonio se intuye.

– “Malditos…” – gruñe el demonio. – “¿Creéis que podéis enfrentaros a mí?” 

Gotenks frunce el ceño y se pone en guardia.

En Makyo estalla el nuevo asalto. Los dos contrincantes chocan el uno contra el otro, coincidiendo en un puñetazo. Los dos reaccionan intentando dar otro puñetazo que también topa.

Moro y Gohanks se quedan frente a frente con sus puños conectados. Se miran a los ojos; la fusión parece preocupada, pero el brujo disfruta del momento. Sus dedos se entrelazan y el duelo se convierte en uno de fuerza, cada uno empujando al otro.

De repente, una extraña oscuridad rodea a la fusión. Moro se convierte en humo que se escapa entre los dedos de Gohanks.

– “¡¿Eh?!” – se extraña el guerrero metamor. – “¿Dónde ha ido?”

Pisadas suenan alrededor del mestizo.

– “Hmm…” – intenta concentrarse Gohanks.

Pero las pisadas se multiplican, confundiendo a la fusión. Varios Moro salen de las sombras y rodean a Gohanks.

– “¿Multiplicación?” – se pregunta el metamor. – “¿O ilusión?”

Gohanks cruza los brazos frente a su pecho. 

– “¡¡HAAAAAA!!” – los abre de repente, generando una onda expansiva que no parece afectar a ninguno de los brujos.

La fusión se percata de ello.

– “¡Ilusión!” – piensa Gohanks. – “Pero, ¿dónde está?”

De pronto, el mestizo salta justo en el momento en que las manos de Moro brotan del suelo e intentan agarrarle.

Gohanks genera una esfera de ki en su mano y la lanza contra el suelo, provocando una gran explosión.

La polvareda se disipa lentamente, revelando al brujo, que lo mira sin inmutarse por el ataque ni por los escombros que caen, que lo atraviesan como si no existiera.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Gohanks. – “¡¿Otra ilusión?!”

Moro aparece detrás de él, puño en alto.

– “¡¡YAAAAH!!” – se revuelve Gohanks, intentando golpearle con el canto de la mano.

Pero el golpe del mestizo atraviesa al brujo como si no estuviera allí.

– “¡¿ME HA VUELTO A ENGAÑAR?!” – se asusta la fusión.

Pero Moro, como si se volviera tangible de repente, contraataca propinándole el puñetazo que tenía preparado, remitiendo a Gohanks al suelo.

La fusión se levanta magullada, sangrando por el labio.

– “¿Cómo es posible?” – se pregunta Gohanks.

Moro aterriza frente a él, varios metros de distancia.

– “Eres un guerrero formidable.” – dice el brujo, que se cruza de brazos. – “Pero ahora que nuestras fuerzas están igualadas, mi magia es el factor decisivo.”

Gohanks aprieta sus puños, frustrado.

– “No nos vamos a rendir…” – gruñe el mestizo, que reaviva su aura incolora una vez más. – “¡No vas a salirte con la tuya!”

El guerrero metamor prepara la técnica de la escuela Tortuga.

– “¡Ka… Me…!” – reúne ki entre sus manos, materializando una esfera azul. – “¡Ha… Me…!”

Moro descruza sus brazos mientras resopla con cierto desprecio.

– “¿Es que no lo has entendido?” – niega con la cabeza.

– “¡¡¡HAAAAAAAA!!!” – dispara Gohanks.

El Kamehameha engulle a Moro, que nada hace por detenerlo. La luz del ataque tiñe de azul toda la zona.

Krilín y los demás se cubren como pueden ante la ventisca levantada.

Gohanks vuelca todo su poder en el ataque.

De repente, una silueta se dibuja en el interior de Kamehameha. El brujo parece caminar hacia Gohanks con total impunidad.

– “¡¿AH?!” – se sorprende el mestizo, boquiabierto, qué no sabe cómo reaccionar ante tal hazaña.

Moro avanza hasta situarse a menos de un metro de él.

Las manos del brujo surgen del rayo de ki y agarran la cabeza de Gohanks, que deja de emitir el Kamehameha.

Las garras del brujo brillan de color morado.

Slug da un paso al frente.

– “¡Tenemos que ayudarle!” – exclama el namekiano.

Moro tira de la cabeza de la fusión en ambas direcciones, y algo extraño ocurre. Las caras de Gohan y Trunks empiezan a vislumbrarse superpuestas; cada vez son más tangibles a medida que el brujo las separa.

La sonrisa de Moro lo dice todo.

Finalmente, con un estallido sordo que barre la zona, Gohan y Trunks son separados y lanzados hacia lados opuestos.

Los mestizos se miran el uno al otro, intentando comprender lo que acaba de suceder.

Slug se queda perplejo.

– “Se han… se han separado…” – murmura el namekiano.

– “¿Es eso posible?” – se pregunta Krilín.

– “¡Aún les quedaba tiempo de fusión!” – añade Bra.

– “Maldita sea…” – gruñe Jiren. – “Estamos perdidos…”

DBSNL // Capítulo 245: Resiliencia

DBSNL // Capítulo 245: Resiliencia

“Mi magia no conoce límites…”

Jiren dispara a discreción contra Moro, pero el brujo hace que varios rayos nazcan del suelo e intercepten los ataques, haciéndolos estallar.

El brujo, con un elegante movimiento de brazos, reúne las llamas de las explosiones a su alrededor, formando varias bolas de fuego.

Jiren embiste. Moro proyecta las esferas. 

El haiirotoko avanza mientras salta de un lado a otro evitando las explosiones que se suceden. Moro alza su mano y el cielo se cierra con nubes negras que se arremolinan y dejan caer una tromba de agua sobre él.

El brujo une el agua y una bola de juego, creando una esfera de vapor a presión que proyecta hacia Jiren.

El haiirotoko se cubre y sufre varias quemaduras.

Moro se abalanza sobre él.

Mientras tanto, Slug hinca la rodilla frente a Gohan y Trunks.

– “Ya lo entiendo…” – dice Krilín. – “¡Piensas hacer lo mismo que Goku en Namek!”

Gohan coloca su mano sobre la cabeza del namekiano.

– “Pero… ¿cuándo has aprendido a hacerlo?” – pregunta Krilín.

– “No lo sé… Solo tengo ese presentimiento…” – responde Gohan.

Las palabras del chico hacen que Krilín sonríe, recordando a Son Goku.

Trunks imita a Gohan; los dos ponen sus manos sobre la cabeza de Slug y cierran los ojos, concentrándose.

Unos terribles recuerdos invaden la mente de los mestizos. Imágenes de Konats en llamas, escenas de Majin Bu masacrando a guerreros variopintos…

– “Tenemos que profundizar más…” – piensa Gohan.

De repente, recuerdos en los que aparecen Janemba y Garlick, otros del torneo entre universos, de Zamas entrenando, de Majin Bu y Gotenks en la Sala del Espíritu y el tiempo, Gohan en los Cell Games, Freezer en Namek, Nappa disparando un poderoso ataque de ki contra el pequeño Gohan…

Finalmente, Gohan y Trunks aparecen en un oscuro y vacío lugar.

– “¿Dónde estamos?” – pregunta Trunks.

– “No estoy seguro…” – responde Gohan.

– “Hola.” – saluda una voz que reconocen.

De las sombras surge Piccolo.

– “¡¡PICCOLO!!” – celebra Gohan.

El namekiano se acerca cabizbajo al mestizo.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado…” – dice Piccolo.

– “Se lo haremos pagar.” – responde Gohan. – “Pero necesitamos tu ayuda.”

– “La fusión…” – sonríe el namekiano.

– “¿Puedes enseñárnosla?” – pregunta Trunks.

– “Si conseguí que esos dos críos la dominaran, no creo que tenga problemas con vosotros…” – responde Piccolo.

En el exterior, el combate continúa. Jiren se protege ante las embestidas del brujo, que ahora, con su puño derecho en llamas y con su puño izquierdo envuelto en agua, lleva la ventaja. 

Moro usa su mano izquierda para proyectar potentes chorros de agua hacia Jiren, desorientándolo, mientras usa el fuego para lanzarle ataques a distancia y algún zarpazo que corta y quema la piel del haiirotoko. Y cuando Moro junta sus manos, disparos de vapor a presión empujan a Jiren.

El haiirotoko retrocede. Fuego negro aparece bajo sus pies y se enrolla en sus piernas y brazos.

– “¡¡HYAAAAAH!!” – intenta liberarse Jiren, avivando su aura.

Del suelo brotan columnas de roca que lo aprisionan.

Moro sonríe y alza su mano. Una tromba de agua a presión cae sobre Jiren, obligándolo a hincar la rodilla. Las rocas enseguida se reconfiguran para apresarlo en esa nueva posición.

– “Mi magia no conoce límites…” – dice Moro.

– “Mi fuerza tampoco…” – gruñe Jiren.

– “Pero tu cuerpo sí.” – responde el brujo. – “Tanto tú como ese saiyajín habéis cometido el mismo error. Podéis avivar vuestro fuego todo lo que queráis, pero tarde o temprano se os acabará el combustible… Sois finitos. Mortales.”

– “Tú también eres un mortal…” – protesta el haiirotoko.

– “Así es…” – gruñe Moro. – “Pero mi magia me ha llevado más allá… He logrado superar a los Dioses sin convertirme en uno de ellos… Vosotros habéis decidido jugar a su juego… por ignorancia o cobardía, no lo sé y no me importa.”

– “Grrr…” – gruñe Jiren.

– “Pero seguís sus reglas incluso cuando os oponéis a ellos.” – continúa Moro. – “Yo he comprendido la fuente de su poder y puedo usarlo de formas que ellos ni tan solo han podido imaginar… Puedo doblegar su creación a mi voluntad.” 

Moro hace brillar las uñas de su mano derecha de color morado

– “Desaparece, guerrero gris.” – lo sentencia el brujo.

De repente, un cañón de ki amarillo choca contra la prisión de Jiren, haciéndola estallar, liberando al haiirotoko y alzando una gran polvareda.

Moro mira de reojo al horizonte, donde Bra recupera el aliento después de lanzar un Final Flash.

Antes de que el brujo pueda reaccionar, Jiren se abalanza sobre él y lo derriba.

– “¡YAAAH!” – grita el haiirotoko que, sentado sobre el brujo, le propina un puñetazo en la cara. – “¡HAA!” – otro golpe.

Jiren atiza al brujo sin cesar, que intenta defenderse como puede, cada vez con más dificultad.

El haiirotoko no cesa y sigue golpeándolo una y otra vez. El suelo se hunde bajo el brujo hasta que éste deja de moverse. Jiren acaba propinando un golpe con sus manos juntas sobre Moro.

– “Ah… ah…” – recupera el aliento el haiirotoko.

Bra observa la escena desde la distancia.

– “Lo ha… lo ha conseguido…” – murmura la muchacha.

– “¡BIEN HECHO!” – celebra Mai.

Krilín y Shula contemplan la escena mientras, a sus espaldas, Gohan y Trunks siguen inmersos en la mente de Slug.

Pero Jiren no parece convencido, y es que el cuerpo de Moro emite una extraña neblina negra.

De repente, todo el cuerpo del brujo se convierte en humo negro, que se escurre entre las grietas del suelo frente a la mirada confusa de Jiren.

– “¡¿EH?!” – la confusión entre todos los presentes es total.

A espaldas de Jiren, Moro brota del suelo.

Gohan y Trunks abren los ojos y se miran de reojo el uno al otro.

Moro clava sus garras en la espalda del haiirotoko.

Gohan y Trunks se separan de un salto y se ponen en posición, levantando los brazos hacia lados opuestos.

Jiren sabe que ha perdido. Su mirada siempre fiera parece la de un niño asustado.

Un destello en el horizonte y un impacto en la cara del brujo que le rompe un cuerno y lo lanza a varios metros de distancia, dando vueltas de campana sobre la superficie de Makyo.

El destello se disipa lentamente detrás de Krilín y Shula, que se dan la vuelta para ver a Slug solo.

– “¿Cuándo…?” – titubea Krilín, asombrado. – “¿Cuándo han…?”

La fusión metamor, con la cinta de Gohan en la cabeza y la espada de Trunks enfundada, se yergue junto a un agotado Jiren.

– “Lo habéis logrado…” – dice el haiirotoko.

– “Gracias por darnos el tiempo necesario, Jiren.” – dice la fusión. – “Ahora nos encargaremos nosotros.”

Moro, con el rostro magullado y un cuerno roto, se pone en pie.

– “¿Qué ha sido eso…?” – se pregunta, frustrado.

La fusión da unos pasos al frente.

– “La próxima vez iremos mas despacio, para que puedas verlo.” – fanfarronea el recién nacido guerrero.

Dibujado por Ipocrito