DBSNL // Capítulo 85: Dios de Nada

DBSNL // Capítulo 85: Dios de Nada
“No lucho por mí. Ya no estoy solo.”
Zeno Zamas sonríe frente a todos sus adversarios, agrupados frente a él, a los que considera insignificantes.
Champa, furioso por perder a su hermano, se envuelve con su aura de ki morada y densa.

– “Vas a pagar por lo que has hecho” – le amenaza el felino.
– “Tranquilo, Champa” – le advierte Piccolo. – “No seas imprudente”.
Vegeta se acerca a Goku, que sigue acumulando energía.

– “¿Te falta mucho?” – le pregunta el saiyajín.
Son Goku parece preocupado.

– “La cantidad de energía que me llega es demasiada” – responde Goku. – “No sé si podré controlar tanto poder…”
– “Ni se te ocurra fallar, Kakarotto” – le dice Vegeta. – “Esta es la última oportunidad que tenemos”.
Zeno da un paso al frente y parece que simultáneamente haya golpeado a todos los que le rodean, que caen malheridos. Algunos incluso han perdido el conocimiento.
Vegeta, el único en pie, se interpone entre Zeno y Son Goku, y concentra toda la energía que le queda.
El saiyajín aprieta fuerte los puños y los dientes.

– “Bulma, Trunks, Bra…” – piensa Vegeta mientras contempla al resto de guerreros caídos. – “Una vez más me siento impotente ante el poder devastador de un adversario… pero esta vez es distinto. No lucho por mí. Ya no estoy solo.” – dice mientras se relaja y sonríe un instante antes de envolverse en el aura del Súper Saiyajín Blue. – “¡Somos el Universo 7! ¡Soy un saiyajín que ha encontrado la paz en la Tierra! ¡Somos lo que separa el Todo de la Nada! ¡¡SOY EL PRÍNCIPE VEGETA!!” – grita a pleno pulmón, emitiendo una fuerte ráfaga de viento que azota el lugar, tintando su aura azul de un tono morado de forma intermitente al usar el Kaioken sin dominarlo. – “Y tú, Dios de pacotilla, ¡morirás aquí y ahora!”.
– “Parece que no eres consciente del poder que nos separa” – le responde Zeno.
Vegeta se arranca el trozo de armadura que le queda y lo deja caer al suelo.

– “No te mueras, Vegeta” – le dice Goku.
– “Céntrate en tu trabajo” – le responde éste.
El saiyajín sale a toda velocidad hacia Zeno, que detiene su puñetazo con la palma de su mano, con un gesto sencillo y sin ningún esfuerzo.
Vegeta insiste con otro puñetazo, pero se repite el resultado.

– “No te esfuerces. Ríndete y será rápido” – se burla Zeno Zamas.
– “¡Vete al infierno!” – le responde Vegeta, que se prepara para volver a golpearle.
Sin que parezca que Zeno se haya movido, Vegeta siente un terrible golpe en el estómago, que le hacer doblegarse sobre sí mismo y caer al suelo.
Zeno avanza hacia Goku lentamente, dejando atrás al dolorido Vegeta.

– “No hemos terminado…” – dice la voz entrecortada de Vegeta. – “¿Me oyes?” – insiste al ver que el Dios no le hace caso. – “¡No me des la espalda!” – le grita furioso.
Zamas sigue sin hacerle caso.
Vegeta extiende sus brazos a los lados, para realizar su técnica más poderosa.

– “¡Final…!” – pero Zamas aparece frente a él en un abrir y cerrar de ojos, apuñalándole con su hoja de ki.
El príncipe saiyajín escupe sangre por la boca y vuelve a su estado base.

– “Y ahora, deja de molestar” – le susurra Zeno mientras extrae su hoja.
Vegeta cae y choca contra el suelo violentamente.
Zeno vuelve a darle la espalda y mira a Son Goku, a quien apunta con su mano.

– “Es increíble que hayas reunido una cantidad de ki tan gigantesca en tan poco tiempo… pero vuestra historia llega hasta aquí. ¡Desaparece con el resto de la creación!” – exclama Zeno.
En ese instante, algo alcanza al Dios por la espalda causando una explosión.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – dice mientras se da la vuelta.  ¡¿Quién me interrumpe ahora?!” – exclama crispado.
Mirai Trunks, que casi no se sostiene en pie, ha sido quien le ha atacado.

– “Insolente” – murmura mientras apunta a Trunks.
– “He visto mi mundo arder demasiadas veces… No dejaré que ocurra de nuevo” – dice Trunks.
Son Gohan, también en un estado deplorable, se levanta como puede.

– “¿Cómo es posible?” – piensa Zamas sorprendido.
– “Si quieres llegar hasta mi padre, primero tendrás que derrotarnos a nosotros”. – insiste Gohan.
Tras Gohan, Piccolo, Goten y Trunks también se ponen en pie.

– “¿Aún os quedan fuerzas?” – dice Zamas.
– “Ja… jaja… ja…” – ríe Vegeta, que se levanta taponándose la herida con su mano.
– “Estúpidos mortales” – dice Zeno con desprecio.
– “No subestimes a alguien por su origen” – le dice Vegeta. – “Hace mucho tiempo, yo cometí ese error… Es una lección que se aprende en la Tierra.”
Son Goku observa preocupado a sus amigos plantar cara al Dios.

– “Si intento concentrar toda esta energía para formar la Genkidama, temo que se desvanezca por completo… incluso puede que falle.” – reflexiona Goku. – “¡Maldita sea!”
Zeno, con un grácil movimiento de su mano, hace que una potente ráfaga de ki haga rodar a nuestros amigos por el ring.
Todos parecen agotados, pero Vegeta vuelve a levantarse, algo que saca de sus casillas al Dios del Todo.
De repente, un poderoso ataque impacta en la espalda de Zeno.
Todos miran el origen del ataque y se sorprenden al ver que el insecto del Universo 6 sigue vivo.

– “Parece que he tenido suerte…” – sonríe Cell. – “Mi núcleo quedó intacto”.
Freezer se levanta de entre los escombros y camina hasta colocarse junto a Vegeta. Cell se une a ellos.

– “Tenemos que aguantar un poco más…” – murmura Vegeta. – “Parece que aún no puede usar el Hakai”.
– “Freezer y yo le atacaremos” – dice Cell. – “Tú no estás en condiciones de hacer nada. Nos estorbarías”.
– “¡No me digas lo que tengo que hacer!” – responde Freezer.
Vegeta se cauteriza la herida y, pese a estar en condiciones deplorables, se transforma en Súper Saiyajín Blue, que parpadea de color amarillo en algunos momentos.

– “A veces se me olvida lo cabezotas que sois los monos” – se burla Freezer.
Los tres guerreros se ponen en guardia y expulsan su ki. Juntos se abalanzan sobre Zeno, que esquiva y detiene sus golpes. Los tres se combinan para poner en aprietos a Zamas, que al sentirse presionado genera una ráfaga de ki y les hace recuperar la distancia.

Dibujado por Ipocrito
– “Vegeta, Freezer y Cell…” – murmura Piccolo. – “¡Están luchando juntos!”
Cell y Freezer insisten en sus ataques. De repente, Freezer se agacha y Vegeta aparece tras él, propinando un rodillazo a Zeno en la cara y haciéndole retroceder.
Cell intenta golpear a Zamas, pero éste le corta el brazo con su espada de ki.
Por la espalda, Freezer golpea con el codo al Dios, mientras Vegeta usa el Shunkanido para aparecer frente a él y lanzarle un Garlick-ho a quemarropa, que impacta de lleno, lanzándole cientos de metros hacia atrás.

– “¡Hay que aguantar un poco más!” – exclama Vegeta, que pierde su transformación agotado y casi se desmaya.
Cell regenera su brazo y se coloca delante de Vegeta, junto a Freezer.

– “Conoces mis técnicas, ¿verdad?” – le dice Freezer al insecto.
Zamas vuelve al ataque.

– “¡Ahora!” – exclama Freezer que, con la ayuda de Cell, encierran a Zamas en una esfera de ki.
Ambos luchadores lanzan la esfera hacia arriba, perdiéndose en el cielo. Freezer junta sus manos y apunta hacia la la prisión de ki, mientras Cell prepara un Kamehameha.

– “¡HAAAAAA!” – gritan mientras lanzan sus ataques hacia Zamas.

Una gran explosión ciega a todos.

– “¿Lo hemos logrado?” – se pregunta Freezer.
De repente, decenas de gigantescos rayos morados impactan contra el suelo, provocando que Freezer y Cell salgan despedidos y caigan noqueados.
Zeno Zamas desciende y agarra a Vegeta del cuello y le levanta, algo que Vegeta ya no puede evitar y se deja hacer.
Sin mediar palabra, Zeno empieza a golpear a Vegeta en la cara con su otra mano, una y otra vez.

– “¡Saiyajín! ¡Terrícolas! ¡Namekianos! ¡Demonios! ¡Todos sois escoria mortal!” – grita el Dios mientras sigue golpeándole, desquiciado.  – “¡Sois una plaga que se ha extendido por la creación y…!” 
Pero algo parece llamar la atención del Dios. Una cálida luz ilumina su espalda. Zamas se gira sorprendido.

Una columna de luz blanca ha aparecido y se pierde en el cielo. Tras un instante, ésta se desvanece y revela a Son Goku, emanando un aura de ki ligera, blanca y pura, que baja los brazos, con los ojos cerrados y suspira profundamente. Su cuerpo se relaja por completo. Su cabello ondula sinuosamente como si una suave brisa ascendente lo acariciara.

– “El poder del Todo…” – murmura Goku, que transmite una sensación de paz absoluta.
Zeno se enfurece al ver al saiyajín y siente que le está retando. El Dios suelta a Vegeta, moribundo, para alzar su mano contra Goku.
Piccolo, tendido en el suelo, consigue abrir los ojos y ve a Son Goku emitiendo esa cálida luz.

– “El poder de la Genkiadama… ¡Lo ha canalizado como si fuera su propio ki!” – piensa el namekiano.
– “Lo ha conseguido…” – sonríe Whis.
De repente, Son Goku abre los ojos y Zamas da un paso atrás instintivamente al sentir el poder de su mirada. Las pupilas del saiyajín brillan con la luz de la Genkidama.
Vegeta mira a su compañero y sonríe.

– “Este es tu final, Zamas… Ahora vas a enfrentarte al mejor de nosotros.” – murmura el saiyajín. – “Acaba con él, Goku”.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Emperador Freezer / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

DBSNL // Capítulo 84: Dios del Todo

DBSNL // Capítulo 84: Dios del Todo
“Muéstrale a éste Dios de Nada el poder del Todo”

Zeno Zamas aleja a Jiren y Piccolo con una fuerte onda expansiva. En ese instante de descanso, ve algo por el rabillo del ojo que le llama la atención.
Piccolo mira en la misma dirección que Zeno y ve a Goku, por lo que ata cabos rápidamente.

– “¡Se ha dado cuenta!” – exclama Piccolo.
Jiren se prepara para atacar, pero es adelantado por Beerus, que ataca al Dios del Todo sin contenerse.
Zeno esquiva varios golpes del Hakaishin y contraataca rápidamente.
El Dios del Todo activa su espada y apuñala a Beerus en el abdomen.
El Hakasihin del Universo 7 escupe sangre sobre el hombro de Zeno.

– “Estoy harto de juegos” – le susurra Zeno Zamas al oído. – “Un Hakaishin que se opone al poder supremo debe ser castigado con algo peor que la muerte”.
Zeno extrae su hoja de ki y golpea a Beerus, lanzándole contra el suelo ante la mirada temerosa de todos.
Beerus se reincorpora, mareado, agotado, con la vista nublada.

– “No lo entiendes, Zamas” – le dice el Hakaishin. – “Y no te culpo, porque yo tardé en comprenderlo”.
– “¿De qué estás hablando?” – le dice Zeno.
– “Nuestro trabajo va más allá de mantener el orden.” – explica Beerus. – “Nuestro deber es ofrecer las herramientas para que los mortales lo mantengan.”
– “¡Yo soy el orden!” – exclama Zeno.
– “No, Zamas” – le corrige el Hakaishin. – “Tú eres el caos que lo precede.”
Zeno Zamas, ofendido ante el desprecio por parte del Hakaishin, extiende la palma de su mano hacia éste.

– “Desaparece” – susurra sonriendo.
El cuerpo de Beerus empieza a desvanecerse ante la mirada de todos nuestros amigos.

– “¡Señor Beerus!” – exclama Goku a lo lejos.
– “¡Beerus!” – grita Champa a su lado.
Beerus sonríe. Pese a saber que es su final, un sentimiento de paz le embarga.

– “Champa” – dice el Hakaishin. – “El Universo 7 queda en tus manos.”
– “Así no” – le responde Champa. – “No tiene gracia si no puedo presumir ante ti.”
– “Serás un buen Hakaishin” – responde Beerus.
Whis observa la escena desde la distancia.

– “Señor Beerus…” – murmura triste.
Beerus mira a Son Goku a lo lejos, le sonríe y asiente con la cabeza, algo a lo que Son Goku responde del mismo modo.

– “Muéstrale a este Dios de Nada el poder del Todo” – murmura antes de desaparecer por completo.


Dibujado por Ipocrito


El Daishinkan, furioso, avanza hacia Son Goku, pero es interceptado por Whis, que se pone en su camino.

– “Tú…” – murmura el Sacerdote. – “¡Traidor!”
– “Tú eres quien ha traicionado a los mortales” – le corrige Whis.
– “¡Apártate!” – le grita el Sumo Sacerdote.
Whis materializa su vara en su mano derecha.

– “No” – responde con mirada desafiante.
A su lado, el resto de luchadores van llegando, formando una barrera entre el Sacerdote y Goku.
Son Goku sigue acumulando energía. Un aura blanca sinuosa le envuelve, pero no hay ni rastro de la bola de energía.
Zeno Zamas, después de eliminar a Beerus, desciende hasta el suelo.

– “Sois un incordio mayor del que esperaba” – les dice a Piccolo, Jiren, Champa y Zamas.
El cuerpo del Daishinkan empieza a brillar.

– “No… ¡No!” – exclama el Sacerdote asustado. – “¡Zamas! ¡No!” – le grita al Dios del Todo. – “¡No es necesario! ¡NO! ¡IDIOTA!”
El Daishinkan se transforma en una esfera luminosa, al igual que hicieron los otros ángeles, y Zeno Zamas la reclama.
La esfera se une al cuerpo de Zeno, que aumenta su poder y extiende su mano para materializar la vara típica de los ángeles.

– “Ahora os enfrentaréis al poder de un Dios completo” – amenaza al resto mientras sonríe de forma terrorífica.



Dibujado por Ipocrito