En la sala del trono del castillo del Rey Kadan, ante la mirada atenta de Su Majestad y de sus compañeros, Tarble va a enfrentarse a Gladyola para demostrar su valía.
– “¡¡ADELANTE!!” – exclama el Rey.
La guerrera levanta su espadón y se abalanza sobre el saiyajín.
La velocidad de la mujer sorprende a Tarble.
El saiyajín evade el espadazo saltando hacia la derecha.
El espadón rompe el suelo con el impacto.
Lady Gladyola rota sobre sí misma mientras levanta su enorme arma y propina e intenta un corte horizontal, que el saiyajín tiene que esquivar agachándose rápidamente, perdiendo el extremo de uno de sus mechones de pelo encrespados.
La mujer aprovecha la posición de Tarble para propinarle un rodillazo en la cara que lo hace retroceder y, sin darle tiempo para relajarse y como si el arma fuera más ligera de lo que aparenta, otro espadazo horizontal en dirección opuesta, obligando al saiyajín a saltar para evadirlo.
Dibujado por Ipocrito
– “¡Qué fuerte es!” – piensa el saiyajín. – “Pero si evito su espada, creo que…”
Gladyola agarra al saiyajín de la pechera cuando aún está en el aire y lo lanza contra una columna.
Tarble se estrella y cae al suelo… y cuando levanta la mirada, la guerrera ya se encuentra frente a él con la espada en alto.
– “Tsk…” – sufre el patrullero.
Hybis mira el combate al lado de Broly.
– “¿Me puedo quedar sus botas?” – pregunta, girándose hacia Broly.
En ese instante, Tarble se impulsa con los pies en el pilar y salta hacia delante, pasando entre las piernas de Gladyola, evadiendo el golpe.
La espada se incrusta en la columna. Gladyola forcejea para liberarla.
Tarble sonríe, viendo una oportunidad; se envuelve en su ki incoloro y se abalanza sobre su rival por la espalda.
Gladyola suelta su arma, se revuelve e intercepta a Tarble en el aire, propinándole un fuerte puñetazo en la cara que lo remite al suelo.
El Rey observa el combate con gesto serio. La princesa, en cambio, sonríe con cierta malicia.
Tarble se incorpora, frotándose la mejilla, dolorido.
– “Ay… ay…” – se queja.
Gladyola logra liberar su arma y la carga sobre su hombro.
– “Lo siento, Su Majestad.” – dice la guerrera. – “Creo que la Patrulla Galáctica se ha burlado de nosotros.”
Tarble se pone en pie.
– “Se acabó…” – gruñe entre dientes.
El saiyajín aprieta los puños. Su cabello ondea sinuosamente.
– “¿Hmm?” – se sorprende Gladyola.
– “¡YAAAAAAH!” – exclama Tarble.
Un estallido de ki sacude la zona, quebrando varias columnas de la enorme sala y haciendo estallar la cristalera detrás del trono.
El cabello de Tarble se ha vuelto dorado, igual que el aura que lo rodea.
– “¿Qué clase de magia es esa?” – murmura el Rey.
Gladyola, lejos de achantarse, se abalanza sobre el saiyajín y le propina un espadazo horizontal, aparentemente dispuesta a decapitarlo… pero ¡BAM! Tarble detiene el golpe protegiéndose con el antebrazo izquierdo.
La guerrera se percata no solo del cambio de fuerza de su adversario, sino también del cambio en su mirada; mucho más fría e intimidante.
– “¿Eh?” – se sorprende ella, como si fuera testigo por primera vez de un poder sin igual.
Antes de que la Gladyola pueda reaccionar, Tarble salta usando la hoja de la espada como apoyo y propina una fuerte patada en la mejilla derecha a la guerrera.
El impacto retumba en la gran sala.
Gladyola es lanzada hacia la pared de la sala, quebrándola y cayendo al suelo, aturdida.
El Rey Kadan y la princesa quedan boquiabiertos. Broly sonríe.
– “¡OOooh!” – exclama Hybis.
Gladyola, frustrada, se intenta levantar, cuando se encuentra a Tarble frente a ella, ya en estado base, ofreciéndole la mano.
– “¿Estás bien?” – dice Tarble. – “Espero no haberme pasado…” – se disculpa. – “¡Eres realmente fuerte! Me has obligado a transformarme en Súper Saiyajín…”
– “¿Súper Saiyajín?” – repite ella, como si esas palabras debieran tener algún significado oculto que no comprende.
La mujer toma su mano y se levanta.
El Rey levanta la barbilla, recuperando su tono más formal.
– “¡Con esta victoria…!” – anuncia. – “¡La corona reconoce la valía de la Patrulla Galáctica y acepta su ayuda!”
Tarble hace una reverencia.
– “Lo haremos lo mejor posible, Su Majestad.” – dice el saiyajín.
Lady Gladyola hace una reverencia.
– “Lo siento, Su Excelencia.” – se disculpa ella. – “Este guerrero me ha superado.”
– “Acepto tu derrota, Lady Gladyola.” – asiente el Rey.
Kadan extiende su mano hacia la mujer y ella se acerca al altar para tomarla.
– “Como dicta la tradición.” – dice el Rey. – “El guerrero que ha derrotado en un combate justo a la capitana de mi guardia, merece su mano en matrimonio.”
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el saiyajín.
Gladyola, con la cara magullada, desvía la mirada, ligeramente sonrojada.
Broly se queda boquiabierto.
Tarble retrocede, un poco asustado e incómodo.
– “No… Lo siento, pero…” – se excusa. – “No es necesario que…”
Hybis niega con la cabeza.
– “Todos los tontos tienen suerte.” – murmura.
– “¡¿Y POR QUÉ NO TE CASAS TÚ CON ELLA?!” – protesta Tarble.
– “Porque ya me rechazó.” – responde Hybis.
Los dos saiyajín se quedan boquiabiertos.
– “Me gustan las mujeres musculosas.” – admite Hybis.
– “¿Tuviste que pelear con ella?” – pregunta Broly, sorprendido.
– “No estuvo a la altura.” – interviene Gladyola.
– “Ser subyugado entre esos muslos no fue la peor experiencia de mi vida.” – Hybis responde a Broly.
Una gota de sudor frio recorre la frente de Tarble, incapaz de comprender como funciona la mente de su nuevo compañero.
Kadan se aclara la voz, pidiendo así silencio.
– “Patrullero.” – dice el Rey. – “¿Aceptas la mano de Lady Gladyola?”
– “Tsk…” – protesta Tarble, sin saber qué decir. – “Si rechazo su mano, es seguro que perderemos su confianza y no podremos llevar a cabo la misión…” – piensa. – “Lo mejor será seguirles la corriente, por ahora… y ya se me ocurrirá algo.”
– “¿Y bien?” – insiste el Rey.
– “Acepto.” – el patrullero hace una reverencia.
Broly sonríe y aplaude. Kadan entrega a Gladyola a Tarble y se une al aplauso.
La nueva pareja se da la mano. Gladyola sonrojada y Tarble claramente incómodo.
El Rey chasquea los dedos, llamando así a la gárgola que acompañó a nuestros amigos hasta la sala.
– “¡Prepararemos un banquete para esta noche!” – le comunica. – “¡Celebraremos el enlace y…!”
– “¡Su Majestad!” – exclama Tarble, nervioso. – “Creo que es mejor que pospongamos la celebración…”
– “¿Eh?” – lo mira Kadan con recelo.
– “Verá…” – dice el saiyajín. – “Nuestra misión como miembros de la Patrulla Galáctica es ayudarles a resolver el robo…” – se excusa.
– “¿Quieres posponer la unión?” – refunfuña el Rey.
– “¡Qué mejor forma de demostrar mi valía que resolviendo el caso!” – exclama Tarble, dispuesto a cualquier treta para salir de esta.
Kadan se cruza de brazos. Se frota el bigote.
– “Está bien.” – asiente. – “Me parece adecuado.” – acepta. – “¡Así podremos festejar el doble!” – se golpea la panza.
– “Claro… claro…” – hace varias reverencias el saiyajín.
– “Lady Gladyola os mostrará el castillo.” – continúa el Rey. – “Así podéis aprovechar el tiempo para conocerlos mejor.” – le guiña un ojo.
– “Como desee, Su Majestad.” – responde ella con una reverencia.
La princesa baja del trono de un salto, malhumorada.
– “Esto es ridículo…” – protesta mientras baja del altar hacia el largo pasillo central de la sala.
Por el camino se topa con Broly.
– “Princesa.” – sonríe el saiyajín, intentando ser simpático, mientras hace una pequeña reverencia.
Sin mediar palabra y sin pensárselo dos veces, la princesa propina un puñetazo en las partes al saiyajín, que se queda blanco y cae de rodillas.
– “Ay… ay…” – sufre Broly.
La muchacha sigue su camino hacia la salida, al fondo de la sala.
El Rey Kadan se acerca a Broly le pide disculpas mientras le ayuda a levantarse.
El sol empieza a caer en el horizonte del planeta Erezúant, haciendo que la tenue aurora boreal magenta cobre vida.
Lady Gladiola, con su espadón la espalda, guía a Tarble por los pasillos del castillo, iluminados por antorchas, mientras le cuenta los detalles del robo. Broly y Hybis los siguen a unos pocos metros de distancia.
– “Es el tesoro más preciado de nuestro reino.” – revela Gladyola. – “El legado de nuestros ancestros.”
– “Y dices que fue un forastero…” – cavila Tarble, acariciándose el mentón.
– “Glorio.” – dice ella, apretando el puño, incapaz de ocultar su frustración. – “Traicionó nuestra confianza.”
– “¿Peleaste contra él?” – pregunta el saiyajín.
– “No.” – responde ella. – “Se ganó el beneplácito del Rey de otra forma.” – explica. – “Fue bienvenido en el castillo porque rescató a la Princesa de unos bandidos.”
– “¿La Princesa?” – repite Tarble, preguntándose qué podía hacer fuera del castillo y sin protección.
– “La Princesa Panzy es un espíritu libre.” – dice Hybis.
– “No es la primera vez que se aventura fuera del castillo sin el permiso de su padre y evadiendo nuestra guardia.” – suspira Gladyola.
– “Parece de las que saben defenderse.” – sonríe Tarble, mirando a Broly con una mueca burlona.
– “Tsk…” – protesta Broly, sintiéndose humillado.
Gladyola se detiene frente a un portón.
– “Es aquí.” – anuncia ella.
La mujer empuja las enormes puertas, que al abrirse revelan una cámara construida en roca rojiza y oscura, iluminada por el fuego de siete braseros rodeando una estatua central.
Tarble y Broly se quedan helados al ver la figura de piedra que se alza frente a ellos, con siete metros de altura. Una silueta ensotanada con una efigie de macho cabrío de orejas puntiagudas y cuernos encorvados.
– “No… no puede ser…” – titubea Tarble.
– “Es él…” – murmura Broly, apretando los puños, nervioso.
– “¿Eh?” – se extraña Gladyola, al ver la extraña actitud de sus acompañantes. – “¿Conocéis al profeta?”
– “¿Profeta?” – dice Tarble, con su voz afectada.
La efigie tiene un tercer ojo en la frente, con un agujero donde debería estar la pupila.
Una inscripción en el pie de la estatua: Erezuánt paiti drujō staotā.
En el planeta oscuro, Freezer observa desde la distancia. Vegeta y Onisen están a punto de empezar su combate.
En la Tierra, todos miran al suelo, intentando percibir algún ki que les dé una pista de lo que sucede en ese recóndito lugar, pero sin suerte.
– “Papá…” – sufre Bra.
– “Vegeta…” – murmura Piccolo. – “Espero que sepas lo que haces…”
Vegeta parece confiado. El saiyajín sonríe.
– “¿Has perdido la razón, Vegeta?” – se burla Raichi. – “¿Aún no te has dado cuenta de que vuestro destino está sellado?”
El saiyajín se envuelve en el aura magenta del Ikigai.
– “Hmm…” – lo observa Raichi.
Vegeta carga contra Onisen.
El androide se torna intangible, dejando pasar a Vegeta de largo. El saiyajín detiene su avance con un estallido de su aura y retrocede dando una coz a Onisen por la espalda, pero éste sigue siendo intangible.
– “¿Crees que vas a sorprenderme con un truco tan simple?” – pregunta Raichi, sin ni tan solo mirar al saiyajín. – “¿Qué treta te queda por intentar?”
Vegeta aprieta los dientes. El saiyajín retrocede y lanza múltiples ráfagas de energía, alternando con cada mano. Algunos de los orbes de energía lanzados atraviesan a Onisen y otros solo pasan cerca de él.
– “Hmm…” – el androide analiza la táctica de su contrincante.
De repente, Vegeta se teletransporta con el Shunkanido a uno de los ataques cercanos a Onisen e intenta sorprenderle con una patada… pero fracasa de nuevo. El golpe atraviesa al androide sin dañarlo.
– “Patético.” – murmura Onisen.
Freezer deja de prestar atención al combate y observa su nuevo juguete; el anillo Toki de Zahha, ahora en su mano.
Onisen, por primera vez en este asalto, mira a Vegeta, que instintivamente retrocede.
Mientras tanto, en lo más profundo de la mente artificial del científico tsufur. En lo alto de la torre que preside el espacio digital, Bulma sigue tecleando.
– “Si reescribo esta parte… y elimino esta otra…” – piensa ella, desesperada. – “Puede que…”
Pero el ordenador corrige el código de Bulma más rápido de lo que ella puede escribirlo.
– “¡¡MALDITA SEA!!” – golpea el teclado.
Cerca de allí, Hit sigue luchando. El asesino es rodeado por los tamagami, que han curado completamente sus heridas.
Kabuto, Koorogi y Ka se abalanzan sobre Hit y ahora, luchando más coordinados, abruman progresivamente al asesino.
En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Punch, frente al monitor, sufre por su padre.
Hedo mira de reojo la pantalla, mientras trabaja en reparar al dañado Gamma 2. Con un destornillador, abre el abdomen del robot.
Gamma 2 observa a Punch y a Gohan Jr. Al lado de ellos, Pino, inerte, sigue conectado a la computadora.
Hedo deja el destornillador y coge unos alicates. Cuando va a seguir con la reparación, Gamma 2 le agarra el brazo.
– “¿Eh?” – se sorprende Hedo.
Hit detiene la espada de Ka entre sus manos, cuando éste se parta lo suficiente para que el tridente de Koorogi sorprenda a Hit y se clave en su muslo.
– “¡AH!” – grita el asesino.
Kabuto aparece detrás de Hit y aprovecha para golpearle por la espalda con su gigantesco martillo.
El impacto lanza al asesino contra el suelo.
Malherido, Hit intenta levantarse, pero el dolor lo frena.
Kabuto camina hasta él y levanta su martillo para rematarlo, mientras Hit se da la vuelta.
– “Maldita sea…” – refunfuña Hit, resignado a recibir el golpe, cubriéndose el rostro.
El martillo cae sobre Hit. Un impacto metálico retumba en el lugar.
– “¿Eh?” – abre los ojos el asesino.
Un renqueante Número 16 se ha colocado sobre Hit y ha recibido el golpe.
El cuerpo del androide se resquebraja.
– “¿Quién eres tú…?” – se extraña Hit.
En ese instante, Gamma 2 se abalanza sobre Kabuto con los pies por delante, lanzando al androide a través del páramo digital.
Hedo se sienta frente al ordenador, con lágrimas en los ojos.
Hit se levanta.
– “Agradezco la ayuda.” – dice Hit.
Pino se incorpora. Su cuerpo se está reparando rápidamente, pieza a pieza.
– “¿Cómo has hecho eso…?” – se sorprende Hit.
– “Supongo que desde el exterior se pueden programar recambios.” – sonríe tiernamente el Número 16. – “Solo soy un robot.”
– “Ser una máquina tiene sus ventajas.” – presume Gamma 2. – “Nuestra mente no entiende el sufrimiento físico, así que no puede recrearlo en este mundo.”
– “Aquí no somos más que un personaje de videojuego.” – añade el Número 16. – “Como ellos.”
Ko y Koorogi se abalanzan sobre nuestros amigos.
– “Ahí vienen” – advierte Hit.
– “¿Puedes seguir peleando?” – pregunta el Número 16.
– “Por supuesto.” – sonríe Hit.
– “Genial.” – responde Gamma 2. – “Tu hijo te está mirando. Haz que esté orgulloso.”
Hit se queda perplejo durante un instante.
– “¿Mi hijo…?” – murmura el asesino.
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Bulma lo intenta de nuevo, pero con el mismo fútil resultado.
De nuevo, golpea el teclado con rabia.
– “Así no lograremos nada…” – piensa ella, frustrada. – “Necesito entretenerlo… tiene que haber una forma de ralentizarlo… de hacerlo menos productivo…”
Bulma tiene una idea.
– “¡HEDO!” – grita la mujer. – “¡¿ME OYES?!”
En el planeta oscuro, Vegeta ataca de nuevo.
Apuntando con sus dedos índice y corazón, el saiyajín hace estallar el suelo alrededor de Onisen, levantando una gran nube de polvo.
Vegeta se adentra en la nube de polvo, pero Onisen ha desaparecido.
– “Tsk…” – protesta el saiyajín.
Onisen brota del suelo detrás de Vegeta.
El saiyajín se revuelve, pero Onisen le agarra la cara y lo estrella contra el suelo, disipando la polvareda con la onda expansiva del impacto.
– “Voy a hacerte comprender el abismo que nos separa.” – sonríe Raichi.
Vegeta intenta aprovechar la ocasión para contraatacar. Apunta rápidamente al rostro del enemigo con su mano derecha y dispara un poderoso ataque de energía… pero Onisen ha reaccionado más rápido que él y el ataque pasa de largo a través del androide.
Onisen se eleva unos metros y cae sobre Vegeta con los pies por delante, sobre su abdomen, incrustando al saiyajín contra el pavimento.
– “¡AAAAH!” – grita Vegeta, que pierde su transformación.
En el interior de Raichi, Bulma sigue peleándose con el programa, cuando de repente oye el eco del grito de Vegeta.
– “Tsk…” – se esfuerza ella, sin dejar de trabajar pese a que el grito de su marido se clava en su pecho como un puñal.
Onisen levanta a Vegeta agarrándolo del pelo y le propina un puñetazo en la cara.
Vegeta da tres pasos atrás, pero se mantiene en pie, lo que Raichi se toma como un desafío.
El androide lo golpea de nuevo.
Vegeta retrocede una vez más, pero resiste de pie.
Onisen no desiste. Otro golpe. Vegeta sangra por la nariz y la boca, pero no cae.
Raichi sonríe.
– “Saiyajín…” – murmura el androide. – “Realmente sois una raza dura de roer… ¿es tu orgullo lo que te mantiene en pie?”
Vegeta se limpia la sangre con el antebrazo.
– “Jeje…” – ríe el saiyajín.
Raichi analiza detenidamente el rostro de Vegeta. La mueca del saiyajín revela un sentimiento distinto. No es resiliencia. Su rostro ha perdido la dureza de antaño y deja entrever una sonrisa que revela una extraña sinceridad.
El tsufur se sorprende.
– “No puede ser…” – dice en tono de burla. – “¿Es eso… esperanza?”
Onisen se cruza de brazos.
– “¿Tú, Vegeta?” – se mofa el androide.
Vegeta escupe un salivajo ensangrentado al suelo, sin perder su actitud.
– “Es inútil.” – dice Raichi. – “El nuevo mundo es un hecho. Acéptalo.” – añade con desdén. – “Este no es un combate que puedas ganar con fuerza bruta y esfuerzo. Esa realidad ha llegado a su fin.” – insiste. – “Tienes ante ti a la mente más brillante del Universo.” – sentencia.
– “¿Eso crees?” – pregunta Vegeta, con retintín.
Vegeta aprieta los puños y se envuelve en su aura incolora.
– “¡YAAAAH!” – el saiyajín carga de nuevo contra su enemigo.
Vegeta intenta golpear a Onisen, pero lo atraviesa.
El saiyajín no se rinde. De nuevo, intenta golpear a su enemigo. Una patada. Un puñetazo. Todo es inútil.
– “Tus intentos son patéticos, saiyajín.” – murmura Raichi. – “La semilla del futuro ha sido plantada. El árbol ha nacido. El nuevo mundo es un hecho.” – le recuerda. – “Nada de lo que hagas puede cambiar el destino de…”
Como un flash, la imagen de unos ojos blancos redondos en la oscuridad se cuela en la mente de Raichi.
En ese instante, Vegeta conecta un puñetazo directo contra la mejilla de Onisen.
El androide retrocede un paso.
Vegeta esboza una media sonrisa chulesca. Es orgullo; orgullo en alguien más.
Confuso, Onisen se frota la mejilla.
– “¿Qué…?” – se sorprende el androide. – “¿Cómo…?”
En el laboratorio de la Capital del Oeste, Gohan Jr ha conectado un teléfono móvil al ordenador de Bulma.
Bulma deja de teclear. En la gran pantalla de la torre, un vídeo del gato Tama jugando con una pelota se reproduce en una ventana, rodeado de cientos de vídeos similares de otros animales de la Corporación Cápsula.
– “Jeje…” – sonríe Bulma.
– “¡¿Qué es esto?!” – se pregunta Raichi.
– “Mis padres se pasaban el día grabando a los animales del santuario…” – dice Bulma.
En el exterior de la torre, los tamagamis empiezan a moverse más despacio.
– “¡Algo está pasando!” – advierte Gamma 2, que estaba peleando contra Koorogi.
– “¿Lo ha logrado?” – se pregunta Hit, luchando contra Ka.
Un vídeo del Dr. Brief sentado en su mesa de trabajo, jugando con Tama, que se contonea sobre sus hombros, se abre en pantalla sobre todos los demás.
– “Estoy trabajando…” – protesta Brief, cuya voz deja entrever que en realidad está encantado con los cariños de su mascota.
– “Solo quiere que le hagas caso.” – dice su esposa, que está grabando el vídeo.
– “¿Es eso cierto?” – dice Brief, agarrando al felino y poniéndolo sobre su regazo para acariciarlo.
El gato bosteza tiernamente.
Bulma sonríe. Un breve instante de paz.
Pero los vídeos empiezan a cerrarse.
– “No tan rápido…” – protesta Bulma, que teclea de nuevo. – “¡No he terminado!”
Vídeos de animales haciendo monerías alrededor del mundo empiezan a aparecer en pantalla a un ritmo cada vez más alto, abrumando a Raichi.
– “Eso es…” – sonríe Bulma, trabajando a toda velocidad. – “Esto nos dará algo de tiempo… ¡Tenemos una oportunidad!” – exclama. – “¡Está en tus manos, Vegeta!”
En el planeta oscuro, el tsufur aprieta los dientes, furioso.
Vegeta mantiene su sonrisa.
– “Maldición…” – gruñe Raichi. – “¿Cómo es posible…?”
– “Antes has dicho que eras la mente más brillante del Universo…” – le recuerda el saiyajín. – “¡No me hagas reír!” – grita. – “No podrías estar más equivocado.” – aprieta los puños.
Vegeta se imbuye del aura magenta del Ikigai.
– “Ese honor recae en un mortal.” – continúa Vegeta. – “Una terrícola.”
– “¿EH?” – se sorprende un boquiabierto Raichi, que se ha dado cuenta de que ha cometido un error al subestimar a su enemigo.
Un rayo de energía rojo chasquea alrededor del puño del saiyajín.
El poder de Vegeta estalla, su cabello se tiñe de nuevo con el Ikigai.
– “¡¡MI BULMAAAAAA!!” – grita el saiyajín.
El planeta tiembla.
El aura de Vegeta genera una llama tal que baña el planeta de luz magenta.
Onisen es empujado por el poder de Vegeta y retrocede unos metros, deslizándose sobre el terreno.
El androide mira al saiyajín, sorprendido por el poder que ha revelado.
El aura de Vegeta es tan densa alrededor del cuerpo de Vegeta que el corazón de la llama adquiere tonos morados. Rayos de ki rojos chasquean a su alrededor.
Raichi se cubre ante la ventisca que genera el poder de su adversario.
– “¿Qué poder es este?” – murmura Onisen.
– “Mi propósito es más claro que nunca.” – revela Vegeta. – “El futuro cambiará aquí y ahora.”